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Crónica de la Nueva España

Francisco Cervantes de Salazar

Libro primero

Argumento y sumario del primero libro desta crónica

Lo queen sumadespués de las cartas nuncupatorias y catálogo de losconquistadores que este primero libro contienees la razón por qué las Indiasdel mar Océano se llaman Nuevo Mundoy la noticia confusa que Platón tuvodeste Nuevo Mundo y lo que cerca dello otros dixeron; la descripción y asientode la Nueva Españala calidad y temple dellala propriedad y naturaleza dealgunos árboles que en ella haylas semillas y hortalizas que producelapropiedad maravillosa de algunas aves y pescados que tienelas lagunas yfuentes que la illustranlas serpientes y culebrascon los animales bravos ymansos que en ella se críanla caza y manera de cazar que los indios tenían ytienenla variedad de metales y valor de piedrasel modo que los indiostenían en poblarlas inclinaciones y condisciones delloslas muchas ydiversas lenguas en que hablanlos sacrificios y agüeros que teníancon lasfiestas de cada año y otras extravagantes que celebrabanlos bailes y areitosque hacían en sus regocijoslos médicos y hechiceros y manera de curar suyalas guerras y modo de pelear que los indios teníancon la manera y modo quecelebraban sus casamientosasí los de México como los de Mechuacán; por quéjueces se hacía la justicia y las penas que se daban a los delicuenteslaforma y manera con que alzaban a uno por señor o daban cargo preeminente en larepúblicala cuenta de los años que tenían y sus fiestaslos signos yplanetas por donde se regíanlas obsequias y cerimonias con que enterraban losmuertoslos pronósticos y agüeros que los indios tenían de la venida de losespañoles a esta tierra.



 

 

Capítulo I

Que es la razón por qué las Indias del Mar Océano se llamanNuevo Mundo.

No parescerá cosa superfluapues tengo de escrebir de tierra tan larga ytan incógnita a los sabios antiguostraer la razón por qué los presentesasí latinos como castellanosle llaman Nuevo Mundopues es cierto no habermás de un mundo y ser vanas las opiniones de algunos filósofos que creyeronhaber muchos; y asíAristótelesen lumbre naturalprobó ser uno y nomuchos cuando escribió De Coclo et Mundollamando mundo a todo lo queel cielo cubrelo cual es causa de que no con verdad estas tierrasdescubiertaspor muy largas y anchas que seanse llamen Nuevo Mundoca entreotros grandes argumentos y razones que en lumbre natural convencen al hombre aque crea que hay un solo Dios y no muchosun universal principio de todas lascosas y no dosuno de los males y otro de los bienescomo algunos falsamenteafirmarones la unidad que todas las cosas criadas tienenperdiendo la cualluego se deshacen todos los materiales en el edificio proporcionadamente unidos;una cosa obran y hacenque es la moraday estonces se deshacen cuando sondivisos y no tienen en sí unidad; de adonde es que una sea la naturalezaangélicauna la naturaleza humanay así uno el mundo; porquea habermuchoshubiera muchos soles y muchas lunas; pero no hay más de un sol y unalunalumbrerascomo escribió Moisésde la noche y del díael cualdandoa entender ser uno el mundodixo: «En el principio crió Dios el cielo y latierra»; no dixo los cielos y las tierrasy cuando dixo «crió»diotambién a entenderlo que no cupo en el entendimiento de algunos grandesfilósofosde nada haber criado Dios todo lo que esporqueguiándose por lavía naturaldecían que de nada no se podía hacer nadano levantando elentendimiento a quesi había Dioshabía de ser (so pena de no serlo)sumamente poderosoy que su decir fuese hacer; porquecomo dice la DivinaEscripturallama las cosas que no son como las que son. Ahorarespondiendo ala dubdadigo que no solamente en nuestro común hablarpero en la manera dedecir en la Divina Escriptura hay metáforassemejanzas y comparacioneso parahermosear y hacer más fecunda la lengua en que se hablao para dar a entenderla frescura del campo y lo que alegradecimos que se ríe; al hombre que hablacon aviso y dice cosas escogidasdecimos que echa perlas por la boca; e almurmurador e infamadorque echa víboras y que es carta de descomunión. Poresta manerala Sacra Escriptura usa de grandes y maravillosas metáforasllamando a Jesucristo sol de justiciay a la Virgensu madrela mañana oluna; por lo cualpues en todas las lenguas son tan necesarias las metáforas ymaneras de encarescimientos por la semejanza que tienen unas con otraslascuales muchas veces dexan sus propios nombresy por alguna similitud que hay enotras vestidas de sus nombres se entienden mejorcomo si al liberal dixésemosser un Alexandrey al valiente y esforzadoun Héctor; no es de maravillarpues todos los antiguos nunca alcanzaron a ver estas tierras que ahora habitamosni tuvieron clara noticia dellascomo paresce por PtolomeoPomponio Mela yEstrabónque en la descripción del mundo jamás las pusieron.

Ovidioen el principio del Metamorphosisdividiendo el mundo encinco zonasafirmó en parte todo lo que ahora la experiencia niegapues dixoqueunas por frío y otras por calorespecialmente la mediaeraninhabitables. Hércolesdespués de su larga peregrinaciónllegando a Cádizy a Sevillafixando aquellas dos grandes columnasentendiendo no haber másmundoponiéndolas por término deldixo: «No hay más adelante»lo cualfue causa de quesiendo el primer descubridor Colón de tanto mar y de tantatierraque verdaderamente es mayor que toda ÁfricaAsia y Europano sinalguna aparente razón y metafórica manera de hablardio lugar a losescriptores a que aquestas tierras llamasen Nuevo Mundono pudiendo explicar sugrandeza sino con llamarlas asípues mundo es lo que en sí encierra longuraanchura y profundidady que después del no hay máspor lo cual en elsiguiente capítulo diremos si destas partes hubo alguna noticia.



 

 

Capítulo II

De la noticia confusa que el divino Platón tuvo deste NuevoMundo.

Cosa es maravillosa y no digna de pasar en silencio que como Diospor suinefable y oculto juiciotenía determinadono antes ni despuésni en vidade otros reyessino de los católicos César y Filipoen tan dichosos ybienaventurados tiempos alumbrar a tan innumerables gentes como en este NuevoMundo habíafue servido como por figura dar a entender al divino Platón y aSénecaauctor de las Tragediasque después del mar Océano de España habíaotras tierras y gentes con otro mar quepor su grandezael mismo Platón lellama el Mar Grandeverificándose por la dilatación y augmento de la feecristiana aquella profecía: «Por toda la tierra salió el sonido dellos»quees la predicación de los Apóstoles y de los quesubcediendo en este cargo eneste Nuevo Mundopredicaron y predican el beneficio y merced que el Hijo deDios hizo al mundo con su venida a él. No sólo quiso que sanctos profetas loprofetizasen tantos años antespero quiso que las sibillasmujeres gentileslos poetascomo Virgilio y Ovidiosin entender lo que decíanloprofetizasentomando diversos instrumentos malos y buenos para lamanifestación de la merced que había de hacer al mundoporque aquello en lascosas humanas suele tener más verdad que el bueno y el malo confiesany nosiendo el don de profecía de los dones del Espíritu Sanctoque hacen alhombre grato y amigo de Diosno es de maravillar que gentilesinfieles ymalescomo fue Balánprofeticenpues profecía es gracia de gracia dadayque no hace al hombre grato y amigo de Diosy porque a los que cerca destoprimero descubrieron algoes justo darles su honor debidoes de saber queAgustín de Záratevarón por cierto doctoen la breve historia que escribiódel descubrimiento y conquista del Perútractando en breve lo tocante a estecapítulodice así:

«Cuenta el divino Platón algo sumariamente en el libro que intitula Thimeoo De Naturay despuésmuy a la larga y copiosamenteen otro libro odiálogo que se sigue inmediatamente después del Thimeollamado Atlánticodonde tracta una historia que los egipcios se contaban en loor de losatenienseslos cuales dice que fueron parte para vencer y desbaratar a ciertosReyes y gran número de gente de guerra que vino por la mar desde una grandeisla llamada Atlánticaque comenzaba después de las columnas de Hércoleslacual isla dice que era mayor que toda Asia y Áfricae que contenía diezreinoslos cuales dividió Neptuno entre diez hijos suyosy al mayorque sellamaba Atlasdio el mayor y mejor. Cuenta otras muchas y memorables cosas delas muchas riquezas y costumbres desta islaespecialmente de un templo queestaba en la ciudad principalque tenía las paredes y techumbres cubiertas conplanchas de oroplata y latóne otras muchas particularidades que seríanlargas para referiry se pueden ver en el original donde se tractancopiosamentemuchas de las cuales costumbres y cerimonias vemos que se guardanel día de hoy en la provincia del Pirú. Desde esta isla se navegaba a otrasislas grandes que estaban de la otra parte dellavecinas a la tierracontinentealiente la cual se seguía el verdadero mar. Las palabras formalesde Platón en el Thimeocon éstas: «Hablando Sócrates con losateniensesles dixo: Tiénese por cierto que vuestra ciudad resistió en lostiempos pasados a innumerable número de enemigos quesaliendo del marAtlánticohabían tomado y ocupado casi toda Europa y Asiaporque estoncesaquel estrecho era navegabletiniendo a la boca dely casi a su puertaunaínsula que comenzaba desde cerca de las columnas de Hércolesque dicen habersido mayor que Asia y África juntamentedesde la cual había contractación ycomercio a otras islasy de aquellas islas se comunicaban con la tierra firme ycontinente que estaba frontero dellasvecina del verdadero mary aquel mar sepuede con razón llamar verdadero mary aquella tierra se puede juntamentellamar tierra firme y continente.» Hasta aquí habla Platónaunque poco másabaxo dice «que nueve mill años antes que aquello se escribiesesubcedió tangran pujanza de aguas en aquel paraje que en un día y una noche anegó todaesta islahundiendo las tierras y gentey que después aquel mar quedó contantas ciénagas y baxíosque nunca más por ella habían podido navegar nipasar a las otras islas ni a la tierra firme de que arriba se hace minción».Esta historia dicen todos los que escriben sobre Platón que fue cierta yverdaderaen tal maneraque los más dellosespecialmente Marsilio Ficino yPlatinano quieren admitir que tenga sentido alegóricoaunque algunos se lodancomo lo refiere el mismo Marsilio en las Annotaciones sobre el Thimeoyno es argumento para ser fabuloso lo que allí dice de los nueve mill años;porquesegún Pudoxioaquellos años se entendíansegún la cuenta de losegipcioslunaes y no solarespor manera que eran nueve mill mesesque sonsiete cientos y cincuenta años. También es casi demonstración para creer lodesta islasaber que todos los historiadores y los cosmógrafos antiguos ymodernos llaman al mar que anegó esta isla Atlánticoreteniendo el nombre decuando era tierra. Pues supuestos ser esta historia verdadera¿quién podránegar que esta isla Atlántica comenzaba desde el estrecho de Gibraltaro pocodespués de pasado Cádizy llegaba y se extendía por este gran golfodondeasí nortesurcomo lesteuestetiene espacio para poder ser mayor que Asiay África? Las islas que dice el texto se contrataban desde allí paresce claroserían la EspañolaCuba y Sant Joan y Jamaica y las demás que están enaquella comarca. La Tierra Firmeque se dice estar frontero destas islasconstapor razónque era la misma tierra firme que ahora se llama asíytodas las otras provincias con quien es continenteque comenzando desde elestrecho de Magallanes contienencorriendo hacia el Nortela tierra del Pirúy la provincia de Popayán y Castilla del Oro y VeraguaNicaraguaGuatemalaNueva Españalas Siete Ciudadesla Floridalos Bacallaosy corre desdeallí para el septentriónhasta juntarse con las Nuruegasen lo cualsinninguna dubdahay mucha más tierra que en todo lo poblado del mundo queconoscíamos antes que aquello se descubriesey no causaba mucha dificultad eneste negocio el no haberse descubierto antes de ahora por los romanos ni por lasotras nasciones que en diversos tiempos ocuparon a Españaporque es de creerque duraba la maleza del mar para impedir la navegacióne yo lo he oídoy locreoque comprehendió el descubrimiento de aquellas partes debaxo destaautoridad de Platóny asíaquella tierra se puede claramente llamar latierra contienente que llama Platónpues cuadran en ésta todas las señalesque él da de la otramayormente de aquella que él dice que es vecina alverdadero marque es el que ahora llamamos del Surpuespor lo que de él seha navegado hasta nuestros tiemposconsta claro que en respecto de su anchura ygrandeza todo el mar Mediterráneo y lo sabido del Océanoque llamanvulgarmente del Norteson ríos. Pues si todo esto es verdad y concuerdantambién las señas dello con las palabras de Platónno sé por qué se tengadificultad en entender que por esta vía hayan podido pasar al Pirú muchasgentesasí desde esta gran isla Atlántica como desde las otras islasparadonde desde aquella isla se navega y aun desde la misma Tierra Firme podíanpasar por tierra al Pirúy si en aquello había dificultadpor la misma mardel Surpues es de creer que tenían noticia y uso de la navegaciónaprendidadel comercio que tenían con esta grande isladonde dice el texto que teníangrande abundancia de navíis y aun puertos hechos a manopara la conservacióndellosdonde faltaban naturales.»

Lo que dixo Sénecacerca de lo que al principio deste capítulo tractéaunque ha sido larga la digresiónaunque necesaria para el conoscimiento de loque pretendemosdice así:

 

«Venient annis saecula seris.

 

Quibus Oceanus vincula rerum

 

Laxetnovosque Tiphis delegat orbes

 

Atque ingens pateat telus.

 

Neque sit terris ultima Thile».

Que vuelto en verso castellanoquiere decir:

 

«En años veniderosvendrá siglo

 

En quien lugar dará el mar Océano

 

A que otro Nuevo Mundo se descubra

 

Distando del esfera nuestra tanto

 

Que Thileque es en ella la postrera.

 

Se venga a demarcar por muy cercano.»



 

 

Capítulo III

De la descripción y asiento de la Nueva España.

Juanote Duránen el libro que hizoque aún no ha salido a luzde laGeografía y descripción de todas estas provincias y reinos por veinte e unatablasllama Grande España a todo lo que los españolesdesde la IslaEspañola hasta Veraguaconquistaron y pusieron debaxo de la Corona Real deCastilla. Movióle llamar Grande España a toda esta gran tierrapor haberlasubjectado subcesivamente los españolesde la cual en la parte primera destaCrónica tractaré (dándome Dios vida) copiosamentey porque al presente es mipropósito de escrebir el descubrimiento y conquista de la Nueva Españaque esmi principal empresaen breve relataré qué es lo que ahora los nuestrosllaman Nueva Españadiciendo primero cómo la ocasión de haberle puesto estenombre fue por la gran semejanza que con la antigua España tienenodiferenciandodella más de en la variedad y mudanza de los tiempos; porque entodo lo demástempleasientofertilidadríospescadosaves y otrosanimalesle paresce muchoaunque en grandeza le exceda notablemente.

LlámasepuesNueva Españacomúnmentetodo lo que los Capitanes ganarony conquistaron en nombre de D. CarlosRey de Españadesde la ciudad deMéxico hasta Guatemalay más adelantehacia el oriente y hacia el ponientehasta Culhuacán; porque por las Audiencias que Su Majestad ha puesto enGuatemala y en Jaliscopor distar por muchas leguas de la ciudad de Méxicohay algunos que dicen llamarse propiamente Nueva España todo el destricto ytierra que la Audiencia Real de México tiene por su jurisdición; perosegúnla más cierta opiniónse debe llamar Nueva España todo lo que en esta tierrafirme han subjectado e poblado Capitanes y banderas de Méxicoquecomenzandodel cabo de Honduras y ciudad de Trujillo en la ribera del Mar del Nortehay decosta las leguas siguientes: del cabo de Honduras al Triunfo de la Cruztreintaleguas; del Triunfo a Puerto de Caballosotras treinta leguas; de Puerto deCaballos a Puerto de Higuerastreinta leguas; de Higueras al Río Grandetreinta; del Río Grande al cabo de Catochetreinta;*** del diez; de Cotoche aCabo Redondonoventa; de Cabo Redondo al Río de Grijalvaochenta; del Río deGrijalva a Guazacualcocuarenta; de Guazacualco al Río de Alvaradotreinta;del Río de Alvarado a la Veracruztreinta; de la Veracruz a Pánucosesenta.Pasaron algunos compañeros de los que fueron con D. Hernando Cortés a Hondurasde la Mar del Norte a la del Sure hay de una mar a otra noventa leguasdesdePuerto de Caballos hasta Cholotamalalacaque vulgarmente se llama Chorotegadela Gobernación de Nicaragua; hay por la costa del Sur treinta leguas al RíoGrande o de Lempay al río de Guatemalacuarenta y cincoy de Guatemala aCitulacincuentay de ahí a Teguantepequeciento y cincuenta; deTeguantepeque a Colimacientoy de Colima al Cabo de Corrientesotras ciento;de Corrientes a Chiametlasesenta; de Chiametla hasta donde fue D. HernandoCortésy lo último que descubrieron los navíos de D. Antonio de Mendoza(enblanco) leguas. Hay de México al cabo de Hondurashacia el oriente algo alsudestemás de cuatrocientas y cincuenta leguasy a Culhuacánque está alponientealgo al norueste(en blanco) leguas. Inclúyense en estoslímites los obispados de TruxilloHondurasGuatemalaChiapaGuaxacaTlaxcala y el arzobispado de Méxicoy los obispados de Méchuacán y Jalíscotoda la cual tierra se extiende y dilata por muchas leguasy conquistándose locircunvecino a ella.

También se puede llamar Nueva España por ser tierra continuada y que portoda ella se habla la lengua mexicanay que de México han de salir losCapitanes y banderas a conquistarlocomo ahora al presente salen por mandadodel Rey D. Felipee industria de su Visorrey D. Luis de Velascoa conquistarla Florida. Esto es lo que con toda brevedad se puede decir de la descripciónde la Nueva Españaporque querer particularizar sus provincias y reinos conlas calidades y temples suyos será cosa prolixa y largaypor tantosiguiendo la misma brevedadpues tengo de tractar de la conquista delladiréalgo por todo este primer libro de sus rictos y costumbres.



 

 

Capítulo IV

De la calidad y temple de la Nueva España.

Porque adelanteen el discurso desta historia pienso tractar copiosamentelas cosas memorablesasí las que tocan al suelo como las que pertenescen alcielo y temple de las provincias de la Nueva Españabrevementepor loscapítulos siguientesantes que tracte de la conquistaescrebiréen generalasí el temple y calidad destas tierras como los rictosleyes y costumbres delos naturales dellay así es de saber que la Nueva Españacomo la antiguaque por esta similitud tomó su nombre y dominaciónen unas partes es muyfríacomo en los Mixesen la Mistecaen el Volcán y en toda su haldaenlos ranchos de Cuernavacadondesiendo el trecho de media leguay de la unaparte tierra caliente y de la otra templadaes tan grande el frío que todo eltiempo del añolos moradores deste poco espacio de tierra viven debaxo dellay debaxo della crían las aves y algún ganadoque es cosa de maravillar.Algunas veces ha acaecido que de los pasajeros que por aquella parte van yvienenpor no haber hecho noche en las casas de los indioshan muerto de fríomuchos.

Es la Nueva Españacomo la viejaasimismo muy llana por algunas partescomo en el valle de Guaxaca y en el valle de Tolucael cual corre más dedocientas leguas; los llanos de Ozumbatan fértiles de ganado avejuno que hayen ellos sobre ochocientas mill cabezas; los llanos de Soconuscolos cuales soninhabitables. Espor el contrariotan montuosaasí en otras partes como entoda la costa de la Mar del Surla cual es toda serranía y montaña hanpoblado de naturales que parescen colmenas. Hay algunos pueblos tan fuertes porla aspereza del sitioque son tan inexpunables queaunque paresce increíbleun hombre los puede defender de muy muchos; porque hay pueblo que no se puedesubir a él sino por una partey tan ásperaque es menester ayudarse con lasmanoscomo es Pilcalya y Oztuma y Chapultepeque. Y como tiene extremos en calory fríosllanos y serraníasansí los tiene en vientos y calmaspluvias ysequíasporqueespecialmente en las costasal principio de Mayo y porNavidad se levantan tan bravos y temerosos vientosque los mareantes y los queviven en las Indias llaman huracanesque muchas veces han derribado edificios yarrancado de raíz muy grandes y gruesos árbolesy es su furia tantaquecorriendo muchas leguas la tierra adentrolevantan las lagunas que sonhondables y se navegan con canoas y barcos pequeños y bergantesde tal maneraque paresce tormenta de la mary así se han anegado muchosno tiniendo cuentacon el tiempoporque algunas vecesaunque con señales precedentesselevantan vientos con tan gran furia que no hay quien pueda tomar la orilla. Lascalmascomo en TabascoTeguantepeque y Zacatulason tan grandes y duran portantos días que los moradores destas tierras no pueden sufrir ropatanto quelos indios ni los españoles no duermen en sus casassino a las puertas dellaso en mitad de la callede cuya causa viven enfermos y tan lisiados en los ojosque los españoles llaman a aquella parte la tierra de los tuertosporquealgunas vecescuando sopla algún vientoes con tan gran calorque paresceque sale de algún horno muy encendido.

En lo que toca a las pluvias y aguas del cieloaunque diferentemente sesiguen según el temple de las provinciaspor la mayor parte en toda la NuevaEspañason muy grandes. Comienzanal contrario de Españadesde Junioyacábanse por Septiembre. Suele llovercuando es la furiatreinta y cuarentadías arreosin cesary dicen los. indios viejos que después que vinieron losespañoles no llueve tantoporque antes solía durar la pluvia sesenta yochenta días sin escamparporque siemprepor la mayor parteen el inviernode las Indiaslos días que llueve es de las dos o tres horas de la tardeadelante; nieva muy pocas vecesy en muy pocas partessalvo en ciertassierrasque por esto las llaman nevadas. Hay también tierraslas cuales sontan secas queaunque fértilesllueve tan veces en ellas (como en Coyuca)quees necesario para cultivallas que un río caudaloso que entra en la marcegándosele la entradacon las muchas olas empape toda la tierrabasta quelos naturales la tornan a abrir cuando veen que la tierra está bien harta. Loshielosesecialmente cuando han cesado las aguasson tan grandes v tangenerales en toda la tierraque lo que es de maravillaren partes donde se dael cacaoque siempre es tierra calientehacen mucho daño; porquenosolamente abrasan y queman el fructopero también el árbol; quémansetambién los panes y maizalescomo en Españaaunque en el valle de Atrisco(como diré cuando tractare de Tlaxcala) hay gran templanza del cielotanto quejamás se ha visto helar. Los serenos en muchas partes son dañososespecialmente en Méxicoel de prima noche y el de la mañana. La causa es elengrosarse los vapores de la laguna en este tiempo con el ausencia del solyreina tanto que hacen enfermar la ciudady que ciegan algunosy a no ser latierra salitralque conserva la vista de los ojos con los serenos y los muchospolvos que los aires levantancegarían muchos. Los truenos y relámpagos ytemblores de tierra en el tiempo de las aguasen algunas partesson tancontinuos y furiososcomo en Tlaxcala y Méxicoy especialmente en losZacatecas y en un pueblo dellas que se dice Asuchualan y en tierras calientesque han muerto muchos de rayos y han sido forzados los vecinos de aquellatierraasí indios como españolespara que las casas no se les cayan encima yque los vientos grandes no las lleven y los rayos no los matensalirse dellas ymeterse en cuevasdebaxo de las peñas. Han caído en esta tierra muchas casasy templos fuertes por los grandes tembloreslas cuales los indiosen sugentilidadcuando en ellas caían unas bolsas de fuegotenían por ciertoagüero que habían de haber hambre o guerra. Estas tempestades subceden lasmás veces cuando el año es seco.

Las lagunascomo también diré en su lugarson muchas y muy grandes y demucho pescadoaunque todo pequeño. Son muy provechosas a las comarcas doestánespecialmente la de Méxicoque hace muy fuerte la ciudad y muybastecida por las acequias que en ella entrany por ellas muchos mantenimientosabundantemente de pescado blanco y prietoque los indios llaman joiles; yporquecomo al principio deste capítulo dixelas demás particularidades querestanque son muchas y maravillosasdel temple y calidad de la Nueva Españatractaré en el descubrimiento y conquista cuando hablare de los puebloslasdexaré al presentepor venir a tractar también en general de algunos árbolesdesta tierra.



 

 

Capítulo V

De la propiedad y naturaleza de algunos árboles de la NuevaEspaña.

Es tan grande la multitud de los árboles de la Nueva Españaaunque todos olos másal contrario de la vieja Españaechan las raíces sobre la haz de latierray así ellos y los traídos de España duran pocoy es nescesariorenovarlos de cuatro a cuatro años o de cinco en cinco. Entre los árbolesdesta tierraaunque no sé si se podrá llamar asípor no echar flor hoja nifructopero porque para hierba es muy grandecontándole entre los árbolesel magüeyque en mexicano se dice meflees el más notable y maravillosoárbol y de más provechos que los antiguos ni los presentes han halladoytanto que a los que no han hecho la experiencia con razón les pareceráincreíble. Haypuesen los magüeyesmachos y hembrasy donde no hay machosno hay hembrasni se dany la tierra que los produce es tenida por fértilylos indios están proveídos abundantemente de lo que han menester para elcomerbeber y vestir donde hay copia delloscomo luego diré. Echa el magüeyal principio de su nascimiento grandes hojas que son como pencas muy anchas ygruesas y verdes; vanse ahusandoy en el remate echan una púa muy aguda yrecia; los machosque son los menosa cierto tiempoque es cuando van ya a lavejezechan un mástil gruesoaltoque nasce de en medio de las pencasencuyo remate hay unas flores amarillas. Los provechosasí de las hembras comode los machosson tantosque los indios vinieron a tener al magüey por diosy asíentre sus ídolosle adoraban por talcomo paresce por sus pinturasque eran las letras con que conservaban sus antigüedades. Sus hojaspuescomosean tan anchasresciben el rocío de la mañana en tanta cantidad que bastapara beber el caminante aunque vaya con mucha sed; las hojas o pencas verdessirven de tejas para el cubrir de las casas y de canales; hácese dellasconserva y de la raíz; por consiguientesecasson muy buena leña para elfuegocuya ceniza es muy buena para enrubiar los cabellos. Secas también laspencaslas espadan como el cáñamoy dellas se hace hilo para coser y paratexer; la púa sirve de agujade alfilel y de clavoy como se hacen telasasí también se hacen cuerdas y maromas muy fuertesde queen lugar decáñamose sirven todos los indios y españoles para lo que suelen aprovecharlas sogas y maromaslas cualesmojadasson más recias y se quiebran menos.El mástil sirve de madera para el edificio de los indiosy el magüey sirvecomo en Castilla las zarzaspara seto y defensa de las heredades. Hácese delmagüey mielazúcarvinagrevinoarrope y otros brevajes que sería largocontallos. Finalmentecomo dixesólo este árbol puede ser mantenimientobebidavestidocalzado y casa donde el indio se abrigue; tiene virtudes muchasque los indios médicos y herbolarios cuentanno sin admiraciónespecialmentepara hacer venir leche a la mujerbebido su zumocon el cual se sanan todaslas heridas.

Hay otros árboles queaunque no son de tanto provecho como el magüeysondignosaunque con brevedadde ser aquí contadoscomo son el plátanoelcual es cosa maravillosaque sola una vez en la vida da fructo. El guayaboprovechoso para las cámaras. El peruétanocuya fructa es más dulce quedátiles; llámanse chicozapotes; deste fructo se saca cierta cera quemascadaemblanquesce los dientes y quita la sed a los trabajadores. El aguacatecuyafructa se llama asígruesa y negramayor que brevasla cual tiene cuesco; escalienteayuda a la digestión y al calor natural; del cuesco se hace ciertoaceite y manteca; en la hoja echa la florde la cual en la lexía para labarbapor ser muy olorosausan los barberos. La tunaque el árbol y lafructa se llama asíla cual huele como camuesas y es muy sabrosa: quita engran manera la sed; es dañosa para los fríos de estómago; hay dellas blancascoloradasamarillas y encarnadas; los que comen las coloradas o encarnadasechan la orina que paresce sangre. Hay otras tunas que se dicen agriasen lascuales se cría la cochinillaque es grana preciosísimala cualdesde estaspartesse reparte por todo el mundo; las hojas deste árbol son muy gruesas yanchas; guisadas en cierta manera es manjar muy delicado y de gran gusto ymantenimiento. El annona lleva fructo de su nombreredondo y mayor y menor queuna bola; lo de dentroque es lo que se comeen color y sabor es como manjarblanco; cómese con cuchara o con pan; tiene cuescos negrosa manera depepitas; refresca mucho; es sana y ciertofructa real. El mamey es el más altoárbol desta tierralimpio todocomo árbol de navíohasta el cabodo haceuna copa de ramas y hoja muy hermosa; de las ramas pende la fructaque tambiénse llama mamey; es a manera de melónla corteza áspera y por de dentrocoloraday ansimismo de fuera; la carne paresce jalea en olorsabor y color;dentro tiene un cuesco grande; para alcanzar la fructa suben los indios trepandocon sogas. La piñamuy diferente de la de Castillaporque es toda zumosasinpepita ni cáscaracomo la de Castillaperopor la semejanza de su tamaño ymanerala llamaron los nuestros así; es frescaalgo más agria que dulce; nomuy sanaporque aumenta la cólera; el árbol do nasce es pequeño y delgado.El cacao es un árbol muy fresco y acopado; es tan delicado que no se da sino entierra caliente y lugar muy vicioso de agua y sombra; está siempre cercado demuchos árboles crecidos y sombríospor que esté guardado del sol y delfrío; lleva el fructo de su nombrea manera de mazorcas verdes y coloradaselcual no pende de las ramascomo los demás fructosantes está pegado altronco y ramas; de dentro es ellogiosoy tiene los granos a manera dealmendras; bébese en cierta manera en lugar de vino o agua; es substancioso; nose ha de comer otra cosa después de bebido; cómese en pepita y sabe muy bienel agua que se bebe tras del; es moneda entre los indios y españolesporquecient almendras más o menossegún la cosechavalen un real. Hay árbolesdestos en tres maneras: unos muy altosy otros muy pequeñosa manera decepasy otros medianosy todosen generalno fructifican sin el amparo deotros árboles mayores que les hagan sombraporque sin ella el sol y el hielolos quema. Es este árbol tan preseciadoque su fructa es el principal tractode las Indias.

Hay otra infinidad de árbolesunos de fructa y otros sin ellatan varios ydiversos en propriedad y naturalezaquequeriendo particularizarlossería irtan fuera de mi propósitoque sería nescesario hacer otro libro de por sí.Los árboles de Castilla se dan muy bienaunque por echar las raícescomodixetan somerasse envejecen presto. Los que menos aprueban son olivascepascastaños y camuesosque no se danaunque en Mechuacán se dice habercamuesaspero no con aquella perfección que en Castilla; parras y uvas hay muybuenas y sabrosaspero no se hace vino dellaso porque no se pone diligencia oporque no acuden los tiemposcomo en Castilla; pero las higuerasmanzanosciruelosnaranjoslimonescidrosmoralesen los cuales se cría grancantidad de sedase dan en gran abundancia y con muy buen gustoy así sedarían otros muchos árboles de Castilla si hobiese menos cobdicia de dineros ymás afición a la labor de los campos.



 

 

Capítulo VI

De las semillas y hortalitas que se dan en la Nueva Españaasí de Castilla como de la tierra.

Son muy diversas las semillas e hierbas de la Nueva España y de diversogusto y saboraunque las de Castilla se dan no menos abundantemente que allá.La semilla del maízque en su lengua se dice tlaulies la principalsemillaporque en esta tierra es como en Castilla el trigo. Cómenla loshombreslas bestias y las aves; la hoja dellacuando está verdees el verdecon que purgan los caballos; y secaregándola con un poco de aguaes buenmantenimiento para ellosaunque todo el añoen la ciudad de Méxicopor elalagunay en otras partes por las ciénagastiene verdeque los indios llamanzacate. Con el buen tiempo acude tanto el maízque de una hanega secogen más de ciento; siémbrase por camellones y a dedoy a esta causaunahanega ocupa más tierra que cuatro de trigo. Quiere tierra húmidaosi fuesesecamucha agua del cielo o de riego; echa unas cañas tan gruesas como las deCastillay el fructo en unas mazorcas grandes y pequeñas; echa cada caña dostres y cuatro mazorcas a lo más; cuando están verdes y tiernas las llamanclotes; son sabrosas de comer; después de secas se guarda el maízodesgranado o en mazorcasel cualcuando se come tostadose llama cacalote.Para hacer el panque es en tortillasse cuece con cal ymolido y hecho masase pone a cocer en unos comales de barrocomo se tuestan las castañas enCastillay de su harina se hacen muchas cosascomo atoleque es como poleadasde Castillay en lugar de arroz se hace del manjar blancobuñuelos y otrascosas muchasno menos que de trigo. Hácese del maíz vino y vinagrey antesque hobiese trigo se hacía biscocho. Y porque mi intento es escrebiren sumapara la entrade desta historialas cosas naturales que produce esta tierradexaré de decir del maíz muchas particularidadespor tractar en breve deotras semillasde las cuales la chíaque es del tamaño de agongolíunaprieta y otra blancase bebehecha harinacon maízy es de muchomantenimiento y fresca; dase en grano a los pájaros de jaulacomo en Castillael alpiste; echada en aguaaprovecha para dar lustre a las pinturasy puestasobre las quemadurashace gran provecho. El chianzozolique es como lentejase come de la manera que la chía; es buena contra las cámaras de sangre;bebidarefresca mucho. El michivautleque es como adormiderases buenopara beberse el cacaoque pusimos entre los árboles.

También se cuenta entre las semillasporque se siembra en pepitaaunque nocada añosino para trasponelloel ichicatleque es semilla dealgodón; tiene la pepita sabrosa como piñones. Hácese della aceite y manteca;échase en las comidas de cazuelas en lugar de pepitas; dase en tierra calientey no en fría. El ayoetlique es pepita de calabazade las cuales sehacen muchos guisados y sirven de almendras para hacer confites. El calicavotees también pepita de otro génerode la corteza de las cuales se hace elcalabazatey de lo de dentro conserva de miel; las pepitas no aprovechan sinopara sembrarlas. El etleque es frisoleses semilla de granmantenimiento; cómese en lugar de garbanzos; con de diversos colores. EnCastilla los llaman habas de las Indias. El piciete es semilla pequeña yprietezuela; la hoja es verdesecay revuelta con calpuesta entre los labiosy las encíasadormece de tal manera los miembrosque los trabajadores nosienten el cansancio del trabajoni los puestos a tormento sienten con mucho eldolory el que durmiere en el campo y lo tuviere en las manos o en la bocaestará seguro de animales ponzoñososy el que lo apretare en los puños ysubiese a alguna sierrasentirá en sí aliento y esfuerzo; los que tienendolores de bubas lo toman para adormecer el dolor y poder dormir.

De las hierbas y raíceslas principales son: Las batataso camotesqueasadastienen el sabor de castañasy en muchas partes se hace pan dellos. Lasxicamas son como nabosmuy zumosas y muy frías; la conserva dellas es muybuena para los éticos y los que tienen gran calentura. Los chayotes son comocabezas de erizos; cómense cocidos. Los xonacates son cebolletas de la tierra;cómense crudascomo las de Castilla. El agí sirve de especia en estas partes;es calienteayuda a la digestión y a la cámara; es apetitosoy de manera quelos más guisados y salsas se hacen con él; usan dél no menos los españolesque los indios. Hay unos agíes colorados y otros amarillos; éstos son losmadurosporque los que no lo sonestán verdeshay unos que queman más queotros. Los tomates son mayores que agraces; tienen su saboraunque no tanagrio; hay unos del tamaño que dixey otros grandesmayores que limasamarillos y colorados; échanse en las salsas y potajes para templar el calordel agí. Los quilitesunos se comen cocidoscomo riponcesy otros verdescomo berros. Debaxo de este nombre de quilites se entienden y comprehendenmuchas maneras de hierbasque tractar dellas sería cosa muy largay más sihobiese de decir de las hierbas medicinales que los indios médicos conoscen ycada día experimentan ser de gran virtud en diversas y peligrosas enfermedadesque han curado y curan; por lo cualen el siguiente capítulo tractaré de ladiversidad y géneros de aves que en estas partes hay y de algunas maravillosaspropriedades suyas.



 

 

Capítulo VII

De algunas aves de maravillosa propriedad y naturaleza que hayen la Nueva España.

Muchas aves hay en la Nueva España muy semejantes a las de Castilla; perohay otras en todo tan diferentesque me paresció ser justode la multituddellasescoger algunaspara queentendiendo el lector su maravillosadiversidadconozca el poder del Criadar maravilloso en todas sus obras. El aveque en la lengua mexicana se llama tlauquechul espor su pluma y porhallarse con gran dificultadtan presciada entre los indiosque por una (entiempo de su infidelidad) daban cuarenta esclavosy por gran maravilla se tuvoque el gran señor Montezuma tuviese tres en la casa de las avesy fuecostumbrepor la grande estima en que se tuvo esta aveque a ningún indiollamasen de su nombresi no fuese tan valeroso que hubiese vencido muchasbatallas. Tiene la pluma encarnada y morada; el picosegún la proporción desu cuerpomuy grandey en la punta una como trompa; críase en los montes. Elave que se dice aguicil es muy más pequeña que gorriónpreciosísimatambién por la plumacon la cual los indios labrán lo más perfecto de lasimágenes que hacen; es de diversas coloresy dándole el solparescetornasol; es tan delicada que no come sino rocío de floresy cuando vuelahace zumbido como abejón; hay alguna cantidad de ellas. El quezaltotoles ave toda verde; críase en tierras extrañas; la cola es lo principal dellaporque tiene plumas muy ricasde las cuales los indios señores usaban como dejoyas muy ricas para hacer sus armas y devisas y salir a sus bailes yrescibimientos de Príncipes; tiene esta ave tal propiedad quede cierto acierto tiempocuando está cargada de plumasse viene a do hay gente para quele quite la superflua. El pico es tan fuerteque pasa una encina con el pico;tiene cresta como galloy silba como sierpe.

Hay otro pájaro quenaturalmentecuando canta habla en indio una razón yno másque dice tachitouanque en nuestra lengua suena: «padrevámonos»; tiene la pluma parda; anda siempre soloy dice esta razóndolorosamente. Otro que se llama cenzontlatlolque en nuestra lenguaquiere decir «cuatrocientas palabras» llámanle así los indios porque remedaen el canto a todo género de aves y animales cuando los oyey aun imita alhombre cuando lo oye reírllorar o dar voces; nunca pronuncia más de una vozde manera que nunca dice razón entera. El cuzcacahtl es pájaro blanco yprieto y no de otro color; tiene la cabeza colorada; náscele en la frentecierta carne que le afea mucho; aprovecha para conservar la pluma y que no secorrompa; muestra en sí cierta presunción y lozaníacomo el pavón cuandohace la rueda; es de mucha estima entre los indios.

De los papagayos hay cinco maneras: unos colorados y amarillosy destos haypocos; otros amarillos del todo; otros verdes o coloradossin tener pluma deotro color; otros verdes y morados; otros muy chiquitospoco menores quecodornices; éstos son tantos que es menester guardar las simenteras dellos.Aprovecha la pluma de todosy todos hablan cualquier lengua que les enseñanymuchosdos y tres lenguas; quiero deciralgunas palabras dellas. El chachalacaquepor ser tan vocinglerolos indios le llaman así; tiene tal propriedadquepasando alguna persona por do estáda muy grandes gritos. Hay un pájarodel tamaño de un gorriónpardo y azulque dice en su canto tres veces arreomás claro que un papagayo bien enseñado«Jesucristo nasció»; jamás seposa cuando anda en poblado sino sobre los templosy si hay cruzencima della;cosa es cierto memorable y que paresce fabulosasi muchos no lo hobiesen oídode los cualessin discrepanciatuve esta relación. Hay otra ave cuyo nombreno séque las más vecesaunque es rarase cría en los huertoso donde hayarboledasde tan maraviflosa propriedadque los seis meses del año estámuerta en el nidoy los otros seis rivive y cría; es muy pequeñay encantarmuy suave. Han tenido desto que digo algunos religiosos ciertaexperienciaque la han visto en sus huertos.

Hay otra ave quepor ser de mucha estimala presentaron al Virrey D. Luisde Velascono menos extraña que las dichasmayor que un ánsar; cómese mediocarnero; tiene las plumas de muchas y diversas coloresy las de la gargantaporque van las unas contra las otrashacen excelente labor; ladra como perroylas plumas son provechosas para el afeite de las mujeres; llámanla los indiosave blancay cuentan della otras propriedades no menos maravillosas que las quehemos dicho de otras. Hay otra ave que tiene la cabeza tan grande como unaterneramuy fiera y espantosay el cuerpo conforme a ella; las uñas muygrandes y fuertes; despedaza cualquier animal por fuerte que sea; nunca se veehartay suelede vuelollevar un hombre en las uñas.

Aves de agua hay muchascomo patos y otros que llaman patos reales; garzasmuchas y muy hermosas. En la tierra hay ánsares muy grandesy grúas. Devolateríamuy buenos halcanosque por tales los llevan a España; hay azoresno menos buenos.



 

 

Capítulo VIII

De los más señalados ríos de la Nueva España y de suspescados.

Porque suelen los ríos caudalosos y abundantes de pescados ennoblescer lasprovincias por do correnme paresció ser razónpues la Nueva Españaentreotras cosasmuchas memorableses una de las más insignes regiones del mundotractar de algunos famosos ríos que por ella correnentre los cuales seofresce el río de Zacatulaque da nombre a la provincia por do correel cualnasce en términos de Tlaxcala y entra en la mar por la villa de la Concepciónde Nuestra Señoraque es en la provincia de Zacatula. Es muy caudaloso deaguaporque entran en él más de treinta ríos principalessin otros muchosde los cuales no se hace caso; su corriente es muy velozmás hondo y ancho quedos veces Guadalquivir. Tres leguas antes que entre en la marsale de entreunas sierras y da en unos llanos donde se hunde de cuatro parteslas tres detal manera quea tres leguas de la marhaciendo algún pozohallan el aguatan corriente como cuando va todo juntoa cuya causa no entran navíos gruesospor élsino pequeñossegún la cantidad de agua que queda sobre la tierra.Corre más de docientas leguas; sus pescados son muchos y muy grandesaunquetambién tiene chicos. Los principales son: lizasmerosmoxarrasbobostruchaspargosbagres yentre ellosaquel espantoso y perjudicial pescadoque los indios llaman caimán y nosotros lagartoy algunos de los latinosengañados dicen ser cocodrilo.

Désterepartiendo el capítulo en dos partestractaré de algunos máscopiosamente que de los otros pescadospor ser tan señaladodiciendo primeroen este río y en otros haber tantosy tan encarnizadosque no hay quien oseentrar en el agua hasta el tobilloporquecon increíble velocidadson conél debaxo del agua. No puede hacer presa nadandosin que primero estribe enalguna cosapor lo cualel tiburónaunque es muy menor pescado y de menoresfuerzasle rinde y vencequitándole la vidametiéndose debaxo dél. Hayalgunos quepuestos en el arenalson tan grandes que parescen vigas muygruesasde luengo de más de veinte y cinco pies. Hanse visto juntos en latierra más de sesentaen la cual no pueden hacer malaunqueestribando a laorilla sobre los brazosda un apretónque sale buen rato fuera de la tierratras la presa que pretende. Péscanse con varios y diversos artificios yanzuelos muy gruessoaunque hayque es de tener en muchoindios tandiestrosquemetiéndose en el agualos atan de pies y manos con cordelesyasí los sacan a tierrala cual experiencia ha sido a hartos peligrosa y auncostosa. Hay otra manera de tomarloscomo es con villardasponiendo el cebo decarne o tripas en un palo rollizo de dos palmos en largoy por el medio déluna recia cuerda con una boya; traga el caimán el palo con el cebo yatraviésasele en la gargantay como con esto él da vuelcos en el agualahoyameneándose en diversas parteslo da a entendery así los sacan ajorro.

Hay diversas maneras de caimanes: unos gruesos y otros verdes; otros no tantoy más largasde color de cieno; los verdes son más dañosos; tienen la bocatan grande como media brazapoblada de muchos y muy gruesos dientes; la lenguano se les parlescepor ser muy pequeñala cual les cae sobre la garganta yagallasde manera que ningún agua les puede entrar; tiene desde el pescuezohasta la colapor la parte de arribaunas conchas que con ningún asta sepueden pasar; llegancomo dixecon tanta velocidad a la orillaquesin sersentidoshacen presa en muchos animales que van a bebery asíse tiene muygran cuenta con los niños en que se aparten de la orilla del río; cuando hacepresasi es cosa vivavase a lo fondo con ellahasta que la ahogay luego sesobreagua para ver si estámuertay saliendo del agua a la más segura parteque veela hace pedazos para comerlay nocomo algunos dicentragándoseloentero. Suelen los encarnizados trastornar las balsas con que navegan losindiospara hacer presa en ellosaunque ha habido indio tan fuerte quetomándose a brazos con el caimánsin darle lugar que con la boca le hiciesedañolo ha sacado en tierray ha habido otros que los han muerto en el agua.Los tigres viejos tienen grande enemistad con ellostanto queyendo a velar ala orilla del ríoantes que el caimán haga presale saltan encimay asícon las uñasle sacan fuera del agua y hacen pedazoshasta abrilles labarriga y sacarle el hijo o hijos en cuya busca veníany si le hallanes cosanotable las bravezas que hacen deteniéndose en despedazarle; y si no le hallanvanse a buscar otro. Salen los caimanes del río de noche y atraviésanse en loscaminos para quetropezando con ellos los indioscayan y ellos los maten.Tienen una tripa sola; mandan la quixada de arribay no la de abaxo; en lasagallas tienen unas como landrecillas que huelen como almizquey asílos quetienen lengua destofácilmente saben el río que tiene caimanespor el olorque hay a su orilla.

Hay otros caimanes que llaman bobos porque no hacen mal; la causa es no estarencarnizados. Todos ponen los huevos en el arena en gran cantidadunos grandesy otros pequeños; salen con el calor del sol y abrigo del arena. Los grandesantes que la madre vengacomen los chicosy cuando ella sale en tierrasúbense todos sobrellay asíse mete ella con ellos en el aguadondesacudiéndoselos dexa para no verlos más. Y porque es razón hablar de otrosríos y de sus pescadospor no hacer fastidioso este capítulodexando dedecir otras cosas de los caimanesen el siguiente capítulo proseguiré eltítulo déste.



 

 

Capítulo IX

Donde se tracta de otros ríos y pescados.

No es menos memorable el río de Pánucoel cual nasce sesenta leguas de lamar y hace tres nascimientostodos muy grandeslos dos de los cuales se vienena juntar cuarenta leguas de la mary el tercerodiez leguas; después deandadasva por tierra llana más de las treintamás ancho y más hondo queGuadalquivir; entran en él navíos de docientas toneladas; sube por él lacresciente de la mar más de quince leguas; está a par dél fundada la villa deSantisteban del Puertoque es en la provincia de Pánucotierra sana y bienbastecida. Este río tiene muchos pescadospero especialmente los que no hay enotros: hay en él un cierto pescado que se llama manatícuyo pescado parescecarne de vaca gorday hicoteasque son a manera de tortugas.

Hay otro río que se dice del Espíritu Sancto: nasce en el valle de Toluca;correhasta entrar en la marmás de ciento y cincuenta leguas; es río máscaudaloso que ninguno de los de Españaasí por su nascimiento como por losríos que se le van juntando; súmese por la tierra lo más dély ésta es lacausa por qué no entran en él navíos gruesossino bergantines; tiene grancantidad de pescados de muchos génerosy por esto se hacen en él muy grandespesquerías de camarones cerca de la marquesecoslos llevan los indios portoda la tierra a vender.

Catorce leguas déstehacia el ponientepor la misma costa de la marcorreotro gran río que se llama Iztatláncon el cual se juntan tres o cuatro muycaudalososde manera queal entrar en la martiene más de media legua deancho; no es hondable de manera que sufra navíos gruesos; tiene muy grancantidad de pescadosy de ostíastan innumerablesqueaunque vayan diez milindios a cargar dellashacen tan poca mellacomo si no fuese nadie. Deste ríoadelantepor la misma costaal ponientecasi tresientas leguas hay otro ríotan caudalosoque lo más angosto dél tiene media legua de anchoy cuandoentra en la mar tiene cinco; es muy hondablede manera que por todo él puedennavegar navíos muy gruesos; correa lo que paresce; es tan grandesegún seconjecturapor las nieves que se derriten de las sierraslo cual paresceclaroporque sus mayores crescientes son por Sant Joancuando hay más calor.La tierra es fría y poblada de pobre gente; el pescado que tiene es muchoaunque la variedad dél no se ha visto.

Hacia la mar del Norte hay otros ríos muchos quepor no ser tan grandesnohago mención dellosy es cierto que los ríos que van a dar a la mar del Suren poblaciones y en fertilidad de tierra y en riquezas de oro y plata y perlashace gran ventaja a los del Norteaunquea lo que dicen y adelantetractaremoslos ríos de la Florida son muy grandes y muy ricos de perlasyporque hemos hecho alguna mención de señalados pescadosno será fuera depropósitoaunque no sean de ríodecir que en la mar de la Californiaa lacual fue Hernando Cortésmuchos de sus soldadosen tiempo de calmasdesdelos navíos vieron por tres veces levantarse en el agua unos pescados que desdela cinta arribaporque de ahí abaxo no se vían nadaque parescían hombresdesnudos en carnesque a los que los vieronverdaderamentepusieron ciertopavorlos cuales se zabulleron luegoy de ahí a poco tornaron a parescer dosvecesa los cualespor la semejanza humana que teníanllamaron los nuestrospeces-hombres.



 

 

Capítulo X

De algunas lagunas y fuentes de la Nueva España.

No menos hace al propósitohabiendo de hablar de las cosas señaladas quehay en esta tierradecir algoaunque de pasode algunas lagunas y fuentes queen ella hay. De las lagunasla de Méxicopor cercar la más insigne ciudaddeste Nuevo Mundoes muy señaladay porque [es] la que está más cerca de laciudad; es saladay con ellaa la parte del nortese junta otra dulcey a laparte del sur otra también de agua dulce. Esta es mucho mayor que la otraporque dentro della hay cuatro grandes pueblos de indioslos cuales sonSuchimilcoCuitlauacMesquiqueCuluacán. Bojan estas tres lagunasque hacenunamás de ochenta leguas; tienen mucho pescado quepor estar lexos la marno poco proveen la ciudad. Hay en ellas un pescado que se llama axoloteque esprieto: tiene pies y figura de lagarto. Ranas hay en tanta cantidadque ayudanmucho a la falta del pescado fresco. Hay en esta alaguna tres peñoles de muchacaza de liebresconejos y venadosque fueron echados a mano. Entran en estalaguna muchos ríos pequeñoscon todas las aguas que caen de las vertientes delas sierras que la rodean. Hay otra laguna en la provinciade Mechuacánmuygrandede hechura de una herradura; es de agua dulcey tan hondable queapartestiene más de cien brazas. Hay en ella muchos peñoles poblados; esabundante de pescadosespecialmente de galápagosque no hay en otras lagunas;boja más de treinta leguas; tiene tormenta como la mar.

Hay otra laguna que se dice Cuyseola cual tiene muchos bagres; tiene otrospescados a manera de sardinas y de pexereyes; boja más de veinte leguas; tienealgunos cerros dentro. Hay otra laguna muy más grande: está toda juntay nodividida como la de México;tiene más de ochenta leguas de box; hay muchospueblos muy populosos alderredor della; tiene algunos peñoles pequeños; es muyhondable; es tan abundante de pescado como las demás. Alrededor della críanmuchos patos; es de agua dulce; entra en ella un río caudal y torna a salirnocresciendo ni menguando el alagunacerca de la cuala la parte del nortehayunos ojos de agua saladade la cuallos indios que allí cerca vivenhacenmucha cantidad de sal muy blanca y muy buena. Alrededor destos ojos toda el aguaes salobrey los indiostomando del agua y de la tierrala cuelan de talmanera quellevando el agua toda la fuerza de la tierraponiéndola un poco alfuegoqueda hecha sal de muy buen gusto y muy blanca. Y el río de Alvaradohace una laguna entre unos manglaresque tiene catorce leguas de largo y diezde ancho; hácese en ella mucha y muy buena sal; es abundante de camarones yostiones y anguillas queaunque parescen culebrasson muy buenas y muy sanas.

Las fuentes de la Nueva Españaaunque no tienen tan maravillosaspropiedades como las de los escriptores antiguos de Asia y Áfricasonemperomuchas dellas de grandes y abundantes nascimientosy algunas de agua tandelgadaque corrompen a los que la beben; hay otras muy calientes quemetiendoen ellas un perrole sacan cocido y deshecho: otras tan frías quecualquiercosa viva que en ellas caigamuere al instantede la frialdad. Cerca deJaliscoen muy poco espacionascen dos fuentesla una por extremo fría y laotra por extremo caliente. Júntanse cerca de los nascimientos y hacen un aguaextremada para blanquescer la ropa.

A la ciudad de Méxicocomo otras cosasennoblescen muchas fuentes de muchay muy buen aguacomo son las de TanayucaCuyoacánEstapalapaSancta Fee yaunque la de Chapultepeque es muy hermosa y de mucha aguay que por máscercanaporque nasce media legua della y entra por grueso caño en ellano estan buena como las demáslas cuales con facilidad pueden traerse a Méxicocomo al presente se procura traer una dellas. En el alagunamedia legua de laciudadhay un peñola la halda del cual nasce una fuente de mucha y muycaliente aguade la cual se han hecho unos baños no menos nobles que los deAlhama; es nescesariopara poder sufrir el calorechar primero el agua en unaspilas que están junto al nascimiento. Hay en la provincia de Mechuacán unafuente que sale junto a una peña quede noche y de díatiene un calor muygrande; es tan saludable quea los que se lavan en ellasi van tullidossedestulleny los llagadossanan. En ésta sanó dentro de ocho días un hombretan leproso que no había hombre que se osase llegar a él. Hay otra cercadésta que nasce en llano y es más ancha que una grande alberca; tiene la mismapropriedad. Lo demás remito a otros que desto han escripto másparticularmentepor venir al capítulo siguiente.



 

 

Capítulo XI

De las serpientes y culebras y otras sabandijas ponzoñosasque hay en la Nueva España.

Sierpes muy fierascomo en otras partes del mundono se hallan en estatierra a menudoaunque los días pasadosen una muy honda quebradavieron doshombres una sierpe mayor que un gran becerrotan fiera y espantosa que nosabían encarescerla. Decían que tenía cuatro pies y que la cola era tan largacomo el cuerpocubierta toda de unas conchas que parescían launas de armar.Hizo gran ruido al subirmientras ellos huían. Decían que el rostro teníatan feroz que parescía cosa del infierno. Sierpes como ésta hanse visto muyraras vecesaunque hay muy gran cantidad de culebras tan gruesas como el cuerpode un hombre y más largas que una braza. Llámanse mazacoatl; son bobasporque no pican ni hacen mal a nadie; son pintadas como venados de los nuevos;mantiénense de conejosliebresvenadosperros y avesy esto cazanmetiéndose en lo más espeso de los arcabucosesperando de secreto la cazalacual matan con la cola. Críanse entre las peñas y riscos altos. Hay otrasculebras tan delgadas como el dedo de la mano y más largas que braza y medialas cualespara acometer y herir al hombrejuntan la cabeza con la cola. Dondehay pajonalcorren tanto como un hombrepor bien que corra.

Hay víboras en dos maneras: unas gordas como una pantorrilla de la piernaylargasaunque deste género hay también muy más delgadas. Tienen hacia lacola unas a manera de escamas quecuando se muevenvan sonando como cigarrasporque algunospor las oírse guardan e huyen dellas. Llámanse de cascabelpor este ruido que traeny tienen tantos años cuantas escamas. Mueren losmordidos dellas si no saben curarsey la cura es sajar luego la herida yespremir luego la ponzoña antes que más se extienda. Hay otro género dellasdelgadas como el dedoy de palmo y medio de largotan ponzoñosas queal quemuerdensi no cortan el miembro heridono vive. De las otras hay muchasydéstas muy pocas. La pestilencia de las unas y de las otras es el puercoquese las come. Hay otra culebra o serpecilla que paresce codornísporquecuandohace malse abalanza y hace el sonido como una codornís. Los indios ponennombre a algunas cosas por la semejanza que tienen con otras.

De las sabandijasunas hay ponzoñosas y otras no. De las unas y de lasotras hay casi infinitas. Las ponzoñosas son alacranesque matan a los quepican si con tiempo no los socorreny si pican a algún niñono escapa.Arañasgrandesvellosas y negrasson peores y más ponzoñosas que lasvíboras.

En las tierras calientes hay muchos mosquitos y de muchas manerasqueparapoder vivirhan de andar de día con un amoscador en las manosy de nochecubrirse bien en la camaaunque en algunas partes las indias salen a hilar y atexer a la lunaporque estonces no los hay. Hay algunos que pican de talmaneraque levantan grandes ronchas. La langostaasí en tierras calientescomo en fríasalgunos años suele hacer en las mieses gran dañoy para queno aoven en la tierra después de hechas las simenteraslos indiospuestos enalaque toman una legua y dospegan fuego cada uno por su parte a las hierbasy rastrojos y como están en torno y comienzan circularmente a prender el fuegoes cosa maravillosa cómo las sabandijasvenadosliebres y otros animalessalen huyendo del fuego y se amontonan en el medioy cómo los indiosllevandosus arcos y flechas y otras armasmatan la caza que quierenaunque en estamanera de caza hay muchas veces peligroporquecomo del aire se suele hacer untorbellinoasí estonces se hace de fuegoque al que hallaabrasa con lafuria grande que trae atrás. Desta maneralos indios limpian sus campos de lassabandijasy cuando vienen las aguasla hierba para los ganados nasce en mayorabundancia y más limpia y de mayor mantenimiento.



 

 

Capítulo XII

De los animales bravos y mansos que hay en la Nueva España.

Hay en esta tierracomo en Españaalgunos animalesaunque difieren enalgo de los de Españacomo leoneslobosososvenadoscorzosgamosliebresconejostigresonzas. Déstoslos tigres han sido muy dañososporque andaban muy encarnizadosy tantoque esperaban los indios por loscaminos para matarlosy de nochecomo muchas de las casas eran de cañaporentre ellas hubo tigres quemetiendo la manosacaban la mitad de la cabeza delque estaba durmiendoporque tienen tan gran fuerza en las uñasque todocuanto con ellas alcanzan hacen pedazos. También ha habido muchos leonesaunque no coronadostan encarniszadosque así en los españoles como en losindioshan hecho gran daño.

Hay otro animal del tamaño y figura de zorra que los indios y los nuestrosllaman adibeno menos dañoso al ganado ovejuno que los lobos muy encarniszadosde Españay porque destos animales hay tantos que no basta armarles lazoselremedio es echarles pedazos de carne con cierta hierba que nasce en esta tierraquecomiendo dellaluego mueren. Entre otros animales que difieren en el todohay unos corno conejosarmados de ciertas conchas; andan por peñas y riscosmuy fragososy cuando quieren baxar de alguna sierra muy alta a lo más baxodellano corren ni andansino arrojándose desde lo altoporquecubriéndosecon las conchas todosin echar pie ni mano fueraaunque cuando hace el golpesuena muchono se hace mal ninguno.

Hay otros animales que son poco mayores que huronesque traen consigo loshijos cuando pasen en la hierba; y cuando sienten gente los hijosvienencorriendo a la madrea los cuales ellametiéndoselos en ciertos senos quetiene en la barrigahuye sin caérsele ningunoy cuando está desviadalostorna a soltar. Hay otro animal que se paresce en alguna manera a éstela coladel cual es de tan gran virtud quesi se secay molidala bebe cualquiera quetenga saetapiedra o otra cosa metida en el cuerpola echa luego fueray aesta causalos indios que iban a las guerraslos que podíanllevaban estospolvos consigo para cuando los hobieran menester. En la tierra de Cibola habíaunos como carneros monteses que saltaban por las peñas más ligeros que cabrascon tener los cuernos más laros que bueyes de diez años y los cuerpos nomayores que carneros de España.

Las vacas de aquella tierra son pequeñas y corcovadasy el pelo tanpequeño y liso como de ratón. Los toros son de la misma figuramás bravosque los de Castillacon ciertas vedijas de lana en la cabeza muy largas queparecen clines. Hay perros chicos y grandes corcovados. Sírvense los moradoresde aquella tierra de los grandes para la cargacomo en el Pirú de las ovejasque allá nasceny porque en la Nueva España no tenían animal que llevasecargalos indiosdesde niñosse enseñaban a traerlay esles tan naturalque aunque ahora se les prohíbequieren más muchas veces llevar ellos lacarga que echarla en las bestiaslas cuales hay en abundancia de asnosmulas ycaballosy los caballos y mulas tan buenosque en España no los hay mejores.Los pellejos de los caballos son los más lindos del mundoy las coloresqueen España no aprueban bienen esta tierra son señal de muy recios; y asílos caballos overos y blancos son muy recios y para mucho trabajoy asíhaycaballos de camino mejores que en todo lo descubierto del mundoy de los derúatantos y tan buenosque en ninguna parte dél hay más ni taleslo cualno poco ennoblesce esta tierra y la fortificaporque a pieen los llanos y enlas sierrascuando hay guerrapor su ligerezaespecialmente en las sierrasson más poderosos los indios que los españolesmayormente cuando no hayarcabucos.

Animales del agua y de la tierra son lobos marinoscaimanesde quien yadeximos que son como lagartos pequeños; galápagostortugastodos los cualesdesovan en la tierra ydespués de nascidosse meten en el agua. Otrosanimales hay muchosde los cuales en su lugar hablaremos largo.



 

 

Capítulo XIII

De la caza y manera de cazar de la Nueva España .

Cazan los indios diversas aves y animales de diversas maneras: Los patos delas lagunas toman hincando unos palos altos en el alagunay puestos de trecho atrechocuelgan unas muy grandes redes muy delgadase ya que el sol se va aponerlevantan la caza con voces y con paloscon que dan en el aguay como elvuelo no es alto y la red es menudano viéndoladan en elladonde los másse enmarañan.

Cazan los venados metiéndose en el cuero de otro venado; van a gatasllevando sobre su cabeza la cabeza del venado de cuya piel van vestidosy asíasegurando la cazala flechan de muy cerca. Cuando quieren hacer alguna cazarealcomo se ha hecho a D. Antonio de Mendoza y a D. Luis de VelascoVisorreyesjúntanse quince o veinte mill indios armados de sus flechas y arcosy otros con macanas y varas tostadasy cercan algún monte donde hay venadosososleonespuercos monteses. Por su orden se van metiendodando vocesyendola gente de a caballo delantecon sus lanzas y arcabucesy levantan la caza detal maneraquecomo vuelve espantada de cualquier parte donde la ojeanvienenpoco a poco a acorralar tantaque se han muerto de una vez más de trecientosvenados. De otras muchas maneras cazan los indiosy son tan diestros en ellasque ninguna cosa se les escapaespecialmente las codorniceslas cualesenmucha cantidadtoman de noche vivas; tractar de lo cual seríacomo ya tengodicho hacer libro muy grande.

Las cazas que principalmente siguen los españoles son matar patos y otrasaves que se crían en el alagunacon arcabucesmetiéndose en ella con canoas.También con las aves de rapiñacomo halcones y sacresvuelan garzas y otrasaves;

también con perros levantan las codornices y las matan con azor; son éstasmás sabrosas. Cazan asimismo con muy buenos galgosque se hacen en estatierramuchas liebreslas cuales son mayores e más ligeras que las de Españaaunque no son tanto los cazadoresasí por no ser la gente tantacomo porqueen estas partes los hombres no tienen tanta quietud y trabajan más que enEspañao por volver a ella ricos o por vivir acá honradosque no lo son sinolos que tienen. Y esto basta tocante a la caza.



 

 

Capítulo XIV

De los metales y piedras de valor y de virtud que hay en laNueva España.

El más noble Y precioso metalcomo todos sabenes el oroel cualaunquede todas las nasciones ha sido siempre tenido en mucho por la nescesidad que haydél para las contrataciones y otros negocios importantísimosesta gente no lotenía en tantoaunque todavía le tenían en más que a los otros metalesydel hacían joyas presciosasporque las plumas ricas y las de virtud eran lasmás estimadas y más principales joyas que los indios tenían. Las minas deloro se hallan por la mayor parte en tierra calienteen los ríos y arroyos. Sunascimiento es cerca dellosporque a la orilla toman el seguimiento hasta daren el oro. Cógese en polvoentre la arenaylavándolo en unas bateas queson ciertos vasos acomodados para ellodespidiendo el arena con el aguaquedael oroel cual también se halla en las sierras y en tierra llana. Hansedescubierto granos muy finos y de muy gran peso. También se saca platay enellaincorporado el oro. Apártase el un metal del oro con agua fuerte.Síguense muy poco las minas del oroporque es menester hacer mucho gastoyson pocos los que puedan sufrillo.

Las minas de la plata son más generales y hállanse en muchas partes.Florescieron en un tiempo las de Tascoy ahora las de los Zacatecas. Tambiénéstas son costosaspor la falta que hay de esclavos e indiosy por lo muchoque cuestan los negros y la poca maña que para ello se dan. Las minas de platacuando andan buenassustentan y engruesan la tierray cuando van de caídaparesce que todo está muerto. Nescesidad tienen los mineros de que Su Majestadles dé favorpues aliende del aprovechamiento destos reinoscon ninguna cosase adelantan tanto sus rentas reales como con el buen aviamiento de las minas.

Hay minas de plomocon el cualno menos que con azoguese beneficia elmetal de la plata. Hay minas de cobrelas cuales no siguen porque no son detanto provecho. Hay ansimismo minas de metal que tienen plata y cobrejuntamente. Finalmenteno se labran sino las de plataporque son más y acudenmejor que las demás.

Piedras preciosasal presenteno hay tantas como en Españani de tantosgéneros; pero las esmeraldas son las mejores y las estimadasmuy aprobadaspara la embriaguescomo dellas se escribe. Hay otras piedras queaunque no sonde tan buena vistason de gran virtudporque hay algunas tan buenas paraquitar el dolor de ijada y riñonesquepor obrar en tan brevesonmaravillosas e dignas de gran estima. Son de color de esmeraldas turbiasmuymayores que ellas; atraviesan por ellas unas vetas blancas. Hay otras de colorcárdena; déstas hay muchas en anillosquetocando por debajo del engaste ala carnehacen mucho provecho. Hay otras piedras queaunque no son presciosasni de virtudson muy buenas para hacer aras; son tan limpias y resplandecientesque sirven de espejos; son negras; sácanse dellas navajasque son tan agudascomo las de acero. Hay para el efecto de las aras otras piedras bermejas yvetadas de negro que no se tienen en menos que las negras. Piedras para coloreshay muchasaunque se dan pocos a buscarlasporque el que puede iry aun elque notodos andana buscar platala cualcomo decía Diógeneshabía deestar amarilla de miedocomo el orode los muchos que la andan a buscar hastasacarla de las entrañas de la tierra. Cierto; si hubiese el asiento que sedeseahabría menos cobdicia. y más virtud.

Parésceme que para en generalbasta haber dichocon la brevedad que hepodidolo que toca al temple desta tierra y propiedades della. Ahoracon nomenor brevedad tractaré de los indios y de sus rictos y costumbrespara quecuando comience la conquistael lector vaya advertido de muchas cosas que setocarán de paso.



 

 

Capítulo XV

De la manera que los indios tienen en el poblar.

Pueblan los indios de la Nueva España muy diferentemente de las otrasnascionesporquepor las idolatrías que tenían y por hablar con el demoniomás secretamenteni buscaban riberas ni costa de marni lugares llanos dondehiciesen sus poblacionesy las que hacían era en lugares altosásperos ymontuosossin orden ni continuar casa con casapor maneraque un pueblo demill vecinos venía a ocupar cuatro leguas de tierra. Decían que el hacer suasiento en tales partes era por fortalecerse contra los enemigos comarcanosyel estar tan apartados los unos de los otrospor tener cada uno la simentera omilpa a par de su casay porquesi hubiese pestilenciano se inficionasenestando juntosy ciertamente era consejo del demonioporqueya que poblabanen lugares altospor la fortaleza para acometer y para defendersemás fuertesestuvieran juntos que derramados. Ahorapor industria de los religiososaunquecon muy gran trabajolos hacen vivir juntos y por orden y conciertoy si estoestuviese hecho así para la policía humana como para la cristiandadharíamucho el casoporque podrían ser visitados con más facilidad y evitarse híanlas idolatríassodomíasborracherasestruposadulterios y homiscidios quecada día se cometen por estar tan partados. Sienten mucho el congregarseporquecomo dice el morodesean mucho vivir y morir en la leycasa y tierrade sus padres y abuelosynaturalmenteson enemigos de los españolesoporque les reprehenden sus vicios o porque tienen poca semejanza con ellos; cacomo dicen los filósofosla semejanza es causa de amor.

Las casas de sus moradas son de adobes y maderay tan pequeñasque un díase puede hacer una; las puertas y ventanas dellas muy pequeñas; ningúnadereszo tienensino sola una esteraque llaman petatepor cama. Tienen pocaconversación los unos con los otros; visítanse pocoaunque estén enfermos;son amigos de hacer sus moradas en altodo vean las quebradas de los arroyos yríos.

Hay otros indios que llaman chichimecasque siguen la costumbre de losalárabesno tiniendo casa ni morada ciertani labrando los campos de que sesustentenmanteniéndose según los tiemposunas veces de fructa de la tierray otras de la caza que matanporque son muy grandes flecheros. Finalmentedesto que he dichoparescerá la nescesidad que tenían de policía y la mercedgrande de Dios les hizo en inviarles los españolesy entre ellos a losreligiosos y clérigos que les predicasen y los instruyesen y alumbrasen de loserrores en que estaban tan contra toda razón; y porque esto se vea más claroen el capítulo siguiente tractaré de sus condisciones e inclinaciones.



 

 

Capítulo XVI

De las condisciones e inclinaciones de los indios en general.

No hay nasción tan bárbara ni tan viciosa donde no haya algunos de buenentendimiento y virtuososypor el contrariotan política y bien enseñadaque en ella no haya hombres torpes y mal inclinadosy asíaunque en generaldiré haber sido bárbaros los moradores destagran tierrano excluyo haberalgunos de buen entendimientocomo adelante se parescerápor las leyes quetenían. Sonpueslos indiosen generalamigos de novedadescréense deligeroson pusilánimos; no tienen cuenta con la honrapoco deseosos deadelantar su honra y nombre y opinión; tan dados a cerimoniasque a esta causaafirman muchos descender del linaje de los judíos; son medrososaunque entreellosen comparación de los otroshabía unos que llamaban tiacanesque quiere decir «valientes»: son vindicativos por extremoy por livianascosas traen entre sí pleitosgastando mucho más que vale la cosa por quepleitean; guardan poco el secreto; no hacen cosa bien sino por miedoy asítienen en poco a sus señores si los acarician y no se les muestran graves; sontan ingratos a los beneficios rescibidosque aunque se hayan criado con losespañoles muchos añosfácilmente los dexan; son mudablesy con cualquierrazón se persuaden a mudar parescer; los más dellos son simples y discurrenpocoy asíaunque algunos han aprendido gramáticaen las otras escienciascomo requieren buen entendimientono aprovechan nada; son tan cobdiciosos quepor el interés llevaran a sus padres presos y de los cabezoneshallándolosborrachos o en otro delictoy esto si se lo manda la justicia; son amigos deestarse ociosos si la necesidad del mantenerse no los fuerza tantoque seestarán un día entero sentados en cuclillassin hablar ni tener conversaciónlos unos con los otros; la causa es ser muy flemáticoslo cualaunque en estodañeaprovecha para acertar en los oficios mecánicos que han aprendidoporque lo que se hace de priesaaunque haya mucho exerciciopocas veces seacierta. Conocíalos muy bien Montezumay asílos gobernó mejor que ningúnotro Príncipe de los infielesy dixo muchas veces al Marqués que con el temorde la pena y exercicio del cuerpo losgobernaba y mantenía en justicia. Van debuena gana a los bailes y danzasque acaece danzar todo un día sin descansar.No había ningunopor principal que fueseque no se emborrachase y lo tuviesepor honrahaciendo después de borrachos graves delictos. Son torpes si no esen el tirar de los arcos; en todos los otros exercicios de armas no tienenvergüenza de proveerse en las ocultas nescesidades donde los vean. Conservanmuy poco el amistad; siguen fácilmente lo malo y con dificultad lo bueno; tantoqueen las contractacioneshácense ya más engaños que los nuestros; cuandocomen a costa ajenason tragonesy apenas se hartan por mucho que les denycuando de su haciendamuy templados y abstinentes. Lo que ganan de su trabajoquepara lo que merescenes muchono lo gastan en hacer casani comprarheredad ni en dar docte a las hijas con que se casensino en vino de Castillaylo que es peoren pulcreque es un vino que ellos hacende mal olor ygustoy que con más furia y presteza los emborracha y saca de sentidoquecuanto más se lo viedantanto más lo procuran.

Hay muchos mercaderes muy ricos de dineropero no se han visto en su muerteque haya parescido ni que lo manden gastar en obras pías. Los indios ladinosque son los que se han criado con los españolesson más malisciosos quevirtuosos. La razón es porque temen poco y son más inclinados a lo malo que alo bueno; cuando están borrachos hablan en romance y descubren el odio quetienen a nuestra nasción; cuando van a negociaro van caminoaunque sea unoel que va a negociarle acompañan muchossi no son los tarascosque las másveces van solosporque son más hombres y de mejor entendimiento. Acriminan losindios los negociosy con palabras y lágrimas engrandescen la injuriarescibidapor liviana que seapara haber mayor venganza del que se la hizoyaun suelen revolcarse en la tierrasacarse sangre y decir que han rescibidogran golpe en el cuerpotodo a fin de que el injuriador sea molestado y les déalgo en el pagar de sus tribuctosono dándolos talescomo convieneoquexándose que no pueden dar tantoescondiéndose para cuando los cuentanalgunos dellosolos másjuran falsosin temor ninguno contra losespañolesy no faltan muchos testigos para esto. Ciertoes lástima rescibirjuramento dellosporqueaun en la confesión. pocos dicen verdad.

Tiniendo mucha tierra sobradaadrede siembran junto a las estancias de losespañolespara que el ganado dellas haga daño en lo sembrado e haya ocasiónde quitar las estancias por estar en perjuicioy como conoscen el favor que lasjusticiaspor mandado del Reyles hacenmolestan por cualquier cosa a losespañolesy verdaderamenteen este negociocomo en los demásse conoscetodos los extremos ser malosporque al principio fueron con mucho rigortractados de algunos que no se acordaban si eran cristianosaunque en algunamaneraen los Capitanesaquel rigor era nescesarioporque no se atreviesen aproseguir en las traiciones que habían intentado. Ahora tienen tanta sueltaqueaun para ellos es dañosapara el remedio de lo cual era nescesario que elVisorrey y Audiencia tuviesen mucha mayor comisión de la que tienen. No haycosa a mal recaudo que no la hurtany jamás la restituyen si no los toman conella. Son amigos de vil gentey así se hallan mejor con los negrosmulatos ymestizos que con los españoles; no quieren dar de comer a los caminantesosilo dande mala arteaunque se lo paguen; pero si les va algún interesesalena rescebir con músicay sólo a los que son justicia o flaires tienenrespectoaunque ya no tanto.

Los templos que hacen no es por devociónsino por fuerza o por presunciónde tener mejor iglesia que sus vecinos. Entre todos los indioslos mexicanosson los más maliciosos y de menos virtudy así lo fueron desde su principioque por tiranía vinieron y tiránicamente poseyeron y ganaron lo que teníanporque fueron advenedizos y despojaron a los otomíesque eran señoresnaturales.

De sus vicios e inclinaciones malas no quiero decir másaunque laexperiencia lo enseñaporque también entre ellos hubo varones de muchoconsejo y de grande esfuerzoca de otra maneratan gran república no sepudiera gobernar y conservar en tan pujante estado. Con rigurosas leyes secastigaban los delictostodos vivían en quietud; tractábase toda verdad;respectaban mucho a su Príncipeyfinalmenteentre ellos como en las demásnascionescomo dice Aristóteleshabía hombres para gobiernoque llamanaturalmentelibresy otrosque eran los máspara sólo obedescerque élmismo llamanaturalmentesiervosaunque los unos y los otros se pueden llamarbárbarospues hacían tantas cosas contra toda ley naturalque aun hasta lasbestiascon su natural instintoguardanpues adoraban las piedras y animalesque eran menos que ellos; sacrificaban a los que menos podíanprocurando enotros lo que no querían para sí; frecuentaban el pecado de sodomía que entrelos otros pecadospor su fealdadse llama contra naturay asícomo diceSant PabloDios los traía en sentido reprobadocegándoles el corazóncomoa Faraónpara que por sus pecados viniesen a pecar aun contra lo que la razónnatural vedabahasta que Dios fuese servidopor su oculto e inscructablejuiciode inviar los españoles a quehaciendo primero las diligenciasdebidascomo se verá en la conquistales hiciesen justa guerra hasta traerlosa que por su voluntad oyesen y rescibiesen el Evangelio.



 

 

Capítulo XVII

De la variedad de lenguas que hay entrelos indios.

Bien parescecomo la experiencia nos enseña y la Divina Escripturamanifiestapor el pecado de la soberbiahasta estas partes haberse derramadola confusión de lenguasporque las que hay en la Nueva España con muchotrabajo se podrían contartan diferentes las unas de las otrasque cada unaparesce ser de reino extraño y muy apartadoy esto es tan cierto que en unpueblo que se llama Tacubauna legua de Méxicohay seis lenguas diferenteslas cuales son: la mexicanaaunque corruptapor ser serranía donde se habla;la otomíla guatala mazauala chuchumé y la chichimecaaunque es de saber que en toda la Nueva España y fuera della es la mexicana tanuniversalque en todas partes hay indios que la hablan como la latina en losreinos de Europa y Áfricay es de tanta estima la mexicana como en Flandes yen Alemania la francesapues los Príncipes y caballeros destas dos nascionesse prescian de hablar en ella más que en la suya propia. Asíen la NuevaEspaña y fuera dellalos señores y principales la deprenden de propósitopara preguntar y responder a los indios de diversas tierras. Después de lalengua mexicanala tarasca es la mejory algunos quieren decir que haceventaja a la mexicanaaunque no se habla sino en la provincia de Mechuacán.

De las demás lenguas no tengo que escrebirpues como dixeson tantasquequererlas contar sería dar gran fastidio. Baste deciren conclusión destoquecomo en la latina y castellanaunos hablan con más primor que otros; asíes en todas las lenguas de los indiosaunque en la mexicana y tarascaasí porla pronunciación como por la variedad de vocabloshay más lugar de hablarunos mejor que otros. La mexicana paresce mejor a las mujeres que otra lenguaningunay así la hablan españolas con tanta gracia que hacen ventaja a losindiose ya esto muchos años haha mostrado la experiencia que el castellanohabla las lenguas de todas las nasciones no menos bien que ellas cuando lasdeprendeny todas las otras nasciones jamás con entera propiedad y limpiezahablan la castellana. Era grandeza y argumento de gran majestad que cuando sehabía de dar alguna embaxada a Montezuma o a otro Príncipe no tan grande comoélel que la traía la decía en su lengua propriay el intérprete que laentendía la decía a otroy otro que en tendía aquéllaen otra lenguahasta quedesta manerapor seis o siete intérpretesvenía Montezuma a oírla embaxada en lengua mexicanay respondiendo en la misma lenguala repuestavenía al que traía la embaxada por los mismos intérpretes. Usábase tambiénpor la reverencia que se tenía al Príncipeque el que le había de hablarhabía de decir lo que quería a uno de los que con él estabany asíde manoen manopor una misma lenguavenía al Príncipe lo que quería el que primerohablabay por la misma manera rescebíala repuesta.



 

 

Capítulo XVIII

De los sacrificios y agüeros de los indios.

Como Luciferpríncipe de los ángeles condenados con sus secuacespretendió igualarse con Diosy sea de tal naturaleza y condisción que jamásconoscerá su errorporque el ángela lo que una vez se determinaparasiempre se determinaechado del cieloviendo queaunque engañó al primerhombrele levantó Dios hasta ponerle en el asiento que él perdióhaprocurado y procuradesde que perdió tan alto asientoestorbar que el hombreno suba a ély para esto el principal medio que procurófue hacer que muchosde los hombres no diesen la honra y gloria al verdadero Diosauctor de todo locriadohaciéndoles entender ser muchos los diosesque aun en buena razónnatural repugnaporque no puede haber más de una summa causa causadora de tanmaravillosos efectos como vemosy asíatribuyéndose a sí la honra y gloriaque a sólo Dios se debese hizo adorar en diversas partes del mundocondiversos rictos y cerimoniasdebaxo de diversas figuras y diversos nombres deanimales: unas vecesdándoles a entender que el sol era dios; otrasque lalunahasta traerlos a tan gran errorquea los bructos animales que mataban ycomían y hasta las piedrastuviesen por diosesporqueerrando en lo queprincipalmente se ha de creer y amarque es un Dios verdaderose perdiesenycomo hombres que iban sin luz y sin caminodiesen para siempre consigo en loprofundo del infierno; y asísi en alguna partecon cruelísima tiraníasembró tan abominable errorfue en este Nuevo Mundoadondecomo luegoparesceráa costa de los cuerpos y almas de sus ciegos moradoresha hecho pormuchos años miserable estragohasta quecon la venida de los españoles yreligiosos que luego vinieronfue Dios servido alumbrarlos y librarlos de taninsufrible tiranía.

Había ciertas maneras de templos donde el demonio era adoradoque sellamaban Teupaunos baxos y otros muy altosa los cuales se subía por muchasgradas: en lo alto de arriba estaba puesto el altar. En la provincia de Méxicoel principal demonio que adoraban e a quien tenían dedicado el más sumptuosotemplo se llamaba Ochipustl Uchilobusde quien el templo tomaba nombre. Lostemplos pequeños eran como humilladeroscubiertos por lo alto con algunasgradasen lo alto de las cuales estaba el ídolo que adorabany en algunaspartesen su compañíaponían las figuras y estatuas de algunos señoresmuertos.

Los templos grandes siempres estaban por lo alto descubiertosy al derredorun gran pretilcon sus entradas al altar. Hacíanse los sacrificios hacia do elsol salíaporque le tenían por dios. En estos templos había dos maneras deservientes: unos que llamaban teupisquesque quiere decir «guardas»que tenían cuenta con la lumbre y limpieza de los templos; otros que se decíantlamazcacaueue que tenían cargo de abrir el costado y sacar el corazóndel que había de ser sacrificado y mostrarlo al soluntando con él la caradel demonio a quien se hacía el sacrificio.

Estospara convocar el pueblo a la fiestadesde lo altocomo nosotros lascampanastocaban bocinaslas cuales eran caracoles de la marhoradados; otroseran de palo. En el entretantopor debaxo de los templostocaban otros ciertosinstrumentosy al son dellos bailaban y cantaban canciones en alabanza de sudemoniodelante del cualen papel ensangrentadoponían su enciensoqueellos llaman copaly la sangre que ellos ponían en el papella sacaban de lasorejasde la lenguade los brazos y piernasy esto era en lugar de oración.Otras vecesen lugar de oraciónarrancando hierbas y poniéndolas encimadaban a entender que estaban afligidos y que pedían consuelo a su ídolo. Estohan hecho muchas vecesy los que bien lo miranverán en los caminos estamanera de oración y sacrificiosin hallar quién lo hizo. Eran con esto tanagorerosque miraban en los cantos de las avesen el sonido del aire y delfuegoen el soñar y en el caerse alguna pared y desgajarse algún ramo de susárboles. Por estos agüeros decían que adevinaban los malos y buenos subcesosde los negocios que emprendían y las muertes y desgracias que habían desubceder. Tenían y adoraban por dioseslo que aborresce todo entendimientoalgunos árbolescomo cipresescedrosencinasante los cuales hacían sussacrificios; y porque el cristiano entiendasi lo viesecuando eran adoradospor dioses los tales árbolessabrá que los plantaban por mucha orden alderredor de las fuentesy asípara manifestación destoha querido Dios queponiendo una cruz entre estos árbolesse sequen luegocomo acontesció enSanta Feelegua y media de México.

Delante de estos árboles ponían los indios fuego y sahumerio de copalqueescomo dixesu encienso. También entre las peñas y lugares fragosos hacíansus secretas adoracionesy así hallaban cabezas de lobosde leones y culebrashechas de piedraa quien adoraban. Solían las más veces sacrificar y ofrescersus ofrendas cuando era menester agua para las mieses o cuando habían de entraren batallao dar gracias por la victoria alcanzada. En estos sacrificios ycelebraciones de fiestas había tan grandes borracheras que con sus madres yhijasque también la ley natural aborrescepues muchos de los animales bravosno lo hacentenían ayuntamiento carnal. Y por que este capítulo no défastidio por ser largodividiéndole con el siguientediré en particular lasfiestas y maneras de sacrificios que los indios tenían.



 

 

Capítulo XIX

De las fiestas y diversidad de sacrificios que los indiostenían.

Comenzaban los indios su año desde el primero día de marzo. Tenían veintefiestas principalescada una de veinte en veinte díasy la postrera caía aveinte y cinco. Cada año señalaban con cierta figurahasta número decincuenta y dosy el indio que los había vividodecía que ya había atadolos añosy que ya era viejo. Las fiestassin las estravagantes y lossacrificios que en ellas se hacíaneran las siguientes:

La primeraque caía en el primero día de marzose llamaba Xilomastli. Eneste día dexaban los pescadores de pescarcomo que dixesen que dexaban elaguaporque en aquel tiempo las mazorcas de maíz no estaban acabadas decuajarlas cuales se llaman jilotesy así pintaban su dios con un jilote enla mano. En esta fiesta sacrificaban niñosahogándolos primero en canoas.Llamábase el demonio a quien lo sacrificaban Tlaloc.

La segunda fiesta caía a veinte e uno de marzodía de Sant Benicto. A estafiesta llamaban los indios Tlacaxipegualistleque quiere decir «desolladme ycomerme heis»porque ataban por la cinta a una gran piedracon reciascuerdasa un indioy dándole un escudo y una espada que ellos usaban de paloy por los lados enxertas ciertas navajas de piedrale decían que se defendiesecontra otro vestido todo de una piel de tigrecon armas igualespero sueltos.Trabábase entre los dos la batallay las más veceso casi todasmataba elsuelto al atadoy desollándolo luegodesnudándose la piel de tigresevestía la del muertola carnaza afueray bailaba delante del demonioquellamaban Tlacateutezcatepotly el que había de pelear contra el atadoayunabacuatro díasy ambos se ensayaban muchos días antescada uno por síofresciendo sacrificios al demonio para que alcanzase victoria el uno del otro.

La tercera fiesta caía a diez de abril. Llamábase Tecostliy el demonio aquien se celebraba Chalcuitliporque le ponían al cuello un collar deesmeraldas que ellos llaman chalcuitl. Sacrificaban en esta fiesta niñosy ofrescían mucho copalpapel y cañas de maíz; sacrificaban luego una indiaatados los cabellos al derredor de la cabezaporque el demonio a quien lasacrificaban los tenía así. En esta fiesta daban de comer los parientes másricos a los otrosy lo que una vez ofrescíanno lo ofrescían otra. En estafiesta ponían nombres a los niños recién nascidos.

La cuarta fiesta caía a treinta de abril. Llamábase Queltocoztliporqueponían al demonio cañas de maíz con hojasofresciendo tamales amasados confrisoles al demonio. Los padresen esta fiestaofrescían los niños de tetaal demoniocomo en sacrificioy convidaban a comer a los parientes. Llamábaseeste sacrificio Teycoa.

La quinta fiestaque los indios llamaban Toxcatlcaía a veinte de mayo.Era muy gran fiestaporque el demonio a quien entonces hacían sacrificiosedecía Tezcatepocatlque quiere decir «espejo humeador»el cual era el mayorde sus dioses. Llamábanle por otro nombre Titlacauaque quiere decir «dequien somos esclavos». A éste atribuían los bailes y cantaresrosasbezotesy plumajesque son las más ricas joyas que ellos tienen. En esta fiesta secortaban las lenguas y daban la carne al demonio y hacían tamales de la semillade bledos y de maízque llaman cuerpo de su diosy éstos comían con granreverencia y acatamiento.

La sexta fiesta caía a nueve de junio. Llamábase Elcalcoalistlique quieredecir «comida de ecel»que es en cierta manera de maíz cocido. El demonio aquien se hacía la fiesta se llamaba Quezalcoatlque quiere decir «culebra depluma rica». Era dios del aire. Pintaban a éste sobre un mano manojo dejuncos; sacrificábanle de sus naturasy hacían esto porque tuviese por biende darles generacióny los labradores le ofrescían los niños reciénnacidosconvidando a sus parientescomo lo hacen los cristianos en losbautismos de sus hijos.

La séptima fiesta caía a veinte y nueve de junio. Llamábase Teulilistli.En esta fiesta los mancebos llevaban en andassobre los hombrosal demoniovestido como papagayo; iban delante dél muchos tañendo flautasy otrosalson dellasbailando; poníanle en la mano un ceptro de plumacon un corazónde pluma ensangrentado. Llamábase este demonio Tlaxpilcque quiere decir«presciado señor». Este día la Iglesia romana celebra la fiesta de lossantos apóstoles Pedro y Pablo.

La octava fiesta caía a diez y nueve de julio. Llamábase entre los indiosGuestequilutly el demonio a quien se hacíaUzticiual. Sacrificábase en estafiesta una mujer con insignias de mazorcas de maíz.

La novena fiesta caía a ocho de agosto: Micailhuitlque quiere decir«fiesta de muertos»porque en ella se celebraba la fiesta de los niñosmuertos. Bailaban con tristezacantando canciones doloriosascomo endechas;sacrificaban niños al demonioel cual se llamaba Titletlacauque quiere decir«de quien somos esclavos». Es el mismo que Tezcatepocatlque es «espejohumeador»salvo que aquí le pintaban con diversas coloressegún losdiversos nombres que le ponían.

La déscima fiesta caía a veinte y ocho de agosto. LlamábaseGueimicalguitlporque en ella levantaban un árbol muy grandeen lo alto delcual sentaban un indio y otros muchosy por cordeles que estaban pendientes delárboltrepandosubían a derribarletomándole primero de las manos unostamales que ellos llamaban teusaxalesque quiere decir «pan de dios»y por tomar unos más que otrosle derribaban abaxo. Había más hervor en estoque entre los cristianos en el tomar del pan bendito. Hecho estoal indio quehabía caídoembarrándole muy bien la cabezale echaban en el fuegoporqueaunque se quemaseno hiciese daño a los cabellos y cabezapara que despuésla comiesen asada y el cuero della se pusiese otro para bailar delante deldemonio a quien la fiesta era dedicada.

Destas diez fiestasporque seguir las demás sería muy largoentenderá elcristiano lector cuán a costa de sus vidas servían los indios a los demoniospues hubo sacrificio en el templo de Uchilobus donde se sacrificaban ocho milhombresno entendiendo que si fueran diosescomo falsamente creíanno losdexaran vivir tan viciosa y bestialmentepermitiéndoles hacer tansanguinolentos y espantosos sacrificiospues ninguno hacían sino era matandohombres o sacándose sangre. Sacrificios se ofrescieron en la ley de naturalezay en la Escriptura; pero era de lo que la tierra producía y en testimonio yreconoscimiento de que Dios lo había criado todoy aunque como señor de lasvidas de los hombres y de todo lo demásmandó a Abraham que sacrificase a suhijo Isaaclo cual era figura de la muerte del Redemptor y exemplo singular dela fee que debemos tenere ya que alzaba el cuchilloquiso que un ángel letuviese el brazo y sacrificase en lugar del hijo un carnero que luego allíparesciódándonospor estoa entender ser Dios de vida y de gracia ymisericordiay quepor estocomo la Escriptura Divina diceno quiere lamuerte del pecadorsino que se convierta y viva.



 

 

Capítulo XX

De los bailes o areitos de los indios.

Por la manera que el demonio procuraba con sacrificios de sangre ser adoradoansí también procuró en los bailes y canciones que los indios hacían en susfiestas no cantasen otra cosa sino en su alabanzaatribuyendo a sí la bestiainfernal lo que a sólo Dios se debe.

Entraban en estos bailes o ximitotes muchos indios de diversas edades;emborrachábanse primero paracomo ellos decíancantar con más devoción;andar en ruedade cuatro en cuatroo de seis en seisy así se multiplicansegún hay la cantidad de bailadores; tienen para entonarseasí en el cantarcomo en el bailardos instrumentos en medio de la rueda: unocomo atabal altoque llega casi a los pechosy otrocomo tamboril de palotodo huecoy en elmedio sacadas dos astillasuna par de otradel mismo gordor del palo; enaquéllas toca un indio diestro con dos palos que tienen el golpe guarnescidocon nervios; suenan más de una legua; júntanse a esta danza más de diez millindios muchas veces; la manera de su cantar es triste; acorvan la cabezainclinan el cuerpollevan el brazo derecho levantadocon alguna insignia en lamano; parescen en la manera de bailar hombres quede borrachosse van cayendo.Cantaban en estos bailesdespués de las alabanzas del demoniolos hechosfuertes de sus antepasadosllorando sus muertesiban vestidoscomo dixe en elComentario de la jura hecha al invictísimo Rey don Filipede diversaspieles de animalesque tenían por cosa de majestad y fortalezaadornados dericas piedras y vistosas plumas. En estos bailescuando esta tierra se comenzóa conquistartractaban los indios la muerte y destruición de los españoles aque el demonio los persuadía. Son los indios tan aficionados a estos bailesquecomo otras veces he dichoaunque estén todo el día en ellosno secansany aunque después acá se les han quitado algunos bailes y juegoscomoel del batey y patol de frisolesse les ha permitidopor darlescontentoeste bailecon quecomo cantaban alabanzas del demoniocantenalabanzas de Diosque sólo meresce ser alabado; pero ellos son tan inclinadosa su antigua idolatría que si no hay quien entienda muy bien la lenguaentrelas sacras oraciones que cantan mesclan cantares de su gentilidady para cubrirmejor su dañada obracomienzan y acaban con palabras de Diosinterponiendolas demás gentílicasabaxando la voz para no ser entendidos y levantándolaen los principios y finescuando dicen «Dios». Cierto sería mejordesnudarlos del todo de las reliquias y rastros de su gentilidadporque hacontescidosegún dicen religiosos de mucho crédictoestar haciendo el bailealrededor de una cruz y tener debaxo della soterrados los ídolos y parescer quesus cantares los endereszaban a la cruzdirigiéndolos con el corazón a losídolos.

Hacen otro baile que llaman del paloen el cual son muy pocos los diestros.Es uno el que lo haceechado de espaldas en el suelo; levanta los piesy conlas plantas y dedos trae un palo rollizo del grueso de una piernaysincaérselelo arroja en el aire y lo torna a rescebirdando tantas vueltas conél en tantas manerasunas veces con el un pie y otras con ambosque es cosabien de veraunque no es menossino másver en una maroma puesta en muy altohacer vueltas a los trepadores en Castillaque las más veces les cuesta laviday creo que no en estado seguro.



 

 

Capítulo XXI

De los médicos y hechiceros.

De los médicos y cirujanos que entre los indios habíalos más eranhechiceros y supersticiososy todos no tenían cuenta con la complexión de loscuerpos ni calidad de los manjarestanto quesi a los que hoy hay lespreguntan la virtud de las hierbas y polvos con que curany en qué tiempo sehan de aplicarno lo sabeny sólo responden que sus padres curaban asíy enresponder esto no piensan que han hecho pocode manera que el que se cura conellos corre gran riesgoy si sanan es por mucha ventura; y eran y son muchosdellos tan embaidores en algunas de sus curasque así para ganar como para sertenidospor médicoshacen entender al que tiene dolor de muelas que lesacarán un gusano que le causa el dolory para estoentre algodónllevanmetido un gusanilloy limpiando las muelas del paciente con el algodóndescubren el gusanoy asícon los miserables nesciosganan crédicto yhaciendadexándolos con su dolorcomo antes. Hay otros que afirman que sacanespinas del corazónhaciendo otros embustes como el dichoaunque laexperiencia ha enseñado haber indios que el mal del bazo curan metiendo unaaguja más larga que de ensalmarpero muy delgadapor el lado del bazodesaguando por allí la enfermedad.

Lo principal con que curan los que saben hacer algo es con brevajesqueellos llaman patleslos cuales son tan peligrosos las más veces quequitan presto la vida. Con estos bebedizos hacen a las mujeres echar lascriapturasy a las que están de parto dicen que las ayudan. Conoscen unasmariposas tan venenosas quedándolas a beber hechas polvosmatan luegoy silos polvos son de las mismas mariposasmás pequeñasmatan en diez díasysi son de las muy chicas y muy nuevasconsumen y acaban la vida al que lastomapoco a poco.

Tienen por costumbre estos médicosen las caídasdesnudar al paciente yflotarle las carnes y estirarle los miembrosy vuelto de brucespisarle lasespaldasy esto vi yo e oí decir al enfermo que se sentía mejor. Hay entreestos médicos tan grandes hechicerosque dicen que darán hierbas con queconcilien a los que se aborrescen y olviden todo rencor. Déstospor arte deldemonioque de otra arte no puede serse vuelven muchos en figuras de diversosanimalescomo de tigre o leóny es así quedando una cuchillada a un leónque entró entre unos indios a llevar un muchachootro díael español que lehirióhalló un indio que era el hechiceroherido en la misma parte dondehabía herido al león. Esto afirman muchos españoles haberlo visto: cada unocrea lo que le paresciereque el demonio muchos engaños puede hacer.

Hay entre estos hechiceros médicos algunos que hacen parescer lo perdido ydecir quién lo hurtóy dan aviso del que está muy lexossi le va bien desalud o no. Solían también estos médicos hechicerosahora fuesen hombresahora fuesen mujerespara ver si el enfermo había de sanar o morirponíandelante dél un ídoloque llamaban Quezalcoatlque quiere decir «culebraemplumada»y ellossentados en un petatesobre una mantaechabancomoquien juega a los dadosveinte granos de maízy si se apartaban y hacíancampopronosticaban que el enfermo había de moriry si caían unos sobreotrosque viviría y que aquella enfermedad le había venido por somético.Todo esto pueden hacerporque el diablocuyos ellos sonse lo enseñaparaengañar a otros: La lástima es que no faltan españolas ni españoles que loscrean y se ayuden dellos en sus nescesidades y maldadesno entendiendo que vancontra la fee que rescibieron en el baptismoy que las enfermedadescomo sonnaturales en los hombresno se pueden ni deben curar sino con medicinasnaturalessi no fuese que en virtud de Diosauctor de la naturalezacomohacían los discípulos y apóstolescurasen milagrosamente de presto lasenfermedadesque es con medio sobrenaturallo cual no quiere Dios que se hagasino cuando hobiere nescesidad o causa para ellocomo quería que se hiciese enla primitiva Iglesiapara que la fee cresciese y los hombres se confirmasen enella. Finalmentecomo el demonio entendía en todas las obras destos indiosnose descuidaba en hacer dañoenseñándoles medicinas falsas y vanas yperniciosas supersticioneslas cuales dejaremos por venir el capítulosiguiente.



 

 

Capítulo XXII

De las guerras y manera de pelear de los indios.

Por tener siempre ganancia el insaciable demonionunca se ocupaba en otracosasalvo en dar orden cómo ninguno de los miserables indios se escapase desus manosy asía la continaengendraba entre los unos y los otros tangrandes rancores y discordiasque casi no había pueblo que con el vecino notuviese guerray eran las leyes dellos tan cruelesprincipalmente entre losmexicanos y tlaxcaltecasque ninguno perdonaba la vida a otro. No seusabacomo las leyes humanas permitenque el vencedorpudiendo matar alvencidousando de misericordiale hiciese su esclavo o lo diese por rescatesino quenosolamente vencedores mataban a los vencidos y los sacrificabancuando los traían vivospero después de muertos los desollaban y se vestíande sus cueros y comíancocidassus carnes; los señoreslas manos y muslosy los demáslo restante del cuerpo. Acontescíay esto pocas vecesque si aalguno de los captivos dexaban con la vidahabía de ser señor o muyprincipalal cual daban licencia para que libremente fuese a su tierra yllevase las nuevas del castigo riguroso que en los prisioneros se había hechoy que dixese a los indios que escarmentasen de trabar con ellos otra vezbatallasi noque se diesen por sus masceguales y esclavos si querían viviren quietudporque sus dioses les favorescíany si quisiesen hacer locontrarioque supiesen que harían con ellos lo que habían hecho con los quehabían captivado.

Preguntará algunoy con razónqué es la causapues entre las otrasnasciones no se pretende más que la victoria y despojoen ésta sea loprincipal el matar al contrarioydespués de muertotractarle tancruelmente. La experiencia ha enseñado tres causas: la primerael dar contentoen esto al demonioque así lo mandaba; la otraser más vengativos los indiosy de menos piedad que las otras gentes; la terceraser más pusilánimos y máscobardes que todos los hombres del mundoporque los valientes y animosos nuncapiensan que a los que una vez han vencido ternán ánimo para volverlos aacometery el ánimo generoso conténtase con vencery no con matarlo cualse ha de hacer cuando para vencer o defenderse no hobiere otro remedio.

Las armas con que los indios peleaban eran arcosflechas y macanasen lugarde espadascon rodelas no muy fuertes. Llevaban a la guerra los más ricosvestidos y joyas que tenían. El capitán generalvestido ricamentecon unadevisa de plumas sobre la cabezaestaba en mitad del exércitosentado en unasandassobre los hombros de caballeros principales; la guarnición que alrededortenía era de los más fuertes y más señalados; tenían tanta cuenta con labandera y estandartequemientras la veían levantadapeleabany si estabacaídacomo hombres vencidoscada uno iba por su parte. Esto experimentó elmuy valeroso y esforzado capitán don Fernando Cortés en aquella gran batallade Otumbadondecomo diremos en su lugarcon ánimo invenciblerompió elexército de los indiosy derrocando al capitánvenció la batallaporqueluego el exército se derramó y deshizo. Y por que constecomo en otra partedirécuando tractare de la justificación de la guerra que a estos indios sehizocómo los indios mexicanos fueron tiranos y no verdaderos señores delprincipado y señorío de Culhuaes de saber que con su señor vinieron de másde ciento y sesenta leguas gran copia de indios de una gran ciudad que ahora sellama México la Viejay llegando poco a poco a esta tierraporque veníandespacioreparando en algunas partes cinco o seis añosdonde dexaban susarmas e insigniaspor fuerza de armas quitaron el imperio y señorío a losnaturales de esta provincia e hicieron su principal asiento en el alagunaparaqueestando fuertespudiesen conquistar y señorear todala demás tierra.Llamaron a esta ciudaden memoria de la antigua suyaVieja MéxicoTenuchititlán.

El señor dellosa cabo de cierto tiempo que habían hecho asientoles dixoque se volviesen a su tierra antiguay como todos respondieron que no queríanporque estaban a su contentoél se fue con algunos de los suyosy a ladespedida les dixo que del occidente vendrían hombres barbudos muy valientesque los subjectarían y señorearíanlo cual fue así después de muchosaños; y porque se sepa la causa de la venida déstosdecían los indios muyviejos de la antigua Méxicoque estando en aquella gran ciudad haciendo unsolemne sacrificio al demonioapareció un venadomuy crescidonunca enaquella tierra vistoy tomándolehecho muy pequeños pedazosle cocieronytodos los que comieron délque serían más de seis mill personas principalesmurieronpor lo cuallos demásamedrentadostiniendo por cierto que eldemonio estaba enojadoy que los había de destruirdivididos en dos partescada uno con su Capitánsalieron de su antigua patria. Los unos fueron haciael norte; los otroscamino desta ciudaddondecomo dicho espor fuerza dearmas usurparon esta provinciaen la cual introducieron todos los rictos ycostumbres que tenían en su tierra; y asíporque hace al propósito destecapítuloera costumbre que los que habían de ser caballerosen un templovelasen primero sus armaslas cuales eran un arco y flechauna macana y unarodela a su modocon muchos plumajes ricos para la cabezay luegoel que enbatalla había muerto a otrose podía poner un almaizal colorado con unoscabos largos labrados de plumalos cuales le ceñían el cuerpo. El que habíamuerto a dos indios en batallase ponía una manta de pinturascon un águilaen ellaplateaday habiendo muerto cuatrose encordonaba el cabello en loalto de la cabeza; a éste llamaban tequiganombre de honor y gloria. Enhabiendo muerto cincomudaba el traje de cortar del cabello hacia las orejashechas dos rasuras: a éste llaman quachicque es título más honroso.Habiendo muerto seisse podía cortar el cabello de la media cabeza hasta lafrente; lo otroque iba hacia las espaldaslargoque caía abaxo de loshombros: a éste llamaban zozocolecque quiere decir «muy valiente».Habiendo muerto sietese podía poner un collar de caracoles por la gargantaen señal que había tenido las otras honras y títulos de valiente: llamaban aéste quaunochitl; tenía libertad para hablar y comunicar con losCapitanes y comer con los señores. Finalmenteel que había muerto diez sediferenciaba de los demás porque traía el cabello cortado igualmente por todaspartesel cual le llegaba hasta los hombros: a éste llamaban tacatlecque quiere decir «don fulano»; hacíanle señor de algún pueblodondedescansaba lo restante de su vida. De manera que el que era pobrepara subir aser señorera nescesario que cresciese en virtud y esfuerzo por los grados quetengo dichosi primero no le tomaba la muerte.



 

 

Capítulo XXIII

De la manera y modo que los indios tenían en sus casamientos.

Cosa cierta es y averiguada que la firmeza del matrimonio consiste en ellibre consentimiento de la mujer y el varóny éste en todas las nasciones hasido y esporque es cierto que también entre los infieles hay verdaderomatrimonio; y porque el consentimiento de las voluntadesen el cual tiene sufuerzapor diversos modos y maneras le declararon las nascionessegún susrictos y costumbresno poco hará al propósito de nuestra historiaaunque mealargue algotractar los rictos y cerimonias con que los moradores desta tierrahacían sus casamientospara lo cual es de saber que entre los mexicanoselque era principal y quería casar su hijo o hijalo comunicaba primero con susparientes y amigosy tomado el parescer delloslos casamenteros preguntabanqué docte tendría la novia y qué hacienda el noviolo cual sabidosetractaba con cuántas gallinas y cántaros de miel se habían de celebrar lasbodas. Concertadoy venidos los noviosse asentaban en una esteraasidos delas manosañudando la manta del novio con la ropa de la noviaen la cualcerimonia principalmente consistía el matrimonio. Hecho estoel padre delnovioy si no el pariente más cercanodaba de comer con sus propias manos ala noviasin que ella tocase con las suyas a la comidala cual había de serguisada en casa del mismo padre del novio; luegopor consiguientela madre dela noviao la parienta más cercanadaba de comer al novio. Acabada destasuerte la comida y de estar todos bien borrachosque era lo que mássolemnizaba la fiestalos convidados se iban a sus casasy los noviosen loscuatro días siguientesno entendían en otra cosa que en bañarse una vez porla mañana y otra a media nochey el quinto día se juntabany si la novia noestaba doncellaquexábase el novio a sus padres como a personas que debieranguardarlalos cuales tornaban a llamar los convidados al sexto díay de loscestillos en que ponen el panhoradaban uno por el suelo y poníanle entre losotros para servir el pan en la comidala cual acabadael que se hallaba con elcestillo en la mano y el pan en las faldasentendía luego el negocioyhaciendo que se espantaba lo echaba de sí juntamente con el pan. Luegotodos aunalevantándosereprehendían a la novia por la mala cuenta que de síhabía dadoy asíenojadosse despedían. Por esto muchas veces los noviosrepudiaban y desechaban sus mujeres. Al contrariosi en la tornaboda todos loscestillos estaban sanoslos convidadosacabada la comidase levantabandabanla norabuena a los novios y especialmente el más anciano hacía una largaplática a la noviaalabándola de buena y de la buena cuenta que había dadode síy entre otras cosas le decía que en buen signo y estrella habíanascidoy que el sol la había guardadoy que con muy gran razón la había dequerer su marido; que los dioses la guardasen y hiciesen bien casada. Acabadoeste razonamientoque duraba gran ratomuy contentos se volvían losconvidados a su casa.

La edad de los que se habían de casar era de veinte y cinco años arribaporque hallaban que si de menos años los casabanellos y sus hijos eran parapoco trabajoy para cargarsecomo siempre tuvieron de costumbreeranescesario tener fuerzay así dicen los viejos que a esta causa vivíanentonces más y tenían menos enfermedades que ahoray esta cirimonia decasarse no tenía la gente baxaporque los masceguales o plebeyosllamados susparientes y juntospara la fiestase casabandándose aquel ñudo en la ropaque arriba diximosy acabada la comida y borracheraera toda la fiestaconcluida.

Otrosen esta misma provinciacuando sin convites se querían casarasípor ser pobres como por ser gente baxausaban que el que se quería casarllevase a cuestas una carga de leña y la pusiese a la puerta de la que pedíapor mujery si ella tomaba la carga y la meteía en casaera hecho elmatrimonioy si noél buscaba otra por la misma vía con quien se casase.



 

 

Capítulo XXIV

Do se trata la cerimonia con que los indios de Mechuacán secasaban.

El Maestro fray Alonso de Veracruzmaestro mío en la sancta Teologíaenel libro doctísimo que escribió del matrimonio de los fieles e infielesresume las cerimonias con que los indios nobles de Mechuacán contraían sumatrimonioy por ser cosa notable y digna que nuestra nación la sepadeterminé escrebirla aquí. Tractandopuesprimero entre sí los padres delnovio con quién casarían su hijoy resumidosinviaban un mensajero al padrede la que pretendían casar con su hijoy juntamente inviaban dones y joyasyel mensajero decía que fulanocaballero e príncipequería a su hija paramujer de su hijo. Los padres della respondían: «Así se hará.» Con esto sevolvía el mensajeroy en el entretanto elloscon los parientes de la mozatractaban del casamientoy determinados de efectuarleadereszaban la novia ylas criadas que habían de ir con ellala cualante todas cosasllevaba unaropa rica para el esposo y otras joyas y dones; llevaba asimismo el axuar ypreseas de casa nescesarias y una hacha de cobre para partir la leña que sehabía de quemar en los templos de los dioses y una estera hecha de juncos dondese sentase. En compañía destas mujeres iba un sacerdote de los ídolos a lacasa del esposoadonde todo también estaba muy bien adereszado. El pan que sehabía de comer en la boda era diferente de lo que se solía comery llegados acasa del esposoel sacerdote tomaba las donas della y las dély por su manodando al esposo las donas de la esposa y a la esposa las donas del esposolesdecía así: «Plega a los dioses os hagan buenos casados y que el uno al otroos guardéis siempre lealtad.» Contraído desta manera el matrimoniolospadres de los desposados les decían: «Mira quede aquí adelante os améismuchoy el uno al otro de hoy resciba dones; no haya entre vosotros liviandadninguno haga adulterio»y especialmente decían a la esposa: «Mira que no tehallen en la calle hablando con otro varónporque nos deshonrarás.» Elsacerdotevolviéndose al esposodecía: «Si hallaras a tu mujer enadulteriodéxalay sin hacerle malinvíala a casa de su padredonde lloresu pecado.» Acabados estos razonamientoslos parientes y amigos comían conlos noviosy después de la comidael padre del novio les señalaba unaheredad en que trabajaseny al sacerdote y a las mujeres que habían venidoacompañando a la nuera les daba ciertas ropasinviando con ellos algunos donesal padre de la novia. Desta maneraquedando en uno los noviosel matrimonioquedaba firme y consumado.

Entre la gente baxa no había tanta solemnidad ni cerimoniaporque secontentabanpara hacer el casamientode que lo tractasen entre sísin inviardones ni que viniese el sacerdotesalvo que el esposo daba alguna cosa a laesposa y della rescibía él algoy asísin otras palabraspor mandarlo suspadresse juntabany el padre de la esposa decía: «Hijaen ninguna maneradexes a tu marido en la cama de noche y te vayas a otra parte; guarte no hagasmaleficioque serás para mí mal aguero y no vivirás muchos días sobre latierra; antessi mal hicieresmatarán a mí y a ti.» Cuando se casaban desecretoahora fuesen noblesahora plebeyosdecían: «Tú me labrarás laheredad para mí e yo texeré ropa para tu vestido y te coceré el pan que comasy serviré en lo nescesario.» Tenían asimismo otra manera de casarsesinpalabras ni cerimoniasporquemirándose amorosamente el uno al otrosejuntabany después de muchos años que estaban juntos sin hablar encasamientodecía el varón a la mujer: «Hiparandes catumguini tenibuine»que quiere decir «yo te tomé por mujer» o «huélgome de haberte tomado pormujer» Ella respondía algunas veces enquamque quiere decir «asísea»aunque algunas veces callaba. Esta manera de casarse tenían cuando elvaróno había tenido a otra que estaba vivao cuando ella había tenido otromarido y estaba ya muertoo cuando venía a noticia de los parientes haberestado tanto tiempo juntos. La mujer que por todas las maneras dichas tomabanera la mujer legítima y la principaly de quien los hijos que nascían eranherederos Y subcesores en la casa de su padre. Tenían otras muchas mujeresy aesta causa era muy grande la multitud de los indios que estonces habíay el nohaber ahora tanto númerocopia y cantidadproscede de la prohibición del usode tantas mujeres como antiguamente teníanque defiende nuestra religiónyno los malos tractamientoscomo algunos mala y temerariamente dicen.

Casábanse estos indios principalmente por el servicio que sus mujeres leshabían de hacer y ropas que les habían de texer; faltando estofaltaba elamory asífácilmente las dexaban y tomaban otras. Por esta causalo queninguna nasción haceno tenían cuenta con que fuesen feas ni hermosasni debaxo ni alto linajeantesque es cosa miserablemuchos caciques casaban sushijas con hombres baxos para servirse dellos y de sus haciendasde lo cual seentenderá en todas gentes y en todos estados ser la cobdiciay especialmenteen esta nasciónraíz y causacomo dixo Sant Pablode todos los males.



 

 

Capítulo XXV

Qué jueces tenían los indios y cómo los delincuentes erancastigados.

En su idolatría no se halla por sus pinturas (que servían de memoriales)los indios haber tenido jueces que los gobernasen y mantuviesen en justiciaquees lo que de ninguna nasción he leídoy lo que más arguye y prueba serbárbaros y poco políticoses ver que obedescían en todo al señor a quieneran subjectosy tenía en ello tanto poder quesin contradicciónmandaba loque queríade manera que por injusto que fuese se cumplíasin apellación niotro remedio algunoque no era pequeña tiranía. Tenían estos señores ycaciques a esta causa tan avasallados a sus súbditosque dellos y de susmujereshijos y haciendas disponían a su parescer. Tenían para el castigo delos delincuentesciertos tiacanesque quiere decir «hombresvalientes»con los cuales executaban la justicia en los culpadosen loscuales principalmente se castigaban el adulterio y el ladronicio con todo rigorporque el homicidiosi no era con traicióno cometido contra mujerno sepunía como entre nosotros.

Al adúlterosi no era persona nobleporque no se supiese el pecado quehabía cometidoahorcaban de una viga en su misma casay lo mismo hacían conla adúlteraechando luego fama que por engaño del demonio o por alguna otracausa se habían ahorcado. Enterrábanlos en el mismo lugar donde parescíahaberse ahorcado. A los adúlterossiendo hombres plebeyos y de poca suertellevaban al campoyentre dos piedrasles machucaban la cabeza. Esta ley secumplíay su pena se executaba con tanta severidadque aunque no hubiese másde un testigoni bastaba haciendafavor ni parentesco con el cacique para queel adúltero dexase de ser castigadoaunque dicen algunos que en ciertasfiestas se perdonaba por las borracheras que en ellas habíadurante las cualesparescía no tener tanta culpa el que hubiese cometido adulterio.

Con los ladrones también se habían diferentemente los caciques como con losadúlterosporque si el ladrón era nobleno moría muerte naturalsinocevilcondemnado a perpectua servidumbre o a perpectuo destierro; si era mascegualque quiere decir hombre baxollegando a cinco mazorcas de maíz el hurtomoría por ello ahorcadoy si el noble o de poca calidad hurtaban del temploalguna cosapor liviana que fuesele abrían luego el costado con navajas depiedra en el mismo templo donde había hecho el hurtoy sacándole el corazónlo mostraban al sol como a dios que había sido ofendidoen cuya venganza lossacrificadores comían el cuerpo del sacrificado. Ahoradespués que Dios losvisitó y alumbró de la ceguedad en que estabanse gobiernan de otra maneraylos que poco podíanestán libres de la tiranía y vexación de los máspoderosos.

Hay entre ellosa nuestro modogobernadores y alguacilesaunque losalguaciles soncomo antes he dichotan executivosde su natural condisciónque por pequeñointerese no tienen cuenta con padrehermano ni hijo; si lohallan borracho o en otro algún delictolo llevan a la cárcel de loscabellos. Acusan muchas vecesque es argumento de gente bárbarael padre alhijo y el hijo al padreen juicio y fácilmentesin fuerza algunael unotestifica contra el otrono guardándose la caracomo la ley natural losobliga; y así no sé si tenga por acertado darles cargo de justicia y pedirlesjuramento como a nosotrosporque como no están tan firmes en la feecomo esnecesariofácilmente se perjurancomo cada día se vee.



 

 

Capítulo XXVI

Del modo y manera con que los señores y otros cargospreeminentes se elegían y daban entre los indios.

Ninguna cosa hacían los indios que fuese de algún tomoque en ella nohubiese alguna cerimonia diferente de las que las otras nasciones usaban ensemejante caso; y asícuando éstos alzaban a alguno por señor o le elegíanpara algún cargo honrosoqueriendo hacer primero prueba del valor de supersonale hacían estar desnudo en carnes delante de los principales que lehabían de elegiral cualsentado en cuclillascruzados los brazoshacíanun largo razonamientodándole a entender cómo había nascido desnudo; y quehabiendo de subir a tanta dignidadcomo era mandar y gobernar a otroseranescesario que primero se corriegese a sí y considerase cuán gran cargo eragobernar a muchos y mantenerlos en justiciasin que ninguno se quexasey queesto era más de los dioses que de los hombres; y que si lo hiciese bienganaría muy grande honratendría muchos amigos y subiría a mayores cargos; esi lo hiciese al contrarioque sería infame y deshonraría a sus parientes yamigosporque cuanto en más alto lo poníanconfiados que haría el debertanto más afrentosa sería su caída si no hiciese bien su oficio; porqueaquellos que al presente tenía por amigos y favorescedoresle serían enemigosy perseguirían cuanto pudiesen.

Hecho este razonamientocon pocas palabras él les daba las graciasyrespondía que con el favor de los dioses él haría su oficio lo mejor quepudiesepara que los dioses fuesen dél bien servidos y ellos quedasencontentos. Dada esta respuestaofrescían luego encienso (que es entre elloscopal) al dios del fuegodelante el cual se hacía esta cerimoniay al elegidoponían nuevo nombremandándole que una noche durmiese así desnudo al serenosin otra ropa alguna; hecho lo cualotro día le vestían una rica ropa quedenotaba el cargo que le daban. Ofrescíanle luego una manta ricaun barrildos calabazas con unas cintas coloradas por asas; todo esto le echaban alcuelloy asícargadole llevaban con mucha pompa al templodonde el diosdel fuego estabaal cual prometía de ser fiel y de servirle en su oficio y debarrerle el patio él o sus subjectospara cuyo reconoscimiento y veneraciónayunaba los cuatro días siguientes a pan y aguacomiendo una sola vez a lanoche. Acabada esta cerimoniacon la misma pompa se volvía a su casausandode ahí adelante el cargo o oficio que le habían dado.



