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En viaje

De Salgar a Barranquilla. - La vegetación. - El manzanillo.- Cabras y yanquis. - La fiebre. - Barranquilla. - La brisa. Laatmósferaenervante. - El fatal retardo. - Preparativos. - El río Magdalena.- Su navegación. - Regaderos y chorros. - Los champanes. - Cómo senavegaba en el pasado. - El "Antioquía"- "Júpiter dementat..."-Los vapores del Magdalena. - La voluntad.- Cómo se comey cómo se bebe. - Losbogas del Magdalena - Samarios y cartageneros.- El embarque de la leña. - El"burro".- Las costas desiertas.- Mompox.- Magangé.- Colombia y elPlata.

Un ferrocarril de corta extensión (veintitantas millas) unea Salgar con Barranquilla. Es de trocha angostay su solo aspecto me trae a lamemoria aquella nuestra línea argentina quepartiendo de Córdobava buscandolas entrañas de la América Meridionalque dentro de poco estará en Bolivia yen la queviejos hemos de llegar hasta el Perú.

El breve trayecto de Salgar a Barranquilla. es pintoresconosólo por los espectáculos inesperados que presenta el mar que penetraaudazmente al interiorformando lagunas cuya poca profundidad no las hacebenéficas para el comerciosino también por la naturaleza de la flora deaquellas regiones. A ambos lados de la vía se extienden bosques de árbolesvigorososcuyo desenvolvimiento mayor veremos más tarde en las maravillosasriberas del Magdalena. Perola especie que más abunda es el manzanilloque laNaturalezapródiga en cariños supremospara todo lo que se agita bajo la vida animalha plantado al borde de los marescolocando así el antídoto junto al veneno. El manzanillo es aquel mismo árbolde la India cuya influencia mortal es el tema de más de una leyenda poética deOriente. Su más popular reflejo en el mundo europeo es el disparatado poema deSeribeque Mayerbeerha fijado para siempre en la memoria de los hombresadornándolo con el lujo desu inspiración poderosa. Debo decir desde luego quedesde el momento en quepisé estas tierras queridas del solla Africana suena en mis oídos atodo momentosea en las quejas del Selika al pie de los árbolesmatadoressea en sus cantos adormecedoressea en el cuadro opulento de aquelIndostán sagrado donde el sol abrillanta la tierra.

Es un hecho positivo que el manzanillo tiene propiedadesfatales para el hombre. Sus frutas atraen por su perfume exquisitosus floresembalsaman la atmósferay su sombrafresca y aromáticainvita al reposocomo las sirenas fascinaban a los vagabundos de la Odisea. Los animalesespecialmente las cabrasresisten rara vez a esa dulce y enervante atracciónse acogen al suave cariño de sus hojas tupidas y comen del fruto embalsamado.Allí se adormeceny cuando al despertar sienten venir la muerte en losprimeros efectos del tósigoreúnen sus fuerzasse arrastran hasta la orilladel mar y absorben con avidez las ondas saladas que les devuelven la vida. Seconserva el recuerdo de unos jóvenes norteamericanos queechándose el fusilal hombroresolvieron hacer a pie el camino de Salgar a Barranquilla. El solquema en esos parajes y el manzanillo incita con su sombra voluptuosacargadade perfumes. Los jóvenes yanquis se acogieron a ella unos porignorancia de sus efectos funestosotros porqueen su calidad de hombrespositivoscreían puramente legendaria la reputación del árbol. No sólodurmieron a su sombrasino que aspiraron sus flores y comieron sus frutosprematuros. Llegaron a Barranquilla completamente envene-nadosy si bienlograron salvar la vidano fue sin quedar sujetos por mucho tiempo a fiebresintermitentes tenacísimas.

He aquí el enemigo contra el que tenemos que luchar a cadainstante: la fiebre. La riqueza vegetal de aquellas costasbañadas por un solde fuego que hace fomentar los infinitos detritus de los bosquesla abundanciade frutas tropicalesa las que el estómago del hombre de Occidente no estáhabituadolos cambios rápidos de la temperaturala falta forzosa deprecauciónla sed inextinguible que origina una transpiración de la que aquelque vive en regiones templadas no tiene ideala imprudencia natural alextranjeroson otros tantos elementos de probabilidad de caer bajo lasterribles fiebres palúdicas de las orillas del Magdalena. Y lo más triste esque los preservativos toman todosen aquel climacaracteres de insoportablesprivaciones. Las frutasel agualas bebidas fríastodo lo que puede seragradable al desgraciado que se derrite en una atmósfera semejanteesestrictamente prohibido por el amistoso consejo del nativo.

Llegamos a Barranquillapequeña ciudad de unas veinte milalmasa la izquierda del Magdalena y sobre uno de sus brazos o cañoscomoallí llaman a las bifurcaciones inferiores del gran río. Barranquilla haadquirido importancia hace poco tiempodesde queconstruido el ferrocarril quela liga con el marse ha hecho la vía obligada para penetrar en Colombia porel Atlánticoquitandopor consiguientetodo el comercio y el tránsito a lavieja y colonial Cartagena y a Santa María. No tiene nada de particularsu edificaciónpues la mayor partecasi la totalidad dé sus casastienentecho de paja y ofrecen la forma de lo que en nuestra tierra llamamos ranchos.Peroindudablementeese pequeño progresa a la par de Colombia entera. Lascalles todas son de una arena finísima y espesaque levanta entorbellinos lo que allí llaman la brisa del mary que frecuentementetoma las proporciones de unverdadero vendaval. En cuanto a la temperaturaes insoportable. Un francésM.Andrieuxque ha escrito para Le Tour du Monde una prolija descripciónde sus viajes en Colombiaasegura que desde las nueve de la mañana hasta lascinco de la tarde no se ve en las calles de Barranquilla sino perros y algunoque otrofrancés que persiste en sostener la reputación de la Salamandraque se les hadado en El Cairo. Es un poco exageradopero el hecho es que se necesita unaapremiante necesidad o una imprudencia infantil para aventurarse bajo aquel solcanicular quereverberando en la arena blanca y ardientequema los ojostuesta el cutis y derrama plomo en el cerebro. Se espera la brisa con ansiaapesar de los inconvenientes del polvo impalpable que se levanta en nubes. Todoel mundo anda en coche cuando se ve obligado a saliry el pueblo tiene porvehículo un burrito microscópicosobre el cual el jinete va sentado con lospies apoyados en el pescuezo y animándole con un pequeño palo cuya puntaligeramente afiladase insinúa con frecuencia en el anca escuálida del bravoy paciente cuadrúpedo.

El aspecto de la ciudad es análogo al de las coloniaseuropeas en las costas africanas; pesa sobre el espíritu una influenciaenervante agobiadoray para la menor acción es necesario un esfuerzo poderoso.Desde que he pisadolas costas de Colombiahe comprendido la anomalía dehaber concentrado la civilización nacional en las ultraplanicies andinasatrescientas leguas del mar. La raza europea necesita tiempo para aclimatarse enlas orillas del Magdalena y en las riberas que bañan el Caribe y el Pacífico.

