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Costas y montañas

Amós de Escalante


SENTIRpensar y saberson los tres orígenes de un libro; o brota delcorazóno nace del entendimientoo se engendra en la memorialenta y sagazordenadora del caudal adquirido. Hijo del sentimientoel libro habla aimaginaciones adolescentes o femeninas; no les sugiere textos ni citaspero laspenetrafiltra en ellas y tiñeinforma o modela cuanto en ellas se elabora:hijo del discursohabla a la razón madura y sosegadala fortalece o la enervala despierta o la aletargaexcita la contradicciónenciende la controversiarobustece ideas flojas o hace enflaquecer las más arraigadas: hijo de acendradacienciaalimenta el espírituaclara los ojosdespeja y dilata los horizontesantiguosabre otros nuevosafirma el paso para recorrerlos y registrarlos.

Facultades todas tres de un espíritu único y cabalformas de una solasubstanciamanifestaciones de una misma esenciasensibilidadentendimiento ymemoria no andan tan desviadas entre síni obran con tan perfecta exclusión eindependenciaque en el ejercicio de cualquiera de ellas deje de clarearse ytranscender la acción propicia y auxiliadora de las otras sus hermanas. Peto encasos nace el libro para hablar al ánimo de compleja y varia muchedumbre:necesita tentar las modulaciones diversas de la fibra humanaespiar susmomentosdar a la vez pasto a la razón indagadora y fría; satisfacer elapetitotan parecido a la avariciadel curioso de toda erudicióny nodesengañar a ninguno de tantos corazones como buscan más ancha vida en la deotros corazonesno contentos con la porción y medida que les cupo en suerteyllene ocasión la inteligencia de no dejar en huelga medio alguno más deconcertar su empleo con la frecuenciael pulso y la extensión posibles.

De estos asuntos vastos que piden al escritor su alma enteraque así letoman sus largas meditaciones en horas de recogimiento o en horas de hastíocomo la cosecha mal cribada y hecha penosamente en los secos papeles de labibliotecacomo sus latidos íntimos y sus imaginarios vuelos por el libre ydiáfano ambiente de la fantasíaes la descripción de una comarca.

No queda descrita una comarca cuando se han recopilado laboriosamente lasefemérides y aspectos de su suelosus fastos y memoriaslos acontecimientosde su historiasus apariencias y eclipses en las evoluciones famosas de lasociedad o del mundolos nombres de sus hijos clarosla serie de suspadecimientos y sus triunfos; centón acumulado por la erudición y la pacienciafiliación a lo sumopero no retrato. El retratopara serlo acabadoha dehablar a quien lo mirano con la excusada voz de su garganta muda; con la vozno menos clara y expresivamás sincerapor ciertode sus facciones y sugesto; con la voz de sus canas que proclaman su edadcon la de su tez quedenuncia la profesión o la razacon la de su frente despoblada que cuenta losestudios o los extravíoscon la de sus ojos que declaran acaso lo que el almacallaacaso lo que el alma dicepero sin acasoy con plena certidumbreloque el alma sientelo que el alma buscalo que el alma puede. Y retrato ha deser la descripción de una comarca para que ocurra a las curiosidades diversasopuestas a veces y enemigasque han de pedirle satisfacción unasy otrasespuela.

El trozo de paisaje más limitado y brevepáramo o selvadesierto omarina¡cuánto pide para ser descrito con limpieza y aciertocon el toquevigoroso y sobrio que ha de reproducirlo a los ojos del leyentetal cual lorecogió la impresión misma del observadorimpresión de amenidad o de terrorde frescura o de aridezde gracia o de compasión! Y toda condición de ingenioes inútily toda habilidad ociosasi la pintura no conserva el quid humanomisteriosoinvisible e indescifrablealma de la naturalezasin el cual lanaturaleza no viveno refleja en la menteni suena en el corazón. Porque elhechizo del paisajemies o breñapoblado o ruinaestá en la criatura humanaausente o presentela que lo viviólo vive o lo viviráresucitada por elrecuerdodescrita por la observación actualevocada en los limbos delporvenir por la lógica de la comparación o los ardores del deseo. Visión queimaginada o positivaocupa el yermo y la industrial colmenael claustro y lacampiña labradora.

Tanto el asceta a quien la soledad confortacomo el peregrino a quien lasoledad amedrentahallan a su semejante en ellapara perdonarle o paratemerle. No tuviera la soledad halago si no fuera espejo a la contemplación delalma que en ella mira reflejarseclaros y distintosvirtudes y viciosajenosy propiosno tuviera medicinasi no fuera cálido ambiente que bebe y seca elvapor del llanto humano; no tuviera podersi no fuera vasto océano donde elpensamiento se sumerge y hallapara bien o para maljugos que lo nutrenloesfuerzan y lo vigorizan. Sus misterioshorroresarmonías y grandezaslo sono dejan de serlocobran valor o lo pierden en proporción de la parte que elespíritu del observador toma o deja en el universal concierto de las gentes.Por eso la solicitan aquellos cuyo pecho tiene más estrecha y necesariacomunicación con la humanidadsea para amarla o sea para maldecirla; paraacecharla o huir de ella; para acariciarla o herirla; penitentes o misántroposfilósofos o poetasenamorados o bandoleros.

Cuandopor otra parteel libro no tuvo precursorni halla el arrimo ysombra de ascendientes ni contemporáneos; cuando todo es materia primera y rudafalta de rudimentaria preparación y labra inicial en las manos que lo aderezany componen; cuando la historia política yace entrañada y obscura en ciertascartas de fuerode donación o de privilegioen tratados de paz y de alianzade navegación y comercio con aledaños o extranjeros; pergaminos yertostextoescueto y desnudoaún virgen de refinada crítica y maduro fallo; cuando lasocial se esconde en escrituras de fundaciones píasen cláusulas detestamentosen perdurables litigios que guardan los archivos de las familiasrico e inexplorado tesoroauténtico padrón de usos públicos y costumbresprivadas: cuando la artística no pasa de alguna piedra funeral o votivadelmonumento anónimodel indicio evidentepero no bastante y discutible de losapellidos; cuando la militar se pierde en las empresas colectivas de la banderamadredonde no es posible seguir aquella vena generosa de sangre intrépidaque arrancando hinchada y llena del solar montañéscorre a verterse aborbollón o gota a gota en mar y en tierrapor todos los campos de peleaenflaquecida a intervalospero inexhaustarepuesta y constanteamasando eleterno pedestal de la gloria española y dejando su caudal precioso sumidoolvidado en la fábrica a cuya edificación sirve y cuya firmeza aseguraentonces la suma de tiempode trabajode fatigade meditación y de lecturaexcede a cuantoconcentrando su tibieza y agotando su esfuerzopuede emplearuna inteligencia flacainconsistente y movediza.

Condiciones son éstas que atañen esencialmente al fondo y substancia de laobra; tiénelas además su formay no menos tiranasno menos absolutasnomenos difíciles de guardar y ser cumplidamente atendidas.

Es la literatura contemporánea esencialmente críticacarácter de suíndole decadente; su inspiración adolece de parasitismonace de otrainspiración predecesora y madrede la cual toma substancia e impulso; es unasegunda generación artística que no parte inmediata y originalmente de lanaturalezasino que tiene cuna intermedia en otra creación del arteencarnacióninterpretación primera de la causa inspiradora.

No por eso tiene límites su esfera ni deja de ofrecer ocasión y espacio ala acción sublime y desahogada del más generoso numen. Una de sus mejorespalmas y coronas será siempre la de no envolverse en austeridades misteriosassino de comunicar con todo lo circumambiente; la de no aspirar a lo altovisión augustaconcentradapersonal y esquivasino radiar a la vez en tornoexpansivahumana y fácil. Y como la eficacia del sentimiento es más certera yalcanza a mayor número que la de la razónda al sentimiento mayor lugar yhace de él más frecuente y absoluto empleo.

No fué todo espontaneidad en esta laudable alteración del gusto y la manera.Trájola consigo el creciente imperio de la mujer en la sociedad contemporáneaImperio quecomo toda dominación nacida de causas legítimas y necesariashace surgir en torno suyo y se apropia cuanto conviene a su consolidación y asu prestigio. La literatura contemporánea piensa continuamentey con frutopuesto que coba usurario precio de su cuidadoen la mujer y en el niño. Cuantomás se ocupe de la inteligencia de aquéllamenos habrá de trabajar para ladel segundo; a través de la inteligencia maternavivífico medio que fundetodo hieloquebranta toda roca e ilumina toda tiniebla se nutre más rica yprovechosamente la inteligencia infantil; y sabido es quesi algo no olvida elhombre en su vidaes lo que aprendió de una mujermadre o hermana; oracionesy cuentos.

En obsequio a la inteligencia femeninaviva pero inquieta; penetrante peromudable; rápida pero ardorosa y vagala ciencia ruda viste galano estilo;escribe libros especiales; la trae a fijarse en las fórmulas abstractas de lagravitaciónenvolviéndoselas en la exposición sonora de la armoníauniversaltan grata a su pechoesencialmente resonanteayudándose de tresagentes irresistiblesluzdistancia y misterio; la impone en las recónditaslabores de la atracción moleculardisfrazándoselas en el cuento de laformación y génesis de la piedra preciosatan seductora a sus ojosfácilmente pagados siempre de cuanto fulguraescasea y vale. Y obediente acausa igual la elocuenciahace sitio al período altisonantemelodioso y vagocierta de que es hacedero y fácil llegar del oído al corazón y estremecerle oseducirle sin pasar por la alquitara escrupulosa del cerebro; y la cienciahistóricacorregida de su solemne y seco aparatobusca al héroe fuera de laocasión excelsa de su gloriay sin menguárselalo humaniza y pone en puntode ser accesible al juicio y residencia de los demás humanos.

Este modo literariofeminizadoameno y vario que procura ante todo elagrado de la formarige hoy con ley absolutala cual no es posible eludir odesobedecer pena de muerte; eso es de completo desdén y olvido. Ni fué decorto provecho a la porción viril de nuestra raza esa ingerencia del feminismoen el arte; propendia a facilitar los estudiosa amansar sus asperezas yrigoresa compensar en tiempo la inconsistenciaa sustituir con amenidadligereza y graciala profundidad y la solidez; era camino que sonreía yllamabay por él siguieron y sigueny seguirán con preferencia y deleiteelnúmero mayor de los varones leyentessi con beneficio o daño de la generalsabiduría no es aquí lugar de establecerlo ni demostrarlo; baste apuntar que ano tener semejante camino muchos no siguieran el otro lijoso y ásperoaccesible únicamente al duro pie y al ancho pecho de los fervorosos y tenaces.

Uno de los elementos más eficacesel más poderoso acasoy de uso másarriesgado con que la novedad cuentaes la aparición más o menos repetidamás o menos continuada de la persona del autor. La mujerser imaginativo ysensiblepropende al dramaa la accióna la manifestación del carácter enpresencia de los sucesos y circunstancias de la vidagusta de mezclar el libroy el teatro; a la narración impersonalpor viva y rápida y pintoresca que seaprefiere la narración entrecortada por diálogos. Era el sistema que regla laprimitiva escena; es el que domina en la augusta cátedra de verdadcuando elorador alterna su grave y solemne relato del Evangelio con el sagrado comento yaplicación de su doctrina a la práctica y a las inclinaciones del almacon lamelodía musicalimpalpables alas del espíritusobre las que sube a mecerseen regiones soberanas y purascuya mística hermosura no cabe en palabrasnien humana vozni en mortales conceptos.

Sea ahora la necesidad excusa de tan difuso e informe relato. Yaquien meconozca y se aventure a seguir leyendosabe que no hallará satisfechas lasjustas exigencias de su gusto y su literatura.

Inútil fuera pretender a tanto; inútil esperar más completa sazón detiempo y estudio; inútil imaginar que pudieran llegar mejores días. Tienelímites la inteligencia que no se intenta exceder sin riesgoy convieneaprovechar las horascontadas acasoacaso postrerasen que el corazón lateapasionado y caliente todavía.

Hay días en que la intensidad del cariño al suelo natal crece y se ensanchaen punto que parece superior a todas las facultades sensibles del alma. Sondías clarosen sus horas de la mañanacuando la ausenciasino os haentibiado el almaos ha gastado sus fuegos mejores en tantos y tan varios y tandesordenados afectosque la imagen de la patria os aparece ya transfigurada ysublime como visión incorpórea y celestea la cual ni llegani es de valorni de servicio este amor terrenoeficazprofundodesasosegadortiranoquese siente en la sangreque se siente en el cerebroque serpea en las venaspalpita en el corazónarde en las entrañasciega los ojosarma la manodescamina el pieborra el precio de la vidapone en la lengua la injuria yespanta del ánimo la compasión. Amáis a la patria como a Diosno como avuestra madre.

En un día de esosen esas horas estivasalto el solinundada de luz lariberapoblado de sonidos el airerisueña la campiñamás risueña la aldeallegáis a la tierraque mana ambiente de viday en él os envuelve y con élos embriaga y os enajeno; entonces al culto soberano sucede el soberano amor;entonces halláis de nuevo a vuestra madrey la pasión terriblebravaconque a la madre se adora.

Entonces os pesacomo jamás os hubo pesadode su postración y decadencia;entonces os duele verla desconocida y desdeñada; entonces antes con los ojosque con la vozrespondéis al extraño que os interrogay en una miradaenuna frasecompendiáis cuantos merecimientosen humanos juiciosson causa deencomio o nombradía para gentes y regiones. Entonces quisierais ser el caudalque desempobrece los estadosla voluntad que los levanta y robustecelainteligencia que los ilustrael ingenio que los glorificael poder que loshace señores y temidosy hasta el rayo de sol que fecundala tierrasanea elaire y embellece el suelo.

En este sentimiento de la patria no caben tibiezamoderación ni templanza;es superior a toda supersticiónmás intenso y permanente que todo egoísmo;ingénita y primera religión del hombredomina fesupersticiones y creencias;no hay cristianoel más ascético y humildeque piense que esa virtud sublimede la humildaddel desprendimientoobligacon respecto a la patria; y elpobre de espírituel místicoel apartado de toda grandeza humanadesea parala patriay lo desea vivamentegloriapoderfamariquezay lo desea conmayor sinceridad y vehemencia que el mundano envuelto en las inquietudes de sutiempohecho a usar de ellas y trabajarlas en su propio medroy al desearlo nocura de que al volver de la hoja donde quedan escritas las prosperidades yglorias del fuerte y del victoriosoescribe la mano justicieraruinaslágrimasdoloresdel flaco y del vencido.

En tales díasen hora tal nacida la idea de este librono era posibleabandonarla. Lo posible era renunciar al libro concebido en los desvanecimientoslegítimos de la ilusión primera. Lo posible pensar que la Providencia mide elpeso a las fuerzases próvidanos manda aceptar con ánimo sereno la propiasuertey que la codicia de ajenos bienes tanto empequeñece y daña en laesfera del pensamientocomo en la de los tesoros materiales. Lo posibleapartarse con fortaleza de estériles ambicionesy labrar el propio surco amedida del propio saber y de las propias fuerzas.

Correr la tierra corro la corrieron tantas veces hidalgos y aventurerosaunque en son más pacífico y recatado; llamar con el cuento del bordóncomoellos con el cuento de la lanzaa la puerta del solarde la ermita o delmonasterio; atento a la voz de la sangrea la de la amistady de lasobligaciones antiguas; seguro en la fedócil al ejemplo de mis padres:entretener el tiempodistraer o aliviar el cansancio de la jornada en coloquiosinternos con la pasión reina del albedrío; pasión en ellos amorosa ovengativade enojo o de soberbiapasión en mi de entrañable afecto a latierra que voy pisandoy cuyas bellezas y calidades apunto y celebro a medidaque la propia tierra me las hace patentes y conocidas. Echar mi apellido no parahomicidas empresas ni cruentas obrassino para satisfacer la deuda sagrada queal nacer contrajo todo hombre con el suelo que le dió cunala de emplear en suservicio la mejor porción de su inteligencia. Echar mi apellidono porqueblasone de caudilloque en el atropello de la espolonada no sigue la hueste almás jerárquico y dignosino al más audaz y delanteromás para que algunode cuantos en filas preferentes obedecen al estandarte generoso de las letrasoiga el gritosiga la vozlogre el laurel de la definitiva victoria. Eso hicesustituyendo el trabajo lentoordenado y grave de componer un libro.

Y al correr la tierrael pueblo montañés abriéndome sus templosnombrándome sus vegas y sus cumbrestrayéndome a memoria cuantos de élescribierono le favorecieron o le maltratarondejándome oir su palabraestridente o dulcecautelosa o francairá en pedazos contándome su historia.

Pueblo que enclava su nombre en la fúlgida historia del gigante puebloromanocomo se clava el tábano a la fosca melena y horada la piel del león ylo desasosiega y postra su majestadatarazando su gloria con aquel únicoepíteto de no vencidotrayendo perpetuamente sobre el sol de su perenne yuniversal victoria el pardo y trémulo celaje de su misteriosa destrucción ymuerte.

Cuando luego retoñacomo el heno segadomás vivaz y más espesoya sevislumbran apenas hacia oriente y mediodía los agonizantes destellos de laestrella latina y los ojos del universo son llamados a la vastalóbregadensay desconocida nube que viene del Nortey así puede traer en sus entrañas lalluvia que fecunda como la tempestad que asola; así la ráfaga que limpia ysaneacomo la centella que abrasa y postra.

El mar le trae entonces nuevos enemigos; el marenemigo original suyoquele ciñe y hostiga con su fragor y su espantocon sus olas y su extensiónignoradasin límitessin fondosin sosiego; el marque imprime su terror ysu misterio a cuanto con él se compadece y relacionaal ser que le habitaala nave que le surcaal meteoro que le inflama. Contra aquellos enemigosdefiendeno siempre con ventajahogar e hijostierras y mazorcas: lodesconocido de su origen y su caminolo extraordinario de su valor y de suaudacialo nuevo de su rostrode sus armasde su arreohablan más recio asu generoso espíritu que las fogosas iras marciales o la emulación envidiosade la venganzay lo conserva en su memorialo transformalo reproduce en sufantasíalo pinta en sus narracioneslo transmite a su descendenciaen lacual será gloriosa porfía la de afirmar su estirpe tanto entre los patriospaladines como entre los invasores extranjeros.

Porque el culto de los mayoresla devoción a lo pasadoel respeto profundoa la estirpefué añeja calidad de nuestra gente. Mostráronlo temprano;conserváronlo siempre y honráronse de ser archivo de la edad primera delrenacimiento histórico de la patria.

De ellos venía aquel buen Iñigo López de Mendozamarqués de Santillanaque decía que «era peregrino o nuevo entre españoles el linaje que en lamontaña no tenía solar conocido». Y decía bienporque en la montaña lucencomo en heráldico museoarmiños de los Guzmanescalderas de las Larastandade los Mendozaspanelas de los Guevarasmote angélico de los Vegasroeles delos Castrosveros de los Velascos; texto original y primitivo de los analespatriosúnica letra viva durante siglos para el pueblo que de otras letras nosabía; cifra elocuente y compendiosa de determinados tiemposde determinadasleyesde determinadas creenciasde determinados vínculos sociales; no lisonjaexclusiva de la soberbiani ostentación vacía de la vanidad y pábulo de laignorancia; prenda de viriles servicios y viriles recompensas; voz figurada delos muertos que hablaba perennemente a los vivos de lealtadde valorde olvidode sí mismode necesario y nunca regateado sacrificio; corona de merecimientoscuyo pagopara ser cumplido y dejar al deudor satisfechohabía de extendersemás allá de la vida del que los granjeaba y extenderse a sus hijos ydescendencia. ¡Grandeza inmensa de alma pensar que de señaladas acciones elpago no era bastante si no alcanzaba a los hijos; y dar la vida y solicitar lamuerteno por propia ambiciónsino para blasón de la raza!

Pueblo paciente y constanteque allí donde los efluvios tropicales enervanla fibra criolla o el ardor meridional adelgaza y consume la escondida virtud dela perseverancia humildetrocándola en suelta y ostensible viveza de ingenioallí está probando su virtud nativavueltos los ojos del alma acaso hacia lapatriapero sin dejarse morder por el venenoso diente de la nostalgiapacientey previsorsobrio y ahorradointeligente y cauto. La esfera de aplicación ode ejercicio de la actividad humana se muda con los tiempos; pero tanto cuandoel trabajo la fecunda como cuando las armas la ensangrientansirve de campo debatalla al trabajo y a las armasaquella tierra cuyas gentes carecen depaciencia y brío suficientes para vedarla a extrañospara convertir engrandeza y beneficio propios las condiciones íntimas o externas de su nativosuelo.

Ya que nos tocó nacer en días de postrición y de tristeza hagámonosfuertes contra el desaliento; para el animoso no hay camino completamenteexhausto de merecimientos; los encuentra el buen soldadoen retiradasenderrotasen catástrofes supremas de su desbaratada hueste; la resignación noha de ser flaquezasino virtud; no ha de consistir en desesperarsino enresistir; no ha de dar paz a la manofiando en que sus bríos son estériles;no ha de aflojar el corazónporque sus alientos no serán premiados con palmasque ve y envidia en mano de más afortunados.

Si veis mi libro bien recibidoserá razón que os pruebe cuán dispuestoestá el ánimo de nuestros compatriotas a acoger lo que a nuestra patria serefiere; si le veis desdeñadoséaos estímulo a pretender con más vivo afánlo que él no alcanzó.

Castro-Urdiales

 

 

 

- I -

La villa.-La playa

 

Armasescudo y señal

 

castillopuente y Santa Ana

 

naveballena y mar llana

 

son de Castro la leal.

Por tan concisa maneraen cuatro versos puestos cabe un escudo en losestrados de su casa municipaldescribe la villa su blasónpinta su retratoyapunta varios indicios de su historia. Padeció guerraserigió altaresarmógalerasadiestró arponeros; fué militardevotamarineracomerciantey alos ojos de quienllegándose por mardescubre aquel extraño arco tendidoentre dos perlas coronadas de adarves la unade pórticos la otraelheráldico bosquejo conserva su parecido. Pusiéronla sus fundadores sobre lasrocas peladas que bate el mar: ¿era espía del aguacentinela de la tierrafortalezapuertoamenaza o refugio?

En su cóncavo seno ofrecía amparo a las naves la naturaleza contra las irasde la naturaleza misma; para ampararlas del hombrehubo el hombre de fundarmurallas. Castro las tiene desde muy antiguoy al ser ahora derribadasofrecentestimonios del segundo siglo de la Era Cristiana en monedas de Marco AurelioAntonino y su mujer Annia Faustinahalladas entre la argamasa de sus paredes.

Tomó la fortaleza nombre de la población que habla de defendersituada enparaje más bajo y accesibleabierto al enemigo aventureroa quien no podíadetener de cerca con la robustezni amedrentar de lejos con la traza soberbiade torres y baluartes.

Tres edades humanas están allí representadas en el cantil de la costadentro de una distancia de media legua: Urdialesla aldea primeraagrícola ypescadoraalimentada por la mar y el campotranquilapobre y estacionaria;Castrola villala sociedad armadaarmada por necesidad para defender loadquiridonutriendo su fuerza de la más pura sustancia de la aldeay por laposesión de la fuerza conducida al abuso de ellaa su castigoel receloconstante de los más fuertesy el constante desvío de los más débiles; y enfinla playala empresa de ayerla industria nuevaque por encanto establecemejoramodifica y crea; que a su vez mina la fortalezaecha por tierra susmurosy llama a sí y absorbe y emplea en provecho propio los elementos vitalesque a duras penas existían dentro del angosto recinto de piedra.

La letra de sus armas essin embargoa pesar de sus creces y mudanzaslamás excelente pintura que de su romántica fisonomía tendrá nunca la viejaFlaviobriga.

Tal la recordaba mi memoriavista una y otra vez desde la cubierta de unbuque en juveniles días; ahorallegando por tierray con ánimo de hacerposada en su recintoofrecíame Castro nueva fisonomíaen nada parecida a mirecuerdo: una torre gótica sin chapitel levantada al borde del agua; espesocaserío apretado como un enjambre en torno de ellay la ancha cinta de unacarretera que le añuda y corre a una y otra parte siguiendo hacia oriente yocaso los quebrados contornos de la costa.

El fondosin embargodel paisaje no variaba: mar y cielo eran los mismos;azulesprofundos; iguales colores tenía la tierraverdes claros o sombríosmanchados a trechos por las cenicientas peñas de la costa; iguales rumoresvolaban por el aireel ronco y vago gemido de la rompienteel son lejano delviento en las alturasy sus trémulos susurros entre las hojascon queremedaba su inquieto y agudo silbar entre la jarcia.

Nunca parecen monótonos los horizontes de la tierra nativa; nunca fatigan lamirada; sondéalos instintivamente el almay siempre halla en ellos algo queresponde a su sentimiento actualy según la índole de éstele halagaletempla o le gobierna; para ella su luz no palidece ni se enturbiasus términosse mudan con variedad infinita dentro del perfil que los dibujay blandamentearrastrada por el deleite contemplativoolvidase a veces de la vida que lospoblaracomo paisajista en cuyos lienzos no apareceo aparece consignificación escasala figura humana.

En cambioal llegarse adondequiera que permanecen vestigios de pobladocomoal trabar diálogo con una persona por su nombre sólo de antemano conocidadespiértase en el espíritu deseo ardiente de penetrar su vida enteray esteobjeto único absorbe y ocupa las facultades todas del entendimiento.

Guerreras son las memorias más cercanas a nosotros que resucita Castro:sitiadarendida y abrasada fué una de las heridas hechas a la patria españolapor el hierro y la tea francesesy durante la dolorosa guerra de siete añoscomo uno de tantos escollos de su marinaoía rodar alrededor suyo el fragor delas olas humanas que se chocaban enemigastocada muchas vecespor los tirosdel combatesin ser poderosa a hacerle cesaro desembarazarse de los tenacesguerrilleros que infestaban sus cercanías.

Todavía conservacomo soldado viejoreliquias del antiguo uniforme: mas yadesceñido su cíngulo militarde recelosa y ceñuda plaza de guerrahasetornado hospitalaria mansión abierta y franca a todo pasajero.

Iba declinando el sol cuando yo llegaba a hacer prueba personal de ello.

Sobre un ribazo a orillas de la carreteraofrécese al viajero la Quintadel Carmen; blancalucientede par en par abiertas sus verjas de hierrosíguense los curvos senderos enarenados de su jardínsúbese la escalinatadel alto peristiloy a pocas palabras cambiadas con un veterano comedido y secoque a leguas acusa marcial procedenciase encuentra el peregrino en un cuartitode limpio y modesto adornodonde suelta su mochilay se apresta a descansar enconsoladora compañíaabriendo sus ventanas a la fresca brisa del Nordesteque llama en ellas sacudiendo los cristales.

No hay sol canicular cuyo fuego no templen esas ráfagas consoladoras queorean la frentearrullan el oídoy parece que convidan al espíritu aseguirlas en su fantástico vuelocomo siguen los ojos el de una mariposaaexaminar la región que habitandonde tornan los aromas y el rocío en quebañan y perfuman sus alas.

Cede el viajero al cariñoso impulsoy desde los balcones de su alberguedescubre vasto paisaje marino. Se abre la costa en seno anchurosocuyo centroocupan la villa y su playa; corren al nordeste las quebrantadas tierrasvizcaínas; en su oscura mole clarean la entrada de la ría de Somorrostrolascasas de Algorta que cuelgan esparcidas en la pendienteo se agrupan al pie delorgulloso faro de la Galeay el arenal de Plencia somero del aguadilatándoseel promontorio hasta morir en cabo Villanocuyo espolón de piedra caído almarasoma aislado encima de las olas. Hacia el ocasose escalonan escuetospeñascos hasta los montes de Laredo y de Santoñaperdidos a tales horas en labruma de oro derramada en la atmósfera por la luz poniente del estíoyenfrente duerme tendida la inmensidad del Océanocuyo horizonte azul seconfunde con el azul purísimo del cielo.

De esta contemplación distraen voces humanas. Los huéspedes se cruzan enlas cercanías de la quintay sus diálogos y su pintoresco arreo recuerdan quela actual excelencia de la villa está en las olas que mojan sus términos.

Está la playa de baños en una entrada que hace la costa al saliente de lavillagráficamente nombrada Brazo-mardonde desagua un arroyo del mismoapellidoque baja del valle de Sámano. Es un arenal estrechoque limitanerizadas rocasy donde vienen a morir blanda y acompasadamente las olasrechazadas por la punta llamada de Cotolinoque se levanta en la opuesta margen.

Todo allí es miniaturafuera de la mar y el monte; todo menudotodoreducidopero todo proporcionado y armonioso a la villa corresponde la playaala playa las casetasa las casetas la concurrencia que las usa y llena.

Las diversas escalas del universo femenino veíanse representadas en losdiversos gruposcuyas breves faldasrojas y azulesblancas y negrasesmaltaban con crudos toques la descolorida arena. Largos rizos que despeinabael vientopupilas encendidas en el sol meridionaldamas de blasón y linajeyaventureras sin otras armas que las de su hermosuracon éxito lastimosoesgrimidasen provecho del diablo. Las playasgrandes o chicasafamadas omodestasson tablas en que aparecen a declamar su parte de la comedia humanaiguales tiposidénticos caracteres: una es la luz que los iluminauno elsalino ambiente que las oreauno el son que acompaña al drama; en todas serepiten decoración y numenen todas escenas y papeles. Salvos el númeroelrostroel habla y el vestidolas bañistas en Castro eran las que el viajeroencuentra en el Lido de Veneciay en el Biarritz de Gascuñaen la Caletagaditana y en el Sardinero santanderinoen Brighton y en Ostende. Allí estabala que con el cabo de su quitasol canaliza la arenay entre rectas y rasgosdibuja disimuladamente una cifra o una fechatan pronto borrada como concluida;la que vaga solitaria y grave con un libro entre las manosmás hojeado queleído; la olvidada de sí misma en la contemplación sublime del paisaje; laolvidada de paisaje y universo por un primor o un vicio de su traje o su peinado;la que mariscasaltando entre peñas y médanosexponiendo el sin rivalcalzado al filo de las rocasa la humedad de la resacay a la contemplación ycomento de émulas y apasionados; la que se embebece y suspira contemplando elvespertino centellear de Siriosiendo a su vez estrella en que se miran otrosojos apartados y temerosos.

Cruzábanse en el arenal o en las gradas del pabellón los que del aguasalían con los que bajaban al aguacambiando saludos y las acostumbradasfrases:

-¿Está buena?

-Deliciosa.

-¡Por largo lo ha tomado usted hoy!

-Da pena dejarlo.

Quien oyese este diálogo sin noción de la escenaun ciego por ejemploignorante del lugar donde se hallabano adivinaría fácilmente que el objetode tan tiernas palabras es el agua del mar.

Llegóse a la orilla un hombre de poblada barba y recio bustoy entrándosepor medio de los que sentados o en cuclillas estaban a mojo ásidos a unamaromao a las manos callosas del marinero que los asistíase arrojó sobrela espuma de una ola con el aire resuelto y tranquilo de los avezados a talesejercicios. Sumergióse luego para salvar la rompientey salvadanadó maradentro con brazo vigorosolevantándose sobre los anchos lomos de las olas quese sucedían. Único nadador en aquella horarompía la monotonía de laescenaynaturalmentese llevaba la atención de cuantos en la riberaestaban; y él de lleno entregado al placer del varonil ejercicio olvidado de latierraocupado únicamente del agua que le sosteníadel cielo que lecobijabaembebecido en las caricias y arrullos de las brisas que orcaban sufrentede la espuma que serpeaba trémula sobre sus hombrosen torno de surobusto cuellotrepaba a la cresta de las olaso se tendía inmóvil encima deellaso giraba moviendo anchos remolinos; o sacando con brío el brazo yalargándole delante de síhería con la palma abierta y tendida las aguasyel ruido seco del azote venía hasta la orillaalternando con el gemido de lasaguascomo alternandurante la peleacon el fragor de las armaslascalientes injurias que inspira el enojo y el ay involuntario que arrancan lasheridas.

Produce toda lucha cierta embriaguezmás ciegamás ardiente en elinferior cuando son desiguales los combatientes; embriaguez no de miedo aldolorde miedo de ser vencidoembriaguez que se experimentaaun cuando no seamortal el empeñoen toda porfíaen los juegos más corteses de armas y defuerzay que sin duda llega a su extremo de energía cuando contienden de unaparte el hombresu espíritu y su denuedoy de la otra una fiera de poderdesmesuradode instintos misteriososen cuya mansedumbre no cabe confianzacuya cólera no puede preverse y cuyo solo amago basta a destruirexterminar yhacer desaparecer al hombre en un soploen una chispaen un átomo indivisiblede tiempo.

Súbitamente oyóse retumbar una bocinacausando precipitado movimientoentre los familiares y servidores de las casetas. Dos marineros de edadprovectadescalzoscon sendas anclas bordadas en los anchos y desmayadoscuellos de sus camisas azulesparecieron en la playa; dando grandes voces pocointeligiblesmovían sus brazos a manera de aspas telegráficas. Eran lossalvavidashombres diputados por el municipio para vigilar imprudencias yprevenir desgracias. ¿Amagaba alguna? ¿A quién? No seguramente al nadadorque absorto en la inefable melancolía de la tardemás y más embebecido en suejerciciobogaba ya blanda y sosegadamente hacia tierra. Mas apenas afirmaba elpie en la arena entró a él uno de los salvavidasseñalado en el rostro conla misma falta que hicieron famosa Filipo de MacedoniaAníbal de Cartago ySertorio de Españay le denostó de temerario. Con igual calma que habíarecibido los rociones del marrecibió el bañista la reprensión del veteranoy sin encogerse de hombros siquierasalió del agua mudo y tranquilo comohabía entrado.

Ibase diciendo sin duda que el cauto marinero entendía de singular maneralas obligaciones de su profesión: las cualesen su conceptono consistíantanto en exponer la vida propia cuanto en evitar semejante contingenciaapartando con tiempo al prójimo del más remoto riesgo. No imaginaba que iba aser pasto de noveleros y desocupadosque horas después contarían las gentesque un señor forastero había estado a punto de ahogarsey que al amorde tan socorrida fábulay en los ánimos crédulos de muchoscrecería por elmomento la nombradía siniestra del marde sus abismos y perfidias.



 

 

- II -

La Barrera.-Santa Clara.-El teatro

Desde la playa al paseoal paraje oficial donde las gentes en hora señaladase encuentranse saludandeletrean recíprocamente sus trajes y su historiase reúnenconversanmurmuran o divagan.

Llámanle «La barrera»tal vez por la que cerraba una puerta del cercanomuroy tiende sus anchas alamedas entre los escombros de éste y el convento demonjas clarisas.

A un extremo se levanta el moderno teatro; en el otro funda la villa robustosmuelles que haciendo retroceder al mar dan lugar a fundaciones que extienden suárea y desahogan la población; por eso el mar irritado azota la fábrica yescupe su espuma al curioso que se llega a contemplarla; sacude los sillares ylos quebranta y muevemas no detiene la obra de la perseverancia humanaquedoblando lentamente las hiladasdomina poco a poco el nivel de su contrarioycamina a concentrar tal pesoa levantar tal mole que nunca sobre ellosprevalezcan las más recias tempestades.

De la muralla sólo queda una línea de escombros que señala el recinto. Elconventoreedificado como todos los de su orden en el paísprobablemente enel siglo XVIImuestra pobre y severa arquitecturasin otra gala que suextensión considerable. Le hace melancólica compañía una palma nacida juntoa uno de los estribos de la iglesia; árbol de otros climaslozanosinembargocomo si el calor del santuario hubiese reemplazado en su existencia alsol ardiente de la región nativa.

No hay árbol que despierte con mayor viveza que una palma la memoria de lospaisajes a que da expresiva y propia fisonomía. Mística imagen para elcristiano del misterioso Orientea cuyo pie brota el raudal purísimo de lastradiciones bíblicasque ha apagado la sed ardorosa de tantos tristes ycansadoses para el español memoria viva de su árabeAndalucía; de esatierra con tanta sangre española redimidaarrancada a las manos del hijo delAgarmas no a su genioni a sus recuerdosni a su poesíaque laten ypalpitan en su atmósfera abrasadacomo laten las brisas del Guadalquivir enlas hojas agudas del árbol que siente y amaprovidenciasustento y abrigo delperegrino en el desierto.

La palma de Castro parece una cautiva que en manos de sus enemigos dejó lahueste mora en su funesta acometida a la indomable tierra del Septentrión. Elroble cántabrosu vencedor y dueñola contempla absorto desde el vecinomontesuelo natal suyodonde permanece recogido y pronto a nuevas batallas.Dejó compasivo a su gallarda y delicada prisionera el amparo y la libertadsuficiente a una doncelladel pobladoy ellatestigo acaso de sangrientosdesmanesacogiese de los brazos que pelean a los brazos que oransolitariavirgenbuscando el amor y la compañía de vírgenes solitarias. Y hoypermanece velando lealsímbolo de pureza y de constanciasobre el que acasofué campo de eterno descanso donde yacen sus compañerassus hermanas.

Las crónicas franciscanas cuentan con interesantes pormenores la fundaciónprimera de este convento.

La profesión azarosa del comercio marítimoejercitada en costas procelosasy mal conocidasjuntaba en Castro porción de huérfanas y viudasque habíancomprado con temprano luto un bienestar desahogadoo quizás la riqueza.Ignorancia en piadosa idea con hijas y esposas queexpuestas a igual desgraciatemblaban cada hora por la vida de padres y maridoscon más algunas doncellasdeseosas de consagrarse a Dios.

Querían unas orar por sus difuntosotras encomendar a Dios sus vivos;buscaban aquéllas consuelo en remotas esperanzasalimentadas por la fe; éstaspedían esperanzas que calmasen la angustia presenteque alejasen el dolorsupremo.

Juntas impetraron del papa Juan XXII licencia para establecer un monasterio.Fué les concedida año de 1322y mediaba ya la fábrica emprendida conreligioso celocuando un incendio furiosoque devoró gran parte de la villaredujo la fábrica a cenizas. Seis años despuésen 1328el mismo Pontíficerenovaba su concesión apostólicay las piadosas hembrasauxiliadas ahora condones públicos de la villay particulares de sus convecinosllevaban atérmino la construcción y abrían su claustro a las clarisas venidas deCastilla a establecer la nueva comunidad e instruir a sus novicias.

¡Qué sagrado cenobio habrá tenido origen de más copiosas y desconsoladaslágrimas! ¡Cuál habrá nacido de afectos más vivosmás sincerosmásardientes y profundos! ¡De cuál otro podrá decirse con tanta verdad que tienepor cimientos pedazos de corazones amantes!

Las horas pasan ligeras cuando no está ocioso el ánimo. Ver un sitioobservar nuevas gentesrecordar la historia de una piedradepartir con amigosentregarse un momento a la mística melancolía que la noche despiertay escomo la oraciónque resume y corona las faenas del díael angelus delalma solitariameditar en cosas pasadas y aspirar el ambiente de poesía que ensu palabra derrama una inteligencia femenina elevada y cultatal había sido elgrato empleo de las mías.

Quedaba el lindo teatro henchido de espectadores; desdeñosas de la villa yhuéspedas de la playa envueltas en cendal blancocoronadas de floresguarnecían palcos y patiomientras en la cóncava altura del moderno paraísose amontonaba el atezado pueblo del mar y de la brea; entretenidos todos pon lasperipecias de una zarzuela no mal representada y bien aplaudidacomo siespectáculo tan caído en otras partes hallase espíritu que lo resucitara.

Tres autores de los más felices en este género popularlos poetas GarcíaGutiérrez y Ayala y el músico Arrietahan hecho diferentes veces largasestaciones en la villacuyo paisaje y horizonte marino no han sido acaso detodo punto extraños a la peculiar belleza de sus inspiraciones diversas.

Para cobrar horas adelante mi albergue seguía la luz de los farolespintorescamente clavados en las ramas de los chopos del camino. Lucía el faroencendido sobre la torre del antiguo castilloy lucía correspondiéndose conel de Algorta. El marino que corre la costava descubriendo a lo largo de ellaun cordón de luminosos vigíasque le guían con mudo aviso copiado del que dael cielo con el centelleo de sus estrellaslazo que te ata a la tierramiradaque le acompaña y sigueserena su ánimo y le preserva de mortales congojasrepitiendo con su variedad infinita de eclipses y destellosde color y vivezaque a la vera del proceloso camino vela inquieta y constante la caridad de sushermanos.

- III -

El millar

A la mañanaatraído por el rumor y la frescura de las arboledas hacia elcauce de Brazo-mara pocos pasos de la quintaencontraba un millar romanolevantado sobre un pedestal modernoen cuyo neto se lee restablecida lainscripción del antiguo monumento.

Dice así:

 

NERO CLAVDIVS DIVI

 

CLAVDI F CÆSAR AVG

 

GER PONT MAX TRIB

 

POTESTATE VIII

 

IMP IX COS IIII

 

A PISORACA M

 

CLXXX

Fuépueserigido a distancia de 180 millas de Pisuergay en el añonoveno de su imperiopor el César Augusto y Pontífice MáximoClaudioNerónGermánicohijo del divino Claudiodespués de haber ejercido ochoveces la potestad tribunicia y cuatro la consular

Aquel fustede asperón rojosurcado por las lluviasroído por el tiempoconserva un aspecto singular de solidez y fuerza que conserva cuanto salió delas manos del pueblo rey. Los añosaun cuando lamen y gastan la piedranopueden borrar completamente las letras tan hondamente grabadas en ellacomo loestá la huella romana en las generaciones herederas y sucesoras suyas.

¿Dónde estuvo el millar cuando señalaba distancias a caminantes del sigloprimero de la Era Cristiana? Medía un camino que los emperadores romanostendieron sobre la raya cántabra como cadena destinada a ceñir y sujetar loslomos de una fiera indomablecuyo irritado resuello amedrenta a su opresor ydueñoy cuyos estremecimientos le sobresaltan. Por él cruzaban los soldadosde las cohortes destinadasno a ocupar la tierra de los cántabrossino aimpedir quelevantado por un nuevo arranque de independencia aquel puebloterribleinvadiendo los comarcanos y despertándolos a la peleasuscitasennueva guerra al imperiotan difícil y desastrosa como la terminada porAugusto. Asombrado su ánimo con las relaciones oídasen la ciudad o en elcampamentoel recluta romano tendía recelosas miradas a aquellas asperezas queal ocaso descubríay del pie de ese cipola mano curtida del veterano leseñalaba en los altos de una marcha las cumbres fuentes de ríossolares depuebloscuyos salvajes nombres no cabían dentro de las cultas inflexiones delhabla latinacomo no cupieron bajo el yugo Cesáreo los hombres que los usaron

Bajaba la vía desde las márgenes del Pisuerga a las del Océanoy cerrabapor Oriente el anillo en que cogía la indomable tierra Romaseñora del marapostada sobre los páramos de Castillay segura de los asturianosenervadospor su codiciadespierta al golpe del legón minero

. Subsisten sus hitos terminalas en Castro y en Herreramas desaparecieronlos intermedioslos que pudieran ayudarnos al cabo de siglos a plantear denuevo el curso y desarrollo de la estratégica vía.

Maestra en las artes de ocupación y de conquistala terrible invasorasabía que después de quebrantada por el valor militar la virgen energía delsalvajesu fiereza se amansa a vista de otro modo de vivir más concertado ycon la experiencia de sus beneficios; aislado el cántabrofiaba su reduccióncompleta a la acción de la corriente civilizadora establecida por trajineroscaminantes y soldados a lo largo de la nueva arteria.

Pocos años después daban los Flavios nombre a una colonia establecida ainmediación de aquella carreteray un siglo más adelante restablecía susmurallaso las levantaba de raíz Castroque acaso no es otra que la mismaFlaviobriga

Los que esto creenalegan en su apoyo otros datos fuera del millar deNerón. Con él se descubrieron y en un mismo parajeen Otáñezcerca deCastrosobre el camino de Castillapiedras e inscripciones; de ellas un millarlabradoen el cual no llegaron a esculpirse las acostumbradas letrasporquequizás las gentes que en la obra se ocupabanhubieron de abandonar la tierrasin poner remate a su civilizador trabajo.

No lejos de aquellos sitios habla sido hallada una alhaja de labor singularun plato argentino de forma circularesculpido en relievesupuesto voto omemoria de algún enfermo al manantial de aguas que le dieron medicina yremedio. Así lo describe en sus memorias la Academia de la Historia: «En laparte superior se ve una ninfaque vierte de una urna el agua que cae por entrepeñas. Un joven coge de ella para llenar una vasija; otro la da con un vaso aun enfermo; otro está llenando una cuba colocada en un carro de cuatro ruedasa que están uncidas dos mulas. A los dos lados de la fuente hay dos aras en quese ofrecen libaciones y sacrificiosy en el contorno la inscripción: SALVSVMERITANA».

El hábil orfebrequeriendo acaso indicar la fisonomía y vegetación delterreno donde el celebrado manantial brotabadibujó a uno y otro lado de lapersonificada fuente dos troncos con hojas de castaño. El indicio convendría ala comarca donde sucedió el hallazgo; pero ¿cuál de los varios lugares deella donde corren salutíferas aguasda cabida en su etimología a la raíz umeritana?

¿Y quién sabe si en el lugar donde fué el plato hallado le depositaronmanos precavidas o manos criminales? ¿Quién sabe si allí quedó enterrado enla confusión y sangre de militar sorpresa?



 

 

- IV -

La Iglesia

No sé de qué enemigos recelabanqué acometidas de herejes o paganostemían los fundadores de Santa María de Castropara erigir su templo en elcentro de una fortalezasobre un áspero escollocuya entrada cerraron conmuro y cava. Sin duda eran en su tiempo frescas memorias las de aquellascorrerías que la intrépida marina de los árabes andaluces había dilatado porlas costas lusitanas y gallegashasta los confines marítimos de Asturias ytierra de Santillanacomo la Historia compostelana refiere en el año 1115 deJesucristo

Probablemente le dieron asiento en el de otro santuarioen suelo yasantificadoy acaso en este uso antiguo de fortalecer la casa de Dios y almenarsus cercas no era todo desconfianza o marciales exigenciassino propósito deensalzarla rodeándola de atributos de podermajestad y soberanía.

Quiere la tradición que dentro de este recinto murado y a par del rey delcielotuvieran palacio los reyes de la tierra. Autorizase de las reliquiasviejas que aun subsisten; dice que Alfonso el Sabio le habitó en ocasionesqueen sus aposentos se ordenó el trabajo de alguna de las Siete Partidasy hastaseñala una angosta y misteriosa puertaya tapiadapor donde aquel príncipegloriosoasombro de su eraafligido en medio de sus prosperidades ymerecimientos por la aguda pena de la rebelión y desobediencia de su hijo DonSanchopasó alguna vez y se recogió a sagradofugitivo si no del hierrodela insolencia de conjurados y descontentos.

¿Sería a vista de este lijar proceloso de Cantabriadonde soltando elfreno del cortesano disimuloahogada en llanto el alma del rey poeta de LasQuerellas

gritaba doliente con fabla mortal?

Pocos pasos necesitaba andar para poner su trémula mano en los cerrojosungidos. Frente al dintel por donde salíalevanta los suyos la puertaprincipal del templola que los arquitectos de la Edad Media solían llamarpuerta del Perdóny era ahora para el Monarca puerta del Refugio. Esalparecerde lo más añejo del edificiopertenece al estilo de transición conque el arte salla del siglo XII y de la tradición románicapara entrar en elsiglo XIII y en el brioso desenvolvimiento del gusto ojival. La ojiva apunta ensu abocinado ingresocuyas arquivoltas concéntricas descansan en columnas defuste cortocapitel historiado con figuras de animales y basas unidas sobre unplinto igualalto y corrido.

Pero la edificación fué lentay años no pocos y generaciones pasarondesde que los fieles entraron a orar por estos primeros umbrales a Santa Maríahasta que vieron cerrarse las bóvedasy acudieron al clamor de las campanasvolteadas dentro del alto cuerpo de su cuadrada torre. Porque el calado pretilque rodea la cornisala crestería de los remates que recortan sobre el cielola seca línea del tejadola airosa torreacardenalada a ocaso por el azotepermanente de la lluvia y el vendavalenrojecida a Oriente por el vívido solde cada mañanamaltratados frente y pecho por las balas que mellaron sussillaresquebraron sus perfiles y borraron sus limpias aristaspertenecen atiempos más adelantados.

Bien andaría la cronología castellana entre los fines del siglo XIV ycomienzos del XV y por los reyes de la dinastía de Trastamaracuando terminóla obra. No era rica la comarcani sus magnates y corporaciones poseyeron nuncacaudal bastante para emprender suntuosas edificaciones. Opulentos eran lospríncipes y prelados de León y de Castillay sus fundaciones atestiguan laslargas treguas que discordias y escaseces imponían el trabajo útil ypacíficopero dispendiosodel escultor y el arquitecto; eran tiempos degrandes necesidades públicas; éranlo también de fey la fe inducía a menudoa comenzar empresas sin la cabal posesión de medios para terminarlasy fiandosiempre en lo eventual y probable.

Por eso se ayudaban y convenían para sus devotos fines todos los estados yjerarquías socialesel clérigo y el burguésel mercader y el artesano; lospopulares pedían de sus rentas al obispoel obispo sus limosnas al pueblo;quien no podía aprontar maravedisesprestaba su persona para el trabajocorporaly esta limosna del bracerola más alta y sublime que la caridadinspiraengrandeciéndole a los propios y ajenos ojosera pagada en graciasespiritualesindulgencias y sufragios que Roma a vecesa veces el diocesanopublicaba y concedía a la fábrica y a sus partícipes gratuitos.

Conciertos parecidos solían hacer reyes y concejosy por tal caminoparticipó quizás en la fundación de la iglesia de Castro el santo reyFernandoa quien la voz común atribuye la restauración y auge de las iglesiasde Cantabria; y apoyan esa voz en algún modo ciertas partes de su arquitecturala semejanza en traza y no pocos detallesy la advocación común a NuestraSeñora del Tránsitoque liga a las tres iglesias de Castrode Laredo y deSantander.

La que ahora visitamos tiene tres navessostenidas por columnas arrimadas aun pilarón poligonal; la planta de los sillares que forman el fuste de lacolumna es ésta: dos tercios forman el cilindro de la columna; el restanteentra con talla diversa a hacer el macizo del pilarón centralcuya superficieasoma desahogadamente entre fuste y fuste; en los capiteles triunfa la hoja deyedracolosal en proporciónpero fielmente copiada de la naturaleza en losdetalles; las ojivas son anchasy su arcoformado por cuatro bocelesconfiletes interpuestos y un aristón achaflanado que adelgaza el perfil de laojivaaumenta su luz y realza su elegancia. Una gala tiene que no tienen suscompañeras: galerías fingidas en los machones de la nave mayorque la visteny aligeran con sus columnas empotradas y trilóbeas ojivas.

El arqueólogoa luz de su criterioexaminando cada detalledefine suprocedenciaseñala la era de su advenimiento a la vida del arteel porqué desu empleo en la construcciónel oficio que desempeña en el monumento; pero elarqueólogo lleva consigo el auxilio de su idioma y el archivo de su erudiciónque le ayudan a establecer su opinión y a comunicarla con recíproco deleite asus lectores.

Careciendo de ambas armas el curioso al pretender describir una construccióncualquierasólo consigue amontonar inarmónicas y extrañas voces queapartede no realizar su finlastiman el oído y ahuyentan el interés. La formaojival tienesin embargotan cumplida eleganciase asocia tan manifiestamentea nuestros instintos y tradicionales inclinacionesque pocos detalles bastan ala imaginación para pintarse el edificiocomprender su armoníala paz de susámbitosy sentir la religiosa unción del temploel áspero ceño de lafortaleza.

En la nave de la derechadonde arranca la vuelta del ábsidese encuentraun arcosolioadornado de tosca crestería; sobre la urnaen vez de estatuayacenteuna plancha de bronce grabada muestra una figura de hombre en edadmaduralargos barba y cabellounidas ambas manos sobre el pecho en acto deorarvestido de túnica y manto ricamente orladoscalzado de borceguípuntiagudosobre una figura de león y otra de hombre salvaje y velludoqueempuña un tronco.

Enciérrasela figura dentro de un gracioso cuerpo de arquitectura ojivalconvarias figuras de apóstolesque alternan con un blasón repetido y deatribución confusadominadas por la de un anciano con un niño en el regazopuesta en el tímpano de la ojiva

; alrededoren hermosas letras de la llamada gótica del siglo XIVestainscripción: « Aquí yace Martín Ferrández de las Cortinasque finó elprimer día de Marzo; era de 1409 años. Aquí yace Catalina Lópezsu mujer;finó a ocho días de Mayo: era de 1411 años. Aquí yacen sus fijos LopeFerrándezJohan FerrándezDiego Ferrándeza quien Dios perdone.»

De la consideración social del sujeto dan testimonio el lugar y la forma desu sepultura; de sus virtudes personales los símbolos agrupados a sus pies.Solía ser en memorias sepulcrales la figura del anciano con un niño en brazosrepresentación mística del tránsito del alma cristiana y de su acogida en lamansión pacíficaen el seno de Abraham: así como el león representaba lavigilancia perenney el salvaje humillado bajo la planta humanalas pasionescarnales vencidas y sujetas; el dibujo es purola composición armoniosa yricay la plancha pudiera ser obra de artista alemán o flamencoen cuyospaíses usaban y era mayor el progreso de las artes

Adoptaron los señores castellanos estas laudas metálicas para sussepulturas; Haro trae en su Nobiliario las que posela la familia de Pacheco (marquesesde Villena)en su célebre monasterio del Parral de Segoviafundación deEnrique IVpríncipe; describe alguno de sus dibujos y copia sus inscripcionesy debieron ser de uso frecuente en el siglo XVIcuando Cervantes hace decir enuna de sus comedias a Pedro de Urdemalashablando de un alma enpurgatorio:

 

Vila en una sepultura

 

cubierta con una plancha

 

de bronceque es cosa dura.

Poníanse sobre el pavimento de las iglesiaslo cual hace dudar que laplancha de Castro ocupe el lugar para que fué destinaday que el enterramientoque cubre corresponda a la inscripción

Podemos salir de la iglesia por otra puerta que mira al Estepuerta modernade fábrica lujosagusto dóricocolumnas exentas y finos materiales; arco quededica la misma iglesia a los evangélicos vencedores quepartiendo de sumodesto corosubieron a las más altas sillas de la eclesiástica jerarquía:entre los escudos y títulos de uno y otro reverendo preladodeletrea allí elcurioso los del insigne cardenal Lorenzanaque tan gloriosamente perpetuó enla metropolitana de Toledoprimada de las Españasla tradición de losmagnánimos Tenorios y Taveras.

Por este lado los muros viejosmodernos y restauradosse atropellan yamontonan como en fortaleza batida y desmantelada por enemiga batería; unarampa lleva al farootra guía al castillootra al fantástico puenteque pinta Castro en sus armastendido de peñón a peñónbajo del cual serevuelcan pavorosamente las olas. La ermitapuesta sobre el alto escollo deSanta Anaya no es lugar santosino miraderodesde el cual la vista seesparce sobre la villa y su ensenadasobre el mar y la costa. Aquí vendremospronto a esperar la vuelta de las solas pacíficas escuadras que arma la villacontra la plateada sardina y el voraz bonito.

A espaldas de la iglesiapor cima de las tapias del cementerioasoma elobelisco de un monumento erigido a la memoria del ardiente publicista LuisArtiñano por sus amigos y compatriotas. Temprana fué su muerteprematuro eltérmino de su carreraconsagrada toda a estudios fecundosa empresasgenerosas. No tuvo espacio para ver los frutos de su abnegación y suentusiasmoy gozarse en ellos; pero ¡no ha vivido bastante el hombre que lograno ser olvidado al siguiente día de expirary deja entre sus semejantesquienes cuiden de su gloria futura y de su recuerdo! ¿Es otra cosa la gloriaque ser nombrado por los vivoscuando ya no existe quien nos llore muertos?Quien mereció sepulcro a su patriaése ha conseguido el precio más alto quepuede tener la vida.



 

 

V

La marea.- La hermandad de las villas

Poníase ya el soly las velas que parecían esparcidas por el horizonteseacercaban unas a otras llegándose a la costa. Desde el peñón de Santa Ana selas veía desfilarsaltando sobre las olasy arriando su aparejo viraban parapenetrar en la angosta gola que entre sí dejan los muelles de la dársena. Ylentas y silenciosascomo animadas de oculto espírituacostumbrado a laobediencia y disciplinaarrimábanse las lanchas en ordenada hilerala proa atierradescansando del trabajo de la marsobre las aguas serenadas ytranquilas del puerto.

Aprestábanse a desembarcar los marineros: unos aferraban las velascargabanotros con los remosy otros se repartían las cestas de los aparejoslostabardos embreadosen tanto que mozosmujeres y chicos acudían a la descargade la marea. Llaman marea los pescadores de Castro a la pesca de un díaalresultado de una jornadaa la riqueza que la escuadrilla del gremio mareantearranca a los senos del Océanoentre su partida y su arribadadesde eloriente al ocaso de cada sol.

Pronto cubrió la rampaapilado en montonestantos como lanchasel copiosobotín de los marineros. Había entre aquellos peces algunos tan corpulentosque a duras penas los arrastraba un hombre membrudo. Traíanlos agarrados por elangosto engarce de la colabarriendo las piedras con el agudo hocicoypintando en ellas una estela roja.

Aparecían las hacinas de cadáveres erizadas de aletas curvas y afiladascomo gumías árabes; en su base serpeaban hilos de agua y sangre quesiguiendola inclinación del suelocorrían hacia el mar o se perdían en las anchasjuntas de los sillares; y los cuerpostendidosdespidiendo a la luzcrepuscular acerados reflejos de su tersa pielmostraban no sé qué aparienciade vida en el iris de topacio de sus ojos redondos y fijosy en las abiertasagallasprontas a recobrar el acompasado vaivén de su respiración.

Nos dijeron que era interesante asistir a la subasta y distribución de lamareay tomamos camino para verlo.

Yo suponía que el cabildo había de tener asiento en una casa viejasemejante a las que en otras partes he vistode las cuales aún no ha muchosaños Santander conservaba algunacon puerta y ventanas ojivastorrestransformadas en viviendas a favor de un tejado sobre el almenajey unaescalera exterior agarrada a la escabrosa mamposteríacomo tronco muerto deuna yedra centenaria; mas cuando en la calle adonde nos habían encaminadopreguntamos a las mujeresnos indicaron un edificio de fachada reciente y buenaspectodecorado con molduras de yeso.

En cambioel aposento interiorcuando se hubieron reunido en él las gentesde la subasta y dado comienzo al actoofrecía un cuadro de Rembrandt.Sentáronse el alcalde y prohombres de la corporación delante de una mesaenuna especie de tribunal levantado sobre gradas al extremo de la sala; cerca deellos se agruparon algunos señores y curiosos de los estacionales visitadoresde la villa; a lo largo de las paredes ocuparon asientos numeradosparecidos alos de un coro de iglesiacuantos pensaban participar de la contienda y hacerpostura; y allá en el fondoentre la puerta y una cancela que partía elsitiocon balaustres de maderase encontraba el pueblo. Algunas bujías sobrela mesa del tribunalo colgadas del techoalumbraban la escena; una tintagrisopacabañaba el recintoresultado del macilento color del revoquedelnatural de la madera desnuda y del humo ambiente de pipa y tabaco; más diáfanaen las inmediaciones de la luzmás obscura en los extremosdonde brillaba aintervalos el ascua de un cigarro avivada por las labios que lo saboreaban.

Pocas palabras hablaron entre sí los que presidían el acto; el principal deellosel que se sentaba en mediono pronunció una sola; era un hombre madurosecode rostro curtidoapretada bocanariz aguileña y ojos amparados depobladas cejas; rapadas las barbasconservaba los arranques de ellas entre ojoy orejasuficientes para mostrar lo cerrado y negro del varonil adorno: bustode granitosemblante serenoque si el fuego interno de las ideas anima ydilata pocas vecestampoco palidece y se contrae al amago de riesgosexteriores. ¡Cuántos vendavales han azotado su piel curtida! ¡Cuántosrociones del mar ha secado el sol sobre ella!

Leyéronse en voz alta los nombres de los buques y de sus patronesy lacifra de la carga de cada uno de ellos; levantóse a la izquierda del presidenteotro marinero de parecido tipomás desaliñado en traje y persona;asemejábanse en los sombreros echados atráscomo para dejar frescura a lafrente y al pensamiento amplia libertad y desahogoy en el rollo de tabacoapurado casipero encendido todavíaque uno y otro revolvían entre dientes;se diferenciaban en las facciones acusadoras de mayor severidad y entereza en elalcalde; las de su subalternocon una condición más blanda y flexibleanunciaban en la jerarquía moral una distancia entre ambos sujetosequivalentea la que los distinguía en el orden social.

Delante de la mesaen medio de la gradase levantaba hasta la cinta de unhombre una urna prismáticacuya base superior parecía partida en divisionesconvergentese inclinadas hacia su centro; el mecanismo de esta máquinaextraña se reveló luego.

Cantó el alguacil con voz hueca y perezosa: «¡cuarenta!» y el ruido seapagó suavemente en un silencio general; gritó luego- «¡treinta y nueve!» ytuvo igual resultado; y asísustrayendo unidadescorrió la numeracióndescendente hasta gritar: «¡treinta y seis!»a cuya voz respondiósúbitamente un ruido extrañoy una bola blanca saltando sobre la base de lamesa rodó al centro.

Tomó la bola el centinela de la urnay leyó un número impreso en ella;todos se volvieron hacia la silla señalada con el mismo númeroy el que laocupabacuyo nombre pronunciaron varias voces y él mismoañadió:«¡veinticuatro!» Esta cifra indicaba los quintales de pescado que tomaba parasí el rematantey la gritada por el alguacil el precio que a la marea poníael tribunal. Cesó pronto el murmullo excitado por aquel primer lanceapuntáronse los númerosy la subasta continuó por tan ordenada y sencillamaneraterminando en poco tiempo.

Sencilla es asimismo la explicación de la invisible máquina. Por bajo delentarimado que cubre el suelocorren sistemas de palancas aisladoscada uno delos cuales remata por un extremo en una de las sillas arrimadas a la paredpordonde el que la ocupa dispone del movimiento del sistema; el otro extremo va aempujar dentro de la urna un tope vertical sobre que descansa la bola numerada.

Aquella Asamblea popularordenada y pacíficaaquel comicio donde confecunda mesura se agitaban intereses del común e intereses de los particularessin torcidos propósitos ni recíprocos recelossin violencias de lenguajeindicio de personal sentimientosin destemplanzas de vozseñal de internodesorden del espíritucontagioso desorden las más vecesrecordaban otrostiemposotras costumbresotras necesidadesa cuya previsión y remedioacudían nuestros costeñoscuando emancipados de sus reyes castellanos uolvidados por éstosorganizados en potencia marítimapequeña pero animosaproveían por si a la independencia de sus aguasal libre rumbo de sus navesal desahogo y extensión de su tráfico.

Era Castro-Urdiales centro de la confederación que abarcaba los puertos yvillas desde Santander hasta Fuenterrabía; en ella entraban LaredoBermeoGuetariaSan Sebastián con Vitoriaque aunque internada y no marinera seasociaba a los que podían franquearla fronteras menos cerradas que las que portodas partes la envolvían. En Castro se celebraban las juntasse discutíanlos pactosse custodiaba el archivo y se guardaba el sello de la hermandad

signo de su podersanción de sus acuerdosfe que legitimaba susprovidencias y las hacía aceptablesobligatorias y cumplideras para todovecino de cada uno de los ocho concejos asociados. Este emblema de autoridad ysoberanía tenía diputados para su conservación tres hombres buenos de lavillaque en 1236 eran los llamados don Pascual Ochanarrendon Bernalteljoven (hidalgos)y Lope Pérezel joven.

En el citado añoy a 4 de Mayose pactó la confederación y alianza delos dicho concejosextendiéndose su carta de hermandadque aún se conserva

.

La férreadisciplina que establecíacondenando a pena capital acontraventores y desobedientesa cuantos validos de extraño fuero pretendieranalzarse contra lo prescrito en la carta comúna cuantos movidos de codiciapersonal no curasen de las limitaciones impuestas a la navegación y alcomercioen beneficio de todosnegándoles a éstos toda forma de proceso tododerecho de asilosalvo el del aposento real

fué sin duda fundamento y principio de tan sólida constituciónquerobustecida la hermandad y creciendo en bríosllegó a hombrearse con lossoberanos. Así en el año de gracia de 1351envía a Londres sus mensajeros yprocuradores Juan López de SalcedoDiego Sánchez de Lupar y Martín Pérez deGolindanlos cuales derechamente y de poder a poder conciertan con el reyEduardo III de Inglaterra un tratado de paz y comercio valedero para veinteañosy lo firman y sellan a 1º de Agosto monarca y diputados

Este es el acto culminante de soberanía ejercido por las gentes marítimasde Castilla y de Vizcaya. Antes y despuéscelebran conveniospactan treguascon sus eternos enemigos y rivales los de la costa de Gascuñaterritorioentonces de los ingleses: unas vecescomo en 1306 y 1309se ven en Westminsterlos diputados de la hermandad y los de Bayonapara entender en el recíprocodesagravio y restitución de presas; otrasen 1353(17)se juntan en Fuenterrabía y acuerdan gobernarse según el más humano derechode gentesponiendo término a la vida de invasiones piráticas y marítimosasaltos que unos y otros llevaban. Castellanos y gasconescuantos por ambaspartes negociantienen comisión y título de sus respectivos soberanosy ensu nombre y bajo su amparo discuten y resuelven; mas en el tratado de Londresla hermandad aparece ejerciendo por sí propia uno de los atributoscaracterísticosel más levantado acaso de la potestad supremael depacificación y treguael de sobreponerse a las iras y venganzas que arman elbrazo del pueblode súbditos y gobernadosporque la suma considerable defuerza que la común acepción concede al poder y le reconocemás es pararegir y enfrenar pasiones de sangre que para excitarlas y moverlas.

Esta independencia y soltura de los pueblos marítimos se explayaba y vivíamerced a lo apocada y floja que andaba la autoridad de los reyes castellanos. Seafirma y establece durante la minoridad de Fernando IV (1296)y toca su apogeoy vigor sumo (1351) al inaugurar su reinado el tan desventurado como cruel DonPedro. Alfonso XIque sucedió entre amboshijo de Fernandopadre deljusticieronecesitaba de todos sus vasallosgrandes y pequeñosespecialmentede los que supiesen armar una flotaregir un barco y marinearpara que lefuesen de auxilio en sus repetidas y arriesgadas empresas navales sobre elGuadalquivir y la costa de Andalucíay si hacia sentir su cetro a sus villasde la costa septentrionalera para ganar su adhesión con mercedesfranqueándoles la industria pescadoraolo que más agradecen los pueblosacudiendo en buena hora al remedio de sus calamidades. Pruébanlo con otrosdocumentos tres cartas reales concedidas a Laredouna para poder pescar y salaren todos los puertos de la marina de Castilla; otra para remediar la desgraciade un incendio acaecido en 1346que destruyó la villaeximiéndola detributosservicios pedidos é yantay la tercera para librar a susvecinos del diezmo del pescado que pescaran... nin de las ballenas quematasen

Curioso fuera saber la cifra de navesmarineros y soldados en que lahermandad apoyaba sus pretensiones y su arrogante derecho. Hacia aquellostiemposen los confines de los siglos XIII y XIVcada una de las villas de lacosta servían al rey en guerra con una galera armada de sesenta remosguarnecida de sesenta combatientesy bien abastecida con espadasdardoslanzas y ballestasarmas todas que con el casco del buque quedaban por el reyterminado el servicio de los hombresque duraba tres mesesal cabo de loscuales eran libres y quitas las villas que los alistaran

. De esta noticia sacarán los versados en estadística la proporción de naosgaleasballineres y leños de vario tonelaje con que los marinoscántabros corrían las costas y mares del nortedesafiando temporalesriñendo sangrientas peleas con el ingléssu constante enemigoacometiendohazañas que ahogadas con sus perpetradores en los abismos misteriosos delOcéano y de la nochesólo fueron visibles para aquel a cuya mirada no haysombra densa ni confín inaccesibley que las escribió y conserva en elinescrutable libro de sus justicias; acaso en el capítulo de las recompensasacaso en el capitulo de los castigos.

De Castro a Laredo

 

 

 

- I -

Un zagal.-Los Templarios.-Paisajes

Cruzando las huertas de Urdialespasando entre la mar y el monte de SanPelayoque levanta sus labradas cimas y frondosas cañadas a la siniestra manodel viajerosale de Castroel camino a Santanderllanosuavelimpio depolvoporque parece que el rocío de la mar lo matay empapa el aire ymantiene la tierra jugosa y fresca. Brioso el tiro y descansado arrastraba elcoche con vigoroso empuje; animábale con la voz y la tralla el zagalvestidode fiestay deseoso de llegar a la parada de Oriñón.

¿Qué le esperaba allí? casi era de sospecharconsiderando lo cuidadoso desu atavíosu aplanchada camisaabotonada con tarines isabelinos al cuelloelpañuelo nuevo de seda carmesí toledanaajustado al cráneo como una vendasimbólicay sobre todo la alegría con que hacía la jornada. Seguían lacarreteraen una y otra direcciónnumerosos aldeanos y aldeanas; de ellasalgunas con las trenzas sueltas sobre la espalda; de ellos muchos cubierta lacabeza de boina azul o rojao el castor negro de alas blandastraje de susvecinos vascongados. Las mujeres se guardaban del sol con su chal plegado encuadropuesto sobre la cabezaa manera del panno de las campesinasromanas; a otras sombreaba un ancho cesto cargado de fruta u hortaliza. El zagalrequebraba a las que venían de frentey restallaba la tralla a espaldas de lasque seguían nuestro caminohaciéndolas vacilar bajo el peso de su carga.

Y al requiebro y al trallazorequiebro también a su maneracontestaban lasmozas con sonrisanunca con enojoprueba de lo familiar que les era eldiálogo.

Y tras dos juramentos y cuatro chasquidos del cáñamo y media docena deepítetos injuriosos a las bestiasse encaramaba a lo más alto del cocheyallíserenado de su agitación se mondaba el pechoy con más garganta queoído soltaba un cantar:

 

Viva el solviva la luna

 

viva quien sabe querer

 

viva quien pasa en el mundo

 

penas por una mujer(22) <notas.htm>.

Muy lejos de allía deshora de cierta noche de inviernohería mis ojos unmote grabado en la linterna de un coche: padecer para vivir(23)<notas.htm>. Recordómelo la canción del zagal en que suautorcomo todo héroe de pueblo primitivohacía pomposo aparato de susméritosaclamando como virtud lo que tal vez había sido necesidad o flaqueza;y era que la copla encerraba una idea generosacelebraba martirios delcorazóny podía servirbajo su forma desataviada y sencillade elocuentecomento al conciso y profundo mote. ¡Oh!sí; padecer es vivirno vivióquien no ha padecido; padecer es sentiry sentir es el uso más generoso ynoble que se hace de la vida: padecimiento es la pasión tempranamal pagada odesconocida; padecimiento la ambición madurainsaciable e inquieta;padecimiento es la vida toda del almala del alma justa perpetuamentedescontenta de sí mismadesconfiada de su eterno paraderola del almaréproba agitada constantementerecelosa del bien que envidia y a la par deseay aborrece. ¡Qué cierto es que el sentimiento no reconoce jerarquías! a igualcompás latían los corazones del caballero que orlaba con el sentido mote lasfajas de su escudoy del poeta obscuroineruditoque nos legó cifrada encuatro versos la historia acaso de una vida enterasin premio ni compensación.Cantar y divisa corren pareja suertenacieron de dolorcontentaron unaaspiración del almapasan por labios indiferentesy van a arrullar algúnpensamiento solitariotristemente recogido en lo más obscuro de la conciencia.

Tierra de caballería es esta que visitamostierra de blasóndondetodavía las armas esculpidas del solar dicen algo a los ojos del campesinoquetorna del monte con la antigua partesana al hombro trocada en dalle segador.

Sobre un peñasco de la montaña se cubren de follaje los muros de unagallarda torrepor cuyas dislocadas piedras trepa la cabra golosa a morder losrenuevos de la parietaria; cuéntanse en los contornos y en voz baja misteriosde su cárcel subterráneacerrada ya por los escombros de las bóvedasderrumbadas sobre su boca. ¡Qué de tesoros dice que encerraba! y los encierratodavíaporque si algún codicioso tentó la prueba de llegarse a ellostuvolastimoso e inmediato castigo. No podía tocarlos mano de hombreporque hablansido precio de sangre como los treinta dineros de Judas; y vedándolos a laavaricia humanael ciclo parecía ponerse de parte de los perseguidos contrasus perseguidores; no reconocía la razón del castigoy lo que había sonadoen la tierra como justiciaera a sus ojosimposibles de ofuscarodio yvenganza. Pendón partido de blanco y negrosímbolo de paz al hermanodemuerte al infielondeaba plantado en su almenaje; bandera del templariodelpobre conmilitón de Cristoque salía a la batalla vestido de toscohierro«más cuidadoso»dice San Bernardo«de poner miedoque avaricia enel ánimo de su enemigo». La pelea con ellos era cruel y sangrientaensañadoel sarraceno con no esperar botín de ricas armas y preseas.

Ysin embargoeran opulentosopulentos hasta cegar de envidia a príncipesy reyesque hicieron su despojo condición de la paz y vida de sus estadoscristianos; y como el despojo no era fácil por fuerzauniéronle mañosamentea una sentencia capital; así también se quitaban de delante los testigos yvíctimas de su rapacidad y celos; así también se curaban del miedo de suslatentes iras y meditadas venganzas. Pero acaso en más de un parajecomo enCastrolas piedras se derribaron sobre el oro e hicieron estéril la matanzaocultándoselo a los envidiosos y verdugos.

Ayudaron nuestros templarios gallardamente a la reconquistay es gloria desu Orden en Castilla haber salido limpia de toda abominación del proceso que lacondenó a exterminio en todos los reinos cristianos; si tenían pecados deorgullo y prepotencia que expiarla expiación fué dura y completa. Suhistoriador español Garibay los pintay es tristísima pinturaarrojados desus conventos y encomiendasexpuestos a la insolencia de pecheros y villanosacosados por campos y aldeasmendigando asiloescondiendo sus gloriosasdivisasdespedidos de la huestenegado a su desesperación el campo de batallay la gloriosa tumba del soldado muerto por armasnecesitados de solicitaramparo del rey Fernando IVpara salvar su inerme y desconsolada vida. Al morirobscurecidospobres y odiadospurificados por el martiriopodían ofrecerse aDiosrepitiendo la letra escrita en sus estandartesletra de los humildes yresignados: Non nobisdominenon nobissed nomini tuo da gloriam.

A una vuelta del camino desaparece la torre de los Templarios: álzanse a unlado las verdes lomas de la montañaencima de las cuales asoma su calva molePicocerredogigante de piedra que presenta al mar su flanco tajadoerguidoquebrantado y rudomientras desciende ondeando muellemente hacia las sierrasinteriorescubriendo su áspera dureza con risueñas capas de céspedesfloridos. Al otro tiende su llanura azulsu horizonte infinito el Océano.Manso y sereno parecía dormiry el vago rumor de la vecina rompiente ahogadocasi entre los murmullos de la tierra y de la vidasemejaba el lento resuellode su respiración tranquila. Las gaviotas silenciosas se cernían en el airemoviendo a un lado y otro su cabeza inquietacuyos vivaces ojos negreaban sobreel blanco plumón.

Parte la carretera el pueblecito de Islaresdeja a su derecha un verdeislotey torciendo rápidamente a la opuesta manopenetra en la ría deOriñón. La marejada escupe sobre el caminoel zagal moja en el agua la puntade su trallay cobra nuevo brio para castigar al ganadonuevo aliento paracorrer y nueva voz para cantar; pero la canción de ahora suenasin dudaalalcance de quien la inspira; acaso hay recelos de tibieza o temores de merecidosdesdenesacaso flota en el aire la nubecilla de alguna sospecha; paraespantarla nada tan eficaz como querellarse de mala correspondenciay la letradel cantar dice:

 

Debajo de un limón verde

 

donde nace el agua fría

 

le di yo mi corazón ¡ay!

 

a quien no le merecía.

Oriñón es un grupo de árboles y casas a lengua del agua y a faldas de uncerro. Báñale el sol cuando se acerca al meridiano; mañana y tarde yace enfresca sombraderramada por los montes que hacen cauce a la ríadeliciosoasilo de poesía y descansosemejante a tantos otros esparcidos por el suelo deCantabria; porque allí donde la vida es más penosamás duro el trabajoallí con su ley constante de justicia ofrece la Providencia mayor halago a losojospaz al alma y diversión al espíritu. El mar sin límitela peñadesnudael árbol frondosola vena de agua que salta y fluye limpia y sonorapor dondequierala sierra fragosael monte canola breña cerradala hozangostael valle abiertola mies y la playael bosque y la praderíaotrostantos accidentesque aislados o juntosimprimen a la montaña su fisonomíay la hacen tan amada de sus hijostan dulce a su recuerdotan luminosa suimagennorte de tantas aspiracionesconsuelo de esperanzas perdidasúltimailusión de ternura que persevera en el alma cansada y envejecida.

A pocos pasos de la casa de paradacruza el camino el río de Agüera sobreun puente de maderatrepa en zig-zags por la montañasalva una cumbreyvuelve a encontrarse en horizonte abierto.



 

 

- II -

El valle de Liendo. -A las Indias

Faldeando la cuesta llega el viajero a dominar el valle de Liendoseparadodel mar por el alto Candina. Liendo es un nidonido de floresabrigado yfrescoabierto al cielo como alma sencillasin doblez ni amaño. La torre dela iglesia en el centrodos o tres grandes cipreses cerca de ellaalgunasmanchas de roblealgunos lugarcillos empenachados de humosímbolo expresivo yperenne del hogar y de la familiaalgunas casas blancassolasesparcidasentre prados y huertascomponen la fisonomía primeraen bosquejodel valle.

Estas casas blancas traen siempre a boca del extraño la misma curiosapregunta: «¿Quién es su dueño?-«Un indiano»- contesta invariablemente elindígena.

Si el indígena es un niñoo un adolescentetenga por cierto elpreguntadoren la mayor parte de los casosque una de esas quintasenjalbegadasceñidas por verja de fierroy jardín de dalias y hortensiasesla cifra de sus aspiraciones y deseosse le aparece en sueñosle causa lasindecibles melancolías de la aspiración vaga a lo remoto y difícilledistrae del Catón y el Fleury si es apocado y tibioo le empeña en su estudiosi tiene ánimo y altos pensamientos; asoma en sus juegos infantilesy leconforta al ser despertado por la lluvia que cae dentro de su casa a través delas rajas del techo; le hace morder con diente intrépido en la borona seca yfríay no sentir en sus pies descalzos los guijarros de que está sembrado elcamino de la escuela.