 

 

Capítulo XXVII

De la cuenta de los años que los indios tenían y de algunasseñaladas fiestas.

Como eran estos indios tan bárbaros y que carescían de la principalpolicíaque es el escrebir y conoscimiento de las artes liberalesque son lasque encaminan e guían al hombre para entender la verdad de las cosasandaban atiento en todoy aunque la nescesidad les enseñó (ya que no tenían letras) ahacer memoria de las cosas por las pinturas de que usabaneran confusas yentendíanlas muy pocosy asíen el regirse de los años y mesesaliende queno había mucha certidumbresolamente los que residían en los templosqueeran los sacerdotesentendían algoy la cuenta por donde se regían (segúnalunos de los que la sabían me han contado) era que su año comenzaba elprimero día de marzoque era fiesta muy solemne para ellos (como entrenosotros el primero día de eneroque llamamos Año Nuevo); de veinte a veintedías hacían mesque es una lunay al principio del mes celebraban unafiestaaunque había otras extravagantesque eran muy más principalesaliende de esta particular cuentade las cuales diré algo en el iguientecapítuloporque de las veinte que teníancon que señalaban sus mesesyadixe algunaslas cuales más servían para la cuenta de los meses y tiempos quepara tenerlas por fiestas muy principales.

Aliende desta principal cuenta de su añotenían otra que llamaban [de]añosy era que contaban de cincuenta en cincuenta los años; de manera que elaño grande que ellos decían tenía cincuenta añosy el año comúnveintemesesy acabado el año grandeera grande el miedo que todos tenían deperescerporque los teupixques o sacerdotes de los templos decían y afirmabanque al fin de aquel año habían de venir los dioses a matarlos y comerlos atodosy asíen el día postrero deste añoechaban los ídolos por lassierras abaxo en los ríosy lo mismo hacían con las vigas y piedras que paraedificar sus casas tenían. Apagaban todo el fuegoy a las mujeres preñadasmetían en unas caxasy los hombresarmados y adereszados con sus arcos yflechasesperaban el subcesoy pasado aquel riguroso y temeroso díasejuntaban todoscomo libres de tan gran infortunioa dar gracias al sol y a losdiosesporque no los habían querido destruiry para mayor reconoscimiento delbeneficio rescibido y manifestación de su alegríasacrificaban luego a losdioses los esclavos que les paresciasacando fuego nuevoqueludiendo un palocon otrohacían. Este sacrificio se hacía principalmente al dios del fuegoporque los había socorrido con lumbre para calentarse y guisar sus comidas. Alindio (que es cosa bien de reir.) que había vivido dos años grandesque erancientotenían gran miedo y se apartaban deldiciendo que ya no era hombresino fiero animal.



 

 

Capítulo XXVIII

De algunas fiestas extravagantes que los indios tenían.

Las fiestas con que los indios contaban sus meses y años no eran tanprincipales y solemnes que no hubiese otras extravagantesen las cuales hacíanmuy mayor fiesta y solemnidad al demoniode las cuales diré algunasporcumplir con mi propósitodexando las demás para su tiempo y lugarcon otrascosas peregrinas y dignas de saberde las cuales se hará libro por sí.

De las fiestas extravagantesla primea y muy principal se llamabaSuchiylluitlque quiere decir «fiesta de flores». En ellas los mancebosporsus barrioscuanto podían galanamente adereszadoshacían solemnes bailes enhonra y alabanza de su dios. Caía esta fiesta dos veces en el añodedocientos en docientos díasde manera que en un año caía una vez y en elsiguiente dos. Para esta fiesta guardaban los indiosentre añolos cascaronesde los huevos de los pollos que las gallinas habían sacadoy en este díaenamanesciendolos derramaban por los caminos y callesen memoria de la mercedque dios les había hecho en darles pollos. Llamábase este día Chicomexutlique quiere decir «siete rosas».

Había otra fiestay era que cuando algún indio moría borracholos otroshacían gran fiesta con hachas de cobre de cortar leña en las manosdanzando ybailandopidiendo al dios de la borrachera que les diese tal muerte. Estafiestaprincipalmentese hacía en un pueblo que se dice Puztlan.

Había otra fiesta más general queaunque principalmente se hacía a undios llamado Paxpataquetambién se hacía a cuatrocientos diosessuscompañerosdioses y abogados de la borrachera. Tenían diversos nombresaunque todos en común se llamaban Tochitlque quiere decir «conejo»a loscualesdespués de haber cogido los paneshacían su fiestadanzando ybailandopidiendo su favor y tocando con la manocon gran reverenciaaldemonio principal o a alguno de los otros; bebían y daban tantas vueltasbebiendo cuantas eran menesterhasta que cada uno cayese borracho. Duraba lafiesta hasta que todos habían caído.

Había otra fiesta en la cual los indios hacían un juego que llamaban patoleque es como juego de los dados. Jugábanle sobre una esterapintada una comocruzcon diversas rayas por los brazos. Los maestros deste juegocuandojugabaninvocaban el favor de un demonio que llamaban Macuisuchilque quieredecir «cinco rosas»para que les diese dicha y ventura en el ganar.

Había otra fiesta que se hacía a un demonio llamado Oceloocoatlque quieredecir «pluma de culebra». Era dios del aire; pintábanle la media cara de lanariz abaxocon una trompa por donde sonaba el airesegún ellos decían;sobre la cabeza le ponían una corona de cuero de tigrey della salía porpenacho un huesodel cual colgaba mucha pluma de paloy della un pájaro.Cuando celebraban esta fiesta los indiosofrescían muchos melones de latierrahaciendo solemnes bailes y areitoslos cualesno sin emborracharseduraban todo el día.

De otras fiestas extravagantes que hacían en conmemoración de los muertosdiré en el último capítulo deste primer librocuando hablare de lasobsequias que a los muertos se hacían.



 

 

Capítulo XXIX

De los signos y planetas que los indios tenían.

Como estos miserables hombres vivían en tanta ceguedadsiguiendo pormaestro al demoniopadre de mentirasen ninguna cosa acertabanasí en la leynatural como en el conoscimiento de otras cosas naturales quesin lumbre defeealcanzaron los sabios antiguoscomo era el número y movimiento de loscielosel curso y propriedades de los planetas y signosy asíéstosatiento y sin verdad algunacomo el demonio los enseñabatenían los planetasy signos de la manera siguiente:

Al primero planeta llamaban tlatoc; reinaba siete díaslos nombresde los cuales eran cipaltliecatlcalivexpalicoatlmiquiztlimazatl. El que nascía en el signo de cipaltlihabía de ser honrado y llegar a mucha edadporque tenían noticia que Cipaltlifue un principal que había vivido mucho tiempoy por esta causa les paresciótomar este nombre para su cuenta. El segundo día se llamaba ecatlquequiere decir «aire». El que nascía en este signo había de ser hombre parleroy vano. El que nascía en el signo de calique quiere decir «casa»había de ser desdichado en sus negocios y no había de tener hijos. El signo devezpalique quiere decir «lagarto o lagartija» denotaba que el quenascía en él había de tener grandes enfermedades y dolores. Miquiztlique quiere decir «muerte»significaba que viviría poco y tristemente y connecesidad el que en él nasciese. Mazalt significa «venado»y el que nascieseen este signo había de ser medroso y hombre pusilánimo.

El segundo planeta se llamaba tezcatepucanombre de demonioentreellos muy venerado. Reinaba seis díaslos cuales se llamaba tochitlaltlizinquiltliuxumatltetleacatl. Tuchitl seinterpreta «conejo». El que nascía en este signo había de ser hombre medrosoy cobardecomo el que nascía en el signo del venado. Atlque quieredecir «agua»daba a entender que el que nasciese en su día había de sergran desperdiciador y destruidor de haciendas. Izcuintli significa«perro». El que nascía en este signo había de ser hombre de malasinclinaciones y ruines costumbres. Ocultlique quiere decir «ximio»denotaba que el que nasciese en su día había de ser hombre gracioso y decidor.Tletli se interpretaba «fuego». El que nasciese en este signo había de vivirmucho tiempo. Acatl significa «caña de carrizo». El que nascía eneste signo había de ser hombre vano y de poco ser y manera. Miquitlantecutlise interpreta principal entre los muertosnombre proprio de demonio. Reinaba enlos mismos días o signos que tlatlocplaneta primero. Seguíase luego tlapolteutlque era otro planeta que reinaba en los mismos días que los ya dichos; tomónombre de un demonio que los indios adoraban por diosTonatiuque quiere decir«sol»que era el más venerado planeta de todosporque los días que reinabaeran prósperos. Los nombres dellos eran ocelotlquautlolitecpatlicitlali.

Luegosubcesivevenían los días de otro nombre de demonio que llamabantlaltecultliy otro que llamaban macuiltonal. Su operación era como la de los yadichos planetas. Duraba la cuenta destos planetas docientos y tres díasyacabadoscomenzaban a contar desde cipactli. Este era el orden quetenían en su diabólica y falsa astrologíala cual quise escrebir para quemás claramente constase el engaño en que estos miserables han vivido hastaestos nuestros tiemposlos cualespara elloshan sido más que adoradosasípara la lumbre de sus almas como para la libertad de sus personasla cualaunque no fuese tantapor lo mal que usan dellano les haría daño.



 

 

Capítulo XXX

De las obsequias y mortuorios de los indios.

Mucho hace al propósito desta nuestra historiaen este último capítulotractar de las obsequias y mortuorios de los indios: lo unoporque se vea cómoen la muerte y después della el demonio no tenía menos cuidado de engañarlosy hacerse adorar dellos que en la vida; lo otroporque los sacerdotes yreligiosos que de nuevo vinieren a predicarles la ley evangélicaesténadvertidos para quitarles muchas destas cirimonias de que aún hasta ahora usanespecialmente en partes donde no son muy visitados.

La manerapuesde enterrarse no era unasino diferentecomo entrenosotrossegún el estado y calidad de las personasyentre otras cosastenían sus demoniosque llamaban dioses de los muertosa los cualesen losentierroshacían sus sacrificios. A los señoresdespués de muertosamortajaban sentados en cuclillasde la manera que los indios se sientanyalderredorsus parientes le ponían mucha leñaquemándole y haciéndolepolvoscomo antiguamente solían los romanos. Sacrificaban luego delante déldos esclavos suyospara quecomo ellos falsamente decíantuviese serviciopara el camino. Los polvos del señor ponían en un vaso rico o sepoltura cavadade piedra. En otras partes no quemaban a los señoressinocomo se ha visto ennuestros días en algunos entierros que se han descubiertolos componían yadornaban con penaches y plumajes y piedras preciosaslas mejores que tenían;poníanles bezotes de oroanillos y orejerasque son de hechura de cañón decandelero; poníanles también brazaletes de oro y plata; enterraban con ellos asus esclavosaunque algunos dellos pedían primero la muerte para seguir a susseñorespresciándose de fielesy entendiendo que por esta fidelidad habíande ser en la otra vida muy honrados. A éstos daban a beber los casquillos delas flechascon que luego se ahogaban; a otrosdándoles a entender que iban adescansar con sus señoresde su voluntad y con mucho contento se ahorcaban.Para estas obsequias se juntaban los parientes y amigos del muerto y otros susconoscidos que venían de otros pueblosy poniéndose en torno delante delmuertoponían las ropas que en vida vestía y puesto cacao y brevaje y otrossahumerioscomenzabancon tono muy tristea cantar diabólicos cantaresordenados por el demoniosu maestroen los cualesentre otras cosasque delmuerto contabandecían cómo había sido valiente en las guerras y diestro enlas armasgran compañeroamigo de convites y que a sus mujeres habíatractado con mucho regalo y auctoridady que había dado joyas y hecho mercedesa los servidores y amigos que teníay que de las preseas que había traído dela guerra había hecho servicio a los dioses. Acabado este cantoal cual lasmujeres del muerto ayudaban con sollozos y otras señales de tristezaechabanrosas sobre la sepoltura y unas mantas ricasa las cuales hacían todos elmismo acatamiento que hicieran al muerto cuando vivolas sillas y asientos delcual guardaban con tanto acatamientoque no permitían sentarse en ellas sinoal subcesor y heredero legítimode adonde es que todos los principales nocomen con sus mujeres (que es una muy ruin costumbre)sino con los caciques yseñoreslo cual hoy hacensiguiendo su gentilidad.

Cuando enterraban algún Capitán señalado en la guerrale ponían en lasepoltura armado de las más ricas armas que teníacomo cuando iba a laguerracon mucha parte de los despojos. Puestos a los lados todos loscaballeros y hombres de guerracon lloroso canto celebraban sus proezas yvalentíasdiciendo: «Ya es muerto y va a descansar nuestro buen amigo ycompañero y valeroso Capitán» y si el talcomo atrás dixehabía subido aser señor por sus hazañosos hechospor extenso contaban sus valentías ycómo de grado en grado había subido y tenido tanta fortunaque meresciese ensu muerte ser tan honrado; y uno de los más viejosanimando a los demásestando el cuerpo delantedecía: «Mancebos y Capitanes: animaos y señalaosmientras viviéredes en la guerrapara que cuando muriéredes os enterremos contanta honra como a este Capitán valeroso» cuyo entierro acababan con tantoruido de música de caracoles y atabales y otros instrumentos de guerra.



 

 

Capítulo XXXI

Donde se prosiguen los entierros y obsequias de los indios.

A los mercaderes y tractantes enterraban con las alhajas y joyas en quetractabany porque el principal tracto dellos era en pieles de tigres yvenadosechaban con ellos muchas de aquellas pielesenvueltas en ellas muchaspiedras finas y vasos de oro en polvocon gran copia de plumajes ricosdemanera que los que en vida no habían gozado de aquellas riquezasparesce quemorían con contento de saber que las llevaban consigo al lugar de los muertosque creían ser de descansoy como ninguno volvía a dar la nueva de la tierrade tormento donde ibanjamás se desengañaron hasta que Dios los alumbró.

A los mancebosdespués de muertosadereszaban de lo mejor que ellosposeíany porque morían en su juventud y parescía a los que quedaban quetendrían nescesidad de comidaechábanles en la sepoltura muchos tamalesfrisolesxícaras de cacao y otras comidas. Poníanles en las espaldascomocargamucho papel y otro como rocaderoque servía de penacho hecho de papelpara que con todo este aparato fuese a rescebir al señor de la muerte.

El entierro de las mujeres se hacía casi por el mismo modo. A las señorasenterraban con grande majestadvestidas ricamentey algunas criadasque semataban por acompañar a sus señoras y hacerles algún servicio en la jornadaparesciéndoles que morirse era como pasar de una tierra a otray que lo queera nescesario en la vida había de ser nescesario en la muertey por estoenterraban a las criadas cargadas de comida. Acabado el entierroel marido yparientesy todas las señorashacían un solemne llanto; el marido diciendoque le había sido buena mujer y texido buenas mantas y camisas; las señoras ymujeres principales decían que había sido muy honradaque había bien criadosus hijos y hecho mercedes a sus criadas. De allídespués deste llantoseiban al templo del dios de la muertedonde hacían sus sacrificios y se laencomendaban.

A las otras mujeres de menos suerte enterraban con menos pompa y ruidosalvoque en los estados había diferenciaporque a las viudas enterrabandiversamente que a las casadasy esta diferencia también guardaban con lasdoncellasquecon las casadasechaban en la sepoltura los adereszos de lacocina y el exercicio principal en que solía entenderrueca o telar. En lasepoltura de la viuda echaban alguna comida y llevaba el tocado y trajediferente de la casada. La doncella iba vestida toda de blancocon ciertossartales de piedras a la garganta; echaban en la sepoltura rosas y flores; lospadres hacían gran llantoy de ahí a un poco se alegrabandiciendo que elsol la quería para síy encomendábanla luego a una diosa que se llamabaAtlacoayaen cuya fiesta sacrificaban indiaslas cuales daban a comer a losdiosesquepor númeroeran cuarenta.

Estas y otras muchas cerimonias ordenadas por el demonio tenían los indiosdesta tierralas cualespor ser muy variase mi intento tractar deldescubrimiento y conquista de la Nueva Españano las escribopor extensocontento con haber dado en este primero libro desta mi crónica alguna noticiade los rictos y costumbres que en esta tierra había; porque no era razón quehabiendo de escrebir el descubrimiento y conquista dellano dixese primero algode lo que a su inteligencia pertenescíaremitiéndome en lo demás a un libroque sobre esto está hechoel cuala lo que piensosaldrá presto a luzyporquepara tractar del descubrimiento y conquista desta tierra (que será enel segundo libro)abren el camino los muchos pronósticos que los indiostenían de la venida de los españoles decirlos he en el capítulo siguiente.



 

 

Capítulo XXXII

De los pronósticos que los indios tenían de la venida de losespañoles a esta tierra.

Muchos años antes que los españoles conquistasen esta tierra debaxo del nom*** y bandera del gran César don CarlosEmperador quinto deste nombrelosindios tenían dello grandes agüeros y tan ciertos pronósticosquecomo silo vieran lo afirmaban por muy ciertoy así los demás se recelabany de manoen mano venía el antiguo pronóstico a noticia de los presentesaunque en cadaedad tenían nuevas adevinanzas por sacerdotes y hombres sabios antiguosaquien todos los demás daban mucho crédito. La primera profecía y adevinacióndesto fue de aquel Capitán y caudillo que de la antigua México traxeron cuandocomenzaron a conquistar y poblar esta tierrael cualcomo dixe en el capítulo(en blanco)viendo que los suyos no querían volverse a su antigua tierralesdixo: «Aunque pasen muchos años en mediodel occidente vendrán hombresbarbudos y muy valienteslos cualespor fuerza de armasaunque no sean tantoscomo vosotrosos vencerán y subjectaránponiéndoos debaxo del imperio yseñorío de otro mejor y más provechoso señor que yo; tomaréis nueva leyconosceréis un solo Dios y no muchos; cesarán los sacrificios de los hombres;en vuestro vivir siguiréis su manera y modo; quebrantarán y desharán losídolos de piedra y madera que tenéis y no se derramará más sangre humana;porque el Dios que conosceréis es muy grande y piadoso. Esta gente vendrádespuéspoco a pocoa nosotrosy de ahí adelante se irá dilatando pormuchas gentes y lugares de toda esta tierra; estad advertidosaunque nofaltará después quien os lo digay sed ciertos que será así.» Acabada estabreve pláticano sin lágrimas de los que bien le queríanse despidió yvolvió a su tierra con algunos que le acompañaron.

Después deste pronóstico y adevinanzaluego que comenzaron los Reyes yEmperadores a gobernar y señorear esta tierrapor boca del demonioque muchasveces se lo dixo por palabras no muy claras y por señales que vieron en elcielo y grandes agüeros en la tierrabarruntaron y entendieron que deloccidente habían de venir hombres en trajelenguacostumbre y ley diferentesmás poderosos que ellosy asíalgunos años después destoun indio muyviejosacerdote de un demonio que se decía Ocilophclitlimuy poco antes quemuriesecon palabras muy clarasdixo: «Vendrán del occidente hombres conlargas barbasque uno valdrá más que ciento de vosotros; vendrán por la maren unos acales muy grandesydespués que estén en tierrapelearán en unosgrandes animalesmuy mayores que venadosy serán sus armas más fuertes quelas nuestras; daros han nueva ley y desharán nuestros templos y edificaránotros de otra manera; no habrá en ellos más de un Diosel cual adoraréistodos; no derramaréis vuestra sangre ni os sacarán los corazones; no tendréismuchas mujeres; viviréis libres del poder de los caciques que tanto os oprimeny aunque al principio se os hará de maldespués entenderéis el gran bien quese os siguirá.» Acabado este razonamientoya que quería expirarle oyeronhablando con el demonioque decía: «Ya no más: veteque también yo mevoy.» Rindió el ánima con estas palabras. Dixeron los indios que de ahíadelantemientras vivieronnunca vieron en aquel pueblo señal de fuego nioyeron voces en el aire como casi continuamente oían y vían. Sabido esto portoda la tierrase comenzaron llantos generales que duraron muchos días.

Después destos pronósticosadevinanzas y agüerosen tiempo de Motezumael último Rey e Príncipe de los mexicanoshubo muchos sacerdotes y hombresviejos quehablando diversas veces con el demoniosupieron cómo unas tierrascercadas de agua (eran éstas las islas de Sancto DomingoPuerto Rico y Cuba)lexos de estas tierras estaban conquistadas y pobladas de otra gente que habíavenido de una muy gran tierramuy lexos de aquellas tierras cercadas de aguayque esta gente vendría muy presto a esta tierray que aunque no fuese muchasería tan fuerteque cada uno podría más que muchos dellos; llamarlos yhanhijos del sol y teotlesque quiere decir «dioses»y que lasseñales que antes desto verían serían grandes humos por el aire y cometas porel cieloandando de una parte a otray que del levante al poniente verían iruna llama de fuego a manera de hozyendo discurriendo como garza en el vueloyque oirían grande ruido y vocesaullidos y gritos por los aires de espíritusmalos que lamentarían la venida de los nuevos hombres.

Estos pronósticosagüeros y adevinanzas y otros muchos más quepor notenerlos por tan ciertos como éstos no hago dellos aquí menciónpublicabanlos indios después que los nuestros entraron en esta tierravariando ymultiplicando más cosas de las que la verdad de la historia suele admitirlascualesaunque por su variedad fueran sabrosas de oírremitiéndolas a supropio lugardonde se tractará más o por extensopasaré al segundo librodel cual comenzará el descubrimiento desta tierra.

 

Libro Segundo

Del descubrimiento de la Nueva España



 

 

Capítulo I

De la primera noticia que tuvieron los españoles de la Costade la Nueva España.

Gobernando Diego Velázquez la isla de CubaFrancisco Hernández deCórdobaCristóbal Morante y Lope Ochoa de Caicedovecinos de Cubaarmarontres navíos en el año de mill e quinientos y diez e seis: unos dicen que confavor de Diego Velázquezel cual era muy inclinado a descubrir; otros dicenque a su costa. El fin que llevaron estos armadores dicen algunos que fue paradescubrir y rescatar (aunque se tiene por más cierto que para traer esclavos delas islas de Guanajoscerca de Honduras). Fue Capitán destos tres navíosFrancisco Hernández de Córdoba; llevó en ellos ciento y diez hombresy porpiloto a Antón de Alaminosnatural de Palosy por veedor a BernardinoÍñiguez de la Calzada. También dicen que llevó una barca de DiegoVelázquezcargada de matalotajeherramientas y otras cosas para las minaspara que si algo traxesenle cupiese parte. Desta manera salió FranciscoHernández del puerto de Santiago de Cubael cualestando ya en alta mardeclarando su pensamientoque era otro del que parescíadixo al piloto: «Novoy yo a buscar lucayos (lucayos son indios de rescate)sino endemanda de alguna buena islapara poblarla y ser Gobernador della; porque si ladescubrimossoy cierto que ansí por mis servicios como por el favor que tengoen Corte con mis deudosque el Rey me hará merced de la gobernación della;por esobuscadla con cuidadoque yo os lo gratificaré muy bien y os haré entodo ventajas entre todos los demás de nuestra compañía.»

Aceptando el piloto las promesas y ofrescimientosanduvo más de cuarentadías arando la mar y no hallando cosa que le paresciese bien. Una nochealmedio dellaestando la carabela con bonanzala mar sosegadala luna claralagente durmiendo y el piloto envuelto en una berniaoyó chapear unas marecitasen los costados de la carabelaen lo cual conosció estar cerca de tierrayllamando luego al contramaestredixo que tomase la sonda y mirase si habíafondoel cualcomo lo hallódixo a voces: «Fondofondo»; tornando apreguntarle el piloto «en qué brazas»respondió «en veinte»; mandóle elpiloto que tornase a sondarentendiendo por la repuesta que estaban cerca detierra. Muy alegre se fue el piloto al capitán Francisco Hernándezdiciéndole: «Señoralbriciasporque estamos en la más rica tierra de lasIndias»; preguntándole el Capitán: «¿Cómo lo sabéis?»respondió:«Porquesiendo yo pajecillo de la nao en que el almirante Colón andaba enbusca desta tierrayo hube un librito que traíaen que decía quehallandopor este rumbo fondoen la manera que lo hemos hallado ahorahallaríamosgrandes tierras muy pobladas y muy ricascon sumptuosos edificios de piedra enellasy este librito tengo yo en mi caxa.» Oyendo esto el Capitántiniendopor cierta la ventura que buscabadixo a voces: «Navega la vuelta de tierraquevistasaltaremos en ellay si ansí fuere lo que decísno habréisperdido nada y creeremos lo demás que estuviere escripto.» Navegando otrodíaa las diez de la mañanacon grande alegría vieron tierray debarlovento una isla pequeña que se llamó Cozumelpor la mucha cantidad demiel que en ella había. El pilotono pudiendo tomar aquella islasurgió muybajomás de treinta leguasy saltaron en tierra el Domingo de Lázaroa cuyacausa llamaron a aquella tierra Lázaro; a los que saltaronque serían hastadoce hombresacudieron luego indioslos cualeshaciendo una raya muy larga enel sueloles dixeron por señas que si de aquella raya pasabanlos matarían atodos. El Capitánno espantándose de nada destoles mandó que pasasenadelantepara ver si había algún edificio de los que el piloto decía. Deahí a poco acudió mucha gente de guerraque de tal manera maltrataron a losespañolesquematando dos dellosa los demásheridos de muchos flechazoshicieron retraer a los navíos. El piloto salió con diez e seis flechazos y elCapitán con más de veintepor lo cual les fue forzado arribar a Cuba paracurarsey asíviniendo a la Habanaescribieron a Diego Velázquez el subcesode lo pasado y cómo querían ir a Santiago de Cuba a acabar de curarse.

Sabida esta nueva por Diego Velázquez (aunque con pesar de las heridas desus amigos)contento con el nuevo descubrimientocomenzó luego a hacer gentepara vengar el daño que sus amigos habían rescebido de los indios de Lázaro.Hecha ya la gentellegó Francisco Hernández de Córdoba con los demáscompañerosde los cualesDiego Velázquezinformándose más por extensocobró nuevo ánimo para emprender esta jornadala cual dilató hasta que elpiloto Alaminos sanase de las heridas que había rescebido. Esto es lo quealgunos dicenaunque hay otros queaunque no en el todovarían en algoy esqueen saliendo Francisco Hernández del puertoencaminanda su derrota a lasislas de Guanajos a rescatar lucavos (que son indios de servicio para lasminas y haciendas de los españoles)engolfándose con tiempo que no le dexóir a otro cabo fue a dar en tierra no sabida ni hollada de españolesdo hallóunas salinas en una punta que llamó de las Mujerespor haber allí torres depiedra con gradas y capillas cubiertas de madera y pajaen que estaban puestosmuchos ídolos que parescian mujeres. De allí se fue otra parte que llamó cabode Cotochdonde andaban unos pescadores quede miedo se retiraron en tierrayllamándolosrespondían cotohc que quiere decir «casa»pensando lespreguntaban por el lugarpara ir a él; de aquí se quedó este nombre al cabodesta tierra.

Poco más adelantehallaron ciertos hombres quepreguntados cómo sellamaba un gran pueblo que estaba allí cercadixeron Tectetlán que quieredecir «no te entiendo»; pensando los españoles llamarse asíy corrompiendoel vocablole llamaron Yucatán hasta hoy. De allí fue Francisco Hernández aCampechelugar grandeel cual (como dixe)llamó Lázaropor llegar a él elDomingo de Lázaro. Salió en tierratomó amistad con el señor y rescatóallí (aunque esto no lo tengo por muy cierto). De Campeche fue a Champotónpueblo gruesocuyo señor se llamaba Mochocobochombre de guerrael cual noles consintió entrar ni rescatarni dio provisión alguna como los de Campechehabían hecho. Francisco Hernándezo por no mostrar cobardíao por probarpara lo que eran aquellos indiossacó su genteno bien armaday losmarineros a que tomasen aguay ordenó su escuadrón para pelearsi menesterfuese. Mochocobocpor desviarlos de la mar y que no tuviesen cerca la guaridahizo señas que fuesen tras de un collado donde la fuente estaba; temieron losnuestros de ir allápor ver ser los indios muchosya su modomuy bienarmadoscon semblante y determinación de combatir; por lo cualFranciscoHernández mandó soltar el artillería de los navíos para espantarlos. Losindios se espantaron del gran ruido de los tiros y del fuego y humo que dellossalía; atordeciéronse algún tanto del ruidoaunque no huyeronantesarremetieron con buen denuedo y conciertocon gran gritaque es con la queellos mucho se animantirando piedrasvaras y saetas. Los españoles semovieron a buen pasoy siendo cerca dellosdispararon las ballestasy con lasespadas mataron muchospor hallarlos sin armas defensivas. Los indioscon lapresencia de su señoraunque nunca tan fieras heridas habían rescebidoduraron en la pelea hasta que vencierony asíen la batalla y en el alcance yal embarcarmataron más de veinte españoles y hirieron más de cincuenta.Quedó Francisco Hernández con treinta y tres heridos; embarcándosellegó aSantiago de Cubadestruidoaunque con buenas nuevas de la tierray el añosiguientecomo diremos luegoDiego Velázquez invió a Joan de Grijalva aseguir el descubrimientoy a España a pedir la gobernaciónpor la parte desu barca (como Gómara escribe).

Entre estos dos paresceres hay otroy es quellegado Francisco Hernándezcon tiempo a la costa de Yucatána una parte que se dice Campechelos indiosdespués de haber él saltado en tierrapor las nuevas que habían tenido desus vecinosle hicieron tornar a embarcarsin dexarle reposar ni tomar agua niotros bastimentos. Embarcadoy queriendo volver a lo que iba (que era a losGuanajos)dióle un tiempo que le echó nueve o diez leguas abaxo hacia laNueva Españaadonde cerca de la costa había un puerto que se dice Champotónjunto al cual entra un pedazo de mar que paresce ríoy allípor suplir lanescesidad que llevabantornó a saltar en tierrayqueriendo entrar en elpueblosalió a él mucha gente de guerrapor el aviso que tenían de suscomarcanos; dondetrabándose una recia batallamurieron muchos indios yalgunos españolesy los demásno pudiendo sufrir la multitud de los indiosse retraxeron y metieron en los navíosyalzando velasfueron a dar a lacosta de la Floridapara tomar aguade la cual tenían gran nescesidaddondecomo iban heridos y fatigadosacometidos por los indiosles fue forzadotornarse a embarcar e irse a la isla de Cubadondecomo dixese supo la nuevade lo que les había subcedido; por lo cualahora digamos qué es lo que sobreelloproveyó Diego Velázquez



 

 

Capítulo II

De lo que Diego Velázquez hizo sabido el subceso de FranciscoHernández.

Después que Diego Velázquez se informó del Capitán Francisco Hernández ydel piloto Alaminosde la tierra descubierta y de la prosperidad que prometíacon alegre ánimocomo solía las demás cosascomenzó a hacer una armada condeterminación de inviar por General della al Francisco Hernándezde quienpor su virtud y esfuerzotenía mucho conceptoel cual a la sazón murió ydexó por heredero de sus bienes y de la aución y derecho que tenía y lepodía pertenescer de lo descubierto a Diego Velázquezel cualviendo que elnegocio era de mucha importancia y de confianzadeterminó de cometerle a JoanGrijalvasu sobrinoel cual se detuvo hasta que el piloto Alaminos sanóporque no había otro tan diestro como él.

La armada fue de cuatro navíosmuy proveídaasí de buena gente como dearmas y mantenimientos. Dio el mejor navío a Joan de Grijalvaporque eraGeneraly de los otros hizo Capitanes a Pedro de Alvarado y Alonso de Ávila ya Francisco de Montejo; hizo Alférez general a Bernardino Vázquez de Tapiadelos cuales hablaré adelante en el discurso desta historia. La demás gente eramuy buena y muy lucidaporque eran hombres hacendados y que tenían indios enla islay como leal servidor del Reyinvió Oficiales para la Real haciendaentre los cuales iba por Tesorero un Fulano de Villafañaal cual dio muchascosas de rescate de ropa y mercaduría para dar a los indios por comida o oro yplatay para hacer con buen título este viajelo hicieron saber a los flairesjerónimospidiéndoles licencia para ellolos cualesen aquel tiempogobernaban las Indias por el Cardenal don Francisco XiménezGobernador deCastilla por el Rey D. Carlosdesde la isla Fernandina; dieron licenciay desu mano inviaron por Veedor a una persona de mucha confianza. Puesto todo apunto en Sanctiago de Cubado residía Diego Velázquezhizo alarde dedocientos hombrestodos vecinos de la misma islacon los marinerosque eranlos que bastaban para el viajey por que Dios (sin el cual no hay cosaacertada) guiase en su servicio tan buena empresadespués de haber bendecidolas banderas y hecho otras cerimonias en semejantes casos acostumbradasoyendotodosdespués de haber confesado y reconciliado unos con otrosuna misa alEspíritu Sanctoen ordencon música de atambores y pífarosse embarcaronacompañándolos hasta el puerto Diego Velázquezel cualabrazando al Generaly a los demás Capitanesles hizo un breve razonamiento en la manera siguiente:

«Señores y amigos míoscriados y allegados: Antes de ahora tendréisentendido que mi principal fin y motivo en gastar mi hacienda en semejantesempresas que éstaha sido el servir a Dios y a mi Rey naturallos cualesserán muy servidos de que con nuestra industria se descubran nuevas tierras ygentepara que con nuestro buen exemplo y doctrinareducidas a muestra sanctafeesean del rebaño y manada de los escogidos. Los medios para este tanprincipal fin son: hacer cada uno lo que debesin tener cuenta con ningúninterés presenteporque Diospor quien acometemos tan arduo y tan importantenegocioos favorescerá de tal maneraque lo menos que os dará serán bienestemporales.»

Acabada esta pláticael General y los demás Capitanes y personasprincipalescon menos palabrasrespondieron que harían todo su deber cuantoen sí fuesecomo su merced vería por la obray asíno sin lágrimas de losque quedaban y de los que se despedíancon gran ruido de música y tiros quedispararon de los navíosse hicieron a la velaysin subcederles cosa que decontar seallegaron a la Habanapuerto de la misma islaciento y cincuentaleguas de donde salieron.



 

 

Capítulo III

De lo que en la Habana se hizo y de lo quedespués que dellasalieronsubcedió.

Llegados con buen tiempo a la Habanase reformaron de bastimentosy otrascosas nescesarias para el viaje; estuvieron allí algunos díasdeseosos todosde ver la nueva tierrapor las cosas que della decía el piloto Alaminos;salieron de allí al cabo de la isla que se dice Guaniguanicoo Punta de SantAntóny en el puertodespués de haberse todos confesadose tresquilaron lascabezasque fue la primera vez que los españoles lo hicieron en las Indiasporque antes se presciaban de traer coletas. Hicieron esto porque entendieronque el cabello largo les había de ser estorbo para la pelea. Navegaron ciertosdías con próspero tiemposin subceder cosa memorible; llegaron a una tierraque les paresció fresca y de buen artee yendo cerca de la costa dellaveíana trechos muchos como oratorios o ermitas blanqueando; prosiguiendo desta manerasu viaje por la costa adelantee ya que se quería poner el solllegaron a unancón y puerto que hacía la mardonde estaba un puebloel cualcerca de lamartenía un templo con una torre grande de piedra y calmuy sumptuosos;tenía en cuadro por la una pared ochenta pies; subíase a lo alto dél portreinta gradas: había arriba una torre cuadradadentro de la cual salía otratorre que se andaba alderredordonde los indios parescía haber tenido susídoloslos cualescomo después se supocon la venida de los nuestroshabían alzado. La torre principal tenía arriba un poco de plazacon un andéno pretil a la redondaentre el cual y la torre había espacio de más de docepies. Víase della gran parte de la costa y tierra de Yucatán; parescíase unpueblo muy torreado. Cerca deste templo o mezquitaque los indios llamaban cuhabía otros edificios de piedraa manera de enterramientos; había asimismounos mármoles enhiestosde una hechura extrañaque parescían cruces. Eltemplo estaba un tiro de ballesta de la mary el pueblo un poco más adentroen la tierra; tenía casas de piedra con portales sobre postes; era muy frescode aguas y arboledas. El templo era muy celebrado por toda aquella tierraacausa de la mucha devoción con que a él concurrían de diversas partes encanoasespecialmente en tiempo de verano. Pasando un estrecho de marvenían yhacían allí sus oracionesofrescían muchas cosasa los ídoloshaciéndoles muy grandes y solemnes sacrificiosno solamente de brutosanimalespero de hombres y mujeresniñosviejosniñas y viejasconforme alas fiestas que los sacerdotes del templo publicaban. Finalmenteno de otramanera era estimado este templo entre ellos que la casa de Meca entre los moros.

Allegando aquí los nuestrossalió mucha gente de guerra a elloscon arcosy flechas y otras armas. Entoncesel Capitán mandó armar a sus soldados ysacar los bateles para saltar en tierradisparando desde ellos algunos tiroslo cual viendo los indiosse volvieron al pueblopara sacar las mujeresniños y viejos y sus haciendas y ponerlas en el monte y en otros puebloscercanos. En el entretantoel Capitán saltó en tierra con toda su genteyluego subieron al temploy desde lo alto dél vieron otros muchos pueblos conmuchos edificios que blanqueaban desde lexosy holgaron mucho los nuestros dever tierra nunca vista de españoles y tan sumptuoso edificio. Paseáronse porély dicen que aquí mandó el Capitán que el sacerdote que traían dixesemisaal cualpor no haber sacado tan presto el ornamentotrató algodescomedidamentepor lo cualen la batalla que después hubole castigóDios. Hecho estoel Capitán entró con alguna gente en el pueblo y procurótomar algunos indios para informarsea los cualeshaciendo muy buentratamientolos invió a los suyosdándoles a entender lo mejor que pudo queellos no venían a hacerles mal ni a quitarles sus haciendassino a tenerlospor amigos y contratar con elloscomo vían por la obra. Estos indiosaseguraron a otros muchos de los demáslos cuales volvieron a sus casas ycomenzaron a tratar con menos recelo a los nuestrosy preguntando qué tierrafuese aquélla y cómo se llamabadixeron que era isla y que se llamabaCozumel. Preguntados también qué tierra era otra que se parescía desde eltemploque tenía un pueblo torreadocuatro o cinco leguas de allídixeronque Yucatán. Por esta orden se informó el Capitán de otras muchas cosasycómo en aquella isla había muchos gallipavos y muchas redes con que pescaban.



 

 

Capítulo IV

Cómo Grijalva salió de Cozumel y de lo demás que lesubcedió.

Viendo el Capitán que en la isla de Cozumel no había resistencia y quepodría volver a ella cuando quisiese y le parescieseproveyéndose de algunascosasse tornó a embarcar para costear la isla y descubrir más tierraeyendo asívieron desde lejos una persona que desde la costa les hacía señascon un paño. Acercándosevieron ser una indiala cual venía dando voces yhaciendo señas tras los navíos para que la rescibiesen. El Capitán mandóechar un batel y que en él fuese Bernardino Vázquez de Tapiael cual la tomóy metió en el bately traída al Capitándixo que ella y otros indiosconuna brava tormentahabían dado en aquella costa y que su tierra estaba deallí más de trescientas y cincuenta leguas.

Pasando adelantevio que la tierra se acababa y cómo los indios le habíandicho verdad de que era islapor lo cual dyeterminó de atravesar a la otratierra que se parescía y le habían dicho que era Yucatány llegado a ellala fue costeandoy vio cómo cerca de la mar parescían algunos pueblostorreados y que sus edificios ran de piedra y callo cual no menos lesparesció que la isla de Cozumel. Yendo todavía costeandoacontesció quehabiendo un día navegado al ueste y noruesteotro díacuando amanesciósehallaron todos los navíos adonde habían estado el día antes por la mañanayfue la causa que las aguas corrientes que por aquella parte habíavenían dehacia el puerto de Honduras y Caballoslas cuales corrían hacia aquella partecon gran velocidadpor lo cualtornando a navegarllegaron a una bahía quela mar hacíaa manera de laguna en la tierray tiniendo el piloto sospechaque era algún estrecho que apartaba y dividía la una tierra de la otraporfió a entrar cuanto pudo con los navíos hasta que dieron en poca hondurade manera que no pudieron pasar adelantepor lo cualel Capitán mandó sacaralgunos bateles y que en ellos fuese alguna gente a descubrir lo que de ahíadelante había. Fuerony después de haber andado muchono descubrieron cosanotableyde cansadosse volvieron.

Este ancón o bahía tan grande que apartaba aquellas dos tierrasdioocasión a que despuéstornando los nuestros a bojar aquella tierradixesenlos pilotos que aquel ancón salía al Puerto Deseadoy asídixeron que latierra de Yucatán era isla y que aquella agua dividía las dos tierrashaciéndolas islas. A esta bahía llamaron los nuestros bahía de la Ascensiónporque en tal día llegaron a ellay como se tuvo por entendido que aquel aguacorría por mucha distanciay que la tierra de Yuestán se acababa allíacordaron todos de volver por donde habían venido e ir costeando toda la tierrade Yucatán; salieron con muy gran trabajoporque casi estaban encallados losnavíos. De allícosteando la costa de Yucatánvolvieron a la isla deCozumela la cual habían llamado la isla de Sancta Cruzporque el día deSancta Cruz de Mayo habían llegado a ella. Desde allítornando a navegaratravesando la costa de Yucatán para verla y cercarla toda y saber lo que enella habíallegaron a una punta que salía a la marsobre la cual estaba unedificio de cal y cantoquesaltando los nuestros en tierrasupieron ser untemplo de grande devocióndonde venían a hacer oración y sacrificios mujeresde religiónpor lo cualel Capitán llamó aquella punta la Punta de lasMujeres. No faltó quien dixo que en aquella tierra había amazonas aunque losnuestros nunca las vieronporque decían algunos indios que con la venida delos españoles se habían retirado la tierra adentro.

Desde allí fueron navegando por la costa muchos días hasta que se vieron engran nescesidad de aguay queriéndola tomardeterminaron de acercarse atierray porque hallaban siempre menos fondoacordóse que fuesen delante losnavíos más pequeños. Yendo así ya legua y media de la tierralos navíosque iban delante comenzaron a rastrear por el arena y lamatantoque salía laseñal arribapor lo cual acordaron de dar la vuelta a la marpero no lopudieron hacer con tanta presteza que primero no se vieron en muy gran peligro.Finalmentesaliendo con muy gran trabajotornando a seguir su camino costa acostallegaron donde el mar hacía una vuelta hacia la tierraque parescíapuertoy allíel piloto Alaminosque fue el que había llegado allí conFrancisco Hernández de Córdobareconosció ser la tierra de Campechededonde los indios habían echado a Francisco Hernández. Surgieron en aquellapunta que hacía puertoy aquel día todo y la noche siguiente el Capitán hizosacar los bateles y que los Capitanes y personas principales de los otrosnavíos viniesen al suyo para tractar y comunicar lo que sería bien que sehiciesey estando todos juntosel Capitán les dixo así:

«Señores y amigos míos: Ya veis la nescesidad grande que de tomar aguatenemosy que estamos en tierra donde los moradores della son muchos y enemigosnuestroscomo paresce por el mal tratamiento que hicieron al Capitán AlonsoHernández de Córdobacomo por sus ojos vio el piloto Alaminosque estápresente. Riesgo veo y peligrode una parte y de otrapero paréscemesalvovuesto mejor consejoque debemos antes rescebir la muerte de nuestros enemigosprocurando la conservación de nuestra vidaque de pusilánimos y flacosdexarnos morir de sedpues no hay género de mayor cobardía que dexarse elhombre matar no haciendo la resistencia (aunque faltase esperanza de vencer) quees obligado en ley naturaly asísiseñoresos parescepues somos muchosmás que los de Francisco Hernándezy no menos que ellos obligados a hacer eldeberyo determino que mañanaantes que amanezcasalgamos los quecupiéremos en los batelesy puestos en tierrainviaremos por la demás gentey asíantes que los indios nos puedan ofender al desembarcarsin sersentidosestaremos en tierrapuestos a punto para resistirles si nosacometieren.»

Acabando de hablar el Generalcomo los Capitanes y la demás gente principaltenían el mismo propósito que su caudillocon alegre semblante vinieron todosen su parescery asíotro díamuy de mañanase puso por obra lo que elGeneral había ordenado.



 

 

Capítulo V

Cómo Grijalva saltó en tierra y de lo que con los indios leavino.

Otro díabien de mañanalos nuestrosconforme a lo que el día antes seles había dichosacaron los bateles y pusieron los tiros en ellos. Entrado elGeneral con los demás Capitanes y gente que supo a punto de guerrasaltaron entierrayantes que fuese bien de díalos que quedaban en los navíos sejuntaron con los que primero habían saltadoy asítodos juntosse llegarona un edificiocomo teatroque estaba cerca de la costa donde Grijalva quisieraque luego se dixera misaporque el día antes había avisado a Joan Díazclérigoque sacase el ornamento para cuando fuese menestery como en aquellugarmás que en otrohabía aparejo para que todos oyesen misay entendióque el sacerdote se había olvidado de sacar el ornamentoriñóle con máscólera de la que fuera razóndiciéndole algunas palabras ásperas que atodos los de la compañía pesó y paresció malpor lo cual paresce quepermitió Dios que otro díapeleando con los indiosle dieron un flechazo enla boca que le derribaron tres dientesy a no llevar cerrada la bocacomo élconfesóle pasara la flecha; lo cualentendiendo él que había sido por supecadocomo públicamente había afrentado al sacerdoteansí públicamentedando exemplo de hombre arrepentidole pidió perdóntratándolo de ahíadelante como lo deben ser los puestos en tal dignidad. Esto es lo más ciertoque acontesció a Grijalva con el sacerdote en este lugary no en el que antesdixecomo algunos piensan. El sacerdotepuesantes que otra cosa respondieseni se hicieseinvió por el ornamentoy revestiéndosecomenzó la misaalmedio de la cual asomaron en gran concierto muchos escuadrones de indiosymarchando en son de guerrallegaron a un tiro de ballesta del edificio donde lamisa se decía. Los nuestros no se alteraron.

Acabádose la misael Capitán hizo poner en orden su gentecon los tirosde campo delantey deseando hablar con los enemigos de pazfuese poco a pocohacia elloshaciendo señales de paz. Como los indios vieron que los nuestrosse iban acercandoellos se fueronpoco a pocoretrayendohasta que losnuestros llegaron donde estaba un poco de agua muy buenay como el intento deGrijalva y de los suyos era hartarse de agua y proveer los navíos dellamandóhacer altoy asíbebieron todos hasta que se hartaronporque la sedcon lafalta de aguahabía ido en aumento. Luegocomo el Capitán vio que los indiosno acometíanno quiso él acometerlospara convidarlos a paz y amistad;antesen el entretantomandó que se traxesen vasijas para llevar agua a losnavíosen lo cual se ocuparon aquel día y otros dos.

Los indiosvisto que los nuestros habían asentado junto a los pozospusieron su real cerca de una arboleda grandeun tiro de ballesta de losnuestrosysegún después paresciótenían determinado de pelear con losnuestroslo cual suspendieron hasta que llegaron tres o cuatro escuadrones demucha gente que esperabanpor dar más a su salvo la batalla; pero no osandoaún con esto determinarsepor ver que los nuestros se estaban en el lugar quehabían tomadopensando que debían de ser más de los que parescíaninviaronalgunos indioscomo espíaspara que reconosciesen el lugar de los españolesy viesen cómo estaban fortalescidos y las armas y gente que habíaa loscuales el Capitán y los demáspor su mandadorescibieron y trataron muybieny dándoles algunas cosas de las de Castillales dixeron por señas quedixesen a su señor que ellos no venían a hacerles mal ni a quitarles sushaciendasni dar otra pesadumbresino tener su amistad y contratar con ellosy a tomar de aquella agua que había en aquellos pozos.

Los indios respondieron en pocas palabrascon muestra de enojoque nohabía para qué. Al segundo díaperseverando en su propósitoinviaron treso cuatro mensajerospor los cuales dixeron al Capitán que qué hacían allíque se fuesen; si noque los echarían por fuerza. El Capitán respondió queen acabando de tomar el agua se iríay que no rescibiesen pesadumbre si sedetuviesen algún día en hacer el aguadaporque ya les habían dicho que novenían a hacerles enojo.

Desta manerafueron y vinieron tres o cuatro vecesllevando la mismarespuesta al Capitánhasta queno pudiéndose ya sufrir los indiosnohabiendo acabado de tomar el agua los nuestrosinviaron más mensajerosdiciendo que luego a la hora se fuesensi noque los matarían a todos. ElCapitán respondió que ya acababan de hacer el aguada y que luego se iríanyvolviéndose al escribano con quien solían hacer semejantes auctosle pidiódelante los Capitanes y otras personasestando presentes los indiosle diesepor testimonio que él y los suyos no venían a hacerles maly que sidefendiéndoselos ofendiesenfuese a su culpaporque él y los suyos nohabían venido sino por agua y a contratar con ellossi lo tuviesen por bien.Esto dio a entender el Capitánlo mejor que pudoa los mensajerosy asísefueron luego; incontinente vinieron otros con uno como brasero de barroconlumbre y cenizado delante de los nuestros echaron cierto sahumerio que hacíamucho humo y olía bienyponiéndole cerca del Capitánle dixeron: «Ios enel entretanto que este sahumerio se acabaporquedonde nomoriréis luego.»El Capitánviendo que ya se le iban desvergonzandocon rostro airadolesrequirió delante el mismo escribano que estuviesen quedos y le dexasen acabarde tomar aguapues estaban donde no les ofendían en cosay que él no seiría hasta que hubiese acabado de tomar el aguapues era cosa que ningunanasción la podía negar a otra no habiendo prescedido enemistad.



 

 

Capítulo VI

De la batalla que Grijalva hubo con los indios y de lo que enella pasó.

Grijalvaviendo que los indios que habían traído el braserosin respondercosa con enojo se habían apartado y vuelto a los suyosmandó que todosestuviesen a punto para cuando moviesen arma los contrarioslos cualesestandomuy atentos al acabar del humocomenzaron a moverse en gentil ordencondenuedo grande de pelearviniéndose poco a poco hacia los nuestrostirandomuchas piedras con hondas y arrojando varas y dardos. El Capitán mandósopena de muerteque ninguno de los suyos se moviese hasta que él hicieseseñal; y viendo que ya las saetas daban en el real y que no se debía sufrirsin que hiciese la resistencia debidadiciendo pocas palabras en alta vozconque animaba a los suyosdio a entender que peleaban para defenderse; y haciendoseñalmandó a Bernardino Vázquez de Tapiasu Alférez generallosacometiese. Dentro de poco espacio se trabó una brava batallaque duró enaquel lugar do se juntaron más de dos horas.

Los indioscomo traían pensadopoco a poco peleandose fueron retrayendoa una arboledadondecomo a celadatraxeron los nuestrosa los cualesenbreve espaciocercó gran multitud de indioslos cuales hicieron notable dañoen los nuestros. Aquí murió Juan de Guetariahombre de suertesabio yesforzadocuya falta se sintió después mucho.

El Generalviéndose cercado y que de refresco acudían enemigos y que lossuyos iban desfallesciendoasí por las heridas como por el cansanciomandócargar los tiros y recogió toda la más gente que pudocon el Alférezgeneralal lugar donde él estabaque era más conveniente para hacer daño enlos enemigosde adondeanimando a los suyos y diciéndoles que se acordasenque eran españolesy que ya no peleaban por la honrasino por la vidaacometió a los enemigos como si comenzara de nuevomandando soltar los tiros ytirar las ballestas.

En este lugar dieron a Grijalva el flechazo que diximos en el capítulopasadosin otros que le hicieron mucho desangrarporque los indios eranmuchosy en la parte donde estabanmás poderososa causa que detrás de losárboles se guardaban y flechaban a su salvo a los nuestros. Viendo esto elGeneral y que si de allí no salía no podía escapar hombre de los suyostirando del Alféreza grandes voces mandó a los suyos salir de aquellaespesura lo mejor que pudiesen a lo llano; en lo cual los nuestroscomo les eraforzado volver las espaldasiban con paso largono tiniendo lugar de ofender;recibieron muchas pedradas y flechazos hasta que salieron a lo llanodondejuntándosehicieron altodonde desde el arboleda no podían alcanzar losarcos. Estuvieron allí hasta cerca de la nochedefendiéndosesegún algunosdicenlo mejor que pudieron; aunque es opinión de otrosque estando puestosen aquel lugar los nuestros no fueron más acometidos de los indiosde loscuales hubo muchos muertos; de los nuestros algunosy los demás en muchaspartes del cuerpo heridos.

Otro díaviendo el Capitán cómo los indios no salían a hacerle guerrarecogió su gente a par de los pozosadonde se curó él y los demás heridos.Los Capitanes y otras personas principalesviendo que su General estaba tan malheridole rogaron muchas veces se metiese en un navío con algunos de los quetenían heridas peligrosasy que en el entretanto que él y los demás heridosconvalescíanellos entrarían en el pueblo y harían todo el daño quepudiesenpara que de ahí adelante los indios no tuviesen atrevimiento deacometer a los españoles. El Generalagradesciéndoles con buenas palabras suvoluntad y celorespondió que él no venía a vengar injurias ni a pelear conlos indiossino a descubrir aquella tierrapara que dando della noticia a SuMajestad proveyese cómo en ella se desarraigase la idolatría y otros pecadosnefandos con que Dios era gravemente ofendidoy se plantase la fee católica; yasíluego en nombre de Su Majestad y para Su Majestaddelante del escribanoque se lo dio por testimonioy de los demás que estaban presentespor DiegoVelázquezque le había enviadotomó posesión de aquella tierra; hecho locualmandó que primero se embarcasen todos los heridos y después los demáspara que si los indios quisiesen acometerleshubiese quien los pudieseresistir.

El día antes que esto se hicieseestando algunos de los nuestros en losnavíosacontesció que como estoncessiendo las aguas vivasecharon lasamarras cerca de la tierra en tres o cuatro brazasy de ahí a poco comenzó lamar a menguarquedaron los navíos casi en secoacostados en la lama y arenade manera que las gavias tocaban en el agualo cual fue gran confusión paralos nuestrosporque a venir un poco de viento que levantara la marlos navíosse hicieran pedazos y los nuestros quedaran aisladospuestos a gran riesgoporestar tan heridos y tantos enemigos tan cercasin haber reparo algunoadondese acoger; pero como el otro día siguiente volvió pleamarse tornaron aendereszar los navíosponiéndose como estaban cuando surgieron; y asíporque otra vez no subcediese lo mesmomandó el Capitán que con los bateles ycon las anclas los sacasen a la marlo cual se hizo con mucho trabajo.



 

 

Capítulo VII

Cómo el Capitán y su gente se embarcó y de lo que despuéssubcedió.

Nadando ya los navíos en el agua que habían menesterel Capitán seembarcó con su genteguiando su navegación por la costay nueve o diezleguas hacia Champotónantes que llegasen a élhallaron una gran bahíadonde se hacía una isletaen la cual vieron un grande y sumptuoso temploypor él algunos indios que debían ser sacerdotes. Hiciéronles señas queviniesenperoo porque no las entendierono porque no osaronno vinieron.Veían los nuestros desde los navíos las casas del puebloalgunas de lascuales eran sumptuosasy un río que corría cerca dél. Quisieran los quevenían sanos saltar en tierrapero por estar herido el Capitán y otros muchosque aún no habían convalescidotemerosos no les subcediese alguna desgracialo dexaron de hacery así siguieron su viaje sin entrar en Champotóntomandola derrota que era menester para costear y descubrir la tierra. Siguiendo destasuerte su viajeuno de los navíos comenzó a hacer mucha aguade tal maneraque a no hallar un puerto quince o veinte leguas de Champotónpeligraran losque iban en él; habíase maltractado cuando se trastornó con los demás enCampeche. En este puerto adereszaron el navíoporque tuvieron lugar de saltaren tierra sin contradicción de enemigosa causa de unas arboledas que cercaestabanlas cuales tomaron por reparo.

Adereszado el navíoel Capitán siguió su viajey porque había quedadoconcertado que Diego Velázquezque los inviabadespacharía otro navío congente y bastimentospara que hobiese oportunidad de poblary porque los queviniesen estuviesen avisados de que Grijalva y los suyos habían pasado porallíhicieron unas letras en un árbol grandey en un calabazo que colgarondel árbol pusieron una carta que decía el Capitán Grijalva había llegadoallí y que iba adelante descubriendo tierracon propósito de no volver allíhasta pasados dos meses; y fue así que el Gobernador Diego Velázquez despachóel navío y por Capitán dél a Cristóbal de Olidel cual partió con mucha ybuena genteadereszado de armasartillería y bastimentosy no hallandorastro de Grijalva se volviólo cual fue causa que Grijalva no poblase enmuchas partes que pudieraporque el navío que esperaba había de traer lafacultad para ello.

A este puertodonde Grijalva dejó estas señales llamaron los pilotos elPuerto Deseadolos cualestomando el altura del sol y del nortese tornaron arectificar que la mar de la bahía de la Apsención venía a aquel PuertoDeseadoafirmando que Yucatán era isla. Saliendo de allínavegando ycosteando la tierrapasaron por unas bocas que la mar hacía en la tierra ydentro hacía grandes lagunas. A estas bocas llamaron los nuestros los Puertosde los Términos. Yendo así navegandollegaron a la boca de un río grande quetraía mucha corrientetanto que por muy largo trecho metía el agua dulce enla mar. Entraron con los navíos en él con trabajoy habiendo subido obra demedia leguadescubrieron un puebloal parescer grande y de mucha frescura;surgieron allíy poco después de estar surtos vinieron muchas canoas grandesllenas de indios bien adereszados con ricas mantas y armas muy lucidasconvistosos plumajes en las cabezaslos arcos embrazados a manera de guerra.

Como los nuestros desde los navíos se vieron rodear por todas partes detanta gente que traía denuedo de pelearsobresaltáronse algún tantoy asíse adereszaron todos para defenderse si fuesen acometidos; e ya que los indiosse iban acercandoel General mandó que les hiciesen señal de paz y como quelos llamaban para hablar con ellos. Los indiosentendida la señasin ningúnrecelo se juntaron con los navíosdel uno de los cuales el Capitán por señasdio a entender a una canoa donde venía con otros principales uno como señorque fuese a la nao capitanadonde estaba el Generalla cual salió luego deentre las otrasy por las señas que los otros navíos le hicieron llegó a lanao capitanadesde la cual el General y otros caballeros le mostraron muchoamor y dieron señas de tanta amistadque aquel señor y los principales quecon él iban subieron al navíodonde el General los abrazó y mostró cuantoél pudo el contento que tenía de verlos en el navío. Hízoles dar de comer ybeber; regalólos muchoy antes que se despidiesenles dixo que él no veníaa hacerles malsino a tener su amistady que en confirmación desto le rogabarescibiesen aquellas camisasropas y otras joyas que les dabapara quetratando con los suyos les diese a entender que los hombres de España no eran tequanesque quiere decir «crueles»porque tequán quiere decir «cosa brava»sino piadosos y amigos de hacer placer.

Rescebidos los doneslos indiosa vista de todos los demásmuy alegresvolvieron a su canoaa la cual siguieron todas las demás y rodeándolaestuvieron todas paradas un gran rato para saber de aquel señor y suscompañeros lo que habían pasado con el General; acabada su pláticaque notardó muchotodos juntos se fueron al pueblo. Lo que della resultó parescióluego por la obraporque otro día vinieron algunos indios muy bienadereszadoslos cualescon mucho comedimiento y amordieron al Generalalgunos plumajes ricos y otras cosas de estima que había en su tierraa loscuales Grijalva rescibió con muy alegre rostromandándoles dar de comer ybeber y algunas ropas de sedaque los indios tuvieron en grande estima; e yaque se querían despedirles dixo que ellos traían alguna nescesidad decomidaque si no les daban enojosaltarían en tierrapara que por rescate sela diesen. Los indios respondieron que su señor no rescibiría pena delloperoque esperasenque otro día volverían con la repuesta.



 

 

Capítulo VIII

Cómo vino el señor de aquellos indios a la nao capitana y delo que luego pasó.

Vueltos los indios con gran contento y alegríaasí por los preciosos donesque llevaban como por el amor con que el General y los suyos los habíantratadoentraron acompañados de muchos indios que los estaban esperando a lalengua del aguaadonde estaba su señoral cualmuy alegresdando laembaxada del Capitán con la reverencia y cerimonias que suelenpusieron losdones y presentes delante de su señorel cualcomo después se supo yparesció por la obralos tuvo en muchopor ser cosas jamás vistas en sutierra; y aunque bárbarono queriendo que en liberalidad y magnificencia losextranjeros le hiciesen ventajaadereszándose lo más ricamente que él pudoacompañado de los principales de su tierra y casatambién conforme a sucalidad vistosamente adereszadoscon gran ruido y armonía de música decaracoles y otros instrumentosentró en las canoasllevando consigo presentesde oroplatapiedras y plumas y mucha cantidad de comida. Grijalvacomo vioque se acercaban y que venían magnifestando mayor amistadmandó se tocasen entodos los navíos los atambores y pífarosde lo cual el señor del dichopueblo no rescibió poco contento. Grijal va antes desto tenía proveído cuandovio salir al señor para los navíosque todos se adereszasen lo máslucidamente que pudieseny los Capitanes de los otros navíos con algunos de suCapitanía se viniesen a la capitana para que con mayor auctoridad rescibiesen aaquel señor que con tanta majestad venía.

Subió el señorque los indios llaman caciquea la capitana con granestruendo de música de los nuestros y de los suyosabrazáronse los dos congrande amory tomando el General por la mano al cacique le truxo por el navíomostrándole cosas que él no había vistoal cual todos los demás Capitanes ypersonas principalescomo estaba ordenadohablaron con grande amor y él aellos. Las otras personas principales que con el cacique entrarondel General yCapitanes fueron tractados como su calidad pedía. El caciqueacabando de verlo que en el navío habíacon grande comedimiento echó a la garganta delGeneral una cadena de rosas y floresmuy olorosasy púsole en la mano unaflor compuesta de muchas floresque ellos llaman suchil; púsole en losmolledos de los brazosa su costumbredos grandes axorcas de oro; diólepiedras y plumajes ricosmandando poner luego delante dél muchas avestamalesfrisolesmaíz y otras provisiones de comercon que no poco sealegró el General y su gente. Esto así hechotornando el General a abrazar alcaciquele hizo sentar en una silla de espaldas y poner luego dos mesasla unapara donde él y el cacique solos comieseny la otra para sus Capitanes eindios principales que el cacique traía. Comieron todos con mucha alegría.Acabada la comidael caciqueagradesciendo la honra que se había hechodixoal General que el día pasado ciertos criados suyos le habían dicho que sumerced quería saltar en tierray que para ello le habían pedido su licencia;que él y todos los suyos estaban a su servicioque viniese norabuenaporqueél y los suyos sabían que en hospedar a personas de tan buen corazón hacíanservicio a sus diosesy que no podían creer sino que gente tan buena fuesehija del sol.

Dichas estas y otras muchas sabrosas palabrasque por señas entendían losnuestrosel General le dio algunas cosas que aunque no eran de mucha estimapor ser extrañasél las tuvo en muchoy con esto le dixo que le agradescíamucho tan buena voluntadla cual pagaría más largamente cuando por allívolvieseporque le parescía que era merescedorpor su mucha bondadde que sele hiciese todo servicio.

Acabados estos y otros comedimientosporque ya era horamandó el Generalechar los bateles al aguadonde entraron todos los que cupieron. El General semetió en un batel con los Capitanes y el señor con sus principales en sucanoay así juntosacompañados de todos los demáscon mucha músicasaltaron en tierradonde luegodándolo por testimonio un escribanotomóposesión en nombre de Su Majestadpor Diego Velázquezde aquella tierra.

Llamábase el pueblo Potonchany la provincia Tabascocuyo río se llamóde ahí adelante de Grijalva por haber entrado en él el General Joan deGrijalva. Hecho este auctoel General con los suyos fue a la casa del caciqueque era muy sumptuosaen la cual fue muy festejadodonde en el entretanto dioa entender al señor cómo hacia el occidentemuy lejos de allíhabía unagran tierra que llamaban Españacuyo Rey era muy poderosoasí por la muchagente que teníacomo por los grandes heberes y provincias que poseíay queellos eran sus vasallos inviados por él a descubrir aquellas tierras y tractarcon los moradores dellas y enseñarles cómo no se había de creer en laspiedras ni animalesni en el solni en la lunaque ellos falsamente teníanpor diosessino en un solo Dios hacedor y criador del cielo y de la tierraalcual los españoles y cristianos adorabany que esto lo entendería adelantecon la comunicación y amistad que tendría con los españoles.

El caciqueque debía de ser de buen entendimientorespondió que el Rey delos nuestros debía de sercomo el General decíamuy poderosopues teníavasallos tan fuertes que osasensiendo tan pocosvenir a tierras extrañasllenas de tantas gentesque para uno dellos había más de tres mill; e quepues decía que había de volver por allíque él holgaba mucho dello paraentender dél como de su amigo aquella nueva religión y adoración de un soloDios que le decíay que paresciéndole taldexaría la suyaporqueverdaderamente entendía que aquellos sus dioses eran muy feos y cruelespuesles pedían sacrificios de hombres y mujeres.

No poco contento el General con la respuesta del caciquecon lágrimas yotras muestras de mucho amor se despidió dél y se tornó a embarcaracompañándole el cacique y principales hasta que se metió en el bateldesdeel cual se tornó a despedir tan amorosamente como de antes.



 

 

Capítulo IX

Cómo Grijalva se tornó a embarcar y costeó la tierra y delo demás que le acontesció.

Embarcados que fueron los nuestroscomenzaron a navegar costeando la tierracerca de la cualandadas quince leguasllegaron a la boca de un río queparescía grandeel cualporque tenía muchas palmasllamaron de ahíadelante el Río de Palmasy pasando adelantede trecho a trechovieron muycerca del agua unos bultos grandes y blancos que parescían humilladeros ooratorios. Deseando saber el General qué cosa fuesenmandó a BernardinoVázquez de Tapiasu Alférez generaly a otro hombre de cuenta que saltasenen un batel y entrando en tierra viesen qué eran aquellos bultos que tantocampeaban; y haciéndolovieron que eran unos edificios hechos de maderos yramas muy texidas a manera de tolvas de molinosa los cuales edificios sesubía por unas escalerillas muy angostas; estaban casi llenos de arenahechoen medio un hoyoel cual los moradores de aquella tierra henchían de agua dela marla cual con el gran sol que por allí hacecuajándose se volvía ensal muy buena y de muy buen gusto; gastábase mucho la tierra adentro.Prosiguiendo la navegaciónvieron los nuestros muchos ríosy algunos dellosmuy caudalesque entraban en la mary todos los díasen poniéndose el solsi la costa era limpiasurgían en ellay si no había buen surgiderometíanse en la marponiéndose al reparo.

Fue cosa maravillosacomo después acá ha parescidoque siendocomo esaquella costa tan brava y tan peligrosaque ningún navío osa en este tiempollegarse a la costa que no perezcaestoncesnavegando y surgiendo tan cercadella por tantos díasninguno perescióhabiéndose perdido después acámuchoslo cual es gran argumento de que Dios allanaba las esperezas y quitabalos peligros para que su sancto Evangelio fuese predicado en tierras tanextrañasdonde el demonio por tantos años había tiranizado aquellasmiserables gentes.

Prosiguiendo su viajepasaron cerca de unas sierrascuyas grandes peñasdaban en la mar; parescíanse entre sierra y sierra unas tierras de granfrescura y de hermosas arboledas y bocas de ríos quecon gran copia de aguaentraban en la mar. Veíanse asimismodesde las gavias de los navíoslatierra adentrootras muy grandes sierrasy lo que era llano muy fresco. Deahí a pocas leguasyendo navegando un díavieron por delante islas yarrecifes que se hacían en la mar a una parte y a otra por donde navegabanporlo cual les era forzado ir sondando con cuidado de no dar en algún baxo. Yendoasíno lexos de las naosvieron dos o tres canoas con indios que andabanpescando; el Generalcomo los viomandó saltar en un batel al Alférez conotros de la compañíapara quedando caza a las canoastomase alguna dellas;salió luego otro batel para atajarlas que no se fueseny asíse dieron tantapriesaque aunque las canoas huían muchoen breve tiempose fueron acercandoa ellas. Los indiosviendo que no se podían escabullirdexando de remartomando unas navajas de pedernal que traían en las canoascomenzáronse asacrificarsacándose sangre de las orejasnarices y lengua y de los muslos yotras partes del cuerpoofresciendo la sangre que salía al solcreo queofreciéndose a él como a su dios y defensorpuestos en aquel peligro. Estefue el primero sacrificio de sangre que los nuestros vieron en esta tierra.Tomaron los de los bateles una o dos canoas y piedras verdes y azules de pocovalor. Estas señales y derramamiento de tanta sangre dio ocasión a que losnuestros llamasen a aquella isla Isla de Sacrificios. Está de la tierra firmeun cuarto de legua. No hallando en ella persona viva de quien pudieseinformarseotro día determinó el General de saltar en tierra con los bateles;los indioscon las buenas nuevas que los indios de las canoas les habían dadosin ningún recelo vinieron a ver al Capitántrayéndole alguna comida yfructaslo cual fue gran refresco para los nuestrosporque tenían ya grannescesidad de mantenimientos. Estuviéronse todo aquel día cerca de una boca deun río pequeñode agua muy buenaque entra en la mardonde algunos selavaron y otros nadaronno hartándose de aquella agua por la nescesidad grandeque della otras veces habían pasado. A puesta del sol se volvieron a dormir alos navíos.

Otro díael Generalsaltando en tierramandó llevar muchas ropasjoyaspiedrascuentas y otras cosas de mercería para rescatar y descubrir si losindios tenían oro o plata y piedras presciosaspuestas estas cosas de rescatesobre unas mesaspara que los indios las pudiesen ver y rescatar las quequisiesen. Llegaron muchos dellos queasí por la buena conversación quehallaroncomo por lo que aquellas cosas tan nuevas a sus ojos les contentabancomenzaron a rescatar algunas dellasdando en pago unas hachas de Chinantlaque son de cobre que reluce como orode las cualescreyendo Grijalva que eraoro baxotomó muchasaunque dicen algunos que ciertas dellas tenían calzadoslos filos con oro; rescató asimismo otras cosas de pluma y algodón y algunaspiedras que los indios llaman chalcuites. Llegó Grijalva a aquellaisleta día de Sant Joany comopreguntados los indios cómo se llamabaaquella tierrarespondieron que Uluallamaron al puerto Sant Joan de Ulua.

Habiendo Grijalva rescatado las cosas que dixecreyendo ser las hachas deoro baxoy que conforme a la muchedumbre que dellas teníano podía dexar devolver muy ricotrató de volverse luego sin poblarcomo aquel que no habíaconoscido su buena venturay asíotro día llamando los Capitanes y personasprincipalesles habló en esta manera:

«Señores y amigos míos: Entendido tengo que entre nosotros hay dosparesceres; el uno contrario del otroporque algunos de vosotros sois deparescer quepor las buenas muestras que hay en esta tierrapoblemos en ellainviando alguna persona a Diego Velázquez para que nos invíe más gente ybastimentos; otrosdecís que no traigo poder para poblarsino para descubriry que a eso venistesy no a otra cosay que pues esto está hechoque osqueréis volver a Cubadonde tenéis vuestros indios y haciendasy que sivolviendoos paresciere acertada la jornadadaréis la vuelta conmigocomo lohabéis hecho. Ciertono puedo. dexar de estar dubdoso y perplexo entre dosparesceres tan diversospues cada uno dellos paresce tener razón. Mi paresceressalvo el vuestroquepues Diego Velázquez no ha inviado a Cristóbal deOlidcomo prometióque debe de querer que nos volvamos y que no poblemoshasta que vea la relación que llevamos. Estos indios son muchos y están en sutierra proveídos de lo nescesario; nosotros estamos en el ajenafaltos debastimentos y armasy no tantos cuantos seríamos menester. Podría ser quecomo gente tan diferente de la nuestrael día que nos vean hacer asientopiensen que les queremos quitar la tierray asíse levantarán contranosotrosy el negocio de la población no tendrá firmeza.»

Acabada esta pláticaAlonso de Ávila y Pedro de Alvaradoque eran deparescer contrario del de Grijalvarogándose el uno al otro para querespondiesedespués de hecho su comedimentoPedro de Alvarado dixo así:«Entendido tenemos todosseñor y valeroso Capitán nuestroque con todocuidado habrá vuestra merced mirado este negocioy que en él hay tantadificultad como parescepor lo que vuestra merced nos ha dicho; pero comoninguna cosa haya tan dubdosa ni perplexa que por entrambas partes tenga igualcontradiccióny ninguna tan cierta que no puedaen alguna manera sencontradichadebemos siemprelos que consultamostener cuenta con el provechosi va acompañado con hacer el debery asíaunque haya algunosinconvenientessi lo que se hace vale másno se ha de tener cuenta con ellos.Esto digoporque aunque expresamente Diego Velázquez no dio licencia parapoblartampoco lo prohibiósino quea la partidadelante de los más denosotros dixo: «Ya sabéisGrijalvacuánto importa este descubrimiento;hacerle heís con todo cuidadoy dél me daréis relaciónysobre todoosencomiendo quevisto lo que subcedierehagáis en todo como yo haría sipresente fuese». De las cuales palabras se vee claro que no ató a vuestramerced las manos para no poder hacer asiento en esta tierraque tantas muestrasha dado de riquezacuanto más queaunque expresamente lo vedarani Dios niSu Alteza del Reynuestro señordello serán deservidos; porque muchas vecesacontesce que cuando se hace la ley es nescesariay andando el tiemposegúnlo que se ofresceno hace mal el que la quebrantaporque el principal motivodella es el bien comúny cuando falta y se sigue dañocesa su vigory cercadestosi apretamos más el negocio¿qué pesar puede rescibir DiegoVelázquez poblando por élen nombre de Su Altezapues el descubrimiento seencamina para esto? A lo que vuestra merced dice que somos pocos y que losindios son muchosy que los más de nosotros desean volver a Cubano hay queparar en estopues estando conformespocos valemos por muchosy no somos tanpocos queinviando luego mensajero a Diego Velázquezno nos podamosentreteneraunque durase la guerra un añola cual tengo entendido que nohabráporque si los indioscon el buen tractamiento que en tan pocos díasles hemos hechonos tienen tanta voluntad¿qué harán cuando por muchos leshiciéremos buenas obras?pues el amistad no se conserva sino con buenas obrasy largo tiempo en el deseo de los de contrario parescer. Lo que se puederesponder es queasentado vuestra merced y nosotrosmudarán parescero porvergüenza o por no poder ser de los primeros en esta conquistaY si algunoshobiere que todavía porfíen en irsevayan con Dios y sirvan de mensajerosque no serán tantos que nos puedan hacer falta.»

Acabada esta pláticaAlonso Dávila y los demás Capitanes dixeron que erande aquel parescer si su merced venía en él; pero como Grijalva pensaba queestaba rico con las hachas de rescatey tenía algunos al oídoque le decíanque con el haber que llevaba podría descansar en Cubao volver a la mismaempresa con más pujanzareplicó desimuladamente que miraría el negocio yharía lo que conviniese.



 

 

Capítulo XI

Cómo Grijalva se embarcó y partió para la isla de Cuba.

Grijalvaaunque los más y más principales de su exército eran de parescerque se poblasepor haber hallado tanta comodidadse entró aquel día en losnavíos con otra ocasión de la que paresciay a la media noche dixo al pilotomayorAlaminosque alzasen anclas y se hiciesen a la vela. Lo que cerca destoalgunos dicen es queaunque topó con su buena venturano la conosciódexándola ir de entre las manos para Hernando Cortésde cuyos valerososhechos será lo principal desta historia. En esta jornada no subcedió cosa quede contar seaporque no veía Grijalva la hora de llegar a Cubapensando queiba muy rico y que había hecho mucho en llevar tan buenas y tan ricas muestrasde la tierrapara dar nuevas de las cuales se adelantó Pedro de Alvaradoyllegó por tierra primero un Joan de Cervantesque había visto venir la flotael cual dio nueva a Diego Velázquez de la venida de la flota de Grijalva. Pesómucho destocomo era razóna Diego Velázquezy más cuando supo que losmás del exército habían sido de parescer que se poblase y que hubiese sidotan para poco su sobrino que no lo hubiese hechopues había llevado tantos ytan buenos caballerosy la tierra que había descubierto era tan aparejada paraelloy asíantes que Pedro de Alvarado llegasepublicó luego que teníadeterminacióncomo lo hizode tornar con más pujanza a armar otra flota ygastar en ella toda su hacienda y la de sus amigospara lo cual comenzó atractar con Andrés de Dueroque era muy su amigo y hombre de mucha corduraaquién sería bien encargar la jornadapara que con honra saliese con laempresaporquecomo por el subceso había parescidoFrancisco Hernández deCórdobaaunque valiente y animosohabía sido desgraciadoy aunque quisierapor la poca gente que llevabano podía poblary Grijalvaaunque pudono seatrevió.

En el entretanto que él con Andrés de Duero tractaba este negocio llegóPedro de Alvarado y luego Grijalvalos cuales luego inviaron las muestras de latierra descubiertaque eran las hachas que deximoscotarasplumajesropas depluma y algodón y algunas joyas de oro y platalas cuales muestrascomopusieron nuevo ánimo a Diego Velázquez para hacer nuevo gastoasí leacrescentaron el enojo contra Grijalva; y como el que entendía que en elesfuerzo y prudencia del General consistía el buen subceso de lo queemprendíapuso al principio los ojos sobre dos o tres caballerosque el unose llamaba Vasco Porcallo y el otro Diego Bermúdez y el otro Garci Holguíndelo cual no poco se agravió Pedro de Alvaradoporque dixo que si no le hacíanGeneral no volvería a la jornadaaunque despuéspor medio de Andrés deDuerotornó a ellapor sercomo había vistodigna de emplearse en ellacualquier hombre de valor.

La elección de uno destos caballero se estorbó por las envidias Yemulaciones que entre ellos había y porque Diego Velázquez se recataba de loque le subcedió con Hernando Cortésno se le alzasen con la gobernación dela tierrade la cual los Reyes Católicospor sus cédulas y provisiones lehabían hecho Adelantadodando licencia los flaires jerónimos para que armasey descubriese y de lo así poblado tuviese cierta partecomenzó a comprarnavíos y a hacer otros muchos gastosen los cualescomo después paresció enlas cartas de pagodicen que gastó con la ayuda de sus amigosmás de cienmill ducados. Ya que en el puerto había doce muy buenos navíos y la municióny lo demás nescesario para la navegacióntornó a pensar a quiénencomendaría tan importante negocioque con fidelidadesfuerzo y seso leacometiese y saliese con él; y como en los negocios de dubda aprovecha mucho unbuen terceroAndrés de Dueroque era grande amigo de Hernando Cortésy lefavorescía y ayudaba cuanto podíaporque había conoscido dél que teníaaquellas partes que eran nescesarias para emplearle en tan buen negociodicenque de secreto dixo a Diego Velázquez que ninguno otro convenía que fuese porGeneral sino Hernando Cortésporque los demás caballeros parescíanbulliciosos y entre ellos había grandes competencias sobre quién iría; e queyendo alguno dellosse habían de quedar los demásque no habían de dexar dehacer falta; y que yendohabía de haber disensión y desgraciasy que ningunodellos estaba tan obligado a servirle como Hernando Cortéspor haberle siemprehonrado y puesto en cargos y haberle casado y hecho Alcaldey que en todo loque se había ofrescidohabía mostrado ser bien bastante para aquella jornaday que por estas y otras razones que él sabíano debía a otro que a Cortésconfiar la jornada.



 

 

Capítulo XII

Cómo Diego Velázquezpersuadido por Andrés de Dueroeligió por General de su armada a Fernando Cortés y lo que dellos se dixo.

Diego Velázquezvisto que las razones de Andrés de Duerode quien éltanto crédicto teníaeran bastantesa su parescersegún en aquel tiempoestaban las cosasdeterminó de elegir a Fernando Cortés por Capitán Generalde la Armada; y así luegoantes que con él hiciese las capitulacioneslemandó pregonar por General con trompetas y atabales. Oído por todos losvecinos de Sanctiago de Cuba el pregónno faltó quienpronosticandodixo aotros en la plaza: «Diego Velázquez ha elegido por General del Armada aHernando Cortés; él le echará el agraz en el ojo»y así luegoacabadas defirmar las capitulacionesdio a entender no haberse engañado el que dixoaquello. Comenzó Cortés a hablar a muchosconvocó a otrosasí en secretocomo en públicohaciendo a cada uno grandes promesas y no pudo recatarsetantoaunque era muy avisadoque no descubriese algo de lo que tenía en supechoque venido a noticia de Diego Velázquezno le hizo buen estómagoprincipalmente que Andrés de Cuéllarhombre ya anciano y deudo de DiegoVelázquezle había dicholuego como supo la elección: «Hijomal habéishechoporque con quien habéis tenido enojono debíades tractar negocio enque después se pueda vengarporque los hombrespor hacer su provechonotienen cuenta con muchas obras buenassi hay alguno que haya dado desgusto.

En el entretanto que estas cosas se decíanHernando Cortés adqueríaamigosgastaba lo que teníay aun se empeñabaporque sabía que en laguerra cuando gasta el Capitán es amado y tenido y hace las cosas a su gusto.Pasaron en esto veinte y cinco díase ya que la gente estaba hecha y todo apuntoquiso Diego Velázquez revocar lo hecho y señalar a Alonso de Mendozacompañero en el cargo de Alcalde de Hernando Cortés. Entendiendo esto Cortéshizo que no lo entendíay dióse toda la priesa que pudohaciendo Alférezgeneral de la gente a Villarroelque después se llamó Antón Serrano deCardona; hizo que se hiciese alarde de los que al presente estaban en Sanctiagode Cubasacando de repentesin comunicarlo con Diego Velázquezuna banderamuy hermosala cual con atambor y pífaro llevó arbolada Villarroel.

Juntáronse cincuenta hombre de pie y de caballo; difirió Cortés el dar delos demás cargos hasta que estuviesen en la Habana; fuese con esta gentegalanamente adereszado en calzas y en jubóncon la espada en la cinta y unaascona en la manoal son del atambormarchando hacia la iglesiadondediciendo la misa un flaire llamado Fray Bartolomé de Olmedode la Orden de laMercedbendixo la banderalo cual hechose volvieron en ordenanza a casa deCortésdonde estaba adereszado para todos muy bien de comer; gastaron todoslos soldados aquel día en jugar y en otros pasatiempos hasta la nochequeCortés les dio una cena tan espléndida como había sido la comida; al cabo dela cualtrabándose entre ciertos soldados una pendenciamataron a un hombreque se decía Joan de la Pilacarpintero de riberael cual había de ir en elArmada: estuvo tendido en el suelo sin que nadie le alzase ni hiciese alborotohasta que a las dos de la nocheCortéscon toda la gente que había en sucasa se fue a la iglesiay acabando de oír misa del mismo flairea las tresde la mañanatomando consigo veinte soldados se fue a la casa de Alonso deMendozay llamando a la puerta dixo a los que le respondieron: «Llamad acá alseñor Alonso de Mendozaque le quiero hablar.» Dende a poco salió Alonso deMendoza armado con una hacha encendida delante; mandó abrir la puertasaludáronse amigablementeapartáronse a solas y hablaron más de una hora ensecreto. Créese que lo que con él tractó fue decir que Diego Velázquezestaba arrepentido y que no sabía por qué; que él no dexaría la jornadaporque su corazón le daba que había de ser muy próspera y que había de tenermuy buen fin; y que si en algo se pusiese Diego Velázquezque le suplicabapues era Alcalde y compañerole favorescieseporque adelante se lo pagaría.Estas y otras palabras se cree que Cortés dixo a Alonso de Mendozapor otrasque él después dixo a algunos de sus amigos.



 

 

Capítulo XIII

Cómo Hernando Cortés se hizo a la velay de la plática quehizo a sus soldados.

Vuelto Cortés a su posadano con poco contento de lo que había tractadocon Alonso de Mendozaestando juntos todos los soldadosque serían hastaochentarogándoles que con cuidado le oyesenles habló desta manera:«Señores y amigos míos: Sí tuviésedes como yo entendido la buena dicha yventura que en esta jornada que emprendemos se nos prometeninguna habría devosotros que ya no le pesase de estar más aquíporque aliende de lo quevosotros sabéis de la riqueza y prosperidad de aquella tierra que FranciscoHernández y Joan de Grijalva dexaron para nosotroshay otras muchas razonesque os deben mover para embarcarnos muy contentos: primeramenteser losprimeros quepoblandoplantaréis la fee católica y pondréis en policíaaquella gente bárbaraque es tanta en número que no se puede numerar; SuMajestad del Reynuestro señortendrá cuenta con vuestras personas como conprimeros conquistadores; daros ha rentahaceros ha señoresde vasallos yhonraros hacomo confío que harácuando sepa vuestros señalados servicios.Esta isla está ya tan llena de genteque para vuestras personas no hay lo quemereséis; razón será quecomo valerososbusquéis vuestra fortuna y osenseñoréis dellaque yo hallo que muchas veces acude y responde a los buenospensamientos cuando por los medios que convienen se ponen por obra; navíostenemos y todolo nescesario para la jornada; no falta sino que con alegreánimo acometamos este negocio; conoscido me tenéis en paz y en guerraque conmi poca posibilidad no os he faltado; menos os faltaré ahorapues tengo máspoder para haceros mejores obras e yo más nescesidad del ayuda de vuestraspersonasque yo no puedo pelear más de por un hombre; y si con alguna razónvosotros tenéis contento de llevarme por vuestro caudillomucho mayor le tengoyo de llevaros por compañerospues sé que ni en fidelidad ni esfuerzoqueson dos cosas principales en el buen soldado y con las cuales la guerra se hacedichosamente no debéis dar ventaja a otros muchos. Diego Velázquezpor ruinesterceros desconfía de míy no tiene razónporque mi intento es de servir aDios y al Reycomo leal vasallo; y que en esto yo me quiera adelantarno debepesar a alguno. Si a la partidaque será luegohobiere algún estorboestadadvertidos que no habéis de consentir que de las manos se os vaya la buenaventura.»

Acabada esta pláticael Alférez y otros principalesen nombre de losdemásle dieron las graciasy lo que le respondieron en pocas palabrasdecía así: «Señor y Capitán nuestro: Ni queremos ser soldados de otronique otro sea nuestro Capitán; y pues decíscomo lo entendemosqueemprendemos negocio en que tendremos buena dicha y venturacomenzadle vosprimerocomo caudillo nuestroy salgamos ya de aquí para donde nuestra buenaventura nos llama.»

Dichas estas palabrasHernando Cortés salió de casaen la delanteraconsu gente en ordenque le seguía; baxó por una cuesta abaxo que daba en lalengua del aguaen la cual estaban ya esperando los bateles; mandó que seembarcasen poco a pocoe ya que los más estaban embarcadosque no quedabancon él sino cinco o seis soldadosllegó Diego Velázquezcaballero en unamulacon cuatro mozos de espuelas españoles y la color algo mudada; aunque élse reportó cuanto pudodixo a Cortés: «Hijo¿qué es esto que hacéis?;¿qué mudanza es ésta?; ¿para qué os embarcáis sin tener pan y otras cosasnescesarias para la jornada? Deteneospor vida vuestrahasta mañanaque demis estancias se traerá pan y carne y lo demás que menester fuereporque noquerría que vos y los que con vos van padesciesen nescesidad.» Cortés lerespondiócon determinación de no volver atrásatendiendo al fin con queDiego Velázquez le rogaba que se detuviese: «Señorbeso a vuestra merced lasmanosque no hay al presente tanta nescesidadporque los navíos están bienproveídosy donde yo voy no padecerán mis soldados nescesidadque bien sabevuestra merced que para mí y para ellos lo sabré buscar.» Calló DiegoVelázquezno sabiendo qué se hacery porque no se le desmandase Cortésnole replicó.

En esto llegó el batel de la capitanay entrando en él con los soldadosquitando el sombrero a Diego Velázquezle dixo: «SeñorDios quede convuestra mercedque yo voy a servir a Dios y a mi Reyy a buscar con estos miscompañeros mi ventura.» Así se metió en la capitanay Diego Velázquezmuyenojadoaunque lo disimuló cuanto pudose volvió a su casa. Cortés luego semetió a la marmandando soltar un tiroque era señal para que todas lasdemás velasque eran doce entre chicas y grandeshiciesen lo mismo ysiguiéndolese juntasen con él. Y porque Gómaraque siguiendoa Motolineadicepor no haber sido bien informado ni viocomo yolas capitulaciones queentre Diego Velázquez y Cortés se hicieronque Hernando Cortés iba porcompañero y no por Teniente de Diego Velázquezy que había gastado con DiegoVelázquez mucha cantidad de pesos de oropara hacer lo que debo a la verdad dela historiay para que conste el gran valor de Hernando Cortéspondré al piede la letra las capitulaciones que con él hizo Diego Velázquezy pues en eldiscurso de todo lo de adelante tengo de tener principal cuenta con tanexcelente Capitánantes que prosiga su navegación y jornadadiré quién fuey las cosas que le acontescieron en Cubapara quecomo yo le oí muchas vecesdecirlos hombres entiendan que después de Diosde su buen sesodiligencia yvalorhan de hacer caudal para venir a ser estimadoscomo ello fuenoestribandocomo algunos hacenen la virtud ajena; pensando por ella merescerla gloria que por ella alcanzó el que primero la tuvo.



 

 

Capítulo XIV

Del treslado de las capitulaciones que entre Diego Velázquezy Hernando Cortés pasaron.

Y porque el que leyere esta historiallegando a este capítulono juzgueatrevidamenteparesciéndole que me contradigoes de saber que aunque en loque antes tengo escripto dixe que las capitulaciones e instruición que DiegoVelázquez hizo con Hernando Cortés fue después que tuvo nueva de un Joan deCervantes y de Pedro de Alvarado de la venida de Grijalvapasa así quecreyendo Diego Velázquezcomo paresce por la cabeza desta instruiciónque laarmada de Grijalva debía estar en algún riesgodeterminó de proveerla con laque luego armó con Hernando Cortésy al mismo tiempo que se hizo estainstruición Pedro de Alvarado estaba ya en la costa de Cuba; de manera quecuando esta instrucción se publicócomo dixeya había nueva de la venida deGrijalvaaunque cuando se ordenó estuvo secreta; que de lo uno a lo otro hubomuy pocos días. Dicepuesla instruición así:

«Por cuanto yoDiego VelázquezAlcaide y Capitán general e Repartidor delos caciques e indios desta Isla Fernandinapor Sus Altezasetc.invié losdías pasadosen nombre y servicio de Sus Altezasa ver y bojar la isla deYucatánSancta María de los Remediosque nuevamente había descubiertoy adescubrir lo demás que Dios Nuestro Señor fuese servidoy en nombre de SusAltezastomar la posesión de todouna Armada con la gente nescesariaen quefue y nombré por Capitán della a un Joan de Grijalvavecino de la villa de laTrinidad desta islael cual me invió una carabela de las que llevabaporquehacía mucha aguay en ella cierta gente que los indios en la dicha SanctaMaría de los Remedios le habían heridoy otros adolescidosy con la razónde todo lo que le había ocurrido hasta otras islas e tierras que de nuevodescubrió; e la una es una isla que se dice Cozumely le puso por nombreSancta Cruzy la otra es una tierra grande que parte della se llama Ulúaquepuso por nombre Sancta María de las Nievesde donde me invió la carabela ygente y me escribió cómo iba siguiendo su demandaprincipalmente a saber siaquella tierra era isla o tierra firmee ha muchos días que de razón habíade haber sabido nuevas délhasta hoy no se sabeque debe de tener o estar enalguna extrema nescesidad de socorro; e asimismoporque una carabela que yoinvié al dicho Joan de Grijalva desde el puerto desta ciudad de Sanctiagoparaque con él y la Armada que llevaba se juntase en el puerto de Sant Cristóbalde la Habanaporque estuviese muy más proveído de todoy como al servicio deDios y de Sus Altezas convenía fuesecuando llegó adonde pensó hallar aldicho Joan de Grijalvano le halló porque se había hecho a la vela y era idocon toda el Armadapuesto que dexó aviso del viaje que la dicha carabelahabía de llevar; y como la dicha carabela en que iban ochenta o noventahombresno halló la dicha Armadatomó el dicho aviso y fue en seguimientodel dicho Joan de Grijalva; y según paresce y se ha sabido por relación de laspersonas heridas y dolientes que el dicho Joan de Grijalva me invióno sehabía juntado con él ni della había sabido ninguna nuevani los dichosdolientes y heridos la supieron a la vueltapuesto que vinieron mucha parte delviaje costa a costa de la isla de Sancta María de los Remediospor dondehabía idode que se presume que con tiempo forzoso podrían decaer haciatierra firme o llegar a alguna parte donde los dichos ochenta hombres podríancorer detrimento por el navíoo por ser pocosopor andar perdidos en buscadel dicho Joan de Grijalvapuesto que iban muy bien pertrechados de todo lonescesario; y demás destoporque después que con el dicho Joan de Grijalvainvié la dicha Armadahe sido informado de muy cierto por un indio de los dela dicha isla de YucatánSancta María de los Remedioscómo en poder deciertos caciques principales della están seis cristianos captivos y los tienenpor esclavos y se sirven dellos en sus haciendasque los tomaron muchos díasha de una carabela que con tiempo forzoso por allí aportó perdidaque se creeque alguno dellos debe ser NicuesaCapitán que el muy católico Rey donFernandode gloriosa memoriamandó ir a Tierra Firme; y redimirlos serágrandísimo servicio de Dios Nuestro Señor y de Sus Altezas. Por todo lo cualparesciéndome que al servicio de Dios Nuestro Señor y de Su Alteza conveníaenviar así en seguimiento y socorro de la dicha Armada que el dicho Joan deGrijalva llevóy busca de la dicha carabelaque tras él en su seguimientofuecomo a redemirsi posible fueselos dichos cristianosque en poder delos dichos indios están captivosacordéhabiéndolo muchas veces mirado ypensadopesado y platicado con personas cuerdasde inviarcomo invíootraArmada tal y tan bien bastecida y aparejadaasí de navíos e mantenimientoscomo de gente y todo lo demás para semejante negocio nescesario; que si porcasoa la gente de la otra primera Armada y de la carabela que fue en suseguimientohallase en alguna parte cercada de infielessea bastante para lasocorrer e decercar; e si ansí no los hallarepor sí sola pueda seguramenteandar y calar seguramente en su busca todas aquellas Indias e islas y tierras ysaber el secreto dellas y hacer todo lo demás que al servicio de Dios NuestroSeñor cumpla a al de Sus Altezas convenga; y para ello he acordado de laencomendar a vosHernando Cortése os inviar por Capitán dellaporque porexperiencia que de vos tengo del tiempo que en esta isla en mi compañíahabéis servido a Sus Altezasconfiando que sois persona cuerda y que con todaprudencia y celo de su real servicio daréis buena cuenta y razón de todo loque por míen nombre de Sus Altezasos fuere mandado acerca de la dichanegociacióny la guiaréis y encaminaréis como más al servicio de DiosNuestro Señor y de Sus Altezas convenga; y porque mejor guiada la negociaciónde todo vayalo que habéis de hacer es mirar e con mucha vigilancia y cuidadoinquerir e saberes lo siguiente:

«Primeramenteel principal motivo que vos y todos los de vuestra compañíahabéis de llevar es y ha de serpara que en este viaje sea Dios Nuestro Señorservido y alabadoy nuestra sancta fee católica ampliadaque no consentiréisque ninguna persona de cualquier calidad y condisción que sea diga mal a DiosNuestro Señor ni a su sanctísima Madre ni a sus sanctosni diga otrasblasfemias contra su sanctísimo nombre por ninguna ni alguna maneralo cualante todas cosas les amonestaréis a todos; y a los que semejantes delictoscometierencastigarlos heis conforme a derecho con toda la más riguridad queser pueda.

«Itemporque más cumplidamente en este viaje podáis servir a Dios NuestroSeñornoconsentiréis ningún pecado públicoasí como amancebadospúblicamenteni que ninguno de los cristianos de vuestra compañía hayaacceso ni coito carnal con ninguna mujer fuera de nuestra leyporque es pecadoa Dios muy odiosoy las leyes divinas y humanas lo prohiben; y proscederéiscon todo rigor contra el que tal pecado o delicto cometierey castigarlo heisconforme a derecho por las leyes que en tal caso disponen.

«Itemporque en semejantes negociostoda concordia es muy útil yprovechosay por el contrariolas disensiones y discordias son dañosasy delos juegos de naipes y dados suelen resultar muchos escándalos y blasfemias deDios y de sus sanctostrabajaréis de no llevar ni llevéis en vuestracompañía personas algunas que se crea que no son muy celosas del servicio deDios Nuestro Señor y de Sus Altezasy tengáis noticia que es bullicioso yamigo de novedades e alborotadory defenderéis que en ninguno de los navíosque lleváis haya dados ni naipesy avisaréis dello así a la gente de la marcomo de la tierraimponiéndoles sobre ello ciertas penaslas cualesexecutaréis en las personas que lo contrario hicieren.

«Itemdespués de salida el Armada del puerto desta ciudad de Sanctiagotendréis mucho aviso y cuidado de que en los puertos que en esta IslaFernandina saltáredesno haga la gente que con vos fuere enojo alguno ni tomecosa contra su voluntad a los vecinosmoradores e indios della; y todas lasveces que en los dichos puertos saltáredeslos avisaréis dello conapercebimiento que serán muy bien castigados los que lo contrario hicieren; esi lo hicierencastigarlos heis conforme a justicia.

«Itemdespués que con el ayuda de Dios Nuestro Señor hayáis rescebidolos bastimentos e otras cosas que en los dichos puertos habéis de tomaryhecho el alarde de la gente e armas que lleváis de cada navío por símirandomucho en el registrar de las armasno haya los fraudes que en semejantes casosse suelen hacerprestándoselas los unos a los otros para el dicho alarde; edada toda buena orden en los dichos navíos e gentecon la mayor brevedad queser puedaos partiréis en el nombre de Dios a seguir vuestro viaje.

«Itemantes que os hagáis a la velacon mucha diligencia miraréis todoslos navíos de vuestra conservae inquiriréis y haréis buscar por todas lasvías que pudierdessi llevan en ellos algunos indios e indias de los naturalesdesta isla; e si alguno hallardeslo entregad a las justiciaspara que sabidaslas personas en quien en nombre de Su Alteza están depositadosse los vuelvany en ninguna manera consentiréis que en los dichos navíos vaya ningún indioni india.

«Item después de haber salido a la mar los navíos y metidas las barcasiréis con la barca del navío donde vos fuéredes a cada uno dellos por síllevando con vos un escribanoe por las copias tornaréis a llamar la gente decada navío según la tenéisrepartidapara que sepáis si falta alguno delos contenidos en las dichas copias que de cada navío hobiéredes hechoporquemás cierto sepáis la gente que lleváis; y de cada copia daréis un tresladoal Capitán que pusierdes en cada navíoy de las personas que halláredes quese asentaron con vos y les habéis dado dineros y se quedarenme inviaréis unamemoria para que acá se sepa.

«Itemal tiempo que esta postrera vez visitáredes los dichos navíosmandaréis y apercibiréis a los Capitanes que en cada uno dellos pusierdesy alos Maestres y piloto que en ellos van y fueren e cada uno por sí e a todosjuntostengan especial cuidado de seguir e acompañar el navío en que vosfuéredese que por ninguna vía y forma se aparten de vosen manera que cadadía todos os hableno a lo menos lleguen a vista y compás de vuestro navíopara que con ayuda de Dios Nuestro Señor lleguéis todos juntos a la isla deCozumeldonde será vuestra derecha derrota y viajetomándoles sobre elloante vuestro escribano juramento y poniéndoles graves y grandes penas; e si porcasolo que Dios no permitaacaesciese que por tiempo forzoso o tormenta de lamar que sobreviniesefuese forzado que los navíos se apartasen y no pudiesenir en la conserva arriba dicha y allegasen primero que vos a la dicha islaapercebirles heis e mandaréis so la dicha pena que ningún Capitán ni Maestreso la dicha penani otra persona alguna de los que en los dichos navíos fueresea osada de salir dellos ni saltar en tierra por ninguna vía ni manerasinoque antes siempre se velen y estén a buen recaudo hasta que vos lleguéis; yporque podría ser que vos o los que de vos se apartasen con tiempollegasen ala dicha islamandarles heis y avisaréis a todosque a las nochesfaltandoalgún navíohagan sus faroles por que se vean y sepan los unos de los otros;y asimismovos lo haréis si primero llegardesy por donde por la marfuéredesporque todos os sigan y vean y sepan por dónde vais; y al tiempo quedesta isla os desabrazáredesmandaréis que todos tomen aviso de la derrotaque han de llevary para ello se les de su instruición y avisoporque en todohaya buena orden.

«Itemavisaréise y mandaréis a los dichos Capitanes y Maestres y a todaslas otras personas que en los dichos navíos fuerenque si primero que vosllegaren a algunos de los puertos de la dicha isla algunos indios fueren a losdichos navíosque sean dellos muy bien tractados y rescebidosy que porninguna vía ninguna personade ninguna manera e condisción que seasea osadode les hacer agravioni les decir cosa de que puedan rescebir sinsabor ni a loque vaissalvo como están esperandoy que vos les diréis a ellos la causa devuestra venida; ni les demanden ni enterroguen si saben de los cristianos que enla dicha isla Sancta María de los Remedios están captivos en poder de losindiosporque no los avisen y los mateny sobre ello pondréis muy recias ygraves penas.

«Itemdespués que en buen hora llegardes a la dicha isla Sancta Cruzsiendo informado que es ellaasí por información de los pilotos como porMelchiorindio natural de Sancta María de los Remediosque con vos lleváistrabajaréis de ver y sondar todos los más puertos y entradas y aguadas quepudiéredes por donde fuéredesasí en la dicha isla como en la de SanctaMaría de los Remedios e Punta LlanaSancta María de las Nievesy todo lo quehalléredes en los dichos puertos haréis asentar en las cartas de los pilotosy a vuestro escribano en la relación que de las dichas islas y tierras habéisde hacerseñalando el nombre de cada uno de los dichos puertos e aguadas e delas provincias donde cada uno cayerepor manera que de todo hagáis muycumplida y entera relación.

«Itemllegado que con ayuda de Dios Nuestro Señor seáis a la dicha islade Sancta CruzCozumelhablaréis a los caciques e indios que pudierdes dellay de todas las otras islas y tierras por donde fuéredesdiciéndoles cómo vosis por mandado del Reynuestro señora los ver y visitary darles heis aentender cómo es un Rey muy poderosocuyos vasallos y súbdictos nosotros yellos somose a quien obedescían muchas de las generaciones deste mundoe queha sojuzgado y sojuzga muchas partidas déluna de las cuales son en estaspartes del mar Océano donde ellos e otros muchos estány relatarles heis losnombres de las tierras e islas; conviene a sabertoda la costa de Tierra Firmehasta donde ellos estáne la Isla Españolae Sant Joan e Jamaica y estaFernandina y las que más supierdes; e que a todos los naturales ha hecho y hacemuchas mercedesy para estoen cada una dellastiene sus Capitanes e genteeyopor su mandadoestoy en esta Isla; y habida información de aquella adondeellos estány en su nombreos invíopara que les habléis y requiráis sesometan debaxo de su yugoservidumbre e amparo reale que sean ciertos quehaciéndolo así e serviéndole bien y lealmenteserán de Su Alteza y de míen su nombre muy favorescidos y amparados contra sus enemigose decirles heiscómo todos los naturales destas islas ansí lo haceny en señal de serviciole dan y envían mucha cantidad de oropiedrasplata y otras cosas que ellostienen; y asimismo Su Alteza les hace muchas mercedese decirles heis que ellosasimismo lo hagany le den algunas cosas de las susodichas e de otras que ellostenganpara que Su Alteza conozca la voluntad que ellos tienen de servirle ypor ello los gratifique. También les diréis cómo sabida la batalla que elCapitán Francisco Hernándezque allá fuecon ellos huboa mí me pesómucho; y porque Su Alteza no quiere que por él ni sus vasallos ellos seanmaltratadosyo en su nombre os invío para que les habléis y apacigüéis yles hagáis ciertos del gran poder del Rey Nuestro señore que si de aquíadelante ellos pacíficamente quisieren darse a su servicioque los españolesno tendrán con ellos batallas ni guerrasantes mucha conformidad e pazeserán en ayudarles contra sus enemigose todas las otras cosas que a vos osparesciere que se les debe decir para los atraer a vuestro propósito.

«Itemporque en la dicha isla de Sancta Cruz se ha hallado en muchas partesdellay encima de ciertas sepolturas y enterramientos cruceslas cuales dizque tienen entre sí en mucha veneracióntrabajaréis de saber a inquerir portodas las vías que ser pudiere e con mucha diligencia y cuidado lasignificación e por qué la tienen; y si la tienenpor que hayan tenido otengan noticia de Dios Nuestro Señore que en ella padesció hombre algunosysobre esto pondréis mucha vigilanciay de todo por ante vuestro escribanotomaréis muy entera relaciónasí en la dicha isla como en cualesquier otrasque la dicha cruz halláredes por donde fuéredes.

«Itemtendréis mucho cuidado de inquerir y saber por todas las vías yformas que pudiéredessi los naturales de las dichas islas o de algunas dellastengan alguna secta o creencia o ricto o cerimonia en que ellos creen o adoreno si tienen mesquitas o algunas casas de oracióno ídolos o otras semejantescosasy si tienen personas que administren sus cerimoniasasí como alfaquíso otros ministrosy de todo muy por extenso traeréis ante vuestro escribanoentera relaciónpor manera que se le pueda dar fee.

«Itempues sabéis que la principal cosa que Sus Altezas permiten que sedescubran tierras nuevases para que tanto número de ánimas como deinnumerable tiempo acá han estado y están en estas partes perdidas fuera denuestra sancta feepor falta de quien della les dé conoscimiento verdaderotrabajaréis por todas las maneras del mundosi por caso tantaconversacióncon los naturales de las islas e tierras donde vais tuvierdespara les poderinformar dellacómo conozcana lo menoshaciéndoselo entender por la mejorvía e orden que pudierdescómo hay un solo Dios verdaderocriador del cieloy de la tierra y de todas las otras cosas que en el cielo y en el mundo sonydecirles heis todo lo demás que en este caso pudierdes y el tiempo para ellodiere lugary todo lo demás que mejor os paresciere que al servicio de DiosNuestro Señor y de Sus Altezas conviene.

«Itemllegados que a la dicha isla de Sancta Cruz seáis e por todas lasotras tierras por donde fuéredestrabajaréis por todas las vías quepudiéredes de inquerir y saber alguna nueva del Armada que Joan de Grijalvallevóporque podría ser que el dicho Joan de Grijalva se hobiese vuelto aesta isla e tuviesen ellos dello nueva y lo supiesen de ciertoe que estuviesenen alguna parte o puerto de la dicha isla; e asimismopor la misma ordentrabajaréis de saber nueva de la carabela que llevó a su cargo Cristóbal deOlidque fue en seguimiento del dicho Joan de Grijalva. Sabréis si llegó a ladicha islae si saben qué derrota llevóe si tienen noticia o alguna nuevadella e adónde están y cómo.

«Itemsi dieren nueva o supiéredes nuevas de la dicha Armada que está porallítrabajaréis de juntaros con ellay después de juntossi hubiéredessabido nueva alguna de la dicha carabeladaréis orden y concierto para quequedando todo a buen recaudo o avisados los unos de los otros de adónde ospodréis esperar y juntarporque no os tornéis a derramare concertaréis conmucha prudencia cómo se vaya a buscar la dicha carabela e se traiga adondeconcertáredes.

«Itemsi en la dicha isla de Sancta Cruz no supiéredes nueva de que elArmada haya vuelto por ahí o esté cercay supiéredes nuevas de la dichacarabelairéis en su buscay hallado que la hayáistrabajaréis de buscar ysaber nuevas de la dicha Armada que Joan de Grijalva llevó.

«Itemhecho que hayáis todo lo arriba dichosegún y como la oportunidaddel tiempo para ello os diere lugarsi no supiéredes nuevas de la dicha Armadani carabela que en su seguimiento fueiréis por la costa de la isla deYucatánSancta María de los Remediosen la cualen poder de ciertoscaciques están seis cristianossegún y como Melchiorindio natural de ladicha islaque con vos lleváisdice que os diráy trabajaréis por todaslas vías y maneras que ser pudiere por haber los dichos cristianos por rescateo por amoro por otra vía donde no intervenga detrimento dellos ni de losespañoles que lleváis ni de los indiosy porque el dicho Melchiorindionatural de la dicha islaque con vos lleváisconoscerá los caciques que lostienen captivosharéis que el dicho Melchior sea de todos muy bien tractado yno consentiréis que por ninguna vía se le haga mal ni enojoni que nadiehable con élsino vos solo y mostrarle heis mucho amor y hacerle heis todaslas buenas obras que pudiéredesporque él os le tenga y os diga La verdad detodo lo que le preguntáredes y mandáredesy os enseñe y muestre los dichoscaciques; porque como los dichos indios en caso de guerra son mañosospodríaser que nombrasen por caciques a otros indios de poca manerapara que por elloshablasen y en ellos tomasen experiencia de lo que debían de hacer; y por lo queellos dixesen e tiniendo al dicho Melchior buen amorno consentirá que se noshaga engañosino que antes avisará de lo que viereypor el contrarioside otra manera con él se hiciere.

«Itemtendréis mucho aviso y cuidado de que a todos los indios de aquellaspartes que a vos vinierenasí en la mar como en la tierraadondeestuviéredesa veros y hablaros o a rescatar o a otra cualquier cosasean devos y de todos muy bien tratados y rescebidosmostrándoles mucha amistad eamor e animándolos según os paresciere que el caso o a las personas que a vosvinieren lo demanday no consentiréisso graves penasque para ellopondréisque les sea hecho agravio ni desaguisado algunosino antestrabajaréis por todas las vías y maneras que pudiéredescómo cuando de vosse partieren vayan muy alegrescontentos y satisfechos de vuestra conversacióny de todos los de vuestra compañíaporque de hacerse otra cosa Dios NuestroSeñor y Sus Altezas podrían ser muy deservidosporque no podría haber efectovuestra demanda.

«Itemsi antes que con el dicho Joan de Grijalva os juntáradesalgunosindios quisieren rescatar con vos algunas cosas de las que vos lleváisporquemejor recaudo haya en todas las cosas de rescate y de lo que dello se hobiesellevaréis una arca de dos o tres cerraduras y señalaréis entre los hombres debien de vuestra compañía los que os paresciere que más celosos del serviciode Sus Altezas seanque sean personas de confianzauno para Veedor y otra paraTesorero del rescate que se hobiese y rescatáredesasí de oro como de perlaspiedras presciosasmetales e otras cualesquier cosas que hobiere; y si fuere elarca de tres cerradurasla una llave daréis que tenga el dicho Veedor y laotra el Tesoreroy la otra tendréis vos o vuestro Mayordomoy todo se meterádentro de la dicha arca y se rescatará por ante un escribano que dello de fee.

«Itemporque se ofrescerá nescesidad de saltar en tierra algunas vecesasí a tomar agua y leña como a otras cosas que podrían ser menestercuandola tal nescesidad se ofrescierepara que sin peligro de los españoles se puedahacerinviaréiscon la gente que a tomar la dicha agua y leña fuereunapersona que sea de quien tengáis mucha confianza y buen conceptoque seapersona cuerdaal cual mandaréis que todos obedezcany miraréis que la genteque así con él enviardes sea la más pacífica y quieta y de más confianza ycordura que vos pudiéredes y la mejor armaday mandarles heis que en su salidao estada no haya escándalo ni alboroto con los naturales de la dicha islaymiraréis que salgan e vayan muy sin peligroy que en ninguna manera duerman entierra ninguna noche ni se alexen tanto de la costa que en breve no puedanvolver a ellaporque si algo les acaeciere con los indiospuedan de la gentede los navíos ser socorridos.

«Itemsi por caso algún pueblo estuviere cerca de la costa de la mary enla gente del viéredes tal voluntad que os parezca que seguramentepor suvoluntad e sin escándalo dellos e peligro de los nuestrospodáis ir a verle eos determináredes a ellollevaréis con vos la gente más pacífica e cuerda ybien armada que pudiéredesy mandarles heis ante vuestro escribano que ningunosea osado de tomar cosa ninguna a los dichos indiosde mucho ni poco valornipor ninguna vía ni maneraso graves penas que cerca dello les pondréisnisean osados de entrar en ninguna casa dellos ni de burlar con sus mujeresni detocar ni llegar a ellasni les hablarni decirni hacer otra cosa de que sepresuma que se pueden resabiarni se desmanden ni aparten de vos por ningunavía ni manerani por cosa que se les ofrezcaaunque los indios salgan a voshasta que vos les mandéis lo que deben hacersegún el tiempo y nescesidad enque os hallardes e viéredes.

«Itemporque podrá ser que los indiospor os engañar y matarosmostraran buena voluntad e incitaran a que vais a sus pueblostendréis muchoestudio y vigilancia de la manera que en ellos veáis; y si fuéredesiréissiempre muy sobre avisollevando con vos la gente arriba dicha y las armas muya recaudoy no consentiréis que los indios se entremetan entre los españolesa lo menos muchossino que antes vayan y estén por su partehaciéndolesentender que lo hacéis porque no queréis que ningún español les haga ni digacosa de que resciban enojo; porque viéndose entre vosotros muchos indiospueden tener cabida para que abrazándose los unos con vosotrossalgan losotrosque como son muchos podríades correr peligro y perescery dexaréis muyapercibidos los navíosasí para que estén a buen recaudocomo para que sinescesidad se os ofrescierepodáis ser socorrido de la gente que en ellosdexáisy dexarles heis cierta señaasí para que ellos hagansi ennescesidad se vierencomo para que vos la hagáis si la tuviéredes.

«Itemhabido queplaciendo a Nuestro Señorhayáis los cristianos que enla dicha isla de Sancta María de los Remedios están captivosy buscado quepor ella hayáis la dicha armada y la dicha carabelaseguiréis vuestro viaje ala Punta Llanaque es el principio de la tierra grande que ahora nuevamente eldicho Joan de Grijalva descubrióy correréis en su busca por la costa dellaadelantebuscando todos los ríos y puertos della hasta llegar a la bahía deSant Joan y Sancta María de las Nievesque es desde donde el dicho...



 

 

Capítulo XV

De quién fue Hernando Cortés y de sus costumbres y linaje.

Fue Hernando Cortésa quien Dios con los de su compañía tomó porinstrumento para tan gran negocionatural de la villa de Medellínque es enExtremadurauna de las mejores provincias de España. Fue hijo de MartínCortés de Monroyno ricoaunque de noble castay de D.ª Catalina Pizarrodel alcunia de los Pizarros y Altamiranostambién noble. Nasció en el año demill e cuatrocientos y ochenta y cinco. Diéronle sus padres a criar a un amacon menos aparato del que después el valor de su persona le dio. Criósesiempre enfermoy tanto que muchas veces llegó a punto de morir.

Dicen que su amasiendo muy devota del apóstol Sant Pedrose lo ofresciócon gran devoción con ciertos sacrificios dignos de mujer cristiana que hizoyasí piadosamente se cree que por tomarle la piadosa mujer por intercesor yabogadode ahí adelante convaslesció; por lo cualdespués que vino a losaños de discrecióntuvo siempre especial devoción al apóstol Sant Pedrotomándole por su intercesor y abogadode tal manera que desde que tuvo algunaposibilidadcada año lo mejor que él podía celebraba su fiesta. Siendo deedad de catorce años le inviaron sus padres a Salamancadonde en breve tiempoestudió Gramáticaporque era muy hábil; quisieran sus padres que siguiera elestudio de las leyesmas como su ventura le llamaba para empresa tanimportantedexando el estudio por ciertas cuartanas que le dieronde lascuales sanó dentro de ciertos mesesque volvió a su tierraen este comedioel Comendador de Lares se aprestaba para pasar a las Indias. Cortés era ya dediez a nueve años; pidió licencia a sus padresla cual le dieron de buenaganaporque entendían del que era inclinado a la guerra y había mostrado enalgunas cosas que se le ofrescieron queprosiguiéndolasería valeroso enella.

Fletóse en un navío de Alonso Quinteroque iba en conserva de otros cuatronavíos; llegaron todos juntos a las Canariasy en la Gomerahecha oración aSancta María del Pasotomaron refresco. Alonso Quinterocodicioso de venderbien sus mercadurías en la isla de Sancto Domingosin dar dello noticia a suscompañerosse hizo a la vela una noche. Poco después le hizo tan recio tiempoque le volvió al puerto de do había salidoquebrado el mástil. Rogó a loscompañexos que mientras le adereszabale esperasen; hiciéronloaunque no selo debían; partieron todos juntosy después de haber navegado así muchosdíasviendo Quintero el viento prósperoengañado con la cobdiciaqueengaña a muchostornó a adelantarsey como aquella navegación era nueva ylos pilotos eran poco diestros en ellavino Quintero a dar adonde no sabía siestaba bien o mal. No pudo disimular la turbación y tristeza. Visto estolospasajeros se entristecieron muchoy los marinerosno menos turbadossedescargaban de la culpa echándola los unos a los otros. Los bastimentos lescomenzaron a faltary el agua que traían vino a ser tan poca que no bebíansino de la llovediza cogida en las velasque por esto era de peor gusto.Cresciendo los trabajoscrescía en todos la confusión y turbación;animábalos el mozo Cortéscomo el que se había de ver en otros mayoresaprietos.

Estando así confusos e ya más congoxosos de la salud del ánima que delcuerpotemerosos de dar en tierra de caribes do fuesen comidosel Viernessanctocuyo día y lugar los hacía más devotosvino una paloma al navíoasentóse sabre la gaviaque parescía a la que vino a Noé con el ramo de laoliva; lloraban todos de placer y daban gracias a Dioscreyendo que estabancerca de tierra; voló luego la paloma y ellos endereszaron el navío hacia dola paloma ¡ba volandosiguiendo este norte y estrella. El primero día dePascua de Resurrecciónel que velaba descubrió tierradiciendo a grandesvoces «¡tierra!¡tierra!»nuevaporciertoa los que andan perdidos porla marde grandísima alegría y contentocon la cual Cortésaunque mostróplacerno fue tan grande que diese muestra de haber temido como los demás.

El piloto reconosció la Punta de Semanay desde a tres o cuatro díasentraron en el puerto de Sancto Domingopara ellos muy deseadodo hallaron lasotras cuatro naos que había muchos días que estaban en el puerto. Otros diceny tiénese por ciertoque antes que Cortés se determinase de hacer estajornadapidió licencia a sus padres para seguir la guerra en el reino deNápoles; y queo por ir tan pobre de posibilidad cuanto rico de pensamientoso porque la edad entonces hacía su oficiollegando a Valencia mudópropósitode adonde se volvió a sus padres e hizo la jornada que hemos dicho.



 

 

Capítulo XVI

Do se prosigue lo que el pasado promete.

Pasados estos y otros trabajossin los cuales pocas veces los hombres vienena tener estimasaltó Cortés en Sancto Domingoy derecho se fue a casa de DonNicolás de OvandoComendador de LaresGobernador que estonces era de la isla;y después de haberle besado las manos y dicho que era de Extremadurale diociertas cartas de recomendación. El Comendador le rescibió graciosamenteydespués de haberle preguntado algunas particularidades de la tierrale dixoque se fuese con Dios a su posada y que si algo se le ofresciese en que pudieseser aprovechadose lo dixesenporque lo haría de buena voluntad. Con esto sedespidió Cortésbesándole las manos por el ofrescimientoy de ahíadelanteaunque estaba muy pobrey tanto quede una capa se servían tresamigos para salir a negociar a la plazase dio luego al trabajo de las minas yotras granjerías de la tierratomando algún principio para el fin tan dichosoque sus grandes pensamientos prometían.