Llegué a Barranquilla el 20 de diciembre a las tres y mediade la tardeen momentos en que partía para el alto Magdalena el vapor"Victoria"el mejor que surca las aguas del río. Fue entonces cuandocomprendí todo el mal que me había hecho el retardo de cuatro días del "Saint-Simon"sin contar con la permanencia en la Guayraqueen calidad de sufrimiento pasadoempezaba a debilitarse en la memoriasobre todo ante la expectativa de lo que me reservaba el porvenir. Si el "Saint-Simon"hubiera llegado a Salgar el día de su itinerariohabríamos tenido tiemposobrado de hacer en Barranquilla todos los preparativos necesariosyembarcándonos en el "Victoria"nos hubiéramos librado de lasamarguras sufridas en el Magdalena.

Porque los preparativos son una cuestión seriaque exige uncuidado extremo. Desde luego es necesario proveerse de ropas ligerasademás deuna buena cantidad de vino y algunos comestiblesporque en las desiertasorillas del río no hay recursos de ningún géneroypor finque es loprincipalde un petate y un mosquitero. Petate significa esteray el dobleobjeto de este utensilio esen primer lugarcolocarlo sobre la lona del catrepor sus condiciones de frescuray en seguidasujetar bajo él los cuatro ladosdel mosquiteropara evitar la irrupción de zancudos y jejenes.

Perdido el "Victoria"tenía que esperar hasta elpróximo vapor correoque sólo salía el 30; es decirdiez días inútiles enBarranquilla. Supe entonces que el24 salía un vapor extraordinariopero cuyas condiciones lo hacían temiblepara los viajeros. Es necesario explicar ligeramente lo que es la navegacióndel río Magdalenapara darse cuenta de las precauciones que es indispensabletomar para emprenderla. Como no hago un libro de geografía ni pretendo escribirun viaje científicosiendo mi único y exclusivo objeto consignar simplementemis recuerdos e impresiones en estas páginas ligerasme bastará decir que elMagdalenajunto con el Caucaforman uno de los cuatro grandes sistemasfluviales de la América del Surdeterminados por las diversas bifurcaciones dela cordillera de los Andes; los otros tres son: el Orinoco y sus afluenteselAmazonas y los suyosy por fin el Platadonde se derraman el Uruguay y elParaná. Todos los demás sistemas son secundarios. Los españolesal descubrirlos dos ríos que nacíanjuntos y se apartaban luego para regar inmensas yferaces regiones y volvían a unirse poco antes de llegar al marparaentregarle sus aguas confundidasles llamaron Marta y Magdalenaen recuerdo delas dos hermanas del Evangelio; sólo predominé el nombre del segundomientrasel primero conservó él bello y eufónico de Caucaque los indios le habíandado. De ambosel Magdalena es más navegable; pero aunque su caudal de agua esinmensosólo en las épocas de grandes lluvias no ofrece dificultad. Lanaturaleza de su lecho arenoso y movibleque forma bancos con asombrosa rapidezsobre los troncos inmensos que arrastra en su cursoarrebatados por lacorriente a las orillas socavadas; su anchura extraordinaria en algunos puntosque hace extender las aguas en lo que se llama regaderossin profundidadningunapues rara vez tienen más de cuatro pies; la variación constante de ladirección de los canalesdeterminada por el movimiento de las arenas de que hehablado antes; los rápidosviolentosllamados chorrosdonde la corrientealcanza hasta catorce y quince millas; he ahíy sólo consigno los principaleslos inconvenientes con que se ha tenido que luchar para establecer de una maneraregular la navegación del Magdalenaúnica vía para penetrar al interior.Hasta hace treinta añosel río se remontaba por medio de champanes; estoesgrandes canoas sobre cuya cubierta pajiza los negros bogastendidos sobrelos largos botadores que empujaban con el pechoconducían la embarcación porla orillaen medio de gritosdenuestos y obscenidades con que se animaban altrabajo. El viajede esta manera.duraba en general tres mesesal fin de loscuales el paciente llegaba a Hondacon treinta libras menos de pesohechopedazos por los mosquitoshambriento y paralizado por la inmovilidad en unapostura de ídolo azteca. El general Zárragauno de los ancianos máshonorables que he conocido y padre del doctor Simón Zárragaque ha hecho dela tierra argentina su segunda patriame contaba en Caracasque en 1826siendo ayudante de Bolívarfue enviado por el Libertador a la costa paraconducir a Bogotá dos caballeros franceses que venían en misión diplomáticacerca de él. Uno de ellos era el hijo del famoso duque de Montebello. Cuandosupieron que era necesario entrar al champantenderse en el fondoen lamisma actitud de un cadávery permanecer así durante dos o tres mesesuno delos diplomáticos inició una enérgica resistenciaque Montebello sólo pudovencer recordando el deber y la necesidad. Después de haber hecho ese viajecada vez que un anciano me refiere haberlo llevado a cabo en su juventudy nopocas veces en champan lo miro con el respeto y laveneración con que los italianos jóvenes de 1831 debían saludar a Maroncellicruzando las calles sobre su pierna de paloo al pálido Silvio Pellicocon elsello de sus diez años de Spiélberg grabado en la frente.

Ahora será fácil comprender la importancia que tiene laelección del vapor en que se debe tentar la aventura. Se necesita un buque depoco caladopara no vararsey de mucha fuerza para vencer los chorros. El"Victoria" tenía todas esas condicionespero... El que salía el 24era nada menos que el "Antioquía"el barco más pesadomás grandey de mayor calado que hay en el río. Todo el mundo nos aconsejaba no tomarlohasta que se supoy me lo garantizó el empresarioque el "Antioquía"sólo remontaría el Magdalena durante cuatro díassiendo transbordados suspasajeros al "Roberto Calixto"vapor microscópico y muy velozquenos permitiría llegar a Honda en el término de todo viaje normalesto esocho o nueve días. Con estas seguridadesreforzadas por la orden que llevabael "Victoria" de que así que llegase a Honda volviese en nuestrabuscay animado por la ventaja de ganar los cinco días que me habría sidonecesario esperar para tomar el vapor del 30resolví bravamente el embarco enel "Antioquía". Júpiter quería perdermesin duday me enloquecióen ese momento. Dos pasajeros tan sólo se animaron a seguirnos: un joven deBogotá y el profesor suizo que hacía su estreno en Américade tan peregrinamanera.