Un día su padrenoticioso por uno u otro mediopor confidencia oadivinacióndel gusano que hurga la mente del muchachole propondrá quemarche a Cubay esta indicación primeratan somera y vagaabrirá a laimaginación infantil de par en par las puertas por donde se aparecen yadefinidas y posiblestangibles y realizables las misteriosas y proféticasvisiones de la fantasía. Porque en los vehementes anhelos del alma el primerpaso que a su objeto nos encaminapor limitado e indeciso y de corto valer queseanos causa el gozo intenso de la realización completa; un gozo más puro yperfecto aún porque nos le brinda sin la triste compensación de las dudastrabajosdesengaños y asperezas; sin las heridasincurables acasoque han deembarazarnos el camino largo o breve entre la posesión y la esperanza.

Ya el muchacho se mira hombre y transfiguradodueño de su libertadde supersonade la casa que ahora visitan holgadamente sin licencia ni atajoel soly el agualas gallinas que vuelan del cenagoso corral al desvencijado balcónlos puercos que se entran hozando del cubil a la cocina sin más ceremonia quedar una hocicada a la desquiciada puertacasa que ve restauradaengrandecidapuesta alegremente de blanco y verdeengalanada con pintado balconaje de hierroy bolas de

limpio cristal o luciente bronceasomada por cima de flores y frutales a unacerca firmey sobre firme ribeteada de verdes vidrios de botella para conjurode malas tentaciones y escarmiento de merodeadores.

Y se ve a sí propio en los umbrales de ella y cómodamente vestidorecostado en uno de esos mecedores que inventó la molicie criolla y adoptaronlos relajados usos europeoshaciendo humear un costoso tabacomirandorelumbrar diamantes en sus dedosoyendo sonar en su costado el recio balancínde un cronómetro inglés atado a larga y gruesa cadena que le cruza dobladasveces el pechosiendo espectáculoadmiración y envidia de un grupo derapazuelos que le miran asomados al pretil de la verjatan pobres y sucios eignorantes de toda holgura en vivirde todo mimo de la suerte como él loestuvo en iguales añoscomo lo está mientras le hacen olvidarse de ello susfantasías.

El cura le visitael alcalde le consultael pedáneo le halagala Guardiacivil le saludael cartero le trae cada día un rimero de cartas y periódicoscon sellos variossobres de mil colores y en lenguas diferentes. Se hallafinalmenteen situación de vivir a su antojode gastar sin medidade «comersin pedir ni esperarlo de mano ajenaque es pan de dolorpan de sangreaunquete lo dé tu padre»como desgarradamente dice Guzmán de Alfarache(24)<notas.htm>.

No sospecha lo penoso y largo de la jornada desde el deseo al goce. Noimagina lo que hay de tristezamiseria y padecerapostado aguardándole enaquella tierra que él juzga de bienaventuranzay esal decir de Cervantes«engaño común de muchos y remedio particular de pocos». No hay quien murmurea su oído el melancólico vaticinio de Cacciaguida a Dante:

 

Tu proverai si come sá di sale

 

Lo pane altruie com'é duro calle

 

Lo scendere e l'salir per l'altrui scale

y si lo hubiera¡qué pan puede parecer amargoa quien niamargo ni dulce lo tiene!

Y es voz común entre los versados en cosas de Indias que cuanto de másabajo trae sus principiostanto mayor facilidad de medro encuentra elaventurero desembarcado en sus playas.

Hay sin duda que tomarse con la fortuna como con potro cerril y bravoalcual se doma sin el regalo y ayuda de freno y estribode brida y espuela: ensemejante escuela se crían los jinetes duros y desbravadoresno en la quehalaga la humana flaqueza y cobardía con blanda silla y seguro rendaje. Sale deésta el caballero gallardolucido a la vistadiestro en primores de paseo yaparatopero no enseñado a sujetar y rendir la fiera desconocida que el azarle entregasin noticia de sus fuegos y su sangreni a vencer las duras eimprevistas ocasiones de la guerra y la cabalgada. Anda el uno expuesto acaídas y mortales lancesmientras el otrosuperior al riesgolo desconoce olo domina: en cambio trae a todos los usos y relaciones del vivirno siemprecon cristiana sazón y templanzaaquellas calidades ganadas en tal educacióny de las cuales no sabe despojarse ni puede embotarlasvista serenada y fríaánimo impasiblemano dura y sorda.

El ambiente moral de los pueblos se forma de efluvios exhalados por susinstituciones y costumbrescomo la atmósfera física de elementos resultantesde la acción compleja e incesante de la naturaleza. La fuente que brota en lamarina no tiene la frialdad y ligereza del manantial nacido en la montaña; elaire que en las vegas nutre la madera deleznable y blanca del chopo y del sauceengendra en las alturas la incorruptible y roja del tejo y el alercey si no enla esencia varía en los accidentes el fruto de una misma planta cuando nacióen parajes donde bastaron a su sed las lluvias del cieloy cuando necesitó serregada por mano del labrador. Vano es pedir al hombre nacido o criado enregiones pantanosas e insalubres sangre pura y pulmón robustoy es errornotorio exigir austeridades cenobíticas y socráticas rigidecesde espíritusformados entre el rudo batallar de sueltas pasiones y deslumbrados propósitos.La cultura europeaatraída por la prosperidad y la riquezay las vastasrelaciones mercantilesno bastan a litupiar el aire social de los nocivosfermentos que hacen germinar la esclavitudla separación de razaslaconsuetudinaria soberbiael odio latente que una y otra causa engendran.

El cuchillo de la realidad inexorable hinca su punta en el pecho del pobremuchachoy comienza a hacerse sentir cuando sobre el hervor gozoso queexperimentacae y se lo apaga de pronto el llanto de su madre a la primeranueva de la resolución tomada; porque la pobre mujer recuerda por sus nombres ycon personales pormenores a cada uno de tantos como partieron a embarcarseyque de ellos sólo han vuelto a ver a aquel a quien su hijo mira comoinsuperable modelo de prosperidad y dicha; recuerda quecuando volviónohalló ya viva a su madrey repara en que de las diarias visitas que hacenoscilar la campana colgada en el arco de la quintason las más numerosas lasdel médico; y si su hijo sólo ve al indiano el día templado y suave en que sesolaza y esponja al aire libreella cuenta los infinitos en que no se abren lasvidrierasy en que los criados dicen que su señor yace en cama o porquellueveo porque pica el solo porque la estación es crudao porque amagacambio de tiempo.

Y el cuchillo va penetrando poco a poco hacia el corazóncuando oye que sehabla de vender la vacao de enajenar una prendala de más valor que haya encasao de tomar dinero sobre la tierra escasa de suyoy ya esquilmada quizáspor el usureropara mercarle su arcasu equipode modo que no sepresente de traza que parezca que va a pordioseary le quede algún peso parael bolsillopeso que en ocasionesconservado como recuerdo y talismán yprincipio del trabajo bendito por las lágrimas y privaciones de la familiahasido origen y núcleo de la fortuna lenta y laboriosamente acumulada.

Luego se hace un voto a Nuestra Señora de la Bien-Apareciday aquel día estodavía día de fiesta para el muchachoque corre por las veredas con sushermanos y camaradasse revuelca en los prados y trepa a los robles de lascercanías del devoto santuario.

Luego viene el día de la marcha al puerto y las despedidasque no hay paraqué pintarpues son harto sabidos sus detalles. Luego llega el de esperar elembarque en el muelle de Santanderal caer de una tarde de otoñoquizáslluviosade fijo tristesentado sobre el arca roja y el colchón para a bordoque suman su fortuna y buena parte de la fortuna paternametidas las manos enlos bolsillosencorvadosilenciososintiendo más frío ahora que estácalzadoy trae gorray vestido completoy la estación es templadaquecuando con los pies y el cabello al airemal cubierto con una camisa haraposa yun calzón deformeen lo rigoroso del invierno y en lo áspero del selsilbabaa las cabras del pueblo y las reunía a pedradas y garrotazos para traerlas arecoger.

No se ha descuidado en preguntar a su padre hacia dónde cae elpuebloy busca entre las cimas diversas más apartadas o más próximascuálpor su forma y perfil le parece el montey desde la cumbredonde tienefijos los ojosbaja su pensamiento el monte abajoy asiste a cuanto pasa asemejante hora en el lugar; ve rezar a su madresalir de la escuela a susamigosretozar el rebaño en los argomalesy los ojos se le arrasan; oyellorar a sus hermanos pequeñuelosladrar al perro favoritotocar la oración;mira pasearse por el camino real al cura y al indianoy vuelve a sentirconfianza y fortalezaimaginando de nuevo que todo está hecho: pasadas lasamargurasvencidos los obstáculosy que el indiano a quien el cura no tutea yel maestro acataes él mismoseñor ya de casa y de caudal. Y torna aaparecérsele la visión tentadora e irresistiblecolmada de atractivoslimpiade las tristes compensaciones que su madre veíay de otras que a su madre sele ocultaban; no veimposible que lo vierano ve que llegado a tan excelsoapogeo de fortunaha de echar menos los pocos añosla robusta fibra y cáliday pura sangre de que ahora goza; no ve una sola de las inquietudes que a lafortuna acompañanni oye el triste e importuno son de los pedigüeños yquejosos que han de rodearle. Porque es de ley que el indianosi sudósipadeció solo y sin amparo de nadie para juntar su fortunaésta pertenece a sufamilia; y familia de indianoy de indiano ricocrece y se dilata fuera detoda proporción; los vecinos resultan parienteslos afines consanguíneosyno hay en el lugar votocalamidadvocación religiosa o precocidad notableacuyo gastoremediodote y estudios no haya de contribuir forzosamente elindiano. Conviene en ello al principiopor ostentación y porque no le hace malesto de parecer a guisa de señor antiguopatriarca y sombra de la aldea; masluego se cansay entonces oye zumbar en el aireo se los traen lenguasoficiosaslos vengativos epítetos: «laceriosodescastadomala sangrecicatero y sin entrañas».



 

 

- III -

Agua y sol.-La Leyenda.-Los Velascos

En tanto seguimos nuestra jornadael coche pasa junto a una ermita de laVirgeny desemboca en la cumbre de un cerro que domina la bahía de Santoña.¡Espléndido panorama! ¡Qué contraste de luces y colores!

¡Qué riqueza de vida y de carácter imprimen al paisaje esas entradas queel mar hace en las tierrasrodeándose de sus verdoresdando limpio espejo asus montes y a sus edificiosensanchándose a tenderse en sus honduras yesterosalargando un brazo a tomar el caudal que fluye de las montañasyenviándoselo con el otro al ancho Océanocomo ser pródigo que guardar nosabey para quien no fuera deleite recibirsi consigo no trajera el deleitemayor de dar!

El sol reverberaba sobre la inmensa sábana de aguaesmaltando su azulsombríohiriendo los ojos con el vivo centelleo de la marejada. Al NO. sealzaba el monte de Santoñagigantesca ciudadelacuyos verdes terraplenes yescarpes de roca viva erizan farosgaritasreductosalmacenes y baterías:enfrentey al pie de un cueto cónico coronado de ruinasdestacaba sustostadas paredes el convento de San Sebastián de Anófundación de losGuevarassepultura de la madre de don Juan de Austria; mírase en las aguaspor cima de una valla de espinos y laurelesy detrás de sí tiene un vastopaisajemanchado de coloreslos pueblos derramados de AdalCiceroBárcena.Marcando sus términos la curva ría de Marrónondea subiendo hacia Mediodíaa regar las muertas cepas del viñedo en Colindres y Limpias. Los montessoberana corona del paisajerodean la escena; los montes de cumbres sin númeroy sin nombreinmoblesinsensibles a los halagos de la noche que los acariciacon el beso y frescura de las nieblascomo a la gentileza del sol que losliberta de la molesta caricia.

Arrimados a los muelles de Santoña negreaban los cascos humildes de algunoscaboterosy alguna vela menudacomo pluma caída del pecho de una gaviotaheridacorría la bahía empujada por el viento.

Huérfano parecía aquel mar sin escuadrasplaza de ciudad sin gentemonasterio sin monjestaller sin obreroscolmena sin enjambres.

Mas si no a los ojos del rostro¿por qué no hacerlas desfilar a los de laimaginación? ¿Por qué no pedir a la leyenda lo que la realidad niega? Laleyenda es de invención humanacreación de poesía con que la poesía sirve aintereses y pasiones; mas como participante de la poética esencia y susvirtudesadóptanla los hombresy por su poética hermosura la guardancuandoya la ocasión de su nacimiento es remotay de ella ni vive raíz ni quedórecuerdo. La leyendacomo el aguaha de tornarse cuanto más cercana almanantialno cuando al cabo de largo y bullicioso curso han sido alteradas sulimpieza y claridad prístinas.

Trabajada del mar y de los vientos entraba una flota en la bahía. Masquebrantado por las olas el bajel que hacía cabezaenarbolando el haron ofanalgula de sus compañerosíbase a piquecuando venturosamente llegó atocar las arenas de la playa: ¡salve!exclamaron sus tripulantes en lalengua en que habían aprendido a orar y dirigirse al cieloy para encontrarluego el paraje de su salvamento les sirvió el grito de su ansia y de sualegría. Y Salve se llama al cabo de largas edades el arenal todavía.

En tanto en la opuesta orilla tomaban tierra marineros y soldados; fatigadosde larga navegaciónen cuyos azares habían temido perecerperdida todaesperanza de éxito y de fortunasintiéronse movidos del religioso fervor queen todo corazón enciende un riesgo desvanecidouna esperanza nuevaysaludaron la costa hospitalaria con devota invocación a la Virgeny a losbienaventurados cuya tutela reconocíany a cuantas sagradas memorias ¡sanctaomnia! eran base y alimento de su fe recientejuvenil y robusta

Eran los navegantes de la gente goda establecida en las distintas costas deEscandinavia; venían en auxilio de su razacuya raíz a duras penas agarrabaen el suelo españolsacudida por guerras y discordiasy remontando el ríomientras lo consentían la altura de las aguasdesembarcaron dispuestos a subirlos valles de RuesgaMena y de Carranzapara llegar a Castilla. El alto de Señaencima de Colindresconserva memoria del primer campamento de la huesteysitio donde plantó su tienda y su bandera el caudillo que la guiabaasí comomuy lejos yaen los confines castellanosel paso de Lanzas agudas recuerdala cercanía de países enemigos o sospechososy la necesaria cautela deprevenir armas y acicalar su filo mellado en los primeros combates.

En tantoel jefe del bajel pilotose detenía en la orilla izquierda delAsonpara fundar un solarestirpe de linaje destinado a ser uno de losprimeros y más ilustres de la monarquía castellana. Cerca del pueblo de Carasapermanece aún la casa de Velascocon el nombre del oficio que su fundadortenía a bordo de la flota goda (velascohombre del haron o faro); deaquel origen primerotrocado el nombre común en apellidosalieron vástagosdistintos a poblar la aldea que se llamó Vijuecesde los famosos que rigierona Burgos (Lain Calvo y Nuño Rasura)y las villas de Medina y de Briviescadonde debía empezar su elevaciónsingularizándose más por artes políticasque militaresciñéndose la corona condal de Harorival de regias diademasesmaltada de feudos y señoríosvinculando en sí la más alta dignidadpalatinala Condestablía de Castilla.

No degeneraba de tan soberbio espíritu la semilla que dejaron en la humildeorilla del río cántabro. Allí nació y dominaba aquella descendiente suyaDoña Velasquitaque rodeaba su escudo con franca y ostentosa divisa: Cuantoves de río a ríotodo es mío.

Así el misterio de los orígenes ha sido siempre incentivo y acicatede lainsaciable curiosidad del hombre. Hoy se emplea en investigar el suyo propio;hablarle de orígenes de apellidosfabulosos o históricoses suscitar suimpacienciaprovocar su desdéndespertar su sarcasmo. ¿Quién sabe si añosandando no aguarda la misma acogida de parte de los espíritus investigadores deentoncesa los sistemas e hipótesis en que apura su ingenio para explicar suprogreso y aparición primera sobre el globo?



 

 

- IV -

Una entrada de enemigos

Lejana de sus épicos orígenesquebrantada en su podery harto menguada englorias y en fortunaandaba la nación españolacuando con más certidumbresuena en su historia el nombre de la bahía de Santoña.

A su boca amanecía el día 13 de Agosto de 1639 una escuadra de setentavelasen cuyos topes flameaba el pabellón blanco y las lises de oro de la CasaReal de Franciatrayendo por general al célebre arzobispo de Burdeos Henryd'Escoubleau de Sourdis

. Venía esta fuerza contra dos galeones fondeados en la ría de Colindresal amparo de algunos cañones asestados en tierray cuya presa no podíaestorbar la plaza de Laredoa pesar de sus baterías altas y bajas y suguarnición de 2.000 hombres.

Seis mil puso en tierra al siguiente día el francésy los hizo marchar alasalto de la villa. La defensa fué floja; retiráronse los españoles a lasalturas vecinasmás aterradossin dudadel aparato y fuerza del enemigoquelastimados por sus armas. Don Juan Rejón de Silva que los gobernabaseprometía al decir de los prisioneroshaber hecho más firme y honradaresistencia; prevenido a menos desigual batallao distante de temer tan gruesogolpe de enemigos. Pero a bordo de las naves francesas navegaban ayudando alvalor y al ansia de combateórdenes precisas del omnipotente Richelieuparaintentar un golpe sobre la armada o las costas españolas; nadie de cuantos leservían acostumbraba soñar en torcer o resistir su voluntady el preladoencargado de ejecutarla teníaademáspara ser ciego y ejecutivo instrumentoel deseo de recobrar un favor que le desamparabarestableciendo su nombremilitar comprometido por esquiveces de la fortuna.

El año anterior habían salido con escasa gloria del asedio deFuenterrabíalos francesesobligados por un socorro de españoles alevantarle y descercar la plaza; mas durante aquella facción famosaelarzobispo encargado del bloqueo marítimo de la embocadura del Bidasoahabíatenido ocasión de acorralar sobre la costa de Guetaria una división españolay abrasarla con brulotes sin recibir daño alguno.

En esta carnicería perecieronsegún los partes del vencedortres milsoldados de los tercios viejos de Flandessin dejarle más trofeo que lostizones del incendio de sus buques apagándose en las olaspues los másvalerosos de aquella milicia sin par«perecían»dice el padre Fourniercapellán de la armada y testigo de vista«envolviéndose a guisa de mortajaen sus banderas». (A 22 de Agosto de 1638)

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Ni este triunfo ni el recuerdo de otros anteriores estorbaron que surgiesencausas de tibieza entre el cardenal y el arzobispoquejoso aquél de lacondición dificultosa de éstey respondió a sus exigencias con instruccionesterminantes sobre su proceder ulterior.

Así puesta a punto la armadacorrió a retar los buques refugiados en laCoruñaque no salieron a la mar

; pasó frente a Santandersin amagarlatemeroso de inútiles sacrificios ode un descalabroy vino despechado a caer con todo el poder de sus navíossobre Laredo.

Saqueada la villadesmantelada su fortificacióny embarcada laartilleríaorganizó una división ligera de fragatasbrulotes yembarcaciones menores queauxiliada de la mareaembistió a rendir losgaleones; defendiéronse éstosmatando dos capitanes de brulotes enemigoshiriendo de un mosquetazo en la mandíbula al valeroso Duquesnemozo entoncesmas ya señalado y destinado a gloriosa nombradía; mas acosadas de cerca sustripulacioneslos desampararon después de darles fuego: lograron los francesesapagarle en el más cercano; el otro fué consumido por las llamas.

En tanto la infantería desembarcada se hacía dueña de la península deSantoñacuya población y fortaleza sufrían suerte igual que las de Laredo.

De pingüe califican autores franceses el botín ganado en aquella empresa.Su trofeo militar fueron la bandera del galeón preso y ciento cincuentacañones de calibres diversos: haciendo alarde de humildadel arzobispo pidióal rey uno de ellosmaltratado y rotopara emplearle en refundir y robusteceruna de las campanas de su metropolitanay tan exigua merced otorgada única ysin dilaciónparece sangriento epigrama de las hazañas que premiaba

En poco estuvo que el prelado hallase en nuestras costas enemigo de su mismoestado y jerarquía. Algunos años antes habla gobernado en ellas las armas deCastillaentendiendo en aprestos y otras funciones militaresel arzobispo deBurgosdon Fernando de Acevedo

. Hay cartas del arzobispo español que atestiguan su celo en servicio delrey y de la patria; mas no consta que tomase parte en ocasiones de sangrecomolo hizo el impetuoso francés. Amansada la fiereza de los siglos mediosya cadaiglesia reclamaba y absorbía la presencia y cuidados de su pastor;usurpábaselos a menudo todavía la cortemas no ya el campamento; y cuando elrey de FranciaLuis XIIIo más bien su poderoso e incontrastable ministrosolicitaban de Urbano VIII licencias para otra cosa en favor dergeneral-arzobispoconcediósela el ilustrado y piadoso pontífice paraausentarse de su metrópoli; mas se excusaba de extender la dispensa ásævisde que tan forzosamente había de necesitar en el ejerciciosangriento de su nueva profesión.

Más adelantela ciudad de Burdeos tuvo licencia de recibir con pompa yconducir a su catedral las banderas enemigas que le regalaba el arzobispoquienvió consumarse su desgracia en julio de 1641batido por los españoles delantede Tarragonacuyo puerto bloqueaba; después de cuyo desastrey a pesar de lamuerte de Richelieuocurrida en 1642ya no tuvo mando militar alguno. Vivióhasta 1645 este pertinaz lidiadorque había constantemente empleado su marcialvocación desde temprano en hacer daño a los españolescomo si previese quede los españoles habla de resultar la ruina de sus ambiciones belicosas.



 

 

- V -

El Chacolí.-La bien-aparecida.-Giles y negretes

Si ahora subiéramos río arribao por el río o por la carreteradesde elfrente de este barrio de la Angustinadonde está el primer solar de losVelascosllegaríamos a Limpiasfamosa un tiempo por sus vinosqueasemejanza de los de Sicilia y Chiprenacen a inmediación del agua saladaperoquefaltos al germinar del ardoroso sol cipriota que dora y sazona la uvadelsuelo volcánico de Trinacriaque inflama y purifica la savia vital de lossarmientosno se parecen a los vinos meridionalesni en calificado sabornien áureo matizni en balsámico aroma. Aúnsin embargocontienen el germenjovial y bullicioso propio del fruto de la vid; aún sirven para ahuyentarcuidados y olvidar penas. No hace muchos años que en toda la comarca montañesadaban su nombre chacolíno sólo a la tienda y lugar donde se vendíasino a todo paraje de huelgabaile y bureo. Ir al chacolí valía tantocomo ir de fiesta y banquete rústicoaunque el chacolí no existiera nihiciese acto de presenciadestronado por licor menos castizopero mássuculento. La peste yermó los viñedos de Limpiasy es fama que no se hanrecobrado de su ruina.

A la otra parte del río yergue su cumbre el monte Candianoa sus piesMarrón sobre un recodo violento del cauce. Las anclas que Marrón fundía paralos gloriosos y soberbios navíos de Trafalgarse enmohecen hoy en el pasivo yobscuro empleo de bolisar la costa.

Luego se engarganta el pasosobreviene la hoz y sus fragurasentre lascuales tiene su santuario Nuestra Señora de la Bien-Aparecida.

Aquí reside la fe de toda Trasmiera y no poca parte de los territoriosencartados: no con mayor devoción invocan a su Madre del Pilar los fuertesaragonesesni con más vivo afecto del ánimo la ofrecen culto y preces. Ycuando llega su fiesta en los hermosos días de Septiembrelos contornos sepueblan de peregrinos y romerosque vienen a implorar favores o a agradecer losrecibidos.

Una ermita de San Marcos existía en el mismo lugar cuando apareció laimagen de la Virgen que hoy se venera. En los primeros años del siglo XVII(1605)ocurrió el suceso: a fines del mismo un rayo desbarató el santuarioerigido por la devoción; en la inmediata centuria se pusieron manos a sureedificacióncompletada en 1739. En los principios y fundamentos de éstacomo en los de toda fábrica piadosahace señalado papel un hombre de raraconstancia y singular desprendimiento; un hombre que sufre pacientemente procesoy cárcelporque sus bienes no alcanzaban a suplir la garantía de los caudalestomados en anticipo para la obra; que pasa una y otra vez la mary acepta entierra de Indias el penoso oficio de mendigarde estrellarse contra la comúnindiferenciacontra el desvío y la desconfianza; de sufrir probablementeescarnios y palabras durasnunca escasas para quien se da a granjear dinerosdestinados a fábricas devotas

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Más apartado y breñoso está el barrio de Bosquemado. En él o en suscercanías hubo una fortaleza (San Mateo) dondesegún la vieja crónica de sunombrevino a criarse uno de los mayores héroes de Castillael valeroso condeFernán González. Entregáronselo sus padres a don Martín Gonzálezcaballeroancianosolariego probablemente de esta tierrapor más que la crónica lenombre únicamente con su patronímico y sin el apellido del solar. Cuidóle concelo y con fortunasi a tan tempranos principios debió el fortísimo soldadoalgo de las virtudes que ennoblecieron su gloriosa vida; y ya criadovinieron aMarrón los caballeros y ricos-hombres de Castilla a recogerlo y llevárselo asus padresque residían en Burgos.

«Ovieron su consejo -dice la crónica de Arlanza en el tercer capítulo desu libro tercero- los ricos hombres y cavalleros de castilla de alçar por condey su señor a don fernan gonçalez | fijo tercero del muy Ilustre cavalleroconde don gonçalo nuñes et de doña ximena fernandes munia donna fija de nuñofernandez | fijo del rey don hordoño el primero y hermano del rey don alfonsoel magno et de don vermudo y de don fruela infantes. Despues de haber sido supadre don gonçalo nuñes e sus fijos y hermanos de este conde mayoresfallescidos et con acuerdo de otro su hermano deste conde fernan gonçalesllamado don g.º telis y su muger doña flamula et su fijo don ramiro fuerontodos los condes y cavalleros de castilla por este conde fernan gonçales á lamontaña | el qual asi por las grandes guerras y conquystas que los cristianoscon los moros avian como porque la gente era muy esforçada y leal y de muy altasangre | et comunmente dada mas a virtud y preciarse mas del vien que nyngunaotra gente de españa | el «conde don gonçalo nuñes dioles y entergoles aeste su fijo fernan gonçales para que le creasen y guardasen y serbiesen como asu persona mesma | Et los montañeses mucho mejor lo fasian cada día ca mucholes agradava el donayre y gesto y fermosura de este nyño ferran gonçales | etparescia en todo un espejo lleno de honestidad | E todos los cavalleros unanymesfueron cerca del lugar de s. mateo en la montaña a do fuera criado y dado acriar a un cavallero ya anciano bueno y de muy esclarecido linaje por nombre donmartin gongales muy sesudo que ya por la gran antiguydad no podía usar depleyto de armas | de cuyo linaje venieron unos que despues fueron nombrados losserranos | por ellos aver ganado un castillo muy fuerte halla cabo la tierra deviscaya puesto en una alta sierra | do fueron dichos serranos | y despues quemudado su nombre mudando ellos su avitacion desamparando el tal castillo que delos infieles avian ganado | y fueron renombrados los salasares que hoy en díason en españa | et como este martin gonçales era de muy buenas mañas ensenabaal conde todas las buenas costumbres | et aquello que le complia facer para talhombre como el era y el estado en que avia de ser | et el nyño como venia debuena semyente hasia y alabança de Dios acrescentaba fruto ciento al doble |tanto que muchas veces desia aql. cavallero martin gonçales a los otroscavalleros y condes de castilla | que si aqueste nyño visquya | que avia de serlus y espejo de españa | segun lo que avnque pequeño en él parescia | evenieron todos ally a marron y traxieronle a vurgos | y enviaron sus cartas atoda castilla | que asi condes como cavalleros y ricos hombres y losprocuradores y retores de qualquier lugar viniesen todos a vurgos dentro de ochodías por prober en aquello que era de necesidad»

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Por tardos y lentos que los ojos y el pensamiento seanson harto másveloces que el más ligero pie. Mientras aquéllos cruzaban el río metiéndosepor sierras y boscajesésteforzado a seguir la carreterano pasó deAmpuero.

¡Qué de tiempo hace que yo pasé por Ampuero al caer de una tarde deverano! Me acuerdo del sosegado ambiente que se respirabade la luz mortecinadel cielode los diáfanos vellones que se agarraban a los montescircunvecinosde la fisonomía callada y pacífica del lugardonde nosobresalía otro ruido desapacible y agriomás que el repetido martillar de unmozo de herradorque caballero en su banco enderezaba clavos encima de labigornia. Los vecinos se agrupaban para la tertulia del anochecery las mozassalían a la fuente por el agua del chocolate algunaspor el agua de la cenalas más.

Sin embargoeste lugar tranquiloesta villa mansa y silenciosadió cuna yprincipio en tiempos desconocidos a los dos terribles batidos que por espacio desiglos ensangrentaron y mantuvieron dividida y en armas la tierra dePeñas-al-marentre el Pas y el Agüera. Origináronse de odios entre dosfamilias poderosas por el número y la energía de sus parientescuyosapellidos sirvieron para designarlosllamándose Giles y Negretes. Cuandoaparecen sus proezas en los anales escritosambos apellidos han desaparecido yno suenan entre los resueltos mantenedores y capitanes de los bandosque sellaman entonces Agüeros y Alvarados; pero la bandería conserva su títuloylo conservacomo adelante veremoshasta los tiempos de la dominaciónaustríacahasta más de mediado el siglo XVIépoca en que no consintiendo lamejor policía del Estado y el progreso de las costumbres campañas particularesa campo raso y por armascontinuaban su rivalidad ambas faccionesdisputándose en las villas y lugares el prestigio de la autoridad moral y lasvaras del regimiento.

La dureza de alma de aquellas generaciones asombra. Convierte la historia dela comarca en una serie de violencias sin cuentoceladasasaltosdesafíos ybatallas campales en que lo más florido y brioso de su juventud perece. Loslinajes se arman haciendo leva de vasallosse arriman a un bando o se apartande él a impulso de la ciega pasión de un momento; hoy acompañan a los Gilesmañana riñen contra ellos en la hueste de los Negretes; sin previadeclaración de guerra se encuentran en un camino dos cabalgadas de banderacontrariay traban batalla para satisfacción insana de su odiopor hambre dereñiry riñen hasta retirarse cansados«fartos de pelea»que dice LopeGarcíasin haber vencedores ni vencidos.

Y en está pavorosa guerra de vecino a vecinodespliegan asombrosascualidades de astucia y de valor. El ofensor de un hidalgo no tiene ensemejantes tiempos lugar seguro; la ira no se cansa de espiaraguarda laocasióny usa de ella sin duelo y con presteza; el hogar es a veces campo debatallael tálamo patíbulo de afrentosas mutilaciones; el ofendidoacompañado o solosegún cuadra mejor a la seguridad de su venganzaacecha entodas partesen el camino de una romeríaen las puertas de un monasterioalpasar del vadoen la espesura del montea sombra de una tapiaen lastinieblasal medio díaal yantaral dormiral armarseal cabalgaralpararse arredrado por un rumor extrañoal arremeter para salvar la trocha o eldesfiladero.

La tierra les ayuda: sombríaquebradarica en hoces y angosturas propiciasa la emboscadarica en saltos de agua cuyo estruendo ahoga y sume el grito dela víctimaen remansos profundos que guardan irrevocablemente su cadáverenalturas donde apostar un centinelaen troncos donde poner una señalen grutasdonde esconder un aviso.

Y si antes de la ocasiónla suerte pone al alcance de su brazo un deudopadrehijo o hermano de su enemigono vacila en herir. Y según le cuadramejor usa de sus armasde la lanza con que pelea a caballode la espada queesgrime a piedel puñal con que se autoriza en estrados y ceremoniasdelcañivete con que desuella el gamo en el montey parte el pernil del jabalísobre su mesa. De esta manera se perpetúa y eterniza la deuda de sangre entrelas familias; el duelo constante entre razas que las cercena y extermina aveces; duelo no exento de cierta altiva generosidadporque en él se disputa lavidala vida solano los bienesno el caudalno la autoridad ni el puesto.

Mal sueño dormirían las damas montañesas; mal reposo tendrían cuandoausente del solar su esposo o hijopadre o hermanono podían fiar laseguridad de su regreso ni en el valor personalni en la compañía armadaniaun en la circunstancia rara de permanecer extraño a discordias y batidos;porque ¿quién estaba exento de asechanza y golpepor parienteo amigooallegado de cualquiera de los metidos en aquel permanente batallar?

El claro de luna que puestas en el alféizar de su ventana les sonreíatalvez alumbraba el tiro certero de una ballesta asestada al pecho del caballero;el silencio aromoso de la noche tal vez ayudaba a seguirle los pasos hasta elparaje seguro y cómodo para el homicidio; el rumor que el viento levantaba enlas hojas espesas de los castañostal vez encubría un grito lejanoque oídode la casa-fuerte le hubiera llevado oportuno y salvador auxilio.

Habríalassin dudaentre ellas de varonil corazóntemplado al calor delos duros tiempos en que nacieron; pero en su mayor número vivían con lazozobra en el pechoel llanto en los ojos y el nombre de Dios en los labios; deotra suerte hubiéranse desnaturalizado y no fuera humana descendencia laperpetuada por hembras a quienes el rigor y destemplanza de las costumbreshubiesen robado las augustas calidades de la maternidad humanapiedadcompasión y ternura.

Fué historiador de aquellos lamentables días y sucesos un personajeabonadísimo para pintarlos con fiel colorido. No era de la tierrapero sívecinoy en la suya y con los apellidos de Oñez y Gamboaanda han los bandosno menos encarnizados y divididos. Diez y seis años tenía cuando ya entraba encampo con sus parientes a sostener un desafío enviado a su padre por losbanderizos contrarios; luego peleaba contra infieles y en Castillaen cuyasguerras vela perecer al segundogénito de sus varones; al mayor se lo matabandespués en un encuentro de partidariosy el tercerodescaminado por lacodicia de suceder en el mayorazgo con perjuicio de los hijos de sus hermanosprimogénitosencerraba a su padre ya septuagenario en la torre del propiosolary con tal violencia consumaba la usurpación.

Había probadopuesde cuantos rigores y pesares traía consigo el estadofebril y desasosegado de los pueblos; puesto mano en los negocios comunes; vistode cerca los hombres y las cosasy podía maduramente juzgar a suscontemporáneosentrando en las causas recónditas de sus hechos.

Los ocios de la larga prisión que padecía «temeroso de mal vevedizoedesafuciado de la esperanza de los que son cativos en tierra de morosqueesperan salir por redención de sus bienes o por limosnas de buenas gentes»-como él mismo dice-aficiones añejas a leer y escribir de historiaquedesde sus mocedades le acompañaronel caudal erudito que poseíael interésde los sucesos en que fué actor o testigoel amor al suelola ley al linajeel espíritu de perpetuidad y conservación de todo lo ganado y poseídoquecaracteriza las razas montañesasmoviéronle a componer una obraextrañoconjunto de verdad y fábulay cuyo «nombre derecho»según sus propiaspalabrasdebe ser: «Libro de las buenas andanças e fortunasque fijo LopeGarcía de Salazaren XXV libros con sus capítulos é sus tablas en cada unosobre si de letra colorada.»

Tal fué Lope García de Salazarseñor de las casas de Salazarde SanMartín de SomorrostroMuñatonesNograrola Sierra y otrasmerino mayor deCastro-Urdialesque había nacido en 1399en aquella torre de Somorrostrodonde padeció cárcel; en aquel lugar al cual tanto amaba que legó a suiglesia el libro curioso resumen de su viday que venía de varón en varón deaquel ilustre prestamero mayor de VizcayaLope García de Salazar el viejoinvierto en la cerca de Algeciras (año de 1344) después de vivir más de cienañosdejando la prodigiosa descendencia de ciento veintitantos hijoslegítimos o espúreos. Cierto que su rebiznieto contaba ochenta y cinco hijos ynietos de ambos sexos y de una y otra procedenciay que con tan extraordinariaextensión de su ilustre apellidohabía dado lugar a que lo usasen hijos depadres desconocidosy a un malicioso dicho popular en Vizcaya: Quien nombreno tieneel de Salazar se pone.

De sus veinticinco libroslos veinte primeros forman una crónica dispuestaa imitación de la general de Españaordenada por el rey sabioy en ellos secomprende el Génesiscon los anales más o menos fabulosos de los pueblosantiguos de Oriente y Occidentey la historia de los reinos castellanos hastalos días del autor. Ya en el vigésimo se limita a Vizcayasu tierra nativayen los siguientes describe los títuloslinajesentronques y descendencias delas familias hidalgas de Bayona a Bayonay cuenta minuciosamente sus divisionesy discordiassus batallas y atropellos. Esta es su parte más interesantelaque anda copiada en archivos y manos de particularesporque el libro de LopeGarcíaaunque sea mengua y descrédito de cuantos te deben obligacionesaunno ha visto la luz de la prensa

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Más ancho teatrotranscendencia mayorotra raízotros elementosmásnumerosas huestesy más numerosos analistas por consecuenciahan tenido otrasluchas internasnefandasentre hijos del mismo suelode la misma lenguadela misma estirpeque vinieron a reñir en estos parajes sus postreras lides.

Carretera adelanterío arribamás allá de Gibajadonde parte a laizquierda el camino a los baños de Molinar de Carranzaestá Ramales.

Todos os acordáis de Ramales¿no es cierto? Digo todos los nacidos en latriste era de la civil discordia que dentro de esta provincia de Cantabriamarcó en dos parajes diversos su siniestra aurora y su sangriento ocasoenVargas y en Ramales.

En 1839en los primeros días de Mayodías de ordinario clarosgracias alos aires que soplan de Orientelas gentes subían a los altos de lascercanías de Santander a oir el cañón que tronaba en Ramales. A despecho dela distancia y a favor de la sonora concavidad de los montesel ronco estampidollegabamás claro o más débilprolongado o secosegún la horael calibrede la pieza y el punto donde disparaba. En aquellas asperezas se daba unabatalla de díascomplicada y difícilbatalla y asedio a la vez; combates deartillería y combates de arma blanca; batalla reñidareñidísimacomo quéla sostenían por una y otra parte soldados curtidos y amaestrados en largascampañas sostenidas durante seis dolorosos añosal rigor de todas laspenalidades del suelode todas las inclemencias del cielo; habíanse buscado ybatido en todas las comarcas españolasllanas y fragosas; las aguas del Arga ydel Cincadel Turia y del Duero habíanles refrescado las gargantassecas conel polvo de las batallas; habían caminadosufridoacampadovivido en hambrey en miseriaen desnudez y en pestecon la mano puesta siempre en la gargantadel fusil y la vista en la posición enemiga; la victoria indecisa habíavacilado entre ambas huestes; unos habían escrito en sus pechos y en susbanderas los nombres de MendigorriaGraChiva y Luchanaotros los de AlsasuaOriamendiBarbastro y Maella. Flor de valientes que sobrevive a las dilatadascontiendasrespetada por la muertesuperior a toda flaquezaextraña a todotemorcuyo ambiente propio parece el ambiente cálido de la peleay que esvanidad y legítimo orgullo de la nación que en sus armas fía y reposa.

¡Qué proporciones épicas toma la guerra en la mente del niñoen la mentedel pueblo! ¡Cuán fácilmente nace en ella la leyenda y da forma sublime a lasmanifestaciones del esfuerzode la generosidadde la virtud humana! Lo queoímos contar entonces no se nos ha olvidado; los nombres de los lugareslapeña del Morolas sierras de Ubal; los episodios de la luchauna cuevadefendida por un cañóna cuya boca van cayendo cuantos bravos se atreven aprobar el paso; un coronel que toma de manos de un oficial muerto la bandera desu regimientoque ha costado la vida a otros oficiales; los nombres de loscuerposla GuardiaLuchanalos Húsareslos Guías... y así en una mezclaconfusa de paisajefuegomatanzauniformeshombres y caballosse nospintaba entonces la célebre jornada; así la veía yo años más tardevisitando su teatro.

Dos antiguas casas solariegasla de los Alvarados y la de los Orensesa unoy otro lado del caminono paralelassino edificadas en ángulo rectohabíansido el centro de la fortaleza carlista. Y a pesar de los trece o catorce añostranscurridosdiríase que sitiados y sitiadores acababan de ausentarsedespués de enterrar sus muertos y recoger sus heridos. El asperón de los murosennegrecido y quebrantadoel recinto de ambos edificios a cielo abiertocolmado el suelo de escombrosun sillar movido de su asiento por el golpediagonal de una balaastillas y cascosrastros de incendio y de matanzay enel contorno marcada la huella del fosola cresta de la empalizada queensangrentó el asalto.

Al Nordeste y un poco apartado del caminoel cerro de Guardaminolaciudadela de las posicionesla última escena del combatela capitulación yvictoria definitiva; mas aquí las cañas hojosas y frescas del maízel henocrecidosetos vivos de zarzas y saúcos por donde trepaban lúpulos y yedrashabían disfrazado el suelo y hecho desaparecer toda señalsi alguna habíade las obras del zapador y del artillero. Y en las cercaníasni un pastorniun aldeano que recordase la batalla y quisiera narrarlani un soldado viejo quehubiera asistido a ella. El hombre rudocuya vida corre en solitaria yconstante presencia de la vasta naturalezaen continuada porfía con ellacampesino o marineroolvida fácilmente esas gloriasque son para el hombrecultocriado en holgada vida urbanaobjeto preferente de estudio y perennerecuerdo.

Laredo

 

 

 

- I -

Antaño.-Memorias imperiales.-La reina loca

«Aunque el mío es de los Cachopines de Laredono le osare yo poner con eldel Toboso de la Mancha»dice Vivaldo a Don Quijoteencareciendo su propiolinajey encareciendo más el de Dulcinea con no atreverse a establecercomparación entre ambos. Sin dudaVivaldoque era agudoparticipaba de ladoctrina del caballero sobre la odiosidad de toda comparación de linaje alinajeo de ingenio a ingenio; pero sobre agudo era cortésy se complacía enlisonjear la manía de su interlocutorcuya dolencia de meollo habíapenetrado.

Fuera cierto el dichofuera supuesto con propósito de halagar a DonQuijoteprueba la opinión de que esta tierra gozaba en punto a cosas dealcuña y abolengo. Y no cabe pensar que el caminante hablase en son de burlapues si lego en letras humanas el sencillo y valeroso hidalgopodía tomar comolumbreras y pozos de sabiduría a doctores graduados por Osuna o por Sigüenzano era fácil engañarle tratándose de genealogías y prosapiasen cuyoconocimiento era consumado y había gastado inocentemente su tiemposu caudal ysu razón.

Es que en los días en que Don Quijote extendía el glorioso ruido de susaventuras por los cuatro rumbos del horizonte españolLaredo era cabeza deeste territorio de la montañacomo lo fué hasta siglos después mientras sellamó el territorio Bastón de Laredoporque en la villa residía laautoridad superior que lo gobernabacomo lo ha sido parcialmente hasta nuestrosdíasdando su nombre al regimiento de milicias con que la provincia servía alrey.

Ademásen el siglo XVIera Laredocomo lo había sido en el sigloanteriorpuerto militar de Castilla y puerto de embarque de sus reyes ypríncipesy eran familiares a la corte y a los cortesanosa jefes y oficialesde los ejércitos de mar y tierratanto como la situación y medios de lavillael genio y condición social de sus moradores.

Caída está Laredo desde los días en que los españoles insignes de nuestragrande Eraprobaban embarcándose en sus aguas si su robusta cabeza resistíalos vaivenes y tumbos de la marcomo había resistido los embates de la vidala política y la guerracapitanes de la vega de Granadalegisladores de Toroy de Segoviaprimeroy más adelante soldados de Italia y Flandesprocuradores y magistrados de Valladolid y Burgosprelados de Toledo y Sevilladoctores de Alcalá y Salamancala gloria y el saberel esfuerzo y lainteligenciala gala y cortejo de sus monarcas poderosos.

Calda está Laredoporque su antiguo auxiliar y amigoel que la traíanaves y viajerosmercancías y caudalesel marla desdeña y la abandona y seconvierte en su enemigo; porque no solamente no quiere ya arrimar a susdesmoronados muelles flotas de Indias o de Levantesino que amaga estrellarcontra sus escombros la pobre y atrevida lancha con que Laredo persigue al mar yle arranca precaria fortuna en vez de la fortuna desahogada que él pudieratraerle.

Desde la cumbre donde llegábamosy desde la cual ha corrido la imaginaciónaventurera hasta los frescos valles de Soba y Ruesgase domina la villa. Sushondas callesque trepan el cerro del Rastrillar arribaparecen surcosabiertos en un pedregal por yunta torpemente guiada; otrasa manera de caucesagotadosbajan retorciéndose hacia la marina.

Como reliquias de buque derrotado y náufragoyacen mal sepultados en lasarenaslos muelles hollados por el gran Carlos Vy el sol enjuga y deja enplayaz o los fondos en que aterró sus áncoras la animosa escuadra de lasCuatro Villas

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En dos zig-zags se descuelga el camino desde la altura y penetra en la villa.Detiénese el coche no lejos de la casa comunalmaciza fábrica levantada sobretoscos pilares; y mientras al otro lado de una empañada vidrieradentro de unaposento ahumado y bajosus compañeros se sientan a una mesa fementida y malcompuesta y peor condimentadatiene lugar el curioso para visitar y correr lapoblación y el puerto.

La iglesia de Santa María de la Asuncióndonde subió a orar el emperadordesembarcado de su navegación postreraguarece su ingreso lateral bajo unpórtico del renacimientolevantado en aquellos mismos días como palio depiedra desplegado al umbral del templosobre la áurea diadematan grave enpesotan subida en leytan briosamente llevada y tan noblemente depuesta.

Fué la primera iglesia española que pisaba después de apercibido su ánimoal sacrificio de las grandezas humanas; afinojado bajo aquellas anchas ojivasdel siglo XIIImeditaba en el acto de desprendimientono imitado todavía poralguno de los dominadores de la tierray que le sublimaba sobre cuantos leantecedieron en el gobierno de pueblos; «pues quien llegó al superior gradoentre los hombres»dice Saavedra Faxardo«solamente humillándose puedecrecer».

Limpias y aseadas las usadas losas del pisobruñida del roce y del tiempola madera de sus bancosy abiertas de par en par las anchas hojas de su puertaparecían aguardar el cortejo de alguna solemnidad piadosa o regia entrada; masnadie penetró en el recinto; el sol únicamente entraba a pintar sobre elpavimento sus círculos luminososque ganaban lentamente altura y se colgabandel paño de los altares o subían por las labores del retablo.

Los templos henchidos de gente inspiran tierna devoción acasosacan laslágrimas a los ojos; en el templo desiertoes la devoción más austeramáshonda; y si la ola del llanto se agita dentro de sus manantialesno es paradesbordar y salir fueramas para caer sobre el corazón.

El Dios misericordioso que venís a buscar está allísobre el araperoteméis despertar y traer con el ruido de vuestros pasos al Dios justicierodequien os receláis; lo mismo sentís fijos en vuestras entrañas los ojos de losbienaventuradosque pueblan nichos y altaresy os sondean el almaque los dela yerta estatua sepulcrala la cual la muerte ha dado algo de la adivinaciónsupremay de la cualcomo semejante vuestrono esperáis compasión niindulgencia. ¿Quién puede con ánimo serenoy sin que su rostro palidezca ose ruboricefranquear a humanos ojos todossin excepciónlos íntimosrincones de su cráneo y su pecho? La grave y temerosa impresión de la soledaden el temploprevalece sobre la intensa y limpia luz meridianay la luzinundaba los ámbitos de Santa María de Laredo...

Cuentan que el emperador le dió los facistoles en que se cantan el Evangelioy la Epístola de la misa mayor. ¡Quién sabe si más de un joven levita vesurgir la augusta figura del donador entre las cláusulas del santo libro!

No la hay más completa acaso en la vasta galería de la historia entre losdominadores y caudillos de pueblosy para los españoles supone una época degrandeza talque su contemplación abisma y su estudio dilata el corazón y loconmueve con la agitación de las causas presentes y vivas.

Ya le encontraremos más adelante cuando pise tierra de Españacon todaslas esperanzas nacientes de los pocos años; ahora fuera ocasión de tristezarecordar la juventud pasadalos bríos perdidosla vida que huyó; porque elemperador viene quebrantadoviejopresa de la gota la mano de la lanzapresosde la gota los duros jarretes con que se agarraba a los lomos del más viciosobruto y le rendíamarchito y seco el noble rostroturbia la miradadobladoel enhiesto cuelloenferma y empobrecida la naturaleza; pero entera y cabal elalmaabrigando todavía dentro de ella el mundo que ha regidono extraño aninguno de los grandes cuidadosde los altos pensamientos del imperioyconservando harto calor en la sangre para no negarse absolutamentellegada unaocasión de guerray tratado de reunir un ejército en el Pirineo de Navarraavolver a saludar de nuevoa inflamar con su presencia a sus veteranos del Elbay del Danubio.

La nave que le traíaEspíritu Santomandada por Antonio de Bertendonaapellido de marinerosnotorio y repetido en nuestras crónicas navalesfondeóen Laredo el 28 de Septiembre: en una nave flamencaFauconvenían sushermanas doña Leonorreina de Franciay doña Maríareina de Hungríalascuales no desembarcaron hasta el siguiente día.

Salíanle al encuentro memorias de su desventurada madre embarcada en Laredopara ser esposa del borgoñón Felipe. Hasta la lengua del agua vino la gloriosaReina católica

y despidió a su hijaa quien no había de tornar a ver sino llagada elalmaoscurecida la razóninhábil ya para estimar y convertir en consuelopropio la antigua ternura de familiay aquellos halagos dulcísimos a cuyocalor se había formado su condición amorosa y lealcausa de su desventura.Criada doña Juana en la corte de sus padrescrisol de virtudes domésticasescuela de honestidad y de hidalga cortesíasentía florecer dentro de supecho risueñas y puras ilusionesdestinadas a morir marchitas por laexperiencia inexorable de la vida. Creía en la constancia y duración delafectoen su perfecto desinterésacostumbrada a ver cómo los caballeroscastellanosentre las belicosas fatigas de la campaña y los rendidos obsequiosde palaciopracticaban el culto de las damaspoética tradición de los díasde Juan IIpurificada y ennoblecida por la autoridad y alto espíritu de sugenerosa soberana.

Para su imaginación apasionada y vivala razón de estado no excluía deltecho conyugal la pazla armonía y la ventura originadas de recíproco ysincero cariñoni era el sacramento obstáculo a la vehemencia entrañable deun sentimiento arraigado y absoluto.

El príncipesu dueñotraía harto diversa educación y principios; lacasa de Borgoñaque ofrecía notables testimonios de valorde ambición y deculturano se realzaba por su devoción ni por su austeridad de costumbres;dentro del mismo siglo (año de 1430) su jefeFelipe el Buenoerigía yperpetuabaen símbolo de honor y de gloriael recuerdo de uno de sus carnalesextravíoscaballería singular cuya insignia apetecen y buscan altezas ymajestadesy que puesta en ciertos hombros acaso no se aparta de la doradavergüenza de su origen.

El marido de la princesa españolamancebo sensual y veleidosoestimaba ytenía por su mejor blasón una extremada belleza corporalque particularizandosu nombre en la jerarquía monárquicahabía de ser fácil alimento del vicioy presa temprana de la muerte.

Mientras vivió pudo doña Juana sentircomo intervalos de su fiebreabrasadoracierta esperanza de alivio a su penaalguna vaga vislumbre demejores horas traídas por el remordimiento o el desengaño; mas ya extinguidala luz en las pupilascuya mirada sola pudiera hacerla olvidar su anteriordesvíoapagada la voz en la garganta de donde debieran brotar las amantesfrases tan largo tiempo soñadasy nunca antes oídastodo albor desaparecióde aquella alma entenebrecidacerrándose a toda claridad su mente. Los ayessecoslúgubres de la insensatapenetraron las reglas paredesy salieron a lacalle donde fueron oídos por el pueblo; la realidad lamentable subió porencima de las cautelas cortesanasy desvanecidas dudas y respetos pudieronaragoneses y castellanos con justicia apellidar a su reina «la Loca».

Triste destinoque recordado a vista del suntuoso mausoleo de Granadahacepensar que en ninguna parte tendría expresiva significación como sobre elcuerpo de la heredera de los reyes católicos la sencilla fórmula sepulcral delos primeros cristianos: IN PACE.

Desde 1496 y su mes de Agostoa 22en que dió la vela de esta bahía paraFlandesinfantadoncellafiada en el porvenir y anhelosa de domésticasventurashasta la primavera de 1504en que de la misma playa partió de nuevoya madresin que las maternas alegrías endulzasen su amarguraapellidadaprincesa heredera sin que el brillo cercano de la primera corona del orbedistrajera su doliente y constante pensamientohabían corrido los años másbelloslos únicos felicesharto breves ¡ay! de su edad.



 

 

- II -

Un amigo.-El luto de las armas.-El puerto de refugio.-Santoña

Sobre la melancolía causada por padecimientos y memoriaspesaba en elánimo imperial la melancolía del cielo opaco y lluviosopues al siguientedía de la llegadacambió el tiempo y alborotóse la martantoque de lassetenta velas quesegún Sandovalcomponían la escuadrano pocas hubieron derefugiarse al puerto de Santanderimposibilitadas de tomar el de Laredo

Pero sabido es que el cielo aprieta y no ahogay luego trajo remedio a lapesadumbre que el emperador sentíaa la inquietud que le apuraba por no haberhalladoal saltar en tierraprontas a recibirlelas gentes que debieran estaroportunamente prevenidas.

Luis Quixada vino a encontrar a su amo y señor a Laredo; Luis Quixadaelamigo del almaese amigo único que tienen todos los buenos y nadie más quelos buenos; el amigo de todos los momentosde todas las ocasionesde ánimoigualde serena concienciade corazón anchocapaz de toda indulgencia comode todo sacrificio; el amigo que compadece y no lisonjeaque censura y nolastimaque oye sin impacienciaruega sin halagosaconseja sin hiel y sirvesin altanería. Pocas veces los poderosos logran esa merced insigneesa lealtadciega de un pecho nobleesa adhesión invariable de un carácter enterodueñode su albedríodotado de luz e independencia suficientes para ver y juzgar;porque el ejercicio del poder¡miseria grande de la humanidad! o bienenflaquece y mata en el corazón humano la sinceridad y la confianzao bienhace nacer en él la suspicacia y el desvío. Carlos V merecía favor de tantopreciopuesto que la Providencia se lo había concedido.

Quixada era ese amigo suyolengua francapensamientos honradosmano lealreserva impenetrable. En él había depositado el mayor secretoel único de suvidael nacimiento de Don Juan de Austria; en él habla fiado la educación delglorioso bastardocuyo origen había de bendecir y legitimar el cielo haciendoun día del príncipe el campeón victorioso de la religión y de la patria

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Así le vió llegar con alegríaasí hubieron ambos larga y sazonadapláticaque despejó el semblante cesáreo y ahuyentó sus nubesy ya elemperador no se quejó de las molestias del mal y del camino. Quixada estabacercaoía las quejas y las consolabao ya ofreciendo y procurando el remedioo ya encareciéndolasque es uno de los medios humanos de aliviar el padecerdonde no alcanza otro.

Martes 6 de Octubredespués de comerque esto no lo descuidaba el augustomonarcacon frecuente dolor de su fiel amigoa quien no se ocultaba que elbuen apetito del emperador favorecía su dolenciapusiéronse en camino paraCastillasiguiendo el valle del Asonsubiendo los puertos por Agüera ydirigiéndose desde Medina de Pomar a Burgos.

Otra princesa españolahija también de los Reyes Católicosy no menosdesgraciada que su hermana y madre de Carlos Vhablase hallado en Laredo por elmes de Septiembre de 1501: la infanta Catalinallamada Catalina de Aragón porlos inglesesde cuyo célebre rey Enrique VIII fué esposa.

Hablase embarcado en la Coruñaen estación tan poco sospechosa como el mesde Agosto para rendir su viaje; y el marcomo un lebrel fiel e inteligente queadivinando instintivamente la cercanía de un riesgosale al encuentro de sudueñoy con halagos primero y con violencias despuésle defiende el pasoelmarhinchando sus olas y llamando de sus abismos boreales a los contrariosvientosatajó el rumbo de la escuadra. Anclaron en Laredode donde hicieronrumbo de nuevo a 27 de Septiembre.

Nadie evita su destinoy era el de la infortunada princesa partir el lechode aquel redomado hereje e insaciable sátirosufrir la afrenta del repudioverse sucedida por una de sus damasla no menos infortunada Ana de Boleyn o AnaBolenaque dicen nuestros historiadoresy dar asunto a que el gran Shakespearepusiera con justicia en sus labios estas palabras: Thinking that we are aqueen (or long have dreamed so)«pensaba ser reinaal menos largo tiempolo he soñado.»

Y el alío de 1559y en el mismo mes de Septiembreque parece el señaladopara las regias navegacionesestaba en Laredo Felipe IIy desde allíescribía al cardenal Mendozaobispo de Burgosagradeciéndole su voluntad enir a esperar a la raya de Francia para acompañar en su viaje a doña Isabel deValoisdestinada a esposa del monarca. Y también hubo tormenta y perecierongentes y naves y objetos preciosos de arte que la escuadra traía.

Tan desiertas como debieron quedar a la salida del imperial cortejoencontraba yo tres siglos después las calles de Laredo. En una de ellasde SanMartín creo que se llamahay un palacio de parda silleríaancho alero yesculpidos canecillos: el escudo puesto entre sus dos balcones estaba cubiertode estameña negra -y como nadie pasaba tuve espacio largo de meditar sobre loque la estameña significaba-e imaginé toda especie de historias antes de darcon la verdadera; porque a pesar de haber oído una y otra vez que las armasvestían lutocomo lo viste la banderaeste uso antiguoesta reliquia deremoto simbolismo y fe remotajuraba tan de recio con las costumbres presentesparecíame tan ocasionada al olvido de nuestra edad tibiaal sarcasmo denuestro siglo iconoclastaque dudaba de su subsistencia como no fuera allálejos de pobladoal amparo de la soledady del desiertodonde se acoge todareligión y todo cultocuando nace y no tiene todavía fuerza bastante pararesistir el ambiente duro de la vida comúny cuando va a morir y le faltan yalas fuerzas para soportar la energía de ese mismo ambiente.

Pero el lutopuesto en armas o en personasen criatura viva o en piedrayertaes aviso de la muertees testimonio de padecimiento y llantode vacíoen el almade ruina y dispersiónde cuantas aflicciones pueden invadir elmísero ser humano y someterle al martirio del dolor inconsolable; por esohumaniza todo cuanto vistey al humanizarlo lo hace objeto de interés antes nosospechado. Si antes esas piedras esculpidas inspiraban desdénal hallarlas enlo sucesivo ese desdén será templado por la idea de que alguna vez puedenencontrarse esas alegorías mudasobscuras e indescifrablescubiertas por lafúnebre alegoría del sepulcrotan claratan permanentetan fácil decomprendertan difícil de desdeñar.

Yo no recuerdo qué fiesta celebraba Laredo; su orquesta populareltamborilero batía el parche y soplaba el pito con bruscas y marcadastransiciones de lo fuerte a lo suavede lo vivo a lo lento; y sin hacerle casoal parecerpero atraídos indudablemente por su músicallenaban la plazaconsistorial sus pobladores.

Las lanchas dormían; dormían en la bajamar de su cegada dársena.

El alto peñón que defiende de las mares del Norte el menguado fondeaderoha sido taladradoy bajo las baterías que le coronan pasa un doble carril adesembocar en la bravía costaallí ha necesitado Laredo salir a edificar unpuerto de refugiopara sus lanchas acosadas por el Noroesteel tirano y elverdugo de estos mares. El Noroestede siniestro alaridodesigual y alevosotoma la velaen cuanto terminada su faena pescadorao advertida por lasamenazas del sombrío horizontela lancha vira y se pone en demanda de lacosta; y abatiéndola constantementeayudado por la mar que se encrespa y rompey sacude la navecillay no la consiente ceñir su orza: ni enmendar su rumbola niega el puerto y su gola barreada por la creciente arenay la trae aperecer sobre las erizadas rocas. Va sin tentar el seguro riesgo de la difícilentradalos pescadores laredanos hallarán dónde guarecerse del temporalytendrán un muro que poner entre el pavoroso furor de los mares y el trabajadocasco de sus lanchas.

Desde aquel peñón se espaciaba la vistaarrullada por ese crudo y ásperoquejido del agua entre las piedrascuando sopla la brisa veraniega de Nordeste.

Enfrentey cortando la línea azul del marcomo uno de esos colosospintorescos conque el capricho de la naturaleza anima y acentúa el paisajesurge el monte de Santoñainmensa roca desigual y gibadaverde promontoriolevantado sobre cimiento de rocasrocas negras donde las roe el marrocasblancas donde las hace ceniza el sol. En uno de aquellos escollos siniestrosconvirtió la fábula a Eritreasibila o profetisadeidad del mundo paganoomás bien encarnación del numenjerarquía intermedia entre el olimpo y latierramente de Jovefrase de Apolovoz febril y trémula de mujer enervadapor la abstinenciael incienso y los ritos.

Ya se habían diseminado por el orbe aquellas creaciones del Orientereligiosobuscando acaso más propicia atmósferamás fecundo sueloporqueya el suelo y el aire nativos los desconocían y arrojaban de sícuando deprontoy en medio del Oriente descreído y gastadosonó la palabraregeneradora y nuevael grito de la humanidad despierta de su letargolevantada de su postraciónresucitada de su tibiezadueña de una revelacióninesperadaconsoladoraque establecía la eterna vida del espírituel premioinmortal de las virtudesla santidad del sacrificiola ley del amor universal.

A esa voz que oyeron y cuyo poder inmenso penetraron las más altasinteligencias de la sociedad antiguala vieja teogonía quedó dislacerada yyerta; apagóse la falsa voz que animaba sus mitos; y abismáronse en las aguastrocáronse en piedrasdeshiciéronse en fluido impalpableresolviéronse envaga alegoríaen indeciso recuerdoen sombraen rumor. Quedó de ellos laforma insensibleel nombre armonioso. Andando siglosesa forma sola con subelleza singular ese nombre solo con su música dulcísima han de cobrar denuevo figurada vidala que baste a seducir el oídoa prendar el pensamientohumano; pero ya el corazón de la humanidadel centro sensiblenido y fuentede la pasiónara del fuego inextinguibleles está irrevocablemente cerrado.

Lentamente va Santoña completando el sistema de fortificación que le danombradía; cada día añade una piedra a su corona muraly es voz común quese camina a hacerla inexpugnable. Lo expugnable o inexpugnable de una plaza sonlos pechos de sus defensores.

Hablan eruditos escritores de una lápida romana hallada en Santoñapiedravotiva erigida a Septimio Severo por los navieros o mareantes juliobrigenses;mas ninguno de ellos la vió y todos la describen y examinan bajo la fe dereferencias anteriores. A ser auténtica y auténtico su hallazgoayudaría aesclarecer el punto geográfico de la verdadera situación del Puerto de laVictoria de los juliobrigenses.

Las memorias más antiguas y positivas que poseemos de Santoñasonpuramente religiosas. Y ciertamente que los sitios se prestaban a una deaquellas fundaciones primitivas quecomenzadas en la obscuridad y apartamientodel yermodilataban poco a poco su nombreensanchaban sus pertenenciasy afavor del tiempo y de su perseverancia llegaban a ser establecimientos mitadfeudalesmitad devotoscentros de cultura y estudiocuya autoridad manaba ala vez de su rígida disciplinade su fortuna y de su independencia. Losprimeros monásticos en las partes de Occidente mostraron señaladapredilección por las costas. En terreno peninsular o aislado nacieron aquelloscélebres monasterios de Lerins en el Mediterráneo y de lona y de Bangor en elmar de Irlandaque en días de dolorosas tinieblas para el mundo conservaron oencendieron luz de benéfica civilización en Franciaen la brumosa Hibernia yen la agreste Caledonia.

Poco le falta a Santoña para ser islay fácilmente cierra su término confoso o con cerca. La falda meridional del monte abriga de toda inclemencia unrellanoa la vera del aguacuyo suelo forma la tierra lentamente desmoronadadel peñascosustancioso y rico mantillo purificado por el sol y cernido por elviento al caer desde la cumbre a la hondonada; suelo hortelano y fértil dondeflorece el azahar y madura el limón aromático y jugosocomo en las tibiasmárgenes del Guadalquivir y el Júcar. A la sombra de sus limoneros se agrupala población. En la cima del monte se apretaban las carrascasplegadas yabatidas por el viento marinoy entre sus manchas crece la grama espesacortay sazonada por el salobre ambiente que con lengua codiciosa siega el ganado ynutre las carnes del cebón e hinche la generosa ubre de las vacas.

Cerradopuesen este gigantesco castrovivía ya en el siglo IXy en elaño de 863Montanoabad de Santa María de Puertoadvocación del monasterioerigido en Santoña y que conserva la iglesia parroquial de esta villa. Teníaen su compañía a un cierto obispo Antoniomuy nombrado en escrituras deltiempoquizás ahuyentado de su diócesis por persecucionesquizásespontáneamente retirado de ella a la vida penitente y obscura del cenobio.Grandes males debieron sobrevenircuando antes de dos siglos la comunidadhabía sido dispersael monasterio desiertoy sus bienes andaban usurpados yrepartidos en manos de los naturales. Un peregrinoque decía venir de OrientePaternollegó a estos parajesentróse en la abandonada casaconvidó ahacer con él vida conventual a otros fervorosos y desengañadosy se dieron alabrar la tierra y a plantar viñas y pomarespredicando con el ejemplo y conla palabra. Luego se despertó naturalmente en ellos la idea de los derechosantiguos del monasterio; buscaron y hallaron los títulos e instrumentosypretendieron hacerlos valer. Los poseedores de las heredades resistieron lo queles parecía despojoy siendo más numerosos y más fuertesarrojaron aPaterno y sus compañeros de Santa María. Fuéles preciso acudir al entoncessoberano de esta tierraque era aquel don García IV de Navarrallamado deNájerael cualen la era de 1080 (año de J. C. de 1042) ordenó larestituciónponiendo de abad al Paterno y otorgándole los derechosseñoriales de jurisdicción y asilo dentro de los términos de la posesiónantigua

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Todavía en la era de 1292 (año de 1254) cita Yepes al abad don Fortuño oFortun de Santa María; luego el monasteriocomo tantos otrosqueda anejo aSanta María la Real de Nájeraque percibe sus diezmos; y así vanfundiéndose en otras más favorecidas o más considerablesy desaparecendejando su advocación a las parroquiales de los puebloslas innumerablesfundacionesexiguas y precarias que la Orden de San Benitoen el celo invasorde sus orígenesderramó por las tierras de Occidente.

Si hubiéramos de juzgar de la humanidad por estas mudanzas de atribuciones yoficio de sus mismas obraspor estos cambios de monasterio en fortalezadecasa de oración y trabajo en casa de mortales intentos y enemigo recelodiríamos que la humanidad retrocedíay de mansos y pacíficos instintoshabía degenerado en propósitos feroces y de exterminio; más evidente signo desu mejora y progreso seria ver trocada la fábrica de guerra en fábrica deobras piadosasel hierro del cañón en rueda industriosay el acero del sableen artísticos buriles.



 

 

De Laredo a Santander

 

 

 

- I -

Una Atalaya.-Los Guevaras. -Bárbara Blomberg

Por una llanada de maíz y heno corre el camino de Laredo a ColindresdeColindres a la marisma y barca de Tretodonde se cruza la ría de Marrón.

Guarda el paso una torre erigida en la orilla opuestaatalaya del siglo XIVsemejante a tantas otras como vigilaban los cauces de los ríos desde suembocadura a sus fuentesy los caminos desde la costa a Castilla. Por quecauces y caminos siguen una dirección mismaadvertidos y enseñados loshombres al abrir sus salidas y senderos por las aguas que buscan los suyos conel menor trabajo y fatiga posiblesplegándose ante el obstáculo invenciblesorteando sus dificultadescediendo en sazónganando tiempo y ahorrandoesfuerzo.

Esas torres que hallaremos en todas las cuencas de la montañaen las delSaja y el Besaya como en las del Asón y el Paseran la lengua queinstantáneamente publicaba y extendía por la comarca la voz de los grandessucesosacometidasinvasionesmarchas de huestesacampamentos y refriegas.La humareda que brotaba de su almenaje de díala lumbrada que le coronaba denoche eran palabra elocuente y vivaclaramente entendida por los infinitos ojosque de distancias diversas lo oteabanel marinero desde su barcael labradordesde su miesel soldado desde su tronerael leñador desde el monteeltrajinero desde su caminoel pastor desde la sierrael bandolero desde suguaridael monje desde su celday para cada unosegún su oficio y según laocasióntenía significado y acento distinto.

A unos atraíaa otros espantaba; ya esparcía terrorya lo disipaba. Unasveces era señal para que los habitantes cerrasen sus puertaslos más cercanosse acogieran a la torre con mujereshijos y lo posible de su hacienda; otrasseñal de que el peligro estaba desvanecidoy los campesinos podían salir desu refugio y esparcir su ánimo y volver a sus faenas; era bandera de paz ybandera de guerraconvidaba a armarse o a soltar las armasa pelear o a huir;era como la manifestación de una voluntad invisible que presidía al gobiernodel vallea su salud y a su custodia.

Libro de interesante lectura compondría el escritor que corriendo lasatalayas describiese su situación pintoresca siemprerecordando los sucesosque han vistoel turbión de pasiones humanas que se han agitado y vividodentro de sus muros o en torno o a vista de ellos.

Pero desde que asomó el caminante a los altos de Laredoestán llamándolelos ojos y la curiosidad las doradas paredes de un edificio de aspecto monacalque sobre un cinto sombrío de verdura se levanta en la orilla del aguayparece recostado en un cerro.

Ahora que aunque a distancia el camino le rodea y envuelve pasando aMediodía y torciéndose al Noroesteel monasterio se destaca primero sobre loslejanos términos del monte de Santoñadespués sobre la línea azul de labahía y el Océanoy al otro lado del montecillo surgen las torres de la villade Escalanterojas como las paredes del monasteriounas y otras del colormaravilloso de las torres granadinasy como ellas dando vívido y caliente tonoal paisaje.

De la villa procede el convento. Habíala pobladoen 1246GarcíaGutiérrez de Ceballoscaballero de antiquísimo solar montañés y de raza depobladoresporque un ascendiente suyo había hecho en Valdáligade donde alparecer su estirpe procedíaotro tanto como García Gutiérrez en Escalante.Los derechos de ahí originados y reconocidos se acumularon en cabeza de unanieta del referido Garcíadoña Elvira Alvarez de Ceballossucesora yheredera de sus estados.

Casó ésta con Fernán Pérez de Ayalailustre caballero alavésy en sutiempo les fué reconocida la jurisdicción señorial por privilegio del rey DonEnrique IIdespachado en 1370y posteriormente confirmado por Don Juan I en1379 y por Don Enrique III en 1393.

De nuevo recayó en hembra la sucesiónrecogiéndola doña Mencía deAyalahija de Fernán y de Doña Elviralos cuales concertaron casarla con unpoderoso vecinodon Beltrán de Guevaraseñor de las Casas de Guevara y deOñatelos cuales habiendo dos hijos y estados bastantes para dejar en pos desí dos casas igualmente honradas en caudal y en alcurniacapitularon dividirsu hacienda entre ambos.

El unoque se llamó don Pedrollevó la casa de Oñate y de Guevara; elotroque se llamó don Beltránla de Escalante y de Ceballos. El resumen delos estados de ésta era el siguiente: la villa de Escalante en la merindad deTrasmierael condado de Tahaluel marquesado de Rucandiola villa dePontejosla de San Salvadorla de Gajano y los barrios de Anero. Y en Asturiasde Santillanael valle de Valdáligala villa de TreceñoRoizLabarcesLamadridla Revillael TejoCaviedesy en Polaciones la villa deSanta-Olallay en la Puente de Arce la Torre-fuerte con sus heredades y pozosde salmones

Este don Beltrán de Guevara fundó en el islote de Anóhacia 1421elconvento de franciscanos de San Sebastiándonde tiene sepulturacon otros desu raza. Los Reyes Católicos otorgaron a los doce frailes que lo habitabanexención de tributos reales y la libertad de poseer un barco para comunicarsecon el continente. Allí vinieron a sepultarse el hijo del fundador y suheredero don Ladróngeneral en la guerra de la Axarquía de Málagacaballerodel Toisón y mayordomo de la princesa doña Juanamuerto en 1503; y don Pedrode Guevaracomendador de Santiagoembajador del César en Polonia; y don Joséde Guevaracapitán general en el Rosellón y virrey de Navarraque murió en1568

Aquí vino también a yacer Bárbara Blombergla madre del ínclito don Juande Austriahijo de Carlos V. Era hija de un burgués de Ratisbonahermosa yhabilísima en el cantoafición tenaz del emperador. La honda melancolía quea intervalos le asaltaba desde la muerte de la emperatrizacaecida en 1539siete años habíase desvaneció al halago de la voz melodiosay la vozplantó su eco tiranoindeleble y profundoen el lugar de donde habíaahuyentado el pesar.

Casóse más adelante con un alemánKegellcomisario en los ejércitosreales; tuvo de él dos hijos y quedó viuda. Mas en su viudez no vivió con elrecato y modestia a que parecía obligada por las memorias unidas a su nombre.

Tanto fuéque de acuerdo con su propio hijo don Juanel rey Felipe IIdispuso su venida a España.

Establecióse en San Cebrián de Mazoteen tierra de Valladolid; trasladóseluego a Colindres según los instrumentos históricosa Ambrosero según latradición confirmada por las memorias que en Ambrosero quedan y allíencontraremos. En Colindres o Ambrosero murió hacia 1598y en su testamentodejó ordenado se celebrase su entierro en el convento de Laredo y se enterrasesu cuerpo en San Sebastián de Anó.

Y consta que esta última parte de su voluntad quedó cumplidaen elMemorial que uno de sus testamentariosAgustín de Alvaradodirigió al rey en1599rogándole que de la pensión de 3.000 escudos que la muerta percibía yqueda vacantemande hacer el gasto de su sepulturala fundación de una misaperpetua por su almay la satisfacción de algunas deuda por «haber muerto tanpobre como murió»



 

 

- II -

Ambrosero. -Agua al sediento. -Los arquitectos montañeses

Dejemos a la villa de Escalante bañándose como una salamandra en elespléndido sol que inunda su campiñaaunque el trozo de carretera recto yllano que la liga a la carretera que seguimosconvida a visitarla más decerca. -Mas ahora no tenemos vagar para ello.

¡Oh! si en cada paraje que un recuerdoun lazouna afición cualquieranaciente o añejameditada o súbitanos convida a hacerposadacediendo alplacer de un momento detuviese mi jornadanunca llegaríamos al término deella. ¡Y qué sería de tu paciencialectorque amigo o curioso meacompañas! Y sin embargoqué de veces y en horas señaladas y en señaladoslugares de esta peregrinación que se llama vidate habrás dicho ¿por quépasar de aquí? ¿A qué caminar mássi el sitio es apacible y el almaencuentra atmósfera apropiada a su anhelar constante e infinito? ¿Por qué noalzar aquí nuestras tiendas como los apóstoles de Tabory hacer tranquila yfinal morada?

¡Qué vida sueña el alma en semejantes ocasiones! Y quizás el solo encantode esta soñada dicha consiste en la imposibilidad de lograrla. Vano seríaintentar torcer el curso de la vidacediendo al impensado hechizo; allíencontraríamos las amarguras y el hastío de que anhelábamos huir.

Llegaba yo a Ambrosero con aquella cándida ignorancia con que por puntogeneral visitamos nuestra tierray que es una de las razones que dieron ser aestas hojas.

A la izquierda del caminoen suelo pendiente y bajoasoman entre robles ynogales los tejados de un barrio.

-Barrio Madamame dijo un compañero de camino.

-¿Y por qué se llama barrio Madama?

-Porque en él vivió una extranjeraa quien las gentes del país llamabanasí; la madre de Don Juan de Austria.

-Es verdad que no sólo las gentessino la correspondencia oficial deltiempo llamó a aquella señora Madama Bárbara BlombergY por cierto que latradiciónafirmada por el título del barriome parece prueba evidentesi nohartade su residencia en Ambrosero.

-Hay otrasdijo mi ilustrador; hay la casa en que habitó y conserva sunombre; hay tapices en la iglesia que fueron regalo suyo; hay papeles en elarchivo del Ayuntamientosegún me han aseguradoaunque no los he visto.

Yo los verépensaba yo entonces en mis adentrosporque en ellos a no dudarestá el completo esclarecimiento de ese punto de historia.

¡Yo los veré! ¡Cuántos propósitos parecidosinstantáneossincerosvehementesy que no viven más del instante de su generación! En aquelinstante parecen fácileshacederos; los medios de ponerlos por obralaocasión y el tiempo de realizarlos están a mano suficientes y oportunos. Luegose entreveran otros afanesotros deseosotras necesidadesotros propósitosquizás en que se emplea y gasta el alma queaunque inmortalno es infinita niuniversalni menos omnipotente.

Aquel día hacía extremado calor; declinaba el veranoy eran las dos de latarde. A la sombra de unos árbolesacurrucada en el suelocruzadas las manossobre el regazocaída atrás la blanca bengala que dejaba ver su cano cabelloy que lo orease la perezosa brisaestaba una mujer anciana con un cesto delanteen tierracubierto con una toalla de inmaculada blancura. Sabido es que estamáquina y aparatoen nuestra tierracontiene siempre frutay frutariquísima las más veces. Efectivamentealzó el veloy asomaron su fresca yvellosa piel hasta docena y media de pavíasde esas pavías llamadas naterasredondasgruesasblancascon su mancha colorada en medioparecida a lasque al volver de la romería traen en una y otra mejilla las muchachas que lasrecogen y las venden.

Grato es al mediar una jornada en las abrasadas llanuras de Castilla elracimo de uva que el guarda de los viñedos ofrece sin regatear al pasajeroyno es menos sabrosa la naranja que os espera al término de una cabalgada en loshospitalarios cortijos andaluces; pero nada tan refrigerante y sabroso como lapavia montañesaque para mejor llamar la sedienta bocamuestra una limpia ycristalina lágrimacayendo de la herida abierta al desgajarla de su ramonativo.