Dicen otros que saltando en tierrano halló en la ciudad de Sancto Domingoal Comendador a quien llevaba las cartasy que su Secretarioluego que leconoscióle aconsejó pidiese al Cabildo de la ciudad vecindadpara que comoa vecino le diesen solar para edificar casa y tierras donde labraseen elentretanto que otra cosa se ofrescía en que más fuese aprovechado. Aceptó elconsejo y dióle gracias por ély venido el Gobernador a la ciudadle besólas manos y pasó sobre ello lo que hemos referido. Luego de ahí a pocos díasa causa de una gran señora viuda que se llamaba Anacaonase rebelaron lasprovincias de Aniguavagua y Guacayarimaa cuya reducción y pacificación ibaDiego Velázquezpersonacomo al principio deste libro dixede calidad y detodo buen crédito. Fue con él Cortés todo lo mejor adereszado que él pudolo cual fue causa que el Gobernador le diese ciertos indios en tierra delDayguao y la Escribanía del Ayuntamiento de la villa de Achúaque elComendador había fundadodonde Cortés vivió seis años dándose agranjerías y sirviendo su oficio a contento de todo el pueblo.

En este tiempo quiso pasar a Veraguatierra afamada de muy rica; dexó dehacerlo por un dolor grande que le dio en una pierna. Decían sus amigos queeran las bubasporque siempre fue amigo de mujeresy las indias mucho más quelas españolas inficionan a los que las tratan. Con esta enfermedadsea comofuereque ella le dio la vida después de Diosexcusó la ¡da con Nicuesa yse libró de los trabajos y peligros en que se vio Diego de Nicuesa y suscompañeros; porque andando descubriendo y no poblandobuscando mejor tierratraía la gente descontentade manera que hizo algunas crueldades con ellayasí ninguna cosa le subcedió bien.

Fue Cortés hombre afable y gracioso; presciábase de ganar amigos yconservarlosaunque fuese a costa de su hacienda; hacía con mucho calor lo quepodía con ellos; procuró siempre el amistad de los mejores y que más podían;tenía muy claro juicio y aprovechábase muy bien de lo que había estudiado;nunca se determinaba a negociosin pensarlo muy bien y consultarlo con losamigos de quien se confiaba; era amigo de leer cuando tenía espacioaunque eramás inclinado a las armas; veneraba y acataba mucho a los sacerdotes; procurósiempre cuanto en sí fue la pompa y auctoridad del culto divino; honraba a losviejos y tenía en mucho a los valientes y animososypor el contrarioerapoco amigo de los pusilánimos y cobardes.

Cuando vino a mandar y tener cargo de Generalsupo darse maña cómo de losmás fuese amado y temido; gastaba su hacienda con liberalidadespecialmentecuando pretendía más señoríocomo hizo cuando lo de Narváezporqueentendía que ganadas las voluntadesera fácil el ganar las haciendas;perdonaba las ofensas de buena voluntad cuando los que las cometían searrepentían dellas; en el castigar era misericordioso; regocijábase mucho conlas damasy era muy comedido y liberal con ellas; jugaba todos juegos sinparescer tahurmostrando tan buen rostro al perder como al ganar; en lasfiestas y banquetes que hizo fue muy largo. Edificó en México dos casas muysumptuosas; cúlpanle todos no haber hecho iglesiaconforme a la grandeza delas casas; los que le defiendendicen que era su pensamiento hacer el templomás sumptuoso que el de Sevillay que por no haber estonces oficialesespañoles lo dexó. Como quiera que seaél se descuidó más de lo queconvenía. Cúlpanle también muchos de no haber pedido o dado perpectuidad deindios a los conquistadorescomo pudieraa causa de tenerlos siempre debaxo dela mano; pues élaunque tan valerosono pudiera sin ellos conquistar tangrandes reinos y señoríos; no falta quien le defiende destoaunque comohombre no podía acertar en todo. Cúlpanle asimismo muchos de losconquistadores que en el repartir de las ganancias de la guerra tomaba lo más ymejor para sí; podía ser que como a cada uno paresciese que merescía más queel otrole cresciese en el ojo lo que Cortés meresciendo tanto tomaba parasí.

Fue Cortés hombre de mediana disposiciónde buenas fuerzasdiestro en lasarmas y de invencible ánimo; de buen rostrode pecho y espalda grandesufridor de grandes trabajos a pie y a caballo; parescía que no se sabíacansar; velaba mucho y sufría la sed y hambre mucho más que otros; finalmente:cuán dichoso y valeroso Capitán fuesecuán avisado en el razonarcuánrecatado con los enemigoscuán deseoso de que el Evangelio se promulgasecuán piadoso y amigo de los suyos y cuán leal a su Reyparescerá claro porel discurso desta historiaen la cual no tractaré de su muerte hasta que hablecómo y por qué partió desta tierra para Españadonde quedó; y porque hedicho cómo pasó a las Indiase Diego Velázquez le encomendó eldescubrimiento y conquista desta tierradiré por los capítulos siguientescómo casó en Cuba y las pasiones que tuvo con Diego Velázqueztocandoprimero el pronóstico que de su prosperidad tuvo.



 

 

Capítulo XVII

Del pronóstico que Hernando Cortés tuvo de su buena andanza.

No es de pasar en silencioantes que trate las pasiones que Cortés tuvo conDiego Velázquezel pronóstico que él muchas veces contó de la prosperidaden que vino; porque con haber estado en Puerto de Plata con otros doscompañerostan pobre que se huyeron por no tener con qué pagar el fleteestando en Azúa sirviendo el oficio de escribanoadurmiéndose una tardesoñó que súbitamentedesnudo de la antigua pobrezase vía cubrir de ricospaños y servir de muchas gentes extrañasllamándole con títulos de grandehonra y alabanza; y fue así que grandes señores destas Indias y los demásmoradores dellasle tuvieron en tan gran veneración que le llamaban Teultquequiere decir «dios y hijo del sol y gran señor»dándole desta manera otrostítulos muy honrosos; y aunque él como sabio y buen cristiano sabía que a lossueños no se había de dar créditotodavía se alegróporque el sueñohabía tido conforme a sus pensamientoslos cuales con gran cordura encubríapor no parescer locopor el baxo estado en que se víaaunque no pudo vivirtan recatado que en las cosas que hacía no mostrase algunas veces la granpresunción que tenía en su pecho encerrada. Dicen que luegodespués delsueñotomando papel y tinta dibuxó una rueda de arcaduces; a los llenos pusouna letray a los que se vaciaban otray a los vacíos otray a los quesubían otrafixando un clavo en los altos. Afirman los que vieron el dibuxopor lo que después le acaescióque con maravilloso aviso y subtil ingeniopintó toda su fortuna y subcesos de vida.

Hecho estodixo a ciertos amigos suyoscon un contento nuevo y no vistoque había de comer con trompetas o morir ahorcadoe que ya iba conosciendo suventura y lo que las estrellas le prometían; y así de ahí adelante comenzómás claro a descubrir sus altos pensamientosaunquecomo luego diremoslafortuna le contrastaba cuanto podía para que entendamos quecomo dixoAristótelesla virtud y la ciencia se alcanzan con dificultad.



 

 

Capítulo XVIII

De las pasiones que hubo entre Diego Velázquez y HernandoCortés.

Después que Hernando Cortés tuvo entendida la tierra y conosció losmotivos e intentos de Diego Velázquezque eran pretender la gobernación deCubaporque estonces era Teniente de D. Diego Colónhijo del Almiranteprimero descubridordel cual se ha de hablar en la primera parte destahistoriacomenzócomo hombre bulliciosoa tractar con ciertos amigos suyosque sería bien dar aviso al Almiranteque estaba en Sancto DomingocómoDiego Velázquez trataba de alzarse con la gobernación de Cubapara laconquista de la cual había sido inviado Diego Velázquez en nombre de Colón yde los Reyes Católicos en el año de mill e quinientos y once.

Hecha cierta liga para este efecto entra Cortés y sus compañerosescribieron ciertos capítulos contra Diego Velázquezdeterminando de irsesecretamente a la Yaguanaque estaba de allí más de ciento y cincuentaleguasy de allí con canoas pasar un golfo de más de treinta leguas paraentrar en Sancto Domingo. No pudo ser el negocio tan secreto que DiegoVelázquez no lo viniese a entendery así mandó luego prenderloscondeterminación de inviarlos luego al Almirante con los capítulos que habíanhechopara justificar su causa.

Había al presente en el puerto de la villa de Barucoa un buen navíoen elcual mandó meter a Cortés bien aprisionado y debaxo de sosota; pero él tuvomaneraaunque con mucho trabajocómo quitarse las prisiones y salirse por unescotillón a tal hora de la noche que los que en el navío estaban dormían muyprofundamente. Dubdoso qué haríaporque no sabía nadarabrazándose con unmaderocon grande ánimo se echó al agua; a la sazón era la mar menguanteya esta causa la corriente le metió la mar adentro más de una legua de la otraparte del navío. Quiso su ventura queaunque ya estaba cansadovolviendo lacrescientele tornase a tierra. En el camino vio gran copia de tiburones y delagartosde que no poco temió que le tragasen; y asípor este miedo comoporque el trecho era grandevino a desfallecer tanto que muchas veces estuvodeterminado de soltar el madero y dexarse ahogarporque ya no podía sufrir eltrabajo; pero esforzándose lo más que pudoencomendándose a Dios y a suabogado el apóstol Sant Pedrose halló en seco en la costaque una grandeola le había echadoy no como dice Gómaraque trocando sus vestidos con elmozo que le servía y saliendo por la bombase metió en un esquife.

Estandopuesen la playa tornó en sítanteó la tierray abriendo losojosno se puede decir el contento que rescibió reconociendo dónde estaba;pero entendiendo que ya se acercaba el día y que echándole menos las guardasdel navío le habían de buscar par todas partesfuera de camino se escondióentre unos matorralesy cuando fue tiempo se metió en la iglesia de la villadesde la cualcomo vivía cerca Joan Xuárez y su hermana Catalina Xuárezcomenzó a tratar amores con ella. En este comedioJuan Escuderoalguacilmayor quepor dar contento a Diego Velázquezle espió tanto para prenderleque un díapor ver Cortés mejor a la hermana de Joan Xuárezque era de buenparescer y entendimientosaliendo al cimenterio de la iglesiael Alguacilmayorentrando por la otra puertase abrazó con él y lo llevó a la cárcel.Los Alcaldes proscedieron contra él y le sentenciaron rigurosamentede cuyasentencia apeló para Diego Velázquezque verdaderamente era bueno y piadosoel cualrevocando la sentencia y comutándola en una pena muy livianade ahíadelante le favoresció por medio de Andrés de Agüeroel cual privaba muchocon Diego Velázquezpor ser muy cuerdo y valerosoy no como otros dicenmercader. Otros afirmany es creíble de la bondad de Diego Velázquezque unJoan Justeque a la sazón era Alcalde ordinariopor ciertas pasiones quehabía tenido con Cortésle perseguíay que Diego VelázquezcomoGobernadorle amparaba y defendía. Dicen también otroslo que es contrariodestoque dos veces le mandó prender.

Como quiera que fueCortésasí por el valor de su personacomo por mediode Andrés de Duerovino en tanta gracia con Diego Velázquezque por sucomisióncomo paresce por la instruición dello arriba insertaacometió ysalió con el mayor negocio que romano ni griego jamás emprendió niconsiguió.





 

 

Capítulo XIX

Cómo se casó Cortésy de un gran peligro de que se libró.

Acabadas las pasionesDiego Velázquez procuró que Cortés se casase conCatalina Xuárezy efectuado el casamiento como él lo deseabalo festejó lomás que pudoporque era muy inclinado a honrar y favorece a sus amigosespecialmente en tales casosy porque hasta estonces se habían hecho pocoscasamientos.

Era Joan Xuárez hijo de Diego Xuárez y de María de Marcaidavecinos deSevilla. Pasó a la isla Española con el Comendador de LaresD. Fray Nicolásde Ovando. Pasó Catalina Xuárez por doncella de la hija del contador Cuéllarsuegro que fue de Diego Velázquezy después del descubrimiento de Méxicovinieron otras dos hermanas suyas a Cuba y de allí a Méxicolas cualesmurieron sin casarseaunque estaba tractado con personas honradas. Muriódespués Catalina Xuárez en Cuyoacán por octubre del año de veinte y dosdespués de ganado México. No tuvo Cortés della hijo alguno.

Antes de todos estos subcesosporque convenía que pasase por grandestrances el que había de verse en tan gran pujanzaviniendo Cortés un día delas bocas de Bain para Barucoadonde a la sazón vivíaya anochecidoselevantó una gran tempestad que trastornó la canoa en que veníay élcomono sabía nadarpor gran ventura se abrazó con la canoa media legua de tierray atinando a una lumbre de pastores que estaban cenando a la orilla del marayudándole la marca y viento que corría hacia tierrase halló bien fatigadoen la orilladonde conoscido por los pastoresdesnudándole de la ropa quetraía mojadale cubrieron con la mejor que se hallaronencendiendo en elentretanto mayor fuego do se calentase y se enxugase su ropa; diéronle aquellanoche a cenar de lo que teníany a la mañanavestido de su ropaque estabaya enxutase fue a su casaque no estaba lexos de allíagradesciendo con muybuenas palabrasporque las tenía talesel beneficio rescebido.



 

 

Capítulo XX

Do se prosigue la navegación y jornada de Hernando Cortés yprovisión del Armada.

Partiéndose Hernando Cortés del puerto de Sanctiago de Cuba a diez e ochode noviembretan a pesarcomo todos dicende Diego Velázquezinvió luegouna carabela a Jamaica para cargarla de bastimentosmandando al capitán dellaque con lo que comprase se viniese a la Punta de Sant Antónque está al finde la isla de Cuba hacia ponientey él en el entretantocon los demás quellevabase fue a Macacado compró trecientas cargas de pan y mucha cantidadde tocinosy de allíyéndose a la Trinidadcompró un navío de AlonsoGuillén y tres caballos y trecientas cargas de maíz. Allí tuvo aviso quepasaba un navío cargado de vituallas que Joan Núñez Sedeño inviaba a vendera unas minas. Mandó luego que Diego de Ordás le saliese al caminoy pagandolo que era razónpor fuerza o por gradole tomase las vituallas. Diego deOrdás lo hizo asícompró mill arrobas de pan y mill e quinientos tocinos ymuchas gallinasyéndose con todo estocomo le era mandadoa la Punta de SantAntón.

En el entretantoCortés recogió en la Trinidad y en Matanzas y en otroslugares cerca de docientos hombres de los que habían ido con Grijalvaeinviando los navíos delante con los marineros y algunas personas de quien élse confiócon toda la demás gente se fue por tierra a la Habanaque estoncesestaba pobladaa la parte del sura la boca del río Onicaxonal. Los vecinosde allítemiendo enojar a Diego Velázquezno quisieron venderle bastimentosalgunosy élcomo iba puesto en justificar su negocio lo mejor que pudieseaunque era más poderoso que ellosno quiso tomar nada por fuerzay asícomprando de uno que cobraba los diezmos y de un receptor de bulas dos milltocinos y otras tantas cargas de maíz e yuca e ajoscontento de haberproveído medianamente su flotaprosiguió su viaje.

Llegaron luego en una carabela ciertos caballerosde los cuales eran losprincipalesy que después fueron Capitanes en la conquista de la NuevaEspañaFrancisco de MontejoAlonso de ÁvilaPedro de Alvarado y Cristóbalde Olid. Recibiólos Cortés con muy alegre rostroporque eran personas demucha cuenta y de quien después se ayudó mucho. Así en conserva llegaron aGuaniguanicodonde ordenando su gente y concertando su matalotajevino uncriado de Diego Velázquez que se decía Garnicacon cartas por las cuales lerogaba afectuosamentecon palabras de mucho amorno se partiese hasta que seviesen. Este mismo mensajero traxo también cartas y mandado de Diego Velázquezpara Francisco de MontejoAlonso de ÁvilaPedro de AlvaradoDiego de OrdásCristóbal de OlidMoralesEscobar y Joan Velázquez de Leónque todoshabían sido sus criados y capitanessi no era Alonso de Ávilaa quien teníapor particular amigoencargándoles y mandándoles que impidiesen el viaje aCortésy que como leales amigos se lo prendiesen y enviasen a buen recaudo.Los más dellos vinieron en que era bienpues Cortés daba tan claras muestrasde quererse alzar contra Diego Velázquezde quien tan buenas obras habíarescebidoque le prendiesenaunque algunos eran de parescer contrariodiciendo que aquel era el hombre que ellos habían menestery no a Grijalvaque de las manos dexó la buena ventura para sí y para otros; y como siemprevencen los que son másdeterminóse muy en secreto que en el navío de Diegode Ordás hiciesen un banquetepara el cual convidando a Cortésdespués dehaber comidole pudiese prender con alguna gente que para ello tenían puestade secreto.

Cortésno sabiendo de las cartas que a aquellos caballeros se habían dadonada receloso del convitele aceptó con alegre rostroy metiéndose con pocosen una barca para entrar en el navío de Diego de Ordástuvo avisocréeseque de alguno de los que contradixeronde lo que estaba tratado; fingió luegovómito de estómagoy metiendo la manó echó un poco de flemay asídiciendo que se sentía mal dispuesto y que no estaba para comeragradesciéndoles mucho la comidaaunque en su pecho sentía otra cosasevolvió a su navíoadonde llamó luego a los que entendía que eran susamigosy a unos rogó que estuviesen apercebidos y a punto para lo que seofrescierey a otros de quien más se confiabadescubrió el secreto y laintención que contra él tenía Diego Velázquez de impedirle la jornadadándoles en esto a entender cuánto a todos importaba que él y no otro lahicieseporque si Diego Velázquez la cometía a otrono sería tan amigodellos como él. Los unos y los otroscon juramentos y palabras de mucho amorle ofrescieron sus personas y vidasprometiéndole de morir donde él muriese.

Confiado Cortés de la promesa déstosque eran los más de la flotase dioluego tan buena maña y tanta priesa que aquella noche hizo embarcar toda lagentey antes del día salió del puertoque fue la peor repuesta que sepodía dar a Diego Velázquez. Todavía los Capitanesaunque se hacían a lavelaestaban en propósito de prender a Hernando Cortéscuando para ellohobiese tiempo; pero como Dios quería otra cosalevantóse de súbito una tangran tormentaque de tal manera apartó los unos de los otrosque apenas ibanavío con navío. Visto estolos Capitanes mudaron el propósitoy algunosdellos lo manifestaron a Hernando Cortésprometiéndole de serle lealesamigospues veían que claramente Dios era servido que él y no otroprosiguiese tan importante negocio. Élcomo sagazno descubriendo el vómitoque había fingidopor no darles a entender que les había tenido miedodeahí adelante los tractó con más amor y hizo mayor confianza dellosdiciendoque como con Diego Velázquez habían sido tan lealesasí lo serían de ahíadelante con ély él quedaría obligado a morir por ellos cuando seofresciese.



 

 

Capítulo XXI

De los navíos y gente de Cortésy la bandera y letra quetomó.

Llegados todos los navíos y gente del armada de Cortés a Sant Antónhizoluego allí alardey halló que llevaba quinientos e cincuenta españolesdelos cuales los cincuenta eran marineros. Repartió toda la gente en oncecompañías y diólas a los capitanes Alonso de ÁvilaAlonso Hernández PuertoCarreroDiego de OrdásFrancisco de MontejoFrancisco de MorlaFrancisco deSaucedoJoan de EscalanteJoan Velázquez de LeónCristóbal de Olid y a unFulano de Escobary Cortés como General tomó otra; y así los once Capitanescada uno con su gentese embarcaron en once navíospara que cada Capitántuviese cargo de su gente y navío. Nombró por piloto mayor de la flota aAntón de Alaminosporque era el que mejor entendía el viajea causa que enel primero descubrimiento había ido con Francisco Hernández de Córdoba ydespués con Grijalva. Aliende de toda esta gentepara el servicio dellallevaba Cortés docientos isleños nascidos en Cuba y ciertos negros y algunasindias para hacer pany diez y seis caballos e yeguas. De matalotaje se hallóque había cinco mil tocinosseis mill cargas de maízmucha yuca y gran copiade gallinasvinoaceite y vinagre el que era menestergarbanzos y otraslegumbres abastomucha buhonería o merceríaque era la moneda y rescate paracontratar con los indiosporqueaunque tenían mucho oro y platano teníanmoneda delloni de otro metalsino era en ciertas partesunas como pequeñasalmendras que ellos llamaban cacauatly déstas hoy por más dequinientas leguas de tierra usan los indios en la Nueva España en lugar demoneda menudaporque también usan de la nuestra; y de comida y bebidarepartió Cortés matalotaje y rescate por todos los navíosconforme a lo quecada uno había menester.

La nao capitanadonde Cortés ibaera de cien toneles; otras había de aochenta y de a sesentapero las más eran pequeñas y sin cubiertacomobergantines. La bandera que Hernando Cortés tomó y puso en su navío era detafetán negrosu devisa era una cruz colorada en medio de unos fuegos azules yblancos; el campo y orla negros; la letra que iba por la orla decía: «Amigosla cruz de Cristo sigamosque si en ella fee tuviéramosen esta señalvenceremos.» Era tan devoto de la Cruzque doquiera que llegabahabiendo paraello lugar decenteponía una cruz en el sitio más alto que hallabapara quede lexos pudiese ser vista y adorada de los que después por allí pasasen;queriendo también dar a entender a los moradores de aquellas tierras a quieniba a convertir a nuestra sancta feeque en otra señal como aquellaJesucristoDios y Hombremurió para que el hombre se salvase y heredase elcielopara el cual Dios le había criado; y aunque dicen algunos que losprimeros descubridores hallaron cruceslos indios más las tenían acaso quepor saber lo que eran ni lo que significabancomo muchos de los antiguos lasteníanpor tormentoafrenta y oprobiosalvo si no decimos que Dios por susocultos juicios quiso que las hobiese en todas las partes del mundoy en estospara que los moradores dellasque habían de ser alumbrados por los españolescon devoción considerasen el misterio que en tal señal por tanto tiempo leshabía estado encubiertay en otras para dar a entender que después que en talseñalel que era y es vidaJesucristo Nuestro Señor y Diospor darnos vidamurió fuese tan honrosa que todo cristiano se arrodillase a ella como al mismoCristo que en ella nos redimiópor lo cual Cortés con gran razóncomo elEmperador Constantinoponiéndose debaxo desta fuerte bandera y estandartedixo lo que él: «En esta señal venceremos»y fue así que le fue tanfavorableque Príncipe en el mundo no hizo tan señaladas cosas.



 

 

Capítulo XXII

De la plática y razonamiento que Cortés hizo a suscompañeros.

Ordenado todo como tenemos dichoHernando Cortésen quien era nescesariopara tan dichosa jornada concurriesencomo concurrían a la igualsaber yesfuerzoparesciéndole que era razónpues ya estaba todo a punto y nofaltaba otra cosa sino el comenzaranimase a sus compañeros; y para que todostuviesen entendido cuánto importaba la jornada que emprendíanhaciendo señalde silenciopuesto en parte de donde de todos pudiese ser oídoles habló enla manera siguiente:

«Señores y hermanos míos: Entendido tengo que cada uno de vosotros enparticular habrá hecho su consideración del viaje y conquista que al presenteintentamosy cómo en ella ponemos el cuerpo a tantos trabajos y la vida atantos peligrosentrando por mar que hasta nuestros días no ha sido decristianos navegadoy procurando tan pocos en número como somos (aunquemuchoscomo espero en Diosen virtud y esfuerzo)entrar por tierras tangrandes que con razón las llaman Nuevo Mundomoradas y habitadascomo tenemosentendidode casi infinitos hombresen lenguacostumbres y religión y leyestan diferentes de nosotrosque siendo la similitud causa y vínculo de amornopueden dexar de extrañarnos mucho; y no habiendo de presenteaunque leshagamos muy buenas obrascómo se confíen de nosotrossernos enemigosrecatándose de que los engañemosprincipios tan duros y ásperosverdaderamente no se pueden hacer fáciles y sabrosossi no se considera lagrandeza del fin en quien van a parar; y pues este es el mayor y más excelenteque en la tierra puede haberque es la conversión de tan gran multitud deinfielesjusto es quepues llevamos oficios de apóstoles y vamos alibertarlos de la servidumbre y captiverio de Satanásque todo trabajoheridas y muertes demos por bien empleadas; pues haciendo tanto bien a estasbárbaras nasciones y tanto servicio a Dioslo mejor ha de redundar ennosotrosporque este es el mayor premio del que hace bienque goza dél másque aquel a quien se hacecomo del que hace mallloverle encima. Ofensas hemoshecho todos a Dios tan grandesque por la menor dellassegún su justiciamerescemos muy bien el infierno; y puessegún su misericordianos ha hechotanta merced de tomarnos por instrumento para alcanzar al demonio destastierrasquitarle tantos sacrificios de carne humanatraer al rebaño de lasescogidas tantas ovejas roñosas y perdidasyfinalmentehacer a Ia DivinaMajestad tan señalado servicio entre tantos trabajos y peligros como se nosofrescerángrande alivio y verdadero consuelo es saber que el que murieremuere en el servicio de su Dios y predicación de su feey el que quedaresialgo nos debe mover lo temporalpermanescerá en tierra prósperaillustrarásus descendienteshallará descanso en la vejez de los trabajos pasadosynuestro Rey e señor tendrá tanta cuenta con nuestros serviciosquegratificándoles como puedeanime a otros quecon no menos ánimo que nosacometan semejantes empresas; y porque veáis claro que en esta jornada seinteresan el servicio de Diosla redención destos miserablesel rendir aldemonioel servir a nuestro Reyel illustrar vuestras personas y elennoblecerse y afamar vuestra nasciónel ganar gloria y nombre perpectuoelesclarecer vuestros descendientes y otros muchos y maravillosos provechosqueno todossino cualquiera dellos basta a inflamar y encender cualquier ánimocuanto más el del español; será superfluo y aun sospechoso con más palabrastractar cuánto nos convienepues hemos puesto la mano en la esteva del aradopor ningún estorbo volver atrásque grandes cosas jamás se alcanzaron sintrabajo y peligro. Lo que de mí os prometo es que con tanto amor procuraré eladelantamiento de vuestras personas como si fuésedes hermanos míos carnalesyporque todos miran al Capitánno se ofrescerá trabajo ni peligro que en élno me halle yo primero. Esto era lo que pensaba deciros. Eacaballerosvalerosos; si a mis palabras habéis dado el crédicto que es razóncomenzadmea seguir; y si hay algo que respondermelo haced luegoque tan buena fortunano es razón dexarla de las manos.»

Acabado este razonamientofue grande el contento que todos mostraron y elesfuerzo que tomarony tomando la mano uno de los Capitanesque algunos dicenque fue Pedro de Alvaradootros que Francisco de Montejole respondió así:

«Valeroso y excelente Capitán nuestroa quien Dios proveyó por tal paraadelantamiento nuestro y pro de tantas nasciones como esperamos conquistar; notenemos que respondertemás de quepues has hablado conforme a lo que quierenánimos españolesque nos hallarás tan a tu voluntadpues esta es lanuestraque en ninguna cosa echarás menos nuestrafidelidadamor e esfuerzodiligencia y cuidado; y pues a cada uno de nosotros y a todos juntos convieneseguirtepor lo que nos prometesla última palabra nuestra es que mandes loque se debe hacerpues nosotros estamos esperándolo para obedescerte.»

Muy alegre Cortés con la repuesta de sus compañerosdicha primero una misaal Espíritu Sanctoponiendo por intercesor a su abogado Sant Pedrohizoseñal de que todos se hiciesen a la vela.



 

 

Capítulo XXIII

Cómo Cortés partiendo para Cozumelun navío se adelantó yde lo que subcedió.

Acabado el razonamiento de Cortés y la respuesta de los suyostodos conalegre ánimooída primero una misa que se dixo al Espíritu Sanctosecomenzaron a embarcar cada Capitán en su navíocomo de antes estabaconcertado. Yendo todos en conservadicen que un navíoo con tiempo (y estoes lo más cierto) o porque era más velerose adelantó y vino a surgir a unpuerto que más tiene manera de playa que de puerto; estaba algo escondido yhacía un poco de abrigo. Puestos allíno sabiendo dónde estabanvieronmirando a la costauna lebrela quecomo sintió ruido de gente y reconoscióser voces de españolescoleando y ladrando dio muestras de querer pasar adondeel navío estaba. Los nuestrospadesciendo ya nescesidad de comidaconsiderando que donde aquella lebrela estabadebía de haber gente españolaque los socorriesemetiéronse algunos en una barcay pasando de la otraparteno hallaron más de la lebrelala cual hizo grandes extremos dealegríacoleandosaltandoladrando y corriendo de una parte a otra.

Los nuestros la regalaron mucho y traxeron consigola cualproveyéndoloDios asíles fue tan provechosa que sola cazó muchos conejosde que lasnuestros se sustentabany acompañada de dos o tres cazó muchos venadostantoque no solamente proveyó bastantemente a la nescesidad de la hambrepero hízose dellos tanta cecina en el navío que despuésllegados los otrosla repartieron entre ellos. Lo que se pudo saber de hallar aquella lebrela fueque con tiempo un navío de españoles dio en aquella costay sin perderseestuvieron allí algunos díasy después como con nescesidad se hiciesen a laveladexaron allí la lebrela sin acordarse dellapara que despuésporoculto juicio de Diosfuese ayuda de otros perdidos.



 

 

Capítulo XXIV

Cómo Cortésprosiguiendo su viajellegó a la isla deCozumel.

Yendo Hernando Cortés con su flota a vista de tierra en demanda de la NuevaEspañahabiendo salido con muy buen tiempoque fue una mañanaa diez e ochodías del mes de hebrero del añodel Señor de mill e quinientos y diez enuevehabiendocomo es usodado nombre a todos los Capitanes y pilotosquefue de Sant Pedro su abogadoavisándoles asimismoproveyendo para loporvenirque todos tuviesen ojo a la capitanaque llevaba un gran farol parade nochey cómo el viaje que habían de hacer desde la Punta de Sant Antónque es en Cubapara el cabo de Cotocheque es la primera punta de Yucatáncomo era casi leste oestecomo quien dice de oriente a occidente: y comodespués habían de seguir la costa entre norte y ponientela primera noche quecomenzaron a navegar para atravesar aquel pequeño estrechoque es de poco másde sesenta leguaslevantóse el viento nordeste con tan recio temporal quedesbarató la flotade manera que cada navío fue por su parteaunque todosllegaron sin perderse ningunode uno en uno y de dos en dosa la isla deCozumeldo estaba el navío que halló la lebrela.

«Los indios de la islacomo vieron surtos tantos navíostemieronyalzando el hatose metieron al montey otros se escondieron en cuevas. Viendoesto Cortésmandó a ciertos soldados queadereszados como conveníasaltasen en tierra y viesen qué había; los soldados fueron a un templo deldemonio que no estaba lexos de la costa; era el templo sumptuoso y de hermosoedificio; allí luego hallaron un pueblo de buenas casas de cantería; entrarondentroestaba despobladohallaron alguna ropa de algodón y ciertas joyas deoroque llevaron a su Capitán. Holgóse Cortés de verlasy traídos algunosindioshaciéndoles buen tratamientomostrándoles cuanto amor pudo ydándoles algunas cosillas que hay entre nosotroscon alegre semblante losinvitó a los suyoslo cual fue causa que los demás indios poco a pococomenzasen a salir y a venirtrayendo a los nuestros pan de maízfructas ymucho pescadoque de todo esto había abundancia en aquella isla. Rescibíanlosmuy bienlos nuestrosporque así estaban avisados de su Generalel cual paramás asegurar aquellos indiosdio al señorllamado Calatunique habíavenido con ellosciertas cosas de mejor parescer y de más presciolas cualesdio a entender el señor o cacique que tenía en mucho; y asídespués dedespedidole invió muchos presentes de comidalos cuales Cortésdándolesotras cosasrescibió alegremente; y para más asegurarlos y que entendiesenque él ni los suyos no venían a hacerles malhizo una cosa que les aprovechómuchoy fue que mandó traer delante de los indios todas las preseas y oro quelos soldados habían traído del pueblopara que los indiosconosciéndolascada uno tomase lo que era suyo. Destocomo era razónse maravillaron losindios muchoy tomando cada uno lo que conosció ser suyomuy contentos sevolvieron a su señorel cual de ahí adelante con más amor proveyóabundantemen a los nuestros.



 

 

Capítulo XXV

Cómo en Cozumel tuvo lengua de Jerónimo de Aguilar.

Estando desta manera Cortésy cresciendo siempre entre los suyos y losindios de Cozumel la contractación y amistadtuvo noticia que en la costa deYucatán la tierra adentro había cinco o seis españoleslos cuales los indiosde Cozumel dieron a entender por señasdiciendo que eran unos hombres como losnuestrosy tocándose sus barbasdaban a entender que las de aquellos eranlargas y crescidas. Entendiendo Cortés ser españolesle tomó gran voluntadde saber dellos; pero como era dificultosoy él deseaba proseguir su jornadano hizo tanto caso como debiera; pero como Dios encaminaba los negocios mejorque Cortés lo podía desearsaliendo Cortés dos o tres veces del puerto deCozumel en demanda de la Nueva Españacon tiempo que le hizo muy bravosevolvióy entendiendo por esto que Dios quería que aquellos cristianossaliesen de captiverio y volviesen al servicio de Diosinvió a Diego de Ordásy a Martín de Escalante por Capitanes de dos bergantinesy en el batel de lacapitana invió una canoa a aquellos españolesdándoles por ella a entenderque él era venido allí con once navíosy que lo mejor que pudiesen seentrasen en aquel batelen guarda del cual inviaba dos bergantinespara quecon más seguridad se viniese con ellos. Estos Capitanessospechando queAguilar no sabría leer muy bienescribieron otra carta de letra de redondoque contenía lo mismo que la del Generalañadiendo que les esperarían seisdías. Dieron la una carta y la otra a dos indios que llevaban de la isla deCozumellos cualesaunque con mucho miedoporque tenían guerra con los deaquella costaentraron la tierra adentro. Los nuestros esperaron la repuestalos seis días que prometieron y otros dos después. EntretantoCortés estabacon penacreyendoo que los españoles eran muertoso que los indios nohabían llevado las cartas; y asíhaciendo muy buen tiempodeterminó deembarcarse y proseguir su viaje. Saliendo con tiempo prósperosúbitamente selevantó una tan gran tempestad que pensaron todos perescery así les fueforzadoque fue la tercera veztornar al puerto.

Los indios que llevaban las cartaspara darlas secretamente a Aguilar y alos otros españoleslas metieron entre el rollo de los cabellosque lostraían muy largos. Dieron las cartas a Aguilarel cual estuvo muy dubdoso silas mostraría al caciquesu señorosi se iría con los mensajeros; yfinalmenteasí por cumplir con su fidelidadcomo porque no se le sigua algúnpeligrofue con ellas a su señory diciéndole lo que conteníanel señorle dixo sonriéndose: «AguilarAguilarmucho sabesy bien has cumplido conlo que debes al amor y fidelidad que como buen criado debías tener y has hechomás de lo que pensabasporque te hago saber que yo antes que tú tuve estascartas en mis manos»; y fue asíporque los indiosno sólo guardan fidelidada su señorpero al extraño cuando le van a hablar; y asíéstosdesecretoaunque los nuestros les habían mandado lo contrarioacudieron primeroal señor.

Entendidopuespor el cacique lo que las cartas conteníanadmirándose deque el papel supiese hablar y que por tan menudas

señales los ausentes manifestasen sus conceptosporque entre los indioscomo antiguamente los egipcios (según escribe Artimidoro)no se entendían porletrassino por pinturasreportándose un poco el señorque se habíaalterado con las nuevas (porquecomo adelante diremosle era muy provechosoAguilar)le dixo: «Aguilarpues¿qué es ahora lo que tú quieres?»alcual respondiendo Aguilardixo: «Señorno más de lo que tú mandares.»Convencido el cacique con el comedimiento de Aguilarle tornó a decir:«¿Quieres ir a los tuyos?» Replicó Aguilar: «Señorsi tú me daslicenciayo iré y volveré a servirte.» El cacique con rostro más sereno yalegre le dixo: «Pues vee enhorabuenaaunque sé que no has de volver más.»Con todo esto le detuvo dos días esperando si él se iba o arrepentíay comovio que no hacía lo uno ni lo otrole llamó y dixo: «Aguilargrande ha sidotu bondadtu humildadfidelidad y esfuerzo con que en paz y en guerra me hassiempre servido; digno eres de mayores mercedes que yo te puedo hacer; y aunquepor una parte me convida el amor que te tengo y la nescesidad en que me tengo devercaresciendo de tu compañíapor otraeste mismo amormerescido por tusbuenos serviciosy lo que yo debo a señorme fuerzan a que te dé libertadque es la cosa que el captivo. más desea; y pues es esta la mayor merced que yote puedo hacervete norabuena a los tuyosy ruégote por esta buenaobra quete hago y por otras que te habré hechoque me hagas amigo desos cristianospues como por ti he entendidoson tan valientes.»

Aguilarrescebida la licenciacon grande humildad se le postró a los piesy con muchas lágrimas en los ojos (creo que del demasiado contento) le dixo:«Señortus dioses queden contigoque yo cumpliré lo que me mandas como soyobligado». De allí se fue a despedir de otros indios principales con quientenía amistad. Dicen que el cacique le invió acompañado con algunos indioshasta la costadonde le guiaron los indios que le traxeron las cartas. Andandopor la costahalló cómo los bergantines le habían esperado por allí ochodíase muchas cruces levantadas de cañas gruesasa las cualeshincado derodillascon grandes lágrimas adoraba y abrazabaparesciéndole que ya estabaen tierra de cristianos y que su largo deseo era cumplido; y como vio que losbergantines no parescían por la costaentristecióse algún tanto; y pensandoen el remedio que tendría para conseguir su deseoyendo más adelantevio losranchos hechos de palmas do los nuestros habían estado; y creyendo que estabandentrocon gran alegría apresuró el pasoy como llegado no halló a nadiedesmayó mucho; pero como Dios lo guiaba yendo pensativo por la costa abaxoandada una leguatopó con una canoa llena de arenala cual vació con ayudade tres indios que con él iban. Tenía la canoa podrido un lado y por élhacía agua. Aguilar se metió con ellos en la canoa para ver si podríanavegary como vio que hacía tanta aguahaciendo saltar los dos en tierrasequedó con el unoacostándose al lado que no hacía agua; y como vio que destamanera podía navegarsalió a tierra para buscar algún palo con que remase.Proveyó Dios que halló una duela de pipa con que muy a su placer pudo remar; yasíyendo la costa abaxo en busca de los navíosatravesando por lo másangostoque por lo menos serían cinco leguasdio en la costa de Cozumelypor las grandes corrientes vino a caer dos leguas de los navíos. Como los viosaltó en tierra con el compañeroe yendo por la playa adelante otro díaqueera primer domingo de Cuaresmaya que el General y su gente habían oído misay estaban a pique para tornarse a partirun español llamado Ángel Tintoreroque salía de caza aquella mañana de los montesestando sacando camotesquees una fructa de la tierraalzando la cabeza vio venir a Aguilary dándole elcorazón lo que erale dixo: «Hermano¿sois cristiano?y respondiendoAguilar que sísin más aguardarÁngel Tintorero respondió: «Pues yo voy apedir las albricias al General»el cual había mandado cient pesos al primeroque le diese nuevas del cristiano que tanto deseaba ver.

Corrió tanto Ángel Tintoreropor que otro no ganase las albriciasdiciendo a los que topaba que venían indios de guerrahaciéndoles destamanera volver al realque llegó casi sin habla do el General estabaal cualpidió las albriciasy otorgándoselasfue tanta la alegría con que hablabaque casi fuera de síunas veces le llamaba Señoríay otras Merced.Finalmentecontando lo mejor que pudo lo que le había subcedido y cómoAguilar veníafue tan grande el alegría que rescibió toda la genteque conhabei mandado Cortésdebaxo de penaque ninguno saliese a verlelos más delexércitounos en pos de otrossalieron por tierray casi todos los marinerospor la mar se metieron en las barcas a buscarle: y cuando los delanteros queiban por tierra toparon con éldieron muchas gracias a Diosy abrazándole lepreguntaron diversas cosas. Aguilar estaba tan alegre que apenas podíaresponder. Acompañadopuesde mucha gente llegó a la tienda del General;venía desnudo en carnescubiertas sus vergüenzas con una vendaque losindios llaman mástil; tresquilada la cabeza desde la frente y lados hasta lamolleralo demás con cabellos muy crescidosnegros y encordonadoscon unacinta de cuero colorado que le llegaba más abaxo de la cinta; llevaba un arcoen la mano y un carcax con flechas colgado del hombroy del otro una como bolsade reden la cual traía la comidaque era cierta fructa que llaman camotes.Venía tan quemado del solque parescía indiosino fuera por la barba que latraía cresciday los indios de aquella tierra acostumbraban a pelársela conunas como tenazuelascomo hacen las mujeres las cejas; venía todo enbixadoque es untarse con un cierto betún que es colorado como almagraaprovecha estocontra los mosquitos y contra el calor del sol; venía acompañado del indio dela canoa; otros dicen que con los dos indios que le llevaron las cartas.

Y porque pretendo no callar otras opinionesescribe Motolineaa quiensiguió Gómaraque el primer domingo de Cuaresma que Cortés y su gentehabían oído misa para partirse de Cozumelvinieron a decirle cómo una canoaatravesaba y venía a la vela de Yucatán para la islae que venía derechahacia do las naos estaban surtasy que salió Cortés a mirar a do ibay comovio que se desviaba algo de la flotadixo a Andrés de Tapia que con algunoscompañeros encubiertamente fuesen por la orilla del agua hasta ver si los queiban en la canoa saltaban en tierra; hiciéronlo asíla canoa tomó tierratras de una punta y salieron della cuatro hombres desnudoslos cuales traíanlos cabellos trenzados y atados sobre la frentecomo mujerescon los arcos enlas manos y a las espaldas carcáxes con flechas; acometiéronlos los nuestroscon las espadas desenvainadas para tomarlos; los tres delloscomo eran indioshuyeron; el otroque era Aguilarse detuvoy en la lengua de los indios dixoa los que huían que no temieseny volviendo el rostro a los nuestrosles dixoen castellano: «Señores¿sois españoles?» Otros dicen que dixo:«Señores¿sois cristianos?» Respondiéronle que síse alegró en tantamanera que lloraba de placere hincándose luego de rodillasalzando las manosal cielodio muchas gracias a Dios por la. merced que le había hecho ensacarle de entre infielesdonde tantas ofensas se hacían a Diosy ponerleentre cristianos. Andrés de Tapiaatajándole la pláticallegándose a éllo abrazó amorosamente y dio la mano para que se levantase; abrazáronle losdemásy así se vino con los indios compañeroshablando con Andrés deTapiadándole cuenta cómo se había perdidohasta que llegó do estaba elCapitán.



 

 

Capítulo XXVI

Cómo Aguilar llegó do estaba Cortésy de cómo le saludóy fue rescebido.

Era tan grande el deseo que los nuestros tenían de ver a Aguilar e de oírlas extrañezas que había de contarque unos se subían en lugares altosotros se adelantaban a tomar lugares do Cortés estabaotros iban muy juntoscon élpara entrar juntamente e oírle lo que diría. LlegadopuesAguilardo Cortés estabadesde buen espacio atrásinclinada la cabezahizo grandereverencia; lo mismohicieron los indios que con él veníanyluegollegándose más cercadespués de haberle dado a Cortés la norabuena de suvenidase puso con los indios en cuchillasponiendo todos a los lados derechossus arcos y flechas en el suelo; poniendo las manos derechas en las bocasuntadas de la salivalas pusieron en tierray luego las traxeron al lado delcorazónfregando las manos. Era esta la manera de mayor reverencia yacatamiento con que aquellos indios [veneraban] a sus Príncipesdandocomocreoa entenderque se allanaban e humillaban a ellos como la tierra quepisaban.

Cortésentendiendo ser esta cerimonia y modo de salutacióntornó a decira Aguilar que fuese muy bien venidoporque era dél muy deseadoydesnudándose una ropa largaamarilla con una guarnición de carmesícon suspropias manosse la echó sobre los hombrosrogándole que se levantase delsuelo y se sentase en una silla. Preguntóle cómo se llamaba e respondió queJerónimo de Aguilary que era natural de Écija. A estodiciéndole Cortéssi era pariente de un caballero que se llamaba Marcos de Aguilarrespondió quesí. Sabido estole volvió a preguntar si sabía leer y escrebiry comorespondió que síle dixo si tenía cuenta con el añomes y día en queestabael cual lo dixo todo como eradando cuenta de la letra dominical.Preguntadas otras cosas desta manerale mandó traer de comer; Aguilar comió ybebió poco. Preguntado que por qué comía y bebía tan templadamenterespondió como sabioporque a cabo de tanto tiempo como había estadoacostumbrado a la comida de los indiossu estómago extrañaría la de loscristianos; y siendo poca la cantidadaunque fuese venenono le haría mal.Dicen que era ordenado de Evangelioy que a esta causacomo adelante diremosnunca se quiso casar. Hízole Cortés muchos relgalos y cariciasconosciendo lanescesidad que tenía de su personapara entender a los indios que iba aconquistary porque era largo para de una vez informarse del subceso de su viday cómo había venido a aquel estadole dixo que se holgase y descansase hastaotro díamandando al mayordomo que lo vistieseel cual estonces no la tuvopor mucha mercedporque como estaba acostumbrado de tanto tiempo a andar encarnesno podía sufrir la ropa que Cortés le había echado encima.



 

 

Capítulo XXII

De lo que otro día Aguilar contó.

Otro díacon no menos gentepreguntándole Cortés cómo había venido enpoder de aquellos indiosdixo: «Señorestando yo en la guerra del Darién yen las pasiones de Diego de Nicuesa y Blasco Núñez de Balboaacompañé aValdiviaque venía para Sancto Domingo a dar cuenta de lo que allí pasaba alAlmiante y Gobernador y por gente y vituallas y a traer veinte mill ducados delRey. Esto fue el año de mill e quinientos y once; e ya que llegábamos aJamaica se perdió la carabela en los baxíos que llaman de Las Víboras o delos Alacranes o Caimanos. Con dificultad entramos en el batel veinte hombres sinvelas e sin pan ni agua e con ruin aparejo de remos.» Esto dice Motolinea.Otros que oyeron a Aguilar dicen que los que entraron en el batel no fueron sinotrecede los en cuales murieron luego los sieteporque vinieron a tan grannescesidad que bebían lo que orinaban; los seis vinieron a tierrade loscuales los cuatro fueron sacrificados por los indios; quedaron los dosquefueron Aguilar y un Fulano de Morales.

Prosiguiendo Aguilar su pláticadixo: «E desta manera anduvimos catorcedíasal cabo de los cuales nos echó la corrienteque es allí muy grande yva siempre tras del sola esta tierraa una provincia que se dice Maya. En elcamino murieron de hambre siete de los nuestrosy viniendo los demás en poderde un cruel señorsacrificó a Valdivia y a otros cuatro; y ofresciéndolos asus ídolosdespués se los comióhaciendo fiestasegún el uso de latierrae yo con otros seis quedamos en caponerapara que estando más gordospara otra fiesta que veníasolemnizásemos con nuestras carnes su banquete.Entendiendo nosotros que ya se acercaba el fin de nuestros díasdeterminamosde aventurar la vida de otra manera; así que quebramos la jaula dondeestábamos metidos e huyendo por unos montessin ser vistos de persona vivaquiso Dios queaunque íbamos muy cansadostopásemos con otro cacique enemigode aquel de quien huíamos. Era este hombre humanoafable e amigo de hacerbien; llamábase Aquincuzgobernador de Jamancona; diónos la vidaaunque atrueco de gran servidumbre en que nos puso; murió de ahí a pocos díase yoluego serví a Taxmarque le subcedió en el estado.

«Los otros cinco mis compañeros murieron en brevecon la ruin vida quepasaban; quedó yo solo e un Gonzalo Guerreromarineroque estaba con elcacique de Chetemal. y casó con una señora principal de aquella tierraenquien tiene hijos; es capitán de un cacique llamado Nachancame por haberhabido muchas victorias contra los enemigos de sus señoreses muy querido yestimado; yo le invié la carta de vuestra merced y rogué por la lengua seviniesepues había tan buen aparejo y detúveme esperándole más de lo quequisiera; no vinoy creo que de vergüenzapor tener horadadas las nariceslabios y orejas y pintado el rostro y labradas las manos al uso de aquellatierraen la cual los valientes solo pueden traer labradas las manos; bien creoque dexó de venir por el vicio que con la mujer tenía y por el amor de loshijos.

También hay otros que dicen (que no puso poco espanto en los oyentes) queAguilar en esta plática dixo que saltando de la barca los que quedaron vivostoparon luego con indiosuno de los cuales con una macana hendió la cabeza auno de los nuestroscuyo nombre calló; y que vendo aturdidoapretándose conlas dos manos la cabezase metió en una espesura do topó con una mujerlacualapretándole la cabezale dexó sanocon una señal tan honda que cabíala mano en ella. Quedó como tonto; riunca quiso estar en pobladoy de nochevenía por la comida a las casas de los indioslos cuales no le hacían malporque tenían entendido que sus dioses le habían curadoparesciéndoles queherida tan espantosa no podía curarse sino por mano de alguno de sus dioses.Holgábanse con élporque era gracioso y sin perjuicio vivió en esta vidatres años hasta que murió.

Esta plática y relación puso gran admiración a los que la oyerony cadadíaasí Cortés como los suyosle preguntaban otras muchas cosas que por serdignas de memoria y del gusto de la historia pondré en el capítulo siguiente.



 

 

Capítulo XXVIII

De la vida que Aguilar pasó con el señor a quienúltimamente sirvió y de las cosas que en su servicio hizo.

Dicen los que particularmente comunicaron a Aguilarcuya relación sigo enlo que diréque cuando vino a poder deste caciquelos primeros tres años lehizo servir con gran trabajoporque le hacía traer a cuestas la leñaagua ypescadoy estos trabajos sufríalos Aguilar con alegre rostro por asegurar lavidaque tan amada es. Naturalmente estaba tan subjecto y obedescía con tantahumildadque no sólo con presteza hacía lo que su señor le mandabapero loque cualquier indio por pequeño que fuesetantoque aunque estuviesecomiendosi le mandaban algodexaba de comer por hacer el mandado. Con estahumildad ganó el corazón y voluntad de su señor y de todos los de su casa ytierra. Y porque es malo de conoscer el corazón del hombre y el cacique erasabio y deseaba ocupar a Aguilarcomo después hizoen cosas de mucho tomoviendo que vivía tan castamente que aun los ojos no alzaba a las mujeresprocuró tentarle muchas vecesen especial una vez que le invió de noche apescar a la mardándole por compañera una india muy hermosade edad decatorce añosla cual había sido industriada del señor para que provocase yatraxese a su amor a Aguilar; dióle una hamaca en que ambos durmiesen. Llegadosa la costaesperando tiempo para entrar a pescarque había de ser antes queamanesciesecolgando la hamaca de dos árbolesla india se echó en ella yllamó a Aguilar para que durmiesen juntos; él fue tan sufridomodesto ytempladoque haciendo cerca del agua lumbrese acostó sobre el arena; laindia unas veces lo llamabaotras le decía que no era hombreporque queríamás estar al frío que abrazado y abrigado con ella; élaunque estuvovacilandomuchas vecesal cabo se determinó de vencer a su sensualidad ycumplir lo que a Dios había prometidoque era de no llegar a mujer infielporque le librase del captiverio en que estaba.

Vencida esta tentación y hecha la pesca por la mañanase volvió a suseñorel cual en secretodelante de otros principalespreguntó a la indiasi Aguilar había llegado a ellala cualcomo refirió lo que pasabaelseñor de ahí adelante tuvo en mucho a Aguilarconfiándole su mujer y casade donde fácilmente se entenderá cómo sola la virtudaun cerca de las gentesbárbarasennoblesce a los hombres. Hízose Aguilar de ahí adelante amar ytemerporque las cosas que dél se confiaron tractó siempre con corduraantesque viniese en tanta mudanza de fortuna. Decía que estando los indios embixadoscon sus arcos y flechas un día de fiestatirando a un perro que teníancolgado de muy altollegóse un indio principal a Aguilar que estaba mirándolodetrás de un seto de cañasy asiéndole del brazo le dixo: «Aguilar¿quéte paresce destos flecheros cuán certeros sonque el que tira al ojo da en elojoy el que tira a la boca da en la boca?; ¿qué te paresce si poniéndote ati allísi te errarían?» Aguilarcon grande humildadle respondió:«Señoryo soy tu esclavo y podrás hacer de mí lo que quisieres; pero túeres tan bueno que no querrás perder un esclavo como yoque tan bien teservirá en lo que mandares.» El indio después dixo a Aguilar que aposta lehabía inviado el cacique para sabercomo ellos dicensi su corazón erahumilde.



 

 

Capítulo XXIX

Cómo Aguilar en servicio de su señor venció ciertasbatallas.

Estando Aguilar muy en gracia de su señorofrecióse una guerra con otroseñor comarcanola cual había sidoen años atrás muy reñida y ningunohabía sido vencedor; y asídurando los odios entre ellosque suelen serhasta beberse la sangretornando a ponerse en guerraAguilar le dixo:«Señoryo sé que en esta guerra tienes razón y sabes de mí que en todo loque se ha ofrescidote he servido con todo cuidado; suplícote me mandes darlas armas que para esta guerra son nescesariasque yo quiero emplear mi vida entu servicioy espero en mi Dios de salir con la victoria.» El cacique seholeó muchoy le mandó dar rodela y macanaarco y flechascon las cualesentró en la batalla; y como peleaba con ánimo españolaunque no estabaexercitado en aquella manera de armasdelante de su señor hizo muchos campos yvenciólos dichosamente. Señalóse y mostróse mucho en los recuentrostantoque ya los enemigos le tenían gran miedo y perdieron mucho del ánimo en labatalla campal que después se dioen la cual Aguilar fue la principal partepara que su señor venciese y subjectase a sus enemigos.

Vencida esta batallacresciendo entre los indios comarcanos la envidia delos hechos de Aguilarun cacique muy poderoso invió a decir a su señor quesacrificase luego a Aguilar que estaban los dioses enojados dél porque habíavencido con ayuda de hombre extraño de su religión. El cacique respondió queno era razón dar tan mal pago a quien tan bien le había servidoy que debíade ser bueno el Dios de Aguilarpues tan bien le ayudaba en defender la razón.Esta respuesta indignó tanto aquel señorque vino con mucha gentedeterminando con traición de matar a Aguilar y después de hacer esclavo a suseñor; y asíayudado y favorescido de otros señores comarcanosvino congran pujanza de gentecierto que la victoria no se le podía ir de las manos.

Sabido esto por el señor de Aguilarestuvo muy perplexo y aun temeroso delsubceso; entró en consejo con los más principales; llamó a Aguilar para quediese su parescer; no faltaron entre los del consejo algunos que desconfiando deAguilardixesen que era mejor matarle que venir a manos de enemigo que veníatan pujante. El señor reprehendió ásperamente a los que esto aconsejabanyAguilar se levantó con grande ánimo y dixo; «Señoresno temáisque yoespero en mi Diospues tenéis justiciaque yo saldré con la victoriayserá desta manera que al tiempo que las haces se juntenyo me tenderé en elsuelo entre las hierbas con algunos de los más valientes de vosotrosy luegonuestro exército hará que huyey nuestros enemigos con el alegría de lavictoria y alcancese derramarán e irán descuidados; e ya que los tengáisapartados de mí con gran ánimovolveréis sobre ellosque estonces yo losacometeré por las espaldas; e asícuando se vean de la una parte y de la otracercadospor muchos que sean desmayaránporque los enemigos cuando estánturbadosmientras más sonmás se estorban.»

Agradó mucho este consejo al señor y a todos los demásy salieron luegoal enemigo; Aguilar llevaba una rodela y una espada de Castilla en la mano; e yaque estaban a vista de los enemigos. Aguilar en alta vozque de todos pudo seroídohabló desta manera: «Señoreslos enemigos están cerca; acordaos delo concertadoque hoy os va ser esclavos o ser señores de toda la tierra.»Acabado de decir estose juntaron las haces con grande alarido: Aguilar conotros se tendió entre unos matorralesy el exército comenzó a huir y el delos enemigos a seguirle; Aguilarcuando vio que era tiempo acometió con tantoesfuerzo quematando e hiriendo en brevehizo tanto estrago que luego de suparte se conosció la victoria porque los que iban delantefingiendo quehuíancobraron tanto ánimo y revolvieron sobre sus enemigos con tantoesfuerzoque matando muchos dellospusieron los demás en huída. Prendieron amuchos principalesque después sacrificaron. Con esta victoria aseguró sutierra y estando el adelante no había hombre que osase acometerle. Esta y otrascosas que Aguilar hizo le pusieron en tanta gracia con su señorque un díaamohinándose con un su hijoheredero de la casa y estadopor no sé qué lehabía dichole dio un bofetón. El muchachollorandose quexó a su padreel cual mansamente dixo a Aguilar que de ahí adelante mirase mejor lo quehacíaporque si no tuviera respecto a sus buenos serviciosle mandarasacrificar. Aguilar le respondió con humildad que el muchacho le había dadocausa y que a él le pesaba delloy que de ahí adelante no le enojaría. Elseñorvolviendo adonde el hijo estabale mandó azotarporque de ahíadelante no se atreviese a burlar con los hombres de más edad que él. Quedócon esto muy confuso Aguilaraunque más favorescido y de todos tenido en más.

Después desto pasaron por aquella costa los navíos de Francisco Hernándezde Córdoba y los de Grijalvay como los indios tuvieron algún trato conellostuvieron en mucho a Aguilarporque parescía a los otrosaunque siempretuvieron en él muy grande recaudo porque no se fuese.

Dicencomo escribe Fray Toribioque la madre de Aguilarcomo supo que suhijo estaba en poder de indios y que comían carne humanaque tomó tanta penaque tornándose locade ahí adelante nunca jamás quiso comer carne cocida niasadadiciendoque era la carne de su hijo; y estas y otras muchas cosas sedicen de Aguilarque por no ser tan averiguadas dexo de escrebir; y volviendoal proceso de la historiadiré algo de la isla de Cozumel y tierra deYucatán.



 

 

Capítulo XXX

Qué tierra es Yucatán y por qué se llamó asíy lo quelos religiosos de Sant Francisco después hallaron en ella.

Justo es quepues hemos de proseguir conforme a la verdad de la historia ladichosa jornada de Cortésque primero que vaya adelantediga algo de la islade Cozumel y de lo que en ella hizo Cortés antes que se partieseel cualcuando vio que los indios tenían ya tanta amistad con los nuestrosque sesufría por lengua de Aguilar desengañarlos de la idolatría en que estaban; yasíjuntando los más que pudoy entre ellos a todos los principales y a losque eran sacerdotes de los demoniosasentado en altoy a par dél Aguilarenpie en el principal templo dellosles habló en la manera siguiente:

«Hermanos e hijos míos: ya sabréis e habréis visto y entendido del tractoy comunicación que con vosotros hemos tenidoque aunque somos tan diferentesen lenguacostumbres y religiónnunca os hemos hecho enojo ni dado pesadumbreni pretendido vuestra haciendalo cual si bien lo miráisclaramente os da aentender que tenemos los corazones piadosos y que no deseamos ni queremos másque teneros por amigospara que si entre vosotros hobiere alguna cosa buena queimitar la sigamosy así vosotros hagáis lo mismoconosciendo haber algoentre nosotros que debáis seguir. Ya os dixe al principiocuando entré enesta islaque yo y estos mis compañeros veníamos por mandado de un granseñor que se dice D. CarlosEmperador de los romanoscuyo señorío es a laparte del occidentepara que le reconoscáis por señorcomo nosotros hacemosy porque veáis cuánto le debéis amarsabiendo que así en las costumbres ypolicía humanacomo en la religiónestábades engañadosnos invió paraque principalmente os enseñásemos que sepáis que hay un solo Diosque crióel cielo y la tierray que las criapturas que adoráis no son diosespues veisque son menos que vosotrosy que el demonio os traiga engañados parece claropues contra toda razón natural manda y quiere que los innocentes y sin culpasean sacrificados. Este mismo hace que contra toda ley natural y contra lageneración humanalos hombres tengáis acceso con otros hombreshabiendo Dioscriado las mujeres para semejante uso; coméis os unos a otroshabiéndoos Diosdado tanta variedad de animales sobre la tierrade aves en el aire y peces enel agua. Nuestro Dios es clementísimo; crió todo lo que veis para servicio delhombrey para que después que muriesecreyéndole y guardándole su ley enesta vidapara siempre después le gozase; y pues soiscomo nosotrosnascidosy criados para adorar y gozar a este gran Dios que todo lo que veis crióy quepor llevarnos para sí murió en la cruzresucitando para que despuésresucitásemosquebrantad y deshaced esas feas estatuas de piedra y maderaqueellas no son diosesni lo pueden serpues las fabricaron vuestras manos; ypara que mejor lo creáisquiéroos descubrir una maldad con que hasta ahora oshan engañado los ministros del demonioperseguidor vuestroy es que como esasfiguras son huecas por de dentrométese un indio por debaxo y por una cerbanahabla y da respuestafingiendo que las figuras hablan; y porque no penséis queos engañodelante de vosotros derribaré un ídolo y haré que los sacerdotesconfiesen ser así lo que digo.» Diciendo estohizo pedazos un ídolo y luegolos demás compañeros los otros; confundiéronse los sacerdotes y dixeronpúblicamente que aquel secreto no lo podía revelar ni magnifestar otro queaquel gran Dios de quien hablaba el General.

Fue cosa de ver cómo los indios ayudaron luego a los cristianos a quebrantarlos ídolos. Alegre destocomo era razónHernando Cortéshizo poner crucesdándoles a entender que en una como aquélla Dioshecho hombrehabíapadescido por librar al hombre de la servidumbre del demonio. Dióles luego unaimagen de Nuestra Señoradiciéndoles que aquella era figura de la Madre deDiosde quien Él había nascido; que la tomasen por abogada y a ella pidiesenel agua y buenos temporalesporque se los daríaporque nadie podía tanto conDios como ella. Rescibieron esta imagen los indios con gran devoción yreverencia y adoráronla de ahí adelantealcanzando todo lo que pedíanyaficionáronse tanto a los nuestrosque a todos los navíos que después porallí pasaronrerscibieron de paz e hicieron muy buen tractamientoproveyéndolos de todo lo nescesariomostrándoles la imagen que Cortés leshabía dadoal cual llamaban señor y padre; y como vían que los nuestrosquitándose las gorras se hincaban de rodillas y la adorabancrescía en ellosla fee y devoción.

Después que Cortés hubo acabado su plática y derrocado los ídolospuestolas cruces y dado la imagendiciéndoles otras cosas de nuestra sancta feeabrazó a los señores y a los sacerdotesencomendándoles mucho se acordasende lo que les había dicho; dióles algunas joyas; despidióse dellos no sinmuchas lágrimas y otras muestras de grande amor entre los nuestros y ellos.



 

 

Capítulo XXXI

Do se prosigue la materia del precedente.

Esta isla de Cozumeldonde tan bien fueron rescibidos los nuestrosllamósepor Joan de GrijalvaSancta Cruzporque el día de la Cruz de Mayo ladescubrió; y aunque hemos dicho que después de derrocados los ídolosCortéshizo poner crucesdicen algunos que en un cercado almenado de buen edificioenmedio dél hallaron una cruz de cal y cantode más de estado y medio en altoa la cual moradores de la isla adoraban por dios de la lluvia; de manera quecuando tenían falta de agua iban a ella los sacerdotesy con ellos los hombresy mujeresniños y niñasy con gran devociónofresciéndole copalque esentre los indios como enciensosacrificándole codornices para le aplacarledemandaban agua. Afirmaban los viejos que jamás la habían pedidoque luego odentro de poco tiempo no llovieselo que no les acontescía con los otrosdioses.

Tiene esta isla de boxsegún algunos dicendiez leguasy según otrosmásy según otrosmenos. Está en el mismo altor que Méxicoque son diez enueve grados; dista de la Punta de las Mujeres o Amazonasque llaman cabo deCotochecinco leguas largas; hay en esta isla buenos edificios de cal y cantoespecialmente los templos; la gente andaba desnuda; cubrían sus vergüenzas conuna tirilla de lienzo; su principal mantenimiento era pescadoa cuya causaentre ellos había grandes pescadores. Hay venados pequeños y puercos montesestambién pequeños; son negrostienen una lista blanca por medio y el ombligoen el lomo; andan las más vez en manadadefiéndense bravamentey cuando losacosan se encierran en cuevaspara sacarlos de las cuales les hacen un seto derama alderredory echándoles humosalen luegoy como están cercadosconfacilidad los cazadores los flechan y alancean.

En esta isla montuosa; en lo llano habitan los moradores; es de buen temple ysanay dase mucho maíz; hay gran copia de avesque llaman gallinas de latierra; mucha miel y cera. Tenía cinco mill moradoresaunque ahora may muymuchos menos; la causa es porque estonces cada uno tenía las mujeres que podíasustentar.

Había en ella cinco pueblos y muchas cuevasdonde vivían los moradores.Sembraban en las resquebrajaduras de las piedras. Está por un río grande abaxoquince leguas de Yucatány por la tierra treinta. Es subjecta a Yucatán yallí traen su tribucto. E porque he tocado en Yucatánserá bien saberqueen gran parte de aquella tierrade los cuatro elementos paresce que faltan lostresporque es toda como un peñascoy así la llaman malpaís; apenas se veetierra. Siembran los moradores en las grietas y resquebrajos que hacen laspeñasy acude bien por la humedad de los ríos y arroyos que corren pordebaxoaunque diez y doce estados de hondo llevan los ríos sus peces; tómaseel agua debaxo de la tierra. Paresce también que falta el elemento del airepor ser la tierra llana y llena de arcabucos muy espesos; con todo esto estierra sana; abunda de cera y miel; hay mucha copia de algodónque ahora lahace muy rica por la ropa que en ella se labra; danse mucho las legumbres yfructas de la tierra. Hay al presente monesterios de Sant Francisco y algunospueblos de españolesel principal y cabeza de los cuales se llama Mérida.Señalóse en la conquista desta tierra y población della D. Francisco deMontejode lo cual diré en la primera parte desta historia. Agoraviniendo alviaje de Cortésdiré cómo tomó a Champotón y lo que en él le subcedió.



 

 

Capítulo XXXII

Cómo Hernando Cortés tomó a Champotón y de lo que lesubcedió.

Salió Cortés con su flota en demanda del navío que le faltabaque con eltiempo se perdió al salir de la Punta de Sant Antón y Cabo de Corrientesquepor ser pequeño no pudo sufrir el tiempo. Llamábase El Guecho. Cresce la marmucho cerca de Campechey es esto cosa de mirar en elloporque en toda la mardel Norte no cresce ni decresce sino muy pocodesde la Mar del Labrador aParia. Tráense dello diversas razonesaunque las menos satisfacen.

Prosiguiendo Cortés su derrotallegó a una ensenada que hace unas isletascerca de una de las cualesque Grijalva llamó Puerto de Términoshalló elnavío sano y enteroy toda la gente buenaproveída de mucha cecina que conla lebrela habían cazado; y había tanta copia de conejosque los mataban apalos. Llamó Cortés a aquel puerto el Puerto Escondido; alegróse grandementeen haber hallado el navío sin haber subcedido desgracia; regocijáronse mucholos unos con los otrospreguntándose cómo les había idoporque los de laflota creyeron que el navío había dado al travésy estaban ya desconfiadosde toparleo quea lo menosmorirían de hambre los que en él ibanpor noir muy bien proveídos. Los del navío también creyeron queo la flota eradesbaratada o que habían pasado muy adelante. El Capitán del navío se llamabaEscobar.

Juntospuestodosaunque hasta allí habían padescido muchos trabajoscon buen tiempo navegando la vía de Sant Joan de Lúallegaron a un río muygrande que Grijalva descubriópor lo cual le llamaron el Río de Grijalvaepor otro nombre el río de Tabasco o de Champotónen la boca del cual surgióel Generalno atreviéndose a entrar con los navíos gruesosdesde los cualesvieron luego gran población no lexos del río. Acudieron a la lengua del aguamuchos indios a manera de guerracon arcos y flechasplumajes y devisaspintados a la usanza de la guerra; venían determinados de no dexar desembarcara ninguno de los nuestrosparesciéndoles que les subcedería como con losnavíos que antes habían ojeado. Cortésdexando guarda la que era menestersaltó con la demás gente en los bateles con ciertas piezas de artillería ylos suyos bien armados; entró por el río arribaaunque la corriente no lesayudaba nada; andada legua y mediavieron un gran pueblo con casas de adobescubiertas de paja y cercado de madera con gruesa pared almenada y con sustroneras para flechar a los enemigos. Entoncesdicen unos que los indiosentraron en muchas canoas y muy enojados reprehendiendo a los nuestrosporquese habían atrevido a entrar por su tierra. Otros dicen que desde la playa losamenazaban.

Acercóse Aguilar a ellosy por Aguilar y por un indio que traíalo mejorque pudo les dio a entender que no venía a hacerles malsino a ser su amigo ycontratar con ellos. Los indioso porque estaban lexoso porque no queríanentenderlorespondieron que no entendían. Cortés entonces se acercó hastazabordar en tierray el indiocomo vido tiempo para su deseosaltó en tierray fuese a los otros indiosdiciéndoles que aquellos hombres advenedizostenían mal corazón y que tan crueles y robadores; que no los rescibiesen niproveyesen de cosa. Hizo este indio con sus palabras tanta fuerza en los pechosde los demás indios que fue muy dificultosocomo diremosel subjectarlos.Hízoles Cortés señal de paz y rogóles por Aguilar que le oyesen; pidiólesalguna comida para pasar adelante; ellos en una canoa le inviaron un poco demaíz y tres o cuatro gallinas de la tierradiciéndole que tomase aquello yque se fuese luego; si noque le harían cruda guerray tractarían a él y alos suyos como habían tractado a los otros sus compañeros. Replicóles elGeneral que toda templanza que no fuesen tan crueles e que ya veían que paratantos hombres era poca comida aquella; que le traxesen másque él se lapagaría. Los indiosmientras más blandamente les hablabamás se indignabancontra éltornando a amenazarle que si no se ibamatarían a él y a lossuyos. Esto era a hora de vísperas.

Cortésvista la crueldad y mala intención de aquellos indiosrecogióse auna isleta que el río allí hacey en la noche cada uno pensó engañar alotroporque los indios levantaron la ropa y sacaron las mujeres y niñosjuntando toda la gente de guerrapara dar en los nuestros; y Cortés inviótres hombres el río arriba a buscar el vadoy aunque el río es muy grandecomo era veranole hallaron. Mandó a éstos que pasado el río diesen vueltaal pueblo para ver si por alguna parte podía entrarlos cualeshabiéndolobien vistovolvieron y dixeron que por las espaldas un arroyo arriba se podíaentrar. Entendido esto por Cortéslo más secretamente que pudo invió aAlonso de AvilaCapitán que era de un navíopersona de quien Cortés teníamucho conceptocon ciento y cincuenta hombres de piepara que aquella nocheencubiertamentese pusiese cerca del pueblo por la parte que los tres hombreshabían dicho que se podía entrarcon aviso que cuando él desde los batelesmandase soltar un tiroacometiese con grande esfuerzo al pueblo. En elentretanto que Alonso de Ávila iba con su genteel General mandó que losCapitanes de los navíos saltasen con sus soldados en los batelesy él semetió en otro con hasta treinta soldadosmandando a Alonso de Mesaque era elartilleroque cargase dos tiros a la proa del bately asípuestos todos apuntocon pocas palabras los animó desta manera:

«Señores y amigos míos: Nosotros como cristianos hemos hecho el deberconvidando a estos indios con la paz y comprándoles la comidade que tantanescesidad tenemosnos la niegan; y como si les hubiésemos hecho algún dañonos tienen por sus enemigos. Resta que tornándolos a convidar con la paz yamistadsi no la admitierenlos acometamoscomo está concertadocon todafuriapara que hagan por temor lo que no quieren por amory pues todos habéisde pelearno por quitar la vida a otrossino por sustentar la vuestrarazónes que cada uno haga lo que debe.»

Dichas estas palabrasse fue llegando a tierra poco antes que amanescieseeya los indios estaban en la playa despidiendo contra los nuestros muchasflechas. El General hizo señal de pazy por Aguilar les rogó le oyesen;díxoles lo que otras vecesy finalmentepasada uno hora en demandas yrespuestasdiciendo Cortés que había de entrar en el pueblo y ellos que nomandó soltar el tiroy saltando luego en tierra con toda la gente losacometió con grande esfuerzo; luego Alonso de Ávila por la rezagacomo estabaconcertadodio en el pueblo. Los indioscomo se vieron cercados y sintieron laceladaespantados de los tiros y del ardid de los nuestrosquedaron muchosdellos muertosdesampararon el pueblometiéronse en el monte. Cortésconmuy poco daño de los suyosentró en el templo de los ídolosque era fuertey muy grandedonde puso su gente; halló poca presaaunque mucha comida; yaquella nochepuestas sus guardas y centinelasdescansó hasta otro díaenel cual subcedió lo siguiente.



 

 

Capítulo XXXIII

De lo que a Cortés le acaesció el día siguiente con losindios del río de Grijalva.

Otro día después de curados los heridosque serían hasta cuarentamandóCortés que le traxesen allí los indios presosy por la lengua de Aguilar lesdixo: «Amigos y hermanos míos: Porque sepáis que nosotros no os venimos ahacer malaunque vosotros nos le habéis procuradoos podéis ir libremente avuestro señor y decirle heis de mí parte que de los heridos y muertos y detodo el daño hecho a mi me pesa más que a ellosaunquecomo sabéisvosotros tenéis la culpapues habiéndoos sido rogado tantas veces con la pazno la habéis querido. Diréis también a vuestro señorde mi parteque yo ledeseo tener por amigoy que si no lo rescibe por pesadumbreme venga a verporque tengo muchas cosas que le decir de parte de Dios y del gran señor que meinvía; y si no quisiere venirdecirle heis que yo le iré a buscary lerogaré por bien me provea de comidaporque no es razón en tierra poblada dehombres tan valientes como vosotros muramos de hambre. Traerle heis a la memoriacomo los indios de Cozumel nos rescibieron y proveyeron de lo nescesarioquedando[cuando] nos partimospor muy amigos nuestros.

Los indios se partieron muy alegrescomo aquellos que habían cobrado sulibertade aunque con muchas palabras encarescieron a su señor y a otrosprincipales el buen tratamiento que Cortés les había hecho y relataron porextenso lo que les había encargadono por eso el señor mudó propósitoantes más endurescidojuntó gente de cinco provinciasen que habría más decuarenta mill hombresentre los cuales venían los señores y caudillos que losregíanconjurados de morir todos o matar aquellos pocos españoles y comerloscon gran regocijo en la primera fiesta principal que viniese.

Otro día vinieron hasta veinte indios bien adereszados a su modo queparescían hombres principalesy dixeron a Cortés que su señor le rogaba queno quemasen el puebloque ellos le traerían vituallas. Cortésrespondiéndoles graciosamenteles dixo que él no se enojaba con las paredespues soltaba los hombres que tenía presose que ya les había otras vecesdicho que de parte de Dios y de un gran reysu señortenía que decirlescosas que si las oyesen les darían gran contento. Los indiosque más eranespías que embaxadoresse volvierony por asegurar a los nuestrosotro díavinieron con alguna comidala cual Cortés les pagó algunas cosas de Castilla.Dixéronle después de haberle dado la comida y rescebido el rescateque suseñor decía que libremente podía entrar por la tierra adentro a rescatarcomida. Holgó mucho desto Cortéscreyendo quecomo habían sido vencidos ysentido las grandes fuerzas de los españolesquerían más la paz que laguerra. Cortés les respondió que se lo agradescía mucho y que así lo haría.

En el entretanto los indios se acaudillaron en partes donde de los nuestrosno pudiesen ser vistospara acometerlos cuando fuese tiempo. Cortésnorecelando la celadaotro día invió tres Capitaneslos cuales fueron Alonsode ÁvilaPedro de Alvarado y Gonzalo de Sandovalcada uno con ochentacompañeros; el uno de los Capitanes dio en unos maizales cerca de un puebloyrogando a los indios le vendiesen maízlos cuales no queriendode palabra enpalabravinieron a las armasy fue la furia con que los indios acometieron tangrandeque parescía llover flechas sobre los nuestros. Resistió la capitaníalo que pudohasta que se vinieron retrayendo a una parte donde los indios lospusieron en grande aprietoy murieran todos sin quedar hombre si las otras doscompañías no acudieran a la grita. Trabáse de nuevo una brava batalla queduró hasta la nocheen la cual murieron algunos españoles y fueron heridosmuchosy de las armas; casi los más se encalmaron; hicieran grande estrago enlos indiosaunque por ser tantos no los pudieron vencer.

Luego otro díacomo Cortés entendió la malicia e odio en que losChampotón perseverabandespués de haber llevado aquella noche todos losheridos a las naoshizo que muy de mañanaluego después de haber oído misasaltasen en tierra los sanose juntó en campo quinientos hombres y doce de acaballoque fueron los primeros que en aquella tierra entraron. Ordenólos yrepartiólos por sus capitaníasponiéndolos por los caminos hacia el lugar dohabía de irque se llamaba Acintlaque quiere decir en nuestra lengua «lugarcerca de agua». Ordenó el artilleríade la cual llevaba cargo Alonso deMesael cual en lo más de la conquista fue muy nescesario. Los indiosen elentretantono se descuidaban nadaporque no era amanescido cuando en númerode más de cuarenta mill en cinco escuadrones salieron a buscar a los nuestrosy como gente práctica en la tierralos esperaron entre unas acequias de agua yciénagas hondas y malas de pasar.

Cuando los nuestros se vinieron a juntar con los indiosse hallaron muyembarazados y comenzaron a perder el orden que llevaban. El Generalcon los dea caballofue hacia do entendió que estaba la mayor fuerza de los enemigosmandando a la gente de pie que caminase por una calzada que de una parte y deotra estaba llena de agua; él pasó con los de a caballo por la mano izquierdado iba la gentey no pudo llegar a los contrarios tan presto como pensóniayudar a los suyos. En el entretandolos indios acometieron con gran furia alos nuestros con varias flechas y piedras de honda; teníanlos cercados ymetidos en una hoya a manera de herradura; pusiéronlos en tan gran peligroaunque los nuestros hacían gran daño en ellos con las ballestasescopetas yartilleríaque se vieron muy fatigadosasí porque los indios eran muchos yacometían siempre de refrescomudándose unos y viniendo otroscomo porque sereparaban con los árboles y valladares.

Los nuestros se dieron priesa a salir de aquel mal pasometiéndose hacia unlado a otro lugar más espacioso y llano y con menos acequiasdonde seaprovecharon más de las armas y especialmente de los tiroslos cuales hicieronmucho dañoporque como los enemigos eran muchosdaban siempre en lleno. Contodo estocomo los enemigos eran tantos y los españoles se iban cansando yhabía siempre más heridoslos arremolinaron en tan poco estrecho de tierraque les fue forzado para defenderse pelear vueltas las espaldas uno a otros; yaun desta manera estuvieron en muy gran peligroporque ni tenían lugar dejugar el artillería ni de hacer campo con las armasporque los de a caballoaún no habían llegado. Estando en tan estrecho trance aparesció uno de acaballoque pensaron los nuestros ser el General o Francisco de Morla;arremetió a los indios con muy gran furia; retirólos gran espacio; losnuestros cobraron esfuerzo y acometieron con gran ánimohiriendo y matando enlos indios; el de a caballo desaparecióy como los indios eran tantosrevolvieron sobre los nuestrostornándolos a poner en el estrecho que antes;el de a caballo volvió y socorrió a los nuestros con más furia e ímpetu quede antes; esto hizo tres veceshasta que Cortés llegó con los de a caballoharto de pasar arroyos e ciénagas y otros malos pasosel cualviendo su genteen tan gran peligroles dixo en alta voz: «Adelantecompañeros; que Dios ySancta María es con nosotros y el Apóstol Sant Pedroque el favor del cielono nos puede faltar si hacemos el deber.» Dichas estas palabras arremetió amás correr con los otros de a caballo por medio de los enemigos; lanzólosfuera de las acequias y retráxolos en parte do a su placer los pudo desbaratar.Los indios dexaron el campoy confusos y sin orden se metieron huyendo por lasespesurasque no paró hombre con hombre. Acudieron luego los de a pie ysiguieron el alcanceen el cual mataron más de trecientos indiossin otrosmuchos que hirieron. Pasó esta batalla Lunes sancto.

El Generalconseguida esta victoriamandó tocar a recoger; fueron losheridos de flechas y piedras sesenta; dicen que no murió ninguno: mandólos elGeneral curar todos; dieron muchas gracias a Dios por la merced que les habíahecho en librarlos de tantos enemigos; comenzaron a tractar quién sería el dea caballo; los más decían ser el Apóstol Sanctiagoaunque Cortéscomo eratan devoto de Sant Pedrodecía ser su abogadoal cual en aquel día con grandevoción se había encomendado; y aunque no está cierto cuál de los dosApóstoles fuese aquel caballerolo que se averiguó por muy cierto fue nohaber sido hombre humano ni alguno de los de la compañía; de adonde constaclaramente cómo Dios favorescía esta jornadapara que su sancta fee seplantase en tierra do por tantos millares de años el demonio tiranizaba.



 

 

Capítulo XXXIV

Cómo vencidos los champotonesconvencidos por buenoscomedimientosse dieron por amigos.

Acabada esta batallaque se concluyócon la nochelos nuestrosdescansaron en el real dos díasporque estaban cansados y fatigados de lahambre. En el entretantoCortés invió algunos de los indios que tenía presosal señor y a otros comarcanos caciques que con él se habían juntado a hacerla guerraa decirle que le pesaba del daño hecho entre ambas las partesy queellos lo habían mirado mal en no tener cuenta con los ofrescimientos que leshabía hecho y con no admitir el aviso que cerca de lo que les conveníalesquería dar de parte Dios y de aquel gran Emperador por cuyo mandado venía acomunicarlosy que por lo subcedido entenderían cuán poca razón habíantenidopues tan pocos españoles habían vencido a tantos indiosy que contodo estoél les perdonaba la culpa que en esto habían tenido si luegovenían a él a darle razón por qué habían estado tan endurescidos y habíanporfiado tanto contra tan buenos comedimientosy que les apercebía que sidentro de dos días no veníanque él los iría a buscar por toda la tierradestruyendo y talando cuanto hallase y no dando vida a hombre que topase.

Como la repuesta se tardó algoal tercero día Cortés salió al campo condeterminación de buscarlos; en esto vinieron hasta cincuenta indios principalesde parte de todos aquellos señores que habían sido en la ligalos cualeshumillándose al Capitánhablaron desta manera: «Los que aquí venimos somostus esclavosy de parte de nuestros señoresque también se ofrescen por tusesclavoste hacemos saber que están muy pesantes de haberte enojadoaunquehan llevado la peor partey dicen que bien paresce que tenían poca razón ytú muchapues sus diosessiendo nosotros tantosno quisieron darles lavictoriay que pues ellos conoscen su culpa y tu mucha razón y el granesfuerzo con que has peleadote suplican los perdones y rescibas por tusamigosque ellos te guardarán para siempre esta fee y palabra que te danentestimonio de lo cual te piden les hagas merced de darles licencia para enterrarlos muertos y seguridad para venirte a besar las manos y oír todo lo que lesquisieres decir.»

Cortés con alegre rostro respondió en pocas palabras que se holgabahubiesen venido en conoscimiento de su error y que les daba licencia para lo quepedíany que en la venida de los señores no le mintiesenporque ya no losoiría por mensajeros. Despidiéronse con grandes comedimientos los indiosydespués de dada la repuestasus señores les preguntaron extensamente delasiento y orden de los nuestrosla gravedad y severidad con que el General loshabía rescebido y respondidolas armas y bullicio de gente y otrasparticularidades que no en poca admiración los pusieron; y así juntosantesque ninguno fuese a su casatrataron si sería bien cumplir la palabra o volversobre los nuestros.

Finalmentedespués de grandes altercacionesse resumieron en ir a ver alCapitánpor no poner en condisción sus personas y estadosentendiendo quesus fuerzas no eran iguales con las de los nuestros y que parescíamosinvencibles e inmortales. Con esta determinación salieron a su modo ricamentevestidosacompañados de muchos indioscon joyas de oro que valdrían hastacuatrocientos pesospara presentar al General. Fue la cantidad tan pocaporqueen aquella tierra no labran oroni hay minas de plata; llevaronque era lo quemás hacía al casomucho bastimiento de pangallinas y fructas. El señorprincipal iba acompañado de los otros señoresentre dos de los másprincipales; la demás gente iba un poco atrás.

Llegaron do el General estabay poniendo delante del los criados elpresenteellos le hicieron un grande acatamiento. Levantóse Cortés de lasilla y abrazó primero aquel señory luego a todos los demás por su orden.Hecho estoun indiohaciendo gran comedimientose puso a un lado entre aquelseñor y el General. Aguilar se puso del otro ladopara declarar lo que elindio quería deciral cual señorhaciendo gran comedimiento y reverencia aCortésdixo todo lo que él por su propia boca pudiera decirpara que lodixese a Aguilar. Es esta costumbre entre ellosque cuando el señor con quienhablan no entiende la lenguaponen a un criado a que hablepues el criado delotro señor ha de declararloy así guardan entre ellos su auctoridad yreputación. Lo que este señor dixo por boca de su criadoe interpretado porAguilarfue que él y aquellos señores humildemente se ofrescían por suscriadosy que de lo pasado les pesaba muchoporque habían sido engañados;que de ahí adelante le servirían en todoe que en señal desto le traíanaquel oro y joyas y ofrescían aquel bastimento para el realy que ellos y latierra toda estarían siempre a su servicio y le obedescían como a su señoraquel gran Príncipe en cuyo nombre habían venido.

Holgóse Cortés en extremo con lo que el señor les dixotornóle a abrazare hízole grandes caricias; dio a él y a los otros señores cosas de rescatecon que muchos se holgaron; díxoles que él y los suyos serían muy sus amigos.

Acabadas estas palabras y otras de mucha amistad que entre el General y ellospasaronaquel señor y otrosoyendo el relinchar de los caballosque estabanatados en el patiopreguntaron que qué habían los tequanesque quiere decir«cosas fieras». Respondióles Cortés que estaban enojados porque no habíacastigado gravemente su atrevimientopues se habían puesto a hacer guerra alos cristianos. Ellos amedrentadoscreyendo ser esto asítraxeron muchasmantas do se echasen los caballos y muchas gallinas que comiesen paraaplacarlos; decíanles que no estuviesen enojados y que los perdonasenporquede ahí adelante serían muy amigos de cristianos. A esto Cortés y los queallí se hallaron desimularon muchoporque por entonces convenía así.

Preguntóles qué había sido la causa por que con él se habían habido tanásperamentepues con otros que por allí habían pasado como ellosse habíanhabido humanamente. Respondieron que los otros navíos y los que en ellosvenían eran pocos y los primeros que por allí visto habíany quecontentándose con rescatar algunas cosillas y con pedir pocas cosas para comerse habían pasado de largo; pero que ahora tantas naos y tantos hombres loshabían puesto en gran sospecha que les venían a tomar el oro y su tierra yhaciendas; y que tiniéndose ellos por hombres esforzados entre todos susvecinos y que no reconoscían señorío a nadie ni que dellos ningún otroseñor sacaba tribuctos ni gente para sacrificarle había parescido grancobardía siendo ellos tantos y los nuestros tan pocos no matarlos a todos; yque para estoel indio que se había huido los había animado muchodiciendoser los nuestros robadoresde mal corazónamigos de mandar y señorearlotodopero que se habían engañadoasí en creer al indiocomo en pensar quepodían destruir a los nuestros. Dixeron tras esto que los tiros y las espadasdesnudas y las grandes heridas que con ellas los nuestros hacíanlos había engran manera espantadoy que aquellos tequanesque eran los caballoseran tanbravos y tan ligeros que con la boca los querían comer y parescía no corrersino volarpues los alcanzaban por mucho que ellos corríany que sobre todoaquel caballo que primero vieronles quitaba la vista de los ojos y habíapuesto gran espantode adonde cuando los otros vinieronse tuvieron porperdidosy que siempre creyeron que el caballo y el hombre era todo uno.



 

 

Capítulo XXXV

Cómo Cortés dixo algunas cosas a aquellos señores tocantesal servicio de Dios y del Emperador.

Pasadas estas cosasluego que Cortés entendió que la amistad no erafingidahaciéndolos asentarpor lengua de Aguilar les habló desta manera:«Señores y amigos míos: Todas las veces que os invié a hablar para queviniésedes en la amistad que ahora tenemosos dixe que de parte de Dios y delEmperadormi señortenía que deciros algunas cosas que os importaba muchosaberlas cualespor estar sospechosos de nuestra amistad no quesistes oír; ypues ahora entendéis cómo jamás hemos pretendido vuestro dañoserá bienque con todo cuidado oigáis lo que cerca de Dios y del Rey os quiero decir; yasíante todas cosassabed que no hay más de un Dioscriador y hacedor detodo lo que veisy que no puede haber sino unoporque Éste lo ha de podertodo y saber todoca si hobiese otrosno podría sustentarse la unidad yconcordia que hay en todas las cosas criadas. Este Dios es tan poderoso que denada crió el cielo y la tierralos ángeles y los hombres; es tan bueno que losustenta todo; es tan justo que ni el bueno queda sin galardónni el malo sincastigo; quiso tanto al hombre queviendo cómo el demonio le había engañadose hizo hombrenasciendo de madre virgen; murió por élporque el hombreaunque le veis morirel ánimaque es imagen de Diosnunca muerey despuésvendrá tiempo que el cuerpo se junte con el ánima para nunca más apartarse;de manera que el hombre que en esta vidacreyendo en un solo Diosvivió biencuando este mundo se acabeque será el día del Juicioresucitará en cuerpoy en ánimapara gozar deste Dios para siempre jamásque es verdadera gloria;ypor el contrarioel que no creyere en Élo el que habiendo creídoviviere malen aquel tiempo tomará su cuerpo para ser atormentado para siempreen las penas del infierno; y para que sepáis de raíz vuestra perdición yengañosabréis que después que Dios crió los ángelesuno dellos que sellama Lucifercon muchos que le siguieronse quiso igualar con su Criadorporla cual ofensa fue echado del cielo con sus compañeros. A éste y a ellosllamamos diablosque quiere decir caviladoresporque con el pesar que tienende que el hombre suba al asiento que ellos perdieronprocuran con gran cuidadoquitando la honra al verdadero Diostomarla para síhaciéndose adorar de loshombres como si fuesen verdaderos dioses; y asídebaxo de diversas figurasprocuran ser veneradosen lo cual hay dos grandes engaños: el primeroquehacéis dios de una piedraque no sienteo de un animalque matáis paracomer; el otroque os piden vuestra vida y sangrela cual nunca os dieron nipueden dar ni quitar: y asípara que se pierdan vuestras ánimas y despuésvuestros cuerposos permiten y mandan que os comáis unos a otros; que el máspoderoso tiranice al más flaco; que uno pueda tener muchas mujeres ylo quepeor esque unos con otros tengáis acceso carnal y que cometáis otrosnefandos y abominables pecados que claramente son contra toda razón natural ymuestran que el diossi tal se puede llamarque los consientees malo ynefando. El Dios que yo os predico no quiere sino vuestro bieny quiéreostantoque no quiere que hagáis cosa mala por la cual muráis para siempre; ysi la hicierdesque os pese dellavolviéndoos a Élel qualha querido queel Rey de España y Emperador de los cristianosmi señorpor comisión de unSumo Sacerdote que en la tierra está en lugar de Diosrigiendo y apacentandolas ánimasme inviaron con esta gente que veis a buscaroscomo a hombres queestáis fuera del caminoy alumbraros como a ciegos que estáis con losengaños del demonioy a que conoscáis los errorespecados y maldades en quepor engaño de los demonios habéis vivido; por esto debéis mucho a granseñor; reconocelde y servilde tan grand mercedadmitiéndole de vuestravoluntad por Príncipe y señor vuestropara que él por sus ministros osenseñe la ley cristiana y sustente y conserve en justicia; y porque yo vengo ensu nombre a daros a entender lo que he dichoruégoos que en su nombre merescibáis y deis vuestra palabra de conoscer y creer un solo Dios y servir yobedescer a este Emperador de los cristianos.»

Acabada esta pláticaque aquellos señores y los vasallos que con ellosiban oyeron con gran atenciónadmirados y aun convencidos con la fuerza de laverdad que no habían oídodieron muchas gracias al Generaly aquel señorcon consentimiento y ruego de los demáspor sí e por ellos respondió destamanera: «Señorgran merced es la que nos has hecho en darnos a entender laley que vosotros tenéis y guardáisy ciertodebemos mucho a ese gran señorque te invíay no menos a tiporque veniste. Nosotrosaunque no tanclaramente como querríamos. por ser tan la primera vez que nos hablasconoscemos los vicios en que hemos vividoy que no son diosessino diabloscomo diceslos que hasta ahora habemos adoradopues siempre nos han dexadovivir mal y querido que con nuestra sangre y vida les hagamos sacrificio.Nosotrospuesdesde ahora para siempre nos ponemos en tus manos con nuestrosvasallostierras y haciendaspara que las ofrescas a ese Emperador de loscristianos que tanto nos amay seguiremos la ley que por ti nos predica»

Con estas palabras se despidieron muy graciosamente de Cortésy en llegandoa sus casas le inviaron nuevo refresco y con él doce o trece indias para quehiciesen tortillasentre las cuales vino una que despuésbautizándolallamaron Marinay los indiosMalinche. Esta sabía la lengua mexicana y la deaquella tierrapor lo cualcomo adelante diréfue muy provechosa en laconquista de la Nueva España.



 

 

Capítulo XXXVI

Cómo Marina vino a poder de los nuestros y de quién fue.

Ya que Diospara la conversación y bien de tantos infieleshabíaproveído de Aguilarquiso que entre las esclavas que estos señores inviaronfuese una Marinacuya lengua fue en gran manera para tan importante negocionescesario; y pues se debe della en esta historia hacer notable mencióndiréquién fueaunque en esto hay dos opiniones: la unaes que era de la tierra deMéxicohija de padres esclavosy comprada por ciertos mercaderesfue vendidaen aquella tierra; la otra y más verdadera es que fue hija de un principal queera señor de un pueblo que se decía Totiquipaque y de una esclava suyay quesiendo niñade casa de su padre la habían hurtado y llevado de mano en mano[a] aquella tierra donde Cortés la halló. Sabía la lengua de toda aquellaprovincia y la de Méxicopor lo cual fue tan provechosa como tengo dichoporque en toda la jornada sirvió de lenguadesta manera: que el Generalhablaba a Aguilar y el Aguilar a la india y la india a los indios.

Repartió Cortés estas esclavas entre sus Capitanes para el servicio dellosy cupo Marina a Puerto Carrero. Esta india se aficionó en tanta manera a losnuestroso por el buen tratamiento que le hacíanvisto cuánto conveníaregalarlao porque ella de su natural inclinación los amabaalumbrada porDios para no hacerles traiciónque aunque muchas veces fue persuadidaunasveces por amenazas y otras por promesas de muchos señores indiospara quedixese unas cosas por otraso diese orden cómo los nuestros paresciesennuncalo quiso hacerantesde todo lo que en secreto le decíandaba parte alGeneral y a otros Capitanesy así los hacía siempre vivir recatados. Casósedespués esta indiaen la prosecución de la conquista con Joan Xaramilloconquistador y hombre que en la guerra sirvió valientemente.



 

 

Capítulo XXXVII

Cómo Cortés partió de Champotón y vino al Puerto de SantJoan de Lúa.

Después que Cortés hubo pacificado los champotonesdeseoso de llegar alfin de su esperanzaadereszando su viaje y proveyendo sus navíosdeterminóotro díaque era Domingo de Ramoshacer una solemne procesiónpara la cualconvidó aquellos señores indios y a sus vasalloslos cualescomo son amigosde novedadesvinieron de muy buena ganaricamente adereszados y tantos ennúmero (porque también vinieron las mujeres y niños) que cubrían los campos.Hizo Cortés la procesión con ramos en las manoscon toda pompaauctoridaddevoción y lágrimas que pudola cual solemnidad miraron los indios con granatención y cuidadoy hubo entre ellos algunos que dixeron que el Dios de loscristianos era el verdadero y el Todopoderosopues gentes de tanto esfuerzo yvalorcon tanta auctoridad y pompacon tanta reverencia y veneracióncontantos instrumentos de música y vocesle servían y adoraban. Cortésnodexando el ramo de la manollamó a Aguilary para despedirse de aquellosseñores y de los demás indios le dixo que les dixese: «Señores y amigosmíos: Yo confío en el Dios que adoro y os he predicadoque es solo verdaderoDios y señor nuestroque adelante entenderéis la mucha verdad que convosotros he tratadoy se que encomendándoos a Él y a su Sanctísima Madrecuyas imágenes os dexo que adoréisno le pediréis cosacomo acontesció alos de Cozumelque no la alcancéisy alumbrará vuestros entendimientos paraque mejor conoscáis la ceguedad en que hasta ahora habéis estado; y pues elEmperador y Reymi señornos ha inviado para que siendo vosotros nuestrosamigos vengáis en este conoscimientoruégoos mucho porque después yo osinviaré sacerdotes que os enseñenque tengáis vuestro corazón puesto ensólo Diosy con los cristianos que por aquí pasaren uséis de toda caridadguardando la palabra que me tenéis dada de servir en lo que pudiéredes a estegran Príncipe que me invía.»

Acabada esta breve pláticalos abrazóy ellosdiciendo que harían todolo que les mandabale acompañaron hasta que con toda la gente se metió en losnavíos y se hizo a la vela. Saludólos Cortés desde los navíos con unahermosa salva de artillería; prosiguió su derrota sin subcederle cosamemorable; llegó al río de Alvaradocuyo puerto es Sant Joan de Lúa; noentró por élcomo dicen algunosporque tiene baxíos a la bocay asísino son barcas pequeñasno entran navíos de más cargay si este río sepudiera navegar con navíos gruesosfuera importante negocio para la seguridady contratación de la Nueva Españaporque se pudiera hacer en él puerto muyabrigado; y así por no haber otrosirve el de Sant Joan de Lúatandescubierto para el norteque muchas veces da con los navíos al través.

Hay otro puertoque es el de Diauste y Papalotepero no se cursaporque espuerto muy abierto. Tiene un peñolcillodetrás del cual surgen los navíos.

Deste río de Alvarado al puerto de Sant Joan de Lúa no hay más de ocholeguaspor lo cualsaliendo de Champotónque es el río que se llamó deGrijalvano tuvo Cortés nescesidad de desembarcar en el río de Alvaradosinoderecho tomar puerto en Sant Joan de Lúadonde hasta hoy le toman todos losnavíos que vienen de España. Llegó Cortés a este puerto con su armada sana ysalva jueves sanctoaño de MDXIX.

Libro Tercero

De la segunda parte de la crónica general de las Indias



 

 

Capítulo I

De lo que hizo Cortés desembarcando en San Juan de Lúa.

Antes que entrase en el puertolos que iban en los navíos cantidad deindios andar por la costay capeando a los nuestros hacían señas para que seacercasen. El Generaldespués que hubo tomado puertono quiso que nadie fueseaquel día a tierra sin su licencia y mandadorecatándose no hubiese algunacelada. Los indioscomo vieron que ninguno de los nuestros saltaba en tierrados principales dellos se metieron en dos canoas con sus remerosy buscando alseñor del Armadacomo de un navío les hicieron señas cuál era la capitanadonde Cortés veníallegáronse a bordo. Aguilarque siempre iba con elGeneral y Marinapreguntándoles qué era lo que queríanrespondieron quehablar al General. Dixéronles que entrasen. Elloscomo vieron al Generalhaciendo su acatamientole dixeron que Teudilegran mayordomo de Motezuma ygobernador de aquella tierrainviaba a saber qué gente y de dónde era aquellaque veníaqué buscaba y si quería parar allí o pasar adelante.

Tenía Motezumasegún era grande su podermucha noticia de los españolesdesde Champotónpor vía de los mercaderes que lo corrían todo Invió estosmensajeros Teudilepara luego dar aviso a su señor Motezuma de la venida delos españoles y de lo que pretendíanpara que estuviese advertido de lo quedebía de hacerporquecomo adelante diréno se holgaba nada Motezuma con lavenida de los nuestrospor los pronósticos que teníaCortésaunque no lesrespondióluego rescibiólos con alegre carae hízolos sentar sobre una caxajunto a su sillamandando a todos los del navío estuviesen quedossin hacerbullicioporque aquellos principales no se alterasen y rescibiesen algúnmiedo. Luego ellos desenvolvieron una manta y sacando della una sonajera de orofino a manera de limeta y cinco rodelas de platacon gran comedimiento laspresentaron a Cortésdiciéndole que de parte del gran señor Motezumacuyosesclavos eran ellosrescibiese aquel pobre presente. Dicen que aquí estuvoCortés muy confusoporque Aguilar ya no entendía aquella lengua mexicanaquees de los Nagualesque corre por toda la Nueva Españaaunque luego seentendió de Marinaque la entendía. Dicen otros que estonces no se supo queMarina supiese la lengua mexicanaporque venía con Puerto Carrero en sunavíohasta que después de haber saltado en tierraoyendo que unos indiosintérpretesque eran de los que truxo de Cubainterpretaban falsamenteengran daño de los nuestros lo que Cortés respondíahabló a Aguilar en lalengua que él sabíadiciendo que aquellos perros respondían al revés de loque el General decía. Aguilarmuy alegrelo dixo a Cortésel cualllamandoa la Marina por lengua del Aguilarle dixo que fuese fiel intérpreteque élle haría grandes mercedes y la casaría y le daría libertady que si enalguna mentira la tomabala haría luego ahorcar. Ella fue tan cuerda y sirviótan fielmente hasta que algunos de los nuestros entendieron la lengua queaunque fuera española e hija del Generalno lo pudiera hacer mejor.

Volviendopuesa la confusión que Cortés tuvoacordándose de los indiosde Cubapor ellos respondiendo a aquellos principalesles dixo que él veníaen demanda de aquella tierra de muy lexospor mandato de un muy gran señorpara conoscer y tractar a su señor Motezumade quien tenía grandes nuevasypara decirle algunas cosas de parte de Diosque a él y a toda su genteconvenía muchoe que a esta causa se había de desembarcar y detenerse allíalgunos días. Los principales respondieron que se holgaban mucho dello y que loirían a decir a Teudilesu señorel cual tenía gran deseo de los ver.Acabadas estas y otras razones que entre ellos pasaronmandó Cortés darlescolación de conservas y fructas de Castilla y de beber de nuestro vinocon elcual se holgaran demasiadamentedando a entender el uno al otro cuán bien lessabía. Acabada Ia colación se despidieron de Cortés con mucha crianzaelcualcomo era tan avisado y sabía a lo que obliga el que da y es liberalmandó sacar unos bonetes de granacuchillostixeras y algunas sartas decuentasmargaritas y diamantes falsoslo cual repartió entre los dos conrostro tan alegre que claramente mostraba meterlos en las entrañas y deseardarles mucho más. Dicen que los indiosvisto el contento con que Cortés lesdaba aquellas cosasse atrevieron a pedirle un poco de la conserva y del vino.Cortés se lo mandó dary ellos se despidieron dél muy contentos paraTeudilea quien dixeron que había de dar todo lo que llevaban.



 

 

Capítulo II

Cómo después de llegado Cortés al puerto de San Joan deLúainvió dos bergantines a buscar puerto y de lo que les avino.

La noche antes que Cortés saltase entierra determinópara ver si podríahallar mejor puertoinviar dos bergantines que corriesen la costa; en el unoinvió a Montejoy en el otro a Rodrigo Álvarezpor ser personas de crédictoy confianza. Encomendóles que llevasen la vía de Panucoporque por aquellacosta le habían dicho que había puerto; navegaron la costa abaxoydescubrieron a do es ahora Villa Rica la Vieja y corrieron toda la costa deAlmería y toda la demás costa casi hasta Isla de Lobosadonde les dio tiempotan bravo que nunca pensaron salir con vida del peligro en que se vieron;faltóles luegoaunque el tiempo abonanzóel aguay de tal manera quepensaron perescer de sed. Para socorrer a esta nescesidad el artillero mayorcon otros dos compañerosqueriendo salir a tierra se ahogóy el otroesforzándose lo más que pudono sin muy gran trabajo y grandes heridas de lamucha reventazón que el agua hace en aquellos arrecifessalió a tierra; elotro se volvió con muy gran miedo y no sin notable peligro a los bergantines.Luego otro díaatando sogas con sogas hasta la reventazónecharon elescutillón todo lo más largo que pudieronpara que asiéndose a élel quehabía quedado en tierra pudiese volver al navíoel cual con gran dificultadtomó el caboy balando los marineros con muchos golpes de marle metieron enel navío.

En el entretantoMontejo y Rodrigo Álvarez mandaron que todas las armas seatasen a la tablazón del un bergantín para que la misma tormenta las echase atierradeterminados de zabordar en tierra con los bergantinespor no perescerde sed: e ya que querían hacer estose levantó un norte con un gran aguaceroy como todos estaban tan sedientosaunque el viento los fatigabaholgaronmucho con el aguaceroporque con sábanas y algunas vasijas tomaban el agua; yera tanta su sedque algunos abrían la boca al agua que corría por las velasabaxoque no debía ser tan buena como la del río Tajo. Mataron una toninaporque si no era el pantodo el demás bastimento habían echado a la mar paraquitar la ocasión de la sedy con el norte llegaron aquel día cerca de SantJoan de Lúa. Fueron al real a dar mandado cómo habían hallado puerto;saltaron todos en tierray descalzoslas cabezas descubiertasfueron enprocesión desde donde desembarcaron hasta una iglesia que el General habíamandado hacerdonde llegandocon muchas lágrimas y gran alegría. postradospor tierradieron muchas gracias a Dios por haberlos librado de tan grandespeligros.

Cortés se alegró mucho con ellosporque por los vientos que habíancorrido entendió el gran peligro en que se habían vistoy porque de Sant Joande Lúa se hace tanta menciónserá bien decir por qué se llamó así. Espuesde saber que si dicen Ulúa quiere decir «árbol»o una resina que délsalede la cual los indios hacían sus pelotas con que jugabanque como losespañoles con las manos arrojan la pelotaasí ellosdesnudos en carneslarechazaban y daban con el encuentro del anca; y si dicen Sant Joan de Culhúaquiere decir de aquella generación o gente que se enseñorearon de la tierra deMéxico; y asíantes que los mexicanos se enseñoreasen de tan grandesprovinciaslos indios naturales de aquella tierra la llamaban Chalchicoecaquequiere decir «en el agua clara».



 

 

Capítulo III

Del buen rescibimiento que el gobernador Teudile hizo aCortés y el presente que el Señar de México le invió.

Después que Cortés asentó su realy con sus amigoscomo adelantediremosdio orden y manera cómo se descargase de la obligación que a DiegoVelázquez teníayen nombre del Reypor los de su exército fuese elegidoycomo parescerácasi forzado a aceptar el cargo de Generalel Domingo dePascua por la mañana vino Teudile del pueblo de Cotastaque era ocho leguas deallímuy como señoracompañado de más de cuatro mil indios bien ataviadosy sin armas; los más dellos vinieron cargados con muchas cosas de comerquemataron la hambre a todo el real. Teudile entró acompañado de los másprincipales a do el General estabael cualcomo ya estaba avisadoseadereszó lo mejor que pudo y se asentó en una silla de espaldasacompañadode todos los Capitanesadereszados lo mejor que pudieron para mostrar elauctoridad de su Capitán a los indiosy puesto delante de Cortéscomo vio elauctoridad con que estaba asentadohaciendo primero una grande inclinaciónsesacó sangre de la lengua con una pajaporque la traíaal uso y costumbre deaquella gentehoradada. Fue esta la mayor reverencia y acatamiento que se lepudiera hacer entre los indiosporque sacar sangre de la lengua o del brazo oechar enciensonunca lo acostumbraban sino cuando hacían gran sacrificio a losídolos que por dioses tenían. Hecho este comedimientosacó ciertas joyas deoro y otras de pluma muy vistosas y mantas de algodón ricamente labradas[y]mandando poner delante todo el refresco de comidaque era muy grandeporlengua de Marina y de Aguilar habló de esta manera:

«Señor y valiente Capitán: Bien te acordarás cómo los indios que tefueron a visitar al navío antes que desembarcaseste preguntaron qué era loque querías y a qué eras venidopara dar dello relación al gran EmperadorMotezumacuyo esclavo soy yolos cuales como tú respondiste que de parte deun gran Rey e señor tuyo le venías a conoscer y visitarfueron con estarepueta y ahora son venidos con mandato del gran señor Motezumapara que yo teresciba y sirva lo mejor que pudierey en su nombre te ofresca estas joyaslascuales te invíaagradesciéndote mucho la venida y teniendo en gran merced quetan gran señor como dices que es el Emperador le quiera conoscer.» Cortésaunque luego sospechócomo después parescióque aquellos eran cumplimientosde Motezumarespondió levantándose primero de la silla y abrazándole muyamigablementehaciéndole juntamente sentar en un banquillo: «Mucho teagradescoseñorel trabajo que has tomado de venir desde tu casa hasta aquípero haces lo que debes al servicio de tan gran Príncipe como Motezumaal cualdirás que le beso las manosy que estas joyaspor ser suyaslas tengo enmuchoe inviaré al Emperadormi señorcomo prendas del amor y conoscimientocon que tu señor Motezuma le paga.» Y luegohaciendo sacar un sayo de sedauna medallaun collar de cuentas de vidrio y otros sartaleslos dio por lamano a Teudileel cual lo rescibió con mucho comedimientorindiéndole muchasgraciasporque eran cosas que él ni los suyos jamás habían vistoy como tanperegrinastúvolas en tanto que luego las invió a su señor Motezumanodiciendo que Cortés se las inviabasino que él porque las viesele servíacon ellaspues era su esclavo; invióle asimismo con estas cosas un lienzo quelos indios labran de algodónen el cualporque letras ni modo de escrebir noteníaniba pintado todo el reallos navíos y cómo habían los nuestrossaltado en tierraseñalada la persona de Cortés y las de los Capitanes y deotras personas principalestan al natural como si muchos años los hubierantractado.

Como vio Hernando Cortés el contento que Teudile mostraba con las cosas quele había dado y que allí delante dél las había dado a ciertos indiosprincipales para que luego las llevasen al pueblo de Cotastasintiendo que conellas había de inviar la embaxada a Motezumamandó que delante dél saliesentodos los españoles con sus armas en ordenanzaal paso y son del pífaro yatambory que luego trabasen una muy reñida escaramuzay que también los decaballo con sus cascabeles y adargas hiciesen otra escaramuzade la cualTeudile y los suyos se maravillaron muchoporque pensaban hombre y caballo seruna misma cosa; tuvo pavoraunque Cortés se reía con él. Mandóhecho estoal artillero mayor quepuestas las piezas de artillería en el orden y asientoque es menester para dar batería a una ciudaddisparasesin quedar ningunacontra cierto baluartepara que los indios viesen la gran furia de los tiros yconsiderasen el mucho daño que podrían hacer en las personaspues en lasparedes le hacían tan señalado.

Muy espantado quedó de todo esto Teudiley como era hombre de buen juiciofácilmente coligió que con aquellas armas y bestiasaunque no eran muchos losnuestrospodían salir con lo que intentasen; y que sintiese estoy aun muchosde los principalesparesció claro por el nuevo respecto con que de ahíadelante tractó a Cortésaunque antescomo dixele honró como a susdioses. Preguntóle Cortés que le parescía de todo lo que había visto;respondió con gran reverencia: «Señortodo lo que he visto nunca he vistoyasí no puede dexar de ser nuevo y maravilloso para míporqueaunque soishombres como nosotrossois de otro color y talle; vuestro traje es en tododiferente del nuestroy esos hombres que andan tan altos y corren tanto ytienen cuatro pies me admiran muchopero lo que me ha mucho atemorizadosonaquellas armas gordas que echan fuego y suenan tantoque me paresció querelampagueaba y tronaba el cielo.» Y los navíosasimismodixo que le habíanadmirado a causa que eran grandes casas de madera que andaban sobre el agua.

Cortés se holgó mucho con esta respuestaporque della entendió que losnuestros y nuestras armas le habían puesto miedo y que todo lo haría saber asu señor Motezumacomo luego lo hizodespachando indios por la postaparaque de palabra y por pintura diesen a entender a Motezuma todo lo que asaba.

Dicen que Cortéspara tener espacio de hablarleconvidó a Teudile a comery que le asentó a su mesa. Hízose servir muy como señorpara que de tododiese relación a Motezuma. Acabada la comidadespués de haber reposado unpocoya que Teudile se quería despedir para volverse a su puebloCortés lehizo la plática siguiente:



 

 

Capítulo IV

De la plática que Cortés hizo a Teudile y de lo que mássubcedió.

«Teudilefiel criado y gobernador en esta provincia de Motezuma: Porque séque de todo lo que has vistohas dado y das larga cuenta a tu señorserábien que de propósito entiendas quién soyquién me invía y para qué; paraque veas lo que debes avisarley tu señor lo que debe de hacer. Yo me llamoHernando Cortéssoy Capitán principal de toda esta gente que vessoy vasalloy criado del mayor señor y más poderoso que hay en el mundoel cualtiniendonoticia desta gran tierra y del mucho valor de tu señor Motezumame invió aque le visitase y hablase de su partey de parte de Dios le avisase conoscieselos errores grandes en que él y todos los suyos vivenadorando muchos diosesen figura de animalescon sacrificios de hombres sin culpa e inocentesviviendo en muchas cosas contra toda razón y ley naturalno habiendo nipudiendo haber más de un solo Dioscriador de todo lo que vemos y no vemoselcualen sus sacrificioscomo clementísimono pide las haciendas de loshombres ni la sangreni que pierdan la vidasino dolor y lágrimas por haberleofendido. Sin el conoscimiento deste Omnipotente y solo Diosninguno puede sersalvoporque sólo Él es el que puede matar el alma y darle vida. Hízosehombre nasciendo de una virgen sin corrupción de su virginidadpara quemuriendo por el hombreque luego al principio que le crió la había ofendidole librase de la muerte eterna y le diese la gloriapara la cual le habíacriado. Para conseguir tan gran bien como ésteconviene que yo vea a tu señory le enseñe la gran ceguedad en que con honrar a sus vanos ídolos hasta ahoraha vividoy yo sé que cuando entienda los muchos Reyes e señores queobedescen e sirven al Emperadormi señory el gran deseo que con la obramagnifiesta que tiene de que tu señor y todos vosotros os salvéisle sirvirácomo los demás Príncipes y señores y le querrá muy de su voluntad reconoscerpor señor. Sabido has quién soyquién me invía y a lo que vengo; diráslotodo a tu señor Motezumay que yo estoy determinado de en ninguna manera dexarde verle y hablarle y enseñarle más despacio lo que te tengo dicho y otrascosas muchas que tú ni élsí no es con el curso del tiempopodréisentender.»

Después que Teudilecon muy gran atención hobo oído esta pláticalepesó de una cosa y se rió de otra; pesóle de la determinación de Cortésporque también pesaba a Motezuma; rióse de que Cortés dixese que un tan granPrínecípe y señor como era Motezuma sirviese al Emperador; y asídisimulando el pesar y descubriendo la risadixo así:

«Cortéshijo del sol (que era el mayor título que le podía darporqueal que principalmente adoraban de los dioses era el sol): Mucho creo queholgará mi señor Motezuma de verte y conoscerteasí por ver lo que nunca havistocomo por salir de esos errores en que dices que vivimos; pero a lo quedices que Motezuma reconoscerá y servirá al Emperadortu señorno sé cómopuede ser estoporque mi señor tiene tantos reinos y señoríos debaxo de sumanomanda tanta tierra y obedéscenle tantos vasallosque no puede haberseñor en el mundo que tanto pueda como él; pero con todo estoyo le inviarémensajeros que le digan lo que me has dichoy antes de muchos días tendrás larepuesta.»

Con esto se despidió Teudilehaciendo luego postas para su señorinviandopintado lo que había visto y diciendo de palabra a los mensajeros muy porextenso lo que había oído. Hecho estose partió para Cotastaque fue unpueblo muy frescodexandopara que los nuestros conosciesen lo que los amaba yqueríaa par del real dos indios principales que mandasen a dos mill indiosque allí dexabaque sirviesen con gran diligencia y cuidado a los españoles.Hicieron los indios de ramas cubiertas con paja sus moradas; en el día de carneproveían largamente el real de gallinasgalli-pavosvenadosconejos y detodas las maneras de fructa que se daban en la comarca; y en el de pescadodemucha variedad de peces de diversos gustos y saboresde los cuales en aquellacosta hay gran copia; proveyó asimismo Teudile de muchas mujerespara quecociesen en el pan y guisasen la comida a los nuestros a su modo y gusto; y comose desengañó que los caballos no comían carnemandó que les traxesen todala hierba y maíz que habiesen menester.



 

 

Capítulo V

El presente que Motezuma invió a Cortés y de la respuestaque le dio.

No eran pasados siete díashabiendo casi setenta leguas de la Veracruz aMéxicocuando los embaxadores vinieronlos cuales antes que dixesen larepuesta que su señor inviabasacaron una vestidura de oro y pluma a manera decoseletecon mucha pedreríaguarnescida por los cabos de cuero coloradoydel mismo pendían unas cintas con que la ropa se ataba a los brazos y a laspiernas; por almete desta ropa que parescía coseletetraxeron una gran cabezade águila hueca por de dentrode oro y plumaque resplandescía a maravillapor el pico de la cual veía el que se la ponía; volaban por cima destacabezamuchos y muy grandes plumajes de ricas plumas de diversos coloresque son conlos que en la guerra y en sus bailes mucho se adornan los Capitanes y otrosvarones fuertesque en su lengua llaman tiacanes. Suplicaron a Cortéscon muy grandes comedimientos que porque aquella ropa era con la que vestían almayor de sus dioses en los días de fiesta y regocijoy especialmente cuando desus enemigos habían conseguido alguna victoriase la vistiesepara rescebirel presente que su gran señor Motezuma le inviaba y para oír la repuesta quedaba a su embaxada que por Teudile había inviado. Fue el motivo de Motezumainviar esta ropaestar avisado de Teudile que los nuestros eran inmortales; yasí por muchos días los llamaron teulesque quiere decir «dioses»yque era razón que pues el mayor de sus dioses vestía aquella ropaqueCortésque era el mayor de los del realse la pusieseel cualo por gozarde la más nueva honra que a Príncipe se ha hecho en el mundoo por complacera los mensajeros y que no dixesen que tenía en poco ropa tan presciosase lavistió sobre el jubón y calzasy era por el oro y pedrería tan pesadaquefue nescesario que algunos caballeros de los que con él estaban la ayudasen asoliviar. Puesto desta manerarescibió dos ruedas grandesuna de oro y otrade plata; la de oro se llamaba el solporque en el medio dellacon granartificio y muy al naturalestaba el sol esculpidocon otras muchas laboreshechas alrededorde vaciadizode lo cual hobo e hay muy diestros oficiales enesta tierra; pesaba cient marcos. La otraque era de platase llamaba la lunaporque en medio estaba esculpida su figura; pesaba cincuenta y dos marcos. Cadauna dellas tenía diez palmos de ancho y treinta de ruedo. Sacaron luego muchacantidad de joyas y piedras de oro y platamuchas plumas riquísimas y de granestima entre ellos; muchas mantas y ropas de algodónblancas y otras labradasde pelos de conejo y plumas muy hermosas de ver. Era el presente tan rico quevalía más de treinta mill ducados.