Es necesario no olvidar quecuando hablo de los vapores delMagdalename refiero a una clase de buques de los que no se tiene idea ennuestro paísdonde los ríos navegables son profundos. En primer lugarnotienen quillay su fondo presenta el mismo aspecto que el de las canoas; luegotienen tres pisosabiertos a todos los vientos y sostenidos en pilares. Elprimero forma la cubierta propiamente dicha y es donde están todos los aparejosdel buque: la máquinalas cocinasla tripulación y sobre todo la leña.Arribaviene el sitio destinado a los pasajeroslos camarotesque nadie ocupasino las señorasquienespara evitarse dormir al aire libreal lado de losmasculinosse asan vivas en las cabinas; el comedoretc. En el techo de estasecciónla cámara del capitáncon vista a todas direccionesy arribaallá en la cúspidecomo un mangrullo de nuestra fronteracomo un nidoen la copa de un álamola casucha del timoneldonde el prácticofijos losojos en las aguaspara adivinar el fondo de sus arrugasdirige el barco ytiene en sus manos la suerte de los que van dentro. Toda esta maquina se muevepor medio de un propulsor que sale de los sistemas conocidos de la hélice y delas ruedas laterales; las ruedas van atrás del buquegirando sobre un eje fijoa un metro de la popa; asíel barco concluyeen su parte posterioren unapared lisaperpendicular a las aguasdonde éstas se estrellan ruidosascuando las potentes paletas las agitan.

El "Antioquía"además de los inconvenientes queantes mencionétiene el de llevar sus ruedas a los costados; éstasademásde producir un fragor que haría creer se va navegando en una catarata movibleimpidenpor las oscilaciones que imprimen al buque en los pasajes difícilesque éste se sobe en los regaderosesto esque se deslice sobre las arenas.

Ademásla mitad de la enorme caldera llega a la cubierta depasajeros y el comedor está situado precisamente encima de las hornallas.Agréguese que el vapor es de cargaque no hay baño bordoque el servicio esdetestabley se tendrá una idea del simpático esquife que se deslizaba por elcaño de Barranquilla en busca del ancho Magdalena.

Debo deciren honor de mi profético corazóncomo diríaHamletque la primera impresión me hizo entrever el negro porvenir. Pero lasuerte estaba echada y la voluntadserena y persistentevelada para impedirtodo desfallecimiento. Apenas salimos del caño y entramos en el brazo principaldel ríoanchocorrentososoberbionos amarramos a la orilla. para esperarlas últimas órdenes de la agencia.

Fue allídurante aquellas seis o siete horas cuandocomprendí la necesidad de echar llave a mí estómago y olvidar mis gustoshasta nueva orden. La comida que se sirve en esos vapores es muy mala para uncolombianopero para un extranjeroes realmente insoportable. En primer lugarse sirve todo a un tiempoincluso la sopaeso esun plato de carnegeneralmente saladay cuando es frescadura como la piel de un hipopótamouna fuente de lentejas o frejolesy plátanos cocidosasadosfritosenrebanadas... véase el hotel Neptuno. Cuando todo se ha enfriadola campanallama a la mesay entonces empieza la lucha más terrible por la existencia delas que ofrece el vasto cuadro de la creación animal. De un ladola necesidadimperiosabrutalde comer; del otroel estómago que se resisteimplorase debateauxiliado por e1 reflejo de la caldera que eleva la temperaturahasta el punto de asar una ave que se atreviese a cruzar esa atmósfera. Lossirvientes parecen salidos de las aguas y no enjugados; las ruedasque estáncontiguashacen un ruido infernalque impide oír una palabrala seddevoradora sólo puede aplacarse con el agua tibia o el vino más caliente aún...¡Imposible! Se abandona la empresay cuando la debilidad empieza a producircalambres en el estómagose acude al brandyque engaña por el momentoperoal que se vuelve a apelar así que ese momento ha pasado.

Allí también empecé a estudiar la curiosa organización delos bogas del Magdalenaque sirven de marineros en los vaporescontratadosespecialmente para cada viaje. La mayor parte son negros o mulatospero los haytambién catires (blancos) cuya tez cobrizasombreada por la fuerza de aquelsoles más oscura que la de nuestros gauchos. Así que se embarcansondivididos en dos seccionessamarios y cartagenerosesto esde Santa Marta yde Cartagenano respondiendo al punto originario de cada unosino por lasmismas razones que en los buques de ultramaren obsequio del servicio interiorhacen separar a la tripulación en la banda de babor y en la de estribor. Laresistencia de aquellos hombres para los trabajos agobiadores que se les imponenespecialmente bajo ese climasu frugalidad increíblela manera cómo duermendesnudostirados sobre la cubiertainsensibles a los millares de mosquitos quelos cubren; su alegría constantesu espontaneidad para el trabajome causabauna admiración a cada instante creciente. La más dura de sus tareas es elembarque de la leña. Ningún vapor del Magdalena navegaba a carbón; losbosques inmensos de sus orillas dan abundante combustible desde hace treintaañosy la mina está lejos de agotarse. La leña se coloca en las orillasdesiertasel buque se acercaamarra a la costa y toma el número de burros quenecesita. El burro es la unidad de medida y consiste en una columna de astillasa la altura de un hombreque contienepoco más o menossetenta trozos demadera de 75 centímetros de largo. Me llamó la atención que cada burrocostase un peso fuertepero me expliqué ese precio exorbitante donde la leñano vale nadapor la escasez de brazos. Aquellas tierras espléndidasque hacenbrotar a raudales de su seno cuanto la fantasía humana ha soñado en loscuadros ideales de los trópicospodrían ser llamadasen antítesis a lafrase de Alfierie1 suelo donde el hombre nace más débil y escaso. A todo lolargo del río no se encuentran sino pequeñas y miserables poblacionesdondelas gentes viven en chozas abiertassin más recurso que un árbol de plátanosque los alimentauna totumacuyas frutasespecie de calabazasles suministratodos los utensilios necesarios para la y uno o dos cocoteros. Los niñosdesnudostienen el vientre prominentepor la costumbre de comer tierra. Elpescado es raroel baño desconocidopor los feroces caimanes; la vida en unapalabraimposible de comprender para un europeo. Los pocos blancos que heobservado en la costatienen un color lívidoterrosoy parecen espectrosambulantes. Las fiebres los han consumido. Los pueblos que hay sobre el ríoaun los más importantes: Mompoxfamoso en la vida colonial como en las luchasde la Independencia; Magangécuyas célebres ferias extienden su fama a lolejosestán estacionarios eternamentemientras el río carcome la tierrasobre la que se apoyan. ¿Qué vale esa feracidad maravillosasi el clima nopermite el desenvolvimiento de la raza humana que debe explotarla? Mientras misojosmiran con asombro el cuadro deslumbrante de aquel suelo y el espírituobserva tristemente que esa grandeza no es más que una mortaja tropical. AsíColombia se refugia en las alturaslejosmuy lejos del mar y de la Europatras los riscos escarpados que dificultan el acceso y trata de hacer allí sucentro de civilización. La poesía la ha bañado con su luz en el momento de laúltima formación geológica del mundomientras las tierras que baña el Plataparecen haber surgido bajo el golpe del caduceo de Mercurio. Allílas llanurasla templanza del climala proximidad del marel contacto casi inmediato conlos centros de civilización; aquíla muerte en las cosasel aislamiento enlas alturas. Bendigamos el azar que tan benéfico nos fue en el repartoamericanoque nos dio las regiones cálidas donde el sol dora el café y empapalas fibras de la cañalos campos donde el trigo brota robusto y abundantelasfaldas andinas que la vid trepa juguetona y vigorosalos cerros que tienenvenas de oro y carne de mármoly por fin las pampas fecundas que se extiendenhasta el último punto al Sur del mundo que el hombre habita. Bendigamos esafortunapero que el orgullo de nuestro progreso no nos impida mirar con respetoprofundo los esfuerzos generosos que hacen nuestros hermanos del Norte poralcanzarlovenciendo a la Naturalezaespléndida y terrible como una virgensalvaje.