Y no es la sola fruta que os brinda al paso su fragancia y su frescura; a parde ella os invitan purpúreos briñones o griñonesque aún no sé cuál seasu nombre verdadero; peras de variedad infinitay la ciruela claudia deambarina pulpa y terso hollejo; esto cuando ya desaparecieron las rojas cerezasconsumidas por la estación y los golososy cuando aún no negrean entre susanchas hojas los higos de mielni ha caído del árbol la paradisíaca manzanaópima cosecha del otoño.

Pero no nos distraiga la gula del arteaun cuando no sea gula aplacar lased.

Los aficionados a caminarartistascazadores o curiososcuantos corren elriesgo de un dilatado ayunode un sol inclementede un súbito aguacerosabenpor demás el profundo agradecimiento que conservan al manjar primero quesatisfizo su hambrea la primera sombraal primer techo que les dió cobija yamparo. Así es como lugaresal parecer indiferentes o acaso repulsivoscobraninterés y valor singulares para determinados sujetos; así el viandantesorprende a su lector con detalles de paisaje en que éstemás familiarizadocon el terrenonunca hubo reparadoo despierta su acerba censura parándosedonde el lector estimaría prueba de gusto y de mejor crítica el pasar volandoy como sobre ascuas.

La iglesia de Berangagallarda y espaciosadomina una vasta vegatan amenay florida como lo son todas las de la comarca. Luego subimos una cuestadesdela cualvolviéndonos a mirardescubrirnos y saludamos el mar y lasrománticas peñas de las cercanías de Santoña. Luegoen un sombrío recododel caminosaludamos la devota ermita de Jesús del Monte; salimos de losárbolesvolvemos a bajary cruzamos la mies donde está Anerodonde estáOznayoa cuyo mercado también nos prometemos venir como a Ambroseroy avisitar en su iglesia los enterramientos de los Acevedos.

Después se hunde el camino en una quiebra frondosadonde pasamos el Mieraque limita el territorio y le da nombrey que va a caer en la bahía deSantandera cegársela poco a pococastigando sus humos de capitala vengarmatando lentamente su mercantil soberbialas zumbas y motes con que de tiempoinmemorial da vaya a los valles que riega y a los en ellos nacidos.

Pero al recorrer esta amenísima comarca de Trasmierauna circunstanciaherirá la atención de todo el que se haya ocupado de arquitectura española.Preguntando y oyendo los nombres de lujares esparcidos entre el Asón y elMieracreerá asistir a una lectura del libro en que el erudito Llaguno reuniólos nombres y noticias de vidas y obras de los arquitectos españoles. En elvigoroso impulso que la edificación civil y religiosa recibió en los siglos XVy XVIsalían de la montaña aquellos diestros oficiales de cantería yaparejadoresque sometiéndose a la enseñanza de los grandes maestroslosSiloeslos Machucas y Covarrubiasllegaban a sucederles con no poca gloriasuya y esplendor del arte.

No diré del célebre Juan de Herreraaunque pronto volveré a mencionar sunombreporque hemos de ver el lugar de su nacimientoy entonces será ocasiónconveniente de recordar su historia.

En Rasines hemos visto la cuna de la dinastía de los Hontañonestanfamosos en la catedral nueva de Salamanca; de Ojebar salieron los Ezquerrasyde Galizano los Huertasque se hicieron notables ya entrado el siglo XVII enAsturias y en Álava.

¿Y de dónde sería aquel Garci-Fernández de Matienzoque trabajaba de1442 a 1446 en la Cartuja de Miraflores? ¿De dónde el Francisco de Limpiasarquitecto de la catedral de Sevillay Juan Miguel de Agüeroque trazóalguna de las primeras catedrales americanasy Juan de Albearque dejóinteresantes memorias en la catedral asturicensey Francisco de Campo Agüeroque en la de Segoviadonde fué maestro mayormereció y obtuvo piadosasepultura?

De Hazas era Martín de Solórzanotan notable arquitecto corno lo muestransus trabajos en la catedral de Palencia. De SecaduraJuan de Morloteilustradoen trabajos diversos del último tercio del siglo XVI. De GüernesGonzalo dela Bárcenacélebre fontanero en Valladolid y Simancas. De VotoDiego deSisniegaJuan de Ballesteros y García de Alvaradoque participaron en lagigantesca fábrica del Escorial.

Trasmerano era Rodrigo de la Canteraque proyectó y edificó el granpalacio de los duques de Lerma en la villa de su títuloen cuyas abrasadasparedes hemos podido estimar su magnificencia original; y montañeses eran elmonje Jerónimo Escobedoa quien la Reina Católica fiaba nada menos que lasreparaciones del acueducto segovianoy aquel Juan Camperoarquitecto delinsigne cardenal Cisnerosde quien hablan tan honradamente la iglesia yconvento de los franciscanos de Torrelaguna.

Salían de sus valles nativos sin otra habilidad que la de labrar la piedra;llevaban consigo su natural ingeniola humildad de su confesada rudeza y elpropósito íntimo de observar y aprender; la enseñanza entonces tomaba formaespecialy de la que hoy difícilmente nos damos cuenta; maestro y discípulose escogían recíprocamente y por afición espontáneay sus relacionestenían desde luego mucho de patriarcal y desinteresado. Así fructificaban lasleccionessemilla cuidadosamente arrojada en terreno fértila la cual nofaltaba el suave y fecundo calor del buen cariño. Así echaban los preceptoshondas raíces y se perpetuaban en su integridad austera mientras la decadenciainvadía los dominios del arte y lo arruinaba.

La tradición artística no ha perecido en Trasmiera; de allí salen todavíacanteros excelentes que hallaréis trabajando bajo el toldo de estera con queesa industria se guarece en la cortesana Madrid del sol y del agua. Y de estatierra salen en gran número imaginerostallistasescultores de retablosestofadoresorganeros y fundidores de campanas. Y si recorrieseis sus iglesiasy estudiaseis sus obras anónimas con juicio serenoquizás hallaríais enalguna de ellas vestigios de buena escuelaseñales que os recordarían losgrandes días de la imaginería castellana y andaluza.

- III -

Solares. -Astillero de Guarnizo.-Maliaño.-Muriedas

Estamos en Solares; de aquí parte un camino que os lleva a salvar el agrestepaso de las Alisasde donde domináis la tierra hasta el martal vez porencima de las nieblas que llenan la hondonada; y más allá al valle deArredondode donde podréis ir a estudiar el Guadiana cántabroel río deMatienzoque se esconde y parece luego a la otra parte de la montañay lacaída del Asonque se despeña por un tajo verticalde cuyo filo se desprendeen grueso chorro para llegar en menuda niebla al fondo de un pedregal sembradode gigantescas hayas.

Y en el camino encontraréis quien os muestre el antiguo real sitio de laCabadala que fué primera fábrica de fundición de artillería y municionesde hierro colado en Españafundada por flamencos en el siglo XVIIadquiridapor el Estado en la inmediata centuriay que después de haber abastecido navesy plazasy acudido también a necesidades del arte y de la industriafuéabandonada por la varia fortuna de los tiempospor mudanzas en sus condicionesde situaciónpor esas causas infinitas que traen la muerte a toda obraa todaespeculación humanapor grandes que hayan sido su prosperidad y utilidades.

Estamos en Solaresdonde hallaremos afligidos de dolencias varias que vienena buscar medicina en sus aguas temales. Y a fe que si hay males a cuya curaciónbaste la suavidad del ambientela frondosidad del suelola amenidad yhermosura del paisajehan de hallar aquí eficacísimo remedio.

Le da sombra de ponientey manantial para sus fuentesy árgoma para sushornos el monte Cabargaa cuya raíz pasa la carretera faldeando. El monteCabargaal cual aplicó el ilustre padre Flórez un pasaje de Plinio apoyandola sólida critica de su irrefutable libro «La Cantabria». Cantabritemaritimæ partequam oceanus alluitmons prærupte altusincredibile dictutotus exæ materia estdice el célebre naturalista Insubriopintando elsuelo cántabro y su riqueza en vena de hierro: en la falda meridional del monteestán patentes los socavones de la explotación antiguael cárdeno color dela tierra movida denuncia la metálica esencia que encierran sus entrañasy elnombre de un sitioVeneras de Cabarcenoparece convidar a sondearle de nuevo.

En su falda septentrional prevalece el viejo arbolado; a media alturasobreun escampeel santuario de Nuestra Señora de Socabargabajo la noble cima deLlendonde se asoma la nieve a anunciar su próxima bajada a Santander y a lamarina. Después la cresta del monte sigue ondulando hacia el SO.irguiéndoseen un pico escuetoCastil-negroy por última vez en otra cumbrela Peñotadesde la cual se derriba a morir en el risueño valle de Villaescusa.

En tanto a nuestra derecha culebrea la ría de Tijeromansa y silenciosaescondiéndose entre junquerascomo sucede al mar cuando metido tierras adentroy lejano del lecho natural de su soberbia y su pujanzahase domesticado yperdido sus fueros y su altanería. Pronto llegamos adonde estas aguas salen dela ría de Santanderque al pie del Cabarga y bajo el pueblo llamado SanSalvadorparte las suyas y las sube hasta Tijero por la parte por dondevenimoshasta Solía y Movardo por la parte opuesta entrándose hacia el ocaso.

Y en el curvo vértice de ambas rías de Santander y de Solíasale aencontrarnos el astillero de Guarnizo. Su suelo parece de propósito inclinadopor la naturaleza para que las naves caigan blandamente desde la grada al mar;sus marismas ofrecen vasto espacio para parques de esas maderas singulares queel cieno marino preserva y cura; Cabarga le daba carbón y hierroy paraarmamento de sus buques le fundía cañones la Cabaday anclas Marrón.

No había de faltar quien utilizando tantas ventajas las completaseestableciendo en las cercanías modo de hilar la jarciacortar la lona y coserlas velas para que del astillero saliese el buque dispuesto a luchar con loshombres y con los elementosa vivir sil vida de navegación y combatesaexplorar costascorrer tiempos y dar y recibir andanadas y abordajes.

Don Juan de Islacaballero trasmerano del solar de su apellidolo realizóentrando con ánimo activorecia voluntad y espíritu hábil en el renacimientode la marina españolainiciado por Felipe Vcontinuado por sus sucesoresFernando VI y Carlos III. En la ciudad de Santander hallaremos los edificios quelevantódestinados a aquellas marítimas industrias.

En un tercio de sigloen el espacio de treinta o cuarenta y cinco años quealcanzaron a los reinados de los tres monarcasbotó al agua el astillero deGuarnizo veintiséis navíos de líneadiez y seis fragatas y otros buquesmenores. De sus gradas salió el Real Felipede ciento cuarenta y cuatrocañonespara señalarse en el combate frente a Tolón contra inglesesdondeel año de 1744 ganó el almirante español Navarro el título de marqués de laVictoria; de ellos el San Juan Nepomucenocuya cubierta en 1805 y en elcabo de Trafalgar regó la sangre del heroico Churruca.

Ya sólo de tarde en tarde recuerda su antiguo destinoviendo poner laquilla de un buque mercante. Así se sorprende el forastero al entrar en suiglesia y verla pintada de banderas y trofeos militares. La vida del sitio esvida de ociosoy ha trocado la viva agitación y el ronco ruido de laconstrucción naval por el silencio y el sosiego. Le van repoblando quintas yposesiones de recreo: cada una se distingue por una condición particular que lacaracteriza y da fisonomía: ésta por su frondosa calle de plátanosaquéllapor su sombría alameda de pinosotra por su esbelto bosquecillo de castaños araíz del aguay no falta cuál se haga notar por las piedras de su portada ola claraboya de un tejado.

Para recibir al último soberano de la dinastía que le había hecho vivir yflorecerengalanóse el astillero un díay como hidalgo de casa venida amenosa quien la pobreza alejó de alcázares y ejércitosy vive de memoriasy de referir la vida espléndida y fecunda de sus antepasadosyrecordando lamagnificencia de su estirpequiere hacer sufrida y tolerada su actual pobrezaentre los magníficos y pródigos de la hora presenteya que no podíamostrarle quillas en gradacascos en carenala poderosa escuadra de lostiempos pasados acicalándose y vistiendo el arnés para salir a la mar y ondearaltivo su pabellónpintó en fingidos obeliscos los nombres de los barcos queallí tuvieron cuna. Y los ojos de Isabel II veían desfilar como las sombras deun ejército levantado de su campo de batalladonde yacía muertolosfantasmas de aquellas armadascuyo sepulcro fueron los anchos mares desde elseno balear al Océano Pacífico. Fantasmas que cruzanno entre la nieblaluminosa de antiguas gloriassino entre los siniestros celajes de la ingratitudy la venganzaizada al tope una insignia que no es la suyaparecerán hoy a suafanosa mirada otros buques a cuyo bordo oyó resonar tan ardientes aclamacionesy recibió tantos y tan rendidos homenajes.

Aquel día el astillero parecía resucitado en toda su actividad guerrera.Músicas militaressoldadosuniformesgalas de toda claseafluencia decuriosos y tropel de embarcaciones en su riberay el cañón que con solemnevoz retumbabaaquella voz solemne que aun en regocijadas ocasiones conserva uneco de la muerteque es su oficio anunciar y esparcir.

Ya vemos el término de nuestro rápido y lento caminar: rápidocuandoadelantándose al andar el pensamientosalva leguassin contemplación a lafísica fatiga del cuerpo; lentocuando pródigo de sus horas se detiene ydetiene a quien le acompaña en sus digresiones y comentarios sin contemplaciónal cansancio moral del espíritu.

Ya en el fondo del paisaje se dibujan la ciudad y sus colinasel puerto y subocalas aguas y los árboleslas rocas y los farosy apenas perceptibles lossecos mástiles de los buquesinmóviles en su fondeaderoy movibles y vivosla vela y el penacho de humo de los que navegan. Ya se dibuja enfrente denosotros la calva roca de Peña Castillotan semejante a la siniestra sierraElviraque allá en Granada parece como una blasfemia satánica entre lascelestes bendiciones de su incomparable vega.

En Bóo cruzamos el ferrocarrily apartándonos hacia la izquierdadejamosa nuestra derecha la península de Maliaño y su iglesia de San Juan. Aquíquiso Juan de Herrera que descansara su cadáver; explícitamente lo dijo en sutestamentoporque de Maliaño traía su descendencia; allí poseían tierrassus padresy a esta iglesia dejó parte de su caudal para ser invertido enobras pías.

Más adelante llegamos al pueblo de Muriedas. A su entradasobre laizquierda del caminoveis una casa de buena aparienciapintada de pajizo colorcon sus puertas rojas. Aquí nació Velarde el 19 de Octubre de 1779eseVelarde de quien no hay para qué decir el nombreporque su apellido lo dicetodo.

Aquel pino cuyo tronco se divide en dos para llevar mejor el peso del anchoquitasol de sus hojasfué plantado por el joven cadete de artillería. Deaquí salióprimogénito de una casa hidalgapara inmortalizar su casa yapellido en una epopeya de un momentopero de un momento en cuya sublimidad secontienen las mayores grandezas del alma humana.

¡Quién sintió nunca la herida de la patria como aquel oficialque siendomodelo de sumisión y disciplinadesobedece las órdenes de sus superiores y varesueltamente a empeñarse en el combate sin esperanza alguna!

Esos mueren por la patriaque no entran en pelea fiados en el dudoso trancede las batallas; los que van a morirporque es necesario que la humillación dela madre no vaya adelante sin que el mundo vea que sus hijos la rechazan; losque quebrantan la ley sagrada del militarporque están ciertos de redimirsecon la muerte; los que aceptan el sacrificio absolutoenteroirrevocablesinmás estímulo que el santo amor al suelo nativoinfinitoprofundoanterior atoda leya todo principioa todo juramento.

Su breve vida es la vida de un soldado. Pelea haciendo arma de cuanto tiene amano para suplir la ventaja del enemigo; hace metralla de las piedras de chispay cuando llega la hora de acudir a la espadaal arma suprema del valienteunabala lo tiende muertoy el lienzo de una tienda de campaña le sirve demortaja.

Pero ¡qué muerteaquella muerte de la cual resucita un pueblouna naciónregenerada en todas las virtudes de la constancia y del esfuerzo!

Al borde del aguaEstañosnombre singularsi no viene del latino stagnum.Presas y balsas hay en él que todavía lo justifiquen. Aquí suponen las falsascrónicas el palacio y asiento del último señor de Cantabria. La existenciadel palacio es falsapero la del señor es cierta y merece que contemos suhistoria.



 

 

- IV -

El último señor de Cantabria

En los primeros años del siglo XII gobernaba esta tierra un hombre cuyovaler atestiguan a la par historia y leyendaletras doctas y poesía popular.Conde Rodrigo González de las Asturias llaman escrituras y crónicas coetáneasal prócertipo de la caballería de aquella edad ruda y turbulenta. Nacido dela estirpe clarísima de Laraesposo de una infanta de Castillaseñor devasallos y con soberano imperio en cuanto la costa cántabra abarca entre lasbocas del Ason y Devadesde la marina a las vertientes septentrionales de lassierras castellanas; más cierto de su poderacaso más seguro de su dominioque el monarca mismo de León y Burgoshabía de ser soberbioindependientemal avenido a tutelas o consejosy pronto a reñir y resolver por armas todolitigiotoda diferencia.

Era el espíritu que animaba entonces a toda la nobleza españolaheredadapingüemente en guerra de moros por esfuerzo propio o por merced de los reyesnecesitados de su ayuda en la fatigosa empresa de la reconquista.

Gonzalo Peláezconde vecino de Rodrigo y señor de las Asturias de Oviedomantenía guerra con su rey por espacio de siete añosy vencidopreso ydesterrado al reino de Portugalque entonces nacía entre los brazos vigorososde Alfonso Enríquez de Borgoñameditaba nuevas empresas de armas y larestauración de sus estadosen cuyos aprestos le atajaba la muerte.

Porque la inquietud de los tiempos era grande. Doña Urracareina deCastilla y de Leóny su segundo marido el aragonés y batallador Alonsodesavenidos y apartadosse disputaban el gobierno y posesión de aquellosestados; fué remedio de esta primera discordia el reconocimiento por rey delhijo de doña Urraca y su herederohabido en primera unión con Raimundo deBorgoña; los nobles castellanos habían seguido el pendón de su soberana; perosurgiendo luego desavenencias entre madre e hijodividiéronse aquéllosagrupándose unos alrededor del conde don Pedro González de Laraprivado de lareina y hermano de Rodrigoy apoyando otros al arzobispo de SantiagoDiegoGelmírezy al noble caballero Pedro de Travaquienesencargados de la tutelay cuidado del príncipe niñoera los más celosos favorecedores del reymancebo.

Éste no tardó en mostrar prendas notables de carácter; castigó las malreñidas inclinaciones de doña Urracamanteniendo alejados de su favor yregias aulas al privado y sus parcialescuyo orgullo herido no tardó ensolicitar contra su señor natural la alianza y socorro del de Aragónsuantiguo enemigo; y Alfonso VIIresuelto a asentar sólidamente su autoridad ysu tronoacudió a la necesidad imperiosa de sujetar los rebeldes.

Dudosos del éxitose habían refugiado muchos de ellos en tierras del condeRodrigodesde cuyas asperezas tentaba su mañero hermano don Pedro medios deconciliaciónsi bien con tan mala feque en los breves intervalos que lasumisión duróanduvo siempre receloso del reya distancia de su corteyguareciéndose de murosa falta de las inexpugnables montañas que habíaabandonado.

La guerra entre castellanos y aragoneses pasó en alternativas de encuentrosy negociaciones; terminóse por mediación de preladosy la alta razón delleonésa quien se hacía patente que para sosegar su casaérale necesarioconservar y unir todas sus fuerzasy no distraerías empleadas contra susvecinos. Pocos años más tardeen una postrera desavenenciael conde donPedrositiado en Bayonaterminaba su aventurera vida a impulsos de mortalgolpe recibido en desafío. Hombre de suerte variacomo fundada en femenilflaqueza.

¿Qué era en tanto del señor de Cantabria? La crónica latina del emperadorAlfonsoescrita en sus díaspor autor notoriamente favorable al monarcayque calló su nombreno es asaz explícita en las causas de la constanteporfía entre magnate y soberanoni explica satisfactoriamente la serie dereconciliaciones y desvíos que forma las relaciones de ambos.

Vino el rey -dice- en el año de 1131a Castilla y a las Asturias deSantillanacontra el conde Rodrigo y demás rebeldes; rindió sus fortalezasabrasó sus miesesbosques y viñedosacosándolos hasta las últimasasperezas de la tierra.

Próximo a ser vencidono quiso el conde apurar la resistenciay solicitópor embajadores una entrevista con el rey. Le fué otorgaday conforme a lascondiciones estipuladasencontráronse ambos contrarios en la margen del ríoPisuergacerca de Aguilaracompañados cada cual de seis hombres de su bando.

Era Alfonso poco sufrido: cuidadoso del respeto debido a su jerarquíayacasoacasoimpaciente de asegurar en ventaja suya el desenlaceno quisomalograr la ocasión que le tentaba. La crónica dice que oyendo de boca delconde palabras que ofendían su decorole asió vigorosamente del cuelloyambos cayeron del caballo al suelo. Espantados de tal violenciahuyeron los queacompañaban a don Rodrigoel cual fué puesto y mantenido en prisioneshastaque hubo restituido a la corona cuanto de ella poseía. Justicia expeditivapoco ajustada a códigospero de uso común entre los que gobiernan a lospueblosllámense legión o individuocuando impacientados por la resistenciahallan razón de ejercitarla.

Despojado de bienes y honoreshubo de resignarse y prestó homenaje alsoberanoconfesándose culpadoy éstepor bondad de almay sin duda porcálculo políticole dió la tenencia de Toledo con vastos territorios enCastilla y Extremadura.

Así arrancaba al conde de sus temidas breñasexcusándole nuevasveleidades de insurrección con apartarle de los lugares que obedecían a suvoz; utilizaba en la frontera de los moros la experiencia militar de un caudillovalerosoy guardaba para sí aquellas marinas con tanto empeño deseadas.

Este empeño era propio de su ánimo levantadode su espíritu clarode suspropósitos evidentes de continuar la obra de su abuelo el conquistador deToledoquien había sentado sólidamente la piedra angular de la restauradamonarquíaarrancándola a los cimientos del imperio mahometanoque vacilabacon su faltay no había de poder restablecerla jamás.

En sus campañas continuadas el rey cristiano llegaba hasta Almería y lascostas del reino granadinodonde sus propios ojossi ya la razón antes no selo dictabale persuadían de que el mar traía a sus tenaces enemigos nuevarobustez y nueva vidaque hacía inútiles las heridas dadas por loscastellanos. El auxilio reciente de los cruzados ingleses y normandos en laconquista de Lisboa al Alfonso portuguésprobaba la eficacia de laorganización y fuerza de las armadasy que sin ellas no cabía esperardecisivas victorias.

La necesidad de poder marítimo para su reino hizo sin duda al emperadorconservar en su mano activa y enérgica la montaña. Castilla necesitaba costasya las tenía. Alfonso VII tomaba las tierrassu nieto Alfonso VIII laspoblabados generaciones después el Rey Santo les pedía naves y marineros queapresuraban y acaso decidían la rendición de Sevillaypor últimoun siglomás tarde el Rey justiciero sacaba de aquellos puertos y riberas una escuadracapaz de medirse ventajosamente con la más famosa de Aragóncuyas quillasentorpecían añejas algas nacidas en las olas de Levante y de África.

Es notable queaun después de recibido en gracia el antiguo rebeldeaquien se fiaban las plazas más importantes del reino y ejércitos para entraren campañani ahorani luego que climas lejanos y guerras habían quebrantadosus primeros bríosse le consintiera recobrar la herencia de sus mayores.

Esta esperanza ilusoria le animaba acasocuando en su recia acometida a losmoros andaluceslos vencía y desbarataballegaba a las puertas de Sevillaytornaba a su rey cargado de presa y de trofeos. Tampoco dice la crónica quécausa hubo para que después de tales pruebas de lealtad y valor continuasemostrando desapacible y ceñudo semblante al alcalde de Toledo; pero secomprende que viéndose éste tan mal pagadohiciese entrega del mando queteníay besándole las manosdespedido de sus parientes y amigostornase lavía de Jerusalén.

Para el leal entonces el rey representaba la patria: habíale servido conlealtad y arrojo en sus guerras de Andalucíade Rioja y de Navarray recogíaen premio ingratitudes; a la melancolía del desengaño se juntaba en suofendido pecho la tristeza del destierro. Vedábansele los montes que fueron sucunadonde había vivido felizamado de sus vasallospoderoso en medio de loshidalgos que le servían y acompañabansiendo el nervio de su fuerza en laguerray para hacerle más oscuro el cielo de la patriaacaso una amargurasuprema apretaba el corazón del desventurado.

El linaje de su primera esposala época en que el matrimonio fuécontraídohacen sospechar que en él tuviera la razón de estadola codiciade grandezas más parte que el afecto; sus segundas bodas con doña Estefaníade Armengolhija del conde de Urgelcelebradas por aquel tiempo (1135)parecenpor el contrariohaber sido premio de un afecto profundo y sinceroajuzgar por la extraña expresión de la carta de Arrasdel don Rodrigo a suesposaotorgada en 113y en términos no comunes en semejantes tiempospocodados a enamoradas ternezas.

La corta memoria que de doña Estefanía se halla en diplomas del tiemponopasa del año de sus esponsalesy acaso esta razóninsuficiente como pruebadefinitivaes bastante a hacer sospechar que fué la vida de la joven condesacortay su muerte ocasión que esforzó en el ánimo de su esposo la voluntadde peregrinar a Palestina. En la tierra sagrada de Siria peleó como habíapeleado en España; ganó a los infieles una fortaleza cerca de Ascalónqueensanchada y bien guarnecida de soldadosarmas y vituallasentregó a loscaballeros del Templecuyas hazañas había tenido ocasión de admirar yquizás de compartir.

El amor de la patriay una esperanza vaga acaso de volver a sus hogaresmontañesesle hicieron atravesar de nuevo el Mediterráneo; quiso ver al rey yno le fué concedido: odio singular el de este príncipea quien suscontemporáneos llaman magnánimocuyas hazañas ilustran su reinado glorioso;odio tenazcuya persistencia no se alcanzapor más que su origen se explique.

Vagó desesperanzado algún tiempo el proscrito en las cercanías deCastillaen Navarra y Cataluñacomo si quisiera entretener sus dolorescontemplando de lejos los horizontes en que había pasado su vida activainquieta y trabajosa; pero este lenitivo convenía mal a su carácter enteroelemperador exigía de sus feudatarios que no asilasen al que tenla por enemigoquien hubo de refugiarse entre los que lo eran de su ley.

Acogióse a Valenciadonde vivió algún tiempohasta que dándole losárabespor causa que se ignoraen bebida preparada el germen de unaenfermedad incurablese halló cubierto de lepramiserableabandonado detodosy tornó a embarcarse para Palestina; no ya paladín aventurerodispuesto a ahogar sus tristezas y sus pasiones en el furor desesperado de lasbatallassino peregrino humildearrimado a un bordóntendida la mano a lacompasión ajenapuesto el espíritu en Diosmientras venía la muertequeesperabay le tomó junto al sepulcro del Redentor Soberano.

La leyenda se apoderó de esta figuracautivada por el relieve y color conque domina una época histórica. La Crónica general le supone uno de losjueces del campo en el célebre reto del Cid a sus yernos los condes deCarrión; el infante don Juan Manuelen su célebre libro del conde Lucanorcuenta su peregrinación a Palestinay el común rumor de que la lepra lehabía sido impuesta por el cielo en castigo de haber calumniado con elpensamiento a su esposa. FinalmenteSota asegura que en su tiempo las gentesdel campo cantaban en la montaña romancescuyo argumento eran las aventurasdel célebre caballerouno de los cuales comenzaba:

 

Preso le llevan al conde

preso y mal encadenado.

 

También en las frías asperezas de Liébana hallaréis su memoriasi venísa visitar el viejo templo de Piascaque fué monasterio y fundación suyadonde quiso que sus trabajados huesos reposarany donde acaso reposan

Santander

Hic patriaamor fides.

 

 

 

- I -

Ingreso

Ahoralector amigohas de consentir que a guisa de huésped honrado porinesperada visitate acompañe a ver y registrar los rincones de esta amadacasa míasin olvidar sus menores aposentos. Yo llevaré una mano sobre elcorazón para impedirle que en este o el otro lugar salte a impulso de unrecuerdoo del habitual cariñoy canse tus oídos de indiferente condivagaciones sutiles o ardientes encarecimientos; no pondré a prueba tupacienciasi quieres gastar conmigo la que baste a seguir escuetasdescripcionesa tolerar juicios que involuntariamente se escapan a quiendescribe y tienen en su abono ser sinceros; y por punto general dejaré a tuimaginación el cuidado de nutrir de color los enjutos contornos de mi dibujode repartir luces y sombras sobre la opaca y monótona narración mía.

Dejando caminos carreteros y peonilesretrocedamos a tomar el de hierro paraentrar de golpe y sin rodeos en el corazón de la ciudad.

Las aguas del mar le arrullan meciéndose a uno y otro lado de la vía.Luegosi has sido aficionado a vivir en compañía de poetasel paisaje te vaa recordar a Dantea Byrona Lamartinea todos cuantos amaron al pino ycantaron su sombrasu tristezao el melodioso susurro con que le acarician lasauras marinas.

Por sus troncos serpean los vástagos invasores de la yedra y la vid salvaje.¿Has oído alguna vez el apólogo de Kerner?- Vanagloriosa la vidderramandosus pámpanosagarrándose con sus zarcillos y anegando el tronco en la pompaespléndida de sus sarmientosmotejaba al pino y le decía: -«¿De qué sirvetu vivir erguido y yertosiempre aspirando como insensato al cielo? Heme a míesparciéndome sobre la tierraaligerando con mi zumo divino el cansado pie delhombreregocijando su hogar en el melancólico otoñoahogando su tedioencendiendo a sus ojos un nuevo solcuando el sol del cielo agoniza y seapaga.»- Y el pinograve y erguidorespondía: «Triunfa y envanécete enbuen hora con las alegrías que das al hombre; ¿mas cuál de esos bienes valelo que la paz que yo le doy entre seis tablas?»

Allí está sobre la colina el lugar de paz y descanso que el pino ofrece.¡Paz a los muertos! Allí están los que respiraron ese aire que nosotros vamosrespirandolos que vieron este cielocontemplaron este paisaje con sonrisa enlos labios o con llanto en los ojoslatiéndoles el pecho con los variosimpulsos de la vida. Allí están los que poblaron los lugares que vamos avisitary los animaron con sus pasiones. A tiviajeroque hallarás loslugares poblados y bulliciosos¿qué importa el semblante de los que losllenan? Pero yo echaré menos a los muertosy en más de un paraje no me loshan de hacer olvidar los que los sucedieron. Y buscaré la voz del unola manodel otroy hallaré vacío en el templovacío en la plaza y vacío ¡ay Dios!en el hogar. ¡Paz a los muertos! Ellos descansan bajo el cielo amigoy junto ala tapia que cierra sus restosno pasan indiferentes. ¡Donde descansaremos losperegrinos y eternos caminantes de la vida!

Mirao no miresa esa larga sucesión de casas andrajosasaltas yhendidasladeadas y ruinosasque parecen subsistir de milagro. No pensabanellas que el viajero las iba a coger por la espalda; miraban a su callelacalle altay para el vecino siempre murmurador y chismoso tenían la mejor caray el mejor vestido; para el marque a fuer de grande es generoso e indulgentey aunque se pica no se ofendey aunque murmura no chismea ni muerde; para elmar dejaron lo que no quieren mostrar a la calley ahora que el curioso carrilse metió entre ellas y el marcasi no han tenido espacio de componerse yasearse para resistir ventajosamente su inquisición; verdad quecomo él andatan de prisacuentan con que no tiene tiempo de curiosear.

Al llegar a Santanderlos trenes sueltan su carga y sus viajeros sobre unvasto terraplén a la vera del agua. Así truecan sus mercaderías mano a manomar y tierrael vagón y el buquebarbeando sobre la escollera.

Rodean la estación almacenes y talleres; la vida de la industria esparceallí sus ruidos diversos y multiplicadosy se oye batir el martillo sobre labigorniay la sierra en las entrañas de la maderay gemir la polea ahogadapor el cáñamo; y a parque silba la locomotora o vibra la campanavocea elcarretero aguijando su yuntay se oye la monótona canturía con que losmarineros dan compás y unión a sus esfuerzos y mayor fruto a su faena.

Apenas puesto el pie en tierracomo quiera que nos hallamos en aquellajurisdicción que la gente de mar tiene por suyasin que ordenanzas nipreceptos consigan desheredarlanos salen al encuentro mujeres de zagalejocorto y pierna desnuda; traen en las manos gigantescas langostas y las ofrecencon voz empañada por la intemperie o la intemperancia. Ya en el siglo XIVelarcipreste de Hitaal ponderar la riqueza y aparato de un banquete copioso yescogidodecía: «De Sanctander vinieron las bermejas langostas.»

Tostado y bermejo el caparazón como en días del regocijado arciprestelargas y trémulas las antenassaltones y negros como endrinas los esféricosojosplegadas las convexas planchuelas de la articulada colael tipo delcrustáceo conserva inmutable al cabo de quinientos años su apariencia; tampocoha padecido modificación sensible el de sus vendedoras; como en toda razatrabajadora por necesidady empleada en faenas duras y violentasdesconócenseen ella la frescura y belleza juvenileso son tan pasajerasque apenas dantiempo al observador de percibirlas; en cambio su energía de temperamentoalcanza el más subido punto que pudo tener en remotos díascuando el Estadocurándose poco del individuoéste había de bastarse a si mismo en todos loscasos y apuros de la vida. Articulaciones nerviosas y fornidasteñidas delcolor ardiente de la vena del hierro las desnudeces que curten el agua y elaireestridente voz y ronca de terciar dominadora en toda clase de ruidostumultos de la plazaquerellas de vecindad o tempestades del cielo; miradainflexibleademanes prontosaire retadorson los indicios de su energíafísica; la moral se manifiesta principalmente por su elocuencia fogosarica encalor y coloresmaltada de apóstrofeshipérboles y prosopopeyasiluminadapor el gesto ardiente de la fisonomíasostenida por las plásticas actitudes yarqueo de los brazos; su facundia no se agotasus fauces no se secansugarganta no descansa.

Y sus peleascorno las peleas homéricastienen dos períodos o faseslafase elocuente y la fase activa; provócanse primero en dilatadas pláticasenque tanto entra el propio elogio como la invectiva y el sarcasmola blasfemia yel apodo; enumeran prolijamente las propias cualidades y los vicios de suenemigay enardecidas por la inspiración ambas contendientesdan al diálogosabor de más positivo choque; las eses silban corno saetas rehilando duranteuna refriega; el epíteto injurioso se repite sin cuento y con la misma ceguedadcon que la mano encarnizada repite sin tino los golpes en el combate; luegollegan a las manosperiodo brevepero terrible; se embisten a la cabeza y alarma blanca y naturallas uñas; pronto rojean largos chirlos en el rostroparalelos y ondulantesy comienzan a volar madejas de pelo; hasta que vencidaunasu castigo suele ser el mismo que manos follonasayudadas de una chinelaimpusieron a la dueña doña Rodríguez en el castillo de los duquespordeslenguada y bachillera.

Allí próximas están las pescadoras sedentariasacurrucadas detrás delbancomal cubiertas de un toldo o un paraguas; delante tienen su apetitosamercancíachatas rayas y lenguadosjibias deformesmerluzas y congriosbrecasbarbos y lubinaspeces varios en matices y en formasabiertospartidos o enterosengalanados de calocas y algas marinasy los fantásticosmariscoscámbaroscentollasmuergosmejillones (o mocejones) y percebes.

A la mano tienen un airoso pabellón de cristal y hierro donde ejercitar sucomercio amparadas de la inclemencia estacional; pero semejantes a ciertosánimos que toman por agüero de muerte estrenar viviendarepugnan y resistenverse encerradas dentro de tan linda jaula. Instinto vigoroso de independencia ylibertad las mantiene fuera; acaso la inusitada apariencia frágil y aérea dela reciente fábricales dice que no resistirla al duro aliento de suspulmonesembravecidos en una quimeray temen que a la primer disputa entre dosvecinasalaridos y voces hagan estallar los vidrios y derrumbarse la férreaarmadura.

Entretantopreside su aduar un pedestal rodeado de cadenashaces ycañonesdentro de un cuadrilátero plantado de catalpas. Es la memoriaconsagrada por sus compatricios al generoso Velarde. Carece todavía deinscripción y estatua; ¿las tendrá algún día? Al bronce de los inútilescañones quemarcados con la imperial cifra del primer Bonaparteconserva elMuseo militar de Madridno pudiera caberle mejor empleo.¡Digna ofrendaconsagrar a la apoteosis del glorioso artillero la artillería ganada alenemigo!

 

- II -

La abadía

Por cima de vulgares edificiosy a Mediodíase levanta una torrecuadrangularmacizadestinada en su origen a recibir peso más grave que el delas campanas y reloj que ocupan su ático. Estribando en ella corre al Este unanave desmochadade bastardo estiloque apoya sus muros en una masa dehastialesojivas y murallonesviejosmohososempenachados de hortigas ymalvas. Decoración rudapero acentuada; imán del viajero que en las ciudadesbuscamejor que galas de su riqueza contemporánealas marchitas facciones desu añeja fisonomía.

Tomando una subidaparte rampaparte escalinataque arrastra pegada alparedón más bajotorciendo luego a la izquierdanos hallamos en paraje dondepuede el espíritu cerrar ojos y oídos a la vida actuala sir lenguatrajes yusospara vivir en lejanos tiempos. Era el terreno un cerro escarpado a lenguadel aguacuyas asperezas domaron a golpe de machones y graderíasquienquieraque fuesen los que lo eligieron para fundación militar o cenobítica. Estamosal pie de la recia torre abierta en ojivadentro de cuyo hueco se espaciananchos escalones de piedratrepando a una calle más altay al ingresoprincipal del claustro y del templo. A nuestra izquierda comienzan otros quesuben a la puerta meridional; a raíz de éstosy bajo el vuelo de su tramopostrerose alza sombría bóveda; al extremo del lóbrego cañón se mira condeleite lucir el soly se adivina el halago del aire ambiente; en una de suscrujías está el portal abocinado del Cristo de Abajo.

La fábrica de la catedral descansa sobre cuatro pilares cortos y robustosque parten esta bóveda en tres naves. Altos zócalos poligonalesfustescortosarcos achaflanadosarquitectura del duodécimo siglo. Dobles hiladas denichos en un lienzo de paredmuestran que tuvo un tiempo fúnebre destino; másantigua es su consagración al culto. Debió suplir a la iglesia en tanto seerigía; y datos ciertos prueban que a principios del siglo XIV se celebrabanlos misterios divinos en ella y en honra de los mártires Emeterio y Celedonio(63)<notas.htm>.

Recibe luz la cripta por dos ventanas que la tornan a flor de tierra a Nortey Mediodía de la torre; la del Norteabierta en el vano de la que fué puertatiene en los tímpanos dos cabezas esculpidas dentro de dos medallonesmodelados según estilo del renacimiento. Era tradición en el siglo pasadoqueestos bustosdifíciles ya de conocereran imágenes imperiales de Santa Elenay su hijo Constantino(64) <notas.htm>y esta atribución se comoda con la advocación del Santo Cristoque acaso fuéprimitivamente de la Santa Cruz.

Un caracol abierto en el espeso murolleva del interior del Cristo al de lacatedral; desemboca junto al altar votivo de San Matíasdentro de la naveizquierda.

Enhiesto y firme permanece el esqueleto del templo del siglo XIII: fábricassucesivas de tiempos posteriores le envuelven y bastardean sus costadoscomovegetaciones parásitas que hienden la corteza de un tronco caído en espesuraimpenetrabley al cabo de siglos le laceran y roen sus entrañasúnicamentepreservado por su fibra incorruptible se conserva ileso el corazóntestimoniode la edad del vegetal centenario: así la nave central conserva su cruceríaojiva de labor tosca y perfil airosocerrada en las claves con leones ycastillosemblema de los reinosy el escudo de Burgoscabeza de Castillacuyopuerto era Santander. Y en las fajas de capiteles de donde arrancan los talladosnervios de las naves lateralescorren todavía aquella serie misteriosa deseres fantásticosquimeras o esfingesbusto de hombre y cuerpo de fierapostrera reliquia bizantina de la ornamentación del arterastro acaso de lasencarnaciones mitológicasy aquellas figuras rasuradasde larga cabellera yropas talaresque brotan del anillo del fuste como de una sima sepulcraly sedirigen al pueblo con ademanes y gestos expresivospero que ya ni el pueblo nilos doctos comprenden.

Durante el período dentro del cual cabe suponer erigida la iglesiaporindicaciones de su estilo y trazagobernaron a Castilla reyes poderosos ymagnánimos. Alfonso VIIIque hizo de la Sierra Morena muro fronterizo eincontrastable contra el agareno. Doña Berenguelaínclita madre del ReySanto. Fernando IIIque hizo pastar tranquilos los caballos de sus mesnadas enlas floridas márgenes del Guadaira.

Alfonso VIIIsin embargono hubiera esculpido el blasón de un reino que nole pertenecíay León era dominio de su primoAlfonso tambiénque fuéluego el noveno en Castilla. En tiempos de San Fernando el arte comenzaba apulirse; engrandecía sus trazasafinaba sus líneassolicitaba del escultormayor riqueza y variedad; parecepuesque debió ser en días de doñaBerenguelacasada con el citado Alfonso de Leóncuando se alzaron y cerraronlas bóvedas de la Abadía (1214 a 1230 de J. C.). La escogida matrona a quiencupo el destino augusto de criar en su hijo a la par cumplido rey para la patriay glorioso bienaventurado para el cielotenía con Santander lazos de éstoslisonjeros siempre al pecho femeninoy que éste nunca afloja voluntariamente.Tratada de casar en su infancia (A. C. 1188) con el infante Conradohijo delemperador Federico de AlemaniaSantander con otras villas y ciudadescastellanas formaba parte del dote señalada a la princesa por su padre AlfonsoVIII(65) <notas.htm>.

De cualquier mododentro del centenar que componen unidas la mitad del sigloduodécimo y la primera del inmediato siguientecomienzan a señalarse en lahistoria general la villa y su abadíacomo favorecidas por los reyescastellanos. Alfonso VII arrancasegún vimosla comarca montañesa de manosdel último señor de Cantabria. Alfonso VIII amuralla y fortalece a Santanderlegisla el tráfico de su puertoprovee a la administración y regimiento desus pobladoresy la da en señorío al abad(66)<notas.htm>.

Este era en tiempos tan azarosos el medio más seguro de conservar a mercedsuya tierras tan inquietas y belicosasapartadasmás que por la distanciapor la aspereza de sus fragurasde aquellas en que entretenía a los monarcassu eterno empeño de adelantar la frontera cristiana hacia el Mediodía. DoñaBerenguela fomenta y continúa las obras de la abadía; y San Fernandoqueacaso las terminaconsagra en un monumento breveexpresivo y duraderoa lamanera heroica de aquellos tiemposla participación de aquel su nuevo estadoen empresas militaresel agradecimiento del soberanoel valor de sussúbditosy la memoria gloriosa de la hazaña más alta de su reinado: estemonumento es el escudo de armas de Santander.

No es el momento de hallarnos bajo los ojivales ámbitos de la catedralimpropio de semejante recuerdo; dentro de ellos oraron los tripulantes de lanave de Bonifaz; sobre esos roídos sillares que nosotros vemos y tocamosrecostaron su mente contritavagaron sus ojos entristecidosque no hay quienpróximo a abandonar su patrialos conserve serenospor más que a la jornadale arrastren entusiastas afectosy sueñe encontrar al cabo de ella gloriapoderhonores o riqueza: ¡cuántos habían de cerrarlos para siempre en lasmarismas del Guadalquivir! Los afortunados volvieron y posaron su miradaencendida por la ardiente luz de la victoria en las piedras donde la habíanposado opaca y dolorida; antes y despuéspesarosos o regocijadosnoapacentaban su imaginación ruda con delirios y poéticas divagaciones; perobajo la burda estameña de sus jubones medía los latidos de su sangre el vivocompás de los afectos entrañables y sinceros.

¿Quién de ellos traería la piedra que fué pila de surtidor en algúnajarafe sevillano y desde entonces es pila de agua bendita a la entrada de laabadía? -Sus letras esculpidas para celebrar la limpieza y frescura delmanantialparecen hoy encarecer en muslímica frase la virtud del aguaconsagrada que purifica y lava el corazón.

Labrado en bronce amarillo sobre el respaldo de los bancos donde asisten losprocuradores de la ciudad a ciertas solemnidadeshabla al pueblo el gloriosoblasónletra viva cuando la voz perpetua de la tradición lo descifra con lealpureza. Y pintado con trasparente e ingenuo color se conserva para cuantos leenen el libro famoso de la Crónica general donde suenan los primeros vagidos dela prosa castellana.

Dice así la Crónica:

«... los moros avien una buena puente con que passavan de Sevilla a Trianasobre barcas recias e fuertes mucho travadas con cadenas de fierro gordas muchoademáse passavan por ella en todas essas partes do querien como por terrenosonde avien gran guarimiento al su cercamiento.-ca toda su mayor guarda por allyla avien e de alli les venia.-otros si los que estavan en Triana la puente lesera su mantenimiento todo a el su fecho: e sin acorro della non avien punto devida. Bien assi entendio el rey Don Ferrando que si les él esta puente nontollese se podría el su fecho mas alongar de lo que non fariee que poraventura a la cima que serie aventurado de se poder acabar. Desi ovo su consejosobre este fecho: e mandó a Remon Bonifaz(67)<notas.htm> e a otros que fueron llamados de aquesos que eransabidores de la mar que fuessen ensayar algund arteficio como les quebrantassenpor alguna arte la puente: e el acuerdo en que se fallaron fue: que tornaron dosnaves las mayores e más fuertes que y teníen -e guisados muy bien de quantomenester era para combatir-en día de Sancta Cruztercer día de Mayo-en la Erade mill e dozientos e ochenta e seys años(68)<notas.htm>. Remon Bonifaz entró en la una con buena compañae muy abondada de armas-en la otra fueron aquellos que Renon Bonifaz escogió deomes buenos guerreros: e assi estovieron esperando fasta que a hora d'mediodiase levanto un viento fraco non de gran ayuda-e con esto desandieron una granpieça ayuso onde estavan porque tomassen el derecho viage mejor e viniessen masrezias-E la nave en que Remon Bonifaz venle descendio ayuso mucho mas que laotra. E el rey Don Ferrando con creencia verdadera de la sancta fé que en e1avie mando poner a los mastyles destas naves cruces.-Desi movieron de aquellogar do descendieran-e ydas al medio el coso quedo el viento que non faziepunto del-e fueron los de las naves en gran coyta coydando que non acabarien loencomengado-mas empero quiso Dios acorrer a la hora con buen viento-mas en rezioque començo. Desi las naves començaron yr muy reçias enderezadas las velas-eyvan los de dentro a muy gran peligro de algaradas e de engaños que por todologar del arraval tenien posados los moros que non quedavan de les tirar a muygrand priessa: e de la torre del oro esso mismo con trabuques que los aquexavanadeinas-e con ballestas de torno e de otras maneras -e con fondas-e dardosenpeñalados-e con quantas cosas podien que non se davan punto de vagar. E losde Triana eso mismo fazien de su parte quanto podien. Mas quiso Dios que les nonfizieron tal daño de que se mucho sintiesen. La nave que y primero llego yva departe del arraval-e non pudo quebrar la puente por do acerto... mas la otra enque Remon Bonifaz yva-desque llego-fue dar un golpe a tan fuerte que se passocrala de la otra parte de la puente-E el rey e el infante don Alfonso e los susricos omes quando esto vieron con todo el poder la hueste començaron recurriren derredor de la villa por embargar los muros-e fazerlos arancar por aver logarlas naves de se salir en salvo-e asi lo fizieron.-Los moros se tovieron de todoen todo por quebrantados tanto que vieron la puente perdida.»

Y el escritor que años después de acontecidocon tan sobria y mesuradaplumarefería el hechodescribía su teatro y sus menores accidenteslafortaleza de trabes y cadenas que cerraba el ríolas armas y cruda defensa delos morosel pecho alentado y animoso de marineros y soldados cántabroslaincertidumbre del vientola religiosa piedad del reyla solicitadaintervención del cieloel rigor del choquela rapidez del triunfoy ladecisiva importancia de la victoriaeratal vezuno de los canónigos (porqueera colegiata ya) que regían la comunidad asilada en esta abadía. Ha sidoparecer recibido entre analistas e historiógrafos que el libro de la Crónicageneral fué compuesto por Jofre de Loaysaabad de Santander por los años de1272(69) <notas.htm>; y otrosatribuyeron al insigne Nuño Pérez de Monroyque ocupaba la silla abacialentre 1309 y 1322la docta y espinosa tarea de escoger y copilar las noticias ydocumentos destinados a servir para la ordenación de aquella historia(70)<notas.htm>.

La divisa del señor completó el escudo de la villa. Figuraban en sus sellosel abad y capítulo de San Emeteriodos cabezas humanas(71)<notas.htm>símbolo indudable de la tradición inmemorial queacreditaba a su iglesia la posesión de los cráneos de sus patronos los santoshermanos mártires Celedonio y Emeterioque puestas en jefeconforme aluso y prescripciones heráldicascoronan el blasón y te distinguen del de lasvecinas villas de la costaque participes de la empresa de Sevillalo fuerontambién de su gloriosa y desinteresada recompensa(72)<notas.htm>.

A Risco no le pareció suficiente prueba de la antiquísima posesión deestas reliquias el nombre de San Emeterioque en los siglos medios llevó laabadía de Santander; se ayuda de Moral esque traesin prueba suficienteatiempos coetáneos el hallazgo de ellas.

Reducida y pobre la iglesia de doña Berenguelafué aumentada por uno desus abadeselevado a la metropolitana de Burgos. Don Manuel Francisco deNavarrete Ladrón de Guevaraarzobispo de Burgos en 1705que había regidoaquella colegial desde 1693 hasta 1699comenzó el ensanche y obra de lacapilla mayor. Sus obreros acomodaron las formas dórico-latinas a la gallardamontea de la nave ojivaal área estrecha del viejo ábsideensanchada aexpensas de la vecina fortaleza; y el presbiteriorealzado sobre tres gradas definos mármolesquedó separado por dos recios arcos torales del resto deledificio. Para cubrir la monótona desnudez del muro plano del fondoleaplicaron un retablo de viciosa arquitecturapero de grandiosas proporciones yricamente dorado.

Un elevado zócalodos cuerpos partidos por esbeltas columnas corintiasunremate aligerado por dos ventanas gemelasun gran relieve centralun grupoencimacuatro imágenes colateralesconstituyen su ordenación sobria y bienentendida. La reciente corrupción del gusto hizo ondear las cornisascortarlos remates o rizarlos en cartelas y brotar ligeras vegetaciones parásitasentre el fuste y la basa de las columnasentre los cuerpos varios delarquitrabedecorando los entrepaños de nieles y ramajes abiertos en hueco conmás gracia que majestad adecuada al sitio.

En el intercolumnio central campea de alto relieve la Asunción de la Virgenmisterio titular de la iglesia; siéntese esta escultura del gusto de la épocaque fundaba el equilibrio de la composición en la simetría de los grupos yfiguras; pero es de mano diestradibujada con firmezaestofada y pintada condelicadeza y suavidad. Más que obra de imagineroparece obra de estatuarioconcebida para ser labrada en mármoles; ofrece reminiscencias de estudiosclásicosapartándose de la tradición nacional tan viva y gloriosa enCastilla y Andalucía; manera mórbida y ligeraoportuna al asuntocomo lo erala robusta y recia de Roldán y Montañés para las trágicas escenas de laPasión.

Igual manera produjo las estatuas que en los intercolumnios lateralesrepresentan los gloriosos mártires patronos de la ciudad y su provinciaentraje militar romanoloriga de cuerocasco empenachadocoturno y clámidederribada a la espaldapermitiendo lucir la airosa proporción del busto y elperfil general de la figura.

Conforme a la tradición católicarematan el retablo las tres figuras delCalvario; la escena en que se consuma la redencióny en que la palabradecisiva de Cristo liga con lazo indisoluble de dolor y agradecimiento loshumanos destinos al herido amor de su madre.

¡Mísero de quien allí no respira auras de paz y de misericordiade quienen el místico ambiente del templo empapado de los aromas del incienso y de lahumedad de los sepulcroshomenajes de los vivos y memorias de los muertosalimentado del aire de los suspirosdel vaho de las lágrimasno se sientemovido a perdonar y arrepentirsea sollozar y gemir dentro de sí mismo! ¡Másmísero aún quien de aquella atmósfera que desahoga el pechoeleva elcorazón e inflama el espíritutoma para sus entrañas no sé qué invisiblegermen de insaciables odios y ciegos rencores!

Vosotros los que os recostáis en esos plintos y columnasy juzgáisimpacientes y cansados el recinto estrechoel culto pobreopaca y discorde lavoz de los sagrados cánticosporque estáis en el abril de la viday el batirde alas de la imaginación os ensordece y sonáis con deslumbradorasesplendideces y pampa magníficapensad que nunca habéis de oír música quetan blandamente os hable al corazóny le amanse en sus desvaríos y altivecesy le levante de sus desfallecimientos.

La imagen de la augusta Señoraa cuyo tránsito glorioso está la iglesiaconsagradaprevalece en su recintotitula sus capillasrealza sus retablossantifica sus aras. Adórala allí el ánima devota del cielo y de la patriabajo tres gloriosas advocacionesveneración honda y constante de losespañoles: la de su Concepción Purísimaque aclaman patrona de su tierraguía de su estadoconsolación perpetua de aflicciones y miserias; la delPilar del Ebrotutela y escudo de independencia y honrarodeado de sus firmesy leales aragonesespechos de pedernalroca y fuego; la del Rosariofestejadapor el santísimo pontífice Pío Ven agradecimiento y memoria de aquellavictoria de las galeras españolas sobre la armada del turco en las aguasinmortales de Lepanto.

En otra parte tiende su simbólico escapulariovestida del pardo burlel queabrigó el inflamado corazón de Santa Teresaen otra muestra el yerto cadáverde su Hijoasistida de ángelespero lacerada por aquel dolor sin igual queofrece como ejemplo a quien afligido la contempla: videte si est dolor sicutdolor meus.

En los demás altares adora el pueblo a sus naturales patronosal mártirdel Calvarioal Salvador glorioso del mundoal apóstol pescadorhijo de lasolasnatural protector de la gente marinera; y adórale en la hora delágrimasde contriciónen quedespierta a la voz del vigilante gallo suruda conciencia le hiere con implacable dolordolor de su negaciónsuapostasíasu miedo.

También tiene allí altar el fervoroso mártir del sigilo confesionaly elglorioso paduanoobjeto de ferviente culto femenino. Ninguna de estas capillaspertenece al primitivo plan de la obra; son construcciones greco-romanas deépoca decadente. Del altar de San Matíaspor cuya inmediación penetramossubiendo del Cristo de abajohay que hacer mención más detenida. Porque elculto de ese apóstolculto oficial en Santandertrae su origen de días enque la peste había hecho asiento en la villay apenas desaparecía por brevesintervalos y amenazaba despoblarla. Es antiguo esto de la peste en Santanderporque entre las tradiciones de su fundaciónhay una que asegura que la villavino a ser fundada donde hoy se hallaporque de su asiento primitivomástierra adentrofueron arrojados por la peste los habitantes.

Pero en 1503agotados los auxilios y medios humanospensaron lascorporaciones eclesiásticas y populares en impetrar del cielo un intercesorespecial entre los apóstolescuyo amparo alejase el azote que sobre el puebloincesantemente caía.- «E luego tomaron doce candelas de ceraiguales por pesoy mediday encendida cada una de ellas en iguale doctada e nombrada cada unaa cada uno de los dichos doce apóstolese la que postrera quedase encendidaque aquel apóstol a quien se habla nombrado la tal candela aquel queríantornar e tomaban por su patrono e amparadore defensor e guardador del dichopueblo e de sus alquerías e vecindadpara ahora e para siempre jamásparaque la guarde de todo mal y en especial de pestilencia»(73)<notas.htm>. Y oída misa mayor por las autoridades y pueblocongregadosucedió consumirse sucesivamente las velas y quedar postreraardiendo la dedicada a San Matías; y conocida por tal camino la voluntad delcielose acordó tomar e invocar al apóstol por patrono de la ciudad y sutérmino comunaly hacer villa efigie de talla del Santoy celebrar fiesta ensu díay llevarle procesionalmente por las calles de la población encomendadaa su custodia(74) <notas.htm>conotras particularidades que se contienen en la curiosa acta de voto ycapitulación.

Salgamos al claustro por una puerta cuyos machones en su revestimiento llevanla fecha del siglo XVmanifiesta en el estilo de las torres castellanasesculpidas en recuadros alternosmientras sus jambas y dintel acusan másmoderna edad(75) <notas.htm>. El anchopatioantiguo cementerioha venido al cabo de tres siglos a recobrar laplacentera y fresca fisonomía que tuvo en el XVIcuando un viajero loapellidaba «huerto amenísimo perpetuamente embalsamado por el fragante aromade sus árboles florecidos»(76) <notas.htm>.Una cruz clavada en escabel de piedra abre sus brazos de hierro sobre la tierrabenditaun tiempo lecho de humanas reliquiascercada de rosas y cipresesdelaureles y magnoliasa cuyo rico follaje dan suave y soñolienta voz las auraspasajerasnunca dormidas en estos parajes marinos. Todos lo vimos desiertopradocuando entre su yerba ociosa asomaban los escuetos ángulos de algunaspiedras sepulcralesdesencajadas y ennegrecidas por las lluvias.

Rodéase el jardín de arquería ojivapor donde entra copiosa luz a lascuatro crujías del claustro. Su disposición es sencilla: pilares de plantaromboidalamortecidos vivos y aristasun doble collarín por capitel y otropor basa. El pavimento de los ánditos cubiertos más bajo que el piso del patioantes de ser renovado en 1782(77) <notas.htm>era un memorial de piedra donde la antigua sociedadla villa de los siglosmedioscon sus gremioscorporacionesinsigniasescudosdignidades yapellidosaparecía vivaentera en su organismo detallado y completocomoaparece la ciudad romana en Herculano y en Pompeyadesentrañada de lavas ycenizas volcánicas. Se había formado con lápidas desalojadas de la iglesiadel Cristoprobablemente por la idéntica razón que las desalojó luego delclaustro; muchas de ellas conservaban grabados los atributos o emblemas deprofesiones y artesinstrumentos y herramientas de oficioscostumbre heredadade los primitivos cristianosseguida durante los siglos de feconservada enlas comarcas y países pobres e incultos donde únicamente príncipes o magnatespodían magnificar sus sepulturas con grandiosos simulacros y prolijasinscripciones. Completaban el curioso museo lapidario epitafios esparcidos porel claustroy sepulcrosestatuas y figuras de la nave meridionalque despuésde haber sido entierro de canónigosvino a servir para común sepultura depobres(78) <notas.htm>. La cienciaepigráficaque hoy tan solícita y perseverante buscareune y comparadocumentosque no se ahorra de fatigas ni caudales para restituirmerced a susesparcidos rasgosla fisonomía social de señalados monumentos históricoshubiera estimado en su valor singular tan rara y curiosa galería.

En la nave occidental se abre la puerta de una capilla arruinadacuyaadvocación del Espíritu Santoes memoria y última reliquia del hospiciofundado para doce pobres por el abad más insigne que tuvo la Colegiata(79)<notas.htm>.

Ilustre por su sangreconsiderado por sus letraseminente por sus prendasde consejero y estadistaNuño Pérez de Monroybrilla con purísima gloria entiempos harto difíciles para la monarquía castellana. Dos minoridadessucesivas pusieron a prueba la integridad de su carácterque salió ilesa detan prolijos y multiplicados riesgosencarecido su buen nombre con el extrañoejemplo de conservar su dignidad modestasin pretender a mayores en lajerarquía eclesiástica.

Cierto que su virtud no estaba sola; apoyábase en el corazón varonil yentero de la matrona regente doña María de Molinagobernadora de los reinosde Castilla durante la menor edad de su hijo Fernando IVy posteriormente la desu nieto Alfonso XI. Honra singular y excelencia gloriosa de nuestras dinastíasespañolasla de que sus hembras mostrasen en el trono cualidades suficientespara acreditar al más esforzado y prudente varón; estirpe ricagenerosa ybendita por Diosla que dando una Isabel santa a Portugaluna Blancagloriosísima a Franciacuenta dentro de nuestra tierra española unaBerenguela en el siglo XIII; una María en el XIV; una Isabel por excelenciacatólica en el XV. Y de esta tradición perpetuada y enaltecidadel hábito deobedecer y servir a una mujer generosa y dignacuya autoridad y elevación eranjustificadas por el ejercicio constante de toda virtud doméstica y públicanació acaso en la caballería castellana el respeto profundo a la mujerytomó nuestra cortesía su carácter austero y grave eximiéndose de la livianajovialidad que empaña y desdora la celebrada galantería de otras naciones. Lacotilla y el chapín bordado terciaban en la vida social con el arreboladoprestigio de haber hollado el escabel del solio con no menor firmeza y gloriaque el férreo zapato y el borceguí purpúreoy fulgía sobre la frente altivade la dama españolareina del estradola soberana aureola de sus semejanteslas señoras del solio.

Acechada por el bando de los Cerdasjoven entonces esperanzado y resueltocercada de nobles tornadizos y ambiciososno muy segura de sus derechos laviuda de Sancho el Bravofuera acaso figura menos eminente y ejemplar denuestra historia sin la asistencia y constante celo del abad de Santander.Porque en el consejo de los príncipes pueden los privados hacerles serviciomayor que el de procurar su gloria y engrandecimiento; pueden preservar su famadel feo epíteto de codiciosos o malrotadoresy su nombre de torpes manchas desangre vertidas en traiciones y venganzas; y de favor tan inestimable es deudoradoña María a Nuño Pérezque después de mantener y justificar la pureza desu administraciónsupo impedir el homicidio consentido por el reyen lapersona de un príncipe don Juan su tíovenido a Burgos a asistir a una fiestade familia en fe de un seguro real(80)<notas.htm>.

No anduvo escasa la reina en pagar la leal asistencia del abadquienrespondió con largueza de príncipegastando su hacienda y su crédito enservicio de pobres y de reyes; éstos posaban en sus casas de Valladolid como enpalacio propioy en ellasal decir de Alonso de Maldonadocronista de losMonroyes(81) <notas.htm>casó aqueldon Pedro famoso por sus justicias. Para los pobres fundó asilos en Plasencia yValladolidy a su querida iglesia de Sant Medel y San Celedón la dotó conrentas y capellaníasproveyendo a su prestigio con ordenar y regularizar elaparato del culto y lloras canónicasy a su seguridad con lograr de losmonarcas reinantes la confirmación y ensanche de los privilegios otorgados porantecesores suyosprincipalmente los del señorío de la Villay derechos deancoraje y puertomercedes de Alonso VIII(82)<notas.htm>.

Antes de despedirnos de la vieja abadíarecortamos su historiadejándonosguiar en las tinieblas de las eras remotas por la mano segura y experta delpreclaro ilustrador de nuestra historia eclesiásticaP. Enrique Flórez.Piensa el ilustre agustino que en el siglo XIIy por obra de Alfonso VII elemperador(83) <notas.htm>fuéconvertida en colegial la antigua fundación monástica existente en Santanderde tiempos inmemoriales. Otro tanto había hecho en Santillanay sin duda estosactos de aquel rey emprendedor respondían al pensamiento político de unirestrechamente a su corona y real servicio estos estadosarrancados al dominiofeudal de sus señores naturalescomo dijimos al hablar del último de ellosRodrigo González de Lara.

«No reconozcáis otro señor más que al abad de San Emeterio»decía casiun siglo después (1187) a los santanderinos un nieto de aquel monarcaelglorioso vencedor de las Navas; Alfonso VIII(84)<notas.htm>«o a quien hiciese sus veces en su ausenciaélos nombrará merino que oiga vuestras querellas y las deciday al abadrecurriréis de las decisiones del merino cuando lastimen vuestro derecho; alabad pagaréis censo de la casa que habitareisde la tierra que adquirieseisdel huerto que labraseis; sea juez en vuestros litigiosy si litigaseis conextrañovenga éste a hacerse oír o dar sus descargos ante el tribunalabadengo. No iréis a la hueste sino cuando el rey cercado de enemigos lonecesiteni pagarán entrada vuestras mercaderías por mar ni tierra en lavilla.»

Con estos privilegios y otras donaciones realesla abadía crecía lobastante para quemediado el siglo siguienteno pareciera pobre estado para uninfante de Castillay la poseyese don Sanchocuarto hijo del Rey Santo.

En su celda abacial de Santander se ocupaba el príncipe en ordenar las horascanónicasen corregir a sus beneficiados estableciendo penas para losnegligentes en el coro y prohibiéndoles la asistencia a romerías y otrosparajes públicos. Y a 5 de Octubre de 1257 firmaba sus constitucionesdonde secontienen curiosas cláusulas: «Otro si mandamosque cuando fuera el Preste acomulgar(85) <notas.htm> que vaia consobrepellizy con cruzy con agua bendita y con lanternaque bala con candelaardendo y con campana taniendo ante síy llebe el Corpus Christi ante suspechos con gran reverenciae que vaian con el dos clerigos de la Iglesia de losque han beneficios menoreset que no le desamparen fasta que sea tornado a laEglesiay esto que lo mande el sacristan a los clerigos de los beneficiosmenores... y si fuera de la Eglesia dijere palabra vedada a su compañeroy gelo podían probarque sea privado de la racion por ocho días. Demasmandamosque ninguno non beba en tabernani juegue dadoni faga juego atal que seacontra la honestidad de la clerecia.» Y esta otra de obscura Interpretación:«Demás mandamos que ningun clérigo non dé la mano á ninguno en cimenterioni en la Eglesiasi no fuera ante el altar quando dijere misasi non fuese enplacentería de todos los canónigos»(86)<notas.htm>.

Los abades que suceden hasta don Nuño Pérez(87)<notas.htm> proveen con igual celo a la prosperidad y prestigiode la colegiataya con prescripciones canónicasya mereciendo de los reyes laconfirmación de privilegios antiguos y donaciones nuevas. De don Nuño ya hemosdicho el celo constante por su iglesia y repetidos favores que la procuró. Élconsiguió del rey don Fernando IV la renta de la sal para aplicarla a obraspíasconforme a su mejor voluntad; él tomó de ella lo necesario para ladiaria y continua asistencia de doce pobres; él logró que se le confirmase y asu cabildo el derecho de ancoraje en los puertos de las cuatro villas; obtuvodel rey Alfonso XI la mitad de los tributos reales (servicios y pedidos) de lavilla para establecimiento de tres capellanes; él al fin logró la merced deque su iglesia fuese excluida de la general disposición dada contra lasfranquezas y libertades de las iglesias en generalrevocándose en cuanto aella las cartas reales expedidas en nombre del mismo Alfonso por doña María deMolina su abuela y los infantes sus tíos y tutoresen Toroa 22 de junio de1316(88) <notas.htm>.

Sucédense luego otros abades quedesempeñando cargos en corteseguíanmás a menudo a ésta que hacían asiento en la abadía. Así fueron susderechos invadidos y menoscabadostanto que a principios del siglo XVdon JuanGarcíaabad de Santanderhubo de recurrir al rey don Juan II en querella yreclamación de ciertos dominios usurpados por vecinos audacesy el reyen 16de Diciembre de 14 10y en Medina del Campoproveyó a la peticióndisponiendo que su adelantado mayor en CastillaDiego Gómez Manriqueseencargase de obligar a la restitución a los detentadores.

Muy entrado ya este siglola poderosa casa de Mendozaaumentada con losseñoríos de la Vega y el marquesado de Santillanase apodera de la abadíacuyo báculo empuñanentre los años de 1486 y 1538tres prelados de aquelapellido.

Reinaba Felipe IIy era abad don Juan Suárez Carvajalcuando se promoviópor vez primera el pensamiento de la erección en obispado de la colegial deSantanderuniéndole la de Santillana y otros territorios. Fué combatido elplan por unos y sustentado por otros. Santillana alegaba su supuesta mayorantigüedad y otras razonessolicitando la preferencia para la nueva sede. Notuvo efecto por entonces la concesión ni tampoco en las diversas ocasiones enque se removió la instancia y se pidió su resolución por el cabildo deSantander durante el siglo XVII.

Una bula de Benedicto XIVdespachada en 12 de Noviembre de 1751erigiófinalmente el obispadocuyo primer titular fué el entonces abad don FranciscoJavier de Arriazay la colegial y la abadía perdieron sus anticuados nombrespara mudarlos en el de Catedral.



 

 

- III -

Las dos pueblas. -Guerras civiles.-Becedo en el siglo XV

La puerta del claustro nos pone en la Rúa Mayor; años hace tenía estacalle fisonomía original y propia; pegado a los restos que aún subsisten deledificio colegialse mostraba un casón antiguoobra de nobles líneasapellidado palacio; su edaddos siglosaños más o menos; mis coetáneosrecuerdan sus pesados cornisoneslas macizas repisas cónicas de sus balconessemicircularesel verdín tornasolado que marcaba a lo largo de la fachada lasfiltraciones de la lluvia y los penachos de yerba apoderados de sus impostasdonde chillaban escondidos los gorriones voraces.

Los ancianos de primeros del siglo lo conocieron vivienda de un magnateelconde de Villafuertes(89) <notas.htm>vizconde del Tanaroy en sus narracionesdoradas por el tiempo y el solrisueño y mágico de los días juvenileses grato descubrir rastros de aquellavida de señormonótona acasopero serenay tan distinta de la vidapresente. El palacio comunicaba con el claustro de la catedraly cuentan losancianos que durante el descanso establecido en las horas canónicasloscanónigos pasaban a la sala de billar del vecino y le acompañaban y sedivertían con el tacoel tabaco y la taza de caféa quea fuer de discretoera aficionadísimo el conde.

«Fútil detalle y que hace poquísimo al caso» -pensará alguno de mislectores.

Sin contradecirle ni defendermediré por qué no he resistido a la memoriaque me lo trajo a los puntos de la pluma. Háme sucedido tantas veces vagarcansado por los libros que pretenden conservar la fisonomía de las edadeshumanasy no hallar en ellos sino el postizo arreo de un oficioel traje conque el hombre se ofrece al público y lo solicitaque cuando por azar en elloso por descuido del autor asomaba un detalle domésticoun pormenor de la vidacomúnmi ánimo se recobraba de su fatigasintiéndose entonces y sóloentonces en compañía de semejantes suyos.

El espíritu humanoconsidéresele individual o colectivamentetiene susperíodos de crecimiento sucesivo: es infantil primerodado a admirar y alevantar con su admiración todo aquello que menos se le parece; luego sienteque la admiración sola tiene algo de inconsistente y hueroy se inclina asaber la verdad de las cosasy la buscapor más inmediata o por másinteresante en lo que le concierne y es pertinente a su condición y naturaleza.

Hubo un tiempo en que Aulo Gelio y Terencio VarrónPlinio y Petroniodomésticos pintores de Romadieron más curiosa luz y más clara al terriblepuebloque sus épicos analistas. Estos gloriosos magnificadores de la patriarefirieron cómo el romano organizaba sus ejércitosimponía sus códigoscolonizaba y combatía; sus poetas menores y escritores de costumbres nos hancontado cómo el romano vivía. Nos dejaron el conocimiento minucioso y perfectodel suelo en que el germen fructificael análisis de la vena dondeescondidamente se engendra y solidifica aquel metal raro que los historiadoresnos ofrecen ya forjado y convertido en arma centellanteen prodigiosaherramientao en joyel deslumbrador.

Tan ligeras como son y tan de poco momento estas y otras memorias parecidastienen el melancólico encanto de lo pasadoy acaso no es ocioso recordarlas.

La raza antigua mengua y se extingue en ciertas ciudades de provincia;sucédela otra vigorosa y nueva con el justo e indiscutible fuero de suactividadde su energíade su constancia y de su trabajo; pero imitando a loslabradoresque al preparar una tierra usada para nueva sementeradescepanarrancanqueman y exterminan la añeja raigambrepretende borrar con sudesdén lo pasadonegándolo o escarneciéndolo; suponiendo que la virilidadsocial del pueblo que habita ha sido instantánea y exclusiva obra suya. Errorgrave y manifiesta injusticia. Cada edad humana ha puesto su contingentedadode su savia y de su vida para el crecimiento y sucesión de las futurasy esvano pretender romper con ninguna de ellas y suponerse desligado y libre de suascendencia.

Cada estado social contribuye a la economíaorden y movimiento común; cadauno de ellos tiene lugar esencial y funciones propiassin que haya posibilidadde extirpar o excluir a ninguno de ellos por razón de los excesos a que supropia índole los expone: al militarporque suele ser prepotente y agresivo;al eclesiásticoporque puede dar en invasor y tenebroso al políticoporquese inclina a la falsía; al mercaderporque propende al embuste. Y tan injustocomo sería negar a los vicios de cada estado la oposición y equilibrio devirtudes contrariastanto sería y tan insensato atribuir a determinado siglotodo cuanto es glorioso para nuestra razaaltitud de ingenioamor de lajusticiaheroicos impulsosy a otro cuanto la envilece y desdoracobardía deánimoflaqueza e ignorancia.

En las evoluciones y sucesivo movimiento del mundo morallo que parece mássúbito e instantáneo a nuestros ojos es obra de larga y lentapreparación-trabajo acumulado por la sucesión de los momentos de nuestraraza-. Vicios y virtudes son herencia recibida de nuestros mayoresy quelegaremos a los que nos sucedan. Si queremos estimar su verdadero valorestudiémoslas con rectitud de propósito y sin pasión en as diversas épocashumanas.

A esta partepuespor donde vamosparte alta y meridional de la villallamaban puebla viejaseparada de la puebla nueva o baja por unbarranco donde entraba el mary cuyas márgenes servían de astillero yatarazanas. Uníalas un puentedonde en trances de discordia vinieron más deuna vez a encontrarse y pelearon ambas pueblas. Porque la villaaunque arrimadaal bando de los Gilestenía dentro de sí inagotable origen dedivisión y guerra en la rivalidad y ambiciones de linajes opuestoscodiciososde gobernarla y dominar a sus contrarios. Hijos de un mismo apellido sedisputaban perpetuamente la preeminencia y posesión de los cargos concejilesypara rendir en su pro el oscilante fiel de las elecciones popularesempleabantanto la violencia de las armas como en tiempos más cultos los sutiles enredosde la astucia(90) <notas.htm>.

«En la villa de Santander»dice el buen Lope Garcia(91)<notas.htm>«no se falla que oviese bandos sino que todo elmando de la villa avia seido e era en el linaje de Escalante fasta que GonzaloGutierrez de la Calleja que era criado e pariente de J. º (Juan) Gutierrez deEscalante se allo con la Rua mayor e con la ayuda de los Giles fizo guerra a losGiles fijos de Juan Gutierrez de Escalante despues de él muertoe peleando undía con los fijos e sobrinos de Ruy Gutierrez de Escalante a la puenteferiéronse muchos de los de Escalante porque entraron en su barrioe morió J.º (Juan) de Escalante fijo de Juan Gutierrez el ciego (el viejo?) de unasaetada que le dieron por el pie de pasilloé esta fué la primera sangrevertida entre ellos.»

Ominoso lugar parece la puente para los de tal apellidoporque siglosadelantey en aquel parajeamagaban a quien lo llevabano virotes deballestasino balas de fusil asestadas a su generoso pecho. Dios le guardópara ejemplo y amparo de sus hijosy para darle ocasión de perdonar agravios ypagar ingratitudes con favores. También andaba Santander partida en bandosroída por la sediciónalterado su reposointerrumpidos sus honrados hábitosde trabajoque a distancia de siglos y a pesar de la densa capa de experienciadesengañosescarmientos y castigos que el tiempo tiende sobre el mundolapasión humana retoña al advenimiento de cada generacióncon igual bríoirreflexión y empuje.

Otras plumas historiarán estas conmociones e inquietudes; la mía no quiereapartarse ahora de épocas ya serenadas por el tiempoen cuyos recuerdos seentretiene; mas hay lugares donde no pasa el hombre sin levantar el corazón aDios y bendecirlecomo se descubre y santigua el caminante ante la cruz delhumilladerocomo el navegante se enternece y ora a vista del escollo dondenaufragó su buque y conservó la vida; por eso es la tierra templo sembrado deincógnitos altaresde misteriosas arascuya imagen está en el cieloy cuyoscultos pasan invisibles entre un corazón agradecido y el Criador.

Allí en la Rúa Mayor tiene su solar el antiguo y revoltoso linaje; allímuestra todavía su puerta ojiva del siglo XIVflanqueada por dos repisasesculpidas de incierto empleocoronada del sencillo blasón y el apellidotimbres que agobia el orgulloso escudo de los Guevarassobrepuesto más tardeen una reedificación o restauroa causa de traslación de dominio. Las hiladasde sillarejosu color y labra distinguen en la fachada lo más añejo y lo másreciente. Esta casallamada por el pueblo el Navíosea por su extrañadisposición internapor su forma prolongada y angostao por su situaciónsemejante a la del buque que encallada su proa en las algas y el cascajo atracasu popa al terraplén de la riberay su vecina señalada con las armas deHerreraúnicas en pie de tan remotos díasson padrón de lealtad y amorpatrio. Conservólas el pueblo cuando abatió los solares vecinos castigando asus dueños de haber faltado a la causa común de la villaen cierta ocasiónmemorable.

Aquel triste rey Enrique IVde lastimosa memoriaera despojado por armas opor intriga de lo mejor de sus dominios; en provecho de los ensoberbecidosgrandes de Castilla. Arrancábanle villasciudades y castillosunos peleandocontra su derechoasistiendo al infante don Alfonso; otros pagándose a ley degenerosos del servicio que prestabanamparando su combatida causa. De éstosel marqués de SantillanaDiego Hurtado de Mendozasegundo del títulohabíalogrado en su favor donación de la villa de Santander(92)<notas.htm>.

Poco lisonjeada del favor y harto mejor avenida con la autoridad realengafloja a vecespero más benévola y menos apurada que la de los señoreslavilla rehusó entregarse al prócer allegó éste fuerzas en sus estados deSantillana y occidente de la provincia; y puestas al mando de don Ladrón deGuevaraseñor de Escalantelas dió por escolta a su merino de SantillanaJuan de Gaunay al corregidor García López de Burgosencargados de hacercumplida la donación regia.