Dado el presentede los indios principales que con él veníandoshaciendo grandes reverencias a Cortésse rogaron al hablar. Finalmentetomando la mano el más viejodixo: «El gran señor Motezumacuyos esclavossomos cuantos vivimos en esta tierradice que se huelga mucho con tu venida ycon las nuevas que le traes de un solo Diosen quien se ha de creer y ponertodo el corazón y esperanzay con lo que le dicen del gran Emperador de loscristianosal cual desde ahora rescibe por amigo y hará por él y en suservicio todo cuanto pudiere; porquepues es señor de hombres como vosotros aquien nosotros como a dioses tenemos y reverenciamosdebe ser tan poderoso ygran Príncipe como le has significadoy que a esta causa mandará que todo eltiempo que aquí estuviereste sirvan sus vasallos como a su persona misma;pero que a lo que dices de hablarlelo tiene por muy dificultosoasí de suparte como de la tuya; de la suyaporque él está enfermo y flaco y no puedebaxar tan acá; de la tuyaporque la jornada es muy larga y en ella hay muchassierras asperísimas de pasar y grandes despobladosdonde tú y los tuyospadesceréis grandes trabajosy que demás desto has de pasar por tierras deenemigos suyoshombres de mal corazón y muy crueles y sin piedadqueprocurarán hacerte todo el daño que pudieren y estorbarte el paso.» Todasestas escusas ponía Motezumaporque veía que ya era llegado el tiempo en queél había de perder su señorío y sus vasallos habían de profesar otra leypor los maravillosos pronósticos que de la venida de los españoles teníaloscuales trata en su Tercera Parte el padre Motolinea.

Cortésoída la repuesta de Motezuma delante de Teudileque a todo sehalló presentereportándose un pocomandó sacar las mejores ropas de sedaque teníacon algunas buenas joyaslas cuales dio a Teudile para que lasinviase en su nombre a Motezumasu amoy es de saber que aunque en lo pasadohe usado deste vocabloseñorque los indios jamás a sus señores llaman sinoamosparesciéndoles que a solos los dioses se debía el nombre de señoreslocual entre los romanos también sintió un Emperadormandando por públicopregón que ningunoso pena de muertele llamase señor.

Cortéscuantos más estorbos para su deseo le ponía Motezumatanto másdeseaba verle y hablar con élporque esto tiene todo lo que se prohíbe yvieda; y como estaba con este deseosin tener cuenta con examinar ni inquerirlas escusas de Motezumasi eran verdaderas o falsascomo aquel a quien subuena fortuna llamaba para negocio tan grandereplicó a los mensajeros conánimo denodado desta manera: «Diréis a vuestro amo Motezuma quepues contantos trabajospor más de dos mill leguasmetidos en casas de maderahevenido por mandado del Emperadormi señorno a otra cosa sino a verle y ahablarleque no haría yo lo que debía si me volviese sin hacerloporque loque le quiero decir es de parte de Dios y de mi Reyy a él importa tantooírme como a mí hablarley a mí me conviene tanto hacer estoque si pensasemorir mill veces no lo dexaríaque esta costumbre tenemos los cristianoscriados de los reyesque damos por bien empleada la muertepues resulta dellagloria a los descendientescuando en cosa justa morimos obedesciendo a nuestroRey y señory quepues yo estoy determinado de no caer en la indignación demi Dios y de mi Reyque no quiera que a cabo de tanto tiempo y de tan largajornada me vuelva sin ver y hablar a tan gran Príncipe como Motezumaa quienel Emperadormi señordesea tractar y comunicar por cartaspues por presenteconversación no puede.»

Teudileque no estaba muy contento desta respuestasin dexar responder alque vino de parte de Motezumadixo: «Tú haces cierto lo que debes al serviciode tu señoraunque como Motezumami amodiceha de ser muy dificultoso yaun peligroso el poder verlepor las causas que te ha dicho; peropues túestás tan determinado de verleque no sé si después de puesto en ello tearrepintirás; yo despachar luego estos mensajeros que declaren a mi amoMotezama tu determinacióny en el entretanto que vuelvente suplico descansesy tomes placerque no te ha de faltar cosa de las que hobiere menesteryporque me paresce que aquí estás mal aposentadosería bien que te vinieses aun pueblo que está de aquí cinco leguasdonde estarás a tu contento.»Cortésagradesciéndole la buena voluntad y ofrescimientodíxo que él no semudaría de allí hasta que tuviese repuesta de Motezuma. Con esto se despidióTeudile para Cotasta a despachar con los mensajeros.



 

 

Capítulo VI

Cómo el señor de Cempoala invió ciertos indios a ver losespañolesy cómo supo Cortés las diferencias que había entre los señoresde la costa y los señores de México.

Como era tan gran Príncipe Motezuma y los mercaderes y lengua de México seextendían por muchas provincias y reinosentendió la venida de los nuestroslos navíos y número de gentela manera del vestir y figura del rostroycómo en Champotón de toda la costa se habían juntado diversas haces a no otracosa sino a matar y comer a Cortés y a sus compañerosporque como ellos erantantos y los nuestros tan pocoscreyeron que sin dificultad harían lo queintentabany quedaron tan burlados de su deseoque fueron afrentosamentevencidos y muchos dellos muertossin que ninguno de los nuestros faltasey queera tan grande el esfuerzo y valentía de cada uno de los nuestrosque teníaen poco a docientos y trecientos indiosy así pensaban que eran inmortalesypor esta causa dioses; y como con esto supo también Motezuma que el Dios de losnuestros podía muchopues estando los españoles por tres veces en tantoaprieto había inviado un hombre sobre una bestia blancaque peleaba con tantafuria que les quitaba la vista de los ojos y entorpecía las manosdesaparesciendo y paresciendo cuando queríaextendióse la fama de tan nuevo ynunca visto negocio por toda la tierra de tal maneraque cuando Cortés saltóen tierraluego después de pasadas las cosas que he dicho con Teudilemuchosseñores de la costa secretamente inviaron criados suyos para que viesen aCortés y a sus compañerosen especial el señor de Cempualauno de losmayores señores de la costael cualespantado de las cosas que de losespañoles se decíaninvió de los más bien entendidos de su casa hastaveinte criadosporque siendo tantos y tales le traxesen mejor relaciónporqueen lo que uno no advirtiesemiraría otrolos cualescomo llegaronque noestaban de allí más de una jornada y con los otros indios no teníancomunicaciónapartáronse a un lado del real de los cristianosmirando conmucho cuidado a los nuestros que en él estaban.

Cortésque no se dormía nadaporque al que bien vela todo se le revelamiró en aquellos indiosy como los vio juntos y apartados de los otros indiosdiferentes en rostros y trajesy mirar con tanto cuidadopreguntando quiéneran o qué querían aquellos indiosdiciéndole que eran mascegualesque quiere decir como labradores o hombres baxos y de poca suerteno sesatisfizoporque ni parescían masceguales ni estaban con tanto descuidoque no se debiese mirar en ellos y sospecharcomo ello fueque debía de haberotra cosa de lo que parescía; y así para salir desta sospechamandó que selos traxesen delante. Ellos vinieron de buena voluntadCortés los rescibióhumanamente y metió en su tienda; preguntóles que de dónde eran y a quévenían; ellos respondieron que de un pueblo cerca de allíque se decíaCempualay que el señor délque era en aquella costa el más principallosinviaba a que viesen aquellos teules o dioses que habían venido de tan lexastierras en tan grandes acalescuya fama tenía espantados desde Cozumel yChampotón toda aquella tierra.

Cortés les mostró buen rostro y agradesció mucho a su amo haberlosinviado; dióles algunas cosas de rescate; mostróles los caballos y las armas yel asiento real; mandóles dar de merendar y a beber del vinoque no les supomal; e ya que los quería despedir para que diesen relación a su amo de lo quehabían vistomiró cómo los indios de Culhúa no se llegaban a ellos ni loshablabanhabiendo tantos por allí alrededor. Maravillado destopreguntó aMarina qué era la causa de que aquellos indios no se comunicaban con los otros;Marina respondió que los indios que le habían venido a ver no eran nagualeso mexicanos y que se llamaban totonaquesdiferentes en lengua ycostumbres de los mexicanosy aunque en cierta manerasubjectos a Motezumareconoscían a otro señor que era el que al presente teníanlo cualespecialmente entre indiosera bastante causa de discordias y poca amistad.

No pesó a Cortés con estoporque de las palabras de Teudile habíaconoscido que Motezuma tenía enemigosy que a esta causapor tenerlossubjectostenía Capitanes y guarniciones de gente por toda la costa; y paracertificarse más destoapartó en secreto a tres o cuatro dellosque leparescieron más ancianos y que le darían mejor razóny preguntándoles porlengua de Marinaqué señores había por aquella costa y cómo vivían y sientre ellos había guerraslos indios le respondieron que de pocos años aaquella parte los señores de aquella costa obedescían al gran señor Motezumay tribuctaban a él y al señor de Tezcuco y al de Tacubaporque de otra manerano se podían librar de las tiranías de Motezuma y del poder de sus armasquehabía venido siempre en crescimientoporque antes con él y con los señoresque estaban la tierra adentrohabían tenido continuas y crueles guerrasy loque al presente los señores de aquella costa sentían mucho erano elreconoscer a Motezuma por supremo señorsino las vexaciones y malostractamientos que las guarniciones de Motezuma les hacían.

Cortés holgó por extremo saber estas ocultas pasiones y las fuerzas queMotezuma había hecho y hacíaporque entendiócomo ello fueque a no haberpasionesMotezuma era tan poderoso que en ninguna manera pudiera reducirle alservicio del Emperadory así hizo nuevos regalos a estos indiosdióles cosasde rescate y algunas para su señory que le dixesen que él era venido paraser su gran amigopor lo que dél había idoy para favorescerle y ayudarlecontra cualquiera que le tuviese enojado; y porque pensaba presto ir a verle yhablarle despaciono quería decir más. A los indios rogó viniesen otra vez averleporque se holgaría mucho con ellospues los otros indios no eran partepara estorbárselo. Los indios respondieron que harían todo lo que su mercedmandabay que si fuese a do su señor estaba sería muy bien rescebidoporqueera dél muy deseado. Con esto se partieron muy alegresaunque lo quedó másCortés en haber entendido el medio con que se había de conseguir su fin tandeseado.



 

 

Capítulo VII

Cómo Cortés rescibió la respuesta de Motezuma y cómobuscó sitio para poblar.

Rescibió Motezuma los presentes de Cortésy aunque por su extrañeza ynovedad le dieron contentomucho le pesó cuando los mensajeros le dixeron queCortés estaba determinado de venir a verleaunque más estorbos hobiese que suAlteza decíacontandocomo ellos suelentodo lo demás que Cortésrespondíacon grandes encarescimientos. Oída esta respuesta aunque disimulóel pesar que sentía lo mejor que pudodespachó luego otros mensajeros con unpresente de mantas ricaslabradas de algodón y orocon ciertas piezasmuyvistosas hechas de oro y plumay mandóles que yendo primero donde Teudileestabadixesen a Cortés que rescibiese aquel presentey que en lo que tocabaa la venida no lo pensaseporque no era cosa que le convenía; y que si algohobiese menesterque todo se le daríaasí para volver a su tierracomo parapasar adelantey dicen que encargó a los mensajeros que dixesen a Teudile queen todas manerasdándole esta repuestaprocurase cómo Cortés se volviese ydexase la tierra. Teudilevenidos los mensajerosse fue con ellos y con elpresente donde Cortés estabay después de habérselo dado en nombre deMotezumale comenzó a persuadir se volviese a su tierrao pasase adelanteporque pensar de ver a Motezuma era cosa imposible por el riesgo y peligro queen ello habíay porque claramente su señor decía que no le visitasepuesentre Príncipes bastaba el comunicarse por mensajerossin que fuese exércitoarmado. Añadió Teudile que si tanto deseo tenía de ver a Motezumaque fuesecon tres o cuatro compañerosque las guardas de su señor le acompañarían ydefenderían por do fuese. Cortés se rió desta razón postreray aunque seenojó por las escusas de Motezuma lo más disimuladamente que pudoen pocaspalabras respondió a Teudile en esta manera: «Teudiledirás a Motezuma quenosotros los españoles no solemos por miedo ni amenazas dexar de proseguir loque una vez intentamosespecialmente si nuestro Rey nos lo manda. El Emperadory Reymi señorme mandóque aunque me costase la vidano volviese hastaver y hablar a Motezumacon el cualcomo otras veces he dichotiene grandeseo de comunicarse por cartas y embaxadores; y pues es este mi propósitodecirle has que yo iré presto a verle y a besarle las manosy no es menesterque sobre esto vengan ni vayan más mensajeros. A lo que dices que vaya con treso cuatro compañeros solamente y no con tanta genteque paresce que va en sonde peleardirás que cualquiera destos mis compañeros es tan valiente quesabiendo el camino iría solosin que fuesen parte los enemigos de Motezumapara ofenderle; pero que porque yo sé que tiene muchos enemigos y muyvalientesquiero ir acompañado de algunos para que a mis ventajas haga castigoen ellos si me quisieren estorbar el camino.»

Dixo Cortés estas palabrasasí para espantar a Teudilecomo para que lassupiesecomo luego las supoMotezuma. Despidióse con esto Teudileno tangraciosamente como las otras vecesporque no menos le pesó que a Motezuma ladeterminación de Cortés.

Otro día cuando amanesciótoda la gente de los indios se había ido yquedaron las chozas tan vacías que ninguna persona paresció en ellasy estohicieron aquella noche que Teudile se despidió de Cortés tan secretamente queninguno de los del real de los españoles lo sintió. Recelóse desto Cortésparesciéndole que el negocio iba de mal artey así mandó estar a toda sugente a puntoinviando espías y corredores para ver si había alguna celada olos indios intentaban algo; y como ni de guerra ni de paz paresció indiodeterminó de buscar por toda aquella costa si había algún puerto mejor delque tenía y asiento donde más cómodamente pudiesen poblarporque a esto lehabían convidado mucho las ricas muestras de la tierra y la manera de la genteque era mucho más y más lucida y de mejor color que la de las islasque eradescolorida y poco bien tratada.

Invió al piloto mayor Antón de Alaminos con dos bergantines para quecosteando la tierrabuscase puerto y asiento conveniente. Navegó más deveinte días; padesció muchos trabajosllegó con mucha dificultad hasta elrío de Pánucopor los muchos arrecifes y grandes corrientes que había.Corrida la costano hallócomo tengo dicho antessino un peñol que estabasalido en la mar; aquí fue Villa Rica la Vieja. Tomó Cortés lo mejorque fueal abrigo de aquel peñolporque tenía cerca dos buenos ríos y pastoscomoera menester. En el entretanto que se buscaba el puertoCortés levantó surealy metiendo la ropa en los navíosél con los de a caballo y concuatrocientos compañeros tomó el camino que traían los que le proveíany atres leguasa par de un hermoso ríode los cuales hay en aquella costamuchosy cerca déste está lioy fundada la Veracruzvadeando el ríollegóa un pequeño pueblo que estaba de la otra partedel cual toda la gente sehabía salido por temor de los nuestrosdesde el cual pueblo vino a dar a otrostres o cuatro tan pequeños que ninguno subía de docientas casasen lascualesaunque hallaron muchos bastimentos de maízfrisolesmielcalabazas yotras semillas de que los indios usan para sus brevajeshallaron también muchoalgodón y plumajes ricos. Cortéscomo vio que los nuestros se aficionaban ala ropamandó por público pregón que ninguno tomase cosa alguna so pena demuertesi no fuese de los bastimentosporque sin éstos no podían vivir. Elmotivo de Cortés de mandar pregonar esto fue dar a entender a los indioscomodespués lo conoscieronque no venía a robarlos ni a quitarles sus haciendassino a comunicarlos y tractar con ellospara tener entrada para conseguir elprincipal fin que llevabaque era la conversión dellos y el reconscimiento delEmperadorque tanto bien les hacía.

Aprovechó tanto el rigor con que Cortés executaba sus mandamientos y el noperdonar al desobedienteque ningún Príncipe ni Capitán fue tan acatado yobedescido de los suyos como éllo cual fue causa que de ahí adelante todo lesubcediese más prósperamente de lo que pensaba.

Tornóse de allíy mandó descargar los navíospara que si algúntemporal viniese no los desbaratase y para despachar algunos dellos con cartaspara el Emperadorpidiendo más gente y dando aviso de lo que hasta entonceshabía entendido de la tierra.



 

 

Capítulo VIII

Del razonamiento que Cortés hizo a los suyos y de laelección de Cabildo en la Veracruz.

Después que hubo Cortés asentado donde es ahora la Veracruzlosprincipales que le seguían le requirieron delante de un escribano quepues latierra daba tan buenas muestraspoblase luego en nombre de Su Majestad y no leacontesciese lo que a Grijalva. Cortésque no deseaba otra cosaporque lotenía así maneadorespondió que lo oía e que para el cumplimiento dello lesrespondería otro díaporque era razón pensar negocio que tanto importaba; yasírogándoles que para otro día se hallasen en su casales habló en lamanera siguiente: «Señores y amigos míos: Ayer me requeristes delante de PeroFernándezescribano de Su Majestadque comenzase a poblarporque no meacaesciese lo que a Grijalvapor lo cualconsiderando yo por una parte cómofue por Diego Velázquez tan justamente reprehendidoy por otra el habernosDios traído a una tierra de tan buen templetan ricatan poblada de gentetan abundosa de comidame ha parescido quepuesde poblar se han de seguirmuchos provechos y ningún inconvenienteque será bien tomar vuestro parescery ponerlo luego por la obraporque desde allí podríamos entrar poco a poco latierra adentro y ver a Motezumaque es lo que yo más deseoy para este fintenemos tan buenos principios como son el amistad del señor de Cempoala y deotros comarcanos suyoscontrarioscomo tenemos entendidode Motezuma; porquesubjectados por fuerzaserá cosa acertada hacernos fuertesedificando antetodas cosas una fortaleza. También proveeremos con esto de inviar a las islaspor bastimentos y alguna gentee inviar un navío a España con persona deconfianzapara dar noticia a Su Majestad de lo subcedidoinviándole el oro yplata y otras cosas ricas que Motezuma me presentópara que Su Majestadentendiendo nuestra buena venturaque debaxo de su venturoso nombre nos hasubcedidotenga por bien de hacernos toda merced y darnos todo favorinviándonos la gente y los demás adereszos que para esta jornada son menester;y porque en toda población es nescesario que haya justicia y regimiento paraque la república sea bien gobernadayocomo Capitán generalen nombre de SuMajestadparesciendo así a todos vosotrosdetermino nombrar Alcaldes yRegidores y los demás oficios que son nescesarios para nuestra buenagobernación; y porque yo he respondido a lo que me requeristesy he dichootras cosas que me han parescido convenirvos ruego me respondáis a todoporque en el consejo de muchos se suele acertar.»

Oída esta pláticaque a todos contentó muchoen nombre de todos losdemás del real respondieron ciertos caballeros en esta manera: «Señor: Granconfianza tenemos que Dios ha de hacer prósperamente nuestros negociospuesvuestra merced ha hablado de tal manera que paresce que entendía nuestroscorazones y voluntadesporque todo lo que vuestra merced ha dicho y determinahacer deseábamos nosotros todos; por tantolo que tenemos que responder es quevuestra merced ponga luego por obra lo que ha dichopues es lo que al presentemás nos conviene.»

Cortésoída esta respuestapidió luego por testimonio delante delescribano que presente estabacómo en nombre de Su Majestad tomaba posesiónde aquella tierra con las demás por descubrir. Hecho este aucto y diligencianombró luego por Alcaldes a Puerto Carrero y a Montejo; por Regidores a Alonsode Ávilaa Alonso de Gradoa Pedro de Alvarado y a Escalantey porProcurador general a Francisco Álvarez Chicoque era hombre de negocios y porAlguacil mayor a Gonzalo de Sandovaly por escribano de Cabildo a un Godoy.Hecho este nombramiento por su manodelante del escribano que había nombradodio las varas a Alonso Fernández Puerto Carrero y a Francisco de Montejodiciéndoles así: «YoHernando CortésCapitán general por Su Majestadinviado por Diego Velázquezsu Gobernador en la isla de Cubaos doy y entregoestas varaspara que en nombre de Su Majestad exerzáis y uséis el oficio deAlcaldes en esta nueva poblacióny os encargo y requiero que aceptando eldicho cargohagáis justiciasin tener respecto a persona alguna; y a vos elescribano que presente estáispido me deis por testimonio cómo los dichosPuerto Carrero y Montejo aceptan los dichos cargos de Alcaldes en nombre de SuMajestad y prometen de hacer justicia.» Los Alcaldeshecha la solemnidad ental caso acostumbradatomando las varas se asentaron y mandaron al escribanoque diese por testimonio en manera que hiciese fee todo lo que Hernando Cortéspedía. Púsose por nombre a la nueva población la Villa Rica de la Veracruzen memoria que el Viernes de la Cruz habían entrado en el puerto que se llamahoy Sant Joan de Lúa.



 

 

Capítulo IX

Cómo Cortés renunció su oficio en manos de los Alcaldes ycómo fue elegido de los del pueblo por Capitán general.

Hecha esta diligenciaHernando Cortéscomo lo había ya tractado con losque había hecho Alcaldes y Regidoresdelante del mismo escribanoquitándosela gorra a todo el regimientodixo: «Señoresya sabéis cómo por losflaires jerónimos que residen en la Isla Española y de allí en nombre de SuMajestad gobiernan las Indiosyo fui nombrado por Diego VelázquezTeniente degobernador en la isla de Cuba por el Almirante de las Indiaspara descubrir yrescatar en esta tierra que Grijalva descubrió; y porque me paresce que lossusodichos no tuvieron tan bastante poder como conveníayo desde ahora parasiempre renunció el cargo de Capitán general en manos de los señores Alcaldesy Regidores que presentes están y me desisto délpara que en nombre de SuMajestad provean a quien más convengahasta que Su Majestad mande otra cosa; ya vosescribano que presente estáispido y requiero que deis por testimoniocómo hago la dicha dexación de Capitán general para quecomo tengo dichoeste regimiento nombre por Capitán general al que mejor visto le fuerey asílo torno a pedir por testimonio.» Los Alcaldes respondieron que se saliesefuerapara determinar lo que más convenía al servicio de Su Majestad y biende aquella república.

Hernando Cortéshecho su comedimientose fue a su casa. Los Alcaldes yRegidores en el entretanto trataron muchas cosas convenientes al bien de aquellarepúblicadeterminandocomo lo tenían ya en sus pechosde elegir por sucaudillo y Capitán a Hernando Cortés; y para que la elección tuviese másfuerzallamaron a todo el puebloel cual después de juntouno de losAlcaldes dixo así: «Señoresya tendréis entendido cómo Hernando Cortésnuestro Capitán generalpor razones que a ello le movieronha renunciado elcargo de Capitán general en nuestras manospara que nosotros le proveamos ennombre de Su Majestad a quien mejor nos paresciere. En el entretanto que SuMajestad manda otra cosaestamos todos los deste regimiento de parescer queHernando Cortés nos gobierne y sea nuestro Capitán general y Justiciapues selo debemos por el buen tratamiento que nos ha hecho y porque en él cabencomohabéis vistotodas las partes y calidades que deben concurrir en un buenCapitán y Gobernador; y pues todos tenemos entendido estogran error sería yaun cosa peligrosa dexar al que tenemos conoscidopor elegir otro que nosabemos cómo lo haráque ciertocomo la experiencia lo enseñalos cargospreeminentes truecan a los hombres de manera que el que ayer os parescía mansoafable y humildemañanapuesto en el cargono le conosceréishallándoletan otro como si nunca hobiera sido aquel que el día antes conoscistes; por locualsi os parescepara que esta elección tenga más fuerzaos ruego deisvuestro consentimientoque nosotros descargamos nuestras conciencias con dar elnuestro y avisaros de lo que habéis de hacer.» Tuvo tanta fuerza esterazonamiento y era tan sabio y bienquisto Hernando Cortésque sin dar la manoa uno que respondiese en nombre de todosjuntos respondieron a la par:«CortésCortés es el que nos convieney así pedimosy si nescesario esrequerimos a vuestras mercedes le elijan y nombren luego por nuestro Capitángeneralque nosotros desde ahora le habemos por elegido y nombrado.»

El regimientovisto estodeterminó otro día por la mañanaacompañadode los principales del puebloir a casa de Hernando Cortésel cual ya teníanueva de lo que pasabay estaba esperando lo que élcon tanta sagacidadhabía tractado. Entró el regimiento; Cortés los rescibió con mucha graciapreguntándolescomo si de nada estuviera advertidoa qué era su venida.Estonces uno de los Alcaldes a quien ya el regimiento y la demás repúblicahabía cometido que tratase el negociorespondió así: «Señorayerrenunció vuestra merced el oficio de Capitán general y se descargó connosotros para que como nos paresciesehasta que Su Majestad determinase otracosale proveyésemos en persona tal que nos mantuviese en justicia y acabaseesta jornada que tenemos comenzada; y visto por todos nosotros que ninguno puedemejor regir y gobernarnosvenimos a vuestra merced a suplicarle y requerirleysi necesario esmandarleacepte el cargo de nuestro Capitán general yJusticia mayorporque todo el pueblo está de parescer de no elegir a otroniadmitirleaunque nosotros le elijamos; por lo cual será bien que vuestramerced quiera a quien le quiere. Esto es lo que venimos a pedir a vuestramercedporquecomo tenemos entendidovuestra merced nos mantendrá enjusticia y nosotros seremos regidos y gobernadospor el que deseamos.»

Cortésa estas palabrasdisimulando lo más que pudo el contento queteníarespondió: «Señoresaunque es grande la merced que me hacéis enelegirme por vuestro caudilloen más tengo la voluntad y amor con que meelegísporque sin haberos hecho tan buenas obras como yo quisieratenéis demí confianza de que haré el debery pues me lo habéis de mandarharé loque me rogáisy asíen nombre de Su Majestadhasta que de otra cosa seaservidoacepto el cargo de vuestro Capitán general y Justicia mayory prometocuanto en mí fuere de exercer y usar el dicho cargo bien y legalmente.»

No hubo Cortés acabado de aceptarcuando luego los Alcaldes y Regidores ylos demás principales del exército acometieron a besarle las manosdándolemuchas racias por haber aceptado. Despidió Cortés con alegre rostro a losdemás del puebloy quedándose con el regimientocomenzó a tractar de cosasque convenían para lo de adelante. El Cabildotomando ocasión desto parapedirle lo que tenía pensadodixo:



 

 

Capítulo X

Cómo el regimiento pidió a Cortés le vendiese ciertosbastimentos y lo que él respondió.

«Señor: porque sabemos quepudiendoen ninguna cosa vuestra merced nosfaltaránosotros tenemos determinado queatento a que de nuevo ha venido unnavío con bastimentosy no siendo conoscidos en esta tierraseríadificultoso y peligroso por el presente sustentarnos en ellasuplicar a vuestramerced que tomando dél y de los demáslo que hobiere menester para sí y parasus criadoslo demástasado en justo prescionos lo dé y repartaque parala paga todos nos obligaremos a lo pagaremos de montón de lo que nos cupiere enla guerrasacando primero el quinto que a Su Majestad se debiere. Juntamentecon esto suplicamos a vuestra merced mande apresciar los navíos y artilleríapara que de montón los paguemospara que de común sirvan de traer bastimentosde las islas para el proveimiento desta villa y exércitoque desta maneraseremos más bien proveídos y más barato que por vía de mercaderesquevenden por prescios excesivos.»

Cortés respondió que cuando en Cuba había hecho el matalotaje y bastecidola flota no lo había hecho para revendérselocomo habían hecho otrossinopara dárseloaunque en ello había gastado su hacienda y la de sus amigosyque le pesaba de que no fuese máspara que conosciesen lo que deseaba hacerpor ellos; pero que él confiaba en Dios que gastado aquel proveimiento no lesfaltaría. Con esto mandó luego a los maestros y escribanos de los navíosacudiesen con todos los bastimentos que en las naos habíaal cabildoy que elregimiento los repartiese por cabezas igualmentesin mejorar ni aun a supersonaporque en la guerra tanto comía el chico como el grande y el viejocomo el mozo y en lo que tocaba al vender de los navíosrespondió quemiraría lo que más conviniese a todosy que eso haría cuando menester fuese.

Pretendió Cortéscomo sabioporque no le faltaban émulosconliberalidad y largueza de ánimohacer de los enemigos amigoslo cual intentósiempre con mucha prudencia; y porque hasta ahora ninguno ha dicho la manera queCortés tuvo para ser elegido sin contradiccióndecirla he en el capítulosiguiente.



 

 

Capítulo XI

De la manera que Cortés tuvo para ser elegido en la Veracruzpor Capitán general.

Aunque desde Guaniguanicocomo después se supoCortés tenía tratado loque después hizo con sus amigosconosciendo la buena ventura que Grijalvadexóno quisopor no hacerse sospechosodarlo a entender hasta que fuesemenesteraunque de secretocomo yo supe de Diego de Coriaque fue su paje decámaraestuvo recogido ocho noches enteras escribiendo; créesecomo despuésparescióque se apercebía para lo que contra él había de hacer DiegoVelázquez; porque despuésantes que viniese Narváezhubo una cédula delReyque decía que si prendiesen a Hernando Cortésno hiciesen justicia délsino que lo remitiesen a España.

Cortésaliende de lo que escrebía al Reyescribió ciertascaras a supadre y al licenciado Céspedespara que en corte solicitasen sus negocios.Hecho estopocos días después que llegó a Sant Joan de Lúarecatándose delos amigos y deudosde Diego Velázquez que traía en su compañíahablandode secreto y tratando su negocio con los de su tierraque eran muy valerososycon otros amigos de quien él se confiabainvió a Joan Velázquez de Leóndeudo de Diego Velázquezcon docientos y cincuenta soldadosentre los cualespara desimular mejor el negocioiban muchos de sus privados y conoscidosamigosy para que también le avisasen de lo que pasaba. El motivo públicoaunque otro era el secretofue para que Joan Velázquez por tierra entrasedescubriendo los más cercanos pueblos y traxese comida; mandóleparaasegurarle másque no se alexase mucho ni se detuviese sino muy pocos días.Partióse Joan Velázquezy luego otro díano dexando ir de la mano su buenaventura renunciócomo dixeel cargo de General para tenerle por el Rey y nopor Diego Velázquez.

Detúvose Joan Velázquez tres díasy cuando vino halló lo que noquisieraaunque lo desimuló cuanto pudoporque ya no era parte paracontradecirlo; aunquecomo adelante diréno faltaron amigos de DiegoVelázquez que lo murmuraban de secretoe ya que no lo podían estorbardabanorden como Diego Velázquez lo supiese.

Estando así las cosaspara que se conosca la simplicidad que los indiosteníandicen testigos de vistaque después que Joan Velázquez se volviótoparon los indios con un perro que de cansado se había quedado atrásal cualcon grandes comedimientos y reverenciasponiéndole sobre una mantaletraxeron en hombros y venían detrás más de trecientos indios cargados deavesconejos y venados guisados de diversas manerascon ricas xícarasde cacao para que bebiese cuando tuviese sed; hacían esto creyendo que el perroera diospor venir en compañía de los españolesa los cuales ellos llamabanteulesque quiere decir «dioses»; y cuando el perro no quería comerni beber porque iba hartocreyendo que estaba enojadocon palabras amorosas lesuplicaban no se indignase contra ellosy que mandase lo que queríaque elloslo harían luego.

Desta manerallegados do el capitán estabale suplicaron dixese al perrono estuviese más enojado; el perro saltó de la mantay los indios temieronpensando que los quería comer; metióse debaxo de la silla del Capitánelcualdisimulando la risales dixo que aquél no era diossino una fiera muybrava que cuando se enojaba despedazaba los hombresy que él le diría que noestuviese enojadoporque él los tenía por amigos; y asípara que de ahíadelante los indios temiesen y dixesen cómo los españoles tenían aquel animalpor amigoacaeció que saliendo debaxo de la silla retozó un rato con Cortésque los indios lo vieron.



 

 

Capítulo XII

Cómo Cortés fue a Cempuala y del recibimiento que el señordella le hizo.

Cortés y sus compañeros no estando muy contentos del primer sitio quehabían tomadoacordaron de ponerse al abrigo del peñolque tenía de la unaparte y de la otra ocho o nueve leguaslas cuales anduvieron los navíos costaa costa. Cortés con cuatrocientos compañeros fue camino de Cempuala; llegó aun río que parte términos con tierra de Motezumay como iba grande no lo pudovadear hasta la orilla de la mardonde el río hace una reventazón; volviendoel río arriba en demanda de Cempuala halló chozas y casillas de pescadoresdonde hicieron altoporque no sabían dónde estaban ni qué camino habían detomarhasta que con la lengua Cortés se informó de ciertos indios y los tomópor guíaslos cuales llevaron a los nuestros a un pueblo pequeño subjecto ala ciudad de Cempualano lexos dellay porque era ya tarde y no se podíaentrar en Cempuala sino muy de nochedeterminó Cortés quedarse allí;fortificóse lo mejor que pudo; fue regalado y bien tratado por los indios deaquel puebloporque le dieron abundantemente de comersirviéndole como sifuera su señor.

De allí invió Cortés mensajeros al señor de Cempualahaciéndole sabercómo quedaba allí e que a la mañana iría con toda su gente a verlepues élno había querido venir adónde él estaba. Rescebido este mensaje por el señorde Cempualamandó luego que muy de mañana partiesen cient indios cargados degallinas y con ellos ciertos principales quedespués de haber ofrescido aquelpresentedixesen a Cortés cómo su señor se había alegrado mucho con suvenida y que le estaba esperando para hacerle en su pueblo todo servicio; y queno había dexado de ir a verle por falta de voluntadsino porque estaba tancargado en carnes que no se podía menear.

Cortés rescibió el presente dando las gracias a los mensajerosa loscuales hizo almorzar con su gente y dio a beber del vino de Castilla paraaficionarlos e inclinarlos a su amistad. Después que la gente hubo almorzadoCortés mandó hacer señal de partida; puestos todos en ordenanza con supífaro y atambor y con dos falconetes a puntopor si algo acontesciesecaminaron la vía de Cempualasiguiendo a las guías que el señor de Cempualahabía inviado. Estaba el camino muy buenoporque el señor lo había mandadoadereszar a mano; llegaron a un buen ríoel cual pasaron a vadoy desde allícomenzaron a ver a Cempualaque estaría como una milla. Ya que estuvieronjuntosholgaronmucho los nuestros de ver un pueblo tan populoso y de tanbuenos edificioscon tantas aguashuertas y jardinestanto que los nuestrospor su hermosurallamaron a esta ciudad Sevilladiciendo unos: «Aquéllaparesce a la casa del Duque de Medina»; otros«aquélla a la casa del Duquede Arcos». Salieron del pueblo muchos hombres y mujeres de todas edadespormandado de su señora rescibir a los nuevos huéspedes; ofrescieron los indiosa los nuestros muchas flores y rosasde las cuales en aquel pueblo había engran abundancia. Llegaron a Cortés ciertos principalesa su modo ricamentevestidoslos cualesen nombre de su señorle dieron la norabuena de lavenidaechándole al cuello una hermosa cadena de rosas y flores; pusiéronleen la cabeza sobre la celada una guirnalda de flores muy olorosasy para quellevase en la mano le dieron un manojo de florescompuestas y ordenadas de talmanera que hacía una graciosa labora la cual llaman los indios suchil.

Cortés rescibió esto con muy alegre rostro; abrazólos y hízoles muchascaricias. Entraban los indios muy sin temor entre la ordenanza del escuadróncon semblante de alegríadando a cada uno de los nuestros la buena venida.Desta manera y con este regocijocon mucha música de los nuestros y dellosentró Cortés en Cempoala. A la entrada del pueblo salió la gente más noble ymás ataviadaque era de señores y principales; por la una partey por laotrade las calleshabía gran multitud de gente abobada de ver caballostiros y hombres tan extraños; había entre esta gente muchas señorasacompañadas de sus criadasque todas daban a entender el contento querescebían con la venida de los nuestroslos cualesllegados que fueron almedio del pueblovieron un cercado muy grandecon sus almenasblanqueado deyeso y espejuelo tan bruñido que con el sol resplandecía tanto que a seisespañoles de a caballo que iban delante por descubridores les había parescidoplata chapadao porque lo parescíao porque llevaban el pensamiento en laplata y oro que buscaban. Pasaron luego los nuestrosdesengañados de lo quelos de a caballo se habían engañadopor el patio de los teucalesque son lostemplo del demonio. Ya que llegaban cerca de la casa del señorsalió él muybien aderezado e acompañado de personas ancianas muy bien ataviadas;llevábanle de brazo dos señores principalesporque esta era la costumbreentre ellos cuando un señor rescibía a otroa la manera de los Reyes deSiria. Acercándose Cortés y el señorcada uno hizo al otro su cortesía almodo de su tierray saludándose con pocas palabraspor lengua de losintérpretesel señordexando personas principales que aposentasen y diesenlo nescesario a Cortés y a su gentehaciendo gran comedimientose despidióde Cortésvolviéndose a entrar en su palacio. Cortés con toda su gente seaposentó en el patio grande de los templos y cupieron muy bien todosporquelas salas eran muy grandesy aunque los indios habían dado muestras de muchoamorCortés se fortalescióponiendo los tirosfrontero de la puertahaciendo a los que les cabía su guarda velar toda la noche. Mandó Cortés queningunoso pena de la vidasaliese de los aposentos sin su licencia. En elentretantolos indios proveyeron con gran cuidado la cena para los nuestrosque fue muy abundante; traxeron hierba e maíz para los caballosque siempre lahay verde.



 

 

Capítulo XIII

De lo que otro día pasó entre el señor de Cempoala yCortés.

Otro día por la mañana el señor de Cempoalabien acompañado deprincipalesfue a visitar a Cortés; dióle algunas buenas joyas de oromuchasmantas de algodón y algunas piezas ricas hechas de oro y pluma; podía valertodo el presente dos mill ducados. Díxole: «Señordescansa y huélgate tú ytoda tu gente como si estuvieses en tu casaporque yo te amo y deseo servir.»Cortés le rindió las gracias con palabras amorosas y comedidasporque losabía bien hacery con esto el señor se despidiódiciendo a la salida aciertos caballeros de los nuestros que le iban acompañandoque avisasen detodo lo que hobiesen menesterque no les faltaría; y fue asíque de lo quesobraba proveían los navíos.

Estuvo Cortés desta manerarescibiendo y dando presentes quince díashasta que un díainviando al señor ciertas ropas de sedaque él tuvo enmuchole invió a decir que pues le había venido a ver tantas vecesque élqueríasi no rescebía dello pesadumbreirlo a visitar a su casa. Respondióel señor que holgaba mucho dello y que rescebía gran merced. Cortés luegootro díadexando toda su gente en orden y conciertotomó cincuentacompañerosa los cuales mandó que se adereszasen de paz e guerra lo mejor quepudiesenporque así lo hacía él; fuese con ellos a palacio; el señor salióa la puerta de la casa a rescebirloy después de haberse hecha el uno al otrograndes comedimientosCortés tomó por la mano al señory juntos entraron ensu aposento y se asentaron en unos banquillos que los señores usantodoshechos una pieza; y apartándose la gente del uno y del otroquedando solos consola la lenguacomenzaron a tractar de negociosy como Cortéspara ver loque había de hacer adelantedeseaba mucho informarse de las cosas de la tierray había topado con aquel señorque era cuerdo y de buen entendimientoestuvieron muy gran rato en preguntas y respuestas. Cortés le dio cuenta de suvenida y de quién era el Emperador que le inviaba; diole asimismo a entenderque el principal motivo por que el Emperador de los cristianos le habíainviadoera para desengañar a tantas gentes como el demonio con falsareligión había engañado yfinalmentetodas las otras cosas que dixo enChampotón y las que había dicho a Teudile.

El señor oyó estas cosas con gran atención y maravillado de la extrañezadellasporque jamás las había oído; y después de haber respondido a lo quetocaba a la adoración y creencia de un solo Dios y al engaño que hastaentonces tenían de tantos diosesdixo «cómo sus antepasados habían vividosiempre en entera libertadsin reconoscer a otro señory que de pocos años aaquella parte él y su pueblo estaban tiranizados con la fuerza y poder de losseñores de Méxicolos cuales a los principios se contentaban con queadorásemos sus dioses con los nuestrosy despuéspoco a pocopor armassehan enseñoreado de nosotros y de toda esta tierra y serranía que se llama deTotonacapaque casi llega hasta Pánuco; y porque algunos pueblos desta tierraprocuraron de defenderse por armas desta tiranía y no pudieronpor la muchapujanza de Motezumahales echado mayores tribuctos y puesto en mayorservidumbre; y en la guerra cuando procurámos resistirhase tan cruelmente connosotros que a los que llevan presos no los toman por esclavospor no darlesvidasino sacrifícalos luego a los dioses de la victoria y cómenlos en susdanzas y bailes y en otras fiestas que hacen en menosprecio nuestro. Por estemiedo estamos en esta tierra casi todos hechos esclavosmuy abatidospadesciendo intolerable servidumbre. así por los grandes tribuctos que pagamoscomo por las vexaciones que nos hacen los Oficiales y recogedores de Motezuma.De aquíseñorverás si de buena gana desearé yo ser vasallo de un tanbueno y tan gran Príncipe como dices que es el Emperadortu señor.»

Diciendo estas palabras y otras de gran lástima comenzó a llorarsuplicando a Cortés se condoliese de las tiranías que él y los suyospadescíanporque si esto no hacíaya no tenían otro remedio sino matarse;pero diciendo estoencaresciendo el gran poder de Motezumadixo: «Mas¿quién podrá vencer a un gran señorque aliende de su mucho poder estáaliado y abrazado con otros dos señores los mayores de la tierrael uno elseñor de Texcuco y el otro el señor de Tlacopa? Allégase a esto ser Méxicoinexpugnablelo unopor estar asentado y puesto sobre agua; lo otroporquesus moradores son casi infinitos y muy exercitados en la guerray Motezumasuseñores el más rico Príncipe del mundoaunque tiene continua guerra conlos de TlaxcalaGuaxocingo y Cholulaque caen en la serranía de losTotonaques.» En esto había dos opiniones: la una y más creíbleque Motezumatenía guerra con esta gente sin apretarlos como pudierapara que los suyos seexercitasen en la guerra y para que los enemigos traxesen esclavos y gente parasacrificar y comer; la otra opinión es que los tlaxcaltecas eran muchosy muy fuertes y puestos en lugares ásperosdonde no podían ser vencidos sinocuando baxaban a lo llano.

Conforme a esta opiniónprosiguiendo el señor su pláticadixo a Cortés«Si te confederas con los taxcaltecasyo te ayudaré cuanto pudiere yasí serás poderoso contra Motezuma.» Cortés le agradesció mucho habérseledescubierto y ofrescido su amistad y la de sus amigosy cierto no se puededecir el contento que recibió en saber que tenía ya medio conveniente paraconseguir el fin que pretendía. Consoló mucho al señor de Cempoala; díxoleque él confiaba en su Diosque era solo y verdaderoque antes de muchos díasle pondría en su antigua libertad y le vengaría de los agravios rescebidospues por su parte tenía la razónque hacía justa la guerray que él nohabía venida sino para deshacer agravios y para que de ahí adelante no sesacrificasen más hombres a los demoniosenemigos de nuestras almas y cuerposy a que unos no comían a otrosque era cosa contra toda razón y piedad.Díxole másque el buen recogimiento y rescebimiento que en su casa habíahallado no le perderíay que lo mismo haría por aquellos sus amigosa loscuales convenía que llamase y dixese a lo que había venidopara que todos letuviesen por amigo y se hiciesen bien sus negociosy con esto también lesdixese que con el favor de su Dios cada uno de aquellos sus compañeros era másvaliente que mill indios.

Dicho estose levantó y pidió licencia al señor para ir a ver la otragente y navíos que estaban en QuiaustIandonde pensaba tomar asientoporquebastaba lo que allí había estado. El señor de Cempoala le replicó que siquería estar allí más díasque él se holgaría dello; y que si noquecerca estaban los navíos para comunicarse cuando fuese menester. Rógole luegoque en prendas de su amistad y amor rescibiese veinte doncellas totonaquestodas señoras y hijas de principalesentre las cuales le daba una sobrinasuyaque era la más hermosa señora de vasallos. Cortés rescibió el presentecon todo amorpor no enojar al que se lo dabay así se partió llevandomuchos indios principales que le acompañaron hasta la mar y otros de servicio;acompañaron muchas mujeres a las doncellaspor ser tan principalesy mientrasCortés estuvo en los navíosfue muy bien proveído de todo lo nescesariodedonde entendió que el amistad con los de Cempoala sería firme y verdadera.



 

 

Capítulo XIV

De la llegada de Cortés a Quiaustlán y de lo que allíavino.

Aquel mismo día que Cortés partió de Cempoala llego a buena hora aQuiaustlány los navíos no habían llegadode que se maravilló mucho y nole pesó menosporque haber tardado tanto tiempo en camino tan breve no lotenía por bueno. Estaba bien cerca de allí un pueblo puesto en un repecho pocoapartado del peñol; llamábase el pueblo Quiaustlánque quiere decir «lugarde pluvia». Cortéscomo vio que estaba tan cercaoporque no tenía quehacero por ver desde lo alto si parescían los navíossabiendo de los deCempoala que era de un señor totonacade los opresos de Motezumadeterminó subir allá en ordencomo iban. Los de a caballo se quisieran apearporque la subida era ásperapero Cortés se lo estorbódiciendo que noconvenía que los indios entendiesen haber lugar tan áspero donde los caballosno pudiesen subir; subieron poco a pocoy antes que llegasen a las casastoparon con dos indios quepor ser de diferente lengua no los entendió Marina.

Entrado Cortés en el pueblocomo vio que no parescía indio ningunosospechó que los indios que había tomado eran espías y que había algúnengañomas por no mostrar flaqueza entró por el pueblo hasta que topó condoce indios ancianos y de mucha auctoridadque traían consigo un intérpretede la lengua mexicana. Salían a rescebir a Cortés en nombre de su señorporque ya estaban avisados de los indios de Cempoala. Saludaron a Cortésdixéronle que su señor holgaba mucho con su venida; Cortés se lo agradescióy preguntados que por qué se habían escondidorespondieron que porque jamáshabían visto hombres semejantespero que después que el señor de Cempoalalos había asegurado con decir que era gente buena y pacíficahabían perdidoel miedo y salido a rescebirle por mandado de su señor. Cortés los siguióhasta una plazadonde el señor estaba esperando bien acompañado. Saludáronselos dos con muestras de mucha amistad; el señor tomó un braserillo de barrocon ascuasy echando en él cierta resina que paresce anime blanco y huelebienincensó a Cortésporque era cerimonia que a solos los dioses y a losgrandes señores se hacía en señal de reverencia.

En el entretanto que aquellos indios principales aposentaban la gente deCortésel señor se metió con él debaxo de

unos portales de la plazadonde Cortés con los intérpretes le dio aentender quién erade dónde venía y para quécomo había hecho con losotros señores. El señor le dixo lo mismo que el de Cempoalano con poco temorde que Motezuma se había de enojar por haber hospedado a Cortés sin sulicencia y mandado. Estando con este miedoasomaron obra de veinte indios porla otra parte de la plaza con unas varas cortas y algo gruesasa manera deAlguacilesque en la mano traía cada uno y en la otra un moscador grande depluma con que se hacían airepor el calor de la tierraaunque no los usabansino hombres principales. El señorcomo los viocomenzó a temblar de miedo ylo mismo hicieron los que con él estaban. Cortéspreguntó la causa;respondiéronle que aquellos eran los recaudadores de las rentas de Motezuma yque temían que le dirían cómo habían hallado allí aquellos españolesporlo cual temían ser gravemente castigados. Cortés los esforzó diciéndoles queMotezuma era su amigoy que no solamente no se enojaría ni les haría mal porellopero se lo agradescería; y si de otra manera lo hicieseque él losdefenderíapues traía consigo hombres tan valientes que cada uno bastaba apelear con mill mexicanosy que esto lo tenía ya entendido Motezuma por laguerra de Champotón.

No bastaron aquellas palabras para asegurar aquel señor y a los suyosporque luego se quiso levantar para rescebirlos y aposentarlos. Cortés lodetuvoy dixo: «Por que veas cuánto podemos yo y los nuestrosmanda luego alos tuyos que los prendany si se defendierenles den de palosque yo estoyaquí con los míos para defenderte contra todo el poder de Motezumacuantomásque yo sé que por mi respecto no te osará enojar.» Cobró tanto ánimoel señor con estas palabras y encendiósele tanto la cólera con la memoria delos malos tratamientos pasadosque los mandó prender; y porque se defendíanlos apalearon; pusieron a cada uno por sí en prisión en un pie de amigoquees un palo largo en que les atan los pies al un cabo y la garganta al otro y lasmanos en mediode manera que por fuerza han de estar tendidos en el suelo.Puestos los indios de esta numerapreguntaron si los matarían; Cortés rogóque no lo hiciesenporque más convenía tenerlos a buen recaudo con guardasque de noche y de día mirasen por ellos para que no se fueseny que élinviaría a decir a Motezuma cómo ellos habían tenido la culpa de su prisiónpor los agravios que hacían. Paresció bien al señor este consejoaunque élmás se holgara de matarlos. Mandólos meter en una sala del aposento de losnuestrosy mandando hacer un gran fuego dixo que los pusiesen alderredor délcon muchas guardas para que ninguno se pudiese huir. Poso también Cortésalgunos españoles para mejor guardia a la puerta de la sala. Fuese a cenar a suaposentodonde él y los demás fueron bien proveídos de lo que el señor lesinvió.



 

 

Capítulo XV

De la astucia y orden que Cortés tuvo para revolver losindios totonaques con Motezuma.

Ya que era bien de nocheparesciendo a Cortés que todos reposaban y que losguardas indios estarían durmiendoinvió a decir a los españoles queguardaban los presosque quitasen las prisiones a dos dellos sin que los demáslo sintiesen. Los españoles lo hicieron tan bien quecortándoles las cuerdasque eran de mimbrestraxeron dos dellos adonde Cortés estabael cual hizo queno los conoscíay preguntándoles con Aguilar y Marina quién eran y quéquerían y por qué estaban presosrespondieron que eran vasallos de Motezuma yque por su mandado habían venido a aquella tierra a cobrar ciertos tribuctosque los de aquel pueblo y provincia pagaban a su señory que no podían saberqué fuese la causa porque los habían prendido y maltratadoporque hastaestonces los salían a rescebir al camino y con mucho comedimiento los traían asus casasdonde les hacían todo servicio y placery que de tan súbitamudanza no podían entender qué fuese la causasino estar allí los nuestrosque decían ser inmortales y que temían no matasen a los que quedaban en laprisiónprimero que Motezuma lo supieseporque eran serranos bárbaros yvengativosdeseosos de rebelarse contra Motezuma por darle enojo y ponerle encostay que esto lo habían intentado otras veces; por tantoque le suplicabanhiciese cómo ellos y los otros sus compañeros no muriesen ni quedasen en poderde sus capitales enemigosde lo cual Motezumasu señorrescibiría granpesar por aquellos que eran sus criados viejosno merescedores de que por tanbuen servicio les diesen tan mal galardón.

Cortésmostrando en el rostro y palabras pesar de lo hecholes dixo:«Pena tengo que Motezumavuestro señorhaya sido deservido donde yo estoyque tanto procuro su amistad y contentoy así estad ciertos que por sercriados de tan valeroso Príncipeyo miraré por vosotroscomo lo haré portodas las cosas que al señor Motezuma tocaren; dad gracias a Dios porqueestáis librespara que yo pueda inviar luego cierto despacho a México; poreso comed y esforzáos para partir luego y mirad no os descuidéisporque siéstos os cogen otra vez os comerán vivosy a los que quedan presosyoprocuraré cómo no se les haga mal y que vivos y sanos vuelvan a México.»

Ellos se lo agradescieron mucho; comieron brevementeporque no veían lahora de salir del pueblo. Cortés los despidió luegohaciéndolos sacar por doellos guiarondándoles algo que comiesen por el camino; encargóles mucho porla buena obra que dél habían rescebidoque dixesen a Motezumasu señorcómo él deseaba hacerle todo serviciopor lo mucho que de su persona sedecíae que tenía gran contento de habérsele ofrescido tiempo en que por laobra mostrase lo que tenía en el corazónsoltándolos a ellos y trabajandoque el aucturidad de tan gran Príncipe no viniese a menose que aunque suAlteza había desechado su amistad y la de los españolescomo lo mostróTeudileyéndose sin despedirse dél y ausentándole la genteno dexaría élde servirle y buscar para esto cualquier ocasión; y que tenía bien entendidoque sus vasallospensando que le servíanhabían dicho que su señor no lequería ver ni conoscer ni dexarle entrar la tierra adentroporque talespalabras no eran dignas de tan gran Príncipe como élespecialmente que él noiba con aquellos sus compañeros sino a servirle y decirle de parte de un soloDios y del Emperadorsu señorcosas que le convenían mucho y secretos quejamás hobiese oído; e que si por él quedabasería su culpaaunque todavíaconfiaba de su buen seso quemirándolo bienholgaría de oírle y hablarle yser amigo de un tan poderoso Príncipe como el Emperador.» Ellos quisieranmucho llevar consigo sus compañerospero Cortés les replicó que no llevasenpenaque él les prometía de hacerlos soltar y que luego lo hiciera sino[fuera] por no enojar a los del puebloque le habían hospedado y hecho buentratamientoy que no era razón irles a la mano en su casa hasta atraerlos conbuenas palabras; que fuesen con tanto sin cuidado y le traxesen repuestaqueél cumpliría lo prometido.

Los mexicanos se partieron muy alegresprometiendo en todo cumplir sumandado.



 

 

Capítulo XVI

Cómo los Totonaques se levantaron contra Motezuma y lo quesobre ello hicieron.

Otro día en amanesciendoecharon menos los presos que se habían soltado; yel señorteniendocomo ello fueque iban camino de México a dar mandado aMotezumarescibió tanta pasión que quiso matar a los que quedaban y hacercruel justicia en las guardassino fuera porque Cortés defendió a los unos yexcusó a los otrosdiciendo que no era razón matar los presosque eranpersonas inviadas por su señory quesegún derecho naturalni tenían culpani merescían pena por hacer lo que su señor les mandaba. Excusó a losguardasdiciendo que de veinte se hubiesen huido dosporque el preso velacuando los otros duermenpara salir de prisión; y porque los demás no sehuyesenque se los entregase a élporque los echaría en los navíos conbuenas prisionesde donde no pudiesen salir.

Con esto se aplacó el señor y mandó entregar los presos a Cortéselcualdelante del señorles riñó ásperamente y mandó a sus soldados quelos echasen en cadenas. En el entretantoel señorsin que Cortés lo supieseentró en consejo con los principales de su puebloproponiendo si sería mejorpedir perdón a Motezumainviándole su tribucto con otros presenteso ya quehabían preso a los cogedores y tenían a Cortés por amigolevantarse contraMotezumadesechando de sus cervices el yugo de servidumbre en que estabanopresos.

Hubo dos paresceres muy contrario entre síel uno de temerosos ypusilánimos; el otro de esforzados y amigos de su libertad. Decían lostemerosos que lo mejor era aplacar a Motezumainviándole embaxadores con lostribuctos y otros ricos presentesdesculpándose de la locura y dislate quehabían cometido contra la majestad mexicanaa la cual de nuevo pedían perdónde su culpa y humildemente se sometían; y que aunque confesaban haber erradoypor esto ser dignos de riguroso castigotodavíaconfiando en la clemencia desu gran señor Motezuma y de que aquellos españoles los habían forzado a hacertan gran desatinoMotezuma los perdonaría y rescibiría en su gracia. Los decontrario parescer dixeron que era muy mejor morir defendiendo su libertad quevivir en tan áspera y perpectua servidumbrey que no había para qué esperarmisericordia de Motezumapues sabían que con ninguno que lo hobiese ofendidousaba della; y que pues esto había de ser asíy al presente tenían de suparte aquellos hombres inmortales y medio diosesque no había que temersinosuplicar a su Capitán los favoresciesecomo antes se lo tenía prometido.Finalmentecomo las razones destos tenían más fuerza y todos deseaban verselibres de la tiranía de Motezumadeterminaron de rebelarse contra él ysuplicar a Cortés los favoresciese.

Con esta determinaciónacompañado de todos los principalesfue el señora hablar a Cortésal cual en pocas palabras dixo: «Señoryo sé que losprisioneros que se soltaron habrán dicho a Motezuma el mal tractamiento que leshecimosy esto fue porque tú lo mandaste y nosotros holgamos dellopor vernoslibres de la tiranía que padescemos. Hemos determinadodespués de lo haberbien miradode levantarnos contra Motezumaprocurando nuestra libertad. Portantotú cumple tu palabra y danos favorque nosotros determinamos de morirprimero que vivir más en servidumbre.» Cortés holgó en extremo con estoporque vio que no había otro camino para conseguir lo que deseaba sino ésteydisimulando el contentorespondió al señor: «Mira bien lo que hacesporqueya sabes que Motezuma es muy poderoso y tiene muchos amigos»pero que si asílo queríanque él sería su Capitán y los defendería valerosamenteporqueera razón querer y amar a los que le querían y amabany no a Motezumadequien era él desechadohabiéndole convidado tantas veces con su amistad; yporque para la defensa dellos convenía saber qué gente podrían juntar deguerrales dixo que le dixesen la verdad para que él viese cómo había derepartir sus soldados cuando Motezuma los acometiese por diversas partes. Ellosrespondieron que en la liga se podrían juntar hasta cient mill hombres.

Cortésvisto estodixo que avisasen de lo que estaba tractado a todos losseñores comarcanos amigos suyos y enemigos de Motezumapara que cuando fuesemenester se juntasen y supiesen que su favor no les faltaría; y que decíaestono porque tuviese nescesidad dellos ni de su exércitoque él solo y suscompañeros con el favor de su gran Dios bastaban para los de Culhúaaunquefuesen otros tantos máspero para que estuviesen a recaudo y avisadossi porcaso Motezuma inviase gente de guerra contra algunas tierras de losconfederadostomándolos de sobresalto; y también porque si tuviesennescesidad de socorrole avisasen con tiempopara que él los favoresciese yayudase con los suyos. Pusieron tanto ánimo y esfuerzo a aquellos indios laspalabras de Cortés queaunque de suyo eran pusilánimos y estabanacostumbradosaunque de tan lexosa reverenciar y tener a Motezuma como adiospor otra parte como eran orgullosos y no bien consideradosdeterminaroncon grande alegría de despachar luego sus mensajeros por todos aquellospuebloshaciéndoles saber lo que tenían acordado y rogándoles quepuestenían de su parte aquellos teules o dioses tan valientes y esforzadosque congran presteza se juntasen y estuviesen a punto para dar aviso cuando Motezumainviase contra ellos su exércitoporque luego serían socorridos por aquelvaleroso Capitán que determinaban seguirpara desechar de sus cervices elinsufrible yugo de servidumbre que Motezuma les tenía echado.

Entendido este avisocomo los que no deseaban otra cosa por verse libres dela tiranía que padescíanrespondieron que así lo haríany porque el señorde Cempoala viese cómo le obedescían y daban las gracias por el avisoleinviaban sus mensajeros para que con ellos más largamente fuesen avisados de loque debían hacer.

Rebelóse toda aquella serraníado había gran número de indios;publicaron luego guerra a fuego y a sangre contra Motezuma; no dexaron a cogedorni a hombres que fuese de Culhúa a vidadeseosos de hartarse de la sangre deaquellos que tan opresos los tenían. Usó destas mañas y artes Cortés paraganar las voluntades a todos y hacer su hechocomo deseabaporque de otraguisa era imposible; y porque Motezuma no pudiese sospechar que él había sidocausa de la rebelión de los totonaquesdio ordensegún luego dirécómo con la buena gracia del señor de Quiaustlánlos cogedores que habíanmandado prender fuesen sueltos; habló a dos dellos en secretoavisándolesdixesen a Motezuma cómo ellos y sus compañeros volvían con las vidas a tutierray que si su persona y gente fuese menester para castigarlos y reducirlosa su servicioque no le faltaríanaunque estaba agraviado de no haberlequerido admitir a su servicio y amistadno habiendo venido ahora con más que aésta.

Los indiosno viendo la hora que irseen pocas palabras dixeron que haríantodo lo que su Merced mandaba.



 

 

Capítulo XVII

De la fundación de la Villa Rica de la Veracruz y de lo quemás subcedió.

En el entretanto que esto pasabaya los navíos estaban detrás del peñol;fuelos a ver Cortés; llevó consigo muchos indios de los pueblos rebelados queestaban por allí cercaaunque los de Cempoala eran los principalesasí porser vasallos de mayor señore por ser los primeros que se determinaron avolver por su libertad. A éstos todosdándoles a entender Cortés queconveníapara su defensaque él y los suyos se hiciesen fuertes en algúnpueblo edificado al modo y manera de los cristianosles mandó cortar muchamadera y traer la piedra que era nescesaria para hacer casas en aquel lugar quetrazóa quien puso nombre la Villa Rica de la Veracruzcomo habíadeterminado cuando en Sant Joan de Ulúa nombró Alcaldes y Regidores. RepartióCortés los solares conforme a los vecinos que había de haber; señaló lossitios y asientos donde se había de edificar la iglesia y hacer la plazalascasas de cabildocárcelatarazanasdescargaderocarnicería y otrosedificios públicos que para el buen gobierno y ornato de la villa convenían;trazó asimismouna fortaleza sobre el puertoen sitio que a todos paresciómuy conveniente. Comenzóse este edificio y los demás a labrar de tapieríaasí porque la tierra era buena para ello como porque de presente no habíaotros materiales.

Estando los nuestros en el hervor destas obrasvinieron de México dosmancebos bien apuestossobrinos de Motezuma con cuatro viejos de muchaexperiencia y aucturidadbien tratadoscomo ayos y consejeros de los manceboscon los cuales venían muchos indios para su servicio. No pudieron llegar tan desúbito que algunos indios de Cempoala no diesen luego aviso a Cortésel cualse sentó luego en una silla de espaldasmandando a todos los principales de sucompañía quequitadas las gorrasen pieestuviesen alderredor de su sillaa las espaldas de la cual se pusieron dos pajes y su alférez Antonio deVillarroel. Puesto así Cortés para representar el aucturidad que conveníamandó por los intérpretes decir [a] aquellos señores que venían de Méxicoque esperasen un poco; ellos se detuvieron hasta que por otros mensajerosCortés mandó que entrasenlos cuales a la entrada do Cortés estabaquitándose las cotarassacudiéndolas y poniéndolas en la cinta a lasespaldasencubiertas con la manta de que iban vestidosbaxas las cabezastocando con la mano derecha en tierrala besaron como hacían con el granseñor Motezumay sin hablar palabrallegando donde Cortés estabalepresentaron plumajes muy ricosmaravillosamente labradosmuchas mantasextrañamente tejidas de algodónplumas y pelos de conejo y ciertas piezas deoro y platalabradas con piedras y otras vaciadas y un casquete lleno de orocomo se sacaba de las minasque se llamaba entre los mineros oro en granoadiferencia del oro en polvo. Pesaría todosegún escribe Gómarados mil ynoventa castellanos; y a lo que dice Motolineade quien principalmente seaprovechó Gómaratres mill ducados. Como quiera que seao porque así losentía Motezumao por dar a entender la sed que Cortés y los suyos traíandel orole dixeron que si se hallaba bien con aquella medicina para laenfermedad del corazónque le inviaría más; diéronle con esto muchasgracias por haber soltado aquellos dos criados de su casa y haber sido parte deque los demás no fuesen muertosy que si del todo quería hacer placer a suseñor Motezumadiese orden cómo los que estaban presos se soltasenque enlas cosas que se ofresciesen se lo agradescería mucho su señory que asíasu contemplación y por su respectoperdonaba a los que se le habían alzado yeran rebeldescon tal que conosciendo su culpa se emendasen de ahí adelanteaunque tenía entendido ser tales que presto cometerían otro delictoparapagarlo todo junto con mayor castigo de sus personas y exemplo de otros; porquea no haberle rescebido y hospedado tan amorosamente como lo habían hechodeque él se holgaba muchono bastara cosa a que no los mandara gravementecastigar conforme a la gravedad de su desacato y a la gravedad de su delicto. Enlo demás dixeron que por estar su señor Motezuma no bien dispuesto y muyocupado en las guerras que al presente tenía y con otros muy importantesnegocios de la gobernación de sus reinos y señoríosa que no podía dexar deacudirno respondía cuándo y adónde se podrían verpero quehabiendolugarse daría manera y traza en ello.

Cortésa la embaxadano respondió cosaporque no le supo bien la excusade Motezuma; pero rescebidos los embaxadores y presentescon alegre rostrolosmandó aposentar todo lo bien que pudo en unas tiendas de campo que mandó armarpar del ríohechas de manera que los embaxadores no pudiesen entender laurdimbre de su tela; invió a llamar al señor de QuiaustIanque era uno de losrebelados contra Motezuma; díxole la verdad que con él siempre había tratadocómo habían venídole embaxadores de Motezumade los cuales tenía entendidoque Motezuma no se atrevería a hacerles guerrasino que antes pretendíareducirlos a su amistad; pero que mirase lo que hacíaque lo que le conveníaera proseguir lo comenzado y echar de sí el duro yugo de servidumbre queMotezuma había puesto sobre sus cuellos. Por tantoque él y los confederadospodrían de ahí adelante estar libres de la subjección mexicana y que paraesto él no les faltaríacomo era razón y era obligado.

Entendiendo Cortés de aquel señor que con estas palabras se iba alegrandopara acabar de concluir su delgada tramale dixo antes que respondiese; «peroruégoteporque Motezuma no diga que no le damos en algo contentoque si dellono rescibes pesadumbreque le inviemos libres los criados que le tenemospresosporque así me lo invía a rogar.»

El señorcon muy gran contentoque le había nascido de lo que primeroCortés le había dichole respondió que hiciese en todo a su voluntadporqueél en nada excedería dellapues él y los suyos y sus amigos pendían de sufavor y estaba debaxo de sus alas. Con estodespedido con muchos comedimientosmuy alegre se volvió a su casa; lo mismo fueron los embaxadores mexicanosporque llevaban libres a sus amigos y de Cortés habían sido muy bien tratados;diólespara aficionarlos máscomo tenía de costumbremuchas cosas derescatede linolanacuerohierrovidrio. Iban por el camino tratando conlos presoscomo después se entendióel valor y esfuerzo grande de losespañoles y cómo en breve tiemposi no se volvían a su tierraaunque eranpocoshinchirían toda la tierra y serían señores della hasta pasar de laotra parte de México. Trataban de la diferencia del trajearmas y costumbresde los nuestrosque todo era muy nuevo e inusitado para ellos. En el entretantoCortés derramó la fama por toda aquella tierra del miedo que Motezuma letenía y de cómo estando él allíaunque todos se alzasenno osaría tomararmas contra ellosque les dio mayor osadía para proseguir la rebelióncomenzaday asíno quedó indio en toda la serranía de los totonaquesque no se rebelase apellidando libertad y tomando armas contra las guarnicionesmexicanas; vengáronse de los agravios que les habían hecholo cual fue causaque ciertas guarniciones de las mexicanas hiciesen guerra a los de Cempoala.



 

 

Capítulo XVIII

Cómo se tomó a Tipancinco por fuerza por Cortés y lossuyos.

Pocos días después que esto subcediólos vecinos de Cempoala inviaron apedir socorro de españoles a Cortésporque se veían muy afligidos con lagente de guarnición de Culhúa que Motezuma tenía allí; diéronle a entendercómo ello pasabapara más moverle a que les inviase socorrolas muchascrueldades que aquella guarnición hacíatalándoles los árbolesquemándoles las sementerasdestruyéndoles las tierras y labranzasprendiendoy matando los que las labraban.

Confina Ticapacinga con los totonaques y con tierras de Cempoala; eraen aquel tiempoa su modoun lugar bien fuerteporque estaba asentado cercade un río y tenía una fortaleza puesta sobre un peñasco altode la cual casipor todas partesbien de lexosse podían ver los enemigos. En esta fortalezapor ser tan fuerte y estar entre aquéllosque cada día se rebelabanprocurandocomo es naturalsu antigua libertadtenía Motezuma mucha gente deguarniciónla cualviendo que los tesoreros y recaudadores de las rentasrealesafligidos y acosados por los rebeldes de aquella comarcase acogíanallísalía haciendo todo el daño que podía por apaciguar la rebeliónyen castigo de los delictos cometidosdestruía todo cuanto hallaba. Prendió ycastigó gravemente muchas personas.

Cortésvista la necesidad en que sus amigos estabanluego fue a Cempoala yde allíen dos jornadascon algunos de a caballo y con un pujante exércitode aquellos indios amigosllegó a Ticapacincaque estaba poco más de ocholeguas de la ciudad de la Veracruz. Dice aquí Motolinea que con los de caballollevó Cortés algunos de piey así es creíblepor que se hiciese mejor laguerra. Los de Culhúa pensando que les había de subceder con los nuestros comocon los cempoalesessalieron al campo; pero antes que se trabase la batallacomo vieron la braveza y denuedo de los de caballocalmaron y echaron a huir ala fortalezaque estaba cerca de allí; pero no pudieron llegar tan presto quelos de caballo no llegasen con ellos hasta el peñascoy viendo que no lepodían subir por su asperezase apearon cuatro dellos con Cortésy a lasvueltasentrando con ellos en la fortalezase detuvieron en la puertahiriendo y matando a los que la querían cerrarhasta que llegaron los demásespañoles y muchosde los amigos. Entrególes el Generalcon gran humildadla fortaleza y pueblorogándoles que no les hiciesen ya más dañoasí a losde Motezuma como a los vecinos; rogóles asimismo dexasen ir libres a lossoldadosmas sin armas ni banderas. Hízose asíque fue cosa bien nueva paralos indios. Los vencedores comieron aquí algunos de los enemigos muertosyhubo quien con un niño gordobien asadohizo fiesta y banquete a uno de losCapitanes indios. Aquí fue donde la primera vez vieron los nuestros comer carnehumana a los indios.

Alzada esta victoriaque fue la primera que Cortés hubo contra la gente deMotezumase volvió a la mar por el camino que vino. Quedó aquella serraníade ahí adelante libre del miedo y tiranías de Motezumay la fama desto seextendió tanto por los que eran amigos y no amigos de Cortésque de ahíadelantecuando se les ofrescía alguna guerrale suplicaban les diese algunode aquellos teulesque con élllevándole por Capitántendrían porsegura la victoria.

Fue tan dichoso este principio para el fin y motivo de Cortés como fue elsubcesor de Champotón. Vueltos los nuestros a la Veracruz contentoscomo erarazónde la victoria habidahallaron que había llegado Francisco de Salcedocon la carabela que Cortés había comprado a Alonso Caballerovecino de Cubaque había dexado allí dando carena. Traxo setenta españoles y nueve caballose yeguascon que los nuestros no poco se regocijaron y animaronpor ser ayudapara mejor proseguir su destino.



 

 

Capítulo XIX

Cómo Cortés y la Villa inviaron presentes al Emperador.

Deseoso Cortés de proseguir su intento que era la demanda de Méxicodequien tan señaladas cosas había oídodio priesa en que se acabasen las casasy fortalezas de la Veracruzpara que los soldados y vecinoscómodamenteviviesen y se reparasen contra las lluviasy para que tambiéncuando seofresciesetuviesen donde resistir a los enemigosy así después deconcertadas muchas cosas tocantes a la guerramandó sacar a tierra las armas ypertrechos de guerray cosas de rescatelas vituallas y otras provisiones queestaban en los navíos. Entrególas al cabildocomo se lo tenía prometidoyteniéndolos a todos juntos con otros principales que no tenían oficiospúblicosles habló en esta manera: «Señoresya me paresce que es tiempoque Su Majestad del Emperadornuestro señorsepa por relación de alguno denosotros que la llevencómo ha sido servido en estas partes y la granesperanza que de riquezas promete esta tierray asísi a vuestras mercedesparesceserá bien que ante todas cosas repartamos por cabezas lo que hemoshabido en la guerrasacando primero el quinto que a su Majestad pertenesceyporque esto mejor se haganombro por Tesorero del Rey a Alonso de Ávilay delexército a Gonzalo Mexíapara quecomo es uso y costumbrespasando pormanos de Oficiales el negociose tracte con más fidelidad y confianza.»Paresció bien lo que el General dixo a todo el regimiento y a los demáscaballeros que a él vinierony suplicáronle lo pusiese luego por obraporqueno sólo holgaban que aquellos caballeros fuesen Tesorerosmas queellos los confirmaban y rogaban lo quisiesen ser. Aceptaron de buena gana losseñalados sus cargos; comenzaronacabada la juntaa entender en ello con todafidelidady por que en el negocio no hobiese sospechamandó Cortés sacar ytraer a la plaza que todos lo pudiesen verla ropa de algodón que habíaallegadalas cosas de plumaque eran muy de vertodo el oro y plata quehabíaque pesó veinte y siete mill ducadosy entregándolo todopor peso ycuenta a los Tesorerosdixa al cabildo queconforme a razón y justicialorepartiesen. Ellosno olvidados de la buena obra que del habían rescebidorespondieron que no tenían qué repartirsacado el quinto que al Reypertenescíaporque lo demás era menester para pagarle los bastimentos que leshabía dado y la artillería y navíosde que todos en común se aprovechaban;por tantoque le suplicaban lo tomase todo y inviase al Rey su quinto de lo quemejor le paresciese. Élemperoque siempre procuró con buenos comedimientosy obras ganar amigosles dixo que aún no era tiempo de tomar lo que le dabanporque veía que ellos lo habían más menester para ayudar a sus gastos y pagarsus deudasy que de presente no quería más parte de la que le venía como asu Capitán general. Rogóles con esto que porque tenía pensado de inviar alRey más de lo que le venía de su quintoque no rescibiesen pesadumbre siexcediese de lo acostumbradopues era lo primero que se inviaba y había cosasque no se sufría partir ni fundir.

Halló en todoscomo suelen los más españolesgran voluntad para con suRey. Esto es lo que dice Motolineay después Gómaraque en lo más de suhistoria le siguió. Dicen otros de los que se hallaron presentes que ningúnrepartimiento se hizosino queapartando el General lo más y mejor que leparescióse quedó con lo otroy dello invió parte a su padre MartínCortés y parte dello dio a los procuradores que habían de ir para sus negociosa España; e incidentementepor los de la república. Lo que apartó parainviar al Reyfue lo siguiente: Las dos ruedas de oro y plata que dio Teudilede parte de Motezumaun collar de oro de ocho piezasen que había ciento yochenta y tres esmeraldas pequeñas engastadas y docientas y treinta y dospedrezuetas como rubíesde no mucho valor; colgaban dél veinte y siete comocampanillas de oro y unas cabezas de perlas o berruecos; otro collar de cuatrotrozos torcidoscon ciento y dos rubiejos y ciento y setenta y dos esmeraldasdiez perlas buenasno mal engastadasy por orla veinte y seis campanillas deoro: entrambos collares eran de ver y tenían otras cosas primas sin las dichas;muchos granos de oroninguno mayor que garbanzoasí como se hallan en elsuelo; un casquete de granos de oro sin fundirsino asígroserollano y nocargado; un morrión de madera chapado de oro y por de fuera mucha pedreríaypor bebederos veinte y cinco campanillas de oroy por cimera un ave verdeconlos ojospico y pies de oro; un capacete de planchuelas de oro y campanillasalderredory por la cubierta piedras; un brazalete de oro muy delgado; una varacomo ceptro real con dos anillos de oro por remate y guarnescidos de perlas;cuatro arrexaques de tres ganchoscubiertos de pluma de muchos colores ylas puntas de berruecoatado con hilo de oro: muchos zapatos como esparteñasde venadocosidos con hilo de oroque tenían la suela de cierta piedra blancay azul muy delgada y transparente; otros seis pares de zapatos de cuero dediverso colorguarnecidos de oroplata y perlas; una rodela de palo y cuero ya la redonda campanillas de latón morisco y la copa de una plancha de oroescupida en ella Uitcilopuchtlidios de las batallasy en aspa cuatro cabezascon su pluma o pelo al vivo y desolladoque eran de leónde tigrede águilay de un buarro; muchos cueros de animales y aves adobadoscon su pelo y pluma;veinte y cuatro rodelas de oropluma y aljófarprimas y muy vistosas; cincorodelas de pluma y platacuatro peces de orodos ánades y otras aves huecas yvaciadas de orodos grandes caracoles de oroque acá no los haye unespantoso cocodrilo con muchos hilos de oro gordo alderredor; una barra delatón y de lo mismo ciertas hachas y unas como azadas; un espejo grandeguarnescido de oroy otros chicos; muchas mitras y coronas de pluma y orolabradas y con mill coloresperlas y piedras; muchas plumas gentiles y de todascoloresno teñidassino naturales; muchos plumajes y penachos grandeslindosy ricos con argentería de oro y aljófar; muchos ventalles y amoscadores de oroy pluma y sola plumachicos y grandes y de toda suertepero todos muyhermosos; una manta como capa de algodóntexida de muchas colores y de plumacon una rueda negra en mediocon sus rayos y por de dentro rasa; muchassobrepellices y vestimentas de sacerdotespaliasfrontales y ornamentos detemplos y altares; muchas otras destas mantas de algodónblancas solamente oblancas y negrasescacadas o coloradasverdesamarillasazules y otroscoloresdel envés sin pelo ni color y de fuera vellosas como felpa; muchascamisetasjaquetastocadores de algodóncosas de hombremuchas mantas decamaparamentos y alfombras de algodón y otras algunas cosas que todas teníanmás prescio y valor por su extrañeza y novedad que por su riquezaaunque lasruedas tenían de por sí harta estima; y lo que mucho maravilló a ciertosplateros de Españafue ver un pez fundidolas escamas del cual la mitad erande oro y la otra mitad de plataambos metales en su género bien finos.

Inviáronse con estas cosas algunos libroscuyas letras eran como las quedice Artimidorogiroglíficasde las cuales al principio usaron los egipcios.Eran figuras de hombresde animalesárboleshierbaslas cualespintadasdeclarabancomo nosotros por nuestras letraslos conceptos de los queescrebíanaunque confusamente; eran estos librosno como los nuestrossinocomo rollos de papel engrudadoque descogidos daban a entender lo quecontenían. Era este papel hecho de ciertas hojas de árboles; paresce papel deestrazaaunque es más liso y blanco.

Al tiempo que se adereszaba este presentelos cempoalesespara ciertafiesta que hacíantenían muchos hombres para sacrificar; pidióselos Cortéscon mucha instancia para inviarlos al Rey con el presente; pero elloshechosmuchos comedimientosno osaron dárselosdiciendo que sus dioses se enojaríangrandemente y no les darían agua y les quitarían los mantenimientos y quematarían a sus hijos y a ellos. Porfió tanto Cortés queaunque muy contra suvoluntadtemerosos no les hiciese algún dañole dieron cuatro mancebos biendispuestos y dos mujeres de buena gracia y disposición. Era costumbreaunquemás largamente toqué esto en el libro primeroque los que habían de sersacrificadossi eran habidos de guerraadereszados lo mejor que podían conplumajes en la cabeza y espada y rodela en las manosbailaban en lo alto del cucantando cantares tristes como endechasllorando su muerteofresciendo su vidaa los dioses. Lo mismo hacían los que no eran de guerrasalvo que no llevabanarmas. Hecho estose tendían de espaldas y sacábanles los sacerdotes elcorazón con tanta presteza queporque lo vieron personas de créditodiréuna cosa maravillosa; y fueque sacando una vez el corazón los tlaxcaltecasa un indio mexicanoechando el cuerpo por las gradas del cuse levantóy anduvo tres o cuatro pasos por las gradasque sería ochoporque hastaentonces le duraron los espíritus vitales.

Estos cuatro mozoscon los demás que habían de ser sacrificadosandabancantando por las calles y pidiendo limosna para su sacrificio y muerte. Era cosade ver cómo todos los miraban y daban de lo que teníandiciéndoles quehacían gran servicio a los dioses en ofrescerles su sangre y vida para el biende los que quedaban vivos. Traían en las orejas arracadas de oro con turquesasy unos pedazos de oro en el labio baxoque hacía descubrir los dientes.

Los señores con el oro traían metidas en el mismo labio piedras presciosasque en España paresció bien feoaunque entre ellos era mucha gala y ornato; yen esto había tanta diferenciaque cada uno traía las piedras y oro comohabía peleado y mostrado el valor de su personatanto que al que no era decasta o valiente por su personano le era lícito traer sino una paja por oro yun pedernal por piedra presciosa.



 

 

Capítulo XX

De lo que el Cabildo y Cortés escribieron al Rey.

Puesto ya a punto el presente para el Reyentró Cortés en cabildo con losdemás principales del pueblo y díxoles queasí para llevar el presente comopara tratar de los negocios que a todos convenían con Su Majestaderanescesario quecomo era costumbre en todos los pueblosel regimiento nombrasey eligiese procuradoresa los cuales dixo que también daría su poder y su naocapitana en que fuesen. El Regimiento señaló a Alonso Hernández PuertoCarrero y Francisco de Montejoque estonces eran Alcaldes. Holgó dello Cortésy dióles por piloto a Antón de Alaminosy como iban en nombre de todostomaron de montón lo que de oro habían menester para ir a negociar y volver.Lo mismo hicieron en lo del matalotaje para la navegación. Diólescomo habíadichoCortés su poder y una instrucción de lo que habían de hacer en sunombre en Corte y en Sevilla y en su tierraporque habían de dar a su padreMartín Cortés y a su madre doña Catalina Pizarro ciertos dineros y las buenasnuevas de su prosperidad y adelantamiento. Invió con ellos la relación yauctos que había hechoasí en Cuba como en la Nueva Españasobre lo cualescribió una larga carta al Emperadordándole sumaria cuenta de lo que lehabía subcedido desde que salió de Cuba hasta el día de la fechay por queel Emperador estuviese advertido antes que otro le advertiese. Lo queespecialmente escribió fue las pasiones y diferencias que hubo entre él yDiego Velázquez en Sanctiago de Cubalas cosquillas que había en su real porhaber en él muchos de la parcialidad de Diego Velázquezlos trabajos quetodos habían pasadola voluntad que tenían a su real serviciola grandeza yriqueza de aquella tierrala esperanza grande que tenía de ponella debaxo desu real nombrela tiranía y dominio que el demonio tenía sobre toda ella.Ofresciósele de ganar la ciudad de México y haber a las manos vivo o muerto algran rey Motezumael fin de todo. Recontando sus servicios señaladoslesuplicaba le hiciese mercedes en los cargos y provisiones que había de proveeren aquella nueva tierra para remuneración de sus trabajos y gastos que hizo endescubrirla y ganarla.

El regimiento de la Veracruz escribió otra carta por sífirmada solamentede los Regidoresque con brevedad decía lo que aquellos pobres hidalgoshabían hecho en descubrir y ganar aquella tierray casi del mismo tenor otraen nombre de toda la repúblicafirmada de los más principales que en ellahabía.

Escribió otraprometiendo por ella que en su real nombre todos ellostendrían y guardarían aquella villa con el mayor aumento que pudieseny quepor esto moriríanhasta que Su Majestad otra cosa mandase. Suplicáronle conmucha humildad diese la gobernación de aquella tierra y de la demás queconquistasen a Hernando Cortéssu cabdillo y Capitán general y Justiciamayorelegido por ellos mismos para quitar pasiones y hacer mejor lo queconviniese al adelantamiento del estado realy que porque habían visto quepara este fin convenía él más que otrole habían elegido en nombre de SuMajestad. Suplicaban también con mucho calor que por evitar ruidosescándalosy peligros y muertes que se siguirían si otro los gobernase y fuese suCapitánsi acasohabía hecho merced destos cargos a otrolos revocaseporque esto era lo que más convenía y que no sentían ni debían decir otracosa. Al fin le suplicaron fuese servido de responderles con toda brevedad yhacerles merced de despachar los procuradores de aquella su villa con el buendespacho que deseaban y suplicaban.

Con estas cartas y poderes que Cortés y el cabildo dieronse partieron deQuiaustlán los procuradores Alonso Hernández Puerto Carrero y Francisco deMontejo y Antón de Alaminos en una razonable naoa veinte y seis días del mesde Julio del año de mill e quinientos y diez e nuevecon las dichas cartasauctos Y testimonios y relación que dicho tengo; tocaron de camino en elMarién de Cuba; y diciendo que iban a la Habanapasaron sin detenerse por laCanal de Bahama y navegaron con harto próspero tiempo hasta llegar a España.

Escribieron estas cartas los de aquel consejo y exércitorecelándose deDiego Velázquezque tenía muy mucho favor en Corte y Consejo de Indiasyporque andaba ya la nueva en el real con la venida de Francisco de SalcedoqueDiego Velázquez había habido la merced de la gobernación de aquella tierradel Emperador con la ida a España de Benito Martínlo cualaunque ellos nolo sabían de ciertoera muy gran verdadsegún en otra parte se dice.



 

 

Capítulo XXI

Cómo se amotinaron algunos contra Cortés y del castigo queen ellos hizo.

Aunque casi de común parescerpor el seso y valor de Cortésle habíanelegidopor su caudillo y Justicia mayorno faltaroncomo acontesce en todaslas cosas humanascontradiccionesporque algunospor ser criados de DiegoVelázquezy algunos por ser sus amigosy otroso por ir tras las vocesdestoso porque estaban descontentos de no haberlos puesto Cortés en cosas queno merescíancomenzaron entre sí a murmurar de la elección porque lesparescíacomo ello fueque ya Diego Velázquez estaba fuera de parte; e quehabiendo sido el principal auctorera excluido de aquella felice y prósperatierraafirmando con esto ser más elegidopor astuciaardidhalagos ysobornos que por razón e justicia; y que el haberse hecho de rogar para queaceptase el cargo de Capitán general había sido con maña y disimuladamenteyque a esta causa no era válida la elección en perjuicio de Diego Velázquezque le había inviadoespecialmente que para esto se requería el aucturidad ypoder de los flaires jerónimosque por los Reyes Católicos gobernaban lasislas; quesegún se decíaya Diego Velázquez era Gobernador de la tierra deYucatánen cuyo destricto estaba Cortésel cualcomo entendió que poco apoco se iba encendiendo el fuegoaunque no humeaba muchoprimero que levantasetanta llama que no pudiese ser apagadoinformado de los principales auctoressin alterar el reallos prendió y metió en un navío vara inviarlos a Españapresospero como de su natural condisción era benigno y clementerogado poralgunos a quien deseaba complacerlos soltó; y fue quitar los grillos alfurioso y darle armasporque olvidados del beneficio rescebidoperseverando ensu mal propósitousando mal de la facultad del perdónprocuraron alzarse conun bergantín y matar al Maestrepara irse a su salvo a la isla de Cuba a daraviso a Diego Velázquez de lo que pasabay del gran presente que Cortésinviaba al Emperador para ganarle la voluntad y ser confirmado por Gobernador yCapitán generalcomo había sido elegido.

Querían dar estos amotinadores este aviso a Diego Velázquez para quecuando los procuradores de Cortés pasasen por la HabanaDiego Velázquez losprendiese y quitase el presenteestorbando como el fin y motivo de Cortés nofuese adelantey en el entretanto Diego Velázquez pudiese avisar al Emperadorde lo que pasabapara que no se tuviese por bien servido de Cortés y de losdemás que le habían seguido.

Cortésentendida la conjuraciónviendo que convenía antes que más seafistolase la llaga cortar algunos miembrosmostrandoporque así conveníamás enojo del que tenía en su pechoprendió muchos dellos y con grandeavisotomándoles su confesiónhallando ser unos más culpados que otroslesdio diversas penasporque ahorcó a Joan Escudero y a Diego Cermeñopilotograndes cortadores de espada; y era el Cemento tan ligeroque con una lanza enla mano saltaba por cima de otra atravesada sobre las manos levantadas de losdos más altos hombres que había en el exército. Tenía también tan vivo elolfato queandando por la marolía la tierra quince leguas y más antes quellegase a ella.

Pidieron a éstoscomo se acostumbra en Españados mujeres públicas; unosdicen que ellos no las quisierony otros que Cortés no quisopor lo queestonces conveníael cualla primera vez que los perdonó les dixo que deahí adelante mirasen cómo vivíanporque les prometía por vida del Emperadorquesi recaíanlos mandaría ahorrar. Con todo estoal firmar de unasentenciasubió en un caballo y llorócondolesciéndose de lo que hacía; ypor no ser importunado dio de espuelas al caballoyéndose de allí con algunosque le acompañaron a un pueblo allí cercano.

Mandó cortar el pie a otro y azotar a otros dosque fueron Gonzalo deUmbría y Alonso Peñate. Desimuló con algunos otrosporque vio convenir así.Desta manera puso gran miedo a muchos que se iban ya inclinando. Quieto ypacífico su exércitohízose temer; aseguró su negocioporque adescuidarseDiego Velázquez tuviera aviso y fuérale fácil estorbarprendiendo los procuradoresla buena ventura a Cortés; porque después loprocuróinviando una carabela de armada tras Puerto Carrero y Montejoporqueno pudieron pasar tan secretos por la isla de Cuba que Diego Velázquez no losupiese.



 

 

Capítulo XXII

Del hazañoso hecho de Cortés cuando dio con los navíos altravés.

Andaba pensando Cortés cómo conseguiría su fin tan deseadoque era verseen México con el señor Motezumay aunque se le ofrescían muchosinconvinientescomo eran ser la tierra tan largatan poblada de gentelosestorbos que Teudile había propuestolos enemigos muchos que estaban en elcaminoel deseo de muchos de los suyos que tenían de volver a Cuba y ladificultad que de salir con tan gran empresa a todos se ofrescía; con todoestoechando como dicen el pecho al aguaentendiendo que jamás grandes cosasse consiguen sin gran trabajo y diligenciaacompañando a su singular esfuerzomaravillosa prudenciadeterminó de dar con los navíos al travéscosa ciertoespantosa y que pocos capitanes hasta hoy han hechoaunque Gómara en este garcuenta otro semejante hecho de Barbarroxa del brazo cortadoque por tomar aBugía quebró siete galeonesque comparado por sus partes con el de Cortéses muy inferior.

Para salirpuescon tan memorable hazaña de manera que los suyos no sealborotasenllamó de secreto a los maestres y pilotosy haciéndoles grandescaricias y nuevas ofertasdándoles en breve a entender la gran fortuna y buenaventura que entre las manos teníanles rogó que con todo secretoso pena dela vidadiesen barreno a los navíosde manera que por ninguna vía se pudiesetomar el aguay que hecho estocuando él estuviese con mucha genteentrasendo él estaba algunos pilotos y dixesen que los navíos estaban cascados ycomidos de broma para no poder navegar; que su Merced viese lo que sobre ellomandaba hacery esto como que venían a darle cuenta por que después no losculpase.

Poniendo por obra los maestros y pilotos con el secreto que se les habíaencargado el negociovinieron algunos dellos a Cortés delante de muchos que sehallaron presentesy con alguna alteración que cubría lo secreto del pechole dixeron: «Señorlos navíos ha más de tres meses que están surtoseahorayendolos a requerir e visitarlos hallamos tan abromados y tan abiertosque por veinte partes hacen agua y se van a fondoy paréscenos que se van afondo y no tienen remedio. Vuestra Merced vea lo que manda.» Cortésoyendoestomostró pesarle mucho; los presentes creyeron ser así por haber tantosdías que los navíos estaban surtos; y después de haber por gran rato tractadolo que se debía hacermandó Cortésque pues ya no había otro remediosacasen dellos la xarcia y lo demás que se pudiese aprovechar y los dexasenhundir. Los Maestressacando primero los tirosarmasvituallasvelassogasáncoras y todo lo demás que podía aprovechardieron al través con cinconavíos que eran de los mejores. No mucho después quebraron otros cuatro conalguna dificultadporque ya la gente entendía el propósito y ardid de suCapitán; y así comenzaron a murmurar y tratar mal délquexándose porcorrillos que los llevaba al matadero y que les había quitado todo el refugioasí para ser proveídos de fueracomo para si se ofresciese algún peligrotener con que librarse dél.

Cortésvisto que muchos de los principalesque eran las principalesfuerzas de su exércitoestaban bien en lo hechojuntos todos[les dixo]:«Señores y amigos míos: A lo hecho no hay remedio; Dios paresce que quiereseamos los primeros que señoreemos tan grande y próspera tierra; los que devosotros no quisiéredes participar de tan buena andanzaqueriendo másvolveros a Cuba que ir conmigo en demanda de empresa tan señaladalo podéishacerque para estoqueda ahí un buen navíoaunque yo no sé con qué carapodéis volverquedando conmigo tantos y tan buenos caballeros.»

Aprovechó mucho esta pláticaporque unos mudaron el propósito y otrosdevergüenzase quedaronaunque hubo muchos que no tuvieron empacho de pedirlelicencia; créese eran marineros y hombres de baxa suerte que querían másnavegar que pelear. Reprehendidos por Cortés y por otros caballerossequedaronhaciendo de las tripas corazón.

Visto estoporque no hobiese logar de arrepentimiento en algunos otrosmandó dar Cortés a la costa con el navío que quedabaquitando a todos laesperanza de la vuelta y dándoles a entender que en sólo Dios y en su esfuerzoy valentía habían de confiar de ahí adelante; e que pues les era nescesarioo pasar adelanteo no dexarse vilmente morirhiciesen el deberpues a lososados siempre ayudaba la fortunay que el cobarde moría más presto y conmás afrenta suya e de los suyos.

Estas palabrascon la nescesidad que había de hacer lo que debíandieronmucho ánimo y aliento a todosy fue muy alabado Cortés y más querido de ahíadelante por el buen consejo y astucia que en tan dificultoso negocio habíatenido.



 

 

Capítulo XXIII

De lo que a Cortés subcedió con ciertos navíos de Garay.

Cortésque no ocupaba el pensamiento en otra cosasalvo en cómo saldríacon la empresa que entre manos tenía comenzadaordenado primero lo que eramenester para el buen gobierno y defensa de la villaque estaba ya casiacabadadexando en ella ciento y cincuenta españolesy por Capitán dellos aFrancisco Álvarez Chico (y no a Pedro Dirciocomo dicen fray Toribio yGómaraporque el año de veinte y cuatro fue Teniente de Gobernador en laVilla Rica Pedro Dircio)y a Joan de Escalante por alguacil mayordexando conesta guarnición dos caballosdos tiros con muchos indios de servicio ecincuenta pueblos de amigos y aliadosde los cualescuando fuese menestersepodría sacar cincuenta mill hombres de guerraencomendando que la fortaleza seacabasepublicó su partida. Salió con los demás españolescon indios deservicio e muchos amigos.

Vino a Cempoalaque estaba cuatro leguas de la nueva villadonde acabado dellegar le dixeron que andaban cuatro navíos de Francisco de Garay por la costa.No le supo bien; recelóse de algún estorbo que impidiese su jornada; volvióseluego a la villapara que desde allíestando fortalescidopudiese defendersey ofender si se ofresciese.

Supocomo llegóque el alguacil mayor Escalante había ido a informarse dequiénes fuesen y qué querían y a convidarlos a que alojasen en su pueblo.Supo también que los navíos venían hacia el Norte e que habían corrido lacosta de Pánueo y rescatado hasta tres mill pesos de ruin oro e algunosbastimentos e que no les había contentado la tierra por no ser tan rica comopensaban.

Cortéscomo supo que los navíos estaban surtos y que no habían queridosalir a tierraaunque los habían convidado a ellofue hacia allá con unaescuadra de su compañía. Llevó consigo a Escalantepor ver si alguno de losde los navíos salía a tierrapara tomar lengua e informarse de lo quequería; e después de andada una leguatopó con tres españoles que habíansalido de los navíosel uno de los cuales dixo que era escribano y los otrosdos testigosque venían a notificarle ciertas escripturas que entonces nomostraron y a requerirle que partiese la tierra con el capitán Garayechandomojones por parte convenienteporque también él pretendía aquella conquistapor primero descubridor y porque quería asentar y poblar en aquella costaveinte leguas de allí hacia ponientecerca de Nautlánque ahora se llamaAlmería. Cortéscon gracioso semblanteaunque sentía otra cosales dixoque primero que nada le notificasen se volviesen a los navíos y dixesen alCapitán que se viniese a la Veracruz con su armadaporque allí hablaríanmejor en lo que conviniesey se sabría qué era lo que pretendía; e que situviese alguna nescesidadle socorrería cuanto mejor pudiese; y que si veníacomo ellos decíanen servicio del Reyque él holgaba mucho delloporque sepresciaba de guiar y favorescer a los semejantespues estaba él allí tambiénpor el Rey y todos eran unos. Ellos dixeron a esto que en ninguna manera elcapitán Garay ni hombre de los suyos saldría a tierra ni vendría do élestaba. Esto dice Gómaraaunque conquistadores que se hallaron en elloafirman no venir allí Garaysino cierta gente suya con un Teniente.

Cortéscomo quiera que fueseoída esta respuestaentendió lo quesospechaba; prendiólos y púsose tras un médano de arena altofrontero de lasnaosdonde cenó y durmió. Estuvo allí hasta bien tarde del día siguienteesperando si Garay o algún piloto o otra cualquiera persona saldría a tierrapara tomarlos e informarse de lo que habían navegado y el daño que dexabanhechocon intento que por lo uno los inviaría presos a Españay [por] lootro sabría si habían hablado con gente de Motezuma. No cociéndosele el panviendo que los de los navíos se rescelaban mucho e que no llegaban a tierraentendió que debía de haber alguna mala trama urdiday para certificarsedesto usó de un ardidy fueque hizo que tres de los suyos trocasen losvestidos con aquellos que habían venidoy que llegando a la lengua del aguacomo que eran de los navíoscapeandollamasen. Los de los navíoso porquepor los vestidos creyeron ser de los suyoso porque los llamaroninviaron enun esquife doce hombres adereszados con ballestas y escopetas. Los de Cortésvestidos de los hábitos ajenoscomo estaban enseñadosse apartaron haciaunas matas que por allí habíacomo que buscaban sombra por el recio sol quehacíaque era a mediodíapara hablar más a placery también por no serconoscidos.

Los del esquife echaron en tierra dos escoeteros e dos ballesteros e unindiolos cuales caminaron derechos hacia las mataspensando que los queestaban debaxo dellas eran sus compañeros. Arremetió entonces Cortés conotros algunos y tomáronlos antes que tuviesen lugar de volver al barcoaunquese quisieren defender. El uno dellosque era pilotoencaró la escopeta contrael capitán Escalante y no dio fuegode cuya causa no le mató. Los de lasnaosvisto el engaño y burla no pararon allí másy haciéndose a la velano esperaron a que llegase el esquife. De estos siete se informó Cortés cómoGaray había corrido mucha costa en demanda de la Floriday tocando en un ríoy tierra cuyo rey se llamaba Pánucodonde hallaron que había oroaunquepocoe que sin salir de las naos habían rescatado hasta tres mill pesos de oroy habido mucha comida a trueco de cosas de rescatepero que nada de lo andado yvisto había dado contento a Francisco de Garaypor no hallar mucho oro y noser bueno lo poco que había.



 

 

Capítulo XXIV

Cómo Cortés volvió a Cempoalay hecho un parlamento a losseñores dellales hizo derrocar los ídolos.

No pudiendo haber Cortés más claridad de los negocios de Garayse volvióa Cempoala con los mismos españoles que había sacado de la Villa Rica.Salióle a rescebir el señor del pueblo con otros muchos principales que leacompañaban; comieron juntos aquel día; hízole grandes caricias Cortés;renovóse el amistad.

Otro díaestando el señor de Cempoala con todos los principales en susaposentospor la lengua les hizo Cortés esta plática: «Señor y amigo míoy vosotrosnobles caballeros: Entendido habréis el amistad y amor verdaderoque os tengopues le he bien mostrado por las obrassiendo parte para quealanzásedes de vuestras cervices el duro yugo de servidumbre del gran señorMotezumaque de pocos años acá tenía puesto sobre vosotrosy de aquíentenderéis que lo que ahora os quiero decir va con el mismo amor y amistadporque sé queno solamente conviene al autoridad de vuestras personas yaumento de vuestro estadopero (que es lo que más se ha de mirar) al descansoy gloria perpetua de vuestras almasque son inmortalesy salidas de vuestroscuerpos han de tenerconforme al bien o el mal que en esta vida hobiéredeshechoholganza o pena perpetua.

«Haos tenido el demonioque vosotros llamáis Tlacatecolotlpor muchosaños muy engañadopara después para siempre atormentar vuestras almashaciéndoos entender que hay muchos diosesno habiendo ni pudiendo haber másde uno. Haceos adorar animalesbestiasfieras que vosotros soléis matar;haceos que sacrifiquéis a las piedras que ponéis en los cimientos de vuestrascasasnegociopor ciertode harto desatinoporque en la tierra todas lasdemás criapturas sirven al hombre y no el hombre a ellas; por lo cual esmenester que sepáis que hay un solo Diostan grande que en todo lugar estátan poderoso que hizo los cielos y la tierra y la mar con todo lo que hay enellatan sabio que todo lo rigetan bueno que perdona los pecadostan justoque a nadie dexa sin castigo. Estepor redemir al hombreque por su culpa sehabía perdidose hizo hombre y murió por nosotros en una cruz como ésta. Enéste creeda éste adoradporque sólo éste es nuestro Dioscriador yauctor nuestro. Haréisle gran servicio sidexando la falsa religión en quehasta ahora habéis vivido por engaño del demonioderrocáredes ydeshiciéredes vuestros ídolosque no son sino palos y piedrasretratos devuestro perseguidory levantad con gran reverencia la cruz en que fuistesredemidos y creed que el que en ella murió os dará bienes temporales sinderramamiento de vuestra sangrevictoria contra vuestros enemigos y después lagloria para que fuistes criados.»

Oída esta plática con gran atención por aquel señor y sus caballerosobrando Dios en sus corazonesrespondieron en pocas palabras que les habíaparescido muy bien lo que les había dicho y que delante dél quebrantarían losídolosy poniendo la cruzla adoraríancomo se lo había dichoporqueentendían que aquel Dios que en ella murió debía de ser muy buenopues pusosu vida por los hombres; y que pues los cristianosque creían en éleran tanvalientes y sabiosno había que buscar otro Dios y que a éste rescebían yquerían.

Alegróse en extremo Cortés con esta respuesta; abrazó al señor y a otrosprincipales; derrocáronse luego los ídolos; ayudaron los nuestros en ello;púsose una cruz grande en el templo mayor y otras en otros templos menores;hízose confederación con otros pueblos comarcanos contra Motezuma; ellos ledieron rehenes para que estuviese cierto y seguro que le serían verdaderos yleales amigos y no faltarían de la palabra que habían dadoprometiendo deproveer de lo nescesario a los españoles que quedaban de guarnición en laVeracruz; ofresciéronle toda la gente de guerra que hobiese menester; diéronlemill tamemesque son hombres de carga para el servicio del exércitopara hacer agua y leña y llevar los tiros; rescibió los rehenesque fueronmuchospero los señalados eran MamexiTeuch y Tamallihombres muyprincipales.

Cortés dexó al señor de Cempoala un paje suyo de edad de doce añosmuchacho bien apuestopara que aprendiese bien la lengua; y por que le tratasenbiendixo que era su hijo; y asídespués que los nuestros se partierontuvieron muy gran cuenta con élhaciéndole muchos regalos y buen tratamiento.

Concertadas las cosas desta manerase despidió Cortés del señor deCempoala con muchos abrazos y lágrimas. Salieron con él buen trecho del pueblotodos los principales y mucha gente del pueblodeseándole toda buena andanzacontra el gran señor Motezuma.



 

 

Capítulo XXV

De lo que a Cortés subcedió después que partió deCempoala.

Partido Cortés de Cempoalaque por su grandeza y asiento llamó Sevilla laNuevay que fue a diez e seis días de agosto del mismo año que entró en latierrasacó consigodexada la guarnición (que dixe) en la nueva villacuatrocientos españoles (otros dicen que trecientos)con quince caballos(aunque otros dicen que trece)con seis tirillos y con mill y trecientosindiosasí nobles y de guerra como tamemesen que también entran losde Cuba. Los amigos eran de la serranía que llaman Totonicapán. Dicen algunosy así lo escriben fray Toribio y Gómaraque la gente de Motezuma dexó aCortés y que le hizo gran falta para acertar el camino; pero muchosconquistadores de quien yo me informéque se hallaron en la jornadadicen quedos Capitanes de Motezuma que gobernaban lo subjecto al imperio de Culhúaleacompañaron desde Cempoala hasta Tlaxcala y más adelantey que con maliciallevaron a Cortés por la rinconadapor tierras ásperas y fragosasdediversos templesunas muy calientespara que con la aspereza de los caminos ydestemplanza de las tierras enfermasen y muriesen los nuestros y así seexcusase su ¡da a México.

Las tres primeras jornadas que nuestro exército caminó por tierras deaquellos sus amigos fue muy bien rescebido y hospedadoespecialmente en Xalapa.Juntáronse aquí Cortés y Pedro de Alvaradoque traían partido el exércitoentre sípor no ser molestos a los pueblos do llegabany allípor descuidose quedó un potrillo que venía con las yeguas y caballosque después pasadoaño y medio hallaron hecho buen rocín entre una manada de venadosde loscuales nunca se había apartadoqueenfrenadofue un buen caballo y sirvióbien en la guerra.

El cuarto día llegó el exército a Sicochimalpoque es un lugar muyfuertepuesto en áspero lugarporque está en una ladera de una agria sierra.Tiene hechos a mano dos escalones que sirven de entradatan angostos que apenaspueden entrar hombres de a piecuanto más de a caballo. Si los vecinosquisieranfuera imposible entrar los nuestros; perocomo después se supotenían mandado de Motezuma para hospedarlos y proveerlos y aún les dixeron quepues iban a ver a su señor Motezumaque estuviesen ciertos que era su amigo yque por todas sus tierras serían muy bien rescebidos.

Tenía este pueblo en lo llano muchas aldeas y alcarías de a trecientos y aquinientos vecinos labradoresque por todos serían hasta seis mill vecinos.Sacaba de allí Motezumacuando queríacuatro o cinco mill hombres de guerra.Llamábase la provincia del nombre del pueblo; era subjecto a Motezuma;gobernábala un señor que por extremo proveyó bien el exército y dio lonescesario para la jornada de adelante. Agradescióselo Cortésdándoles aentender que sería muy servido Motezumaa quien él iba a ver por mandado deun grandísimo señor que se llamaba el Emperador de los cristianos; dióle depaso a entender otras cosas de nuestra religión y poder de los cristianosdeque aquel señor quedó muy espantado. Despedido dél desta manerapasó unasierra muy alta por el puerto que llamó Nombre de Diospor ser el primero queen estas partes había pasadoel cual era sin caminotan áspero y alto que nohay en España otro tan dificultoso de subirca tiene tres leguas de subida.Pasóle seguramenteporque a haber contradicción se padesciera gran trabajo ypeligro. Hay en esta sierra muchas parras con uvas y árboles con miel; a labaxada había otras alcarías de una villa y fortaleza que se llama Texuán; queasimismo era de Motezumadonde asimismo con el pueblo de atrás fueron muy bienrescebidos y proveídos de lo nescesarioporque así lo tenía mandadoMotezuma. Díxoles Cortés algunas cosasdándoles cuenta de su venida;despidióse dellos con mucha gracia. Antes que llegase a este pueblonocreyendo que fuera tan bien proveídomandó soltar dos tiros; salieron losindios al ruidodixeron que no los espantaseque ellos le proveerían de lonescesario. Cortés les respondió lo hiciesen asíporque si no se enojaríanlos tiros y les echarían el cerro encima.

Desde aquí andubo tres jornadas por tierra despobladainhabitable ysalitral donde fueron bien menester los regalos pasados y el buen tratamientoque el exército tuvoporque pasó nescesidad de hambre y mucha más de sedacausa de ser toda el agua que toparon saladay muchos españoles que con lademasiada sed bebieron della adolescieronaunque ninguno murió. Sobrevínolesluego un turbión de piedra y con él gran frío que los puso en mucho trabajo yaprietoca los españoles lo pasaron aquella noche muy malporque acudiósobre la indispusición que llevaban. Los indios corrieron tanto riesgo que ainaperescieran; murieron algunos de los de Cubaasí por ir mal arropadoscomopor no estar hechos a las frialdades de aquellas montañas.



 

 

Capítulo XXVI

De lo que acaesció a ciertos españoles de la Nueva Villaentretanto que marchaba el exércitoy de lo que más subcedió a Cortés en elcamino en Zacatani.

En el entretanto que nuestro exército caminaba para Méxicodoceespañolescon los cuales iba Escalanteque era Alguacil mayorporque con elcargo de Capitán quedaba en la villa Francisco Álvarez Chicopersona de muchogobiernosalieron della a rancheary no dándose [a] acatodieron en unpueblo que los nuestros llamaron Almeríadonde estaba una guarnición deMotezuma de quince mill hombreslos cualescomo estaban avisados por su señorquecomo pudiesentomando algún españolse lo inviasenporqueaunquedesde que entraron los nuestros en el puertotenía por las pinturas que leinviaban noticia de nuestro exército y de las cosas dél deseaba ver alguno delos nuestrosporque los tenía por más hombres; y desta causapor haberalguno a las manostrabaron batalla con los nuestrosla cual duró hasta lanoche. Murió en ella Escalante; tomaron a uno mal herido; los demás con laescuridad de la noche se escaparon por las sierrasdando mandado a la VillaRica. El herido llevaron los indios en una hamaca a Méxicoy por mal curadomurió en el camino. No lo quiso ver Motezuma porque ya iba muy corrompidoperomostráronle las cabezas del que murió en la batalla y del que fallesció en elcamino. Mirólas por gran rato y dixo que ya se desengañaba de pensar seraquellos hombres inmortalesaunquecomo lo mostraban en los rostrosdebíanser muy valientes. Dicen que se le mudó el colorporque por los pronósticosque teníaentendió que habían de ser de aquellos los que le habían dequitar su señorío y traer nueva leyritos y costumbres a su tierra.

Volviendo al camino que hacía nuestro exércitoa la cuarta jornada de malatierraprosiguiendo su viaje adelantesubió una sierra muy ásperay porquehallaron en la cumbre della al parescer como mill carretadas de leña cortadapuesta en orden a manera de baluartecerca de una torrecilla donde había unosídolosllamaron a aquel puerto el Puerto de la Leñapasado el cualdosleguas adelantedieron en tierra estéril y pobrey de ahí vinieron a unlugar que se llamaba Zacatlaniy no Castilblancocomo dice Gómaraporqueestá más adelante. Estaba este pueblo en un valle muy hermoso que se diceZacatamien el cual había casas muy bien labradasporque eran de canteríaespecialmente las del señorque eran muy grandes y de mucha majestad; teníamuy grandes salas y aposentosyfinalmenteera tan real que hasta estonceslos nuestros no habían visto cosa semejante. Aquí Cortés mandó azotar a unsoldado porque había hecho cierto agravio a un indiocontra lo que él teníamandadocon que mucho se hizo respetar de los suyos y amar y servir de losextraños.

El señor del pueblo se llamaba Olintetlel cual rescibió a Cortés conmucho amor. Aposentóleen su casa; proveyó a toda su gentemuycumplidamente; hízolo así porquecomo después él dixotenía mandamientode Motezuma que honrase y sirviese en cuanto pudiese a Cortés; y asíporhacer todo lo a él posible por fiesta y alegría de la llegada de los nuestrossacrificó cincuenta hombresy esto poco antes que los nuestros llegasenporque hallaron la sangre fresca y limpia. Hubo muchos del pueblo que traxeronen hombros y en hamacas las personas señaladas del exército hasta entrar enlos aposentosque es como si los llevaran en andas; honras fueron ambas lasmayores que pudieron hacery sólo por mandárselo así Motezuma. Salió elseñorque era tan gordo que los nuestros le llamaron el Tembladora la puertade la casa a rescebir a Cortés; llevábanle de los brazos dos mozos fuerteslos más nobles de su casa; rescibiéronse con mucho amor y comedimiento. Dixo aCortés que por estar tan pesado en carnescomo veíano le había salido arescebir; que fuese bien venido y descansasen él y los suyos en aquel su puebloy casaporque serían con toda voluntad hospedados.

Cortéspor los intérpretesque eran Marina y Aguilarle dio las gracias.Entráronse desta manera juntos al aposentoque estaba adereszado para Cortésdonde en el entretanto que se adereszaba la comidasentados comenzaron ahablarestando en pie muchos caballeros de los nuestros y de los de la casa yfamilia de aquel señor. Cortés por lengua de Marina y Aguilar le dixo la causade su venida y otras muchas cosas tocantes al honor y gloria de Dios y de suReycasi por la misma manera que las había dicho a los caciques y señores conquienes antes había tratado. El señor mostró holgarse mucho con tan nuevarelación de cosas. Respondióle prudentementeporque era hombre de muchaexperiencia y bien entendido en negociosasí de guerra como de paz. Al cabo dela plática le preguntó Cortés (porque vía la majestad y grandeza con que seservía) si era amigoaliado o vasallo de Motezuma. A esto estuvo callado ungran ratotanto que le dixo Cortés casi como enojado que cómo no lerespondía. Estoncescomo quien despierta de sueñocon un sospiro arrancadode las entrañasrasándosele los ojos de aguacomo maravillado de aquellapreguntarespondió: «¿Y quién no es esclavo y vasallo de Motezuma?»dandoa lo que se pudo colegira entender el grande y tiránico poder deMotezumadel cual le parescía que no había señor en el mundo que se pudieselibrar.

A esto Cortés le replicó que de la otra parte del agua había otro muymayor señorque era el Emperador y Rey de Españaa quien servían muchosPríncipes y Reyesy que él era uno de los menores vasallos suyosque por sumandado venía a ver aquella tierra y conoscer a Motezuma y a los otros señoresdella. Rogóle fuese servidor de tan gran Príncipe y que en reconoscimientodestosi tenía orole sirviese con él. A esto respondió que no haría otracosa sino lo que su señor Motezuma le mandaseasí en tener la amistad deaquel tan gran Príncipe que decíacomo de inviarle oroaunque tenía harto.A esto no replicó Cortésporque le paresció que no era tiempo y vio en él ylos suyos que eran hombres de corazón y gente belicosa; y por no parescer quele atajabale rogó le dixese el estado y grandeza de Motezumapues iba abesarle las manosel cual le respondió como holgándose de haberse ofrescidoaquella ocasióny dar a entender que no podía haber otro señor tan grandecomo el suyo: «Motezuma es señor de muchos Reyes y tan grande que en el mundono conoscemos otro igualcuanto más superior; sírvenle muchos señores en sucasalos pies descalzos y los ojos puestos en el suelo; tiene treinta vasallosque cada uno tiene cient mill combatientes; sacrifica cada año veinte millpersonas y algunas veces cincuenta mill; reside en la mayormás linda y másfuerte ciudad de todo lo pobladoporque está puesta sobre aguay para suservicio hay más de cuarenta mill acalesque son canoas; su casa ycorte es grandísimamuy noble y muy generosa; acuden a ella muchos Príncipesde toda la tierra; sírvenle a la contina grandes señores; sus rentas yriquezas son increíblesporque no hay nadiepor gran señor que seaque nole tributey ninguno tan pobre que no le tribute algoaunque no sea sino lasangre del brazo; sus gastos son excesosporque aliende de las expensas de sucasatiene continuamente guerrasustentando grandes exércitos.» MaravillóseCortés y los nuestros de tan grandes cosasy cierto eran asícomo despuésparescióaunque no dexaron de creerle por ser hombre de tanta auctoridad y quelo decía como hombre que lo había visto.

Estando así en estas pláticasllegaron dos señores del mismo valle a vera los nuestros. Presentaron a Corta cada uno cuatro esclavas y sendos collaresde oro de no mucho valor. Rescibiólos muy bien Cortés; respondióles por laslenguas que les agradescía el presente y voluntad; ofrescióles su personacuando la hobíesen menester; hablaron un rato con Olintetl; despidiéronseluego y fuéronse.

Era Olintetlaunque tribuctario de Motezumaseñor de veinte mill vasallos;tenía treinta mujerestodas en una casacon las de cient otras que lasservían; tenía dos mill criados para su servicio y guarda. El puebloera tangrande; tenía trece temploscada uno sumptuosocon muchos ídolos de piedrade diferentes figurasabogados para diferentes casos; sacrificabanse delantedéstosconforme a lo que se les pedíahombresniñosmujerespalomascodornices y otras cosas con sahumerios y gran veneración.

En este pueblo y en su comarca tenía Motezuma cinco mill soldados enguarnición y frontera; tenía postas de hombres dobladaspuestas por brevestrechosque llegaban hasta Méxicopor las cuales en muy poco espacio sabíapor muy lexos que fueselo que pasaba.

Acabó Cortés de entender la grandeza e mucho poder de Motezumaaunqueantes había entendido gran partey fue tan grande su valor que ni en públiconi en secreto mostró arrepentimiento de haberse puesto en tan grave ydificultoso negocio; antescuanto más dificultadesinconvenientes y temoresle representaban algunos de los que con él ibandiciéndole que para unespañol había tres mill indios y que ellos estaban en su tierra tan amigoscomo había vistodesobedescer a su señorque tenían por gloria morir porély élque estaba en el ajenano sabida ni entendiday que no con armassino a puñados de tierrapodrían ser todos hundidos y acabadospor ser elnúmero de los enemigos casi infinitole eran mayores espuelas para ir a ver yseñorear tan gran poder como él vía y todos le decían[y] con ánimoinvencible que le prometía el dominio y señorío de tan gran imperiodixo laspalabras que por devisa en las columnas traía el Emperadorcon el favor deDios: «Señorespues llevamos tan buena empresa«plus ultra»que quieredecir«más adelante».



 

 

Capítulo XXVII

Cómo Cortésprosiguiendo su jornadafue rescibido enCastilblanco y despachó mensajeros a los tacaltecas.

Estuvo Cortés en Zacatlán cinco díasporque tenía fresca ribera y lagente de aquel valle era apacible; puso muchas cruces en los templosderrocandolos ídoloscomo lo hacía en cada lugar que llegaba y por los caminosydexando muy contento a Olintetlporque le dio algunas cosillas y le trató conmucho amor y respetoacompañándole los principales buen trecho fuera delpueblose despidió. Fuéronle sirviendo muchos indios hasta otro pueblo quelos españolespor la ocasión que para ello daballamaron Castilblanco. Erade Yztacmachtitlánuno de aquellos señores que le presentaron las esclavas ycollares; estaba dos leguas de Zacatlánrío arriba. Está este pueblo enllanopar de una ribera; tiene dos leguas a la redondamuchas caserías quecasi tocaban unas con otras; extendíase su señorío todo por hermosapoblación y por lo llano del valle cerca del río tres o cuatro leguas; en uncerro muy alto estaba la casa del señorcon la mejor fortaleza que había entoda la tierra y mejor cercada de murobarbacana y cavas; en lo alto del cerrohabía una población de cinco o seis mill vecinosde muy buenas casas y gentealgo más rica que la del valle abaxoy porque la fortaleza blanqueaba muchodesde lexos y las casas que estaban en lo altollamaron los nuestros al puebloCastilblanco.