Una hipótesis filológica! - La vida del boga y sus peligros.Principio del viaje. - Consejos e instrucciones. - Los vapores. - Las chozas. -Aspecto de la Naturaleza. - Las tardes del Magdalena. - Calina soberana. - Losmosquitos. - La confección del lecho. - Baño ruso.- El sondaje. - Díashorribles. - Los compañeros de a bordo. - ¡Un vapor! - Decepción. - Agoníalenta. - ¡Por fin! - El Montoya. - Los caimanes. - Sus costumbres. - La plagadel Magdalena. - Combates. - Madres sensibles. - Guerra al caimán.

Me inclino a creer que el nombre de burro dado a launidad de medida de la leñarespondía al principioa la cantidad de la mismaque uno de esos simpáticos animales podía cargar. En. cuanto a la de hoynohay burro que pudiera moverse bajo uno de sus homónimos.

Un vapor cualquiera en el Magdalena gasta de cuarenta acincuenta burros de leña diarios; el "Antioquía" consume el doblepero en cambio anda la mitad menos que los demás. Espuesmuy dura la vida delos marineros a bordo del insaciable vaporque cada dos horas se arrima a laorillase amarra fuertemente para poder resistir a la corriente que lo arrastray empieza a absorber leña con una voracidad increíble. Cuando la operaciónsepractica en las deliciosas horas de la mañanalos pobres bogas saltan decontento; pero repetida durante el día con frecuenciaen aquella atmósferaincandescentebajo un sol del que en nuestras regiones es difícil formar ideaconstituye un martirio real. Una larga plancha une al buque con la orillaaguisa de puente. Los marinerosdesnudos de medio cuerpocon una bolsa sujetaen la cabeza cayéndoles sobre la espalda como un inmenso capuchónbajan atierrareciben en el espacio comprendido entre el cuelloel hombro y el brazoizquierdo una cantidad increíble de astillaslas sujetan con una cuerdaamarrada en la muñeca de la mano librey cediendo bajo el pesotrepanlaboriosamente al vapor y arrojan su carga junto a las hornallas. Los quealimentan éstas se llaman candelerospor una curiosa analogía. A veces elrío ha crecido y los depósitos de leña se encuentran bajo las aguasteniendolos bogas que trabajar con la mitad del cuerpo sumergido. Rara es la ocasióncuando trabajan en secoque no se interrumpan para matar las víboras sumamentevenenosas que se ocultan entre la leña. Perocuando ésta se encuentra bajo elaguano tienen defensaestando además expuestos a las picaduras de las rayas...

Por findespachadosnos pusimos en movimiento. Empezaba elduro viaje bajo una sensación compleja que mantenía mí espíritu en esainquietud nerviosa que precede a un examen en la adolescenciaa un duelo en lajuventuda un momento largamente esperadoen todas las edades. En primer lugaruna curiosidad vivaz y ardiente: luegola idea de que cada hora de marcha mealejaba tres de la patriay aparte de los estremecimientos del cuerpo por losmartirios físicos que entreveíagraves preocupaciones que respondían a miposición oficialque no tiene nada que ver con estas páginas íntimas.

Así que supieron nuestra posición y destinoalgunospasajeros que iban a puntos próximosme dejaron ver una franca y sinceraconmiseración. Uno de elloscaballero colombianoperfectamente culto ycortéscomo todos los que he encontrado en mi caminome preguntóinquietosi yo tenía noticia de lo que era la navegación del Magdalenay cómoencaso afirmativohabía cometido la chambonada de embarcarme en el "Antioquía"."Porque ha de saber usted - prosiguió -que cada uno de los vapores querecorren el río desde Barranquilla a Hondatiene su reputación particularsus condiciones propiasperfectamente conocidas de todo el mundo. Asíyo nome embarcaría en el"Antioquía" ni en el "Mosquera" pornada del mundosi tuviera que hacer un viaje largo. Para eso tenemos el"Victoria"el "Montoya"el "Inés Clarke"el"Stephenson""Clarke"cuyo silbato le ha merecido elpopular apodo de "Qui-qui-ri-quí"el "Roberto Calixto"etcétera. Esos pasan siempreaun sobre los regaderos más terriblesa causade su poco calado; y en los chorroscon un simple cable están del otro lado.En cuanto al transbordo que les han prometidole confieso que no tengoesperanzasporque aquí los directores proponen y el río dispone. Ya estáusted embarcado y no hay remedio; prepárese a pasar díasmuy durosno tomeagua purano coma frutasno abuse del brandy y trate de tener el espíritusereno".

Las últimas recomendacionesespecialmente aquella quedebía apartarme del brandymi único alimentoy la que me imponía laserenidad intelectualeran tan difíciles de cumplir como fáciles de hacer.

Me preparé lo mejor que pude a afrontar el porvenir y puseen juego todos los resortes de mi energía.

No me fatigaré recordandouno a unolos puntos donde elvapor se detuvo durante los tres primeros díasfuese para tomar la eternaleñafuese para pasar allí la noche. He dicho yay lo repitoque lasorillas del Magdalena presentan un aspecto esencialmente primitivo; lospequeños caseríos que se encuentranno dan la más ligera idea de la vidacivilizada. En chozas abiertas a todos los vientos viven hacinadospadreshijosmujereshombres y animales muchas veces. Los niñoscorriendo por lasmárgenescompletamente desnudostienen un aspecto salvaje. No hay allírecursos de ninguna clase; muchas veces he bajadoy viendo huevos frescoshequerido adquirirlos a cualquier precio. Con una calma desesperantecon apatíaincreíblecontestan: "No son para vender"y es necesario renunciara toda insistenciaporque el dinero no tiene atractivo para esa gente sinnecesidades.