Santanderamurallada y fuertedeterminó resistir; pero antes de probar lafortaleza de sus cercas habla el de Santillana probadoy probado con suertelade sus moradores. Corrompidos con dádivas y promesas de otras mayorestreshidalgos de buena sangreFernando Fernàndez de AlvaradoJuan Gutiérrez deAlvear y Gonzalo de Sotórzanodiéronse al enemigo- tanta mano tenían en elgobierno de la villaque pudieron abrirle franca entrada a la Rúa Mayora lacolegial y al castillo; aposentáronle en lo mejor de ella.

Sorprendidosno desconcertados por la traiciónlos leales se recogieron ala parte baja de la villamientras sus corredores y mensajeros extendían porla costa y valles comarcanos la fama del trance en que la villa estaba puesta.Todos respondieron a la guerrera llamada: los pueblostemerosos de que latiranía feudal ahogase sus fueros y libertades; los señoresconvencidos deque el rey no era competidor para ellosy lo habla de sery temible yforzosamente aventajado el marqués.

Giles y Negretes acallaron sus quejasvencieron su encono y enviaron sushuestes contra el más poderoso. Sucesivamente recibía auxilios la villa ysostenía recios y cuotidianos combates con los intrusados alevosamente en suseno. Corría la sangre por una y otra partemorían hidalgos y burgueses;allí cayó de un ballestazo Fernando de Escalante junto al arroyo de Becedo ysu desagüe en las atarazanasentre los cuerpos que señalaban cada día lafrontera de ambos bandos y el sitio de la refriega; pero a medida que lescrecía el ánimo a los santanderinosmenguábales a sus contrarioscercadosya y desesperanzados de refuerzo. En tal punto pidieron tregua. Concertóse porsesenta díasdurante los cuales la villa de arriba estaría en manos de donLadrón de Guevara; y si al cabo de ellos no llegaba socorro del marquéssería entregada a los vecinos.

No descuidaron éstos prevenir las contingencias; aprovecharon la tregua paraenviar naves por la marina a solicitar aliados y recursosy al cabo de díasgastados por los hombres del marqués en espiar inquietos día y noche desde losaltos muros y troneras que ocupabanpor ver u oír señal que les avisara delsuspirado socorrosólo tuvieron ojos para ver entrar por la ancha bahía lasgruesas fustas que traían soldados a la villay oídos para oír el voceríocon que eran recibidos vizcaínos y trasmeranos.

Guiaba la animosa flota Juan Alonso de Muxica y de Buytronseñor deAramayonapoderoso y temido en Vizcayaaliado antiguo de los montañesesy aquien convenía tenerlos corno avanzada y muro contra el de Santillanamáspoderoso y no menos que él arriscado; allí venía Gonzalo de Salazarhijo deLope Garcíaacaudillando sus solariegos de Somorrostroque dejaron huella desu marcial entrada en el nombre de la calle por donde embistieron y aún durayJuan de Agüerocon sus parientes y allegadoscon que la villa tuvo en tornode su pendón una lucida hueste de tres mil hombres escogidos y bien armados.

Y ya pudosin riesgo de enflaquecerserebosar del estrecho recinto y tomarlos caminos por donde pudieran llegar los socorros del marqués y establecerseen lugar convenienteapercibiéndose a recibirlos.

Vinieron éstos al mando del conde de Saldañaprimogénito de aquéltrayendo gente enviada por su deudo don Pedro Fernández de Velascoprimerconde de Haro; mas llegados a la puente de Arce se arredraron y detuvierony entanto se aconsejaban y resolvíanexpiraba la tregua. No aguardaron mayor plazolos de la villa; arremetieron con todas sus fuerzasentraron iracundos laPuebla viejahirieronasolaronocupáronla toda vencedoresy la iglesia y elcastilloy derribaron a raíz del suelo las casas de los torticieros.

No vió el débil rey con malos ojos esta resistencia de su villa; revocó lamerced(93) <notas.htm> y premióadelante su desobediencia y bríostitulándola muy noble y leal. Loshidalgos de la tierra vieron celebrada su victoriay entre los cantares ydecires con que el pueblo recuerda y perpetúa los sucesos históricosanduvobuen tiempo esta copla:

 

A dos condes y un marqués

 

un caballero montañés

 

lleva a todos de través(94) <notas.htm>.

Sería interesante saber qué parte tomó el abad en estos acontecimientos.Parece cómplice de los amigos del de Santillanapuesto que su iglesia fué delos puestos abiertos al invasor por los conjurados; pero ¿quién era entoncesel abad? ¿Cómo se llamaba? ¿Tenía aún jurisdicción señorial?¿Pertenecía a la familia de los Mendozascuyos apellidos encontramos poraquellos años en las sillas abaciales de Santander y Santillana? ¿Era ya abaddon García Lasso de Mendozanieto del primer marqués de Santillanael cualaños más tarde ocupó ambas dignidades? Curiosos habrá queacotando lasblancas márgenes de este librodiluciden e ilustren este punto y tantos otroscomo van quedando al estudio y erudición de mejores ingenios.

¿Cuál fué la puerta franqueada a los agresores en la querella? Sietetenía el muro un siglo después; probablemente las mismas de entonces: losnombres de seis de ellasconservados en los de las calles a que abrían salidadeclaran paladinamente su situación respectiva: ArcilleroSanta ClaraSierraSan FranciscoAtarazanas y San Pedro(95)<notas.htm>; queda por señalar la llamada de San Nicolás.Atendamos a que la Rúa mayorimportante en aquel tiempohabía de tenerforzosa comunicación con la campiña; a que en la obra contemporánea citada nose menciona cuál fuese; a que enfrente de ella y por las alturas de lasactuales calzadas altas hacia donde hoy están Santa Cruz y el hospitalelantiguo panorama de la villa ofrece una iglesia con advocación de San Nicolásy colegiremos sin violencia que la puerta de San Nicolássituada hacia lo altodel paredón de hoydaba entrada a la Rúa mayory por ella de rebatoamparados de la nocheconducidos por los tres hidalgos tornadizosentraron lossoldados del marqués.

Ayúdamelectora restablecer el antiguo paisajea imaginar derribadocaserío de la actual ciudad a Occidente de la cuesta del hospital; a fingirentero el muroenhiesto su almenaje su pardo lienzo arranca de la Rúa mayor ybaja la colina abajoescalonado en trozos de igual altura y nivel distinto. Enlo áspero y encumbrado del terreno el escarpe suple al foso que en la accesiblehondonada se abre ancho y enjutotal como lo pintan las memoriascontemporáneas. El terreno encañado entre esa colina de San Pedro o SanNicolás y la de San Sebastián que corre al Norte de la villaondea subiendohacia Occidente en valle desigual y mies abierta. Una cruz de piedra señala loslímites rurales: a uno y otro lado de ella pasan el arroyo y el caminoyarrimado al muro de la ciudad y a la puerta de su nombrelevanta su antiguafábrica el convento de San Francisco. Supón la hora del mediodía en uno delos templados y serenos de invierno: el sol baña las piedras y el matizadosueloy la gente menuda acude a tomarlo resguardada del sutil Nordeste; el filode la contraescarpael pie del muro están ocupados por jayanes que duermenmendigos que se limpian de miseria y hacendosas mujeres de braceros que guardansu pobre colada tendida y remiendan las calzas del chicuelo que en tanto seabriga con el calor del cielo. Alguna rodona de cercenado guardapiéscortejadapor un soldado de la fuerza o de las galeras de Castilla ancladas en el puertose aleja por el camino de Burgospor donde cruzan sollastres y garnijosdándose groseras zumbas y soeces vayas; los primeros a abastecer su figón decomestiblesexentos de la tasa de la villa; los segundos a recibir al mulaterocuya recua esperan cargar en la ribera al retorno de las lanchas pescadoras.

De tanto en tanto se detienen y agrupan con otros concurrentes en torno deltruhán que recitacon gutural y compasado acentolos sabrosos romances del Palmeroo la Infantina; del aventurero que miente peregrinacionesvotos ypenitencias testimoniados con talcosplomos y conchasprendidos a su rotaesclavina y mugriento sombreroy aunque mal confiados en su veracidad y en suhonrada palabray dispuestos a zumbarle con epítetos raecestodavía soldadosy marinerospróximos a arriesgarse en navegaciones y aventurasle buscan ahurtadillas y le pagan en sonantes novenes la peregrinación a Santiagolasestaciones de hinojos ante el Pilar santo de Zaragozay acaso acaso un capitánenamorado le colma el oculto bolsónpara quellegado a Romahecha conardiente contrición la visita de sus siete basílicaseche el clavo a sufortuna y le consiga del cielo el favor de tornar venturoso y hallar fiel a suamada.

En tanto al umbral de la portería franciscana se atropa la muchedumbrehambrienta que aguarda la sopa. El hidalgo que vuelve de dar su cuotidiano paseopor la solitaria mies del valle (96) <notas.htm>en sabrosa plática con un racionero de la colegialse ve acosado por los másaudaces; recházalos con un ¡Dios los amparel atufado por el penetrante hedorque expiden; pero a tiempo pasa la santera de San Bartolomé del Monteque salede la villa de su semanal cuestación; salúdale por su nombre; el hidalgo sedetienemete mano a su escarcela y suelta una blanca en el taleguillo de lafrera; a punto ya de entrar por el arco de San Franciscocruza otro saludo conel padre procurador de Santa Catalina de Monte Corbánque pasa caballero en sumularemangados los blancos hábitosbatiéndole las piernas los hijares de subestiay los hombros las alas del fieltro con que se guarda del sol o de lalluvia.

La campana colegial que tañe el Ave Maríaa la cual responden las de losconventosparece poner espuelas a la ruciaque repicando el paso toma lacuesta del Cubo y desaparece entre los setos de las huertas. El hidalgo se paray descubre; imítanle muchos de los transeúntes; el racionero rezalas mujeresen lo alto se santiguany aunque de mala ganasoldados y daifas bajan la voz ytemplan la risa. Yal cabo de breve pausa arrecia el vivo rumor del gentíolas voces diversasgritoscarcajadasapóstrofes y juramentos; recobran suacción y movimiento grupos e individuosy destellan al vivo rayo del sol eljubón recamado del caballerola acerada gola del militarel cenicientohábito del mendicantela abigarrada trapería de lisiados y truhanesy loszagalejos de las mozas de servir que traen lleno el cántaro de la fuente de laBóveda(97) <notas.htm> o de la máslejanay por ende más concurridade Becedo(98)<notas.htm>.



 

 

- IV -

Dos conventos

Esa portería donde tu imaginación dócil a mi deseolector complaciente ocompatriota amigoha visto amontonarse el tropel hambriento y desarrapadonoera la que en tus días da paso a pretendientes e intrigantesa paisanos ymilitaresextraños huéspedes del claustro(99)<notas.htm>; ni tampoco ese pórtico donde los domingosaguardan mezclados la hora de su rosario hermanos de la orden tercera y acogidosde la caridady los días comunes al caer la oración miden las losas y paseansosegadamente dos o tres padres comentando las nuevas de la ciudad o losnegocios de la corporaciónal sabor y al humo de un papelillo(100)<notas.htm>

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El actual convento lleva la fecha de su reedificación en la fachada: 1639.Gonzagageneral de la ordenque un siglo antes escribía su puntual historia yestadísticapone la fecha de su fundación primera anterior al año 1270ajuzgar de las letras de un sepulcro situado a inmediación del ingresoprincipal. «No existe -dice- tradición ni escritura de su edad ni fundador»(101)<notas.htm>. Carezca en buen hora de diploma o instrumentoauténticomas no puede fallecerle la tradiciónnacida de la incertidumbremisma de su origenfastos del pueblo que a su modo hace la historia inspiradopor su gratitud o su rencor.

Tradición tiene el conventotradición común a las fundaciones seráficasde oscuros principios. Lo que es desdeñado por un cronista imparcial y austeroguardábanlo amorosamente bajo la caliente lana de su sayal los humildes ypequeñosy al desnudarse la monástica jergalo conservaron al calor de laseglar sotanacomo parte que erano del trajesino del alma.

Yo se la oí contaroscura en tiempodudosa en nombresincierta y confusacomo descolorido recuerdo o palabra de ancianobalbuciente y tarda.

Venturoso en guerrasy pagado de esfuerzos y fatigas con el acrecentamientopingüe de su mayorazgovivía la villa cierto hidalgo honrado y temeroso deDios. Pertenecíanle estas tierras próximas al murosolar del convento yhuertas vecinaserial entonces infecundo. Cavilaba buscando modo de hacerlefructífero el buen hidalgoy contra la costumbre de su ánimo resueltovacilaba indeciso: ya imaginaba enajenarleya resolvía romperle y labrarleobien edificar vivienda para si fuera de las lóbregas y estrechas calles de lavillaabierta al sol y al aire con el regalo y esparcimiento de árboles yjardines.

En tales meditaciones vivía; sus convecinos murmuraban sorprendidos delreposo con que parecía mirar aquella parte de su hacienda; censuraban en otrotiempo su actividadinoportuna a vecesa veces excusada; su constante afán demejorarcambiaramojonarpartir y descuajary ahora le raían por perezoso eindiferente; y ahora y anteslo mismo de su actividad que de su inerciaconcluían idéntica afirmacióna saber: que algún misterio envolvía elproceder del hidalgoque bien sabido se tendría el por qué de elloy algunosprovechos ciertos aguardaba. ¡Quién acertó nunca con la opinión y gusto desus convecinos!

Paseaba cierta tarde el hidalgo sus cavilaciones por el camino de Burgoscuando vió llegar dos frailes de hábito extraño para ély facha venerable.Se encontrarony el más enjuto y joven de los forasteros saludó al hidalgopor su nombredeseándole el favor del cielo. Lisonjeado por la novedadcortés a medias y a medias curiosoincorporóse a los viandantes para guiar suentrada en la villa. Caminaban despacio y entretenidos; la conversación delfrailepersuasiva y fervorosainflamaba lentamente el sencillo corazón delhidalgo. Nacíanle gratas sospechas de que iba hablando con un siervo de Diospredilecto y benditoy luego las trocó en certidumbrecuando cercanos a laspuertas de la villa el varón apostólico le dijo: «Estas tierras que os turbanel sueño y acucian el ánimotienen empleo señalado por los designios de laProvidencia; Dios las quiere para mansión de los pobres hijos de Asísyenvía a su siervo Francisco a poner la primera piedra de su casa. Hincóse elhidalgo a besar el hábito del santoy ufano de la elección divinacedió lastierras para fundación de la orden.»

Singular vacío ocupa en las historias franciscanas el lugar del viaje delgran patriarca a España. Todas convienen en que peregrinó a Santiago deCompostelay el cómputo de los años de su vida y empleo de cada uno de elloshace caer la jornada dentro de los de 1213 y 1214. No la mencionan aquellos trescompañerostestigos perennes y leales de los dichos y hechos del santoLeónde ViterboRufino de Asís y Ángel de Rietique dejaron escrita una Memoriaexpresiva y breve de todos sus actos(102)<notas.htm>. Sin embargola tradición constante y repetida seafirma con datos y pormenores suficientes para que el grave analista Wadingoadmita como positiva y auténtica probanza.

El seráfico mendigoel bienaventurado caballero de la pobrezacomose titulabacuando vuelto de sus vanidades hidalgas trocó martas y brocadospor la áspera jergay el dorado cíngulo por la soga penitentegoza delprestigio común a todos los héroes populares. Cada región pretende haber sidoteatro de sus milagrostodas quieren haberle visto y albergadohaber sidohonradas con su elección para asiento o cuna de nueva comunidadnueva familia.Testimoniono tanto de piadosa vanidad cuanto del concepto universalmenteadquirido de la prodigiosa actividadincansable celo y eficaz propaganda delhéroe.

Como al valor y al brazo de los paladines legendarios se atribuye elvencimiento de todo monstruola doma de toda fierael remedio de todacalamidada la insaciable caridad de Francisco se atribuye el establecimientode su religión en toda región extrematempestuosa y fríaagria y estérilinhospitalaria y ruda. Ley eterna de la gratitud humanaque paga todo beneficiocon la perpetua memoria de su bienhechor; legado que las generaciones heredan yextiendenacrecentándole siemprerenovándole a menudoinvocándole en horassupremasen momentos de tribulación; en los apuros de la patriasi el héroeno fué más que héroe; en los aprietos del corazónsi fué santo.

Patria y corazón han de vivir expuestos a dolores y miseriasy recaer en suyugopor largas treguas que hayan de sosiego y de fortuna; por eso el nombre yculto de sus patronos en la historia y en el cielosi a intervalos se entibia ydecaeno perece ni se extingue nunca. Nadie se lo enseña a los niñosyéstos lo aprendeny lo defiendeny lo amany lo invocan apenas su tiernopecho sufre la ponzoña del dolor primeroapenas siente lastimado ese amorásperoviolento al suelo nativoque madruga en el alma harto más que larazón y el discurso.

Italia es tierra ferazopulenta y jugosaen que la planta hombre nace ycrece más vigorosa y rudasegún decía su famoso Alfieri; madre de hijosinsignes en virtud y en maldaden gloria y en infamiaque sobrepujan al tiempoy perpetúan su nombrealzándole a la más alta gloria o enlodeciéndole encriminal bajeza; preclaros ingeniosesclarecidos capitanessublimes santos ytorpes criminales o hediondos réprobos.

Italiano y de Asís fué Juan Bernardonea quien su padrepor amor que a lofrancés teníay semejanza que entre el genial de aquellos naturales y el desu hijo creyó hallardió en apodar Francescoapodo destinado a altísimafortuna y perenne nombradía.

Ya mozotentóle la vanidad un deseo loco de emular en gastos y rumbo a loshidalgos sus convecinos. Logrólo aína; la nobleza menuda de Asís era ociosa ypobremientras en casa de Franciscocasa de mercader aplicado y hacendosohabía caudales horrosnunca mejor empleados que en satisfacer sus veleidadesde magnífico. Esto pensaba su madremadre al finy quenacida de estirpenoblevela de buen grado las aficiones de su hijoy no se hacía de rogar parasustentarlas.

Guerras y placeres eran la vida en aquella edad de la juventud hidalga enItalia; en guerras y placeres participó Franciscoobedeciendo siempre a lasansias infinitas de su pecho y sin verlas sacias nunca.

Así su imaginación ardiente comenzó a volverse a las cosas del cieloasentir la atracción de lo invisible y eternode lo inmaterial y permanente; lagenerosa grandeza de la Redención vino a labrar en su ánimola voz delmendigo cobró un eco extraño a sus oídosy la efigie del Crucificado seanimó a sus ojos con la vida dolorosa de una agonía sin remedio y sin fin; elpecador comenzó a sentir el dolor de las heridas del mártira oír sus quejasy sollozos: sincero y fervientehabía cedido a las disipaciones mundanas;sincero y ferviente se dejaba envolver y arrastrar por la seducción inefabledel misterio.

Prendas de su alma habían sido la compasión y el desprendimientovirtudesque llevan lejosmuy lejosa la miseria y a la santidad. Por esto su primerpaso en el nuevo camino por donde entrabaciego de fervor y de esperanzafuédespojarse de sus bienes con provecho de sus semejantes; por eso halló quien lesiguieraquien le acompañaraquien imitase su abnegación. Esas virtudes sonel numen del fundador evangélicosu iniciativasu fortaleza y su prestigio;llaman el favor del poderosola limosna del opulentola personal consagracióndel pobre y del entusiasta.

Menores llamó Francisco a sus compañerosy menores se llamaron susdiscípulos luego que Inocencio III desde su silla apostólica ratificó ybendijo la nueva comunidad y la nueva regla; menoresporque Jesucristo habladicho a sus apóstoles: «Lo que hiciéseis a los menores de vuestros hermanoslo habréis hecho a mí.» Los benedictinos le dan una iglesia suyaarruinadacasitan pequeña y pobreque en su lengua italiana la llamaba el pueblo SantaMaría de la Porciúnculaporque parcela o porcioncilla escasa de tierra era laque la iglesia ocupaba y le pertenecía. Y de tan humilde principio y de seisfervorosos que le asisten y obedecenparte la orden mendicante a ocupar elmundo.

Rico de amor corno era el corazón del patriarcaencerraba intimo germen depoesía. Educado anticipadamente su entendimiento en la música y en la poesíacaballeresca de los trovadorespuestopor su vivir errante y mendigoencomunicación constante con la naturalezay necesitado acaso de hablar otralengua que la lengua de la razón y del discurso usada en sus predicacionesdedescansar de la lengua que persuade en la que exalta y conmueveprorrumpía enaquel himno sublimeil cántico del Soleen que acordándose del comúnorigen de todo lo criadollama hermanas a todas las criaturasconvidándolas aalabar y engrandecer al Señor. A su ejemplo riman y cantan sus compañeros ydiscípulosel gran Buenaventurasu futuro historiadorJacomino de Veronauno de los precursores de Dantey aquel Jacopone de Todiautor de la elegíaen que la cristiandad entera llora el dolor de María al pie de la cruz.(103)<notas.htm>

Y quizás la poesía franciscana y su hondo sentimiento de la naturalezainfluyen en el arte y hacen aparecer un nuevo elemento de composiciónelpaisajeen tablas y frescos del decimotercero sigloal renacer la pintura enmanos de los prerrafaelista en Sena y en Florencia.

Es San Francisco de las figuras históricas que arrastran consigo y distraende todo camino cuando se las encuentra. Continúa ejerciendo en los dominios dela imaginación su irresistible ascendiente. No es preciso para ello entrar enun templo corno ésteespacioso y pobreen cuyo piso lees todavía losnúmeros de las antiguas sepulturas; en cuyos machones miras el blasónelocuente de la ordenla cruz soberana patíbulo del hijo de Diosy clavadosen ella el brazo redentor y el brazo penitentela desnudez divina y el ciliciohumanoel sacrificio y la oracióny rojeando a sus pies la sangrepreciollave y fruto del sin igual misterio.

Pero acaso bajo las anchas bóvedasprendidos a las imágenes sacrasa lasfiguras de los escudos heráldicosa las labores de los sepulcros de losantiguos caballerosviven recuerdos que prestan viva luz al ambiente y hacenfulgurar la santa diadema del patriarcaque en lo más alto del retablo mayortiende aún los brazos abiertos al cielo.

Los soles de la vida agostan el alma; pero en su tierra abrasada duermeinextinguible un germen que retoña y reverdece al calor de un afectoal riegode una lágrimay como no se olvida la manera de santiguarseporque viene deenseñanza maternaltampoco el lugar de la primera oraciónde la primeramisaporque en ella acompañó la madre al hijo. En el umbral bendito dejan sucarga las aldeanasfiándola del mendigo que tiende la mano abierta a losfieles; cóbranla cuando saleny subiéndola sobre la cabeza tornan a su faena;en el umbral bendito deja el alma sus tristezas humanas para entrar dentro de laiglesia como entraba antes de probarlas y conocerlasalegredesembarazadaseñora de un horizonte breve pero serenotan limpio de penasque para daralimento a la sed de padecersello misterioso de nuestra razanecesitabaafligirse con el padecer ajeno. No teniáis; al umbral y a la salida hallaréisde nuevoy no menguado en pesovuestro fardaje.

En esta iglesia y en su capilla de San Luisdice Jorge Brawn se verificabanlas elecciones anuales de los magistrados de la villa. Los mejores linajes deellaabusando de su poderintervenían y violentaban la voluntad popularo lamenospreciaban y se sobreponían a ella cuando no iba conforme con la suyapropia. Modos había de preparar el sufragioconcertando su aparenteespontaneidad con el provecho de los ambiciosos e intrigantes; pero no siemprealcanzaban o se torcían antes de dar el prometido resultadoy entonces losdesesperados no vacilaban en acudir a la violenciaviolencia que alguna vezensangrentó el atrio del templo y acaso los ámbitos sagrados.

Eran los antiguos bandos quereducidos al recinto de poblado y ya despedidosde sus antiguas cabalgadas y rebatosperpetuaban su división y odiosbuscandola satisfacción de su vanidad en la humillación y derrota de sus contrarios.

Parece que un reyJuan II quizásquiso remediar el escándaloy dióciertas ordenanzas a la villa para la provisión de los cargos de sumagistratura. Eran un modo de transacción y avenencia entre los linajesenemigospara que de mutuo convenio alternasen en el regimiento yadministración municipal. Mas sucedió que algunos de los linajesbien avenidocon la posesión de la autoridadcuando fué cumplido su tiempo y llegó el decederla al linaje rivaldesentendióse de las ordenanzas y rehusó cumplirlas.Constituyóse entonces un estado de permanente discordiamás grave aún y másescandaloso que aquel al cual habían puesto término las ordenanzas de don JuanII.

Y los Reyes Católicos se vieron en el caso de proveer a su remedioexpidiendo en Madrida 30 de enero de 1498una carta real en que ordenaronhasta en sus menores detallesel modo de hacer las elecciones(104)<notas.htm>. ¿Fueron mejor obedecidos que su negligente padre?Es dudoso. En un proceso de mediados del siglo XVI hallo que en el primer terciodel siglo era cabeza del bando de los Giles Juan Ruiz de Escalanteel viejo«el cual vivía en la Rúa mayore proveía la vara de la Hermandatcuandocabía a su linaje en quien quería»(105)<notas.htm>. Prueba de que caída en desuso la provisiónúltimase había vuelto a las ordenanzas anteriores. Y a dos de mayo de 1560el rey Felipe IIen Toledoaprobó y confirmópara que se restituyera a suejerciciola carta de los Reyes Católicossus bisabuelos.

Otro solar antiguo tuvo la orden francisca en la villa. Diósele en 1323doña María de Guitarteviuda de Gonzalo García de Santandervalerosocapitán de las naves de Alfonso X y Sancho IV(106)<notas.htm>. Huérfana de hijos y de esposoy ricamenteheredadala piadosa hembra gastó su hacienda en labrar convento para las hijasdel seráfico padredentro de los murosarrimado a su ángulo nordeste entrelas puertas de la Sierra y la que de su vecindad se llamó de Santa Clara(107)<notas.htm>.

Todavía cerca la clausura el ancho paredónsobre cuyos altos adarvesarraigan laureles e hinojos; todavía subsiste el ábside del siglo XIVcon surasgado ventanajetapiado en días de guerras civilessus rudos estribos ytoscas gárgolasy queda parte del cenobio construida en menos remoto tiempo:en el siglo XVIIa juzgar por su arquitectura.

¡Pero cuál se asombraran sus pacíficas y antiguas moradoras sirestauradas por un momento en su retirooyeran el constante y bulliciosoestrépito que hace retumbar sus ámbitos!¡Y qué famosa ocasión paraejercitar su natural travieso y provocativo tendrían los estudiantes que dentrode ellos corren y voceansi vieran parecer un día a las venerables madresyasomar las graves tocas y luengos mantosponiendo coto a sus juegos y atajo asus diálogos y palabreríapocas veces casta y ortodoxal!

Vacío el monasterio por la revolucióndestinóse a colegio de segundaenseñanza con el nombre de Instituto Cántabro. Tenla entonces Santandervarones de ánimo robustoque pudieron con justicia aplicarse a sí propios lafrase de un héroe de Lope de Vega:

 

En las guerras soy soldado

 

y en las paces regidor.

Metidos en los azares de una guerra civil y desastrosa; dudosos los destinosde la patria; sombrío el horizonte y preñado el cielo de siniestros presagiospusiéronse en mientes llevar a cabo una fundación esencialmente pacíficacimiento de más tranquilo vivircentro de luminosa enseñanzafuente de claradoctrina queahorrando a las madres el dolora los padres el dispendio dealejar en tierna edad a sus hijosles dejaba el dulce peso de educarles elcorazónatendiendo a la vez al indispensable cultivo de su inteligencia.

Salían aquellos honrados ciudadanos de guardar la improvisada aspillera yentraban en el salón municipal. Dejaban el marcial entretenimiento de latáctica y su ejercicio para discutir la administración populary sindescalzar la militar espuela al regreso de aventuradas expedicionespreparabany escogían los medios de realizar su intentodando a su obra sólida trabazóny duradera vida.

Por uno y otro camino llegaron al término donde se compensan el desinterésy la perseverancia: la abnegación y el esfuerzo en el campola prudencia y laintegridad en la gestión de los intereses comunesse vieron premiadas conigual felicísimo éxitoy un mismo día celebraron los santanderinos la paz deVergara y la inauguración de su Instituto.

¡Hermosa coincidencia!; soltar las armas y abrir las aulas; envainar labayonetaretirar el cañón amenazador de la angosta tronera y erigir lacátedra del magisterio; apagar la tea y encender la antorcha; tender la mano alenemigo y llevar juntos sus hijos a los bancos del estudiodonde no han de oírpredicaciones de odios que enciendan la sangre y armen el brazosino principiosbenéficos y creadores; donde han de aprender las máximas de la moral paraamarselas leyes de la filosofía para conocerselos misterios de la cienciapara penetrar la admirable máquina del mundo y comprender sus portentoslosejemplos de la historia para honrar la patrialos encantos de las letras y lasartes para estimar la grandeza del ingenio humanorespetarle como a centella dedivino origencomo a consolación suprema de ruinas y dolorescomo a prendaexclusiva de duración de los pueblospues la misericordia del cielo conserva yperpetúa sus obras cuando pasaron y se extinguieron sus leyessus armassupodersu gloriay ya no pisa la tierra hombre que hable su lengua y en ellarecediscurrablasfeme o gima.

Desde 1839año de su inauguraciónha sido el instituto plantel donde lasinteligencias cántabraspreparadas por una labor primera y rudimentariahansido nutridas de sustancia y modeladas para sus destinos ulteriores; allí sehan iniciado y presentido las vocaciones de todos nuestros conterráneos de lageneración actual; allí los que ahora ciñen espada sintieron el primer hervordel militar entusiasmo exaltados por las glorias de la falangedel terciodela guerrilla; allí los que guían naves por remotos y tempestuosos maresvieron la primera luz de los rumbos del cielo en sus fijos luminares; allí losque velan con provechosa constancia en persecución de la fortunatuvieron lanoción elemental de la economía y del cálculo; allí los que predican alpueblo desde la sagrada cátedralos que amparan la justicia en el forosintieron el misterioso atractivo de la palabra; allí los que manejan plumacomprendieron la áspera grandeza de esta obra excelente y virilla cual exigede consuno ideavalorinspiración y trabajosegún frase del más elegantede los modernos críticos franceses(108)<notas.htm>.

Allíen finha sentidoo sienteo sentirá las primeras e inefablescaricias de la musa patriael ingenioque ha de hacer olvidar este libro mío(si alguna vez mi libro logra famasiquiera en los estrechos horizontes de latierra nativa)trazando en fiel y vigoroso retrato su imageninspirado por lavoz íntima y constante que oye el buen hijo brotardoliente de las ruinasdelos recuerdosdel sepulcro sagrado de su madre olvidada u ofendida:


Exoriare aliquis nostris ex ossibus ultor(109)<notas.htm>.



 

 

- V -

Los muelles.-La bahía.-Escuadras y festejos

No abusemos de tu paciencialectorque andará ya muy al caboasí como tualiento aridecido del seco polvoo hastiado del vapor de moho que tantaspiedras viejas despiden.

Vamos a lo que no envejece ni se mudaa lo que permanece y duraaunquemovible y fugitivosegún la expresión de nuestro Quevedo. Vamos al marazuly profundosonoro y undívago hoycomo lo era en los tiempos en que arrullabaaquí vastas soledades; al mar que vieron en el siglo V los Erulos o Normandosde que nos habla el viejo Idacio(110) <notas.htm>igual que lo ven ahora los mareantes de los clippers que llevan pan aCuba y de Cuba traen tabaco y dulce.

Aquí está la gala de Santanderaquí su opulencia: aquí suena larespiración de sus anchos pulmonessu rumor sordo de colmenasu correr detratos y negociossu rechinar de cabriassu zumbar de aventadoressu rodar debarrilessu golpear de empaquessu contar sin duelo y sin tregua de cuerosduelashierrostablasbacalao y fardería: aquí late la vida de su cerebroaquí suena el oro de su bolsilloy cruje sobre el papel la pluma de susescritoriosy susurra en el aire el cuchicheo de sus transacciones y elaritmético y arcano frasear de cotizacionesprecioscambios y descuentos.

Por aquí rebosóhaciendo estallar el férreo cinto de sus muroscuandocrecida de villa a ciudad por merced del señor rey Don Fernando VI(111)<notas.htm>le pareció poco y estrecho aposento el de susantiguas callesy para edificarse vivienda suntuosa y vasto almacén echócimientos en el aguadonde no tenía más coto que el de sus dineros y suvoluntad.

La voluntad no ha enflaquecido nuncalos dineros han tenido períodos defluir y prodigarsey tiempos de escasear y retraerse. Y los muellessujetos alas fluctuaciones económicasempujados en los momentos prósperosparalizadosen los adversoshan ido entrándose mar adelante con la pertinacia de todo lofatal e incontrastable.

Su fábrica cuenta a piedra en grito y al más sordotres períodossucesivos de construcción desde quelevantado el piso antiguo de la bajaRiberaal promediarse el pasado siglopaulatinamente creció hasta el Martilloen cuyas obras suena el nombre del Don Juan de Islaque hallamos en elastillero de Guarnizo. Luegoen los días de 1820 a 1823se alarga desde el Martilloal Merlony se apellida Nuevo por su fechade Calderón porsu diligente constructor y empresarioy al cabo se dilata hasta el desagüe deMolnedoanónimoporque se edificó en tiempos en que la asociación esespecial y poderoso agente de la actividad humanay en ella se anegan nombre einiciativa individualespor más que de la iniciativa individual tenga todaasociación su espíritusu energíasus resultados y sus provechosy másligero y menos suntuosoporque ha nacido en tiempos en que hay muchos vestidosque hacery no se puede consumir el caudal en uno solosuntuoso y de boato.

Pero este es muelle epiceno y mestizo; tiene de señor y de obrerodecomerciante y de vagode taller y casinode lonja y de paseo. Sin quitarse lahonrada librea de su trabajoel polvo de la harina que le mancha muros y losascomo mancha el polvo de la creta las barbas y manos del escultorcomo mancha elpolvo de la hulla la piel curtida del cerrajerocesadescansatoma aires deocioso y de galánse deja visitar por damas y se hace cómplice de amores yelegantes aventuras.

Otro es el muelle que no reposa ni tiene domingoni hora de urbanidad ysociales esparcimientos; el muelle obrerode pipa y fajaincansablerudopolvorientoescabrosoinhospitalario para todo el que no va a pagar o recibirjornala cargar o descargara comprar o vender. En este muelle liemosdesembarcado. Arranca de la parte meridional de la ciudad y se tiende alSudoeste a buscaravanzando por escalonesla distante península de Maliaño ya pedirle su nombre.

Franceses vinieron a construirloy un día de verano de 1853entre músicasy aclamaciones de algunos entusiastasy las preces que la Iglesia tiene paratoda obra beneficiosa y útil de la inteligencia humanasumergióse en lasaguas de Santanderpor cuatro o seis brazas de fondola primera piedra de laconstrucción. ¡Cuántos se reían y alzaban los hombros al oír hablar delporvenir y utilidades y ventajas de una empresa cuyo presente se reducía a unsillar sumergido en las aguashundido y desaparecido en el cieno de su fondo!La fe es prenda rara; faltábales a los mismos quepartícipes del pensamientoiniciallo habían transmitido a la actividad y mayores medios de losextranjeros; húbolos que como Esaú vendieron su derecho de primogénitosesdecirde propietarios primeros en la tierra arrancada al marlevantada yestablecida sobre su extensa ciénagapor un plato de lentejasy quizás eldescorazonamiento cundía y se arraigaba porque los extranjerosaparte de lasventajas que de la realización del plan habían de dimanarlegítimarecompensa de sus afanes y perseveranciaspedían pocos dineros sonantes.

Pero al sillar inicial y simbólico fueron siguiendo algunas barcadas desillares. Un día ya asomó el artificial escollo sobre la base de las aguas ensu pleamary como hitos de una medición fantástica fueron asomando otrosescollos parecidos en toda la extensión de la obra proyectada.

Los escollos fueron creciendo y ensanchandoluego se unieronluego el cienode las mareas se espaldó en su base y rellenó sus huecosy los barcos fuerondescargando arena al abrigo de aquellos estribosy el mardespués de porfiaruna vez y otrade roerles los cimientosde arrancarles las piedras de la basede minararrastrarhundir y quebrantarsintióse a su vez quebrantado eimpotente contra la tenacidad humanay cedióle el pasoy se fué retirandoyreconociópor últimoque su destino no era pelear contra el naciente y yavigoroso y erguido muellesino ayudar a su utilidad y empleoarrimando losbarcos y teniéndolos a flotemientras vomitaban sobre la escollera losdepósitos de sus anchas bodegas ó las abarrotaban con las mercancías que laescollera acarreaba.

De tal maneracon uno y otro muellealargándose a Vendaval y NordestevaSantander abrazando su bahíaa modo de colosal crustáceo que abre la anchatenaza de sus pinzas para coger la presa.

¿Hasta dónde llegará? ¿Cuál será el límite de su afanosalenta ytenaz porfía? ¿Cuántos siglos pondrá la eternidad desde el punto en que yocuento hasta aquel en que un bibliófilo curtido y secoempolvado y miopemanuscriba aquí entre renglones de lo impresocon inefable y egoísta gozo lacontestación definitiva a mis preguntas?

Pintoresca ribera contiene el espacioso lago desde la escollera extrema deuno y otro muelle. Allá al Este avanza el cabo San Martín y su inútilbatería; un peñónque parece desprendido de la costaasoma en medio de lasaguas; llámanle los marineros San Mamésy con este nombrey en aquel parajepinta Brawnen su Santander del siglo XVIun islote con una ermita y un puenteque le une a San Martín. Si alguno duda de que en trescientos años la mano delhombre y los besos del mar pueden reducir a tan exiguo escollo una piedra capazde fundaciones devotascórrase hacia el puerto y cerca de su boca hallará lapeña de la Torreque en días no lejanos mostraba señales de antiguos fosos yparapetos de tierraque en otros más recientes dió asiento a una ancha tiendade campañabajo la cual se guarecía la corte de Isabel II(112)<notas.htm>esparciéndose desahogadamente fuera de ella elnumeroso pueblo que formaba el cortejo naval de su reina. Diez años han pasadoy ya escaso asiento deja al pie de los curiosos la pólvora que hace estallar elpeñón con repetidos barrenos.

Estos cabos y promontorios cierran la vista de la boca del puerto; más alláde ellos se dibujan ya las tierras de la otra parte; el pálido arenal de lasQuebrantascementerio de náufragosenvuelto siempre en la siniestra bruma delas rompientes; tras de sus dunas tumulares se esconde el santuario de Latas ysu romería; luego el arenal del Puntalque viene y se acerca a provocar a laciudad frente a sus soberbios muelles; en su descolorida arena negrean lascaravanas que bajan de Galizano y Somo a tomar el barco queabrigado en elredondo seno del Mieralos aguarda. Aquí se derrama en la bahía el alevosorío; ya la barra que levantó para cegar el puerto es muro que resiste a sucorrientela rechaza y la obliga a ondear y torcerse para buscar caminoaremansar para hacer caudal recoger fuerzas y tentar con mayores ventajas elpaso. Y se echa en un refuelle sobre la venta de Pedreñaquecomo situada enalto y sobre firmísimo cimiento de rocasle mira por encima de su tejado conla misma indiferencia con que en tiempos antiguos miraba de más cerca a loshuéspedes que llegaban hambrientos y pedían de comer.

Tierra adentropor cima de lomas y quiebrasblanquea el palacio de Setienarrimado a unos árbolesseñor del paisajecomo lo era en la comarca la razaque le fundó y tuvo en él vivienda largo tiempo. Los nobiliarios cuentan conpoéticos rasgos el origen de los Setienes; ¿por qué no recordarlo?Precisamente en esta marinasiguiendo la vera del aguapasando el melancólicoAmbojo y su bosque a raíz de las mareas y su ciprés característicoobeliscoperpetuo de los solares montañesesplañidor que llora sobre su muertoespíritu y apagada gloriaúnico ser que llora perennemente sobre los muertosque decía Byron(113) <notas.htm>;pasando luego un promontorio que llaman del Aceboaunque ni acebo ni otroárbol hojecen en su pelada lomallegaremos a Helechas.

No tuvieron mucho que cavilar los etimologistas heráldicos para discurrirque Helechas se llamaba así de lo espeso y crecido del helechal que ocupaba elsitio. ¿Por qué no nos dicen de dónde trae su nombre cierto aquella rocacónica aislada enmedio del aguaque unos dicen de Marnayotros de la Garza yotros de las Ánimas?

¡La peña de las Ánimas! Nadie dudaría del origen de su dictado si lollevase un escollo en la procelosa costaallí donde el terror y la creenciapopular oyen el gemido de las almascuyos cuerpos arrolla el aguay losdestroza y sumerge con su violencia airada la tormentadonde el oído fascinadopercibe entre el clamor de las olas y el alarido de los vientos el ¡ay!blasfemo del que desespera y el gemido supremo del que se ahoga; pero aquísilenciosaen medio de las plácidas ondas que roen calladamente la piedra¿qué leyenda extrañaqué visión misteriosa aparecida en doble tiniebla deantiguos tiempos y densa noche engendró el fúnebre título?

En el sene que se forma a Levante de la peña estápuesHelechas: unaiglesia torreadaennegrecida por las lluvias de ocasovecina del aguaseñalael pueblo. Normandos o godos hijos de tierras boreales o aventureros de la marllegaron y desembarcaron acaudillados por dos príncipes. Recibiéronles losnaturales a saetazos y pedradasarmas de aquella edad remota; andaba la peleareñida y el vencer dudosocuando de lo cerrado del helechal y espantadas porla grita y estruendo del combatepartieron siete raposas. «¡Septem!¡Septem!»gritaron los príncipesque por lo visto eran latinosa sussoldados: «¡Feliz agüero!»quiero decir«¡propitium omen!» Concuya vista y cuya vozrecobrados los vacilantes invasoresarrollaron a susenemigos y lograron establecerse en la comarca. Los vencidosprendados luego dela buena disposición de los príncipesa quienes apellidaban con el vocabloque les hablan oído en la batallalos tolerarony se sometieron gustosos a lamayor autoridad de su valor y su prestigioy los príncipesgloriosos de suhazañaaceptaron el mote para apellidofundaron estirpe y se llamaron los deSetien.

Sale de nuevo la costa y se arrima a otra isla que también tiene dosnombres: ¿Se llama de la Astilla o se llama de Pedrosa? A gentes de esteapellido pertenecía cuando el Estado la quiso y le fué cedida para lazareto.Triste como todo lazaretoque significa hospital y cárcelcautiverio y pesteprisión y contagio; un pino la coronasangrando por las heridas abiertas en sucorteza; un almacén vacío la ocupay ya comienza a poblarse de sus edificiospropiosde tumbas. Detrás de la islaen el continentela risueña mies dePontejosy entre sus verdoresla piedra curtida de una torre con almenaje ycubos en sus cuatro ángulos. Un rico escudo blasona su frentepuesto sobre laespada de Santiagotimbrado con yelmo y corona de marqués. ¿Es este el solardel apellido y cabeza del título que la coronada Madrid recuerda con filialrespeto?

Aquí entra la ría a bañar las desiertas gradas del astilleroy los piesde Cabargalugares conocidos. Al otro lado encontramos de nuevo a Maliaño;luegosubiendo hacia el Nortela torcida canal de los Raosque se entra hastala mies de Camargopasando bajo el ferrocarril y una y otra carretera.

Como vinimos a Santander costeando la radaya estos lugares nos sonfamiliares; vamos encontrando a Estaños y Muriedas; la Peña-Castillo con laiglesia de Loreto agarrada a su costadosantificando su siniestro aspecto; laverde isla del Oleo que produce yesolos admirables pinos de Campogiroyatajándonos el paso a las ricas huertas de Cajoa sus sombríos boscajeslaescollera de los muelles del Oestey los vastos terrenos encerrados dentro deellasy sus múltiples aplicacionesmarismasarenalastillerohuertaplayade baño y playa de pesca.

Y encerrado dentro de este marco espléndido tan a la ligera y de borrónpintadoel lienzo inmenso de agua sobre cuyas espaldas flota esa escuadra depotentes cascosgallarda cruz y valerosos marineros atentos al silbar de lalocomotoraque desde las lejanas breñas y gargantas les viene avisando queabran las escotillas para recibir el trigo cosechado en las vegas del Carrión ydel Arlanza.

Y es añejo este servicio que la bahía de Santander presta a los graneroscastellanoscomo que la naturaleza la ensanchó y ahondó para puerto deCastilla.

Cuando el onceno de los Alfonsosllamando a sí caballeros y mesnadasórdenes militares y peonaje de villas y ciudades juntaba hueste a vista y endaño de la morisca Algecirasdispuso que el abastecimiento y provisiones de sunumeroso ejército se hicieran en los puertos de Cantabria«et apercebióse demandar a sus tesoreros»dice la Crónica«que enviasen por mucha farina etpor mucha cebada a Castiella;... et que lo ficiesen levar a los puertos deCastroet de Laredo et de Santander el de Bermeo... et que lo troxiesen al realpor mar.» Tan ventajosa era la cercaníay tanto más fácil el acarreoapesar de las asperezas y temerosas fraguras de la cordillera cantábrica.

Años más tardeen el de 1370rey de Castilla Don Enriquesegundo de sunombreaprestaba en esta bahía una escuadraponiendo a su frente a PeroGonzález de Agüerocaballero de Trasmiera y de aquel turbulento linaje tanfamoso en las peleas y bandos de la tierra.

Sitiaba el rey a Carmonadonde fortalecidos se defendían los hijos yparcíales de su desventurado hermano don Pedro. Teníanle tomado elGuadalquivir los portuguesesque ayudaban a los sitiados amenazando lasespaldas del ejército real e impidiéndole el bastimento. Agüero y sus navesentraron por la barra de Sanlúcar favorecidos del viento y de la mareaytrabando pelea con las portuguesasrindiendo a unasdesbaratando otrasoponiéndolas en fugalimpiaron el río de enemigos hasta subir a Sevillaasegurando la retaguardia y la victoria de Don Enrique.

Por entonces comenzaba uno de sus períodos de calurosa luchaaquellacélebre contienda secular entre Inglaterra y Franciaoriginada de comunes ymal definidos derechosque después de poner en riesgo extremo la vida de lanación francesaterminó con gloria suya en la admirable y breve epopeya deJuana de Arcola doncella de Orleans. Recientes estaban los beneficiosdel francés a Don Enriquecomo los agravios del inglésayudador antiguo dedon Pedropretendiente a la corona de Castillaa favor del enlace del duque deLancaster con una hija del muerto rey y de la Padilla. Asíque recibióbenévolamente la embajada que llegó a pedirle auxilio en nombre del prudenteCarlos V de Francia.

Trafala un cierto Ivan o Juan de Galesprócer inglésdesposeído de losestados de su apellido por los reyes de Inglaterraque al tomárselos conmuerte de sus antecesoresquisieron asegurarse la posesióndando el feudo ytítulo al primogénito de su casa real. Ofendido y ansioso de venganzaservíay servía con celo al enemigo de su rey y de su patria; error frecuente en todotiempoapostasía que oscurece las mayores prendas del almaborrón queempaña la más alta gloria.

Vino a Santanderdonde se hallaba a la sazón el rey castellanoy le pidióy obtuvo su escuadra y sus almirantes. Naos y marinos gozaban de buen nombreganado en difíciles empresas de mar y guerraya en las costas de Levanteyaen las de África y Andalucía. Cuarenta naos gruesasocho galeras y trecebarcos menoresarmados y abastecidos«ainsi que nefs d'Espaigne sont»dice el viejo Froissartcomo término de ponderación extremazarparon delpuerto; regíanlas Rui Díaz de Rojasmerino que había sido de Guipúzcoa;Ferrán Sánchez de Tovarfamoso en las expediciones navales de dos reinadosyAmbrosio Bocanegrael genovéscontinuando el memorable catálogo de suscompatriotas que habían de pedir ocasión de imperecedera gloria al brío y alarrojo de las banderas y los corazones españole

Tan eficaz fué el socorrodiestra y valerosamente conducidoque con unsolo combate puso término a la campaña. Dióse frente a la Rochelacuyopuerto bloqueaba la Armada inglesa al mando del ilustre conde de Pembroke.Victoria decisiva y completacuyos trofeos fueron para los castellanos docegaleras enemigas presas con su generaly el tesoro que conduela para sostenerla guerramás sesenta caballeros espuelas doradas.

Víspera de San Juana 23 de junio de 1371fué la batallay al siguientedíaseñalado entre españoleslas naves vencedorasimpacientes quizás pormostrarse gloriosas y ufanasen sus patrias costasdaban la vela para Santander.«Gallarda vista hacían -cuenta Froissart-izadas al tope grandes banderasblasonadas con las armas de Castillatan grandes y cumplidas que a menudotocaban sus puntas en el aguaoyéndose a bordo crecido estrépito de bocinas ytrompetasde dulzainas y tambores.»

Un cronista extranjero nos conserva está animada y breve pintura de laescuadra castellana; mas no hubo en Castilla cronista que ¡los la pintaseentrando por las aguas santanderinasalegrando con salvas y músicas el puertoesparciendo el marcial alarido de sus victoriosos cánticos por el solitarioarenal de Latashaciendo retumbar la honda embocadura del Miera y el escuetoislote de San Mamésy convidando con el estampido de la pólvora y el cobrela voz alegre de las campanas de Los Cuerpos Santosque se alzaba fuerteclamorosa y viva como la voz de la patria regocijada y feliz a dar a sus nobleshijos el parabién y la bienvenidamientras percibido apenas en el robustoestruendomás delgado y oscurovibraba el clamor argentino de las clarisascerradas entre los murosde los franciscanos apartados en lo bajo y externo dela villa.

Nadie escribióo el tiempo consumió lo escritola febril agitación delpueblo al avistarse las velas desde el cerro de San Sebastiánal serreconocidas como propias por el ojo experto de los ancianos prácticosen elaparejoen la bogaen el corte y campo del trapoen el modo de tomar elviento y recelar de la costa o arrimarse a ella; nadie el misterioso terrorelmisterioso hechizo de lo desconocidoy el tropel en los muellesy en elalmenajey por las torres y ventanas de las casasy el flamear de lienzos alacercarse los barcosy el gritary el preguntarse de cuantos a bordo enviaronprendas de su cariñoy el arrojarse en lanchas y boteshaciéndolos zozobrary el bogar sin compás hacia los que llegan entre risas y suspirosaclamacionesy recelosy la desaforada impaciencia de la mocedad marinera quedespojándosedel compendioso trajese sumerge en las aguassurgesacude la mojadacabelleray nada a porfía desafiando el afilado tajamar de la galera queavanza rasgando el aguarevolviendo espumashenchidas e inmóviles las ancha sgaviassímbolo peregrino de fuerzavalor y audaciao la rodea esperando yrecogiendo los tacos del disparado falconeteque caen encendidos y humeando aapagarse en el agua; ni el asomarse a la borda del rostro pálido del herido odel inutilizadoansioso de calmar ansias supremasni el ansia mayor de los quemiran parecer uno en pos de otro rostros y rostros sanos o padecidossin queninguno de ellos sea el que esperan.

Nada de esto se escribióni era precisoporque si los sucesos del hombrereunido en sociedad obedecen a causas variables según las ocasioneslostiempos y las usanzas; los sucesos de su almasus doloresafectos ydesengañosson constantes y se renuevan con la raza en las edades y en elindividuoy no necesitamos que un autor contemporáneo nos lo cuente para sabercómo lloraron las madres del siglo XIV que perdieron a sus hijos en la guerrao los hijos cuyos padres quedaron en ellani cómo la gloria deslumbranteegoísta de los afortunadoshizo olvidar la muerteel sacrificiolosmartirios y agonía de los menos venturososcuyas vidas nutrieron elespléndido y fascinador fantasma.

Cronistas tambiény cronistas apretados por la muchedumbre de sucesosporla austera ley de proporción y ceñidos a límites de prolija y seca narrativaindican los diferentes aprestos navaleslas levas y arribos de escuadras que'en son de paz o guerra hacen figurar el nombre de Santander en los ricos analesde la patria. Así le citan al referir Ayala los armamentos contra La Rochela en1372

; Gutierre Díez de Gameslos que en 1405 acaudilló Pero Niño para otracampaña de la misma contienda entre ingleses y franceses; Andrés Bernáldezel desembarco de la princesa imperial Margaritaque venía de Alemania a seresposa del príncipe don Juanhijo de los Reyes Católicosen marzo de 1497ya la cual hallaremos más adelante en otro lugar de estas montañas; y Sandovalel del magnífico César Carlos Va 16 de julio de 1522cuando veníacastigada la soberbia castellanaa tomar franca y duradera posesión de estosreinosque habían de ser en su mano el arma más segura y mejor templada de sugrandeza y del temor de los extraños.

Pero llegó (A. C. 1570) uno de estos sucesosllamados especialmentehistóricossin duda porque la historia los consigna y pone en luzy llegó deimproviso. Huboentre los testigos del sucesounocurioso de escribir lo quevelao puesto en obligación por amistad o deferenciade participarlo aausentes; el tiempo salvó su cartay con ella una relación curiosa y menudadel casode éstas que antes no cabían en la gravedad y extensión de unacrónicay de las quea impulso de nuevos gustoshoy se engendran y toman sumás rica y sabrosa sustancia las crónicas.

Una tarde de octubrecubierta y lluviosacon mar del Norte y vendavalesdurostarde de uno de estos días atemporaladosque sobrevienen a las veces ennuestra costay plantan la huella y estrago de crudísimo invierno en medio delas dulzuras y halagos de tardío veranoque tapan el solalborotan el mardesencadenan los vientosy traen a deshora las noches largasla desnudez delcampoel naufragiola miseria y la enfermedadpareció en aguas del puerto yen demanda de su boca una lucida escuadra de hasta treinta naves gruesas yhermosamente pintadas. Acercóse a entrar la que hacía de capitana;llegáronselasegún su costumbrelanchas o botes que andaban por la bahíaysupieron que en ella y con su comitiva de próceres y su escolta de soldadosembarcados en la escuadravenía a ser reina de España la princesa Ana Maríade Austriahija del emperador Maximiliano IIcuarta esposa de Felipe IIviudodos años había de la malograda Isabel de Valois. Ya en la villa sabríansindudaque en su vecina Laredo aguardaban a la regia prometida emisarios de suesposoel cardenal arzobispo de Sevilla don Gaspar de Zúñiga y Avellanedayel duque de Béjar don Francisco de Zúñiga y Sotomayor. Por esto sería mayorla sorpresa de todosgrande el desconcierto de las autoridadesobligadas aatender inopinadamente al hospedaje y agasajo de su augusta huéspeda yséquitoy extraordinaria la alegría del puebloávido siempre de fiestasocasión del holganzade espectáculos nuevos y de imprevista granjería aveces.

Desaviados la justicia y regidores acudieron a lo preciso: despojaron de sudosel a un Cristo para hacer palio a la viajera; señaláronla aposento en el deun vecino inmediato a la puerta de Arcellerodonde probablemente pisó tierray para vajilla y utensilio hicieron contribuir con la propia a los mejores de lavilla. Estos pormenoresque andaban de boca en bocarecogía y apuntaba unFrancisco Carreñoespectador andaluzsi podemos tomar su ortografía comoretrato de su pronunciación viciosay como indicio de naturaleza laentrañable preferencia con que se ocupa de los cuartagos alemanes que en laescuadra venían; comisionado en Santander para embarcar trigo y enviarlo aSevilladonde correspondía con el colegio de jesuitassegún se infiere deciertas cláusulas de su carta y de haber sido ésta hallada y constar entrepapeles de la Compañía.

Desembarcó doña Ana María; era jovenhermosablanca de tezviva derostrocualidades sobradas con la de extranjera para prendar a la muchedumbre;mas por si no bastaban a tantotraía consigo dos de sus hermanillosniñostodavíalos cuales interesaron de manera que luego corrió la voz cierta oforjada de la competencia habida entre ellos y otros hermanos suyos sobre quetodos querían venir a Españacompetencia decidida en una suerte de dadosaconsejada por el emperador.

Hospedada la reinael regimiento de la villa agotó su imaginativa paraentretenerla aquellos díashaciendo salir las danzas del Corpus y ensayandootras nuevas que la dieron placer y risa. Perseveraban en tanto la mar recia yel tiempo duroque habían impedido a las naves tomar el puerto de Laredo; masno sería esta sola causa la de que rindiesen en Santander su viajecuandonoticiosos de ello los embajadores que la esperaban en Laredoen tal deapresurarse allegar y ofrecer su homenajea la señorala enviaron emisarios conruego de que fuese servida de ir a Laredopara que no fueran sin dudamalogrados los preparativos dispuestos en su obsequio. Trajo la embajada elalcalde Ortiz; no dice Carreño qué especie de alcalde erasi de corte o de lavilla; mas no se probó de sutil montañés ni de diestro cortesanocuando paradecidir a la reina no halló mejor argumento que encarecerla los cuantiososgastos hechos por el duque.

Con ánimo realcontestóle la princesa que el emperador su padre le habladado con qué poder hacer holgadamente su viaje sin ser costa de nadieninecesitar de hacienda ajena.

Y era que aquellos altivos españolestomando a pechos la autoridad yrespetos de la majestad que representabanse miraban en dar paso a la cortesíasobre el ceremonial prescrito por la regia etiquetacreyendo que únicamente elrey puede hacerlocomo puede perdonary no lo puede el magistrado querepresentadistribuye y ejercita su justicia.

En final quinto díasábado 7 de octubreparecieron los embajadores alotro lado de la bahía en Sorno y Galizano; habían venido por tierra desdeLaredoy para atravesar el agua fuéronles a buscar en lanchas tomadas a navesde comerciocon músicas y todo el aparato debido a su representaciónsoberana. La escuadra les honraba con salvas de sus guarnicionesformadas enorden de batalla; los buques fondeados en el puerto con tiros de artilleríayellos corrían majestuosamente la bahíaaguardandodice Carreñola marcapara atracar al muelle sin haber de empozarse en el fango o necesitar ajenospies para desembarcar cómoda y aseadamentey quizás también aguardando a quepareciera sobre el muelle la comitiva enviada por la reinasegún el tenor delas ceremonias y aparato a que se creían deudores y de que no pensabanescatimarse un ápice.

Efectivamenteen el muelle los aguardaban y los recibieron los señores quedesde los puertos de Flandes habían acompañado a la reinael gran prior deCastilla en la orden de San JuanDon Fernando de Toledode la ilustre casa deAlbaapellido entonces respetado y temido en el orbe a par del nombre de estaEspañacuyas armas regía; don Luis Venegas de Figueroaaposentador mayor quehabía sido de palacioenviado del rey en la corte de Maximiliano desde tresaños atrásel de 1567y acaso el más hábil y activo negociador delmatrimonio de la princes; el almirante de la escuadraMaximilianoconde deBoussucaballero flamencobuen soldadolevantado a tan alto puesto porinflujo y favor del gran duque de Albay otros caballerosentre los cualesaunque Carreño no lo citeno faltaría aquel insigne coronel de terciosCristóbal de Mondragónque venía mandando las ocho banderas de arcabuceroswalonesembarcadas en la flota para guardia de la augusta persona

. Guiaron aquéllosy fueron los recién venidos a saludar a la reina ybesarle la mano.

El día siguientedomingoentretenido Carreño en seguir a cada uno detantos ilustres próceres que se repartieron lloras e iglesias para oír misaasistiendo con entera pompaseguidos de criadospajeslibreas y monterossinmezclarseni empecerse con el recíproco esplendorolvidó escribir si lareina oyó misay dónde la oyó; pero acostumbrado a ver en Sevilla alcardenal salir en procesión con cruz alzada delantesorprendióse (y lo nota)de verle caminar a la Colegial sin ellaolvidado de que la sagrada insigniaseñal de dominiono de jerarquíasólo podía ser enarbolada en elterritorio de su iglesia y de sus sufragáneas. Es verdad que apremiado por lasalida de un barcolisto para dar a la vela y llevar su cartala terminabaapresuradamente el mismo díadomingo 8 de Octubreno sin añadirmaliciosocomo todos sus conterráneosuna postdata encaminada a poner de muestra elcómo los magnates se regalaban en su mesa.

Mas en punto a marítimos banqueteshubo de dejar perdurable rastro en lasconversaciones y en la memoria de los santanderinos el celebrado en su bahía abordo de un inglésRoyal Princecapitana de una escuadra de catorcepoderosos navíosel día 24 de Septiembre (domingo) del año de gracia de1623.

Reputados son los ingleses de pródigos y tenaces en la mesay en este casolo acreditaron. Mil seiscientos platos se sirvieronsi no yerra y vió claro untestigo de vista que lo cuentay de elloscuatrocientos de dulces¡quéocasión para golosos! «Salióse bien tarde de él»añade después dedescrito el festínel ingenuo comensalquien no estaba acostumbradosindudaa las dilatadas sobremesas y amplias compotaciones a que los hijos delleopardocon exquisito pudorconservan su nombre griego: symposium.

Es verdad que al brindarpara hacer eco majestuoso a la voz del oradoropara desperezar al auditorio y hacerle volver en síy reconocerse entre elvapor cálido y vertiginoso de las copassoltaba la escuadra su artilleríaacuyo estruendo vajilla y aparadores venían al suelocon gran ruido decristalería y búcaros rotosy solaz y aplauso de los convidados: propiagenialidad de bretones.

El que así festejaba su mansión en estos parajes era un pretendientedesairadoaquel Carlos Estuardode poca venturacuya cabeza y cuya coronacayeron años adelanteen el de 1649sobre el cadalso de Whitehallderribadaspor el hacha que afilaron la dureza y fanatismo puritanosy esgrimieron losrencores de Cromwell. Era mozo de grandes prendasbenévolointeligenteeruditomesurado en sus costumbrespero obstinado y débil. Y según probó susuerte futuramás inclinado a condescender con sus aficiones movedizas que abuscar en la razón madurada y egoísta las causas de las necesidadesimplacables del Estado y su remedio.

Había venido a España enamorado de una niñacautivo de su retrato y de lafama que en las cortes publica gracias y desgraciasvirtudes y vicios de lasfamilias reales. Y había venido guiado por su imaginación de veintidós añosla cual le decía que su calidad augusta no le excusaba de las obligaciones degalánque no era de caballeros fiar el premio de una pasión a negociacionesdiplomáticas y políticos tratosy que en tierra de Españaafamada entoncespor su amorosa bizarríay a los ojos de una princesa españolasus propiosmerecimientos habían de ser más elocuente abogado que la sutileza de unembajador.

Diez y siete años tenía la princesa María de Austriahija de Felipe IIIhermana de Felipe IV y objeto de tan singular y acendrado afecto. ¿Lo merecíala española?

Hay quienes niegan al corazón su lógicao alegan que su lógica consisteen no tener ningunacomo si en cuanto es naturalespontáneo y no nacido devoluntad humanasino a pesar de ellao sin cabal cuenta de ellapudiesefaltar la relación necesaria y fatal del principio a la consecuenciade lacausa al efecto. Y es común entre cuantos blasonan de observadores y versadosen sondear misterios y cuidados del almaasombrarse de inclinaciones odesdenestacharlos de fingidos o absurdosolvidando o aparentando ignorar queel alma humana es riquísima en secretosy por mucho que la perspicacia ahondey los penetretodavía quedan en ella centros inaccesibles e inexplorados. Enesos centros reside el germen cuya inesperada erosión sorprende a cuantos lapresencianpor su vivezapor su intensidadpor excesos a que no pocas vecesguía o arrastra.

Autores ingleses cuentan que la princesa no fué insensible. Seis meses defiestas y galanteodesde Marzo a Septiembreayudaron a la natural bizarríadel príncipe a ganar su tierno corazón.

Velázquez nos la dejó retratadaya de más añoscon aquel sobrio yarmonioso colorido que su mano empleaba a veces como en alarde soberano de lariqueza que sabía encontrar en la paleta menos provista. Los cabellos de laprincesarubiosespesos y rizososdan su tono transparente y ambarino allienzo; en torno de aquella áurea diadema vaporosa y crespamás vaporosa ymás leve que las pardas plumas con que se engalanafunden y conciertan sustintas la blanca tez limpia y frescalos ojos garzosmás cariñosos queapasionadosla boca sonrosada y carnosala rizada valonatraher ominoso queemboza el cuelloesconde su morbidez y mata la viveza juvenil del bustoelfondo oliváceo y el paño aceituní del vestido.

Todos se parecen estos rostros austríacos; todos tienen impreso el sello dela bondadcualidad excelente en príncipes cuando se ampara de entereza yresoluciónfunesta cuando domina el temperamento y lo envilece y enervasellotan persistente y hondoque así pasa a través del austero gesto de Felipe IIcomo templa la atonía lastimosa del segundo Carlos. En todos ellos bajainvasora la raíz del cabello a hender en su medio la ancha y cuadrada frenteaguileño rasgo que imprime en la abierta y generosa fisonomía del emperadoralgo del fiero gesto de la reina poderosa de los aires.

La inflexible razón de Estado sobrevino y se interpuso entre ambos amantes.Regía la política española un hombre a quien no apartaban de su caminoplatónicas razonesdichas o desdichas de enamoradospor más que él lohubiera sidoy no recatado ni modesto en sus mocedadesdon Gaspar de Guzmánconde-duque de Olivares. Acompañando al inglés venía otro hombrefavoritotambiénque no cedía en habilidad ni en carácter al favorito españolJorgeVilliersduque de Buckinghamtan célebre en el mundo por su hermosurasuaudacia y sus aventuras; procaz libertinocorruptor de las costumbres inglesasy causante en no poca parte del odio de clases que con las diferenciasreligiosas ahondaron la sima en que cayó el trono de Inglaterra.

No son sabidas las causas de la disensión entre ambos personajes;murmuradores hubo que las supusieron de toda especiecelos de marido y celos deestadista. Súbitamente y con sorpresa de la corte españolael príncipeinglés y su acompañamiento tomaron el camino de Santanderdonde les esperabao vino a buscarlos la escuadra. Y aunque honrados oficialmente con la compañíade altos sujetos diputados por el reyluego cundió que la separación de losfavoritos había sido poco afectuosa.

Nada de esto se ignoraba en la villa. Sabíase también que a bordo estabanlos magnates españolesel cardenal de BurgosZapata; el célebre conde deGondomarde tan alta reputación en los negociosque era universalmentellamado el Maquiavelo español; los condes de Monterrey y de Barajas ybuen número de cortesanosen quienes siendo ley y hábito el disimulonadieecharía de ver si su alegre participación en las fiestas nacía de sentimientoo de mandato.

¿Quién no se figurapueslos cuentos y dichos que andarían en loshonrados hogares santanderinosla curiosidad de las mujereslas suposicionesde los hombreslas santiguadas de las viejaslos comentos de los hidalgoselasombro y decires de los populares? ¿Cómo estarían de gentesobre tododurante la noche y durante el banquetey las salvas y el desusado estrépitolos muelles de entonceslos muelles quearrancando de las Atarazanasdejandopaso al puentecorrían por la Riberatorcíanse al Nortea sotavento de laAduanay doblando la plaza del Príncipe Alfonsoarrimados al muroiban amorir delante de la puerta del Arcilleroen el arrabal extramuros de lamarinería?



 

 

- VI -

La fortaleza

Cuando la escuadra vencedora de la Rochela desembarcó sus prisioneroslleváronlos a la fortaleza de la Villa «atados con cadenas de hierro»dice Froissart«usanza de españolesno más corteses que los alemanes».Allí ocurrió una escena parecida a la que siglos después ocurría enLombardíacuando el condestable de Borbóntraidor a su patria francesa yvencedor de sus ejércitosse encontraba al ilustre caballero Bayardoherido ycercano a moriracusadora imagen que eremordimiento presentaba a suapostasía. Pero en el castillo de Santander eran otros los tiempos y otros lospersonajesque lo habían de ser en los campos de Romagnano.

Encontráronsepuesel ilustre general inglésconde de Pembrokey eltornadizo Juan de Galesel cualatrevidamente y sin respetar la desgracia desu compatriotale dijo con acerba ironía:

-¿Venís acasoconde de Pembrokea hacerme pleito homenaje de las tierrasque lleváis en el principado de Galescuyo heredero soyy que me usurpavuestro malaconsejado rey?

-¿Quién sois vosque tales palabras usáis?- contestó el de Pembrokesorprendido y avergonzadoa su desconocido interlocutor.

-Soy Juanhijo del príncipe Aymon de Galesa quien vuestro rey deInglaterra mató a tuerto y contra toda leyquitándome mi herencia; halláraosyo en lugar y en ocasión en que reñir pudiéramosy de igual a igual osprobaría la felonía grande que conmigo usásteis vos y vuestros parciales;consejo de ellos fué la sentencia que quitó la vida a mi padrecuya completavenganza espero tan pronto como la ocasión me la ofrezca.

Mediando entonces Tomás de Saint-Aubincaballero del séquito de Pembrokedijo:

-Juansi entendéis decir y sostener que mi señor el conde o su padrecometieron infamia o que os deban pleito algunoarrojad aquí la prenda devuestro retoel guante o el anillo; no faltará quien lo recoja.

-Cautivos sois -contestó desdeñosamente el provocador y en vano os retaríaestando como estáis a la merced de vuestros vencedores; ¿a qué hablar másahora? Yo os buscaré cuando seáis libresy entonces tendrán otro alcance mispalabras.

Algunos españolesaucuns chevaliers et vaillants hommes d'Espaigne-diceFroissart-que presenciaban la querellase adelantaron a terminarlay ya losalmirantes no descansaron hasta conseguir que los prisioneros fuesen llevados aBurgos.

Estos prisioneros sirvieron después para el rescate que el rey Don Enriquequiso hacer de las villas y ciudades entregadas en pago de sus servicios a loscapitanes extranjeros que le habían ayudado contra su hermano Don Pedro. EnSantander se había concertado el precioy así recobró la Corona la ciudad deSorialas villas de Atienza y Almazán y los demás lugares entregados alcélebre Beltrán Claquínel felón de Montiel; así las tierras de Agredaque habían sido gaje de Oliveros de Mauny.

Esa fortaleza de la villaúnica sin duda en el recintollega con elmismo nombre hasta la edad moderna. Ni la titula de otro modo el ancianogobernador que la reedifica y pone encima de su ingreso principal estainscripción: GOBERNANDO LAS ARMAS DEL REY NUESTRO SEÑOR EN ESTAS CUATRO VILLASDE LA COSTA Y EL PRINCIPADO DE ASTURIASPOR SU GRACIA Y GRANDEZADONSEBASTIÁN HURTADO DE CORCUERADEL ORDEN DE ALCÁNTARA Y DEL SU CONSEJO SUPREMODE GUERRAMANDÓ PONER A LA PUERTA DE ESTE SU CASTILLO LAS ARMAS. REALES EN 30DÍAS DEL MES DE AGOSTO DEL AÑO DE 1656.

Y sin embargoera oportuno haberla titulado de San Felipecomo sellama ahora; porque Felipe se llamaba el reyy éste ha sido en todo tiempomodo común de lisonja de autoridades y pueblos a soberanos; y quizás entoncesrecibió el tituloaunque la inscripción lo calle.

De este castillo era alcaide en 1577 Juan de Escobedoaquel célebresecretario de don Juan de Austriacuyo asesinato fué un misterio. Aun ignorala historiaque ignora tantas cosasy lo ignorará siempresi el hierro quelo mató en Madrid tras de Santa María de la Almudenacortó la vida a unambicioso temibleo castigó a un enamorado audaz y venturoso. Mozo despiertoen situación de conocer las altas calidades de su señorla voluntad que lospueblos le tenían y el prestigio sin límites con que seguían unánimes su vozcapitanes y soldados de los temibles tercios españolespudo muy bien darcabida en su ardiente cerebro a desvanecidos pensamientos; faltábaleemperouna condición capital en conspiradores y políticosfreno en la lengua.

Con juvenil petulancia se había dejado decirhablando de conspiraciones ydescontentosque teniendo amiga a Inglaterra«se prodrían alçar conEspañacon tener la entrada de villa de Santandery del castillo de dichavillay con un fuerte en la peña de Mogro»y cuandolejos de habersecalmado lo recelos del reynaturalmente suspicaz y desconfiadose enconaban ycrecían de continuoposeído ya de la alcaidía del citado castillopretendeen forma la fortificación de la peña y la tenencia de ella.

Causa había para quea espaldas de la prehensiónescribiese Felipe II desu puño: «Menester será prevenirnos bien de todoy darnos mucha prisa adespacharleantes que nos mate»porque harto penetraba su experiencia de loshombres cuán grandes daños pueden venir al Estado de sucesos no previstosyque la historia absuelve mejor al poderoso del pecado de tiranía que del denegligencia.

Notable fortaleza debía ser la de un lugar que tan principal papel tenía enla honda política interior de Españaen uno de sus momentos más agitados yobscuros. Y mal se da cuenta de ella quien ahora ve su flaco aspectoy el sinrebozo con que el caserío urbano se apodera de sus escarpesciega sus fuegos ydomina sus hastiales.

Casi un siglo despuésen 1656con temor de nuevas guerras navalesquisoel Gobierno del rey Felipe IV proveer a la defensa de estas costasy en 15 deMarzo comisionó a don Sebastián Hurtado de Corcueragobernador a la sazón dela tierra de Asturias y residente en Gijónpara que visitando las cuatrovillasy sus disposiciones defensivasconsultase al rey lo que estimaraconveniente para su fortificación y armamento. Vino a Santander en 14 de Abrily hallóla bien preparada de gentey no mal provista de artilleríaperodesmontada y sin fustes.

«Ay en esta villa -dice la consulta- cuatro capitanes de infantería de lamilicia de ella y su jurisdicciónque tienen sus soldados muy biendisciplinadoshay muchos mosquetes y los juegan muy bieny arcabucesy pocaspicasporque todos se inclinan al arcabuzy verdaderamente hacen ventaja atodos los demás de la costa... » «tiene tres castillosque son el de HenanoSan Martín y el que está dentro del lugar que llaman de la Villadotadosde castellanos y gente de guarnición con sueldos; pero hoy se hallan estoscastillos con necesidad de esplanadascolgadiçosencabalgamentospólvoramuniciones y pertrechospor cuia falta está con artoriesgoy por el peligrode los desembarcaderos de la MagdalenaSardineroSan Pedro y Nuestra Señoradel Marpuede ser la villa invadida de enemigos y necesita harto reponer laartillería y fortalezade modo que se pueda defender por los naturales... «En vista de estocreyóse conveniente que el don Sebastián permaneciera en lavilla para atender a lo necesarioy así se dispuso.

En esta época reparó el castillo y debió hacer colocar la inscripciónmencionadaporque afines del mismo añoen 22 de Diciembreescribe a Madridal conde de PeñarandaPresidente del Consejo de Indiasaceptando la regíamerced que aquél le comunicadel gobierno y capitanía general de la provinciade Tierra-firme y es de colegir que abandonaría este gobierno de las cuatrovillasque había tenido desde la primavera hasta terminar el año de 1656.

Otra batería tenla Santanderno mencionada en la consulta de Corcueraopor olvidoo más probablemente por su estado ruinosoaunque no era vieja.Habíala alzado diez y siete años antesen el de 1639y con motivo de lasfamosas correrías y amagos del arzobispo Sourdisel entonces gobernador donFernando de la Cerda. Era una plataforma para doce piezassituada en la mismaboca del puerto y en el lugar llamado Santa Cruz. De aquí el llamarse estafortificación de Santa Cruz de la Cerday posteriormente de la Cerda solo

Pronto iremos a ella y la hallaremos benéficamente empleada en sostener unaluz que alumbre a los buques el paso de la gola que antes les cerraba. Hacetiempo ya que Santander dejó el ejercicio profesional de las armasy sólo enocasiones extremasy más bien seducida o engañada que por vocación eimpulsos propiosha quemado pólvora.



 

 

- VII -

Cercanías.-Mouro.-El Sardinero.-La Virgen delMar.-Monte-Corbán

Tal vez se hallaría en Santander quien no perdonase a este libro mío callarel nombre de la Compañíaporque en esa iglesia de los discípulos de Loyolareza y oye misa y lava su almay acaso allí fueron benditos sus amores ycristianados sus hijos.

Hay tradición que atribuye esta fundación a aquel Luis Quixadaamigo delemperador Carlos Vde quien hablamos en Laredo; pero mi amigo el eruditoarqueólogo don Manuel de Assascon quien habrá de contar todo el que quieraescribir de Santander y su provinciaafirma que la fábrica del Colegio fuécomenzada en 1603la de la iglesia en 1607y ya vimos que el buen Quixadamurió valerosamente en 1570.

¿Hízose la edificación por legado suyo y con bienes que le habíanpertenecido? Quien resolviese afirmativamente esta preguntahabría conciliadoambas opinionesla vulgar y la erudita.

Sea porque se erigieron en los mismos días y por idénticas manosseaporque en cuantas obras proceden más o menos directamente de los jesuitasresalta la admirable unidadprincipio y base de su organizaciónya fuesenellos sus propios arquitectosya trascendiera el espíritu de su disciplina alos arquitectos que empleabanno hay duda que sus fundaciones se parecen tantoqueaun sin hablar de las que son hermanas y gemelasdesde luego revelan alobservador su común origen y su destino

El templo es dóricode una nave cuya bóveda posa sobre pilastrasestriadasy cúpula hemisférica en el crucero. Conjunto fríocomo el detodos los interiores greco-romanoscuando la riqueza del materialel fresco ola escultura no los realzan y calientan.

Pero ¿qué importa al creyente la arquitectura del edificio en que ora?¿Qué le importan la materia o el precio de la imagen ante la cual seprosternasi su afortunado pensamiento le forja templosaras y efigies deformas purísimasvago colorimpalpable substancia y vida celeste? Alláarribaen región suprema está su almaallí ora y suspiraallí ruega yconsigueno sobre el mal labrado piso que sus rodillas oprimenni ante elpolvoroso simulacroni dentro de las añejas paredes que el musgo roe y el aguadeshace.