Fue aquí Cortés muy bien rescebidoporque estaban ya avisados; reposóallí tres díaspara repararse del camino y trabajo pasado que el exércitotuvo en el despoblado; hiciéronle muchos mitotesque son danzas y bailes a sucostumbre y otras fiestasasí por obedescer a Motezumacomoporque son algoenvidiosospor parescer a Olintetl; detúvose también por esperar losmensajeros cempoaleses que habían inviado desde el pueblo antes a los taxcaltecas.Lo que contenía la embaxada era que él estaba informado del señor de Cempoalay de los demás señores de aquella comarcaamigos y confederados suyoslasgrandes guerras y enemistades que con tanta razón tenían con Motezumadequien muchos años atrás habían rescebido muchos daños y agravios; que éliba a México y había de pasar por su tierraque les rogaba lo tuviesen porbien; y que si querían favorescerse dél en sus guerras contra Motezumaqueél lo haría con la voluntad y amor que verían. Movieron a Cortés a queinviase estos mensajeros los nobles y otra gente principal que de Cempoalavenía con éldiciéndole que los taxcaltecas eran muchos y muy fuertesy grandes enemigos de Motezumapues continuamente tenían guerra con él y quesabiendo ellos que los cempoaleses y totonaquessus amigos yaliadosse habían confederado con los nuestrosofrescerían con gran voluntadsus casas y personasaunque a los principios subcedió al contrariocreo quepor experimentar los taxcaltecas el valor y esfuerzo que en los nuestroshabía.

Creyó Cortés que fuera así como los cempoaleses se lo habíandichoporque hasta estonces le habían tratado mucha verdady así pensaronque lo trataban en estoporque eran bastantes las enemistades y guerras que lostaxcaltecas tenían con Motezumapara pensar queviniendo los nuestrosen su ayudalos salieran a rescebir y acarisciaríancomo ellos habían hecho.Aquí tuvieron los nuestros noticia que Taxcala era una ciudad tan grande quetenía seiscientas plazasy hubo quien con ánimo generoso dixese: «Buenosvamosque a cada uno de nosotros caben dos plazas.»



 

 

Capítulo XXVIII

Cómo las cuatro cabeceras de Taxcalaoída la embaxada deCortésentraron en su acuerdoy de las diferencias que entre ellos hubo.

En el entretanto que Cortés iba a Castilblanco y reposaba allílos cuatroembaxadores cempoaleses entraron en Taxcala con cierta señal que solíanllevar los mensajerosa manera de correospara ser conoscidos e ir seguros. Ala entrada dieron mandado cómo venían así de parte de Cortés como de los deCempoala. Saliéronlos a rescebir a su costumbre algunos principales de Taxcala;lleváronlos a las casas de su cabildodonde después de haberles dado decomerse juntaron a cabildo los cuatro señores que llaman cabeceras deTaxcalacon otros muchos de sus principales que eran del consejo degobernación y guerra. Estando así juntosmandaron entrar los embaxadoresloscualeshecha gran reverenciacomo en lugar de tanta majestad se requeríaestuvieron en pie un rato sin hablar palabraesperando les mandasen dixesen alo que eran venidos. Estonces Xicotengaque era uno de los cuatro señores quegobernaban aquella provinciales dixo que propusiesen su embaxada. Losembaxadores estonceshecho otro comedimientorogándose los unos a los otrosdieron los tres la mano y el proponer al más ancianoel cualhaciendo ciertacerimoniatendiendo la manotrayéndola a la bocadixo.

«Muy valientes y grandes señoresnobles caballeros: Los dioses os guardeny den victoria en las guerras y batallas que tenéis contra vuestros enemigos.El señor de Cempoala y los otros señores totonaques se encomiendanmucho en vosotros y os hacen saber que de allálas partes de orienteengrandes acaleshan venido unos teuleshombres barbudosmuy fuertes yanimososlos cuales les han ayudado y favorescido contra las guarniciones deMotezuma y los han puesto en grandelibertad. Su Capitán se llama FernandoCortés. Dice que él y los suyos son vasallos de un muy poderoso y gran Rey yque de su parte viene a verse con Motezumavuestro capital enemigo. Dicen los cempoalesy totonaques que será bien quecomo ellostengáis por amigos a estosvalientesporque aunque son pocosvalen más que muchos de nosotros; y porqueentendemos que para contra Motezuma su amistad os será provechosaaconsejamosa Cortésque ha de pasar por esta ciudadinviase mensajeros haciéndoos sabersu venidael cual por nosotros os besa las manos y dice que para verse conMotezumacomo el Emperadorsu señorle mandale es necesariopasar por estavuestra ciudad; que os suplica lo tengáis por bienpues su deseo escontentaros en todo lo que se os ofresciereponiendo a ello su persona y gentey que tiene sabido las guerras que de muchos años a esta parte tenéis traídocon él y los agravios y dañosaunque les habéis hecho otrosque habéisrescebido; si para esto su ayuda os es necesariaos la ofresce.»

Acabada esta embaxadaMagiscacínque era otro señor de los cuatrolosmandó sentar un poco; y después de haber callado todos algún espaciolesdixo en nombre de aquella insigne república fuesen bien venidos y que besabanlas manos a los cempoaleses y totonaques por el consejo que lesdaban y que holgaban mucho de que se hobiesen librado del duro imperio yseñorío de Motezuma; y porque era menester espacio para responder a lo demásque tocaba a la venida de Hernando Cortésque se holgasen en aquella ciudadalgunos díascomo en propria casaen el entretanto que se resumían en lo quedebían hacer.

Con esto se salieron los mensajeros del Ayuntamientoy quedando ellos solostuvieron silencio por un ratomirándose unos a otros. Cada uno esperaba que elotro hablase primerohasta que Magiscacínque era uno de los que gobernabanla señoría de Taxcalahombre de mucho reposo y juiciode noble condisciónbienquisto en aquella repúblicatomando la manoo porque era más antiguooporque en las cosas de consejo era el que primero proponíadixo: «Caballerosseñores y amigos míos que aquí os habéis juntado para oír la embaxada quelos cempoaleses han traído: Entendido tendréis tres cosas della: laprimeraque nuestros amigosenemigos de nuestro enemigonos aconsejanhospedemos a estos caballeros quesegún su valor y maneramás parescendioses que hombres como nosotros; la segundaque dellos podremos ser ayudadospara tomar venganza de nuestro enemigo quea la continacon su podernostiene encerrados en estas sierras sin poder gozar de los mantenimientos y trajesque las otras gentes gozan; la tercera es que nos pide el Capitán destosinvencibles y valientes caballeros que le demos pasaje por nuestra tierra y lehospedemos el tiempo que en ella estuviereofresciéndonos su persona y las desus caballeros. Cosa es esta que en buena razón no se le puede negarespecialmente yendo como va contra nuestro enemigoy nuestros dioses nosenseñan a hacer caridad con los peregrinantes; si no los rescebimosparesceráque somos crueles ylo que más se ha de huirque somos cobardesque no lososamos rescebirtemiendo que nos han de hacer algún dañoteniendo entendidolo contrario por experiencia y por lo mucho que dellos dicen los de nuestranación.

«Lo que sobre todas tres cosas me paresce que debemos responderle es quevenga norabuena y salir con toda alegría a le rescebirporque si losespañolesque los cempoaleses y los otros que los han tratado llamandioses y los tienen por inmortalesquierenfácil les será pasar por nuestratierra a nuestro pesar y destruirnos a todosde lo cual rescibiría nuestrocapital enemigo Motezuma gran contento. Allégase a estoque no poco confirmami parescerlo que nuestros antepasados nos dexaron en nuestros annales ypinturas: que vendrían unos hijos del solen trajes y costumbres diferentes denosotrosde muy lexas tierrasen unos acales grandesmayores que casasyqueaunque en número no serían muchosserían tan valientes que uno podríamás que mill de vosotros; que destruirían nuestros ídolos e introduciríannueva religióncostumbres y leyesy que luego cesaría el imperio y mando deMotezumay que estos invencibles dioses harían su asiento en nuestra tierra yque vendrían inviados por un grandísimo señor que un Dios muy poderosofavorescía e ayudaba para que cesase el derramamiento de sangrela tiraníala sodomía y otros abominables delictos que hasta ahora por subjestión de unPríncipe de tinieblasque nosotros llamamos Tlacatecolotlcon tanto perjuicionuestrohan reinado. Y pues vemos cumplido lo que nuestros antepasadosprofetizaron tan claramente y las fuerzas humanas no bastan a resistir al poderdivino y a las cosas que del cielo vienenno hay para qué ya yo os diga mássino que todos con alegre el ánimo salgamos a rescibir a estos diosesque meparesce vienen en nombre de algún poderoso Diosy mirad lo que en fin desta miplática os digoporque así me lo dice mi corazón: que si hiciéredes locontrariomorirán muchos de los nuestros yaunque no queráisentrarán porfuerza en nuestra tierra y casasporque no se puede dexar de cumplir lo quenuestros antepasadosque eran mejores que nosotrosnos dixeron en susescripturas. Esto es lo que siento; vosotros ved lo que os pareceque el tiempoos dirási lo contrario quisierdes hacerhaberos yo aconsejado bien.»

Como Magiscacín era hombre de mucha prudencia y de afable conversacióneratenido en su república en grande estimaaunque la gente de guerra seguía mása Xicotencatlpor ser bullicioso y aun venturoso en las batallas; y asíaunque hasta que habló Xicotencatl paresció bien a todos su razonamientolosrepublicanos y hombres de auturidad y experienciaque eran los menosestuvieron en su parescerporquecomo luego respondierontenían por acertadosubjetarse a la voluntad de los diosesir contra la cual sería locura; peroluego Xicotencatlque a la sazón era Capitán general del estadopor quienprincipalmente se gobernaban las cosas de la guerraconturbando el parescer deMagiscacíndeseoso de venir a las manos con los nuestrosengañado con losbuenos subcesos que poco antes había tenido en dos batallas campales contramexicanospersuadido destocontradixo apasionadamente el parescer deMagiscacíndiciendo desta manera.



 

 

Capítulo XXIX

De la brava plática que Xicotencatl hizo contradiciendo aMagiscacín.

«Valerosos y esforzados caballerosCapitanesmuro y fortaleza de lainexpugnable señoría de Taxcala: Si no tuviera entendido [que Magiscacín]desea más el descanso y buen tratamiento de vuestras personas que la gloria quecon vuestros belicosos trabajos habéis de alcanzarhaciéndoos cada día másseñalados contra el emperador Motezumaque todo lo ha subjectadosino ha sidoa vosotroscreyera que sus aparentes y bien ordenadas razones tuvieran fuerzapara que yo y todos vosotros viniéramos en su parescerperdiendo la mejorocasión que jamás se nos ha ofrescido para señalar y mostrar nuestraspersonashaciéndolas memorables para todos los siglos venideros; y porqueentendáis la razón que tengo en contradecirrespondiendo en suma a lo queMagiscacín dixoos descubriré lo que por ventura todos no sabéis.

«Dice Magiscacín que el hospedar a los forasteros es precepto de los diosesy que en buena razón se usa. Esto es cuando los huéspedes no vienen a hacerdaño: pero sí cuandopara conoscer nuestras fuerzasvienen a hacerse amigosel daño es mayorporque con dificultad resistimos al enemigo casero. Dicetambién que estos españolesque él sin razón llama diosesson los que hande señorear esta tierraconforme a los pronósticos que dello hay. A estorespondo dos cosas: la unaque los más de los pronósticos han sido falsos; laotraque no sé yo si son éstos o otros los pronosticados; a lo menosparésceme que no haremos el deber si no viéremospara qué sonporque si loshalláremos mortales como nosotros somosno nos habrán engañado; y si fuereninmortales y más poderosos que nosotrosfácil será el reconciliarnos conellosporque no me parescen a mí diosessino monstruos salidos de la espumade la marhombres más necesitados que nosotrospues vienen caballeros sobreciervos grandescomo he sabido; no hay quien los harte; dondequiera que entranhacen más estrago que cincuenta mill de nosotros; piérdense por el oroplatapiedras y perlas; paréscenles bien las mantas pintadas; son holgazanes y amigosde dormir sobre ropaviciosos y dados al deleitea cuya haraganía el trabajola labor y coadebe ser odioso; y asícreo queno pudiéndolos sufrir elmarlos ha echado de sí; y si esto pasacomo digo¿qué mayor mal podríavenir a nuestra patria que rescebir en ella por amigos a tales monstruosparaque quedemos obligados a sustentarlos a tanta costa de nuestras haciendasqueaun para hartar de maíz aquellos mochos venados que traenno bastaránnuestros campos?; pues para ellos¿qué gallinasqué conejosqué liebresbastarán? Donosa cosa sería que estando nosotros habituados a tantaesterilidadpues aun sal no tenemosni mantas de algodón con que noscubramoscontentos con el maíz e hierba de la tierraviniésemos a ponernosen mayores trabajoshaciéndonos esclavos para sustentar los advenedizos. Noespuesrazón que los que derramamos nuestra sangre por defender nuestrapatria y vivir sin servidumbremetamos en ella por nuestra voluntad quien noshaga tribuctarios.

«Informaos de los mercaderes que van y vienen a esta Señoría yentenderéis que es poco lo que yo os he dichoy considedad que si cuandovencemos a los de Culhúa y traemos los enemigos vencidos y atados no caben abocado cuando los comemos en nuestras parentelas¿qué nescesidad padesceremossirescibiendo a éstoslos hemos de sustentar? De adondepues la invencibleTaxcala no tiene otras riquezas que el arcoflechasmacana y fuerte rodelaniotro mayor bien que la tostada y arrojadiza vara con que atravesamos al enemigono hay para qué rendir y entregar nuestra defensa a los que no conoscemospuesestamos en ásperas y fuertes sierras. Muchos sois en número y no menosvalientes en esfuerzo; los que vienen no saben la tierra ni los pasosfácilserási quieren venirel resistirlos y aun hacerlos volver atráshuyendo.Yo en lo que en mí es no os faltaréy prometocomo lo habéis vistode serel primero y acometer al más fuerte; de adondesi de los diosescomo esrazónestáis confiados que nos darán victoriasi pensáis que sois losmismos que tantas veces habéis vencido exércitos de Motezumasi queréisvuestra libertadque excede a todo presciosi amáis a vuestras hijas ymujeressi procuráis que vuestra religión esté en piey sifinalmentenoqueréis perder el nombre de taxcaltecas que tanto temor pone a nuestrosenemigosseguidmemorid conmigoque más vale que por estas tan importantescosas muramos como valientes en el campo queperdiéndolas como mujereslasofrescamos desde nuestras casas a los forasterosde quien tanto mal nos puedevenir.»

Mucho alteró los pechos de los oyentes este bravo razonamiento deXicotencatl; comenzó entre ellos un murmuriohablando los unos con los otrosiban cresciendo las vocesdeclarando cada uno lo que sentía; y como eran losparesceres diferentesque los republicanos seguían el de Magiscacín y lossoldados y capitanes el de Xicotencatlestaba aquel Ayuntamientodivisohastaque Temilotecutluno de los cuatro señores que estonces era Justicia mayorhaciendo señal que quería hablarcallando todoscon una madura gravedad quepuso atencióndixo así.



 

 

Capítulo XXX

De la plática que hizo Temilutecutljusticia mayor deTaxcala.

«Señores y amigos míos: No me maravillo quecomo acontesce en todas lasconsultas que importan algohaya contradicción y variedad de paresceres enéstaporque no hay negocio en las casos humanas tan claro que no tenga haz yenvésy quetratado por buenos entendimientospor muy fácil que seano sehaga dificultoso. Acontesce también para la determinación de algunas cosas enlas cuales uno dice sí y otro noque conviene ni del todo seguir el sí ni deltodo dexar el nocomo se ha ofrescido en el negocio que ahora entre las manostenemosen el cual los señores Magiscacín y Xicontencalt son contrariosporque el señor Magiscacín dice se resciban estos nuevos huéspedesy locontrario defiende el señor Xicotencatl. Ambosaunque contrariostienenrazóny cada uno debe ser alabado por su buen parescer; perosi a vosotrosseñoresparesceha de ser tomando de cada uno lo que más conveniente fuerepara la determinación de nuestro negocio; y asícada uno de vosotrosseñoresquedará contento de haber con razón defendido su parte. Serápuesel medio que resultará de los dos extremosque usemos de un mañoso ardid quecreo aplacerá a todosespecialmente al muy valeroso y sagaz Xicotencatl elviejopadre de nuestro Generalque por estar ciego no sigue la guerray esque inviemos nuestros embaxadores al capitán Cortés con graciosa respuestadiciéndole que con su venida rescibimos todos mucha merced y que cuando venga aesta ciudad será muy bien rescebido. En el entretanto que él viene con sugenteel señor Xicotencatl tendrá concertado con los otomíes lesalgan al caminoy allí le dará la batalla una vez e muchas hasta que veamospara qué son éstos que de tan lexos vienenque nos dicen ser dioses; y porotra partecomo dixo el señor Xicotencatltienen hambre y sed y aman lascosas quesiendo dioseshabían de menospreciar y tener en pocolo cualarguye ser hombresy aun no tan abstinentes como nosotros. Si los nuestrosvencierennuestra ciudad y provincia habrá ganado perpetua gloria y quedaremoscon mayores fuerzas contra nuestro cotidiano enemigo Motezumalibres de laspesadumbres y trabajos que el señor Xicotencatl ha contado; y si fueren tanvalientes y tan valerosos que los nuestros no los puedan empescerdiremos quelos otomíes son bárbaros y gente sin conoscimiento ni comedimientoeque sin nuestra voluntad y parescer y sin saberlo nosotrospara se lo poderestorbarno sabiendo lo que hacíansalieron a ellos; por manera quecomoseñoresveissi esto se haceel señar Magiscacín y el señor Xicontencatlhan dicho bien y nosotros jugamos al seguro. Este es mi parescer; ahora vedseñoresqué es lo que a todos os parescey si otro medio hay mejor yo loseguiréporque no es otro mi fin sino procurar querer y hacer todo lo que másal bien común pertenescieredexada toda honra y gloria de salir con miparescer.»

Acabado Temilotecutl su razonamientoque dio gran contentamiento a todossosegó y aplacó las diferencias; y asíunánimes y sin contradicciónalgunadeterminaron se pusiese luego por obra lo que había dichoporquecierto en las cosas dubdosas que por ambas partes tienen pro y contraun buenmedio hace mucho y no puede prosceder sino de muy buen seso y gran experienciade negocios.

Fue cosa de ver cómo antes que saliesen de su cabildo se levantaron todos yabrazaron a Temilutecutldándole gracias y diciéndole que era la prudencia desu repúblicaque los dioses estaban en su corazón y hablaban en su boca;alabaron muchodemás del medio que había dadola templanza y humildad conque había comenzado y acabado su plática.

Sosegados todos y tornándose a sentarcomo lo tenían de costumbremandaron llamar a los mensajeros; diéronle la repuesta que estaba determinadaaunquecon ocasión de cierto sacrificiolos detuvieron hasta que supieron queCortés venía; y los otomíespor industria de Xicotencatlle salieronal encuentro y pasó entre ellos lo que después diré. Y porque al presente sehace mención de los embaxadoresy no son de callar ni pasar ca silencio lascerimonias de que usaban y cómo eran rescebidos y despachadosdiré en elcapítulo que se siguepor ser muy nuevo y peregrinoloque en ellas había.



 

 

Capítulo XXXI

De las insignias de los embaxadores y de cómo eran rescebidosy despachados.

Erancomo es del derecho de las gentes de los indios de la Nueva Españatan inviolables los embaxadorestenían tan diferentes señales de las que seusan entre todas las nasciones del mundoeran tratados y rescebidos con tantacerimonia y honorque demostraban ser cosa sagradatanto queaunque estasgentesbárbaras de su condisciónson más vengativas que todas las delmundorespetaban a los embaxadores de sus mortales enemigos como a diosesteniendo por mejor violar cualquiera otra cerimonia y rito de su falsa religiónque pecar contra los embaxadoresaunque fuese en cosa muy pequeñaporque porla talno menos que si fuera muy graveeran con mucho rigor castigadosdiciendo quepor los embaxadores se confiaban dellosno debían en un puntoser engañados.

Su manerapuesde caminar para ser conoscidos en tierras de sus enemigosera qué cada uno llevaba una delgada mantade punta a punta torcidarevueltaal cuerpoque cubría el ombligocon dos nudos a los lomosde manera que decada nudo sobrase un palmo de manta. Con esta manta había de entrar cubiertocuando diese la embaxada; sin ésta llevaba otra de algodón gruesode talmanera dobladaque hacía un pequeño bulto enroscado; llevábala echada con unpequeño cordel por el pecho y hombros; llevaba en la mano derecha una flechapor la puntalas plumas hacia arribay en la izquierda una pequeña rodela yuna redecilla en que llevaba la comida que le bastaba hasta llegar do había dedar la embaxada. Entrando por tierra de enemigoshabía de ir el camino derechosin salir dél a la una ni a la otra parteso pena de perder la libertad yderechos de embaxador y estar condenado a muertela cual le daba el señor aquien llevaba la embaxada.

Llegado que era al pueblo donde había de pararera luego conoscido por eltrajey los oficiales de la casa del señor a quien iba le salían a rescebir;mandabánlos los reposar en la calpiscaque era casa del común del pueblodondeconforme a la calidad del señor que le inviabase le hacía en el comery en todo lo demás el tratamiento más o menossegún convenía. Hecho estolos oficiales decían al señor cómo había venido mensajeroel cual mandabaque viniese; iba después de haber almorzado primeroporque la comida era muytardemuy compuestocallado y como recapacitando consigo lo que había dedeciracompañado de los principales de la casa con rosas en las manos queellos le habían dado. Llegado a palacio paso ante pasolos ojos en tierraentraba donde el señor estaba sentado con toda la majestad a él posible;haciéndole un muy gran acatamientose ponía en la mitad de la salasentadosobre sus pantorrillaspegados los pies y recogida la manta con que todo secubría. Hacíale señal el señor que hablasey luego élhecho otroacatamientola voz baxalos ojos en tierracon muy grandes cortesías ycomedimientos y ornato de palabrasde que se presciaban muchoproponía suembaxada. Oíale el señor con los principales que con él estabansentados asu uso y costumbreque era sobre unos banquillos baxos de una pieza que ellosllaman yepalescon muy gran atención baxas las cabezaspuestas las bocassobre las rodillas.

Acabada la embaxadano se le respondía palabra hasta otro díasi no fuesemuy principaly dando algunas graciassalían con él algunos de los que en lasala estaban; volvíanle a la calpiscamandándole proveer de lo nescesario. Enel entretanto el señor trataba con los principales de su consejo la respuestaque se le había de dar para otro día. No le respondía el señorsino algunode los principales por él; echábanle en la redecilla tanto bastimento quebastase para llegar a su tierray según la hacienda y liberalidad del señorse le daban algunos presentes. Rescibíalos si su señor no le había mandado locontrarioporque si era embaxador de amigoera afrenta y agravio que se hacíaal que los daba no rescebirlos; y si de enemigono podía sin licencia de suseñor. Salían los mismos que le habían traído a la calpisca con él cuandole despedían hasta sacarle del pueblodondehechos muchos ofrecimientosélllevaba la respuesta a su señory ellos se volvían a casa.

Los embaxadores que eran de alguna Señoría o provincia nunca iban solosporque por lo menos iban cuatro; eran hombres escogidosde autoridad en laspersonas y los más facundos y elocuentes que podían hallarpara queodesafiando o haciendo paceso tratando de conciertostuviesen mayor eficaciasus palabras y consiguiesen el efecto que deseaban.

Otras muchas particularidades dexoporque no son tan principales. Ahoraviniendo a Hernando Cortésdigamos lo que hizo en el entretanto que losembaxadores volvían.



 

 

Capítulo XXXII

De lo que a Cortés subcedió yendo a Taxcala.

Como había sido Cortés aconsejado por los cempoaleses que inviasesus mensajeros a la Señoría de Taxcala y habían ya pasado ocho días que noveníanpreguntó a los principales de Cempoala que iban con él cómo novenían. Ellos le respondieron que debía de ser lexoso que por la majestad ygrandezasegún su costumbreno los despacharían tan aínasegún yo dixe enel capítulo prescedente. Cortésviendo que se dilataba su venida e queaquellos principales le certificaban tanto la amistad y seguridad de los taxcaltecasdeterminó de partir con todo el campo para alláconfiado que le subcederíade otra manera que le avinoe a la salida del valle topó poco después unagran cerca de piedra secade estado y medio de alta y ancha veinte piescon unpretil de dos palmos por toda ella para peleal de encima; atravesaba todo aquelvalle de una sierra a otra; no tenía más de una sola entrada de diez pasos yen aquella doblaba la una cerca sobre la otra a manera de revellín por trechode cuarenta pasosde manera que era tan fuerte y tan mala de pasar que habiendoquien la defendierase vieran los nuestros en trabajo.

Parósela Cortés a mirary como aquel que velaba por sí y por todosdandocon el caballo una vuelta por más de media leguaasí para ver la fuerza deaquella cercacomo para ver si había algunas asechanzaspreguntando luegopara qué era y quién la había hechorespondió Yztacmichtitlánque leacompañó hasta allíque era para dividir los términos entre él y los taxcaltecasy que servía de mojones y también de fuerza para resistir a los taxcaltecassi quisiesen por fuerza de armas entrar en sus tierrasy que a este fin susantecesores la habían hecho muchos años habíaporque en aquel tiempo los taxcaltecaseran vasallos del señorío que Motezuma tenía a habían hecho muchascorrerías en aquellos sus términosaunque al presente ya eran amigosaunquelos taxcaltecas enemigos de Motezuma.

De aquí entendió Cortés más claramente que los taxcaltecas eranmás valientes que todos los demás indiospues aquéllos habían hecho aquelmuro tan bravo para defensa dellosaunque a los nuestros más les paresciócostoso y fanfarrón que provechosoporquerodeando un pocohabía paso pordonde los enemigos podían entrar.

Como nuestro exército se detuvo algún tanto mirando aquella obra tanmagníficadiciendo cada uno su parescer y reparando principalmente en que tanlarga y ancha cerca estuviese tan bien hechasin mescla de cal ni barroeYztacmichtitlán no entendía lo que hablabanni por qué se habían reparadopensó que tenían y recelaban de ir adelante; dixo y con ahinco rogó alCapitán que no fuese por allípues había otro camino por donde podría irseguro y servidotodo por tierras de su señor Motezuma; que temía que los taxcaltecashabían de hacer de las suyasque era gente muy bellicosa y que por quedaramigos de Motezumales saldrían al encuentro y harían algún daño.

Mamexi y los otros principales de Cempoala le aconsejaban lo contrariodiciéndole que en ninguna manera fuese por donde Yztacmichtitlán pretendíaencaminarleporque lo hacía con engaño y maliciapor apartarlo del amistadde los taxcaltecasgente muy valiente y valerosatemeroso que si losnuestros se juntaban con los taxcaltecassu señor Motezuma sería menospoderoso. Cortésentre paresceres tan diversos dadoscomo parescíacon sanay buena voluntadestuvo suspenso por una piezadeliberando en lo que sedeterminaría; y asíal finse arrimó al consejode Mamexi porque le teníamás conoscido y tenía mejor concepto dély también por no mostrarcobardíaque es lo que siempre el buen caudillo ha de pretenderpues en élestá el desmayo o esfuerzo de los suyos; y asíprosiguiendo el camino deTaxcala que había comenzadose despidió de Yztacmichtitlántornando déltrecientos soldados. Entró por la puerta de la cerca y luegoponiendo en ordensu genteponiendo los tiros a puntocomenzó a marcharyendo el con algunosde a caballo siempre media legua delante para descubrir el campoy si algohobiesedar aviso y poner su gente en concierto y modo de peleary tambiénpara escoger buen lugar para la batalla o para asentar el real si otra cosa nosubcediese.

Andadapuesuna legua topó con un espeso pinar todo lleno de hilos ypapeles que enredaban los árboles y atravesaban por el camino. Riéronse mucholos nuestros cuando vieron estoaunque se detuvieron en quitar hilos y papelespara pasar. Entendieroncomo después se supoque esta era obra de hechicerosque habían dado a entender a los taxcaltecas que aquellos hilos ypapeles habían de tener tanta virtud queo los nuestros no habían de poderpasaro si pasasen habían de perder las fuerzas para no poder resistir cuandofuesen acometidos.

Salidos del pinar los nuestrosandadas más de tres leguas desde la cercamandó el Capitán decir a la infantería que se animase apriesaporque era yatardey él con los de caballo fuese casi una legua delantedonde encumbrandouna cuesta dieron los dos de a caballo que iban delanteros en obra de quince odiez e seis indios con espadas y rodelas y penachos pendientes de las espaldas yde la cabezaque ellos acostumbran traer en la guerralos cuales eran escuchasy estaban puestoscomo paresciópara dar aviso cuando los nuestros llegasenporque como los vieronecharon a huiro de miedo opor dar aviso.

Llegó luego Cortés con otros tres compañeros a caballoy por más quevoceó ni señas que les hizono quisieron esperar; y porque no se le fuesensin saber algolos siguió. Alcanzólospero ya que estaban juntos yremolinadosdeterminados de morir antes que de rendirsecomenzaron a jugar delas espadas y rodelas Hacíales señas Cortés que estuviesen quedos;acercábase a ellospensando tomarlos a manos y con vidapero ellosnocurando destojugaron de las espadas; pelearon y defendiéronse tan bien de losseis de a caballoque hirieron dos dellos y les mataron dos caballos de doscuchilladasy auna lo que vieron algunos de los nuestroseran tan valientesy de tan buenos brazos que a cercén y con riendas cortaron las cabezas a loscaballos que matarony esto no fue porque hicieron golpesino porque lasespadas eran de navajas de pedernales muy agudasy aunque tenían muchasfuerzas habían muy diestramente cortar.

Esta refriega fue principalmente con los seis de a caballo que primerollegaronporque en esto acudieron otros cuatro y tras ellos los demás.Detraxéronse por orden los indiosjugando sus espadas sin muestra de temorhasta que Cortésviendo que con grande alarido y grita descendían muy enorden más de cinco mill indios de guerra a socorrer a los suyosinvió a granpriesa uno de a caballo que dixese a la infantería caminase con toda furia. Elescuadrón de los indios allegó tardeporque ya las escuchas estabanalanceadas por el enojo grande que Cortés rescibió de ver que le habíanmuerto dos caballosy siendo tan pocosy habiéndoles hecho señarno haberquerido rendirse ni detenerse.



 

 

Capítulo XXXIII

De lo que hicieron los indios y de lo que después inviaron adecir al Capitán.

En el entretanto que la infantería caminabael escuadrón de los indiosllegó y arremetió con buen ánimo y denuedo contra el Capitán y suscompañeros; tiráronles muchas flechas; acercáronse a los nuestros cuando laslanzas les daban licencialos cuales mataron y alancearon a todos los que másse metían; acercóse entretanto la infantería y artillería y como delrecuesto lo vieron los Capitanes de los indioshicieron señal de retirar;volviéronse luego en buena ordendexando el campo a los nuestroslos cualescuando llegaron no hallaron más que los caballos e indios muertos. En esterencuentro los de a caballo entraban y salían dellosporque tenían como cosanueva más miedo a los caballos que a los caballerosdiciendo que aquellosvenados mochos eran muy mayores que los suyos e que corrían máse que poralgún encantamento andaban los nuestros encima dellos.

Retiradopuesbien de los nuestros el escuadrón de los indiosinviaronluego los señores de Taxcala dos de los embaxadores que Cortés les habíainviado con otros suyos a decirle cómo ellos habían sabido lo que habíapasadoy que les había pesado mucho de que aquella gente bárbara se hobieseasí atrevido; que sopiese que eran ciertas comunidades y behetrías de indiosque sin su licencia y como les parescíahacían lo que queríanaunque seholgaban que algunos dellos hobiesen pagado la pena que merescían por su locoatrevimientoy que ellos eran sus amigos y deseaban verle en su pueblo parahacerle todo serviciopues eran tan valientes; e que si querían que lespagasen los caballos que aquellos otomíes les habían muertoque luegoles inviarían oro o joyas por ellosporque hombres tan valientes como eran ély los suyosmerescían ser muy servidos de tal gente como la taxcalteca.

Cortésaunque barruntócomo ello eraque el recaudo era falsoparatomarle sobre segurorespondió como siempre sagaz y blandamente que les teníaen merced su ofrescimiento y buena voluntad y que sería con ellos lo máspresto que pudieseporque lo deseaba mucho; y disimulando la pena que la faltade los caballos muertos le hacíany más de que los indios tuviesen entendidoque los caballos eran mortalescerca desto les dixo que no había nescesidad deque se los pagasenque otros muchos le vendrían muy presto de adonde aquelloshabían nascido. Volviéronse con esto los mensajerosllevando consigo loscuerpos de los indios alanceadospara enterrarlos conforme a su rito yreligión. Cortés mandó luego enterrar los caballospor que no supiesen quemorían. Dicen otros que creyó ser el recaudo verdaderopor ser dos de los cempoaleseslos mensajeros que con los otros veníanque a venir solos era más creíble.

Pasó Cortés casi una legua más adelante; llegó casi a puesta de sol cercade un aroyolugar cómodo para asentar el exércitopor ser fuerte y de agua;paró allí porque la gente venía muy cansada; dobló porque dormía en elcampolas velas de pie y las de a caballoy aun dicen otros que por suscuartos velaron de ciento en cientoque no poco los aseguró. Aquella nochereposaron todos según que les cupomejor de lo que pensaronporque notuvieron ningún alarido ni rebato.

Otro día llegaron a unas casasde otomíesen las cuales nohallaron más de algunos muertos de las heridas rescebidas el día antes;quemaron las casas y comieron tunasmás de hambre que de vicioporque no lasosaron comer hasta que vieron que las comían los tamemes que consigo traían; yporque es fruta muy espinosa que aunque se tome con guantes los pasalosnuestrosprimero que entendieron que echándolas en el suelo y volviéndolascon la suela del zapato se les quitaban las espinaslas metían por las puntasde las espadas chamuscándolas a la llama de las casas que ardíande que nopoco se reían los indios. Otro díasalido que fue el exército de aquellaalcaría quemadallegando a un mal pasoque era en una quebrada honda que laseñoreaban sierras alderredorantes que la pasasenun perro sintió espías;ladróacudió un herrador llamado Laresexcelente hombre de caballomatódos; huyéronle los demás. En esto llegaron los otros dos mensajeros cempoalesesque Cortés había inviadocorriendosudandodemudada la colormaltratadosllorando y que apenas de miedo que traían podían hablar; vinieron derechos aCortésecháronse en el sueloabrazáronse con sus piescomo pidiendo favory socorro; asegurólos Cortés; pidióles por las lenguas que dixesen cómovenían así. Respondieron que los malos y perversos taxcaltecasviolandocomo aquellos que no tenían ni reconoscían superiorel derechoinviolable de la embaxadalos habían atado y guardado para sacrificarlos otrodíaen amanesciendoal dios de la victoriadiciendo y afirmando que latendrían cierta si ellos muriesen; e que aquella nochedesatándose el uno alotro se habían escapadoporque también habían oído decir que después desacrificadoshabían de ser para buen comienzo de la guerra sabroso manjareque así habían de hacer con los barbudos y con todos los demás que con ellosvenían.



 

 

Capítulo XXXIV

Del segundo recuentro que Cortés hubo con los de Taxcala y dela celada que le pusieron.

Poco después que los mensajeros contaron lo que con los taxcaltecasles había acontescidoobra de un tiro de ballestaasomaron por detrás de uncerrillo mill indios bien armados; acercáronse a los nuestros con el alarido ygrita que sueleny los acometieron tirándoles muchos dardospiedras y saetas.Cortés les hizo muchas veces señal de paz; hablólos con farautesrogándolesque estuviesen quedosporque él no venía a hacerles mal; requirióselo enforma por ante escribano y testigoscomo si hobiera de aprovechar algo o ellosentendieron qué quería decir hacer requerimientos; y asídespués acá ennuestros días se han engañado muchos flairescreyendo que sin gente de guerraque les guardase las espaldas podían convertir los indios y hales acontescidoal revésporque después de haberles dado muchas voces y tratado con muchablandura y amorhan rescebido cruelmente la muerte de sus manos.

ViendopuesCortés que mientras más les rogaba más se encendíandeterminó defenderse; y asítrabada la batalla con engaño que teníanpensadocomenzaron a retraersellevando a los nuestros tras sí hasta meterlosen una emboscada de más de cien mill indios de guerra que estaban el arroyoarribaque por unas quebradillas que había hacían el paso asperísimo en granmanera y de tanto peligro que los nuestros se vieron perdidosdondedespuésdel favor divinoque claramente conoscieronel ánimo y esfuerzo invencible deCortés aprovechó mucho.

Aquí dicen que Teuchuno de los nobles y principales de Cempoaladixocortado y desmayadoa Marina: «¡OhMarina y cómo veo la muerte de todosnosotros delante de los ojos! ¡No es posible que ha de quedar vivo ninguno!»Marinacon ánimo varonil y espíritu proféticole respondió: «No tengasmiedo ni desmayes asíque el Dios destos cristianos es muy poderoso;quiérelos y ámalos muchoy presto veráscómo siendo vencedoreslos sacadeste peligro.»

No mucho después que Marina dixo estas palabras tan llenas de esfuerzo y defeediéronse tan buena maña los nuestrosqueaunque con muy gran trabajosalieron presto de aquel pasodonde los indios amigospor no ser sacrificadoshaciendo como dicen de las tripas corazónpelearon como deben los que peleanpor la vidaaunque las acequiasguardadas y defendidas con mucha gente deguerraeran a todos los nuestros grande estorboy embarazó tanto que muchosde los enemigos se atrevían a abrazarse con los caballos y quitar las lanzas alos caballeros. Perdiéranse allí muchos españoles si los indios amigoscomodiestros en el agua y con fidelidad maravillosa no les ayudaran. Cortés ibadelante con los de a caballo peleando y haciendo lugar a la infantería; volvíade cuando en cuando a concertar el escuadrón; decíales: «Señoresacordaosque sois cristianos y españoles y que ahora es menester vuestro animosocorazón con que la nación nuestra se señala entre todas las del mundo; miradque peleáis por Jesucristopor defender su honra y vuestra vida. ¡Esfuerzoesfuerzoque Dios es con nosotros y éstos no pueden durar mucho!»

Con estas y otras palabrasdignas de tal Capitánalentó tanto a la genteque peleabaque con nuevo esfuerzo salieron en fin de aquellas quebradas acampo raso y llano dondepudiendo correr los caballos y jugar la artilleríados cosas que pusieron gran espantohicieron gran daño en los enemigosa loscuales tiniéndolos en pocose metían en ellos haciendo gran matanzahastaque no pudiéndolo sufrir los indiosen orden se fueron retrayendo a unrecuesto donde se hicieron fuertes. Quedaron este día en el un recuentro y enel otro muchos indios muertos y heridos; de los españoles hubo algunos heridospero ninguno muerto.

Dieron los nuestros en voz alta con increíble alegría muchas gracias a Diospor la victoria que les había dado. Fue de vercomo acontesce en negocios quehan sidotan peligrososcómo los indios amigosabrazaban a los españoles yentre sí los unos a los otros decían: «Grande y Poderoso Dios en este de loscristianospues siendo tan pocos con aunque fueran pájaros no se pudieranescapar de las manos de los enemigos y de tan peligrosos pasoshan salidovictoriosos.»

Fue también de ver el regocijado y alegre coloquio que entre Marina y elindio cempoalese pasódiciendo él cuán bien había profetizadoyreplicando ella que jamás había tenido miedoteniendo por cierto que el Diosde aquellos cristianos no les había de faltar. Tocáronse los instrumentos quehabía entre los indios amigos y los nuestroslos cuales hicieron bailes ydanzas a su usomirándolo los enemigos del recuestoque no poco los movía aindignación y enojo.

Estando así las cosasun indioCapitán de cierta parte del exército delos enemigosacompañado de ciertos principales de su capitaníahaciendoseñal de pazbaxó adonde Cortés estaba. Díxole que él veíacomo por laexperiencia había parescidoque él y los suyos eran invencibles y que creíaser dioses inmortales; que le suplicaba la guerra no pasase adelanteporque élprocuraría con los otros Capitanes de que le tuviesen por amigo y dexasenentrar en Taxcala.

Cortés se alegró con estoy con la gracia que solía le respondió quefuese asíque él no venía a dar mal por malque su Diosque sólo eraverdaderolo vedaba y prohibía; y que aunque él con tanta razón podía estarenojado dellosque queriendo ser sus amigosse desenojaría y los rescibiríapor tales. Con esto se despidió el indioy tratando de las paces con loscapitanesla dieron tantos de palos que volvió descalabradodiciendo aCortés que aquellos bellacoshombres de mal corazón estaban obstinados en sumaliciaaparejados para hacerle todo mal; que mírase por síporque él y losde su compañía serían sus amigos. Cortés le hizo curar; regalóle yagradescióle su buena voluntad; díxole que con su gente se apartase a un ladocon una seña levantada para que los cristianos no le hiciesen daño en labatalla y rencuentros que con los enemigos habían de tener.



 

 

Capítulo XXXV

Del desafío que hubo entre un indio taxcalteca y otro cempoalesey de cómo Diego de Ordás rompió los enemigos.

Estando así los enemigos puestos sobre aquel recuesto en su orden yconciertoescaramuzando algunas veces con los nuestrosun indio que dicen era otomímuy valiente y bien dispuestoexercitado en la guerraen la cual había hechocosas señaladasbaxó armado a su modo con espada y rodela; hizo señas a losindios de nuestro realdiciendo que saliese el que dellos fuese más valientecon las mismas armas en campo con élporque les haría conoscer persona porpersona que era mejor y más valiente que ellos. Había entre los indios amigosde los nuestros un cempoalesehombre noble y no menos exercitado enguerraque viendo callar a los demásagraviado de que el enemigo tuviesetanto atrevimientoconfiado de que los españoles le habían de socorrer si leviesen en aprietoque no poco le puso ánimose fue a Cortés y le dixo:«Señorno es justo que aquel perro que allí está tenga tan en poco a losque contigo venimosque diga que es mejor y más valiente que nosotros y queesto lo probará por su persona; está allí braveandoy como vees esperandoque alguno salga a él; dame para ello licenciaporque deshaga esta injuriaque yo confío que en tu buena ventura le venceré y te traeré su cabeza.»

Cortés se holgó destoalabóle su buen propósitoanimóle con lasmejores palabras que supoabrazólo y mandó que fuesen con él algunos amigossuyos hasta ponerle de la otra parte donde el enemigo estabaporque leparesció quecomo taxcaltecahabía de ser más exercitado en guerra yen su persona y orgullo demostraba ser más valiente. Por llevar el juego hechoy que su cempoalese no perdiese nadamandó a un español que algo lexostuviese cuidado de mirar por el cempoalesey si le viese ir de vencida yque el enemigo le apretabale socorriese y librase.

Puestos en campo los dosa vista de los exércitoscomenzaron a jugar desus espadas y rodelasafirmándose con gentil denuedo el uno contra el otro; ydespués de muchos golpes que se tiraronque reparaban con las rodelasviendoel cempoalense que duraba la batalla más de lo que quisieradescubrióse elpechocebando al enemigoel cualtirándole a lo que le vio descubiertorescibiéndole el golpe en la rodelael cempoalense le dio una gran cuchilladasobre el hombrode la espaday acudiéndole con otros lo derribó en tierra ycortó la cabezala cualcomo levantó en altoacudió la grita de todos losamigosfestejando su victoria. Los indios que con el taxealteca habíanbaxadomuy cabiscaídosdexando allí el cuerpose volvieron donde el restodel exército estaba.

Había debaxo de aquel recuesto una gran caverna que caía sobre un mal pasopor dondepara ir adelantepor fuerza habían de pasar los nuestrosel cualpaso defendían muy a su salvo desde la caverna gran copia de flechazos. Vistoesto por Diego de Ordáshombre de grandísimas fuerzas y ánimopidió aCortés sesenta soldados que él escogiese y que le aseguraría el paso. Cortésse los dio y él los escogió tales y tan buenosque aunque más espesas quegranizo venían sobre ellos las flechaspasaron adelantey matando muchos delos enemigos que en Ia caverna estabanpusieron en huida a los demás. Pasaronlos caballos de diestroque no eran más de treceque cuando se vieron en lollanorelinchandodieron muestra que eran señores del campoy aunquebestiasparesce que se alegraron en verse fuera de aquellas barrancas; y de lasflechas que sobre ellos caíanmurieran todos si no fuera porque los rodelerosque los llevaban en mediorescibían las flechas. Dicen que era cosamaravillosa ver cómo se apenuscabanno andando más de lo que los soldadosquerían y vían que era menester.

Visto por los que estaban en el recuesto que allí no había ya más queesperarfingiendo que del todo se apartaban de la guerraen brevedesaparecieron todosaguardando otra ocasióncomo lo hicieronpara acometera los nuestros.

Retirados los enemigoslos nuestros aquella tarde bien alegres con lavictoriacaminaron hacia un pueblo que se llamaba Tecoacincopueblo bienpequeño; zasentaron el real en un altodonde estaba una torrecilla y templo deindios; llamáronla después los nuestros y con mucha razón la Torre de laVictoriapor las muchas que Dios les había dado desde allí contra los taxcaltecas.Hiciéronse fuertes daron en esto los indios amigos con mucho cuidadoo porvengarse de sus enemigos o por no venir a sus manos: acariciábalos muchoCortésporqueo por vergüenzao por amorhiciesen el deber; durmieronaquella noche todosque fue la primera de Septiembreen aquel sitio hartosobresaltados porque como la tarde antes habían vistolos cerros cubiertos degente de guerratemieron ser acometidos. Mandó velar Cortés por esto toda lanoche en tres cuartos al exércitotomando él con la parte que le cabía elalbaque era cuando más se temían que vendrían los enemigos; pero novinieronporque no acostumbran pelear de noche.

Otro díaque fue segundo de Septiembreen amanesciendo invió Cortésmensajeros a los capitanes de Taxcala a rogarles e requerirles fuesen amigos yle dexasen pasar por sus tierrasporque él no iba a hacerles daño ni aaliarse con Motezuma contra ellossino a hacer lo que el Emperadorsu señorle había mandado. Con estodexando docientos españoles y el artillería ytamemesy por su Capitán a Pedro de Alvaradotomó los demás españoles ylos indios amigos que traíacorrió el campo y con los de a caballoantes quelos de la tierra se juntasenquemó cuatro o cinco lugares; volvió con hastacuatrocientas personas presas sin rescebir dañoaunque le siguieron hasta latorre peleando. Halló allí la repuesta que los capitanes de Taxcala leinviabany era que otro día vendrían a verle y responderle como veríarepuesta cierto bien soberbiaaunque de pocas palabrasporque prometía muchomás de lo que después hicieron. Cortésoído este recaudo que le parescióbravo y de mucha determinaciónespecialmente que los prisioneros le habíancertificado que se habían juntado ciento y cincuenta mill hombres para venirsobre él otro día y tragárselos vivospuso toda diligencia cómo elexército estuviese bien apercebido.



 

 

Capítulo XXXVI

De lo que más particularmente los prisioneros dixeron aCortésy cómo otro día vino el exército taxcalteco sobre él.

Por que el capitán que no procurare saber lo que su enemigo intentafácilmente será engañado y vencidoCortésque nunca dormíaunas vecespor halagos y otras por amenazas y tormentoprocuró informarse más largo delos prisioneros. Juntó algunos de los más ancianos y que mejor razón lepodían dar; preguntóles que si aquel tan pujante exército era de solos otomíeso de taxcaltecaso de los unos y de los otrosy qué era la causa queestaban tan obstinados en no dexarle pasar por sus tierras y qué número degente era la que la señoría de Taxcala podía poner en campode qué ardidesusaban y si peleaban de noche y qué era a lo que más miedo tenían.

Ellos respondieron por el orden que les había preguntadodiciendo:«Señortus prisioneros somos y la verdad te hemos de decirsin que porfuerza la descubramosporque tienes buen corazón y nos haces buen tratamiento.La gente que has visto es otomí y taxcaltecasubjecta toda a losseñores y Capitanes de Taxcalaaunque ellos no querrían que supieses queTaxcala te hace guerraporque se tienen por tan valientes quesiendo vencidosno quieren que tú sepas ser ellos; quiérente tan mal porque tienen por ciertoque vas a ser amigo de su mortal enemigo Motezumay a esta causa estánconcertados de no parar hasta darte la muertey de ti y de los tuyos hacer muysolemnes sacrificios y ofrendas a sus diosesque nunca tales se hubiesen hechoy luego dar un banquete general de vuestra carneque nosotros llamamoscelestial. Y porque sepas quien es Taxcala y quién son sus Capitanessabrásque aquella gran Señoría se reparte en cuatro cuarteles o apellidos; llámanseTepeticpacOcotelulcoTizatlánQuiauztitlánesto escomo si en romancedixésemós «los serranoslos del pinarlos del yesolos del agua». Cadaapellido destos tiene su cabeza y señor a quien todos acuden y obedescen. Estosasí juntos hacen el cuerpo de la república y ciudad; mandan en paz y en guerracuatro señorespor el que dellos es ahora General del exércitoporque es muyvaliente y ardid y el que peor está contigoes Xicotencatl. Este lleva elestandarte de la ciudadque es una grúa de oro con las alas tendidas y muchosesmaltes y argentería; tráela en tiempo de guerracomo verás mañanadetrás de toda la gentey en tiempo de paz delante. Magiscacínque es elotro Capitánes muy noble y no estás mal con él. Será la gente que contrati se ha juntado ciento y cincuenta mill hombres de guerra; usan de diversosardides con los indios sus enemigospero con vosotros no hay ese aparejo porquepeleáis de otra manera. Lo que habéis de procurar para prevalescer contraéstos y que no os ofendanes que no os tomen en quebradas y pasos angostos yque no peléis con ellos estando puestos en recuestos ni entre tunaresporqueallí los flecheros son más señores y se guardan mejor. Lo que más temen sonesos truenos que parescen del cielo y esos venados grandesque corren mucho queparesceno habiéndoos visto a pieque ellos y vosotros sois de una pieza;también se maravillan de las grandes heridas que dan los tuyos con las espadasque traen de hierro. Esto es lo que sé; tú mirarás lo que te conviene.»

De ahí a poco que esto supo Cortésasomaron los cuatro capitanes deTaxcala con todo su exército que cubría el campo. Vio biencomo losprisioneros le habían dichola señal del Generaly esto fuecomo habíanprometido el día antescuando amanescía; era gente muy lucida y bien armada asu uso y costumbreaunque por venir pintados con bixa y xaguasparescíandemonios; traían grandes penachos que campeaban a maravilla; traían hondasvaras con amínto que pasaban una puertaera el arma que más temían losnuestros; lanzasespadas de pedernalarcos y flechas sin hierbaque no pocoaprovechó; traían asímismo porrasmacanascaxcosbrazaletes y grebas demaderadoradas o cubiertas de pluma y cuero; las corazas eran de algodóntangruesas como el dedo: llámanse escaupiles; las rodelas y broquelesmuy galanosy para ellos bien fuertesca eran de palo y cuero y con latón y pluma; otrastexidas de caña con algodóny son las mejoresporque no hienden; destas seaprovecharon después los nuestrosporque las suyas perescieron presto por losmuchos y grandes golpes que en ellas rescebían de los enemigos.

Venía el campo en muy gentil ordenrepartido en sus escuadronesy en cadacuartel sonaban muchas bocinascaracoles y atabales que cierto era bien de ver.Nunca españoles vieron en campo tan hermoso exército y tan grande después quelas Indias se descubrieronporque los de México nunca salieron a campo. Estagran junta y aparato fue para pocos más de trecientos españolesque tuvierona Dios tan de su parte que pudieron vencer este y otros exércitos. Púsosecerca de los nuestros no más de una barranca grande en medio.

Cortés que así los viócomo si tuviera presente la victoriase alegródando a entender a los suyos que aquella era buena coyontura en que con el favorde Dios habían de mostrar el valor y esfuerzo de la nación española paraespantar a Motezuma mucho antes que a él llegíasen. La gente queya delrecuentro pasadosabían para qué eran los indiosesforzóse y deseó prestovenir a las manos.



 

 

Capítulo XXXVII

De las bravezas que los taxcaltecas hacíany cómoacomtieron a Cortés.

Como los enemigos se vieron tantos y tan venturosos y acostumbrados a vencera sus vecinosparesciéndoles que por ser tan pocos los nuestrosaunqueentendían que tantos por tantos eran más valientes que elloscomenzaron entresí a bravear y decir palabras llenas de presunción y soberbia que la multitudmás que el esfuerzo les hacía decir. Decían: «¿Quién son éstos que siendotan pocos presumen tanto de síque piensan a nuestro pesar entrar por nuestratierra para confederarse con nuestro enemigo Motezuma? ¡Bien será queentiendan lo que podemosy por que no piensen que hacemos a nuestra ventaja losnegocios y que queremos más tomarlos por hambre que rendirlos por fuerza dearmasinviémosles de comerque vienen hambrientos y cansadosporquedespuésen el sacrificio y banquete que dellos hiciéremoslos hallemossabrosos!» Después de dichas estas palabras y otras tan arrogantes y másinviaron luego trecientos gallipavosdocientas cestas de bollos de centliqueellos llaman tamalesque pesarían más de cient arrobaslo cual ayudóen gran manera al trabajo de los nuestros y socorrió a la estrecha nescesidadque padescían. Hecho estocuando les paresció que ya habrían comidodixeron: «Vamos a ellosque ya estarán hartos; comerlos hemos y pagarnos hannuestro pan y gallipavos; sabremos quién los mandó venir acáy si esMotezumavenga y líbrelosy si es su atrevimientolleven el pago.» Conestos y otros semejantes fieros que hacíanmenospreciando el número de losnuestrosaquellos cuatro Capitanes inviaron hasta dos mill soldados de los muyescogidos y más valientes de todo el exército. Dixéronles:»Acometed aquellospocos extranjeros que la mar ha rebosado por no poderlos sufrir; si se osdefendierenmataldospero procuraréis de tomarlos a vidapara que vivosvengan a nuestro poder y nuestros dioses sean con su sangre y muerte aplacados;mirad que hagáis como sabios y valientespues sois la flor de nuestroexército y peleáis por nuestros dioses y patria.» Diéronles los Capitanesuna persona señalada por Capitánque especialmente tenía oído contra losnuestrosel cual mostró tanto esfuerzoo por mejor decirodioque dio aentender que se afrentaba de llevar tantos y tan buenos soldados contra tanpocos.

Pasaron los dos mill indios con su caudillo la barranca; llegaron a la torrecon mucho esfuerzo y osadíasalieron a ellos los de a caballo y en pos dellaslos de a pie; trabóse la batalla y en breveal primer acometimientoconoscieron los indios cuánto cortaban las espadas españolas; retraxéronse unpocotornando luego a acometer; estonces entendieron más claropor la priesaque los nuestros les dabanel valor de aquellos pocos que poco antes tantoultrajaban. Finalmenteal tercer recuentro sólo aquellos escaparon (que fueronmuy pocos) que acertaron con el paso de la barrancaporque todos los demásmurieron de muy fieras y espantosas heridasvolviéndoseles su vana presunciónmuy al revés de lo que pensaban; pues yendo a prenderquedaron muertos.

Como los Capitanes que de la otra parte estaban vieron la matanza que losnuestros habían hechojuntoscon un alarido que le ponían en el cieloacometieron tan denodadamente que llegaronsin poderlos resistirhasta elrealdonde entraron muchosa pesar de los que dentro estaban; anduvieron a lascuchilladas y brazos con los nuestros. Fue este rencuentropor ser tantos losenemigosde gran riesgo y peligro para los nuestrosca tardaron un gran ratoen matar y echar fuera a los que habían entradohaciéndolos saltar por elvalladar; pelearon desde el valladar y fuera los nuestros más de cuatro horasprimero que pudiesen hacer plaza. Al caboya que todos estaban cansadosafloxaron reciamente los enemigosviendo los muchos muertos de su partelasgrandes heridas que habían rescebido y que no mataban a nadie de loscontrariosque lo tenían por cosa espantosa y nunca jamás vistaconfundiéndose en ver que ellos eran tantos y los nuestros tan pocos y los unosno menos bien armados que los otrosy con estocomo enojados de sí mismoscomo canes rabiososse volvieron aquel día algunas veces contra los nuestroshasta que viendo que ya era tarde y que siempre llevaban lo peorse retiraronde lo que no poco se holgó Cortésporque él y los suyos tenían ya losbrazos tan cansados de matar indiosque a tornar a volver de refresco otrosnopudieran dexar de o morir muchos o ser vencidossi Dios milagrosamente no lesdiera nuevas fuerzas.

Durmieron aquella noche los nuestros muy contentosmás con el poco miedoque tenían en saber que los indios no pelean con lo escuroque con la victoriaque habían ganadoaunque fue tanto mayor cuatinto mayor el peligro en que sevieron; durmieron a placeraunque con muy buen recaudoen las estanciasvelasy escuchas. Los indiosen el entretantoaunque echaron menos muchos de lossuyosno se tuvieron por vencidospor lo que despuéscomo diréhicieron.No se supo cuántos fueron los muertosporque los nuestros [no] tuvieron eselugarni los enemigos pararon a tener cuenta en ello.

El otro día salió Cortés bien de mañana a talar el campo como la otra vezlo había hechodexando en guarda del real la mitad de su gentey por no sersentidoprimero que hiciese el dañopartió antes del día; quemó más dediez pueblos y saqueó uno de tres mill casasen el cual había poca gente depeleacomo estaban en la gran junta; con todo eso pelearon como por sus casas yhaciendas los que dentro se hallaronaunque no les aprovechó; mató copiadellos; puso fuego al lugar; llevó muchos prisioneros; tornóse a su fuertesin casi ningún daño a medio díacuando ya los enemigos acudían a másandar para despojarle y dar en el realque de cansados y calurososcon elresestero del sol y por miedo de los tiros que los ojearonse volvieron atráshasta otro díacomo diré.



 

 

Capítulo XXXVIII

Cómo los enemigos tornaron a acometer a los nuestros y de lascosas particulares que acontescieron.

Porfiando en su demanda los enemigoscreyendo que con acometer muchas vecesa los nuestros les subcedería mejorvinieronaunque no tantosotro díaporque vieron que en lugar angosto la multitud dellos estorbaba y les hacíadañoinviandocomo el día antescomida; bravearondixeron palabras más dehombres victoriosos que vencidos; acometieron con furioso ímpetu a losnuestros; pelearon cinco horas con mucho coraje; no pudieron matar ni prender aninguno de los nuestrosque era lo que mucho procuraban; murieron dellosinfinitosporque como estaban apretadosaunque menos queel día antesy semetían hacia nuestro realdonde había menos espacioel artillería yescopetería hacía gran riza en ellos; finalmentedespués de muy cansados losnuestrosy dellos infinitos muertos y los vivos mohinos y corridos de no haberpodido excecutar su irase fueron sin ningún orden ni conciertotratando quelos nuestros debían ser encantadospues tan poco les empecían las flechas.Luego otro día aquellos cuatro capitanes de Taxcalamás con maña que conamorinviaron sus mensajeros a Cortés con tres maneras de presentes. Los quelos llevaron le dixeron así: «Señorsi eres dios bravo que comes carne ysangrecata aquí cinco esclavos que te invía la Señoría de Taxcala para quecomas; y si eres dios buenoofrescémoste encienso y pluma; y si eres hombretoma estas aveseste pan y cerezasque tú y los tuyos comáis.» Estohicieron los señores de Taxcala por saber si los nuestros eran hombres comoellosporque de no haberlos podido vencer ni matar algunoy viendo que porotra parte tenían hambre y comíanestaban dubdosos si eran dioses o hombres.

Cortésque en las cosas de veras y especialmente en las de nuestrareligiónestaba muy recatado y advertidono queriendo atribuirse lo que nodebía por ningún interésles dixo que él y los suyos eran hombres mortalescomo elloscompuestos de las mismas calidades que ellos; pero que porquecreían y servían a un solo y verdadero Dios y peleaban por su leylosdefendía y amparaba tantohaciéndolos invencibles contra tanto número deenemigos; y que pues siempre les había dicho verdadque de ahí adelante notratasen mentiras ni lisonjas con élporque se descubrirían y redundaríancomo hasta estonces habían vistotodas en su daño y perjuicioy que éldeseaba ser su amigo y no hacerles más daño del que por su culpa hasta allíhabían rescebido; que no fuesen locos ni porfíados en pelearporquepeleabancontra la razónque siempre fue invencible.

Con estas palabrasdichas con todo el amor que pudoprocurando traerlos asílos despidiódándoles gracias por el presente. No pudieron nada con tetan bárbara y tan indignada y contumaz tan buenas razonesporque otro díavolvieron más de treinta mill indios de refrescolos cualesdeseosos deseñalarse más que los pasadospelearon con los nuestros hasta llegar al realtan brava y esforzadamente que fue la más reñida batalla que hasta entonceshabían tenido; pero como Dioscuyo negocio trataban los nuestrosestaba de supartea cabo de gran piezaquedando muchos muertoshuyeron afrentosamente losenemigos. Y por que el que esto leyera vea la especial cuenta que Dios tuvo conlos españoleses bien que sepa que el primer día acometió todo el grandeexércitoque estaba dividido en cuatro cuartelesgobernadocomo dixeporcuatro sumos Capitanesy que por deshacer y cansar a los nuestrosen los otrosdías nunca acometió sinoun cuartelque era de más de treinta mill hombrespara que el trabajo se repartiese mejor y los nuestros acometidos con másfuerzapor lo cual los combates y batallas eran más recias y más reñidascacada apellido de aquellos procuraba de hacerlo más valientemente que el otropara ganar más honraaunque fuese con más daño y más a costa suyateniendoentendido que todo su mal y vergüenza recompensarían con la muerte o prisiónde un solo español. Con esto también es muy de considerar que en quince díasque los nuestros estuvieron en aquella torrecilla peleando los más dellosnunca los enemigos dexaron de proveer de pangallipavos y certezasy esto nolo hacían por darles de comer ni por hacerles bien algunosino que para conaquel achaque los que llevaban la comida viesen el asiento y orden del realosi había alguno heridoo enterraban algún muertoo qué ánimo teníansiestaban con más o menos fuerzas. Desto estaban ignorantes los nuestroshastaque después lo supieron.

Alababan los nuestros mucho a los enemigos de que no hobiesen querido pelearmás que con armasporque con quitarles la comida les pudieran haber hecho grandaño. Todas las veces que venían con provisióndecían no ser taxcaltecaslos que hacían la guerrasino otomíesgente bárbara y sin respecto;encubrían la verdad por no confesar que la nasción taxcalteca podíaser vencida.

Entre otros recuentros que los indios tuvieron con los nuestrosen uno unCapitán de un escuadrón dellos venía tan bien adereszado y era tan animoso yvaliente que peleando solo con dos españolesles dio que hacerhasta queLares el herradorque era muy valiente y muy buen hombre de a caballoapartando a los españoles y diciendo: «¡Vergüenzavergüenza de la naciónespañola que dos no podáis contra uno!»; volviendo sobre el indioaunque élle esperó con su espada y rodelaprocurando dejarretar el caballole dio unalanzada por los pechos de que cayó muerto; y fue causa que aquel día seretirasen más presto los enemigosporque tenían los ojos puestos en elmuerto.

Fue tan severo Cortés en la diciplina militarque porque una nocheestandoen este realse durmieron dos españoles velando su cuartolos mandó azotar.Otro díaporque un Hernando de Osma tomó unas manzanas de la tierra a unindioel cual se las dio de voluntaddiciendo uno en alta vozque Cortés lopudo oír: «¿Cómo los indios nos han de traer de comerpues hay entre losnuestros quien se lo toma por fuerza?»mandó a Alonso de GradoAlcaldemayorle mandase luego azotary así se hizosin que ruegos ni suplicacionesde ninguno bastasen. Algunos por esto culpan a Cortésaunque esta severidadfue por estonces harto nescesariaporque desde aquel día en adelante fue másobedescido y aun temidoy así los negocios de la guerra subcedían comoconvenía.



 

 

Capítulo XXXIX

De las espías que vinieron al real y del castigo notable queCortés hizo en ellas.

Sabían cada día los señores de Taxcala todo lo que pasaba en el real deCortésporque de la torrecilla a Taxcala no había más de seis leguas.Desvelábanse en qué modo y manera podrían vengarsesiquiera en uno de losnuestros; y como hallaban que por fuerza de armas nunca les había subcedidobiendeterminaron probar su ventura con engaño; y asípara asegurar a losnuestros y darles mayores muestras de pazlo que nunca hasta estonces se habíahechoinviaron ciertos mensajeros de los más principales de su ciudad conciertos tejuelos de oro no muy fino e algunas joyas de oro y plumajes ricos quepara Taxcala era muchopor ser tierra áspera y falta de todas aquellas cosas.Entraron con este presente los mensajeros a do Cortés estaba y haciéndolecomo son cerimoniosos y como estaban industriadosgrande acatamientoel másviejo dellos y que en llevar embaxadas era más exercitadole hizo un largo yelegante razonamiento. Lo que en suma contenía era que los señores de Taxcalale besaban las manosy que en señal de amor y de la amistad que con élquerían tener le inviaban aquel pobre presenteno porque no tuviesen voluntadde inviárselo muy mayorsino que por la esterelidad de su tierra no alcanzabanmás; que se sirviese dellos y viese lo que había menesterporque loproveerían como mejor pudiesen.

Cortéscreyendo que tan comedidas palabras nascían de corazones limpios yverdaderosmuy alegre les respondió que él no deseaba cosa tanto como teneraquellos señores por amigos y que su presenteaunque era muy ricono letenía en tanto por su riqueza cuanto por el amor y voluntad con que se loinviaban; y que les agradescía mucho el ofrescimientoen pago del cual lehallarían muy presto en lo que se les ofresciese; y porque no fuesen vacíosles dio ciertas cosas de España queaunque entre nosotros tienen poca estimaellos las tuvieron en mucho y fueron muy alegres con ellas.

Otro díaque fue seis de Septiembrelos señores de Taxcalacreyendo queya tenían hecho su negocio y que no podría subceder desmán que se loestorbaseinviaron cincuenta indios de los muy honradosque en su arte ymanera así lo parescían a los nuestros; dieron a Cortés de parte de aquellosseñores mucho pancerezas y gallipavoscomo de ordinario traían;preguntáronle cómo estaban los nuestros y qué querían hacer y si habíanmenester algo. Cortés les agradesció la venida y dixo que todos estabanbuenosque no había menester nada e que en su partidano estaba determinado.Oído esto por los indiosfingiendo que no se despedíancomo hombres quetenían familiaridad con los nuestroscomenzaron a entrar por el real y a mirarmuy particularmente el asientolos vestidosarmascaballos y artilleríahaciéndose más bobos y maravillados de lo que conveníaaunque a la verdadla novedad y extrañeza de las cosas españolas pedían admiraciónpero elloslas miraban más como espías que como deseosos de ver novedades. Y como lo quese hace por arte no tiene aquella fuerza que lo que se hace por naturalezamirando en ello Teuchcempoalesehombre experto y avisado en las cosasde guerracomo aquel que desde niño se había criado en ellaparesciéndolesmal lo que los mensajeros hacíandixo a Cortés que no sentía bien deaquellos taxcaltecasporque aunque se hacían bobosmiraban con muchocuidado las entradas y salidas y lo flaco y fuerte del real; por tantoquesupiese si aquellos bellacos eran espías.

Cortés le agradesció el buen avisomaravillándose cómo él ni ningúnespañol habían dado en aquello a cabo de tantos días como indios de Taxcalaentraban en el real con comida y otros recaudosy ciertoeste indio no cayóen aquello por ser más sabio ni entendido que los españolessino porque vio yoyó cómo los indios taxcaltecas hablaban paso con los deIztacamichtitlánvolviendo algunas veces el rostro a otras partespara sacardellos por puntillos lo que deseaban saber.

Cortéssospechando lo que Teuch y viendo que aquel bien no era bienmandóluego tomar al que más a mano halló y más apartado de los otrosymetiéndolo do los demás no le pudiesen verpor lengua de Marina y Aguilarpor buenas palabrasle preguntó a lo que era venido con los demás; demudósey titubeóca esto es propio del delicuente por mucho que quiera encubrir sumaldad. Amenazóle Cortésdiciéndole que le haría matar a tormentos si no ledecía la verdad. El indio estoncesreportándosedixo que él y suscompañeroscon achaque de traer comidaeran venidos por espiones a ver ynotar los pasos por do mejor pudiesen dañar y ofender a los nuestros y quemarlas chozas que cercaban el realy que porque habían por muchas vías y modosprocurado a todas las horas del día vengarse y alcanzar alguna victoria y noles había subcedido como pensabanni conforme a la antigua fama y gloria quede guerreros por todo el mundo habían alcanzadotenían determinado de conpujante exército venir de nochelo uno por ver si en aquello consistía suventuray lo otro porque con la escuridad de la noche temiesen menos a lostirosespadas y caballose que para esto ya estaba XicotencatlCapitángeneraldetrás de ciertos cerros en un valle frontero y cerca de los nuestroscon infinita gente.

Oída esta confesiónpor ver si los demás variaban o decían alguna cosamásmandó prender otros cuatro o cinco; y como vio que dixeron lo mismo queel primero y que todos eran espíasprendió a todos cincuentay allídelante de todo el exércitomandándoles cortar las manoslos invió aXicotencatldiciéndoles que le dixesen que otro tanto haría a cuantos leinviase que espías fueseny que supiese que de día y de noche y cada y cuandoque vinieseconoscería que los españoles eran invencibles y a quien Diossubjectaba sus enemigos.

Gran espanto y temor pusieron estos indioscortadas las manosa la gente deXicotencatlporque les paresció cosa muy nueva y que los españoles no eranhombres con quien se debían burlar; creyeron que tenían algún familiar queles decía que lo que ellos tenían en su pensamiento; y así los que delloseran más valientes y más sabiospara espiar a los nuestrosde ahí adelantedeterminaron de no ponerse a peligro tan ciertopor que no les acaesciese lomismo o peor que a los otrosa cuya causa alzaron de allí adelante losmantenimientos que solían inviar a los nuestrosde a do paresció claro lamala intención con que los traían.

Otros diceny aún lo tienen por más ciertosegún yo me informéqueDiego de Ordáshombre experto en las guerras contra indios (porque se hallóen la conquista del Darién)viendo que aquellos indios hacían de los bobosno siéndoloe que se maravillaban más de lo que permitía la conversaciónque con los nuestros teníandixo a Cortés: «No me parescen bien estosindios; no sería malo ver si son espías.» Cortésno tiniéndolos en nadale respondió: «Calla¿de qué tenéis miedo?» Diego de Ordás le replicó:«Yo no tengo miedopero acertado sería saber qué es lo que éstos andanmirando.» Cortés mandó luego prender a unoy por las lenguas que dixeconescribanole hizo preguntasy aunque desvariaba en algosiempre negóytanto que apretándole los compañones sufrió el dolor hasta que se losdeshicieronsin confesar cosa.

Cuando esto se hacíaya estaban presos los demás y cerca del aposentodonde éste fue atormentado; oyeron los gritosaunque no supieron lo que habíadicho; determinaronpor no padescer lo mismode decir la verdad si se lapreguntasen; y asíponiendo al atormentado en otra partemandó llamarCortés a tres o cuatro dellos y díxoles que ya el otro había dicho la verdadque también la dixesen ellos si no querían morir a tormentos. Ellosasí porel miedo como porque creyeron que eran descubiertosconfesaron ser espíasdiciendo todo lo demás que antes dixe. Castigólos como está dicho.



 

 

Capítulo XL

De lo que Cortés hizo después de inviadas las espías y delo que Xicotencatl dixo.

Cortéssabido por lo que las espías dixeron la determinación de losenemigoshizo fortalescer lo mejor que pudo el realpuso la gente en lasestanciascomo convenía; estuvo muy sobre aviso hasta que se puso el solevio ya que anochescía cómo comenzaba a baxar la gente de los contrarioscreyendo que venían muy secretospara cercar nuestro real y poner enexecución su propósito; pero como Cortés estaba tan avisadoparesciéndolesque no era bien dexarlos acercar al realpor el daño que con el fuego podríanhacer (ca a permitir estono quedara español a vida) determinó de salirles alencuentroporque con la escuridad de la noche algunos de los nuestros nodesmayasen viendo la gran multitud de los enemigos. Dexandopuesen el real lagente que era menesterpuso la que con él había de ir en orden y mandó echara los caballos pretales de caxcabelespara que haciendo ruido paresciesen más.

Dicen que estando las espíascortadas las manoscontando lo que les habíaacontescidoponiendo pavor con su razonamiento a los de XicotencatlacometióCortés con los de caballogritando: «¡Sant Pedro y Sanctiago»; y fue tangrande la furia con que los enemigos fueron asaltados y acometidos y el temorque de lo subcedido a las espías habían rescebidoque sin hacer resistenciani haber hombre que los animase sin la grita que suelenvolviendo las espaldasse metieron por los maizales de que toda la tierra estaba casi llenallevandoconsigo algunos de los mantenimientos que traían para estar sobre los nuestrossi de aquella vez no los pudiesen arrancar del todo. Siguiólos Cortés porentre aquellas sementeras hasta dos leguasde noche; mató muchos dellosyporque los suyos descansasen y con el cebo de la victoria no se metiesen enparte donde no pudiesen salir tan prestose volvió victorioso al realdondelos nuestrosvelándolos los que en el real habían quedadodescansaron elresto de la noche hasta bien de día quecomo suele acontescercontaron lo quehabían hechoalegrándose los unos con los otros de la victoria nocturnaqueera la primera en que se habían visto. Daban gracias a Diosdiciendo cuán ala clara los favorescíapues en tierra no sabida y tan poblada y donde losenemigossi tuvieran ánimopuesto entre los maizaleshicieran grandísimodañohabían salido sin heridacon estrago de sus enemigos.

El Capitánque como era muy valiente así era muy cristianojuntando losprincipalesdespués que hobo comidoles dixo: «Señores y amigos míos: Yamuchas veces tenéis visto el favor y merced que Dios nos ha hecho en lasbatallas que con estos bárbaros enemigos de nuestra sancta fee hemos tenidoque cierto paresce claroen especial en esta última batallaque quita lasfuerzas y ciega los juicios a nuestros enemigosque son tantos que a puñado detierra nos podrían anegary por el contrarionos alumbra y esfuerza de maneraque para los siglos venideros nuestras memorables victorias paresceránincreíbles. Soy de parescerpues todo nos subcede prósperamentey el poderde Taxcalacon ser tan grandenos huyó la noche pasadaque de día y denoche salgamos a buscar a nuestros enemigoshasta que de muy seguidos ymolestados vengan a querer la paz que nosotros les ofrescíamosy con nuestrabuena conversación y tratamiento los haremos tan nuestros amigos cuanto hansido hasta ahora enemigospara que prosiguiendo nuestra jornadasi Motezuma nohiciere el debernos ayudemos dellos para contra élpues sabéisesPríncipe poderosísimo.»

Acabado este breve razonamientolos Capitanes y la demás gente que le oíaalegres con la victoria pasadale respondieron en pocas palabras: «No tenemosque decir a lo que vuestra Merced nos ha dicho más de queaunque estamos muycontentos de las buenas andanzas que hasta ahora nos han subcedidolo estamosmás en tener tal caudilloy ver que en el buen seso y maravilloso esfuerzo devuestra Merced nos favoresce Dios. En lo demás haga vuestra Merced su parescerque ése es el nuestroy sepa que nunca tan de veras le siguimos y obedescimoscomo le seguiremos y obedesceremos de aquí adelante.»

En el entranto que los nuestros se adereszaban para salir a los enemigosXicotencatl se recogió en Taxcala bien corrido de los malos subcesos que contralos nuestros había tenido. Magiscacínque siempre fue en favor de losespañolescon los otros señores le reprehendieron gravemente su temeridad yatrevimiento e vana presuncióndiciéndole: «¿No te decíamos nosotros queestos barbudos eran muy valientes e que su Dios debía de ser muy poderosopuesen su virtud han podido y pueden tanto que ni nuestras muchas e infinitasflechas ni los duros golpes de nuestras macanas les han podido empecer? Más nosparescen dioses que hombresy túde loco y atrevidohas porfiado a pelearcontra el poder su Omnipotente Dioshasta que con más de ciento y cincuentamill guerreros la noche pasada veniste afrentosamente huyendoafrentando yescuresciendo con tu loca porfía la floria y honra y fama de la muy ilustre yclara Señoría de Taxcalaa la cual no has tratado como naturalsino comoextraño; no como amigosino como enemigo; no como ciudadanosinocomoadvenedizo y fugitivo; no como padre que debieras ser de tu patriasino comopadrastro aborrecible. Meresciassi no fuera por la gloria y honrosas canas deXicotencatl el viejotu padreque fueras depuesto de la dignidad en queestásy reducido al número de los pecherospara que de aquí adelanteninguno de tus descendientescomo hijos de hombre que tan mal ha tratado surepúblicatome escudo ni sea armado caballeroni coma sal ni vista manta dealgodón.»

A Xicotencatl se le saltaban las lágrimas de los ojos; de pesar y de corajeviendo que todo lo que aquellos señores le decían era así; y confuso de susmalos subcesosdesimulando cuanto pudo el afrenta en que estabales dixo:

«Señores: No podéis vosotros encarescer tanto mi desgracia y mala andanzacuanto yo la siento y padezco en mi corazónque quisiera más ser mill vecessacrificado que haberme puesto contra éstosque ni sé si los llame dioses nisi los llame diablosporque su furiasiendo tan pocoses tanta que parescenrayos quecon gran tempestad descienden del cielo. Con vuestro parescer losacometípensando que me subcediera de otra manera; porfié (que es en lo queme hallo culpado) hasta ver si vivo o muerto os podía traer algunos dellosytodavía los quiero y querré tan mal que si me lo permitiésedes volveríacontra elloso para quedar muertoo para matar alguno.» Magiscacínnopudiendo sufrir que fuese adelantereprehendiéndole de nuevo con más bravas yásperas palabras que antesinterrompió la plática de Xicotencatl y de losdemás que querían hablardexando para otro día la determinación de losnegocios.



 

 

Capítulo XLI

Cómo Cortés tomó a Cipancincoy de lo que Con Alonso deGrado le pasó.

Viendo Cortés que los enemigos no le acometíany era porque no sabía loque los señores de Taxcala habían tratado con Xicotencatlse subió encima dela torrelo que hasta estoncesno había hechoporque no le habían dadotanto espaciopara desde ellacomo era altamirar qué poblaciones habíaalderredory asímirando a unas partes y a otrasvio cuatro leguas de allícerca de unos riscos que hacia una alta sierracantidad de humosaunque no viode dónde salían. Creyócomo ello fueque habría allí gran población; yluegobaxando de la torrecomo había dicho antesdixo a los principales delexército:

«Señores: Yo he visto desde lo alto de la torre muestras de alguna granpoblación; pues los enemigos no vienen de paz ni de guerrano será bien estaren esta dubda; acometámoslospara que hagan por fuerza lo que de gradodebrían.» Respondieron todos que se hiciese asíaunque Gómara dice que sindar parte a nadiesalió.

La verdad es que era Cortés tan amigos de parescer ajeno queaunque el suyolas más veces era mejorpor dar gusto y contentosiempre decía lo quepensaba hacerporque si en algo se erraseninguno le pudiese culpar de nohaberlo primero comunicado. Demarcópuestan bien aquella tarde la tierraque tomando consigo la mitad de la gente con los de caballo (aunque se leofrescieron grandes contrastes que enflaquescieran a cualquier hombre valerosocomo luego diré)entró aquella noche por un camino ancho que le paresciópor la demarcaciónque daría donde vio los humos hasta llegar a Cipancinco.La noche era tan escura que apenas se veía la sierra hacia donde caminaba; latierra no conoscidael poco uso de andar de nochetodo ponía pavorporque nosabían dónde podrían estar los enemigos. Con todo estoque naturalmenteamedrentabasubcedióporque así lo ordenaba el demonioque veía despojarsede su imperio con la venida de los nuestros queno habiendo andado una leguadio a un caballo una manera de torzón que dio con él en tierra. Sabido estopor el Generalmandó que el que iba en él lo volviese al real. Apenas habíamandado estocuando cayó otro caballo y luego otro hasta cuatro o cinco. Vistoesto por los que con él ibanparesciéndoles que era mal agüero y señalledixeron: «Señor¿adónde vamosque paresce que salimos con mal pie?Volvámonos y hagamos nuestros negocios de día para que veamos lo que hacemosque esto es tentar a Dios e ir a ciegas». Cortésque entendía lo contrarioles respondió: «Para estos tiempos es menester el esfuerzoque el alegría ycontento en las buenas andanzaslos necios tan bien como los sabios la toman;muchas cosas hay cuyo parescer es ásperoy si bien se miran son prósperas; nohay que mirar en agüeros ni en siniestras señales que el demonio causa; Dioses sobre todo; su causa y negocio tratamos y es nescesario que de su contrarioel demoniosintamos estorbos e impedimentos; vamos adelante y los de loscaballos vuélvanse al realporque os hago saber que me da el corazón que estanoche habemos de hacer el mayor negocio que hasta ahora habemos hechodel cualha de emanar y prosceder el amistad con Taxcala.»

Diciendo esto se le cayó el caballo de entre las piernasde que él y todosse maravillaron muchoy no faltó quien le dixo que él daría con todo altravéspues era aquello dar con la cabeza en la pared y porfiar contra lavoluntad divina. Hizo alto Cortés y replicó lo dichodiciendo que grandesnegocios no se hacen sin gran dificultad: «Tomemos los caballos de rienda yprosigamos nuestro caminoporque me paresce que veo mayor bien del quepensáis.» Caminaron un buen rato desta manera. Estuvieron luego los caballosbuenosaunque nunca se pudo saber de qué

habían caídomas de pensar que el demonio estorbaba lo que después sehizoporque tuzalescomo dice Motolineano eran parte para que elcaballo cayese y se tendiese en el suelocuanto más que a la vuelta parescióno haberlos y que el camino era ancho y muy hollado.

Andandopueshasta perder el tino de unas peñas que parescían en lasierradieron en unos pedregales y barrancas de donde con muy gran dificultad ytrabajo salieron. Al cabodespués de haber pasado mal ratodespeluzándoselesel cabello de miedovieron una lumbrecilla; fueron a tiento hacia ellala cualestaba en una casa do hallaron dos mujereslas cuales y otros dos hombres queacaso hallaronlos guiaron luego y llevaron a las peñas do Cortés desde latorre había visto los humos. Antes que amanesciese dieron sobre algunoslugarejos.

No hicieron el estrago que dice Gómaraporque mataron muy pocos y fue mayorel pavor y miedo que pusieron con su súbita venida que no el daño quehicieronca siemprecomo cristianopretendió el Capitán no hacer dañosino cuando no se podía excusar. No quemaron aquellos lugarejospor no sersentidos y dar aviso a los comarcanos con las lumbresy también por nodetenerseque ya llevaban lengua cómo allí junto estaba una gran poblaciónque era Cipancincolugar de veinte mill casassegún después paresció por lavisita que dellashizo Cortés.

Entraron los nuestros en él con gran furia y vocesque no poco perturbaronlos ánimos de los moradoresque seguros estabanespecialmente cuando vieronvenir de los lugarejos algunos tan despavoridos y alterados que no acertaban adecir cómo los nuestros habían ido sobre ellos. Al primer acometimientohicieron algún dañopor ponerles algún miedo; salieron a la grita y a losllantos que las mujeres hacíanque son harto alharaquientasmuy sobresaltadoslos hombresunos en carnesotros con sus mantillaslos menos con armasporque ni tal habían pensado ni aquella era hora para que sus enemigos losacometiesen. Huían como locos y desatinados de acá para allásin saberadónde ibany era tanto el miedo que ni el padre se acordaba del hijoni elmarido de la mujerni el amigo del amigo. Murieron no muchoscomo algunosdicenal principioy como Cortés vio que no resistíanmandó que no losmatasen ni les tomasen sus mujeres y ropa. Fueron tan nobles los españoles entodo y siguieron tan acertadamente la voluntad de su Generalque no solamenteno les hicieron dañopero haciéndosles señas de paztomaron muchas mujeresy niños y regalándolos y tratándolos bienpor señas los aseguraban ydecían que fuesen a sus maridos. Otros españoles por señas les pedíancomidadándoles a entender que [a] aquello venían y no a darles guerra. Destamanera los asegurarone ya que el sol era salido y el pueblo estaba pacificadoCortés se subió a un altopor descubrir tierray vio una tan gran poblaciónque le puso espanto. Preguntó cuya era y cómo se llamaba. Dixéronle que erala gran Señoría de Taxcala con todas sus aldeas. Llamó estonces a losespañoles y díxoles: «¿Qué aprovechará matar a los de aquípues haytantos allí?» Demudóse la color a muchos de los que allí estabany por verqué sentían del negociovolviéndose a Alonso de Grado que estaba más cercadixo: «Ya veis la gran muchedumbre de gente que aquí vemos; ¿qué os pareceque hagamos?» Alonso de Grado le respondió: «Señorpara tantos muy pocossomos nosotros; si nos vencenno cabemos a bocado; parésceme que demos vueltaa la mar y que allí nos hagamos fuertes; inviaremos a Diego Velázquez queprovea de socorroporque si perseveramos aquío hemos de apocarnosmuriendode enfermedado todos seremos comidosde nuestros enemigos; ya no es biententar a Dios.»

Mucho le pesó a Cortés con esta repuestaespecialmente cuando tocó enDiego Velázquezy así muy enojado replicó dos veces: «Vos habíades de serAlonso de Gradoel que tal consejo me diésedes. ¿No sabéis que si damosvueltacomo vos decísque las piedras se levantarán contra nosotrospues nopodemos ir sino en son y manera de fugitivosa los cuales persigue tanto lafortunaque no dexacomo dicenpelo ni hueso dellos? ¡AdelanteadelanteAlonso de Gradoque si no se excusa nuestra muertemás vale que muramosprosiguiendo nuestro intento y mostrando el rostro a nuestros enemigosque nocomo liebresmostrándoles las espaldas!» Quedó corrido Alonso de Grado y losque estaban desmayados volvieron sobre sí.

Con estosin hacer otro daño en el pueblose salió a una hermosa fuenteque allí habíadonde vinieron los principales que gobernaban el puebloconmás de cuatro mill hombres sin amas; traxéronle mucha comidasaludáronle congran veneraciónsuplicáronle con lágrimas en los ojos no les hiciese másdañoagradesciéndole con muy fecundas palabras el poco que les había hecho;prometieron de servirle y obedescerley no solamente guardarle la fee ypalabrapero procurar de que hobiese amistad con los señores de Taxcala y conotros comarcanos. Él se lo agradesció y dixo que aunque sabía que ellos conlos de Taxcala le habían diversas veces hecho guerrase lo perdonaba con quede ahí adelante fuesen leales vasallos de Su Majestad. Hízoles muchas cariciasy con tanto los dexó y se volvió a su real harto más alegre que el malprincipio de los caballos prometía.

Decía en el camino a los suyos: «Deprenderéis de aquí adelante a no decirmal del día hasta que sea pasadopues veemos que tras buen sol viene latempestady amanesciendo muchas veces el día nubloso y áspero suele acudir latarde alegre y serena»y llevando el pecho lleno del buen subceso que despuésle había de venirdixo: «Veréis cómo los de Taxcala han de venir antes demuchos días a ser nuestros amigosy si esto se hacecomo esperodichosa ybienaventurada será muchas veces nuestra venida.» Con esto llegó al real.Mandó luego que nadie hiciese enojo alguno a ningún indioporque teníaentendido que en aquel día tenía acabada la guerra de aquella provincia.



 

 

Capítulo XLII

Del temor que hubo en el real de los españoles con la vueltade los caballos que cayeron en el camino.

Cuando llegó Cortés a su realaunque iba muy alegre del buen subcesohalló tristes a los que en él estabanporque habían temidoy no sin causapor la vuelta de los caballosque algún desastre le hobiese subcedido; ca siasí fueratenían por cierto su perdimientopues estaban entre tantosenemigos y les faltaba su caudilloel cual parescía que traía siempre porcompañera a la buena fortuna; pero como Cortés entró arremetiendo el caballoy vieron algunos indios que venían en compañía de los que con él fueronantes que hablase palabra conoscieron el buen subceso de la jornada. Salieronlos principales corriendo a élapeáronle del caballoel cual los abrazó atodosy dixo: «Tenedseñoresconfianza quesegún nos ha subcedidoseremos presto señores de Taxcalaque es principio para conseguir nuestro finde vernos en México.» Con esto les contó por extenso todo lo que les habíaacaescido (según ya está dicho). Hubo aquel día muy gran regocijo y alegríaen el realaunquecomo el contento nunca dura muchosabiendo de los que conel Capitán habían ido la gran población de Cipancinco y la que de Taxcala sehabía descubiertocon las palabras que Cortés había dichocomenzaron muchosa temer y recelarsedeseando verse cerca de la mardonde se pudiesen hacerfuertes y esperar socorro de la isla de Cuba. Teníanciertopara temerrazónporque se vían pocoscansados de trabajosen tierra grandecuajadade gente y toda bellicosabien adereszada y con ánimo de no consentirlos enellatan apartados de la mar y sin esperanza de socorro; a cuya causacomo ibacresciendo entre ellos el miedohacían de secreto corrilloshablando entresí y tratando cómo sería bien hablar a Cortésy aun requerirleque nopasase más adelantesino que se tornase a la Veracruzpues era nescesario queyendo adelante se habían de acabaro por hambreo por guerracaminando porentre tantos enemigosy que así sería cosa acertada dar la vueltalo unopara asegurar las personasy lo otro para recoger más gente y más caballossin los cuales era imposible hacer la guerra.

No se le daba desto mucho a Cortésque cierto su corazón le prometía loque después alcanzóaunque algunos se lo decían en secreto con todo elencarescimiento que podíansuplicándole que antes que la gente se leamotinase o se fuese sin éllo remediase y diese orden cómo saliesen de tantopeligro. Respondíales que no debía ser tanto el temor como se le pintabanyque algunosdeseosos de volver a lo que bien querían en Cubatemían donde nohabía qué; decíales que no le viniesen con aquellas nuevasporque no podíacreer que cayese pensamiento de flaqueza en españolesespecialmentehabiéndoles subcedido hasta allí tan bien; y ciertoaunque algo creyó delmiedo que su gente teníanunca pensó ser tantohasta que una nochesaliendode la torre donde tenía su aposento a requerir las velasoyó hablar recio enuna de las chozas que alderredor estaban. Púsose a escuchar lo que hablaban eoyó que ciertos compañeros que dentro estabandecían: «Si el Capitán esloco y quiere meterse donde no pueda salir sino hecho pedazosseamos nosotroscuerdos y miremos que no nos ha de dar él la vida si por su causa nosotros laperdemos; digámosle claro queo nos volvamoso le dexaremos solopara quehaga de sí a su placer.» Entre éstos había dos principalesde que no pocopesó a Cortésel cualllamando dos amigos suyoscomo por testigosles dixoque oyesen lo que aquellos hablabany luego dixo: «Quien esto osa decirtambién lo osará hacer.»

Fuése escuchando por otras partese oyó que algunos decían: «Estenuestro Capitán ha de ser como Pedro Carbonero quepor entrar a tierra demoros a hacer saltoquedó allá muerto con todos los que le siguieron. Bienserá que escarmentemos en cabeza ajenaporque perdido es quien tras perdidovay no puede dexar de caer el que va tras el ciego. Remediémoslo antes quenos falte tiempo para elloque el Capitán no nos puede ahorcar a todos nihacer la guerra sin nosotros.»

Estas y otras palabras oyó Cortésque le dieron harta pesadumbre. Quisierareprehender y aun castigar a los que las decíanpero como era cuerdo yreportadoentendiendo que era peor por estonces la reprehensión y castigo yque era tomarse con los másacordó de llevarlos por bien y aun hacerles máscaricias y mejor tratamientopara que atraídos a sícuando los tuviesejuntostuviese más fuerza lo que les pensaba decir; y asícuando vio que eratiempojuntándolos a todos les hizo el razonamiento siguiente.



 

 

Capítulo XLIII

Del razonamiento que Cortés hizo a sus soldadosanimándolosa la prosecución de la guerra.

«Valerosos Capitanes y esforzados soldados míosviva maravilla y espantode todas las nasciones del mundo: Entendido he que algunos de vosotrosno pormiedoque éste no puede caber en vuestros corazonessino o por el deseo deque tenéis de volver a Cuba y gozar de la quietud de vuestra casao por ladificultad que se os representa en acabar esta jornadadeseáis que demos lavuelta hacia la mar. Ciertosi de lo que os paresce que convienebien miradono se siguiesen peligrosmuerteshambresedcansancio y lo que peor esinfamia y afrenta y otros muchos inconvinientesque cada uno pesa más que elfalso provecho que pretendéispor daros contentode muy buena gana viniera envuestro parescerca yo hombre soy como vosotros y no menos deseo descanso yquietud; temo la muerte y recelo los peligrosy no menos que a vosotros mefatiga el hambre y cansancio. El padre que mucho quiere al hijo que estáenfermoaunque le desea complacerno le da lo que le pideporque le ha dehacer mayor daño. Vosotros me escogisteis por vuestro padre y Capitáne yosiempre como a hijosy soldados merescedores de todo honor os he tratadohaciéndoos siempre en todos los riesgos y trabajos yo la salva primero; y puesno me podéis negar que esto no sea asírazón será que en lo que os dixereme creáispues del bien o del mal no me ha de caber a mí menos parte que avosotros. Todos somos españolesvasallos del Emperadora los cualesen suexércitohecho de diversas nascionesél suele decir: «¡Eamis leones deEspaña!» Hemos pasado mar que hasta nuestros tiempos nadie navegó; hemosandado mucha tierra que pie de ningún cristianomoro ni gentil hollógrandemuy pobladamuy rica; venimos a illustrar la fama y nombre de Españaaacrescentar el imperio y señorío de Césara señalar nuestras personasparaque de escuderos y pobres hijosdalgomediante nuestra virtud y esfuerzoCésarnos haga señores y queden de nosotros mayorazgos para los siglos venideros; ylo que más es y a lo que principalmente habemos de tener ojoque venimos adesengañar a estos idólatras y bárbaras nascionesa desterrar a SatanásPríncipe de las tinieblasdesta tierraque por tantos años ha tenidomiserablemente tiranizadaa extirpar los nefandos y abominables vicios que comopadre de toda maldad ha sembrado en los pechos desta gente miserable.

«Venimosfinalmentea predicar el sancto Evangelio y traer al rebaño delas ovejas escogidas éstas que tan fueracomo veisestán. Servicio es éstea que todo cristiano debe poner el hombropues es el mayor que a Dios se lepuede hacery así la corona y triunfo de los mártires es mayor y másexcelente que la de las otras órdenes de sanctospues el amor últimamente seprueba en poner la vida por el que amamos. Miradpuessi las utilidades yprovechos que os he contado son tales que el menor dellos pide y meresce que poralcanzarlos nos pongamos a todo trabajoy si ninguna cosa buena se consigue sintrabajotantas y tan excelentes¿por qué las hemos de alcanzar sindificultad? Hasta ahora no tenemos de qué quexarnossino de qué dar muygrandes gracias a Dios por las muchas y muy maravillosas victorias que nos hadado contra nuestros enemigos. Para lo de adelantemaldad y blasfemia seríapensar que la mano del Señor ha de ser menos fuerte que hasta aquí. El que nosha dado vigor para vencer las batallas pasadassi en Él sólo confiáremosnos le dará para concluir lo que queda.

«Confiésoos que le gente entre quien estamos es infinita y bien armadapero también no me negaréis que nos tienen por inmortales y que nos temen comoa rayos del cielo. Mientras más sonmás se confunden y embarazan; muerto unovan todos como los perros tras él; visto lo habéis y pasado por ello; no hayque deciros sino que si volvemos las espaldastoda nuestra buena fortuna setrueca y muda en todo género de adversidadporqueante todas cosasvolvemoslas espaldas a Diospues dexamos de proseguir tan alta demandadesconfiando desu poder que hasta aquí ha sido tan en nuestro favor. ¿Cuándo jamás huyeronespañoles? ¿Cuándo cayó en ellos flaqueza? ¿Cuándo no tuvieron por mejormorir muerte cruel que hacer cosa que no debiesen? ¿Cuándo emprendieronnegocio que dexasen de llevarle al cabo? Poco aprovecha acometer e intentarcosas arduas si al mejor tiempopor graves inconvenientes que se ofrescannose acaban. Por eso se alaba la muerte buenaporque en ella se rematan yconcluyen como en dichoso fin los buenos principios y medios; en el perseverarse conosce el varón fuertey nunca salió con lo que quiso sino el que bienporfió. ¿Qué cuenta daríamos de nosotros si al mejor tiempo de nuestraventura la dexásemos y mostrándosenos la ocasión por la cara que tienecabellos muy largos para asirlaque no se vayadexásemos que volviese elcolodrillodonde no tiene pelo para ser asida? Gocemosgocemosfuerza y valorde las otras gentesesforzados soldados míosdel tiempo que tenemosquemañana se nos rendirán los enemigos; que si quietud y descansovolviendo elrostrocosa cierto vergonzosa para vosotrosbuscáisponiendo vuestra vida encierto y conoscido peligroadelante le hallaréis mayorcon doblado honor ygloria. El cobarde más presto muere que el valienteporque cualquiera se leatreve y acaba más presto por livianas causas; huyendo muere la liebreque ensu alcance y huida convida y anima a los perros. De aquí a la mar hay muy grantrecho; todos los que atrás quedan nos serán enemigos y saldrán contranosotrosporque nadie hay que sea amigo del vencido; todos huyen de la paredque se cae; breve es la viday cuando llega su fintanto monta haber vividomuchos años como pocosporque della no se goza más del instante que se vive.Si hemos de morirmás vale que muramos por Dios y por nuestra honraquedexando tan alta empresamorir en el camino apocadamente o a manos de losenemigos que ahora vencimoso a manos de los que antes subjectamos y como adioses nos acataron y temieron. Los más fuertes se nos rindenque son los taxcaltecas;de los de Culhúa no hay que temer; y pues la fortuna nos es favorableseguillaseguilla y no huillaporque no quiere sino al que la busca; nuestraes y será si no desmayamos. Dios es con nos; nadie será contra nos; y puesesto es verdadved lo que queréis sobre lo dichoque aunque piense quedarsolo (que no quedaré)estoy determinado de seguir la buena andanza que Dioshoy nos promete.»

Con esto acabó Cortés y todos quedaron tan persuadidosque los queenflasquecían tomaron ánimo y los esforzadosle cobraron doblado; los que nole amaban tantode ahí adelante le quisieron mucho; cresció en todos suopinión másy cierto fue nescesaria tan facundalarga y prudente oraciónpara tan arduo negocio como entre manos teníadarle el fin que deseaba para locual era gran estorbo el temor que muchos de los soldados teníanque atrayendoa sí los demás se amotinarany le fuera nescesario volver atrásperdiendola esperanza que se le prometía de lo venidero y el trabajo de lo pasadoquefue el mayor escalón que él tuvo para ponerse en la cumbrede donde despuésde muchos años la muerte le llevó.



 

 

Capítulo XLIV

De la embaxada que Motezuma invió a Cortésy de lo queestando purgado le avino.

Poco después que el Capitán hizo este razonamientoentraron por el real endemanda suya seis señores mexicanos muy principales con hasta docientos hombresque traían consigo de servicio. Fueron rescibidos muy bienporque luego losconoscieron los nuestros en su manera y trajebien diferente del de las otrasgentes. Entraron do Cortés estabay haciéndolecomo tienen de costumbreconmuchas cerimonias muy grandes reverenciasespecialmente estoncesporquehabían sabido las victorias que contra los fuertes taxcaltecas habíatenidoprimero que palabra hablasenle dieron un solemne presente que suseñor Motezuma le inviabaen que había mill ropas de algodónmuchas piezasde plumas ricas y extrañamente labrados y mill castellanos de oro en grano muyfinocomo de las minas se coge. Dado el presentepuestos todos seis en pieelque era más principalmás antiguo y de más elocuenciahaciendo primerocierta cerimoniadixo así:

«El gran señor Motezumaseñor mío y grande amigo tuyote saluda pornosotros y te desea toda prosperidad y cumplimiento de lo que intentas. Dice quequisierasegún tu valorinviarte mayor presente y personas si en su reino lashobiera más calificadas que nosotros; ruégate le hagas saber cómo estás túy los tuyos e que si has menester algo que él puedalo pidasporque todo sete dará. Dice que está muy alegre con las muchas y señaladas victorias que delos taxcaltecassus enemigoshas ganadoy que porque te desea todobien te ruega que tú ni los tuyos vais a Méxicoporque el camino es áspero yfragoso y de mucho riesgo y peligroy no querría que [a] hombres de tantovalor y que él tanto ama les subcediese algún desastre de los muchos quepueden acaescer; y que si tu intención es que él reconosca por superior alEmperador de loscristianosRey e señor tuyoque desde ahora hasta que mueraél y sus descendientes le reconocerány en señal desto cada año le darátribucto de mancebos y doncellas noblesque es el mayor reconoscimiento queentre nosotros se usay con esto le tribuctará oroplatapiedrasperlasropa rica y presciosos plumajesy a tiporque vienes en su nombre te darámuchas riquezas con que próspero y rico vuelvas a tu tierra.»

Con esto acabóy todos seis en señal de que no querían decir más y queesperaban la respuestahecha cierta cerimoniaestuvieron en pielas cabezasinclinadastendidos los brazos el uno puesto sobre el otro. Cortéscon laauturidad que pudopor las lenguas les respondió que fuesen muy bien venidos yque besaba las manos a su gran señor Motezumaasí por el presente que leinviabaque era muy buenocomo por el amor que le teníay principalmente porel reconoscimiento que al Monarca de los cristianos en el Emperador su señorhacía; e que porque venían cansados del caminoporque sabía que habíanrodeado por Castilblanco y valle de Zacatamipor no encontrarse con los taxcaltecassus enemigosles rogaba se detuviesen allí algunos díasasí para quedescansasencomo para que él se viese en lo que había de responder cerca delir o no ir a México.

Esto hacía Cortés para que por sus ojos viesen cómo si volvían de guerralos taxcaltecas los nuestros peleabano si viniesen de pazcómo losrescibíareprehendiéndoles las locuras pasadasrepitiendo las victoriashabidas contra ellospara que desto entendiesen los embaxadores su valor y lopoco que debía recelar el ir a Méxicoy con esto se tuviesen por respondidos.Los mensajeros dixeron que harían lo que mandaba. Mandó Cortés a los suyoslos acarisciasen y tratasen bienpues eran señores y mensajeros de tan granPríncipe.

A aquella sazón sentíase mal dispuesto de unas calenturasa cuya causahabía algunos días que no había salido a correr el campo ni a hacer talesquemas ni otros daños a los enemigos; solamente se proveía que guardasen elfuerte contra algunos tropeles de indios que llegaban a gritar y escaramuzarque era más ordinario que no inviarles cerezas y pan. Purgóse Cortés concinco píldoras hechas de una masa que sacó de Cubay tomándolas a la horaque se suele haceracaesció que el mismo díade mañanaantes que laspíldoras obrasenvinieron tres muy grandes escuadrones a dar por tres partessobre el realo porque sabían que Cortés estaba maloo pensando que de miedoaquellos días no habían osado salir los nuestros. Olvidado Cortés de lapurgacabalgó y salió a ellos con los suyos; peleó valerosísimamente hastala tardeque los desbarató y retraxo por un gran trecho.

Esto miraban los embaxadores desde lo alto de la torre; maravilláronse muchodel gran esfuerzo y poder de los nuestros; encomendáronlo muy bien a la memoriapara contarlo después a Motezuma.

Cortés purgó el día siguiente como si estonces tomara la purga; no fuemilagrosino retenerse naturaleza con la nueva alteración; y también loescribo para que se entienda cuán sufridor era Cortés de trabajos y males ycuán poco se popabasiendo siempre el primero que venía a las manos con losenemigoshaciendo él lo que a su imitación quería que hiciesen los demás.Habiendopuespurgadoveló luego la parte que de la noche le cupo como acualquiera de los compañeroslo cual le dio mayor estima y auturidad.



 

 

Capítulo XLV

Cómo los señores de Taxcala se juntaron con los demásprincipalesy se determinaron de hacer paz con Cortésy cómo lo encargaron aXicotencatl.

Estuvieron algunos días los señores de Taxcala tratando en particular losunos con los otros las buenas andanzas y prósperas victorias de Cortés y cómodebía de ser ayudado y favorescido de aquel gran Dios que los nuestros adoranpues en el postrer recuentrodelante de los embaxadores de Motezumaestandoenfermo y siendo acometido por tres parteshabía salido con tanto esfuerzocomo s; estuviera sanoy con grande afrenta de los enemigos y no sin granmatanza dellos los había desbaratadodurando en la batalla desde la mañanahasta la tardede que no poco se debían afrentar siendo testigo dello losembaxadores mexicanoscon los cuales habían siempre tenido grande estima yreputaciónparesciéndole que proseguir en la guerra era tomarse conespíritus celestialesy que con la amistad de Motezuma había de crescer elpoder de los nuestros. Determinaron de entrar todos en su consistorio eAyuntamientoamando a él a Xicotencatl que todavía estaba de mal arteyhecha cierta cerimoniacomo invocando el favor de sus dioses para que losencaminase en que las paces se efectuasen con buena dichadespués que todosestuvieron a su modo sentados y que ninguno hablabaMagiscacínque como tengodichoera muy principal y de mucha bondad y sesotomando la manohablando portodosdixo así:

«Señores valerosos y esforzados capitanes en quien al presente está puestotodo el negocio de la guerray vosotrossabios y cuerdos varones a quien estácometida la administración y gobierno de la república: Testigos me son losdioses en quien creemos y adoramosque es tanto el amor que a esta insigne ygran república tengoque si con morir yo por ella y sacrificar mis hijos yparienteso ponerlos al cuchillo de nuestros enemigosyo pudiera hacerosvictoriosos contra estos invencibles hombreslo hiciera de muy buena voluntad ypensara ganar en ello muchoporque sé cuán gloriosa cosa es que uno muera pormuchos; pero como veo que esto no puede serpues que el Dios de estosadvenedizos quiere otra cosa y puede y vale más que nuestros diosesque ennadacomo veisnos han favorescidohabiéndoles nosotros hecho tantossacrificiosveopor otra parteque con ser tan poderoso Motezumaquiere yprocuracomo sabéisel amistad destos fortísimos varones; y si solos puedenmás que nosotrosjuntándose con nuestros enemigos¿cuánto os paresce quepodrán? Por ciertotanto que de nosotros no quedará hombre ni quien denosotros venga para que levante nuestra memoria. Estos cristianosque así sellamanson noblesy muchas veces nos han rogado con la paz; de creer es queyéndonos a ellosdiciéndoles que nos perdonennos rescibiráncomo otrasveces han hecho con los que se les han atrevidocon humano y alegre rostro.

«Mi parescer espues Xicotencatl es tan avisado y de tan buena razónqueel error que hasta ahora ha cometido en porfiar a pelear con Cortésloentiende y deshaga con ir en nombre de toda esta provincia con algún presenteque siempre ablanda el ánimo del airadoa los cristianos; y como sabe bienhacerlohable largamente a su Capitánofresciéndose a si y a su república ala subjección y servicio de aquel gran señor en cuyo nombre viene. Destoganaremos dos cosas muy principales: la unaque no nos gastaremos ni pelearemosen baldeafrentando nuestra nación y perdiendo cada día gente; la otra esque después de amigosdiremos a Cortés cuán malos y perversos son los deCulhúapara que dellos se recatey teniéndolos por enemigosnosotros anuestro salvo podremos subjectarlos y vengarnos de algunos agravios quepor sermuchos más que nosotrosnos han hecho.»

Acabada esta pláticatodossin faltar ninguno vinieron en lo queMagiscacín había dichoy asíalgunos dellos en nombre de todos los demásrogaron mucho a Xicotencatl fuese con el presente a hacer paz con el Capitán.Entristecióse Xicotencatl y mostró bien el odio que siempre hasta que muriótuvo con los nuestros. Quiso replicarpero estorbóselo Magiscacíndiciéndole que aquello convenía a la repúblicaque lo hiciese luegoso penade ser tenido por traidor y ser castigado conforme a las leyes y fueros de laSeñoría de Taxcalay que allí se determinase luego con el sícon el cualrescibirían todos gran contento; y si se determinaba en el noque luego desdeallí sería privado de su oficio y dignidad y echado en crueles prisiones hastaque se le diese la pena que merescía.

Xicotencatl calló por poco espacioy como pudo más la penatemor yamenazas que su república le ponía que su obstinación y pertinaciafingiendoel contento que no teníarespondió: «Nunca los dioses quieran que sea contrami república y que no obedesca en lo que me manda. Yo me determino de hacervuestro mandado y de hablar a Cortés lo mejor que yo pudiereinclinándole conmis palabras aquel rescibiéndonos en su amistadnos sea perpectuo y buenamigo.»

Holgóse mucho con esto aquella Señoríay en especial Magiscacín y elbuen viejo de Xicotencatlque también pública y secretamente se lo habíaaconsejado y mandado.



 

 

Capítulo XLVI

Cómo Xicotencatl vino a Cortésy de la oración que le hizoy presente que le traxo.

Después que esto se trató en Taxcala y los taxcaltecas secertificaron bien de la venida de los mensajeros mexicanosXicotencatl seadereszó para llevar la embaxada; vistióse a su modo y costumbre de pazcuanto más ricamente pudo; tomó consigo cincuenta caballeros de los másprincipales y más bien apuestos quepor consiguientese adereszaron lo másricamente que pudieron. Iban con éstos sus criadosque eran muchos; llevaroncomo siempre tienen de costumbreaunque por la esterilidad de la tierra queentonces habíaalgunos presentes no muy ricos de suchilesplumajesmantas yalgún oro; y por que el amistad fuese más firme y Cortés estuviese máscierto dellallevó también Xicotencatl ciertos mancebos hijos de señorespara darle en rehenes.

Salió de la Señoría de Taxcala acompañado de todos los señores della;despidióse cuando fue tiempoy poco antes de que llegase al real de Cortésinvió tres o cuatro de los principales que con él iban adelante a dar avisocómo iba y aqué; alegráronse por extremo los nuestros. Cortés con la mayorauctoridad y gracia que pudosalió a rescebir a Xicotencatl cuando supo queestaba ya en el realacompañado de los principales del exército. Saludáronseel uno al otro a su modo con gran comedimiento y señales de amor. AbrazóloCortésy tomándolo por la mano lo asentó a par de sí; llamó a las lenguas;todos los caballeros españoles estuvieron en piey asimismo los principales taxcaltecas.Estando así todos con mucho silenciolos nuestros por oír lo que Xicotencatlquería deciry los otros por saber lo que Cortés responderíaXicotencatlmandó traer allí el presente y los mancebos nobles que en rehenes de laconfederación y amistad presentaba. Puestos delante de Cortésse volvió aél y con mucha gravedadla voz algo baxainclinados los ojos en alguna maneraen tierralevantándose algo del asientovolviéndose luego a sentarhablóasí:

«Ante todas cosasprimero que algo te digamuy fuerte y sabio Capitánentendido habrás que yo soy XicotencatlCapitán general de la Señoría deTaxcalay cómo vengo ahora en su nombre y en el mío a saludarte y tratarcontigo de perpectua amistad y concordia; también entenderás el crédicto quecomo a Capitán general y embaxador de aquella Señoría me debes dar en lo quedixere. Salúdotepuesy salúdante Magiscacín y todos los otros señores deaquella gran repúblicay como al que procuran ya tener por amigote desean entodo lo que emprendieres prósperos y dichosos subcesos. Suplicámoste que de lopasado nos perdones y admitas a tu amistadporque te prometemos serte de aquíadelantecomo verásmuy fieles y leales amigos. Damos de nuestra voluntad ycon alegre ánimo (lo que hasta hoy a ningún Príncipe hemos hecho) vasallaje yobediencia a ese gran Emperador en cuyo nombre vienespor saber que es muybueno y muy poderosopues se sirve de tales hombres como túy nos dicen quetraes otras leyes y costumbres y otra religión con adoración de un solo Diosque no permite sacrificio de hombres ni cruel derramamiento de sangre ni otrospecados abominables en que nuestros dioses nos han tenido engañados; y si hemostraído contra ti y los tuyos tan continua y brava guerraen la cual siemprehemos sido vencidosha sidopor haber estado hasta ahora persuadidos de queérades otros hombresy no sabiendo qué queríades y aun temiendo que éradesamigos de Motezumaa quien y a sus pasados hemos tenido y tenemos por capitalesy mortales enemigos. Tuvimos razón de sospechar esto porque vimos que desdeCempoala han venido contigo criados y vasallos suyosy asípor no perder lalibertad en que nuestros antepasados nos dexarony que por tiempo inmemorialcon gran derramamiento de sangrehambredesnudez y otros trabajos hemosdefendidodeterminamoshasta estar cierto de quién erasdefender nuestraspersonas y casas; y porquecomo sabesel hombre libre debe morir primero queperder la libertad en que su padre le dexóhemos estado muchos años cercadosen esta aspereza de sierrassin fructas ni mantenimientosin salque da sabora toda comidasin trajes ni vestidos delicadosde que usan nuestros vecinossin plumajes ricosoro y piedrasque para rescatar algo desto era menestervender alguno de nosotros. Todas estas faltas y nescesidades hemos padescido porno venir con nuestras mujeres y hijos en subjección de Motezumadeterminadosde morir primero que hacer tal fealdadpues nuestros antepasados fueron tangrandes señores como él. Ahora que hemos entendido de los cempoalesesque eres bueno y benigno y de noche y de día a ti y a los tuyos habemos halladoinvenciblesno queriendo ya más pelear contra nuestra fortuna y contra lo queese gran Dios tuyo quierenos damos a ticonfiados que nada perderemos denuestra libertadsino que antes nos ayudarás contra la tiranía de Motezumaque más con pujanza y gente y desenfrenada ambiciónque con razón yjusticiaha subjectado a muchos señoríoshaciendo inauditas crueldades enlos vencidos; y en confirmación desta amistad que contigo procuramosteofrescemos y damos en rehenes estos mancebosque son hijos de los principalesseñores de Taxcala.» (Y los ojos rasados de aguaque ya Xicotencatl no podíadisimular el dolor que de rendirse en su corazón sentíadixodespués dehaber callado muy poco): «AcuérdateCapitán valentísimoque jamás Taxcalareconosció Rey ni señor ni hombre entró en ella que no fuese llamado orogado. Trátanos como a tuyospues te entregamos nuestras personascasashijos y mujeres.» Con esto acabó Xicotencatlalimpiándose los ojos con elcabo de la rica manta con que venía cubierto.



 

 

Capítulo XLVII

Del contento que Cortés rescibió con esta embaxada y de loque a ella respondió.

Cortéscomo vio que en las últimas palabras tanto se había enternescidoXicotencatlcon ser tan esforzado y diestro Capitán de su nasciónconsiderandocomo sabio por sílo que en el pecho de aquel Capitán podíahaberaunque muy alegre y regocijado con tan buena embaxada y con tan buenembaxadortomándole por las manos y abrazándoloantes que nada respondiese ala embaxadale dixo: «Muy valiente y muy deseado amigo mío Xicotencatl: Notienes de qué tener pesadumbreni de qué tener pasiónporquecomo verásadelanteyo y los míos te seremosasí a ti como a los tuyostan amigos quevosotros no os tendréis tanta amistadporque somos de tal condisciónque nosolamente hacemos bien al que nos le hacepero procuramos bien a quien nos hacedañocomo habrás visto en los recuentros pasadosporque es hermoso génerode vencervenciendo a mal con bienhacer de enemigos amigos. Ya deseo que a laSeñoría de Taxcala ofresca algo en que veáis el amor que os tengo y el bienque os deseo.» Alegróse con esto mucho Xicotencatly volviendo sobre síconmucho comedimiento respondió que porque ellos tenían creído dél más queaquellohabían venido a su amistad.

Cortésprosiguiendo su repuestadixo: «Aunque sé que me matastes doscaballosy que unas veces debaxo de que érades otomíes y no taxealtecasy otras no como valientes y esforzados que soissino como cobardes y traidoresme salistes sobre seguro al caminodebiendo como taxcaltecas desafiarmeprimeroos lo perdono todocon las mentiras y engaños que conmigo habéistratado; y pues habéis visto tantas veces que todo ha sido en vuestro daño yperjuiciomirad cómo tratáis estas Paces conmigoporque si hay otra cosa delo que me has prometidolloverá sobre tu casa y sobre toda tu tierraque elDios en quien nosotros creemos y en cuya virtud vencemos no sufre engaños nimaldades; y sicomo creoperseverades en la amistad que yo siempre osguardarécomo conosceréis por el tiemposeréis en tantas cosas mejoradosque os pesará de que no hubiésemos venido mucho antes a vuestra tierra. En lodemás dirás al señor Magiscacín y a todos esotros señores que les tengo enmerced el amor y voluntad que me tieneny que cuando vaya a su tierraconoscerán de mí que no estuvieron engañadosy estoque será después quehaya despachado estos embaxadores mexicanos que también de parte de su señorMotezuma vienen a pedirme amistad.»

Dada esta repuesta se levantó Xicotencatlabrazáronse los dossalióCortés con él hasta salir de su tienda y de aquí hasta salir del realleacompañaron algunos caballeros españoles y muchos nobles de Cempoaladondedespidiéndose de todossiguiéndole los suyosmuy alegre caminó para sutierra.

Quedó Cortés y su exército harto más contento que iba Xicotencatl.Cortésporque lo que había prometido le había salido tan verdadero y veíalo que después vioque de aquella amistad pendía todo el subceso y buenaandanza que tuvo. Alegróse en ver que tan gran señor que le humillabacon locual su fama y nombre se adelantaba y su reputación crescía entre todos losindioscomo parescióporque luego dentro de muy pocos días se extendió lanueva dello por todas las Indias.

El exércitoasí de españoles como de indiospor estar ya libres deltemor que con tanta razón podían tenersegún atrás dixeviendo que todossus trabajos y temores se volvían en descanso y grandes esperanzasy porque detodo esto quedase adelante memoriael muy valiente y cristiano Cortésenreconoscimiento que todo venía de la mano de Dios e ya que tenían lugar paraellomandó decir misa al padre Joan Díazclérigoel cualacabada la misapuso por nombre a la torre la Torre de la Victoria en memoria de las muchas queDios había dado allí a los españoleslos cuales estuvieron con los trabajosque la historia ha contado casi cuarenta días. En el entretanto que esto sehacía Xicotencatl llegó a Taxcala; saliéronle a rescebir aquellos señorescasi fuera de la ciudad; entró con ellos en su cabildodonde era obligado adar la respuesta; juntáronse los que se habían hallado a inviarle con laembaxada; puesto allíles dixo todo lo que con Cortés había pasadoyoporque lo sentía asío porque desimulaba su odiopara buscar ocasión en quelo mostrase de síles dixo: «Bien seráseñoresque pues el Capitán delos cristianoscomo habéis visto de su respuestanos muestra tanto amor yvoluntady de su persona contra Motezuma tenemos tanta nescesidadque con todapriesa procuraremos traerle a nuestra ciudadhaciéndole todo regalo yservicio.» Paresció muy bien a todos estoaunque no faltó quien sospechaseque no iba dicho con verdaderas entrañas.

Salidos de allíse publicaron las paces por toda la provincia; hízoseentre ellos en la ciudad grande regocijo y alegría; hubo un mitoteque es sudanzade más de veinte mill hombres de los nobles y principalesadereszadoslo más ricamente que pudieron; cantaron la valentía y esfuerzo de losespañolesel contento que tenían con su amistadpara mejor vengarse de suenemigo Motezuma; quemaron mucho encienso en los temploshicieron grandessacrificiosy lo que más fue de verque las mujeres y niños se alegraronpúblicamente por la quietud y sosiego quede ahí adelante habían de tenerponiendo muchos ramos y flores a sus puertasentre ellosen señal de grandealegría.



 

 

Capítulo XLVIII

Del rescibimiento y servicioque los taxcaltecas hicieron aCortés y a los suyos.