La Naturaleza cambia lentamente a medida que avanzamos: alprincipioel ríoancha y majestuosocorre entre orillas de un verde intensopero la vegetaciónsi bien tupida y exuberanteno alcanza - las proporcionescon que empieza a presentarse a nuestros ojos. A la izquierdavemos el cuadroinimitable de la Sierra Nevada. Sus picosde un blanco intenso e inmaculadoseenvuelven al caer la tarde en una nube rosada de indecible pureza. A Occidenteel espaciolibre de montañasnos deja ver las puestas de sol másmaravillosas que he contemplado en mi vida.

Imposible describir ese grupo de nubes incandescentes yatormentadascon sus franjas luminosas como una hoguerasu fondo de un doradopálidoinmóviles sobre el horizontedisolviendo su forma y su color con unalentitud que hace soñar. Todos los tonos del iris se reproducen allídesde elvioleta profundoque arroja su nota con vigor sobre el amarillo transparentehasta el blanco que hiere la pupila interrumpiendo la serenidad del azul intensode los cielos. Nuncalo repitome fue dado contemplar cuadro tan soberanamentebelloni aun en medio del Océanocuando se sigue al sol en su descensoformando uno de los vértices de aquel triánguloglorioso de Chateaubriandniaun entre las gargantas de los Andessobre las que cae la noche con asombrosarapidez y qué quedan envueltas en la sombramientras las cumbres vecinasbrillan bajo los rayos del sollejano aun de dar su adiós a nuestro hemisferio.

¡Qué calma admirable la que sucede a ese instante solemne!La Naturaleza parece recogerse para entrar en la región serena del sueño. Elrío sigue corriendo silenciosamente; en los bosques impenetrables de la orilladonde el buque acaba de detenerseno se oyen sino los apagados silbidosmelódicos del turpial que llama a su compañero; hasta las enormes y vistosasguacamayascon su plumaje irisadollegan en silencio y buscan entre las ramasel nido que pende de la copa de un inmenso caracolímecido por las lianas quelo sujetan. De tiempo en tiempoel rumor de un eco en el interior de la selvay luego de nuevo la paz callada extendiendo su imperio sobre todo lo creado...

La suave y deliciosa quietud dura poco; un ejércitoinvisible avanza en silencioy un instante después se sienten picadurasintensas en las manosla caraen el cuerpo mismo al través de las ropas. Sonlos terribles mosquitos del Magdalena que hacen su temida aparición. No correun hálito de airey es necesario buscar un refugioa riesgo de sofocarsecontra aquellos animalesque en media hora más os postrarían bajo la fiebre.He ahí uno de los momentos de mayor sufrimiento. Se tiende el catre en cubiertay sobre élun espeso mosquiterocuyos bordes se sujetan bajo la estera quesirve de colchón. En seguidacon precauciones infinitasse desliza uno dentrode aquel hornoteniendo cuidado de ser el único habitante de la regióncomprendida entre el petate y el ligero lienzo protector. Luegose enciende unapanetela de puro Ambalemacigarro de una forma. análoga a los de pajita yhecho del exquisito tabaco que se encuentra en el punto indicado y queen lacategoría jerárquicaviene inmediatamente después del de la Habana. Allíempieza un indescriptible baño ruso; el calor sofocantepesadomortalalejael sueño e impide a la imaginación esos viajes maravillosos que suelencompensar el insomnio y a los que excita allí la bella y serena majestad de lanoche.

A la mañana siguienteapenas apunta el albade nuevo encamino. A la hora de marchar se oye la campana del prácticola máquina sedetiene y los contramaestres a proa comienzan a sondar. El "Antioquía"necesita para pasarcinco pies y mediopor lo menos. Nos precipitamos todosansiosos a proa y tendemos ávidamente el oído a los gritos de los sondeadores:"¡No hay fondo!" ¡Nueve pies! ¡Ocho escasos! ¡Seis largos! Lasfisonomías empiezan a oscurecerse¡Seis fallos! ¡Malomalo! ¡Cinco pies ymedio! El buque empieza a sobarseesto esa deslizarse lentamente sobre laarena y de pronto se detiene. ¡Para atrás! Desandamos lo andadohacemos unadostres nuevas tentativas: ¡inútil! El río se ha cegado de una maneraextraordinariay el canal debe haber variado de dirección con el movimiento delas arenas. De nuevo a la costa y a amarrar. El práctico toma una canoay selanza a buscar pacientemente el paso por medio de sondajes.

¡Qué días horribles aquellosen quearrimados a laorillacon el sol tropical cayendo a plomosin el mas leve movimiento del airey bajo una temperatura que a la sombra alcanzaba a 38 y 39 grados centígradosvagábamos desesperadossin un sitio donde ampararnostostados por lairradiación de la caldera transpirando a raudalescon el rostro abrasadolosojos saltadosla sangre agitada... y sin másrecurso que un caso de aguatibia con panela o brandy! Nunca se me borrará el recuerdo de aquellas horasque no creía pudiera soportar el cuerpo humano.

Los días se sucedían en esa agradable existenciasin queel pequeño vapor que debía transbordarony arrancarnos de aquel infiernodejase ver sus hamos en el horizonte. Habíamos avanzado algogracias a lahabilidad del práctico que logró encontrar un pequeño pasepero fue paradetenernos un poco más arriba de Barrancas Bermejodonde definitivamente nosamarramos con cadenas a los troncos enormes de la orillase apagaron los fuegosy quedamos a la gracia de Dios. Así estuvimos tres días. Los pocos pasajeros aquienes tan ruda jornada había tocadoéramoscomo creo haberlo dicho yaelprofesor suizoun joven de BogotáGarcía Mérou y yo. Ademásvenía unararísima mujercolombianade buena familiapero que en Francia habríapasado por tener una colección de arañas au plafond. No salíapara nada de su camarotey a veces entreveíamos su carahorrible y roja porel calorasomarse a la puerta respirar un momento y volver al antro. Volví aencontrarla más tarde a poca distancia de Honda; había emprendido a pie elcamino de Bogotáy me costó un triunfo hacerle aceptar lo necesario paraprocurarse una mula.

- ¡Un vaporun vapor!- gritó azorado un muchachoseñalandodetrás de un recodo del ríouna débil columna de humo que sedibujaba en el azul transparente del cielo. Fue una revolución a bordo; en vanoprocuré detener al suizoexplicándole queaun cuando el buque anunciadofuera el que con tanta ansia esperábamostendríamos un día y medio o dos quepasar en aquel puntomientras se hacía el transbordo de las mercaderías. ¡Envano! El suizo se había precipitado a su camarote y hacía sus maletas con unavelocidad increíble... El vapor apareció; pero como todos tienen un cortéiguales necesario esperar a oír el silbato para distinguirlos.

¿Sería el "Victoria"? ¿Sería el "Calixto"?En ambos casos estábamos salvados. Algo como la tos prolongada de un giganteresfriadoalgo como debe ser el quejido de una focaa la que arrebatan suschicuelosllegó a nuestros oídosy todos los muchachos del servicio de abordo gritaron en coro: ¡El "Montoya"! Es necesario saber que siendoel "Montoya" de la misma compañía y teniendo nosotros la bandera amedia asta en popalo que era pedirle se detuvieraéranos lícitoregocijarnos en la esperanza del transbordo.