Acaso en orden diverso de ideas venga un curioso a registrarcreyendoencontrar aquí resueltas sus dudasy dicho cuál era en Santander la calle deDon Gutierreque habrá visto mencionada en papeles del siglo XVIIy quiénera ese Don Gutierre cuyo nombre creyóel que tituló la calledejarperpetuado al menos para cuanto durase la villa; y qué beneficios o quéhazañas le habían acreditado para tamaña merced; y cuál la calle deSoportalesporque aquella en que él los alcanzó tenía además de sussoportales otro apellido; y la razón de llamarse del Cadalso otra cuyoterrorífico nombre han ahogado los contemporáneos en el de una inmediata menosocasionado a románticas sospechasyfinalmentesi la retorcida y tenebrosadel Infierno heredó tal nombre de la pelea contra los de Santillana quereferimos arribacomo aseguran algunoso si lo trae más propiamente deaquella funesta lepra de los siglos mediosla hechiceríaque con sus fuerosde consentida no se asustaba de tener albergue en los cimientos y cercanías dela iglesiacomo anidan la culebra y el escuerzo a raíz de la tapia en que morala paloma sin hiel y florecen el casto jazmín y la siempreviva yedra.

Acaso no es Santander la única ciudad donde el pueblo estigmatizó con elreprobado nombre el lugar adonde le llevaban la incurable llaga de supensamientola tentación perenne de su corazónel ejemplo de sus caudillosregidores y maestroslas pasiones todas de su almael odiola envidiaelamorla venganzael ansia de riquezasy el ansia más tirana todavíainsaciable y vertiginosa de felicidad.

¿Quién sabe si ese corvo callejón sombrío no encierra el secreto de lavida del alma humana en los siglos mediosconfusa y aún no bien definidatodavía? ¿Quién sabe si no iban allí el cobarde a comprar la vida delvalienteel holgazán la fortuna del laboriosoel malvado honrasel viciosoenterezasy todos a buscar la revelación del vedado porvenira sacudir loshierros de su humana y estrecha cárcela romper el odioso lazo de esalimitación y apocamiento con que la naturaleza castiga la voluntad y ladesespera; a pedir a lo sobrenatural vista más clara que la de sus ojosalcance mayor que el de su brazoalientos más briosos que los de su pecho;orohierrosangreaire vitalpropósitosintentosaudaciafuerzacuantocreían necesario y bastante para hacer suyo y apropiarse el universo de loapeteciblede lo tentador y deleitoso; tantas dichas que el mundo nos tiende yretira si nos llegamos a tomarlastantas que nos roba a media mieltantas quenos muestra entre dudas y sombrasmal definidasinabordablesy por lo mismomás seductoras y omnipotentes?

¡La omnipotencia! Eso iban a pedir al conjuro del astrólogoa la cábaladel magoal filtro del alquimistanuestros progenitores.

Sipuesde allí salía preparado el homicidioprevenida la ocasión yafilada el arma; sí de allí salía la calumnia a envenenar el airelaseducción a manchar el hogarla impostura a obscurecer inteligencias; si deuna de aquellas bóvedas sombrías y mal alumbradas salían en tropel los malestodos que hiereninfaman o prostituyen el alma humana dejando tras de síabierta siempre la espantosa sima y preparada a brotar nuevos enjambres deponzoñosos gérmenesmerecido tenía el lugar su nombre: Callejón delInfierno.

¿Quién sabe? El remedio de nuestra común ignorancia está quizás dentrode esa casa sobre arcosinmediata a la iglesia de la Compañíaerigida pararegimiento y administración de la villa de Santanderpara custodia de sustítulos y foro de sus libertades en días en que España podía aún pintarentre sus blasones las águilas sicilianaslas fajas austríacaslas lises deArtoislas bandas de Borgoña y el león de Brabantesegún los áureosescudos que adornan su fachada. De los archivos de su casa municipal y de sucasa abadíade los papeles del pueblo y del señorde las memorias degobernante y gobernados ha de sacar Santander su historia el día que quieraposeerladetalladacompletafielpara dársela sin falsa vanidad ni falsavergüenza a leer a sus hijos.

Y ahoralectorde nuevo estoy contigo para acompañarte a visitar elpaisaje que de lejos ha podido tentar tu curiosidad y tu deseo.

Dos mares tiene Santander que enseñar al forastero: el mar caserodomésticoútilmansoapacible a los ojos y al oídola bahía que hemosvisitado; y el mar librebravoprocelosoindomado y rebeldela costa adondevamos ahora.

Y vamos por un camino rectoorillado de gallardos chopos piramidalesfaldeando el vallecillo de Mirandacamino anecdótico al cual apodaron algunosingeniosos vía Corneliay luego dieran una mano por borrar el apodoporque elpueblocon su recto juiciorepitió en són de alabanza lo inventado en son deironía. Un camino en el cual conviene elegir hora y estación para seguirleporque en la del veranopor tardes y mañanases dominio exclusivo de lanumerosa carruajería que trae y lleva enfermos y sanos del Sardinero a laciudady de la tralla de los mayorales y de las nubes de polvo que ruedas yherraduras levantan y esparcen.

Y llegamos a una altura divisoriasobre la cual está la ermita de losMártires. Lejos estoy de aquellos parajesy mi memoria es flacapero creorecordar -¿no lo dice una inscripción sobre la puerta?- que en 1843 seedificó la capilla. Costeóla el cabildo de mareantes de San Martín de Abajouno de los dos en que se divide el gremio de la ciudady depositó en ella losbustos de San Emeterio y San Celedonioque custodiaba antiguamente en unatribuna o balcón abierto en la murallajunto a la puerta del Arcillero ymirando a su Arrabal.

Ya vimos al visitar la colegial que de muy antiguoen el siglo XIIIusabanlos abades en su sello el símbolo de las dos cabezas. El pueblo que la vecotidianamente en los actos y acuerdos de su Municipioque adora los santoscráneos en señaladas festividades del añoy los sigue devotamente cuando ensus días de tribulación y espanto salen a recordarle su fe antigua y afortalecer su ánimo y su esperanzaprofesa aquella tradición que Moralesapunta y Risco severamente examina según la cual las cabezas segadas deltroncocaídas al Cídacos y arrastradas por su corrientellegaron al Océanoy sobre sus ondas traídasarribaron al puerto a que habían de dar nombre. Yos dirá que allá en los hondos cimientos de la catedraldonde no lleganhumanosyace escondido el barco que las trajoy desde estos mismos lugares osmostrará en la entrada de su bahíaen el seno de la Magdalenauna rocalaPeña de los Mártireshoradada porquedando en ella el barco impelido por lacorrientedejóse penetrar milagrosamente la piedra

Tan populares como fueron en España los mártires de Calahorrano podíanescapar a la musa invasora y altamente popular de nuestro teatro; así tomaronsu apoteosis para asunto de un drama don Antonio Coello y el glorioso Rojas.Tituláronlo Los tres blasones de España; y deseosos de ligar ladevoción a los heróicos confesores con las más altas glorias castellanashacen que en aparición misteriosa el ínclito Rodrigo Díaz de Vivar reciba deaquellos bienaventurados el espaldarazo y la espuela de caballero.

Desde esta cumbre se domina el vasto panorama de alta mar. De aquí caenrápidamente a la marinacarreterasenderospradosveredascauces ycañadas a morir como en ancho desagüe en el arenal del Sardinero. Por quiebrasy lomas se derrama y esparce la población con libertad completa de gustoproporciones y arquitectura en sus viviendasurbanas y rústicasgóticas ysuizasy abajo en la playa tiene su núcleosu plazasu estaciónsu centrode vida y movimientoadonde la gente afluye y de donde se retira guardandocompás de tiempo y de gruposa semejanza del torrente circulatorio en losvasos del humano organismo.

En tanto llega el momento de examinarla de cercanos llama los ojos unacumbre desoladayerto peñasco erguido a la boca del puertoen cuya cimacomoreliquias de antigua coronase distinguen restos de una fortaleza. Si tornamosel áspero camino de arena y roca que a esa cumbre llevasu aridez desaparece ose amansa: su desnudez está cubierta a trechos de tupida gramade haces dejuncosde manojos de lirios blancosde purpúreas clavellinasflor deCantabriaalegría de sus quemados arenales como de sus heladas cumbres dondela encontraremos.

Al pie del monteagarrada a los estribos de su baseestá la batería deSanta Cruz de la Cerdaconvertida en faroy sus colgadizos y cuartel enestablo de vacas. Desde ellay rastreando todavía las huellas del caminocubierto que unió ambas fortalezasse trepa suavemente a la cumbre de Hano. Elsón de las olas que baten eternamente estos parajes nos acompañavoz delperpetuo combate que los elementos sostienen.

¿Sabes quién quitó a la plaza su avanzado centinelaquién mató a estefornido guerreroquién postró en el suelo su yelmorompió su espada y dejósu cadáver tendido sobre su propio solar a merced del insaciable buitre deltiempo que le roele devora y aún no ha podido dar cabo de su durísimoesqueleto? Allí lo tienesen medio de las aguasdescansando inmóvil como elictiosauro ahíto de las edades palingenésicasdormido en el sueño de suvictoria y de su fuerza incontrastable. Ese escollo es Mouroque en los díasde inviernoasaltado por las anchas maresenvuelto en espumaondeando en elaire tempestuoso blancos penachosdejando correr sobre sus hombros blancosarmiñosrecuerda infaliblemente los versos de Quevedo: «Tu pompa es laborrasca.» Mouroel que Escobedo quería vestir de muros y coronar de almenassobre cuya espalda el siglo actual ha hincado un faroy del cual hicieronbatería los ingleses en 1812 para desbaratar y rendir el castillo de Hano quelos franceses ocupaban.

He contado varias otras veces el sucesoy me cuadra mal relatar de nuevo laarrimada nocturna de los buques aliadossu sigiloso trabajoel desembarque yestablecimiento de su artilleríay el alba del siguiente día (12 de Agosto)que para los franceses rompe en lluvia de fuego desde el inerme peñónconvertido en fulminante nube; pero en la ciudad hallarás quien te lo refieraquien despertó aquel día al febril redoble de la generalavió laconfusión de la sorpresa y el combatey botar en las losas de los muelles lasbalas disparadas por los barcos inglesesdueños ya del pasoy correr por lascalles los dragones desbocados y ordenar su retirada la guarnición enemiga.

La costa de la otra parte tiene también su fortaleza natural avanzadaelislote de Santa MarinaSanta Marina de Don Ponceque conserva su nombre enmapas y documentos oficialesy lo ha perdido en la memoria del puebloel cualla llama isla de Jorganesdel apellido de su dueñoo de los Conejosporqueestuvo poblada de ellos.

No era isla esta peña en el siglo XV. Había en ella una ermita de SantaMarinaadondemovido de espíritu ascético un canónigo de la colegial deSantanderdon Pedro de Oznayoarcipreste de Latasse había retirado conotros compañeros a hacer vida penitente. Otros ermitaños reunidos en SantaCatalina de Monte Corbán a instancia y por consejo del obispo de Burgos donJuan Cabeza de Vacaque visitaba su diócesishabían en 1407 tomado elhábito de San Jerónimocon cuyo ejemplo y una nueva visita del celoso preladode Burgoslos de Santa Marina en 1411 se resolvieron a hacer otro tanto.

Ambos monasterios asistían al primer capítulo general de la Orden enGuadalupe a 26 de julio de 1415representado Monte Corbán por su procuradorFr. Gómez de Toroy Santa Marina por su fundador Fr. Pedro de Oznayo

Eran tan pobres de rentasque en el segundo capítulo general celebrado en1416 y en San Bartolomé de Lupiana solicitaron por sus procuradores laincorporación en uno de ambos monasterios; decidióse asídisponiendo quequedase con su título el de Santa Marina.

Pero tres años despuésen el de 1419mal avenidas ambas comunidadesquejosos los de Corbán de la aspereza y rigor del sitiotornaron a solicitarde nuevo su separaciónresolviendo entonces la Orden que se hiciese latraslación a Santa Catalinaquedando la fundación isleña como granja odependencia suya.

Conservaron la iglesia para celebración del culto divinoy quedóse aacabar sus días en aquel nido de su fervornido de aves marinasel fundadorFr. Pedro de Oznayo. Poco vivió: al ano siguiente ya tenía lápida con suefigie de medio relieve y una orla con estas letras: AQUÍ YACE FRAY PEDRO DEHOZNAYOCANÓNIGO DE LA IGLESIA DE SANTANDERET ARCIPRESTE DE LATASFIJO DEGARCÍA GUTIERREZ ET DE DOÑA URRACA DE HOZNAYOEL CUAL FIZO ET DOTÓ ESTEMONASTERIOQUE FINÓ ANNO DOMINI MILLESIMO QUADRIGENTÉSIMO VIGÉSIMO.

Los huesos del venerable varón y la piedra que los cubría fuerontrasladados a Corbán en el año de 1550y en un rincón del claustro yacieronhasta nuestros días.

Bajemos y sigamos la quebrada costa hacia el Sardinero; pasaremos junto alpinar de la Alfonsinadon de la provincia a su última soberanaantesfloreciente y lozanoya desmedrado y enfermizo: sus árboles se deshojan ymueren roídos por ignoto malacaso por el presentimiento de que troncos yraíces han de hacer sitio a ladrillos y sillares.

Cada mogote de la áspera marina conserva vestigios de su antiguafortificaciónpermanente o de campaña. Nuestros abuelos la habían erizado decañonesy el pueblo ha conservado a ciertos parajes el nombre con que losbautizaron sus mayores: «el cañón». En una de estas asperezas erguidas yavanzadas sobre el aguaedifica el Sardinero su iglesia: ¿cómo se llamaráEstrella de la Mar o Nuestra Señora de las Olas?

Llegamos a la celebrada playa. El guijo de los arrecifes desaloja al céspedde los prados; el arbusto jardinero hereda la tierra-madre del escajo y delhelecho; la brava costa se urbanizaamansa su fazdesarruga el ceño;el espíritu de silencio y soledad que la ocupabavoló ahuyentado a recogerseen el horizonte de las aguasen cuya vasta inmensidad no hay ruido viviente queprevalezca sobre la voz opaca y sublime del desiertoni obra de hombres cuyoperfil y color no se ahoguen en su luz esplendente e infinita.

En el ribazo de la arroyada se levantan las grandes hospederíasdando aleer sus nombres al más miopeen letras descomunales y bastardo idioma: «GranHotel»«Nuevo Hotel». Y entre ambascuadrada y cenceñacomo puesta enjarrascon rejo y sal propiamente españolesotra casa de más modesto portegrita a los cuatro rumbos del cielo su castizo y reputado rótulo: «LaNavarra».

Abajoen las arenasla pintada caseta ya probada por tormentas ynaufragioscuyos recios pilares baña la pleamar; y su oreada galería tanpoblada de oteadores y curiosos corno de bañistas o convalecientesdondemuchos pierden la quietud del alma en cambio de haber recobrado la salud y elvigor del cuerpo. A su frentedesperdigadas por el arenal como guerrilla queprecede y cubre apretados batallones que van al enemigolas tiendas de lonacuyas puertas batidas por el viento parecen alas vivas de gigantescas aves. Ymás allála sonora rompiente entre cuya blanca y hervorosa espuma negreancabezas y bustossuenan voces y prevalece el agudo alarido femenino sobre elronco y pausado estrépito de las olas.

Pintaba Ovidio con delicia la aparición en su elemento nativo de lasNereidas:

 

... quarum pars nare videntur

 

pars in mole sedens virides siccare capillos

 

pisce vehi quaedam

y la pintura del vate sulmonense parece tomada de originales cántabros«mientras unas aparentan nadarotrassentadas en la playatienden a secarsus lozanos cabellos.»

Pero ¿qué mucho que nos acudan los clásicos recuerdos de las aulassiplantadas sobre un barracón de tablas empavesado con ramos y banderasnossaltan a los ojos estas letras: NEREO? ¡Grandaevus Nereus de Virgilio!Mas éstea pesar de su nombreni es grandevo ni dios marinopor más que aimitación de toda la descendencia de Neptunoneptunia prolesseejercite en domar y regir con la voz y con la fusta un par de trotonesdomitorequitum.

Estos parajeseste mar sublimeesta playa suavedespejada y abiertatendrán su libro especial un día. Vendrá el geólogo a analizar sus rocas ylancharesel prehistórico a descubrir sus fósilesel naturalista a recoger yclasificar sus conchas vivas: vendrá el geógrafo a titular sus cabos yensenadassus fuentes y los accidentes menores del paisaje; vendrá elhistoriador a decir la razón de sus baterías y armamentoel empleo que ambostuvieron y si fueron de algún provechoy a qué generaciones sirvierony dequé riesgos y enemigos las guardaron.

Y vendrá el cronista a referir los orígenes y vicisitudes del benéficopensamientosus principios allá en los años 1847 a 1850con los acogidos dela Caridady la ancha tienda listada de azul y blancorecinto de misterios yaventurasy el cuadrado edificioquinta particular ahorahostería entoncescopiosa y regaladamente servida; sus posteriores eclipsessus reaparicionessucesivas y su postrerafranca y decisiva reinstalación.

Y con él vendrá otro cronista de especie diversamás impuesto en lascosas y menesteres actuales que en estériles recuerdos de lo pasado; másaficionado a estadísticas contemporáneas que a enumeraciones arqueológicas:más diestro en picar curiosidades presentes que ocupado en merecer póstumosaplausos de un sabio veniderohurón y desabrido; y vendrá el pintor quedibujay el prosista que describey el poeta que cantay el humorista queesparce semilla sutil y leve de vario ingeniopara que el ingenio de cada cualla fecunde y convierta en espiga y substanciay juntos harán ese libro queaparecerá en manos de todosa bordo del botedentro del cochebajo lasombrillasobre el céspeden el regazoasomando por el saquillo repleto dela viajerarebosando del bolsillo abierto del turista.

Pero mientras ese libro prodigioso y afortunado se engendra y cuaja en loslimbos confusosaunque limitados y cercanosdel tiempono nos olvidemos dellevar adelante el pobre y trabajoso nuestro.

Al Norteo rigorosamente hablandoentre los rumbos Norte y Norte-Noroestecuarto al Norte de este Sardineroestá el gran Sardinerovasto desagüe de unvalle abierto de Este a Oeste. Si subís el curso del arroyoque en lo máshondo fluyepasaréis de la arena al pantanodel pantano a la praderade lapradera a la mies; pero el pantano ya desecado -las Llamas tiene por nombre-seconvierte en huertay ya sin estado intermedio pasa la tierra de la fecundidada la aridezdel vergel al arenal. A dos pasos de la arena y de la sal crecenhiguerasy dan sombra y dan fruto. Es verdad que la higuera es árbol tanpagado del suelo de nuestra patriaque dondequiera se agarra y prospera. Ahílas tienes vistiendo de verde los pardos sillares de la destrozada batería deSan Juannacidas entre sus juntasnutridas del aire que absorben sus raíces yrespiran sus hojas.

Un promontorio nos atajaguarnecido por carabinerosCabo Menor; otro másalto y poderoso asoma detrás de él y se llama Cabo Mayor.

Cabo Mayorpedestal erigido por la naturaleza al borde del aguapara que atrescientos pies de alturasobre la haz revuelta de las espumosas olaspudierala vigilancia humana señalar al navegante la cercanía del puerto o delescollola meta o el abismola salvación o el naufragio; para entablar adistanciaa través de la humareda de las nieblasdel vapor de las rompientesdel fragor terrible de las tempestadesy con el buque desarbolado acaso y singobiernodiálogos mudosinterrumpidosbrevespero seguidos con almainquieta y corazón suspensocomo que de ellos penden vidas humanas.

Las edades sucesivas comprendieron y aceptaron los destinos del erguidopeñasco; sobre su cima se encuentra todavía el tosco garitón antiguo en quelos marineros encendían sus hogueras de señal y avisocerca del soberbio faroque los modernos han erigido. Toda es luz la torre; de día su fuste blanco sedestaca y pinta sobre el limpio azul o el brusco ceño del horizonte; loscristales de su linterna reverberan al sol como el agua llovida en el vasonatural de una roca; de nochesu inflamada cúspide a intervalos se obscurece yapagacomo párpados que se cierrancomo frente que se inclina rendida por elsueño y la fatigay que de nuevo se abrende nuevo sé levantan dominando lafatiga y sueñoporque su obligación es velar. Allí encuentra el marinerocuando el cielola naturalezainclementes y sombríos le niegan toda señal deafectoallí encuentra ojos que le siganvoz que le llameaviso que le guíecompasiónauxiliocaridadprójimos en fin.

Todo es claridad en aquella torreque pesa afirmada y quieta sobre susanchos pies en la robusta confianza de sus treinta y dos años; todomenos lainscripción puesta sobre su entrada para conmemorar la fecha de su fundación ylos altos pensamientos que la dieron origen.

¡Terrible costa en días procelosos! La mar irritadacon la espuma que osarroja al rostrocon el espanto de su bramarcon el vértigo de sus remolinosy convulsionesse defiende del curioso y del atrevidoles cierra sustérminoslos mantiene alejados de su insondable orilla. Y penetrando en lascavernosas profundidades de la costaen aquellos senos de piedra inexploradoscuyos misterios acaso encarece y multiplica la imaginación humanaacaso noalcanza a sospecharlos ni enumerar su variedadsus formassu trascendenciainfinitay donde se oye retumbar el subterráneo estampidoparece que conbrazo poderoso ase y estremece los caducos cimientos de la tierra.

Así viene de siglo en siglo sacudiendo y quebrantando el continente; esaspeñas caídas en su abismoque apenas descubren la anegada cabeza conencarnizada furia y rabiosa voz golpeada por las olaseran acaso límite másavanzado de la costabase sobre la cual caminaron nuestros ascendientesy encuyo socavado centro oían como nosotros zumbar el ronco azote de las aguas.

Mas ¿qué libro no se cierra ante la gloria infinita del mara vista de supoder y su hermosura? ¿Quién lo lee retratado por mano de hombresi lo tienea su alcance vivo y animado por el invisible espíritu de Dios?

Cada arroyo de cuantos nacen en los ricos manantiales de la marina y de suvegatrabaja para abrirse paso al mar y labra en la costa senos y calas. Dos deellosnacidos en los veneros de San Cebrián y de Bezanadespués de descansaren cristalinas charcas donde florece el nenúfardespués de mover las macizaspiedras de uno y otro molinoforman la ensenada de San Pedro del Mar; más alOestela más angosta de San Juan del Canal.

Entre una y otra encontramos una islaamarrada a tierra firme por un puentede maderapor el cualy batidos por el Nordeste que aquí se encauza y redoblasu vigorpasan devotos a visitar el santuario de Nuestra Señora de la Mar. Unmanuscrito ya citadopone la fecha de esta fundación en 1400tomándola de lapiedra sepulcral del fundador que yace dentro de su fábrica. Es romeríadevotísima de los marineros; éralo de los antiguos hidalgos de la villacuyosescasos descendientes la conservan. De sus bóvedas y paredes cuelgan simulacrosde embarcaciones de todo porte y aparejoofrenda de naufragiossingularmenteexpresivaallí donde la amenazadora voz del Océano no enmudece jamás.

Un camino de sierrablando y nada fatigosonos hace trasponer una lomaacuya falda meridional se espacia el ancho cuadrilátero del monasterio de SantaCatalina de Monte-Corbán. En su patio y cercanías corren o pasean las negrassotanas de los seminaristasque han sucedido a los blancos hábitos de losjeronimitas. Pero la sucesión no fué directay entre unos y otros alegróaquella vecindad la grana de los uniformes ingleseso melancolizó el paisajela figura solitaria de un pastor o de un porquero.

Momentos hace hablamos de los venerables que aquí hacían eremítica vida enlos primeros años del siglo XV. Eran Fr. Pedro de OviedoFr. Rodrigo deOsornoFr. Gonzalo de SantanderFr. Gómez de Toro y Fr. Sancho de Islares.También dijimos la visita y consejo del Ilmo. de Burgosque habían llevado ala Orden de San Jerónimo el eremitorioerigiéndole en monasterio conautoridad del Papa Benedicto XIII. «Ansí dice el clásico Sigüenza-tienen porfundador y bienhechor en esta casa al obispo de Burgosdon Juan Cabeza deVaca.» Dicha queda igualmente la incorporación a Santa Marinasus vicisitudesdiversas y el trasplante definitivo a Corbán en 1419.

Sobre la puerta de su franqueada clausura un bulto informe es reliquia de unaestatua arrodillada del santo doctor solitario de Belén. No fueron lasinsensibles lluvias del cielo únicos verdugos y profanadores de la esculpidapiedra; fuéronlo las balas de soldados herejes y de cazadores católicosquehicieron de ella blanco de su destreza y puntería. Consérvase de laconstrucción primera la iglesia y su entrada ojivay sus capiteles de figurasorantes y ópimas videsy los escudos del fundador timbrados con su pastoralsombrero. El monasterio fué reedificado el siglo último con dineros traídosde las Américas; sobre su elegante ingreso empotraron una gigante piedradestinada a perpetuar la memoria del bienhechorsu nombre y el tiempo y lascondiciones de la restauraciónfranco uso de la arquitecturaqueadelantándose a la inquisición del pasajerose delata y cuenta la razónlosmedios y el propósito de su trabajo; mas la piedra quedó intocada y tersaimpacientando al viajero como impacienta un libro en blanco a quien le abreconvidado por el título impreso en su tejuelo.

Aquí fueron acuartelados los soldados ingleses traídos en 1834 por laCuádruple Alianza a sostener la causa constitucional. A su devastadoraindisciplinaque abrasó la madera y vendió el hierroresistieron únicamentelas piedras más difíciles de ser movidas y transportadas. La historia de supermanencia en aquella casaabierta por el desorden de sus habitadores a todaslas inclemencias del cieloda curiosa luz sobre la razanaturaleza yorganización de aquellas tropas «excelentes»según palabras de su generalLacy Evans«para ser traídas en globo al lugar del combateyuna vezdesempeñado su marcial oficiotransportadas por el mismo camino a sitiosapartados de todo trato y comunicación humana». Los aldeanos de las cercaníassaben esa historia y la cuentan.

El anterior obispo de Santanderilustrísimo señor don Manuel Ramón AriasTejeirovarón de altísima virtudestableció aquí el Seminario conciliar desu diócesis.

Proveía este monasterio numerosos beneficios en lugares de la montañayposeía donaciones muy especialesaunque no pingüesde reyes y señores. Unadama montañesadoña Leonor de la Vegade quien nos tocará hablar muy luegomadre ilustre del insigne marqués de Santillanale otorgaba en 1428 unadonaciónque luego adquiría condiciones de ventade cuanto la pertenecía enel monasterio de Orejoen Trasmiera.

De Santander a Torrelavega

 

 

 

- I -

Las Behetrías.-Piélagos.-Un Calvario

«Desde la piedra del río hasta la hoja del montey desde la hoja del montehasta piedra del río»(157) <notas.htm>no hay objeto ni paraje en el camino que vamos a tomarcon el cualpor tanconocido y sinnúmero de veces vistono pudiera yo entretenertesi meolvidase¡oh lector!de que «los gustos de los discretos hanse de medir conla razóny no con los mismos gustos». Es máxima de Cervantesy norehusarás concederme que ya es signo de discreción tener cuenta con lo que ladiscreción preceptúa.

Distráete con tus propios pensamientos mientras dura la parte de nuestrocamino que ya tenemos recorrida y olvidada. ¡Qué curiosidad inspiran lospensamientos de un compañero de viaje! Nadie se deja engañar por laaparienciani admite que el espíritu de aquel extraño no tenga másocupación que la visible y aparentela lecturapor ejemploo lacontemplación del país; ni se conforma nuestro egoísmo con que hayamos de sermateria para él indiferente. Es cierto que le pagamosy en su presenciaháganos o no nos haga casotenemos modo especial de portarnosmás corteses omás desenfadadosextremados en bien o en malpero postizos; no somosen finlo que seríamos a solas.

Esta conversación sin palabrasa modo de romanza sentimental alemanaestediálogo mudo camina a veces tan de conformidad y concertadamenteque elsilencio suele terminar por una pregunta partida de uno u otro ladopero que nosorprende al que la debe contestar; y es que no se ha hecho sino cambiar dediapasónalzar la voz después de haberla usado mesurada o baja por prudenciapor respetopor temor de despertar a alguien que dormía: y dormíaefectivamente la calidad fundamental y característica de la raza-hombresuinstinto sociablela necesidad de comunicación y armoníaque debiera serinclinación y preceptogusto y códigoimán y lazoy que no pocas vecestorcida por nuestra pasiónpor el interés y el mal pagodegenera y se cambiaen aversión y misantropía.

Nada verás por aquí que te parezca nuevocomo no sea la ermita de losRemediosarrimada a un árbol solitario. Desde tan lejos no distingues elextraño blindaje que protege su campana de las pedradas de los transeúntes. Nosé si habrás observado que una de las tentaciones más vivas en despoblado esla de probar con un guijarro el timbre de los esquilones de los santuarios;algún advertido previó en los Remedios este riesgorodeando su campana conuno a modo de medio tonel de madera: el blindaje ha estorbado la puntería almetalpero no ha resistido el choque de los proyectilesde que se manifiestataladrado y conmovido.

De la estación de Guarnizo parte un camino al Sur a pasar la ría de Solia yentrarse por los valles de Villaescusa y Obregónen Penagos y en el corazónde las montañas. Por aquí venían nuestros padres a buscar la férula de loscélebres escolapios de Villacarriedocuando en su capital no hallaban quienles impusiera en los preceptos de Horacio y la retórica ciceroniana; por aquívenían caballeros en un mulofiados a un trajinero leal y honradopero másversado en albeitería que en culta pedagogía. Antes de mucho podrán hacersellevar en ancha y holgada carretela a visitar las remozadas aulas donde pelearona bostezos y ayunos con el Nebrija y el Guevara.

Estos lugares recuerdan aquella soberanía electiva que en los siglos mediosejercían en su mayor parte los pueblos montañeseslibres de entregarse alseñor que más les pluguiera. En algunos de ellos era limitado este derecho aciertos linajes de la tierrade los cuales había de ser el elegido; otrosgozaban libertad absolutay tanto usaron de ella y tanto se dieron a manejosextraños y se enredaron y confundieron con los manejos propiosque en Castilladióse en llamar a cuanto era desordeninquietudfuerza y escándalo con elnombre de aquel prístino y noblísimo derecho: behetría.

Pagaban las behetrías sus impuestos al rey: la infurcióntributodel suelo; el humadgotributo de la casay el yantarpara sumesay la fonsaderapara su hueste; y estos pechoscuantiosospero decobranza difícilnegociaba a menudo el reycanjeándolos por otrasobligaciones y descargándose en ellos de deudas o mercedes no cumplidas. Estohizo Don Enrique III con su hermanoaquel célebre infante don Fernandoaquien los compromisarios de Caspe dieron un día la gloriosa corona de Aragóny a quien en 1403 la de Castilla debíapor juro de heredaddoce mil doblasdándole en recompensa de ellas sus derechos realengos sobre las behetrías.

A ese valle de Villaescusa vino enviado por el infante su oficial delcuchillo Pero Alonso de Escalante(158)<notas.htm>y en la aldea de la Conchaante escribano real ylos omes buenosfijodalgos y labradores del vallehizo informaciónminuciosa de los referidos derechosy puso en orden su cobranza(159)<notas.htm>.

Ciancaadonde se llega después de pasar la estación de Guarnizo y suslozanos roblesfigura en la que podríamos llamar geografía militar de LopeGarcíaporque apenas cita en su interesante libro nombre propio de lugarsinopara referir sucesos de armas ocurridos o preparados en él. En Cianca vinierona establecerse hijos de aquella prolífica estirpe de Ceballosla cualnopareciéndole bastantes sus repetidos y dispersos solares montañesesíbalos abuscar fuera(160) <notas.htm>. Perolos de Cianca no los acogieron bien; hubo bandos y pelearon unos con otros endiversos sitios de la comarca. Veníaen ayuda de los de Ciancaun PedroGómez de Agüerobastardo de este linajey descubriendo al trasponer de unaloma algunos jinetescreyólos de sus aliadosy llegóse alegre y descuidado ajuntarse con ellos. Dejáronle veniry ya estaba cerca cuando advirtió suerror; eran de los Ceballos. Quiso torcer las riendas y huirmas tropezó sucaballo y cayó en tierra. Vinieron sobre él los enemigos y le mataron. «Etornáronse los de Agüero con el muerto a Trasmiera»dice heladamente elhistoriador. Cuando el ferrocarril cruza las fragosas y sombrías estribacionesseptentrionales del monte Carceñay sobre el hondo cauce del revueltoCarrimónharto conocido en un tiempo de cazadores de jabalíes y hoy de loscazadores de sordas o becadasdesemboca en el placentero valle de Piélagospasando por encima de la carretera.

Si siguieses por esa carretera de Castillala hallarías bordada de «casasde placer»como sin curarse de caer en extranjerismodecían nuestroscronistas vicios. Y darás con una que echa fuera sus rosales y madreselvas paraalegrar tus ojos y restablecer con el fresco aroma de sus flores tu acasodecaído espíritu. Las casas son como las personas: las hay abiertas ycerradasque convidan a entrar y convidan a no arrimarseque llaman y quedespiden. A la puerta de ésta puedes llamar con confianza plena de que losverdes y floridos vástagos de sus cenadores no engañansino que de antemanoy para que no vacilesy para que sepas dónde entrasquieren darte señales dela acogida que te espera dentro. Y verás que el calor del doméstico cariñodel cordial y sincero afectohasta al yerto suelo favoreceporque en losarriates a uno y otro lado del umbral hospitalario hallarásen medio de losardores de juniorozagante y magníficala flor esquiva de los hieloslacamelia.

El Pasque baja de Toranzoserpea a lo largo del valle.

Habíanle echado encima un puente de robustísima sillería para someter suinquieta bravura al paso del ferrocarril; pero alteróse un díahizo cóleraamontonó aguay retorciéndola en torno de los anchos pilareslos arrancó decuajocual dicen que desarraiga el elefante troncos añejosy sin encarnizarseen deshacerloscomo quien no tiene sañadejó los enormes trozos de fábricaenterostendidos dentro de su caucey allí yacen todavía.

Generoso en medio de su furia; porque a dos pasos del puente y en su margenderecha encuentra una fábricaindustria y vivienda humanaque con una presale entorpece el paso y le roba caudal para sus menesteresy no tiene contra élmayor defensa que los ligeros chopos y alisos de su parqueysin embargolaperdonóy no quiso de ella más que el sobresalto y temor de los que lavivían.

Pues poco más abajo de este teatro de su fuerza y de sus irasle hallaréismanso y sosegadometiéndose entre espadañaspor bajo de castaños y roblesmoderando su correr como si amara la sombra y buscara descanso; aquí ya su vozno es la de su origen que provoca y desvelaes voz suaveinsinuadoraqueaconseja o adormece. Diríase que el agua ha envejecidosi el agua no fuera laimagen más hermosa y clara de la juventud perennede la vida en su flor y ensu frutoen su expansión constante sobre el mundoen la transparencia de susintentos sanosen la pureza virgen del alma cuando aún no ha sido enturbiadapor lluvias y huracanespor el cieno que la misma corriente muevelevanta delfondo y arrastra consigo suspendido y revuelto.

Así entra el Pas por los términos de Quijano; así camina al marentre losmolinos y praderaslos pomares y cerecedas de Barcenillas; escondido del solbajo las hojasacompañando el paso del viajerosin apartarse de la vera de sucaminorefiriéndole al oído misterios sin númeroque el viajero entiendepero que no puede repetir a nadieporque aún no ha sido reducido al modeloprecisoconcretopintoresco y eufónico de la palabrael sonido inarticuladovagoinconsistentesutil del agua.

Las aguas corrientes no son riqueza sóloson vida del paisaje.

Como que el agua posee los tres accidentes del vivir; luzvoz y movimiento;luz reflejada como la luz de la pupilavoz ligera y amorosasoñolienta ygravecomo la voz de la garganta humana. No hay soledad donde el agua correnohay tristeza donde el agua manano hay desierto donde el agua vive. Fecunda elsuelo y despierta el almaarrulla el dolorensancha la alegríaes compañíay músicamedicina y deleite; sobre sus ondas van blandamente llevados lospensamientosos los trae de donde vienelleva los vuestros adonde va; en ellasse refleja el cielo y podéis contemplarle sin que os ofenda la viva luz delsolcuando ya la frente se inclina a tierra o porque la tierra la atrae oporque el peso de los años la dobla.

Así corre el Pas hasta quebajo los arcos de la puente de Arceseencuentra con la marea que le ofusca la claridad y le amarga la dulzura.

En esta puente de Arce tenía su torrepor los años del rey don Enrique III(161)<notas.htm>un señor Ruy Díaz de Arcede cuyas violenciashace minuciosa mención el «Pleyto de los Valles». Habíalo buscado ya porhomicida la justicia del rey; mas era poderosomuy emparentado en la tierrayel rey mismo había ordenado a su corregidor en las Asturias de SantillanaJuanFernández de Roala suspensión de los procedimientos. Insolentóse con estoRuy Díazy fueron a más sus fechoríastantoque en l403 fué preso yencarcelado con un su criado Gonzalo de Pandocómplice e instrumento. No sedescuidaron sus parientesdeudos y amigosy trataron de asaltar la cárcel ylibertar al facineroso. Súpolo el fiscal y avisó al entonces corregidorGómez Ariashombre resuelto y de pecho duropidiéndole dictase sentenciacapital contra los reos antes de que los conjurados se los arrarcasen de lasmanos. A 27 de Agosto sentenció Gómez Arias el procesomandando empozar a RuyDíazcomo se ejecutóy que le derriben su torrey que los valles de Camargoy Piélagos se encarguen de esta segunda parte de la sentencia y del suplicio dehorca a que condena a Gonzalo de Pando.

¿Dónde estaría la torre en que anidaba el salteador milano? Ya encontrarásu solar el novelista que sepa utilizar la rica mina de caracteres y hechossingulares que los papeles viejos de la Montaña encierran.

Poco corren ya las aguas para entrar en el mar por una boca estrechatormentosa y desolada frente a Miengo. ¿Por qué se llamaba este territorioentre las bocas del Pas y del Besaya que desagua más al Ponienteen Suanceslaonor de Miengo?(162) <notas.htm>.Yo sólo sé que estos dos puertos eran de la villa de Santanderla cual teníael privilegio de la carga y descargapesca y salazón en ellos: amparados losnaturales de la autoridad del marqués de Santillanacuyo era el territorioresistían la gabela y hacían tuerto al derecho de los santanderinos; éstosacudieron al rey don Juan IIquiensentenció en su favor(163)<notas.htm>otorgándoles la confiscación de los buques ymercaderías que pudiesen tomar en contravención a lo legal y establecido.Luego se otorgó a los incursos en penalidad el canje be los bienes confiscadospor dineroy quizás con perjuicio de los de Santanderlicencia de comerciar ymarinear en estos parajes mediante una fianza o anticipo a la Coronaporque en1498a 20 de juliodesde Valladolidlos Reyes Católicos don Fernando y doñaIsabel se dirigen en una sobrecarta real al corregidor de la villa de Santanderal cual hacen su mero ejecutor para lo mandado en esta sobrecartay al concejoregidorescaballerosescuderosoficiales y homes buenos de la dicha villamandándoles guarden y cumplan y hagan guardar y cumplir otra su carta «libradade algunos de los oidores de la nuestra abdiencia e de otros oficiales della esellada con nuestro sello de cera colorada a las espaldas»en que enviaronmandar al dicho concejo de la villa de Santander «e a la persona o personas quefueran en tomar e llevar los navíos de los concejos del puerto de sant Martínde Larena(164) <notas.htm>que luegoque con la dicha ntra. carta fuesedes requeridos diesedes e tornasedes erestituyesedes a los dichos concejos del dicho puerto de sant Martín de Larenae myengo todos los navíos e pitiaças que asy les llevarades e tomaradese mandaredes tomar e llevar contra voluntad de los dichos concejos del dichopuerto con todos sus aparejossegund e por la via e forma que ge se lesllevaredes e tomaredeset ficierades tomar e llevarpues que avian dadofianças los dichos concejos en la d.cha n.tra corte de quatrocientos milnirs.»(165) <notas.htm>.

Nos hemos dejado ir con la corrienteen la franca extensión de la palabray no es éste el camino que lleva el tren. El tren va luchando con la pendientetomando alturafranqueando las huertas de Vioñopasando bajo el célebresantuario de Nuestra Señora de Valencia y tomando los floridos campos deZurita. Desde su altura se domina la fresca vega de RenedoCarandia y laentrada de Toranzodonde principia a levantarse la niebla.

Esparcidas en esa vegaunas al aire abierto en los prados otras en lasencrucijadas de los caminosa la sombra de las cercas o de los árbolesestánlas cruces de un calvario.

Un día de estíoatravesando la vegahallé los crucifijos vestidos deplantas y flores silvestres. La pobre humanidad aplica humanos consuelos aldolor divino y corona las sienes de Cristo expirante con espadañassímbolodel agua que restaña la sangre y refresca la herida y viste su martirizadocuerpo de amapolas adormecedoras del padecer y que embotan sus espinas. La pobrey sencilla fe de los aldeanos montañeses acaso quería además endulzar otrosdolores y adormecer otras penasen la efigie del Crucificadoporque enaquellos días se había alzado en la capital española la voz blasfema de losincrédulosa quienes no satisface el propio descreimiento si no va a herir yestremecer las creencias de otros más afortunados.

Es la impiedad fanáticaycomo todo fanatismoes ciega. No perdona a laconciencia ajena la libertad con que se busca otro juez excelso para sus actosdesengañada de la miseria yflaquezas de los jueces de la tierra; otroconsuelo y amparo a sus dolorespersuadida de la ineficacia y tibieza de losconsuelos mundanos. El impío desconoce la caridadvirtud por excelenciahumanapiedra angular del concierto socialde la paz entre hermanosdelrecíproco amor y la armonía; fáltanle generosidadque es la caridad delinstintoy pacienciaque es la caridad de la reflexióny habla a loscreyentes como el desalmado que en presencia de niños y doncellas suelta depropósito su lengua disolutasin lástima de su candor y su inocencia.

Tal vez no está muy cierto de su impiedad si no ve sus efectos en laslágrimas y el horror de sus semejantes.

La sangre le espantapero le sonríe el lodoy usa de él a manos llenas;no hiere en la carnepero befa el espíritu; va a buscar en lo más hondo de unalma el ídolo de su feel símbolo augusto de sus creenciasy allí te escupey le abofetea; no lleva a su prójimo al Calvariopero le encierra en elPretorioy agota con él escarnios e ignominias.

Blasona de fuerte y no compadece ni perdona; presume de ánimo sereno y seofende de la devoción que se postra en el temploe invoca a Dios. Seduce a unflacogana a un cobardetornadizos que arrancará de su gremiooculta uostensiblemente la hora del supremo bien o de la suprema desgraciay levanta uneco potenteuniversalprofundo de dolor y penitencia en el pueblo que rodeacontrito y lloroso las aras de su culto.

¿No comprenderá nunca la grandeza del inocente que se castiga por elculpadodel justo que ora por quien le lastimadel mártir que se ofrece porquien ataraza su generoso pecho? ¿No verá nunca ese Dios patente en la tierrasublime de los montes y las aguasclaro y manifiesto al hombre de cuya frentepensativa cae cotidianamente sobre el surco el santo sudor del trabajoy quepara descansar de sus pensamientos y esperar en la fecundidad de sus sudoresciñe de espadañas y amapolas el domingo las sienes de Cristo?

Ya el camino se engarganta y cierra a todo horizonte y lejana perspectiva. Yva corriendo por una sierra fragosadescubriendo simas y frondosos bosqueshasta que saliendo a la cima de Tanoshace alto en la estación y descubre asus pies la soberbia llanura de Torrelavega.



 

 

- II -

El solar de la Vega

De este llano que nuestros ojos descubrenbrota la vida en expresión máslataopulenta y magnífica; vida ricajuvenilque late en el sano ambiente delas faenas campesinasen el hervir inquieto de los establecimientos fabrilesen el fresco rumor de dos ríos que se juntan en medio de una apacible vegaenel tráfago de cuatro carreteras que se cruzan y se apartanen el rumor de lasarboledasen el vaho de la miesen el murmullo sordocontinuopenetrante dela población campestre esparcida por honduras y laderas quecomo el zumbido delas abejas desparramadas a libar en las flores de la espesuraindica lainmediación de una colmenadel centro activo en que se funde y junta eltrabajo y caudal común para multiplicarsey repartirsey circular de nuevoalimentando necesidadesdeseosgustosy aun caprichos de un dilatado pueblo.

Ese centro no se ve desde la altura; déjanle adivinar la aguja de uncampanario y los tejados de algunas casasentrelas cuales se esconde la torreque dió nombre a la villa.

En la vega que la dió apellido se mezclan el Saja y el Besayatraeaquél sus venas madres de las sierras de Usarde las altísimas cumbres deSejosdonde saluda misteriosas piedras célticasrudos menhires o fantásticosdólmenesy viene ya cansado de hacer biende regar los valles de CabuérnigaCabezón y Reacíny más cansado de oír disputas de historiadores ycríticosy no saber todavía a punto fijo si fué frontera de astures ycántabrosy se llamó Salia en días de Plinioo Saunlum en losde Pomponío Mela. Tampoco carece el otro de pretensiones clásicaspuesto quedesde su origen ve el monte de Aradillosdonde pasó la postrera y finalbatalla entre cántabros y romanospero le aventaja en conocimiento de cosasmodernasporque ha venido a lo largo de las hoces de Bárcenade Iguña y deBuelnaadmirando la prodigiosa construcción de un ferrocarrilque parecíaimposibledespeñándose en algunos sitios para desembarazarse de obstáculos yver mejor el movimiento de las locomotorasdeteniéndose en otros a alborotargolpeando las peñasen competencia con la voz estridente y dura del vapor ysin poder ahogarla.

Apenas juntos ambos ríosvan a pasar por Barreda. Guardando la barca queaquí salva la corrienteestá un venerable solaralzada su torre sobre unmanso cerrotendida delante una alfombra de hierbaerizado a su espalda unbosque de castañosde esos castaños seculares cuyo tronco rugosoinformeroído y averdugado tiene la fisonomía hastarudimentariainformegigantescade las primeras formaciones del mundofósil vivopiedra vegetativacenizacon jugos que brotan en verdes hojas y espesos erizos.

En esta casa paró San Francisco cuando cruzó la comarca peregrinando aCompostela; el aposento en que tuvo lecho el glorioso peregrino mudóse enoratoriodonde las generaciones sucesivas de los poseedores del solar hanagradecido constantemente al cielo su favor divino y conservado piadosamente sumemoria.

Poco más abajo ya la corriente lleva el peso de los barcosharto aún parasus libres espaldas; por eso a intervalos los deja posar en seco arrimados a losmuelles de Requejadaretirándose ella a descansar en lo más hondo de sulecho. Luego se retuerce entre promontorios de roca por una parte y playas detupido junco por otrayen finhaciendo puerto del perezoso Suancesquepuesto en una alturapasa su vida mirando al mediodíasale al mar entre dosrocasel Torco y la de Afuera.

Tornando a subirlos montes de Mercadalla sierra de Ganzorodean yencintan la llanura. Mercadal parece revuelto y conmovido por un sacudimientosubterráneo; su suelo no tiene el color natural de la tierrade la rocapresentada al sola la lluvia y al aire en la superficie del globo; es regiónminerasocavada y removidacuyas entrañas roe y explora el hombrecodiciosodel metal que esconden.

Por encima de Ganzo descúbrese un monte y su atalaya caídaBispieresacuyo pie se esconde la vieja Santillana. Y entre la gola que dejan una y otrasierraTorres la harineraPuente San MiguelVilla PresenteCerrazopueblosque se escalonan sobre la pendiente del terreno hasta subir a San Esteban deCildaduno de los raros sitios que en esta tierra hidalgapacífica y generosatenían dramática y pavorosa fama.

Tal es el solar de la Vega. Tal es la cuna de uno de los pocos apellidos cuyahistórica huella conserva el puebloy aplaude todavía en sus romances y ensus dramas(166) <notas.htm>. De aquísalió el primero de este linajea quien impacientaba sin duda el estrecholímitea quien no satisfacían las pocas ocasiones de fama que podía hallaren su tierray fué a buscarlas más menudas y en más vasto teatroen laambulante corte o en la regla tienda de los monarcas castellanosdándose aconocer con el apellido del lugar de donde venía. Ya en días de Don AlfonsoVIIel emperador(167) <notas.htm>seseñalaba Diego Gómez de la Vega(168). Suhijo o nieto sería el valiente paladíncuyo nombre calla la historiael cualdebía ganar nuevo y propio apellido que sustituir al patronímicoy añadir alde solar. Al cabo de una batallamaltratado y rendido de pelearjadeante y sinalientosse presentaba ante la hueste cuya victoria había asegurado. «Lassovienes -le dijo el rey-lasso seas(169)<notas.htm>; y los Lassos de la Vega fueron tanto adelantequecorto tiempo despuésen los de Don Alonso el Sabioera almirante del Océanoun Pero Lasso de la Vega(170) <notas.htm>.

Hijo de este almirante era un Garcíaquien elidiendo la vocal postrera desu nombreaparece como el primero de los Garcilasosque siglos andando habíande ser famosos en los orbes distintos de la gloria. Con él también asoma apresidir los destinos de la familia un astro sangrientoque tarda en ponerse loque tardan en vivir tres generaciones.

Merino mayor de Castillagran privado de Alfonso XIdice Villazán(171)<notas.htm> en la Crónica de este reyera este Garcilaso«ome que cataba mucho en agüeros». Hallándose en Córdoba la corteyqueriendo Alfonso terminar las civiles discordias que le suscitaban sus deudosla despierta y ambiciosa dinastía de los Manuelesenvió a su merino a tierrade Soria a juntar gentes y recoger armas. A pocas jornadas de Córdobalossorteros y cabalistas de que andaba siempre rodeadoayudaron a Garcilaso avaticinar que si caminaba a Soriaen Soria hallaría muerte con muchos de losque le acompañasen. Y con esta certidumbre siniestrael leal caballerosincuidarse de evitarlaenvió a decir al rey quepues no podía excusarse demorirestuviese cierto de que haría que su muerte fuese en honra y en serviciode su señor.

Los de Soriagente inquietamuy mezclada siempre en guerras de partidoycuya conciencia no estaba muy sentada y tranquilacuando vieron venir al merinocon tal aparato de caballeros y soldadosdieron fáciles oídos a parciales ycabecillas de su ciudaddejándose creer que Garcilaso venía con la justiciadel rey a prenderlos y encausarlos. Conjuráronse para evitarloy estandoGarcilaso oyendo misa con su comitiva en la iglesia de San Franciscoentraron yle dieron muerte con un su hijo Pedrono inocentepues la crónica dice que«era muy sin Dioset tomaba de lo ageno muy de buena manera»y con otroshasta veintidós infanzones e hijosdalgo(172)<notas.htm>. Los pocos salvos de la matanzafuéronlo porcaridad de los frailesque los vistieron con sus propios hábitosayudándolesa escapar desconocidos.

Dos hijos vivos dejó el merino asesinado en Soria: unoheredero de sunombre y de su sangriento destino; otroa quien dieron nombre ya acreditadoentre sus ascendientesconservándole los antiguos apellidos de la casasellamó Gonzalo Ruiz de la Vega(173) <notas.htm>.

Estos dos hermanosGarcilaso y Gonzaloeran mayordomos de los infantes donFadrique y don Fernandohijos bastardos del rey y de la célebre favorita doñaLeonor de Guzmány en calidad de tales asistían en el ejército que elbelicoso rey guiaba hacia los confines marítimos de Andalucíabien resuelto adesalojar la morisma y arrojarla al mar desde las cerradas asperezas de Calpe.Amenazaba a Algeciras y Gibraltar la hueste; llevaban los infantes la vanguardiae iban haciendo redrar de sí las tropas ligeras del enemigocuando «aquesteGonçalo Ruiz» -dice la crónica- cuydando que facia lo mejorllegó a unapuente muy estrechaque estaba en aquel río del Saladoet con él algunosvasallos de don Fadriqueet por acorrer unos omes de pié que estaban allendeel ríoGonçalo Ruizet aquellas compañas de don Fadrique pasaron aquellapuenteet Garcilaso desque vió que Gonçalo Ruiz su hermano avia pasado lapuenteél con algunos vasallos de don Fernando pasó luego. Et estos fueronlos primeros que en aquel día pasaron el río del Salado. Et los moros eran enaquel logar más que dos mill et quinientos caballeroset los christianos eranfasta ochocientos».

Así comenzó aquella famosa batalla del Salado de Tarifa(174)<notas.htm>que había de acabar con el poder militar de losBenimerines venidos a Españafiando en el prestigio de sus africanas victoriasla esperanza de restablecer la quebrantada dominación musulmana en España.Así comenzópor una hazaña de hidalgos montañesesuna batalla que habíade terminar y decidir con su firme y resuelta acometida la infantería de loscántabros(175) <notas.htm>

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En este paso del río fué dondeofendido Garcilaso de la insolencia delgallardo moro que traía atado a la cola de su caballo un listón con las letrasdel AVEMARÍAcerró con él en desafíodióle muertey puso las azulesletras sobre el oro fulgente de su limpio escudo.

Pero ni esta gloriani el alto empleo de justicia mayor que tuvo juego enCastillale preservaron de las sanguinarias venganzas del rey don Pedrohijo ysucesor inmediato de Alfonso onceno. En su palacio de Burgos le hizo mataryque fuese el cadáver arrojado a la plazadonde se acosaban torosy donde laspoderosas fieras cebaron el asta y la pezuña en los despojos del heroicocaballero del Avemaría.

¿Qué había de hacer su hijoel tercer Garcilasosino alistarse entre losenemigos del rey y vengadores de su padre? Siguiendo las armas de los bastardosse acreditaba de valeroso y esforzado; pero no podía vencer el influjo de suestrella siniestra alta todavía sobre el horizonte.

En la batalla de Nájera(176) <notas.htm>aventuraba el infante de Trastámara todo su poder contra el de su reinantehermanoa quien la suerte ayudaba y favorecíale con victoria completa. Entrelos cadáveres del campo de batalla quedaba el de Garcilaso de la Vegaúltimodescendiente varón de la rama primogénita. Pero la heredera de la segadaestirpesi no podía por su sexo perpetuar el apellidoquedaba con caudalbastante para ser solicitada por tal varón que entroncase en una de las másaltas y próximas a la estirpe soberana de Castilla.

Al día siguiente a la batalla del Saladoel reysegún su magníficacostumbrehabía hecho merced a los más señalados de su hueste en la pelearicos hombreshidalgos o escuderos. Allíen la Peña del Ciervodondeacampabaarmó caballero a Gonzalo Ruiz de la Vegasu buen servidordándoleheredades y tierras que le ayudasen a sustentar su buen nombre; y ampliando yprecisando mejor sus mercedes en el año siguiente de 1341le daba en señoríoaquellos valles de las Asturias de Santillanadonde radicaba su solar y nocorta herencia de sus mayores.

El señorío era el paso de la nobleza solariega a la nobleza titulada; dabajurisdicciónsalvos siempremás en la forma que de hecholos derechos delrey; constituía estadoy facilitaba con una nueva merced regia el cambio delyelmo o el coronel cerrado sobre el escudopor una corona abierta y floreadayla entrada del agraciado en aquella peligrosa oligarquía de que el trono serodeaba y hacía a menudo vacilar los tronos.

Gonzalo Ruiz de la Vega dejó una hija legítimadoña Teresacasada conPero Ruiz de Villegas; con consentimiento de estos herederoslos testamentariosde Gonzalo Ruiz hicieron venta y cesión de los bienes de Asturias de Santillanaa Garcilasosu hermanoy muerto éste en Nájerasu hija doña Leonor era laseñora de la Vega(177) <notas.htm>.

Don Diego Hurtado de Mendozade nobilísima estirpealmirante mayor deCastillaviudo ya de una esposa de sangre real(178)<notas.htm>pretendió y obtuvo la mano de la rica herederamontañesay en el segundogénito de esta unión venturosa y en su título demarqués de Santillanaquedaron abogados apellidos y señoríos. Es verdad quenunca en tiempo alguno alcanzó en cabeza de sus sucesores la alta y purísimagloria que en la de este su poseedor primero.

Señora ya la dura razay autorizadas por el rey sus justiciashízosetemer acreditándose de inexorable. La natural turbulencia y ánimoindependiente de sus vasallos eran domados por el espanto. Contábase en lasaldeas; que la torre de la Vega escondía una sima insondablepatíbulo ysepulcro a la vez de los malavenidos con el nuevo dominio(179)<notas.htm>misterioso castigo que amedrentaba a los queveían sin temor alzada frente al solar la horcainstrumento de sumariosprocedimientos y sentencias ejecutivas.

Pregunta ahoralectora la extinguida tradición si con sucesos de aquellosdías tienen lazos de origen los nombres de dos de los barrios de Torrelavegaedificados precisamente al entrar y salir de sus arteriasla Quebrantada y elMortuorio.

Porque entre dos tan significativos y lúgubres nombres sienta el centro deque te hablé a los comienzos de este capítulola colmena a la cual hallassillegas en juevesenjambrada dentro del recinto de su ancha plazacuyo pisorecuerda el del cóncavo y desnivelado foro de Sena. Agitadahacendosahirvientedespoblándose de los enjambres ya ahítos y repoblándose de los quellegan hambrientosmanteniendo perennes y vivas las dos corrientes dehormiguero humanola que va y la que vienefluyendo y refluyendo por callescaminospaseos y veredasa caballoa pieen cochechasqueando látigossonando cascabelesaguijando yuntassilbando resescantandoplañendotraduciendo en gritosvocesruidos y clamores varioslas pasiones todas deltráficode labradores y artesanosde buhoneros y marchantesla compra y laventala ganancia y la pérdidala alegría expansiva causada por el oroelplacer del negocio felizel contento del traje nuevode la herramientaextraordinariadel manjar no acostumbrado; el acentoen sumaconfusomúltiple y turbiopero ardiente y vividodel mercado.

Ese es el día de mercado en Torrelavega. De los caminantes y recueros queentre días de la semana halles desparramados por los diversos caminos quecruzan la Montañaa distancias diversas de sus límites y de su centroyandando en direcciones opuestasconvergente y divergenteapenas hallarás unoque no venga al mercado de Torrelavegao que del mercado no venga. Pañeros deCastillavinateros de Riojapasiegas con el cuévano cargado a la espaldaasturianas con la ancha cesta rellena de aves sobre la indomable cabezaaperadorescesterosmercaderes e industriales de industria y mercaderíasvariasde poco y de muchode nuevo y de viejode rico y de pobrede nacionaly extranjero.

Así es el cuadro que la plaza ofrece; colmadahenchidaintransitable decuriososchalanesbaratillostiendas y puestos de géneros.

Allí los frutos de la tierra: pilas de borona sin molerrecogidas sobretendidas sábanas; descoloridos trigos de la montañael á1aga y el cutiano;tiernas alubias de blanca o roja o azotada piel; sabrosas legumbres y frescasverduras; coles y cebollasy los rojos pimientos y ajos duros de Quevedo(180)<notas.htm>

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Allí los frutos de la mecánica: largas piezas de algodón pintado que elviento flameay la vara mide y corta la hábil tijera del pasiego; cintasvistosas de infinitos y vivísimos colorestentación de la aldeana y ornamentopreciado del chaleco de su novio; y lienzos y muebleshojalatería y barroutensilio doméstico; y los frutos de la industria agrícolaapiñados quesosy rubia manteca apellada y envuelta en hojas de rizado helecho. Allíen finel pueblo cacareador y glotón del corralde amarillos tarsoscolorada crestay pomposa colamerecida fama de esta feriay el guarín humildea quienhipócrita pero propiamente llaman los montañeses el de la vista bajaalque todo aprovecha y es a su vez todo provecho.

La pintura de este mercadocon su crudeza de tono y de colorespedía plumade afilados puntosde aquellas plumas castellanas a las cuales no parecíalicencia excesiva usar el sustantivo propioel epíteto conveniente y oportuno;las que no velaban la idea ni la amortecían velándola; las que escribían a lavez para los ojos y para el oídotrazando cuadros de frase pintoresca cuyosentido retrataba la forma y el paisajecuya eufonía reproducía los sonidos yla voz armoniosa y vaga de la escena.

Pero no olvidemos que estarnos en la cumbre de Tanos. Desde esta cumbredonde se oye con tan claro acento vibrar despierta la voz de los siglos quedormíanradian tres vías diferentes que nos convidan a penetrar en otrosasilos de la tradicióndel artedel espíritu yerto de las generacionesolvidadas. Podemos bajar al llanosalvar la vegaresistir la magia de susarmoníasy caminar a la romancesca Santillana. Podemos seguir sobre lasférreas barras la cuenca del Besayalos montesy encaramarnos por las vueltasde la asombrosa vía a las parameras de Campos. Y podemos entrarnos en laaspereza que a nuestra mano izquierda se enmarañay seguir hasta el fondo delclásico valle de Toranzopara subir un puerto y asomarnos a Castilla. Una trasde otracon el favor de Dioshemos de recorrerlas todas. Tomenlos paradescanso y solaz de ánimos solitarios la postreraque aquí parece menosconcurrida.

Toranzo

Illic sedimus etflevimus.



 

 

- I -

Confluencia.- Castañeda.-Los Manriques

Valle de recuerdostantas veces pisado en todas las edades de mi vidaen laniñezen la adolescenciaen la juventuda la luz vanaviva o moribundagloriosa o siniestra del espírituno debiera tener secretos para quien haregistrado sus vegas y sus lugaressus collados y sus arboledassus montes ysus cauces con el palo del viajero en la mano y con la cartera del curioso a laespalda.

Torresescudosruinas y santuarios debieran ser para quien tantas veces losha interrogado con afanoso cariñolibro familiar cuyas hojas abriese a cuantosle suceden en impacienciaa cuantos pisan el mismo suelo con la misma sedinextinguible de saber lo que allí pasóy qué memorias guardan las piedrasmudashoy que el afanoso tráfago de la vida ensordecey falto de oídos quele escuchenel anciano callay en su silenciocomo todo germen vital en elvacíoperece la tradición y se acaba.

Nunca imaginé yo que venida la hora tanto tiempo esperada de trazar confugitiva pluma su imagen fiel y acabadaapenas hallaría otro modelo que lavisión primeralimitada y confusaindecisa como infantil recuerdo.

En días de deseos vagos y dilatada esperanza no soñé con menos que con daral curioso o al amante de este suelocompleta noticia suyacon pintárselo noreducido al cuadro de su belleza actual y pintorescasino dilatado en la vastaperspectiva de los siglosdonde toda tierra ve la cunaasiento y sepultura deun puebloen el pueblo una serie de generacionesy en éstas la vida útillaboriosaoscura o gloriosadesenvuelta en las épocas del tiempo. Pero de susfacultades ninguna engaña a nuestra pobre alma tanto como su voluntad propia.Ella supone un término a todo anheloy el término llega y nos sorprende antesde haber empleado el intervalo que de él nos apartabaen preparar y merecer lacumplida realización de lo anhelado.

Los hijos de la Montañahijos de madre pobrenacen pobrespero con altospensamientos; pésales su oscura medianíay para levantarse a más visible yluminosa esferabuscan el camino más seguroel de la fortuna. Su claroinstinto les dice temprano que el de las letrastrabajoso y exclusivono guíaal deseado término en la patria españolay merecen excusa de no sentir elaguijón de la gloriaellos acostumbrados a ver empañadadudosa y tenida enpoco la gloria más legítima y más pura.

¿Consiste la gloria en el aprecio justo de una cualidad superior y raramanifestada en obras? ¿Consiste en la consideración y el respeto tributadosconstantemente al ser privilegiado; en el aplauso general y recuerdo permanentede sus obras nacidas para bien comúnengrandecimientoutilidad o recreo? ¿Ono consiste en nada y es únicamente sueño del almafalso como todo sueñoydestinado a mantenerla en perpetuo engaño y desconocimiento de la vida?

El Pas separa a Piélagos de Toranzo; el Pas enriquecido con el caudal delPisueña; en la jurisdicción de Vargas. Ya en Santander nos recordó un puenteestos parajes(181) <notas.htm>memorias del valor de nuestros padres; pero memorias infaustasque alrecordarse debieran fortalecer y estrechar nuestra unión española como losrecuerdos de un azotede un desastrepadecido en compañaaprietan siempreyno pocas veces crean lazos de amistad y afecto entre los hombres.

Aquí llegaronpocos en númerodesiguales en armasnovicios en el artemilitarpero unidos y resueltos. La presencia de algunos soldados era estímuloa su valor y su firmeza. Aquí llegaron y dieron con los enemigos que habíansalido a buscarpara cerrarlos a distancia la entrada en su ciudad amada. Y elcombate parecióse en algo a aquellos combates legendarios en que un influjosobrenatural distribuía desigualmente la muerte a un campola victoria alotro. Abatióse la guadaña sobre los del infante pretendientey quedó ellaurel entre los de Santander.

Por esopara estimar su hazañano hay que ir al campo de ella para pesar ymedir la sangre vertida; hay que estimarla dentro de la ciudad afligida por elamago y cercanía del enemigola víspera de la salidacuando eldesconocimiento del riesgo lo abultaba y encarecíacuando era preciso vencertodas las resistencias del corazónolvidar todas las obligacionesdesoirtodos los afectos y no tener oídovoluntad ni brazos más que para el debersupremo. Cuando era preciso vencer y dominarno el miedoque eso lo vence lavergüenzasino el cariñolas lágrimasla ternuralas deudas más hondas ymás sagradas del almaque solamente a costa de heridas y desgarrones en elalma se vencen.

En aquel sangriento amanecer de una guerra sin misericordiaguerra deagüero dudosonutridas las huestes carlistas con tanto número de los mejoresoficiales españolesel combate de Vargas era testimonio y promesa a la banderaisabelinade que por ella no se ahorrarían los pueblos que la alzaban dedecisión y sacrificios. ¡Dios sabe y la patria si lo cumplieron! ¡Dios y lapatria saben lo que el ejemplo de nuestros padres pudoy el oir se en Españacomo premio a tanto ardimientollamar a su ciudad: La decidida!

Partiendo de la confluenciaaguas arribael Pisueña riega hacia el Orienteel valle de Castañeda; más al Sur serpea el Pas por las vegas de Toranzo.Sálvalos la carretera sobre dos gallardos puentes: diéronse le de sillería alPas por más caudalososin duda; porque resuelto y potente quita caudal ynombre al Pisueñaque hubo de recibir entre la cantería del suyo entrepañosde ladrillo y barandaje de hierro; pero lujoso o modestono es menos cierto queya por todas partes reciben y toleran yugo aquellos indómitos torrentesmontañesesacostumbrados a rodar turbulentos y espumososlibres y tiránicospor su ilimitable madreentre ruinas de estribos descepados y desmoronadaspilas.

Subamos el Pisueña; angosto y breve es su valle; los árboles que le dieronnombre se han recogido a las faldas de los montesdonde retuercen sus huecostroncos y esparcen la impenetrable sombra de sus ramas espesasdejando al sol ya agua tender en la llanada el más tupido y risueño terciopelo verde quepuedan hollar viajeras plantas; la corriente apenas suenay en ella se bañanblancos chopos y descoloridos sauces. Dejemos a la carretera seguir supintoresco destinocruzar las frescas huertas de Cayónlos páramos deSobarzo al Mediodía de Cabargaatravesar el valle de Penagos y llegar a losmanantiales de Liérganes.

A corto trecho del fin del Pisueña hemos dejado a la izquierda de lacarretera la colegial de Santa Cruz de Castañedavenerable monumento que viveentero todavíasi quebrantado por los añossostenido por su fuerza propiasin remozar el rostro con sacrílegos o bárbaros afeitessin el prestadobáculo de modernas reparaciones; anciano patriarca cuya existencia íntegra yaustera no dió cebo a las corrupciones y deleites que preparan la decadenciahumanay al cual la muerte habrá de herir con golpe únicodecisivo ysúbitocomo el del rayo que postra el roble centenario del monte.

Cuando yo llegué al solo arco abierto de su doble ingreso; cuando dentro desus bóvedas me bañó la frente ese vaho glacial que sueltan las construccionessecularessentí vergüenzapero vergüenza profundade haber pasado tantasveces a tan corta distanciasin desviarme del camino para visitarle. ¡Concuánto afán medí sus ámbitospalpé sus piedrasrastrearon mis ojosinscripciones y sepulcros para penetrar el sentido de sus letras y figurasindescifrables o maltratadas!

Si es cierto que en toda obra humana vive algo del espíritu que laengendróy el calor de un deseo vehemente y sincero engendra correspondenciaentre las almasla de la antigua colegiata debió perdonar a la mía laindiferencia pasada. De haberse hallado a solas¡quién sabe las revelacionesque el alma del viajero hubiera recibido del alma del edificioespía invisiblede concienciaseco de precespaño de lágrimasfanal de la sagrada lámparaconfidente recóndito de miserias y heroísmosespíritu formado y nutrido dela esencia de infinitastestigo presente por siete siglos a los misterios unnombrerenovados diariamente dentro del recinto sagrado a la consagraciónmística sobre el araa la reñida pelea de afectos distintosnecesidadespasiones y deseos dentro del pechó de los fielesa los sombríos arcanos de lamuerte junto a la fosa abierta y el cadáver tendido!

Pero a la sazón ocupaba la nave central pueblo numeroso en son de duelo;alzado bajo el crucero un túmulo de estameña desgarrada y parcheada derociones de cera; arrodilladas las mujeres en hileras delante de sendos hacherosguarnecidos con gruesos cirios ardiendoy zumbando en el espacio la solemneliturgia funeral cristiana. Para no turbar las preces me refugié a la nave delEvangelio; a lo largo de sus murosse dibujaban confusamente nichos anónimosataúdes gigantescos de piedra labrados de misteriosas cifras y señalesdignoencierro de heroicos despojos; y ya a los pies de la nave un bulto yacentecuyoperfil humano dibujaba la poca luz recibida por una angosta saetía de lacabecera.

Figura de varón eclesiásticopuesto que cubre sus manos enlazadas bajo elamplio embozohincado en el hombro izquierdo un lazo o insigniade espaciosafaznobles faccionescopiosa barba y melena movida en ondasdormía caídoslos párpadossorda a las temerosas cláusulas del dies iræ queestremecían el ambienteamortajada por los años que han vestido a la piedrala obscura pátina del bronce.

¿Quién es? ¿Las letras abiertas en la pared inmediata se refieren a ésteo a otro muerto? Ciega piqueta las tocó en ma horay con idea al parecer deponerlas todas uniformes y simétricamentealteró los caracteres y mató susentido.

Lo que de la inscripción sobrevivedijo así a mis ojos: AQUI IACE MUNOGONÇALEZ..... DE CASTAÑEDA QUE DIOS PERDONE.-EN LA ERA DE M E CCCILXVIIIIAÑOS. Queda sin leer el apellido que sigue al patronímico -¿será de Lara?Esta casa tuvo señorío de añejo tiempo en estos parajes. Y otra palabraque probablemente indica la dignidad del sepultadoy acaso dice abad(182)<notas.htm>.

Calló la salmodiaoí secas y menudas pisadas de clavos sobre el pavimentoy el arrastrar desapacible de malcalzadas suelas femeninassemejante al rumorde la espuma sumida por la arena de la playa; comenzaron luego los murmullosconfusos de grupos bajo el pórtico exteriory cuando quedó la iglesiadesiertapude a sabor examinarla.

Debo desengañartelectorsi has imaginado que mi entusiasmo por la vetustaiglesia nace de su imponente arquitecturade novedad o audacia rara en su trazay edificaciónde riqueza en sus materialesde extensión considerable o desingular hermosura. Su mérito está para mí en la edadsu interés en laépoca a que pertenece. Levantáronla hombres de caudal limitadode noprimorosas manospero empapados en tradiciones purasarrancando a la vecinamontaña el asperón jaldeblando a la labraligero al acarreoal cual prestael sol meridiano ese rico cálido tinte de oro que baña las almenas y escudosde nuestros solares. Su estilo nacía apenas recobrado el universo cristiano delterror de las profecías milenarias: el mundo entraba en su undécimo centenarsin perturbaciónsin accidente que a la temerosa expectativa de su finrespondiesecorría por los primeros años del siglo sin extrañasdesolacionessin monstruos nuevossin que aparecieran los horrendos presagiosprometidos.

La tierra no padecía otro castigo que la guerra y sus miseriasazote comúny añejotolerable a pesar de sus horrorescomparado a las plagas anunciadascomo mensajeras de la agonía de la creación. El orden admirable de los astrosla luz del sollos orbes de la lunala sucesión del día y de la noche; lasmudanzas estacionalesla acción fecunda de los elementosse producían ymanifestaban con regularidad constantesegún la ley primera y no interrumpidade su ser; y los hombresvolviendo del asombro primeromejor dispuestos acreer en la misericordia infinita de Dios que los perdonabaque a renegar laciega fe en sus profetas visionariossentían recrecer su ardor devoto.

Los primeros templos erigidos entonceslos templos nuevos en que seatropellaba la supersticiosa muchedumbre agradecida a la prolongación de díastrabajosos e insegurospertenecían al estilo de la colegial de Castañedaalque doctos clasificadores apellidaron mucho más tarde: románico.-¡Cuántasde esas figuras e historias que esparce en muros y capitelesfueron claraalegoría del estado general de los espíritus en semejantes días! Ingeniosperspicacesayudados por las meditaciones y el estudiose han fatigado enbuscar su recóndito sentidoy entonces se lo encontraban natural y fácilturbas ineruditas y rudas.

Los artífices de Castañeda no dieron campo a su fantasía; emplearon suestilo en la austera sencillez de sus elementos primitivos; corrieron susbóvedas de cañón a lo largo de las naveslas partieron con arcos de mediopuntoy sobre los cuatro torales del crucero trazaron un tosco arquitrabeanularcubriéndole de un cascarón esféricosirviéndose para pasar de laplanta rectangular al círculode aquellas bovedillas de arquivoltas salientesconcéntricas y a descubiertorudimento y generación primera de la elegantepechina de Bizancio; pegaron las columnas a los hastialescoronaron sus fustescon un esbozo de hojas griegasy sellaron la obrabordando su coronamientoexterior con cordón de labrados canecillosy partiendo la seca alzada delábside con imposta de escaques y cintas que rodea y dibuja el marco de susangostas luceras.

Patronos y fundadores de ella se titulaban los condes de Castañedamarqueses de Aguilarde la poderosa casa de los Manriques de Lara; fundadoresde la colegialque la iglesia existía un siglo acaso antes de que el linaje deManrique se ilustrara y hacendase en Castilla(183)<notas.htm>. Y en liso de tal posesióndon Juan FernándezManriquemarqués de Aguilar y conde de Castañedaembajador de Carlos I enRomaconsiguió del papa Paulo III que se suprimiera la colegialanejándolael año de 1541con las de Escalada y San Martín de Elicesa la colegial deAguilarvilla predilecta del magnate(184)<notas.htm>.

Este ilustre apellido de Manrique suena en los valles del Mediodíacántabrocomo suenan en los valles de Occidente los otros no menos ilustres deMendoza y de la Vega; los pueblos de una y otra comarca resistieron recibirloscomo señores; la nobleza territorial pobrepero altivano quería reconocersuperior fuera del rey y sus ministros; tardaron los grandes feudatarios enasentar su dominio en tan ásperas tierrasy nunca lo tuvieron pacífico eindisputado sobre sus más ásperos habitantes.

Citados quedan los dilatados litigios en que sostuvieron por siglos suderecho de vasallos reales sin obligaciones a justicia que no fuera la emanadadel rey; y a luz de esta luchalegalformalistase descubre que en tiemposanterioresy aun en el transcurso del pleitodurante los intervalos de una yotra resoluciónde una y otra demandael litigio se sostenía en los vallespor más enérgica y violenta manera: con guerras de solar a solarde behetríaa behetríacon asaltos y emboscadas que ensangrentaban el suelo y manteníanvivos los rencores y despertaban sin cesar nuevas venganzas.

La huella de estas discordias y su estrago ha de conservarse en los archivosde muchas cosas solariegas: allí ha de buscarlos quien haya de trazar sobrefundamentos ciertos y con colores vivos la interesante historia de nuestrosmontañeses.

Entre ellosindóciles y turbulentoseran un hecho repetido a menudoaquellas memorables palabras de Toledo negándose a recibir corregidor por elrey don Juan II: «Son de obedecer por ser cartas del rey; pero no de cumplirpor quanto son contra las leyes destos reynos.»

Con cartas de este rey bajaba de Castilla un ballestero suyoen días delaño 1421trayendo acaso el mismo camino que yo traje para visitar la colegialesa mañana. De juro no le halló tan acomodado y suave como hoy se encuentrani su ánimoocupado de la aspereza del terreno y de los empeños de sumensajetuvo espacio de solazarse como el mío contemplando la agrestehermosura del paisajeel prolongado desfiladero de la montañala cima delmonte Dobratallada en roca a manera de altar célticoy el fresco y verdepanorama de las Presillas; élen cambiodaba que escribir a la crónica y amí el placer de recordarle al recordarla.

Un año había que el adolescente rey (andaba con los quince años) hicieramerced a Garci Fernández Manrique del señorío de Castañeda con título deconde; el astuto prócercon la diligencia que convenía a la inseguridad delos tiemposy del favor de tan tierno príncipeapoderó a su mujer doñaAldonzade los reyes de Castilla por línea bastardaheredera del señorío deAguilarpara que en su nombre y con autoridad propia tornase posesión de latierra(185) <notas.htm>.

Enojóse el rey que esto supoo le hicieron enojarsepuesto que habíapasadopor falsía de don Álvaro de Lunadel poder del bando del infante donEnriqueal cual pertenecía Garci Fernándezal de sus enemigos los condes deTrastámara y Benaventey dispuso anular el don e impedir sus efectos.

A esto venía el ballestero; mas doña Aldonzamujer enérgica y sagazhabía sabido poner de su parte a muchos hidalgosy entre los que más valíancontaba por suyo al arcipreste Pero Díaz de Ceballoshombre arrojado de quienhay curiosa memoria en instrumentos de la época. Resistieronpuesalmensajeromaltratáronle a palosquitándole sus credencialesel cualmolidoy despojadose volvió a su señor con el cuento consiguiente.

La regia ira y el encono de los adversarios de Garci Fernández subieron depunto con la noticia del desafuero. Tomóla el rey como ofensa a su personaquemerecía ser castigada por su mano; salió en hueste y se puso con sus soldadosy los hombres de su consejo sobre Aguilar. De allí envió con mandamientosrigorosos y bien acompañado de peones y lanceros a Diego Pérez Sarmientosurepostero mayory al doctor Pero González del Castillosu corregidor en lasAsturias de Santillanalos cuales hicieron cruda justicia de los apaleadoresdel ballestero. Unos fueron muertosotros azotadosallanadas las casas de losque hurtaron el cuerpo con la fugay el arcipreste reducido a estrecha prisiónen Palenzueladonde murió.