Los embaxadores de Motezuma como se hallaron a la venida de Xicotencatl y atodo lo que dixoy Cortés le respondiópesóles en gran maneraporqueclaramente adevinaron por la voluntad de su señor y por la antigua y grandeenemistad que con los taxcaltecas teníanque aquella nueva amistadhabía de redundar en daño y destruición del imperio y señorío de Culhúayprocurandolo que en ellos fuedesbaratarladixeron a Cortés que mirase loque había hecho y no se confiase de gente tan dobladainconstante y mala comoera la taxcaltecaporque lo que no habían podido conseguir por fuerzade armaslo procurarían por todos los engaños posiblesy que así era suintento meterle en la ciudadpara quecomo dicena puerta cerrada y a susalvole matasen sin dexar hombre de los suyos.

Cortésque entendía la baladaaunque no estaba muy cierto de la amistadde los taxcaltecasmostrando el ánimo que conveníales respondió quepor malos y traidores que fuesen había de entrar en la ciudadporque menos lostemía en poblado que en el campo. Ellosvista esta determinación y lo pocoque Cortés temíale suplicaron diese licencia a uno dellos para ir a Méxicoa dar cuenta a Motezuma de lo que pasaba y llevarle la repuesta de su principalrecaudoy que se detuviese allí hasta pasados seis días que para ellosy siantes ser pudiesevendría con la respuesta de su señor. Cortés dio lalicencia y prometió de hasta aquel tiempo esperar allíasí por lo que denuevo traería el embaxadorcomo para sanearse del amistad de los taxcaltecas.

En el entretanto que esto pasabaiban y venían muchos taxcaltecas alreal de los nuestrosunos con gallipavosotros con pancual con cerezascualcon agí y algunos a sólo visitar a los nuestros y a comunicar y hablar conellos. Los que traían los bastimentos no tomaban prescio y agraviábanse de quelos nuestros se le ofresciesen y decían que su amistad no era para venderleslos mantenimientossino para servirlos en lo que pudiesen. Había de la unaparte a la otra buenas razones y comedimientos; rogaban a la contina a losnuestros que fuesen a su ciudad. Cortés los entretenía con buenas palabrashasta que vino el mensajero mexicanoel cual llegócomo había prometidoalsexto día. Traxo diez joyas de oro ricas y muy bien labradasmill e quinientasropas de algodónmejores sin comparación que las mill primerashechas conmaravillosa arte. Rogó muy ahincadamente a Cortésdespués que le dio elpresenteque no se pusiese en aquel peligro que pensabaque su señor Motezumale hacía cierto que si en él se ponía le había de pesar mucho delloporqueaquellos de Taxcala eran pobres y nescesitados de todo buen tratamiento y quepor robarle le convidaban a su ciudad; que procuraríanaunque fuese durmiendomatarlesólo porque sabían que era su amigo. Acudieron luegocomobarruntando lo que había de decir el embaxador mexicanotodas las cabeceras yseñores de Taxcala a rogarle importunadamente les hiciese merced de irse conellos a la ciudaddonde sería muy servidoproveído y aposentadoca seavergonzaban que tales varones como ellos no estuviesen aposentados comomerescíanque chozas no eran aposentos dignos de tales personas; y que si serescelaba dellosque pidiese otra cualquier mayor seguridadque se la daríany que supiese que lo que le habían prometido sería para siempreporque noquebrantarían su palabra y juramentoni faltarían [a] la fee de la repúblicapor todo el mundo; ca si tal hiciesensus dioses se lo demandarían mal ycaramente.

Cortésviendo que aquellas palabras salían de verdadero corazón y quetanta importunidad con tanta seguridad no podía nascer sino de amor y amistadenteray viendo que los de Cempoalade quien tanto se confiabase loimportunaban y rogabandeterminó cargar todo el fardaje en los tamemes yllevar el artillería. Partióse luego en pos della para Taxcalaque estaba deallí seis leguascon el orden y concierto que solía llevar para dar batalla;dexó en la torre y asiento del realdonde tantas veces había sido victoriosocruces y mojones de piedra. Salióle a recebir al camino buen trecho de laciudad toda la nobleza de Taxcala con rosas y flores olorosas en las manoslascuales daban a los nuestros; salieron todos vestidos de fiesta. Entró destamanera con un gran baileque iba delanteen Taxcala a diez e ocho deseptiembre. Era tanta la gente que por las calles habíaque para ir a suaposento tardó más de tres horas. Aposentóse en el templo mayorque era muysumptuoso; tenía tantos y tan buenos aposentos que cupieron todos los nuestrosen él; aposentó Cortés de su mano a los indios amigos que consigo traíadeque ellos rescibieron mucho favor; y porque nunca estaba descuidadopusociertos límites y señales hasta do pudiesen salir los suyosmandándoles sograves penas no saliesen de allíproveyendo so las mismas penas que nadietomase más de lo que le diesenni se atreviese a hacer algún desabrimientopor liviano que fueselo cual cumplieron muy al pie ele la letraporque aúnpara ir a un arroyo bien cerca del templole pedían licencia.

Trataron muy bien aquellos señores a los nuestros; usaron de muchocomedimiento con el Capitán; proveyeron de todo lo nescesario abundantementeymuchos dieron sus hijas en señal de verdadera amistadasí por guardar sucostumbrecomo por que nasciesen hombres esforzados de tan valientes guerrerosy les quedase casta para cuando otras guerras se ofresciesen. Descansaron yholgáronse allí mucho los nuestros veinte díasprocuraron saber muchasparticularidades; informáronse del hecho de Motezuma. Y porque es cosa mayorTaxcala y de más importancia que un capítulo decirse puedaen los que sesiguen diré algo de su grandeza y señorío y de lo que a más a los nuestrosavino.



 

 

Capítulo XLIX

De algunas particularidades de Taxcala y de lo que a Cortésle pasó con Xicotencatl el viejo y con Magiscacín.

Después que los nuestros fueron aposentadosasí los señores de Taxcalacomo los demás vecinos comenzaron con mucho cuidado y amor a proveerlos yregalarlos en cuanto pudieron; traxéronles luego más de cuatro mill gallinaslas más dellas vivas y las que eran menester asadasy en lo demás que losnuestros habían menester eran proveídoscon dar por señal para conoscerlosdespuésa cada indioun pedazo del sayo rotoy así el indio con él en lamano iba a la comunidad o casa de provisióny visto que venía con el paño departe de algún españolse le daba todo lo que pedíay por el mismo paño leconoscía el español que le había inviado con él; y aunque pensaron losnuestros que no tuvieran platos en qué comerpor hacerse la loza con tantoartificio y los indios carescer de aquel arteAlonso de Ojedauno de lossoldadoshalló en su aposento en unas vasijas grandes de barro más deochocientos platos y escudillas de loza tan bien labrada como se hiciera enTalaverade que no poco se maravillaron los nuestroslos cuales se sirvierondesta loza y de otra mucha en que les traían la fructa y aves guisadas.Entrando adelante por el mismo aposento el dicho Alonso de Ojedahalló un líode petateque es como la que nosotros llamamos esteramuy bien liado; sacóleafueray queriendo saber qué había dentrocon la espada cortó los cordelescon que estaba atado (e ya [a] aquel tiempo se habían llegado otrosespañoles)halló un hueso de hombre de la coxaque es el hueso que va desdela rodilla al cuadriltan grande que tenía cinco palmos. Lleváronlo luego aCortéspor cosa digna de ser vistael cual llamó a algunos viejos y entreellos a Xicotencatlpadre del Capitán generalque de viejo estaba ya ciego;traxéronle unas mujeres de brazomandóle sentar Cortésholgóse mucho deverleporque tenía más de ciento y treinta añosque él contaba por soles;preguntóles muchas cosas; respondióle muy bien a ellasy a lo del hueso dixoque muchos años había que a aquella tierra de unas islas habían venido unashombres tan grandes que parescían grandes árboles y con ellos algunas mujerestambién de disforme grandezae que los unos habían muerto allí y los otrospasado adelante a tierra de México. Decía que o de hambre o de flechaspor elmiedo que poníanhabían sido muertosy que aquel hueso era de uno dellos.Tentaba este viejo a los nuestros las manosla ropa y las barbas;maravillábase mucho de la extrañeza de los hombres que tocaba; decía congrande ansia de corazón que nunca le había pesado tanto de ser ciego comohasta estoncespor no poder ver aquellos hombres de quien él muchos añosantes tenía grandes pronósticos de que habían de veniry así dixo aCortés: «Tú seas muy bien venido y sepas que has de señorear el gran imperiode Culhúa y los míos te serán buenos amigosque yo así se lo he aconsejado.No durarán mucho tiempo nuestros sacrificiosritos y cerimoniasy nuestrosídolos serán quebrantados y deshechos; tomará nuevo nombre esta gran tierray los moradores della nueva religión y nuevas leyes y costumbres; reconosceránotro gran señory el demonio mostrará grandes señales de pesar.»

Holgóse por extremo Cortés con estas palabrasque fueron profecía;enternesciéronse con lágrimas los otros vicios que allí se hallabanloscuales como a más viejo y más sabio respectaban al ciego Xicotencatl. HízolesCortés muchas caricias y buenos tratamientosespecialmente al ciegodándolesalgunos presentes y a beber de nuestro vinoque les supo bienporque entendióque en el consejo de aquellos viejos consistía el perseverar los mozos en laamistad comenzada.

Otro díacomo entendió que el valeroso y prudente Magiscacín había sidosu amigo y el que con todo calor había procurado su amistadle invió a llamary usó con él de muchos comedimientosporque aliende de que era muy señorleparesció en su personatrato y conversación digno del buen acogimiento que lehizo. Agradescióle con muy amorosas palabras la voluntad que le había tenido;prometióle que por él y sus cosas pondría su persona y amigos; dióle algunascosasque aunque no eran muy ricaseran vistosas; holgóse con ellas muchoMagiscacín; respondióle que su corazón estaba ya contento con ver en sutierra a un hombre a quien el cielo y las estrellas habían dado tan subidovalory que aquellos dones los tomaba como por prenda de mayor vínculo yamistadprometiendo de los guardar para que sus descendientes gozasen dellos.

Acabadas estas y otras comedidas razones se despidióinviando luego de lascobasque él tenía más presciadas las mejores a Cortés; y porque los indiosmás que los otros hombres son envidiosos y era menester ganar a todos lavoluntadno solamente Cortés a los otros señores y hombres principales llamóen particulardando a cada uno de lo que teníapero a sus mujeres y hijashizo presentescon que vino a ser amadorespectado y querido de todosque aunen sus mismos negocios que fuesen importantes no hacían cosa sin su parescerde adonde paresoe cuánto puede la liberalidad acompañada con buenas ycomedidas palabrascon la cual el Capitán suele las más veces rendir a sucontrario antes que con la fuerza de las armasaunque lo uno y lo otro fuecumplido en Cortésel cual como supo que de cierta enfermedad había muertouno de sus soldadosmandó que sin bullicio lo enterrasen a la media nochepara que los taxcaltecasa lo menos por estoncesno entendiesen que losnuestros eran mortales.



 

 

Capítulo L

Del sitio y nombre que en su gentilidad tenía Taxcala.

Dicen los antiguos naturales desta insigne ciudad que Taxcala tomó nombre dela provincia en que está edificadapor ser fértil y abundante de pany así tlaxcalanquiere decir «pan cocidoo casa de pan». Otros dicen que la ciudad dio estenombre a la comarca y provincia y que al principio se llamó Texcallanquequiere decir «casa de barranco o de peñascos». Está puesta orillas de unrío que nasce en Atlancatepequeel cual riega gran parte de aquella provincia;entra despuésen la mar del Sur por Zatulán. Tenía cuatro barrios que sellamaban TepeticpacOcotelulcoTizatlánQuiahuztlán. El primero estaba enun cerro altolexos del río más de media leguay porque estaba en sierra lellamaban Tepeticpacque es «como sierra». Esta fue la primera población queallí hubo; estaba tan alta por causa de las guerras. El otro descendía laladera abaxo hasta llegar al río; y porque allí había pinos cuando se poblólo llamaron Ocotelulcoque quiere decir «pinar». Esta era la mejor y máspoblada parte de la ciudaddonde estaba la plaza mayoren que hacían sumercadoque se llama tianquistli. Aquí tenía sus casas Magiscacínque eran las más soberbias y sumptuosas de la ciudad y provincia. El ríoarriba en lo llano había una población que se decía Tizatlánpor haberallí cierta tierra muy blanca que paresce yeso y más propiamente albayalde.Tenía allí su casa con mucha gente de guarnición XicotencatlCapitángeneral de la República. El otro barrio estaba también en llanorío abaxoypor ser el suelo anegadizo y aguazal se dixo Quiauztlánque quiere decir«tierra donde llueve».

Erafinalmenteesta ciudad mayor que Granadamás fuerte y de mucha másgentebastecida en gran manera de las cosas de la tierraque eran pangallipavoscaza y pescado de los ríos; abundancia de fructas y de algunaslegumbres que ellos comen; es la tierra más fría que caliente; fuera de laciudadque lo más della es ásperotiene muy buenas y llanas salidas; dentroen casas de hombres principalesmuchas y buenas fuentes. Había todos los díasen la plaza mayor mercadodonde concurrían más de treinta mill personastrocando unas cosas por otrasporque monedaque es el prescio común con quelas cosas se compranno la había; había también en otras plazas menoresotros mercados de menos contrataciónen todos los cuales lo que se rescatabaera vestidocalzadojoyas de oro y platapiedras presciosas y otras paraenfermedadesplumajessemillasfructas y otras cosas de comer. Había muchaloza de todas maneras y tan buena como se podía haber en España. Tenía ytiene esta provincia muchos valles y muy hermosostodos labrados y sembradossin haber en ellos cosa vacíaaunque ahorapor darse a las contrataciones yser demasiadamente sobrellevadostrabajan poco en el cultivar la tierra.

Tiene en torno la provincia noventa leguas. Era república como la deVeneciaGénova y Pisaporque no había General señor de todos; gobernábanlalos nobles y ricos hombresespecialmente aquellos cuatro señoresca decíanque era tiranía que uno solo los gobernaseporque no podía saber tanto comomuchos. Los cuatro señores eran también Capitanespero sacaban de entre ellosel que había de ser General; en la guerraal acometer y en el marcharelpendón iba detrásy acabada o en el alcancele hincaban donde todos leviesen; al que no se recogíacastigábanle bravamente. La cerimonia ysuperstición con que emprendían la guerra era que tenían los saetas comosanctas reliquias de los primeros fundadoresllevábanlas a la guerra dosprincipales Capitanes o dos muy valientes soldadosagüerando la victoria o lapérdida con tirar una dellas a los enemigos que primero topaban; si mataba oheríaera señal de victoriay si node pérdida. Por ninguna cosa dexabande cobrar la saetaaunque fuese con pérdida de muchos.

Tenía esta provincia veinte y ocho lugaresen que había docientos millvecinos; son bien dispuestoseran muy guerrerosy estonces no tenían par;eran pobresporque no tenían otra riqueza ni granjería sino las sementerascaza y pesca. Había a su modo toda buena policía y orden; eran los vecinos ymoradores muy respectados y tenidos de las otras gentes. Hablábase en ella treslenguas. En el templa mayor se sacrificaban cada año ochocientos y millhombres. Había cárcel públicadonde echaban a los malhechores con prisiones;castigaban lo que entre ellos era tenido por pecadoporque muchos había queellos no los tenían por tales.

Acontescióestando allí Cortésque un vecino de la ciudad hurtó a unespañol un pedazo de oro. Cortés lo dixo a Magiscacínel cual lo tomó tan apechos quehabiendo primero la informaciónhizo buscar con tanta diligenciaque se lo traxeron de Cholulánque es otra ciudadcinco leguas de Taxcala.Entregóselo con el oro a Cortéspara que hiciese justicia dél a su fuero yusopero él no quiso y agradesció a Magiscacín la diligencia y remitióselopara que hiciese dél. lo que le parescieseel cual mandó que con pregónpúblico que magnifestase el delictole llevasen por ciertas calles y despuésle traxesen al mercadoy puesto sobre uno como teatro le matasen con unasporrasy fue asíacompañandoel delincuente mucha gentea vista de losnuestros. Puesto en aquel teatroinclinada la cabezale dieron en ella ciertosmozos robustos tres o cuatro golpes con unas porras pesadas hasta que lehicieron pedazos la cabeza. Maravilláronse mucho los nuestros de aquellajusticiay de ahí adelante los tuvieron en másy aun los indiosquenaturalmente son inclinados a hurtarse recataron (lo que ahora no hacen) decometer hurtos.



 

 

Capítulo LI

De cómo al presente está fundada Taxcala y de los edificiosy gobernación della.

Como los indios de Taxcalaasí como los demás que se fueron sometiendo ala Corona real de Castillase iban aficionando a nuestras religiónleyes ycostumbrescomenzaron poco a poco a tomarlas y seguirlasprocurandoparescernos en todo lo que pudieseny así mudaron el orden y asientos depueblos y ciudadesen lo cual especialmente se señalaron los taxcaltecasporque está hoy Taxcalaque es cabeza de obispadoasentada en un vallealpie de una alta sierra que en la cumbre hay todo el año nieve; está por lasfaldas llena de pinos y cedrosde que se han hechocomo dirésumptuososedificios; pasa por medio de la ciudad el río que atrás dixe; entra muy grande(aunque por aquí corre mediano) en el Mar del Surdonde hay muchos lagartos yotros animales fieros. Está la ciudad ordenada por sus callesque son muyanchas y espaciosas; en lo baxo della tiene una plaza cuadrada y en medio dellauna muy hermosa fuente de cantería con ocho caños; en las dos cuadras de laplaza hay portalesy debaxo dellos tiendas de diversas mercadurías; en latercera cuadra hay dos casas muy sumptuosasla una se llama la casa realdondese resciben los Visorreyes y señores que de España vienen o vuelven por allí;en la sala principalalrededor de toda ellaestá pintado cómo Cortés vino ylo demás que le subcedió hasta llegar a Méxicoestá cosa bien de ver. En laotra casa reside el Gobernador y oficiales del pueblo que tienen cargo de larepública; recógense allí los tribuctos de Su Majestad y otros serviciostocantes a la república. En la cuarta acera hay otra casa donde posa el Alcaldemayorque es español y suele ser siempre hombre de cuenta; hace allíaudiencia con el Gobernador y Alcaldes. Síguese en la misma acera la cárcelpública y luego un mesón con agua de pie y muchos buenos aposentos; está enun corredor altopintada la vida del hombre desde que nasce hasta que muere; launa pintura y otra con muchos edificios y policía que en la dicha ciudad hayhizo hacer y pintar Francisco VerdugoAlcalde mayor que fue allívaróndiscreto y republicano. Al otro lado de la fuente está el rollohecho decanteríadonde se executa la justicia.

En lo alto de la ciudad está fundado un monesterio de Franciscos muysumptuoso y devoto; súbese a él por una escalera ochavada de cantería quetiene sesenta y tres escalonescon sus mesas muy espaciosasy es tan llana ytan artificiosamente labrada que por ella puede subir un caballo. Al pie destaescalera al un lado hay un hospital donde se curan los enfermosasí los indioscomo españoles. Tiene el monesterio una muy hermosa huerta con muchas fuentesde muy linda aguapoblada de frutales de Castilla y de la tierra.

La gobernación del pueblo es en esta manera: que de dos a dos años por suruedapor evitar discusionesse elige un Gobernador de una de las cuatrocabeceras con cuatro Alcaldes e doce Regidoreslos cuales todos en negocios derepúblicas se juntan con el Alcalde mayory otras veces ellos por sí hacen sucabildo. Hay muchos alguacilesporque la ciudad y provincia es muy grandequetendrá hoy cient mill vecinos y más. Cógese en su comarca gran cantidad degranacon que se han enriquescido los vecinosporque son aprovechados cadaaño en más de cient mill ducadosy así la caxa de su comunidad es muy rica.

Los campos son muy fértilesasí de maíz como de trigo y otras semillas.Hay tierras y asientos para ganado menor muchas y muy buenasdonde hay muy granmuy verdadero y tan al natural que es copia de ganado. Hase hecho esta ciudadmuy pasajera de carretas y arrias por industria de Francisco Verdugoque hizoen los ríos y quebradas que van a México y a la ciudad de los Angeles treintay tres puentes de piedra muy fuertes y vistosascada una de un ojo y algunas dedosa cuya causa es muy frecuentada de españoles. Hácese todos los sábadosen la plaza el mercado generaldonde concurren muchos españoles e grancantidad de indios; véndense allí muchas cosas de Castilla y todas las demásde la tierra. Tienen los moradores desta ciudad gran reputación y estima entretodos los indios desta Nueva Españaasí por el antiguo renombre de suvalentíacomo por haber tan leal y valerosamente ayudado a los españoles enla conquista de Méxicopor lo cual el Emperador los honróy en privilegios yexenciones los aventajó de todos los otros.

Tiene esta ciudad en su comarca más de cuatrocientas iglesiassin muchasque han mandado derrocar los obispospor no ser nescesarias y ocuparse el cultodivino y evitarse algunas demasiadas comidas y bebidasque con ocasión de lasadvocaciones de las iglesias los indios hacíany no poderse poner en cada unaministro y sustentarse. Hanse después acá los taxcaltecas señalado entodas las cosas que se han ofrescido al servicio de su Rey y hanlo tenido porpunto de honorcomo ello es.



 

 

Capítulo LII

Cómo Cortés invió a Pedro de Alvarado a México y de lo quetrató con los taxcaltecas acerca de los ídolos.

Estando así los negociosCortés determinó de inviar a Pedro de Alvarado aMéxicopara que en su nombre visitase a Motezuma y le hiciese saber cómodespachando ciertas cosas le iría a ver. Partió Pedro de Alvarado con uncompañero e un criado que le sirviese; llegó a Cholulaque fue la primerajornadadonde los principales de la ciudad le hicieron muy buen hospedajeaposentándole en la mejor casa que tenían. Estuvo allí un día e una nochepasó adelante y por todo el camino fue muy bien rescebido; llegó por susjornadassin acaescerle cosa memorablea la calzada de Yztapalapanque deMéxico está dos leguas pequeñasy como él no daba paso que Motezuma no losupieseciertos criados de Motezuma que allí estaban esperándole no ledexaron pasar adelantediciéndole que no podía ver al gran señor Motezumaque estaba malo de un gran dolor de cabezaque dixese lo que quería y queesperase allíque ellos le traerían la repuesta. Hízolo así Alvaradoporque no osó hacer otra cosa. Los principales volvieron y dixeron que porestar mal dispuesto su señorno daba otra repuesta a la embaxada del capitánCortésmás de que le inviaba allí cierto presente de oro y ropa rica e quecuando estuviese mejor inviaría sus embaxadoresrespondiendo a lo demás.Alvarado se volvió y vino por Guaxocingo y por Choluladonde especialmente lehicieron más honra y fiesta que en los demás pueblos. Llegó al real deCortésal cual y a los oficiales del Rey entregó el oro y ropa; holgáronsetodos mucho con su venidapreguntáronle muchas particularidadeslas cualesAlvarado contó por extensoporque las había mirado con cuidadopara daraviso cómo se habían de seguir adelante los negocios.

A Cortés no paresció bien el dolor de cabeza de Motezumaporque entendióque todavía quería no ser visto; aunque cuanto más el otro lo rehusabatantomás lo procuraba él con los mejores medios que podía; y asíacariciandocuanto en sí era a los taxcaltecas y viendo que en ellos crescía cadadía la afición y que en su falsa y diabólica religión eran tan observantesaunque como dando tientostodas las veces que podíales hablaba con losfarautes cerca del engaño en que estaban. Un día vio haber oportuno lugar paraello. Estando juntos los cuatro señores y los demás principales de Taxcalales dixo:

«Señores y amigos míos que en paz y en guerra sois los más señalados quehay en estas partes: El amor que me habéis mostrado y lo mucho que por él yoos debo me convidan y aun fuerzan a que lo que por algunas veces os he apuntadoos lo diga más claramenteporque de aquí adelante viváis desengañados yprofeséis la verdadera religión que nosotros los cristianos tenemos. Sabedpuesque no hay más que un Diosque crió el cielo que veis y la tierra quepisáisy no es posible ni cabe en buena razón que pueda haber muchos diosescomo vosotros adoráis; y esto veldopor vosotrosporque si dos igualmentemandan en una casano puede ser bien gobernadaporque ni siempre pueden estarde un parescerni hay hombre que en el mandar quiera superior ni igual; y comono puede ser que dos hombres sean igualmente fuertes ni igualmente sabiossinque el uno al otro haga ventajaasí no puede ser que haya muchos diosessinouno soloel cual es tan poderoso que todo lo críatan sabio que todo lo rigey gobiernatan bueno que nos sustenta y mantiene. Este solo Dios ninguna cosaquiere ni nos manda que no sea justa y buena e que nos convengaporque Élmanda que ni matemos ni quitemos la haciendani afrentemosni injuriemosnilevantemos falso testimonio a otroporque no es razón que quiera yo para otrolo que no querría para mí. Lo contrario desto quieren y mandan vuestros falsosdiosesporque tenéis por bueno que no queriendo ser vosotros sacrificadossacrifiquéis los innocentes; no queriendo ser robados y despojados de vuestrahaciendarobéis al que menos puede la suya. Después desto es gran lástimaque siendo el hombre señor de los peces que andan en el aguade los animalesque se crían sobre la tierra y de las aves que se crían en el aireestéistan engañados que subjectando a vuestro poder todos estos animalesa muchosdellos hechos de piedrade oroplata y barrolos adoréisadorando pordioses a los que por vuestras proprias manos hacéis y podéis deshacernolevantando el entendimiento a que ni pues vosotros no os hecistes a vosotrosmismosni los animales se hicieron a sí mismoses nescesario que haya un soloCriador y Hacedor de todo estoque ni es el cielo ni la tierrani el agua niel aireni las criapturas que veisni el hombresino una invisible causaunsumo principioun Dios que como no tiene cuerpo y está en toda parte no puedeser visto con los ojos corporaleshasta que nuestras almascriadas a susemejanzadespués de salidas de nuestros cuerposle vean. La razón nuestranos dicta estoy la fee por más alta manera nos lo enseña y declara.

«Bien sé que aunque esto que he dicho como cosa tan cierta y tan claraconvencerá vuestros entendimientosque por la costumbre tan larga que tenéisde lo contrariose os hará de mal creerlo y seguirlo; pero yo espero en esteDios que os predico que Él os alumbrará para que no siendo parte los demoniosque contradicensigáis su sancta y sabrosa leyentendiendo cada día mejor elerror en que por tanto tiempo os ha tenido nuestro adversario el demonio; yporque si no es oyéndonosno podéis creer ni entender lo que digodespuésque haya ido a México inviaré a quien oigáis y quien os enseñe. En elentretanto me haréis gran placer que dexéis estos ídolosfalsos y mentirososdioses que permiten lo que toda razón rehusaqueno queriendo ser comidoscomáis a otros.»

Oída esta pláticacomo era justocon gran atenciónrespondieron todosque les parescía bienpero dividiéndose en particulares paresceresunosdixeron que de grado hicieran luego lo que les mandabasiquiera porcomplacerlesi no temieran ser apedreados del pueblo; otrosque era recio decreer lo que ellos y sus antepasados tantos siglos habían negado y seríacondenarlos a todos y a sí mismos; otrosque podría ser que andando el tiempolo haríanviendo la manera de su religión y entendiendo bien las razones porqué debían hacerse cristianos y que con la comunicación y trato y con ver susleyes y costumbres se aficionaríanporque en lo que tocaba a la guerra yatenían entendido que eran invencibles y que su Dios les ayudaba mucho.

Cortésoída esta repuestacon afable y alegre rostro les replicó quebien estaba y que el parescer postrero llevaba más caminoque élcomo habíaprometidoles daría presto quien los enseñasee que entonces conoscerían elgran fructo que sacarían y el gran consuelo que sintirían sus corazones; yviendo que no era tiempo de apretarles másles rogó tuviesen por bien que enaquel templo donde estaba aposentado se hiciese iglesia para que él y los suyoshiciesen sacrificio y adoración a Diosy que también ellos podrían venirlo aver. Con muy buena voluntad dieron la licencia y aún vinieron muchos y los másprincipales a oír la misa que se decía cada día y a ver las cruces eimágenes que allí se pusieron y en otros templos y torresy aun hubo (porqueDios así lo guiaba) algunos que se vinieron a vivir con los nuestros.Finalmentetodos los de Taxcala mostraron grande amistadpero el que más seseñaló fue Magiscacínque parescía que traía escripto en el corazón elnombre de Cortésno apartándose de su lado ni hartándose de oír e ver a losespañoles.



 

 

Capítulo LIII

De la enemistad que se hizo entre mexicanos y taxcaltecas y dedónde y por qué causa proscedió.

Ya que Cortés se aprestaba cuanto podía para ir a Méxicoprocuró desecreto informarse del poder y riquezas de Motezuma y de la causa de las guerrastan bravas y tan antiguas que taxcaltecas tenían con mexicanos; procurótambién informarse del camino y de otras particularidades; y como a la sazónestaban en Taxcala los embaxadores mexicanos y los unos eran enemigos de losotrosdescubríancomo dicenlas verdades para entenderlas mejor hablabaCortés a los unos a escondidas de los otrosagradesciéndoles el parescer yconsejo que le daban. Decía Magiscacínprocurando apartar a Cortés de laamistad de Motezuma y del ir a Méxicoque Motezuma erano solamente ReyperoRey de Reyes y Príncipe de Príncipesa quien unos por amor y mercedes que leshacíay otros por temortenían tanto respecto y veneración que se teníanpor muy dichosos en servirleal comer y en otras cosas que se le ofrescían; yque su riqueza de oro y platapiedrasperlasplumaje y ropa rica era tangrandeque podía hacer ricos a muchos Príncipes; y que la ciudad donde teníasu silla y asiento era la mayor y más fuerte del mundoporque estaba fundadasobre una gran lagunay que las calles eran de agua y no se andaba ni podíanentrar sino con canoasque déstas había más de vente mille que a estaciudad concurrían todos los señores de la comarca y otros Príncipes de bienlexosporque era la Corte y no había otro señor a quien seguir ni servir; yque la gente que tenía era innumerableporque podíahaciendo guerra en treso cuatro partesponer en cada una un campo de docientos mill hombres de guerray que con esto él y sus mexicanos usurpaban los señoríos ajenos y extendíany ampliaban cada día más su imperiousandocuando vencíande grandescrueldadespara que las otras gentes se rindiesen y subjectasen a su imperiode temor de no experimentar semejante crueldad; y que eran de tan mal corazón(ca esta es su manera de hablar)que nunca guardaban palabrani teníansecretoni se acordaban de las buenas obras rescebidaspor grandes que fuesen;y pues que veía que eran muchosmalos y tan poderososque no se metiese entreellosporque no le podía subceder bien.

Y aunque estas cosas movieran a miedo y hicieran temblar la barba a otroporser tan verdaderas y dichas por hombre que tanto amaba a los españolesaCortés pusieron nuevo esfuerzo y ánimoengendrando en él mayor deseo deverlas. Desimuló con Magiscacínagradescióle el consejo y parescer y díxoleque se veía bien en ello antes que nada hiciese; y por saber bien de raíz losnegociospara mejor acertar en lo que emprendiesele preguntó qué tiempohabía que los taxcaltecas tenían guerra con los mexicanos y la causa.Magiscacíncomo el que bien la sabíale respondió que habría ochocientosaños que los mexicanos habían venido a poblar aquella lagunade muy lexastierras y que eran tiranosporque por fuerza de armas echaron a los otomíesque eran señores dellay que de noventa o cient años a aquella parte los taxcaltecastenían guerra con ellos por defender su patria y libertad; y que la principalcausa por donde las guerras eran continuas y tan cruelesque nunca tendríanfin hasta que el mundo se acabaseera que en tiempo del abuelo de Motezuma losmexicanos con ardid y engaño prendieron a un señor taxcalteca de losmuy principalesy después de haberle hecho muchas afrentas y muerto condiversos tormentosle embalsamaron y pusieron al solsentado en un banquillobaxo con el brazo tendido; y cuando le tuvieron muy secoinxutoy que deaquella manera podría durar mucho tiempole pusieron en el aposento del abuelode Motezuma para que cada nocheen oprobio y afrenta de los taxcaltecastuviese lumbre encendida en la mano derechaalumbrando cuando aquel tiranocenaba. Cuando Magiscacín llegó a estas palabrasno pudiendo detener laslágrimascon un sospiro que rompía las entrañasdixo: «¡Ohdiosesquemal lo habéis hecho en no habernos vengado de tan grande injuria!» Cortés loaplacó y prometió de vengarlediciendo que ya era llegado el tiempo en que lafalsa religión de los dioses se acabaría y cesaría la tiranía de Motezuma.Esto tuvieronaunque muy secretolos taxcaltecas en sus pinturas y losmexicanoslos unos para que viéndolo les cresciese la seña y deseo devengarlo; los otros para honra y gloria suya y afrenta de sus enemigos.

Mucho se holgó Cortés de que los taxcaltecas tuviesen tanta razónde tener guerra con los mexicanosporque entendiendo que no se podíanconfederar los unos con los otrosveía claro que sus negocios tendrían buensubceso.

Despedido con esto Magiscacínllamó a los embaxadores mexicanosque ibany venían con embaxadas de Motezuma. Preguntóles lo que Magiscacíny comocada uno defendía su partidodixeron que las guerras eran muy antiguas y muytrabadaspero que los señores de México (como ello era) las habíansustentado por dos cosas; la unapor exercitar en la guerra a los mancebosmexicanosque con la ociosidad se entorpecían y no podían ganar nada; laotraporque los señores de México sacrificaban cada añoespecialmente en eltemplo mayor de Huitcilopuchtligran número de gentee que por estoconservaba a los taxcaltecaspara tenerlos como en depósito para sussacrificiossin más lexoscomo a PancoMeztitlán Teguantepequedondehacía siempre guerra; y trayendo de allá prisionerospor los diversos templesde la tierramorían los más primero que llegasen a México. Esto negaban muyde veras los taxcaltecasporque solían prender y sacrificar tantosmexicanos cuantos de los taxcaltecas habían los otros sacrificadoe quemuchas veces los señores de México los habían cercado con todo su poder portodas partespero que ellos se habían defendidohaciendo más daño del quehabían rescebidoy que otras veces les habían corrido la tierra hasta lascalzadas de México. Esto debía ser asíporque después en el cerco deMéxicoyendo con Pedro de Alvaradoafrentando de palabra a los mexicanosdecían: «Bellacossalid acá. ¿No sabéis que antes de ahora como a gallinasos encerrábamos en vuestras casas?»

Cortéscomo dixeentendida tan pertinaz enemistadcomenzó luego a darorden en su partidaporque viendo que dexaba las espaldas segurastenía eljuego por ganadoy así invió a llamar a Magiscacín. Díxole que estabadeterminado de ir a Méxicoque viese lo que él o lo que los otros señores deTaxcala querían que negociase con Motezuma. Magiscacín no pudo sufrir laslágrimasporque cierto amaba tiernamente a los nuestros; pesóle de ladeterminación de Cortéspero como vio que no se lo podía estorbarle dixo:«Señorpues estás ya determinado de ir a Méxicotu Dios te favoresce eayude como hasta ahora ha hecho; rescibiremos merced en quesi pudieresalcances de Motezuma que sin pena algunaporque las tiene muy gravespuedanlos suyos vendernos algodón y salque son las cosas de que al presente ysiempre hemos tenido gran nescesidad.» Cortés se lo prometió y dixo que siotras cosas más hobiesen menesterque se las haría darcomo verían.



 

 

Capítulo LIV

Cómo Cortés determinó de ir por Cholula y de lo querespondió a ciertas mensajeros.

Los de Guaxocingoque siempre habían sido enemigos de los taxcaltecasvisto que eran tan amigos de los nuestrosse confederaron con ellosloscualespor intercesión de Cortésrestituyeron a los de Guaxocingo muchastierras que por fuerza de armas les habían tomadoporque en el hervor de susguerras los de Guaxocingo se habían hecho amigos de los mexicanospordefenderse de los taxcaltecas.

Puestos los negocios en este términoya que Cortés quería ir paraMéxicocuanto Magiscacín y los otros señores taxcaltecas procurabanque Cortés no fuese a Méxicotanto más los mensajeros de Motezuma que conél estaban procuraban queya que había de ir a Méxicofuese por la ciudadde Cholulay esto era por sacar a los nuestros de Taxcaladonde pesaba mucho aMotezuma que estuviesenrecelándose de lo que después le subcedió.

Mientras andaban estas cosasCortés tuvo nueva que Motezumade secretoinviaba a Cholula un exército de treinta mill hombres de guerra; y parafortificarsesi por allí quisiese pasar nuestro campolos cholutecastapiaron las pocas de las callesponiendo sobre las azoteas de las casas grancantidad de piedra; cerraron el camino real con mucha rama y palos que hincaronen el suelohaciendo otro de nuevo con grandes hoyos cubierto por encimahincadas dentro estacas muy agudaspara que cayendo los caballos se espetasen yno pudiesen bullirse. Creyó esto Cortésporque los cholutecasestandocercanunca habían inviado sus mensajerosni venido elloscomo habían hecholos de Guaxocingo y otros pueblos comarcanospor lo cualpara certificarse sila nueva era verdadera o node consejo de los taxcaltecas invió aCholula ciertos mensajeros a que llamasen a los señores y principalesdiciéndoles en breve qué era la causa por qué no habían hecho los que losotros pueblos. Ellos no quisieron venirinviándose a excusar con cuatro ocinco principalejosdiciendo que aquellos señores no podían venirque vieselo que mandaba. Cortés se enojóy tornando a inviar los mismos mensajeros queantes con un mandamiento por escriptoles mandó que viniesen todos dentro detercero díadonde noque los tendría por rebeldes y enemigos e que como atales los castigaría rigurosamente. Los cholutecas entraron en suconsejo; hubo diversos parescerespero como reinaba el temorsin el cual nohacen cosa acertada los indiosresumiéronse de ir otro día los más y másprincipales. Llegaron do Cortés estabay después de hecho un grancomedimientoporque son bien cerimoniosos en estohabló uno que era el másviejoy dixo: «Señor y valentísimo Capitán: Aquí venimos tus esclavos abesarte las manos y ver lo que nos mandas; peroante todas cosaste suplicamosnos perdones no haber venido cuando los otros pueblos ni cuando nos inviaste allamarporque los taxcaltecas son capitales enemigos nuestros y era cosatemeraria meternos por las puertas de los que nos desean y procuran beber lasangrey también porque hemos sabido que te han dicho de nosotros muchosmaleslos cuales no es razón que creaspues te los dicen nuestros enemigosaquien nunca se suele dar crédicto; y por que veas que es todo falso cuanto denosotros te han dichovente con nosotrosporque te serviremos como verás y tehospedaremos en nuestra casa con más amor y amistad que los taxcaltecasque no te aman tanto como paresce ni tú piensas.» Cortés respondió conseveridad pocas palabrasreprehendiéndoles el no haber venidodiciéndolesque donde él estaba no había que recelar. En lo demás dixo que él se iríacon ellospor ver si era verdad o mentira lo que le habían dicho; y esto quisoque pasase por ante escribanopara que a su tiemposi algo subcediesediesetestimonio dello.

Despidióse Cortés de los taxcaltecaslos cuales hicieron tan gransentimiento que parescía claro salirles de las entrañas el pesar querescebían de verle ir a México y por Cholula. Magiscacíncon muchaslágrimas por el rostrole tornó a suplicar excusase la partida; y como vioque no

podíasalió con élacompañado de los demás señores y principales deTaxcala. Proveyó Magiscacín para si alguna cosa acontescieseochenta milhombres de guerra que acompañasen nuestro exércitoal cualpor más de medialeguaacompañó toda la demás gente de Taxcalahasta los niños y mujeresque cubrían los camposllorando y diciendo palabras de grande amorque muchoenternescían a los nuestros. Unos decían: «Vuestro gran Dios os defienda ydé victoria contra aquellos enemigos nuestros.» Otros: «Muy solos nosdexáisque no nos habéis hecho obras de extranjerossino de más que padresy hermanos.» Algunosque eran valientesdecían: «Aunque nos hace faltavuestra presenciabien es que aquel tirano de Motezuma sepacomo nosotrossabemosvuestro grande esfuerzo y valentía.»

Andada media leguahizo Cortés señal de que aquella gente se volvieseparando un gran ratodespidiéndose con mucho amor de los viejos ancianosqueno dexó pasar adelante. Aquel día no llegó a Cholulapor no entrar de noche;quedóse a par de un arroyo que está cerca de la ciudad. Otro día por lamañana salieron otros muchos señores de Cholulaa rescebirle; suplicáronlecomo vieron la gran multitud de los taxcaltecasque no permitieseentrasen con élporque no podían dexar de hacerles gran daño. Cortésporestorbar el alboroto y escándalo que se podía seguirapartó al General y alos otros Capitanes taxcaltecas y agradescióles mucho la venida.Díxolescómo los cholutecasse recelaban dellospor ser tantos y tanvalientes; rogóles se volviesen a Taxcalaque solamente le dexasen cinco millporque de tan buena gente como ellos eran aquéllos bastaban; y que si algo seofrescieseque cerca estaban para poder hacer el oficio de verdaderos amigos.

El Generaldexando los cinco mill hombres que Cortés había pedidosedespidió y volvió con la demás gente muy contra su voluntaddiciendo quehasta México quisiera seguirle por ver en qué paraban los negocios; pero quepues él así lo queríase volvería luegoprometiendo en siendo llamadodeacudir con doblada gente que aquélla; y que por despedida le avisaba una ymuchas veces se recatase de los cholutecasque era mala gentequedecía uno y hacía otroaguardando la suyapara cuando menos se cataban losque trataban con ellos.

Cortés le agradesció mucho el consejo; respondióle que le tomaríaporquebien tenía entendido que aquella gente era de mala digestión y de corazóndoblado.



 

 

Capítulo LV

Del solemne rescibimiento que los cholutecas hicieron a losnuestros.

Después que Cortés llegó a aquel ríoantes que entrase en la ciudadmandó que aquella nochede cincuenta en cincuentapor sus cuartosse velaseel exército de los españoleslos cuales en el caminocon ser trecientos e iralgunos a caballoparescían tan pocos que Pedro de Alvarado volvió a losaposentos de Taxcalacreyendo que algunos quedaban en ellosde adonde sepodrá colegir que serían más de docientas mill ánimas las que salieron conlos nuestrosporque como dicen los que lo vieroncasi no quedó persona deningún estado y condisción que no saliese al campohaciendo el sentimientoque antes dixe.

Otro día de mañanacomo hizo a la salida de Taxcalaconcertó Cortés sugente en orden de guerra para entrar en Cholulaporque los embaxadoresmexicanos que con él habían estado en Taxcala le rogaron queya que sedeterminaba de ir a Méxicofuese por Cholula. Comenzando a marchar nuestrocampollegaron muchos señores vestidos de fiesta; dierona su costumbreaCortés y a los otros Capitanes muchos ramilletes olorososcon grandes muestrasde contentopor venir a su ciudad. Cortéscomo solíalos rescibióhumanamentey como Cholula se divide y reparte en seis grandes barrios yseñoríosque antes entre sí eran contrariospor seguir los unos la parte deMotezuma y los otros la de Taxcalasalieron cada uno por sí a rescebir a losnuestros. Aquí es de saber que como los tres barrios eran diferentes de losotros trespor la causa que es dichalos del bando de Motezumadiciendo queserían señores de Cholulaprendieron y echaron en jaula a los tres señorescabezas de los otros tres barriospor subjestión de Motezumay por grandespresentes que les invió. Soltáronse estos tres señores y viniéndose aTaxcaladonde Cortés estabale pidieron justicia; prometió de hacérsela;viniéronse con ély aquella noche que llegó al ríopara salir otro día arescebirlese fueron a Cholula. Salieron con estos señores grande música detrompetasatabales y caracolesy en pos dellas las personas religiosas ysacerdotes de sus templosvestidos de ropas sacerdotales a su manera; ibancantandocon ramilletes en las manoscon gran solemnidad; lo que el cantardecía era dar la norabuena de la llegada de los nuestros; ofrescieron en elcamino muchas rosaspanaves y fructas; era de ver cuán lleno estaba todo elcampo de gente. Desta manera entró Cortés en Cholulaen la cualpor no serlas calles muy anchas y estar las casas más juntas que en otros puebloseratanto el concurso de los vecinos y comarcanos que acudieron a ver a losnuestrosque tardaron muy grande espacio en llegar a los aposentoslos cualescomo eran viejos y maltratados y otros de los en que habían aposentado a Pedrode Alvaradodixo Pedro de Alvarado a Cortés: «Señormal me paresce estoque éstos no son los aposentos donde a mí me aposentaron cuando vuestra Mercedme invió a México; por tantosíganme todosque yo los llevaré a ellos»yfue así que tomando la delantera los llevó adonde había sido aposentadodeque los cholutecas se desabrieronaunque por estonces lo disimularonpara executar después mejor la traición que tenían armada. Cupieron muy bienlos nuestros y los indios amigos en aquellos aposentosporque eran muy grandesy tenían tan grandes salas y tantos cumplimientos que pudieran caber en elloscincuenta mill hombres; el patio de la casa era tan grande que cabían en élveinte mill personasporque en él estaba levantado un cu muy sumptuoso yalderredor del había muchos y muy crescidos árboles.

Aquel día proveyeron los cholutecas razonablemente de comidaasí alos nuestros como a los taxcaltecas y otros amigos. Buen rato antes queanochecieseCortés ordenó su realporque siempre estuvo receloso de latraición que le ordenaban; y porque en el camino y en la ciudad vio algunasseñales de lo que en Taxcala le habían dichohizo velar por sus cuartos atoda la gente aquella noche.

Otro día los cholutecas traxeron muy poca comida; no venían losseñores a visitar a Cortésy así de día en día se iban empeorando y dandoa entender lo que en sus pechos fraguabande que Cortés tomó peor Sospecha.Allí los embaxadores mexicanos tornaron a porfiar y a persuadir a Cortés queno fuese a México hasta decirlecomo le vieron perseverar en su propósitoque en México tenía su señor muchos y muy bravos tigreslagartosleones yotros fieros y espantosos animalesque echándoselosbastarían en una hora amatar a todos los que con él venían. Cortés se rió y desimuló el enojoporno quebrar con Motezuma. Dixo a los embaxadores: «No creo yo que vuestro señorserá tan mal comedido que porque yo le vaya a ver en nombre del Emperador delos cristianosRey e señor míonos suelte y eche esas fieras que decís; ysi lo hicierelo peor será para él y para sus vasallosporque nosotros somosde tal calidad que no nos pueden empecer esas fieras y presto veréissi noslas echancómo se vuelven contra vosotrosy nosotros las hacemos pedazos.»

Mucho se maravillaron desto los embaxadoresy prestosin que nadie losupiesedieron noticia desta repuesta a su señor Motezuma. Llegaron en estecomedio otros embaxadores con algunos presentesno tan ricos como los pasadosa porfiar que Cortés no pesase adelante.

ViendopuesDiego de Ordás que por una parte los cholutecas notraían comida y que tanto menudeaban los embaxadores mexicanosprocurandoestorbar la ida de los nuestros a Méxicodixo a Cortésacabando de comer:«Señorno me parescen bien éstos y creo que no me engañocomo otra vez avuestra Merced dixe en la Torre de la Victoria.» El Capitánpor que nodesmayasen los que presentes estabandando con la mesa en el suelodixocomomuy enojado: «¡Válame DiosDiego de Ordásy qué de miedos tenéis! ¿Quénos han de hacer éstos ni los otros por muchos más que sean?»



 

 

Capítulo LVI

Cómo los cholutecas se concertaron con los mexicanospara matar a los nuestrosy del castigo que en ellos hizo Cortés.

Entendiendo los embaxadores mexicanos que casi por horas iban y venían doCortés estabaque contra la voluntad de su señor procuraba ir a México y queni por amenazas ni por ofertas mudaba propósitoteniendo de secreto poder paraello de su señorse concertaron y aliaron con los cholutecasque anteshabían sido amigos de los taxcaltecasen quetomando las calles yhaciéndose fuertes en las azoteascon la cantidad grande de piedra que teníanescondidade sobresalto acometiesen a los nuestros sin dexar hombre a vida; ypor que con mayor ánimo acometiesen estoles hicieron ciertos que dos leguasde Cholula estaban cincuenta mill hombres de guerra inviados por Motezumaasípara asegurarloscomo para que si acaso los españoles escapasen de sus manosmuriesen a las de los otros. Prometieron también los mexicanosde parte deMotezumagrandes interesesy dicen que dieron al Capitán principal dellos unatabal de oro; y como tras las dádivasque suelen de ir conforme al proverbioque quebrantan las peñaslas buenas y aparentes palabras tienen más fuerzadiciendo muchas que agradabanmovieron de tal manera [a] los cholutecas

que unánimes se determinaron de hacer lo que los mexicanos pedíanprometiendo de entregarles a los españoles atados; pero como eran hombres deguerrarecelándose de la poca fee de los mexicanostemiendo que debaxo deamistad no se alzasen con su tierrano los consintieron entrar en la ciudad.

Hechopuesel concierto todo lo más secretamente que pudieroncomenzarona alzar el hato y sacar fuera los hijos y mujeresy no a la sierracomo diceGómaraporque Cholula no tiene sierrasino muy lexos. Viendo Cortés el ruintratamiento que los cholutecas les hacían y el mal gesto que lemostrabanqueriéndose partirsupo de Marinala lengualos tratos en queandaban mexicanos y cholutecas; y la manera por donde Marina lo supofueque otra india muy amiga suyamujer de un principal cholutecaapartándola muyen secretole dixo: «Hermanapor lo mucho que te quiero y por el amistad queestos días hemos tenido juntaste ruego que el bien que te quiero hacer enquerer salvar tu vidame pagues con callar un secreto que te descubriré; y sipiensas decirleno te diré palabra y tú morirás antes de muchos días.»Marinaque era sabia y de buen entendimientobarruntando lo que podía serlerespondiópor sacarle del pecho todo lo que sabía: «No tengo yo en tan pocomi vida ni tu amistadque aunque fuese en lo que me has de decir la muerte demuchos hombresno lo callase como si jamás me lo hubieras dicho; por tantonote receles y haz cuenta que hablas contigo misma.» Estonces la otraabrazándolale dixo: «Estos cristianos con quien vienes son malosroban yatalan nuestra haciendasseñorean las tierras por donde pasanquieren ser denosotros servidosespecialmente ahora que se han señoreado sobre los taxcaltecas;siendo tan pocospresumen de hacer por muchosy están engañadosporque los cholutecasy mexicanos están concertados un día desta semanacuando estén másdescuidadoso cuando se quieran irmatarlos a todos; por tantoporque a ti note maten a vueltas delloste aviso te vayas comigo con las otras mujeres a unaparte secretadonde hemos de estar en el entretanto que esto se hace.»

Marina se lo agradesció mucho y contemporizó con elladiciéndole quetenía razón; y cuando tuvo lugar lo contó todo a Cortésel cual difirió lapartida y prendió luego a dos que andaban muy negociados y que le paresció quelo sabrían. Tomó a cada uno aparteamenazóle con una daga en las manos quele puso a los pechos; confesaron ambos una misma cosaconfirmando lo que Marinahabía dicho; y tiniéndolos en apartadoque otros no lo supieseninvió allamar a los señores y principalesa los cuales dixo que no estaba satisfechodellos por el mal tratamiento que le habían hecho y por el poco amor que lemostraban. Rogóles que no le mintiesen ni anduviesen con él en tratos ocultosque si algo queríancomo hombres valientesle desafiasen y no anduviesen conél en traiciones. Elloscomo vieron que ninguna cosa clara les descubríadixeron que eran sus amigos y servidores y que siempre lo querían ser y que lesdixese cuándo se quería partirpara irle a servir por el camino armadosparasi alguna cosa se le ofresciese con los mexicanos. Cortéscon desimulaciónse lo agradesció y dixo que otro día se quería partir y que no quería másde los indios que [lo que] hobiese menester para llevar el fardaje y la comida.Pidióles de comer; ellos se sonrierondiciendo entre dientes: «¿Habéis deser presto comidoscocidos con chiley pedís comida? Ciertosi nosupiésemos que Motezuma os quiere para su platoy dello no se enojaseya oshabríamos comido.» Aunque esto dixeron murmurando y quedono faltó entre losnuestros quien lo entendiese y se lo dixese a Cortésel cualcomo en todo lodemásestuvo con el recato y reportamiento que convenía para poder hacermejor el negociodióles priesa que les diesen tamemesmandó a los quetenían cargos en el exército anduviesen solícitosmandando adereszar lascargaspara que por ninguna vía se pudiese entender la venganza que pretendíatomar de los que con tanto engaño para tanto mal como se esperabale habíanrescebido. Llamó aquella noche a los Capitanes y a otros hombres principalesalos cuales dixo lo que tenía determinado de hacer; avisóles de que ni un puntodiscrepasenpor que no se perdiese el juego que tenía por ciertoque elcastigo que pensaba hacer en los cholutecas había de ser causa que losmexicanospor más que fuesense recelasen de intentar semejantes traiciones.

Otro díabien de mañanalos cholutecaspensando que tenían eljuego ganadomuy solícitos y diligentes comenzaron a traer los tamemesy paramás desimularalguna provisión de comida para el camino. Traxeron tambiénsegún algunos afirmanaunque otros lo nieganhamacas donde fuesen losenfermos o los más regaladospara que en ellascomo en andaslos pudiesenmatar a su placer. Vinieron asimismo hombres escogidos por muy valientesconarmas secretas para matar al que de los nuestros se revolviese; y porque noacometían cosaespecialmente de guerraque primero no la comunicasen con susdioseslos sacerdotes sacrificaron a su Quezalcoatl diez niños de a tresañoslas cinco hembras. Esta era especial cerimonia suya cuando comenzabanalguna guerratanto que si después les subcedía malechaban la culpa a lafalta que en el sacrificio había habido.

Los Capitanes dellos se pusieron cuanto desimuladamente pudieron a las cuatropuertas del patio y aposento de los españolescon los que traían armas.

Cortésque no dormíamadrugó más que los cholutecasy muycalladamente avisó a los de TaxcalaCempoala y otros amigos de lo que habíande hacer a su tiempo; mandó estar a caballo a los que los teníandiciendo alos demás españoles que cuando se soltase una escopeta estuviesen prestos paraacometerporque les iba en ello la vida. Ya que era bien de díaviendo que seiban juntando los cholutecasmandó llamar los Capitanes y señores dellos conachaque que se quería despedir dellos; entraron hasta cuarenta dellos dondeCortés estaba y entraran muchos más si los dexaranpero como faltaba unodellosque era el más viejo y más principalasí por su nobleza como por suconsejodixo Cortés que se lo llamasen; respondieron los demás indios que noestaba bien dispuesto; replicó Cortés que no se iría de allí hasta que se lotraxesenporque se quería despedir del y decirles algunas cosas que lesconvenían; fueron por ély venidoestando todos juntoscon rostro grave yseveropor la lengua les dixo: «Yo siempre he tratado con vosotros verdad yvosotros comigo mentira; yo os he amado como hermanoy vosotros me habéisaborrescido como a enemigocomo se ha parescido bien desde que entramos envuestro pueblo; rogástesme y con dañada intencióncomo se ha parescidoquedespidiese a los de Taxcala; hícelo de gradoaunque ellos me dexaron contra suvoluntadbarruntando lo que habíades de hacer; mandé el los de mi compañíaque no os hiciesen enojo aunque ellos le rescibiesen; y magüer que no mehabéis dado de comercomo era razónno he consentidocomo vosotros sabéisque ninguno de los míos os tomase ni aún una gallina; heos avisado muchasveces que tratásedes comigo verdad y que si quexa alguna teníades de mí o delos míosme la pidiésedes como valientes hombresque yo os satisfaríaporque mi venida no era para agraviar a nadie. En pago destocreyendo que no sehabía de sabery que la maldad había de poder más que la virtudestáisconcertados de nos matar hoy a mí y a los míos; venís de secreto armadostenéis tomadas las calleslas azoteas llenas de piedrala ropaniños ymujeres inviados fuera; habéis os confederado con cincuenta mill mexicanos queestán dos leguas de aquíesperándome a un mal pasopara que si nosescapásemos de vosotros no nos librásemos dellos. Vedpuesqué merescéispor tan gran maldad. Moriréis todosy en señal de traidores vuestra ciudadserá asolada y hombre no quedará vivoni tenéis por qué negarlopues yo losé; ni por qué pedir misericordiapues la gravedad del delicto no lameresce.»

Ellosoídas tan particulares señas de la verdadenmudescieronyespantadosdemudada la colorse miraban unos a otrosdiciendo: «Este es comonuestros diosesque todo lo saben; no hay para qué negarle cosa»y asíconfesaron luego delante los embaxadores que se hallaban presentes ser verdadtodo lo que Cortés había dichoel cual apartó cuatro o cinco delloscréeseque entre ellos al viejo; preguntólesestando lexos los embaxadoresporqueasí convenía para lo que intentabaqué era la causa de aquella traición;ellos contaron el negocio desde el principio y dixeron cómo los embaxadoresmexicanos por mandado de Motezumaque no quería que los españoles entrasen ensu tierralos habían inducido a ellos y que toda la culpa era de Motezuma y delos embaxadores. Estoncesdexándonosse volvió adonde los embaxadoresestaban haciendo del ladrón fiel; díxoles cómo aquellos de Cholula lequerían matar a inducimiento suyo e por mandado de Motezumapero que él no locreía porque Motezuma era su amigo y gran señor e que los tales río solíanmentir ni hacer traicionese que por esto quería castigar aquellos bellacostraidores y fementidosy que ellos no temiesenporque eran personas públicasyentre todas las nascionesinviolablesen especial siendo inviados por tangran Príncipea quien debía servir y no enojarel cual debía ser tanvaleroso y de tanta bondad que no era posible mandase cosa tan fea. Todos estoscumplimientos hacía e decía por no poner el negocio en riesgo y descompadrarcon Motezuma hasta verse en México.

Los embaxadorescomo tenían tanta culpaaunque Cortés les daba a entenderque no la teníanse desculparon como quien defiende mentira; pero quedaroncontentos con la seguridad de la vida.

Mandóhecho estomatar algunos de aquellos Capitanes que le paresciótenían más culpay dexando los demás atadoshizo disparar el escopetaqueera la señal que tenía dada a su gente. Arremetieron los nuestros de súbitocon gran ímpetu y gritasiguiéndolos los amigos taxcaltecas y cempoalesesque pelearon valerosamente. Los del puebloviéndose sobresaltados y queninguna cosa menos pensaban que aquellose turbaron de tal manera queaunqueresistíanno sabían lo que hacían.

Fue tan grande el estrago que los nuestros y los indios amigos hicieronqueaunque los del pueblo estaban armados y las calles con barreras y la batalladuró cinco horasmataron más de seis mill hombresquemaron todas las casas ytorres que hacían resistenciaecharon fuera los más de los vecinoscorríanlas calles sangreno pisaban sino cuerpos muertos. La grita de los que subierona las azoteas y a las torres de los templos y la de los indios amigos era tangrande que ponía mucho pavor. Proveyó Cortés que si niñosmujeresviejos oenfermos hallasenno tocasen a ellos; hiciéronlo asíy así en todo le dabaDios victoria. Los más valientes se subieron a la torre mayorque tenía cientgradas; llevaron consigo a los sacerdotes del templo cuya era la torre;defendiéronse con gran esfuerzohaciendo mucho daño en los nuestros conflechas y piedras. Requirióles Cortés que se diesen; díxoles que por señasde aquel anillo que les inviaba se diesenporque no les haría mal alguno.Mofaron desto todossino fue uno que se baxóa quien los indios amigosrescibieron bienguardiaron y defendieroncomo Cortés había prometido; losdemás se abrasaron con el fuego que los nuestros les pusieron; blasfemaban lossacerdotes de sus diosesquexábanse de lo mal que lo defendían y de lo pocoque volvían por su templodiciendo que mal hubiesen y que les pesaba dehaberlos servido. Subiése uno a lo más alto de la torre e a grandes vocesdixo: «¡TaxcalaTaxcalaahora vengas tu corazón; tiempo vendrá queMotezuma vengue el nuestro!» Tardó en quemarse aquella torre aquel día y lanoche hasta que amanesció. Saqueó Cortés la ciudad; los nuestros tomaron eldespojo de oro y plata y pluma; los indios amigos mucha ropa y salque era loque más les hacía al caso; hicieronhasta que el Capitán mandó que cesasenel estrago que pudieron.

Los Capitanes que presos estabanviendo la destruición y matanza que en suciudad se hacíacon lágrimas y compasión grande suplicaron a Cortés soltasealgunos dellos para ver qué habían hecho sus dioses de la gente menuday queperdonase a los que vivos quedabanpara tornarse a sus casaspues no teníantanta culpa cuanto Motezuma que los había sobornado. El soltó doslos cualestuvieron tanta autoridad en el puebloque otro día estaba la ciudad tan llenay sosegada como si jamás hubiera faltado hombre ni habido alboroto. Luegoaruego de los taxcaltecasa quien los presos tomaron por intercesoreslos perdonó y soltódexándolos libresavisándoles que mirasen de ahíadelante cómo vivían y la merced que les había hecho en otorgarles la vidaydixo que de aquella manera castigaría a todos los que le mostrasen malavoluntad y le mintiesen y tratasen traición .Quedaron con esto muy temerosos;hízolos amigos con los de Taxcalacomo lo habían sido en tiempos pasadosantes que quebrasen el amistad que entre ellos habíacomo la rompieron porinducimiento de Motezuma y de sus antepasados.

Los cholutecascomo era muerto su generalcon licencia de Cortéseligieron otro porque Cholula era Señoría como Taxcala.



 

 

Capítulo LVII

Del asiento y población de Cholulay de su religión.

Choluladespués de Taxcalaera en la Nueva España la principal Señoríaporque en genteedificios y comarca y religiónque era lo que principalmentese miraba entre los indiostenía la primacíaaunque Taxcalafuera de lareligiónera más y tenía mayor nombre. ErapuesCholula ciudad muypopulosa; estaba y está al presente puesta en un muy hermoso llano; tieneveinte mill casas en lo que llaman ciudadporque caresce de muros; y fuerabien lexosque ellos llaman estanciaspor arrabalestiene otras veinte millcasas. Era en su gentilidad la ciudad hermosa de verasí por de dentro como depor fueraa causa de las muchas torres que salían de los templosque erantantossegún algunos dicencomo días hay en el año; y porque algunostemplos tenían dos torresse contaron más de cuatrocientas.

Gobernábase esta ciudad por un Capitán general que la república elegíacon el consejo y parescer de algunos nobles que podían ser elegidos en el mismocargo. Asistían a los negocios los principales sacerdotesporque ninguna cosaemprendían pública que no se tratase primero por vía de religiónpor locual a Cholula llamaban todos los indios el sanctuario de todos los dioses.Ahora gobiérnase por un Gobernador y por Alcaldes y Regidores al fuero deEspaña. Tiene un solo templotan sumptuoso como le hay en toda Castilla;tiénenle y administran en él los sacramentosreligiosos de Sant Francisco;tiene una casa de cabildo y otra do se hospedan los caminantesmuy buenas; hayen la plaza una muy hermosa fuente; las callesal modo de Castillason muylargas y anchas. Cógese mucha cochinillaque llaman grana de las Indiasde lacual hay grandes contratacionesporque se lleva por todo el mundo. Los camposson muy fértilesasí para todo género de sementales como para ganados; muchaparte de la tierra se riegapor ser llana y tener un río grande; podríaseregar mucha mássi quisiesen. Los hombres y mujeres son de buena dispusicióny parescer. En lo de las mujeresque dice Gómaraque eran plateras yentalladorasse engañaopor mejor decirle engañaronporque nunca tratanoficios de hombresocupadas en hilar y texer. Había entre ellos muchosmercaderes que iban a tratar muy lexos de allí. Los vestidos de los pobres erande nequénque se hace de los magüeyes; los nobles y gente rica sevestía de algodón con orlas de pluma y pelos de conejo.

Aquí los nuestros hallaron pobreslos que nunca habían visto hastaestonces; créese que los más venían de fuera a causa de la gran religión queallí habíacomo romeros en España. Los de la ciudad estaban asío porenfermedades o porque no tenían tierras que labrara causa de la mucha genteque la ocupaba.

El templo de la ciudadque tenía cient gradasera dedicado a Quezalcoatlque quiere decir «dios del aire»el primer fundador de aquella ciudadvirgencomoellos afirmaban y de grandísima penitenciainstituidor delayunodel sacar sangre de la lengua y orejas y de que no sacrificasen sinocodornicespalomas y cosas de caza. Nunca se vestió sino una ropa de algodónblancamuy ceñida al cuerpotan larga que cubría los piespor mayorhonestidad; encima una manta sembrada de cruces coloradas. Tenían ciertaspiedras verdes que fueron suyascomo por reliquias; una dellas es una cabeza demonamuy al natural. Iban y venían al tiempo que los nuestros allíestuvieronque serían veinte díastantos a contratar y muchos a verque eracosa maravillosay lo que más a los nuestros puso en admiración fue ver laloza que en los mercados se vendíatan prima y de tan varias y diversascolores que en España no se habían visto semejantes.

Vieron otras muchas cosas que les dieron gran contentoaliende del suelo ycielo de aquella ciudadque cierto son de los buenos y más alegres que hay enel mundo. Tieneentre otras cosas notablesocho leguas de allíun monte quelos indios llaman Popocatepecdel cualprimero que prosiga lo que Cortéshizodiré algo en el capítuloque se sigue.



 

 

Capítulo LVIII

Del monte que los indios llaman Popocatepec y los nuestrosVolcán.

Porque estando en Cholula los nuestros y viendo ocho leguas de allí un muyalto montecuya cumbrecomo el monte de Ciciliahumeaba y aun echaba fuegopreguntaron a los moradores cómo se llamaba y si alguno había subido adondeparescía aquel humo. Respondiéndoles que nolos nuestrosy especialmenteCortéstuvo gran deseo de saber qué había allí.

Me parescióaunque después trataré más largo destopor haberse tenidoen este lugar la primera noticiadecir lo que estonces pasóy es que como losindios habían encarescido mucho la subida a aquel volcánpor ser tan ásperay nunca pies humanos haberla holladoCortésque para las cosas arduas ydificultosas tenía alto e invencible ánimoestando juntos los principales desu exércitoles dixo: «Bien seríacaballerosque pues tan cerca tenemosaquel monte tan alto y tan extraño en su maneraque alguno de nosotrossubiésemos a élasí porque me paresce que pues hay humo y muchas vecesparesce fuegoque debe haber piedra azufrede que poder hacer pólvora cuandola que traemos se acabarecomo para que estos indiosque tanto nos encarescenla aspereza y dificultad de su subidaentiendan que lo que a ellos es imposiblea nosotros es fácil. Fuera destoque tantocomo veisimportallégasequesi se puede subir a lo alto puédese ver desde allí la tierra de México y lademás que alderredor delmonte estápara que siquieracomo en trazaveamos alo que vamos y por dónde.»

A todos paresció muy bien lo que Cortés dixoaunque pocos se determinarona subirentre los cuales el principal fue Diego de Ordáshombre para mucho enla guerrael cual subió con nueve compañeros y muchos indios del pueblo quelo guiaban y llevaban de comer. Era la subida más áspera y embarazosa de loque le habían encarescidoy aunque algunos se arrepintieron y otros secansabanalentándose los unos a los otrosHegaron a encumbrar tan alto queoyeron el ruido grande que dentro habíapero no osaron subir a lo alto doestaba la bocaporque temblaba la tierra y había tanta ceniza que impedía elcamino: pero Diego de Ordás y otroprimero que todos se volviesendeterminaron de ver el cabo y misterio de tan admirable y espantoso humo y fuegoque tanto ruido hacíae porque Diego de Ordás les decía que sería cosavergonzosa que españoles no saliesen con lo que se ponían y dexasen de darrelaciónpues a ello se habían ofrescido; y asíaunque más los indios losatemorizabansubieron allá por medio de la ceniza y llegaron a lo postrero pordebaxo de un espeso humo. Miraron por un rato la bocaque era tan grande ydesemejada que les parescía tener media legua de circuito: espantáronse muchode ver aquella profunda concavidad y del ruido grande que dentro retumbabaqueestremecía la tierra; vieron (aunque los que después subieron lo niegan) tantofuego abaxo que hervía como horno de vidrio. Desde allí Diego de Ordás vio aMéxico puesto sobre el alaguna; vio a los otros grandes pueblos que estaban ensu comarcaporque el día hacía muy claroy las casa principalestemplos ytorres blanqueaban; alegróse por extremopor el contento que dello había derescibir Cortés; miró bien los caminos que iban hacia México y considerócomo hombre del guerraotras particularidades que después hicieron mucho alcaso. No se pudo detener lo que quisierapor ser tanto el calor y humo que losforzó a volverse por las mismas pisadas que habían subidopor no perder elrastro y perderse.

Apenas (según dice Gómara) se hobieron desviado y andado un pedazocuandocomenzó a lanzar ceniza y llama y luego ascuas y al cabo muy grandes piedras defuego ardientesde menara que a no hallar do se metieronque fue debaxo de unapeñaparescieran allí abrasados. Esto niega Andrés de Tapiauno de losvalerosos conquistadores que huboel cual subió allá con trecientos indiosotra vez e dice haber entrado en este volcán ochenta brazas abaxo y afirma nohaber visto salir aquel fuego de ordinario. La verdad de todo esto trataré máslargo cuando diga cómo Mesa y Montaño entraron y sacaron azufre. Finalmentecomo estos españoles baxaron y traxeron tan buenas señasespantados losindios de verlos venir vivos y sanosse llegaban a ellos con grandeacatamientobesándoles la ropa como a dioses; diéronles muchos presentillos:tanto se maravillaron de aquel hecho.

La superstición que los indios comarcanos tenían cerca destopor donde semaravillaron más de la baxada de los nuestrosera tener entendido ser aquellauna boca de infiernoadonde los señores que mal gobernaban o tiranizaban latierraiban después de muertos a purgar sus pecados y de allí a un lugar dedescanso y de deleite como paraíso.

Llamaron los nuestros a esta sierra Volcánpor la semejanza que tiene conla de Cicilia. Es tan altaque de muchas leguas alderredor se vee y jamás lefalta nieve; paresce de noche que echa llama; alderredor de la sierra es latierra más fértil y más poblada de la Nueva Españaporque a cuatroa seisa diez e hasta veinte leguas alderredor tiene los más principales pueblos y demás gente que hay en toda la Nueva España. El pueblo más cercano que tiene esGuexocingopueblo muy grandemuy vistoso y muy fértilaunque Calpa estájunto a la falda.

Estuvo diez años esta sierrasegún decían los antiguosque no echóhumoy el año de mill e quinientos y cuarenta tornó como primero; no se hapodido saber la causa. Traxo tanto ruido cuando volvió a humear que pusoespanto a los vecinos que estaban a cuatro leguas y más adelante; salió tantohumo y tan espesoque los viejos decían no haber visto cosa semejante; lanzótanto y tan recio fuego que su ceniza llegó a GuazocingoQuetlaxcoapanTepeacaCholula y Tlaxcalaque está diez leguasy aúncomo escribeGómaraque llegó a quincecubrió el campoquemó la hortaliza y árboles yaun los vestidos e hizo en otras cosas mucho dañode que los moradores seaternorizaron tantoque algunos de los más cercanos pensaron dexar la tierra yapartarse más lexos.



 

 

Capítulo LIX

Cómo Motezuma consultó con los de su consejo si sería biendexar entrar a Cortés en México o no.

Hecha la matanza y castigo que habéis oído en los traidores y fementidos cholutecasque fue tal que los ballesteros tiraban a los indios que se habían subido a losárboles que estaban en el patio del templolevantándose otro día los vivosquepara guarescerse habían echado en el suelo y hecho mortecinos entre losmuertos; y después de Lares el herrador traxo con algunos compañeros una yeguaque el día de la batalla con el ruido se había soltadoque fue cosa de hartoánimo y de mucha dificultad; finalmentedespués de haber inviado a la VillaRica cuatrocientas indias para servirporque dellas había muy gran nescesidad;y después de haber los indios taxcaltecas sacado cuatro días arreo losmuertos del patio y de las plazasporque hedían mucha; y después que losseñores de Tepeacavista esta tan impensada venganzainviaron en presente aCortés treinta esclavas y alguna cantidad de orodándole la norabuena yofresciéndole su tierra y casasde que no poco holgaron los nuestros por teneraquellos más de su parteMotezumaque no ignoraba nada destoinviaba amenudo mensajeros por ver si podría excusar la venida a México de loscristianos. Cortésque no quisiera romper con Motezuma antes de entrar enMéxicoamohinándose de tantas palabras y excusasdixo a los embaxadores queasistían con élque no entendía cómo un tan gran Príncipe como su señorque por tantas veces le había inviado a decir con tantos caballeros que era suamigo y deseaba complacerle en todobuscase maneras cómo le dañar o matar conindustria ajenaporque si no le subcediese bien se pudiese excusary asíhacer los negocios a su salvo; e que pues no hacía el deber a quien era nimantenía su palabra como Príncipe y señorque él iría a su pesar aMéxicopues de voluntad no lo queríay que como había de ir amigo yfavorescedor de sus cosasiría como enemigo y destruidor dellas. Ellos sedemudaron con estas palabrasporque Cortés las dixo conmás alteración de laque tenía. Desculparon lo mejor que pudieron a su señor y rogáronle que no seenojase y que diese licencia a uno dellos para ir a Méxicopues el camino erabreve para volver presto con la repuestaque sería a su voluntad. Inviaron alque dixeronhablándole en puridad el enojo que Cortés tenía y ladeterminación en que estaba. Cortés dio la licencia de buena ganaporqueentendía que de aquella manera iba el negocio bien guiado. Volvió dende a seisdías el mensajero con otro compañero que había ido poco antes; traxeron diezplatos de oromill e quinientas mantas de algodónmucha suma de gallipavosde pan y cacao y cierto vino que ellos conficionan de cacao y maíz;ofresciéronlo a Cortés; dixéronle y con grandes juramentos que su señor nohabía entendido en la conjuración y liga de Cholulani se había ordenado talcosa por su mandado ni parescersino que aquella gente de guarnición que allíestaba era de Acacinco y Azacamdos provincias suyas y vecinas de Cholulaconquien tenían alianza y comparanzas de amistadlos cuales por inducimiento deaquellos bellacos urdieron aquella maldad; y quecomo vería de ahí adelantesería leal y verdadero amigoaunque siempre lo había sidoy que fuesenorabuena a su ciudadque allí le esperaría; y que si le había rogado que novinieseno era sino porque no se pusiese en trabajo o no le acontesciese algunadesgracia por los caminosque eran ásperos y de mala gente.

Mucho holgó Cortés con esta repuestaespecialmente con aquella palabra quenunca la había podido sacar a Motezumael cual se movió a decirla más por elmiedo que cobró del estrago y matanza que Cortés había hecho en Cholulaquepor las palabras que el mensajero le había dichotanto quevolviéndose a losprincipales que con él estabandixo: «Esta es la gente que nuestro dios medixo que había de venir y señorear esta tierra.» Dichas estas palabras no sinsospiro y gran alteración del almase fue luego a visitar los templos;encerróse en el principaldonde estuvo en oración e ayunos ocho díasenteros; sacrificó muchos hombrespensando aplacar los diosesque debíanestar enojados; hablóle allí el diablocon quien muchas veces solíacomunicar sus cosasel cual lo consoló y animóy esforzándole le dixo queno temieseque él era gran Príncipeseñor de infinitos hombres muyvalientes y exercitados en guerra y que los cristianos eran muy pocos; que losdexase venirque después haría dellos a su voluntad y que no cesase en lossacrificiosen especial en los de carne humanano le acontesciese algúndesastre y que procurase tener favorables y propicios a Vicilopustli yTezcatepuclapara que le guardasenporque Quezalcoatldios de Cholulaestabaenojado porque le sacrificaban pocos y maly por esta causa no fue contra losespañolespor lo cualy porque Cortés le había inviado a decir que iría deguerrapues de paz no queríaotorgó que fuese a México a verle.

Ya Cortéscuando llegó a Cholulaiba con poder más que el que hastaallípor el ayuda de Taxcala; pero después del estrago que hizo en Cholulasu nombre y fama se extendió por toda aquella tierra hasta que Motezuma y lossuyos lo oían cada día por momentosy como hasta estonces se maravillaroncomenzaron dende adelante a temery asímás por miedo que por amor leabrían las puertas por doquiera que iba. Procuró Motezumacomo consta de lopasadoestorbar la venida a Cortésponiéndole miedos con los peligros de loscaminoscon la fortaleza de Méxicocon la muchedumbre de hombres y con suvoluntadque resistíaque era más fuertepues tantos señores la temían yobedescían; pero como vio que con nada desto se acobardada Cortésdeterminócon dádivasque con todos los hombres pueden muchodetenerle y vencerlesabiendo que era aficionado a oro y que lo tomaba de buena gana. Engañósepor[que] cuanto más le inviabaera más cebo para desear ver los nuestros lo quehabía en aquella gran ciudad; y así viendo Motezuma la porfía de Cortéstornó a preguntar al diablo lo que había de hacer en tal casoy esto despuésque tomó parescer con sus Capitanes y sacerdotes. El demonio le dixo que dexasevenir aquellos pocos cristianosque en una mañana los podrían almorzar atodos en la primera fiesta y sacrificioque hiciese.

Estaban también Motezuma y los mexicanos deste parescerentendiendo que eradeshonra tomarse con tan pocosespecialmente siendo embaxadoresaunque esta noera la principal razónsino el temor que poniéndose en guerra los taxcaltecasy otomíescomo después lo hicieronlo apretaran con el ayuda de tanvalerosa gente como eran los españoles.



 

 

Capítulo LX

Cómo salió Cortés de Cholula para México y de lo que en elcandno le subcedió.

Después del castigo que Cortés hizo en Cholulaestuvo veinte días en laciudadasí para dexarla pacífica como para informarse mejor de las cosas deMéxico y sabercomo lo hizolo que desde el Volcán se parescía; y asíluego que tuvo la deseada repuesta de Motezumasalió muy en orden de Choluladespidiendo algunos indios amigos que se quisieron volver a sus casasaunquelos más se quedaron con él.

Los embaxadores mexicanosque nunca pensaron que Cortés se atreviese a ir aMéxicofue de ver cómo a cada paso despachaban mensajeros a Motezumadiciéndole por horas lo que pasaba. Los cholutecas principalesacompañaron a Cortésque no vían la hora que verle fuera de su pueblonopor las malas obras que les hizosino por la ruin intención que ellos tenían.

Cortés no quiso echar por el camino que los de Motezuma le guiabanque erapor Calpapueblo muy junto al volcánpor ser caminocomo desde la mismasierra habían vistomuy áspero y muy malo y dondecomo los cholutecasdecíanestaban los de México en asechanza y celada para matar a los nuestros.Siguió otro camino más llanomás desembarazado y más cerca; reprehendió alos mexicanos por ello; ellos respondieron que lo guiaban por allíaunque noera buen caminoporque no pasase por tierra de Guaxocingoque eran susenemigos: esta fue falsa excusapor lo que adelante se vio. No caminó aqueldía nuestro exército más de cuatro leguaspor dormir en unas aldeas deGuaxocingodonde fue bien rescebido y proveído de todo lo nescesario; dieron aCortés algunos esclavosropa y oroaunque no muchoporque estonces eranpobresa causa que Motezuma los tenía acorralados por de la parcialidad deTaxcala; ahora son muy sobrellevados y muy ricosa causa de la grana que cogeny de otras granjerías que tienen.

Otro día antes de comersubió un puerto entre dos sierras nevadasde dosleguas de subidadonde si los cincuenta mill soldados que habían venido paramatar los españoles en Cholula esperaranlos tomaran a manossegún la nievey frío que les hizo. Desde la cumbre de aquel puerto se descubrían muy clarolas tierras de Méxicola laguna con sus pueblos alderredorque es la mejorvista de todo el mundopor ser muchosmuy pobladosmuy fértiles y de muchosy muy hermosos edificios que desde lexos campeaban maravillosamente. Holgótanto Cortés con tan hermosa vista cuanto algunos de sus compañeros temieronporque hubo entre ellos diversos paresceressi llegarían o no. Los unosconfiando en la buena ventura de su caudillodecían que síe que aquella erala tierra que Dios les había prometidoy que mientras más morosmásganancia; los de parescer contrario decían que no convenía tentar más a Diosporque había mill para uno dellos. Levantóse con esta discordia una manera demotín ocultopero Cortéscon su prudencia y buen juicio le deshizo concierta desimulaciónacariciando a los unos y esforzando a los otrosdándolesgrandes esperanzas para la gran prosperidad en que se habían de ver; y comoellos vieron que él era el primero de los trabajos y que tanto iba por él comopor ellosperdieron el miedoaunque después de la grandeza de Méxicoleshabían puesto miedo los árboles que a la baxada deste puerto estabanatravesados por el caminoque no solamente los de a caballopero ni aun los dea pie podían pasar. Demás destoen un paso hallaron hecha una cava honda ylarga donde se podía esconder mucha gentepara saltear a los nuestros cuandoles paresciera. Al pasar deste puerto durmió una noche en la cumbre délnuestro exército con todo el recato posible; oyeron gran vocería de indiosmexicanos aquella noche; las velas mataron quince espíasy por poco MartínLópezque fue el que hizo los bergantinesmatara a Cortés con una ballestaque tenía armada y encaradaporque con la obscuridad de la noche no devisabamás del bulto; ya que quería apretar la llavediciendo Cortés «¡A la vela!se detuvoy estonces Martín López le dixo que otra vez hablase de más lexosno le acaesciese la desgracia que estoncesa detenerse un pocole pudierasubceder. Cortés le alabó sa cuidadoy habiendo dado una vuelta al realsevolvió a su tiendadando gracias a Dios por haberle guardado y librado delpeligro en que estuvo.



 

 

Capítulo LXI

De lo que otro día avino a Cortés a la baxada del puerto.

Otro día de mañanabaxando nuestro exército a lo llano de la otra partehalló una casa de placer en el campomuy grande y de muchos aposentosrodeadade muchas frescuras. Alojáronse todos los españoles en ellay los indiosamigos que venían de TaxcalaCholula y Guaxocingoy de prestoporque son muyhábiles para estohicieron muchas chozas de rama y pajaa uso de la tierra;tuvieron muy buena cena; serían hasta seis mill. Dicen que los vasallos deMotezuma se comidieron a hacer chozas a los tamemes o hombres de carga. Tuvieronencendidos grandes fuegosy los criados de Motezumavisto que era bien hacerde grado lo que habían de hacer por fuerzaproveyeron abundantemente a losespañoles e indios de lo nescesarioy aunpor hacerles más regaloa sucostumbreles tenían mujeres de buen parescer.

Estando allí nuestro campovinieron a él muchos señores principales deMéxico a ver y hablar a Cortés y entre ellos un pariente de Motezumael cualrepresentaba bienpor el autoridad y acompañamiento con que veníalamajestad y grandeza de su señor. Diéronle tres mill pesos de Ororogándolemucho se volviesediciéndole que padescería gran pobrezahambre y ruincaminoa causa de que en México no se podía entrar sino en barquillosniandar por la ciudad ni entrar en las casas sino por ellos; y que aliende de serla ciudad muy enfermapor el agua sobre que estaba fundada y los malos vaporesque della salíanse podrían ahogar y los que viviesen padescer mucho trabajoy aun con el nuevo y destemplado temple no podrían tener salude que por estole rogaban y aconsejaban se volviese; e que si lo hacía por que su señorreconosciese y tributase al Emperador de los cristianosque le darían muchotribucto puesto cada año en la mar o donde lo quisiesene que para él ledarían muchos haberes con que se volviese a su tierra muy rico.

Cortés lo rescibió con la acostumbrada afabilidaddio a todos cosillas demercería de Españaespecialmente al pariente de Motezumaa quien hizocomoera razónmás particulares regalos y comedimientos. Díxolesdesimulandobien la mohina que sentía por el contradecir tantas veces su ¡da a Méxicoque él holgara mucho servir a tan poderoso Príncipesi pudiera hacerlo sinenojar a su Rey y señor; y que pues de su ida no había de venir a su Altezaningún enojosino mucho serviciohonra y bieny no había de hacer otra cosamás que verlehablarle y volverseque no rescibiese pesadumbre dellopuesél de otra manera no podía cumplir con lo que su Rey e señor le mandabayque estaba su Alteza obligado a servirle y mandarle entrary responderlepersonalmentepues era embaxador de un tan gran señor como era el Emperador delos cristianosque le quería comunicar y tener por amigo. En lo demás dixoque de lo que aquellos caballeroscriados de su señor Motezumacomíancomerían ellose que aquel agua de su laguna no era nada en comparación dedos mill leguas de mar muy profundo que habían navegadosólo por ver y dar suembaxada al gran señor Motezumay comunicarle ciertos negocios de muchaimportancia cerca de su religión y administración de república.

Volvieron con esto algunos dellosquedando muchos ysegún algunos dicenbien armados de secreto para acometer a los nuestros en viéndolos descuidados;pero como Cortés nunca lo estaba y entendió de los indios amigos que debíaestar recatadohizo saber a los Capitanes y embaxadores e a otras personasprincipales que Motezuma inviaba por horascómo los españoles no dormían denocheni se desnudaban las amias ni vestidosy que si sentían andar algunoentre ellos o que estaba en piele matarían luegoy que él no era parte pararesistírseloporque era esta su natural condisción; por tantoque lo dixesena sus soldadospor que se guardasenporque le pesaría sisiendo asíavisadosmatasen alguno dellos. Con todo esoaquella noche vinieron espíaspor fuera del camino para ver si era aí que los españoles no dormían. Lasvelas y escuchas nuestras toparon con tres o cuatro dellos; matáronlos luegocomo habían sido avisados. El otro díaaunque los hallaron muertosno osaronhablar en ello ni quexarse. Aprovechó tanto este ardid de Cortésque de ahíadelante se apartaban bien lexos los mexicanos del alojamiento de los nuestrosy aún dicen que Cortés avisó a los indios amigos para que dixesen lo mismo alos mexicanos.

Este mismo díaen amanesciendocomenzó a marchar nuestro campo; fue a unpueblo que se dice Amecamecados leguas de donde salióque cae en laprovincia de Chalcopueblo que con sus aldeas tiene más de veinte millvecinos. El señor dél salió a rescebir a Cortés muy bien acompañadodiólecuarenta esclavas y tres mill pesos de oro y de comer dos días abundantementey en secretodescubriendo su pechole dio muchas quexas de Motezumadiciendoque a él y a otros señores comarcanos tenían muy opresos; que deseaba seofresciese tiempo en que públicamente pudiese magnifestar sus quexas y librarsede la servidumbre en que estaba. Cortés no poco holgó con estas palabrasporque aquel era gran señor y las decía con tanta ansia que mostraba bien elpesar de su corazón. Estaba cerca de México para cuando fuese menester.Consolóle Cortésdióle algunas cosas de Castilla con que se alegró y holgómucho; quedaron de secreto muy amigosY otro día cuando fue tiemposalió conlos nuestros buen trecho de Amecameca. Allí se despidió de Cortéstornándole por un poco de espacio de tiempo a hablar en puridaddiciéndole loque antes y suplicándole le avisase cuando menester fuese.

Anduvo aquel día nuestro campo cuatro leguas; vino a un pequeño lugarpobladola mitad en agua de la laguna y la otra mitad en tierraal pie de unasierra áspera y pedregosa. Acompañaban a los nuestros muchos criados deMotezumaproveyendo con mucho cuidado en lo que era menesterlos cualesaunque exteriormente mostraban amorquisieron con los del pueblo aquella nocheacometer a los nuestros. Inviaron sus espías para saber lo que de nochehacían; pero las que Cortés puso eran españolesque mataron dellas hastaveintey así viendo los mexicanos lo poco que los nuestros dormían y lo malque les subcedía lo que intentabancesaron de procurar matarlosy era cosacomo dice Gómaramuy de burlar y de reír que cada hora procurasen de matar alos nuestros y no fuesen para ello.



 

 

Capítulo XLII

Cómo otro día de mañanaal tiempo que nuestro exércitopartíallegaron doce señores y lo que más subcedió.

Luego otro díabien de mañanaya que se quería partir el exércitollegaron doce señores mexicanos con muy gran copia de gente que losacompañaba. El principal y a quien los demás respectaban era Cacamacínsobrino de Motezumaseñor de Tezcucomancebo de veinte y cinco años; veníaa su uso ricamente vestidoen unas andas a hombrosy como le abaxaron dellasle iban limpiando la tierra por donde iba andandoquitando las piedras y pajasque era la mayor veneración que le podían hacer; acompañábanle dos de losotros señoresmás viejos y de más autoridad; iban siguiéndole los otros conla genteque cubría el campo.

Como Cortés supo quién erale salió a rescebir fuera de la tienda;abrazóle y hízole muchos comedimientos y asimismo muy buen recogimiento a losotros. Entraron solos los doce señores con él en la tiendadonde Casamacíncon grande autoridadcon pocas palabrasdixo cómo él y aquellos señoresvenían a acompañarle; desculpó a Motezumaquepor estar enfermono veníaél mismo a rescebirle. Cortésprimero que adelante prosiguieserecelándosede lo demás que después le dixole respondió ser grande la merced que él yaquellos señores le habían hecho en salir a rescebirle y acompañarle y queél se lo serviría adelante; que le pesaba de la enfermedad del gran señorMotezumay que aunque estuviera buenono era para él tanta mercedsino paraotro tan gran Príncipe como ély que por eso iba él y aquellos pocoscompañeros a besarle las manos y dar la embaxada del Emperadorsu señor.

Casamacín y los otros señores todavía porfiaron en que los españoles setornasen y no llegasen a Méxicodando a entender que allá no los rescibiríany defenderían el paso si porfiasen entrarcosa cierto que con mucha facilidadpudieran hacer con quebrar la calzadaque fuera tanta resistencia queimposibilitara la entrada; pero como andaban ciegos y turbados y Dios encaminabade otra manera que ellos pensaban los negociosno se atrevieronaunque no erantantospara resistir como pudieran. Dióles Cortés cosas de rescatehablándolos amorosamentecomo siempre lo hacíano dexando de proseguir sujornadaprocurando tratarlos así para que sabiéndolo Motezuma no se lehiciese tan de mal su venida. También salían muchos mexicanos al caminoasíde la ciudad como de los lugares comarcanosa ver los españolesymaravillados de sus barbasvestidosarmascaballostiros y de la novedad queen todo mostrabandecían: «Verdaderamenteestos son dioses.»

Cortés les avisaba siempre que no atravesasen por entre los españoles nicaballosni se llegasen a tocarles la ropasi no querían ser luego muertos.Esta hacía con gran sagacidadlo uno porque no se desvergonzasen con lacomunicación y trato a tener en poco las armas españolassino que siemprecomo no tratadaslas temiesen; lo otroporque dexasen abierto el camino parair adelante sin interromperles el orden y concierto que llevabanen que sueleconsestir la mayor fuerza de la gente. Desta maneraaunque era infinita lagente que los rodeaba sin pesadumbre llegaron a un pueblo que se llamaQuitlauca. Tenía dos mill fuegos; está todo fundado sobre agua; es pueblo muyfresco y de gran pesqueríaantes de llegar al cual entraron por una calzadaancha más de veinte pies; duró más de media legua. Eran las casas del pueblomuy buenas y de muchas torres. El señor dél con muchos principales salió arescebir a Cortés más adelante de la calzada; hízole muy alegre y buenrecogimiento y proveyó el exército abundantemente de lo nescesario; rogómucho al Capitán se quedase allí aquella nocheel cual lo hizo porcondescender con su ruego y por saber dél qué tal era el camino de allí aMéxico. Hablaron los dos en secreto aquella noche gran rato; quexóse muchoaquel señor de los agravios que Motezuma a él y a otros hacía; magnifestólecon harto recelo de ser entendido el deseo que tenía de por cualquier vía quefuese verse libre de su tiranía y subjeccióndiciendo que si él y los suyoscomo parescíaneran diosesque debían poner en su antigua libertad a muchosseñoresque de secreto estaban agraviados; que sería fácilintentándolosalir con elloporque todos le ayudaríany estocomo lo decía muy de verasno pudo resistir a las lágrimasde ver las cuales no poco se holgó Cortésaunque mostró compasión. Díxole que sosegase su corazónque prestotendrían todos contentoporque el gran señor Motezuma haría lo que él lerogase. Esto dixo asíporque si el otro descubriese algono entendieseMotezuma que iba con ánimo de hacerle guerra. En lo demás le preguntó quétal era el camino para Méxicoel cual le respondió que muy bueno y todo poruna calzada como la que había pasado. Descansó con esto Cortésca iba condeterminación de parar allí y hacer barcas para entrar en Méxicoaunque contodo estuvo con pena y cuidado no le rompiesen los mexicanos las calzadasporlo cual llevaba muy gran advertenciayendo muy sobre aviso él y sus Capitanesinviando buen trecho adelante dos de a caballoque descubriesen lo que había.

Cacamacín y los otros señores le importunaron no se quedase más allísino que se fuese a Yztapalapaque no estaba sino dos leguas adelante y era deotro sobrino del gran señor. El hizo lo que tanto aquellos señores le rogabanporque no le quedaban sino dos leguas de allí a Méxicoque podía entrar enella otro día a buen tiempo y a su placer en aquella imperial ciudad. Fuepuesa Yztapalapay aliende que de dos en dos horas iban y venían mensajerosde Motezumale salieron a rescebir buen trecho el señor de Yztapalapa y elseñor de Cuyoacántambién pariente y de la casa real de Motezuma. Iban conellos tantos indios que era bien de verporque toda la calzada estaba cuajadade gente; presentáronle esclavasplumajesropa y hasta cuatro mill pesos deoro. Cuetlauacael señor de Yztapalapale hizo por las lenguas un muycomedido parlamentodándole el parabién de la venida en nombre del granseñor y de los otros señores sus deudoscriados y esclavosque así lo eransegún estaban subjectos. Abrazó Cortés a estos dos señores; dióles algunascosascon que mucho holgaron por su extrañeza; respondióles graciosamentediciendo que él venía de parte del gran Emperador de los cristianos aservirlosconoscerlostratarlos y tenerlos por muy amigos y darles lo que ensu tierra había. Con esto entró en Yztapalapadonde Cuetlauaca hospedó atodos los españoles en su casaporque era una de las grandes que había en elseñorío de Motezuma. Tenía grandes patioshermosos cuartosaltos y baxosmuchos y muy frescos jardineslas paredes todas de cantería y la madera muybien labrada; los aposentos muchos y muy espaciososcolgados de cortinas dealgodónmuy ricas de su manera. Había a un lado una huerta con mucha fruta yhortaliza; los andenes de la huerta y jardines eran hechos de red de cañascubiertos de rosas y flores muy olorosas. Había estanques de agua dulce conmuchos pescados; la huerta era tan grande que en ella había una alberca de caly cantode cuatrocientos pasos en cuadro y mill e seiscientos en tornoconescalones hasta el agua y aun hasta el suelo por muchas partes; tenía muchassuertes de pecesacudían a ellas muchas garcetaslabancosgaviotas y otrasavesque muchas veces cubrían el aguacosa cierto muy de ver.

Miró Cortés todas estas cosas y entendió por ellas la grandeza de Méxicoy ser una cosa de las más notables del mundoe dicen que allí se alegró másque en otra partediciendo a algunos de sus amigos que muy presto tendríantodos el premio de sus trabajosy esto se le confirmó bienpor lo que luegodiré del rescibimiento que Motezuma le hizo.



 

 

Capítulo LXIII

Cómo salió Motezuma a rescebir a Cortés.

Primero que Cortés saliese de Yztapalapa para ir a Méxicoaunque Motezumale había inviado a decir que viniesetodavía procuró excusarloinviándoleallí ciertos caballeros suyoslos cualesno de su partesino como que ledaban consejole dixeron que se volviese y que se le daría todo lo que pedirquisieseporque de allí a México no había caminosino por aguay que él ylos suyos no sabían la manera de andar por aquella laguna y que se perderían yanegarían luego. A estas pláticas se halló Teuchiprincipal de Cempoalaelcual por cierto caso había estado en Méxicoy como vio que aquellos mexicanostan claramente mentíandixo a Cortés: «Señorno creas a éstosporque yohe estado en México y te llevaré hasta las casas de Motezuma por una muyhermosa calzada que hay de aquí allá.» Quedaron avergonzados los mexicanos yCortés los reprehendiera ásperamentesino que se reportó porque nosubcediese algún desmán rompiéndole la calzadaque era toda la resistenciay así les dixo que porque eran criados del gran señor Motezumano los mandabacastigar por la mentira que le habían dichoque se fuesen con Dios y no ledixesen másporque también sabía que si el gran señor Motezuma lo supieselos castigaría gravemente. Ellos se fuerondándose a entender que Cortés noentendía otra cosa de lo que decíay con estoaunque infamados dementirososiban contentoscreyendo que el honor de su señor estaba salvo.

Cortésque se le hacía ya tarde por entrar en la deseada ciudadcomenzóa poner luego en orden su gente con más aviso que hasta allíporque acudíainfinita gente y de toda se recelabapor ser del imperio de Culhúa.

Al salir de Yztapalapa y por el camino mandó a pregonar que ningún indio seatravesase por el caminosi no quería ser luego muerto. Aprovechó tanto estepregón queaunque la gente era tanta que fuera de la calzada en canoasacudían a ver a los nuestros gran número de hombresiban holgadamente por lacalzada.

Está Yztapalapa dos leguas de México por una calzada muy ancha queholgadamente van por ella ocho caballos en ringlera; es tan derechasino es auna enconada que haceque desde el principio se podían ver las puertas deMéxico; a los lados della están Mexicalcingoque es pueblo de cuatro millcasaspuestas todas sobre agua; Coyoacánque tendrá seis millassentadosobre tierra firmefértilmuy sano y alegre; y Huicilopuchcoque tendrácinco mill casas. Tenían estos tres pueblos en su gentilidad muchos templos ytorres muy levantadasencaladasque desde lexos con el sol resplandecían comoplata; adornaban mucho los pueblos y parescían bien desde afuera. Agora haymonesterios bien edificados y que dan mucho lustre y ornamentohechos de lapiedra que había en los cúes o templos del demonio. El mayor trato que enestos pueblos había era de salno blanca ni buena para comerespecialmentepara los españoles y para los indios que eran noblesaunque muy buena parasalar tocinos y otras carnes; hácese de la superficie de la tierra que estácerca de la laguna y es toda salitral; los panes della son casi de color deladrilloredondos; hácese con artificio en cierta maneralarga de decir; eragran renta para Motezumay así es ahora gran trato para los moradorestantoque muy lexos se lleva a otras partes.

En esta calzada había de trecho a trecho puentes levadizas sobre los ojos docorría el aguade la una laguna a la otra. La una laguna es de agua dulce y esmás alta que la otray aunque entra en ella no se mesclan muchopor lascalzadas que están de por medio.

Por este camino iba Cortés con trecientos españoles. Engáñase Gómara endecir que eran cuatrocientosporque los demás quedaron en la Veracruzyotroscomo está dichomurieron. Seguían al exército español hasta seismill indios amigos de los pueblos que había pacificadollegó cerca de laciudaddonde se junta otra calzada con éstadonde estaba un baluarte fuerte ygrande de piedrados estados altocon dos torres a los lados y enmedio unpretil almenado y dos puertasfuerza harto fuerte. Aquí se detuvo Cortésporque salieron a rescebirle cuatro mill caballeros cortesanos y ciudadanosvestidos a su usanza todo lo más ricamente que pudieron y todos de una manerapor su orden. Cada uno como llegaba a do Cortés estabatocando con la manoderecha la tierra y besándolase humillabay pasando adelantese volvía allugar de donde había salido. Tardaron en hacer esto más de una hora y fue cosade ver y bien extraña a los nuestros. En este lugar puso después Cortés elreal cuando cercó la ciudad.

Desde el baluarte se sigue todavía la calzada y tenía antes de entrar en lacalle una puente de madera levadizade diez pasos anchapor el ojo de la cualcorría el agua; es ahora de piedra y está cerca de las casas que fundó Pedrode Alvarado. Hasta esta puente salió Motezuma a rescebir a Cortés debaxo de unpalio de pluma verde y orocon mucha argenteríacolgando; llevábanlo cuatroseñores sobre sus cabezas; iban delante tres señoresuno en pos del otrocada uno con una vara de oro levantada a manera de ceptros. Estas llevabadelante de sí Motezuma todas las veces que salía fueraasí por agua como portierraen señal de guión y muestra de que el gran señor iba allípara quelos que le topasenaunque no le viesenhiciesen la reverencia y acatamientoque a su señor debían. Llevaban a Motezuma de brazo dos muy grandes señoresconviene a saberQuetlauacsu sobrinoocomo otros dicensu hermanoyCacamacínsu sobrino; venían todos tres ricamente vestidos y de una manerasalvo que Motezuma traía unos zapatos de oro que ellos llaman cacles; son a lamanera antigua de los romanos; tenían gran pedrería de mucho valor; las suelasestaban prendidas con correas. Los dos señores que le llevaban de brazo ibandescalzosporque era tan grande el respecto que se le teníaque ningunoentraba donde él estaba que no se descalzase los zapatos ni osase levantar losojos. Iban criados suyos delantede dos en dosponiendo y quitando mantas porel suelopara que no pisase en la tierra; iban a mediano trecho en pos déldocientos señores como en procesióntodos descalzos y con ropas de otra másrica librea que los tres mill primeros. Motezuma venía por medio de la calle yéstos detrásarrimados cuanto podían a las paredeslos ojos en tierraporno mirarle a la caraporquecomo digoera desacato.

Cortésa mediano espaciocomo le viose apeó presto del caballo y conél algunos caballeros. Como se juntaronle fue a abrazar a nuestra costumbre;los que le llevaban de brazo le detuvieronporque les paresció que era granpecado que hombre alguno le tocasepues le tenían como a cosa divina;saludáronseemperocada uno a su mododando el uno al otro la buena veniday el otro agradesciendo el favor y merced de salirle a rescebir. Cortés conmucho comedimiento y muestras de amor le echó al cuello un collar de margaritasy diamantes y otras piedras de vidrio; Motezuma se le inclinó un pocomostrando que con benignidad e imperial majestad rescebía el don y servicio;fuese delante un poco con el sobrino que le llevaba de brazoy mandó a suhermano que se quedase acompañando a Cortés; llevábale por la mano por mediode la calleno consintiendo que español ni indio se llegase. Fue esta la mayorhonra que Motezumasiendo tan gran señorpudo dar a Cortésporque leigualó a sí.

En esto los docientos caballeros de la libreauno a unocomenzaron a darleel parabién de la llegadasegún y como está dichoa su modo. No acabaran enaquel día si todos o los nobles de la ciudad hubieran de hacer lo mismoperocomo su Rey e señor iba delantevolvían todos la cara a la paredpor laveneración grande que le teníany así no osaron llegar los demás quequedaban a saludar a Cortés.

Motezuma se holgó con el collar de vidrio que Hernando Cortés le habíaechado al cuelloporque era extraño y nuevo para élaunque no rico; y comosea condisción de Reyes querer más dar que rescebirélpor no tomar sin darmejorcomo gran Príncipellamando a dos camareros suyosles mandó traer doscollares de camarones coloradosgruesos como caracolesque ellos tenían enmucho; de cada caracol colgaban ocho camarones de oromuy al natural labrados yde a xeme cada uno. Traídosparó Motezuma hasta que Cortés llegóy con suproprias manos se los echó al cuellocon grande amor. Túvose esto por muyespecial favor entre los indiosca se maravillaron mucho de que tan granPríncipe hiciese tan señalado favor cual nunca había hecho otro.

Ya en esto acababan de pasar la calleque duró por un tercio de legua; eraanchaderecha y muy hermosa llena de casas por ambas aceras. Tiene Méxicosegún en su lugar diréal presentelas mejores calles y casasa una manode todo lo que se sabe que hay poblado en el mundo. A las puertasventanas yazoteas de aquellas tan largas aceras había de hombres y mujeres tanta multitudque los unos ponían admiración a los otros. Ellos se maravillaban de laextrañeza de los nuestrosde sus barbasrostros y vestidosde los caballosarmas y tirosy decían: «Dioses deben ser éstosque vienen de do nasce elsol.» Los viejos y que más sabían de las antigüedades y memorias de sugentilidadsospirandodecían: «Estos deben de ser los que han de mandar yseñorear nuestras personas y tierrapues siendo tan pocosson tan fuertes quehan vencido tantas gentes.» Los nuestros estaban abobados de ver tanta gentecuanta jamás no solamente no habían vistopero ni imaginadoy así decían:«¿Qué es esto? ¿Es encantamientoo hay aquí juntado toda la gente quedexamos atrás? Ciertosomos de buena ventura si éstos nos fueren amigos.»Desta manera llegaron a un patio muy grande que era recámara de los ídolosque fue la casa de Axayacacín. A la puerta tomó Motezuma de la mano a Cortés;metióle dentro a una muy gran sala; púsolo en un rico estrado de oro ypedrería; díxole estas palabrasque fueron muy de señordeseoso de le hacertoda merced y favor: «En vuestra casa estáis; comed y bebeddescansad y habedplacerque luego torno.» Cortéssin responderle palabrale hizocomoacetando la mercedel comedimiento que a tan gran señor convenía.

Este fue el rescibimiento que MotezumaRey de muchos Reyes y poderosísimoPríncipehizo al muy valeroso y no menos venturoso Fernando Cortés en la granciudad de Tenuztitlán Méxicoa ocho días del mes de noviembreaño delnascimiento de Christo de mill e quinientos y diez e nueve años.

Cuentos Amatorios

Libro cuarto

(Continuación)



 

 

Capítulo LXXIII

Cómo Sandoval vino a Tapaniquitadon de Cortés estabay decómo vinieron los cempoaleses a quexarse de Narváezy lo que sobre ellopasó.

En el entretanto que estas cosas pasabanel campo de Cortésmarchando pocoa pocovino a Cotastladonde estuvo tres días padesciendo gran nescesidad decomidaporque sin los indios de servicio y otros muchos que acompañaban elcampolos españoles eran docientos y másy comieron solamente ciruelasquea ser de otra nasciónse corrompieran y murieran los más. De allínadahartospartieron para Tapaniquitadonde hallaron algún refrigerioporquehallaron un poco de maíz que comer. Detuviéronse allí cuatro díasasí poresperar a Gonzalo de Sandovalque andaba huyendo por la sierra arriba con lagente de la Villa que había quedado en la marcomo por rehacerse del trabajo yhambre que en el pueblo antes habían padescido. Al cabo de los cuatro díasatoda priesallegaron unos indios con cartas de Sandovallas cuales contabancómo había desamparado la Villa por no juntarse con Narváezy las demásparticularidades que cerca dello acaecierony que aquella noche sería con suMerced. Estuvo Sandoval y los suyos casi un día en pasar el río. Holgósemucho Cortés con las cartassubió luego a caballo con otros algunoscaballeros y salió a rescebir a Sandovalasí porque lo merescíacomo porquehacía mucho al caso su venidapara salir con la demanda que llevaba. Llegóbien tarde Sandovalabrazólo Cortésholgóse por extremo con élque eravaliente y de buen seso; fue hasta entrar en el pueblopreguntándole muchascosascenaron luegoaunque noeran menester muchos cocineros para adereszarla cenaque era poca y ruin.

Otro díaa las ocho o las nueve de la mañana vinieron muchos indios condos principales: el uno se decía Teuchey el otro Arexcolos cualesennombre de los demás que con ellos veníanse quexaron a Cortés gravemente deNarváez y de los suyosdiciendo que era tabaliloque quiere decir ensu lengua «malo» porque no hacía justicia a ellos ni a los demás indios quede los suyos se quexabanpor las fuerzas y robos que les hacíannodexándoles patogallina ni conejo que no se lo robaseny que lo que mássentían era que les tomaban las hijas y mujeresusando dellas a su voluntadhaciéndolos trabajar por fuerzae que a esta causa se habían ido muchos delpuebloy que si él no lo remediabapresto se irían todos los demás; queviese lo que más conveníaporque ellos no harían más de lo que él mandasepues le tenían por señor y no conoscían a otro que a él.

Cortés sintió mucho el mal tratamiento de los cempoalesesaunquejustificaba mucho su causacondoliéndose delloslo que ellos tuvieron enmucho; dioles las gracias; rogóles se volviesen a Cempoala y que comunicando elnegocio con sus deudos y amigosse saliesen del pueblo para cuando él llegaseporque había de echar fuego a las casas y a los españoles que en ellasestabanpor ser malos y de mal corazón y que no eran de su casta ygeneraciónsino de otra que ellos llamaban vizcaínos.

Los indioscon esta repuestadándole muchas gracias y besándole lasmanosse volvieron muy contentosdiciendo que saldrían del pueblo luego quesupiesen su venida y que le ayudarían con todas sus fuerzasviniendo a lasmanos con Narváeza quien deseaban ver fuera de su tierra por los malostratamientos que les hacía y había hecho.



 

 

Capítulo LXXIV

Cómo antes que esto pasase tornó Narváez a inviar otrosmensajeros a Cortés a requerirle con las provisionesy de lo que sobre ellopasó.

Primero que esto subcediesecomo Narváez vio la burla que Cortés habíahecho dél en prenderle los primeros mensajerosentró en consejo con laJusticiaRegidores y Oficiales de Su Majestad y con algunos otros caballeros ypersonas principalesy con mucha indignación dixo cosas de Cortés que nicabían en él niaunque cupieraneran para caber en boca de persona tanprincipal; finalmentedespués de haberle ido a la mano en estose determinóque fuesen tres personas hábiles y de confianza con unos treslados de lasProvisiones reales a requerir a Cortés. Los que inviaron fueron Bernardino deQuesadaAndrés de Duero ypor escribanoAlonso de Mataque es hoy Regidoren la ciudad de Los Ángeles. Otros dicen que fueron Andrés de Duero y JoanRuiz de Guevaraclérigocon el mismo Alonso de Matalos cuales toparon conHernando Cortés cerca de un pueblo que se dice Chachula. Estonces Alonso deMataconforme a la instrucción que llevabacomenzó a requerir a Cortéselcualllegándose a élle prendió luego y le tomó los recaudos sin quepudiese leellos; y porque los otrosora fuesen Joan Ruiz de Guevara y Andrésde Dueroora Andrés de Duero y Bernardino de Quesadaporque eran muy susamigosaunque los detuvo consigo tres o cuatro días marchandonunca les hizomal tratamiento; antes Alonso de Matasegún la información que él me diopresumió que había entre ellos tracto doble contra Narváez. Pasados estosdías los invió a todos y con ellos a dos personas muy principales de su realque fueron Alonso de Ávila y Joan Velázquez de Leónpara requerir a Narváezquepues no quería venir en ningún buen concierto y hacía mal tratamiento alos indios y alteraba la tierraque so pena de la vidacon todos los suyos sesaliese dellalos cualescomo eran valerosos y sabían que tenían muchos desu parte en el real de los contrarioshicieron el requerimiento a Narváez sinque osase ofenderlos en cosa.

En el entretanto que estas cosas pasabaniban y venían espíasentrando enel real de Narváez algunos españolesque ya eran lenguasen hábitos deindiostomando aviso de otros sus amigos de todo lo que en el real pasabaqueno poco daño hizo a Narváezaunque mucho mayor se lo hizo su gran escaseza yruin condisciónde la cualpor ser tan contrarioCortésno solamentesustentó los amigospero allegó y atraxo a sí a los enemigosa los cualesse fue acercando poco a poco hasta llegar a Tapaniquitaadonde un Joan deLeónclérigoy Andrés de Duerohablaron a Cortés no se sabe quémás deque los despidió con buena gracia y muy contentos.

Prosiguiendo adelante el caminosalieron otros dos españoles del campo deNarváezque tambiénsegún dice Mataque se halló presenteparesció quetrataban más el negocio de Cortés que el de Narváezy como esto vio Matacuando se halló con Narváezle dixo que mirase por sí y no se descuidasepuntoporque algunos de los suyos le tractaban traicióne que Cortés era muysagaz e arteroafable y dadivosoe que a esta causa sabía salir con negociosque otros no osaban intentary que no convenía se metieseen casas y cuessino que con su gente puesta en orden esperase a su enemigo en el campodondepues tenía tanta más gente que élpodría ser señor y hacer lo quequisiese. No paresció bien a Narváez este avisoporque pensaba que todo se losabíay porque el que está acostumbrado a oír lisonjasno le sabe bien laverdadespecialmente dicha por el inferior con alguna reprehensión.



 

 

Capítulo LXXV

Cómosabiendo Narváez que Cortés se acercabasalió alcampo y ordenó su gentey de la plática que estando a caballo hizo a lossuyos.

Entendiendo Narváez que Cortés se venía acercandoy la determinación quetraíaaunque le tenía en pocopor la pujanza de su exércitosalió alcampo con toda la gentey no para tomar el parescer de Mata y de otrosquedeseaban la victoriasino para tomar contento y presunción con la vista de lossuyos; ca sabía que los más eran buenos caballeros e que Cortésaunque lostraía talesentre todos no traía más de docientos y cincuenta hombres.Ordenandopuessu gente y haciendo alarde dellahalló que traía novecientosy tantos hombres de guerrade los cuales eran los ciento (según algunos dicen)de a caballoy según otrosochenta. Halló que traía muchos escopeterosyballesteros y algunos buenos tirosy finalmentetodos muy bien adereszadosya lo que parescía (aunque después se vio lo contrario) todos deseosos de venira las manos con los enemigos; y cuando los tuvo puestos en concierto y orden debatallahaciendo señal de que con atención le oyesendesde el caballo leshabló desta manera:

«Valientes caballerosescogidos entre muchos para tan próspera jornada: Yaveis la sinrazón que Cortés tiene y usó con Diego Velázquez desde que saliódel Puerto de Sanctiago de Cubaalzándosele con todas las preeminencias que aél como a Adelantado y Gobernador pertenescían. Vosotros sois muchos más ennúmero y no menos valientes en esfuerzo que nuestros contrarios; traemos muchosmás caballosmás escopetas y más tirosy no solamente somos más poderososcontra ellospero contra todos los indios que en su favor saliesen. Viendo yoestono he querido venir en ningún partido de los que Cortés me ha ofrescidoporque no es bien que el criado parta peras con su señory porque seríaflaqueza y pusilanimidad que de lo que no es suyo nos diese partey quenosotrosviniendo a ser señores y a hacer justicia por los desaguisados que hahechonos hagamos sus igualeshaciéndonos particioneros de sus delictospueslos encubrimos; y porque sé que me podríades decir lo que muchas veces algunosde vosotros me habéis dicho queen tierra tan grandetan extraña y tanpobladano conviene que vengamos en rompimiento con los de nuestra nasciónporque vendremos a ser menosy por consiguiente menos poderosos contra losindios: respondiéndoos a estodigo que viniendo en conciertoadelante no hande faltar disensionesporque el mandar no admite igualy vosotrosporquevenísy ellos porque estabanhabéis de tener pendencias y contiendase asíserá peor la discordia e invidia interiorque el rompimiento de presentecuanto más que ellos son tan pocos y tan mal proveídos de armasque sin muchasangre los podemos tomar a manos y hacer dellos lo que quisiéremos. Quedará uncaudillo y uno que os honre y favorezca y ellos no tomarán más de lo quevosotros les diéredesreconosciendo para siempre vuestro poder y autoridad.

»No tengo más para qué esforzarospues cada uno de vosotros puede ser tanbuen Capitán como yo e animar a otrosy no es menester esfuerzo donde sobra larazón. La ventaja está conoscida y la victoria delante de los ojos; siqueréisno hay quien nos ofenday tampoco creo que hay entre vosotros hombrede tan mal conoscimiento ni tan deslealque quiera más para Cortés que parasí. E porque en esto estoy desengañadoconcluyo con deciros que vuestro eseste negocio más que mío. Dios nos favorezca e ayudee con tanto nos volvamosa nuestros aposentos.»



 

 

Capítulo LXXVI

Cómo Narváez se volvió a su alojamiento y de lo que de suplática sintieron y dixeron los suyos.

Hecho este razonamientoque era hacia la tardesin esperar más respuesta.Narváez mandó hacer señal de que todos se recogiesen a sus alojamientosaunque algunos de los principales que a caballo estaban con Narváez le dixeronquepues se acercaba Cortésque era mejor esperarle en el campo que no en losaposentos. Narváez les respondió: «¡Anday hase de atrever Cortés aacometer en el campo ni en pobladoaunque ha hecho fieros!; él debe de venircomo el que no puede mása ofrescerse a lo que yo quisiere.» Con estoandando hacia los aposentosla gente le siguióla cual después que estuvo enlos alojamientoscomo suele acaecer donde hay muchostuvo diversos paresceres.Unos que deseaban lisonjear a Narváezque eran de su parescer y condiscióndecían que había hablado muy bien y que tenía razón en todo lo que habíadichoporque todo pasaba al pie de la letra como él lo había tratadoe quecon cuatro gatosen el camponi en pobladopor muy atrevido que fueseCortésno osaría emprender negocio tan dificultoso.. Otros que mejorentendían las cosascontradiciendo a éstosdecían: «Mal entendéis losnegocios y mal conoscéis vosotros a Hernando Cortés; él y los suyos hantrabajado y están hechos a los trabajos; han usado de todos buenoscomedimientosy para echarlos de su casa es menester muchoy asícomoaquellos que vienen a defenderlapelearán como leones desatadose suelen lospocosayudados de razón y justicialas más veces vencer a los muchos que locontradicen.


Hernando Cortés ha hecho lo que ningún Capitán en las Indias; es muy sabioy muy valientemuy liberal y muy afable y el que primero se pone a trabajos; ysi algún pleito malo teníaél lo ha hecho bueno por justificar tanto sucausa; y si del ave que él ha cazado no le quieren dar una piernabien es quela defienda today veréis cómo cuando no nos catemosha de dar sobrenosotrosde manera que no nos demos a manos para defendernoscuanto más paraofendelley esto será así por lo que barrunto de los amigos que en este realtiene y porque siempre he vistoque el soberbio cae a los pies del humilde ereportado.» Otros hablaban otras cosasponiendo en dubda los negocios; otrossin hablarmirándosese entendían; otros por corrillos hablaban de secretoy los que tenían gana de vencer a Cortés y gozar de lo que él habíatrabajado a voces decían a Narváez: Señorsalgamos al campo y pongámonos enordenque para tan pocoso contra muchos mejor estaremos allí que no metidosen casasdonde no seremos señores de nuestros caballos.»

Toda esta confusión y variedad de paresceres había en el real de Narváezy lo más de lo que pasaba sabía Cortés e ayudábales mucho para lo que luegohizo. Narváez a la boca del patio de sus aposentos mandó poner los tirosgruesos para defender la entrada si acaso Cortés viniese de repente; invió susespías doblesordenó su gentela que de pie era menesteren sus aposentos;la de a caballo pusocomo después diremosen otras partes; y asíaunque consus velascomenzaron a reposar la nochey en el entretantoque todas estascosas pasabanhacía Cortés lo que diré.



 

 

Capítulo LXXVII

Cómo Cortés partió de Tapaniquita y pasó un ríoy delpeligro que en él hubo y cómo de la otra parte oían las escopetas y tiros delreal de Narváez.

Muy en orden iba marchando Cortéscuando llegó a un río que dicen deCanoasel cualcomo iba crescido y no se sabía el vadodio bien que hacer alos de Cortésporque unos buscando el vadootros haciendo balsasse ahogarondos españolesde que no poco pesar rescibió Cortés por la falta de quesiendo tan pocosle podían hacer; pero como era muy cuerdo y cristianoconformándose con la voluntad de Diosmandó que ninguno entrase en el ríosin que él estuviese presentey asídespués que se hobieron hecho algunasbalsas y sobre ellas anduvieron algunos mirando el ríoy otros con paloslargos entraban por diversas partes de la orillatentando hasta bien abaxodonde el río se tendía mucho y no podía ir recogidohallaron un muy buenvadoaunque no tan baxo que no les llegase en muchas partes el agua a más delos pechos. Desta maneralos unos en balsasy los otros por el vadopasaronel ríoy estando pasando el ríoque casi la mitad de la gente estaba de laotra partevieron venir por unos medanos de arena dos hombres. Creyeron serespías de Narváez. Canelael atambortocó al armay asíen son deguerrasalieron a ellos algunosy acercándoseles conoscieron que eran JoanVelázquez de León y Antón del Ríolos mensajeros que Cortés había inviadoa Cempoalalos cualesya que Cortés con la demás gente estaba de la otrapartele dieron la repuesta de Narváezdiciendo que por ninguna vía queríaconciertos; que le tenía en poco e hacía burla délviéndose pujanteaunqueen el real le hacían saber había muchosy de los principalesque le eranaficionados; díxole otras cosas aparteen secreto.