En un instante el "Montoya"deslizándose sobrelas aguas a favor de la corrientecon una velocidad de 15 a 16 millas por horallegó a nuestro lado y manteniéndose sobre la máquinaentablócorrespondencia. Transbordo imposible. Cargado hasta el tope de bultos de quina."Victoria" viene atrás. Y de nuevo en marchaperdiéndose en elprimer recodo del ríohaciéndome oírcomo una carcajada su antipáticosilbido. Nos miramos a las caras: nunca he visto la desesperación másprofundamente marcada en rostros humanos.

¿A qué insistir en la agonía de aquellos días como no hepasadocomo no volveré a pasar jamás semejantes en la vida? Hacía dossemanas que estábamos en el "Antioquía"con la mirada invariable alNorteesperando siemprecuando la misma tos de gigante resfriadoel mismoquejido de foca desoladase hizo oír al Sur. Era el "Montoya"quehabía tenido tiempo de llegar hasta cerca de Barranquilladejar su carga en unpuerto y tomar los pasajeros del "Confianza" quetemeroso de lasuerte del "Antioquía"no se atrevía a remontar el río. Esta vezrespiramos librementey una hora después estábamos en la cubierta del "Montoya"en cuyo centro una gran mesacargada de riflesescopetasRemingtonsanteojosy rodeada de cómodas sillasnos produjo la sensación de encontrarnos en elseno del más refinado sibaritismo.

Los grandes sufrimientos del viaje habían pasado. El "Montoya"era un vapor chicoperolimpiomás fresco que el "Antioquía"yaunque él inmenso número de pasajeros que venían en élnos impidió tenercamarotesesto esun sitio lavarnos y mudarnosera tal la satisfacción depoder continuar el viajeque no nos hizo mayor extorsión la toilette obligadaal aire libre y un poco en común.

Había una colección completa de pasajerosgente agradableen su mayor parte. Senadores y diputadosque iban a Bogotá a la apertura delCongresojóvenes ingenieros americanos a los trabajos de los ferrocarriles dela Antioquíauno de los cualeshombre robustosin embargo venía doblado porla fiebre palúdica contraída en el viaje; negociantes franceses e ingleses; touristesde vuelta ypor finla familia entera del ministro ingléscompuesta de suseñoratres niñosdos jóvenes maids inglesaschefmaîtred´hôtel ¡qué sé yo! La armoníalas buenas amistadesse entablaronprontoy sólo entonces empecé realmente a gozar de las bellezasindescriptibles de aquella Naturaleza estupenda.

Pasábamos el día guerreando a muerte con los caimanes. Nohe hablado aun de esos huéspedes característicos del Magdalenaporquedurante mi inolvidable permanencia en el "Antioquía"creo nohaberles dispensado una mirada.

Es el alligatorel cocodrilo del Nilo y de algunos ríos dela Indiael yacaré de los nuestrospero de dimensiones colosales. Parecíameuna exageración la longitud de cinco a seis metros que asigna a algunos unviajero francésM. André; perodespués de haber observado millares decaimanespuedo asegurar queen realidadhay no pocos que alcanzan ese enormetamaño. He visto a algunos cruzar lentamente las aguas del río; vienenprecedidos de una nube constante de peces saltandofuera del aguacomo en elmara la aproximación de un tiburón o de una tintorera. Peroen generalsólo se les ve en las playas arenosas que deja el río en descubierto cuandodesciende.

Están tendidos en gran número: he contado hasta sesenta enun pedazo de playa que no tendría más de unos cien metros cuadrados Inmóvilescomo si se hubieran desprendido de la cornisa de un templo egipciomantienen laboca abierta cuan grande eshacia arriba. En esa posiciónla boca forma unángulo cuyos lados no tienen menos de medio metro. Los he visto permanecer asídurante horas enteras; el olor nauseabundo de su aliento atrae los mosquitos quese aglomeran por millones sobre la lengua; cuando una fournée estácompletael caimán cierra las fauces con rapidezabsorbe los inocentesvisitantesy de nuevo presenta al espacio el temible e inmundo ángulo...

El caimán es la plaga del Magdalena; cuando algúndesgraciado bogabañándose o cayendo de su canoaha permitido a uno de esosmonstruos probar el perfume de la carne humanala comarca entera tiembla anteel cebado; anfibio como essalta a la playase desliza por las arenas con lasque confunde su piel escamosa y pasa horas enteras acechando a un niño o a unamujer. ¡Cuántas historias terribles me contaban en el Magdalena de las luchasferoces contra el caimándel valor salvaje de los bogas quesemejantes anuestros indios correntinosse arrojan al río con un puñal y cuerpo a cuerpovencen! A su vezel caimán suele ser sorprendido en sus siestas de la playapor los tigres y pumas de los bosques vecinos. Entonces se traba una luchaadmirablecomo aquellas que los romanoslos hombres que han gozado más sobrela tierracontemplaban en sus circos. El caimán es generalmente vencedorpuessu piel paquidérmica lo hace invulnerable a la garra y al diente del agresor.Pero lo que un tigre no puedelo consigue una vaca o un novillo; cuando éstosatraviesan a nado el río pasandoen el bajo Magdalenadel Estado de Bolívaral que lleva el nombre del ríoy que ocupa la margen derechaoviceversasi el caimán los atacalevantan un poco la parte anterior delcuerpo y hacen llover sobre el agresor una lluvia de "puñetazos" consus córneas pezuñasque lo detienelo atonta y acaba por ponerlo en fuga ...

Se ha hecho el cálculo que si todos los huevos de bacalaoque anualmente ponen las hembras de esos antipáticos animalesse consiguieranla sección entera del Atlántico comprendida entre la América del Norte y laEuropase convertiría en una masa sólida. Otro tanto podría suceder en elMagdalena con los caimanes.

El caimán es ovíparo; la hembra pone una inmensa cantidadde huevosgrandes y duros como piedraque entierra entre la arena. Llegada laépoca convenientela sensible madre se coloca con la enorme boca abierta allado del sitio que empieza a escarbar; los pequeñuelos que ya han abandonado lacáscarasaltan a medida que se despeja la arena que los cubría. Unos dan elbrinco directamente al río; otrospergeños ignorantes de las costumbres de surazasaltan de lado a la enorme boca que los recibe y engulle en un segundo. Secalcula que la caimana se come la mitad de sus hijos. Luegola piedad maternalla invadey semejante a la Niobe antiguadeja correr dos lágrimas por sushijos tan prematuramente muertos. ¡Una vez en el aguareúne la prole salvaday no hay madre más cariñosa!