El nivel de los afectos humanos sube o baja como la marea en la costa; elodio no es en nosotros más duradero ni perdurable que la afición.

Garci Fernández esperó. Mantúvose en el revuelto campo de la intrigadonde batallaban las parcialidades opuestas por el mandocon harta mengua deCastillacon mengua mayor del rey ardoroso y bien intencionadopero falto devoluntad y de firmeza. Destrejando hábilmente con el mar de la políticacorriendo sus temporales y utilizando sus bonanzassin desaprovechar ocasionesde gloria más limpia en entradas de morosdonde el acreditado valor de sumocedad se mostrabael prudente magnate vió llegar el año de 1429y con éluna oleada próspera quetrayéndole de nuevo a gracia del reyle confirmódefinitivamente y en forma título y señorío.

Pedro de Velascootro ambiciosose querelló de esta mercedpretextandoderechos anteriorescuyo reconocimiento pendía en Chancillería desde luengosañosy el reyatento a no descontentar a nadiedeseoso de mantener acualquier precio sus providenciasvergonzoso quizás de tantos trueques ymudanzascompró a Velasco su desistimiento del pretendido derecho conencarecidos ruegos y con sesenta mil maravedises anuales de juroreconocidos encarta de privilegio(186) <notas.htm>.

¡Pobre rey don Juan II! Nació con prendas de caballerogenerosoarriscadoy vivo: era trovadorgalánjinetediestro en las armas y aficionado a susnobles juegos; carecía de firmeza y de voluntad libre. Crióse en atmósfera deprivanzamortal para la fortaleza viril del ánimo; y en semejante ambientepasó la vida enseñado a no formar juicio acerca de hombres y negocios sinampararse de opiniones ajenas; presapor consiguientede bandos y juguetelastimoso de favoritos.

Fué el cuarto monarca de aquella dinastía enriqueñaregalada ydadivosaabierta a la molicie del espíritublanda al peso del cetrointeligentecuriosa de saberesquiva a las austeridades del soberanoprestigio: dinastía que pule y doma la brava rudeza de sus puebloscrea lacorte y prepara y consuma el clarísimo renacimiento de ciencias y letrasespañolas; pero al mismo tiempo abre cómoda y accesible liza a palaciegosamañosfomenta con sus inagotables larguezas desmesuradas ambicionescrea laprepotencia de los grandes feudatariosy retrasa un sigloprovocandorivalidades y emulacionesla emancipación de la patria.

Pachecos y VelascosMendozas y Pimentelespreferían a la fronteragranadina las antecámaras reglas de Valladolidde Ávila y Segovia; allí lesaguardaban peligrosas heridasacá seguros aumentos. No contentos de su blasónganado con sangre de ascendientes suyosdorábanle con rentas de pingüesestadosembozando un heroico apellido en los títulos más soberbios de HaroVillenaSantillana y Benavente. Así esta edad cierra el período épico degloriade sacrificiosde hazañas militares de aquellas familiasy abre el desu magnífico engrandecimiento y dominación tiránica.

No tardaremos en hallar de nuevo a los imperiosos Manriquesaun cuandodejemos su valle de Castañeda por el de Toranzoque también llamaban suyo.



 

 

- II -

Puente- Viesgo. -Episodios y memorias.-Regios desposorios

Desde el empalme de Vargas corre la carretera por una llanada sembrada dealtos helechosen cuya espesura asoman su tostado cerro numerosas vacasysuenan sus esquilas al compás lento con que pacen golosas la grama. Todavíasobrevive algún castaño viejo de aquellos que daban techo a un rebaño enterobajo su pomposa copay casa al pastor dentro del ahuecado tronco.

El camino de Toranzo es de los más frecuentados de la Montaña. A pie o acaballoen coche o en carretalas gentes del pobladísimo valle se mueven conactividad sumay crece el movimiento cuando en la estación serena abren suspuertas a achacosos y pacientes más o menos disimulados las hospederías de suscélebres aguas medicinales.

Penétrase en una primera gargantacuya formación y naturalezaasí comola de las rocas grises que encauzan el ríoprometen hervideros termales; yefectivamentea una revuelta del camino aparece Viesgosu puente todo ojossuiglesia maltratada y pobrelos baños sobre el Pasy el caserío amontonado enla avenida del puente o asomado al camino a beber la constante polvareda quemantienen en alto volando llantas y herraduras.

¿Quién estuvo en Viesgosiquiera pocas horasque no oyó mentar a Fausta?Este nombre de Fausta allísimboliza la buena voluntad representada en una amade huéspedesvoluntad manifiesta a toda hora en actos frecuentesen laacogida afableen la asistencia puntual y cariñosaen consideracionesrepetidasy el uso constante de una paciencia inalterable.

Lector; sin más que acudir a la razónsea cuanta fuere tu experiencia dela vidapuedes hacer cabal juicio de la suma de paciencia necesaria pararecibir y tratar con igual agrado y manera a centenares de personas diversas encarácteredadopiniónflaquezas y manías; pero sipor mala venturasabesde dolores gotosos o reumáticosy cómo en sus períodos álgidos alborotan lacondición más apacibleagrian la más dulce e impacientan la más calmosa; sihas probado el humor vidriosoirascibleimpertinente y desasosegado queenseñorea nuestra alma cuando los humores morbosos de cualquiera especielabranroen y mortifican nuestro cuerpoy esa acción irritadadespótica conque parece la materia querer vengar en el espíritu otras insolencias ytiranías del espíritu sobre la materia; en una palabrasi has padecidolectory hecho padecer -que no va lo uno sin lo otro- comprenderás qué caudalde condescendenciasdulzurasmimostransaccioneshalagosha de gastar lahuéspeda modelo para gozar unánime conceptoy que de su casa no salgandescontentos ni quejosos.

Y aun para contemplar a los sanosnecesitaría tesoros de calma y deindulgencia; porque¿has reparadolector amigocon qué gusto nosdesquitamos en estos hospedajes breves y transitoriosde ciertascontradicciones que toleramos de buen grado y callandito en el hospedajesedentario o en el domicilio propio? ¿No has advertido qué desahogadamente nosdesembarazamos de la buena educaciónaun los más presumidos de ellay apretexto de cosa pasajera y de poco momentousamos con aquellos criados y gentemenuda modos y lenguaje nunca usados con los nuestros?

Si la educación consiste en la constante vigilancia sobre sí mismopara nohacer o decir cosa que hieramoleste o perjudique al prójimo puesto enrelaciones de trato con nosotrosse comprende que ese estado de perpetuacentinela canse a veces y empezcay que hombres de educación aprovechen todopunto de darse una treguaun respirocomo se lo dan a su virtud ciertosvirtuosos mal casados con ellacuandosegún familiarmente decirnosechanuna cana al aire. En tales desahogosunos y otros dan quince y raya al máspintado rufiány sus extravíos de la pauta honrada parecen a las sandeces delos hombres de ingenio que se dejan atrás las más sonadas del sandio másacreditado.

Sea en casa de Faustaexcelente reposteraamén de lo dichosea en otraparte donde se albergue el bañistasi su dolencia le permite siquiera tantopaseo como al dogo su cadenapronto repara en un cueto cónicoerguido a laderecha del caminoerizado de árgomasque entre sus verdes abrojos dejanasomar los azulados muñones de la caliza. Aquel monte está hueco; abierta enel flancomirando al Nortetiene una espaciosa brecha por donde se puedepenetrar hasta sus entrañas y estas entrañas son una inmensa caverna partidaen estancias de ámbito diferentedonde se oye sin descanso gotear el aguaartífice de aquella arquitectura que en unas partes cava y en otras edifica. Lavida complejamúltiple de la corteza terrestre cesa allídonde sólopermanece activa esa otra vida lentaimperfectaperezosainmensa en duracióny en tiempoque fué la vida de nuestro planeta en sus primeras edades. Dentrode la insondable sombra de aquellas bóvedas labradas en un bloquese vendestellar las cristalizaciones como astros de un cielo subterráneoo surgirlas amenazadoras agujas de la estalactita como cabezas de serpientecuyo cuerpose arrolla en profundidades desconocidaso sale al paso la efigie fantásticamonstruosa o mística de la estalagmita que crece y se transforma por siglos.

Como el tourismo no ha extendido hasta estos parajes su aparatoteatral y su lucrativa farsase carecepara visitar la cuevade guíasdeclamadores y patéticosarmadosvestidos y calzados al intentoprovistos decordialesescalassogas y románticas teas. Hay que procurarse para compañeroalgún muchachoque nunca faltamás pagado de la honra de acompañar alseñor que de la propina que le esperay cargarle con un paquete deprosaicas velas de sebocerillas y ovillos de bramante. Este sabe el caminohaentrado alguna vez al antroy acaso afirma de buena fe que la pila de aguarecogida en la piedra por la filtración constantedentro de cuyo cristalsereno se ven con toda limpieza los guijarros caídos de la bóveda o arrojadospor el curiosono tiene fondo. Pero desconoce toda precaución pavorosoinútilde estas inventadas para deleite y emoción de audaces ladies ymisses. Nunca le ocurrióni le aconsejarontomar actitudes cómicashacer gestos y dirigir al peñasco miradas singulares; elegir determinadossitios para descansoy lugar donde arrimar el palodonde encender fuegohacerseñalesconsultar indiciosreferir casos trágicos o cómicos; ni asomar laantorcha encendida a ciertas cavidadespara prevenir influencias deletéreas delos gases esparcidos dentroo disparar pistoletazos a boca de las estanciaspara precipitar el desprendimiento de fragmentos inseguros que pudieran amagarla cabeza de los que entrasen luego; ni ofrecer su brazo o su hombro en ciertospasos ponderados de peligrosos y resbaladizosy que la imaginación del viajeroencuentra efectivamente resbaladizos y difícilescuando todo es imputacióncalumniosa.

Pero a trueque de estos dramáticos primores tan gratos de consignar en el pocket-booky de referir al regresar en los círculos familiaresla excursión con elmontañesillo ofrece el interés profundo y vivo de una exploración primeracasi de un descubrimiento. Démosla por hecha y continuemos la jornada.

El camino sube siempre faldeando la montañaopuesto al río que baja. Porsu ladera el unopor su pedregal el otroporfiando a quién hace más recodoso da más vueltasse acercan y se separan sin atravesarse nunca.

El camino trae al río cuentos de la mar y de lo que allá le esperay elrío cuenta al camino prodigios de los neveros de Pasdonde nacey adonde poralientos que tome no trepará nunca el camino. Diálogos entre señor y pecherobien avenidos y camaradasaficionado el primeroa pesar de su llaneza arecordar su origen y ascendencia remotaamigo de hacer beneficiosenemigo dediques y frenos que le coarteny muy hombre para saltar por cima de ellossile lastiman demasiadotremendo cuando la ira le hace espumar y retorcerseencuyo caso no hay sitio esperar a que desahogue y calme su furia; pero despuésde calmada se deja registrar hasta el fondo y saquear el seno de sus bolsillosdonde el pobredescalzo de pie y piernamete la mano desnuda y encuentrasino dinerosespecies que dineros valeny todo es pescar. El pecherollanoútilsufridomuy hecho a que le piseny vengándose a las calladas con hacersudar la gota gorda a los que abusan; tolerante hasta con los espumarajos delseñorporquecomo viene de la costasabe dónde y cómo acaban todasaquellas violencias y bramidos; siempre igualserenoplácidopero cauto ensu placidez y precaviéndose de las mudanzas de su aristocrático vecino conbuenos estribos y paredones.

El ríovenido de las nubes para tornar a ellaspasa la vida mirando alcielosiendo espejo fiel de sus mudanzasgozando de la poesía de lacreacióny es poetacanta y lloraconsuela sedientoslava miseriasfecundaarideces; el camino va pegado a la tierra sin erguirse jamásfalto de vozdeacción y abrumado del peso de tanta picardía humana como le trilla y le pasea;compensados ambos por la ley de justicia universal; al río nadie le halagamuchos le temen; a la carretera la componenla acicalan y es objeto constantede prolijo interés; vigilada sin cesartiene quien la arrebolela cuide y lacustodieingenierospeones y guardias civiles. Aquél recibió de Dios laindependencia; a ésta la mantienen en tutela los hombres que la construyeron.

Comienza a ensanchar el valle; en la otra orilla un nido de nogales encimadel lecho de las aguas es Cerrobárceno. Luego pasa el viajero por Aesy sepregunta acaso: ¿De dónde esa palabra purísima latinaen tierra cántabraimpenetrablecerrada siempre al hierro y a la lengua romana?

Enfrentepasado el ríouna torre robustacuadradadentro de un cerco dealmenasseñala el lugar de Penillatorre de los Bustillos queen vez deapoyarse en el monteparece que el monte se apoya en ella; tal es su fortaleza.La roca viva asoma su cabeza dentro del aposento bajocual si un esfuerzo de sucrecimiento hubiese roto el solado después de construido; la espalda del montesube hasta el nivel del piso primero; sus malezas penetran por las rejasy a lolargo de ellas suelen deslizarse las culebras ateridas buscando el calor de lavivienda. Si un día a la patria montañesa le nace tal hijo novelador yentusiasta como sus memorias y su hermosura pidenla torre de Penilla le daránoble teatro para interesantes escenas.

Más allá se espacia una tendida vega; al medio de ellaarrimado a unbosquecillo de alisosalza su campanario mutilado el convento de franciscos delSoto.

Una inscripción había en el conventosegún autor del pasado siglo(187)<notas.htm>que refería cómo en días de don Alfonso elCatólico(188) <notas.htm>yerno ysucesor del gran Pelayotras el breve reinado de Favilauna imagen de laVirgen se apareció en estos sitios a Ovechio u Ovecocapitán de loscántabrosel cualen memoria del sucesofundó un hospital en los mismoslugares.

En el siglo XVIla orden dominicatomando por su cuenta el abandonadoterritorio de la montañaintentó varias fundacionesy una de ellas en esteya santificado sitiosegún refiere su historiador Fray Juan Lópezobispo deMonópoli(189) <notas.htm>; mas nollegó por entonces a realizarse el pensamiento. Luego se establecieron losfranciscos con devoción general de la comarcaque aun acude a celebrar en laiglesia y su espacioso atrio el célebre jubileo anual de la Porciúncula.

Iruz y Corvera se miran de una a otra riberaaquél inmediato al monasterioéste atravesado por la carretera que más allá de su recinto serpea en cuestaa dominar las mieses.-El libro de las Behetrías dice que en Corvera estaba elcillero del reyesto esla casa o aposento en que se recogía y guardaba lacillatributo diezmal que pagaban en grano los pueblos Cillero del Rey sellamaba San Andrés de Prasesy uno y otro nombre prevalecen en dos barriadasCillero y Prasesseñaladas por dos santuarios. Blanquea el uno dentro de unasierra verde; el otroa la vera del caminoda refugio bajo el techo de supórtico al trajinero sorprendido por la lluvia o agobiado por el calor.

Desde allícruzando los ojos el ríodescubren en terreno quebrado yespeso la iglesia de Villasevilpuesta sobre alto terraplén vestido desillería.

Cierto episodio útil al novelador y de fácil empleo entre los que suimaginación le brinderecordaban el terraplénel pretil y la calleja a suspies hundidaa un viejo que gustaba de referirle.-Una noche tempestuosa y crudade principios del sigloun jinete llevado en alas de amorosa impacienciay enlomos de un bravo potrocegados los ojos del jinete por el vientola lluvia ylas tinieblasocupado su espíritu de más vivos cuidados que el cuidado deconservar su vidaembotado el instinto del bruto por las eléctricasemanaciones de la tormentaganan descaminados el borde del precipicio y saltano mejor caen en su fondo a impulso del desesperado galope; el cadáver del potroqueda allí embazando la trochay el mancebo heridorotodeslumbradoconvulsosangrientovivo por milagro de la Providencia guardadora de losintrépidosllega tardepero llega a la cita.

Los sollozos y lágrimaslas explosiones de dolor y de alegríalasternezas y delirios que pagaron aquella noche temerosalos riesgos corridos yla leal constancia del caballerolos hallará el novelador en su memoria si noestá olvidado de sus veinte años.

En las arboledas de Villasevil(190)<notas.htm> acampaba y en los lugares de sus contornos sehospedaban la escolta y acompañamiento de dos comitivas reales que se habíanencontrado aquí al mediar el mes de marzo de 1497. En la unavenía aquelpríncipe don Juanúnico hijo varón de los Reyes Católicosdespojado portemprana muerte de la gloria y del poder de heredarlos; en la otrala princesade Austria Margaritahermana de don Felipe el Hermosodestinada a esposa delpríncipe don Juan. Había desembarcado la princesa en Santandervenía de laculta y fastuosa corte de Borgoñay traía consigo los primeros carruajes delujo y de paseo que se vieron en Españasegún afirma Gonzalo Fernández deOviedo(191) <notas.htm>.

«Fizose el desposorio en Villasevilcabe Santander -dice el doctor Toledomédico de la Reina Católica(192) <notas.htm>-por mano del Patriarca de Alejandría y Arzobispo de Sevilla don Diego Hurtadode Mendoza.» Y fué poco venturosoporque en octubre del mismo año fallecíael desposado; su hijo póstumo don Miguel pasaba de la infancia a la huesayextinguida la línea masculina de las dinastías españolasentraba laaustríaca en cabeza del marido de doña Juana la Loca a regir el vasto imperiode ambos mundos.

De la agitaciónruido y fausto que aquí desenvolvía el acto y la grandeaglomeración de gentesda corta idea la feria que se celebra en 28 de agostodía de San Agustíndonde acude lo mejor del valle y sus comarcanos enriquezaalcuñagusto y hermosura.



 

 

- III -

Los Villegas.-Campiña.-Ontaneda

Junto a VillasevilSantiurde: de su antiguo nombre San Jorge(193)<notas.htm>conserva rastro en la advocación de suparroquial. Al amparo del bienaventurado caballeropropio patrón de hidalgosbelicososal cual el cristiano Don Quijote reputaba «uno de los mejores de lamilicia divina»tenían en Santiurde sus concejos y asamblea los procuradoresdel valle. Centro de vida política del cual salían acuerdos de servicios alreydemandas en querella de sus merinos y corregidoresmensajes de paz oprovocaciones altivas a los valles y señores vecinos.

No está lejos Aceredasolar antiguo de los Villegasenemigos perpetuos delos Manriquesy émulos de su dominación en el valle. Raza de audaces que yaen el siglo XIV daba adelantados a Castilla(194)<notas.htm>y mantuvo siempre vástagos suyos en servicioinmediato de los reyes desde los principios de la monarquía castellana. Mas node reales donacionessino de inmemorial herencia o adquiridos por mano propiaposeía en Toranzo vastos solares y tierras. Suyos eran la torre y palacio delCoterónen Villasevil; las casas de Castil-Pedrosoencaramadas en la sierraque separa a Buelna y Toranzoen las que persevera el apellidoy la fortalezade Aceredaque papeles de la casa pintan rodeada de murosfosos y barbacanas(195)<notas.htm>.

En Acereda mantenían soldados y monteroscon grande aparato de perros yhalconesque eran los Villegasa ley de altos señoresaficionados a volaruna garza en el llanoa acosar un jabalí en los vecinos acebales y lastrerasde Rugómez; y regaba sus parques un arroyode nombre rico en sonoridad ycoloridoPlatarolleradel cual apenas queda un eco lejano en el de Mataruyeracon que hoy corren sus aguas tan limpiastan melodiosastan plateadas como entiempos de mayor poesía.

Y tan duros contrarios eranquepara vencerlosotro Garci Fernándeznieto del primer conde de Castañedaheredero de sus estados y casaengrandecidos con el marquesado de Aguilarhubo de meter por sus tierras unahueste ordenada de cinco mil hombres de a pie y de a caballo. No dicen lasmemorias coetáneas si fué breve o larga la campañamas de cierto fuérigorosa; los pueblos inmediatos vieron arder la torre de Aceredaarruinarsehasta el cimientoy quedar exterminado para no recobrarse nunca aquel temiblenido de gavilanes(196) <notas.htm>.

Esto pasabaaños más o menoshacia 1480: reinaban poco había los ReyesCatólicosy ocupados en asegurar su solio y prevenirse a empresas exteriorestoleraban a sus grandes ciertas justicias expeditivas y de mano propia. Todavíala fuerza mayor era decisiva autoridad en las contiendas; no habían tenidoespacio ni reposo para fundar aquel ideal de equidad austerasegún la cualaldecir del ingenuo cura Bernáldez«los pobrecillos se ponían en justicia conlos caballerose la alcanzaban».

Si haces a pie la caminatay ereslectorde los que gustan trabarconversación con quien pueda ponerte en cuentos de los lugares que recorresdealgún torancés aprenderás cómo trocada la índole de los tiemposcambiantambién el uso de las cosas y su valor y aprecio; cómo se mudan en ocasión deescarniode zumba y remoquetes las que lo fueron de temor o de respeto. De lafortaleza natural de Aceredade su asiento roquerose burlan los pueblos deuno a otro extremo del vallecon decir que los piamonteses ambulantes no subena restañar las calderasfaltos de suelo blando en que hincar la bigornia.

En Borleña las lustrosas paseras brindaban en otro tiempo a cruzar elrío y descansar a la sombra de un fresco alisalque el Pas ha devorado;manadas de patos ocupan el pasoya meciéndose en las anchas ondulaciones delremansoya dormidos sobre la gramao atusándose su plumaje.

Villegaren cambiocomo un atezado hijo del Mediodíase recuesta al soldespojado de árbolesrico de praderas y maícesque extiende y encumbra hastael montecomo un mercader oriental que hace muestra ostentosa de sus matizadasalfombras y perfumadas telas.

Son las praderas de la montañaverdadera bendición de Diospatentesiempre a los ojos del aldeanocomo una alegría inmortal del cieloesparciendo en los aires su inagotable fraganciariendo a los ojos con losinfinitos matices de sus floresrojas amapolas de mayoamarillos ranúnculosde junioazules borrajas de agosto; blancas margaritascuyas estrellas deespuma no se apagan cuando el inquieto mar del heno crecido ahoga y sume susrastreros tallosni cuando el hielo invernizo que parece cuajar toda saviasuspender la vida en troncos y talloses impotente contra los vivaces retoñosde la pradera.

Esos henarespoblados de murmulloszumbidos y aleteos vivero de mariposasnido de alondrasen cuya blanda espalda se pintan las ráfagas de vientoabatiéndola a su pasose despliegan en la inmensa onda del valle de una a otraladeradesde el cueto pronunciado de Castillo-Pedrosohasta las fronterascumbres de Posadorio encima de Bejorís.

En tiempo de siegala aldea entera se traslada a trabajar en ellos. A sombrade los avellanos se establece el hogar: allí duerme el niño en pañalesguardado por el perromecido por el agudo pío del fraile grisesquivomorador del cerrado arbustomientras la familia entera participa de la faena:los varones adultosarmados de guadañas lucientescolodra al cintoderribancon mano segura la yerba; mujeres y chicos con horquillas y palos la vuelcan yla esponjan para-que sea curada por el sol y el aire.

Entonces por todas partes se oye el seco crujir del acero que hiere lasfibras vegetalesel martilleo con que el aldeano iguala las quiebras del dalleel estridor de la pizarra con que acicala su filoy el agreste cantar delas carretasstridentia plaustrade Virgiliode voz tan áspera yconstrucción tan tosca en sus ruedas y macizos ejescomo en los días delgeórgico poeta(197) <notas.htm>.

Ysin embargoese rechinar del carro tan desapacible para oídos urbanostiene expresión y melodía para los campesinos. Lo reconoce el viejo reducidopor la edad a guardar la casa; y se adelanta perezosamente a abrir las dos hojasdel portón para que entre en el corral la triunfadora carga coronada de unfresco gajo de juguetones chicuelos. Lo reconoce la zagalay siente parárselelos brazosy que se le van los ojos temerosa y ufana hacia el paraje adonde losllama el sonidoy procura por los claros de los setos o las casas descubrir almozo que guía la pareja.

De Villegar se baja a San Vicentelugar más considerabledominado por latorre polígona de su iglesiaalegrado por blancas quintas con ventanaje verdeverjas y jardines. Donde se levanta una de las más aparentesa la derecha yalgo desviada del caminose levantó la torre de los Manriquesla enemigavictoriosa de la torre de Acereda. Yo me acuerdo de ella: era cuadrada y macizacon angostas tronerasy tenía guarnición de soldados; fortificaciones decampaña la rodeaban con foso y parapeto; ciudadela erigida durante la guerracivil contra partidas y merodeadoresconvertida en amparo del valle después dehaber sido su yugo y su espantoa semejanza de los grandes pecadoresvueltos aDiosa la caridadcuando se les acerca la muerte. De ella no queda otrorecuerdo que el grabado en alguna imaginación infantil por su aspecto vetusto ysombríopor el aparato bélico que la cercaba y el pintoresco contraste de sutraza y fortaleza antigua con los fusiles y bayonetas empleados ahora en sucustodia y defensa.

Un marqués de Aguilardescendiente de los Garci-Fernández nombradosllegaba a las puertas de esa torre cierto día del mes de agosto de 1697.Acompañábanle criados de su casahidalgos y labradores; y como sin duda lahora convidaba a gozar del fresco de la tardeapeado del caballosentóse enel banco a umbrales de su solar.

En su cortejo parecían sus gentileshombres y servidumbre irritados yrecelososlos toranceses cabizbajos y pensativosmientras al rostro delmarqués salían indicios del mal reprimido despecho. Venía el cortejo de lasjuntas habidas en el acostumbrado sitioSantiurdeen las queengañandoesperanzas del marquéslos procuradores del valle habían resistido a susactos de prepotenciacondenando ciertas prisiones y malos tratamientosejecutados por oficiales suyos en defensores de las inmunidades y derechos de latierrarehusando perseguir a los naturales acusados de haber aliviado lospadecimientos de los presos y contribuido a libertarlos.

Eran las eternas diferencias entre el valle y su pretendido señor;impaciente aquél y esquivo a autoridad que no habla reconocidoperseveranteéste en el propósito tradicional de su casade poseerademás de las rentasjurisdicción civil y criminalalta y bajay mero mixto imperiocomo entoncesse escribía en autos.

Mas no eran ya los tiempos de los impetuosos fundadores de su señorío;habíanse amansado las costumbres; mas por desgraciaa la vez los bríos deraza desmayaban en todas las esferas sociales. Carlos II era reyOropesa oValenzuela privadosIglesia y milicia servían a intrigas de poco momento; y enquerellas de favoren unirse sin caloren odiarse sin energíagastaban suvida próceres y cortesanos. De éstos era el de Aguilar.

Un Garci Fernández de sus antecesoresreputando insolencia la firmeza deánimo de los concejosno los trajera en su cortejosino aherrojadosni seapartara de la junta rodeado como estaba de parciales sin soltar el freno a sufranca ira y tentaracero en puñodesquite de sangre o de fuego; el menguadodescendientesentadorecogido en sídejó hablar su cólera fría en undiscurso preñado de amenazas hipócritas y huecas.

«-Haced liga contra míseñoresconcertaos en menosprecio de mi justiciaque no tardaréis en tocar los frutos de semejante descuello. Hay cabezas enToranzo que se sobreponen y dominan como plantas viciosas; mas cuenta que haytambién jardineros cuidadosos del jardín que sabrán cercenar ambiciones eimpedir que flores inútiles y soberbias crezcan a expensas de otras humildesrobándolas sus jugos.»

«Término doy a los que me ofendieron para ponerse en salvo; hagan cuantoshoy asistieron a la junta por poner la mar en medio; plegue a Dios que se hallenen Indias cuando mi castigo los busque. Teman si no oír en hora inesperada lacampana que tañe a juiciojuicio inexorabledel cual no tienen por quéaguardar misericordia. Yo os prometo por mi nombreque cuando oigáis estesonido habéis de temblarsi para temblar os dan tiempo la cárcel y elcuchillo» -y sacando de su faltriquera una campanilla que de continuo usabapara llamar a sus familiaresla tañía con agridulce sonrisa(198)<notas.htm>.

Testigos del acto cuentan que los montañeses quedaron atemorizadosy suespanto se propagó a los confines del valle. También ellos decaían y lesfaltaba un arcipreste de Ceballosun Villegas o un Gutiérrez de Escalante(199)<notas.htm> que se pusiera intrépido a riesgo de muerterespondiendo con obras alas amenazas. Y se dejaron vencer del miedo y cedieronde su derecho.

¿No es cierto que al tenor de la oración en que andan por tan raro modomezclados el episodio de Tarquinoy su imitación por el rey Monjenosfiguramos al orador menguado de personasolapado de gestofrío de ojoscascado y agrio de vozruin en sumaa pesar de su alcurnia? ¡Qué fué deaquellos Manriques membrudosvellososde tan escasa facundia como robusto yágil y poderoso brazo!

Llegamos a paraje donde vuelven a acercarse las cordilleras y estrechar elvalleanunciando las gargantas postreraslímite de los páramos castellanos;por estos lugares tiene hoy nombre y fama Toranzofuera de sus asperezasmásque por ningún otro accidente de su hermosura o recuerdo de su pasado.

O las razas humanas tienen hoy más apego a la vidao la ciencia descubrenuevos medios de conservárselao son atormentadas por padecimientos ydolencias antes desconocidos. Siglos y siglos corrieron libres derramándosesobre la superficie de la tierra fuentes y manantiales de aguas intolerables alpaladarperniciosas al riegosin que el hombre soñara en indagar quéutilidad escondían bajo su apariencia repulsiva. Únicamente la imaginación delos pueblostanto más viva cuanto menos sujeta por las austeridades de larazónherida por ciertos accidentes externos y de fácil percepciónfétidosvaporesintermitencias misteriosasdepósitos calizos que envolviendo losobjetos sumergidos los petrificabanacudiendo a su necesario refugiodiósobrenatural y maravilloso origen a los fenómenos cuya causa inmediatadesconocía; y turbios o cristalinoshirvientes o glacialesinodoros o ricosen sulfúreas emanacionesfueron los manantiales morada de genios benéficos omalhechoresefecto de maldición divinatestimonio de milagroso respiraderosinfernales.

¿Cuál otro origen reconocen las míticas tradiciones de fuentessúbitamente agotadas para castigo de humanos extravíos; la leyendacaballeresca de heridas mortalescuradas por aguas de virtud divina; lafrecuente conseja de diabólicas apariciones que al sumirse en tierra dejaronperenne rastro de sí en sulfurosos vapores; la dura espada convertida enfrágil vidrioel báculo ligero en ponderosa piedra?

¿Serápor otra partecierto que a la superstición del espíritucorresponde el instinto de la materia? ¿Quién inspiraba a gentes ignorantesrudasdesprovistas de toda noción fuera de las instintivassin más consejoque cierta experiencia de origen inmemorial imposible de señalarla acción debuscar remedio a sus enfermedades en las aguas misteriosas?

Porque es tradición indudable en todas o la mayor parte de las comarcastermales quesin arredrarse de largo caminosin temer a las privaciones yriesgos de un despobladoacudían pacientes a la milagrosa piscinaa sanarunosa perecer otros para cuyos males era mortal el específico. De éstos seolvidaba el mundoguardaba memoria de los afortunadosy ella bastaba aperpetuar la confianza y mantener la peregrinación constante.

Esta fe ciega es hoy todavía comúny sin la ciencia que vela a orillas delmedicinal venerosus cristalinas ondas serían a menudo sepulcro de alucinadosy fanáticos.

Dueña ya la ciencia de sus ocultas propiedadespropagadora incansable delbeneficio de sus aplicacionesdió campo a la industriay ésta no se hizo derogar para labrarle y aprovechar sus frutosy del manantial se pobló el yermose aumentó la aldeay el caudal geográfico de las gentes se enriqueció conun nombre propio.

A este caudal pertenece el de Ontaneda. Sus nogales y castaños dan sombra amuchos achaquesa muchos desvelosafanes y ambicionesporque en la treguanecesaria que todos buscamos al cotidiano empleo de nuestras horasde nuestrasfuerzas y acción vitalel espíritu no descansa y continúa siempre combatidoo minadoo enardecido y provocado por aquel agente único y principal de suvidapolíticanegocioamorsantidadpoesía o gula.

Tiene la iglesia en bajopara no fatigar los valetudinarios miembros de losfieles; la botica sobre la carreterapronta a quien necesita sus jarabes ylinimentos; esparcidas las viviendas al sol sobre la verde alfombra de lacampiña; apretada la población antigua entre la plaza y la parroquia y elpalacio; diseminada la nuevala estacionalla nacida de las aguasainmediación de éstas.

Sobre su nacimiento está fundada la más vasta de las hospederías quenaturalmente y con propiedad suma lleva el nombre de Casa de baños:fórmanla dos cuerpos en ángulo rectode dos pisos cada uno; su arquitecturaes modestao más bien humilde; delante halla el bañista la sombra de algunosplátanosla compañía de algunas floresel recreo de un juego de bolos;dentrohabitaciones y menaje medianosbuena sociedad a menudo y excelente mesasiempre. Lo que Ontaneda economizó la industria al manejar las aguasesparcirlas en pilasrecogerlas en chorrosadelgazarlas en surtidoreslogastó pródiga en el vecino manantial de Alcedadonde la vena cristalinaruedasaltaondealava y cura a través de ricos mármoles y bruñidosbronces que visten las lujosas termas; pero aquí falta el hospedaje a raíz delbañoel caserío dista un paseoy esta molestia compensa para algunos otrasventajas.

La vena sulfurosa mina todas aquellas cercaníasy fluye a borbollones enuna y otra parte del río. En su orilla derecha se pierde inútilmente unmanantial que brota en tierras de Bejoríspueblo solariegopeligrosamenteasentado a la caída de un siniestro torrente. Jonaz -que así se llama-a modode los titanes fabulososno tiene vida regular y serenao duerme o lucha; oyace aletargado sumido en cavernoso lechoo se derrumba estrepitosomugiendoespumando con irresistible fuerzaamagando sepultarno en ondas de aguasinoen aluviones de piedraárbolesedificios y vivientes.

Como a margen de tranquilas aguas ondean en dunas y médanos las arenasarrastradas por la corrientea margen de Jonaz se encuentra apilada o tendidaporción asombrosa de cudones redondeados y bruñidos por la repetida percusiónen su extraordinaria caída desde el monte al valle. Si os mueve curiosidad desaber qué fuerza plegó o cernió tan duros y pesados materialestrepad eldespeñadero arribay alláen una grieta obscura de la montañaoiréissonar en la roca un hilo finísimo de aguacuyo frío jamás entibia el sol.Aquel tenue gemido es la voz del agente cuyo brazo amenaza a Bejorís con elsuplicio que la ley de pueblos antiguos daba al ladrón de la honra o del caudalajeno.

En Bejorís tuvo solar el gran Quevedo(200)<notas.htm>; años hace le señalaban cuatro arruinadas paredesvestidas de zarza y helecho sobre el áspero declive de un prado llamado elEscajalcuyos gallardos robles saltea el Pas en sus avenidas y se los lleva deuno en unocon la tierra donde arraigan. Como hacienda abandonada de su amolehalló el poeta cuando vino a visitarley le pintó con implacable numensatírico:

 

Es mi casa solariega

 

más solariega que otras

 

pues por no tener tejado

 

le da el sol a todas horas(201)<notas.htm>.

En las blasonadas casas del pueblose repite el caballeresco blasón de losPortillasy su cristiana divisa Credo in unum Deum noblemente sostenidadesde la restauración de España por sus hidalgos miembros en la miliciacleroy magistratura española en Flandes y en Portugalen las Chancillerías deGranada y Ultramaren la Inquisición de Córdoba y en la silla episcopal deMallorca(202) <notas.htm>.

Ya el valle deja de serioy cuando llega a Entrambas mestas se divide aOriente y Mediodía en dos angostas y retorcidas cañadas que sirven de cauce alPas derramado de la sierra de su nombreal Luena desprendido de las alturas quemarcan el límite de la tierra castellana.

Más arriba son ya regiones alpestresde estas donde la vena de agua esabsoluta señoracomo forma inicial de la fuerza creatriz que dió substancia yforma al globo; la vena de agua que fecunda y desbarataque arruina y hermoseaque taja la rocaabre el senderoriega la tierranutre el árbolllama alhombrecimenta la casa y titula el pueblo. Luena se llama el ríoLuena laaldeay cuando la devoción o la desgracia buscó un patrono en el cieloapellidó al bienaventurado con el nombre del lugary llamó a su desdobladapoblación San Andrés de Luena y San Miguel de Luena.

Más allá serpea el camino a vencer el dorso de la cordilleraa pasar aCastilla; el estudiante de mi tiempo al llegar a aquellos parajes en los asomosdel otoñoarrastrado dentro de la pesada mole de la diligenciasaludaba a losvalles y costas nativas con pesar acasoacaso con alegría. ¿No había entreellos quien más allá del confín montañés hallaba libertad absoluta yvaronil independenciasueño pertinaz del adolescente? ¿No había tambiénquien ya probado el desengaño de esa libertad mentidavela únicamente al otrolado de los montes el tedio de penosos y difíciles deberes? Desde allí se dabaadiós al mara los días vagabundosa la doméstica abundancia y la alegría;desde allí se daba adiós a muchas otras cosas. Dichosos aquellos para quienesese adiós no fué un adiós postrero.

Pero no olvidemos que nos aguardan otros valles y la estación de Tanosmostrándonos nuevos caminos.

La cuenca del Besaya

 

 

 

- I -

Yermo.-Caldas de Buelna

Subir la cuenca del Besaya es paseo que el curioso de arquitectura hará confruto y placer.-Era ése el camino por donde comunicaban la Montaña y granparte de su marina con el riñón de Castilla; por él iban y venían trajinerosy soldadoscobradores de tributos y fundadores de monasteriosmerinos yabadescorregidores y misioneros; por él la justicia y las leyes; por él lanoticia de los progresos y esperanzas de la historia nacional; por él lastradiciones y los principios de arte.

El arte primero que nació de la expansión y libertad del culto cristianoapenas éste poseyó medios y caudales para establecerse en casa propia sinocupar desalojadas aras de júpiter o Minervadejó aquí duraderos monumentosque aún subsistendesde el peregrino santuario de Morosode ignoto origen eislamita castahasta el de Yermoremovidorestaurado en tiempos diversos yfirmada su más importante y completa renovación en el siglo XIII por elartífice autor de ella; desde San Lorenzo de Pujayoconsagrado por un preladode Burgoshasta la iglesia vieja de Silióémula de las de Castañeda ySantillana en galas de piedra esculpida.

A la entrada de esta cuencacuyos valles les pertenecíany en su villa deCarteshabían erigido los Manriques una fortalezasin duda contra suspeligrosos vecinos los de la Vega. Y tan oportunamente habían escogido suasientoque cuando a las antiguas vías desiguales y escabrosas reemplazó elancho y macizo arrecife modernono halló escape y tuvo que ir a pasar bajo losrastrillos de la fortaleza. Por bajo de ellapor su ancha plaza de armas yhondo patio ahumado por las lumbradas de ballesteros y gente de armaspasamosnosotrosporque si hemos de visitar con holgura y libertad los monumentos yrecoger sus inscripcionesmás que los muelles cojines del carruajenosconviene la herrada suela del veredero.

Robusto y entero todavía el castillofué descabezado; sirvieron suspiedras para edificar en sus cercaníaspara establecer viviendas dentro de suspropias entrañas. Tenía su almenaje corrido sobre una cornisa cortada enmodillones angreladosy en los cuatro ángulos de su azotea cuatro redondoscubosatalayas o garitas empenachadas por la vegetación parásita de lossiglos. Tenía sobre sus puertas ladroneras y matacanes que las defendíanytan altasque el mandrón o el guijarro caído a plomo sobre el atrevido que searrimase a aportillarlasmellaba sin fallir el mejor capacete y rendía el másduro brazo del escudo; y tenla en sus ventanas cruzados hierrospor donde eldefensor podía asestar tranquilamente sus saetaspero que desafiaban lospuños y la destreza del escalador más audaz y experto. Arrasado ahora a nivelde los tejados de la villano llamacomo antesde lejos al curiosoni tieneotra cosa que mostrarle más que las gastadas canales por donde caían losrastrillosy algunas de aquellas impenetrables cifras con que los canteros delos siglos medios signaban sus labores.


Abocado ya a la primera garganta por donde el río vieneestá Río-Corvo.Apartémonos a la derecha a visitar a Yermo. Un camino de montañapartido dehierba y cudonesde agua y hojasnos lleva en pocos minutos. Yermo tiene en laMontaña supersticioso crédito de antigüedad remotay lo trae de serietributaria la iglesia de Santillanatan reputada de inmemorial y vieja. Viejaes la fundación de Yermo en verdad; no tanto el edificio que ahora subsisterestablecido con las reliquias de un predecesor suyoy restablecido como sepudo y dieron de sí los materiales y el ingenio del artíficeno como el gustopuro y la artística ley pedían.

La invasión sarracena y la catástrofe de Guadalete habían despoblado decristianos las provincias del Mediodía de España(203)<notas.htm>. En el común pavor envueltos monjes y preladosseacogían a las montañasal refugio postrero de la fe y de la patriayamparándose en ellas pretendían con nuevas fundaciones compensar la sedeperdida y el profanado monasterio(204)<notas.htm>.

Así vinieron Ariulfoinsigne obispo de Mériday Severino o Severoque lohabía sido de Baeza(205) <notas.htm>y fundaron iglesia en Yermoen el territorio de Camesa(206)la cualcon otras que igualmente les pertenecíancedieron en la era 991 (A.C.-853) a la insigne de San Salvador de Oviedo(207)<notas.htm>.

No son de tan añejos días la puerta abocinadalos arcos apuntados que hoydan entrada al templo; eslo acaso su planta cuadrangularexigua y orientada.Tampoco proceden del templo primitivo las devotas figuras metidas en nichosempotrados en el lienzo septentrionalreliquias de monumento fúnebre labradoacaso en la undécima centuria y puestas allí como material de restauracióntan extrañadas de su propio y natural destino; ni el bulto de fieraleonapantera o loba con sus cachorros que las acompañasímbolo probable dematernidad celosa y formidable amparoque aceptó la Iglesia y heredó el artedel materno emblema de Romaadaptándolo al simbolismo nuevo. Las hiladas desillarejointerrumpidas y trocadasdan bastante indicio de las vicisitudes dela construcción y sus varios momentosy se puede afirmar que no solamente demateriales nuevos sino de materiales antiguosy de otros que preparados enanteriores tiempos no hablan tenido aún oportuna aplicaciónse valió elarquitecto Quintanaque en 1203 se atribuía por boca del mismo edificio suconstrucción.

En la cara interna del machón diestrobajo la imposta de la entradagrabóiliterato escoplo su memoria:

(208) <notas.htm>

En los capiteles de esta mano se distingue una figura de cabello largo yropas talarespuesta entre dosal parecerleones. Los leones en uno de loscapiteles levantan la cabeza hacia lo altoen el otro la humillan al suelo.¿Son dos tiempos de un mismo suceso? ¿Representan a Daniel? ¿O una escena demartirio frecuente en los circos romanosdonde a veces la voz o la presencia dela víctima ofrecida a su apetito amansaba y rendía a las fieras? Los capitelesde la otra mano representan sucesos de caballería; en el unodos jinetespelean a vista de una dama; en el otrodos hipogrifos abren sus alas ociosas;¿esperan el fin del duelo para transportar al vencedor y a su cautiva olibertadapremio cierto de la victoriaa fantásticas regiones?

En el campo del tímpano retuerce y anilla su larga y escamosa cola unmonstruoso dragón de viperina cabeza y saltones ojos; con él pelea un paladínbien armadoSan Jorge acasoal cual asiste y esfuerza un ángel; constantealegoría del arte románicotal vez cifra y resumen del perenne combate de lavidael que sostienen dentro del hombre y dentro de la sociedad los dosprincipios eternos de la naturalezacuyas victorias y derrotas son lamanifestación constante y evidente de la augusta libertad humana.

Esta fachada de Yermoque mira al Surdesaplomada y hendida pesa caducasobre puntales de madera. Tiene enfrente dos troncos viejísimos de fresno quedesmochadosretoñan con juvenil lozanía; pero la fábrica humana no tiene lasavia de inextinguible vida que la madre naturaleza hace correr por las venas desus vigorosas criaturas.

Al pie del collado de Yermo corre un arroyoBelmonteque sale al Besaya porbajo de la carretera en Riocorvo. La carretera se entra en una hoz sombríaencuyo fondo duerme el río dentro de blancas cuencas de rocacuyos bordes afilanel solel viento y la lluvia.

Ásperos lugarescuya soledad y tristeza contrastan con la luz y la alegríade la maravillosa vega que acabamos de atravesary con el abierto y plácidohorizonte de Buelnaque hallaremos presto. Mas antes hay donde nos detenganamigos acasoy de cierto recuerdos de doliente sanado y agradecido.

Llegamos a uno de los parajes de mayor devoción en la Montaña y de no cortafama en las restantes provincias españolas. Nacida la devoción de una antiguay milagrosa imagen de Maríafiada a la custodia de sus leales servidores loshijos de Santo Domingo de Guzmán; nacida la fama de un prodigioso manantialenel cualrenovados los bíblicos asombrosse ven cada llora entrar tullidosmancos y cojos y salir sanadosvencido el malrecobrada la vida: que la vidano consiste únicamente en respirar y alimentarse; la vida es gozar del plenoejercicio de sus miembrostenerlos dóciles y prontos a la voluntad delespírituágiles para el bien comúndiestros para su empleo de vencer ydominar resistenciasaprovechando los dones de la naturalezaexplotando susarcanosasistiendo a la acción universal humanaal creciente y progresivomovimientodestino y misión de nuestra terrenal existencia.

Los incrédulos e indiferentesrepuesta la saludlogrado el fin de suvenidaparten contentos sin darse a discurrir de dónde traen su virtudmisteriosa aquellas aguas en que visiblemente se ahoga el principio morboso queles roía y quebrantaba el cuerposi de agentes increadosde ignoto origen yconfusa raleasi de una voluntad superiordivinaanterior al mundo y creadorasuya. Los piadososlas mujeres principalmenteno se alejan sin pagar ni oíruna misa a Nuestra Señora de las Caldas.

La subida de la varga es penosa para pies gotosos o piernas lisiadas; por esoes aspiración supremaideal de tantos enfermos forzados a permanecer abajoentre el manantial y la hospederíapresos por la dolenciala de poder treparalgún día la altura y gozar la fresca sombra de sus árbolesentre los cualesven con envidia correr y solazarse a otros más afortunados. Arrimados al brazode otra personao a un par de muletasrecostándose sobre el muro del puente oal pretil de los caminosse los ve fijar tristes la mirada en aquellos parajesvedados a su impotencia; y más da que compadecer la melancolía de sus ojosque la vista de sus achaques o de sus heridas.

La historia del manantial se conserva en la memoria de las familiasen elagradecimiento de los dolientesen los anales estadísticos de la cienciamédica; la del convento está escrita en un libro compuesto a fines del sigloXVII por uno de sus prioresFr. Alonso del Pozocalificador del Santo Oficio(209)<notas.htm>.

Refiriéndose el historiador al que lo fué de su religión dominicaFr.Juan Lópezobispo de Monópolicuenta quevenidos a estas montañas por losaños de 1570 misioneros de la ordenhalláronlas en tanto descuido eignoranciaque preguntados sus naturales ancianos sobre la forma depredicación usada en ellasrespondían asombrados: -«¡Yo en mi vida he oídosermón!»- Con semejante noticiala celosa ordencuyo especial instituto erala propagación de la fe católica por medio de la predicación de su santadoctrinapensó en realizar su emblemaplantando aquí la mística antorchaque alumbrase tan lastimosa tiniebla. Y eligió para fundaciones cuatro lugareslos de PotesSantillanalas Caldas y el Soto. De ésteya vimos cómo cambióde objeto; de los dos primeros diremos en sazón y tiempo.

Sazón y tiempo faltaron al intento de los dominicoscuya ejecución quedósuspensa por largos años. Pero ya en el de 1605 se fundaba en Santillana el de ReginaCœliy con él tomaba pie y solar en la Montaña la perseverante familiadel insigne Guzmán.

Barroslugar del valle de Buelna y señorío de los marqueses de Aguilarera dueño de una ermitaen la que con título de las Caldastomado delcálido raudal que cerca brotabase veneraba de tiempo inmemorial la Virgen. Suefigie era de talla; vistiéronla luego con telas más ricas que oportunasnecesidad de los tiempos o tiranía de la costumbre.

Barrospuesdeseoso de mejor servicio en lo espiritualy de satisfacer ala constante y general devoción a su Virgentrató con los dominicos deSantillana cederles su imagen y ermita a cambio de establecer en ésta dosreligiosos para las necesidades del culto.

Tales fueron los principios del monasterioque en capítulo general de laOrdenen mayo de 1611fué declarado independiente del de Regina Cœliseñalandovicario propio con título de prior para su gobierno: eran entonces provincialde la de Castilla el M. R. P. M. Fr. Pedro de Contrerasy prior de Santillanael padre Fr. Juan de Montemayor.

Ya con el calor y energía que infunde el trabajar en cosa propiacomenzaronlos frailes a ensanchar y engrandecer su convento; y aunque les ponía coto elcorto terrenolimitado por el camino de Castilla y el peñascoedificaronsacristíacoro y un dormitoriocapaz de cinco o seis celdillas de tabladodice el P. Pozo.

Con el año de 1663 llegaba para el convento de las Caldas el día de sucompleto y próspero crecimiento. Del colegio de San Gregorio de Valladolidsalió comisionado por el rector y consiliarios el castellano Fr. Juan Malfazpara hacer las pruebas de un pretendiente montañésnatural del lugar deRumoroso. De paso por las Caldasentróse a hacer oracióny movido sucorazón por la aspereza y grandiosa soledad del sitio y su conveniencia para lavida religiosa y enseñanza de la doctrina cristianadeterminó emplearse contodo celo y eficacia en procurar y reunir los medios necesarios para que laapostólica cosecha fuese tan ricapronta y abundante como a sus ojos el estadode la mies prometía.

En conseguirlo puso todos sus conatosiniciando la empresa a su vuelta aValladolid. Pero la voluntad individualpor briosa y resuelta que parezcaeslimitada en sus mediosy pocas veces alcanza la mano adonde están puestos losojos. La del P. Malfaz solaaunque ayudada por la aquiescencia de sussuperioresacaso hubiera desfallecido y cansádose antes de dar cabo a supropósitoa no verse acogida y cordialmente amparada por la de una damamontañesaconsiderable en la tierra por su apellido y sus bienes.

Siguiendo pleito con un su hermano ante aquella Cancillería hallábase en lareferida ciudad la señora doña María Ana Velarde de la Sierraviuda delcaballero don Fernando de Herreraseñor de la casa de Miengo(210)<notas.htm>. Hija de confesión de los dominicospuesta enautos de lo que se tratabaexcitado su piadoso celo con la esperanza de tamañobeneficio para las almas de sus montañesesentró sincera y resueltamente enel plany escribiendo al provincial Fr. Juan Martínez de Pradoresidenteentonces en San Esteban de Salamancapintóle la necesidad extrema en que suspaisanos estaban de predicación y doctrinaofreciendo ayudar con su hacienda ylimosnaella y su familiaal sustento de los religiosos.

Con tan eficaz patrociniola orden resolvió impulsar la fundación deCaldasy para ello diputó al mismo Fr. Juan Malfaz dándole por compañero alcolegial de Rumoroso Fr. Hernando Menocalel cual andando los años llegó aser famoso en el púlpitoconocido entre las gentes con el nombre de Padrede las verdadespor las que decía predicandoy murió prior de suconvento de San Ildefonso de Ajo.

Llegaron los enérgicos apóstoles a su destino el 8 de octubre de 1663. Superseverancia y la de cuantos les ayudaron o sucedieron tantos y tan robustosobstáculos hallabaque hasta el de 1683 no fueron terminadas las obras delactual monasterio. En tan largo plazo de veinte añoshabían tenido tiempo deentregar su alma a DiosFr. Juanen edad verde todavía para el ministerioapostólico (cincuenta y dos años); y doña Ana Maríavistiendo el hábitodescubierto del Patriarca (orden tercera de Santo Domingo).

Señalada la fecha de la construcciónqueda escrito su gusto yproporciones. Época decadente y triste para el arte como para la patria. Latradición del romano Herrera palidecía y se acababadegenerandoperdiendo laaustera grandezasu calidad ingénitaa favor de la cual en los asombros de laimpresión primera no se perciben su fría elegancia y sequedad ascética. Lacorrección severa del dórico escurialenseo toledanotrocada en licenciosabastardíadaba ser a un orden espuriocornisamentos sin arquitrabecúpulassin tambor o cimborriopilastras enflaquecidas por recuadrosen vez de lasestrías que las visten y aligeran. A tales troncos arrimó sus crespos einverosímiles ramajes el gusto que del nombre de uno de sus más ilustressecuaces fué llamado churriguerescoy obedeciendo a tales principios seedificó en los reinos de España durante los siglos XVII y XVIIIherido elarte por la creciente pobreza del Estadoy precisado a medir sus vuelos yproporcionar sus aspiraciones al caudal de que disponía.

La pobre portadapobre en proporciones y en gustoautorizada por la imagendel santo fundador vestida de sus hábitos blancos y negrosno anuncia la naveanchurosa y vastacortada por otra menor en cruz latina bajo cuya bóvedadurante tantos añoshicieron las familias hidalgas de la comarca resonar laspreces de sus funerales.

Los que no traían a enterrar aquí sus muertosvenían en luctuosaperegrinaciónconvocados de los valles extremos de la provincia a exequias yaniversarios; así los libros de asiento de esta santa casa debieron serheráldico necrológico de apellidos ilustresjuntados para la verdad ydesengaño de la muertecontraste de las genealogías y entronques conservadospara los fines ambiciosos o soberbios de la vida.

Aquí se recogían tambiénen señaladas épocas del añoa llevar lapenitente vida de los dominicosa participar de sus austeridades y rezosmuchos varones respetablesarrancándose por algunos días al regalo y dulzurasde la familia.

La hoz de los Caldas abre al Sur sobre el valle de Bucina. Rectocomo tirode artilleríale atraviesa el ferrocarril; a su izquierda deja los pueblos delconcejo de San Felicespuestos sobre un alto rellano tajado sobre la vegaamanera de costa sobre desecado piélago; a su derechaperdido entre desigualesbreñasCóocazadero de corzos; mientras labran el llanole sieganle podany le cosechan BarrosSan Mateolos Corrales y Somahozya a la entrada denuevo desfiladerotan quebrantado y retorcidoque por cinco veces enintervalos de segundoslos duros y tenaces carriles entran en las entrañas dela roca y salen de ella como sierpe acosada. Mientras ellos siguen a llenar susdestinosnosotrossaltando sobre los cudones y lastras que la corrientemenguada deja en secovamos a nuevas exploraciones.



 

 

- II -

San Román de Moroso.-Doña Urraca.-Val-de-Iguña.-PuertosArriba

Hay un camino que traían los corzos cuando el tráfago humano no los habíaahuyentado hasta lo más áspero y despoblado de la comarcay cuando tomadospor nieves y hielos sus claros y enriscados manantiales de las alturasbajabana beber al Besaya.

Este camino escomo tantos otros de la Montañael cauce abierto en la penapor una vena de agua desgajada de remota cumbre. Viajero o corzoquien lo tomeha de trepar saltando de la roca al troncodel tronco a la lastrade la lastraal manchón de tierraamasado y sostenido por la raigambre de espinos y zarzasde helechos y vides silvestres; cruzando de una a otra margenespantandopájaros y reptilesoyendo el grato y sonoro vuelo de los unosy el agrio yrepulsivo serpear de los otros sobre yerba y hojarasca; mirándose en laslimpias pozasque señalan durante el estío la interrumpida corrientey enunas partes reflejan el claro cieloen otras el rico y matizado follaje de laumbría.

Pero si duro el caminoes amén de pintoresco breve; luego se llega alpoblado bosque. Los árboles parecen a los hombres: aquellos que nacieron enquiebras bajas u hondos barrancoscrecen rectos a buscar el solsin espaciarseen vago ramajeconcentrando savia y vida en dar a su tronco robustez y empuje;empuje que levante en breve su copa a desembarazada alturarobustez que loafirme y asegure contra vientos y tempestades: los nacidos sobre orgullosascumbrestienden en cambio anchas y opulentas ramas; su frutosi lo críancaeal alcance de infantiles manos; su prodigada sombra abriga rebaños y pastores;déjanse quemar el tronco por la hoguera que a sus pies el leñador enciendeyabrasada su entrañatodavía hojecen lozanos y fructifican. En tantosi fuegoo hierro tocan en lo vivo al que sólo en medrar pensaba y subir hasta el cielocae y se derrumba enteroy fenecen de golpe su ambición y su vida.

En la margen derecha de la arroyadasobre un terreno descuajado y cubiertode heno tupidoestá lo que fué iglesia del priorato de Moroso. Fábrica deárea brevede planta rectangular partida en dosa Levante la menos espaciosala que en términos de arte se llamaba pronaos o galilea; aPoniente la más ancha y largala nave propiamente dicha. Una entrada por elNortegallardo arco de herradura puesto sobre dos columnas de fustes cortos ycapiteles de labor estalactita o de bovedillascon imposta de losetas enresalto del capitel al arco; canecillos voladoscuyo perfil lateral dibujantres círculos de diámetro sucesivamente menory un bocel que los terminasonsu ornamentación y rasgos fisonómicos. Otro arco idéntico al de la puertacomunica ambas estanciasy en su intradós aparecen huellas de pintura: latechumbre hundiósey en las paredes quedan los arranques de la bóveda decañón.

¿Quién erigió el edificio? Un angostísimo lucero o aspillera abierto ensu cabecera orientales diámetro de una estrella cuyas ocho puntas abren enchaflán el macizo del muro desde el lucero a la superficie externa; otra cruzsemejante corona la espadaña. Este símbolo de la orden hospitalaria blasonaaún solares de las cercanías donde la orden tuvo dominio(211)<notas.htm>.

¿Serían los caballeros de San Juan los fundadores de Moroso? Ellos teníanen Oriente glorioso predominio: allí guerreaban contra infielesy de susdespojos erigían templos y hospederías; el arquitecto de Morosovenido dePalestinatraía en su mente la imagen o el recuerdo tenaz de lasconstrucciones siríacasy diputado por la religión poderosa en cuyo serviciotrabajaba para alzar un santuariolo trazó conforme con los principioshondamente encarnados en su memoria

Así se explicaría la existencia en nuestras breñasvírgenes dedominación o influencia sarracenade ese gallardo tipo arquitectónicovenerable reliquia que parece arrancada del morisco suelo de Córdoba o Granadadel cual son orgullo y encanto sus análogos y semejantes. Sólo que al labrarlas mezquitas andaluzassus autores no preveían ni en sueños la cruz plantadaluego por la conquista sobre sus almenadas azoteasy el arquitecto de lamezquita cántabra la pintaba en sus planos por remate de su obrala abría enel muro principal y acaso la llevaba sobre su pecho.

Sin embargoen aquéllas suena todavía la oración cristianafervorosa ytierna; de éstasólo sube a Dios el himno de la naturalezala voz delpájaro que anida en las piedrasel suspiro del viento en las yedras que lasdesencajan y envuelvenel zumbar del insecto despertado por el rayo del sol quecalienta su albergue; suavísima armoníapero falta del hondo acentoagradecido o penitentealma y vida de la oración humana.

Hasta sus arcas de piedra que fueron ataúdes y hoy recogen las aguas delcielo y las conservan para los pájarosparecen piscinas puestas a ambos ladosde la puerta para las abluciones mahometanas.

Lo cierto acerca de Morosoya monasterioes que en los anos de 1119pertenecía a la reina Doña Urracaaquella célebre mujer a quien el doctoMariana llamó en sus historias «recia de condición y brava»y de la cual yaqueda hecha mención ligera en este libro(212)<notas.htm>.

A 25 de Marzo del citado año hacía donación de este su monasterio de SanRomán de Morosocon todos sus anejos y propiedadesal de Santo Domingo deSilosde la orden de San Benitola cual lo convertía en priorato(213)<notas.htm>.

Una tradición curiosaviva todavíaperpetúa aquí el nombre de laantigua poseedora y donataria. A la otra parte de una de aquellas soberbias yaterciopeladas cumbresmirando entre Levante y Mediodíaestá Cotillopueblodel valle de Anievas: por él pasó Doña Urraca viniendo peregrina alsantuarioy en él dejó su comitivacaballerías y fardajesea por llegar apie y con mayor devoción al monasteriosea porque tomase miedo a cabalgar entan agrio e inseguro piso. Al volver hallóse descolados caballos y acémilas:tan mal guardados estuvieron por palafreneros y caballerizoso tan amañadatenían los de Cotillo su venganzay tan diestros anduvieron en ejecutarla.¿De qué se vengaban? Porque tan sangriento ultraje no podía ser bárbaropasatiempo de las montañas. Calla en ello la tradiciónpero dice que a su vezla reina castigó la ofensaestableciendo por pública escritura y mandamientoreal que a nadie de los nacidos en Cotilloo que de Cotillo tengan su linajese diera en tiempo alguno el priorato de Moroso.

Averiguada la época de la venida de Doña Urraca a esta tierraseríahacedero opinarcon viso de certidumbreacerca del origen y significado delsupuesto acaecimiento.

¿Dice relación con el cuento de sus extravíostema a la sazón decotidiana plática en los hogares castellanosporque siempre gustó el pueblode entretenerse a costa de las flaquezas de sus príncipes y señores? Sería¿ya invención o ya hecho positivouna protesta que gentes de corazón honradoy hábitos feroces levantaban contra el disimulado adulterio o el escandalomanifiesto?

¡Cuántas veces el pueblofalto de medios para ejercer su justiciaparasaciar su odio o probar su agradecimientocreó la tradicióny en ellaalumbrada por la luz de la pasión popularparece ésta o la otra figurahistórica tan diferente de la conservada en las memorias y papeles de quedoctos y eruditos han hecho autoridad irrecusable y definitiva! ¡Cuántas vecesla tradición se engendró de gérmenes impostoresde un hechode una palabraforjados por el interés de un hombre o de una corporacióno de un bando;semilla que puesta en tierra ricaviciosa y a ninguna otra obra de fecundacióndistraídase desarrollaba penetrando su raíz a honduras donde la extirpaciónera imposibletrepando al aire y esparciendo tan generosa pompa de apretadashojas y vistosas floresque a su sombra se acogieron y vivieron creenciasilusionesla vida entera del corazón y de la mente!

Pero ni amigos ni contrarios de cuantos dejaron o hicieron memoria escrita deDoña Urracaseñalan entre las vicisitudes de su existencia andariega yagitada una que la trajese a penetrar tan adentro en asperezas sospechosasentonces y mal conocidas.

Metida en guerrasya con su marido don Alfonso de Aragónya con su hijoque fué después de ella séptimo Alfonso en Castillacruzó una y otra vezlas fraguras asturianas y las parameras de Camposen son de fuga o en son dearremetidanunca en paz y con sosiego bastante para explayarse en inútilesvisitas de santuarios.

Obedecía entoncescomo es sabidola tierra montañesa al conde don RodrigoGonzález de Larahermano de aquel don Pedrosupuesto amante o marido de DoñaUrracay las historias del tiempo no registran discordia asaz fuerte entreambos hermanos que explique la afrenta hecha en tierras del uno a la regia amigao consorte del otro. Habría en tal caso precedido a los días de favor delconde don Pedroque principiando hacia el 1113puesto que al año inmediatoera ya pasto de la general maledicencia(214)<notas.htm>duraron hasta el fin de los de Doña Urraca en1126.

Entonces la bajada de la reina y suceso de Cotillo hubieron podido seracaecidos dentro del 1111cuando vencida por los aragoneses en Viadangos ysalvado a duras penas su hijopor el obispo Gelmirez de Santiagotomó portrochas y atajosbuscando rodeo seguro para refugiarse en Galicia. Entoncespodría suponerse que la Montaña se inclinaba a la parte del aragonésadelantándose a no pocos de los castellanoslos cualesinclinados a lareconciliaciónbuscada tiempo adelante por el rey batalladordaban a lainquieta matrona la culpa mayor en sus lamentables disensiones.

No es probable que retrogradando a tan remotos tiempos la crítica se empleeen ventilar causa de tampoco momento en la historia generalcuando curiosidadesy misterios de mayor actualidad o más grave trascendencia reclaman suatenciónsu sagacidad y su constancia; mas el peregrino en las soledades deMorosono evita el recuerdo ni deja de recogerse a meditar en ello.

Tampoco está apurada por los historiadores la cuestión del carácter yprocederes de la desventurada reina Doña Urraca. Llámola desventuradaporquerompiendo la espesa capa de doblados siglos que sobre su tumba pesansurge yretoña el temeroso relato de sus pecados y flaquezascometidos o supuestos. Esnaturaleza de la virtud la de transfigurar al virtuosode suerte que alrecordarle las generacioneslo hacen como de criatura beatificadadesnuda delo mortal y libre de mortales miserias y doloresmientras el ser sellado por lamancha lastimosa del delitovive con todos los accidentes de su terrestreexistenciavulnerablesensibleblanco de oprobiosocasión de escándaloencuya vergüenza se complacen los vivos.

Lo cierto es que nada consta en mengua de su recato mientras vivió esposa dedon Ramón de Borgoñay aun en los pocos mesesque dos años no cumplieronde su viudezhasta que casada por razón de Estado con el rudo Alfonso primerodel nombre en Aragóncomenzaron las bocas maldicientes a cebarse en su famacon ocasión de la asistencia en la corte del conde castellano don GómezGonzález. La razón de Estado no por serlo es infalibley yerra con hartafrecuencia en disponer y realizar enlaces sin tomar en cuenta la voluntad ycondición de los sometidos a infrangible yugo.

El generoso Berganza(215) <notas.htm>al tomar sobre sí la defensa de la ultrajada reina y la confusión de lostestimonios seculares contra ella alzadosse ocupó eruditamente en batirprueba con pruebainstrumento con instrumentosin cuidar de cuanto no leguiase a negaciones absolutas de los textos enemigosy afirmación completa desu redentor propósito. Acaso si en días más recientes viviera el monje deCardeñano desdeñara acudir para robustecer su argumentación al sondeo delcorazón humanoy de cuantos extravíos dimanan de un yerro primero; de habertorcido su inclinación si la teníao haber fiado de que en inclinaciónhabía de tornarse la indiferenciao de que la inclinación había de nacerallí donde sólo causas de mortal e incurable desvío prevalecían.

No era mansa de condición la reina de Castilla; veleidosade lo cual lajustificaban su sexo y el no hallarse mayor firmeza en los barbados varones quela asistían con su consejo o llevaban su señay acaso no muy tierna deentrañaspues no la empeció la sangre para lidiar con su hijoni elagradecimiento para hacerse enemiga del insigne prelado de Compostela y terciarentre los que fraguaban su muerte.

¿Pero era abonado para la difícil y mañosa tarea de domar tal voluntad sinherirlade plegarla sin romperlael rey aragonésdesesperado paladínesquivo a pacíficos tratosmalavenido con el sosiegopara quien parece hechoaquel valiente romance:

 

mis arreos son las armas

 

mi descanso el pelear

rudo acosador de la fortuna bélicaa la cual maltrajo de campo en campo debatallaamarrada al arzón de su guerrero palafrénhasta que en la postrerade sus lides se le huyó de los ensangrentados brazosllevándole vida yvictoria?

Tan marcado sino de luchar trajo al mundoque hasta su doméstico hogar erapara él tela de liza; allí reñían hierro contra hierro ambas voluntadesycomo iguales en temple y en dureza se repelían sin quebrarsemas no sin que alagrio choque despertasen de su dormida lealtad atónitos los súbditos; no sinque las chispas lanzadas inflamaran la hoguera en que fenecían consumidoshonrabuen nombre y alteza del regio tálamo.

Quejóse la reina de brutales violenciasy la Historia conserva lasdolientes frases de su lamentopuestas en la lengua culta y oficial del tiempo:«Non solum enim me jugiter turpibus dehonoravit verbisverum etiam faciemmeam suis manibus sordidismultoties turbatam essepede suo me percusisseomni dolendum est nobilitati»(216)<notas.htm>.

Si fueron ciertas concedamos a la ofendida causa suficiente para odiar sintregua ni lástima a su ofensor. Pueden provocaciones femeninas buscar talesocasiones y vestir tal forma procaz y agresora que levanten el brazo de hombrepoco sufrido y pronto a la ira; Pero ya no cabe paz ni conciliación sinceraentre la mujer por tan soez modo ofendida y quien la señaló el rostro. DoñaUrraca solicitaba el divorcio; la razón de parentescoválida ante el fueroeclesiásticohabía perdido de su fuerza para el fuero interno de las gentescon no haber sido alegada durante algunos años de matrimonioy se queríareforzarla con otra más poderosa ante los fueros de la moral comúnque antelos de la Iglesia.

Subiendo la falda Sur de la frondosa hoya en que está Morosoparece laaldea de Bustronizo o Bostronizoque decían nuestros mayoreslos que dictabanla donación urraqueñao Brustranizocomo los que siglos después ordenabanel libro de las behetrías de Castillainscribiéndole con título de «logarabbadengo del abbat de Santo Domingo de Silos... «todavía en su centroconserva la iglesia la advocación de Santa Olalla de los días de Doña Urraca;junto a su pórtico crecen los dos únicos árboles que cuenta el puebloyenfrentedentro de una bóveda que semeja la de un humilladeromana susolitaria fuente; la lancha caliza sobre que asienta el caseríoen vez degastarse y pulirse con el usose despedaza y suelta en cantos que ruedansonoramente por el escueto pavimento; las paredes posanno cimentanamenazadasde que el viento impetuoso de las alturassi no las derribalas empuje y hagaresbalar sobre el terso piso. Todavía parecen muchos los dos árboles medradosy vivos en tan duro y árido sueloy del solo manantial diríase que parecemilagro ejecutado en la roca para probar la feo recompensarlade losnaturales.

Fatigado y sediento llegué yo una tarde a su exhausta pila un hombre laagotabaaguardando sosegadamente que la empobrecida vena fluyeray apenas setendía un tenue velo de agua sobre el pardo limolo tomaba cuidadosamente conuna chata escudilla y con ella llenaba su cántaro de barro.

Larga y penosa marcha traía; embebido en la embriaguez del movimiento hablapasado desdeñosamente cauces y umbríassin acordarme de agradecer a Dios elespeso abrigo de éstas y el claro caudal de aquéllosy ahora la sombra escasade dos choposy el rumor débil de sus macilentas hojasun sorbo de aguaentibiada y turbia eran para mi inapreciablealtísimo favor del cielorestauradora medicina para seguir mi jornadacuya duración y términoignoraba.

El sol había pasado del meridiano y comenzaba a declinar. ¡Oh cuán lejosestán los días en que la tarde y sus rojos celajesel crepúsculo y suscrecientes tinieblasla noche y sus luces melancólicas y frías eran encantogozo y bálsamo del alma!

Tan sobrada se siente la juventud de vidaque para gozar a punto de ella ysaborearla necesita templar su energía en los enervadores efluvios de la noche;así se templa la luz para que alumbre y no ciegueasí se templa el calor paraque abrigue y no abrasepara que conforte y no disuelva. Mas luego sobrevienendías en que la más intensa luz de una mañana estivacon todos sus fulgoresno suple los soles apagados en el almani es pábulo bastante al moribundofuego de la vida. Entonces es la noche aborrecida y triste; entonces espía conansia el deseo los albores de la mañanay se deleita el pecho en los rayosardientes del medio día. Báñase en ellos con intenso gozoconsolado por laengañosa plenitud de vida que le traeny a par que ellos se entibian yoscurecense entibian y oscurecen también las fugaces alegrías que fingieron.Con ellos cae el alma en el ocaso y siente de nuevo venir su nochela noche delos viejos: tinieblassoledadinsomnio y frío.

Había subido por el camino por donde vamos a bajar ahorano menos agrio Ypendiente que el descrito para llegar a Morosoaunque más anchoy aunque lasdos profundas rodadas que mellan a ambos lados sus retorcidos tramosindicanque sirve a las carretas cuandocolmadas de heno en verano y de panojas enotoñotraen a entrojar la pobre y difícil cosecha de los montañeses.

El Val-de-Iguña se despliega a los pies del caminante; su cuenca desigual yangosta se abre de Septentrión a Mediodía entre cumbres que se escalonan ytejensubiendo a Poniente hasta el soberbio cueto de Tordíasseparando aLevante los valles de Anievas y Toranzo; por el fondo corren el ferrocarril deAlarla carretera de Palencia y el Besayatan murmurador y tan poco en paz conlas piedras vecinas que le cortan el cauce o salen a atajarle el cursoque adesmedida altura ya se oyen las quejas y el paloteo de sus riñas.

Al pie de la vargaLas Fraguas. Una antigua casa solariega sobre el caminotapa y disimula su fisonomía propia y añejatras de una fachada galana y ricade quinta italiana y dórica arquitectura. ¿De dónde vino a la anciana elpensamiento de echar sobre sus veneradas tocas el gallardo y costoso arreo quesienta sólo agente moza y puesta a merced de toda veleidad y mudanza en usos yhábitos?

Vestida de sus yedrasengalanada con su mal labrado pero expresivo escudohabía vivido años y añoshabitada unas veceshuérfana otras de sus dueñosy señores. Un día¡quién sabe!acaso oyó decir que el ferrocarril iba allegar a-sus puertasa establecerse en sus umbralesy espantóse de que lainvención nuevarecientepetulante y vocinglerala encontrase acurrucadaentre su portalada y su capillacuidando las hortalizas de su jardínanudadaa la garganta la blanquísima bengala con que cubría la más blanca nieve de sucabezacomo una de tantas abuelas del paíssobre las que se acumulan losaños sin abatirlasque ven pasar generacionesdesaparecer y fundarsefamiliassin que se entibien ni palidezcan las dos religiones que guardan en elalmala de Dios y la del linaje solariego. Espantósetemió al intruso ynovel inventosu audaciasus burlasy acaso tocóle en su amor propio demontañesa la idea cruel de desmerecer y ser tenida en menoscuando ojos yoídoscuriosidad e interéscaudal y aplausofuesen todos para el reciénvenido; y se cubrió de adornos al usodisimulando con ellos las honradasarrugas de su tezescondiendo su rústica traza tras el airoso y juvenil arreo.Así tapa el postizo su ancha y patriarcal solanay el volado alero dondeentraban a anidar las golondrinasave sagrada del hogarcompañera de lafamiliapartícipe de las conversaciones de la tertulia y de las migajas de lamesa.

Dos escudos pareados puestos sobre el ático del bramantesco hastialparecenmal sentados en el alto friso donde encajany dispuestos a resbalar y bajarse alo largo de cornisas y arquitrabesdejando tan eminente lugar a quien le pidepor derechoal antiguo blasón raído por las lluviasborrado por los musgosque durante siglos habló al caminante la oscura pero sonora lengua de suspiezas y figuras.

Dentro de aquellos muros accesibles y penetrables a cuanto en el mundo actualtiene voz y merece oídoretoña vivaz y generosa la sangre y la belleza de laraza antigua.

Este es uno de aquellos parajes en que el juglar de los siglos mediosposando su bordón y desceñido el recado que siempre llevaba al cintodandotregua al caminar y al ocio del espíritudesdoblando el terso pergaminohubiera tomado gustoso el hilo de la narración interrumpida en sus trovas o ensus romances.

Pasaban los gloriosos vagabundosy al pasar un rumor les hería el oído. Enel claustro donde se acogían a dormiren la hostería donde entraban a comerel caballero aventurero que les pedía nuevas de gentes y paísesel aldeanoque se las dabala famala voz comúnles hablaban de juventudde inocenciade hermosurade bondadoso afecto para los amigosde caridad inagotable paralos pobresde alteza de pensamientosde merecimientos y virtudescompendiadosen un serjuntos en un almasobrentendidos en un nombrey sentían movido elcorazóny a compás de sus latidos la ardorosa agitación del numen.

No pedían satisfacción a los ojosno necesitaban ver; hijos de lainspiraciónque es fe; del entusiasmoque es revelacióncantaban la bellezaoculta tras de las piedras y las celosíascantaban la dulce confianza de lainfantil mirada derramada sobre el mundoy su contraste con las impenetrablesnubesel porvenir incierto de la vida. Cantaban generosamente ajenas dichasesperanzasilusionesdeseos vagosaspiraciones infinitastodo lo que la vidaal alborear prometeellos que tan a fondo sabían lo poco que da la vida en susfases sucesivas y diversas.

No pasaba su canto las piedras y celosías; extraños uno a otroseapartaban el cantor y la doncellasin hallarse nuncasin conocerse jamásyal cabo de siglos la inspiración melancólica y vaga del peregrinovenía aresonar en el corazón de las distantes generaciones. ¡Misterios del alma y dela poesía!

Estamos en tierra de caballeríaesto esque dice relación a aquellasaltas caballerías que asombraron al mundo en los siglos mediosy cuya huellaperdurable subsiste todavía y trasciende en nuestros usosdeciresvirtudes ymiserias. Dícelo San Juan de Raicedo con su título; dícelo más adelante ellugar de la Serna y sus paredes selladas con la cruz de ocho puntas y su cuboaisladopalomar o rollopero símbolobajo una u otra atribucióndeseñorío.

Ve¡oh curioso de inscripciones viejas!apresura el pasotoma tina cuestaque la carretera te ofrecey a la entrada del pueblo de Molledo hallarás laiglesia y su cementerio; entre ambos una imagenla más elocuente de larobustez y de la vidaun olmo de blanca cortezaa cuya sombra habrán nacidocristianádosemedradoencanecido y muerto generaciones humanasy cuyas hojasverdean y cortan el viento con la viril frescura y el airoso brío de la máslozana juventud. El cementerio ocupa el área de la parroquia antigua; pero lostrozos de muro han sido en ocasiones varias remendados y compuestos: junto a lapuertaen un sillar volcadoempotrado en los mampuestosleerás este latín:

La piedra está desportillada al término de la primera línea; habría lugarpara. otra X. ¿Leerás entonces la era mil doscientos treinta y doso sea elaño de 1194o te quedas con lo visible y lees el año de 1184?

Con uno y experiencia de epigrafista ha de ser posible determinar si lapiedra es memoria de alguna inundaciónplaga común de la comarcay fijar eltiempo en que fué asolada por tan espantoso azoteque espantoso parecerá aquien quiera que desde la altura contemple el paisajey se diga que llegadaslas aguas a tan desmesurado nivelquedaban en su seno envueltos y sin mortalremedio ni salvación posiblealdeasmiesespradoscaseríossin que sobreellas pareciese más que las cimas insuperables y despobladas de los montes.Horrible desolación que no tenía otros espectadores vivos que la salvajinaacorralada en las cumbres escuetasy las aves que despavoridas volabandesconociendo el suelo moviblemugidor e inseguro sobre que se cernían. Lapiedra ha sido movida; ¿lo fué de un edificio a otroo solamente de lugar enel mismo edificio en que originariamente se puso?