A aquello y a lo demásen públicodixo Cortés: «Ahorapues Narváez noquiere ningún medioo morirá el asno o quien le aguija; que bien es primeroperder la vida que la honra y la haciendahabiendo lo uno y lo otro ganado contanto sudor y trabajo.» Con estohaciendo alto de la otra parte del ríooyeron los tiros y escopetas del campo de Narváez.



 

 

Capítulo LXXVIII

Cómodiciendo a Narváez que Cortés venía ya dos leguas deCempoalale salió al encuentro una legua de caminoy como no le topó setornó a sus aposentos.

Como los indios de su natural condisción son noveleros y siempre en lo quedicen añaden o quitan de la verdady aquella tierra estaba muy poblada dellosno se meneaba Cortés que Narváez no lo supieseni Narváez sin que Cortés loentendieseel cualcomo había hecho alto en el ríoque estaba tres leguasde Cempoalalos indios espías de Narváeza gran priesale dixeron cómoCortés estaba ya una legua y menos del pueblo. Narváezcreyendo ser asíepor hacer lo que muchos de sus amigos le habían aconsejadodeterminó de salira buscar a su enemigo. Dicen algunosentre los cuales Motolineaque delante deJoan Velázquez de León y Antón del Ríomensajeros de Cortéshizo alardede la gentepara que llevando la nueva de lo que habían vistoatemorizasen aCortés; y que después de hecho el alardepoco antes que mandase hacer señalde partirvolviéndose a Joan Velázquezle dixo: «Señor Joan Velázquez:Muchas veces os he dicho que por ser deudo de Diego Velázqueze por vuestrapersonadeseo que sigáis lo más seguro; vedpuesahora cómo os podréisdefendersiendo tan pocosde nosotros que somos tantos.» Joan Velázquez lerespondió: «Señor: No puedo ya perder más que la viday no dando vuestraMerced algún conciertono puedo dexar a Cortés. Dé Dios la victoria al quetiene justiciapues Dios es sobre todo.»

Con esto dicen que Narváez despidió a Joan Velázquez y a su compañeromandando luegoque ellos lo oyesendar un pregóndiciendo que daría muybuenas albricias al que le traxese muerto o preso a Hernando Cortés. Dado elpregónhizo un caracol con los infantesescaramuzó con los caballoshizotirar el artilleríay éste era el ruido que Cortés y los suyos oyeron a lapasada del río. Esto hizo por dos fines: el uno por que Cortés se rindiese sivenía tan cerca como le decíanoyendo el mucho espacio de tiempo que habíadurado el disparar del artillería y escopeteríay el otroatemorizar losindios de la comarcaque nunca habían oído tan gran ruido ni visto tantagente barbuda armadapor lo cual el Gobernador que en aquella provincia teníaMotezuma le dio un presente de mantas e joyas de oro en nombre del gran señorofresciéndosele mucho para todo su servicio; y no contento con esta manera delisonjacon ciertos indiospor la postainvió pintado a Motezuma el alardeque Narváez había hechodiciendo cómo salía al encuentro a Cortésque nopoco contento dioa Motezuma y a los mexicanosparesciéndolecomo eraquepeleando los unos con los otrosno podían ser muy poderosos contra ellos.

Narváezhecha señal de partircomenzó muy en orden a marchar con suexércitoandando con el maestre de campo de una parte a otra poniendo enconcierto la gentediciéndoles palabras de amordándoles esperanza devictoria; pero como hubo marchado una legua y Cortés estaba dos delloscreyendo ser burla lo que los indios habían dicho y que Cortés estaba máslexos y no se osaría acercar sin que primero le inviase más mensajerosenorden se tornó a sus aposentoscasi ya de nocheproveyendo espías dobladasmedia legua del real y que las centinelas por sus cuartos de ciento en cientovelasen la noche. Hecho estolos demás se descuidaron como los que no pensabanque el enemigo había de dar aquella noche sobre ellos.



 

 

Capítulo LXXIX

Del razonamiento que Cortés hizo a los suyos después queJoan Velázquez de León llegópersuadiéndoles a que muriesen primero queperdiesen lo ganado y viniesen en subjeción.

Después de pasado el río y que todos hubieron sesteadoviendo Cortés quela gente estaba algo descansadaaunque el día antes había marchado diezleguasya que de Joan Velázquez habían sabido todoso los másla malaintención de Narváezsu ruin condisción y mucha escaseza e que en su reallos mejores estaban aficionados a su partesentados todosCortés desde unaltilloles habló en esta manera:

«Señores y amigos míos que hasta la hora presente habéis comigo tanvalerosamente peleadoque de cada uno de vosotros se podrían decir tan grandescosas como de afamados Capitanespues siendo tan pocos en número habéis sidomediante el favor de Diostantos en virtud y esfuerzoque diez mill de vuestranasción no se os han igualadocomo paresce claro por este nuevo mundo queatrás y adelante de nosotros hemos rendido y subjectado a la Corona real deCastillaalanzando dél poco a poco al demonioPríncipe de las tinieblas:Razón será que pues tan buenos principios y medios hemos tenido en todoqueahora que se llega el fin (el cualsiendo adversolo que Dios no quieraha deescurecer vuestras hazañasy siendo prósperocomo esperolas ha de ilustrare hacer inmortales)estéis con nuevo ardid y coraje para contra vuestrosenemigoslos cualesaunque son españoles como nosotros y muchos más ennúmeromás bien artilladoscon muchos más caballos y más municiónnodefienden razón ni justiciaque es la que a nosotros ha de valerestán entresí divisosy muchos dellos desean que venzamos por mudar Capitán y gozar delo que con más liberalidad nosotros les daremos. Yacomo veissin grandeafrenta nuestrani podemos volver las espaldas ni debemoscomo rendidospedirpartidoporque si lo primero hacemoslos de atrás y los de adelante han deser nuestros enemigos y nos han de correr como a liebres; si hacemos lo segundohemos siempre de ser ultrajadosy los amigos que desean que venzamosesosmismoscomo los demásnos tendrán en menos. La vida es brevela muerteciertael bien vivir es buenopero el bien morir gloriosoporque toda la vidaque atrás queda honra y ennoblesce si vencemos. Ayudémonos de los amigos quedesean nuestra victoriay con buenas obras haremos de los enemigos amigos yasí quedaremos pujantes y verán los indios que no sólo contra ellosperocontra los de nuestra nasciónhemos sido fuertes y valerosos; y si acasocomoes siempre dubdosa la fortuna de la guerrasomos vencidoslos que muriéremosconcluiremos con morir honrosamentehaciendo nuestro debery los queviviéremossi los contrarios tuvieren valortendránnos en muchoporhabernos mostrado tan valientes y esforzadosy así querrán tenernos poramigos. De maneraseñores y amigos míosque según lo dichopor todas víasnos está bienno solamente defendernospero acometer para que el contrariopierda el ánimoy asísi os paresceporque no estoy muy seguro de los queen el real de Narváez tenemos por amigosestoy determinado de queyendo pocoa pocovamos a anochecer hoy a Pascuados leguas de aquípara que a la medianoche o al cuarto del albademos sobre nuestros enemigosque dormidos ysoñolientostomados de sobresaltono serán parte para que primero quevuelvan sobre síno los tengamos rendidos. Esto es lo que me paresce; ahoravosotrosseñoresdecid si os paresce otra cosaporque siendo mejor laseguiré yo.»

Cosa fue maravillosa el contento grande que este razonamiento a todos dio yel nuevo aliento y esfuerzo que con él cobrarony así Alonso de Ávilatomando la mano por los demáscomo era valiente y esforzadoencendido con tanbuenas palabrasle respondió brevemente desta manera:

«Muy valeroso y muy digno Capitán nuestro: En el semblante de nuestrosrostrospodéis entender lo que yo en nombre de todos debo responder. Lo quehabéis dicho es lo que nos conviene; donde peleáredes pelearemos y dondemuriéredes queremos morir; no queremos vida sin la vuestrani queremos más delo que quisierdespues siempre (según de tan atrás hemos entendido)nuncahabéis querido sino nuestro adelantamientohonra y provechoy para estohabéis tenido tan buenos medios que en lo presente no podemos dexar de pensarque será así lo que nos prometéiscomo ha sido en lo pasado. Partamos luegode aquí y a la hora que decís demos sobre los enemigosporque aunque todos losean y muchos másse me figura que en vuestra ventura y en la justicia quellevamos seremos vencedores.»

Dichas estas pocas y tan buenas palabrasCortés lo abrazóhaciendo lomismoa otros principalesy mandando hacer señalcomenzó en buen paso amarchar.



 

 

Capítulo LXXX

Cómo Cortésllegando cerca de Cempoalacasi a la medianocheprendió a Carrascoespíay lo que con él pasó.

Aquella nocheluego que anochesciósupo Narváez cómo Cortés estabacerca de su real tres leguasy aunque creyócomo era de creerque habiendocaminado el día antes diez leguasaquella noche reposara allímandó llamara Gonzalo Carrascoque era hombre de hecho y confianzapara que con un criadosuyoque se decía Hurtadoaquella nocheuna legua del realestuviese envela y diese aviso de lo que pasase. Fue Carrasco con el criado de la medianoche abaxoy estando haciendo su velalos corredores que Cortés traía uncuarto de legua siempre delante de sívieron blanquear la ropa de Carrascoyélcomo sintió que le habían sentidoa la pasada de un río fuese hacia unciruelo a mudarse la ropapero los corredores de Cortés fueron tan avisadosque sin hacer bullicioescondiéndose detrás del árbol adonde él ibaletomaron luego. Los corredores eran Jorge de AlvaradoGonzalo de Alvaradosuhermano; Francisco de SolísDiego PizarroFrancisco Bonal y Francisco deOrozcoy luego que fue presohabló recioque era señal para el criado deNarváezque venía detrás délpara que se volviesey si élcon un silbollamasese acercase a él. El Hurtado por la quebrada del río se fue sin quelos corredores le pudiesen tomaraunque le sintieron huirlos cuales esperaronhasta que Cortés llegó. Presentáronle a Carrasco las manos atadas atrás.Díxole Cortésriéndose con él: «Compadre¿qué desdicha ha sido ésta?;¿dónde estaba vuestra ligerezaque así os han cazado?» Riéronse allí unrato con el Carrascoaunque él no estaba para ellodando en albricias unarica cadena de oro a los primeros que le tomaronque traía sobre las armas.Pararon todos allí un ratoporque no estaban más de media legua de Cempoala.Preguntó Cortés a Carrasco que a qué había venido. Respondióle que a buscaruna india que aquella noche le habían hurtadoy que temiendo que la habíanllevado a los navíoshabía salido por allí. Cortésriéndose mucholereplicó: «Compadregran mentira es ésa; ¿quién era el otro hombre que convos veníaque se huyó?» Respondióle: «Señorera un criado míoque sedice Hurtado.» Tornóle a decir Cortés: «Mejor usó de su nombre que vos;decidme la verdadsi nomiraré al compadrazgo.» Afirmóse Carrasco en lo quehabía dichopero preguntado qué orden tenía Narváez en su realdixo todolo que pasabay más por espantar a Cortés que por avisarlediciendo cómo yaNarváez tenía nueva como venía y que otro día sería con éle que por estotenía muy grande guardavelando cada cuarto de la noche cien hombres yrondando cincuenta de a caballo y que el artillería estaba asestada por aquellaparte donde se pensaba que él había de veniry toda la demás gente muyapercebiday que no sabía a qué ibasino a la carnicería; porque de muertoo preso no podía escapar y que eracomo dicendar coces contra el aguijónporque el poder de Narváezahora le tomasen de díaahora de nocheera tangrande quesi quisieseno quedaría hombre dellos vivoe que como compadre yservidorle rogaba y suplicaba se volviese o se pusiese en sus manosporquehacer otra cosa era locura.

Cortésnada alterado con tan justos temoresdixo a Carrasco: «Compadrepor todo cuanto hay en el mundoy aunque perdiese muchas vidas si tantastuvieseno volveré atrás ni iré adelantepara hacer la baxeza que meaconsejáis. Bien veo que somos pocospero como hombres que defendemos razón yvamos determinados de morirharemos más que muchosy pues yo no tengo miedono me le pongáisporque os certifico que desta vez ha de morir el asno o quienlo aguijani tampoco me han de mentir mis amigos.» De donde Carrasco sospechóque debía de tener algunas firmas de algunos del real de Narváez y aun de losprincipalesy hizo bienaunque algunos sienten lo contrarioporque contra elenemigoespecialmente si es más poderosocomo no sea rompiéndole palabracualquier ardid y engaño es nescesario y justo.

Dichas estas palabrasatadas las manosle entregó a tres españolesquecon cuidado le guardaseny comenzó a marchary al apartarse dixo a voces elCarrascoque le oyeron muchos: «Yo juro a Dios que vais a la carnicería y queno daría esta noche mi parte por mill pesos»; y esto dixo por las cadenas ycollares de oro que llevaban los de Cortésel cualvolviéndose con elcaballo a élriéndosele dixo: «Andad acácompadre; que la barba mojadatoma a la enxuta en la cama»; y esto entendió Carrasco que lo decía porquellovía aquella nochey él no lo dixo sino porque el que madruga halla másveces la ventura que busca.

Llegandopuestres tiros o cuatro de ballesta de Cempoalaen una quebradaque allí se hacemandó Cortés esconder los tiros y otras cosas que llevabaque no eran menester y eran embarazosas para pelear. Detúvose allí paraesperar el fardaje y el oro y plata que muchos indios traíanel cual con losindios y tres o cuatro españoles dexó allí hasta ver en qué paraban losnegocios.



 

 

Capítulo LXXXI

De la plática y razonamiento que Cortés hizo a los suyos yde lo que fray Bartolomé de Olmedo hizo e dixo.

En el entretanto que el fardaje llegabaque quedaba un poco atrásCortésordenó su gente en tres hacese puesto en parte de donde de todos podía serbien oídoles dixo:

«Señores míospara quien más que para mí (pues no soy más de uno)deseo toda prosperidad y contento: Ya veis cuán cerca estamos de nuestrosenemigos y que ésta es la hora que los más reposany nosotros debemos tenermás ánimo y esfuerzo; encomendaos muy de veras a Diospues el peligro yriesgo de las vidas está tan cierto que yo espero en su bondad nos darávictoria. Yacomo dicenno hay que mostrar cara de perro en el peligro que nose puede excusar; el ánimo y esfuerzo es el que le vence. Considerad que antesde tres horaso acabaremos todos muriendo por nuestra honra y haciendaque sinestas dos cosas el bueno no debe desear la vidaocomo confío en Diossaldremos victoriososconfirmándonos y perpectuándonos y aun adelantándonosen nuestra honra y hacienda. Aprestaospuesseñorescomo los que por vuestravidahonra y hacienda habéis de pelear; acometamos con denuedo y cantemosluego la victoriaporque los enemigossobresaltados y divididosla tendránpor ciertay así los unoscreyendo que los otros son vencidosse rendiránfácilmente. Gente tan valerosa como vosotros soiscaballeros tan esforzadoscomo comigo venísvarones tan prudentes y animosos como sois los que siempreen tan arduas cosas me habéis seguido; no habéis menesteren el acometermayores negocios que éstepalabras de Capitánque os animenporque cada unode vosotros lo puede ser mejor que yoni habéis menester perseverancia parasalir con lo que emprendierdespues hasta aquí habéis padescido sin desmayarpunto tantos trabajos; ni conoscimiento e humildad en la victoria conseguidapues siempre con los rendidos os habéis habido más como padres que atemorizansus hijosque como soldados vengativos. Todas estas cosasmediante el favordivinohan de ser parte para que mañanaantes de las diezseamos señoresdel campo de nuestros enemigos y espero que se les ha de volver el sueño y loque piensan al revés; e porque dos cosas suelen inflamar y encender el ánimogeneroso para que con más avilanteza acometa y salga con mayores empresas queésta (que son el premio y prez de la honra y defender la razón)puestos losojos en Diosdigo que al primero que rindiereprendiere o matare a Narváez ledaré tres mill castellanosy al segundo que a su persona llegare mill equinientos y al tercero milly así racta por cantidadhasta veinte soldados.La otraque es la defensa de la razónponiendo vuestro corazón en solo Diosésta de vuestro la tenéispor lo cualhincados todos las rodillas delantedesta sancta cruz y de la imagen de Nuestra Señoracada uno haga oracióntomando por abogada a la Madre de Diosque ella será en nuestro ánimo ydefensa.»

Dichas estas palabrasque a todos maravillosamente movieronse hincó derodillas con gran devociónlas manos levantadas al cielosuplicando a Dios lediese victoriapues su enemigo no quería concierto ningunoe que pues a menosgente que ellos había dado victorias contra grandes exércitosse la diese aellospues en sólo su poder estaba el vencer y subjectar los contrarios.Diciendo estas palabrascon gran devoción todos los demás adoraron la cruzperdonáronse los unos a los otrosabrazáronse y diéronse paz como los quedeseabansi la muerte vinieseacabar en gracia. Luego fray Bartolomé deOlmedosin que nadie se levantasehizo decir a todos la confesión generalprotestar la feepedir perdón a los injuriados y perdonar a los ofensores yprometer la enmienda de la vida de si Dios les diese victoria. Hecho estomandóles que rezasen un avemaría a Nuestra Señora; hízoles la forma delabsolución dep[r]ecativadiciéndoles luego palabras dignas de su profesión yreligiónconcluyendo con decirles que Dios les daría victoria para que conmayor pujanza se volviesen a Méxicoalanzando el demonio délpredicando conobra e palabra el sacro Evangelio hasta los fines y términos deste nuevo mundo.



 

 

Capítulo LXXXII

Cómo Hurtadoespíaentró dando arma en el real deNarváezel cual se apercibió aunque no lo creía.

Como Hurtadola espíase desacabulló de manera que no le pudieron tomaraunque rodeó por no ir por lo llano por donde los corredores le pudiesenseguiranduvo cuanto pudoy llegando al real entró por él dandovocesdiciendo: «¡Armaarmaque vienen los enemigos. ¡Armaarmaque ya estácerca Cortés.» Dando voces entró muy alterado donde Narváez estaba. Díxolecómo los corredores de Cortés habían tomado a su amo Carrascoy que élcomo siempre quedaba atrás un tiro de piedrase escapó por una quebradadeque no le alcanzaseny no supo decir más que estoporque hacía escuro y nohabía podido ver cuántos fuesenmás de que por el ruido le parescía queeran más de ocho.

Mucho se alteraron algunos del real; unos decían que no era posible que tannoche y lloviendo caminase Cortés. Narváez le dixo: «Hijo Hurtadono locreyasque no es posible que ahora venga Cortés; íos a dormirque antojarseos híao por ventura lo soñastes.» Diciendo estopidió de beber a un pajey Hurtado sin responder cosa alguna se salió y subió en un cu que dicen deNuestra Señoraaposento que era de Joan Bono y de todos los de su camaradayallí les dixo: «Cortés vieney Carrascomi amoqueda preso e Narváez nolo creey os digoseñoresque lo ha de venir a creer cuando le pese y no lopueda remediar. Dice que lo debo de haber soñado e yo cuando lo vi estaba tandespierto como ahorasi no hay fantasmas por esta tierrapero gente de acaballo me paresció y voces españolas oí» Joan Bono que no debía depesarledixo: «CallaHurtadoque no estaba loco Cortésque de noche ylloviendo había de venirquebrándose los ojos para no ver lo que ha dehacer.» Estonces Hurtadocomo vio que todos hacían burla déldiciendo queno era posible sino queo se le antojabao que lo había soñadodixo: «Acuerpo de Dios yo rebuznarépues tantos me hacen asnoy juro a Dios que ni losoñé ni se me antojóni aun estaba borracho; que días ha hartos que no heprobado gota de vinoy si Cortés no diere sobre nosotros antes que amanezcayo quedaré por lo que vosotros decís.» Con todo esto no lo creyeron oa lomenosno lo quisieron creer.



 

 

Capítulo LXXXIII

Cómo Cortés dio mandamiento a Sandoval para prender aNarváez y cómo ordenó sus haces y les dio apellido.

Ya que era tiempo de dar sobre los enemigosCortéspara justificar más sucausa y negocioante todas cosasllamando a Gonzalo de Sandovalsu Alguacilmayorle dio mandamiento para prender a Pánfilo de Narváezcuyo tenor era elque sigue:

«YoHernando CortésCapitán general e Justicia mayor en esta NuevaEspaña por la Majestad del Emperador de los Romanos Carlos quintoRey de lasEspañascaballeros y soldados que debaxo de mi mando e bandera residenetc. AvosGonzalo de Sandovalmi Alguacil mayor: Sabed cómo he sido informado que aesta Nueva España ha llegado Pánfilo de Narváez con gran exército e gente dearmascaballosartillería e municiones; y sin darme avisode la causa de suvenidacomo era obligadasiendocomo todos somosvasallos de un Reyhacomenzado a entrar de guerra por la tierraque yo tenía pacíficay la haalterado y ha publicado muchas cosas de que los naturales desta tierra se hanalborotadoy ha hecho gran deservicio a Dios nuestro Señor y a Su Majestad; eaunque por mi parte ha sido requerido muchas vecescomo consta por losrequerimientos que le fueron hechosque entrase de pazsin rumor nialteracióny que me diese aviso del poder o provisiones que traía de SuMajestadporque yo estaba presto de cumplirlas e obedescerlasno ha queridomostrármelas ni advertirme de cosa algunaantes siempre ha ido aumentandoescándalos y alborotos; ni tampocosiéndole por mi parte movidos e pedidosmuchos partidos convenibles e razonableslos ha querido aceptarsino seguir entodo su voluntad e propósitode que en hacerlo así e darle lugar a ellocomodicho essería gran deservicio de Dios y de Su Majestadpor estorbarcomoestorbala conquista de tan grandes tierras e nuevo mundotan poblado degentes subjectas al demonio y tan ricas e prósperas para el patrimonio de laCorona real; todo lo cual cesaría estorbando al dicho Pánfilo de Narváez loque ha comenzado. Por tantoatento las causas dichas e otras muchas que a ellome mueven bastantísimasvos mando que con la gente de guerra que os paresciereser nescesariavais al real y exército del dicho Pánfilo de Narváez y leprended el cuerpoy preso y a buen recaudo; le traed ante mípara que proveasobre ello lo que de justicia convenga; e si el dicho Pánfilo de Narváezaltiempo que le queráis prender se os resistiere e hiciere fuertele matadquepara todo vos doy comisión y poder bastantecual de derecho en tal caso serequiere; e mando a los Capitanescaballeros y soldados de mi gobernaciónquepara lo susodicho vos den todo el favor e ayuda nescesaria; que es fecho&.»

Dado este mandamientoordenó sus haces en tres escuadras. La primera dio aldicho Gonzalo de Sandoval (que era el quecomo su Alguacil mayorhabía deprender a Narváez)el cual llevaba hasta sesenta caballeros hijosdalgotalescuales convenía para tan arduo negocioalgunos de los cuales eran Jorge deAlvaradoGonzalo de Alvaradosu hermanoAlonso de ÁvilaJoan Velázquez deLeónJoan de LimpiasJoan Núñez Mercado. La segunda dio a Cristóbal deOlidque era maestre de campoe a Rodrigo Rangel y a Bernardino Vázquez deTapiaque a la sazón era factor del Reye [a] Andrés de Tapiae a JoanJaramillo e a otras personas de valor e calidad. La tercera escuadra tomó parasí; los principales que en ella iban eran los dos hermanos Francisco ÁlvarezChico y Rodrigo Álvarez Chicohombres de seso y valor; Diego de OrdásAlonsode GradoDomingo de AlburquerqueCristóbal Martín de GamboaDiego Pizarro eotros hijosdalgoponiendo en cada escuadra en el avanguardia e retroguarda losmás escogidos.

Repartió a todas tres escuadras setenta picasmás largas que treinta yocho palmoscon hierros de a xemeque de encina las había mandado hacerconlas cualesmás que con otra armahizo la guerra e alcanzó la victoria.Dioles apellido «Espíritu Sancto»por consejo y parescer de fray Bartoloméde Olmedoa quien él mucho amaba y respectabaporque el Espíritu Sancto losrigese y alumbrase. Mandó que los piqueros de la primera escuadraque llevabaGonzalo de Sandovalentrasen delante al aposento de Narváezy la otraescuadra fuese a la casa del cacique y prendiese a todos los que le velabanporque Narváez le había mandado velarpor que no se fuese a quexar a Cortésy que cincuenta soldados con un Capitán fuesen a la posada de Joan JusteAlcaldey le prendiesen con su compañero e con los demás Regidores eOficiales de la república. Mandó a Cristóbal de Olidporque era hombre muyanimoso e de grandes fuerzasque con la mayor presteza que pudiese tomase elartillería e que él con su gente les guardaría las espaldas a todos para quenadie de los que estaban en los otros alojamientos pudiese estorbarles cosaalguna. Iba una escuadra de otra trecho de un tiro de piedray por esta ordencomenzando a caminar. Cortés se paró a hablar con Carrascocon quien pasó loque se sigue.





 

 

Capítulo LXXXIV

Cómo Cortés preguntó a Carrasco cómo estaba ordenado elreal de Narváeze cómocreyendo que no decía la verdadle mandó guindare de otras cosas.

Ya que el exército de Cortés comenzaba a marcharCortésque habíamandado que con el demás fardaje los caballosporque eran pocos y ruinessequedasenembrazada una adargacon una lanza en la mano e su espada en lacintaa pie iba ordenando su exército; llegó adonde Carrasco ibaatadas lasmanosy mandando hacer alto le dixo: «Compadrepor vuestra vidaque medigáis de qué manera está ordenado el real de Narváez; cata que sí no medecís la verdad no bastará el amistad vieja para dexar de mandaros guindar dedos picas.» Carrascodixo lo que había dicho e que aquello era la verdad eque aunque le ahorcase no diría otra cosa. Cortés le replicó: «Pues asíqueréis vosmoriréis»y él lo dixo burlando e aínas saliera de verasporque los que le llevaban le guindaron de dos picasque a no arremeter Rangelcon su caballoaunque dice el mismo Carrasco que iban otros de a caballo conély a no trompellarlosmuriera luego allí. Estuvo desto Carrasco cuatro ocinco días tan malo de la garganta que no podía tragar bocadoaunquesegúndespués se diráse vengó bien del uno dellos que más mal le trató.

Caminandopuestodos hacia el pueblollegaron a un camino que se repartíaen dosen el uno de los cuales estaba una cruza que todos se hincaron derodillasy hecha muy devotamente oración Fray Bartolomé de Olmedo losconsoló a todos y animódiciéndoles: «Caballeros: El Espíritu Sanctoaquien habéis tomado por vuestro apellidoos alumbrefavoresca y dé esfuerzopara quecomo soléispeleéis valerosamente y salgáis con la victoriade lacuál depende vuestra vidavuestra haciendavuestra honravuestra libertadylo que más esel servicio de Dios y de Su Majestad; y pues de una hora detrabajoque espero no será másha de prosceder tanto bien y descansovendacada uno lo más caramente que pudiere su vidaponiéndose a mayores cosas; queel que esto hace con esfuerzo y cordura las más veces sale con ellas.» Luegodichas estas palabrasHernando Cortés les dixo: «Easeñores y amigos míosque ahora es el tiempo en que habéis de dar cima ni mayor hecho que españoleshan emprendidoe de dondesi salimos con élvuestro nombre y fama seextenderá por todo el mundo en los siglos venideros.»

Aquí todos pararon un poco a vestirse los escaupilespor entrar másdescansadose a la pasada de un riachuelocomo Ojeda dicedexaron en goardade un español tres o cuatro caballos que llevaban. Ya que todos estuvieronarmados de los escaupiles y otras armas que de nuevo tomaroncomo leoneshambrientosdeseosos de la presaviendo lo mucho que importaba el vencerenbuen paso y conciertosin bullicio alguno para que no fuesen sentidossefueron acercando a las casas del pueblodonde Joan Velázquez de Leónviendouna lumbre altadixo a Cortés: «Señordonde está aquella lumbre máslevantada es el aposento de Narváez.» Cortés le dixo: «Huélgome de que conla lumbre nos alumbrapara que no vamos a ciegas.»



 

 

Capítulo LXXXV

Cómo Cortés acometió a Narváez y lo rompió y prendióylo que sobre ello pasó.

No perdiendo Cortés de vista la lumbre que estaba en el aposento deNarváezmandó a Gonzalo de Sandoval que con la mayor parte de los piquerosguiase hacia allámandando a los otros Capitanes que con su gente (para que aNarváez no acudiese socorro) cercasen las tres torres donde estaban los demás;estaban todas cubiertas de paja. Sandovaltomó al atambor Canillas pordelanteavisándole que no tocase hasta que acometiesen. Cortés que andabasobre todoentrando ya por las casas del pueblodixo a las escuadrasespecialmente a la que había de acometer a Narváez: «Señoresabríos unospor una acera y otros por otraporque el artillería pase de claro sin hacerdañoque está asestada contra nosotros.» No se pudo hacer esto tancalladamente que no dixesen a Narváez que ya entraba Cortésel cual sevistió una cota y dixo a los que le dieron la nueva: «No tengáis penaque meviene a ver.» Mandó tocar los atabales y dicen que de las otras torres ningunole acudió. En esto hay dos opiniones la una es que se hicieron sordos y queholgaron de que Cortés entrase; la otra esy más verdaderaque no pudieronsalirporque se hallaron cercadosy aunque algunos se holgaron dellomuchoscomo adelante parescerárescibieron pesar.

LlegandopuesGonzalo de Sandoval al principio del alojamiento de Narváezlas velas que estaban al pie de la primer escalera que entraba al patiocomenzaron a dar voces: «¡Armaarmaque entra Cortés!» Sandovalviendoque era sentidomandó tocar a su atambory Cortés a grandes voces comenzó adecir: «¡CierracierraEspíritu Sancto! ¡Espíritu Sanctoe a ellos!»Así subieron por aquella primera escaleray dando en el patio toparon con uncu pequeñodonde estaban aposentados unos negros; salió uno dellos al ruidocon una lumbre en la manoy asomándose sobre el andén del cule dieron dos otres picazosde que cayó muerto abaxo; luegoprosiguiendo adelantehaciéndose pedazoslos atabales de Narváez y el atambor de Canillas tocandoarmafueron derechos al cu de Narváezy subidas dél cuatro o cinco gradasque teníaen el llano hallaron puesta el artillería. Disparó el artillero untiro y mató a dos de los de Cortés; la demás artillería no pudo dispararpor la priesa e ímpetu de los de Cortéso porque no se pudo dar fuego porestar los cebaderos atapados con sebo o cera con unas tejuelas encimapor lomucho que llovía. Dicen algunos que en lugar de pólvora estaba puesta arenapero si esto fuera así no matara el primer tiro dos hombrescomo está dicho.Dio luego Cortés con el artillería de las gradas abaxoy pasando adelantesubió cinco o seis gradas para entrar al aposento donde estaba Narváezy conél hasta cuarenta o cincuenta hombrestodos bien armados. Requirió el Gonzalode Sandoval a Narváez que se dieseporque traía mandamiento de HernandoCortésCapitán general y Justicia mayorpara prendelle por alborotador de latierrae que si se defendiese le mataría.

Mucho burló desto Narváezy así comenzó a pelear valientemente con losque con él estaban; pero como los piqueros de Cortés venían tan determinadosy las picas eran tan largas y tan gruesaslas lanzas y partesanas de Narváezno pudieron resistir tantoaunque todavía se defendían valerosamente.

Visto esto por Martín Lópezque fue el que hizo los bergantinescomo eraalto de cuerpotomando un tizónle pegó a la paja que cubría la torrelacual emprendida con el fuego y humohizo salir a Narváez y a los que dentroestaban. A este tiempo dieron un picazo a Narváez que le quebraron un ojohiriéndole malamente. Dicen algunos conquistadores que a esto dio más lugar latraición de un camarero suyoque se llamaba Avilésque le abrazó pordetrás.

Huyendo del fuegosalió mal herido Diego de Rojasel Alférez de Narváezque ora muy valiente caballerocon la bandera en la manoy dándole a lasalida otras heridascayendo con la banderadixo recio: «¡OhválameNuestra Señora!» Respondióle Cortés: «Ella te valga e ayude» y no quisoque le acabasen de matarpor que tuviese lugar de confesarseque aun hastaaquel tiempo se mostró Cortés clemente y piadoso.

Fuera ya del aposento Narváezcomo estaba tan mal heridocerró con él unsoldado que se llamaba Pero Sánchez Farfány luego Gonzalo de Sandoval ledixo: «Sed preso»; y así por aquellas gradas abaxo le llevaron arrastrandohasta echarle prisiones y llevarle al aposento donde ya Cortés se habíarecogidocomo el que tenía el juego ya ganado.

Puesto Narváez delante de Cortésle dixo: «Señor Cortés: Tened en muchola ventura que hoy habéis habido en tener presa mi persona.» Cortésdeshaciéndole su presunciónque hasta aquel tiempo no le faltólerespondió: «Lo menos que yo he hecho en esta tierra es haberos prendido»; ysin hacerle ningún mal tratamiento ni decirle palabra que le pesasele mandóponer a recaudo y que ninguno se


le descomidiese. No le curaron aquella noche por la revuelta que andabahasta el otro díacomo a las diez; invióle luego preso a la Villa Ricadondele tuvo cuatro años.



 

 

Capítulo LXXXVI

Cómo después de preso Narváez[Cortés] semandó pregonar por Capitán generaly cómo acometió con el artillería atrecientos de los de Narváez que no se querían dary de lo que unas mujeresdixeron.

Preso Narváezrendidas las armas de todos los que con él estaban y de losdemás que acudieronHernando Cortéscon pífaro y atambor se mandó pregonaren nombre de Su Majestad por Capitán general y Justicia mayor de todo elexércitoasí de los de Narváez como de los suyos. El pregón decía:

«YoHernando CortésCapitán general e Justicia mayor en esta NuevaEspaña por la Majestad del Emperador de los Romanos Carlos quintoRey de lasEspañaselegido y nombrado por los Capitanescaballeros y soldados que debaxode mi bandera militanetc. A todos los Capitanescaballeros y soldados delexército que hasta ahora ha sido del exército de Narváezgeneralmentee acada uno en particular: Os hago saber cómo el dicho Pánfilo de Narváezpormi mandamientoestá preso por causas bastantes que a ello me movieronemayormente porque al servicio de Dios y de Su Majestad no convenía que en estenuevo mundo hubiese dos Generales discordes; atento a lo cualvos mandodeparte de Su Majestad e de la mía requieroque luego como a vuestra noticiallegue esta voz y mandovengáis y parezcáis ante mí a jurarme e rescebirmepor vuestro Capitán generallo cual así haced y cumplidcomo dicho essopena de la vida y de perdimiento de bienes al que lo contrario hiciere.»

Dado este pregónmuchosde su voluntady otros porque no pudieron hacermásjuraron a Cortés por Capitán general e Justicia mayor. En el entretantoque esta se hacíalos de Cortés andaban derramados por el realrobando a losvencidos lo que podíane trecientos de los de Narváez se hicieron fuertes enun cu que decían de Nuestra Señoraa los cuales dixo Carrascoel espía:«Señoresahora es tiempo de dar sobre Cortésporque los que le han juradoestán sin armas y los suyos andan derramados robando las tiendas ealojamientos. Vosotros todos estáis bien adereszados y sin dubda haréis lo quequisierdes.» No paresció mal esto a muchos de los que en el cu estabanperocomo no tenían cabeza e cada uno lo quería ser y entre elloshabía algunosque eran aficionados a Cortésno se hizo nadamas de cuanto se estuvieronquedos hasta que viniese el díay estonces viesen con la claridad lo que másles convenía hacer. Fue a ellos Cristóbal de Olidde parte de Cortésarogarles e requerirles que hiciesen lo que los demás habían hechoy queCortéslo haría con ellos harto mejor que lo hiciera Narváez si venciera.Los más dellos le respondieron desabridamenteapellidando «Diego Velázquez ePánfilo de Narváez: Diego Velázqueznuestro Gobernadory NarváeznuestroGeneral por Su Majestad. ¡Viva el Rey!»

Cristóbal de Olidacabada la gritales tornó a decir: «Vosotros haréispor fuerza lo que no queréis de gradoy así después se os agradescerá mallo que hicierdes.» «No vendrá ese tiempo»replicaron ellos. En elentretantoque Cristóbal de Olid volvió a do Cortés estabaCarrasco tornóa decir a los compañeros: «Vamospues hay hartos caballosa do Cortés dexóel fardaje y el oro y plata que consigo traía; tomallo hemos todoporque yosé dónde está y no tiene defensay embarquémonos con ello y vamos a Cuba adar noticia a Diego Velázquez de lo que pasó. Nosotros iremos ricos y darlehemos parte de lo que lleváremospara que pueda descansadamente hacer otraarmada y vengarse de Cortés.»

Tambiénaunque paresció bien estopor la variedad de los paresceres y porlos inconvenientes que algunos pusieronse dexó de intentar. Carrasco solo sefue adonde el fardaje estabadonde no había otra guarda sino Marinalalenguay Joan de Ortegapaje de Cortés. Tomó un caballo e una lanza e noosó llegar a otra cosa hasta ver en qué paraban los negocios. Cabalgó yvolvió a la gentela cual halló toda junta como la había dexadoaunque aunos dellos alegres y a otros tristes.

Cortésque deseaba tener su negocio conclusoantes que amanesciese mandóllevar el artillería de Narváez a la parte do estaban los que no se queríanrendire asestada contra ellosdixo al oído a Mesaartillero mayorquedisparase un tiro e que fuese por altopara espantar y no matardiciéndolesCristóbal de Olid «¡Eacaballerosdaosque mejor es que no morir!» Ellosrespondieron: «¡Viva el Rey e Diego Velázquez!» Visto que no aprovechaba elbuen consejo y amenazasenojado Cortésdixo: «Eapuesartillero mayorpues no quieren hacer el deberhaceldes todo mal.» Asestó luego Mesa un tiroy disparólo; mató dos hombres; disparó luego otro y llevó los muslos a unsoldado e hizo daño a otros que cabo él estaban. Viendo el pleito que andabade mal arte y que les era nescesario rendirse o moriraunque había algunos muyobstinadosdeterminaron de decir: «¡Viva el Rey e Hernando CortésnuestroCapitán general e Justicia mayor!»repitiendo luego el apellido cortesiano«Espíritu SanctoEspíritu Sancto». Baxaron por la escalera del cuentregaron las armas a Cortés; e otros que quedaron arriba tiraban ballestas yescopetasrenovando la guerra. Todo andaba confusono se entendían con lasvoces e ruido del artilleríahasta que finalmentedespués que los másentregaron las armaslos otrosya cansados y que les faltaba la municiónhicieron lo que los primeros. Recogidas todas las armasmandó Cortés a Alonsode Ojeda y a Joan Márquezcomo a hombres de secreto y confianza quesin quepersona otra los sintieseescondiesen todas las armas en un silopara darlasdespuéscuando fuesen menestera sus dueñoso repartillas como leparesciese. Yacuando esto se había hechocomenzaba a quebrar el albay unasmujeresque la una se decía Francisca de Ordaz y la otra Beatriz de Ordazhermanas o parientasasomándose a una ventanasabiendo que Narváez estabapreso y los suyos rendidos e sin armasa grandes voces dixeron: «¡Bellacosdominicoscobardesapocadosque más habíades de traer ruecas que espadas;buena cuenta habéis dado de vosotros; por esta cruzque hemos de dar nuestroscuerpos delante de vosotros a los criados déstos que os han vencidoy malhayan las mujeres que vinieron con tales hombres!» Los caballeros de Cortéslas apaciguaron y dixeron que la justicia y ardid de los de Cortés habían dadola victoria y que no era nuevo en el mundo pocos vencer a muchos con maña y conrazón. Ellasaunque no les faltó qué responderacabándose de vestirfueron a besar las manos a Hernando Cortés; dixéronle palabras de más quemujeresalabándole el valoresfuerzo y prudencia con que había tractadoaquellos negocios.



 

 

Capítulo LXXXVII

Cómo después de amanescidoCortés hizo alarde de los suyose cuántos murierone lo que al jurar Cortés pasó con Carrascoy loqueGuidela el negro dixo.

Poco antes que amanescieselos demás que quedaban juraron a Cortés por suCapitán general e Justicia mayorsegún e como se había pregonado; llegó elpostrero de todosya que ninguno había que no hobiese entregado las armas ycaballoGonzalo Carrascoel cualcomo venía en el caballo que había tomadoen el fardajeCortés le dixo: «Compadreese caballo es míoapeaos dél.»Carrasco le respondió que no sabía si era suyoy que a él le habían llevadoel que tenía y que tendría aquel hasta que le volviesen el suyo. Cortéssonriéndosele dixo: «Apeaos ahoracompadreque después yo os hará volvervuestro caballo con lo demás.» Apeadole dixo que le jurase como todos losdemás habían hecho. Carrascoo porque estaba muy confiado del compadrazgo quecon Cortés teníao porque era muy de Diego Velázquez y le pesaba grandementede lo subcedidorespondió que le mandase otra cosapero que juramento no loharía. Cortésestoncesenojadole mandó prender y echar un pierdeamigodonde estuvo tres días hasta que de su voluntad vino a hacer lo que todos losdemás habían hecho. Venido el díaapoderado Cortés en la pólvoraartilleríaarmas y caballos y rescebido de los de Narváez por Capitángeneralpedido el testimonio dellohizo alarde de su gentepara ver los quefaltaban. Haciéndose el alardevieron que no eran más de docientos ycincuenta hombres y que no parescía el exército grande de indios taxcaltecasque los de Narváez creyeron estar en guarda y defensa de los cortesianosy losvieron con solas sesenta picassin coseletessin caballoscon muy pocascotaspocas lanzaspocas ballestaslas espadas maltractadassolamentearmados de unos escaupiles a manera de sayos. Quedaron muy corridos yafrentadosy los más dellosque eran hombres de suertese pelaban lasbarbasdiciendo: «¿Cómo ha sido estoque estos hombressiendo tan pocoscon sus albardillas nos hayan puesto debaxo de su yugo? Mal haya Narváezquetan buena maña se ha dado.» Cortés entendió este dolor y pesar; recatóse deque no supiesen dónde estaban las armasy los caballos diolos a los suyoshasta que poco a poco fue diciendo tan buenas palabras a los de Narváez ehacerles tan buenas obrasque vino a asegurarlosaunque por estonces él noestuvo segurotemiéndose quecomo eran muchos y gente de presunciónno lehiciesen alguna gresgeta.

De los suyos se halló que no habían muerto más de los dos que habíamuerto el tiro y otro herido; de los de Narváez fueron once los muertos ydellos dos de los que de Cortés se habían pasado a Narváez; hubo algunosheridos. Dice Carrasco y otros conquistadores que de los que se presumió quehabían hecho traición a Narváez escaparon pocos o ninguno cuando después conHernando Cortés salieron huyendo de Méjico.

Estando todo en este puntoGuidelanegrohombre graciosoaplaudiendo ylisonjeando a Cortéscomo hacen los tales en semejante tiempo con losvencedoresriéndose muy de propósito y dando palmadasse vino a do Cortésestaba. Díxole: «Estéis norabuenaHernando Cortésmerescido Capitánnuestro; buena maña os habéis dado con aquesos enalbardados; bien os ha dichola suerte; dad gracias a Dios que si fuérades vencido como sois vencedornosé cómo os fuerani aun si os trataran como habéis tratado a los vencidos. Afee que sois hombre de bien e que no en balde acá y en Cuba decían quesabíades mucho; y por que veáis que no sólo vos sois el que lo sabéis todoos diré lo que hice cuando a media noche acometistes con tanta furiadiciendo:«¡Cierracierra»con vuestras palas de horno. Eché a huirdiciendo: 'Nosacaréis pan de mi horno'y no como el otro majadero de mi colorque quisovolar sin tener alas; subíme sobre un árbolel más alto que hallé y másacopadoen el cual he estado toda esta noche como cuervoy no grasnaba porque[a] alguno de los vuestros no se le antojase cazar a la media noche; estábameel corazón haciendo tifitafeyfinalmenteestaba esperando cuál habrá deser el más ruin; pero como os vi acometer con tanto esfuerzodixe: 'Éste esun gallo'y ha sido asíy no es bien que en un muladar cante más de ungallo».

Cortés se holgó con el chocarrerodiole una rica corona de oro que (segúndice Ojeda) pesaba más de seiscientos pesos. El negro se la pusobailó unratodixo muchas cosasy entre otras: «Capitán: Tan bien habéis hecho laguerra con esto como con vuestro esfuerzo y valentía; si me echáredes encadenas sean déstasque a fee que a los que echáredes en ellas no se sueltentan presto.»



 

 

Capítulo LXXXVIII

Cómo el señor de Cempoala con todos los principales que a lamira habían estado dieron a Cortés la norabuena de la victoria y de cómo lahizo saber a Motezuma por pintura.

Después que todosasí los de Cortés como los de Narváezhobieronreposado dos o tres horas de la mala noche pasadaaunque Cortés por aquel pocode tiempo no se descuidó con las guardas que teníade mirar por sí e por lossuyosvino el señor de Cempoala con todos los demás principalescargados deguirnaldas e rosas y ramilletes. Entraron donde Cortés estabay después dehaberle echado collares de rosas a los hombros y puesto guirnaldas en la cabezay dado ramilletes en las manosdieron de lo mismo a los otros Capitanes epersonas principales que conoscíany luegocon grandes muestras de alegríaaunque no para Motezuma y los mexicanoshaciendo primero muchas cerimonias decomedimientos y reverenciasdixo a Cortés: «Gran señormuy valiente y muyesforzado Capitán: No puede ser sino que tú erescomo todos los tenemoscreídohijo del sola quien nosotros adoramos por nuestro principal diosporque nos calientaalumbra y mantienehaciendo que la tierra lleve fructo ylos hombres nascan y las demás criapturas sean producidas. Muy favorescidodebes ser de tu Diospues de día y de noche peleas y eres siempre victorioso.¡Quién pensara que contra tantos y más bien armados barbudostan bien comolos tuyosfueras tan poderoso que sin ayuda otra en tres horas de la nocheloshayas vencido y subjectado. Y a nosotros vengado de las injurias y agravios queellos y su Capitán (como te invié a decir) nos hacían! Verdaderamente paresceque traes la victoria en tu manoy que nasciste para ser señor de los tuyos yde los nuestros. Tu Diosen que creeste ayude siempre y favorescay nosotroste suplicamos te sirvas de nosotros como de esclavos en tu casay si me quiereshacer mercedpásate luego a otras casas que tengo muy principales y allí tehuelgaporque te queremos servir mejor que nunca.»

Cortés le abrazó muy amorosamente y lo mismo hizo a los otros principales;dio al señor unas joyuelas de Castillaque él tuvo en mucho. Díxole:«Señor y amigo mío: Más contento rescibo la victoria que mi Dios me ha dadopor tu causaque por la míaporque me pesaba mucho verte afligido y que tequexases de Narváezhabiéndote yo hecho siempre buenas obras. De aquíadelante podrás estar seguro que nadie te enojará; yo soy tu amigo y muyservidor del gran señor Motezuma; hazle saber cuanto ha pasado y dile cuántole amo y suplícale mucho tenga gran cuenta con Pedro de Alvarado y con losdemás cristianos que con él dexécomo me lo prometió cuando dél medespedí. En lo demás yo haré lo que me ruegas y rescibo merced de pasarme aesa cara y lo haré luego. En el entretantocon dos cristianos déstos vayaalguna gente tuya a traer el fardaje e tiros que dexé anoche cerca del puebloen una quebrada.» El señor puso luego por obra lo que Cortés mandóy lomás presto que pudo hizo pintar en un lienzo la victoria que Cortés habíaalcanzado contra Narváezpintando a los suyos en cuerposin armas algunascon varicas en las manos e apoderados en los caballos e artillería de los deNarváezlos nuestros de la una partey de la otra a Narváezherido en elojo y aprisionadoe todas las demás particularidades que pudo. Invió estapintura con indios que vieron parte dello o lo másy no la invió por darlecontentoque bien sabía el corazón y pecho de su señor y de los mexicanossinopor advertirle tratase bien a Pedro de Alvarado e a los demás españolesporque estaba muy pujante y muy victorioso Cortéspara que excusase quevolviendono le hiciese algún desabrimiento.



 

 

Capítulo LXXXIX

Cómo Cortés se pasó a las casas de doña Catalina y de losregalos que le hicierony cómo estando allí vinieron ocho mill hombres deguerra chinantecas con el Capitán Barrientosy de cómo invió a Diego deOrdás con trecientos españoles a Guazaqualco.

Había el señor de Cempoalacuando Cortés vino la primera vez a aquellaciudaddádole a su rito y costumbrecomo por mujeruna señora de las másprincipalesa la cual llamaron doña Catalinay así había dado otras aPuertocarreroPedro de AlvaradoAlonso de ÁvilaGonzalo de Sandovaly aotros caballeros principalesa las cuales cada uno puso el nombre que leparesció. Esta doña Catalina era la más principal y más ricay como a casade su mujer se pasó Cortésdonde mudó el artilleríay de secretobien denochese metieron las más de las armasy porque era casa fuertea unaposento della traxeron a Narváez y a algunos otros de quien Cortés serecelabapor lo cualde noche y de día se velabatantoque algunas velasdormían debaxo de los tiroslos cuales estaban asestados a la boca del patiopor donde se podía temer la entrada. La doña Catalina con las otras señorasmancebas de los otros caballeros y mujeresa su parescerporque así tambiénlo creía el señor de Cempoalahacían grandes regalos a Cortés y cada una alsuyoaunque los demás españoles lo pasaban mala causa deque eran muchos ylos indios para proveellos pocosque los más se habían huidopor los malostratamientos quecomo dixeNarváez les había hechoy no habían vueltoaunque después que fueron certificados de la victoria de Cortésque grandecontento les iba dandopor lo cualaunque muy poco a pococomenzaron a venir.

Había todas las mañanas fiesta en la casa de doña Catalinay aunqueCortés estaba en este regalotomandocomo dicenel día bueno para pasardespués el malotrabajaba con el entendimientobuscando medios cómo no estarsiempre la barba sobre el hombrodando trazas cómo pudiese no recatarse detantos queaunque le habían juradotenían el corazón en Diego Velázquez.

Estandopuesentre el contento y cuidadovínole nueva cómo otro díaserían allí ocho mill hombres chinantecastodos bien adereszados de arcoslanzasmacanas y rodelaslos cuales venían con un caballero que se decíaBarrientos. Holgóse mucho Cortéspor verse acompañado de aquella genteaunque eran indiosy asícuando llegaron los rescibió muy bien y determinóluegopara dividir los españoleshacer General de trecientos delloslos másde Narváezy los otros suyosa Diego de Ordáspersona principal y deesfuerzo y consejo en la guerrapara que con ellos conquistase y ganase lospueblos que caían en la provincia de Guazaqualcoy para estollamando losprincipales que iban por Capitanes y a los Alférez y sargentosvolviéndolessus armas y caballosles dixo: «Señores: Ya es otro tiempo del de los díaspasados; no os he vuelto las armas y caballos hasta poneros en negocio queseáis muy aprovechados; la fidelidad y amor que tuvistes a Narváeznoconosciendo en él manera para aprovecharosesa quiero que me tengáispues osprocuro todo vuestro provecho; invíoos con Diego de Ordás a conquistar y ganarlos pueblos y provincia de Guazaqualcodonde espero en Dios que osadelantaréis mucho. Conviene hacer estofuera de lo que en ello ganáisporevitar la hambre quepor ser muchos en este pueblopadescemos.» Fuese conellos Barrientos con los chinantecasy ellosrescibiendo a Diego de Ordás porsu Generalpor mandado de Cortésprometieron de hacer el debercomo por laobra lo veríadiciendo que debían la vida a quien tanta merced en todo leshacía. Tocaron sus atamboreshicieron su reseñatendieron las banderascadaCapitán con la letra que le parescióya que todo estaba a punto para salir.Otros dicen que andadas dos jornadasyendo por Alguacil mayor del campo el duroy pertinaz Carrascoaunque compadre de Cortésy determinado de partirse conla demás gente Cortés para Méxicose estorbó el negocio por la novedad quede México se supo.



 

 

Capítulo XC

Del recaudo que Cortés mandó poner en los navíos y haciendade Diego Velázquezy de cuán caro costó la venida a Pánfilo de Narváez y alos indios de Cempoala y su comarca.

Habida esta tan señalada victoriaque pocas veces se ha vistode tan pocoscontra tantosespecialmente siendo todos de una naciónno se contentóCortés con no decir a Narváez palabra que le desabriesehabiendo él oídotantas suyasantesañadiendo virtud a virtudno solamente permitió quePedro de Maluendamayordomo de Diego Velázquezrecogiese y guardase losnavíos y la ropa y hacienda de Diego Velázquez y Narváez y suyapero pusopersona de confianza que a ello asistiese y diese calorpara que ninguno de losvencedores hiciese agravio y para que Diego Velázquez entendiese que él hacíaen todo la razón y que no pretendía la hacienda ajenasino defender la suyay así lo dixo a Maluendaa quien aun dio de lo suyoporque procuró siempreque aun sus enemigos rescibiesen dél buenas obras.

Muy diferente subceso fue éste del que Diego Velázquez esperabaporquehabiendo Narváez inviádole preso al Licenciado Ayllónporque estorbaba elrompimientosacando por la lista la tocaesperaba que otro día le traeríanpreso a Hernando Cortés. Tornósele este pensamiento y esperanza tan al revésquesabida despuésesta victorianunca más alzó cabeza hasta que murió;perdió asimismo lo que gastó o lo más dello en esta segunda flotaporque enla primera mucho más puso Hernando Cortésy lo que Diego Velázquez habíainviado era para rescate.

Costó esta victoria la honra a Narváez y un ojo que perdió y once o(según otros dicen) diez y seis hombres que murierony entró con tan mal pieque de su desgracia cupo muy gran parte a los indiosporque saltando su genteen tierraun negro que venía con viruelas las pegó a un indioy como elpueblo era muy grande y muy poblado y las casas son pequeñas y suelen muchosvivir juntosde uno en otro fue cundiendo tanto este malque como ellos ensalud y enfermedad tienen de costumbre bañarse y esto fuese tan dañoso con lasviruelasmurieron muy muchosy los que vivieron quedaron tullidosy los quesiendo avisados que no se lavasen se rascaron los rostros y manosquedaron muyfeos por los muchos y grandes hoyos que después de sanos les quedaron. Destemal les subcedió otroporque nunca una gran desgracia viene sin compañerayfue la hambreporque como las más de las mujeresque son las panaderas (quecon una piedra muelen y amasan su trigo) estaban viriolentasno podían amasary así los sanos como los enfermos vinieronpor el tiempo que la enfermedadduróa padescer gran hambre e aun a morir algunos dellade la cualcomosuelese siguiera presto pestilenciasi las viruelas no se acabarany aunquecesara la hambreel hedor de los cuerpos muertosporque no los enterrabaninficcionó tanto el aireque se temió gran pestilencia si el aire que corríarecio no llevara los malos vapores fuera del pueblo. Llamaron los indios a estaenfermedad güeyzaualque quiere decir la «gran lepra»de la cualcomo de cosa muy señaladacomenzaron después a contar sus añoscomo enCastilla el año de veinte e uno. Paresce que en esto se esquitaron losespañoles por las bubas que de los indios rescibierona las cualespor estollamaron la enfermedad de las Indias.



 

 

Capítulo XCI

Cómo los mexicanos se levantaron contra Pedro de Alvarado y lo que sobreello Hernando Cortés hizo.

En el entretanto que esto pasabaMotezuma y los mexicanosque estabanindignados con las cosas que de Cortés y de los suyos Narváez había inviado adecirse amotinaron con tan gran furia y con tan gran copia de genteque enlos pueblos comarcanos casi no quedó ninguna que no fuese en dar combate a lacasa donde Pedro de Alvarado quedaba guardando a Motezuma. Quemaronante todascosaspara quitar el refugio a los españoleslas cuatro fustas que estaban enla lagunaderribaron un lienzo de la casaque con gran dificultad y trabajolos españoles reedificaron; minaron otrospusieron fuego a las municioneslevantaron las puentesquitaron los mantenimientosy finalmenteen laprosecución de los combatesmataron a Peñael muy privado de Motezumanoguardando la cara a la voluntad y amor que su señor le tenía. Defendíanse losespañoles como talesmataron muchos indios; pero como ellos eran tan sincuento y el combate era tan furiosolos que se defendíanaunque fueran deacerofaltaransi Motezumacon miedo que Pedro de Alvarado le mataríaalgunas veces no hiciera señal de paz. Refrenábanse con esto algún tanto losmexicanosdando algún vado a los encerradosque de noche ni de día dormíanpero lo que los mexicanos cesabanaumentaban de furor cuando tornaban aacometer.

Estas nuevasporque sepamos que en las cosas humanas no hay contento que novenga muy aguadosupo Cortésestando con la mayor alegría que jamás estuvoe con la mayor victoriaque de tantos a tantos jamás Capitán alcanzó.Sintiólas mucho porqueaunque de primero se las habían dicho indiosno lascreyóhasta que inviando a México un español a Motezuma con la nueva de suvictoriaen lugar de albriciasvolvió con muchos flechazos y heridastrayendo por nueva cómo el fuego estaba muy encendido y que no solamente losmexicanos habían muerto a Peñapero a otros dos españoles que se decíanJuan Martín Narices y un Fulano de Valdiviay que don Pedro de Alvaradoagran instanciapedía socorro e ayudae que si la dilatabaperesceríantodose que Motezumapor lo que le tocaba de no morirhabía algunas vecesaplacado a los suyosy que él y ellos se habían levantado por entender queCortés no podía vencer a Narváezpor venir con tan pujante exércitotanbien armado e con tantos caballos y artillería.

Cortésentendido estodeterminó de poner remedio luego en elloy asídexando asentada la Villa Rica cerca de la mar y poniendo en ella su Tenientecon la guarnición que era nescesaria para su defensa y guarda de Narváezconel cualde los más delicuentes y bulliciosos y que menos se esperaba podellosreconciliardexó algunos presosescribiendo luego a Diego de Ordásque ibauna jornada o dos de allí con su genteviniese a toda furia; lo mismoescribió a Joan Velázquez de Leónque también había inviado a otra parte.Mandó de secreto a Alonso de Ojeda y Joan Márquezsu compañeroque sacasenlas demás armas que estaban guardadas y no se habían dado a sus dueñosycuando todos estuvieron juntos y las armas en su aposentoasí a los suyos comoa los de Narváezles hizo la plática siguiente:



 

 

Capítulo XCII

De la plática que Cortés hizo a todos los del exércitoqueriendo partirse en socorro de Alvarado y cómo volvió las armasy lo que lerespondieron.

Ya que los que habían ido fuera se juntaronllamando Cortés a todos losdemásasí suyos como a los demás a quien no había vuelto las armasrogándoles que estuviesen atentospor lo mucho que en ello les ibales dixoasí:

«Porque en esta junta donde todos os halláis sin faltar ninguno hay tresdiferencias de personas: unos venistes comigo e seguísteme hasta la horapresente; otros fuistes de los de Narváezvista la razón que teníamehabéis jurado por vuestro Capitán general e Justicia mayore por esto osvolví luego vuestras armas e puse en nuevos descubrimientos; los otrosquehabéis estado más obstinadosdurándoos todavía la ceguedad con que Narváezse perdióno confiándome por esto de vosotrosno os he vuelto las armas;pero ya que sabéis que no hay navíos en que os vais ni armas con que peleéisni aun Capitán que os acaudille y advierta de lo que debéis de hacercomo yolo haré a quien ya habéis juradosaber que pensando Motezuma y los suyossegún lo que Narváez de mí le invió a decir y según la pujanza con queveníaque ninguno de los míos quedaría con la vidadeterminópara que delos enemigos tuviese menoshacer guerra de noche y de díaa fuego y a sangrea Pedro de Alvarado y a los de su compañíaque en guarda de Motezuma dexé:Hanle muerto tres españolesaunque él ha muerto muchos indios; contramínanlela casaestá puesto en gran peligro y aprietoy si con mucha brevedad no lesocorrernosno quedará hombre dellosy el poder mexicanoque es muy granderevolverá sobre nosotrosy así perderemos el más insigne y más rico pueblodel mundodonde cada uno de vosotros será señor y dexará haciendahonra ygloria a sus descendientes. Por tantoayudémonos todos; quered lo que yoquisiereque es vuestro adelantamiento y honra; ca si estamos unánimes no haypoder en todo este nuevo mundo que nos contrastey a vosotrosseñoresquehasta ahora habéis estado algo pertinacesvuelvo vuestras armas y entrego micorazón y os empeño mi palabra de en todos las buenas andanzas haceros igualescon los que más me han amado y más me han seguidoporque espero que adelantehabéis de hacer tanto que merescáis el premio que los más aventajados. Estomismo quieren y desean que hagáis vuestros compañeros y también lo desean losmíos. Por que veáis cuánto os conviene hacer lo que os ruegotomad muyenhorabuena vuestras armasy Dios os haga tan venturosos en ellas que Motezumay los mexicanos entiendan el gran valor de vuestras personasy ellas para lossiglos venideros queden tan memoradas cuanto confío merescerán vuestroshazañosos hechos. Partamos de aquí con toda la brevedad que pudiéremossocorramos a nuestra carne y sangreno permitamos que cristianos amigos edeudos nuestros mueran a manos de gente infiel y bárbara e que sean cruelmentesacrificados al demonioa quien tenemos por principal enemigo y a quien venimosa desterrar deste nuevo mundoy si ni vuestra honrani vuestra glorianivuestro provecho ni lo que más estan gran servicio de Diosno os mueven aquererme e seguirmenunca Dios quiera que yo fuerce vuestro querer ni quieramás de lo que quisierdes. Con vuestras armas os dexo en vuestra libertad: iddonde quisierdesque no podréis buscar ventura mayor que la que yo os darécomo el que la ha hallado en la gran ciudad de Méxicoy primero que merespondáisvosAlonso de Ojeday vosJoan Márquezdad a cada uno susarmas.»

No hubo Cortés acabado de mandar estocuando todoscon muy gran alegríallamándole su Capitán y señorrescibieron sus armasofreciéndole sus vidasy personasdiciendo que sin él no podían hallar la ventura y prosperidad queprocuraban. Abrazó Cortés a los principales delloshonrólos y dioles cargosy desta manera fueron tan amigos como cuando lo eran de Narváez. Estandopuestodos de un corazón y de una voluntad para el socorro y favor de los que enMéxico habían quedadoCortés se aprestó para la partida en la manerasiguiente.



 

 

Capítulo XCIII

Cómo Cortés se aprestó para su partida y de lo que en ellahizo.

Otro día de mañanadespués de hecho este razonamientoCortés hizoreseña de su exército y ordenó sus hacesdando los oficios y cargos quefaltaban para hacer su camino. Dexó en Cempoala su recámarapara que despaciofuese con los enfermos que había; dexópara que fuesen en su guardatreintao cuarenta soldados; los principales dellos eran Juan Juste y Alonso Rascón; yllegados que fueron los tamemesoída misaen son de guerraacompañándolehasta una legua del pueblo el señor de Cempoala con los demás principalesllegó aquella noche a un pueblo que hoy llaman La Rinconada. Otro díapartiendo de allí de mañanaanduvo siete leguas; asentó su real en un llanocerca del caminoque hasta ahora en la Nueva España no se ha visto tan grandeexércitoporque iban en él más de mill y cient españoles con gran multitudde indios que los acompañaban y servían. Luego que los indiosque a los ladosdel camino tenían sus pueblossupieron que Cortés había asentado en aquelllanoacudieron con mucha comida de avesfructas y tamales; vinieron loscaciques con guirlandas y flores; dieron la bienvenida a Cortés; rescibiólosél graciosamente; proveyéronle muy largo de lo que era menester hasta entraren la provincia de Taxcala; e porque todo el exército no podía ir juntoacausa de que unos se cansaban más que otrosmandó Cortés a Alonso de Ojeda ya Joan Márquezsu compañerose adelantasen y entrasen en Taxcalapara sabernuevas de Pedro de Alvarado e para recoger comida para los que atrás quedaban.Anduvieron aquel día hasta la media noche veinte leguas; llegaron a lasprimeras casas de Taxcalaque no se podían tener de cansadosdonde reposandolo que de la noche quedabaluego de mañana entraron en Taxcaladonde losrescibieron con muy alegres rostros los señores de la provincia. Preguntáronlepor el gran señor Cortésinformáronse de la gran victoria que contraNarváez había tenidomaravilláronse y holgáronse mucho dellay más cuandosupieron que tantos españoles veníanpara que Motezumasu enemigopagase latraición que había hecho y fuesen libres los españoles que en México habíanquedado.



 

 

Capítulo XCIV

De lo que Alonso de Ojeda y Joan Márquez hicierane de cómoCortés prosiguió su camino.

Después que aquellos señores taxcaltecas se hobieron informado del estado ysubceso de los negocios de Cortésqueriéndose volver atrás Alonso de Ojedadexando allí el compañeropara recoger mantenimientosaquellos señoresdando aviso a las alcarías y pueblos de lo provinciapara que proveyesen aOjeda cómo con mantenimientossaliesen al caminodixeron que de su partetopando al invencible y esforzado Capitánsu amigo y señorle saludase ydixese le estaban esperandopara hacerle todo servicio y regaloy que supieseque Pedro de Alvarado se había defendido valerosamente y que en el patio deUchilobos había muerto más de mill principales; que se diese priesaporquecon su llegada se apaciguaría todoy los culpados serían castigadosy que sipara esto fuese menester su ayudala darían con gran voluntad. Con esto sedespidió Ojedaentrando por las alcarías; traxéronle mill gallinas de latierracuatrocientas cargas de pancincuenta cántaros de cerezasmuchascargas de tunas y docientos cántaros de agua. Con esta provisión que llevabana cuestasa su costumbremill y docientos hombressalió de madrugada alcamino; yendo con ello hacia do podían venir los españolesentre unas casasde otomíesoyó sonar un pretal de cascabeles. Paróse Ojeda a ver quéseríaporque no había acabado de amanescery vio que venía hacia él elgeneral Cortés con cuatro o cinco de a caballo y dos mozos de espuelas. ApretóCortés las piernas al caballo y dixo a Ojeda: «Estéis enhorabuena¿quénuevas hayy qué comida?porque la gente viene desperescida de hambre.»Respondió Ojeda: «Señorde todo hay buenas nuevas; yo llevo mill equinientos hombres cargados de bastimentos; Joan Márquez queda en Taxcalarecogiendo más; los señores della besan a vuestra Merced las manos; alégransemucho con su venida y están esperándolay dicen que Pedro de Alvarado estábuenoaunque cada día con sobresaltosy que ha muerto en el patio deUchilobos mill principales.»

Mucho se holgó Cortés con estas nuevas; dio muy grandes gracias a Dios;dixo a Ojeda: «Dios os dé buenas nuevasque tales me las habéis dado.»Jorge de Alvaradoque con Cortés ibano cabía de placer de que su hermanofuese vivoy lo hobiese hecho tan bien.

Con esto se apearon de los caballoscomieron una gallina fiambreque lohabían bien menester; tornaron a subir en sus caballos; dixo Cortés: «Yo voya Taxcala. Por vuestra vidaOjedapues lo habéis hecho tan bienprosigáiscon esos tamemes vuestro caminoid por el despobladoporque por ahí viene lagente harto nescesitada de socorro.» Despidióse Cortés; caminó Ojeda como leera mandadoel cual de ahí a poco topó con un soldado que se decía SanctosFernándezel cual le dixo cómo la gente toda a trechos venía ya muyhambrienta y nescesitadatanto que si no se daba priesa morirían algunos desed. Con estodándose mucha priesa Ojedatopó con un Cristóbalpregoneroy con su mujerque era gitana; hallólos medio muertos en el sueloechólesagua en el rostrodioles a beber y de un ave que traía cocidacon quevolvieron en sí. Ahoraen el entretanto que Ojeda prosigue su caminodigamoslo que a Cortésaunque iba de priesa para Méxicoacaeció en Taxcala.



 

 

Capítulo XCV

Cómo Cortésaunque de pasoentró en Taxcala y de lo quecon los señores della pasó.

Aunque Cortés no vía la hora de llegar a México por socorrer a los suyosentró en Taxcala y no pudo ir tan presto ni tan secreto que primero no tuviesenaviso aquellos señores; saliéronlo a rescebir ya que estaba dentro de laciudad; apeáronle ellos proprios del caballo; metiéronle en la casa deMagiscacíndiéronle luego de comer a él y a los que con él ibanrefrescósey descansó un pocoagrasdeció mucho la voluntad con que habíanmandado proveer a su gentey después que entre ellos pasaron palabras de muchoamor y amistadCortés les preguntó muy por extenso el estado de los negociosde México y la causa de su rebelión. Ellos le dixeron lo que habían dicho aAlonso de Ojeda y que no sabían cierto qué fuese la causaaunque se decíanmuchas; pero que la que a ellos les parescía era ser de mal corazón Motezuma ylos mexicanos traidores y malos de su condisciónque no guardaban palabra quediesen ni pasaban por concierto que hobiesen hechoy que no podían vercristianos y que los debían de temer muchopues quedaban pocos; los habíanacometido y hecho guerra continua de noche y de díay que llegado a Méxicosabría más claro y más por extenso lo que había pasado y las causas yrazones de su rebelión; que se hubiese con ellos como con enemigos encubiertosy que en su ausencia tanto se habían declarado; y que pues venía tan poderosoy pujanteno dexase hombre a vida de los que fuesen culpadosque en ellostendría las espaldas bien seguras e toda el ayuda que ellos le pudiesen dar yque mirase mucho por síporque de la manera que pudiesen habían de procurarmatarle o echallo de la tierra.

Cortésque bien atento a estas palabras había estadocomo dichas deamigos y que mejor que otros sabían los negociosles agradesció mucho el amory voluntad con que le avisaban y el ofrescimiento que de su ayuda le hacíanymostrando el poco temor que a los mexicanos teníales respondió: «Señores yamigos míos: Si estando yo en México con la gente que vistesno se osarondesmandar¿qué pensáis que podrán hacer ahora viniendo como vengo con tanpujante exército? Si no fueren buenos y leales de voluntad y corazónyo haréque lo sean por fuerza y no me dormiré nadapor que no tengan lugar de haceralguna traición; antes me daré tal maña que no habrán pensado la cosacuando ya la entienda y sepa y castigarla [he] de tal manera que escarmientenpara otra.»

Ciertoel confiar tanto Cortéscomo Davidde la mucha gente que llevabaen su exércitofue causa que después le subcediese la desgracia que en sulugar diremos. Los taxcaltecascomo siempre presumieron de bravos y másvalientes que los otros indiose tenían por tan enemigos a los mexicanosmucho se holgaron de oír a Cortés; levantaban los brazos a manera de peleadándole a entender que eran fuertes y que delante dél deseaban verse a lasmanos con ellos. Con estoabrazando Cortés a aquellos señores e rogándolesproveyesen a los españoles que veníansubió en su caballo e a toda priesahacia México prosiguió su caminodonde le dexaremosvolviendo a lo que Ojeday Joan Márquez hicieron y les pasó con la gente.



 

 

Capítulo XCVI

De cómo Ojeda prosiguió su camino y cómo llegó de Taxcalasu compañero Joan Márquez y de lo que más les avino.

Prosiguiendo Ojeda su caminoera lástima de ver cómo aquí topaba con unoallí con dosacullá con tres y cuatrounos caídosotros que no podíaandarotros tan enflaquescidos que apenas podían echar la palabra de la bocaporquecomo venían a pie e por despoblado y les faltó la comida y el aguacreyendo que les sobrara lo que al principio les habían dadoveníandespeadoshambrientos y muertos de sed. Llegó Ojeda ya noche a un pinary enaquel llanohaciendo altojuntó a todos los que por su pie podían veniry aotros hizo traer a cuestas; juntó hasta setenta españoleshizo hacer a losindios muchos fuegospelar docientas gallinas que ya traían ahogadas;asáronlas los indiostraxeron pan e agua; hartáronse aquellos hambrientos ysedientos hombres; comían y bebían con tanta agonía ques no se vían hartos;dieron gracias a Dios por el socorro que les había inviadoquea la verdadcreyeron espirar primero que llegasen a Taxcala. Ya que era la media nochequetodos estaban contentos o reposandooyó Ojeda gran rumor de gente; preguntó alos indios que qué era aquello; dixéronle que venía Joan Márquezsucompañerocon muchos indios cargados de comiday fue así que llegó luegocon dos mill y quinientos indiostodos con provisión. Holgáronse mucho losdos compañerosalegráronse por extremo los españoles que allí estabanporel socorro que Joan Márquez traía para los que atrás quedabanque no veníanmenos hambrientos y cansadosy así luego otro [día]en amanesciendocomenzaron a parescer muchos que venían cayéndose. Salieron a ellosdiéronles de comer en el pinare yendo adelante Ojeda y Joan Márquez arescebir los demásllegó un español que se decía Magallanes y otro que sedecía Diego Morenolos cuales traían consigo mill hombres cargados de comida;venían de hacia Tepeaca; viniéronse a juntar al pie de cuatro mill equinientos indiosy estando los españoles e indios así juntosdixo Alonso deOjeda: «Yo e Diego Moreno iremos con alguna provisión a rescebir a los quevienen con la recámara y el artilleríae Magallanes y Joan Márquez se quedenaquí rescibiendo a los que llegaren con la comida adereszada.» ConcertadosasíAlonso de Ojeda e Diego Moreno tomaron cuatro mill indios para sucompañía y para lo que fuese menestere docientos con bastimentos e cientcántaros de agua. Yendo así como iban por conciertopor sus escuadronesasomaron nueve o diez de a caballoy creyendo que los indios era gente deguerrase aprestarontomando las lanzas en las manosque se les caíannopudiéndolas sustentar de desmayados e desflaquescidosy no menos lo veníanlos caballosque no menos nescesidad que sus amos habían padescido.



 

 

Capítulo XCVII

Cómo saliendo de entre los indios Diego Moreno e Alonso deOjedaconoscidos por los de a caballose holgaron mucho y caminaron adelantey de lo que más les acontesció.

Luego como Ojeda e Diego Moreno viesron los de a caballo y que se habíanapercibido como que temían algosalieron de entre los indioshaciéndoseadelantelos cualescomo fueron vistos de los de a caballo y conoscieron queeran españoles los que habían salido de entre los indiosaseguráronse yperdieron el miedo que habían cobrado; con alegría dixeron: «Señores¿cristianos sois? No pensamos sino que todos érades indios de guerra que nosvenían a matarsegún vienen en orden esos que con vos vienen. ¿Hay algo quecomamosseñores?»y esto decían con tanta flaqueza que casi no podíanhablar. Ojeda y Diego Moreno los apearon luegodiéronles de comer y a loscaballos tortillas de maízque comieron con gran gana; y después que los unosy los otros tomaron esfuerzoOjeda les mostró los humos del pinarqueestarían de allí legua y mediadiciéndoles que allí quedaban Joan Márquezy Magallanes con mucha comidaesperando a los que viniesen. Ellos de la hambrepasadacomo no pensaban verse hartos y oyeron estoalegráronse mucho.Preguntóles Ojeda por el artillería y recámaradixéronle que venía dosleguas de allí; fueron luego a buscarlay primero que llegasen a ellaatrechos iban proveyendo y consolando a los hambrientos que topabanmostrándoles adónde habían de ir a descansarque eran los humos del pinardonde todoscomo si a cada unos mostraran su tierra naturalse regocijaron.

Prosiguiendo desta manera su camino Ojeda y Diego Morenotoparon con Gonzadode Alvaradoque traía a cargo el artilleríadonde fue de ver el alegría quelos españoles que venían rescibieron con los que ibany los indios quetraían el artillería con los que llegaronque los más eran sus amigos yconoscidos. Pararon todosy como los que veníanasí españoles como indiosvenían cansados y con mucha hambre y sedy entendieron que había qué comer ybebermuy alegres se asentaron todos; los españoles proveyeron a susespañoles y los indios a los indiosde lo que traían. Hablaban poco y comíanmucho; los hambrientos holgábanse de ver los que venían hartosy éstoscontaban cuentos y los otroscomiendoescuchabandiciendo algunas palabras decuando en cuandohasta que estuvieron contentosque estoncescomo dicentodos hablaban de la oseta. Ya que los cansados y hambrientos estuvieronsatisfechos y algo descansadospreguntándoles si quedaban algunos atrásrespondieron que no; estonces todosde consunodieron la vuelta hacia doparescían los humosdonde llegaron una hora después de anochecido.Rescibiéronse los unos y los otros con mucha alegríaporque ya los estómagosestaban contentos; contábanse sus trabajos; daban gracias a Dios porque estandoen tan gran peligro no hubiesen muertodexándolos para ver aquella gran ciudadde Méxicoy asícon el alegría y descanso presentela memoria de lostrabajos pasados era más suave. Desta manera descansandoque lo habían bienmenesterpasaron aquella nochey lo que luego otro día hicierondiremos enel capítulo que se sigue.



 

 

Capítulo XCVIII

Cómo quedando de los españoles los más cansados descansadolos demás partieron con el artillería hacia Taxcala.

El otro día por la mañanaquedándose allí algunos que habían llegadomuy cansados e yendo otros de su espaciotodos los demásmuy alegrescaminaron hacia Taxcalay entrando por tierra de otomíescomo si entraran ensu tierra naturalfueron rescebidos y hospedados. Recogieron los que destotenían cargo tres mill gallinasmucho pan y fructa; fueron luego a Guaulipánun día antes que Cortés volvieseel cualcomo halló tanto refresco ycomidahizo detener allí la gente hasta que llegase la que había quedado enel pinary de allí despachó al padre Fray Bartolomé de Olmedo con unespañol o dos que le acompañaronpara que a toda priesa fuese a México ydixese a Motezuma que bastaba lo pasado y que no proscediese en su locuraporque le llovería a cuestasy que se espantaba que un tan gran señor y tancuerdo hubiese tomado tan mal consejo de quebrar la palabra que había dadohaciendo guerra a tan pocos españoles como en su casa y debaxo de su palabra yfee real tenía; que le rogaba no hubiese másy que sí así lo hacía seríanamigos y no se acordaría más de lo pasadoy si noque supiese que iba conmucha gentedonde tomaría satisfacción del daño que su gente hubieserescebido. Con este recaudo se partió Fray Bartolomé de Olmedo.

Dice Motolinea que en Taxcalahaciendo Cortés reseña de su gentehallóque llevaba mill peones e ciento de a caballo pero Alonso de Ojedaen losMemoria les que hizodice que se partió de aquel pueblo a otro que se decíaCapulalpay de allí otro díapara Tezcucodonde no pudo llegarhaciendonoche dos leguas antes de llegar a él; pero otro díaya que todos se habíanjuntadode su espacio caminaron para Tezcucoadonde llegaron a las nueve de lamañana. Hallaron casi sin gente aquella gran ciudad; nadie los salió arescebir; la gente que había les mostraba mal rostro; todos los demás estabanen Méxicoporque habían acudido al combate que se daba a Alvarado. Vieronotras señales muy malasde que nada se contentaron. Estuvo allí Cortésdescansando cuatro díasy otro día después de llegadovino una canoa deMéxicoque salió de noche por una de las acequias encubiertamentepara noser vista. Venían en ella dos españoles de los que habían quedado con Pedrode Alvarado; el uno se decía Sancta Clara y el otro Pero Hernández. Holgósemucho con ellos Cortés; diéronle muy larga cuenta de lo pasado y dixéronlecómo había ya trece días que no daban guerra a Pedro de Alvarado y que no lehabían hecho más daño del que él sabía de los tres españoles. Creyó poresto Cortés que ya todo estaba muy seguro y que no había de qué temerparesciéndole que por lo que Fray Bartolomé habría dicho y por la pujanza conque él ibani Motezuma ni los mexicanos se osarían desmandar. Escribió (queno debiera) a Cempoalaa los españoles que con el resto de la recámarahabían quedado allí y a los demás que de cansados aún no habían llegado yquedaban derramados por los pueblosque ya no había guerra ni hombre que seosase desmandarlo cualpara mayor dañoaseguró los españoles.



 

 

Capítulo IC

Cómo Cortés partió de Tezcuco para Méxicoy cómo parandoen Tepeaquilla halló ruines señalesy cómopartiendo de allíentró enMéxico.

Con más reposo del que hasta allí Cortés había tenidono recelándosedel mal grande que después subcediócon su gente en ordenpartiendo deTezcuco para Méxicoparó en Tepeaquillapueblo que está legua y media deMéxicoa la entrada del cualpasando por una pontezuela de madera SolísCasquetehombre de a caballometiendo el caballo la una pierna por entre dosvigasse le hizo pedazosquedando el caballo colgado de la puente. Solíssaltó en el agua; miraron en esto algunos de los españolesespecialmenteBotellode quien diremos adelanteque lo tuvieron por mal agüero y señaldiciendo que no entraban con buen pie y que algún mal les había de subcederaunque el cristiano no ha de mirar en agüerosy así lo hacía Cortésinterpretando siempre e mejor lo que acaecíacomo hacía el Gran Capitánlasmalas señales. Con todola gente halló mucho maíz e otras provisionesperono persona alguna que lo guardaseque también paresció muy mal.

Ya que otro día de mañana se querían partir para Méxicobuscando porentre las casas y dentro dellas algunos indios para que llevasen las cargasAlonso de Ojeda y Joan Márquezque desto tenían el cargono hallaron personaalguna más de un indio que dicen naboriaahorcado de una viga de la casavestido con sus mantas y mástil; salieron algo alterados con estoparesciéndoles mal todo lo que habían visto. El exército comenzó a andar;yendo un poco delante por el mismo pueblohallaron en una plazuela un granmontón de pan y más de quinientas gallinas atadasy tampococomo antespersona alguna que lo guardase ni a quien pudiesen preguntar cosay como estocaía sobre lo demástampoco a Cortésaunque lo desimulabaparesció bien yquisiera no haber escripto a los de Cempoala; pero desimulando la mala sospechay ruines indicios que había vistocon alegre rostroconcertando su gentelosde a caballo por sí y los peones por sítocando el atambor e pífarolesdixo: «Easeñores y amigos míos; que ya se han acabado nuestros trabajosysi los indios no han parescido es de temor y vergüenza de haberse atrevidocontra los nuestros; con emienda los reconciliaremos y nos serán más amigos ytodos seréis de buena ventura.»

Era víspera de Sant Joan cuando Cortés entró con este orden en la ciudadde México; estaban los indios a las puertas de sus casas sentadoscallandoque no parescían haber hecho mal algunoy a la pasadaamenazándoles en lalengua algunos de los nuestrosse sonreíandándoseles muy poco de susamenazas. Tenían todas las puentes quitadas de unas casas a otras; vieronclaras muestras de lo que les pesaba con la venida de los nuestros y aun de loque después hicieron. Llegó desta manera nuestro exército al aposenta dondePedro de Alvarado estaba guardando a Motezuma; las puertas estaban todascerradas; subió sobre los muros la más de la gente que dentro estaba;diéronse la buena venida y la buena estada los unos a los otros con granalegría y regocijo de todos. Llegó Cortés a la puerta principaldio golpespara que le abriesenno le respondieron ni quisieron abriry tornando a tocarla puertadesde el muro respondió Pedro de Alvarado: ¿Quién llama y quéquiere?» Replicó Cortés: «Llama Hernando Cortésvuestro Capitánquequiere entrar.» Entonces Pedro de Alvarado le dixo: «Señor¿viene vuestraMerced con la libertad que salió de aquí y con el mando y señorío que sobrenosotros tenía?» Diciendo Cortés que sí yloado Dioscon más pujanza emayor victoriacon grande alegría los que dentro estaban le abrieron lapuertay entrandocon gran reverencia Pedro de Alvarado le entregó lasllavesabrazándose luego el uno al otroy así todos los demás los unos alos otros.

No se puede decir el alegría y regocijo que todos rescibieron; los deAlvarado contaban los trabajos y peligros en que se habían vistolas muertesde sus españoleslos combates que habían rescebidolas defensas que habíanhechoel deseo que tenían del socorroel amainar de la furia de los indioscuando supieron la venida de Cortés. Los otros compañeros que con el Capitánhabían idotambién contaban el trabajo que en la priesa del camino habíanrescebidoel andar de nocheel acometer a Narváezlloviendo toda la nochela pérdida de los compañerosla victoria tan venturosa. Los que de nuevoveníanque eran los de Narváezhallaron entre los de Alvarado muchosconoscidos y amigos con quien se holgaban mucho. Desta manera pasaron dos horashasta que los aposentadores comenzaron a alojar la gentela cualpor no cabertoda en los aposentos de Cortésfue nescesario que mucha della alojase en eltemplo mayor.



 

 

Capítulo C

Cómo llegado CortésMotezuma salió al patio a rescebirle yse desculpó de lo pasadoy de la contradición que en esto hay.

Entró Cortés a hora de comer en Méxicocon la gente que dixeacompañadode muchedumbre de amigos tlaxcaltecas y otros; y a una hora después de llegadosaliósegún algunos dicen (aunque Ojeda escribe lo contrario) al patioMotezumaacompañado de los más principales señores de la tierraarescebirlepenadosegún mostrabade lo que los suyos habían hecho.Desculpóse lo mejor que supo e pudo. Cortés le respondió pocas palabrashaciendo bien del enojadoe despidiéndose desta maneracada uno se fue a suaposento.

Otros diceny esto es lo más ciertoque Motezuma esperó que Cortéscomosolíale entrase a visitarpues era tan gran Rey e señor y que a esta causaaunque venía victoriosono le salió a rescebir. Cortéscomo venía tanpujanteparesciéndole que todo el imperio mexicano era pocoenojado de lo quehabía pasadono hizo cuenta dél ni le quiso entrara verlo cual fue laprincipal causa de la destruición de los suyose así dixo muchas veces e yose lo oí en corte de Su Majestadque cuándo tuvo menos genteporque sóloconfiaba en Dioshabía alcanzado grandes victoriase cuando se vio con tantagenteconfiando en ellaestonces perdió la más della y la honra y gloriaganadaqueciertopara todos los Capitanes es documento notable para perderel orgullo en la prosperidad mundana.

Fray Bartolomé de Olmedopor mandado de Cortésfue otro día a ver aMotezumapara entender del estado de los negocios. Motezuma le respondió bien;preguntó si el Capitán venía enojadopor que no le había visto;respondióle el flaire que nopero que venía cansado y que por eso no lohabía hechoe con esto le reprehendió del mal consejo que había tenido. Norespondiendo a esto Motezumadixo: «Si el Capitán no está enojadoyo ledaré un caballo con su personade bultosobre éltodo de oro.» Con esto sedespidió Fray Bartolomé; contó lo que pasaba a Cortésel cualextendiéndose con la victoria de Narváez porfió en no querer ver a Motezumaque fue la causa de todo su daño y pérdidaporquecomo después pasaronalgunos días que no hizo caso de tan gran Príncipeél y los suyos losintieron tanto que en breve mostraron el rancor que en sus pechos teníanaunque otros dicen que luegodende a cuatro o cinco días que Cortés llegó aMéxicose levantaron.



 

 

Capítulo CI

De las razones y causas por qué los mexicanos se levantaroncontra Pedro Alvarado.

Deseaba mucho saber Cortés por qué razón en su ausencia los mexicanos sehabían rebelado contra Pedro de Alvaradohabiendo dado Motezuma su palabra deno consentir alteración algunay no tanto deseaba saber esto por castigarlopues siempre pretendió su amistad y confederacióncuanto por reprehender aPedro de Alvarado si había sido culpado. Juntópuesmuchos de losprincipalesque todos (como dice Gómara) no pudo sery con las mejorespalabras que supocon buena graciasin mostrar enojoles rogó le dixesen lacausa de la rebelión pasada. Elloscomo eran muchos y cada uno teníaparticular ocasión de malquerenciacomo los que estaban determinados desegundary con mayor furiadesvergonzadamente y sin muestra de arrepentimientode lo pasadounos respondieron que por lo que Narváez les había inviado adecir; otrosque por echarlos de Méxicoporque no los podían verpara quese fuesencomo estaba concertadoen teniendo navíosy que esto lo habíanbien mostrado cuandocombatiendo la casaa voces decían: «¡Perroscristianoscristianos perrosfuerafuera; salid de nuestra tierrausurpadores de lo ajeno!» Otrosque por libertar a Motezumacomo lo decíandando la guerra: «¡Soltadsoltad a nuestro gran Rey y señor si no queréismorir mala muerte!» Nunca jamás (aunque lo dice Gómara) le llamaron dios.Otrosque por robarles el oroplata y joyasque más por fuerza que de suvoluntad Motezuma y otros señores les habían dadodiciendo que valían másde sietecientos mill ducadosdando voces: «¡Ahperros; aquí dexaréis eloro y joyas que habéis robado!» Quienque por no ver allí a los taxcaltecasy otros indiosque les eran muy odiosospor ser sus mortales enemigos. Muchoso los más decían que por haberles derribado sus ídolos principalesdeshechosu religióndestruido sus sacrificiospuesto nuevas leyesintroduciendonueva religión contraria a la suyae que para la venganza desto el demonio leshabía dado gran priesaconforme a lo que los más decían.

La principal causa fueporque viniendo el principio de su mesque era deveinte en veinte díasque estonces para ellos era fiesta solemnepocos díasdespués de partidoCortésquisieron celebrarlacomo solíanpara lo cualpidieron licencia a Pedro de Alvaradoy esta licencia pidiéronla con engañopara que los cristianos no sospechasencomo ello eraque se juntaban paramatarlos. Alvarado les dió la licencia con que a la fiesta no llevasen armas nisacrificasen persona algunaque para ellos fueron dos cosas harto ásperas eque encendieron el fuego; juntáronse más de sietecientos (otros dicen más demill) caballeros e personas principalescon algunos señoresen el templomayor. Aquella noche hubo muy gran ruido de atabalescaracolescornetashuesos hendidos con que silbaban muy recio; cantaron muchas canciones; créesepor cierto que en ellascomo suelentrataron de la rebelión que luegohicieron. Salieron al baile desnudos en carnes y sin cutarascubiertassolamente sus vergüenzaspero sobre las cabezas y pechos muchas piedras yperlas que estonces no las había sino muy rarascollares a las gargantascintas de oro colgando sobre los ombligosmuchas piedras y brazaletes muy ricosa las muñecascon muchas chapas de oro y plata sobre los pechos y espaldas ycabezas y manospresciosos y ricos penachos. Desta maneraa vista de losnuestrosen el patio del gran templobailaron su baileque fue cosa bien dever.



 

 

Capítulo CII

Cómo se llamaba este baile y cómo se hacíay si Pedro deAlvarado acometió [a] los indios por cobdicia o por deshacer la ligaylo que después se supo de las ollas.

Llamaban los indios a este baile maceuatlistleque quiere decir«merescimiento con trabajo»y así al labrador llamaban maceuatli. Eraeste baile como el netotiliztliaunque se diferenciaba el uno del otroen algunas cerimonias. Poníancuando le habían de haceren el suelo de lospatios muchas esteras y encima dellas los atabales y los otros instrumentosmúsicos; danzaban en corroasidos de las manos y por ringleras; bailaban alson de los que cantaban y tañían y respondían bailando y cantando. Loscantares eran sanctos y no profanos (aunque en éste trataron la conspiracióncontra los nuestros) en alabanza del dios cúya era la fiesta; pidiéronlesegún su nombre e advoracióno aguao pano saludvictoriao pazhijossanidado otros bienes temporales.

Notaron los que al principio miraron en estos bailesque cuando los indiosbailaban así en los templosque hacían otras diferentes mudanzas que en los netotiliztlesmagnifestando sus buenos o malos conceptossucios o honestoscon la vozsinpronunciar palabras y con los meneos del cuerpocabezasbrazos y piesamanera de matachinesque los romanos llamaron gesticulatoresquecallando hablan. A este baile llamaron los nuestros areitovocablo de las islasde Cuba y Sancto Domingo.

Estandopuesen este baile aquellos caballeros mexicanoso porque avisarona Pedro de Alvarado de lo que tractabano por ver baile tan solemne e de tanprincipales personaso por otras causas que no se sabenfue alláy lo que esmás probablepor lengua de algunos españoles que entendieron la tramasabiendo que se tractaba de la rebelión de los indios y muerte de loscristianostomó las puertas del patio con cada diez o doce españolesy élcon cincuenta entró dentrohaciendo en ellos gran carnicería. Mató los mástomóles las joyas e riquezas que traíanlo cual dio ocasión a que algunosdixesen que por cobdicia de las riquezas había hecho tan grande estrago; de locual Cortésaunque no lo creyórescibió pena y enojoy como no era tiempode desabrir a los suyosque tanto había menesterdexó de inquerir elnegocio.

Dicen algunos que los taxcaltecas fueron los que malsinaron a aquelloscaballeros mexicanos e pusieron a Alvarado en que hiciese lo que hizoy ciertodebieron los mexicanos en aquella su fiesta de tratar traición contra losnuestrosporque aunque ellos lo negaronsúpose después de muchas indias quelos españoles tenían de servicioque por la mañana el día del baile habíanpuesto las mujeres infinita cantidad de ollas con agua al fuegopara comer alos españoles cocidos en chileporque pensaban tomarlos sobre seguroehabíanlos descuidado con salir desnudos al bailee teníansegún las indiasdixeronlas armas escondidas en las casas que estaban cerca del temploparatomarlas cuando menos pensasen los españoles. Fue digno castigo de que elsueño se les volviese al revés y pagasen por la pena del talión.



 

 

Capítulo CIII

De lo que Cortésdescubiertas las causas de la rebelióndixo a los señores y principalesy de cómo otro día se comenzaron adescubrir para tornar a ella.

Entendidas por Cortés las causas de rebelión y vista la manera con que lasdixeronque fue bien desvergonzadapreviniendo en lo que pudoa lo quesospechabavino luego a los indios principales y señoresy díxoles:

«Fuertes y nobles caballeros: En las entrañas me pesa de que vosotros aAlvarado hayáis sido causa de la rebelión pasada. Si vosotros lo fuistespésame de que hayáis quebrado la palabra que me distes y entendido tan mal elamor que os tengo y las buenas obras que os he hecho y deseo hacer y lo queprocuroser vuestro amigo y que estéis desengañados de los errores en que eldemonio os tiene metidos; si habéis tenido la culpayo os la perdono con quede aquí adelante me seáis tan amigos como yo os he sido y seré (a esto sesonrieroncomo haciendo burla); y si Alvarado tuvo la culpame pesa másporque os quiero y amocomo a hermanos míosy nuestro oficio y condisción eshacer bien y estorbar que otros no hagan mal; y si en lo hecho ha habido denuestra parte culpahabrá castigo y grande emienda para en lo de adelante. Enlo demásver si hay algo en que os pueda dar contentoque yo lo haré mejorque hasta aquíy mirad quepues que sois caballerosno intentéis ni hagáiscosa que no sea de talesporque si la hicierdes deshonraréis vuestro linajeseros han enemigos los que por mi intercesión os son amigoslloveros ha acuestasy del juego llevaréis lo peorporque si con tan pocos españoles hicetanto cuando al principio vineahora que tengo tantoscomo veismás caballosy más artillería¿qué os paresce que podré? Ya sabéis cómo pelean losespañolescuán bravas heridas dan con las espadascuán grandes fuerzastienen y cómo la vida de uno ha siempre costado muchas de las de vosotros.También sabéis que aunque en la guerra son como leonesdespués que hanconseguido la victoria son clementesmansos y misericordiososy no como otrasnasciones quecuando vencenhacen grandes estragos y crueldades en losvencidos y en aquellos que menos pueden. No tengo más que deciros; ved ahoravosotros lo que os paresceque yo no quiero más de lo que es razón.»

Oyeron aquellos caballeros aquestas palabrase aunque eran buenas yverdaderas e llenas de amorcomo cayeron en pechos dañados y llenos deenemistadno respondieron más de que ellos verían lo que debían hacery conestosin los comedimientos acostumbradosse fueron los unos por acá y losotros por allá.



 

 

Capítulo CIV

Cómo los mexicanospidiendo tianguez a Cortésalzaron porseñor al hermano de Motezumae de lo que acontesció a Antón del Ríoquefue la primera señal de la segunda rebelión.

Muy indignado estaba Motezuma de ver la poca cuenta que dél había hechoCortés en no haberlecomo solíaido a visitary aun porque le habían dichoque Cortés hablaba palabras en su deshonor; pero como naturalmente era noble decondisciónsi aquellos sus caballeros que tanto aborrescían a los nuestros nole indignaran y vinieran con nuevasy Cortés le visitarano vinieran losnegocios al rompimiento que vinieronaunque se supo estar los mexicanos de tanmal arteque por ninguna vía se apaciguabandeseososcomo el demonio lesdaba priesade echar de la tierra a los nuestroso de sacrificallos ycomelloscomo muchas veces tenían determinado y concertado habían para cuandoentró Cortésporque no hallase de comerlevantado el tianguezque es elmercado. Invió Cortés a decir con la lengua a Motezuma que mandasecomo seacostumbrabahacer tianguezporque los españoles comprasen lo que hobiesenmenester. Respondió Motezuma con gravedad enojada que él estaba presoy quelos demás deudos suyos que tenían autoridad y mando en la repúblicaquesoltase uno dellospara que saliendo fuera mandase hacer el tiangueze queéste fuese el caballero que a él le paresciese. Cortésno sospechando lo quesubcedióreplicó que él era contento que su Alteza inviase al que fueseservido. Invió Motezuma a su hermanoel señor de Eztapalapaal cualcomovieron fuera los mexicanos e que en los combates dados a Pedro de Alvarado nohabían podido soltar a su Rey e señorno le dexaron volver a la prisión nihicieron el tianguez; antes le eligieron por su caudillo y Capitán y no fuemenester rogárselo muchoporque lo tenía gana.

Estando los negocios desta suerteun soldado que se decía Antón del Ríosaliendo de la ciudad por mandado de Cortéspara ir a Cempoala para quetraxese ciertas adargas que con lo demás de la recámara habían quedadoparahacer un juego de cañas y regocijarseyendo por el Tatelulco para salir por lacalzada de Tepeaquillapor donde los españoles habían entradocomenzaron losindios a darle muy gran grita e a seguirle con flechas y arcoscon piedras ymacanas; y como la gente con la grita le salía de adelante hacia do él iba eotra le seguía de la que quedaba atráspor que no le tomasen allí a manos yle hiciesen pedazosvolvió atráse rompiendo con el caballohiriendo con laespada a los que podíapasó por ellos hasta que a más correr vino huyendo alos aposentosy como los nuestros lo vieron venir así e quese había apeadoen el aposento del Capitánfueron todos allá para saber lo que pasabaelcual contó el negocio. Invió luego Cortés cinco o seis de a caballo bienadereszadospara que descubriesen lo que había e viniesen a darle mandado.Salieron por la calle que va a Iztapalapahallaron dos o tres puentes por docorrían las acequiasquitadas las vigasy gran cantidad de indios por lasazoteasy dando la vuelta por otras calleshallaron que las puentesque todaseran de maderaestaban quitadassalteadas las vigasquitada una y dexadaotrade manera que la puente que tenía diez vigas estaba con cinco salteadaspara que los de a caballo cayesen y se hicieren pedazosporque para ellossegún su ligerezasiguiendo o huyendono lo era inconveniente.

No pasaron aquellos españoles adelanteasí por el estorbo de las puentescomo porque les paresció muy mal la desvergüenza de los indiosque desde lasazoteas y desde las puertas de las casas con las manos y cabeza hacían señalde que pasasen adelantepara dar sobre ellos.

Desta manerabien confusos y descontentosse volvieron al aposento deCortésel cualcuando supo lo que pasabano se holgó nadaapercibió sugentemandó tener a buen recaudo a Motezuma y a los demás prisionerosesperando que más señales de guerra hobiese.



 

 

Capítulo CV

De cómo se vieron más señales de la rebelión y del primercambate que los mexicanos dieron a Cortés.

Día erasegún algunos dicende Sant Joanesegún la mayor opiniónotro día despuéscuando saliendo Alonso de Ojeda y Joan Márquez sucompañeroa buscar de comer cerca de los aposentosllegaron cerca de la casade Guatemocíndonde hallaron la puerta principal cerrada con adobes; quisieronpasare como el acequia estaba en medio e las vigas que hacían puentesquitadas y el agua hondaecharon muchas piedrasadobespalos y esteras e todolo que demás hallaron para cegar el aguae después de cegada pasaron esiguieron por una calleja toda cerrada por lo alto; saliendo della dieron en unagran troxe de madera. Dio Ojeda el espada a Joan Márquez para subir a la troxee ver lo que dentro habíael cualdespués de subidovio que estaba llena decinchos de cuero con que los indios jugaban al bateye de algunas armas. JoanMárquez llegó a la puerta de una casa que estaba adelante; oyó de lo alto delas casas dar grande gritadiciendo: Miqueteulque quiere decir «Mataa ese hijo del sol». A estas voces descendió Ojeda de la troxey tomando suespada se juntó con el compañeroque llevaba un alabarda. Comenzaroncomodicen «¡Ahputo el postre!»a huir porque ya el aire resonaba con elalarido de los indiosdel cual entendieron que toda la ciudad debía de estarlevantada. Los callones y vueltas eran tantasque a no llevar por guía unindio taxcaltecaque tuvo más memoriano acertaran a salir e murieran allí.Saliendo por donde habían entradohallaron aquella parte del acequia quehabían cegado como estaba cuando la dexaron; pasaron por ellae yendo hacialos aposentos de Cortés encontraron con un papa de los indioscon los cabellostendidoscomo furioso y endemoniadohaciendo señales con las manosdondevocesque ponía espanto. Con todo estola espada desnudatiró tras délAlonso de Ojedael cual se le acogió a una casa que allí cerca estabaen lacual entró siguiéndoley en ella halló muchas grullas mansasque a losgritos de aquel papa comenzaron todas a grasnar. En esto Juan Márquezsucompañerole comenzó a dar grandes voces; saliendo a ellas el Ojedale dixoel Joan Márquez: «¿Qué diablos hacéiso a que os paráis a seguir a eseperro? ¿No veis que se arde la ciudad y dan guerra los indios a nuestroCapitán?» Ojedacomo salía del ruido grande que las grullas hacíanatronadodixo: «Callaque son estas grullas que graznan en esta casa»; peroreparándose un poquitose desengañó luegoporque el alarido de los indioscrescía e ya muchos se habían subido a las azoteas. Como vieron estocorrieron hacia el patio del templo mayordonde hallaron en lo alto dél seis osiete españoles que estaban atalayando para dar aviso a Cortés cómo veníapor todas partes la gente de guerralos campos llenosy cómo comenzaban aentrar por las callesque parescían turbiones de lagosta.

Comenzáronse luego a armar los españoles que quedabanporque ya más dedocientos habían salido a las calles y estaban peleando y defendiéndoles laentrada en el entretanto que los demás se armaban. Fue grande la pelea ybatalla de aquel día; no pudieron entrar al patio de Uchilobosque era el quepretendían tomarpero entre unas puentes e otras hicieron grandes albarradaspara que los cristianos no pudiesen salir y ellos desde ellas pudiesen mejorofender.

Fue muy recia la pelea deste díaporque así los indios como los cristianosestaban descansadosy los unospor defender lo que habían ganado y no perderel nombre y fama de su valentíahacían más que hombres; los otrosciegos desu pasióncomo eran infinitosno temían ni tenían cuenta con el morirporque como perros rabiosospor ofenderse metían por las espadas. Murióaquel día gran cantidad de indios y ningún españolaunquecomo la batalladuró hasta ponerse el solhubo algunos heridos. Acabado este primerorencuentrocon la noche que veníatodos se fueron a reposar para trabajar denuevo el día siguiente.



 

 

Capítulo CVI

Del segundo rebato que los indios dieron a Cortés y de cuánreñida fue la batalla.

Del recuentro pasado entendió Cortés cómo se debía apercibir para labatalla del día siguiente; pesóle (por ser los enemigos tantos y tanporfiados) de haber escripto lo que escribió y de no haber inviado a llamar aSaucedoque había quedado con la recámara en Cempoala y a algunos de la VillaRica; procuró lo más secretamente que pudo inviar a llamar a Saucedopara queviniese con los que con él estabany aunque todos estaban cansadosprocuróque a la media nochealgunos de los más valientes deshiciesen las albarradasque tomaban las calles.

Otro díauna hora antes que amanescieseera cosa espantosa de oír elruido quesilbando e tocando caracoles e otros instrumentos de guerralosenemigos hacían. Luego como amanesciólas azoteas llenas de gente y lascalles cubiertascon un alarido que le ponían en el cielocomenzaron a hacercruda guerra en los cristianos. Hubo muchas muertes de la parte de los indios emuchos heridas de la de los cristianos. Hicieron de nuevo los indios albarradasporque como eran infinitoshabía gente sobrada para lo uno y para lo otro.Salieron los cristianos a la calletratábanlos mal con pedradas los queestaban en las azoteasaunque los escopeteros y ballesteros derribaron muchos.En este día se señalaron algunos indios que con ánimo feroz y endiabladosemetieron por las picas y espadas a herir con las macanas a los nuestros.

Duró sin cesar todo el día la batallaque apenas pudieron comer loscristianos. Venida la nocheque puso fin a tan trabada batallaCortés mandóque hubiese velasporque le habían dicho que aunque fuese contra la costumbreporque los indios jamás pelean de nocheen aquella les habían de dar asalto.Veláronse de veinte en veinte; no vinieron los indios. A la media noche deshizoCortés las albarradas del día antesapercibiendo los caballos para salir siel otro día volvían.



 

 

Capítulo CVII

Del tercer recuentro y cómo salió Cortés con los de caballoe tomó la calle de Tacuba y de lo que pudiera hacer si quisiera.

Otro día de mañanacomo si nunca los indios hubieran peleado ni se hubierahecho en ellos el estrago de los dos días pasadoscon dobladas fuerzas yánimocomenzaron a acometer. Cortéspor no darles lugar que hiciesenalbarradassalió con los de a caballo bien armado; comenzó él y los suyos aromper y alancear con gran furiaaunque de las azoteas rescebían gran dañoporque llovían sobre ellos piedras. Mataron a un Fulano Cerezoque con él ycon su caballo dieron muerto en tierra.

Como esto vio Cortés e que prosiguiendo adelante había de topar con másgente y que la de las azoteas era la que le había de acabarretráxose lomejor que pudo con los de a caballo; volvióse a los aposentospuso en ordenlos peonesballesteros y escopeteroscon cada uno otro que le arrodelase ecubriese la cabezapor las pedradas; en la retroguarda puso algunos de acaballodexando la gente que era menester para defensa de los aposentos.

Salió desta maneray como los unos arrodelaban a los otrosdisparando porsu orden ballesteros y escopeterosmataron y echaron abaxo mucha gente de lasazoteas; la demáscomo vio estose abaxó y metió en casa. Desta manerapudieron los españoles romper por la calle que dicen de Tacuba; ganáronlatoda; hicieron cruel matanza en los indios.

Serían los españoles de a pie cientoy los de a caballo cuarenta. Salierontodos en orden de la calle de Tacuba y alegres de la victoria habida.Prosiguiendo por la calzada llegaron a Tacuba; descansaron allí dos horasecomo era tiempo de flores hicieron guirnaldaspusiéronselas sobre las cabezasvolvieron a Méxicosin que nadie los enojasedando voces: «¡Victoriavictoria!» Pudieran los españolesaunque fuera con el oro y plata queteníansalir aquella tarde a Tacuba e ponerse en salvohaciéndose fuertesallí que por ser tierra firme y llanatodo el poder mexicano no los podíaofender; pero; como los días pasados les había subcedido bien y de atrástenían los indios en pococegáronse de su presunciónno pensando que losnegocios pudieran llegar a los términos que después vinieron; y desto huboluego claras muestrasporque al tiempo que los peonessiguiendo a los de acaballo mediano trechoantes que llegasen a los aposentossalieroninnumerables indios a ellos quecomo en celadalos estaban aguardando ydiéronles tan cruel y brava guerraque los de a caballocomo estaban en calley tan llena de genteno pudieron ser señoresni hacerles dañoa lo menos elque les hicieran en campo raso. Tomáronles un español vivosin poderloremediarsacrificáronle luegoa vista de todostomaron dos tirosque luegoecharon en el acequia. Desta maneracon gran dificultadpudieron losespañoles entrar en los aposentos. Conosció estonces claramente Cortés lomucho que se había errado en haber salido todos de golpe cuando tomaron lacalle de Tacubay confirmóse más su arrepentimiento cuando vio que aquellanoche tornaron los indios a abrir las puentes que la noche antes los españolespara que pudiesen correr los caballoshabían cegado.



 

 

Capítulo CVIII

Del cuarto combate que los indios dieron y de cómo Cortéstomó el cu de Uchilobosadonde trecientos señores se habían fortalescidoyde lo que más pasó.


Aquella noche siguiente trecientos señores y personas muy principalessinque de los nuestros fuesen sentidosse subieron con sus armas y comida a loalto del cu de Uchilobosy luego por la mañanacomo con los otros estabaconcertadoamanescieron todas las azoteas de la ciudad cuajadas todas de gentey las calles asimismoque parescía que tanta gentehabiendo muerto tanta enlos tres combates pasadosnascía de la tierrao que habían resucitado losmuertos. Acometieron los de las calles con grande furia y alarido y los de lasazoteas les respondíandiciendo: «Hoy morirán estos perros cristianos.»

Trabóse la batalla; los de a caballopor la multitud de la gente eporque las puentes estaban abiertasno pudieron hacer nadani en el patio deUchilobosaunque era muy grande y había en él enemigospodían ser señorespor estar losado e deslizar los caballos y subirse a él por siete o ochogradas. Los señores queestaban en lo alto del temploque eran la flor de losque peleabanhacíansin pelearmás daño desde allí que los demáspeleandoporque como cada uno tenía su devisapor la cual de los de abaxoeran conoscidosy desde allí señoreando todo lo baxocomo estaba concertadoque hacia donde hiciese señal allí acudiesen los que abaxo peleabangobernando a su salvo e viéndolo todoo con las rodelas o con las mantas ricashacían señal de que éstos acudiesen a la una partelos otros a la otraavisando que entrasen por donde mayor flaqueza había; y como los que peleabaneran como los que de noche naveganque tienen cuenta con el nortemirando asus caudillos y Capitaneshacían mayor guerra que los días pasados.

Como cayó en esto Cortésllamó a Escobarsu camarerodiole cienthombresmandóle que subiese al cu y derribase de allí aquellos que sin peleartanto daño hacían. Fueron allá los nuestros y comenzaronarrodelándoseasubir por las gradasy como eran muchas y altasno hubieron llegado a lascuatro o cinco primerascuando fue tanta la piedratrozos de maderapalos ytizones que de arriba veníanque con facilidad rodando y cayendolos hicieronvolver atrásmetiéndose tendidos debaxo de la grada primerapara que losmaderos y piedras no los cogiesen. Intentaron tres veces a subir y tantas fueronrebatidos. Supo Cortés lo que pasabatomó de la gente escogida cincuentacompañerosatóse fuertemente una rodela al brazoporque no la podía tomarcon la manopor estar mal heridoy hallando a los demás compañerosalebrestadosque no osaban subirles dixo: «¡Ohvergüenza de españolesycuándo jamás a los de vuestra nasción espantó la muerte! Si hemos de morir¿cuándo se ofresció mejor ocasión que ésta para vengar nuestras muertes yvender bien nuestras vidas? ¡Eaeaque ahora es tiempoque muertos estosperros se allanará todo!» Diciendo estas palabrasse cubrió con la rodelayllevando la espada desnudadixo: «Los que sois hombreshaced como yo»; easí comenzaron a subir con ánimo invenciblehurtando el cuerpo a las piedrasy paloslos que eran animososcon coraje dobladoy los que no lo eran tantoaburriendo las vidas de vergüenzaseguían a su Capitán y a los otroscompañerosde manera que teniéndose los unos a los otrosrepujando los deabaxo a los que iban subiendoaunque cayeron algunos muy mal heridossubierona lo alto. Ganaron todas las gradas; los españoles que abaxo quedaroncercanoal cuy cuando los que arriba subieron hallaron espacio donde podían pelearhiciéronlo tan valerosamenteque de todos trecientos señores no se lesescaparon seisporque los unos murieron a espadalos otros se despeñaron delos pretilese los que iban vivos abaxoluego los acababan los españoles queallí habían quedado.

Aquí dicen que peleó Cortés con tanto esfuerzo y cordura que por su manosola mató y derrocó más señores que seis ni ocho de sus compañeros.Abrazáronse con élcon la rabia de la muertealgunos de aquellos señorespor arrojarse con él de los pretiles abaxopero como era muy valiente y debuenas fuerzas se desasió dellos. Viose estonces en gran peligro de muerteAlonso de Ojedaporque si no fuera por un Lucas Ginovésque acudió a tiempofuera despeñado con otros que le tenía abrazado. Hiciéronlo todos tanvalerosamente queaunque algunos quedaron heridosparescía que todos sehabían revolcado en sangre. Subieron a lo más alto; no hallaron personaperotoparon con muchos cántaros de cacaomuchas gallinas y muchos tamalescon queholgaron harto más que con oro e platapor la nescesidad que ya comenzaban apadescer. Los indios taxcaltecas y cempoaleses tuvieron aquel día por muyfestivalporque no dexaron cuerpo de aquellos señores que no comiesen conchile y tomate.

Mucho desmayaron lo demás indios con la muerte destos trecientos señores.Retraxéronse poco a poco harto antes que la noche viniesepero con propósitode volver con mayor furia otro día a la batalla.



 

 

Capítulo CIX

Cómo otro día más indignados que nuncacon nuevas manerasde pelearacometieron a los nuestros los indiose de lo que un tlaxcaltecahizo.

Tanto más crescía la saña en los mexicanos cuanto menos daño podíanhacer en los españoles con las varas y flechas quecomo granizo muy espesodaba sobre ellos; y aunque cada día era la multitud grande que de los mexicanosmoríaera la que de refresco acudía de la comarca por horas tantaque nosolamente no menguaban ni desmayabanpero parescíay así lo eraque cadadía crescían e con mayor acometimiento y furor combatían a los nuestrosbuscando nuevos modos cómo ofenderlos. Tiraban las varas por el sueloparaherir en los pies y tobillosy desta manera hirieron a más de docientosespañoleshasta que para los pies y piernas buscaron reparos. Eran tantas lasvaras y flechas quehabiendo españoles señalados para recogerlasno hubodía que no se quemasen cuarenta carretadas dellas.

Ya en este día era la guerra más furiosaporque dentro combatían la sed yhambre. La hambre era tantaque a los indios amigos no se daba cada día deración más de una tortillae a los españoles cincuenta granos de maíz. Elagua faltó de tal manera que fue nescesario cavar en el patio de los aposentosy con ser el suelo salitralquiso Dios darles agua dulceaunque Ojeda dice ensu Relaciónque bebían de un agua bien salobre que sacaban de una pontezuelaque estaba en el patio de Uchilobosal pie de un ciprés pequeñopero que losindios cegaron esta fuenteporque allí era la furia y concurso de la batalla;estando en la cualasomándose por un reparo e baluarte un indio taxcaltecalos mexicanos le dixeron: «¡Ahperroque tú y los tuyos y esos perros decristianos moriréis hoyporque ya que nosotros os dexáremosque nodexaremosmoriréis de hambre y de sed.» Estonces el taxcaltecalesrespondió con ánimo español: «¡Andábellacoscuilones (que quieredecir «putos»)traidoresamujerados y fementidosque no hacéis cosa buenasino en gavillae porque sepáis que nos sobra pantomad allá esa tortillaque me sobró de mi ración!» No plugo nada esto a los mexicanoscreyendo serasí lo que el taxcalteca decíael cualcon este tan valeroso hechono pocoanimó a los de su nasción y aun los de otras.

Era la guerra este día por todas las partes de la ciudad y por todas laspartes del aposento donde Cortés estaba. Los indios de Tezcucoque eran másde cient millacometieron desde las azoteas e desde las callespor lasespaldas de los aposentoslo que nunca habían hecho. Estaban cerca dellos atiro de piedrade manera que fue nescesario con su persona acudir allíCortés. Por más de una hora peleó valerosísimamente; hizo desde lo alto dela casa disparar muchas escopetas y algunos tiros pequeñoscon los cuales hizotanto daño en las azoteas que en breve las desampararon los que estabas máscerca. Acudió luego Cortés al patio de Uchilabosdondepor ser enlosadocomo está dicholos caballos no podían correr. Allí jugaba el artilleríaycomo los indios eran infinitosno había la pelota hecho una calledestrozandoy matando indioscuando luego se tornaban a juntar hasta llegarse a las bocasde los tiros. Este día y los demásMesael artillero mayortrabajó pordiez hombresporqueno solamente gobernaba el artilleríahaciendo grandeestragopero la defendía por su persona valerosamente.

Subcediópara que se vea cuánto favorescía Dios a sus cristianosquequeriendo los sacerdotes del templo mayor y otros caballeros mexicanos ytezcucanos quitar la imagen de Nuestra Señora del altar donde Cortés la habíapuestose les pegaban las manos y enflaquescían los brazosno pudiendo porbuen rato despegar las manos de donde iban a asiry otrosreprehendiendo aéstossubiendo por las gradasse les entomecían las piernas y caían de suestado. Unos se deslomabanotros se quebraban la cabezay así no pudieronhacer lo que tanto procurarony estaban tan empedernidos que miraglo tan clarono los confundía. Y porque fueron muchas y notables cosas las que en este díasubcedieroniré contándolas por los capítulos siguientes:



 

 

Capítulo CX

Cómo un tiro sin cebarle disparóy de lo que los indiosdixeron de Nuestra Señora y de Sanctiago.

Mesael artillero mayorcomo vio que los indios eran tantos que casiatapaban las bocas de los tirosdeterminó con carga mayor que nunca el tiromayor; fuepuesel caso que o se le olvidóy con la gran priesa que losindios le dabanno pudo cebarle. Llegaron cerca dél hasta casi juntarse porlos lados e por la boca infinitos de los indiostirando varas y disparandoflechasdiciendo: «¡Perros cristianosahora libertaremos a nuestro Rey yseñor; ahora beberemos vuestra sangre y comeremos de vuestra carne!» Estandoen estoo con el calor que los indios causaban o resestero grande del soloporque Dios quiso hacer este miragloel tirosin estar cebado ni ponerlefuegodisparó con un furioso y espantoso sonidoy como la bala era grande ytenía muchos perdigonesescupió tan furiosamenteque paresciendo mástronido del cielo que del artilleríahizo grandísimo estrago; mató muymuchosasombró a todos de tal maneraque los más cayeron en tierray asíatónitos poco a poco se fueron retirandoaunque por las otras partes de laciudad andaba encendido la guerraen la cual los nuestros acabaran aquel díasi no fuera por Nuestra Señora y por Sanctiagode quien decían los indios queella desde el altar les echaba tierra en los ojos y cegabade manera que lesera forzado volverse a casay que élque era un caballero muy grandevestidode blancoen un caballo asimismo blancoel cualcon una espada desnuda en lamanopeleaba bravamentesin poder ser heridoe que el caballo con la bocapies y manos hacía tanto mal como el caballero con la espada. Decían losindios:

«Si no fuese por aquella mujer y por aquel hombreya todos seríadessacrificadosporque no tenéis buena carne para ser comidos.» Respondíanlesalgunos cristianos: «Ahí veréis cómo vuestros dioses son falsos y mentirososY que no pueden nadaporque esa mujer que decís es la Madre de Diosque nopodistes quitar del altary ese hombre es un Apóstol de Jesucristoabogado ydefensor de las Españasque se llama Sanctiagocuyo nombre y apellidoinvocamos cuando rompemos las batallascuando acometemos y seguimos losenemigosy hallámosle siempre favorable.»