¡Qué odio por el caimán! ¡Con qué alegría los bogasmarinerosdescubriendo con su mirada avezada una turba de cocodrilos sobre unarenal lejanonos daban el grito de alerta! Cada uno toma su fusilelige sublanco y a un tiempo se hace fuego. Las armas que se emplean son carabinasRemingtonSpencerWinchesteretcétera. Nada resiste a la bala; el caimánheridoabre la boca más grande aúnsi es posibleque cuando se ocupa encazar mosquitoslevanta la cabezala sacude frenético y se arrastramuchasveces moribundo y cubierto de heridas - pues la lentitud de sus movimientospermite hacerle fuego repetidas veces -para ir a morir en el seno de las aguaso en su cueva misteriosa.

Angostura. - La naturaleza salvaje y espléndida. - Losbosques vírgenes- Aves y micos. - Nare. - Aspectos. - Los chorros. - El"Guarinó". - Cómo se pasa un chorro. - El capitán Maal. - Suteoría. - El "Mesuno". La cosa apura. - Cabo a tierra. - Pasamos. -Bodegas de Bogotá. - La cuestión mulas. - Recepción afectuosa. - Dificultadescon que lucha Colombia. - La aventura de M. André.

¡Qué espectáculo admirable! Entramos en la sección delríollamada Angostura. El enorme caudal de aguaesparcido antes en extensosregaderoscorre silencioso y rápido entre las dos orillas que se hanaproximado como esperando a que las flotantes cabelleras de los árboles que lasadornan confundan sus perfumes. Jamás aquel "espejo de platacorriendoentre marcos de esmeralda" del poetatuvo más espléndido reflejográfico. Se olvidan las fatigas del viajese olvidan los caimánes y se caeabsorto en la contemplación de aquella escena maravillosa que el alma absorbemientras el cuerpo goza con delicia de la temperatura que por momentos se vahaciendo menos intensa.

Sobre las orillascasi a flor de aguase levanta unavegetación gigantesca. Para formase una idea de aquel tejido vigoroso detroncosparásitoslianasenredaderastodo ese mundo anónimo que brota delsuelo de los trópicos con la misma profusión que los pensamientos e ideasconfusas en un cerebro bajo la acción del opioes necesario traer a lamemoriano ya los bosques seculares del Paraguay o del Norte de la Argentinano ya la India misma con sus eternas galassino aquellas riberas estupendas delAmazonasque los compañeros de Orellana miraban estupefactos como el reflejode otro mundo desconocido a los sentidos humanos.

¿Qué hay adentro? ¿Qué vida misteriosa y activa sedesenvuelve tras esa cortina de cedros secularesde caracolíesde palmerasenhiestas y perezosasinclinándose para dar lugar a que las guadúasgigantescas levanten sus flexibles tallosentretejidos por delgados bejuquilloscubiertos de flores? ¡Qué velo nupcial para los amores secretos de la selva!¡Sobre el oscuro tejido se yergue de pronto la gallarda melena del cocoterocon sus frutos apíñados en la cumbrebuscando al padre sol para dorarse; elmango presenta su follaje redondo y amplíodando sombra al mameyque crece asu lado; por todas partes cactos multiformesla atrevida liana que se aferra alcoloso jugueteando las mil fibrillas audaces que unen en un lazo de amor a loshijos todos del bosqueel ámbar amarillola pequeña palma que da la taguaese maravilloso marfil vegetaltan blancounido y gravecomo la enormedefensa del rey de las selvas indias!

¡He ahí por fin los bosques vírgenes de la Américacuyoperfume viene desde la época de la conquista embalsamando las estrofas de lospoetas y exaltando la soñadora fantasía de los hijos del Norte! ¡Helos ahíen todo su esplendor! En su senolos zainoslos tapiroslos papuareshacenoír de tiempo en tiempo sus gritos de guerra o sus quejidos de amor. Junto a laorillabandadas de micos saltan de árbol en árboly suspendidos de la colaen posturas imposiblesmiran con sus pequeños ojos candescentesel vapor quevence la corriente con fatiga. Los aires están poblados de mosaicos animados.Son los pericoslos papagayoslos guacamayosla torcazel turpiallas avesenormes y pintadascuyo nombre cambia de legua en leguabulliciosas todasalegrestranquilasen la seguridad de su invulnerable independencia.

La impresión ante el cuadro no tiene aquella intensidadsoberana de la que nace bajo el espectáculo de la montaña; el climalas aguasla verdura constanteel muelle columpiar de los arbolesdan undesfallecimiento voluptuosolánguido y secreto; como el que se siente en lasfantasías de las noches de veranocuando todos los sensualismos de la tierravienen a acariciarnos los párpados entreabiertos...

Henos en la pequeña población de Narepunto final de loscompañeros de viaje que se dirigen hacia Medellínla capital del Estado deAntioquía. Allí nos despedimos al caer la tardedespués de haberlosdepositado en un sitio llamado bodegas para llegar al cual hemos tenidoque remontar por algunas cuadras el pintoresco río Nareafluente delMagdalena. Nos saludan haciendo descargas al aire con sus revólveresy luegotrepan la cuesta silenciosospensando sin duda en los ocho días de mulaque les faltan para llegar a destino.

El aspecto de la naturaleza cambia visiblementerevelandoque nos acercamos a la región de las montañas. La roca eruptivapresenta sus lineamientos rojizos o grises en los cortes de la orillayla vegetación se hace más tosca. Las riberas se alzan poco a pocoy prontonavegando en lechos profundamente encajonadosnos damos cuentapor laextraordinaria velocidad de la corrientede que las aguas corren hacia el marsobre un plano inclinado. Estamos en la región de los chorroso rápidos.

Para explicarse las dificultades de la ascensiónbastarecordar que la ciudad de Hondade la que estamos a pocas horassituada en laorilla izquierda del Magdalenaestá a 210 metros sobre el nivel del mar. Tales la inclinación del lecho del ríoinclinación que no es regular yconstantepues en el punto en que nos encontramosej. descenso de las aguas estan violentoque su curso alcanza a veces a dieciséis y dieciocho millas porhora.

He aquí el chorro de Guarinóel más temido de todos porsu impetuosidad. Se hacen los preparativos a bordoy el capitán Maalnuestrosimpático jeferedobla su actividadsi es posible. Es un viejo marinonatural de Curacao; tiene en el cuerpo treinta años de navegación delMagdalena. Está en todas partessiempre de un humor encantador; habla con lasdamastiene una palabra agradable para todo el mundoecha pie a tierra paraactivar el embarque de la leñaestá al alba al lado del observatorio delprácticoanima a todo el mundoconfía en su estrella feliz y se ríe un pocode los chorros y demás espantajos de los noveles. ¡Guarinó! ¡Guarinó! Nosprecipitamos todos a la proatemiendo que las aguas se rompiesen con estruendoen el filo del buquecomo hemos notado en puntos donde la corriente era menor.Nos chasqueamos; no hay fenómeno exterior a no ser la lentitud de la marchaque revela encontrarnos en el seno de aquel torbellino.