Desde Molledoen un seno que hacen las sierras de la varga orientalsedescubre Siliónombre eufónico de desinencia triste al oído; ¿quésignifica?

Pasemos el río por la pintoresca fábrica de Portolínconstantementearrullada por el agua -así la envuelven hojas y flores-no para averiguarlomas para visitar la iglesia y estudiar su ábside. A la manera usada en el sigloXIlevanta sobre su planta semicircular dos cuerpossencillo el primeropartido perpendicularmente en tres divisiones por estribos cuadrangularesseparado del segundo por una imposta abocelada de jaqueles. Correspondiendo alos estribosparten simétricamente el segundo cuerpo otras tantas columnitascon capitel y basa historiadossubiendo de la imposta citada al alero. Otraimposta igual las ciñe por su tercio inferiorcorriendo de columna a columnay volteando sobre la arquería de tres ventanas abiertas respectivamente en cadauna de las divisiones del ábside.

Adornan estas ventanas ligeras columnitas con capiteles de laboresmeradísima; uno de ellos representa multitud de cabezas humanas con expresivogesto de dolor entre cabezas de animales; otro las representa con gestobeatífico entre hojas y frutos: ¿son traslado y figura de la bienaventuranza ydel tormentodel infierno y de la gloria? Hase de notar aquícomo vamos anotar luego en Bárcena y en Pujayoque la escultura más común en loselegantes canecillos de la cornisarepresenta figuras de músicos tañendo oembocando instrumentos. ¿Son representación del coro angélico?

En el atrio de Silióa la sombra de dos chopossostenido por dos animalestendidos que parecen loboshay un ataúd de piedratronco tendido de pirámideirregular y oblicua: sobre la arista superior tiene esculpida una espada de cruzsencillaparecida a las usadas en el siglo XIII; repetidos en sus carasblasones de Mendozade Bustamantey otro cuya pertenencia ignoro (cortadoáguila volante en jefefajas en punta) y en la cabecera esta inscripción defácil lecturaa pesar de algunos nexos y abreviaturas: «aqui yase iohan:sanches de bustamante. finó: x ij: dias: de: febrero: año: &: mill: CCCC:LXXXX: ij: años:» -¡1492! ¡El año de la conquista de Granada! Quizá veníade ella el caballeroquizá le traían a la tierra natal mortales heridasfatigas de la campaña; porque ese apellido suena en aquellos tiemposenaquellas huestesen aquellas cortesen aquel guerrear constante de Españaque sintiéndose pujanteenteraindomablehace suyo su propio territorioantes de ensancharse a tomar territorios nuevosinmensostodavía extraños yde nadie conocidos.

De esta piedra me contaron que estaba dentro de la iglesiay el curacelosodispuso ponerla en el atriomás a mano y discreción de los curiosos.

Pues volviendo a pasar en Portolín el ríoy junto a una peña que elferrocarril taladraentramos en un vallecillo en cuyo fondo está Bárcenaúltimo pueblo en llanomás allá del cual alza la naturaleza los rudosbastiones con que le plugo defender a Cantabriay cuyas revueltas y ahogadasgolas cierra cuando le place en un breve intervalo de sol a sol con insuperablerelleno de apretada nievetan maciza y firmeque el hierro blandido por manosde hombre es impotente contra ellay únicamente el rayo soberano del sol lafunde y la deshace.

De estos admirables montestristes de esa tristeza muda de todo lo excelso ysublimebajan dos arroyos a acaudalar en Bárcena el Besaya. Dejemos al Torinaque viene de Sudoeste por el Galerón que baja del Vendaval. Cerca de su margenestá la vieja parroquiasólido monumento románico en estado de conservaciónadmirabley más admirablemente teñido de oro por los años y la luz delcielo. El dórico griego no produjo obra más nobleacabada y severa que esteingreso de cuatro arcos cuadrangulares sobre sencillas impostas y pilastras detraza igualni labró moldura más limpia y gallarda que la de rombos en puntade diamante que destaca el pórtico sobre la lisa fachada. En dos caras de lapilastra externa de la izquierdarepartidas estas letras que divide la aristaviva:

 

ISTA ECLESIA

CONSECRATA EST

 

IN HONORE

SCORM. COSME(217) <notas.htm>.

 

ET DAMIANI

 


Faltó grabar la cifra del año de la construcción; la del siglo de lafábrica parece XI.

A lo largo del Galerón seguía yo una mañanano poco molido del sol y delandar. Un soberbio nogal de redonda copainclinado como para mirarse o dejarcaer sus nueces en el aguaun puentecillo rústico parecieron delante de micamino; y al pie del nogal tina visión del libro de los libros españoles.

¿Te acuerdaslectorde la aparición de Dorotea en Sierra Morena a los dosfieles amigos que van en busca y remedio de Don Quijote? «Suspendióles lablancura y belleza de los pies» -dice el incomparable narrador-«pareciéndoles que no estaban hechos a pisar terronesni a andar tras elarado y los bueyes... » «los piesque eran tales que no parecían sitio dospedazos de blanco cristalque entre las otras piedras del arroyo se habíannacido». Suspensos quedáronse contemplando a la que por sus hábitos lesparecía mozo de granjay al soltar sus cabellos mostró ser mujerla cualsosegadamente bailaba sus pies en el agua.

Mi Dorotea no vestía disfraz de mancebo labradorsino lutos de doncella encabello; ni tenía junto a sí bulto de ropasino un perrillo blanco y negroque asistía con indiferencia cabal a las abluciones de su señora. Mas a pesarde la extrañeza de tal persona en tal ocupaciónen tal lugar y tal hora; apesar de la magia irresistible del relato de Cervantesbullente en mi memoriano me ocurrió imitar a los curiosos personales de su deliciosa aventuraniocultarme a aguardar el término de la inesperada escena.

Ocurriósemesíque forzosamente iba a pasar junto a la doncellay lanecesaria confusión y vergüenza de éstay para evitárselasno teniendotiempo que perder ni rodeo posible a manohice sonar el hierro de mi bordónsobre las piedras.

Al estrépito respondió con su acción Dorotea; recogió sus blanquísimospiesdejando caer sobre ellos el ruedo de su faldasin apartar los ojos delagua y de sus círculos y de las chispas de luz que el sol encendía en ella através de las hojas del nogal. El perro fué quienofendidose vino ladrandohacia el importunoy mostrándole sus poco temibles presascomo ladra tantasveces el mundo y se embravece contra quien anda en él atadas manos y lengua porel comedimiento y la prudencia.

-Buenos días -fije al pasar detrás del troncoy no sé si ahogada por elmurmullo del arroyono llegó a mi oído la respuesta.

El Galerón viene de Pujayouna villa sepultada en las angosturas de lamontaña; y entre Pujayo y Bárcenapasa cerca de la ermita de San Lorenzomodesta construcción románica que vino a consagrar un obispo de Burgossegúncuenta setecientos cuarenta años ha al transeúnteesta inscripciónabiertaen su muro meridional:

(218) <notas.htm>

Doce años despuésen el de 1144aplicaron al muro antiguo un trozo demurodentro del cual quedó la puerta realzada por un arco sobre Dos columnasde fuste grueso. Este postizoque sube hasta los dos tercios de la alzada totalde la fábricaparece levantado a intento de apoyar un tejado salientequeabrigando el ingresoformase pórtico o atrio cubierto; limítanlo a derecha eizquierda dos recios estribos: en el segundo tiene su fecha: IN ERA TCLXXXII.

Citando solo y a pie en estas gargantas desiertas y fragosasperdido comoátomo inapreciable de la creación en medio de tan espléndida naturalezaoyesrugir la potente locomotorala ves cruzar de uno a otro monteencaramarse asus cumbressumirse en sus entrañasdejando en pos un eco vibrante y unaestela de humoy vibración y estelay sonido y humose ahogan y desvanecenen el ambienteentonces sientes la fuerza creadora del espíritu humanolagrandeza de sus concepcionesel poder de su energía y su perseverancia.

¡La voluntad humanal ¡Qué cosa tan sólida y tan impalpabletan elásticay tan incoercibletan concentrada y tan vagatan rápida y tan lenta! ¡Quépalanca y qué pesoqué ariete y qué muroqué masa y qué velocidadquébrazo y qué ojosqué alcance y qué empuje! ¡Qué misteriosa causa segundaqué admirable medio de trasmisióntrasformación y aplicación del movimientoprimeroincreadooriginala la vidaa la historiaa las fases sucesivas dela tierraal desarrollo de las razasa la formaorganismo y extensión de lassociedades!

Y ¡qué admirable manifestación de esa fuerza constante e irresistibleesta vía asombrosamente trazada en tan quebradísimo suelo!

El ferrocarrilla voluntad prepotenteirresistible; la carreteralaresignación pasiva y calladala paciencia; la voluntad enteraoriginalvirgencapaz de todo; la voluntadque mide el globole pesale parte y leatomizarendidora de toda fuerzavencedora de todo obstáculo; la voluntadquecomo el Adán de Espronceda

 

Piensa alcanzar con la mano

 

Donde alcanzó con la vista.

Ahí va la paciencia siguiendo a la tierra sus dificultades y asperezasplegándose a ellastrepando a lo altoescurriéndose a lo hondoosandoapenas hender la roca que la atajarellenar el barranco que la cortaechandosobre el arroyo el tímido compás de un arcoprecaviéndose con pretiles ymarmolillos del mareo de la alturadel vértigo del abismo. La voluntadencambiova recta a su fin: álzasele enfrente un montelo taladra; crúzaseleun caudal de agualo recogecomo recoge el salvaje la liana que quiereenredarle los piesse lo echa a la espalday pasa por debajo sin embarazomientras el caudal atónitocorriendo por nuevo y artificioso cauceva a caeren el precipicio sobre piedrasatónitas también del golpe y del insólitoriego.

Allá sube dominando abismosfranqueando de un tramo las hondonadasretorciéndose como culebra por los tajados declives de la montañaapareciendoy desapareciendono como obra regular y ordenada de la acción humanasinocomo meteoro sobrenaturalsujeto a incógnitas leyes aún no sorprendidas porla perspicacia tenaz del hombre. Los años y la costumbre no gastan su soberanoprestigio; su ronco resuellosu crujir pavorosodetienen el paso delcaminanteel brazo del labradorel estudio del letradola meditación delasceta; siembran espanto en el rebañoazoran al perrodistraen súbitamentela vida en la muchedumbrerompen diálogosrequiebrosquimeras y conciertossorprendiendo y dominando la acción y el impulso de las diversas pasiones.

Allá va corriendo de pueblo en pueblode hoya en hoyade cima en cimahasta que se hunde en el seno de la tierray dentro de él se revuelve y cruje;y cuando nos vamos creyendo llevados a las entrañas del globoy despedidos dela luz del sol para indefinido tiempobrota de nuevo el díay nos muestra laancha y despejada llanura de Reinosa.

Aquí pudiéramos reconocer y estudiar la cuna del Ebro en Fontibrelosvestigios de Juliobriga en Retortillo y aquellas memorias que recuerda Flórez(219)<notas.htm>de los términos que dividían terrenos dados aveteranos de la legión IV y la campiña de los Juliobrigenses. Pero no sonobjeto nuestro los llanos de tierras adentro: sonlo las Costas y lasMontañas.

Camino de Santillana

Puente-San-Miguel.-El roble hendido.-Las marzas

Cuando desde la estación de Tallos¡oh paciente compañero de misjornadas!procuraba yo con frías y ociosas palabras describirte el panoramaque un lampo sólo de la viva luz que le ilumina ha de pintar con más hondahuella en tu memoria que la más atildada y colorista plumano te señalé unlugar del paisajepredilecto asilo y posada míadescanso de mi aventurero yno pocas veces fatigado pie. No te lo señalé porque hubiera sido cansar tuoído y rendir tus ojostrayéndolos inútilmente de uno a otro accidente delterrenopara fijarlos en sitio imposible de descubrircomo no lo descubra elcorazón.

Más allá de Torres y más allá de Ganzoentre las manchas varias en colory en contorno que el arbolado pintahay una recortada y espesa a manera de copade gigantesco rebollo; a su amparo asómase apenas sobre las cercas una casa depajizas paredes y ventanaje verde. Cuando pasas frente de ellapor el camino yla otra orilla del Sajaves flamear las blancas cortinas de sus balcones; si tellegas pasando el viejo puente que llaman de San Miguelves columpiarse lasrosascaballeras de sus tapias; si entras más adentrohallas en los rosalesal alcance de la manonidos de jilguerocuyas madres se dejan mecersosegadamente por la brisaseguras de no ser ofendidas ni perturbadas. Y eltarín y el verderón que andan cazando moscas por las enredaderas de lafachadase entran persiguiéndolas por salas y gabinetes con familiar franquezay sin recelo.

¿De dónde vienen esos pájaros cuya voz aguda y lejana nos hace levantarlos ojos y buscarlos mucho antes de que su menudísima sombra se dibuje en ladiáfana luz ambiente? Aunque vistos nacer sobre el plumón del nidoaunquevistos criar al cebo de sus padres¿quién sabe adónde los llevan despuéssus alas y en qué sublimes y misteriosas regiones del aire penetran? ¿Quiénsabe a qué distancia del cielo suben? ¿Quién sabe lo que del cielo han visto?¿Y quién sabe lo que del cielo traen cuando visitan un hogar de donde volaronángeles al cielodejando su cuna vacíay esparcida en torno aquella tristezasin parangustiosaque de una deshecha y yerta cuna se esparce?

Volaban las golondrinas sobre el Calvariogimiendo en la agonía de Cristoansiosas de aliviarlearrancando a porfía las espinas hincadas en sumartirizada cabeza: ¿quién sabe si ese manso batir de plumasesos píos ygorjeos que regocijan el aireno son arrullos de tantas agonías diversas comose suceden en los infinitos calvarios de la vida?

No llama dolor a esa casadonde sin llamar han entrado muchos doloresquese vuelva sin oído y sin consuelo. Alguna vez llama disfrazada con él lasuperstición; pero se queda a la puertay si el dolor quiere entrar entrasolo.

Tal sucedió una mañana de San Juan.

El dolor venía con su semblante más desesperado y tristecon el de unamadre que traía moribundo a su hijo en pañales. Y para remedio pedía el tallode un roblenacido de semillaflexible y tiernofácilmente hendible a lolargo de sus tiernas fibras. El saludador había dicho que haciendo pasar alniño enfermo entre las dos rajas del árbolen la mañana del día delPrecursory con ciertas palabras y conjurosel niño sanaría. Negósele a lasuperstición el roble; ofreciéronse al dolor palabras cariñosasmédico ymedicina.

¡Jirón de añejas nieblas que obscurecieron y obscurecerán largo tiempoaún la mente del pueblo!

Hubo siglos en que la fuerza del odiohábilmente excitadahacía alguerrero ver en el limpio acero de su espada la imagen de su enemigo y elgénero de venganza apetecido; siglos en que el varón eclesiástico aplicabapor los vivos las preces de los muertoscreído de su mortal influjode que asu fuerza no resistíany cedían rotaslas prisiones terrenas del alma.Cuando tan ciegos y flacos se mostraban los que eran fuerza y luzbrazo einteligencialos magníficoslos soberbioslos doctos y los cautos¿quéharían los medrosos por instintolos abatidos por estadolos ignorantes pornecesidad?

Haysin embargoen estos despojos de la fe ciega o la ignorancia antiguaun elemento de poesíacuyo valor a nadie se escondemas cuyo momento y causade ser encarnado en la superstición popularson de averiguación laboriosa ydifícil; tarea para superiores y perspicaces ingenios. ¿Cabe extrañeza en queel campesinoconstante testigoobservador involuntario de la vegetaciónsilvestreanalogista por instinto y por costumbreadmitiese el influjosaludable de la savia nuevafresca y sanacirculando en las venas del roblesobre la sangre que arrastra empobrecida y lenta por las venas del niñoenfermo? -La santificación de la naturalezade sus fuerzas vivasde laacción favorable o adversa que sobre la economía humana ejercenfué siempreinclinación y atributo común de nuestro espíritual cual no basta ellimitado mundo visibley necesita de la comunicación con otro inmaterial ysoberano para satisfacer su inquietud constantesus dudas y sus aspiraciones.

Hacía él gentil morada de sus deidades el seno de las aguas y de las rocasel tronco del árbol; y el cristiano pone bajo la tutela de sus bienaventuradossus miesessus huertas y sus ganados.

No es más claro a mis ojosaunque necesariamente más modernoel origendel romance queen otra estación del añovenían a cantar los mozos delpueblo a puertas de esa casacomo es añeja costumbre en la tierra(220)<notas.htm>

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Las tibias noches del mes de Marzoembalsamadas por el rico florecer de lacampiñaconvidan a rondar. La ronda pasea uno y otro pueblocorriendo enocasiones largas distancias; se detiene a la puerta de los señores y de lasmozas que tienen partidoesto esconcepto de hermosasy recita sus marzas convoz plañiderasin acompañamiento alguno y en un ritmo sencillo de dos frasesparecido al canto llano de la liturgia católica. Es imposible desconocer enestos romancesaunque adulterados con interpolaciones y empobrecidos con larepetición del mezquino pedirla procedencia de romances viejoscontemporáneos acaso de aquellos ingeniosos y dulcísimos cantares(221)<notas.htm> que el ilustre ciego Salinas recogía en su librode Música(222) <notas.htm>.

El modismo prosódico que consiste en amortiguar la dureza del consonanteagudoañadiéndole una e«maioremenore»: la sobria manera deretratar una figura con un rasgo«la del pelo largo»: las señas del «cuellode oro» y del «puño dorado»aunque viciado el concepto y oscurecidosonvestigios de aquella clásica forma de nuestra poesía nacionalcomo lo es deestilo original y primitivo la acepción propia del verbo acreditarusadoen sentido de fiaracepción que no hallo en el Diccionario de laAcademia que tengo a la vista(223) <notas.htm>.

Mas¿quién desprovisto de plena y minuciosa erudición en las fuentes yprimeras formas de la poesía populardel conocimiento cabal de las épocas ytransformaciones varias que tuvieron los conceptos e ideas primitiva ysucesivamente adoptados por ellaseria capaz de distinguir y señalar en elfárrago bastardo de las marzas montañosasla pertenencia y origen desus elementos variosy en qué momentos y a qué propósito los tomó delromance caballerescodel rústicode la canción amatoriala serranilla y elvillancicoal cual pertenece sin duda la última estancia de las insertas?(224)<notas.htm>.



 

 

- II -

Excursiones.-Los Jándalos.-Hespérides cántabras

Bonum est nos hic esse; gocemos de la buena sombra: hagamos una mansiónbreve en estos parajesempleándola en rápidos paseosque al caer del sol nostraigan de nuevo a la paz y al descanso de este hogar cariñoso.

El paisaje es amenísimo; el lecho del Saja va por aquí hundido ysilenciosohaciendo anchos pozos en que el salmón habita y se pintandistintos y clarosárboles de la orillacelajes del firmamento. Caminando apar del río vanpor su orilla derechala carretera nueva; por su orillaizquierdalas trochas y veredas antiguas; y van hacia ocaso buscando ya lossenos de los postreros valles cántabros y la raya de la tierra heroica deAsturias.

Tomemos por estos caminosdonde el peón deja al jinete y la carreta seguirla dura lastra y sueltos cantosy se entra cómodamente por el blando senderode la mies y el prado. Una aldea risueñacon aire de holgada vida y bienestarcumplidonos mira desde un ribazo: Villapresente; más alta todavía por encimade las tejas y las copas de sus árbolesnos mira su hermana Cerrazo.

Enfrente y al Mediodíaencaramada sobre un cerroQuijascuyo caseríoondea con el suelo en que asienta. Desde Cerrazo al río hay una mies de gruesaspanojasdonde gustan de abrigarse las libres; desde Quijas al río un bosquesoberbioun despeñadero vestido de apretados y robustos árbolescuyosmisterios vigila en lo alto una atalayacuya entrada defiende en lo hondo unpalacio solariego.

Si cruzas el río y te llegas al palacioleerás en su fachada y debajo deun escudo cercado de lambrequines y trofeos: «Vi las armas relumbrantes-en losfranceses blasones-de los fuertes Bustamantes-que vienen de emperadores-azulestrece roeles-en campo de gran limpieza-y en orla de vencedores-las trescelestiales flores.»

Así compendiaban los genealogistas del siglo XVen malos versoslahistoria de las familias y el tradicional origen de sus armas. Así escribíanGratia DeiDamián de Góesy otros cronógrafos de artificioso y fantásticonombre.

Ya entonces el poder y la gloria de Castilla se concentraban en el trono y enla muchedumbre palaciega que le envolvía; ya olvidados del solar primitivo losdescendientes de las heroicas tierras del Septentriónse pagaban mejor de sutítulo castelladode sus ópimas tierras andaluzas tomadas al moro y hasta delnuevo apellido ganado en el asalto de una villa que de su fosca torre perdida enlas breñas cántabrasasturianas o gallegasque de la caduca casa-fuertemaltratada en las guerras intestinas. Ni gloria ni añejos timbres ayudan asostener el cortesano atuendocomo ayudan pingües estados y rentas.Satisfacíanse los genealogistas con decir que el linaje traía su origen y sudivisa de la clásica tierray para salvar dificultades de crítica yoscuridades densaslo relegaban a tiempos de fábula. No se cuidaron delelemento histórico encerrado en cada una de esas reliquias venerablesy paralisonjear al poderoso bastóles encarecer los hechos y grandezas de épocasilustradas por los inmediatos ascendientes suyos.

Quedapuespor escribir el libro curioso de los blasones montañesescomoqueda el que dijimos de las atalayaso sea la dramática historia de la comarcaen los siglos medioscomo queda el de sus santuarios sin númeroel de suorganismo socialde sus concejosjuntas y behetrías y de sus hermandadesmarítimas.

La parte mayor de esas casas derramadas por nuestro horizontedeben suenlucidoampliaciones y restauro a caudales hechos en Andalucía.

Los montañeses de esta parte occidental de la provincia tienen hereditariaafición al Mediodía. Menos ambiciosos o no tan aventureros como sus hermanosde Occidenteno se dejan tentar por la vaguedad del Océano y la misteriosalejanía y apartamiento de las provincias americanas. Tiéntalesen cambiopoderosamente aquella otra comarca que sus progenitores ganaron a lanzadas y dela cual oyen contar maravillas a sus contemporáneos.

El hombrecomo la plantano vive fuera de su clima nativo sin modificar sunaturalezatomando cualidades propias del suelo en que arraiga y de cuyos jugosbebe. Así el jándalo es rumbosoenamorado y ponderativo. Menos paciente queel indianoaguijado su amor propio y su amor a la patria por la menor distanciay las facilidades de salvarlano aguarda para visitar su aldea más que a poderpresentarse con el conveniente lucimiento y majeza.

Dispone su jornada y mide el tiempo de camino para bajar en sazón ypunto de celebrarse la más nombrada feria o romería de su valle o del vallevecino. Y en hora de la tardeen que agotadas las emocionesembotada lacuriosidad por el calor y la fatigase hallan los vecinos mejor dispuestos asaborear mejor lo inesperado y nuevohele aquí apareciendo jinete en una jacade Zapata o del Saltillotrotando largoencogido sobre el arzón y renegandopara sí de la frondosidad de los castañoscuyas ramas bajan a besarle su ricoy aplanchado sombrero de calañaestorbando el ademán gallardola enhiestaapostura con que se prometió aparecer en la tela.

Llega apartando gentes a lo más apretado del concursoy allí se para yendereza el busto; amigos y conocidos acuden a felicitarle y darle la mano; élafablese deja lucir y da tiempo a que las mujeres deletreen a sabor su porte yvestido; a que las viejasacurrucadas en círculosle admiren diciendo: «¡Gran mozo estábendito sea Dios!»; a que los chicos envidien sus patillasde chuleta y los mozos su cadena de reloj y su vistosa faja de colores.

En tanto los inteligentes pasan la mano por las ancas de la jacate pulsanlos belfos y averiguan la edad del brutocuyos ijares laten agitados por lacarrera; sus finos remosacostumbrados al blando piso de los arrecifesandalucestiemblan azorados del brusco choque de las durísimas camberas y loscudones montañeses; pero menos tarda en sosegarseque sus admiradores ycríticos en ponerle tachas y recorrer sus primorosos jaeces de campoobra dealgún famoso talabartero jerezano.

Aquellos momentos son solemnesdecisivos a vecesmemorables siempre en lavida del jándalo.

Nunca sintió más fresco el cerebromás alegre el corazónmás expeditala lengua; sírvele dócilmente su labiahabla muchotiene ocurrenciashacegracia; se ve aplaudido y celebrado por el corro de los mancebospor elenjambre de los chicospor un cordón más apretado de muchachas casaderaspuestas en filaque sonríen meciendo con indolencia los abanicos y moviendocon el aire los flecosenredados en las varillasde su pañuelo de Indiaspajizo o coloradoque las cruza el pecho. Luego se fijan en ellas los ojos deljándaloaunque no falte quien diga o suponga que desde su llegadayaparentando mirar a todas partesno veían otra cosa; las interpelaellas seruborizancallan y apresuran el abaniqueo; él no las tiene todas consigoperose serena preguntando a los que tiene cercanos el nombre de la unala familiade éstael lugar de la otray se va reconociendo y recordando antiguasrelacionesy pregunta a las conocidas y echa una flor -¡bendita lenguaespañola!- a la más guapay para no suscitar enojos remata el coloquio con un«¡Vaya un manojito de rosas!»que las aturulla y hace subir a cárdenopurpúreo el rubor de las mejillas.

Y en tal hora puede acontecer que desde el jinete a una de las coloradas pasey vuelva y torne a pasar una centella fugazinvisibleque apenas tiene cuerpoy forma en el pensamientoysin embargoaprisiona y liga dos almas tan defirme quepara haberse de soltarhan de sudar lágrimas y llorar sangreyasí y todono lo consiguen sin quedarles heridas que nunca sanan ni se curan.

Se apea el jándalono sin dar dos vueltas a la mano de las riendas para quela jaca se revuelva y pompee su cola y estremezca las crines y salpique deblanco con su resuello a los más inmediatos. A pie y descalzos han venidosiguiéndole los chicos de su lugarsin más ambición ni esperanza que la de tenerleel caballo. El que logra tamaña fortuna no se trocaría por nadie en elmundocomo no fuese por el mismo jándaloideal insuperableblanco de todaadmiraciónextremo de toda envidia.

Entonces acuden las vendedoras ambulantes de la fiestaarvellaneras yrosquilleras. -El jándalo convida; hace colmar dos pañuelos anchos comomanteles de una y otra golosinabrinda con ellos sucesivamente a laconcurrenciateniendo el uno pasado al brazo y suspendido de los nudosmientras ensancha la boca del otro con su mano para que la de cada obsequiadaentre abierta y salga cerrada con holgura y sin aprieto. Y durante esta ofrendaceremoniosa se confirmasella y remacha el lazo aquel tejido y armado por losojosa lo que bastan las sencillas frases: -Vamosuna rosquillita. -Gracias.-Easin cortedad. -Ya que usted se empeña. Porque en la feriacomo en lacorteuno se tañe y otro suenay en achaques amorososrústicos opalacianosvalen los vocablos lo que quieren labios que los dicen y oídos quelos escuchan.

Pero en amores cortesanos nacidos del ocioel más dilatado y paladinogalanteono supone compromiso ineludible y grave; citando entre campesinoscuatro diálogos en el corromedia docena de encuentros voluntarios o casualesen la fuente o en la miesestablecen a los ojos de propios y de extraños unapromesa tácita que dura años y años y raras veces rompe alguno de amboscontrayentes.

Por eso decía que su entrada en la feria y el abocarse con el risueño grupode las mozas suelen ser lance decisivo en la suerte del jándalo.

Años después acasoredondeado su habersaldadas cuentas con latienda de Jerez o de Sevillarestituido definitivamente a la tierra patrianuestro jándalorepetirá su triunfal entrada en la romería; pero no solosino regaladamente acompañadomontando bestia de mayor pujanza y brío y másgalán arnés; trayendo a la grupa una almohada y sobre la almohada una deaquellas mozasla más gallarda o la más ruborosarodeada una mano al bustodel galánasida la otra a las correas de la baticolausanza y cortesía de lamorisca Andalucía transportada a la céltica Cantabria.

Puestos ya en los ejidos de Cerrazoaquella lejana cumbre de Cildad quenotamos desde Torrelaveganos provoca con la indispensable curiosidad que todacumbre excitala de ver lo que hay a la otra parte.

Lo que hay a la otra parte es uno de los más curiosos lugares que encierrala MontañaNovalespueblo sin horizontereducido y brevepero de singularesy no imaginados detalles. Había oído yo hablar infinito de élsin habertenido ocasión de estimar lo que pudiera ser apasionamiento o exageración deimaginaciones fértilescuando una tardetraído a este lugar sin plan nirumbo fijome ocurrió que más allá de la cumbre había casa donde yo podíallamar con mi apellido y seguridad de buena acogiday seguí el camino.

Llegué a la cumbre de Cildad cuando el sol ya tomaba la roja tintaprecursora de su declinación. Su luz hería de lleno la ancha faja de marceñida a la costay vibrando en las olasdeslumbraba los ojos y les escondíahacia el ocaso la línea del horizonte que al Norte cortaba limpiamente su azulprofundo sobre la descolorida púrpura del cielo.

A mis pies se abría una cuenca circularsemejante al vasto cráter de unvolcán extinguido; por la azulada caliza de sus paredes se desplegabanirregulares manchones de yerba segadao asomaban su fosca greña árgomas yhelechosyen su fondoal cabo del camino que bajaba culebreando y partíauna mies granada y opulentase parecía el pueblo cimentado en rojiza tierraguarnecido de verdes copos de follajea semejanza de búcaro andaluz sobre cuyoborde rebosan y cuelgan los redondos cogollos de la albahaca.

Enfrente divisaba los suaves colladosasiento de Cobrecesémula deNovalesy hacia la derechabajando a la marinalas torres gemelas deCigüenzaque dan fama en la comarca a su iglesia y vanidad a sus moradores.

¡Enérgico paisaje! Mar y cielo hervían en destellos y fulgores como si losgérmenes vivíficos encerrados en la luz solar acelerasen visiblemente su obrade fecundación; y la tierra lucía sus matices variosdesapaciblescrudoscontraste de la mansa serenidad del cielodel rumor melancólico de la tardeque flotaba en el ambientesuave acento de vida regular y pacífica.

Poco espacio tenía para meditaciones y estudiosy bajé la retorcidacuesta.

El amigo de familiaa quien yo tenía obligación de dar las buenas tardesen Novalesera un capellánsujeto popularestimado en muchas leguas a laredonda por la franqueza de su trato y el desembarazo de su carácter.Excusándomepuesde preliminarespregunté a un aldeano que se me acercócurioso mientras yo examinaba la iglesiadónde hallaría a tales horas a donRománque así se llama el cura. El aldeano repitió mi preguntao más bienla gritó a una mujer que remendaba ropa a la puerta de una casa vecina; éstaa su vezinterpeló a otra moza que pasaba tras de un par de vacasla cualdándome por guía a mi arrapiezo de pocos años que llevaba consigome hizoencontrar a quien buscaba. Hallámonos a medía altura del áspero declive de lamontañaa cuyo pie sonaba un limpio arroyopor cuya pendiente culebreabanviejas paredes sobre las cuales rebosabanfrescoslozanosopulentos losnaranjos y limoneros.

Y dije a mi reciente amigo la curiosidad que tenía de penetrar en aquellosmisteriosos y espesos huertosmás frondosos y sombríosmás ricos en fruto yen azahares que los mismos de la ribera feliz del río Grande de Sevilla.

El capelláncon voz sanagritó: -¡Martín!- y cayendoque no bajandoaguisa de canto desgalgado del monteun rapaz de hasta doce años de tiempoyen mangas de camisavino a dar a nuestros pies.

Don Román puso un gesto gravey le dijo:

-¿Es este modo de presentarse delante de gentes? Ande usted a asearse yvuelva en seguida.

Sin replicar el muchachopenetrado de lo justo de la reprensiónsiguióbajandollegó al arroyometió en el agua sus pies descalzosyarremangándose los brazosdió principio al cumplimiento del mandato. Hechassus abluciones generalessonoramente acompañadas de bufidosresuellos ycarrasperascompitiendo en estrépito con los patos que a par de él sesolazabanvolvió a nosotrossacudiendo las manoschorreando el peloy comosi respondiera a la llamada del curadijo: -¿Señor?

Visiblemente satisfecho de tan cabal sumisión y obediencia al capellánlepuso cariñosamente una mano sobre la cabezasin esquivar la humedadycontinuó su interrumpido discurso:

-Anda a casay trae la llave del huerto.

Martín desapareció en cuatro brincos-pero aún no estaba muy lejoscuando volvió a sonar la voz robusta e imperiosa:

-¡Martín!

Martín vinootra veza la carrerarespondiendo:

-¿Señor? -Y pareció dar cabo a su tocado y afeitesorbiendo algo más queaire con las naricesy aplanchándoselas luego con la mano hacia arriba paradesembarazar el órgano por completo.

-Toma y di que lleven azúcar -y alargó don Román una peseta.

El corzo tornó a saltar por la aspereza arribay por tercera vez la voz«¡Martín!» le atajó en su fugay por tercera vez le atrajo a responder:¡Señor! con el mismo acento sumisoaunque más agitado que en las dosprimeras. Y para mayor agilidadsin dudacorrió un ojal del único tiranteque suspendía su holgado y no medido pantalónel cual quedóle encaramadohasta los sobacos.

¡Admirable concierto de voluntades! Indudablemente Martín era el brazoderecho del capellánobedienteflexiblemudo o punto menoscon la ventajaademásde alargarse adonde el brazo no alcanzapor ejemploa hacer mandadoscomo los que por cansa mía le traían ahora al retortero.

-Di que hagan agua de naranjaque luego vamos.

Y fuimosen efectodespués de sestear largo rato en uno y otro vergelyde conversar amenísimamente tratando el ameno asunto de la culturacuidados yexplotación del árbol que es allí suma y compendio de la vidaafanes yhermosura del pueblo. Y ya nos aguardaban sobre la mesaen mi aposento bajo dela casa del capellánsendos vasos y sendas jarras rebosando de la frescabebida. Porque allítratándose del áureo frutotodo pasa a la manerahoméricasencilla y grandiosa; y las porciones mesuradas que bastan al mássediento en nuestros cafés y botilleríasparecerían mezquinas y cosa dereir. Ni para obsequiar al visitador se atrevería el franco don Román aofrecerle a la mano media docena de sus riquísimas naranjas. Yo le vi llegarsea uno de los frondosísimos árbolesy cogiendo la rama que le pareció máscopiosamente cargadala desgajóofreciéndomela para recuerdo y compañíadel camino.



 

 

- III -

Cabezón de la sal.-Treceño.-Una venganza.-Juan de Herrera

Cerca de Novalestomando al Surse encumbra el monte de los Anades; máslejos la peña de los Monteros. Por tan fragoso y escueto camino puedes pasardel alfoz de Lloredo a Val-de-Cabezónsi no prefieresdescansando enPuente-San Migueltomar con calma y espacio la pintoresca carretera. Esta tetraeríaatravesando Quijasa caer desde la ermita y alto de San Benitoa lamies de Carrancejapasando bajo la roída peña de Barcenacionesque goteaagua sobre el viajero como aviso de que algún día caerá ella misma a cerrarel paso. Así tantos la miran con saludable miedo y se santiguan al entrar bajoel formidable alero.

Del esfuerzo hecho para roer y pasar la peña descansa el camino tendiéndosea lo largo del valle. Sobre los castaños de Casar de Periedoentre sustroncosdescubres a tu derecha un solar queaun cuando puesto a la modernaconserva mucho del señoril aspecto antiguo. Reemplaza con abierta verja dehierro su maciza y huraña portalada; convierte el zaguán en jardínsustituyecon césped su mosaico de guijas y lo planta de magnolias y o doríficosarbustos; pero alza intactos sobre el primitivo asiento sus labrados dintelesimpostas y cornisasentre la capilla y la torrela cruz y el blasónlahumildad y la soberbia. Este era el plan general de las mansiones solariegasque el pueblo apellida palacios. Otras muchas hemos hallado que aun leconservan intacto; pero aquí me detienen recuerdos infantiles y el afecto delos años maduros. Ya te diré quién la vivecuando venga la ocasiónque notardaráde citar su apellido.

Daban los solaresentre otras cosasla hora al puebloy en su lugar másaparenteen la esquina de la torresobre el timbre del escudo a vecesteníansu cuadrante. Ahora ves aquí que reemplazan el gnomon caldeoinseguroinútilde noche y en los nublados meses invernizoscon relojes de mecanismo superior ymarcha constanteen cuya esfera regulan los aldeanos sus horas y sus faenascuya campana les mide y reparte las de la noche.

Vamos corriendo el valle del Sajaun valle parecido a cuantos hemosvisitadocomo se parecen los hijos de una madrelos hermanos de una familia.Arboles y pradosrobles y maícesaguas y rocas; pueblos esparcidos sinlímite ni término visiblesin que pueda el transeúnte decirse dónde el unoacaba y el otro empieza; molinos hundidos entre las altas márgenes y lavegetación de sus caucesy el río corriendo por medio parándose a descansaren los remansos y desahogosprecipitándose en los pedregales y estrecheces. Elrío nunca desamparado de los alados moradores de su ribera; la siempre inquietay pintada nevatilla(225) <notas.htm>de trémula colaque al revolotear de una piedra a otraparece un puñado dehojas o de plumas arremolinado y revuelto por el viento; el martíndeespléndido traje y silencioso vueloque cuando posado e inmóvil sobre laraíz somera y desnuda del alisono se sabe si medita o acecha; el tordo deaguao cinclobuzo incansable en la espumay el hervor de los rabionessobrecuya negra espalda se ven lucir y rodar perennemente las diamantinas gotas.

La populosa villa de Cabezón da nombre al valle. Dentro de sus calles partela carretera al Sur hacia el valle de Cabuérniga y al Noroeste a entrar enValdáliga.

Todavía manan en Cabezón y en Valdáliga los pozos de sal que vemos figuraren las cláusulas de innumerables instrumentos antiguosherenciasdonacionescambiosventas y contratos de toda especie. Todavía manany explotados deinmemorial y simplicísima manerallevan recogido su caudal a caer en hondascalderas puestas al fuegodonde vaporizada el aguadeja posar su cristalinosedimento.

Paredes desmoronadascercas rotaspiedras esparcidas son en Treceñotestimonios vivos de población más grandede que no es título usurpado el devilla que en los registros lleva cuando el viajero le da ingenuamente el dealdea. Las hiedras hallaron en estos parajes substancia provechosa y alimento;sus troncos gruesos y entretejidos dicen la antigüedad de las ruinasy enpomposos tallosesmaltados de corimbos negrosalbergue y pasto de pájaroscantoresguarnecen la esbelta ojiva de un puentecubren los blasones de muchossolares y envuelven el desbaratado almenaje de la torre fuerte alzada en mediodel poblado a la vera del camino.

Esta torre tiene leyendala perpetua leyenda consagrada en toda tierraantigua a establecer los desafueros y violencias feudales y la vengativa osadíade los populares. Y quepor tantomás parece símbolo de remoto estado socialque cuento de histórico y positivo acaecimiento.

Solariego o extrañoseñor de estado o caudillo aventurerovivía la torreun hombre acostumbrado a mandar y ser obedecidoa desear y conseguir sin máslimitación ni freno que el insuperable de los posibles humanos. Puso los ojosen una zagala del lugarcasta y bella; no usaba dejar largo término entreponer los ojos y poner la mano en la prenda codiciadafuese mujerjoyaheredad o almena enemigay por fuerza o por astucia hízose dueño de ladoncella.

Herido quedó en lo mejor de su alma un mozo de las cercaníasrondadorgalán de la cautivay tan heridoqueya no tuvo vidadiscursoacción túsentimiento sino para la incurable llaga y sus acerbos dolores. Puesta la manosobre el lastimado pechodescolorido y mudoinsensible y sordo a todapreguntamandatoconsolación o consejovagaba por el valle y las colinas.

Hallábasele a menudo en la fuente o junto al ríofijos los ojoscontemplando su desconocida imagen en las aguas; y cuando en las calles dellugar era perseguido con voces y piedras por los muchachoscon palabraslastimeras por las mujerestan indiferente parecía a la compasión como alescarnio.

Cierta mañana llegó a la puerta de la torrey hallándola abiertaen vezde pasar de largosegún acostumbrabase entró por ella. Las gentes delseñoro no vieron al loco o no se curaron de él; tomó por la escalera arribay llegó a un aposentosobre cuyo suelode recio castañoposaba sin ruidosus pies descalzos. Puesto de bruces sobre el alto alféizar de una ventanacontemplando la campiña florecida y verdemeditando acaso hazañasacasomaldadesestaba el caballerovestida con gala militar la impenetrable cueraceñido el ancho puñal a la espalda. Su pie derecho batía en cadencia con eltalón el pisocomo recordando el compás de una cancióny la breve pluma desu gorra palpitaba al paso de la brisa montañesacomo si aun viviese prendidaen el ala del ave que voló con ella. El loco se llegó callada ycautelosamentey con agilidad y fuerzas sobrehumanas le echó una mano alcuelloapretó el sujeto busto sobre la piedray desnudando con la otra elcolgante hierro se lo hundió una y otra vez en la garganta. Las gentes quecruzaban al pie de la torre oyeron un aullido roncoun gemidoun estertorycuando alzaron la vista descubrieron el cuerpo del señor doblado sobre elalféizar; caíanle hacia fuera los brazostrémulos y convulsos todavíay lesalía copiosa sangre del cuellocorriendo por la pared y goteando hasta elsuelo.

Sobre la trágica ventana cuelgan su flotante pabellón las trepadoras; porel labrado hueco entran y salen las golondrinashuéspedes de la deshabitadatorrey del alféizar bajan a negros rieles hondamente estampados en la piedra:quizás son rastros de las lluviasquizás huellas de la sangre vertida por elvengativo aldeano.

Tan vagas son las memorias del sucesoque en ellas no queda indicio denombre ni de fecha. ¿Tendrán relación con él los Guevarasseñores deTreceñopor aquella doña Mencía de Ceballosde quien hablamos al saludarlas torres doradas de Escalante?(226) <notas.htm>.

Aquí nació Fray Antonio de Guevarafranciscanoobispo de Guadix y deMondoñedocronista del emperadorpacifica figura en aquella encarnizada ybreve discordia de las Comunidadescon más pasión juzgadasi cabepor laposteridad que por los contemporáneos y participantes en ella. Fiel a suhábito penitenteGuevara predicaba la paz; con fueros de pariente trató demover el corazón del ambicioso Acuñae inspirado por su alto sentido delmundo y de los hombresle escribía: «que era imposible que si los unos no searrepentían y los otros no perdonabanse pudiesen remediar estos reinos niatajarse tantos daños»(227) <notas.htm>.Vana predicación a los oídos del pertinaz prelado que se había puesto en lasmientes trocar su modesta mitra de Zamora por la espléndida primada de Toledoy de la guerra únicamente y del triunfo de la bandera popular esperaba logradosu deseo(228) <notas.htm>.

Más allá de Treceñoel camino hace una cuestay al desembocar sobre unaabierta hondonadaen cuyo verde fondo corre un arroyodescubre a su manoizquierda y arrimado a una lomaque le guarda de Norte y Esteun barrio delpueblo de Roiz llamado Movellan.

Es cuna del célebre Juan de Herreraglorioso arquitecto de Felipe II. Deaquí marchó adolescente apenaspuesto quesegún sus propias palabras«nohabía entrado aún bien en el uso de la razón»(229)<notas.htm>adonde llamaba entonces a todo español alentadoel espíritu de los tiemposa Italia(230)<notas.htm>. Erasin embargotan niñoque tres añosdespuésen el de 1551se veía precisado a volver a España «por no teneredad -dice él mismo- de poder servir en las cosas de la miliciaa quenaturalmente me aficionaba».

Cumpliósele este gusto de ser soldado al cabo de dos añosy en 1553volvió a Italiasirviendo en la compañía del capitán Medinilla. Hubo dedistinguirse en las campañas de Piamonte y Lombardíapuesto que pasó a laguardia de arcabuceros a caballo de don Fernando de Gonzagasiguiendo a esteinsigne capitán a Flandescuando las necesidades de la guerra le llevaron adesempeñar marido en aquellos países. Vuelto Gonzaga a Italiapasó Herrera ala guardia del emperadoren la cual y en la del rey don Felipe II continuósirviendo hasta que en 1563sin decirnos la causatrocó el caballo por elandamioy el arcabuz y los frascos por el compás y el nivelentrando a ayudaral famoso don Juan Bautista de Toledo en la fábrica maravillosa del Escorial.

Caso singular el de un soldado que lleva bajo la coraza vocación de artistaque aprovechaba los ocios de la tienda y del alojamiento en delinear y aprenderlos elementos de la construcción civil; pues tanto es frecuente el comercio yvida común de armas y letrastanto es poco vista la unión de armas y artes.En nuestra España tan rica en vocaciones doblesapenas hallamos otro ejemplofuera de aquel famoso pintor y capitán Juan de Toledoy aun éstedando pasoa lo militar sobre lo pintormereció llamarse Toledo el de las batallasporqueeran ellas asunto preferido y casi único de sus lienzos.

Ni es la profesión de arquitecto fácil y para improvisaday si el guardiadel emperador era estimado capaz de ayudar al principal maestro y proyectista deSan Lorenzoy aun de sucederle poco tiempo después y ocupar su lugar en ladirección superior del monumentosin duda venía preparado de sólida manera amerecer tan rápido y feliz concepto.

Mas sicomo parece probableasistió a los desmanes de la guerrasi vióel ningún respeto que a sus furores y tiránicas realidades inspiran lasmaravillas de la arquitecturay fué tal vez testigo o actor en el estrago decuriosos y venerables edificios¿cómo persistía en el marcial oficioentales violencias dolorosas sin duda para su alto ingenio y corazón de artista?

Acaso entre las artes del diseño es la arquitectura la que menos pide alcorazón; la invención y el gustoque Mengs ponía como condiciones esencialesde ellaproceden de sosegada y fría especulación. Es también por su índoleespecial la que mayor distancia pone entre la concepción y la obraentre laidea y la formaentre el cerebro y la fábrica. El discurso del alarife y lamano del obrero no están como los del pintor y el estatuario en comunicacióníntima y directa con el cerebro inventordonde los gérmenes bullen y lacreación se condensa y define lenta y cuidadosamentetal vez a medida que seva traduciendo en formas visiblesy hallando quizás en su desarrollo sucesivoavisos que la corrigen y mejoranmedios que facilitan el término y perfeccióndel trabajo.

Cean supone que en Bruselas se entregó Herrera a su afición a lasproyeccionestrazas y demás artificios geométricos; ¿pero cabe imaginar quela estancia en Italia no influyera en organismo tan maravillosamente dotado parala arquitectura? Desgraciadamente justifican la suposición del ilustrecríticoo por lo menos la omisión de juicio alguno de su parte sobre lainfluencia italiana en el genio del insigne montañéssus obras mismasdecuya admirable solidez y regularidad exclusivamente preocupadono supo o noquiso vencer la sensación fría que ambas cualidadescuando solas y entregadasa sí mismasproducen en el observador.

Es verdad que Herrera no llegó a Romano pudo ver las obras de Bramante yde San Gallotan armoniosas y suaves tan risueñas a pesar de su austeroclasicismo; pero anduvo en Génovadonde reinaba Alessiy sin duda visitó aVeronadonde acababa de florecer frá Giocondodonde vivía San Micheli: yacaso llegó a Vicenzadonde era señor y privaba el preceptista de la épocarector y maestro del arte en el renacimiento greco-romanoPalladio. Y siasistió a la guerra de Senacomo Cean creepudo ver las obras del puristaPeruzzi y conservar la impresión de la gracia que animaba al que por algunos hamerecido ser llamado el Rafael de la arquitectura. Pero acaso su geniocomo elde Miguel Ángelera refractario a esa cualidad misteriosa y delicada queunida a la fuerzaconstituye el ideal acabado de lo bello.

La gracia es precisamente la condición negativa de la arquitectura deHerrera. En el templo escurialense mostró cuantose le alcanzaba enproporción y armoníay los fresquistas le ayudaron a templar la glacialseveridad de su numen; en el alcázar de Toledo es modelo acabado de majestad yelegancia; en la puerta célebre del puente de Córdoba adivina el no sé quésingular de los monumentos romanosmezcla de cualidades diversasdifíciles dedemostrar y largas de exponer; y en todas partes se muestra constructor audazfísico experto y geómetra prodigioso. Sin embargoalgo falta en sus obras quese halla en aquellos admirables palacios de Roma; Farnesioque ideó San Galloy labraron después de él Buonarotti y Vignola; Massimique labró Peruzzi; enaquel templete maravilloso de Bramante en San Pedro in Montorioconstruido aexpensas de nuestros Reyes Católicosjoya de gallardaprimor y ligerezaerigida dentro de un cerrado claustrocomo en cautela de las manos de unsalteador atrevido.

En tanto razonamos acerca del inmortal arquitectoel camino nos lleva a unaaltura desde la cuala la derecha manodescubrimos risueño horizonteyblanqueando en él la iglesia de Udíasu Odiasque consagróen 1099elobispo de Burgos don García de Aragón(231)<notas.htm>. En Udías parecieron hace años minas deexplotación romana; argumento a geógrafos e historiadores para situar lafrontera de cántabros y asturianos. A la izquierda asoma uno de losinteresantes términos de nuestro viaje: los Picos de Europasublime corona deCantabriadiadema de hielos con la cual lucha el sol sin vencerlaanteshaciéndola fulgurar al herir sus eternos cristalespublica a lo lejos supujanzasu gloria y su hermosura.

Caminando adelante vamos a ver la mar y los esteros de SanVicente.-Saludémoslos de lejospuesto que otro ha de ser el camino que allános lleve.-Saludémoslos hasta dentro de pocoy tornemos a tomar en Puente SanMiguel el triste y solitario camino de Santillana.

Santillana

 

 

 

- I -

Historia y novela.-La locura claustral.-Blasones y divisas

 

De Santander a Santillana

 

por la mañana;

 

de Santillana a Santander

 

después de comer.

Sí decían nuestros padresfaltos de la comodidad que nosotros hemosalcanzado y puestos en obligación de cabalgar para el despacho de susquehaceres y negocios entre la villa antigua y la ciudad moderna. Yefectivamentehaciendo su jornada como el popular decir ordenatomábales elsol por la espaldatanto al ir como al volverprevención sabida y comodidadañeja de caminantes.

En los orbes de la realidad y de la ficciónen el mundo de los hechos y enel de la fábulaen los fastos de la vida y de la fantasíavive Santillanamerced a dos caracteres diversos: real el unoimaginado el otropero dotadosambos por la naturaleza y el ingenio de aquella energía vitalpersistentequecura de la muerte y preserva del olvido: el Marqués y Gil Blas.

Pocos son los españoles ciertosa saborde la no existencia de DonQuijote. De la primitiva existencia de Gil Blas de Santillana no dudaba ningunode los gallardos oficiales que mandaban aquellos soldados ingleses cuyasdevastaciones en Monte-Corbán hemos referido. Así esque venidos a la villacon pretexto de visitar su célebre colegiatay con razón de ejercitar sufortaleza de jinetes y de lucir sus soberbios caballosno se descuidaban enpedir a los naturales noticias de la progenie y morada del aventurero personaje.

Vivía entonces la villa uno de los más respetables e ilustres caballeros deelladon Blas de Barreda(232) <notas.htm>y deslumbrados por la paridad del nombre y la pronunciación confusa de losextranjerosno vacilaban los preguntados en dirigirles a la casa de losBarredas. Y se cuenta que ciegos de aquel entusiasmo isleño que a las veces yen remotas partes del mundo ha tomado vandálica fisonomíarascaban lasparedes para llevarse reliquias del revoqueo desencajaban peladillas delzaguánempedrado en mosaico de guijarrosa la manera usual de la tierra.

Ignoro si preguntaban por la casa de Iñigo López de Mendozamarqués deSantillanapero de juro era apellido notorio para los curiosossi entre ellaslos hubode literatura españolapues con los de Mena y Manrique compendia lapoesía castellana de su siglopara cuantos no han tenido ocasión y holgura depenetrar en el populoso Parnaso de los Cancioneros.

A bretones y cántabrosa extranjeros y nacionalessiendo de aquellos cuyoespíritu inquieto presta oído a la voz apagada y moribunda de las recuerdosno han de faltarles dentro del recinto de la solariega villa impresiones ysorpresasni ocasión de meditar en presencia de una piedra labrada soltando elvuelo a la fantasía sobre sus dos poderosas alassentimiento y memoria.

Tienen las poblacionescomo los individuossu arreo y trajeen que revelansus gustos y sus hábitoscuando no sus vicios y virtudes. Así aparecen a losojos del viajeromilitar un pueblocomerciante otrojovial SevillaagrícolaCórdobaveleidosa Cádizascética Burgoslevítica Toledo; así hablan conla lengua de sus ángulos y contornosde su verdura o su austeridadde sushojas o sus piedrasvergelespalacioscampiñamurallasagujas ychapiteles; así tras de la fábrica muerta aparece el hombrey bajo el techosilencioso de la vivienda se dejan penetrar la pasiónel juiciola creenciala opinión y el sentimiento.

Santillanaen las proporciones de villa a ciudadde casa solar a palaciode colegiata a catedralde caballero aventurero a prócer palatinoseñor dehorca y cuchillorecuerda ciertas ciudades italianasmagníficassoberbias untiempoya despobladas y ruinosasque en su abandono presente parecen másaltivas y ceñudas que lo fueron en días prósperos y gloriosos; que en suconstrucción y traza conservan la huella de una historia intestinaagitadafebrilnutrida toda de odiosde celosde enemistades y venganzas.

Yo no sé qué austera grandeza respiran sus dos calles costanerasdesigualesque se unen para salir por un extremo al campo de Revolgoy seapartan luego en abierto ángulo para terminar en la casa comunal y torre delmerino la unaen la colegiata la otra. Parecen los caminos por donde enemigosbandos salían al campo de batallaal de tregua; por donde volvían a retirarsemal calmadas las iraslatente el rencor y vivo; caminos donde los linajesantiguos dejaron colgados y en orden sus escudoscomo están en militar museolas armas y banderas de los guerreros.

El campo de Revolgo suena en los papeles particulares de Santillanay en lashistorias de los hidalgos sus moradorescomo lugar de no interrumpida peleaentre familias y poderes rivalesel merino del señor contra el del abadyambos contra el corregidor del rey. Allídespués de la batallareconocía elvencido la ley del más afortunadoy allí venían los procuradores de lasvillas y los valles a jurar en manos del regio enviado una obediencialevantadaalgunas veces por la violencia feudallealmente conservada más a menudo aprecio de lágrimas y sacrificios. Hoy cubren el campo copudos árboles deanchos troncosy la fuente cristalina que mana copiosa en medio de ellosparece hecha brotar por Dios para limpiar el sitio de la sangre vertida enestériles discordias domésticas.

Sombra y frescuragrato rumor de aguas y de hojas acogen al viajero en estepintoresco atrio de la villay con paz y reposo le convidan; luego el camino setorna calle para penetrar por medio del caseríocuyo ingreso le abren unaermita a la izquierdaun monasterio a la derecha. Forma peristilo a la ermitasu ancho tejadobajando hasta apoyarse en toscas columnas de asperón jaldecuyos fustes parecen sostenerlo apenascarcomidos por la lluviagastados porlos aldeanos que acicalan sobre ellos sus cuchillos durante las horas de ocioen días de domingo o de mercado.

El convento presenta su fachada pobremohosa y húmedateñida de ese colorsombrío con que bañan la piedra en estos climas los vientos inclementes delNorte. Otro más soleado y risueño se alza a sus espaldas: son los de Regina-cœliy San Ildefonsode la Orden dominica.

El camino antes de llegar a Revolgo viene costeando la huerta deRegina-cœli; descuellan en ella dos cipresesen la de San Ildefonso un pino:los árboles perdurablesde inmarcesible hojatardos en crecerlentos enmorirparcos de sonrisas y halagosconstantes y firmes. Arboles que plantaquien piensa en los que han de sucederlequien no tanto quiere árbol para sícomo árbol para sus hijosmonje o caballerofundador de solar o de cenobio;árboles que hallarás siempre en la clausurahabitada o desiertajunto a lafuente corriente o enjutay arrimados a la torre montañesamirando al blasónacompañando a la capilla.

Tiempo haen medio de esa huertahabía una casilla aislada deconstrucción ligera. Vivíala una pobre reclusademente. Después deconsagrada a Dios en la flor de sus añoscuando parecía enajenada por laclaridad espléndida de una vocación cumplidalas tinieblas habían invadidosu cerebro. Una idea sola había sobrevivido en el naufragio de sus ideasunaidea singularpermanentede explicación dudosaconfianza o desesperaciónplegaria o lamentogemido al cielo o súplica a la tierra.

Llegábase apenas podía cautelosamente a la cuerda de la campanay latañía convulsa y desesperadamente. La campana es la voz de la clausuravozcon que habla al cielo y a la tierraa Dios y a los hombres; es sucomunicación con el mundo externoinfinito o limitado.

¿A quién llamaba la reclusa? ¿Parecíale poca y débil la voz de sucorazón para rogar a Diosque oye y comprende la oración en deseoantes deser formulada en fraseantes de ser traducida en letra? ¿O era que ese ¡ay!de su corazón pretendía herir oídos no divinos? ¿Solicitaba la redencióndel alma o la libertad del cuerpo? ¿Pedía la muerte o el desencarcelamiento?

¡Quién sabe las alegrías del cenobitadel extáticodel Penitenteabsorbido en el amor de Diosen la contemplación de su gloria infinitade lasrecompensas sublimes de su justicia! ¡Y quién sabe tampoco sus tristezascuando en la hora del último dolorde la agoníasobrepuesta la humanaflaqueza al religioso imperiosiente su soledadla tibia atmósfera del amormísticoy echa menos la atmósfera cálida del hogar y la familiay pide y noencuentra los cuidados tiernos inspirados por el corazón y no por la regiaaquellos consuelos inefables de la hora supremaque enjugan el sudor y templanel padecery sostienen el alma y suavizan el rigoroso tránsitoaquellapresencia de los amadosaquel adiós postrero de los seres queridosque aun elhombre-Dios quiso tener en su agonía llevando a su madre al pie de supatíbulo!

Fué fundación el monasterio del caballero Alonso Velardey su tiempo losúltimos años del siglo XVI(233) <notas.htm>.Elblasón del fundadoresculpido profusamente en la nave dórica de su iglesiamanifiesta la antigüedad de su linaje; es de aquellos que parecen nacidos de laconfusa tiniebla de los siglos mediosen que la imaginación heroica del pueblodaba fabulosa forma a hazañas oscuras y mal conocidas; representa la batalla deun caballero armado contra un endriago cerca de un castillo en presencia de unamujerexplicado el suceso en esta leyenda: VELARDEEL QUE LA SIERPE MATÓCONLA INFANTA SE CASÓ.

No cabía entonces detenerse a buscar símbolos ingeniososni acaso habíaen aquella sociedad ruda y batalladora gentes letradasque en la paz de susestudios compusieran heráldicas alegorías; la gracia del caudillo a quienseguíala aclamación de los soldados que guiabala propia autoridad a vecesdaban ocasión a una de esas páginas de historia jeroglíficay el aventureroo el paladín la hacían escribir representando sencillamente el suceso ynarrándole a la par. La cultura de siglos posteriores al reproducir estosmonumentos nobles y leales de la historiaalteraba la cándida rudeza de lasfiguras y el lenguajeque juzgaba toscode las empresas.

¡Qué admirable libro de la sociedad antigua fuera aquel que nos conservaraen su forma original y primerabárbara o cultaexplícita o misteriosaromance o latinala serie escrita de los hechos de nuestros padres en motes odivisas!

En la piedra de sus fachadas tiene escritas Santillana algunas de las hojasde tal libro: el curioso templa el paso y va leyéndolas.

Allí encuentra el águila de los Villasagonizando de un saetazo que lepasa el pechorecibido en defensa de buena causadisparado tal vez por manoregiao por mano amadapuesto que dice su divisa: UN BUEN MORIR HONRA TODA LAVIDA.

En otra parte las fajas de los Ceballos y su leyenda: ES ARDID DE CABALLEROSCEBALLOS PARA VENCELLOS; linaje al cual pocos disputarán antigüedad ysoberbiasi habla verdad el romance viejo(234)<notas.htm>

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Luego alrededor de un brazo armadoel anónimo testimonio de laparticipación de los montañeses en las empresas ilustres de la política y lasarmas españolas: BRAZO FUERTEA ITALIA DIÓ TERROR YA ESFORCIA MUERTE.

Más lejos estas misteriosas letras BETHarrimadas a atributos de laPasióncruzcolumna y azotesletras que son acaso las de la segundaconsonante hebreaexpresión de la idea de casahogardomicilioacasoiniciales de una frase ya perdidacomo las célebres F. E. R. T. de la guerreracasa de Saboya.

Ypor últimoel resumen y compendio del código del caballero cristiano:DA LA VIDA POR LA ONRA Y LA ONRA POR EL ALMA.

Ahora los que sabéis leer en las memorias de los tiempos antiguoscódigosanales y sellados pergaminos; los que podéis vencer el glacial ambiente deindiferencia que los envuelvey sustraeros al ambiente vivo de las nuevascosasde las nuevas ideasde los nuevos gustosy dominar la corriente que nosarrastray en tan opuesta dirección nos llevadecidnos la generación yorigen de tales inscripcionesla idea que contienen y el momento querepresentan. No faltará en la muchedumbre quien os escuche.

Pero los blasones nos distrajeron de las reclusas de Reginaccelilosblasones me apartaron de San Ildefonsoy de decir en lugar oportuno cómo lofundó de sus rentas para las hijas de Santo Domingo el canónigo tesorero de lacolegial de Santillanadon Alonso Gómez del Corroilustre apellido quehallaremos en San Vicente de la Barqueradel cual las dió posesión en juniode 1670(235) <notas.htm>. Sigámoslosyaque siguiéndolosestudiándolospasando de uno en otro a lo largo de lasonora y desierta calle nos llevarán hasta la joya artística de Santillanahasta su iglesia abacialen la cualsi no te causa mayor impaciencialectoramigonos vamos a detener un rato

- II -

La Colegiata


Sobre algunas gradas y un atrio espaciosocuyas entradas guardan mutiladosleonesdescansa el venerable templo. Cinco arcos concéntricos cuya molduraahogó el mortero de las reparacionescuatro columnas de purísima generaciónorientalde fuste cenceño y capitel historiado de gran desarrollodejan huecoal arco moderno de la puerta. A la derecha el cubo románico del campanariorodeado de impostas jaqueladasabre sobre el atrio un ajimez en su cuerpo másaltoa cuyo nivel corre la fachada una galería de sombrías arcadasaligerando el sólido frentedesde la torre del crucero a la del relojque ensu piso bajo encierra la pila bautismal.

Hartas lluvias han corrido por sus sillares para mellarlos y roerlos; hartossoles los han calcinado; hartos huracanes han barrido sus átomos segregados porla sequedad y el tiempo. Las figuras que el arte cristiano ponía a las puertasde sus templos para atraer al devotopara preparar su espíritu a lacontemplación de su interiora los consuelos fervientesa las místicaselevaciones del sagrarioestán en Santillana desmoronadasrotasdespojadasde miembros y atributossin palma el mártirsin cayado el pastorsin tiarael Pontíficesin aureola el escogidosin alas el arcángel.

Distingueseemperosobre el dintel del tímpano al Eterno gloriosoprincipio de todo serorigen universal de la vida. Sienta en su regazo el librode vidaley de salvacióncompendio de la divina sabiduríae; que se da alhombre consejoguíahaciéndole artífice de su ventura. Los ángelessostienen el nimbo de su autoridad santísima; la luz radia en triples haces desu cerebrocentro y resumen de lo infinito; su diestra bendice al que seacerca; la solícita bondad de Dios sale al umbral de su mansión sagrada aperdonar y acoger al penitentea ofrecerle la vidael soberano biensinpedirle más pago que el de venir a tomarla de sus manos divinas(236)<notas.htm>.

Una losa negra puesta a mano diestra del ingreso trae unas letras que dicen:ESTA IGLESIA SE FIZO A ONRA Y GLORIA DE DIOSERA DE CCCXXV. Osada afirmaciónde tradiciones vagasno establecida sobre auténtica prueba o testimonio. Haciatal tiempola tierra española se preparaba a beber caudalosa sangre vertida ensuplicios. Había sido feracísima a la predicación evangélicay eranecesario proporcionar el filo del hierro y el vigor del brazo a la riqueza yespesura de la mies. Diocleciano ocupaba el solio imperial de Romaasociándosea Maximianoa quien daba en gobierno las provincias de Occidente: ambos nombresiban a eternizarse con el sangriento resplandor de aquella persecuciónterribleal cabo de la cualcreyendo exterminada la nueva doctrinapodíanesculpir en sus piedras triunfales: NOMINE CHRISTIANORUM DELETO; «borradohabemos el nombre de cristiano».

La historia eclesiástica de nuestra provincia durante aquella «era de losmártires»no es menos oscura e ignorada que su historia política. ¿Cuándoy por qué vías había llegado a la Montaña la propaganda de los sieteapostólicos(237) <notas.htm>discípulos de los de Cristoinmediatos depositarlos de la tradición divinayencargados de difundirla por las tierras españolas? ¿Había sido evangelizadala comarca cuyos diezmados pobladores vivían entre el odio a los romanos y sutiranía? ¿Era la fe nueva tan poderosa ya y robusta en aquel siglo IIIquepromoviera fundaciones de parte de gentes pobreszahareñasaún no curadasdel estrago de las guerras antiguasy entretenidas en sus perennes luchasfronterizas?

No hay supuesto ni razón que no condene la fabulosa fecha. Aun el nombre yla existencia de la villa son posteriores a ella(238)<notas.htm>.

En las costas asiáticas de la griega Propóntidaen aquella ciudad deNicomediafamosa por la juvenil depravación de Césaruna doncella desingular hermosura y claro linajesolicitada para esposa por el senadorEleusioponíale por condición de su consentimiento la de queapartado de laidolatríaabrazara a par con ella el símbolo cristiano. Semejante confesióny semejante resistencia eran prenda segura de martirio. Sufrióle Illana sindesfallecerdoloroso y lento; su victoria más difícil no fuésin embargosobre los tormentos. La tradición cristiana pone en manos de cada uno de susconfesores un instrumento de su sacrificio para acrisolar a los ojos del puebloel padecer y la constancia; retrata a Santa Illana dueña de un dragónaherrojadoemblema de tentaciones soportadas sin desmayode ternezas yhalagossutil engaño y peligroso cebo de la apostasíaevitado y huido conaustera fortaleza.

El ilustre Flórez(239) <notas.htm>sobre fundadas y prudentes razonespone en el siglo VI y su segunda mitad latraslación de estas reliquias a España. ¿Cuándo vinieron a dar nombre a unsantuario de Planescuya devocióntrayendo pobladores nuevos y arrimando alsantuario los del lugar antiguoengendraba la villa nuevapreparando el yermodel solar de Planes y la mies que ahora le enverdece y hermosea?

Ni el interior de la iglesia nos dice otra cosa más que la época de sufábrica suntuosael siglo XIIsi no nos engañan la traza y estilo.

Ocho arcos peraltadosque se apoyan en ricos capitelesredondos pilares ymacizas basas la dividen en tres navescuyas cabeceras cierran tres ábsidessemicircularesprolijamente adornados exteriormentecon ventanas de floridasarquivoltasimpostas y canecillos.

Arquitectura monásticaque ofrece los caracteres señaladosla fisonomíapotenteruda acasopero vigorosa y acentuadade las huestes religiosas que lausaban. Conserva la planta latinacomo conserva el monje la lengua que le sirvepara orar y para escribirpara comunicarse con el cielo y con los hombres; seengalana con símbolos y figurascomo se engalana el tonsurado para el santosacrificio. Y así como en los misterios del altar alhajas y ropasoro y sedacera e incienso tienen su significación místicaperdida hoy para pueblomásfamiliar y conocida sin duda en los días antiguos de la fe y del cultoasí latenían cada una de sus galas esculpidassus ramajes y sus historiasla floranatural y la fauna fantástica de sus capitelessus palmeras y sus videssustarascas y sus quimerassus ángeles y sus réprobossus vírgenes y susencubertados. Hoy la conservaaunque adulteradao más bien la interpreta latradicióny en vano la busca el pueblopoeta perennemente consagrado aperpetuar la memoria de cuanto ha herido en bien o en mal su inteligencia y susentimientoa engañarse noble e ingenuo con sus propias ficcionescomo seengaña a veces el niño candoroso con el espantajo que dispuso para amedrentaro sorprender a sus compañeros.

El templo románico recoge y templa la luz exteriorcomo la recoge y templala cogulla sobre la frente del cenobitay dentro de la nave la esparce y dilatahasta los extremos como mirada contrita constantemente empleada en reconocer ysondear los hondos términos del corazón y la concienciapara alejar de ellostodo átomo de impurezatoda sordidez y toda mancha.

En las columnas más apartadas del tabernáculo pusieron sus artífices losmonstruos y guerreroslos combates y heridaslenguaje necesario de una edadrobusta y belicosa; y en las que van acercándose al altar truecan las escenasprofanas por emblemas religiosos. Traducen el acanto gentílico en cristianapalmay siembran entre fantásticas e ignotas creaciones alegóricas claras yconsoladoras; el ave phenixregenerada por el fuego para nueva viday enfrentede la caída de nuestros primeros padresla redención prometidalosmilagrosos frutos traídos a Moisés por sus exploradores de la tierra benditade Chanaan(240) <notas.htm>.

En el centro de la iglesiacercado de hierrosestá el sepulcro de lasantaviejo zócalo toscamente labrado con la efigie de la mártirpintado deletras restauradas en tiempos diferentes antes de ser borradas las antiguasoscuro jeroglífico que enoja al curioso y le aleja. La reliquia yace en elpresbiterio a la parte del Evangeliodonde fué trasladada en marzo de 1453 pormandato del célebre don Alonso de Cartagenaobispo de Burgos(241)<notas.htm>.

Otro lucillo de grave y antigua forma puesto sobre dos leones arrimados almuro de la nave diestraha sido ocasión del aventurado supuesto de queencierra el cuerpo de una infanta de Asturiasdoña Fronildefundadora de lacolegiata(242) <notas.htm>. El maestroFlórezsagaz y certero escudriñador de genealogías y descendencias realesniega la existencia de tal princesa y con presencia de las escrituras deSantillanaexpone que hubo una dama de alto linaje y nombre Fronildegranbienhechora del existente monasterio(243)<notas.htm>.

Cubre la mesa del altar mayor un espléndido frontal de plata cincelada condorados rielesy encima de ella reposa el gótico retablo. Obraacasode manoextranjeraflamenca o borgoñonadon probable de algún poderoso de la casa deMendozaabad o señorque regía la iglesia o los estados de Santillana aúltimos del siglo XV. El oro mustio y apagado de fajaspilarcillos y doseletescorta y separa las iluminadas tablas: las dos inferiores pintan a ambos ladosdel sagrario escenas de la vida y martirio de Santa Juliana; las cuatrosuperiores representan a Cristo recién nacidoadorado por los reyes en elestabloaclamado por las turbas a las puertas de Jerusalény desclavado delsuplicio por sus fieles discípulos. El estilo llanoel color flojo de estastablas son indicio de su antigüedad: su composiciónel movimiento y vida desus figuras pertenecen a un arte superior al que por entonces mostraban losespañoles Luis Dalmau en su célebre cuadro de los concelleres de Barcelona(1445) y Pedro GumielSancho de Zamora y Pedro de Córdoba en los retablos deToledo (1475)(244) <notas.htm>

.

Cuatro curiosos relieves en los plintos del retabloen su predellaala altura de la mesa del altardetienen al anticuario. Representan los cuatroevangelistas en actitudes de su ministeriofamiliares y diversas. Lucas cortala plumaJuan la moja(245) <notas.htm>Marcos escribe y Mateo examina al aire los puntos de la suyacon ademánnaturalísimo; el león de San Marcos es un león heráldico; las sillasatrilesropas y menaje son curiosísimo estudio de arqueología e indumentaria.

Hazdiligente viajeroque el sacristán levante el frontal argentinoydetrás de élempotradas en la fábricadescubrirás cuatro figuras deapóstolesiguales en proporciones y estilosemejantes de dos en dos enactitud y disposicióny que parecen haber pertenecido a un sepulcrono de tanremota edad como la iglesia. ¿Era el de la santa? En el claustro hallaremosluego otros dos trozos de escultura que representan la Virgen con el Niño enbrazosuno; Santa Juliana con el dragónotro; la semejanza en el gusto y manode obra de unas y otras esculturaslas junta mentalmente en una solaconstrucción fúnebre. Las llaves y un libro abierto donde se lee «Petrus»con otras letras de interpretación inseguratitulan ya una de las figurasapostólicas; la larga barbala cartela desplegadaatributo de escritordefinen en otra a San Pablo; San Juan es denunciado por su aire juvenil y rostroimberbe; mas no me atrevo a dar nombre a la cuarta.

Vamos ahora al claustropor cuyas crujías no han de pasar ya muchasgeneraciones. Vamos al claustrojoyel precioso del arte románicocuya vidaestá hondamente amagadacuya impresión primera vivirá en tu corazónlectorque lo visitascomo vive en el míosi al pisar sus melancólicos ámbitosviene la risueña luz del día a dar triste realce a las añosas piedrasa lasmemorias funeralesal tétrico recinto en que se juntan la ruina y la muertela huesa y el escombrola destrucción del hombre y la de sus obras.

El sol partía diagonalmente el patioproyectando en su centro la sombranegra de la torre del crucero; el viento mecía la hierba larga y lustrosa comonacida en tierra húmedamezclada con otra planta rastrera sin florcuyashojas anchas ofrecen el siniestro y trabajado perfil de las de la cicuta. En unángulo crece un cerrado grupo de cañaspalmera sonora de los arroyos delNorteen la cual parece vivir el armonioso espíritu que hizo de su hueco talloinstrumento músico para los pueblos pastoriles; en otro levanta su gruesotronco una vid robusta quetendiendo sus brazos por uno y otro lado de laalqueríase apoya en los capiteles y penetra entre los fustes de las columnasgemelas y cuelga en los vanos el pabellón pomposo y fresco de sus hojas y suspámpanos.

Sirvieron las galerías de este claustroy aun sirvende cementerio; a unade ellas se asoma la boca del repleto osario. No sé qué causa conmovió lasparedes; oí detrás de mí un ruido extrañoy volviendo la cabeza vi rodar uncráneo que del osario rebosaba y se detenía tropezando en la tierra maltrabada y floja del piso.

Allí están arrimadosenteros unos destrozados otroslos viejos ataúdesde piedradonde el polvo de los siglosllenando los huecos abiertos por elcincelha borrado la huella del artedevolviendo a la materia su primitivoaspecto informe y bruto. Ya en el siglo XVII no eran legibles sus epitafiossegún testimonio de Sota. «Por su mucha antigüedad -escribe el benedictino-están gastadas las más de sus letrasa cuya causa no se pueden leernisaberse los nombres de los que en ellos están sepultados; pero se saben susdescendientes que por derecho hereditario los poseen; y son las casas deCalderónVelardeVilla y Polanco.» «Los Barredas -añade- tienen capillaparticular dentro de la misma iglesia.» Y es por cierto una fábrica sencillacuriosa y ligeradel siglo XV al parecerconsagrada a San Jerónimo.

La ordenación arquitectónica de este claustro consiste en un zócalocorrido a lo largo de las cuatro crujíascuadrangular y lisocuyas aristassuperiores están amortiguadas en chaflán acanalado. Los arcos semicircularescatorce por ladode moldura lisa (toros y filetes)descansan en columnascortasque de cuatro en cuatro se aparean con otra gemelay en cuyos capiteleslució la escultura del tiempo su maravillosa variedad y riqueza: sobre ellosvuelan hacia el interior de las galerías los arranques de las bóvedas decañónsuplidas por toscos y desvencijados alfarjes. Quizás se arruinaronquizás no llegaron a cerrarse nunca de piedra.

Pero¡qué prodigioso e interesante museo el de los capiteles y sushistorias! Huellas del arte babilónico o asirioel centauro con la típicamitra asaeteando una fiera fantásticajunto a una latísima y rara expansióndel arte cristianocomo acaso no hay otra prueba semejante de tiempos en quedominaba el tímido simbolismoy el común respeto no aventuraba larepresentación del sublime drama cristiano. El calvario y sus crucesy sutragedia y el lloroso cortejo de las santas mujeresy el tropel inhumano de losverdugos; el juicio final o quizás su indicación primerasu representaciónelemental en la ley nuevael descenso de Cristo al seno de Abraham. Martiriosen una partecacerías en otra; aquí los inextricables tejidos funiculares delcincel bizantinoallí las hojas lánguidas y flexibles de los mármolesgriegos.

Esculpido parece el claustro para proclamar y establecer con pruebas launidad del artela existencia de un elemento generador únicoy el orden y lavariedad sucesivos de su desarrollo. Al capitel rudimentariotronco depirámide invertidodesbastado apenasse arrima en un segundo período untallo pobreescueto y sin hojascomo desarrollado sin luz y sin aguaa cuyoextremo se ensancha apenas la yema fructífera y fecunda. Ya en la generacióntercera la planta se vigoriza y multiplica sus tallos ricos de anchas yalternadas hojasy tanto los revuelve y trabaque luego pierden su silvestre yfrondosa fisonomía para trocarse en fantástica y vertiginosa combinación delíneas geométricasde cintas y listones. O dando abrigo y sostén a lascriaturas menores del reino animalse pueblan de insectosde pájaros. Y sindetenerse la zoológica progresiónllega hasta la figura humanay las escenasanimadas y diversas de la vida socialúltimo y supremo momento del artísticogénesis.

Aquel mundo animado que se despliega a la altura de nuestros ojoshaceolvidar ese otro mundo inanimado que yace debajo de nuestros pies.-¿Quiénesfueron? decimos de éstosindolente y pasivamente. -¿Quiénes son? decimos delos otros.