Esto del tiro y aparescerse Nuestra Señora y Sanctiago cuenta Motolinea quefue cuando Pedro de Alvarado estuvo cercadoaunque yo pienso que fue en estasegunda rebelión. Como quiera que seamuchos afirman que paso asíporque entan grandes peligros los españoles estaban más devotos y Dios les daba mayoresconsuelos.

Como por las espaldas de la casa y por el patio de Uchilobos cesó algo lafuria de la guerraDiego de Ordásque había salido con trecientos hombrespor la calle de Tacubase venía retrayendo y casi huyendo para ampararse enlos aposentosporque los indios le daban mucha priesa y le habían ganado muchatierra. Cortésque estaba peleando en la calle de Estapalapaacudió asocorrerle a caballoatada la rienda al brazoporquecomo dixetenía lamano mal herida. Valió tanto sola su personasegún la temían mucho losenemigosque diciendo: «¡Vueltavueltacaballeros! ¡Sanctiagoe a ellos;que español jamás huyó!»con lo cual se animaron los nuestros y revolvieronsobre los enemigosyendo delante Cortés alanceando muchos delloslos hizoretirar gran trecho. Volvió luego Cortés a la calle donde antes peleabaen lacual había dexado sesenta de a caballo y docientos peones; vio que se veníanretirando para meterse en la fortalezae indignado destoles dixo a grandesvoces: «¡Vergüenzavergüenzacaballeros! ¿Qué quiere decir quedexándoos victoriososen una hora de ausencia os volváis retirando? ¡VueltavueltaSanctiagoy a ellos!» Arremetió contra los enemigospúsoles pavorrevolvieron con grande ánimo los cristianospusieron en huida los enemigossiguiéronlos gran trechohaciendo gran matanza en ellos hasta echarlos de lacalle. Volviendo de allí Cortés a ver lo que se hacía por las otras partesadonde peleaban los suyoshalló que en la calle de Utapalapa los indiosllevaban a su amigo Andrés de Dueroque le habían derribado del caballoeotros que llevaban el caballo; arremetió Cortés con gran furiapasórompiendo los indiosrevolvió sobre ellos y los que llevaban el caballoelcualsueltose fue hacia el de Cortés. En el entretanto Andrés de Duero conuna daga comenzó a desbarrigar indios; allegó Cortés alanceando a los que leestaban a la redonda; dexáronle todos y así pudo cobrar Andrés de Duero sucaballo y subir en él con gran contento y alegría de Cortés én haberacertado allí a tal tiempo en socorro de un amigo que él tanto amaba.



 

 

Capítulo CXI

De otro combate que se dio a los nuestros y cómo Cortés porsu persona tomó otro cu y cómo ganó siete puentes. Cómo le inviaron a llamarlos señores mexicanos y lo que con ellos pasó.

Como otro día vieron los indios que todavía los cristianos hacían granresistencia e que los que estaban en los aposentosno solamente se defendíanvalerosamentepero hacían gran dañodeterminaronpara que la guerra fuesecomo dicena fuego y a sangreponer fuego por muchas partes a la casayhaciéndolo asíse encendió tan gran fuegoque aunque a todas acudieron losnuestrosno pudieron excusar que no se quemase un gran pedazo della; y porqueel fuego no fuese adelantefue nescesario derrocar unas paredes e una cámaracuya tierra e polvo apagó el fuegoy aunmientras duró el polvodetuvo quelos indios no entrasen a escala vista. Luego como cesócon gran cuidadoproveyó Cortés en aquel portillo de algún artillería y de escopetasque ano haber aquella defensaaquel día les entraban y no quedaba hombre a vida.

Duró el combate por aquella parte todo el día y aun en la noche no losdexaron dormirdándoles gritay los de dentroreparando aquel lienzo lomejor que pudieron e porque en aquella parte bastaban cient españoles e vioCortés que era menester divertir a los enemigos a otraviendo que de otro cu otorre que estaba en las casas de Motezumale hacían dañodeterminó condocientos compañeros subir a él y echar de lo alto a las enemigoslo cualhizo con tanto ánimo e industriaque le subcedió como en el cu mayory fuecosa miraglosa lo que también en el otro cu subcedióque echando las vigasque en él tenían para dañar a los nuestrosatravesadaspor las gradasabaxoque no podían dexar de tomar diez hombrespor lo menospor hilerasevolvían de cabezay así fue fácil hurtarles el cuerpo.

Murieron todos los que se defendían en el cue baxado de allí Cortésentró en la ciudadquemó más de dos mill casashaciendo un estrago nuncavistoe luegocabalgando en su caballocon pocos que le siguieronaunquetodavía tenía la mano heridaporque a cabo de dos años le sacaron unpedernal dellacubierto con una adargalloviendo sobre él piedras y flechasganó siete puenteslo que hasta estonces muchos no habían podido hacer. Matópor su persona en aquella calle tantos indios queporque no paresca fábulaescribiendo historialo dexo de decir.

Las puentes tenían los enemigos alzadas y hechos muchos baluartes de adobesetierra para defenderlas; hízolas cegar con la tierra de los mismos baluartesy adobes. Estando yapuescerca de la tierra firmevino uno de a caballo agran priesadiciendo que los señores mexicanosque estaban juntos en laplazaquerían hablar con él e tratar de paces. Holgó mucho con esto Cortésaunque los enemigos lo hicieron porque aquel díacegadas las puentesnotuviese lugar de irse de la ciudad. Mandóprimero que fuese do aquellosseñores estabanvenir sesenta de a caballo con Pedro de Alvarado e Gonzalo deSandovale que cuatrocientos peones con Joan Velázquez de Leónen elentretanto que vía lo que querían los mexicanosguardasen aquellas puentesque no se las tornasen a abriry para mayor defensa dexó una pieza deartillería.

Esto así proveídofue do los señores mexicanos estabany ellos de laotra parte del agua y él déstale comenzaron a decir palabras corteses ycomedidaspero fingidas y simuladas. Saludólos Cortés con mucha gracia ycomedimientorogándoles que no porfiasen en su errorpues jamas les habíahecho malas obras. Respondiéronle ellos que por qué no se ibapues lo habíaprometido e tenía navíosy no les daba a su señor Motezuma. A esto replicóCortés algunas cosastratando de medios y conciertos cómo la guerra no fueseadelantediciéndoles que por su bien lo hacía y que de los combates pesadoshabrían entendido lo que sería adelantey que aunque muchos más fuesennoserían parte para echarle de la ciudad.

Estando desta manera en demandas y repuestasllegaron Pedro de Alvarado yGonzalo de Sandoval con hasta ocho o diez de a caballo con ellosmuy alegres ymuy enramados con flores en las manosdiciendo cómo habían salido a tierrafirme sin que nadie se lo contradixese e que ya los enemigos tenían las alasquebradas para no tomar más vuelo. Cortés los reprehendióque paresceadevinada lo que luego supo. Díxoles que ramos y rosas no eran plumas ypenachos para guerrasino para fiestas y bodasy que mejor fuera estarsequedoscomo él se lo había mandadoque no enojar más con liviandades a losenemigos.

Estándoles diciendo estas palabrasllegó otro de a caballo a muy granpriesaporque los indios habían vuelto a ganar las puentes y tomado el tiroylos españoles venían huyendoy los indios dándoles caza. Cortés muyenojadosin despedirse de aquellos señoresvolviéndose a aquellos Capitanesles dixo: «Esto meresce quien se fía de rapaces.» Fue a gran priesa con elcaballo; siguiéronles aquellos Capitanesaunque bien avergonzados de lo hecho;topó con los españolesque venían huyendopasó por ellosentró por losenemigoshaciendo maravillas; detúvolos que no siguiesen a los nuestroscobró las puentesque aún no les habían podido abrir; llegómetiéndosepor los enemigossiguiéndole no más de ocho de a caballohasta tierra firmey como se iba metiendo másdexáronle tres o cuatro de los ochoy entreellosvolviéndose un Fulano Castañodixo a todos los demás que atrásquedabanque Cortés era muerto. Cristóbal de Olidque nunca le dexómirando atrás y viendo que se cerraba la calle de enemigos e queadelantehabía infinitose que ellos eran pocos para meterse en más aprietodixo aCortés muchas veces: «¡Vueltaseñorvueltaque vais perdidoque no nossigue nadie y los enemigos por momentos se van juntando!» Estonces volvióCortés e halló que la última puente e primera a la vuelta estaba medioabierta y en ella caídos cuatro o cinco caballos e dos de los dueños dellosmuertosel uno de los cuales se decía Joan de Soria. Hizo sacar los caballosdefendió que no acabasen los enemigos de abrir la puentepasó por ella consolos tres o cuatroacudió infinita gente; fuele nescesariopeleandoromperpor los enemigos. Aquí sola su persona restauró las vidas de sus compañeros.



 

 

Capítulo CXII

Cómo tornado a seguir los enemigos a Cortéstornó atrásmató muchosy hallando desembarazada la puentepasó con gran dificultad.Cómo Marina habló a Motezuma y él a los suyos y cómo lo hirieron.

Seguían todavía con gran furia los enemigos a Cortés; volvió a ellosmató muchoshízolos retirar muy gran ratovolvió a la puenteno hallómás de un caballoque los demás ya los habían sacada a nado; salvó tambiénéstey como ya la puente estaba más abiertaaunque estonces la hallódesembarazadapasó por ella con muy gran trabajo y dificultad y por las demásno sin gran resistencia. Diéronle dos pedradas en una rodillade que lelastimaron mal. Llegó a los aposentos donde se habían recogido los suyoshallólos muy confusos porque se vían sin caudillono se determinaban a cosaalguna e aun muchos creyeron que como iban tan pocos con él y se habían metidotanto en los enemigossería muerto. Alegráronse y esforzáronse con su vistaqueciertoen los mayores peligros tenía mayor esfuerzo y consejo que pocasveces en semejantes trances suelen tener los hombres. Tornaron luego losenemigos a abrir las puentesy como eran tantoslos demássubiéndose losCapitanes y caudillos sobre las cercanas azoteasdieron bravísima guerra aCortés Y a los suyosque se habían hecho fuertes en los aposentosdondeaunque la hambre los aquexaba más que nuncase defendían valientemente.

Miró Cortés a ciertos caballeros mexicanosmuy bien adereszadosy entreellos a uno de quien los otros hacían gran caudal y que lo gobernaba todo.Deseoso de saber quién fuese y si era aquel al que habían alzado por señormandó a Marina que de su parte lo preguntase a Motezumael cual dixo que nosabía quién fuese el elegido; que creía que siendo él vivono se atrevieranlos suyos a elegir Reyespecialmente tiniendo subcesoresaunquesegún labárbara ley de algunas nasciones indiaslos hermanos y no los hijos subcedíanen los reinos y mayorazgos. Tornó Marina a preguntarle de parte de Cortés siconoscía a alguno de aquellos (que eran diez o doce) muy señalados en devisasy penachos con mucha argenteríae traían las rodelas chapadas de oroque conel sol resplandecían mucho e que eran los que más guerra hacíanporqueestaban más cerca y animaban y regían a los demás. Motezuma los miró bien eaunque los conosció a todosles respondió que algunos dellos le parescía sersus parientes y que entre ellos estaban el señor de Tezcuco y el de Yztapalapa.

Crescía la guerra; víase afligido Cortés y Motezumay porque losespañoles no le mataseno porque verdaderamente los amaba y quería biencajamás en ausencia ni en presencia le oyeron decir mal dellosque era de lo quemás pesaba a los mexicanosinvió a llamar a Marina; rogóle dixese alCapitán que él quería subir al azotea y desde el pretil hablar a los suyosque por ventura cesarían y vendrían en algún buen concierto.

Parescióle bien a Cortésmandóle subir con docientos españoles deguarday éladereszado y vestido con sus paños realespúsose Marina a suladopara entender lo que diría e responderían sus vasallos. Apartáronsealgo los españoles para que los mexicanos le viesen y conosciesen; hicieronseñal de que cesaren y callasencon las mantasalgunos señores que conMotezuma subieron; conosciéronle luego los suyosy en esto se engaña Gómaraque casi trasladó a Motolineaque dice que no le conoscieron. Sosegándosepuestodos para oír lo que les quería deciralzando Motezuma la voz contrasu autoridad realpara que de los más y especialmente de aquellos señores quetanto encendían a los otrosfuese oído les habló desta manera:

«Por los dioses inmortales que nos dan los mantenimientos de que nossustentamos y nos dan salud y victoriaos ruego que si en algún tiempo yo oshe bien gobernado y hecho mercedes y buenas obrasque ahora mostréis elagradescimiento debidohaciendo lo que os rogare y mandare. Hanme dicho quesiendo yo vivo habéis elegido Reyporque yo estoy en prisión y porque quierobien a los cristianos a quien vosotros aborrescéis tanto. No lo puedo creer quedexéis vuestro Rey natural por el que no lo esca los dioses me vengaríancuando yo no pudiese tomar venganza. Si habéis porfiado tanto en los combatescon tantas muertes y pérdidas de los vuestrospor ponerme en libertadyo oslo agradesco muchopero sabed que aunque vuestra intención es buena y deleales vasallosque vais errados y os engañáis muchoporque yo de mivoluntad estaba y estoy en estos aposentosque son mi casacomo sabéisparahacer buen tratamiento a estos huéspedes que de otro mundo vinieron a visitarmede parte de su gran Emperador. Dexados ruegolas armasno porfiéismiradque son muy poderosos y valientes los cristianos e que uno dellos que habéismuerto os cuesta más de dos mill de los vuestros; en los más de losrencuentrospor pocos que hayan sidohan sido victoriosos contra muchos de losvuestros. Han os rogado con la pazno os han quitado vuestras haciendasniforzado vuestras mujeres ni hijasy si con todo esto queréis que se vayanellos se iránporque no quieren contra vuestra voluntad estar en esta ciudad.Yo saldré de aquí cuando vosotros quisierdesque siempre he tenido libertadpara ello; por tantosi como al principio os dixeme amáis e yo os heobligado a ellocesácesápor amor de mí; no estéis furiosos ni ciegos depasiónque ésta nunca dexa hacer cosa acertada.»

Oyeron los mexicanos con muy gran atención este razonamiento; hablaronquedoun poco entre síe como vieron que todavía Motezuma se aficionaba alos españolesque tanto ellos aborrescíany el elegido era de su banda ypensaba quedar con el reino y señorío que no era suyocon gran furia ydesvergüenza le respondieron: «Callabellacocuilónafeminadonascidopara texer y hilar y no para Rey e seguir la guerra; esos perros cristianos quetú tanto amas te tienen preso como a mascegualy eres una gallina; no esposible sino que ésos se echan contigo y te tienen por su manceba.»Diciéndole estos y otros muchos denuestosvolvieron al combatetiraron aMotezuma y los cristianos muchas flechas y piedrasaunque un español teníacuidado de rodelar a Motezumaquiso su desgracia que le acertó en la cabezahacia la sien una pedrada. Baxó a su aposentoechóse en la cama; la herida noera mortalpero afrentado y avergonzado de los suyos que como a dios leobedescíanestuvo tan triste y enojado cuatro días que vivióque ni quisocomer ni ser curado.



 

 

Capítulo CXIII

Cómo Motezuma un día antes que muriese invió a llamar aCortés y de las palabras que le dixo y de lo que Cortés le respondió.

Aunque en el entretanto que Motezuma estaba en cama la guerra no cesaba y losnuestros andaban buscando modo y manera cómo ofender y defendersecresciéndole el enojo y pasión al gran Rey Motezuma e viendo que ya lasfuerzas le desfallecían e que de la heridapor no dexarse curarestabapasmado e que no podía en breve dexar de moririnvió a gran priesa con muchoscriados a llamar a Cortésel cual fue a su llamadoy entrando por su aposentose le arrasaron a Motezuma los ojos de agua. Abrazóle con grande ansialevantáse sobre los coxines y llorando como un niñotomándole las manos ledixo: «No sé por do comience a darte cuenta de lo que este mi afligido yapasionado corazón siente. ¿Soy yovaleroso Capitán y amigo míoaquel granEmperador y señor Motezuma que tú tanto porfiaste querer ver y visitar? ¿Soyyo aquel a quien este mundo ha temido y reverenciado no menos que a losinmortales dioses? ¿Soy yo aquel que con tanta pompa y majestad salí arescebirte? ¿Qué mudanza de fortuna es ésta? ¿Qué desgracia ha sido lamía? Yo no me alcé con reino ajeno; de mis padres y abuelos heredé esteinfelice y desdichado imperio; no he hecho sin justiciahe vencido muchasbatallasconquistado muchos reinos y hecho grandes mercedes. ¿Qué mudanza esésta?¿qué trueque?¿qué desdicha?¿qué infortunio?¿qué miseria?;que los quedescalzos los pieslos ojos por tierrano osaban hablarme sinopor intérpretes; que aquellos sobre cuyos hombros iba y caminabasus mantaspuestas debaxo del brazose hayan atrevido y desvergonzado contra su Rey yseñordiciéndole palabras que a ningún vil esclavo se dixerantirando conpiedras a la persona real? ¡AhCortésCortésel corazón se me hacepedazos; con grande rabia acabo la vidael más apocado y envilescido hombredel mundo! ¡Ohquién viera el castigo y venganza destoprimero que muriera!;pero ya no hay remedioque más me ha muerto el enojo que la herida. Lo que meresta que decirtees quepues por tu causa muerotengascomo caballero queerescuidado de mis hijoslos ampares y sustentes en el reino y señorío desu padre y castigues gravemente a los que me han denostado y quites la vida y elreino al que se ha alzado con él y a mí ha dado la muerte. Mira que es Rey ygran señor y te ha sido muy amigo el que te pide esta palabra y que comocaballero me la cumplasque con esta esperanza mi ánima irá descansada.»

Cortés a todas estas razones estuvo muy atentoy aunque al principioreprimió las lágrimasno pudo dexar de llorary tomándole las manosdándole a entender la que le pesaba de su desgraciale dixo: «Gran Príncipey señor mío: No se aflija tu Altezaque lo que me mandas yo lo haré como siel Emperador de los cristianosmi Rey e señorme lo mandara; ca conosco quepor el gran valor de tu persona se te debe e yo te lo debono has querido comerni ser curadoque tú ni tenías herida para morir della; mueres de pesar ydescontento y debías de considerar que donde tú no tenías la culpa ni habíashecho ni dicho cosa que no fuese de Reypor donde merescieses que los tuyos sete atreviesenno debías de tomar penasino darla a los que tuvieron la culpa;y puestúsegún veoya no podráspor estar tan cercano a la muerteveconsolado con que tus hijos serán mirados como mis ojos y tu muerte la másvengada que hasta hoy ha sidoaunque yo perdiese muchas vidas si tantastuviese.»

Motezumaaunque era tan gran señorcomo era indiodeseaba la venganzaporque los desta nasción la desean más que otros. Holgóse mucho con larepuesta de Cortésrescibió gran descansoy en pago dello le dixo así:«Capitán muy valiente y muy sabioa quien yo hasta este punto donde seconoscen los amigos he amado tanto: No puedes creer el contento que tu visita meha dado y el alegría que tus palabras han engendrado en mi triste corazónenpago de lo cualporque barrunto y entiendo que según eres valerosoque has deseñorear y mandar toda esta tierrahonrando mis hijos y vengando mi muertetequiero avisar cómo yo he gobernado y mandadopara que sepas cómo de aquíadelante tú has de gobernar y mandar todos los indios desta gran tierrasegúnla experiencia me lo ha enseñado. Éstos no hacen cosa buena sino es por miedo;destrúyelos el regalo y humanidad en los Príncipes; son amigos de holgardados a todo género de viciosy si yo no los ocupara hasta hacerles dartribucto de los piojosno me pudiera valer con ellos; los pequeños delictos esmenester castigarlos como los grandespor que no vengan a desvergonzarse e aser peorescasi los hacía yo esclavos o los ahorcaba por una mazorca de maízque hobiesen tomado. Son mentirososlivianosdeseosos de cosas nuevas;aborrescen muchoaman pocoolvidan fácilmente los beneficios rescebidosporgrandes y muchos que sean. Es menester que vivas con ellos recatadono lesconfíes secreto de importanciatenles siempre el pie sobre el pescuezono tevean el rostro alegreenójate por pocas cosas para no darles lugar a otrasmayores; hazles buenas obras sin conversar con ellos ni mostrarte afableporquete perderán el respecto y tendrán en poco. Finalmenteno les perdones cosamal hecha y sepan que si la pensaren te la han de pagar.»

Cortés le agradesció mucho el buen consejo; díxo1e que por lo que élhabía vistosu Alteza tenía razóne que así haría al pie de la letra loque le mandaba. Con estole abrazó y dixo que cuando algo fuese menester lellamaseporque él iba a ver lo que era menester en el combate que los indiosdaban.



 

 

Capítulo CXIV

De la muerte de Motezuma y de lo que Cortés mandó hacer desu cuerpo y donde los indios lo enterraron.

Otro día que dixeron a Cortés Motezuma estar muy al cabofue a verle.Preguntóle cómo se sentía; respondió muy ansioso: «La muerteque es lamayor angustia de las angustias.» Cortés le tornó a decir: «Gran Príncipepara ahora es tu valor y tu ánimo; forzosa es esta deudaporque el que nascees nescesario que muera; pero para que no mueras para siempre y tu ánima no seaatormentada en el infiernopues estaba concertado que te bautizases y tú lopediste de tu voluntadruégote por Dios verdaderoen quien solo debes creerque lo hagas; que Fray Bartolomé de Olmedo te bautizará.». Motezuma dicen quele respondió que quería morir en la ley e secta de sus antepasados e que pormedia hora que le quedaba de vida no quería hacer mudanza; e si esto había dehacer en este tiempomejor fue que no fuese baptizadoantesporque como eraadulto y no estaba instructo en las cosas de la fee y todos sus vasallos eran deopinión contraria y los indios naturalmente mudablesretrocediera fácilmentey fuera peorconforme a aquello: «Más vale no conoscer la verdadquedespués de conoscida dexarla.»

Con esto se salió Cortés del aposento; quedó agonizando Motezumaacompañado de algunos señores de los que estaban presosdio el ánima aldemonio y no al que la había criado; murió como había vividoy antes que seviese en este trancehaciendo una breve plática a aquellos señores que leacompañabanles encargó sus hijos y la venganza de su muerte. Murió comogentildeseoso hasta la postrera boqueada de la venganza de los suyos; jamásconsintió paños sobre la heriday si se los ponían quitábaselos muyenojadoprocurándose y deseándose la muerte.

Como Cortés supo que había ya más de cuatro horas que Motezuma era muertoasomóse al azotea de la casaporque todavía andaba la guerra y él estabarecogido con los suyos. Hizo señal a los Capitanes mexicanos de que cesasen yle oyesen; hiciéronlo así; díxoles por la lengua: «¡Mal pago habéis dadoal gran señor Motezumaa quien como a dios venerábades e acatábades! Él esmuerto de una pedrada que le distes en las sienesy murió más de enojo devuestra traición y maldad que de la heridaporque no quiso ser curado de laherida. Inviároslo he allá para que le enterréis conforme a vuestros ritos ycostumbresy mirad que no porfiéis más en la guerra ni hagáis un mal tras deotroporque Diosque es justo juezasolará por nuestras manos vuestra ciudady ninguno de vosotros quedará vivo.»

Acabado de decir estolos indiosdesvergonzadamentele respondieron:«¿Para qué queremos nosotros ya a Motezuma vivo ni muerto? Caudillo tenemosy lo que está hecho está bien hecho. Guardáoslo allápues fue vuestramanceba y como mujer trató sus negociosy la guerra no cesará hasta quevosotros o nosotros muráis o muramos; ca te hacemos saber que aunque por cadauno de vosotros mueran ocho o diez mill de los nuestrosnos sobrará muchagente. Las puentes tenemos abiertasque vosotros cegastespara que aunquehuyáisno os escapéis de nuestras manosy si no salísla hambre y sed osacabará; de manera que por cualquiera vía nos vengaremos de vosotros.»

Cortés les volvió las espaldasdiciéndoles: «Ahorapuesa las manos.»Mandó luegopara que era cierto que de la pedrada había muerto Motezumaados principales de los que estaban presos para que (como testigos de vistadixeron lo que pasaba) tomándole a cuestas le sacasen de la casa. Estaba lacalle por donde salieron llena de gente; llegó a ellos un principal con unadevisa muy rica; hizosin hablarmuchos visajes y meneos comopreguntandoqué cuerpo sería aquély como le dixeron que era el de Motezumahizoseñales hacia los españoles de que le volviesen. Corrió hacia los suyos y losindios tras dély erasegún se entendióque lo iba a decir a los otrosseñorespara que lo enterrasen como era de costumbre. Desaparescieron losindios que le llevaban de la vista de los nuestros. No se supo de cierto quéhicieron délmás de que le debieron enterrar en el monte y fuente deChapultepequeporque allí se oyó un gran planto.



 

 

Capítulo CXV

De quién fue Motezuma y de su condisción y costumbres.

Fue Motezuma hijo y nieto de los Reyes y Emperadores de Méxicoy aunque suspasados fueron muy valerososhízoles en todo ventajay así decían losviejosy aun lo tenían en las pinturas de sus antepasadosque nunca habíantenido Rey tan valeroso como era Motezumani el imperio mexicano tan prósperoy bien gobernado como en sus días; y así parescecomo se entiende de lasescripturasque cuando los reinos y señoríos están más pujantesestoncesse acaban y dan mayor caída. Desta manera los persasmedosmacedonios e otrosimperios se fueron trocando y mudandopara que se vea que en esta vida no haycosa firme ni estable.

Fuepues Motezumalo que ennoblesce mucho a los Príncipes y los hace seramados de los suyos y temidos de los extrañosnaturalmente dadivosoamigo porextremo de hacer mercedesy asíno solamente a los suyospero a losespañoleslas hizo muy grandes y muchassin fin de otro provechosino sólopor ser liberal. Aunque era muy regalado y muy servidojamás comió ni bebiódemasiado y decía que al Príncipe convenía ser más virtuoso que otrosporque todos le miraban e iban por donde él iba. Tuvo muchas mujeressegúnestá dichoy era con ellas muy templado; tratábalas bien y honrábalas muchodiciendo que la mujer no tenía más valor del que el hombre le daba y que sedebía mucho a las mujeres por el trabajo que en el parir y criar padescían.Fue justicierocastigando gravemente los delictos; jamás pecado cierto dexósin castigoaunque fuese de su hijo. En su religión era muy devoto y muycurioso; tenía gran cuenta con las cerimonias y ritos de su religión. Fuesabio y prudenteasí en los negocios de paz como en los de guerra. Dicen quevenció nueve batallas campales.

Aumentó mucho sus reinos y señoríos; nunca por su persona salió con otroen desafíoni batallaporque esto no lo hacía sino gente baxay aunque lohicieran caballerosno había en todo este mundo quien pudiese entrar en campocon élporque o todos eran sus vasalloso los que no lo eran lo podían ser.Guardó gravementeporque convenía asíla gravedad y severidad de supersonaporque ningún Príncipe le entraba a hablar que no le temiese yreverenciase. Cuando salía fueradaba gran contento al pueblo; acompañábanlemuchos; servíase con grandes cerimonias. Quiso mucho a los españoles; hízolesgrandes mercedesy lo que se pudo saber es que jamás habló mal en ellosy sidespués que los trató procurócontra las señales exterioreshacerles malnunca se pudo entenderporque no quedó hombre vivo de los con quien comunicabasus secretos. En las fiestas y regocijos (guardando su gravedad) se regocijaba así y al pueblo. Finalmentesi muriera cristianofue uno de los mayores y másnotables Príncipes que ha habido en muchas nasciones.



 

 

Capítulo CXVI

Cómo Cortés invió a llamar a los señores mexicanos y de loque con ellos pasó.

Luego que desaparesció el cuerpo de Motezumaaunque los nuestrosbarruntarande las voces que oyeronque ya le habían enterradoinvió adecir Cortés a sus sobrinos y a los otros señores y Capitanes que sustentabanla guerraque quería hablarleslos cualescomo esto entendieronvinieronluegoy Cortésen pocas palabrasdesde el azotea les dixo que pues habíanmuerto a su Rey e señor y era forzoso para su buena gobernación elegir otro yenterrar el muerto con la pompa y majestad que a los demás Emperadores solíanhacerque dexasen las armas e atendiesen a dos cosas tan importantes; la unapara su quietud y la otra para hacer lo que debían; y que por lo mucho quedebía a Motezumacomo amigo suyose quería hallar a su entierro si no lehabían enterradoy si le habían enterradoa sus honrasy que supiesen quepor amor de Motezuma no les había hecho mayor guerra e asoládoles sus casaspero que pues porfiaban tanto y tenían tan mal miramiento y él ya no tenía aquien tener respectoles haría la guerra abiertaofendiéndoles como pudiese.

Ellostan obstinados e pertinaces como antesle respondieron que de suspalabras no se les daba nadae que hasta que se viesen libres y vengadosdexarían primero las vidas que las armasy que en lo de elegir Rey no lesdiese consejoporque ellos sabían mejor que él lo que debían hacere que enlo que tocaba al entierro de Motezumaque no era menester que él le honrasepues un Emperador de suyo estaba honrado y que ellos le enterrarían como a losotros Reyes sus predecesorese que si él quería hacerle compañíapor elamistad e amor que le tenía y quería ir a morar con los diosesque saliese ymatarle hían. Aquí no pudo Cortés sufrir la risaaunque no estaba nadacontento. Díxoles que los cristianos no solían acompañar infieles.

Prosiguiendo ellos su pláticadixeron que más querían justa guerra queafrentosa paz y que no se enojaseca tendría dos trabajos; que ellos no eranhombres que se echaban de palabrase que ellos eran los que por reverencia deMotezuma no le habían muerto y quemado en su casa; que se fuesey que si no lohacíasería peor para éle que salido de la ciudadpodría tratar deconciertos e que de otra manera era trabajar en vano y que sobre esto no leshablase másporque no había de haber otra cosa.

Cortéscomo los halló duros y entendió que el negocio iba de mal arte yque le decían que se fuese para tomarlo a su placerentre puenteslesreplicó que si él hobiera queridohubiera dexado la ciudad; pero que si lesrogaba estoera más por excusarles el daño que les hacíamatándoles tantagenteque por el que él rescibíaque era poco; y con esto dándoles de manoles dixo que se fuesenporque cuando quisiesen arrepentirse no habría lugar.Ellosmofando desto y haciendocomo entre ellos se usala pernetase fueron.



 

 

Capítulo CXVII

Cómo Cortés otro día de mañana salió con tres ingenios demadera y cómo aprovecharon poco.

Viendo Cortés que ya el remedio estaba solamente puesto en las manos y quelos mexicanos no querían paz sino guerradeterminó de salir con tres ingeniosque los días antes habían hecholos cuales los arquitectos llaman burras omantas. Llevábanlos treinta hombrescada uno con unas ruedas por lo baxo; alparescer eran muy fuertespero como la resistencia fue mayoraprovecharonpoco. SaliópuesCortés con ellos por la calle de Tacubaque hoycomoestonceses la más principal de la ciudad. Iban cubiertos los ingenios contablas más gruesas que tres dedos.

Al principiocomo los indios vieron edificios tan bravosmaravilláronse yestuvieron algún tanto suspensos para ver qué hacíane como vieron quesalía Cortés con todos los españoles y con tres mill taxcaltecas y quecomenzaban los unos a pelear desde el sueloy los otrosarrimando los ingeniosa las casas echaban escalas para subir a ellas y derribar los que estaban en lasazoteascomenzaron los indios a dar grita y a pelear valientemente con losnuestrosy los que estaban en las azoteas pidiendo a los que estaban en lospatios muchas y grandes e piedrascon que dando en los ingenios en breve losdeshicieronporqueaunque los nuestros ganaron algunas azoteas baxasdesdelas altas descargaron con tanta furia la pedrería que tenían ajuntadaquefácilmentecomo está dichoquebrantaron las mantasempeciendo malamente alos que las llevaban y regían. Mataron en la refriega un españolel cualllevaron otros sus compañeros encubiertamente debaxo de un ingenio a losaposentos.

Fue tanta la priesa que los indios se dieron en tirar las piedras y tangrande su pesadumbre y grandeza y la furia con que pelearonque no dieron lugara que los nuestros disparasen el artillería ni jugasen el escopeteríade cuyacausa volvieron los nuestros más que de paso e más como hombres que huían quecomo resestidoresy no pudieron másporque aunque las otras vecesde losaltos de las casascon las piedrasrescebían dañonunca como aquella vezhabían sido tan fatigadosporque fueron muchas y muy grandes las piedrasalgunas de las cuales pesaban a tres y cuatro arrobas e donde quiera que dabanhacían gran dañoasí que de la manera que es dicho se retiraron los nuestrosa los aposentoslos unos cubriéndose con los ingenioslos otros con lasrodelasque llevaban hechas pedazos.

Cobraron con esta victoria los enemigos grande ánimoteniendo por ciertoque el día siguiente la conseguirían del todo. Desde las azoteas más cercanasdecían a los nuestros: «¡Ahbellacoscuilonesinventores de nueva sectausurpadores de haciendas ajenasadvenedizosnascidos de la espuma de la marheces de la tierra!; presto moriréis mala muertemañana os sacrificaremos ycon vuestra sangre untaremos nuestros templosque vosotrosbellacoshabéisviolado. Malincheque así llamaban a Cortéspagará la muerte de Qualpopocay la prisión de Motezuma. Las puentes están abiertasvosotros muertos dehambre y cansados. Daosbellacosdaospara que con vuestras vidas hagamosservicio a nuestros dioses y muriendo paguéis vuestras culpas y pecados.»

Los taxcaltecasque con brío solían responderlescallaronporque víanque sus negocios iban de mal arte. Cortésaunque con gran ánimo y esfuerzodesimulaba el aflición y peligro en que se víaallá en su pecho searrepentía mill veces de no haber salido cuando pudiera; pero porque si éldesmayaba habían de desmayar y desfallecer los demásmostraba muy buen rostroal trabajo presentediciendo que Dios no les había de faltare que los indioseran de aquella maneraque cuando algún buen subceso tenían salían de sícomo se encogían cuando huían.



 

 

Capítulo CXVIII

Cómo Cortés pidió treguas a los mexicanos y no se lasquisieron conceder.

Dicen Motolinea y Gómaraaunque lo contrario es lo más ciertoy lo quepasó fue antes deste tiempoque después de haber vuelto Cortés con losingeniosacometió tres veces a subir al templo mayordonde quinientosprincipales se habían hecho fuertes e hacían gran daño porque estaban cercade los aposentose que porfió tanto que subió y los mató y que no halló laimagen de Nuestra Señora que los indios no podían arrancary que quemó lacapilla de los ídolos; esto no podía ser porque eran de bóvedahechas depiedra. Refiero estoporque los que leyesen esta historia entiendan que nodexé cosa que alcanzase de ponersiguiendo lo que en mi fue lo más cierto everdaderoporque en las cosas humanas todo tiene contradisción.

ConsiderandopuesCortés la gran multitud de los contrariosque con habermuerto tantos no parescía que faltaba ningunola porfíael ánimolasmuchas armas con que peleabane que ya los suyos estaban cansados de pelear eque la hambre les hacía dentro de casa la guerra y que no deseaban cosa tantocomo ver la puerta abierta y el camino seguro para saliry que de ahí adelantetodo había de subceder de mal en peordeterminó de inviar a llamar a losprincipales mexicanosa los cualesen siendo venidosles dixo: «Valientes yesforzados caballeros: ¿Para qué porfiáis tanto en hacernos guerrapuessiempre habéis llevado lo peor?; nunca os habemos hecho daño sino cuando nosle hecistes; huéspedes vuestros somos y deseamos vuestra amistad si queréis lanuestra. Motezuma y vosotros nos rescebistes de buena voluntad en vuestra ciudady casas; no es de caballerosni aun vuestras leyes lo permitenque a loshuéspedes tratéis mal de obra ni aun de palabra. Dexad por algunos días lasarmasdescansad del trabajo pasado y pensad lo que más convieneque para todotendréis tiempo. Mirad que aunque hoy ha subcedido bienen todos los díaspasados habéis llevado lo peor; no habéis muerto a ninguno de los míosy delos vuestros no se pueden contar los que han perescido. Aunque me aborrescéisyo os amoque esto nos manda nuestra buena ley; aconséjoos lo que os conviene;miradno os arrepintáis algún día. Los taxcaltecassi vosotros no nosqueréisnos convidan con su ciudad y provinciaquieren nuestra amistad y aunnuestra ley e son indios como vosotrosaunque nosotros tenemos determinado devolver a nuestra tierra y dar relación de lo que hemos visto a nuestro Reyquenos invió.»

Ellosmás endurescidos que piedras y más furiosos que leonesembravescidosle respondieron que no querían paz ni amistad con cristianoscapitales enemigos de sus dioses y religióny que los huéspedes que sus leyesmandaban honrar y tratar bieneran los de su religión e costumbresy que loscristianos no eran huéspedessino perros ataladores y destruidores de cuantobueno ellos teníane que no querían treguas ni sosegar hora hasta que de losunos o de los otros no quedase hombre a vidapara que se acabase aquelladivisión e contradición de leyes y religionese que ya estaban desengañadosde que no eran dioses ni hombres inmortalese que entendían que con la ventajade las armas herían y mataban máspero que ellos eran tantos que poco a pocolos acabaríanpues ya lo habían comenzadohabiendo muerto dellos algunos eque ya ni tenían agua ni pan ni salud e que viesen cuánta gente parescía porlas azoteastorres y calles sin trestanta que estaba en las casasy quehallarían que más presto los españoles acabarían de uno en uno que ellos dediez en diez millporque muertos aquélloshabría otros e otrose queacabados los cristianosno vendrían más e que no eran simiente que había detornar a nascery que para irsepor estar las puentes rotas y no tener barcashabía mal recaudo; que lo mejor erapues no podían salir e forzosamentehabían de morir de hambreque se diesen y muriesen en servicio de susdioses.»

Esto no pudo sufrir Cortés; inviólos para perros e dixo que pues queríanguerraque él les hartaría della. Con esto vino la nochey despedidos losunos de los otrosCortés comenzó a tratar lo que se debía hacer.



 

 

Capítulo CXIX

Cómo determinó Cortés de salir aquella noche de la ciudad yde lo que Botello le dixo y lo demás que Cortés hizo.

Venida que fue la nocheconsiderandoCortés el peligro tan magnifiesto enque los suyos estabanla hambre que de cada día más los afligíalasenfermedades de algunoslas muertes y heridas de otrosel cansancio y extremanescesidad de todosla multitud de los enemigossu rabia y porfíae que porninguna víaasí de halagos como de amenazaslos podía atraer a su voluntady que de cada día estaban más emperrados e que ya no tenía pólvora ni aunpelotastanto que a falta dellas echaban en las escopetas chalchuitesque son piedras finas a manera de esmeraldasmuy presciadas entre los indios yaun entre los españolesllamando a los principales Capitanes e a un soldadoque se llamaba Botelloque decían tener familiar e que había dicho a Cortésmuchas cosas de las que después subcedieronles dixo: «Señores: Ya veis queno podemos ir atrás ni adelante; en todo hay riesgo y peligropero paréscemeque el mayor es quedar y el menor aventurarnos a salir. Los indios pelean mal denoche; salgamos con el menor bullicio que pudiéremosBotello nos diga sobreesto lo que le paresce.»

Los Capitanes respondieron diferentementeporque a los unos les parescióbien lo que Cortés decíaa causa de que todos ellos estaban cansados e losindios no acostumbraban a pelear de noche. A los otros les paresció mejor locontrarioy aun después acá paresció así a muchos de los conquistadoresacausa de que las puentes estaban abiertaslos maderos quitadosla nocheobscura y que llovisnabae que de nochedespertando y acometiendo a losindiosni los de a pie ni los de a caballo podían ver lo que hacían.

Estando en esta diferenciaBotellaque de antes en lo que decía teníamás crédito con todos e había dicho cómo acometiendo Cortés a Narváez denoche le vencería e sería señor del campoles dixo: «Señores: No hay quealtercar. Conviene que salgamos esta nochey saber que yo moriré o mi hermanoe que morirán muchos de los nuestrospero salvarse ha el señor Capitán ymuchos de los principales. Volverá sobre esta ciudad y tomarla ha por fuerza dearmashaciendo grande estrago; e de díaen buena razónparesce que noconviene salirporque la noche tanto y más ayuda a nosotros que a los indios.Las puentes están abiertas; para cerrarlas e pasarlas es menester gran trabajo;falta la pólvora y munición para los tiros y escopetasque es nuestraprincipal fuerza; de las azoteas es todo el dañoy éste cesará saliendo denochee si vamos callandopodría ser que cuando los enemigos diesen en elloestén los más de nosotros en tierra firmeaunque todavía me afirmo en quemoriremos muchos; pero si salimos de díasería posible morir todos y que notuviese efecto lo que después subcederá. Éste es mi parescer; resúmansevuestras Mercedes en lo que más les conviene y no lo dilatenporque si el míosiguenes nescesario no dexar pasar la hora.»

Oído por todos lo que Botello dixoasí por el crédito que tenía como porlas buenas razones que dabase determinaron todos que aquella noche saliesen yse excusase el mayor peligro que podía haber en el día. Comenzáronse luegotodos a adereszararmáronse como mejor pudieron. Cortés (que no debiera)nopudiendo llevar el tesoro que en una cámara había dixo y aun hizo apregonardentro de los aposentospara que todos lo supiesenque los que quisiesenllevar consigo oroplata y joyas lo hiciesey que cada uno tomase lo quequisieseque él les daba licencialo cual fue causa (según los españolesson cobdiciosos) que aquella noche muriesen más por guardar el oro que pordefender sus personasca es cierto que muchos si no fueran cargados pudierancorrer y saltar y escapar las vidasaunque perdiesen el oroy fuera mejorsesoy no que por guardar lo menos perdiesen lo uno y lo otroy asíel quemenos tomó salió más ricoporque iba menos embarazado.

La riqueza de aquel aposento era muy grandeporque subía de más deseiscientos mill ducados. Joan de Guzmáncamarero de Cortésfue el queabrió el aposento donde el tesoro estaba. Dicen que Cortés pidió portestimonio delante de los Oficiales del Reycómo el Rey no podía dexar deperder aquella noche su quintoporque no había modo para lo salvaryvolviéndose a los Oficiales les dixo: «Señores: En este tesoro está elquinto que a Su Majestad pertenesce; tornaldeporque desde ahora yo medescargoy sí se perdiesemucho más pierde Su Majestad en perder tan insigneciudadque otra como ella no hay en el mundo.» Diolessegún dice Motolineauna yegua suya y hombres que lo llevasen y guardaseny en lo demás dio lalicencia que dixeusando de la cual (como venían hambrientas de oro los deNarváez) metieron tanto la manoque muy pocos escaparonlo cual fue ocasiónde que después se dixese que todos o los más que habían sido traidores aPánfilo de Narváez habían acabado miserablemente.



 

 

Capítulo CXX

Cómo Cortés ordenó su gente y hizo una puente de maderapara pasar los ojos de las acequiasy a quién la dioy lo que luego pasó.

Estando ya todos aprestados e cada uno con el oro y plata que había podidotomarlo más secreto que pudomandó Cortés dar aviso a todos los españolespara que ninguno quedaseque es lo contrario de lo que algunos sin razóndixeronque se había a cencerros atapadosy tantoporque mejor se vea elvalor y bondad de Cortésque después que aquella nochehabían salido todosde los aposentos y patio buen rato adelantedixo a Alonso de Ojeda que miraseno quedase alguno dormiendo o enfermomandó también más de dos horas antesque de mano en mano por las cámaras se hiciese saber la salida.

A Alonso de Ojeda se le acordó que un español que se decía Franciscoquedaba en su aposentoencima del azoteaen un arrimadizoque le había dadofrío y calentura. Volvió corriendohallólo en el azotea echadotiróle delos piestráxole hacia sídiciéndole: «¿Qué hacéis aquíhombrequeya todos están fuera del patio?» Tomóle por el cuerpopúsole en el sueloyasí aquel hombre con el miedo de la muerte alcanzó la gentey aun se creyóqueaunque muchos sanos murieronse salvó aquél.

Cortéscomo hombre apercebido y a quien Dios en las armas dio tanto saber yventuracomo entendió que el concierto y orden de la gente es el que lafortificay que no se podía salir a tierra firme sin llevar una puente demaderapara que puesta sobre el primer ojo pasase la genteen esta maneralavanguardia dio a los Capitanes Gonzalo de Sandoval y Antonio de Quiñones conhasta docientos hombres y veinte de caballoy la retroguarda a Pedro deAlvarado y otros Capitanes que con él ibany él tomó a cargo el demáscuerpo del exércitoproveyendo lo que era menester en la vanguardia eretroguardia. Dio el cargo de llevar la puente al Capitán Magarino con cuarentahombres muy escogidos e juramentados que ninguno dexaría al otroe que unomuriese por todos e todos por uno; e si como se hizo una puente se hicierantrespues había gente que las llevaseescaparan todos oa lo menosmurieranpocosque como despuésen el primer ojocon la pesadumbre de la gente y conla tierraque estaba mojadaafixó y encalló la puente de tal manera queacudiendo después la furia de los enemigosno pudieron levantarlae asícomo adelante diremosmiserablemente acabaron muchos.

Dio cargo Cortés a ciertos españoles de confianzaque llevasen a buenrecaudo a un hijo y dos hijos de Motezuma y a otro su hermano e a otros muchosespañoles principales que tenía presoscon intento de que si los salvaraquedespués habría algún medio de amistad para cobrar la ciudado que habiendodisencióncomo era forzosaviviendo los subcesores y deudos de Motezumafavoresciendo su partepodía tener mucha mano en los negocios.

Cortés tomó para sí cient hombres de los que le paresció que másanimosos y fuertes eranpara acudircomo después lo hizoa las nescesidadesque se ofresciesen. Los de a caballo tomaron a las ancas a los que iban cansadosy heridos.

Desta manera y por esta orden y concierto salió el campo con gran silencio ala media noche.



 

 

Capítulo CXXI

Cómo al poner de la puente en el primer ojo los españolesfueron sentidos y las velas tocaron al armay de la gente que por las calles yen canoas luego acudió.

No fue sentido el exército españolsegún iba callando y sin rumorhastaque Magarinoque iba adelante con la puentela puso sobre el primer ojo. Lasvelas que los indios tenían allíe tenían hecho fuegoles tiraron muchostizonasosdando grandes gritostocando sus caracoles; decían: «¡Armaarmamexicanosque los cristianos se van!» En un momento acudieron más de diezmill indos con flechasarcos y macanascomo los que no tenían que vestirarneses ni ensillar ni enfrenar caballos.

Peleóprimero que el resto de los españoles llegasevalerosamenteMagarino y sus compañeros; mataron muchos indios. Puso muy bien la puente;pasaron sin ofensa alguna todos los españoles e con ellos los indios amigos. Enel entretantoa los ojos de adelante habían acudido los enemigos más espesosque lagosta. Procuró Magarino con su gente levantar el pontónpero comollovisnabaafixó mucho y la resistencia impidió que en ninguna manera lepudiese sacary aunque heridos del procurarlo algunos de los compañerospasaron todos adelante. Por el un lado e por el otro acudieron infinitos indiosen canoasgritando: «¡Mueranmueran los perros cristianos!» Metíanse tantoen ellosque los tomaban a manos y echaban en el aguaaunque muchos sedefendían valientementehiriendo y matando gran cantidad de los enemigos.

Desta maneraacudiendo Cortés a una parte e a otrallegaron al segundo ojo(que estos todos eran en la calle de Tacuba)ca en la calle de Iztapalapahabía siete. Aquí hallaron sola una viga y no ancha; como estaba mojadalosde a caballo no podían pasary los de a pie con muy gran dificultad; y comoaquí acudió la fuerza de los enemigosfue miserable y espantoso el estragoque en los cristianos hicierontanto que de los cuerpos muertos estaba ya ciegoel ojo de la puente.

Aquí animó Cortés grandemente a los suyos; peleó tan valerosamentequesola su personadespués del favor divinofue causa que todos no peresciesen.Halló por un lado desta acequiatentandovado; entró por él; llegábale elaguaa los bastos del caballo. Siguiéronle los de a caballo que quedaban y aunde a pie púsose sobre la calzaday dexando allí algunosvolvió a entrar enel aguaen la cualpeleando con algunos que le siguierondio lugar a quemuchos peones pasasen por la viga. Desta maneramuriendo e ahogándose muchosde los nuestrosllegaron al tercer ojoque era el postrero; pero del segundo avolvieron a la ciudad más de cient españoles; subiéronse al cupensando dehacerse allí fuertes y defenderseno considerando que habían de perescer dehambretanto ciega el temor de la muertee así se supo que otro díamiserablemente los sacrificaron.

En el ojo terceroya antes que Cortés con el cuerpo del exército llegasehabía grandes muertesporque Gonzalo de Sandovalque llevaba el avanguardiavolvió a Cortés y dixo: «Señormuy poca gente nos defiende el ojo postreropero están ya los españoles tan medrosos que si no vais alláse dexarántomar allí a ahogar en el agua.»

Cortésdiciendo a Pedro de Alvarado lo que había de hacerse fue alavanguardiapasó la gente sin peligro de la otra partepúsola en tierrafirme y dexándola a Joan Xaramilloque era uno de los valientes y esforzadosdel exércitoinvió a Gonzalo de Sandoval para saber cómo pasaba laretroguarda. En esto llegó Cristóbal de Olid a Cortés y le dixo que fuese asocorrer a la retroguardaporque Pedro de Alvarado y toda su gente quedaban engran peligro. Cabalgó Cortésque se había apeado un pocopasó la puentepeleó con muchos indiose pasando adelante topó con Pedro de Alvaradoelcual le certificó que ya no quedaba ninguno por pasaraunque muchos habíanperescidoy fue así. Cortés estonces tomó toda la gente delante de síquedándose en la retroguardaporque allí acudía toda la fuerza de losenemigos.



 

 

Capítulo CXXII

Del salto que dicen de Pedro de Alvaradoy de cómo Cortéstornó a recoger la gente que atrás quedaba.

Fue tan brava y tan porfiada de parte de los indios la batallacomo aquellosque peleaban en sus casas contra los extranjerosque ponía grima y espanto conla obscuridad de la noche y alarido de los indios oír los varios y diversosclamores de los españoles. Unos decían: «¡Aquíaquí!» Otros: «¡Ayudaayuda!» Otros: «¡Socorrosocorroque me ahogo!» Otros: «¡Ayudadmecompañerosque me llevan a sacrificar los indios!» Los heridos de muerte ylos que se iban ahogando y aquellos sobre los cuales pasaban los demásgemíandolorosamentediciendo: «¡Dios sea comigo! ¡MisericordiaSeñor! ¡NuestraSeñora sea comigo! ¡Válame Dios!» y otras palabras que en las últimasaflicionespeligros y riesgos suelen decir los cristianos. Los vencidoslamentaban de una manera; los vencedoresdaban voces de otra; los unos pedíansocorro; los otros apellidaban: «¡Mueranmueran!»; y como no solamente erancontrarias las voces de los vencedores y vencidospero como en lengua eran tandiferentespor ser los unos indios y los otros españolesy no se entender losunos a los otroscargando siempre más la obscuridad de la noche y la matanzaen los cristianosacudió Cortés otra vez con cinco de a caballo a la puenteúltimadonde era la furia de la batalladonde halló muchos muertosel oro yfardaje perdidolos tiros tomadosmuchos ahogados o presos; oyó lamentablesvoces de los que morían. Finalmenteaunque peleaban algunosno halló hombrecon hombreni cosa con cosacomo lo había dexado. Animó y esforzó a losdesmayadosalentó a los que peleabanrecog[i]olosllevólos delantesiguiótras dellospeleando con grande esfuerzo y coraje. Dixo a Alvaradoque quedabaatrás con otros españolesque los esforzase y recogese en el entretanto queél pasaba con aquellos que llevaban la puente. Hizo Alvarado lo que pudopeleó valientementepero cargaron tantos enemigos queno pudiéndolosresistir e viendo que si más se detenía no podía dexar de morirllamando alos que le pudieron seguir a toda priesapasando por cima de cuerpos muertos eoyendo lástimas de otros que moríansaltando sobre la lanza que llevabasepuso de la otra parte de la puentede que los indios y españoles quedaronespantadosporque el salto fue grandísimo e todos los demás que probaron asaltarle no pudieron y cayeron en el aguaquedando algunos ahogadossaliendootros con harta dificultad. Por haber sido este salto tan notable y espantosoquedócomo en memoriael Salto de Alvaradopara en los siglos venideros.Está hoy ciegoporque la calzada corre por él; otros dicen que es unaalcantarilla en la misma calzada que pasa a Chapultepeque.



 

 

Capítulo CXXIII

Cómo los españolespasado aquel ojollegaron a tierrafirme y cómo los indios los siguieron hasta Tacubay cómo después de lapuente reparó un poco Cortés y de lo que acontesció a un español.

De la puente segundaaunque antes dixe que se habían vuelto cientespañoles a fortalescerse en el templo mayordicen muchos conquistadores quefueron trecientose que puestos en lo alto pelearon tres díashasta que decansados y enflaquescidos de la hambrese les cayeron las espadas de las manostiniendo bien poco que hacer los enemigos en matarlos.

Yapues los demás que quedaron vivos y pudieron saltar en tierra firmeestuvieron juntos de la otra parteunos heridosotros muy cansadosCortésaunque los indios no le dieron mucho espaciopuso en orden su gente; halló quele faltaban seiscientos españolescuatro mill indios amigoscuarenta y seiscaballos e todos los prisionerosaunque cerca del número de todosunos dicenuno y otros otromás o menoscomo les parescepero esto es lo másverdadero. Aquí no pudo Cortés detener las lágrimasacordándose cómo Diosle había castigado como a Davidpor haberse ensoberbecido con el númerogrande de su gentee así es verdad que después decía él que el confiartanto en su gente fue ocasión de aquella pérdida.

Acordóse Cortés en este paso de lo mal que lo había hecho en no habervisitado a Motezuma luego como vino de la victoria de Narváez; pesábale deaquella vez que pudono haberse salido de la ciudad y puesto en salvo;pesábale de haber repartido el oropues había sido causa de la muerte de losmás que habían fenescidoporque por defender y salvar cada uno su partenise habían defendido a sí ni a otros. Consideraba la mudanza y trueco defortuna; dolíale mucho ver muertos a manos de tan vil gente tantos españoleshijosdalgo; llegábale a las entrañas el verse huirel verse cansado y con tanpoca gente y con tan pocos caballossin comida algunaen tierra extrañadonde en ninguna parte tenían seguridad ni sabían por dónde ir; perocontodo estorevolviendo sobre sí e viendo que a lo hecho no había remedio e queera nescesario proveer en lo por veniracordándose de lo que Botello le habíadicho e de que había de volver sobre aquella ciudad e que había de ser señordellaesforzándose a sí propiodiciendo que la mano del Señor aún noestaba abreviada para hacerle mercedesya que todos los tuvo puestos enconciertopreguntó si estaba allí Martín López; dixéronle que síholgóse muchoporque era el que había de hacer los bergantines para volversobre Méxicoy por su persona era valiente y cuerdo.

En estolos indios habían saltado en tierra y comenzaron a dar sobre loscristianoslos cuales en buen ordenacaudillándolos Cortés e diciéndoles:«¡Easeñores y amigosque ya no hay agua que nos estorbe!» se fueronpeleandoretirando hacia Tacuba.

En este caminoyendo muy cansado un españolse subió sobre un capulíque los españoles llaman «cerezo»en el cual se estuvo todo lo que quedó dela noche y hasta otro día bien tarde que volvieron los indios que iban en elalcance de los nuestros. Quiso Dios guardarle de maneraque no mirando en élsiendo tantosdespués que hobieron pasadoque a él le parescieron más dedocientos mill hombresbaxó e por entre los maizalesdonde otros españolesse salvaronllegó muy contento a do Cortés estabael cualcontado lo quehabía pasadoCortés dio gracias a Diostiniéndolo por buena señal.



 

 

Capítulo CXXIV

Cómo en aquella parte donde murieron los más de losespañolesdespués de tomada la ciudadun Joan Tirado hizo una capilla dondese dixo misa por los muertos.

En memoria de los muchos españoles que al pasar desta última puentemurieron en aquel propio lugar donde fue mayor la matanzadespués deconquistada y ganada Méxicouno de los que escaparon de no quedar allíquese decía Joan Tiradohombre de ánimo y muy buen cristianodevoto de SantAcacio y de los diez mill Mártiressus compañerosen reverencia dellosedificó una capilla que hoy llaman de los Mártiresdonde por aquellos muertostodo el tiempo que el Joan Tirado vivió hizo decir misay después acárefrescando aquella memoria y sancta obraalgunos conquistadores han hechodecir misasaunque no tan continuadamente como Joan Tiradoel cualen lapostrimería y fin de sus días murió bienaventuradamentedandono solamenteseñales de cristiandadpero de sanctidadconosciendo claramente él y los quea su muerte se hallaron el favor e ayuda de Sant Acacio y de sus compañeros yaun el de las ánimas de purgatorioespecialmente de aquellas que en gracia enaquel lugar pasaron desta vida.

Está esta capilla cerca de otra iglesiajunto a la calzada que se dice SantHipólitola cualcomo ya está dichose edificó en memoria de la toma deMéxicoporque aquel día los cristianoscomo después se diráa cabo demás de ochenta días la tomaronrindieron y subjectaron.



 

 

Capítulo CXXV

Cómo Cortés y los que escaparon de aquel peligroso pasofueron peleando hasta Tacubay de lo que allí les pasó.

Con muy gran trabajo y dificultadsegún está dichoquedando tantosmuertos y tantos para morire que en ninguna manera podían pasar adelanteCortés y sus compañerosaunque iban bien en orden ypor estar ya en tierrafirmealentados y con más corajepeleando y deteniéndolos los enemigos en elcaminopudieroncon ser la jornada tan breve que no había más de medialeguallegar a la ciudad de Tacuba en tres horas. Era tiempo de maizales y queestaban ya muy altos y casi para coger; salían dellos como de bosques muchosindios que a manos tomaban [a] los españolesy metiéndolos adentrode manoen mano los volvían a la ciudad para sacrificarlos vivos y haceren testimoniode la venganzaservicio a sus diosesque tanto habían porfiado se hicieseesta tan cruda guerra con los cristianos.

Escaparon los nuestros [a] algunos déstosaunque a todos no pudieron.Señaláronse allídespués de CortésAlonso de ÁvilaCristóbal de OlidFrancisco Verdugolos hermanos AlvaradosGonzalo de Sandoval e otros hombresde cuentaque aunque iban que ya no se podían tenerunos a otros se animabandiciendo que si el morir no se excusabaque cuándo mejor que estonces podíanvender bien sus vidasespecialmente quecomo adelante diréen su Capitánvieron siempre tanto seso y valentía quetiniéndole presentejamás temieronni desmayaron porque verdaderamentecomo muchos dixeronen esta conquista supoe hizo más que hombre ninguno.

Yendopuesdesta manera peleandollegaron a Tacuba; los de la retroguardacreyendo que Cortésque iba en el avangoardiareposara en los aposentos ycasa del señor de aquella ciudadse entraron en el aposento de la casa. Enesto hay dos opiniones: la una es que llegando allí los nuestroslos mexicanosque venían en su seguimiento se volvierono porque estaban ya cansados depelearo porque no osaron entrar en términos ajenostemiendo que lostacubenses les salieran al encuentroporque rescibieron bien a los cristianosde lo cual se quexaron mucho después los mexicanos dellos y los riñeronporque en su pueblo no habían acabado de matar a los españoles. Esto dicenMotolinea y los tacubensescuyo guardiándespués de convertidosfue eldicho Motolineafraile franciscano y conquistador.

La verdad essegún las Memorias de muchos conquistadoresque los mexicanoslos siguieron hasta allíy más de una legua adelanteque como era de nochelos tacubenses ni ayudaron ni dañaron. Los de la retroguardacomo vieron queCortés no reposaba en los aposentossino que iba adelantea toda furiasalieronpor no perderleque sin él iban como los que navegan sin norte. Yaera salido el sol cuando todos vinieron a alcanzar a Cortés.



 

 

Capítulo CXXVI

Cómo Cortés se mostró sobre una quebrada a los de laretroguardacon que los animó muchoy lo que les dixoe cómo todos sehicieron fuertes en un cu.

Sin saber el camino ni de noche ni de díasino por el hilo de los muertos ymultitud de los enemigos que de la una parte y de la otra del camino estabanlos de la retroguarda caminaban. Llegaron desta manera a una quebradapaso muymalodonde los enemigos los apretaban muchoe cierto desfallecieran y acabaranallí si Cortésque andaba peleando por lo altoentre los maizales noparescierael cualcomo los violes dixo:

«¡Eaamigosarribaarribaa lo rasoa lo raso; que aquí estoy yo; yano hay más peligro!» Alentáronse con su vista todospelearon con nuevocorazónsalieron a lo raso sin perder hombrey acaeció que llevando unosdellos una petaquilla con tres mill castellanos en orodixo a Cortés;«Señor¿qué haré deste oroque me estorba el subir y primero me mataránque salga de aquí?» Cortés respondió: «Dad al diablo el oro si os ha decostar la vida. Arrojadlo o dadlo a otroque yo le hago merced dello.» Hízoloasí e salió con los otrose juntándase todos y tornando Cortés a ponerlosen conciertoya que serían las nueve del díatomaron un cu pequeñotemplode los diosesque estaba en un alto e todo lo de alderredor raso e sinmaizales. La gente se recogió en el patioe Cortés con algunos escopeteros yballesteros se subió a lo alto para que si los indios le entrasenles pudiesemejor hacer la guerra.

Aquí les dieron mucha gritaya que noles podían hacer mucho mallo unoporque no les podían entrar en el templolo otro porque los de a caballocomoestaba el campo rasoeran señores dél. Alancearon cincuenta o sesenta indios.Señalóse aquella tarde un Gonzalo Domínguezhombre de grandes fuerzas y muyrecio en la sillaque por su mano alanceó más que otros cuatro de a caballo.Con todo estocomo la gente de los enemigos era muchaaunque no mataronningún cristianollegábanse tanto a ellospor hacerles dañoque las varastodas daban en el patioque después de puesto el solque cesó la bateríatuvieron que coger más de cuatro carretadas dellascon que hicieron muchosfuegos. Reposaron los heridos. Esperó Cortés allípor ver si algún españolvenía de los que se habían metido por los maizales. Llegaron algunosy entreellos un Fulano de Sopuerta con muchos flechazosque por hacerse muertoescapó la vida; sanóla de las heridasaunque eran muchaspor no haberleacertado ninguna por lo vacío.

Llamaron a este cu por estonces el Templo de la Victoriay después queMéxico se ganó se hizo en él una iglesia que se llamó Nuestra Señora de losRemediospor el que allí los cristianos rescibieron.

Hicieran hasta este sitio muy mayor daño los indios sicomo dicen losconquistadoresno se ocuparan en robar los cristianos muertos y despojarlos dela ropay también porque con el díaconosciendo a los hijos de Motezumaconforme a sus ritos y costumbreslos más de los principales se juntaron allorarlosa los cuales sin conoscercon la obscuridad de la nochehabíanmuerto.



 

 

Capítulo CXXVII

Cómo Cortés hizo alarde de su gente y la puso en orden ysaliópara no ser sentidode nochey de lo que en el camino le acontesció.

Ya que el exército español había reposado más de media nocheCortésasí porque los enemigos no lo sintiesencomo porque el calor del sol noestorbase el marchar e hiciese daño a los heridosdeterminó sin ningúnbullicio salir de allíaunque no sabía el caminopara Taxcaladonde teníaintento de irporque cuando vinoentró por Iztapalapa y salió por Tacubacamino contrario. Hizo primero alarde de la gente que le había quedadoasí deespañoles como de indios amigos; halló que entre los españolesentre heridosy sanoshabía obra de trecientos y sesentapoco más o menose veinte y trescaballosy de los indios amigos hasta seiscientos. Echó mucho menos un pajeque él quería mucho y había procurado defender. Hizo de la gente diezCapitaneso (según otros) ochode a cuarenta hombres cada capitanía. Dio lavanguardia a Diego de Ordásy la retroguarda tomó él. Hizo aquí nuevosentimiento de su desgracia y gran pérdida.

Salió sin ser sentidono llevando otra guía que el cieloaunque su fin ymotivo eracomo está dichoir a Taxcaladonde confiabacomo fueser bienrescebido. Fuecomo dice Motolinearodeando por la parte de occidenteca élhabía entrado por la de oriente en Méxicoy por este camino a Taxcala hayveinte leguase por donde él fue más de treinta. Puso los heridos y la ropaen medio de los sanos; mandó que so pena de la vida ninguno saliese de laordenanza. Salieron desta manera sin pífaro y atamborguiando un indiotlaxcaltecaque aunque no sabía el caminodixo que poco más o menosatinaría a llevarlos hacia Taxcala.

No hubieron andado media leguacuando las escuchas los sintierony tocandoal armaacudieron los enemigos en gran cantidad. Diéronles guerraaunque nomuy grandeporque era de noche y los escopeteros los oxeaban. Siguiéronlosmás de dos leguashasta que los nuestros tomaron una cuesta en que estaba otrotemplo con una buena torre y aposento. Toparon cinco de a caballo que ibandelanteprimero que aquí llegasen ciertos escuadrones de indios emboscadosque esperaban a los españolespara matarlos y robarlosy como vieron a los dea caballocreyendo que venía mayor exércitohuyeronreparando en unacuestae como reconoscieron cuán pocos eran los españolesjuntáronse conlos indios que atrás veníane así todos venían dando caza a los nuestroshasta este templodonde se hicieron fuertesreposando lo que de la nochequedabaaunque no tenían cosa que cenar; diéronles los enemigos malaalboradaaunque fue mayor el miedo que pusieron que el daño que hicieron.Partieron de allí los nuestros; fueron a un pueblo grandeque se diceTepozotlánpor un camino muy fragosodonde los de a caballo no se podíanaprovechar de los enemigosni ellos tampoco de los nuestros; e porque en estepueblo hallaron muchos patosque los indios crían para sacar y quitarles lapluma para las mantaslos españoles le llamaron el Pueblo de los Patos. Losunos huyeronyéndose a otro pueblo grande que se llama Guautitlánuna leguade allí.

Los nuestros pararon en aquel pueblo dos díasdonde descansaron y serehicieron algún tanto. Hallaron alguna comiday los patoscomo llevabanconsigo la salsales supieron muy bieny así mataron la hambre. Curaron losheridos y caballos y llevaron alguna provisión para el caminoaunque segúnibanno pudieran llevar mucha aunque la hallaran. Salieron de allí eatravesaron en busca del camino de Taxcaladexando la ladera de las montañasque habían seguido; toparon con tierra pobladísima; salieron a ellos infinidadde indios que los pusieron en grande aprieto. Vinieron a tanta nescesidadquecomían hierbasy esto duró ocho díashasta llegar a Taxcalafatigándoloslos enemigosaunque lo que más los fatigaba era la hambreque fue tantaqueno pudiéndola sufrir un españolabriendo a un español que halló muertocomió de sus hígadosde lo cual pesó tanto a Cortésque le mandó luegoahorcar. No le pesaba al español mucho dellopor no verse morir de hambrepero a ruego de algunos se dexó de hacer la justicia.

Yendo desta manera perdieron muchas veces el caminoporque la guía no lesabía y desatinaba. Al cabo llegaron a un pueblo pequeño; durmieron aquellanoche en unos templosdonde se hicieron fuertes. Prosiguieron su camino por lamañanapersiguiéndolos siempre los enemigosllevándolos siempre acosadoscomo a torosque no los dexaban reposar.



 

 

Capítulo CXXVIII

Cómo prosiguiendo Cortes su camino le dieron una pedrada enla cabezay cómo Alonso de Ávila dio una lanzada a un español y por quéylo que más subcedió.

Prosiguiendo Cortés su caminoDiego de Ordásque llevaba la delantera;dio en una quebradadonde estaban aguardando ciertos escuadrones de gente deguerra. Reparóse toda la capitaníaporque no les paresció acometerpor ladificultad del lugar y porque los enemigos eran muchoslos cuales como vieronque los nuestros no osaban arremeterarremetieron ellostirando muchas varas ysaetas. En estoun valiente soldadoviendo esto e que era afrenta esperar laretroguardiaquitando la bandera de las manos a un Fulano de Barahonaque eraAlférezsaliendo contra los enemigosdixo: «¡Sanctiagoy a ellos! Los quequisierdesseguidme.» Estoncesacometiendo todoshicieron grande estrago enlos enemigosporque estaban en lo baxo. Pusieron a los demás en huiday destamanera dexaron la quebraday la retroguardia pasó sin resistenciaaunquepuestos en lo llanono mucho después los iban siguiendo los enemigos. Yendo eneste ordencomo estaba mandado que nadie saliese délun soldado que se decíaHernando Alonsoapartándose como ocho pasos del escuadrón a comer unascerezasporque la hambre le aquexaba demasiadamenteAlonso de Avila le tiróuna lanzacon que le pasó el brazodel cualaunque sanoquedó manco. Eraen tanto peligro nescesario el castigo de otra maneraporque no se desmandabael soldado cuandosin poderlo remediarle llevaban los indios vivoy de manoen mano le desaparescíanhaciendo resistencia los que primero le tomabanydesta manera sacrificaron a muchos.

Otro día que esto pasóiba cresciendo la hambretanto que aun para losheridos no había que comer sino acederascerezas verdes y cañas de maízquetodo era pestilenciay ningunoporque Dios los guardabamuriósino eran losque los indios tomaban a manos. Desta manerano lexos de Otumbadondecomodiréfue la señalada batallasalieron a los nuestros muchos indiosdondefueron bien menester las manosporque corno canes rabiosos se metían por lasespadas y lanzas. Aquí los españoleshasta los heridospelearonvalientemente. Salió desta batalla mal herido Cortés en la cabeza de unapedrada de honda que aínas se pasmara; e aunque todavía tenía la mano de larienda herida y la cabeza entrapaxadasu persona sola valió y pudo tanto queconservó y sustentó todo su exército.

Hirieron a Martín de Gamboamatáronle el caballohízolo como valientesoldado. Reparó en aquel lugar aquella noche Cortés. Dio la vida a cuatro ocinco españoles que llegaron bien anochecidosin entender Cortés que sehabían quedado atrássubidos en los cerezosque hay en el camino muchosporla gran hambre que ya no podían sufrir. Esta misma noche metieron el caballomuerto de Gamboa a los aposentosdel cual no se perdió nadatanto que lastripas e uñas comieron; y aun al repartir hubo cuchilladasy fue menesterhallarse el Capitán presente. Cupo la cabeza a cinco o seis soldadosque nopoca fiesta hicieron con ella.



 

 

Capítulo CXXIX

Cómo yendo el exército adelante salió un indio al camino adesafiar los españolesy cómo los mexicanoshecho sacrificio en México delos españolesvinieron a Otumbay del razonamiento que Cortés hizo a lossuyos.

Con esta hambrecansancioguerra y heridasotro día de mañanaque erasábadopartió el campo de los españolesno sin enemigos que le iban dandocaza. Llegando a un llanosalió un indio de travésalto de cuerpocon ricosplumajes en la cabezacon una rodela y macanamuy valiente al parescer.Desafió uno por uno a cuantos iban en el campo. Salió a él Alonso de Ojedasiguióle Joan Cortésun esclavo del Capitán. El indio no quiso esperaroporque venían doso porque deseaba meter a los españoles en alguna emboscada.

En el entretanto que el exército español llegaba a este pasolos mexicanoshabían ya cruelmente sacrificado los españoles que al salir de México sehabían vueltoe más de docientos mill se vinieron a juntar con los de Otumbaen unos campos muy llanos que allí hay para acabar de matar a los españolessin que dellos quedase rastro. Vinieron lo más bien armados que pudieronconmuchos mantenimientosricamente adereszados. Tomaban de la una parte y de laotra las faldas de las sierras; tendiéronse por aquellos camposquecomoandan vestidos de blancoparescía que había nevado por toda aquella tierra.Llevaban un Generala cuyo estandarte tenía ojos todo el campo. Venían enordenrepartidos por sus capitaníascada una con su banderacaracoles eotros instrumentos béllicos que servían de pífaros e atambores. Venían de suespaciosin dar gritahasta ponerse en lo llano. Estonces Cortéscomo vioque sobre él venía tan gran poder y que los suyos se contaban ya por muertos yaun los muy valientes desconfiaron de poder escaparcuanto más vencerhaciendo altoapercibiéndose para la batallaataló los maizales por más demedia leguaque cerca estabanporque desde ellos como de espesa arboleda losenemigos entraban y salíanhaciendo gran daño. Puso los heridos y enfermos enmedio del escuadróncon guarnición de caballos del un lado y del otro;advertió a los que estaban buenos y tenían buenas fuerzasque cuando fuesemenester retirarsecada uno llevase a cuestas un enfermoy a los heridos quesubiesen a las ancas de los caballospara que pudiesen jugar las escopetas.

Ordenado desta manera el pequeñoexército españolrodeándole el mundode gentedesde el caballo habló a los suyos así: «Señores y queridoscompañeros míos: Ya veis en el trance y peligro tan grande en que estáis; eldesmayar no aprovecha sino para hacer menos y morir más prestoy siesto nose ha de excusarbien será que para solo nuestro contento muramos peleandomás fuertemente que nunca; e pues de tan grandes peligros como éste suelensalir los hombres poniendo bien el rostro a ellosmás vale que acabemosmuriendo como valientesvendiendo bien nuestras vidasque de pusilánimes nosdexemos vencer. No es cosa nueva que muchos turcos y morossiendo gente tanbellicosaacometiendo y apretando a pocos de nuestra nasción hayan sidovencidos y puestos en huidacuanto más que ya sabéis cuán milagrosamentehemos sido hasta ahora defendidos. Pidamos el favor a Dios; ésta es su causaéste es su negociopor Él hemos de pelear. Supliquémosle acobarde eatemorice nuestros enemigos; e que si ha sido servido castigarnos por nuestrasoberbia e presuncióncomo nos ha castigado en la salida de México y en elcamino hasta aquíse apiade de nosotroslevantando su azote. Encomendémonosa la Virgen MaríaMadre suya; sea nuestra intercesora; favorézcanos miahogado Sant Pedro y el Patrón de las Españas Sanctiago.

Cada uno se confiese a Diospues para otra cosa no hay lugare poniendonuestra fee y esperanza en Élyo sé que más maravillosamente que nunca nosha de favorescer e ayudar y que este ha de ser el día de la más memorablevictoria que españoles hasta hoy han tenido contra infieles. Hoy espero en Diosque ha de ser el fin y remate del seguimiento destos perros; hoy los confundiráDiosy nosotrossaliendo victoriososentraremos con alegría en Taxcaladedonde volveremos y nos dará venganza dellos.» Diciendo estas palabras se learrasaron los ojos de agua; enternesciéronse los suyos; animáronse cuanto fueposibleaunque dubdosos del subcesoporque por la una parte vían la granventaja que los enemigos les tenían e por la otra del favor que Dios les habíadado y que en lo más de los que Cortés les había dichohabía salidoverdadero.



 

 

Capítulo (XXX

Cómo se dio la memorable batalla que se dice de Otumbaycómo Cortés mató al General de los mexicanosy de otras cosas señaladas.

Ordenado todo de la manera que está dicholos indios por todas partesquecubrían aquellos grandes camposcon grande alarido y ruido de caracoles eotros instrumentoscomo leones desatadosacometieron a los nuestrostirándoles muchas flechas y varase acercábanse tanto a los nuestros queaunque jugaba la escopetería y ballestería y les hacía muy gran dañovenían a brazos y a sacarlos del escuadrón; pero Cortésque vía que toda lafuerza estaba en que los suyos estuviesen juntos y en orden.con su cabezaentrapaxada y la mano de la rienda (como he dicho)heridaalanceó muchos porsu persona con un ánimo y esfuerzo como si estuviera muy sano y peleara conpocos. Defendió tan bien su escuadrónque ningún soldado le llevaronaunqueMotolinea e Gómara dicen que sí.

Acompañaban a Cortés doquiera que se revolvía siete soldados peonesmuysueltos y muy valientesque fueron muchas veces causa de que abrazándose losindios con su caballo no le matasen. Era tan brioso e tan diestro este caballoque hiriéndole de un flechazo por la bocala dio Cortés para que le llevasende cabestro do estaba el fardaje y en el entretanto tomó él otro; pero como elcaballo herido tornó a oír el ruido e alarido de los indiossoltóse y congran furia entró por ellos tirando coces y dando bocados a todos los quetopabatanto que él solo hacía tanto daño como un buen hombre de caballo.Tomáronle dos españoles por que los indios no le flechasen por parte dondemurieseaunque en las ancas y pescuezo sacó muchos flechazos.

Andandopuesla batalla en toda su furia e calorseñalándosenotablemente algunos de los Capitanes y haciendo maravillas Cortésque siempreapellidaba a su abogado Sant Pedrovinieron los enemigos a apretar tanto a losnuestrosque los de a caballopara guarescerse venían a meter en elescuadrón de los peonese todos estaban ya remolinados y en punto de perdersesuplicando a Dios los librase de peligro tan grandecuando Cortésmirandohacia la parte de orientebuen trecho de donde él peleabavio que sobre loshombros de personas principaleslevantando sobre unas andas muy ricasestabasegún parescióel General de los indios con una bandera en la manocon lacual extendida y desplegada al aireanimaba a los suyosdiciendo dóndehabían de acudir. Estaba este Generalcuanto podía serricamente adereszado;era muy bien dispuestoy de gran consejo y esfuerzo. Tenía muy ricos penachosen la cabeza; la rodela que traía era de oro y plata; la bandera y señal realque le salía de las espaldasera una red de oro que subía de la cabeza diezpalmos. Estaban junto a las andas deste General más de trecientos principalesmuy bien armados. Relumbraba aquel cuartel con el sol tantoque quitaba lavista. Había de do Cortés estaba hasta el General más de cient mill hombresde guerray viendo que la victoria consistía en matar al Generaldiciendo:«Poderoso eresDiospara hacernos en éste día merced; Sant Pedromiabogadosé mi intercesor y en mi ayuda»rompió con gran furiacomo siestonces comenzara a pelear por entre los enemigos. Siguióle solamente Joan deSalamancaque iba en una yegua overa. Fue matando y hiriendo con la lanza yderrocando con los estribos a cuantos topaba hasta que llegó donde el Generalestabaal cual de una lanzada derrocó de las andas; apeóse Salamancacortóle la cabezaquitále la bandera e penachos. Otros dicen que lo oyerondespués decir a Cortésque viéndole el General venir con tanta furia haciaélentendiendo que le había de matarse baxó de las andasponiendo a otroen ellas con el estandarte reale que con todo esto tuvo tanta cuenta Cortéscon élque le alanceó estando a piederrocando asimismo al que estaba en lasandas.

Fue de tanto provecho esta tan hazañosa hazañaque como las hacesmexicanas tenían toda su cuenta con el estandarte real y le vieron caídocomenzaron grandemente a desmayarderramándose unos a una parte y otros aotra. Aquellos trecientos señorestomando a su General en los brazosseretraxeron a una cuestadonde con el cuerpo hicieron extraño llantoendechándole a su rito y costumbre. Entre tanto los nuestrosmuy alegrescantando: «¡Victoriavictoria!»siguiendo mucho trecho a los enemigoshaciendo tal estrago y matanza en ellosquesegún se creemurieron más deveinte mill. Tomaron los nuestros de los indios principales que mataron ricospenachos y rodelas y el estandarte realarmas y plumajes del General. Diodespués Cortésy con muy gran razóna Magiscacínsu aficionadouno delos cuatro señores de Taxcalaaquel adereszoy lo mismo hicieron otrosespañoles de los demás despojos que llevabandestribuyéndolos entre losseñores y principales taxcaltecas.

Fue esta batalla la más memorable que en Indias se ha dado y donde másvalió y pudo la persona de Cortés; y asítodos los que en ella se hallaron(a algunos de los cuales comuniqué)dicen y afirman que por sola su persona yvalor llevó salvo y libre el exército español a Taxcala.



 

 

Capítulo CXXXI

Cómo vencida esta memorable batallael exército españolpasó adelantey de lo que más subcedió después.

Acabada de vencer esta tan señalada batallacomo los enemigos se derramaronpor diversas parteslos españolesalegres y orgullosos con el buen subceso ypróspera mudanza de fortunasin que de ahí adelante rescibiesen pesadumbremas de que desde las sierras les daban grita los enemigosprosiguieron sucaminocargados de despojos. Llegaron a una casa grandepuesta en un llanodecuya cumbre se parescía la sierra y tierra de Taxcala y algunos edificiosdellaporque eran altos o blanqueaban mucho. Alegráronse por extremo con estavistacomo si cada uno viera la de su tierraaunque por otra parte estabanalgo dubdosos si serían bien rescebidos e tratados como amigosca es de talcondisción la fortunaquesi abate al hombrepocas veces permite que otroslo ayuden y favorescany así se recelaban los españoles de ser como en lafortuna de antes rescebidosporque venían pocos y huyendolos más dellosheridos y destrozadosy todos hambrientos. Los taxcaltecas eran bellicososmuchos y muy fuertes y que tenían en poco el imperio mexicano cuando másfloresciócuanto más a tan pocos y tan afligidos cristianoslos cuales tardeo nunca hallan favortodo el bien a los tales les huyey cuanto másafligidostanto más te encogen y acobardanespecialmente delante de aquellosa quien la fortuna favoresce y ayuda; pero con todo esto los nuestros teníanmás esperanza de bien que temor ni recelo de mal; lo uno porque confiaban enDiosque les favorescería como lo había hecho en los trabaxos de atráse loque mucho los aconfianzaba era conoscer que los taxcaltecas eran noblesenemigos de los mexicanos capitales e que tenían por cosa gloriosa favorescermás que ser favorescidos. Allegábase a esto la confianza que los nuestrostenían en Magiscacíny las joyas y plumajes ricos de que los taxcaltecascarescíanque los nuestros les llevaban.

Aquella noche Cortésaunque estaba mal heridoveló e atalayó a lossuyostemiendo que el exército mexicanoelegido otro Generalle seguiría ocercaría en aquella casaaunque era bien fuerte y los mexicanos no solíanhacer guerra de noche. Vieron los nuestros muchos fuegos e humos por las sierrase aun oyeron muchas vocesque fueron causa de que Cortésaunque teníanescesidad de dormirvelase.

Luego que amanesciósalió con su gente de aquella casacaminó un pocopor tierra llanasubió un cerro no muy ásperoy a la baxada délporque ibasiempre delantedio en una muy linda fuente de agua dulcede que todos teníanharta nescesidadporque por todo el camino habían tenido falta della y la quehabían bebido era ruincomo recogida en balsas en tiempo de las aguas. Allíhicieron los nuestros altobebieronrefrescáronse y descansaron un pocoaunque no habían perdido de vista los enemigosque por las sierras estaban.

Fueron de allí por buena tierra a un lugar que se dice Guaulipaque quieredecir «lugar que está en el gran camino» pueblo de dos mill casasde laSeñoría y provincia de Taxcala. Deste pueblo y de otras aldeas salieron másde una legua las indias y muchachos con mucha comida y refrigerio a rescebir alos nuestros; e como la piedad está más en las mujeres que en los hombres ylas indias vieron asomar a los nuestros levantaron un gran lloro y plantocondolesciéndose dellos como si fueran sus hijos y hermanos. En juntándoselos hicieron parardiéronles de comerdixéronles palabras de mucho consuelo;salieron tantas que a cada español regalaban tres o cuatro mujeres. Llorabanlos nuestros de alegría y contento; enternescióse mucho Cortésviendo elestado presente de las cosas y dio muchas gracias a Dios porqueviniendocorrido y tan trabajadohallase en gente infiel tanta piedad y regalo. Abrazóa algunas señoras principalesdioles algunas joyas de las que traíaagradescióles mucho el haberle socorrido con tanto regalo.

No se puede encarescer el alegría de los nuestros y el contentoque ellasmostraron con su venida. Dixéronles: «¿No os decíamos nosotras cuandoíbades a México que los mexicanos eran traidores envidiosos y de mal corazóny que cuando no os catásedes os habían de hacer alguna traición?» Fuistesmuchosvenís pocos; fuistes sanosvenís heridos; no tengáis penaquenosotras os curaremos. En vuestra casa estáis; después que estéis sanoslosnuestros os ayudarán y os vengaréis de aquellos traidores mexicanos.»



 

 

Capítulo CXXXII

Cómo Magiscacín y Xicotencatl e otros señores vinieron aaquel pueblo a visitar a Cortésy de la plática que Magiscacín le hizo.

Aquel día por la tarde osegún algunosel otro por la mañanacomo laSeñoría de Taxcala supo la venida de Cortés y en ella tenía muchos amigosMagiscacínque era el mayor dellos vino luegoy con él Xicotencatlmas fuemás por cumplir que por hacer el debery otros muchos señores taxcaltecasycon ellos otro que después de cristiano se llamó don Joan Xuárezseñor yGobernador de Guaxocingolos cuales con cincuenta mill hombres de guerraquerían ir a México en favor de los cristianosno sabiendo hasta estonces lagran pérdida y daño que habían rescebido. Otros dicen que sabiendo cómovenían tan destrozados y maltratadoshuyendo de la furia de los mexicanoslossalieron a consolarfavorescer y ampararqueriendo mostrar en aquel tiempoelamor y amistad que a Cortés y a los suyos tenían. Sea como fuereMagiscacínque era el más principal en la Señoríaapercibió sus amigosadereszóse lomás bien que pudollevó machos regalosacompañáronle muchos caballeros yseñoresentró muy alegre en el pueblo do Cortés estabael cualcomo supola venida de su leal y verdadero amigosalióle a rescebir con los principalesde sus compañeros fuera de los aposentos. Abrazáronse con mucho amor. AMagiscacín se le saltaron las lágrimas de los ojosy Cortés y los suyos nose enternescieron menos. Abrazó luego Cortés a Xicotencatl e a otros señorese volviendo entre Magiscacín e Xicotencatl al aposentodonde después que sehubieron asentado en una gran sala y aquellos señores taxcaltecas le dieron lospresentes que llevabanviendo Magiscacín a Cortés que venía flaco y heridoen la mano y en la cabeza y que los más de sus compañerosporque todos sehallaron allíestaban heridos y maltratadosacordándosele de la prosperidadcon que habían pasado para ir a México y de cómo habían ido tantos yvolvían tan pocos y tan destrozadosy entendiendo que esto no podía ser sinopor traición de los mexicanoslimpiándose los ojoscon la manta rica de quevenían cubiertoreprimiendo el dolor que las lágrimas magnifestabanconosciendo que estonces era el tiempo en que había de mostrar su valor y lomucho que a Cortés amaba tomándole las manoscon voz grave y que [de] todospudo ser oídole habló desta manera:

«Muy valiente y esforzado Capitán de los cristianos e a quien yo amo yprescio mucho: No te puedo decir el alegría que mi corazón ha rescebido enverte vivoaunque no tan sano y contento como yo deseo; en esta nuestra tierraalégrate y desecha de tu corazón todo pesar y tristezapues sabes como sabioy experimentado en la guerraque son varios y diversos los subcesos de lafortunala cualcomo es moviblenunca jamás está de un ser; muchas veceslos muy valientes mueren a manos de los cobardesoporque los tienen en pocoo porque son muy muchoso por alguna traición de que los valientes no serecatan. Valor tenías tú y los tuyos para contra todo el imperio mexicanopues al principioque veniste con tan pocos compañerostantas veces fuistevictorioso contra los invencibles taxcaltecas. Rescibiéronte de miedo en suciudad los mexicanos; saliste contra Narváezvenciste a muchos de los tuyoscon los pocos que llevabas; tratáronte en el entretanto los mexicanoscomosuelentraiciónqueriendo matar a los que con Motezuma dexastede dondeentiendo quepues vienes asífue grande su traición; hante perseguido casihasta aquírompiste la batalla que te dieron en los llanos de Otumbamatastesu Generalhecistecomo suelesmaravillas en la fortaleza de tu brazo. No tepuedes quexar de tipues no has hecho que no debasca si la traición hapodido más que tu valor y esfuerzoni tienes tú la culpasino la ciegafortuna; la mayor y más pesada quexa es de sí propioy pues tú no la tienesni puedes tener y lo hecho no puede ya dexar de ser hechoalégrateregocíjateque con la vida te vengarás de tus enemigos y volverás a mayorprosperidad de la que has perdido. En tu tierra y en tu casa estás y entre lostaxcaltecastus verdaderos amigosque jamás te negarán. Haz cuenta que somostus hermanos y en el amor tan españoles como vosotros. Todos estos caballeros yseñores que veeste venimos a servir y a llevar con nosotros a nuestra ciudady casasdonde después que tú y los tuyos hayáis sanado de las heridasvolveremos contigo con pujante exércitopara que tomes venganza de tusenemigos y nuestros. Esto mismo con todo amor y voluntad te prometen estosseñores. Ahora vee lo que mandas y quieresque se hará todo a tu gusto yvoluntad.»

Acabó con esto de hablar Magiscacín; levantáronse todos los otrosseñoresy con palabras muy amorosashaciendo a Cortés gran comedimientoleprometieron lo mismo que el señor Magiscacín había dicho.



 

 

Capítulo CXXXIII

De lo que Cortés respondió a Magiscacín e a los otrosseñoresy de las joyas que les dioy de lo que más pasó.

Ya Cortés y los suyos estaban algo alegres por el rescibimiento y regalo quelas mujeres tlaxcaltecas les habían hechopero decir el alegría que él yellos rescibieron con la venida de Magiscacín y con el consuelo que les dio yofrescimiento que les hizosería largo. Cada uno que hubiere leído el subcesopasado lo podrá entender por sípues cuanto mayor ha sido la tribulaciónpasada y menos esperanza había de alivio y contentotanto mayor contento serescibiría con el no pensado y repentino contentoy así Cortésrescibiéndole por sí y por los suyos cuan grande imaginar se puedeentendiendo que salía de grandes trabajos e que para la prosperidad queesperaba había de ser gran parte Magiscacín y los tlaxcaltecasaunque dealegría (que también es pasióncomo el pesar) se les arrasaban los ojos deaguacon ánimo fuerte y agradescidorespondió así al buen Magiscacín:

«Muy prudente y valeroso señora quien la Señoría de Taxcala debeconrazóntener sobre sus ojosy a quien yo tanto debo y a quien justamente amotanto como a mí: No tengo palabras con qué encarescerte la merced que tú yestos señores con vuestra venida me habéis hechoporque estonces tiene labuena obra mayores méritos y valor cuando hay mayor nescesidad della. No pudohaber tiempo de mayor aflición y trabajo para mí que aquella desdichada einfelice noche que de México salimos y el demás tiempoque han sido ochodíasque pasamos hasta llegar a esta vuestra tierraque ya nosotrospor elbien que en ella comenzamos a rescebirpodríamos llamar nuestray así nopuede llegar contento al que tenemos de presenteporque nos vemos ya entrenuestros señores y hermanosentre la gente más fuerte y leal de todo estemundoentre gentecomo paresce por la obraque más bien favoresce e ayuda asus amigos y la que más bravamente hasta rendirlos y subjectarlos persigue asus enemigos. Veovalerosos señoresmuchas cosas que me obligan a morir porvosotrosy cada una dellas es de tanta estima que no la sé encarescer; lapalabra y fee que me habéis guardadoel amor y amistad que me habéis tenidoel salir a socorrermecreyendo que estaba en Méxicoel venir ahora con tantospresentesel consolarmeel quererme llevar a vuestra casaylo que muchoestimoel ofrescer vuestras personas contra los mexicanos. Mi Diosen quienlos cristianos creemosme dé vida y fuerzas para serviros tan gran merced;presto con vuestro regalo e ayuda seremos sanosy sabed que conosceremos elbuen presente cuandocomo espero y confío en Diospusiéremos debaxo devuestros pies a vuestros enemigos y nuestros los mexicanos; yo acepto la mercedde irme con vosotros a Taxcalay será cuando os paresciere y nosotros hayamosalgún tanto descansado.»

Dichas estas palabrasde que Magiscacín y todos aquellos caballeros yseñores holgaron de oírmandó sacar el estandartepenachos y armas delGeneral mexicano que había muerto en la batalla de Otumba quecomo estádichoeran muy ricas y presciosas; púsoselas por su mano a Magiscacíndiciéndole: «Vísteteseñorde las armas de tu enemigoque es la mayorgloria que en la guerra el corazón esforzado suele rescebir.» Dio luego aXicotencatl e a otros señores muchas armasplumajes y joyas que del mismodespojo había habido. Holgaron mucho todos con ellasespecialmenteMagiscacínasí por ser prenda de tan grande amigocomo porque hasta estonceslos tlaxcaltecas nunca habían poseído armas tan ricas.

Los compañerosimitaron a Cortéssu Capitán; cada uno dio a los otroscaballeros las armas y despojos que de los mexicanos habían ganadocon que lostaxcaltecas grandemente se alegraron y aun fueron causa (porque los donessiempre pueden mucho) que en Taxcala fuesen muy servidos y curados y auncomodespués se diráque Xicotencatl no saliese con la suya.

Estuvo Cortés tres días descansando en este puebloproveyéronle los délabundantemente de lo nescesarioaunque dicen algunos conquistadores quecompraban parte de la comidapero no es creíblehabiéndolos salido arescebir con tanto amor y voluntadsalvo que algunos de los del pueblocobdiciosos de joyas mexicanaspedían a los nuestros dellaspero no por lacomidaque désta había gran abundanciay muchos años después nuncaquisieron prescio por ella.



 

 

Capítulo CXXXIV

De las nuevas que Magiscacín dio a Cortés de Joan Juste ysus compañerosy de cómo pidieron licencia para salir a correr la tierra conalgunos españolesdonde andaban mexicanos.

Después de rescebidas las armasjoyas y presentes que de una parte a otrase dierony Magiscacínque era muy cuerdoentendió que Cortés estabacontento a alegredíxole: «Señorpara que proveas con tiempo en lo queadelante has de hacerte quiero avisar de lo que pasa e no has de rescebirpenaaunque caiga sobre otra mayor. Sabrás que habrá doce días que pasaronpor Guaulipa Joan Juste y Morla con obra de treinta españolesque llevaban laplata de tu recámarae yopor lo que te amoles di un hijo que fuese en sucompañía; he sabido después acá por muy cierto que pocas leguas adelantedieron en las guarniciones mexicanase allí matando ellos muchosmurierontodos y entre ellos mi hijoquepues había de morirholgué acabase peleandocomo caballero en la guerra y no en la camacomo suelen los de ruin suerteyque hiciese su deber no dexando a los cristianos en cuya compañía yo le habíadexado ir.»

Pasó esto así como Magiscacín había dichoporque despuésyendo losnuestros por aquel caminohallaron hechas unas letras en la corteza de unárbolque decían: «Por aquí pasó el desdichado de Joan Juste con susdesdichados compañerosmuertos de hambre y entre enemigos»; llevaron tantahambreque uno dellos dio a otro por muy pocas tortillasque de una sentadalas podía comeruna barra de oro fino que pesaba más de ochenta ducados.

Mucho pesó a Cortés desta nuevaporque treinta y dos españoles y tanbuenos como aquéllosen tal sazón y coyuntura le habían de hacer muchafalta; pero como sabio y valerosoviendo que a lo hecho no hay remedioencubriendo el dolor y mostrando el contento que no teníaobligando más aMagiscacín le dixo: «Señor e grande amigo mío: Lo que mas me pesa es de lamuerte de tu hijoque de tal padre como tú había de haber muchos hijos y queviviesen muchopara que en todopor muchos añoscorrespondiesen el valor desu padre; pero como dicespues murió peleando e ya no puede dexar de sermuertono hay que decir más de que mientras que tú fueres vivono tengo yode qué tener penaaunque mayores desgracias me subcedieseny sabe que aunquevenimos heridos y cansadoscon esto poco que habemos reposadoestamos ya tanalentados y deseosos de vernos a las manos con tus enemigos y nuestrosque yanos paresce que habemos estado muy ociosos.»

Holgóse mucho Magiscacín de oír lo uno y lo otroporque no hay hombre tansesudo que la alabanzaespecialmente si lleva apariencia de verdadno le décontento; y como no muy lexos de allí las guarniciones mexicanas hacían dañoalegrándose de oír aquellas últimas palabras a Cortésle rogó que porcuanto cerca de allí los mexicanos se desvergonzabanle diese algunosespañoles de los que más sanos veníanpara salir contra ellos. Cortés se lootorgómandando saliesen algunos de a caballo e algunos escopeteros yballesteros de los que menos heridos estaban. Salieron en busca de losmexicanosy halladosdieron con ellos y mataron muchos y a los demás echarondel asiento donde estaban.

Volvieron muy alegres Magiscacín y Xicotencatl y la demás gente con lasplumas y despojos que habían podido tomar. Deste su contento le rescibióCortés muy grande. Despidiéronse Magiscacín y Xicotencatl y los otrosseñoresde Cortés y sus compañeros; fuéronse a la ciudad de Taxcalaparaque otro díaque era el terceroque Cortés había llegado a aquel puebloentrase en su ciudad y le rescibiesen y regalasen.

Libro quinto

 

 

 

 

 

 

Capítulo primero

Cómo Cortés y sus compañeros otro día entraron en Taxcalay del solemne rescibimiento que en ella le hicierony de las palabras queMagiscacín dixo a Cortés.

Otro día después de comerponiendo Cortés su gente en orden como solíacaminarsalió de aquel pueblo acompañado de los principales délpara ir ala gran ciudad de Taxcala. El caminocomo aquella tierra es muy pobladaparescía hormiguerosegún estaba lleno de los que iban y venían por aviso ymandado de los señores de Taxcalalos cuales habían salido más de legua ymedia de la ciudad a rescebir a Cortéscon más de docientas mill personasmuy en orden y concierto. Fueron las mujeres y los muchachos en la delanteralas cualescomo de su natural condisción sean compasivasen viendo a losnuestroscomenzaron a llorar e aun hicieron hacer lo mismo a los nuestrosdiciéndoles: «Seáis muy bien venidosseñores y amigos nuestros. VuestroDios os sane y dé saludque muy heridos y maltratados venís. ¡Ohmalos ytraidores mexicanosque nunca han hecho cosa que no sea por traición! Nuestrosdioses nos vengarán dellos y nos pagarán ésta con las demás.» Diciendoestas palabrasse allegaban a los nuestrostocándoles y tentándoles lasheridasapiadándose con muchas lágrimas dellos.

Así prosiguieron su camino hasta topar con los ciudadanosque también losrescibieron con mucho amor e compasión. Luego llegaron los caballeros y gentede guerraque abrazando con gran comedimiento a Cortésse abrieronmetiéndole con todas u gente en medio hasta que llegaron los cuatro señores deTaxcalade los cuales el más antiguo y principal era Magiscacín y así fue elprimero que abrazó a Cortésy luego los otrospor su orden y antigüedad.Tomáronle en mediofueron con él hablando en muchas cosas de placer econtento. Los cerros y sierraspara ver este rescibimientoestaban cubiertosde gentela música a la entrada de la ciudad fue muy grande. LlevóMagiscacín a su grande y real casa a los otros señores e a otros Capitanes yprincipalesy los demás que no pudieron estar con Cortés se repartieron porlas casas de los caballerose cada unosegún su posibilidadprocuró deregalar e apiadar a su huésped.

Magiscacín como vio a Cortés en su aposento y casadándole su camaledixo: «Señorhuelga y descansapierde todo cuidado y pesadumbreque en tupropia casa estás. Yo luego mandaré llamar sabios maestros en la cirugíaquete curensi el que tú traes no lo sabe hacer mejor. Todo lo que fuere menesterpara ti y para los tuyos sé cierta que no faltaráy pues sano y aun enfermosabes tan bien trabajardescansa ahora algunos días para que con mayoresfuerzas y aliento vuelvas a tu empresa comenzadaquesegún yo te he prometidoe confío de tísaldrás con ella con mucha gloria y honra.» Diciendo estole mandó traer de comery comiendo él con él le dixo otras muchas y muyamigables palabrasa que Cortéscomo el que bien lo sabía hacerrespondíareconosciendo la merced que con tanto amor en todo Magiscacín le había hechoel cualpor hacerle más fiestamandó que después de la comidaen el patiode la casase le hiciese un festival y alegre baile. Los demás españolescomo tenían más nescesidad de descansar que de ver bailescada uno reposó ensu casa lo que pudo.



 

 

Capítulo II

Cómo Cortés halló en Taxcala a Joan Páezcapitány delo que con él había pasado Magiscacíny Cortés después le dixo.

Ya que Cortés hubo reposado y recreádose algún tantoJoan PáezsuCapitánel cual con ochenta hombres había dexado en Taxcala cuando pasó aMéxico a socorrer a Pedro de Alvaradole vino a ver. Holgóse con élpreguntóle muchas cosasespecialmente del tratamiento que Magiscacín y losotros señores le habían hecho. Respondióle que muy bueno y que entre todoslos señores tlaxcaltecas Magiscacín le era verdadero amigoy que Xicotencatlcomo bullicioso y envidioso no le tenía buena voluntad y que de la pérdida sehabía holgado tanto como pesado a Magiscacín. Después que [entre] él yCortés hubieron pasado muchas cosas y que Cortés se advertió para lo quehabía de hacersupo de algunos que se lo dixeroncómo Magiscacínentendiendo que los mexicanos se habían rebeladodixo a Joan Páez: «Si teatreves a ir a socorrer a tu General con esos españoles que tienesyo te darécient mill hombre de guerray mira que creo tendrá nescesidadporque losmexicanos son infinitos y grandes traidores y tan enemigos de cristianosque no[se] les dará nada morir diez mill dellos porque un cristiano muera y poco apoco no quede ninguno.» Joan Páez dicen que le respondió que le besaba lasmanos por la merced e que donde estaba el General Cortés con tanta y tan buenagente no habría menester socorroespecialmente contra mexicanosy que él lehabía mandado quedar y esperar allíque no osaría al hacer hasta que otracosao por carta o por mensajerocon señas le fuese mandado; e verdaderamenteJoan Páez no se atrevióo porque los enemigos eran muchoso porque en elmandar y ser obedescido era muy severo Cortésque es lo que más en la guerrale sustentópero con todo estocomo Cortés entendió que con aquel socorrose pudiera excusar la gran pérdida y mortandad de los suyosinvió a llamarmuy enojado al Joan Páezal cualaunque se excusaba y defendía por muybuenas razonesno admitiéndole algunale riñó bravamente y trató con muyásperas palabrasdiciéndole que era un cobarde y que no merescía serCapitán de liebrescuanto más de hombresy españolesy que estaba enpuntos de mandarlo ahorcar e que jamas le entraría de los dientes adentro e quehabía sido traidor a su General e homicida de sus compañeros e que por estarseholgandopudiendo ir con tanta seguridad a tan buen tiempose había quedadoponiendo vanas excusas; que se fuese con el diablo y no paresciese más delantedél y no tuviese de ahí adelante nombre ni cargo de Capitánpues tan malacuenta había dado de síe que no le replicase más palabraporque lemandaría ahorcar.

Salióse muy triste y muy afrentado el Joan Páezaunque merescía más.Quedó Cortés con el enojo con una gran calenturaque fue causacomo diréque se pasmase la cabeza y estuviese en riesgo de morirconsiderandolo quenunca se le quitó del corazón hasta que subjectó a Méxicoel afrenta y grandaño que por no ser socorrido le habían hecho los mexicanos.



 

 

Capítulo III

Cómo Cortéssabiendo de Ojeda lo que Xicotencatl y los desu parcialidad decíanse mandó velary del gran peligro de morir en queestuvo.

Mandó Cortés a Ojedaque era el que con los tlaxcaltecas tenía másamistad y sabía mejor la tierraque buscase comida por los pueblos comarcanospara los españoles que estaban y de nuevo habían venidoel cual fue; e comoel General de los tlaxcaltecasque era Xicotencatlestaba mal con loscristianos y tenía muchos de su bando y parescerespecialmente a los hombresde guerrapor haberle oído decir mal de los españolesmuchos de los pueblosdecían a Ojeda: «¿A qué vino esa ciguata de Cortés y esotras ciguatas desus compañeros? (y ciguata quiere decir «muchacha o mujer moza»). Venís acomernos lo que tenemos; llevástesnos el maíz a Méxicodexastes los más delos compañeros muertosvosotros venís heridoshuídosdestrozados yhambrientos. Mejor sería que con nuestras mujeres fuésedes [a] amasar panquevosotros no sois más de para comer».

Mucho sentía Ojeda estas palabras y sentía claro que salían deXicotencatl. No osabapor la nescesidad en que los españoles estabanresponder como quisieraantescomo cuerdo e como quien ya sabía la lenguarespondía templadamentediciendo: «No os maravilléis que vengamos asípuessabéis que la fortuna se muda y conoscéis a los mexicanosque son muchos ytraidorese antes habíades de tener por honra y gloria vuestra quepues osdistes por nuestros amigos vengamos a favorescernos de vosotrosque soiscaballeros y valientesy los tales ni suelen ni deben decir palabras afrentosasa los afligidos y que vienen a vuestra casa a favorescerse de vosotros.»

Con estas e otras palabras que respondía Ojedalos hacía callar y sacabalo que quería. Dixo a Cortés lo que pasabay como todo nascía del odio queXicotencatl tenía a los cristianosCortés que a sus oídos le había oídodecir semejantes cosasaunque las cocía bien su pecho y le llegaban a lasentrañasdixo a Ojeda: «No se os dé nadaque estamos en tiempo de sufrir ydesimular cosas hasta su tiempo; yo os prometo que si vivoque él me lo paguetodo juntode manera que nunca más hable»y porque no subcediese algunadesgraciarebelándose la parte de Xicotencatl y no le tomasen descuidadoporlos que estaban sanos y buenos repartió las velasde manera que ni de día nide noche dexaban de velar. Tuvo esta diligencia y cuidado todos los más díasque en Taxcala estuvoque fueron cincuentaaunque Magiscacínsu verdaderoamigole decía que siendo él vivo no podía ser parte Xicotencatl paraofenderle. Cortésno mostrando que por Xicotencatl lo hacíale respondióque la gente española doquiera que estaba se velabaasí para excusarinconvenientes y daños que los hombres dormidos no pueden evitarcomo paraestar exercitados y acostumbrados a que no les hiciesen de mal cuando menesterfuese. Paresciéronle muy bien a Magiscacín estas razonese replicó:«Háceslo cuerdamente y no sin causa; siendo tan pocoshabéis salido contantas victorias contra tantos.»

En el entretanto que estas cosas pasabancomo Cortés había siempre peleadoestando herido y no había tenido lugar de curarse la cabezacomenzósele a pasmary los enojosque ayudabanpusiéronle en tan grandepeligro e riesgoque el cirujano y los otros médicos le desahuciaronafirmando que no podía vivir. Sacáronle muchos huesosy él sintiéndosemortalno le pesaba tanto de morircuanto del gran desmán que habían devenir a los negocios que en su pecho trataba. Estuvieron con su enfermedad muytristres e afligidos sus compañeros; suplicaban con gran calor a Dios le diesesalud y que no los dexase huérfanos de tal caudillocuyo valor tenían entanto que sin él les parescía que no podían acertar en cosa. Quiso Dios quesacados los huesoscomenzó a tener mejoría e ir convalesciendoaunque de lamano no había acabado de sanarpor tener dentro el pedernal de una flecha.

Ahora digamos las demás cosas que en el entretanto que Cortés sanabaenesta ciudad subcedieron.



 

 

Capítulo IV

Del descontento que los españoles teníany de cómorequirieron a Cortés se fuesey de lo que él les respondió.

Muy descontentos estaban los más de los compañeros de Cortésasí por loque los indios de la parcialidad de Xicotencatl les decíancomo porquedeseaban verse la vuelta de la mar para tornarse a Cubahostigados yescarmentados de los muchos y grandes trabajos que habían padescido y de losque padescían. Nunca se juntaban de diez en diez e de veinte en veinte y demás o menos númeroque no dixesen: «¿Qué piensa Cortés hacer de nosotros?¿Quiere por ventura acabar estos pocos que quedamos? ¿Qué le hemos merescido?Dice que nos quiere mucho y quiébranos la cabeza. Estamos heridosdestrozadoscansadoshambrientossin sangre ni fuerzasflacosen tierra de enemigospocos nosotros y ellos infinitosnosotros en tierra ajenaellas en la suya;dícennos mill afrentasy si por Magiscacín no fuerano quedara hombre denosotrose al fin es indio como ellosinfielajeno de nuestras leyes ycostumbresfácilmente mudará parescer; moriremos todos mala muerte. ¿Quépensamoso qué hacemosque nos vemos ir a fondo y callamos? ¿No veis cuáninsaciable es la cobdicia deste hombrede procurar honra y mandoque estandocomo está tan a la muerteanda dando trazas cómo volver a México y meternosen otra pelaza como la pasadadonde acabemos? Quien tiene en tan poco su vidaved en qué tendrá la nuestra. Si no somos nesciosvolvamos por nosotrosqueél no mira que faltan hombresarmasartillería y caballosque hacen laguerray más en esta tierra que en otraylo que es principalno le sobrala comidaporque cada día la tenemos menos; los indios se cansan de darla yotros no quierenpor lo mucho que a causa de Xicotencatl nos aborrescen; e siel exército de mexicanos viene sobre nosotrosfácilmentecomo éstostambién son indios e mudablesse aliarán y concertarán y nos entregaránvivos para que nos sacrifiquen; desimulan ahora con nosotrospara hacercarnicería cuando más seguros estemosy así han dicho muchos dellos que nosengordan para después comernos. No es menester que aguardemos a este tiempo;miremos por nosotrose juntándonosen nombre de todos y de parte del Reylehagamos un requerimiento para quesin poner excusa ni dilaciónsalgaluegodesta ciudad y se vaya a la Veracruz antes que los enemigos tomen los caminosatajen los puertosalcen las vituallas y nos quedemos aislados e vendidosprotestándole todas las muertes y daños e menoscabos que nos puedan venir.»

Concertados todoso los másde hacer este requerimientoaunque huboalgunos (aunque pocos) de contrario parescerjuntos los principales dellos conel Escribanole hicieron el requerimiento que se sigue:

«Muy magnífico señor: Los Capitanes y soldados de este exército de quevuestra Merced es Generalparescemos ante vuestra Merced y decimos que ya avuestra Merced le es notorio las muertesdaños y pérdidas que habemos tenidoasí estando en la ciudad de Méxicode donde ahora venimoscomo al tiempo quedella salimose después de salidosen todo el camino hasta llegar a estaciudad donde al presente estamos; y como la mayor parte de la gente delexército es muertajuntamente con los caballose toda la artillería perdiday las municiones gastadas e acabadase que para proseguir la guerra y conquistacomenzaba nos falta todoy demás destoen esta ciudaddondeal parescersenos ha hecho buen acogimiento y mostrado buena voluntadtenemos entendidoyaun es ciertoque nos quieren asegurar e descuidar con fingidas palabras eobrase cuando menos lo pensáremosdar sobre nosotros e acabarnoscomo hancomenzado y tenemos por la experiencia vistoporque no es de creer ni se debetener por cierto que estos indios nos guarden fee ni palabiani vayan contrasus mismos naturales y vecinos en nuestra defensaantes se debe entender quelas enemistades y guerras que entre ellos ha habido se han de volver enamistades y pacespara quehaciéndose un cuerposean más poderosos contranosotros y nos destruyan y acaben; de todo lo cual habemos visto y entendidoprincipios y ruines señales en los principales desta ciudadcomo ya a vuestraMerced le constará e habrá entendido; y demás desto vemos que vuestra Mercedque es nuestra cabeza y Generalestá mal herido y que los cirujanos que lecuran han dicho que la herida es peligrosa e que temen poder escapar della; todolo cualsi vuestra Merced bien lo quiere mirar y examinarson bastantes causase razones para que salgamos luego desta ciudad y no esperemos a peores términosde los que al presente los negocios tienen; e que porque tenemos noticia quevuestra Merced pretende y quiereno advirtiendo bien en las urgentes ybastantes causas que hay para que esta conquista cesellevarla adelante yproseguir la guerralo quesi así fuesesería nuestra fin e totaldestruición; por lo dicho e otras cosas que dexamos: Por tantoa vuestraMerced pedimos y suplicamos y si es nescesariotodas las veces que de derechosomos obligadosrequerimos que luego salga desta dicha ciudad con todo suexército e vaya a la Veracruzpara que allí se determine lo que más alservicio de Dios y de Su Majestad convengay en esto no ponga vuestra Merceddilaciónporque nos podría causar mucho dañocerrando los caminos losenemigos e alzando los bastimentos y dándonos cruel guerrade suerte que noseamos después parte para defendernos y salir desta tierra; que si así fuesesería mayor daño que dexar la guerra en el estado en que está; e de como asílo pedimos y requerimosvosel presente Escribanonos lo dad por testimonioe protestamos contra vuestra Merced y sus bienes todos los dañosmuertes ymenoscabos que de no hacerlo así se nos recrescieren; e a los presentes rogamosque dello nos sean testigose de como así lo pedimosrequerimos yprotestamosy para elloetc.»



 

 

Capítulo V

De lo que Cortés respondió y del razonamiento que les hizo.

Cortésoído este razonamientoaunque entendió que los menos y de menossuerte y arte eran los que se le hacíandeseosos de volver a Cubao de querermás servir a otros que pelearcomo si todos fueran de aquel parescerhonrándolos en su repuestales hizo esta plática:

«Señores y amigos míoscuyo maravilloso y singular esfuerzo en tantostrances y peligros tengo conoscido: Es tanto el amor y voluntad que os tengopor las muchas y muy buenas obras que de vosotros he rescebidoque so pena deser muy ingratoestaba obligado a hacerno solamente lo que tantos me rogáisy mandáispero lo que cualquiera de vosotros me dixeree si esto es así onovosotros lo sabéisa quien ninguna cosa he negado que yo pudiese e osestuviese bien; pero como ésta que me pedís deshace y escurece la gloria ehonra que en tanto tiempo y con tantos trabajos habéis adqueridosi osparescepor las causas que luego diré respondiendo a las vuestrasno convieneque os la conceda. Decís que estáis pobresdestrozadoscansadosheridossin armassin caballossin artilleríaen tierra de enemigose que confacilidadpara acabarosse podrán concertar con los mexicanose que nosvamos a la Veracruz para que desde allí nos volvamos a Cuba. Si bien lomiráisno son éstas causas ni razones de pechos e corazones españolesqueni por trabajos jamás se cansaronni por muertes ni pérdidas se acobardaron.Vosotros sois los mismos que ayer éradesy no sé por qué boca habéis dichopalabras tan contra vuestra autoridad. Ya los más estáis sanosgordos y biensustentados; ningunoloores a Diosha muerto; hemos hallado aquí cincuenta osesenta españoles; llamando a los de la Veracruz y los que están en Almeríaseremos muchos más de los que éramos cuando por aquí pasamos abriendo el caminoa pura fuerza de armas: la munición no ha faltado todaque con la que hay nospodemos entretener en el entretranto que yo doy en orden en hacer pólvoracuanto más que a la fama de lo que habéis hechocada día vendrán españolescon armas y caballos; ni hay por qué temer porque Xicotencatl no nos sea amigoni que los tlaxcaltecas se confederarán con los mexicanos: lo uno porque si loshubieran de hacer no aguardaran a que sanáramosque en sus casas y en suscamas que nos dieron nos pudieron haber muerto; es muy grande y muy antiguo elodio que tienen a mexicanos; lo otroporque Magiscacína quien sigue toda laSeñoría de Taxcalaes tan de nuestra bandaque primero morirá que consientatan gran maldad. Siempreseñoresestando sin guerrala deseastesy estandoen ello os mostrastes ardidos y bellicosos. Hacer lo contrario (que es lo que mepedís) es no responder a quien soisperder el nombre de españolesescurescerlo hechoperder lo ganado cortar el hilo a la tela comenzada. Si nos vamos deaquí¿do podemos ir que no sea en figura de fugitivos? Los tlaxcaltecas nosmenospresciaránperseguirnos han los mexicanosque dondequiera tienen susguarnicionesy los cempoaleses y totonaques¿qué honra nos pueden hacer másde la que a medrososvendidos y fugitivos? Doquiera que desta manera vamosseremos afrentadosiremos corridos de nosotros proprioslos árboles y matasnos parescerán que son enemigos; ¿Quépues pensáisseñoresque esvuestro designio?¿Dónde teníades vuestro valor y esfuerzoque venistes apedir cosa tan afrentosatan dañosatan contra vuestra autoridad? Pesadpesad primero los negocios e primero que los propongáislos rumiad y miraldosbienque más quisiera la muerteque delante de otra nasción me hubiéradeshecho este requirimiento. Esforzáos y animáosque todo nos sobrarácobraremos a Méxicoseremos señores e si la fortuna nos quisiere en todo seradversamás vale que muramos peleandoque no acabemos huyendocuanto másque yo sé de los tlaxcaltecas que quieren más ser vuestros esclavos que amigosde mexicanos. E porque más os certifiquéis de que tenemos en ellos lasespaldas segurasyo los quiero probar contra los de Tepeacaque los díaspasados mataron dos españolese si no los halláremos amigosyo buscaréhonrosa ocasión cómo salgamos de aquí y nos vamos a la Veracruz; e porqueveáis que en todo deseo daros contentolos que no quisierdes atender a estaprueba (que creo que si querréis) yo os inviaré a la Veracruz; pero mirá queos acordéis que en pocas o ningunas cosas de las que os he dicho he salidomentiroso.»

Pudieron tanto estas palabrastuvieron tanta fuerza e autoridadque todoslos que habían sido en el requerimientomuy alegres y contentos mudaronparescer y prometieron de nunca dexalley fue la causasegún se puedeentenderel prometerles Cortés que en la guerra de Tepeaca harían lo quequisiesen; pero la más cierta es ser condisción del español nunca dexar de ira la guerra que se ofresceporque hacer lo contrario lo tiene por afrenta ymenoscabo.



 

 

Capítulo VI

Cómo los mexicanos inviaron sus embaxadores a lostlaxcaltecasprometiéndoles perpectua amistad si mataban a los españoles.

Pasados algunos díasen que los mexicanos se ocuparon en rehacer sus casascubrir las puentesproveer la ciudady los que de fuera habían venido sevolvieron a sus tierrashechos ya sus sacrificios y dadas las gracias a susdiosespor la matanza que en los españoles habían hechocomo supieron quelos tlaxcaltecas habían salido a rescebir a Cortés y a los demás que con élhabían quedadorecelándose dél no se rehiciese y los tlaxcaltecas leayudasenentrando los principales señores del imperio mexicano en su consejodespués de mucha y larga altercaciónpara asegurar sus negocios e que lostlaxcaltecas con ayuda de los españoles no tomasen más brío ni alasni loscristianos cobrasen coraje para vengarsedeterminaron de inviar de los másprincipales y sabios en el razonar seis embaxadores con presentes de las cosasde que más los tlaxcaltecas carescíanque eran salmantas ricasplumajes eotras cosas con quesi no fueran tan valerososfácilmente los pudieranpersuadir.

Caminaron los embaxadores bien instructose informados de lo que habían dedecir e hacer al dar de los presentes. Llegaron a Taxcalainviaron delantealgunos de sus criados con señales de paz e que venían embaxadores mexicanoslos cuales entradosla Señoría de Taxcala los salió a rescebir al templomayordonde con algunos caballeros los aguardaro