-¡Bah! ¡cuestión de treinta o cuarenta libras más devapor! -dice el capitán.

Me voy a la máquina; las calderas empiezan a rugir y lasválvulas de seguridad dejan ya escaparsilbandoun hilo de vapor pocotranquilizador.

-¿Estamos aun en el terreno legal? -pregunto al jovenmaquinistaque no quita sus ojos del medidor.

-Tenemos aún cincuenta libras para hacer calaveradasseñor;pero no quisiera emplearlas. El capitán Maal tiene horror a echar cabo a tierray pretende a toda fuerza pasar sólo con el auxilio de la maquina.

Y así diciendotocaba desesperadamente una campana agudapidiendo leñamás leñaen las hornallas. Los candeleros (fogoneros) sehabían duplicado y aquello era un infierno de calor.

Subí a cubierta; tomando como mira un punto cualquiera de lacosta y otro del buquedistinguíamos queéste avanzaba con la misma lentitudque el minutero sobre elcuadrante de un reloj; pero avanzabalo que era lacuestión. Desde la alturael capitán Maal pedía vapormás vapor. Miré mialrededor; muchos pasajeros habían empalidecido y observaban silenciososperocon la mirada un poco extraviadalos estremecimientos del barco bajo eljadeante batir de la rueda... De prontoun hondo suspiro de todos los pechos:habíamos vencidoen media hora de esfuerzosal temido chorro y avanzábamosfrancamente.

Subí adonde se encontraba el capitán y lo felicité.

-Tiene razóncapitán; es una ignominia sirgar al "Montoya"desde la orillacomo si fuera un champan cargado de harina o taguas. Elvapor se ha inventado para vencer dificultadesy el elemento de un buque es elagua y no la tierra.

-Usted me comprende; ademásel caboa mi juicioes de unauxilio dudoso. Pero mi maquinista es muy prudente... No crea usted que hemossalvado todas las dificultades. Cuando el Guarinó está tan mansotengo miedodel Mesuno. ¡Pero con unas libras más de vapor!...

-¿Y no hay peligro de volar?

-¿Quién piensa en esoseñor?

Declaro que yo empezaba a pensarporque me pareció que elbuen capitán se había forjado un idealrespecto a la capacidad de resistenciade las calderas de su "Montoya"muy superior a la garantizada por losingenieros constructores.

Pronto estuvimos en el Mesuno; los semblantesque habíanrecobrado los rosados colores de la vidavolvieron a cubrirse de un tintemortuorio. De nuevo el buque se estremecióde nuevo se oyó la estridentecampana del maquinista pidiendo leñay de nuevo Maaldesde la alturaexigió vaporvapormás vapor. Inútil esta vez. Nos dimos cuenta queen vezde avanzarretrocedíamoslo que importaba el más serio dé los peligrospuessi la corriente conseguía tomar el barco cruzado lo estrellabaseguramente contra las peñas de la orilla.

-¡Dos hombres más al timón! ¡Vaporvapor!

Hice una rápida reflexión: "Si esto vuelaparticiparé de ese agra-dable fenómenosea estando sobre cubiertasea allado de la máquina. Ademásallí la cosa será más rápida". Miré entorno; había un miedo tan francamente repugnante en algunas carasque resolvíceder a la curiosidady después de haberme cerciorado de quesi bien noavanzábamosno retrocedíamos yadescendí a la región infernal.

Las hornallas estaban rojas y las calderas gemían comoEncéfalo bajo la tierra. El maquinista se resistió a dar más presión; larueda giraba con esfuerzos estupendos... Aquello se ponía feomuy feocuandooí la voz de Maal quecon el acento desesperado de un oficial de Tristánrindiendo su espadaen Saltagritaba: ¡Cabo!

Subí al lado de Maal; había tenido que ceder tristemente ala insinuación de algunos pasajeros y a la prudencia del maquinista que no ledaba la cantidad de vapor que él pedía. Me indigna con él ¡oh vanitas!pero confieso que contemplé con cierto contento íntimo el de-sembarco de dieza doce bogas que se lanzaron a tierra con un enorme calabrote (nuevecitocomome hizo notar Maal con indecible orgullo por no haberlo empleado antes)ytreparon por las breñas de la orilla como cabrasy por fina una cuadra dedistanciafueron a amarrarlo en el tronco de un soberbio caracolí. Fueentonces cuando empezó a funcionar un potente cabrestante movido a vapor (loque hice notar a Maal para su consuelo) enroscando en su poderoso cilindro laenorme cuerda que tres hombres humedecían sin reposopara que no se inflamasecon el roce. Fuese la acción del cabolo que me inclino a creeraunqueparticipando ostensiblemente de la opinión contraria del capitánfuesecomoéste lo creíaque por los simples esfuerzos de la máquina hubiésemos salidodel atolladeroel hecho fue que el buque se puso en movimientoy en brevehabiendo salvado todos los chorros secundarioscomo el Pericoavistamos lasdos o tres casas de un lugar situado en la margen derecha del ríofrente aCaracolípoco antes de Hondallamado Bodegas de Bogotápunto final denuestro viaje fluvial.

Eran las dos de la tarde del 8 de enero de 1882y habíamosempleado quince días desde Barranquillaremontando el Magdalena.

De la orilla del ríodonde el vapor se detuvose sube poruna cuesta sumamente pendiente al punto llamado Bodegascompuesto de dos o trescasas. No hay allí recursos de ningún géneroy bien triste momento pasa eldesgraciado que no ha tomado sus precauciones de ante mano. Por mi partenosólo había pedido mis mulas por carta desde Caracassino queal llegar aPuerto Nacionallugar sobre el Magdalenade donde arranca el telégrafo paraBogotápuse un despacho recomendando la inmediata remisión de las bestias aHonda. Cuando descendimos a Bodegas y pedí noticias de mis elementos detransportese me contestó que probablemente estarían en los potreros de RíoSecopues a orillas del río no había puntos donde hacerlas pastar. Despachéinmediatamente un propioque dos horas más tarde volvió diciéndome que nohabía mulas de ningún género para "Mi Excelencia". La cuestión seponía arduano porque me fuera imposible encontrarlas allísino porquecomodecía Moliérequ'il y a fagots et fagotshay mulas y mulas. Las queyo esperabapedidas a un amigoque después supe fue engañado por un chalánque le aseguró haberlas remitidodebían ser bestias escogidas de buen pasoliberales y segurasmientras que aquellas que podría conseguir en Hondaeranentidades desconocidasy en estos casos la incógnita se resuelve generalmentede una manera deplorable.

Pronto llegaron al vapor tres o cuatro caballeros de Hondael señor Hallamel señor Monteroy varios otrosque se pusieron en el acto a nuestradisposición




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