 

 

- III -

Abades y señores.-El marqués de los proverbios

Dos y medio siglos antes de que dominase en las artes el estilo que luce suactual abadíaya tenía abades Santillana(246)<notas.htm>

. ¿Era monasterio de regularescomo parece indicarlo la fórmula fratresaplicada en algunos instrumentos a los eclesiásticos que le habitaban? ¿Fuémonasterio dúplicecomo algunos quieren deducir de ciertas cláusulasde donaciones personales de conversos de uno y otro sexoy de esta frase: Inpresentia abatissae Fronildi roboravicontenida en la escritura deheredamiento de ciertas viñas en Liébanaque firma el abad Juanaño de1021?(247) <notas.htm>. Flórezconjetura que la secularización e instituto de colegial se debe a Alfonso VII;pero confiesa que en una escritura de días de San Fernandoaño de 1238esdonde por primera vez encuentra la calificación de canónigos aplicada a lacomunidad de Santillana.

En 1209y a semejanza de lo que había hecho en SantanderAlfonso VIII diófueros a la villaentregándola al señorío del abad. El señorío abadengoperseveró íntegro hasta los tiempos de Alfonso XI. Este rey emprendedor yresueltonecesitando para el apresto de sus expediciones militares mayor caudaldel que sus arcas le ofrecíanlevantaba ciertos tributosjustificándolos conla patriótica razón de sus felices campanas(248)<notas.htm>

. En 1327 preparaba su primera y juvenil empresa contra el moro de Granadaal cual había de tomar victoriosamente la villa de Teba y los castillos deCañete y Priegoderrotando al celebrado Osmíngeneral de su caballería. ElPapa le había concedido las tercias de las iglesias y el diezmo de las rentasdel clerolos Estados reunidos en Madrid los servicios y monedasy enel mismo tiempoy ya comenzadas las operaciones militaresexpide desde Sevillasu real ejecutoria al abad de Santillana para que no cobrase el yantar quepor señorío le era debidosino que fuese entregado a su Adelantado mayor deCastilla(249) <notas.htm>

.

No es de creer que pasada la ocasión de la necesidadlos pueblos quedasendesahogados del nuevo tributoni tornasen a los señores sus cedidos derechospues tal sucedió siempre con toda pensión y carga de dinerocuando ha derenunciarla el mismo que la aprovechó y goza; y así mermado el señorío vinoa encontrarse con las dificultades que le suscitaba necesariamente la casa de laVegaengrandecida como atrás vimos con el territorio de las cercanías encabeza de Gonzalo Ruiz.

Acogido el abad al regio patronatopretendía escudarse con la autoridad delsoberanocuyo representante se llamaba; pero sabido es el ningún respeto que alos próceres imponía el trono en aquellos siglos.

Así en el «Pleito de los valles» tantas veces citadodice un testigo que«vidosiendo alcalde en Santillana (puesto por Gomez Ariascorregidor delrey) Juan Perez de Piñeraporque avia dado algunos mandamientos para emplaçary prendar algunos vasallos del almirante(250)<notas.htm>y doña Leonory el dicho almirante á Santillanay entrar en casa del dicho Juan Perez alcaldey tomarlo y quererlo echar porlas varandas a baxollamandole villanoruyn; que quien le mandava meter en sujurisdicion. E que todavía le echara por las varandas abaxo: salvo por ciertaspersonas que ende estavan. E que vió al dicho almirante dar al dicho alcaldecon el puño y la mançana de la daga quatro ó cinco golpes buenos y bien dadosen la cara: fasta que prometió y juró no entrometerse á juzgar entre losvasallos del dicho almirante. Y que oyó decir á personas que nombraqueGarcilassopadre de doña Leonor avia ido á Santillana á prender á JuanTaconporque diz que se avia entrometido á conocer de pleitos entre vasallosdel dicho Garcilassoy que lo prendiera y lo fiziera degollar en la plaça dela dicha villa».

Y no trataba con mayores miramientos al propio corregidor real aquel terribleDiego Hurtadoporque otro testigo cuenta cómo «estando en Santillana assentadoá juicioel dicho almirante le avia dado ciertos palosporque aviaentrado á corregir en sus valles. Y que oyó decir á dicho almiranteque sisupiesse que el dicho Gomez Arias entrava otra vez á corregir en los dichos susvallesque le faria matar por ello... y que el dicho corregidor non osava andarfuera de su posada; antes dice que estaba abscondido en casa del herrero deVallesdonde el dicho corregidor posavaque es en la dicha Santillana».

Así iban las cosas en la villa cuando Iñigo López de Mendoza entró asuceder en la herencia de doña Leonorsu madreen 1432. No mejoraron porelloni fueron deslindados y más claramente establecidos los poderes yatribuciones de cada autoridad y los derechos de cada señorporque en 1436dice el pleito: «Sobre la jurisdiccion del mayordomazgo ovieron ruydo é peleaen uno Fernan Gonzalez del Castillo corregidor que á la sazon era del rey enAsturias de Sanctillanay Sancho Lopez de Guinea alcaldepor el dicho IñigoLopez en la casa de Vega... en el cual ruido murieron hombres de ambas partes».

No descuidó el cortesano magnate medios más suaves y eficaces que el rigory la violencia para lograr sus fines; acudió con éxito a ganar las voluntadesy consiguió que en el otoño de 1439 los valles de Reocín y Cabuérnigarevocasen los poderes dados a sus procuradores«porque querian fazer óprocurar algunas cosas contra el señor Iñigo Lopez de Mendoza en contrario dela jurisdiccion que demandava de los dichos valles»y pidieron al rey que lereconociese el tal señorío y jurisdicción(251)<notas.htm>

.

Mas ni aun el título de marqués de Santillanaextendido a favor delÍñigo López por el rey don Juan IIa 19 de Mayo de 1445puso temor a losmontañeses ni les movió a mayor obedienciapues cuenta el octogenario PeroAlonsovecino de Lamadrid(252) <notas.htm>que «el marquesado se alzó y no le querían obedecer por señor». Y añadeque«despues le rescibieron por señor en el campo de Revolgoy que traía elmarques un collar colorado y que era hombre de gran cuerpo. Y que vinierondelante la posada del dicho marquesque es en la dicha villamuchas gentes delmarquesado con paveses y vallestas y otras armasy que les dixo el dichomarques:

«-¿Aun todavía venis con recelo?

«Y que les mandó poner las armas en el sueloy las pusieron y le besaronpié y mano.»

Para quitar todo pretexto a los inquietos y díscolosen septiembre delmismo año de 45(253) <notas.htm>obtenía el marqués dos cédulas reales que le conferían el señorío deSantillana con todas sus rentas y jurisdicciones(254)<notas.htm>.

Algún poderaunque escasoconservaron los abades; pero mantenida estadignidad cuidadosamente en la casa de los Mendozas casi durante un siglo(255)<notas.htm>no hacía gran sombra ni obstáculo a losopulentos jefes de ellala cualsin embargocuidó de llamar a sí aun losmenores vestigios del antiguo señorío por medio de un convenio celebrado enGuadalalara entre Íñigo López de Mendozasegundo duque del Infantadonietodel primer marqués de Santillanay el abad don Martín de Mendoza por losaños de 1511(256) <notas.htm>.

Es curioso ver designado por los montañeses al primer marqués de Santillanacon el nombre de marqués de los Proverbios(257)<notas.htm>. ¿Era esto en odio y protesta del título que leconstituía en señor de ellos y les dolía reconocer? Yo prefiero admitiraunque en ello ceda nuestra opinión de altivos y tenacesque le llamaron asíporque era más nuevopara ellos un título literario en sujeto de tantaalcurniaque el de la más alta dignidad de la andariega corte; yo prefieroimaginar que con el cuento lejano de las intrigas palaciegascon el rencorosorelato de las discordias civilescon el rumor espléndido de las hazañasmilitaresllegaba también a nuestras breñas el eco sonoro y limpio de la musacastellana. Nuestros antepasados habían leído u oído leer que

 

a los libres pertenesce

 

aprehender

 

donde se muestra el saber

 

e floresce(258) <notas.htm>.

Habían leído u oído leer:

   

¡Benditos aquellos que quando las flores

  

se muestran al mundo desçiben(259)<notas.htm> las aves

 
  

e fuyen las pompas e vanos honores

 
  

e ledos escuchan sus cantos suaves!

 
  

¡benditos aquellos que en pequeñas naves

 
  

siguen los pescados con pobres traynas!(260)<notas.htm>

 
  

ca estos non temen las lides marinas

 
  

nin cierra sobre ellos Fortuna sus llaves(261)<notas.htm>.

 

Habíanse enternecido con la historia del triste Macíasy deleitádose enestos ecos suavísimos del inmortal toscano profética voz en su tiempooráculo y resumen de toda fe y detoda poesía:


   

La mayor cuyta que aver

  

puede ningún amador

 
  

es membrarse del placer

 
  

en el tiempo del dolor(262) <notas.htm>.

 

Y asombrados todavía de la catástrofe de don Alvaro de Lunaoían hablaral célebre privado por boca del que le había sucedidosi no en el cariño yconfianza regios y en el político prestigioen el lugar más visible de lacorte y del consejo:

   

Cá si lo ajeno tomé

  

lo mío me tornarán;

 
  

si maténo tardarán

 
  

de matarmebien lo sé.

 
  

Si prendí por tal pasé

 
  

maltraysoy maltraydo

 
  

anduve vuscando ruydo

 
  

basta assaz lo que fallé(263)<notas.htm>.

 

No les cogían de nuevo los bríos militares del frontero de Agreda y deGranadadel valerosísimo soldado de Araviana y Huelma; ni las mudanzas delmagnate tornadizoque ora terciaba en el bando del reyora en el de losgrandesya seguía la legítima bandera de los lealesya la de los inquietosinfantes de Aragón; ni la descubierta ambición que tomaba para sí despojos deotro prócer su igualcaído de favor y desvalidoni la interesada cautela queajustaba en precio de su ayuda al apurado Juan IIla merced de los valles deSantillana.(264) <notas.htm> Talesactos de virtud y de flaquezade grandeza de ánimo y de vulgar codiciaéranles familiares; constituían entoncessin velo ni disimulo de hipocresíaalgunala vida pública y común de grandes y pequeñosproporcionando suevidenciasu magnitudsu importanciasu escándalo a la alteza y valor delsujeto que los cometía.

Pero leerescrito por mano de uno de los primeros de Castillacomo llevamosapuntadoque «a los libres pertenece aprender»; a los libresesto esa lospoderososa les exentos de la servidumbre del trabajo por su nacimientoo pirsu suertedoctrina generosa tan poco admitida y menos usadano ya en siglososcuros de feudal prepotenciasino en días de pretenciosa emancipación yclaridad del espíritu; verle proclamar «que no embota la ciencia el fierro dela lanzanin face floxa la espada en mano del caballero»(265)<notas.htm>en días en que lanza y espada eran cuidadoexcelente de los hombresla más pulida joya de su haciendael primer alfabetode sus hijosdebía poner al guerrero magnate en tan nueva y seductora luz alos ojos de este pueblo apartadoperspicaz e inteligenteque no pudieraconfundirle entre la magnífica y deslumbradora muchedumbre titulada que hervíaalrededor del tronoy fascinaba a Castilla con el ruido de sus hazañasde suspretensionesde sus discordias y de su engrandecimiento.

Entre ambas Asturias

 

 

 

- I -

Comillas.-San Vicente de la Barquera

Al Noroeste de Santillana surge un monte por el cual trepa el camino. Laruina solariegahabitual detalle del paisaje cántabroviste su cima con eltorreón descabezado y la quebrantada cerca de mampostería robustecida pormacizos cubos que las hiedras minan. Un parque secularenrarecido por los añosy el podónderrama sus robles macilentos y cansados sobre la vertienteseptentrionaldesde cuyas revueltas descubren los ojos fértiles marinas. En sucentrosolitaria sobre un campizoblanquea la iglesia de Oreñay de su anchoumbral parten serpeando a lo largo de la verde mies las sendas que traen hastalos sagrados ámbitos a los feligreses de sus seis apartados barrios: ViallánCaborredondoPadrunoBárcenaTorriente y Perelá.

Cuando crece el mar en la pre cesión del equinocciosuena con broncainsistencia dentro de un cóncavo de aquellos peñascos. La lúgubre voz se tomacomo infalible anuncio de extraños rigores invernizos: la tierra reconoce laautoridad del agüero en un dicho popular y extendido en la comarca: Cuandoruge la cueva de Oreñaunce los bueyes y anda por leña.

Baja el camino al llano y corre al Oeste hacia Toñanes para pasar entreCigüenza y Cóbreceslugares que vimos desde la dramática altura de Cildad. Ala primera luz del alba veía yo el paisaje; paisaje soñoliento todavíafueradel mar cuyas aguas mantiene en perpetua velaora la brisa que viene de susmisteriosas soledadesora el viento que baja de las cumbres aleteando porcauces y encañadas. Los parajes entrevistos a esa luz inciertaquedan con suscontornos vagoscon sus formas indefinidaspegados a esos jirones de ideavagos también e indefinidoscon que comienza el día del pensamiento. Lareligión ha santificado ese momento crepuscular consagrándolo a la Madre detoda caridad y de todo consuelo. Levántase el día con su escondido caudal depenas y alegrías que con próvida y ordenada mano va a repartir a los hombresy la campana nos advierte de que no es a los hombres a quien hemos de agradecerlas unasni lamentarnos de las otras.

Andadas más de dos leguas se llega a Comillas. Labróse sobre la cresta deun cerroen cuya suave vertiente meridional esparce su caserío y limpiascallesy que tajado al Norte domina los muelles del puerto y el arenal dondedescansan encalladasentre dos mareaslas lanchas pescadoras.

La villaapacible y risueñatiene la fisonomía de un trabajadorenriquecido y satisfecho; goza de legítimo sosiegocomprado a costa de sudorese inquietudesy vive tranquiloy no exento de cierta altivez propia de quiense basta a sí mismo y no pide ni espera mercedes de más poderosos.

Cuando la fiebre minera invadió el territoriolos montañesesmalcontentoscon el premio tardo y seguro que su labor les ofrecese dieron a sondear lasentrañas de sus montes y arrancarles ópimasfáciles e instantáneasriquezas. Abrió Comillas su puerto a un tráfico animado y productivo; a lolargo de sus avenidas y caminos chirriaban los convoyes de carretas acarreando calamina;ensanchóse su población por las cercaníasestableciendo hornos y almacenes;y en sus aguas fondeaban y se sucedían fustas y galeotas de variado aparejo ypabellón extranjeroque en su ancho vientre transportaban el mineral a lasfundiciones de Francia y Bélgica.

De este comerciopersistente aunque limitada su actividad a proporciones quele aseguran mayor duración y consistenciadan testimonio los dinteles detiendas y bodegones rotulados en lenguas extrañasnovedad curiosa ensemejantes parajes.

Sobre la fachada del viejo consistorio conserva la villa en escudos votivosla memoria de sus hijos ilustres y bienhechores. Túvolos insignesquebrillaron especialmente en el vasto teatro del nuevo mundocuando era regidopor leyes españolas; fuéles propicio el suelo americanotanto que pordiversos caminos pudieron realizar en él la sonada sentencia del filósofo: fortunalabori comes.

Todavía en el de la contratación y azares mercantiles les sonríe prósperaestrella a pesar de la ruina de nuestra grandeza indiana. En el de lasdignidades eclesiásticas dejaron clara huella sus letras y virtudes.

Arzobispo de Lima fué don Juan Domingo González de la Regueraque murióoctogenario en el de 1805dejando numerosas fundaciones pías de escuelasdotesfuentes y abundantes limosnas. Un paisano amparó su mocedad y estudiosen la capital peruanael docto fray Pedro Coteraprior de los Benitos deMonserraty otrodon Gregorio de Molledaarzobispo de Charcasabrió laspuertas a su dilatada carreraproveyéndole de un curato en Talavera de laPuna. Exaltado a la metropolitana limeñael agradecido montañés volvió losojos a su patriay quiso a su vez pagar los beneficios recibidos. Mejoró yenriqueció la iglesiasuntuosamente edificada por los vecinos en 1675(266)<notas.htm>; costeó la traída y servicio de abundantes aguasy aprendidaacaso por experiencia propiala conveniencia de allanar al hijo desu tierradespierto e indigentelos difíciles pasos primeros de lasprofesiones liberales y mandó construir y dotó con rentas un Seminariocantábricodestinado a segunda enseñanza.

Subsiste el edificiolevantado por el arquitecto don Cosme Antonio deBustamante en 1804: obra de buenas proporcionesde gusto clásicoalterado porcierta manera que prevalece en las construcciones civiles del paísblasonadosu frente principal con el Pastoral escudo del fundadory convertido en cuartely viviendas particularesusos harto ajenos a los fines y designios de suorigen.

No es éste el único nombre con que Comillas ilustró el episcopadoamericano. Por igual tiempo gobernaba la diócesis de Sonora otro natural deComillasdon Bernardo Martínez.

Los oficios que debía al reverendo Coterahízolos a su vez el ilustrísimode Lima con otro mancebo de su misma patria y estado. Aprovechando laprotección y siguiendo el ejemplollegó el doctor don Rafael de la Nava amereceren 1806la silla arzobispal de Guatemala. Interesante es la historiade este prelado y trágico fué su fin. Tocóle regir gentes movedizasalteradas ya por deseos y planes de emancipación. Era tan honda la inquietud delos ánimos en aquellas remotas provinciasy tan profunda y extensa la llagaabierta en sus hábitos de sumisión y obedienciaque la viciosa lepra cundíaa las autoridades y tropas españolasexcitándolas a sediciones y rebeldíasdesmintiendo la honrada tradición de su lealtad y sus virtudes. Las deleminente Nava eran cenobíticas; hacíanle respetado de todos: y ayudadas de supalabra fácil y amorosatuvieron evangélica eficaciatanto al predicarmisionescomo para sosegar motines. Su austeridadsin embargorecibíase maldentro de su propio palaciodonde era reprensión mansa y tácitaperoconstantede costumbres menos puras. Y no faltóde los castigados por elejemplo del apostólico varónquien abrevió con tósigo sus días.

¿Cómo contando Comillas hoy no menos ilustrados hijos(267)<notas.htm>no tiene un librito manual que imponga al viajerodel origen de las suntuosas construcciones y de las causas del culto aspecto queen el pueblo admira y nota? ¡Cuán de menos lo echaba yo corriendo sus calles ytendiendo la vista desde el Calvario que domina su puerto!

Sale el camino a occidente entre tiernos chopos y amenos huertospara llegarpronto a terreno de diverso aspecto. Del monte de la Coronaencaramado asiniestra manobaja un arroyo de breve curso y turbulentas aguasque falto deespacio y tiempo para cansar su furia desde su nacimiento a su muertela gastaarremolinándose sobre sí mismo en ruidos vanos y huecas espumas. Su rapidezexcesiva parece haberle apellidado en antigüedad desconocidasi no miente aloído la desinencia de su nombrecomún a otros caudales en situaciónparecida. La Rabia(268) <notas.htm> sellamay es pesquería de excelentes ostrasservidas a los glotonesmadrileños.

Estas bocas de río cuando no han sido capaces de un puerto y poblaciónacomodadatienen suma tristeza y monotonía. La corrienteembalsada por lastierras que ella misma arrastra y acumulafluye perezosamentebuscando porlargos y repetidos rodeos la salida al mar; en la marina yerma y desoladaapenas si una ruina de ermitamolino o garita quiebra la uniforme línea de losbancos y dunas; apenas si entre los juncos y légamos verdes de la playablanquea una gaviota o garza solitaria.

Luego se sube a una sierradonde se ofrece al peónavaro de horas y defatigael camino antiguo más caído hacia la costa. Al cabo de una hora se unea la carretera sobre los altos que dominan el ancho estero de San Vicente de laBarquera.

Partido el mar en dos brazosciñe un peñasco cuyo arenoso asiento ocupa lapoblacióncuya cima corona la iglesiay rodearon los muros de su fuertecastillo. El que entra derecho por las tierras al Mediodíalleva sobre susarenas treinta y dos arcos de un puenteque la tradición bautizó romanoytrae su fundación de era harto más reciente y más gloriosa para nuestra gente(269)<notas.htm>. Al extremo del puentedominando la ría con susgalerías abiertas al Sur y a Levanteun convento franciscoedificadocomosushermanosde limosna -dice Gonzaga-año de 1468.

La Casa de Guevaraque poseía como sabemos los inmediatos estados deTreceñotomó para sí el patronato de este convento; dotóle de capellaníaslabró la capilla mayor e hizo el retablo y el corocon un aposento para que sealojasen sus señoresque se llamó «la celda de los Guevaras». «Yalternativamente -dice el Memorial citado a los principios de este libro(270)<notas.htm>- desde entonces se entierran unos señores allí yotros en Escalante.»

Las casas de la villalevantadas sobre solemnes pórticosennoblecidas conbalconaje de hierroescudos y portadasabrigan el silencioso puerto. En laslejanías de su embocaduraal pie de los merlones de Santa Catalinay delvenerado santuario de Nuestra Señora de la Barquerase ven agitar lasbulliciosas ondas que dan voz a la soledad y acento a las ruinas; pero a laribera llegan calladas y adormidascual si ya su fuerzasu ayudasuflexibilidad y movimiento fueran inútiles para la muerta navegación y eldesaparecido comercio. Algún cabotero fondea en la rada que armaba arrogantesescuadrillas ballenerasy que pretende haber sido cuna de los bajeles guiadospor Bonifaz a la empresa de Sevilla(271)<notas.htm>.

Encarámase el viajero a buscar la iglesiaguía elocuente en los pueblosviejosabierto libro que de ellos cuenta la edad en su arquitecturaloslinajes en sus sepulcroslas costumbres en sus exvotosla piedad en suconservación y aseolas grandezas en su ornatolos dolores en su aparatofúnebreen la llama perenne de sus lámparas y cirios. La de San Vicente ocupael cabo meridional del peñascoal que yacen agarradas las viviendas como unageneración de crustáceos alimentados de marinos jugos y aire salado. Eldescarnado lomo de la peña tiene nombre de Calle Altacuyo ámbito bordandesmoronadas paredesedificios deshabitados: avenida melancólica que guíahasta el templocomo guían los sepulcros hasta la cruz alzada en el centro deun cementerio.

Las tres naves de la iglesiacerradas sobre ojivas anchas del siglo XIIIarrancan de una fachadacuyo portal trae filiación del XIIy mueren en uncrucero y ábside del XIV o XV. No escapóa pesar de la jerarquía del lugara la necesidad y pobreza de los tiempos; su edificación fué corno la de otrasmuchaslenta y sucesiva. Bien es verdad que las obras de la paz sólo en largoplazo de sosiego y abundancia llegan a cumplido términoy los tiempos de laojivatormentosos y durosdaban vagar limitado al arteinterrumpiendo amenudocon escaseces o violenciasel pacífico trabajo.

Más agitada España que otras nacionesempeñada en su secular guerrareligiosamenos propensa a ciertas vanidades y deleitesapenas tuvo espíritucaudalespacio y voluntad para construir otra cosa que iglesias o castillos.Príncipes ni magnates se cuidaron de sus propias moradasocupados en aumentary enriquecer la casa de Dios. «Honra singular» -dice el ilustre Ozanam- de larealeza y de los nobles castellanos»(272)<notas.htm>

En la capilla de San Antonio llama la atención un trozo de excelenteesculturaal parecer italiana; una estatua de eclesiástico reclinada sobre unaurnapuesta la mejilla sobre la manoen actitud de leer: obra naturalistaviva y acabada. La urnaenriquecida con castizas moldurasobedece al gusto delRenacimiento; en sus ángulos dos geniecillos llorosos desarrollan cartelas enque se leepartidaesta inscripción: el que aquí está sepultado nomurió / que fué partida su muerte para la vida; y en su centro una figurade ángelgótica en su actitudexpresión y dibujosostiene el blasón delos Corros(273) <notas.htm>susfundadores.

Dice el epitafio de este entierro: HIC IACET LICENCIATUS ANTONIUS DEL CORROVIR PRECLARUS MORIBUS ET NOBILITATEAC PERPETUÆ MEMORIÆ DIGNUSCANONICUSHISPALENSIS AC IBIDEM CONTRA HERETICAM PRAVITATEM A CATHOLICIS REGIBUSFERDINANDO ET ELISABETH USQUE AD SUUM OBITUM APOSTOLICUS INQUISITOR ET HUIUSALMÆ ECCLESIÆ TANQUAM NATURALIS UTIQUE BENEFICIATUSQUI OBIIT VIGESIMA NONADIE MENSIS JULII ANNO 1556 ÆTATIS VERO SUÆ 84.

Inmediatos yacen sobre un tosco plinto de labor románica dos bultos dediáfano alabastromás curiosos que el del inquisidor: vestido el caballero dearmadura completa y sobrevestala dama con tocascapotillo corto sobre la ropay cuello recto; trajes y plegado andan con los días y costumbres del siglo XIV.

La dignidad del inquisidor conseguida en edad temprana(274)<notas.htm>muestra su valor en una corte donde tenían pocaacción intrigas y favores. El de su familia en San Vicente lo prueba lapresencia de sus armas en los edificios más importantesen pie unoscaídosotros a lo largo de la Calle Alta. El más aparente y conservadolabrado de esaarenisca tostadarica de tono y fina de granotan común en la montañaeselegante tipo del renacimiento imperial. Sobre un cuerpo sin otro adorno que sufrontón toscano encima de la puertaalza otro calado por tres balconesflanqueados de columnas jónicas estriadas; un recio cornisón remata lafachadacuyos aristones se tornean y desenvuelven en pilares cilíndricos.Desde el arquitrabe habla el fundador al transeúnte en esta inscripciónabierta en tres trozos sobre los tres balcones: PAUPERIBUS UT SUBVENIAT * HANCEX VETUSTISSIMA REEDIFICAVI DOMUM * PULCHRAM SED PULCHRIOREM QUÆRAMUS; y enella revela el primer destino de su obradestinada a asilo de pobres.

Los restos de su murallacomidos de musgoembozados en yedrasamenazadoresy enhiestos en una partederribados en otracompletan la romántica y noblefisonomía del peñón de San Vicente. Persevera el cimiento de la robustafortalezaseñalando su plantasus recintosentradas y galerías; aún se venescaleras que trepaban al almenajeo guiaban a subterráneossilos ocalabozos: las embovedadas cuadras son viviendas de inofensivos labradores omarineros. Asunto curioso a pintores y arquitectos retratar las armoniosaslíneasel colorido fresco y suave de la ruina y la rocaestudiar ladisposición estratégica de las defensasy restablecer el perfil ceñudogravereposado del castillo en la integridad de su fuerza y poderío.

Aquí de nuevo nos hallamos al imperial naveganteal frecuente bojeador deestas marinasal huésped de Santander y de Laredo. Pero si al saltar en losmuelles de la hidalga Laredotraía Carlos de Gante su espíritu castigado porla experienciarendido al desengañopropuesto al sacrificio de las pompas ydeleites terrenoslas arenas de San Vicente y su breve y sosegada bahía lerecibían mozoextraño a las costumbres españolasinexperto en nuestrahablaabierto el corazón a todas las grandezas humanascapaz de poblar yenriquecer la región más desierta y vasta y miserable con las ilusiones ybríos de su ánimo esforzado.

Había desembarcado en un puerto de Asturiasmas «por no poder estar laarmada en Villaviciosa»escribe el historiador Sandoval«pasó a Santandery el rey fué por tierra a San Vicente de la Barqueradonde estuvo algunosdías»(275) <notas.htm>.

Entre uno y otro desembarco había corrido la vida del glorioso príncipe.

Méjico sujetaFrancia derrotadaRoma cautivaatajado el turco a orillasdel Danubiotodo poder y región respetable o temible por su autoridad y suvalorpor su robustez y númerodominados y puestos a su obediencia o amistadforzosa; una serie incomparable de triunfos y venturasde ocasiones de valor yconstancia nunca desmentidos; un espléndido cortejo de hombres insignesministros de su podercentellas de su gloria; Francisco de Borjay Teresa deJesúscrisol de virtudes; Alba y Leivaespejo de capitanes; Vives y Loyolaejemplar de teólogos y políticos; la dulce voz de Garcilaso y de Leónamansando la bélica fiereza de la corte; la pluma de Ocampo y de Mendozaconsagrando lauros antiguos y hazanas recientes; la palabra ardiente de losmaestros Ávila y Granadavertiendo desde el púlpito en los corazonesespañoles vívido germen de heroísmodesprecio de la muerteobediencia a laleyambición del cielo; y Cortés y Pizarroabriendo escuela de héroes;Orellana y Canoa bordo de las infatigables urcas; y Juanesy el Mudo yMoralesreflejos vivos de Rafael y Leonardo; y Berrugueteel de la inagotablefantasía; y CovarrubiasMachuca y Moraque sellan en la suprema elegancia desus construcciones la grandeza de los ánimosla magnificencia de los tiempos yla bizarría de las costumbres: he aquí los tesoros reservados por laProvidencia al porvenir del mancebo que cabalgaba por estas asperezasentregadotodavía a la rapacidad y codicia de Xevres y sus flamencosignorante del valorde la tierra que su bridón pisaba y había de ser pródiga en darle la copiosasangre necesaria para alimentar la fama y el terror de sus arrojadas naves einvencible infantería(276) <notas.htm>.

Sublime visión de gloria¿no es cierto? Sublime visión que al cabo detantos añosy a través de tan profunda decadencia y postracióntodavíatiene calor bastante para encendernos el pecho y luz para inflamar con claridadinextinguible los sagrados horizontes de la patriay prestigio para dar yo nosé qué sonoridad augustamágica y consoladora que enorgullece y elevaqueatropella la sangre al corazón y el llanto a los ojosa este nombre bendito de«españoles».



 

 

- II -

Río-Nanas.-Desfiladeros.-La Hermida

Sé indulgentelectorcon esta incurable flaqueza mía de partirme lejosdel presente y de las realidades inmediatas de la vida. Sé indulgentey nuncaimagines que estas escapadas y digresiones nacen de no hacerse mi espíritucuenta de los gustos ajenosciegamente regido por los gustos propios.

¡Si supieras cuán al contrario sucede! ¡Si supieras qué tímida yvacilante anda mi plumasospechosa siempre. de enojartequeriendo adivinar tusemblante y gestoatajándosevolviéndosemudando súbitamente de acento yde asunto apenas recela que van a aparecer el disgusto en tus ojosel bostezoen tus labiosel cansancio en todo el ademán y movimiento de tu personal

Por eso nunca me dirijo a tu pensamientodel cual sé queentregado a símismo y puesto a meditar sobre cualquiera de los incidentes de nuestra jornadaal punto aventajaría en alcance y en acierto a mi discurso; diríjome a tucorazóny tu corazón no puede mostrárseme zahareño ni rigurosoporque unaes nuestra fenuestro culto y unos nuestros amores.

Tú tienes patriaun pedazo de tierra donde nacistedonde hallaste la pazde tu almael premio de tu trabajola compensación y reposo de tus afanes yde tus dolores. Tú tienes Diosporque tuviste madre que te enseñó su nombrey a invocarle; porque si pudieras haber olvidado a Dios a quien habías de pedirpor tino puedes olvidar al Dios a quien has de pedir por ella. Tienes Dios ypatriaporque sin ellos ya te hubiera cansado y héchose molesta para ti lacompañía y conversación de un caminante que en ellos lo fía todoasí lasesperanzas y las posibles dichas internas de su almacomo el fruto de sucaminar y su trabajo.

Sin ellos fuera ocioso suplicarte ahoraporque antes de llegar aquí y desdelas primeras hojashubiera caído este libro de tus manos.

Pronto vas a dejarle: plegue a Dios no sea de hastiadosino de leído.

No puedes figurarte la poca gracia que me hizo hallar en cronistasque elEmperador no había cabalgado por estos caminos que de San Vicente llevan aAsturias de Oviedoy que yo había seguido absorto en los recuerdosen las saudadesque dicen nuestros hermanos de Lusitaniaen la nostálgica melancolía delos grandes días de España. Por eso mantengo el texto que de antiguo habíarecibido como único y bueno y era para mí entonces histórico evangelio. Deotro modo pareceríame no haber visto estos lugares. ¿Cómo suplirpor otrapartemi completo olvido de los nombres que pudieran describirlos a tus ojos?

Pero ya llegamos a Pesués y a pasar el impetuoso Nansa.

Hoy hallamos un cómodo puente novísimo. Yo hallé los escombros delantiguocaídos dentro del agua quecomo fiera vencedorasanguinaria einsaciabletodavía los hoza y golpea. Hízonos pasar un barquero de razaaqueronteaviejoamojamadolloroso de ojos y encendido de párpadosvotadory gruñón.

Esas aguas revueltas y amarillas que han nacido en remotas alturascerca dePeña Labrahan pasado por el valle de Polaciones y visto en Tresabuela la cunadel ilustre jesuita Rávagoconfesor del pacífico rey don Fernando VI(277)<notas.htm>.

Con criterio diverso ha sido juzgado el papel que le tocó hacer en lasociedad de su tiempoasí como su participación indudable en el gobierno delEstado. Niéganle algunos condiciones de políticoacaso con más pasión queautoridad. No podrán negarle la corona del concepto que necesariamente ha deasistir al varón que gobierna la conciencia de un soberanocuando los actos deéste responden siempre a las exigencias de la dignidad y de la justicia;cuandohaciendo de su palacio honrado ejemplo para el hogar doméstico de sussúbditoshace de la cámara de su consejo perpetuo centinela y escudo delsosiegola grandeza y la prosperidad de la patria.

Hay que reconocer en el P. Francisco de Rávago cualidades de las que merecenenaltecer al hombresi no hasta las cumbres de la celebridadhasta las delcomún respeto. La sinceridad de su vocación que renuncia la primogenitura desu casa y señorío en su segundo hermano don Juan; su vasta ciencia que lealzó a las famosas cátedras del Colegio Romano y de la Sorbona parisiense(278)<notas.htm>. A fuer de hombre de grande y elevado corazónperseveró en su misión de enseñar y corregir a sus sernejantesa pesar deldesengañado conocimiento que de ellos tenía(279)<notas.htm>. Nuestra provincia le debe su emancipaciónadministrativala creación de su obispadola elevación de su capital devilla a ciudad. Por eso acordaronel ayuntamiento colocar en el salón de sussesionesuna memoria del popular agradecimiento al padre jesuita; el cabildocatedral su retrato en la sala capitulary ni uno ni otro lo cumplimentaron(280)<notas.htm>. Gratitud de corporacionesque tiene su razónsino su excusaen las mudanzas de los tiemposen las corrientes sucesivas de laatmósfera políticaencontradas y diversas de entonces acápero nuncafavorables al instituto de Loyola; argumento a los que profesan que lascolectividades tienen a las veces dineros y brazospero nunca entrañasnuncacorazón ni cerebro.

Aún zumba en nuestros oídos el violento rumor de las ondas del Nansacuando vemos reflejarse el cielo en otro caudal mayor y más sosegadoel Devarico en salmones. En una barca le cruzan por Unquera los caminantes de Asturias.Nosotros sin embarcarnos seguimos hacia Mediodía.

Tomando cauce arriba va el camino por la orilla derecha del Devaapartándose a trechos de ella y encaramándose con más bríos que necesidad aSan Pedro de las Vaderaspara bajar de nuevo y entrar en las Asturias de Oviedocerca del lugar de Buelles.

Por el río bajan troncos y suben barcasnavegación singularincompleta ydifícil que se torna en arrastre en los pedregales somerosdonde lastripulacionesechándose al aguaempujan el barcoy a fuerza de pecho lehacen vencer la opuesta riguridad de la corriente y el roce de los cudones.

Atravesamos un pintoresco vallecillo; en su centro levanta Panes su caseríoteñido del cárdeno polvo de la calaminalos anchos colgadizos en que elmineral se quiebra y se ciernelas altas cabrias que lo cargan y descargan.-Enla ribera opuesta la atalaya de Siejohendida de la almena al cimiento comoherida de un fendiente por la invencible colada de un Cid fantástico; laatalaya puesta entre las amenazas que suben de la costa y las que bajan delmonte; la atalaya que sigue a las bajas y fáciles marinas precede a lasquiebras y espesuras impenetrables.-No miente el anuncio: poco más arriba de laconfluencia del Caresde ático nombreentra la carretera en una brechaangosta y profundade aquellas quepasada la catástrofe diluvialse abrieronlas aguas depositadas en las altas concavidades del globopara fluir al PadreOcéano y restablecer el perturbado equilibrio de la estremecida creación.

Largo y romancesco tránsito cuando bajan sobre él los inexplicablesterrores de la noche; cuando desde el fondo del solitario tajometidos entrelas dos tenebrosas fajas de rocadescubrís en lo alto la luminosa claridad delestrellado cielolejanoinaccesiblemientras la angostura parece estrecharsejuntar sus inmensas moles y ahogarosy esta mental angustia os mengua larespiraciónos enflaquece el brío y acelera el paso. Cuando oís un eco depisadasque no sabéis si os siguen o si vienen a encontrarosy volvéis lacabezay sondeáis inútilmente las tinieblas; el pisar no cesacomo que es elpisar vuestroos acompañaos agita los pulsosos irrita los nerviossuenamás claro o más confusomás recio o más débilcomo de persona que nocamina al azar de su jornadasino sujeta a un propósitopropósitodesconocidode persecución o acecho; que quiere disimularse a vecesa vecescorrer; ya acercarseya dejaros largo trecho adelante; y hay momentos en queimagináis que su pie va a pisaros los talonesen que esperáis sentir una manoextraña sobre el hombroy una voz más extraña en el oído que os detenga yos cuaje la sangre.

Y ¡qué nombres tienen aquí los arroyos!:el Rúmenesque se desentierraomejor dichose desenroca para caer al Deva; el Urdónque baja de Tresvisoarrastrando las escorias de sus hornos.

El ruido de la piedra que se desgalga la montaña abajoel salto de latrucha en el agua estremecen y despavorizany más si al pasar sabéis que unpozo opaco y sombrío se llama el pozo del Infierno; si os cuentan que en otropareció ahogado al romper de una mañana un mozo mensajerocuyo paradero seignoraba y se inquiría.

Un sonido rústicotenue al principiodesigualque a medida que avanzamosse gradúa y creceviene a disipar visiones y espantos. Es la esquila de losbueyes que rumian acostados delante de la «Posada de Gabriel de Cué».-Uncandil colgado de un balcón nos hace leer este rótulo.-Estamos en la Hermida.

Cuando amanezca verás la áspera grandeza de estos sitios; preguntarás porel manantial prodigioso que brota humeando de las entrañas del sueloy cuyasaguas han de reposar buen trecho al aire ambiente antes de que los paralíticosy lisiados que entran a dejar su mal en ellaspuedan soportar su altísimatemperatura; y verás que aquel elemento de saludde fama y de riquezasepierde pobreobscurecidodisfrutado de pocos; que la tristeza y desamparo dellugarque la descomodidad del alojamiento son para sufridos por sanosno porenfermos; son para sufridos por gente robustaque no valetudinaria; por gentemozaanimosajovialque consigo lleva el sol y la alegríay la abundanciade todoy ésaa fe míani necesita ni busca remedios al reuma y a la gota.Pero a bien que la naturaleza no es ahorrada ni cicatera: ahí estará haciendofluir el manantial años y aun siglos sin menguar ni agotarsecurandonecesitados y pordioseroshasta que llegue el día de fundarse las termas paralos opulentos y vanagloriosos. Entonces el yermo se habrá convertido enpobladoy crecerán árboles en las rocasy se habrán mudado en pilas de ricomármol los cavados troncosa manera de piragua salvaje o ataúd civilizado enque ahora se bañan los pacientes.

Cuando amanezcaoirás acaso tañer a misa y retumbar el tañido en elcóncavo del peñasco. Yo te desafío a que descubras dónde está la campanasin ayuda de más prácticos ojos que quien los tuyos. Es un pobre santuarioencaramado en un cueto al parecer inaccesibleuna iglesia en cuya bóvedatocasa poco generosa que haya sido la naturaleza contigo. En su altar sevenera San Pelayoun santo de prodigiosa devociónque llora piedrasgigantescas como esas que han rodado al cauce del río y llaman las gentes«lágrimas de San Pelayo». Es verdad que las lloró sobre el moro; y si asífuéy el moro no anduvo listobien pudo con cada lágrima de aquéllas dejaraplastados y yertos un centenar de paganos descreídos. Aunque visten al santocon dalmática y estolano sé yo si aquellas piadosas gentes están muyciertas de que su santo llorón no fuese el mismo que en Covadonga y contra losmismos infieles acudió a razones más positivas que el llanto y el sollozo. Alcabo tampoco en aquel lance dejaron las piedras de figurar cumplidamentesibien para ser arrojadas por los puños aunque fornidos de cántabros y asturesno pudieron ser talludas como las lloradas por el patrono de la Hermida.(281)<notas.htm>

Aquí haremos nochelector. Conviene descansar para nuestra postrera yfatigosa jornada de mañanaal cabo de la cual hemos de despedirnosacaso parasiempre.

Aquí en el balcón nos servirán la cena; truchas del ríopatatas delhuertopan moreno y sentadopero no menos sabroso. Tan sosegada es la nocheque lallama del velón no oscila. Al rumor de las aguas del Devaal amor dela paz y de la soledad nocturnasyo te contarémientras cenamosalgo de lomucho que hay más allá de estas solitarias gargantasen la tierra curiosadonde acaba ese camino.



 

 

- III -

Liébana.-Un parricida.-La vez de santo Toribio.-El oso y elbuey

Este caminoque pasa por bajo del balcónva a entrar en Castilla por elpuerto de Piedrasalbasdespués de cruzar el término libanense. Construyósepara desahogo de este país extrañotierra feraz que no se niega a producciónalgunay de la cual se había quizás confundido la variedad con la abundanciariquezas ambaspero de índole diversamás esencial y positiva la segundatanto que en el orden económico apenas lo es la primerasi no va pareja conella para ayudarse y hacerse valer.

Liébana es uno de los recintos de aquel alcázar soberano que la Providencialabró a España para asilo de su libertadde su independencia y de su gloria;de aquel alcázar cuyos escarpes arrancan de Covadonga y de Subiedesque tienepor fosos las cavas del Nansa y el Sellay al cual sirven de torre de homenajey pedestal de su bandera los gigantes picos quedescollando en las lejaníasdel cielo a los ojos del navegante ansiosole gritan: «¡Europa!»con lossublimes destellos de su glacial corona.

Es parte de aquella noble entrañadel corazón de la patriacentro yresumen de su vida; nido de la española esperanzala cualinclinada hacia suruda breñapersiste y no desfalleceni se huye al cieloen tanto oye sulatir inquieto y percibe su calor generoso por mucho que opriman lo restante delcuerpo los fríos letales de la esclavitud y el miedo.

Ante esas rocas se detiene la invasióncesa la conquistase quebrantan losyugostoma treguas la muerte.

Por eso se acogen aquí los soldados de la redención desde el siglo VIII alsiglo XIX; desde Pelayo hasta Porlier. Los vencidos y desbaratados en otrasparteslos aterrados y fugitivosal pisar este suelo sienten curado su espantoy renovado su esfuerzo; aquí descansan y alientanse vendan las heridasafilan las melladas armastornan a ser soldadoscomo si en este aire salubre ypuro hubieran aspirado desconocida esencia de valor y denuedo indomable. Estatierra de los fuertes es también la de los afables y sencillos; esta patria delos intrépidos cazadores de osos es la de los huéspedes obsequiososde loscomplacientes e infatigables guías.

Rápido va a ser nuestro paso por esta comarcaa lo cual nos ayudan loscaminos blandos y suavesy la costumbre local de hacer las jornadas a caballopor fáciles y cortas que sean.

La carretera nos ha traído a Potescapital de la Liébanavillahospitalaria y tristeabrumada bajo el sublime panorama que a su Noroestedesplega la sierra de Andara o Andraestribación meridional de las Peñas deEuropajunto a su iglesia ojiva tiene otra greco-romanalimosna de piadosos yopulentos hijosno cerrada ni ungida todavíaa pesar de los lustros que hanpasadoe inician la ruina antes del término de la edificación; en lo máshondo de su solary encima de un castroalza una fortísima torreblasonadacon el escudo de los Mendozas de la Vegaseñores de Liébana; en una de susentradas luce la fundación dominica de San Raimundovasta iglesia y monasteriopobreobra del siglo XVII; y derrama su caserío de sólida cantería yheráldicos adornos sobre los cauces de dos arroyos que en el centro de la villaconfluyen y se juntan.

De esa torre macizapropia decoración de romancescos lugarescuentan quefué premio de guerra y de victoria. He aquí cómo. En ella aposentaban y sefortalecían los Orejones de la Lamafamilia que con el inmemorial derecho dela fuerza y de las armas ejercían formal y positiva dominación en Liébana.(282)<notas.htm>

Venidos aquellos estados a la casa de MendozaÍñigo Lópezfuturomarqués de Santillanaprobó inútilmente por cartas y mensajeros a reclamarsu obedienciahaciendo valer la mejor razón que le asistía(283)<notas.htm>.

Los Orejonesferoces y valerososso pretexto de conservar los lugares porel Reyle desafiaron a que viniese a tomar por sí posesión de la disputadatierray sabedores de que el intrépido próceraceptado el retoenviabacontra ellos su huestesalieron a encontrarle en la raya de Castilla. Dióseuna recia batallaen que ayudó la suerte a los Orejones. Los soldadosmendocinos venían mandados por el primogénito del marquésDiego Hurtado deMendozafuturo duque del Infantado. Aunque mozo todavíano le eran extrañaslas artes de la astuciay probó a remediar con ellas su marcial aciago. Ganócon oro a Garcíahijo de su vencedor Garci González Orejóny el hijovendió a su padre. Dormía éste tranquilamente sobre un escaño en Ventanillalugar de Palenciano lejos de Cervera de Pisuergacuando fué sorprendido porlos soldados de Mendoza. No se forjó ilusión alguna acerca de su destinoypidió desde luego a sus verdugos le consintieran ordenar su testamento y morircomo cristiano. Con ánimo sereno dictó su cláusula primeraque empieza: «Enel lugar de Ventanillaestando yo Garci González de Orejón el cuchillo a lagargantaen poder de mis enemigosordeno este mi testamento.» -Así que lehubo otorgado y firmadole cortaron la cabeza(284)<notas.htm>. Horrible historiaque anubla la memoria delprócer que en provecho suyo excitó el parricidio. Ysin embargoaquelmagnate tan redomado y frío de entrañas llevaba esta hermosa divisa: Dar esseñoríoy recibir servidumbre.(285)<notas.htm>

Acaso por las fatigas que le costó o por sucesos particulares que lerecordabaamó don Íñigocon especial amor a esta tierra; y cuando paradescansar su mano de la espada tomaba en ella la plumaexplayando supensamiento por las regiones serenas de la dulce poesíallevábale naturalinclinación a pintar el territorio lebaniegoa mencionar oteros y lugareshaciéndolos teatro de sus fábulas y recuestas amorosas.

Así escribía:

  

Moçuela de Bores

 

allá do la Lama

 
 

púsome en amores

 
 

. . . . . . . . . . . . . . . .

 
 

dixo: «Caballero

 
 

tirat vos afuera;

 
 

dexat la vaquera

 
 

passar al otero:

 
 

ca dos labradores

 
 

me piden de Frama

 
 

entrambos pastores.»

 
 

. . . . . . . . . . . . . . . . .

 
 

E fueron las flores

 
 

de cabe Espinama

 
 

los encobridores(286) <notas.htm>.

 

Pero al oír el nombre del Deva y su murmullo¿cómo no recordar losprimeros y terribles días de la redención de Españay las palabras delcronista que los historia?

Contado lleva el milagroso triunfo de Covadongay pintando la desordenadafuga de los sarracenosdice: «Alcanzaron la cima del Ausevay por lasquebradas del monte que las gentes llaman Amosacayeron desordenadamente alterritorio de Liébana. No evitarona pesar de ellolas divinas venganzas;pues al cruzar una cumbre erguida sobre la orilla del río Devacerca de unahacienda rústicadicha Casegadiauna parte del monte movida de su asiento sederrumbó encima de ellos»(287) <notas.htm>.

«Todavía ahora -añade el venerable prelado de Salamanca-cuando lascrecidas invernales del río socavan la riberadescubren sus armas y sushuesos.»

«Todavía ahora»en días de nuestros abuelosse hallaron en el parajeque la tradición designa monedas de aquellos remotos tiempossepultadas por elaluvión un díay luego por el aluvión descubiertas. Todavía en Mogrovejofrontero a monte de Subiedesdonde aconteció esta postrera catástrofe delejército musulmánera pocos años ha la reliquia mejor de su iglesia el astadel pendón que uno de los de aquel apellido habla tremoladoalférez de loscristianosen aquellos combates supremos.

El torreón de Mogrovejosu romancesca fisonomíasu estado presentetrasladan el espíritu a los tiempos lejanos en que sirvió de abrigo ainquietos señoresy tuvo papel principal en las oscuras y mortales contiendasque forman la historia de los siglos medios.

Todavía gira en sus rudos engarces el angosto y macizo portón aserrado enel robusto tronco de un castañoatrancado por dentro con un grueso barrote demaderasin otro aparato de llaves ni cerrojos; los escalones interioressólidamente cebados en la mampostería de los murostrepan de piso en pisoyen el postrero de éstos al cual sirve de techo la almenada azoteayacenesparcidos miembros de armadurapetosespaldares y morrionescomidos de mohomellados del tiempo como por armas enemigasderramados sobre el suelocaídossobre los lisos cantos del Devaque forman el alféizar de los ajimeces.

¡Si supieras qué franca y agradable hospitalidad se recibe al pie de esetorreón bravíoy dentro de la misma cerca de su solar! ¡Si supieras que enaquella región remotaúltima estancia posible del hombrevecina de lasnieves perpetuaste acogenademás del rostro risueño y la mano tendidalosprimores y refinamientos de la más exquisita cultura!

Bajábamos de Mogrovejo con una tarde de otoño plácida y tibia; en loscolores del paisaje dominaba el tono cárdeno y mate de la tierrasombrío untantomas no ingrato a los ojosporque parece indicio de fertilidad ysustancia.

Más veloces que nosotrosbajando por las veredasnos alcanzaron dosmuchachos como de trece a quince años; saludarony mi guía les preguntó:

-¿Vais a Santo Toribio?

-Allá vamos -dijerony continuaron su carrera.

Pocos pasos habíamos andadocuando otra pareja semejante nos cruzó elpasoy saludaron. cortésmente.

-¿Adónde vais?-preguntó mi curioso compañero.

-A Santo Toribio -respondieron los chicos sin detenersey pasando adelante.

Adelante íbamos nosotros cuando emparejamos con otro par de mozuelosquetambién iban a Santo Toribioy alzando los ojos vi que por diversas partes ysenderos altos y bajosde dos en doso de cuatro en cuatroo de seis en seisalegraban el paisaje con su caminar regocijado y vivonúmero razonable demuchachos.

-¿Qué es esto? -pregunté a mi compañero.

-Esto es la vez de Santo Toribio. ¿Vaque no sabe usted lo que es lavez de Santo Toribio?

-Por mi feque lo ignoro.

-Pues es costumbre inmemorialnacida de un voto antiguo o promesa deLiébanaenviar dos hombres de cada uno de sus lugares a hacer oración en laiglesia del Santo determinado día de la semana. Turnan por veces los vallesyhoypor lo vistoes la vez de Val-de-baróque es este que atravesamos.

Santo Toribio es efectivamente la gran devoción de Liébana. Es monasteriode antiquísima fundación: las crónicas benedictinas lo ponen en tiempo de suSanto Patriarcaprincipio de las religiones en Occidente(288)<notas.htm>. Pero si no trae orígenes tan remotosya dossiglos despuésen los principios de la monarquía asturianale da nombre ygloriosa fama uno de sus monjesBeatosaliendo en 785 a defendervictoriosamente la pureza de la doctrina apostólica contra la herejía deElipandoarzobispo de Toledoy Félixobispo de Urgel(289)<notas.htm>. En aquellos días no se llamaba Santo Toribio elmonasteriollamábase San Martínadvocación común de las primerasfundaciones benedictinas. Un Toribio le había fundadosin embargovaróneminenteque después de haber tenido oficios públicos en el Estadodesengañóse del mundoy buscó lugar retirado donde entregarse a la oraciónal estudio y a la penitencia.

Una cruz se destaca sobre el claro cielohincada en el filo de una peña.Allí -dicen- llegó el Santoy perplejo ante la rigurosa escabrosidad de loslugareslanzó abajo su báculodeterminando establecerse donde el báculo sedetuviera en su caída.

Los últimos años del siglo X o los primeros del siglo XI alzaron sobreaquel solar primitivo la iglesia que hoy subsisteaquella adonde iban a orarlos mozalbetes del Val-de-baró. Es una nave de sobria y bien proporcionadaarquitecturafirme bajo el peso de sus añosy dispuesta a cobijar durantemuchos otros las devotas generaciones lebaniegas. Uno de sus arcos crucerosarranca de dos impostas labradas: una representa la cabeza de un osootra la deun buey. Y la leyenda une ambas esculturascomo une otras semejantes en temploscoetáneos del de Santo Toribio.

El buey paciente y mansoobrero robusto e infatigableayudaba a laconstrucción de la iglesia; acarreaba piedrasarrastraba troncosporteabatierra de la cava al terraplény con el pisón de su ancha pezuña apelmazabael firme de los caminos; ni el domingo era para él de provechoporque en talde reposar como los hombrestocábale bajar a la villa y subir con suprovisión de víveres para ellos. Un día el osoel rey de las espesuras deLiébanael solariego de sus bosques y malezasel que tiene en el paístradición e historiatradición e historia parecidas a las de otros tiranosde ferocidad y gula; que cuenta allí razas y generaciones señaladas ycatálogo de individuos ilustrescon su nombre propiogrotesco a vecesaveces heroicosegún la ocasión de su celebridadla naturaleza de sushazañas o la genialidad del cazador o montañés que le bautizara(290)<notas.htm>; el osoen fino hambriento en demasíaoirritado de la presencia de un cuadrúpedo corpulento como ély como élmacizoen lugares que tenía por suyosy donde no consentía émulos nicompetidoresdesembocando improvisadamente de la malezase arrojó sobre elindefenso buey y le mató. No había consumado su carnicera obracuando elsanto varón que presidía a la fábricainsensible al terror de suscompañerosse irguió con solemne ademán y dirigió al oso la doblefascinación de sus inspirados ojos y su inspirada palabra: «Ciego agente de lanaturaleza brutaintentas despojar al hombre de los medios que su inteligenciase procura para obedecer a Dios y servir sus altos designios; pues de parte deDios vivo serás a tu vez instrumento dócil de su voluntad omnipotente yobedecerás al Señor de todo lo criado.» Y manso el osovino a ocupar ellugar del buey y a suplirle en los oficios que prestaba al bienaventuradoartífice.

Diríase que la vida pura y austera de los primeros cenobitas losrestablecía en aquel estado de gracia en que vivieron nuestros primeros padresantes de su culpacuando entera la creación animada les obedecía. Y pareceque el símbolo encerrado en la sencilla leyenda corresponde a la idea quellevaba a los solitarios a sumirse en los lugares más ásperos y bravíos delas más apartadas regiones. No iban a desafiar los rigores y peligros de lasalvaje naturalezaiban a vivir en paz con ellaa ganarla con mansedumbre yperseverancia para el hombrepara que poblada toda un díala gran familiahumana cubriera la tierra que es su patrimonioy no hubiera rincón de donde nopudiesen alzarse a Dios la noble frentelos agradecidos ojos del hombre.



 

 

- IV -

Peñas de Europa

Entre las cuatro provincias limítrofes de LeónPalenciaOviedo ySantandercomo un núcleo de su formación geológicacomo robusto hitocentral del que parten y se derivan sus cuencasvalles y cordillerasseencuentra una masa de rocas desnudas cuyo perímetro mide muchas leguascuyoslaberintos y senos nadie conocecuyas cimas culminantes suben casi hasta diezmil pies sobre el mara corta distancia de sus riberas(291)<notas.htm>.

Desde los más lejanos valles de aquellas provinciascomo desde los páramosde Campoose descubre el colosomagnífico siempreya fulgurando a Mediodíacon el vivo centelleo de sus nieves eternasya recortando sobre los rojoscelajes del ocaso el contorno fantástico de sus excelsas cumbres. Es visiónsublime del país cántabro que comparte con el mar aquella grandeza de sushorizontes que abruma el ánimopero ensancha el corazón; que seca las frasesen la gargantaentumece y ataja la más suelta y galana plumay a par causadentro del pecho yo no sé qué intenso sentimiento partícipe del placer y delagradecimiento. Visión augusta que se deja admirarmas no se deja definir; quetoma tanto del alma y le da al alma tanto que no la deja libertad para entrar ensídominarse y encerrarla artificiosamente en el limitado campo del conceptode la idea.

Esa visión era la de mi sueño mientras dormía al pie de los montesen lamodesta posada de la Hermida. No quiero detenerme a imaginar si mi palabradescolorida e incierta es traidora a la visión tanto como a la realidad.Cúmpleme únicamente que ella sea leal al corazóny que del corazón vengalectora tus ojos sin preparaciones ni artificios que la desnaturen o falseen.Lo que aquí no te dijere la simple frase de un relato sincerono te lo dirántampoco retóricas amplificaciones. Se presenta a veces la obra de Dios tangrande en su unidad sencillaque todo comento humano la empequeñece ydesfigura.

Iba a penetrar el misterio de aquellas montañas tantas veces contempladasdesde Santander con la curiosidad infinita del espíritu. Montañeses yasturianoshabitantes de los valles tendidos en torno del impenetrable giganteme hablaban de élcomo en las primeras edades humanas debieron los ribereñoshablar del mar que navegabanpero a cuya inmensidad ignota no se atrevían.

Los tenaces acosadores de osos llegaban al confín de las lomas arboladasdonde el haya dura vive sobriamente de un resto de tierra olvidada por elaluvión en las hendijas del peñasco; subía el pastor a sestear durante elestío en los puertos cubiertos de menuda y apretada gramaverde alfombra yúltima alegría de la naturalezapróxima a vestir majestad austeray elatrevido cazador de rebezos se aventuraba a espiar sus abrevaderos en la desnudaregión del agua y de la piedradonde el manantial fluye silenciosocomo si suvoz se ahogara en aquella soledad sin término; pero nadie iba más allá.

Inexplorados estaban los torcidos desfiladeros y levantados picosdesmesuradas labores de aquella gigantesca corona sobre la cual el cielo deja detiempo en tiempo caer un velo de nubes que la arrebozan y escondenceloso deconservar su augusto prestigio al Titán que la ciñe.

El espíritu humanosin embargoinvasor y expansivoparece recordar ypretende mantener constantemente su prístino fuero de rey universal de lacreacióny ocupa y enseñorea de memoria y con su fantasía aquellas regionesque no puede de más positiva manera; y de memoria las labralas fecundalaspueblalas iluminalas hermosea o las enhorridece. Y para hacer acto deposesiónlas nombra y apellida. Pero ese nombre que singularizaconcreta ydetermina lo nombradono quebranta los obstáculos que lo aíslanni penetrael misterio que lo envuelveantes da ocasiones frecuentes a queengendrándosede él la leyendacondense la sombra y acrezca la oscuridad en torno a lodesconocido.

Eso pasaba con las Peñas de Europa.

Allí abrigaba sus criaturas la rica imaginación del pueblo; allí habíadado sepulcro y apoteosis a una hija del Olimpo griegocomo si al geniofecundador de Oriente no hubiese límite vedado ni rincón desconocidoy con eldía que en sus aguas nace llegase el rayo de su poético numen a hermosearlotodo; allí escondía tesoros sin suma y sin dueñoguardadosa pesar de ellopor fieras y peligrossímbolo del deseo humano.

Los falsos cronistastomando aquel nombre para atribuirle mitológicaprocedenciasupusieron y contaron que a estos parajes había sido traída aterminar sus viajes y aventuras aquella princesa fenicia Europacélebre por suhermosura y por la pasión impetuosa de Júpiter(292)<notas.htm>.

Si estos montes hubieran sido titulados por los navegantes que traían rumbode los mares americanoscomo los positivistas aseguranel nombre seríareciente cuando los falsarios le interpretaron a su guisay tan recientequemal pudieran sustituir a su generación propia y verdadera otra artificial eimpostora.

Aquellos tesoros que al decir de la conseja encerraba la cueva de la reinasí que son ciertos; aquellos tesoros que el paladín legendario hubiera ganadoa punta de su lanza y a golpes de su mazay que hoy si bien por otras gentesson buscados a punta de hierroaunque la lanza se llame barrenoy la mazaazadón o martillo.

No son piedras preciosas ni el oro reysino un metal blandocomúndeslucido y opacoel cinelo que llena las entrañas de estos montes. Pero estan rico el criadero y tanta la bondad de su vetaque la industria metalúrgicaha plantado aquí sólidamente sus explotacionesy a pesar del rigoroso climaque desaloja sus cimas a todo viviente durante ocho meses del añodesdeoctubre a mayoy se apoderacon sus invencibles nievesde minasedificios ydepósitosporfíatrabajay popularizando el nombre de las Peñas de Europacambia su prestigio fabuloso y legendariopor el formal y positivo demanifiestas utilidades materiales.

Hora es ya de que emprendamos la jornada. Dispontelectora sentiremociones diversasa pasar repentinamente de la niebla al solde Oriente aOccidente; a considerarte perdido en medio de la soledadsin rumbo ni guíasin indicio local alguno que esclarezca tu discursoen una región nuevaanteuna naturaleza que podrá no ser de tu agradopero que de seguro te sobrecogete sorprende y no se te olvida.

Con agria pendientey carretero a pesar de su angosturaarranca el camino atrepar por la aspereza y encaramarse sobre los cuetos más esquivos delpeñascal; pronto revuelve por cima de una lomapenetra en la estrechez de losdesfiladerosy a los ojos del viajero desaparecen la Hermida y el Devasepultados en su sima de piedra.

El agua que baja de las alturas se despeña recogida dentro de un cauceestrechoremansa en las mesetasvistiéndolas de larga hierbao se deslizabajo apretadas malezas al pie de un solitario alisosalvada una y otra vez sucorriente sobre ligeros puentes de madera.

Al remontar una de las vueltas que serpean por la montaña oímos son decencerrosy mirando abajo vemos cómo con lento y seguro callo sube a distanciatras de nosotros la recua empleada en abastecer de vitualla las minas. Caminanlas acémilas sosegadas y solas; su conductor ataja por riscosmas sinperderlas de vista; y si alguna vez el macho cabecero se para distraído por talcual penacho de heno meciéndose a la vera del caminoun áspero silbido queestremece a la bestiahácela arrancarse al improviso regalo y recobrar su pasoy su jornada.

En un rellano yace Beges: anchas piras circulares de calamina y leñaprontas a recibir fuegoy los barracones de tabla arrimados a sus casas depiedra secadan a la aldehuela semblante especial. Tipos y trajes de otrosreinos abigarran su poblacióncuya mansa vida antigua pastoril y labradoraagitan y transforman afanes y ruidoscausados por otra más codiciosa y nueva.

Parece la primera mansióndel pueblo subido a las supremas cimas de laingente masa caliza para horadar su seno y arrancarle su riquezay dispone losojos y el ánimoa manera de preliminar bosquejoal cuadro extraño ymagnífico que han de contemplar más tarde.

Pero antes de llegar a tan prodigiosa muestra de la perseverancia y labor delenjambre humanotodavía hemos de hallarnos a solas con la vasta naturalezadesiertamajestuosa y soberana.

Beges disfruta la sombra de los últimos nogales; su mies y sus praderasestán abrigadas por montes que rodean la cerrada cuenca: al cierzo el cueto dela Robre coronado de bosque; al Mediodíay señalado por una trocha que muereen su gargantael puerto de Peleacuya denominación diríase conservada delas épicas luchas mantenidas en torno del impenetrable alcázar.

Más allá arrastra el camino sobre peña viva. Hase escondido el solysentimos sobre nosotros el húmedo peso de las nubes henchidas de agua; elvientohuésped constante de las alturasnos acompañay se le oye mugirallá en los lejanos picosairado de su resistenciao lastimado de susheridas. Paisaje adusto; propia región de águilas. Fija sobre una rocainmóvillanzada adelante su chata cabezaaparece una de ellaspronta a calaral fondo del abismo; distínguese su pardo plumajeel negro becoquín que cubresu aplastada frentey la muceta blanca con que viste su espalda y los nervudoscodos de sus alas; ábrelas al acercarnosdéjase pesar sobre ellasyremontando el vuelosube a cernersesolitariaen el inmenso espacio.

Cuando hemos perdido de vista a Begescércanos por todas partes unhorizonte de piedra con sus tonos uniformesopacos y cenicientos; empero lagota de rocío que se detiene en las grietas de la calizael chispazo de solque la sorbe y bebe a través de su nieblafecundan misteriosos gérmenes dedonde brotan en rizadas hebras los infinitos matices del musgo. Sobre su blandoterciopelo descuella el rododendro alpinoy una flor modesta y suavelaclavellina moradaque generosa crece sobre los peñascos como en las arenasypudiera ser símbolo de la tierra cántabracuyos términos alegracuyosaccidentes más tétricos embellecepálidaolorosa y frágilresistiendohumilde y vivazasí la sal de las olas como el hielo de las cumbres. Las nubesquedan ya bajasy al ambiente húmedo sucede seca y tamizada bruma.

Toda vegetación arborescente parece haber cesado; la niebla correatropellada por el vendaval; siéntesela como polvareda glacial rozar el cutisy en limpios diamantes se cuaja al paso sobre la barba del jinete y las crinesdel caballo.

Súbitamente entre las flotantes gasas se destacan algunos troncosmásnumerosos y espesos a medida que avanzamosy pronto nos hallamos dentro de unbosque cuyos árboles desfilan a derecha e izquierda del camino. Entre mutiladoscepejonescuyo abierto corazón todavía retoña en algunos parajescrecen lashayas retorciéndose a buscar el soltendiendo sus ramas al aire y a la nubeque las alimenta. Su raigambreasida al árido peñascoapenas cumple otramisión de vida que la de afirmarlas y sostenerlas sobre el sueloal cual tande firme se abrazan y aprietanque cuando caen derribadas por los años o eltemporalle rompen y arrastran consigo poderosos trozos. Como la mano delsoldado muerto ase convulsa el puño de la espadalas raíces del árbol caídoy yerto conservan agarrada la piedratestimonio de la fuerza extrañainmensurableque tuvo en vida.

Entre el gayo y trémulo follaje destácase a trechos inmoble y lúgubre eltejocuyo zumo letal extraían los antiguos cántabros(293)<notas.htm> para seren trances de fortuna adversadueños desu porvenir y de su vida(294) <notas.htm>.

Reliquias de aquellos bosques sepultados en secular olvido y abandono quedaban nombradía a esta región occidental de la Montaña(295)<notas.htm>donde parece que un exceso de vida ha empobrecidola savia y ahogado los árbolesdonde yacen los troncos caídosamortajadospor el musgo y el liquenque tienden sus verdes pabellones de una a otra ramay cierran la impenetrable y misteriosa espesura.

Después de nuevos desiertos y nuevos zig-zags del caminouna ráfaga deaire desvanece los torbellinos de niebla; los últimos riscos del giganteaparecen sobre cielo azuly en el seno de ellosabrigada y recogida la nuevapoblaciónsus almacenesviviendasoficinas; a una parte el huraño almacénde pólvora con su bandera enarbolada como enemigo en campañay levantadasobre el frente del Sur la capilla de Santa Bárbara coronada de la cruzcristiana.

Es la hora de mediodíahora de silencio y calma en parajes donde se vive lavida de trabajo regular y ordenado. El pueblo minero derramado por lascercaníasyace entonces callado y escondidorepartido alrededor de susrepletas ollas; y la vasta plaza encerrada en el cuadrilátero de los edificiospermanece desierta. No hay allí ociosos que hagan tiempoy a la sazónsólo pueden ocuparla con sus ruidos y sus diálogos los viajeros que llegan yalgún convaleciente quevendada su cabezase apoya en el quicio de la puertadel hospital.

Hospital y cuartel de la Guardia civilcentinelas de la caridad y centinelasdel ordenapostados por la previsión y la humanidadya que por alto que subael hombre y se aproxime al cielomientras su planta toque a la tierracon élvan siempre y no le abandonan los dolores de su cuerpo y las flaquezas de sualma.

Cierto día del añoel 15 de agostocobra la plaza animación ymovimientollénase de gentese cubre de mercaderes y buhonerosse viste debanderas y guirnaldas para festejar a su santa patrona y abogadaen cuyo limpioaltarresplandeciente de lucesse celebracon litúrgica pompa y religiososcánticosel santo sacrificio. Acuden entonces los comarcanos valles asturianosy montañeses con su mocedad gallardamente ataviadaprecedida de rústicasorquestas; tamboril y gaita los del Norte y de Poniente; pandero y castañuelaslos de Levante y Mediodía. Llevan muchos cuatro horas de jornada porprecipicios y ventisquerosque habrán de desandar de sol a sol; mas de fatigao de quebranto no muestran señal el robusto pulmón de las cantadoras ni eljarrete acerado de los bailarines.

Fiesta singularcuriosasin parecido acaso en el universopor lo extrañoy sublime de la región en que se celebrapor lo escogido y vigoroso de lamuchedumbre que la solemniza: obreros de la mies y de la minamiembros de lafamilia de la reja y la familia del azadónprobadoscurtidossuperiores atodo cansancioa todo descaecimientocomo flor de soldados quesalvos delhierro y del plomoreliquias de las batallassobreviviendo al duro rigor delas armasa las miserias del hospitala las intemperies del campamentoformanla hueste veterana cuya firmeza y enérgico sosiego asombranseducen y hacenpensar en fabulosas empresas y hazañas imposibles.

A esa fiesta acudiránandando el tiempocuando más esparcida su famacuando más dilatado su nombre de original y desusadacuriosos sin cuento; ycon ellosno por curiosassí por entusiastas y capaces de toda admiraciónde comprender los portentos de la creacióncomo sienten la poesía de susrisueñas galaslas damas que no teman fiarse al manso lomo y al seguro callode las hacaneas del país.

Retratadas luego por vivas imaginaciones femeninas la austera belleza ymajestad del extraordinario paisajesin perder su vago hechizo de lejanía y demisteriomostraránse a los ojos de las gentes con riqueza de color y realce decontornosque acrezcan su inexplicable prestigio.

No faltan a la expedición atractivos de toda especie.

La hospitalidad de los mineros de «La Providencia»(296)<notas.htm> es ampliacordial y aun pródiga. Como la delmarinoparece originada en hábitos de prolongado aislamientode perenne azarde porfía incesante contra fuerzas ingentesdesmesuradas e irresistibles de lanaturaleza. Para ellos el manjar raroel licor añejocomo la hoguera bienatizada en climas glaciales o estación rigurosanunca tienen sabor másexquisito que compartidos con un amigo llegado impensadamenteo el comensalimprovisado por el acaso.

Cosas buenas tiene la vidacompensación de sus amarguras y desengaños; yuna de las mejores es esta de encontrarse a distancia de añosdespués devicisitudes y acasos de toda especieen ocasiones y parajes inesperadoslosamigos de la infancialos compañeros de las cavilaciones y travesuras de laescuela.

De éstos era para mi Benigno de Arceacreditado ingenierodirector a lasazón de los trabajos de «La Providencia». Llegamos a sorprenderle cuandosentado al luego de una chimeneaaguardabaen compañía de su excelenteayudante don Miguel María Massoel momento de ponerse a comer.

Pronto se ensanchó la mesacubriéndose con ciertos regalados manjares ybebidasreservados para extraordinarios casos.

Y apenas satisfecha la picara necesidad humanamontamos a caballo.

Muchas horas de galope necesitamos para recorrer los varios y torcidosramales de camino que comunican los puntos de explotación. Dice el venerableGranada: «que el corazón humano sin grandes promesas no se mueve a grandestrabajos»¡Cuáles serán los que la próvida ciencia aquí descubrecuandosin arredrarse la especulación humana emprendió y sostiene tan activa luchacon esta terrible naturaleza!

Al ruido de la galopada salían de sus chabolas(297)<notas.htm> los minerosy en verdad que al ver a uno deaquellos vigorosos euskarosempuñando un barreno frente a frente de la rocatan firme sobre sus piestan ancho de espaldastan robusto de brazoscon elsosiego y la confianza de la fuerza retratados en la paz de su rostro y de susojos azulesparecía la roca poco enemigo y obstáculoa pesar de su grandezade su solidezde su durísimo y consistente aspecto.

Y visitamos el hondo lago de Andarasus aguas inmoblesfríassu caudalinmanente e inalterablesombrío y triste como las aguas muertas o que muertasparecen a nuestros ojos por la imponderable lentitud de su movimientopor laingente extensión de cada momento de su vida. Y hallamos la nieve deinmemoriales días depositada en los huecos de la rocaennegrecida por losañosimposible de reconocer por quien sólo la ha visto recienteblanca yCristalina.

Si nuestros guías hubieran querido abandonarnos al revolver de uno deaquellos mogotesnos hubiéramos hallado completamente perdidos. Tan nuevo yextraño se hace aquel ir y venir sobre un suelo de sonora piedraentre molesdiversas y que todas se parecensalvando gargantas y siguiendo hoyas donde unmanto de bruma impide súbitamente toda orientación y reconocimiento.

Como todo lo sobrenatural e ignotola mayor parte de aquellos riscos carecende nombre. Tiénenle algunos de los que son visibles desde la habitada hondura.Tendránlos todos un día si la raza minera hace asiento y se perpetúa enellos: porque zapadores y canteroscuyo mudable norte es el sol y su aguja lasombranecesitan propia geografía para orientarse y reconocersey a estanecesidad responde admirablemente el popular instinto.

Su tajado perfil y torreada forma hicieron llamarse Castillo del Grajal almás aparente peñón inmediato a la plaza; por áspero y esquivo y apartadosobre la inexplorada alturaapellidóse otro pico de las Malatasen siglos enque la malatía era sentencia de proscripción y desamparo para el míseroleprososi ya no fué teatro de tradición olvidada; mas ¿dónde tuvo origenel bárbaro apellido de Mancundioque tanto pare ce nombre de primitivocaudillocomo confusa e informe abreviación de antigua fraseanatemamaldición o desafío? ¿Qué sucesocreencia o tradición perdida encierransus letras?

Ahora salpican las alturas con denominaciones de reciente origen y másfácil inteligenciatomadas de un santo o de la abundancia o proporción en quepagan las fatigas del beneficiario los frecuentes pozos o galerías abiertospara la explotación de sus ricos senos: EvangelistaInagotableetc.

Unas veces aparece la calamina aglomerada en disformes masasque llamanbolsadasotras palmeada y oprimida entre dos lastras paralelas y tendidas.Aquí arrancan el mineral abriendo en la peña zanjas a cielo abiertoalláraen con anchos socavones su áspero flanco; en otra partepersiguiendo elfilón que culebrease entierrase esconde y vuelve a aparecer como siquisiera escapar a la mano que le alcanzataladranlargas galerías cuyospisos se sobreponen o se cruzan siguiendo las ondas y recodos del filón.

Tajadas perpendicularmente por su parte meridional las tremendas rocashayparajes de ellas dondecomo desde la tronera de una fortalezapuedenavizorarse los hondos y apartados valles. Abocados a una de tales angostasquiebrasnuestros ojos presenciaron un espectáculo inesperado y nuevo.

El vasto territorio de Liébanasus valles y sierrasy sus impenetrablesbosquesyacían en el fondo de un mar de vapores que los anegaba y cubríaycuyas blancas ondasarrastradas por el vientose desgarraban y rompían anuestros piesdejando sus blancos jironescomo el océano sus espumasen lasasperezas de las rocas. Fantástico mar que se agitaba y hervía sin rumor niestruendode vertiginosa blancurajaspeada de largas estelas de púrpura y oropor algún rayo de sol descarriado entre vanos e impalpables copos. Visióngenesíacacuadro de los días primeros del mundocuando al contacto delcandente granitoresueltas en vapor las aguascubrieron el globo con recientee incontaminada atmósferay era sólo la bosquejada creación roca y niebla.

El vértigo y terror causados por la mar no son comparables al vértigo yterror causados por la niebla. Los despojos que flotanla imagen que sereflejael sonido mismoel choque de los cuerpos que caen dan al agua ciertocarácter de resistencia y sustentaciónde que carece la niebladonde todo esabismo siniestrotodo caída interminabletodo invisible e inevitable muerte.

De tanto en tanto se formaban remolinos parecidos a los sumideros de un río;algún ser sub-nebular batía las nieblaseran las alas de alguna ave poderosaacasoy aguardábamos verla surgir dominando el espacio y destacando en él supardo bulto; nada aparecíalos remolinos se apagaban y el siniestro y cuajadomar seguía flotandocorriendo silenciosoopacodesgarrándose en las rocasdesapareciendo a lo lejos sin desvanecerse ni consumirse jamás.

Extendíanse las blancas bramas sin límites aparentes; sobrenadando en ellasse divisaban lejosmuy lejoscimas y tierras de otras comarcascuyo perfiloscuro destacaba en un cielo de soberana nitidez y transparencia; el gigantescoPeña-Labramonarca fluvialrey de las aguas ibéricasque desde su olímpicaalteza alimenta los tres mares que ciñen la Península: el Atlántico por losafluentes de Pisuerga y del Dueroel Mediterráneo por el Híjar y el EbroelCantábrico por el Nansasepulcro del glorioso paladín Bernardo; los montesleonesesla mesa de Aguilarfrontera liza en la restauración cristianalossoberbios Urrieles asturianosy la erguida Peña-Viejacuya cima aguda aún noha consentido pie de explorador o de Curioso.

El lugar y el momento sonlector amigooportunos para que nos separemos. Enningún otro paraje ni ocasión has de estar más dispuesto a la indulgencia; enningún otro ha de ser más fácil a quien te ha acompañado tanto tiempodejarte absorto en el espectáculo que te rodeasin que cuides de su presenciao de su falta.

Al recobrarte de tu asombrada contemplaciónquejoso y todo como puedesmostrarteno me dirás con justicia que no mantuve mi promesa. No te he dado lahistoria del pueblo montañés; pero hallándole al pasoocupado unas veces enexplotar su haciendao en meditar los medios de aumentarla o adquirirlaotrasen recordar a sus mayoreso en asistir a culto de sus bienaventuradosodetenido en hojear sus anales viejoshe procurado pintarlo a tus ojos con elfiel colorido de su fisonomía y de su arreocon la luz que le dan el cielo ylos hermosos horizontes de su patria.

Ni pretendo que esa patria tan honda y sinceramente amada se reconozca en misturbios y pálidos borrones. Bástame que sienta y confiese en ellos la mano yel corazón de un hijo.

FIN




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